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[Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

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[Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Aries Rondo el Miér Sep 20, 2017 8:25 am


Tras la primera victoria sobre el torreón de negra escarcha, el campamento Levallois se había trasladado desde Lycia hasta aquel trocito de Bern. Un pequeño paso en el hogar de los soldados. Las heridas no parecieron importarle a la mayoría; se sintieron victoriosos, gigantes entre gigantes. Habían sobrevivido para celebrarlo, todos y cada uno de ellos. ¿Acaso en aquel momento podía importar nada más?

Aries había ayudado en todo lo que pudo, empezando por acercarse a aquel soldado que en el campo de batalla había perdido la consciencia por una flecha. Una flecha que no era para él; una que él quiso hacer suya. Le dijeron que Ethan sobreviviría. Que habían cortado la hemorragia y ahora sólo necesitaba descansar. Y le vio allí, empapado de sangre, con una respiración que, por momentos, apenas se notaba. Y si alguna vez hubo alegría recorriendo las venas de Aries tras la victoria, Ethan pareció golpearla de vuelta a una extraña realidad.

[ . . . ]

Le habían dicho que tuviera cuidado si iba sola al río de la montaña. Estaban en territorio de emergidos, y aunque la zona parecía despejada por ahora, el enemigo podría aparecer en cualquier momento. Correría el riesgo. Necesitaba ese río, el agua clara que todo se lo lleva. Sucia, demasiado sucia.

Dejó su armadura en la orilla, como ya hiciera antaño, e invitó a Nívea a meterse con ella en aquellas frías aguas. Nada era tan frío como Ilia, podría aguantarlo. Así, con una sonrisa amable, Aries comenzó a limpiar la sangre seca de su pegaso.

-¿Tuviste miedo? –le susurró entre caricias, tratando de ahuyentar algunos fantasmas-. Lo hiciste muy bien.

Pero los fantasmas siempre vuelven, y divisó aquel arañazo cerca del pecho del animal. Esta vez la sangre había sido propia. Debió ser uno de los zarpazos del wyvern; Aries no se había dado cuenta antes. Miró el rostro de Nívea con ojos preocupados que deseaban pedir perdón. Volvió a acariciarla.

-Lo hiciste muy bien, Nívea…

Cuando terminó al fin de retirar toda la sangre de la hermosa pegaso, ésta volvía a ser completamente blanca, nieve inmaculada. Ahora le tocaba a ella, su jinete. Aries dejó que sus rodillas tocaran el fondo del arroyo y se abrazó a sí misma con ambos brazos, antes de encogerse para meterse por completo bajo el agua. Ojos cerrados; sintió el detener del tiempo. El mundo ya no sonaba ahí abajo, ya no se veía. La sangre abandonaba poco a poco su piel, hilos escarlata uniéndose al fluir del dulce caudal. Bailaban, despacio, junto al oro de sus cabellos. Como la mariposa que abandona su crisálida para renacer de nuevo, pura como el primer día, Aries deseó renacer. Que su alma se mantuviera limpia, fiel reflejo de esa piel que pretendería no haber conocido mancha alguna. ¿Podrían pretender lo mismo sus ojos?

Y si alguna vez se derraman tus lágrimas, que sea sólo cuando nadie mira, ¿me oyes? Sólo cuando nadie mira.

Sintió el primer sollozo con el temblar de su cuerpo encogido, allí donde el mundo no suena ni se ve, y ella puede ser niña y no soldado. ¿Por qué pesaba tanto la guerra...?
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ethan Laskaris el Miér Sep 20, 2017 11:02 pm

[BGM]


Veía el cielo azul a través de la ceniza de sus pestañas, ni una nube en el firmamento que azorara su mente, sólo paz y tranquilidad. Se sentía tan libre, tan liviano, tan fuerte... que quiso permanecer a la deriva el resto de sus días. Flotando no necesitaba ser un héroe, ni un camarada, ni un verdugo, ni siquiera aquel vasallo que debía primar en él. Nadie cuestionaba su vida, nadie mentaba la muerte. Sólo era un pez que danzaba en la corriente, un mascarón de proa que, concluso, se dejaba llevar. Era cómodo, y lo sabía. Era ingenuo, y le pesaba. Era la sed que tantas veces llena, se sentía vacía. Alzó una mano hacia el sol, para aprehenderlo, para gobernar su luz. Había tantas cosas que no entendía, tanto mal en el mundo, que se sintió solo. ¿Los sabios y los doctos también tendrían una cadena en el pecho? Porque él la presentía, sospechaba el oprimir del metal, el lucir del esclavo con cada bocanada de hollín que penetraba en su cuerpo.
Entonces, ¿Por qué se sentía tan bien? ¿Por qué era tan fácil estar allí?

Abrió poco a poco los cerrojos, y la claridad fue impactando contra el cavilar de sus pupilas. Si en su faz había dos puertas, el torrente de luminosidad vendría a ser un ladrón de mano negra. Se coló por las grietas de sus párpados y se notó estremecer. De él robó un suspiro y el erizar del cuello, dos dolores huecos y la humedad de su boca. Se sintió vulnerable, débil, sumiso. El león de su pecho quiso morder. En su lugar, consiguió mover los dedos; el temblar del índice en el acolchar de lana y la viscosa baba de un morador sempiterno.

Un pequeño izar de comisuras le conquistó los labios. Ante él se distinguía la melena de un mago, el trigo y la avena que sirven de aliento al corcel, el trenzar del verano, y se sintió feliz. Feliz de estar vivo. En el océano era reo y soberano, pero la solitud conllevaba un precio demasiado alto. Él podía notarlo en su dormitar, por el relente de suciedad que adornaba sus mejillas. Porque había sido cautivo de las emociones en el pasado y en su rostro se barrenaba el crepitar de la polilla. Elevó la muñeca para acariciar el cabello de su nuevo hermano.

- Sorel... - Lengua de esparto en un carnaval de trapos viejos. Lo intentó de nuevo, carraspeo incluido, corazón abierto. - Sorel... ¿Estás despierto? - Había un arrugar en su voz que le recordaba al viento. - Lo... lo siento tanto. Yo... no he podido protegerte.

No sabía que podía esperar de él, si le reprocharía no haber cumplido su promesa. Pero en su pecho ardía la llama inquieta del que cala y no moja, del que llueve al miedo, del que mastica hacia arriba y salta hacia abajo. Se sentía roto en tantos sentidos que sólo bebía remiendos. Necesitaba sincerarse, quebrar el silencio. Estaba mohíno y a la vez ufano. Tendría dos quintales de arena entre el pie izquierdo y el derecho. Un nuevo pagaré se escapó de su garganta.

- Aquel trueno me salvó la vida.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Sorel el Jue Sep 21, 2017 10:16 am

En ningún momento se alejó de él, por mucho que Vasyl le asegurara que no iba a morir, por mucho que Durren le hiciera mantener cierta distancia, nunca lo perdió de vista. Ni cuando lo prepararon en el puesto montado en el propio torreón. Aún tenía mucho que decirle a Ethan, sentimientos que necesitaba decir aunque no encontrase las palabras… como la última vez que lo escuchó.

Se sentía un completo inútil al ver cómo Vasyl y Garthe se encargaban del joven de pelo plateado. “Si supiera usar la cuarta escuela… podría ayudar… ¿Por qué no me dio tiempo a aprenderla?” se recriminaba, cargado de frustración, apoyado sobre un inexperto Sean que, como él, liberaba lágrimas. - Se va a poner bien… ¿verdad? - Por supuesto… Vasyl y Garthe lo harán bien. Aún le queda mucho camino por delante. No puede irse ahora. - Sus palabras iban dedicadas a tranquilizar al jinete, pero también para intentar convencerse a sí mismo de que así sería. - ¡Eh, los dos lloricas! ¡Bajad a echar una mano! - apremió Dylan, habiendo recuperado sus aires de superioridad como si lo del wyvern no hubiera pasado nunca. - Pe-pero… - ¡Ni peros ni peras! ¡Que de ahí no se va a mover! ¡Así que bajad a ayudar de una vez! - al final, los dos fueron con cierta desgana.

[...]

Acababa de volver Kieran con parte de los materiales del viejo campamento, y se llevaba ahora a Sean con él para un nuevo viaje a caballo. Sorel haría como otros tantos, levantar lo que trajeron y llevarlo hacia el torreón.

Cuando estás bajo de forma, hacer trabajo físico se nota mucho más… especialmente si no mantienes la espalda recta ni doblas como se deben las rodillas. Notaba la molestia en ambos hombros mientras intentaba sin éxito cargar las maderas. En uno de esos esfuerzos, pudo ver a Aries, con aquel blanco puro que la caracterizaba perdido bajo un escarlata oscuro y corrupto. Pero lo que le pareció más sorprendente fue ver cómo le cambiaba la cara a Dylan a una expresión casi amable y bobalicona… duró poco, lo que tardó la muchacha en marcharse y él en suspirar.

Giró su cabeza hacia el rubio. - ¡¿Pero a qué estás esperando?! - Levantó aquel paquete de lonas sin mucho esfuerzo y se lo puso al hombro al mago, dándole una palmada en la espalda inmediatamente después. Sorel apretó los labios y, con esfuerzo, consiguió mantener el equilibrio suficiente para ir avanzando. Tenía la sensación de que aquel bulto pesaba como un muerto, como si se le fueran a salir los brazos. El trayecto, aunque era corto, se le hizo interminable. Lo peor de todo fue el dejar el macuto de aquellas pesadas telas recogidas… no fue malo por quitarse el peso de encima, o por dejar caer el paquete… No. El problema recaía en haber ignorado las palabras que Garthe le dedicó hacía poco más de una hora; porque aquella “vieja” lesión acudió de nuevo, arrancándole un quejido que hizo girarse a todos los hombres cercanos.

Las lágrimas intentaban saltar de sus ojos, el fuego se instaló en la cima de aquel brazo izquierdo, y el resto del cuerpo intentaba mantenerse bajo control. - Dije que nada de peso. - aquella voz, grave lo sobresaltó. ¿Qué hacía él aquí? ¿Por qué no estaba salvándole la vida a su familia? - ¡¿Garthe?! ¿Cómo está Ethan? - Duerme. Y va a doler, otra vez. - No le dio tiempo al rubio a responder, las grandes manos del guerrero lo apresaron como tiempo atrás y de un movimiento, un dolor punzante pero breve lo invadió. Se recuperó de nuevo del hombro luxado. - Nada de peso. - El mago asintió fervientemente y se recompuso con rapidez. Si Ethan ya estaba bien, él tendría que estar ahí para verlo. Pero aquel grandullón lo retuvo. - Aún queda algo. - añadió señalándole la nariz.

Vale, puede que al mago le doliera cuando cualquier cosa la rozaba, o que la tenga tan hinchada que tenga que respirar a la vez por nariz y boca... ¡Eso a él le daba igual! Pero al parecer, a Garthe no.

Volvió a ponerlo ante él, como si el más joven fuese un muñeco de trapo. Un movimiento, veloz, rudo, fuerte, que se correspodió con un grito ahogado entre dientes y un picazon contínuo. - Ahora sí. - y lo soltó, dejándolo correr cargado de emoción, haciendo oídos sordos a todo aquel que pensara detenerlo.

Asomó tímidamente por la estancia, observando al otro joven descansar. Aquel blanco cadáver había sido coloreado por tonos más humanos en aquella piel. Asió una butaca y se colocó al lado. - Que sepas que no pienso perderte de vista hasta que despiertes. - le dijo al durmiente, cargado de esperanzas.

[...]

El sol irradiaba entre las hojas del follaje. Su madre, Martel, estaba junto a él. Recordaba aquellas reuniones en el jardín trasero del convento, cuando apenas había empezado a aprender magia.

- Madre… ¿Por qué no puedo hacer magia como las demás?
- Aún no es el momento, hijo mío… pero sé que podrás hacerlo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque creo en tí. Y nunca debes olvidar lo que te enseñaré hoy.
- ¿Otra lección? Seguro que soy el hazmerreír como en las demás.
- Esta es solo para tí, mi pequeño secreto. - juntó ambas frentes, ambos cerraron los ojos. - Creer es lo que le da el poder a la magia. No lo olvides, guarda bien estas palabras en tu cabecita. Venga, un último intento por hoy. - Le rascó la cabeza...

[...]

- Vale… mamá… - balbuceó mientras se removía un poco bajo aquella amable caricia. Pudo discernir algo en mitad de la nada, una voz de fondo. - ...despierto? - Y al reconocer la voz, abrió los ojos con rapidez y se irguió. - ¡Ethan! - exclamó con tal algarabía de sentimientos que no sabían ni qué expresaban. Sus ojos celestes, abiertos de par en par para verlo despierto una vez más; su nariz, aún hinchada y goteando sangre por uno de sus orificios; la mejilla izquierda partida, de un color amoratado a juego con casi media cara; y con sus manos atrapando la que el joven peliblanco le dedicó.

Escuchar aquel lamento, aquella voz dolida, aquel corazón atravesado… el mago negó con la cabeza. - No… Fue gracias a tus palabras que pude hacer lo que hice. Lord Levallois me sermoneó un poco cuando me tuvo que venir a salvar… Pero al final estoy bien y sin que me pasara nada. - añadió sonriendo, dejando escapar alguna lágrima de la emoción. - De verdad… Gracias… por no dejarnos… por quedarte con nosotros… Por seguir siendo nuestra familia... - añadió, mientras se echaba a llorar finalmente sobre él, ignorando el escozor que le provocaban las lágrimas corriendo por sus heridas.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ethan Laskaris el Jue Sep 21, 2017 2:37 pm

El tropel de palabras dulces y lágrimas ardientes lo arropó. De su boca salía tanto sentimiento, tantas palabras que creía desmerecer, que la boca del peliblanco se hinchó con un gracias. Los ojos de Ethan recorrieron cada vértice de su rostro: el azul de sus legañas, el añil abultado de su mejilla, el granate de la sangre bajo su nariz... El clavar de la culpabilidad le partió las costillas, pero a la vez se sentía tan bien... Sorel estaba allí. Estaba vivo. Un abrazo de oso le buscó las cosquillas, un pequeño espasmo de felicidad le inundó el rostro.

- No se abandona a la familia. - Llevó la mano a su pelo, de nuevo. Era como tejer el polen, pero en vez de adornar una flor, acarició su nombre. - Sorel... Yo...

El joven seguía sollozando, no podía creer que alguien derramase el mar de su pecho por él. Por Ethan. Bueno, salvo Sean, pero no estaba seguro de si sería un buen ejemplo. Le levantó el mentón con suavidad, muy cerca de él, respirando el pulsar de su cuerpo. Había algo terriblemente hermoso en su faz, algo que no había visto antes. Ethan dejó de ser miel para convertirse en abeja. Un poco más, un milímetro más cerca. Veía pequeñas nubes de verano, el picar de sus labios. Abrió los suyos...

- Eh.... ¿I-interrumpo algo? - La musculatura colosal de Garthe asomó por la puerta, ojos vueltos y faz rojiza. Dentro de su caparazon de titán parecía ocultarse el corazón de un gigante.

Ethan le devolvió la mirada, claramente sorprendido. No se movió ni un ápice y cuando habló, el pelo de Sorel se meció con su aliento.

- No, en absoluto. Pasa. - Ethan parpadeó anonadado. ¿Garthe había ido a visitarle? Y lo más importante, ¿Su cara tenía esa coloración antes? El guardián de su Señor agitó la cabeza.

- Yo... Esto... - El peliblanco nunca le había visto dudar de esa forma. Tampoco le había visto separarse más de tres pasos de Ancelot, salvo en la batalla, y aún así mantenía una distancia prudencial que podía acortar con sus piernas como troncos y el filo de su hacha como rama de árbol. El veterano se recompuso, su voz se volvió firme y no anodina. - Sólo venía a comprobar tu estado. Informaré a nuestro señor.

Y como había llegado, desapareció. Silente a pesar de su tamaño. Le apenaba que fuese tan formal con él. Ethan no era Ancelot, él no consideraba la etiqueta, ni entre ellos había la separación del rango. Eran soldados del ejército, compañeros. Su atención volvió a recaer en Sorel, aún próximo a su cuerpo.
¿Por dónde iba?

- Muchas gracias. - Profesó, tan débil que no estuvo seguro de si habría escapado de su mente. Rozó su mejilla con la suya, intentando afanar la herida de su semblante. Le rodeó la espalda con los brazos, fuertes y doloridos, los dos. Lo asió contra él,  alegre y aledaño.

Lo soltó de su agarre, por si quería recuperar la postura o poner distancia entre ambos.

- Y ahora, cuéntame cómo está el resto. - Una sonrisa y ojos cerrados. No fuera que se le transparentase el miedo.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ancelot Levallois el Jue Sep 21, 2017 5:46 pm

Su padre le había hablado con frecuencia de la guerra, de su crueldad y de su sombra devastadora. Muchas fueron las veces que le advirtió del lacerante estallido que provocaba, de las terribles consecuencias que traía consigo. Pese a que existen hombres nacidos para combatir, es un hecho que nadie añora la guerra cuando conoce la paz. Y así lo había creído siempre Ancelot, que nunca desatendió los consejos de su antecesor, que siempre encontró en él un ejemplo a seguir.
Sus pensamientos, sin embargo, cambiaron cuando los Emergidos asolaron el mundo. El día que su padre partió a Lycia para enfrentarse a sus condenados enemigos, Ancelot sintió el fuego devorando sus entrañas. Vio a su ejército partir, a nobles soldados llevando su estandarte hasta el cielo, a músicos marcando el paso del grueso con el ritmo de sus tambores, y no deseó nada más que marchar junto a ellos, unirse a la contienda y prevalecer. Su deseo fue denegado, sobreprotegido por su padre, y esa llama que nació en su pecho todavía hoy sigue viviendo.

Resultaría inexplicable tratar de decir cuánto había soñado con aquel momento, cuántas veces se imaginó a sí mismo cargando en la vanguardia hacia su enemigo o cuántas veces quiso sesgar con la espada. Sería osado por su parte argumentar que no añoraba la paz, pero algo dentro de él continuaba emocionado ante la idea de volver a luchar. No podía evitarlo, y tampoco quería saber cómo hacerlo. Su corazón aún latía con fuerza, y ese redoble coronado de éxito se convertía en lo más parecido a la felicidad que en su vida osó conocer. El rugido de la batalla, terminada ya hacía horas, continuaba instalado en sus pensamientos como si estos fueran una jaula. Lo encerraban y no lo dejaban escapar; Ancelot se aferraba a ese momento en el que la vida pendía de un hilo para sentirse, irónicamente, más vivo que nunca.
¿Por qué se sentía así? ¿Por qué las espadas regresaban a él, ahora que había logrado su primer y más inmediato objetivo? Quizás no era suficiente, se dijo. Puede que, inconscientemente, el Lord supiera que esto sólo era un principio, y que muchas más batallas estarían por llegar. Las añoraba, las necesitaba . Quería bebérselas de un trago para que apagaran el incendio de su alma.

La simple idea le erizó el vello, como si un susurro templado hubiese penetrado en su oído, algo que le obligó a exhalar sonoramente.

Mi Señor —la voz de Garthe sonó justo a su espalda, obligándole a salir de aquellos pensamientos que más de uno declararía turbios—. Ethan ha despertado. Imaginé que querría saberlo.

Entonces el rumbo de su demencia cambió, se volvió miel en lugar de sal. La sola mención de aquel nombre evocó un sentimiento de aflicción que trajo consigo la cara más amarga del glorioso día. Ethan construía las dos únicas sílabas que pesaron de verdad durante el asedio, justo en ese instante en el que creyó perderlo para siempre. Intentó comprender los doctos de su padre cuando recordó la escena, pero si acaso existía algún Dios guiando sus pasos, este no quiso que el primer peldaño de la escalera se derrumbara para él. Ahora que su amigo se había recuperado, el mordisco de Ancelot no pudo endulzarse más, suerte de azúcar hecha certeza.

Es una gran noticia, Garthe. Gracias —asintió sin moverse de su sitio—. Iré a verle enseguida.

El fornido hombre se inclinó levemente y permaneció a varios metros de su Señor, sin retirarse. Su lugar estaba a su lado, y ahora que Ethan se había recuperado no pretendía despegarse de él.
Ancelot, por su parte, aprovechaba para echar un último vistazo a su nuevo campamento. Los hombres traían todos los útiles de su última estadía y habían comenzado a montar todo lo indispensable en la plazoleta de la torre, aunque esta vez su resguardo sería la piedra y no la lona. Después de larguísimas semanas de espera, volverían a dormir entre paredes.

Quiso marchar, pero un último aliento de guerra le conquistó nuevamente; sus pensamientos todavía nublados por el desbordante embrujo de su existencia. Resultaba curioso cómo funcionaban las batallas. Ancelot se dio cuenta de que afrontarlas era tal como una apuesta. En ella, perder significaba extinguir la vida propia, pero el precio de la victoria bien merecía el riesgo.

Una leve sonrisa se le dibujó en los labios, justo antes de que, sin demorarse más en su trance, virara en busca de su vasallo y amigo. El único que le quedaba.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Sorel el Jue Sep 21, 2017 6:50 pm

Volvía con sus dedos a acariciarle el pelo, jugando con sus mechones, dejando una agradable sensación de cosquilleo. - Sorel… yo… - Y no tardó en volver a sentir el contacto de su blanca piel, manejándolo cual títere. Le levantó la faz, la mirada aún húmeda observando aquellos ojos como la miel, vívidos como una antorcha, tomando prestados los rayos de luz que se colaban por la ventana. Se acercaron sus rostros, se entremezclaban sus alientos. El rubio nunca había estado de una forma similar con otra persona, y era una sensación extraña, desconocida.

- ¿I-interrumpo algo? - La voz de Garthe, a su espalda. Vio cómo se desplazaban sus iris ambarinos hacia el lateral, sin inmutarse. Notó una cálida brisa en la cara con sus palabras, y una incapacidad estúpida de decir nada en aquel momento. - Solo venía a comprobar tu estado. Informaré a nuestro señor.

Fue una situación… curiosa. De nuevo se hizo el silencio, sin haberse separado del otro. Los brazos lo envolvieron, sus mejillas se rozaron, y se quedaron compartiendo un abrazo. - Muchas gracias. - Aquellas palabras le formaban una sonrisa en la cara, un bienestar que le permitía dejar atrás las molestias y el dolor que se aferraba en su cuerpo. El calor que podía sentir era reconfortante, humano, cercano… un tesoro que no le gustaría perder. - Y ahora, cuéntame cómo está el resto. - añadió Ethan con una sonrisa en el rostro, una sonrisa que se le contagió rápidamente, dejándolo moverse con más libertad.

- Pues ahora que tú te has recuperado… ¡Todos estamos de una pieza! - añadió con una alegría especialmente explosiva. - Bueno… alguna herida sí que nos hemos llevado. Pero no ha sido nada grave. - dejó escapar una pequeña risa, intentando quitarle peso a aquel asunto. Siendo que su compañero había sido el único malherido, puede que le hiciera sentirse mejor saber que no fue el único en llevarse un recuerdo en el cuerpo. - Ahora… pues están trayendo las cosas del campamento. ¡Incluso yo he ayudado a meter lonas! Aunque tampoco he podido hacer mucho… - El recuerdo de lo que acababa de pasar le resultaba ciertamente molesto. ¿En serio iba a quedarse lesionado de ahora en adelante? Era deprimente… Pero ahora no podía permitirse estar triste o irritado, necesitaba mostrar alegría, tanta que se le pegara a Ethan. - Tendrías que haber visto lo increíble que fue Lord Levallois cuando le hizo ¡zas! a ese emergido gigantesco. O lo rápido que volaba todo por allí… bueno, lo cierto es que no sé si lo viste… Yo pensaba que Dylan no lo contaba… ¡Pero Aries voló como... aún más rápido que una flecha! Y según me dijo Ambrus, ¡es que la chica lo cogió al vuelo! ¡¿A que es increíble?! Aunque ahora que lo pienso… Eso puede explicar esa cara tan de tonto que se le quedó cuando hablaba con ella hace un rato. Me refiero a Dylan y su cara de superioridad típica. ¡Ah! Y con todo lo que pasó, se me olvidó decírselo a… bueno, aún no se lo he dicho a nadie… Pero ese dragón que traían los emergidos ¡resulta que era una dragona! ¡¿Te lo puedes creer?! - Estaba cargado con todo lo positivo que pudo encontrar, intentaba recordar todas las veces que se lo pasaba bien en el monasterio, aplicando lo mismo que hicieron en su momento sus hermanas.


Última edición por Sorel el Vie Sep 22, 2017 9:41 am, editado 1 vez
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ancelot Levallois el Vie Sep 22, 2017 8:03 am

Atravesó el campamento a media alza, dirigiendo sus pasos hacia el torreón que tanto les había costado adquirir. Cuando lo admiraba no podía evitar sonreír. Era su medalla, su corona. La victoria había traído consigo una recompensa inestimable; aquella torre y la nula consecuencia de bajas eran dos puntos demasiado oficiosos como para pensar lo contrario. Pasó cerca del establo y arrugó la nariz. Aunque el fuego ya había extinguido, el olor a madera quemada continuaba disuelto en el aire. El pajar había sido consumido y los tablones deberían ser repuestos por sus hombres, pero ya poco importaba. Era un precio menor a pagar por tan contundente triunfo.

Sus pies se detuvieron justo delante del portón. Aunque su semblante se mantuviera impasible, lo contempló con entusiasmo contenido. Instintivamente, acarició el grueso bajo el umbral antes de acceder. Aquel lugar sabía mejor que ningún regalo, pues no era algo que hubiese conseguido sin más. Se lo había ganado con el sudor de su frente y la sangre de sus venas. Él y todos sus hombres, y como tal, todos harían uso del mismo.
Se adentró y una estancia amplia le saludó. A mano derecha, los escalones ascendían hacia una planta superior, mientras que el resto del habitáculo lo ocupaba una sala amueblada con un mesón y varias sillas dispuestas alrededor. No se parecía a las que su familia desplegaba en su opulento castillo, pero haría las veces para que sus hombres se reunieran con una buena comida.
Sin embargo, no tenía tiempo que perder en aquel lugar: su amigo aguardaba su llegada. Ascendió los primeros escalones y accedió a la primera planta del torreón, donde una nueva sala amplia se mostró ante sus ojos. A lo largo de esta se desplegaban diez literas, lo que daba acogida suficiente a veinte personas en total. Era una suerte haber conquistado un lugar con semejantes características, pues además de haber puesto un pie en Bern, les sería útil como refugio. Supo que aquella especie de barracón sería el punto de descanso de sus hombres, que celebrarían la posibilidad de no dormir al raso. De sólo imaginar sus festejos, una nueva sonrisa se apoderó de él.

Ignorando este habitáculo, el Lord continuó ascendiendo. Garthe, que se encotnraba siguiendo sus pasos tras él, le informó una vez llegaron al segundo nivel.

Es aquí, mi Señor —ante ellos se mostraba un estrecho pasillo con una puerta a cada lado, lo que daba lugar a dos dormitorios personales. Utilizaría uno de ellos como enfermería y el segundo como despacho privado; fue algo que decidió al instante. Garthe se situó justo delante de la puerta correspondiente—. Me aseguraré de que nadie interrumpa.

Bien. Espera aquí —imperó con templanza, haciendo que su guardia se situara a un lado y custodiara el acceso.

Cuando deslizó la puerta y se adentró, la escena que presenció ante él le hizo alzar ambas cejas con extrañeza. El discípulo de Sir Laevatin, Sorel Marshal, se hallaba gesticulando notoriamente con sus manos y liberando lo que parecía una larga verborrea, sentado a un lado del lecho en el que Ethan descansaba. El chico de cabellos níveos ya había despertado y apoyaba la espalda en la cabecera de la cama a modo de respaldo. Cuando su presencia se hizo notoria en la habitación, Sorel se calló al instante y ambos deslizaron sus ojos hasta la puerta, donde Ancelot se encontraba.

Un silencio incómodo anidó en la sala, y el Lord no pudo evitar sentir que, quizás, debería pasarse más tarde.

¿Es un mal momento?

No fue su pretensión, pero el modo en el que se dirigió a ellos, tan frugal e indolente, pudo dar a entender que no estaba de humor. Nada que ver en realidad: Ancelot simplemente solía mostrar ese carácter sobrio en la mayoría de situaciones, y si estaba allí no era por mera indiferencia.

Ver a Ethan en mejor estado, incluso si aún no había dicho nada al respecto, fue mayor recompensa que cualquier piedra de aquel torreón.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Aries Rondo el Vie Sep 22, 2017 8:46 am

Cuando ya no quedó mancha alguna, ni sobre su piel ni sobre las piezas de su armadura, Aries volvió a cubrirse de metal. Libre ya del peso de las lágrimas y la sangre, se sintió renacida, en extraña y momentánea paz. Miró a su alrededor, al cielo. Era una tierra hermosa. Incluso, con la calma de la tarde y la dulce melodía del río, se hacía difícil imaginar que aquel paraje estuviera tan cerca del campo de batalla en el que había tenido lugar su primera contienda. Tan cerca de los gritos asfixiantes, de la sangre derramada, de la más perversa y cruenta locura. Cerró los párpados y se concedió unos segundos más, unos pocos más para beberse la quietud del momento y llevársela consigo. Bálsamo del alma.

Supo que debía dar gracias a Elimine por haber podido bañarse sin percance. Aries no era una temeraria; no olvidó en ningún momento que estaba en tierra disputada, donde el enemigo acecha y abunda. Simplemente, había considerado importante correr el riesgo. Su lanza estuvo cerca en todo momento, en la orilla, con una vigilante Nívea que habría reaccionado de notar alguna otra presencia. Y, de hallar enemigos, habría servido como una señal de peligro para los soldados del campamento. Para todos ellos, ella quiso ser cebo.

Lista para regresar, la jinete montó sobre Nívea y voló de vuelta al torreón, donde el pequeño ejército Levallois estaba ya casi asentado. Apenas tocó tierra y bajó de su pegaso, escuchó una voz.

-Eh –Una llamada, seca, que supo agarrar su atención. Al girarse encontró a ese soldado, el que siempre la miraba tras la punta de una flecha. Kieran. Se había fijado en su nombre mientras ayudaba con el traslado del campamento; no quería olvidarlo.

Hoy el muchacho se acercaba a ella sin armas en las manos, en son de paz. O más o menos, porque sí traía consigo un semblante de pocos amigos. La miró por un momento y encontró la atención de la jinete, que expectante mantenía los ojos sobre él. Kieran terminó frunciendo un poco más el ceño, antes de apartar la vista hacia otro lado; allí donde la culpabilidad no le quemara tanto las retinas.

-Le apuntaba a él –dijo sin más, y en los oídos de Aries sonó como una disculpa. En su propio estilo, pero una disculpa al fin y al cabo. Los labios de la jinete se curvaron ligeramente en una pequeña sonrisa.

-Y me alegré de que lo hicieras –respondió ella. Él la miró de reojo por un instante, sin decir más ni hacer más, como si simplemente esperara a que ella se marchara. Sería la jinete quien, tras alzar la vista a la torre, quebraría aquel nuevo silencio-. ¿Cómo está Ethan…?

-Debe estar bien o Sorel ya se habría puesto a dar gritos –Kieran se frotó la nariz levemente, inspirando, fruto del frío en el ambiente-. Hemos tenido suerte esta vez. No siempre será así.

Por un momento, los hombros de Aries parecieron caer ligeramente en silente aceptación. Quizás había sido suerte. Kieran debía saberlo mejor que nadie; él había perdido mucho, como todos los demás en aquel campamento. Al notar ese toque de melancolía en la expresión de la joven, Kieran se atrevió a darle una breve palmada en el hombro, girándose para marchar.

-Vi al Lord subir a la torre, debe estar visitándole. Si quieres verle, espera a que salga.

Y mientras caminaba para alejarse de ella y retomar sus propios asuntos, escuchó una voz que se alzó a su espalda con la valentía de llamarle.

-Kieran –dijo ella, apresurada antes de que él no pudiera escucharla. El soldado detuvo sus pasos y se giró lo suficiente para mirarla de soslayo. Y con aquel ‘gracias’ que saldría después de labios de la jinete, Kieran sólo esbozó un intento de sonrisa leve, tensa y fugaz, antes de reemprender su camino.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Sorel el Vie Sep 22, 2017 5:55 pm

- Y a ver qué más… er... - terminó pasando lo inevitable, perdió la carrerilla que tomó segundos atrás. Fue un momento algo incómodo, intentando ver qué más podría contar para animar al otro. Pero no fue capaz de encontrar tan siquiera una palabra, era como si se hubiesen congelado a mitad de camino. Al fin y al cabo, era como si un glaciar apareciese en toda su gloria, con la fuerza de un alud.

- Lo-Lord… Levallois… - Estaba de mal humor. Quedaba más que claro que no lo quería a él allí, estaba para hablar con Ethan… - Le estaba contando… cómo fue todo. ¡Pero ya está puesto al día! - Se irguió en pie y se arrodilló acto seguido, siendo aún más consciente de que él sobraba completamente. - Con su permiso… los dejo solos. - Fueron palabras que le salieron casi automáticas. Desde que Ancelot había entrado en aquella habitación, empezaba a sentirse asfixiado, como si le faltara el aire, y el poco que hubiera intentara apartarlo. Simplemente se escapó como pudo, cual mísero sirviente que yerra ante su señor, antes de ser castigado.

No pudo sentir el aire de nuevo hasta abandonar aquella sala y doblar por la puerta. Dos miradas sorprendidas se cruzaron: un enano y un gigante. - ¿Interrumpió algo? - N-no… volveré al trabajo. - añadió mientras descendía por la escalera con unas prisas que nadie, salvo él mismo, le había impuesto. - No cargues peso.

Aunque el primer piso lo bajó a toda prisa, en cuanto inició el segundo descenso se detuvo un instante. “Los he dejado solos… porque asumí que Lord Levallois querría hablar con Ethan… Sería bastante violento que me estuviera buscando a mí…” pensó mientras descendía lentamente. Y en ese descenso, se cruzó con la única mirada femenina del campamento. Tardó un poco en reaccionar. - Si buscas a Ethan ya está bien. Ahora está con Lord Levallois… y creo que querían estar sin compañía… - añadió con un tono claramente desanimado, rematando aquellas palabras con un suspiro.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ancelot Levallois el Vie Sep 22, 2017 6:53 pm

La reacción de Sorel le sorprendió. De repente se veía nervioso, tan inquieto como un perrito alejado de su amo. A Ancelot le gustaba saber que sus hombres le respetaban, aunque a veces se preguntaba si acaso le temían. ¿Les había dado motivos para hacerlo, aunque fuese inconscientemente? Fuese cual fuere el caso, Sorel acertó de pleno. Instintivamente, el rubio se despegó del camastro y se arrodilló en un exageradísimo gesto de respeto, mientras que los ojos de Ancelot le observaban con atención. El silencio, siempre presente en los labios del Lord, no cortaría sus alas; si acaso pensaba que quería hablar con Ethan a solas, lo había adivinado. Le dejó marchar sin oponerse. Aún así, le resultó extraño cuanto menos no tener que pedirlo. Quizás su preocupación, por mucho que tratara de esconderla, se había hecho demasiado evidente en su rostro, así como sus deseos.
Tampoco pretendía que fuese un secreto. La salud de Ethan le había tenido en vilo desde que la batalla terminara, y ahora que había despertado, era inevitable querer tener unas palabras con él.

Creo que se alegra de que hayas despertado —mencionó cuando la puerta se hubo cerrado, aludiendo a Sorel. Obviamente se dirigía a su amigo, todavía encamado—. Parece que habéis congeniado bien.

Se acercó un par de pasos al lecho, dejando que las pisadas quebraran un silencio incompleto. No era pleno; el rumor del campamento penetraba por la ventana y generaba un lejano y distendido ambiente que invitaba al optimismo. No pidió permiso para sentarse a un lado de la cama, y allí se acomodó, ocupando una porción mínima del colchón para importunar a su súbdito lo menos posible. Giró el torso y, ladeado, miró fijamente a Ethan.

¿Estás bien? —se preocupó por su estado, contrayendo levemente la expresión. Era lógico que había mejorado, pero auguraba que el dolor aún permanecía instalado en su cuerpo y que posiblemente se había irradiado por más zonas del mismo—. Si necesitas a un médico te buscaré uno y yo mismo lo traeré aquí. Quiero tenerte operativo cuanto antes, Ethan. Esto no ha hecho más que empezar.

Le miró con la templanza de un felino. Cualquier otro hombre bajo su servidumbre habría deseado huir de su contemplativa quietud, pero Ethan no era como los demás. Seguramente el peliblanco fuese la única persona por allí que no se amedrentaría ante su gesto implacable, y eso le gustaba. No estaba en esa habitación para hacerse respetar, sino para conversar y mostrar su preocupación.

Has tenido a muchos soldados preocupados —confesó y destensó la espalda, virando sobre sí mismo para clavar sus ojos en la puerta del dormitorio, aún sentado en el camastro. Sería más fácil decirlo si no intercambiaban contacto visual—. A mí el primero.

Aguantó un suspiro. No era de los que expresaban con facilidad sus debilidades, así que informar sobre aquello le generó un extraño nudo en la garganta. Aún así, era importante que su amigo fuese consciente de ello; una vez admitió su miedo sintió una clara liberación en el pecho, oprimido por un dolor vaporoso hasta ese instante.

Poco importaba el resto. No ahora.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ethan Laskaris el Vie Sep 22, 2017 9:18 pm

Escuchó atentamente el soliloquio de Sorel, intentando captar el máximo de información entre las gesticulaciones y su terminología única. La sonrisa del peliblanco no se borró en ningún momento, aun cuando su compañero había intentado quitarle importancia a las lesiones del resto. Ethan no pudo evitar contagiarse del entusiasmo del joven mago. 'Así que no hay heridos graves...', la lengua del aprendiz seguía viajando a la velocidad de la luz entre tópico y tópico, brazos al aire y onomatopeyas en concierto. Había estado ligeramente consciente en el final de la batalla, recordaba una lanza y el manar del wyvern negro. Su sangre bañando el pasto y la tierra removida. Bueno, negra. Acaba de descubrir que era una hembra. Sus cejas de alzaron con ese detalle, cuanto menos curioso. Su mirada volvió a recorrer a Sorel, su perfil era menudo, pero bajo esos ropajes descolgados seguía portando el cuerpo de un hombre. Sus facciones, su tez, la forma en que su cuello besaba su clavícula, ¿Qué había distinto en él? ¿Por qué sentía la necesidad de...?

La escena se congeló, un inocuo Ancelot atravesó el umbral, un muro de acero en sus labios.

- ¿Es un mal momento?

Notó a Sorel tensarse. Era evidente que se sentía nervioso en su presencia. Fuera lo que fuese que había pasado entre ellos, no alcanzó a entenderlo. ¿Lo odiaba? ¿Lo admiraba? ¿O acaso era su forma de mostrarle respeto? En cualquier caso, le faltó aire en los pulmones para salir corriendo. Ethan lo miró con una mezcla de diversión y añoro; se lo estaba pasando muy bien con sus explicaciones de cuento. Se despidió de él con un leve asentimiento de cabeza y recibió a Ancelot como se merecía.

- Pensaba que no vendrías nunca. - Sus comisuras se curvaron en una clara mueca de perversión. No le gustaba preocupar a Ancelot, él estaba allí para cumplir su sueño conjunto, no para convertirse en una carga.

- Creo que se alegra de que hayas despertado. Parece que habéis congeniado bien. - Cuando vio que Ancelot seguía serio y no le reprendía como de costumbre, Ethan relajó el semblante. Miró hacia la puerta, ya cerrada, con una mezcla de miel y espada.

- ¿Eso crees? La verdad es que Sorel es...

La voz de Ancelot sesgó su devaneo, estaba allí por él. Sólo por él. Se le hinchó el pecho. Era un orgullo ser su amigo, además de su vasallo, porque sentía que una parte de su Señor le pertenecía a él. Algo que mostraba cuando no había nadie cerca, una falla en su armadura helada. Pudo ver su corazón latir a través de las costuras de piedra. La muralla estaba cediendo.

- ¿Estás bien? - Ethan abrió mucho los ojos. Claro que dolía, sentía el peso de cien cadenas oprimiendo su torso y su brazo izquierdo. Pero no podía permitirse ser una molestia. - Si necesitas a un médico te buscaré uno y yo mismo lo traeré aquí. Quiero tenerte operativo cuanto antes, Ethan. Esto no ha hecho más que empezar.

El peliblanco negó con la cabeza. Era una mentira blanca, una de esas que se susurran al viento. Se trataba de Ancelot, y sabía que le debía más que honestidad a su lord, su confidente. Había ciertos momentos en los que una verdad a medias podría garantizar el sueño. El hecho de que no hubiese ninguna baja tras la primera gran contienda del ejército le sabía demasiado dulce como para amargar el ambiente con el mal de su cuerpo.  Seguramente no serviría de nada, le conocía como la palma de su mano, pero por intentarlo que no quedase.

- Apenas me duele. - Evitó apartar la mirada, que no se notara el cieno. Se sentía sucio, y sin embargo sus palabras no erraron. Era necesario.

- Has tenido a muchos soldados preocupados. A mí el primero.

El bramar del castillo, el derrumbar de una montaña ante él. Ancelot se estaba mostrando vulnerable. Su falacia se sintió ponzoña, herida sobre herida, llaga que encontraba la sal y el acierto. Sus labios se abrieron para confesar, pero se cerraron acto seguido. Si empeoraba, se lo diría, por ahora sería su secreto. Levantó el brazo malherido y le golpeó el hombro. Un esfuerzo de ese calibre debería bastar para que el joven Levallois le creyera. Notó un pozo ardiente en su zurda, el quebrar del cristal de sus huesos. Si hubo un suspiro en su garganta, pereció entre sus dientes. Una sonrisa de oreja a oreja acunó su cara.

- No eres el mejor ejemplo. Creía que ese wyvern te devoraba vivo. - Intentó desviar el tema con otro embuste, atento al lenguaje corporal de su Señor. - Pensaba que estabas desentrenado, el otro día con la espada no te noté... - Le faltaba el aire, no era muy bueno fingiendo. Aquel movimiento había sido demasiado. Sin atención de un clérigo no debería haberse excedido con un gesto explosivo, mucho menos empujarle con el miembro lesionado. - ..muy fino. Ya sabes.

Odiaba aquello. El engaño, el fraude. Con Ancelot no debía pasar eso. Se mordió la lengua, traidora entre su aliento.

- Ya tienes tu torreón. No está de más resaltar que tu plan fue un éxito. - Ethan también mostró un poco de sí, un atisbo de lo que Ancelot era dueño. En eso era completamente sincero. - Gracias a él no ha muerto nadie. ¿Sabes...? Eres un héroe.

Lo repitió, orgulloso de contar con un amigo tan digno. Brasas en su piel, tormento ciego.

- Mi héroe. - Una pequeña risa. No había celos, ni envidia, sólo admiración. - Que no se te suba a la cabeza o tendré que empezar a entrenar en serio.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Aries Rondo el Sáb Sep 23, 2017 5:53 am

Aries se asomó un peldaño a la torre, luego otro, con una cabeza que se movía al son de sus ojos. Miró arriba, a un lado, a otro. Había tenido mucha curiosidad por conocer el interior del torreón, por ver cómo eran las estructuras militares como esa y qué ventajas y comodidades podían ofrecer. A fin de cuentas, ese sería su nuevo hogar por tiempo indefinido, hasta que su Lord así lo considerase. Muros de oscura roca. Sería lógico sentirse más protegido dentro de una pequeña fortaleza como aquella, pero Aries no podía evitar la inquietud de saberse en pleno territorio enemigo. Sería peor a la noche. Para ella, Bern nunca fue un hogar; no lo conocía, no más allá de un suelo marchado de sangre. En Lycia todo era diferente, se sentía a salvo en el reino libre. O al menos, a salvo de este tipo de enemigos. ¿Los peores? Por ahora sí.

Caminó con paso lento por la primera planta, en modo exploradora curiosa y silenciosa. Un sonido desde las escaleras llamó su atención, y al girarse se topó con el cielo y las nubes hechos ojos. Su primer instinto fue esbozar una sonrisa, pero pronto desapareció con un parpadeo al verle mejor. Hoy el cielo no parecía demasiado despejado en él, el chico del río.

-Si buscas a Ethan ya está bien. Ahora está con Lord Levallois… y creo que querían estar sin compañía… –dijo Sorel con extraño desánimo y un suspiro, a pesar de la buena nueva. Ethan había despertado, ¿no significaba eso que estaba bien...?

-Yo no… No pretendía ir a molestarle –confesó ante la mención de Sorel de poder estar buscándole, y por alguna razón, se sintió vergonzosa. Se fijó entonces en el rostro del joven rubio, que habiendo continuado con sus pasos se situaba ahora más cerca de ella. Aquella carita, antaño alegre y luminosa, era ahora un triste cuadro de heridas y moratones, y ojitos caídos con el peso de algún tipo de decepción. Aries le había visto preocupado por Ethan esa mañana, demasiado inquieto, demasiado activo. Irónicamente, ahora que el soldado había despertado, algo parecía haberse desinflado dentro de Sorel. Por supuesto, ni los celos ni el anhelo de la compañía ajena se le pasaron por la cabeza a la jinete; había antes otras posibilidades.

-Sorel… ¿tú estás bien? –preguntó con tono suave que no ocultaba su preocupación, pudiendo referirse tanto a sus heridas físicas como a su estado anímico; y realmente se refería a ambas, a cualquier cosa que estuviera perturbando a su compañero. La siguiente pregunta fue simplemente inevitable, y su respuesta bastaría para reforzar aquel nudo en su pecho, o deshacerlo casi por completo-. El despertar de Ethan… ha ido bien, ¿verdad?

Caminaría a su lado si él lo hacía, mientras el chico mostrara algún interés por hablar con ella.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Sorel el Sáb Sep 23, 2017 6:59 am

Por un fugaz instante la muchacha le pareció una desconsiderada… ¿Quién no querría ir a ver a Ethan? Claro está, al instante inmediatamente siguiente, se dio cuenta de que en aquel momento, ambos estaban haciendo lo mismo… Dejarlo tranquilo con su señor.

La pregunta que rompió el silencio que renacía una y otra vez le pilló por sorpresa. - ¿Yo? - Captó aquella aura de preocupación con la que cargaban sus palabras, igual que tiempo atrás le sucedía a las de su madre cuando lo descubría de camino a llorar en el jardín. “¿Tanto se me nota?” se recriminó internamente, temiendo contagiar aquellos malos sentimientos.

Hizo lo que pudo, se los tragó y dibujó la mejor sonrisa que pudo. - Sí, estoy bien. Gracias por preguntar. - Y la siguiente llegó como algo tan inevitable como la muerte. - El despertar de Ethan… ha ido bien, ¿verdad? - Unas pocas palabras que bastaron para transformar la máscara en realidad. El mago bajó un par de escalones más, para ponerse a la altura de la joven… aunque él estuviera en el escalón de arriba.

- ¡Por supuesto que ha ido bien! ¡Ethan no nos dejaría tan fácilmente! - exclamó cargado de energía… puede que más de la necesaria para la distancia que había entre ambos. Afianzó su posición, llevándose las manos a la cintura… y lo siguiente que hizo fue revisar tanto escaleras arriba como escaleras abajo, como el niño que estuviera a punto de cometer alguna de sus barrabasadas. Se acercó a ella aún más, dejando sus rostros a escasos centímetros…

… y susurró. - Puede que no esté tan bien… - El silencio volvió otro par de segundos, negándose a morir tras cada conversación. - Es solo… que me siento como un idiota siempre que aparece Lord Levallois… - las dudas y la preocupación en su voz eran claramente manifiestas. Total… ¿Ya qué importaba? - Porque… es como si me faltara el aire… y así no soy capaz de pensar… Y cada vez que lo veo… es como si su mirada me dijera que no tendría que estar aquí… Como si fuese un trasto inútil… Así que ya… no sé cómo lidiar con esto... - Simplemente dejó caer su cabeza sobre uno de los hombros de la muchacha. Existía un motivo por el cual fue capaz de dejar salir sus preocupaciones… La nostalgia, todo lo que Aries representaba en estos momentos para él.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Aries Rondo el Sáb Sep 23, 2017 7:51 am

Observó los cambios en aquel rostro, de noche a día, de día a noche. Sorel consiguió sonreír y declaró encontrarse bien, con una respuesta que sonó a puro formalismo, pero que tuvo que valer para Aries. El joven incluso se mostró firme y enérgico para confirmar que Ethan estaba perfectamente bien, y Aries pudo exhalar, despacio, ese peso que ya iba abandonando sus pulmones. Se alegraba de que ambos estuvieran teóricamente bien, pero no sabía cómo decirlo. No sonaba bien decirlo. Porque la pesadumbre que había visto antes en los ojos de Sorel no podía ser nada. Así que, por un momento, no supo qué decir. Tan sólo fue capaz de emitir un pequeño sonidito de entendimiento y figurado asentimiento, y nada más.

Entonces llegó ese gesto sospechoso por parte de Sorel. Mirada arriba de las escaleras, luego abajo, como si estuviera inquieto por algo. Ella parpadeó y siguió su mirada, llegando a girarse incluso para ver si acaso había algo a su espalda. No había nadie. Y quizás esa era la idea, pues Sorel, viéndose lejos de oídos indiscretos, aprovechó para acercarse más a ella. Se acercó tanto que Aries no pudo evitar echarse ligeramente hacia atrás, desprevenida y por mero instinto, como si la repentina cercanía le intimidara. Por suerte, apenas se notó. Él la miró con una confesión en los labios, un susurro que nadie más debía oír; ella, con ojos abiertos que volvían a parpadear nerviosos. Hasta que escuchó las palabras del chico, y entonces incluso dejó de fijarse en la cercanía de su rostro.

-Porque… es como si me faltara el aire… y así no soy capaz de pensar…

Ah... Eso… Eso era familiar... Una sensación que Aries conocía. Qué curioso escucharla en boca de otra persona; al menos hasta la parte de “trasto inútil”. ¿Trasto inútil…? Y antes de que pudiera darse cuenta, la cabeza de Sorel se había dejado caer sobre su hombro en señal de derrota, necesitado de consuelo y abierto a ella para obtenerlo. El afectuoso gesto denotó que Sorel confiaba en su compañera, que quizás ya la consideraba… ¿su amiga, su hermana? Y le sintió cálido, como una pequeña hoguera en la fría noche; extrañamente frágil también. Sus alborotados cabellos dorados le cosquillearon la mejilla, que a estas alturas había adquirido un color rosado. Y Aries, que aunque habían sido pocas las ocasiones no era tampoco ajena a ofrecer consuelo a otras personas, movió ligeramente la mano, primero despacio, con dudas, hasta finalmente rodear al muchacho con ambos brazos. Lo hizo suavemente, cuidadosa, quizás torpe, sin apresarle contra sí.

-Sorel, tú… -dijo sin apenas alzar la voz, sus ojos rodando hacia ese cabello rubio que se antojaba a la vista como el tacto del suave algodón; se preguntó si podría tocarlo-. Tú, que luchaste valientemente… que nos salvaste la vida y recibiste heridas en nombre de tu Señor…

Y, sin poder evitarlo, quizás por acostumbrarse poco a poco a la cercanía y hacerse a él, Aries alzó su mano desde la parte de atrás del hombro de Sorel, hasta posarla sobre esa cabecita inquieta. De algún modo, fue como acariciar a un suave animalillo herido. Había algo muy dulce en él, niño hecho de verano, y una pequeña sonrisa tierna anidó en los labios de la jinete. Quiso ser su escudo.

-¿Cómo puedes creer... que Lord Levallois siente menos que agradecimiento y respeto por ti, su buen soldado?
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ancelot Levallois el Sáb Sep 23, 2017 2:30 pm

Apenas me duele.

Si no fuera porque le conocía perfectamente, incluso él habría caído en la trampa. Así funcionaba Ethan, siempre dispuesto a ofrecer lo mejor de sí mismo, aún si para lograrlo tenía recurrir a la mentira. Ancelot suspiró, pues debía haberlo imaginado. En su modestia, el peliblanco sólo diría lo que el Lord deseara escuchar, sin preocuparse lo más mínimo su propio estado. Era curioso cuanto menos: si el vasallo tan sólo pudiese imaginar cuánto llegaba a importarle a su Señor, quizás él mismo comprendería que a éste sólo le hacían falta palabras honestas.

Ancelot estuvo a punto de protestar, pero una pequeña chanza amistosa detuvo su impulso.

No eres el mejor ejemplo. Creía que ese wyvern te devoraba vivo. Pensaba que estabas desentrenado, el otro día con las espada no te noté... muy fino. Ya sabes.

La breve sonrisa que Ancelot había adquirido con las anteriores palabras mutó en su expresión cuando Ethan osó golpearle con el brazo lastimado, aunque lo ocultó rápidamente. No ignoró sus bromas, pero incluso tras esa máscara de complicidad supo oler el dolor que aquel gesto debió suponerle. Disfrutaba de aquella actitud que le permitía, aunque fuese sólo por unos instantes, sentirse más humano que nunca, pero no a costa de la integridad de su mejor hombre.

Se dibujó en su faz una nueva sonrisa -tan honesta como le fue posible-, en un intento de seguir la corriente del peculiar juego del espadachín. A veces era agradable dejar de ser Lord para sentirse amigo. Era algo que, quizás por educación o por propia conducta, no le estaba permitido disfrutar.

Tal vez eres tú el que hace que me contenga demasiado. Deberías probar a tener escamas negras para sacar lo mejor de mí —no respondió con ningún amago, pero aquella conversación consiguió que se girara por completo para recaer en su compañero, perdido en su mirada—. Te sorprendería de lo que soy capaz.

Era un alivio verse en aquella circunstancia. El cargo de líder suponía un desgaste terrible para cualquiera, incluso para él, por mucho que nunca lo mostrara o se negara a admitirlo. Ethan sabía sacarle de aquella burbuja y le regalaba instantes que nadie más podía concederle; era un bálsamo, un remanso de paz en aguas turbulentas. Cuando le designó como héroe, una mueca sonriente cargada de ironía fue lo único que Ancelot pudo contestar. Quizás Ethan nunca fuera capaz de comprender que, a su modo, el único héroe que existía en esa habitación tenía su nombre.

El heredero Levallois cerró los ojos y emitió un suspiro. Detestaba romper la cordialidad de aquel encuentro, pero desgraciadamente debía regresar a sus ocupaciones. Por supuesto, no lo haría sin más.

Mientes fatal, ¿lo sabías? —masculló, y volvió a abrir los párpados para retarle. Esta vez su sonrisa, aunque existente, sería leve. Una mezcla perfecta entre complicidad y disciplina—. Tengo pensado movilizar a los hombres de regreso a Lycia para celebrar nuestra victoria. Te buscaré un curandero una vez estemos allí, y no me importa cuánto te opongas —su pausa sería breve, apenas lo que dura una exhalación—. Le enviaré un mensaje a mi padre para que mande algunos efectivos a custodiar el torreón. Partiremos en cuanto estos lleguen.

Amagó un breve instante con girar su cuerpo para incorporarse de la cama, pero no lo hizo. Hubo algo que detuvo su movimiento, unos pensamientos que se revolvieron hasta ponerse en orden. ¿Era eso todo lo que quería decir? No, por supuesto que no. Había algo, un deseo que gritaba por salir a flote de sus entrañas. Se había guardado aquella reflexión desde el momento en el que Ethan perdió la consciencia, y ahora que podía compartirlo con él, marcharse de allí sin hacerlo no era una opción.
Así, sin permiso de su lastimado soldado, se atrevió a aproximarse un poco más para sostener una de aquella mejillas con la mano, gesto suave y cálido. Él no era herrero, pero también sabía cómo templar el metal de una espada, o en este caso, el corazón de un súbdito.

No vuelvas a darme estos sustos —susurró, obviando ya cualquier vestigio de camaradería. Su decreto suponía mucho más que una confesión; era una puerta abierta a su vulnerabilidad. No le importó; nada importaba si la muerte amenazaba con llevarse a la única persona capaz de dejar un vacío en su pecho. Su voz fue un horno a punto de prender, y su tono, una prueba fehaciente de que aquello no era una provocación, y mucho menos una broma. Iba completamente en serio—. No te lo estoy pidiendo. Es una orden.

Le liberó, dejando que sus yemas abrasaran el dorso de su pómulo antes de poner fin al contacto. Tras hacerlo, se pondría en pie y marcharía hacia la puerta, donde Garthe aguardaba su salida.

Dejaría de ser amigo. Volvería a ser Lord Levallois.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ethan Laskaris el Sáb Sep 23, 2017 6:26 pm

- Mientes fatal, ¿lo sabías? - Ethan se recostó hacia atrás, como si la distancia pudiera cubrir los huecos que su Señor veía en sus engaños. Su sonrisa tembló. - Tengo pensado movilizar a los hombres de regreso a Lycia para celebrar nuestra victoria. Te buscaré un curandero una vez estemos allí, y no me importa cuánto te opongas. - Aquello le pilló desprevenido, ahogó una protesta a su lado. Sus labios volvieron a cortar el silencio. - Le enviaré un mensaje a mi padre para que mande algunos efectivos a custodiar el torreón. Partiremos en cuanto estos lleguen.

Ancelot era increíble. Increíblemente tedioso. Ethan suspiró como tantas otras veces le había provocado él al noble; exasperación, ojos resignados. Si el peliblanco era terco, en aquel momento vio en el moreno a un rival imbatible. Y es que no quería preocuparle, bien sabía que sus quejas no servirían de nada. Aún así las profesó, impune.

- P-pero... Yo estoy perfectamente. D-de verdad... No es necesario.

Al abrir los párpados fue consciente de la gravedad de sus actos. Ancelot, su Señor, su amigo, se había abierto el pecho ante él. No había falsedad en sus actos, aun así Ethan no era capaz de formar con palabras aquello que el joven Levallois ya sabía. Estaba herido, necesitaba atención médica o no podría luchar en la próxima escaramuza. Esa verdad le golpeó con fuerza en las costillas, y cuando quiso suspirar, Ancelot le arropaba el aliento con su mano. Sus dedos le acariciaron la mejilla, mil espinas recorriendo su espalda, la electricidad de la tormenta en un abrazo.

- No vuelvas a darme estos sustos. - No podía hablar, su reloj interno se había congelado. El segundero de Ethan se declaró en huelga con su tacto. ¿Qué estaba pasando? Sabía que le importaba a su Señor, de verdad, era consciente de que con él era más humano. Y cada momento conjunto era más valioso que todo el oro del reino. Pero su mentón se había suavizado. ¿Qué era...? ¿Miedo? ¿Realmente temía perderle? Un nudo se formó en su garganta. - No te lo estoy pidiendo. Es una orden.

Ethan asintió hipnotizado. Cuando él deshizo su enlace, una pequeña laguna de fuego anidó bajo su pómulo, donde él le había tocado. No era como rozar a Sorel, no era como respirar a Aries, era distinto, Ancelot era muy distinto. Y a la vez, creyó fenecer con el tañer de sus dedos. Todos parecían haber mordido su corazón y ahora sentía vértigo. 'Tres devoraré y tres caerán...'. Su familia... Si los perdiera, si alguno de ellos muriese...

Y cuando Ancelot hubo salido, no pudo sino arrojar los vestigios de su estómago en el cubo que yacía a su lado.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Sorel el Sáb Sep 23, 2017 8:16 pm


Al igual que en el pasado, dos brazos lo tomaron para guiarlo hacia la tranquilidad… una tranquilidad que poseía un olor dulzón característico. ¿Cómo no sentirse vulnerable cuando dejó salir todo lo que más le preocupaba en ese momento? Envuelto en aquel delicado abrazo que lo protegía podía sentirse de nuevo igual que muchos años atrás, como un niño en manos de su madre buscando consuelo… Solo que Aries no era su madre, era parte de su nueva familia, su nueva hermana. - Sorel… Tú, que luchaste valientemente… que nos salvaste la vida y recibiste en nombre de tu Señor… ¿Cómo puedes creer… que Lord Levallois siente menos que agradecimiento y respeto por tí, su buen soldado? - Notaba aquella caricia, amable y clara, atravesando sus cabellos con dulzura… Puede que fueran las palabras, o aquel contacto… o una mezcla de ambas, pero Sorel no pudo aguantar más.

Aquella piel blanca se humedecería de aguas saladas, que escurrirían conforme se acumulaban. Sus manos pasaron a la espalda de la joven por debajo de su abrazo, con unos dedos que buscaron con desesperación tela a la que aferrarse en aquel páramo de frío metal blanco, sin poder hallarla. Simplemente terminaron como dos puños que ya ni sabían qué es lo que querían, que simplemente se quedaron por ahí detrás buscando un tacto humano.

- Gracias… -

Apenas pudo esbozarlo entre los sollozos. Intentó hacer más cercano aquel abrazo.

- Gracias… por todo… lo de ahora… y por Dylan… y… por la primera vez… y la segunda... - Pensar en ese momento era innecesario. Simplemente dejó salir lo que sentía… hasta que una voz hizo un comentario desde escaleras abajo. - ¿I-interrumpo algo?

La voz de Sean, aunque inseguro, actuó como un resorte en el mago, soltándose de aquel abrazo que tan bien le hacía. - N-no, para nada. - se apresuró a responder el rubio mientras se secaba con las mangas las lágrimas, dejando escapar alguna pequeña queja respecto al contacto de las dos heridas con la tela. No pudo esconder sus ojos enrojecidos ni aún húmedos, pero Sean hizo como si no los hubiera visto. - Vasyl me ha dicho que Ethan ya se ha recuperado, así que iba a ir a verlo. ¿Os venís? - añadió el más joven de los tres con entusiasmo. El mago, se tomó un instante para mirar a los otros dos… pero al final asintió con intención de ascender de nuevo.

Después de lo que acababa de decirle Aries… “¡Lord Levallois no volvería a amedrentarme!” pensó con firmeza. El otro joven miró a la jinete con ojos suplicantes. - ¡Ya verás como quiere hablar con todos! Así que no puedes decirme que no… por favor.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ancelot Levallois el Dom Sep 24, 2017 12:35 am

Aún tras cruzar el umbral del dormitorio, los ojos de Ethan seguían clavados en su pensamiento, como si aún estuviese a su lado. Le observaban; le recordaban que todavía quedaba mucha vida en ellos, que su fulgor apenas se había encendido. Era un alivio y una alegría enorme saber que no corría peligro, y lo cierto es que hasta que no lo hubo comprobado, el gusanillo de la inquietud no se marchó de su estómago.
Pero todo había cambiado en una simple conversación. La corta reunión con su vasallo le había hecho valorar lo que un amigo suponía para él, y aunque su pecho no dolía menos, era un una suerte saber que no estaba solo en un mundo asolado por el caos. Garthe era un buen hombre, honorable y fiel, pero no era un camarada, no tenía ese tacto cercano que sólo Ethan había conseguido. No, ni Garthe ni ninguno de los demás soldados podían siquiera comparársele. Ellos no le acompañaban; le servían. El grueso de esa diferencia se hizo tan colosal en tan poco tiempo que sintió un tambaleo en su propio cuerpo. Garthe amagó con agarrar su brazo cuando vislumbró el indicio, pero Ancelot se sostuvo por sí mismo con suma entereza, y todo volvió a la normalidad en menos de un suspiro.
El robusto hombre se despegó de la puerta cuando el Lord cerró tras de sí, y en silencio, le siguió como el perrito faldero que era. No habría palabras, ni calor ni consuelo en sus pasos. ¿Cuántos de sus soldados le abandonarían si él hiciera algo inadecuado? ¿Por qué no podía intimar con una persona que parecía hecha para satisfacer cualquier necesidad que se le presentara, como era su caso? Quizás uno no elige estas cosas, simplemente conecta. Y Ethan estaba conectado a él, como si una cadena les apresara al otro irremediablemente. Si acaso estaba en su mano cambiar este hecho, no sabía cómo hacerlo.

Así, mientras caminaba, Ancelot no pudo evitar que una pregunta escapara en alto, claramente dirigida a su guardia personal.

No te he preguntado cómo estás tras la batalla —dijo, y su comentario sonó tan antinatural que ni siquiera el propio Garthe pudo evitar una expresión de extrañeza—. ¿Todo bien, Garthe?

El soldado se tomó unos segundos para responder, claramente sorprendido por aquel modo en que le abordaba su Señor. Como no podía ser de otra forma, no se excedió en su contestación.

Estoy bien, mi Señor —afirmó sin miramientos, sin incisos—. Hemos conseguido el torreón y no contamos bajas. El resultado ha sido inmejorable.

Así es —masculló el Lord, y un vació se bebió su alma, desde dentro hacia fuera.

No dirían más. El silencio sería dueño de sus pasos y la causa de su desazón, algo que evitaría mostrar ante cualquiera que se le presentara delante. Y casualmente, no tuvo que esperar mucho para que varias presencias lo hicieran.
Al pie de la escalera descubrió a Aries, Sean y Sorel -el cual acababa de huir de su presencia-, y un deseo que jamás llegó a salir de su boca se materializó en su mente. "¿De qué habláis?", o "¿Os importa si me uno a vuestra conversación?", eran formas de integrarse rápidamente a lo que fuese que estuviesen comentando, pero como cabía esperar, Ancelot no dijo nada. Simplemente les miró sobrio como de costumbre, y ellos enmudecieron con su presencia.
Era estúpido pensar qué diría Ethan en su lugar. Después de todo, él no era Ethan.

Si pretendíais ir a ver a Ethan, podéis hacerlo —adivinó sin demasiado esfuerzo—. Pero no os demoréis mucho, por favor; necesita descansar.

El silencio y un asentimiento respetuoso por parte de todos le dejó claro que no tenía sentido siquiera intentarlo. A punto estuvo de comenzar su descenso, pero entonces recordó que había un asunto que quería abordar. Sin pensárselo demasiado, miró directamente a la chica y le hizo un gesto con la cabeza.

Acompáñame, Aries —espetó, y sin pretenderlo, volvió a sonar imperativo—. Hay algo de lo que me gustaría que hablásemos. Ethan no se va a mover de su cama, le verás después.

Una sonrisa leve se mostró por un instante en sus labios, justo antes de que volviese a girar y decidiera finalmente no bajar aquellos escalones. Aries debería subir si quería seguirle la pista a su señor.
De hacerlo, vería cómo el moreno caminaba por el pasillo hasta adentrarse en la otra habitación de ese nivel, la que se encontraba justo enfrente de la "enfermería". La puerta quedó abierta a su espera, con Garthe custodiándola a un lado.

La invitación estaba hecha.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Aries Rondo el Dom Sep 24, 2017 5:43 am

Fue su piel la receptora de las primeras lágrimas de su compañero, de esa pena y esa carga que por momentos se hacía más grande de lo que Aries hubiera imaginado. Abrió más los ojos, sintiéndole temblar por el llanto contenido, y notó cómo las manos de Sorel buscaban su espalda con la imparable necesidad de aferrarse a algo real. Frágil, tan frágil que podría romperse. Aquel primer "gracias" volvió a paralizarla. También el segundo, pequeño y sincero torrencial de palabras que saben, una vez más, a agridulce realidad. Se recordó a sí misma en el río, justo esa mañana, y supo que la guerra debía pesar tanto o más para él. Él pertenecía a cielos más azules que aquel. A otros tiempos.

-Sorel… -fue todo lo que alcanzó a decir, lo único que en aquel momento tuvo sentido; apenas un hilo de voz en su garganta. Notó el pinchazo en sus propios ojos y lo sintió amenaza. Ella no debía llorar de nuevo. No ahora. No aquí. Le aferró un poco más fuerte, le permitió desquitarse la pena sobre ella. Sería lanza y escudo por él, la más firme torre que pudiera resguardarle, aun cuando su propio corazón se había encogido con los cristales de aquellos sollozos.

La voz de Sean no tardaría en irrumpir en la escena, recordándoles que seguían en el campamento Levallois y que no estaban solos. Sorel se separó de su abrazo y trató de secarse las lágrimas con las mangas de su camisa, con tanta prisa que pareció hacerse daño a sí mismo por la cantidad de moratones que su cara lucía. Aries sólo pudo mirar, preocupada y falta de palabras. Las de Sorel seguían oprimiéndole el pecho.

-Vasyl me ha dicho que Ethan ya se ha recuperado, así que iba a ir a verlo. ¿Os venís? –dijo Sean sin comentario alguno sobre el estado de Sorel, como si deseara proteger su dignidad con la mejor intención. Tampoco es que el llanto del rubio hubiera sido algo extraño, dadas las circunstancias; el mismo Sean había llorado por Ethan en más de una ocasión.

Ante la insistencia del muchacho por una visita conjunta, Aries le obsequió con una sonrisita amable aunque nerviosa. Se imaginó a sí misma subiendo aquellas escaleras, junto a ellos, bebiendo de su alegría y preocupación. Se imaginó entrando en aquella habitación, en la que un Ethan desconocido les daría la bienvenida con una expresión que Aries aún no alcanzaba a imaginar. Malherido, quizás débil. Y la respuesta fue clara en su cabeza.

-Yo… no deseo molestarle. Me marcharé –denegó la oferta con toda la amabilidad que pudo. Tampoco daría tiempo a nadie a insistir, pues una oscura figura se dejó ver acto seguido por las escaleras. Lord Ancelot Levallois, cuya presencia era capaz de acallar hasta el mismo canto de los pájaros. Ella le miró, firme, a la espera de esas palabras que denotaban estar a punto de salir. Y, tras una breve mención de Ethan, el Lord inesperadamente se dirigió a ella.

-Acompáñame, Aries. Hay algo de lo que me gustaría que hablásemos.

Su voz fue como un glaciar, sus palabras una orden. Tan sólo serían suavizadas por la siguiente sonrisa que, aunque leve, demostraba cordialidad. Y no bastó para dar calma a ese corazón bajo una armadura blanca.

-Sí, Señor -respondió ella con cautela, tan firme y tan valiente como pudo hallarse en ese momento. Dejó salir una exhalación cuando él ya le hubo dado la espalda, suspiro inquieto de quien necesita prepararse para una batalla. Y sin volver a mirar a sus dos compañeros, vista al frente y centrada, Aries comenzó a caminar tras su Lord. No supo que una de las puertas de la siguiente planta era la enfermería. No vio más puerta que la otra, abierta para ella. Así, se adentró en la estancia con cuidado, quedando en pie muy cerca de su entrada para no ser intrusiva; sumisa. Su cuerpo le pedía a gritos otra sonora exhalación, pero era demasiado tarde.

Esperó, sin poder imaginar qué querría él de ella, premio o castigo.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Ancelot Levallois el Dom Sep 24, 2017 5:06 pm

Cuando Aries atravesó la puerta descubrió una habitación desordenada, con un camastro deshecho pegado a la pared, una estantería llena de libros y un escritorio arrinconado. En el mesón había una serie de papiros dispersos, un tintero derramado en la madera y otro par de libros más. En ellos se narraba la historia de Bern y se recopilaban diversos cantares de bardos que enriquecían el prestigio de la nación.
En general, el dormitorio estaba hecho un desastre. Quien hubiese usado esa habitación antes que él sin duda no se preocupaba por la estética, pero eso ya poco importaba: ahora Ancelot sería quien le diera uso y su aspecto cambiaría por completo.

La puerta se cerró tras Aries. Garthe, a sabiendas de que su Lord deseaba discreción, se encargó de concederles la privacidad necesaria y se quedó al margen, custodiando el acceso como de costumbre. Ancelot caminó despacio hacia el escritorio y lo contempló con interés, mientras se deslizaba a un lado y arrastraba los dedos sobre el tablón. Se manchó de polvo las yemas, deshaciéndose de éste con el tranquilo rozar de cada punta, silente. Arrugó su expresión y se giró hacia Aries, restándole importancia al aspecto del cuarto.

Necesita unos cuántos retoques, pero este será mi despacho —declaró, dejando constancia de ello. También era la primera vez que él lo veía, pero eso no venía a cuento. Inclinó sutilmente la cabeza y comenzó por los formalismos—. En fin. Gracias por venir, Aries.

Rodeó el escritorio y cogió uno de los libros, y tuvo que soplar sobre la tapa para poder hacer legible el título que en ella se mostraba, aunque no lo compartió en voz alta. Volvió a dejarlo sobre la mesa y sus ojos se clavaron en la chica, que en silencio, aguardaba por sus palabras.

Quería darte las gracias por lo que hiciste antes por Dylan —admitió con rigurosa naturalidad, mostrando su lado más formal. Sería irresponsable por su parte no ensalzar la hazaña—. Nos devolviste la esperanza a todos cuando lo salvaste de esa monstruosa caída. Tu arrojo marcó el antes y el después, el devenir de la batalla. No lo olvidaré.

Su tono serio daba a entender justamente lo que pretendía: como líder, debía felicitar a sus súbditos por el trabajo bien hecho, y la primera persona en esa lista era la jinete que tan buenas expectativas había creado. Sin embargo, no pareció terminar ahí su intención.

Aún así, y como habrás imaginado, no te he hecho venir únicamente para felicitarte, Aries —confesó, volviendo a rodear el escritorio para quedar esta vez justo delante del mesón, más cerca de ella. Su gesto se aseveró, acalló cualquier intento de respuesta con su gélida mirada—. Estás aquí porque quiero advertirte sobre algo.

Tomó una pausa que se hizo eterna. Podría parecer que un secreto aguardaba tras ella. Ladeó un momento el rostro y clavó su mirada en un punto indefinido, pero Aries volvió a recuperar su atención en apenas un instante.

Supongo que te habrás fijado en el torreón mientras subías, ¿verdad? Hay una sala común en el primer nivel y un barracón en el segundo —señaló, sólo para informar en caso de que la citada no hubiese prestado la suficiente atención. Cuando habló sobre el dormitorio de sus hombres, frunció el ceño ligeramente—. Como es lógico, los soldados pasarán allí las noches.

Se despegó del escritorio y caminó dos pasos hacia donde ella estaba. El eco metálico de sus botas vibró en el aire, se abrió paso hacia Aries como un fantasma, y allí, sumamente cerca, se instaló. En la proximidad, él debía inclinar ligeramente el rostro hacia abajo dada la diferencia de altura. Su mirada no mutó, fue impávida, tan felina como siempre.
El secreto de su llamada pronto sería revelado.

... Pero tú no lo harás —la declaración fue firme, llena de intenciones. Era algo que quería aclarar cuanto antes—. Tú dormirás en la enfermería... o aquí mismo. Eso lo dejaré a tu elección, hasta que encontremos un lugar más acorde para ti si lo crees conveniente.

Creyó leer duda en los ojos de Aries, una incertidumbre confesada sin voz. Aquel decreto parecía intrascendente, algo lejano a sus planes de batalla o a sus recurrentes demandas, pero en realidad se trataba de algo que el Lord había meditado secretamente.
No se mordió la lengua a la hora de justificarse.

Todos tus compañeros son hombres, la mayoría jóvenes. Muchos no han probado nunca a una mujer, y temen que la guerra acabe con ellos antes de saborear ese capricho —el pecado casi podía dibujarse en su lengua. Sin embargo, se mantuvo allí, estoico, como si su coraza la hubiese forjado la piedra—. En el mejor de los casos, tu presencia sólo les descentrará de su cometido. Y en el peor...

Se detuvo, no creyó que fuese necesario decir nada más. Cuántas más palabras brotaban de su boca, más miedo creía vislumbrar en aquellos ojos inocentes.
Sus dedos llamaron a la calma; la apresaron como si fuese una pertenencia, y en parte lo era. Sostuvo su rostro sobre el índice y el corazón, dejando el pulgar sutilmente cerca de su labio inferior, y extrajo la cereza y la fresa que abrasaba sus mejillas. La obligó a mirarle, no quería encontrar dudas en ella, en su renovada esperanza.
Su voz sería un puñal, uno cargado de verdades y certezas.

Hay más de diez hombres custodiando esta torre, Aries. Jóvenes o veteranos, no importa. Cuando cae la noche, todos ellos están pensando en ti.

Permanecería allí varios segundos más, incapaz de despegarse de ese candor que desconoce el júbilo. Si conseguía convencerla de que su petición era justa, aunque fuese a través del miedo, se daría por satisfecho.
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Re: [Social] Lo que las batallas dejan [Ancelot, Ethan, Aries, Sorel]

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