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[Campaña de conquista] La Causa de Alguien Más [Privado | Galahad]

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[Campaña de conquista] La Causa de Alguien Más [Privado | Galahad]

Mensaje por Eliwood el Mar Sep 19, 2017 10:40 pm

Los refuerzos agregados bajo contrato al ejército engrosaban notoriamente las filas, tanto como para que Eliwood les sintiera al fin suficientes. Regna Ferox era uno de los más grandes reinos sobre la faz del nuevo mundo y jamás parecían bastar tropas para el ambicioso plan de conquista del príncipe de Altea. Después de todo, darle nueva bandera a un país implicaba más que sólo enfrentarse a su ya avasalladora cantidad de emergidos tomándolo, debiendo también dividir a gran parte de las fuerzas originales en las distintas colonias que los aliados formaban, sosteniendo así, poco a poco, la toma del reino. El último reclutamiento de mercenarios, soldados desocupados y nuevos guerreros había sido efectuado por los mismos alteanos en Elibe, mucho más versados en propaganda y atraer interés a su causa de lo que Eliwood habría podido ser. Con ofertas de recompensa monetaria, de asilo y de favor de los regentes de Lycia y Altea habían conseguido por doquier manos hábiles extra, viajando todos los reclutas contratados en los mismos barcos con que Eliwood había vuelto a Akaneia.

No obstante, no fue sino hasta pisar tierra en el otro continente que el marqués tuvo oportunidad de ver siquiera a los refuerzos, de familiarizarse cuanto menos un poco con ellos. Inclusive entonces, su tiempo había sido breve y sus interacciones escasas, limitado más que nada a ver con qué clase de unidades contaban antes de serle informado que debía proceder con las movilizaciones. Había otra ciudad bajo control emergido en la mira, ya bajo orden de arrasar si fuese necesario; un campamento podía construirse entre restos, mas nunca con la amenaza de enemigos todavía cerca y no sería la primera vez que tomaran tales medidas para asegurarlo. El pelirrojo, sobre la montura de un caballo pheraen entrenado para la guerra, dejó a las tropas en filas y a la espera tras él mientras observaba ya la pequeña ciudad, erigida en un valle y fácil de pasar por alto si no se conocía su ubicación, oculta en el declive.

- ¿Confirmación de que no hayan habitantes aún? - Consultó a los oficiales lycios que le acompañaban, quienes confirmaron de inmediato que en tal sitio parecía haber nada más que emergidos, utilizándolo de campamento base. El marqués asintió. - Me tranquiliza mucho... muchas gracias, procederemos entonces. - Dijo, decidida ya en su mente y gracias a experiencias anteriores la forma en que procedería el ataque. Se volvió hacia las tropas organizadas, recto en su lugar, de postura en todo momento impecable. Aún ante quienes le desconocían en persona, el emblema de Pherae bordado en la capa aterciopelada y la banda de oro entre su cabello rojo mostraban su posición. De inmediato alzó la voz para dar sus instrucciones.

- ¡Ambos escuadrones de magos iniciarán el ataque a la ciudad! ¡Permanezcan en posición, no se aproximen al peligro sin recibir mi orden! ¡La caballería cargará adelante apenas comiencen! ¡Platón segundo y tercero de infantería, entablarán combate fuera de los límites de la ciudad! - Indicó. Los elementos asediarían la ciudad y obligarían a sus habitantes emergidos a salir de la misma para enfrentarse al ejército aliado, que con algo de suerte estaría de ellos antes de que consiguiesen organizar su defensa. Como una orquesta, cada escuadrón tendría su deber, cuales secciones cada una con su partitura a seguir, que de ser correctamente ejecutada se hacía parte de una sola pieza. Él también tendría la suya, por supuesto. - ¡Guiaré la carga, caballeros! ¡Síganme y hoy recobraremos tierra feroxi de sus invasores! ¡A sus posiciones! -

Casi todo quedaba listo. Sin intención de demorar el comiendo, Eliwood golpeó suavemente los costados de su caballo con los talones, guiándolo hacia el único wyvern y su compañero presentes en esa parte del ejército, pues las criaturas eran tan poco comunes en Lycia como lo eran en Altea. Sin dudar se dirigió al jinete. - Necesitaré su ayuda, si sería tan amable. - Le dijo, inclinando la cabeza en cortesía. - ¿Me permitiría viajar con usted al inicio? La perspectiva sería de utilidad para hallar el punto de ataque correcto, y sería fácil para las tropas observarnos y seguirnos. -
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
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Re: [Campaña de conquista] La Causa de Alguien Más [Privado | Galahad]

Mensaje por Galahad el Vie Oct 06, 2017 2:07 pm

Había conseguido un tiempo libre y se había escapado a lomos de Wyn fuera de Bern. Hacía tiempo que no probaba un Lyciano y, luego de aguantarse el ambiente de las barracas durante tanto tiempo, necesitaba escuchar los gritos de alguien bajo su peso. Y los Lycianos eran los que mejor gritaban.

Como le era costumbre en esas escapadas, dejó su hacha y armadura a las afueras del pueblo en un punto alejado de los caminos, escondido entre árboles y al cuidado de su precioso wyvern. Del que tardó una buena hora en despedirse hasta que al fin pudo despegarse de él sin que lo siguiera y le esperara allí.

Ahí estaba, bailando en una pequeña plaza de un pueblo portuario cercano a la frontera con Bern. Había conseguido hacer equipo con un pobre bardo entrado en años que tocaba el laúd cerca de la fuente. El desgraciado le había hecho rogarle con sonrisas para que musicalizara sus bailes cuando él era quien debía estarle rogando por bailar su horripilante música con la que no atraía a nadie. Y ni siquiera quería aceptar repartir las ganancias 50-50. Maldito viejo. Pero no, Galahad estaba allí por negocios y no perdería la paciencia tan fácil, al final logró convencerlo luego de una larga historia sobre hermanos pequeños con hambre y tragedias varias. Una voz suave y entrecortada sumada a una mirada triste y cabizbaja casi siempre funcionaba.

No tardó en reunirse una buena muchedumbre a su alrededor. Un par de personas era una buena cantidad en un pueblucho vergonzoso como aquél, varias pasaban y dejaban una pobre moneda de cobre antes de seguir su camino. Pero moneda a moneda, se iba haciendo una buena suma, era increíble lo flojo que la gente tenía el bolsillo y a Galahad le encantaba reírse de ello, sobre todo cuando aparecía alguna moneda de plata y esas muy escasas apariciones de monedas de oro. Aunque esas normalmente venían acompañadas de segundas intenciones, y en este caso no apareció ninguna.
El laúd marcaba el compás y el pelirrojo se encargaba de enmendar la tonada desafinada con pasos gráciles y movimientos refinados, decorados con el vaivén de sus brazos y vueltas de muñeca. Dando pequeños saltos acompañados de algunos giros y ademanes de cadera que hacían entrechocar las monedas que colgaban de las cadenas en su cintura, atadas junto a los paños coloridos que se sacudían atrayendo la vista de los observadores.

Mientras bailaba, revisaba a los observadores y, cuando encontraba alguno interesante y de su agrado, le mantenía la mirada un buen rato hasta que le dirigía un guiño con una expresión sugerente de sus manos sobre su cuerpo, disimulada por sus pasos de baile.
Un joven al que con sólo dirigirle el guiño se ruborizó y bajó la mirada para retirarse apresurado, un hombre de aspecto adinerado frunció el ceño y se fue luego de mirarlo de mala manera. Un mercenario que tenía la ropa demasiado limpia y en gran estado para su aparente oficio, hizo una mueca sonriente devolviéndole el guiño y señaló la posada a sus espaldas, del otro lado de la calle. Bingo.
Aunque Galahad pudo haber seguido bailando un buen tiempo más, su anciano compañero del laúd se había cansado y decía que “ya habían recolectado dinero suficiente de todos modos”. ¡En eso tenía razón pero el alcohol tampoco era barato! Maldito inútil… Luego de repartir las ganancias, el pelirrojo lo despidió con una sonrisa frente a la multitud y prestó especial atención en recordar su rostro por si volvía a encontrarse con ese viejo insufrible.

En la posada, entre jarras de alcohol, sonrisas y coqueteos vomitivos e irrisorios con el mercenario se enteró que Alteanos habían aparecido reclutando soldados a contrato, y el pago parecía ser interesante. Partirían en unos días de un puerto cercano hacia Regna Ferox con quienes se les hayan unido.
Había liberado gran parte de su estrés contenido con el baile y el alcohol, pero con quién terminó de desquitarse fue con el pobre mercenario borracho, luego de los tragos, en una de las habitaciones de aquella posada.

Debería regresar a su trabajo de inmediato, pero en verdad no tenía ganas de volver a Bern, a las barracas donde se veía obligado a mantener un mínimo de cordialidad con sus camaradas. Pese a que su adorado rey se encontrara allí... De todos modos no creía que a nadie le importara si se tomaba unas pequeñas vacaciones y un país caído lleno de emergidos, seres contra los que pelear, sonaba muy prometedor. Así que sin pensarlo más y utilizando la información obtenida fue a buscar a los Alteanos.
En el supuesto pueblo donde los encontraría, también dejó a Wyn esperándolo fuera de este mientras iba a encargarse del pequeño trámite, pero a diferencia de la vez anterior, esta vez no se quitó su armadura ni dejó su hacha. Se registró como un simple guerrero y cuando mencionó que “traería a su mascota” simplemente le dijeron que ellos no se encargarían de alimentarla y que si causaba problemas en el viaje la tirarían por la borda.

El viaje fue entretenido viendo como su amigo, el mercenario de hace unos días, le evitaba por más que él mismo no había dado signo conocerle de conocerle ni hecho ningún amago de saludarle. También con las peleas a mano limpia en las que se vio envuelto casi diariamente, hasta el punto en que al que estuvieron al borde de tirar por la borda por causar problemas fue a él, no a su mascota.
Pero al final, llegaron sin sufrir ningún altercado durante la travesía.
Apenas pisaron tierra no tardaron en asignarles puestos, darles, tareas y comenzar la movilización. Era increíble lo rápido que organizaban a esa increíble cantidad de gente por la que estaba conformado el ejército que habían reunido. Casi y le hacía recordar al de Bern antes de que fuera vencido y se viera diezmado, extinguido, casi.

Galahad sonreía mientras seguía las órdenes complacido, parecía que iban a arrasar una ciudad invadida por emergidos. Sus vacaciones habían comenzado con un buen pie, aunque había algo que le molestaba y era el hecho de que parecía haber un conveniente malentendido. Mientras sí habían recordado que Wyn era sólo su mascota que le acompañaba respecto a las raciones, para eso había gastado todas sus ganancias recientes en carne seca y otros alimentos que llenaban las dos grandes bolsas que cargaba Wyn sobre su espalda y ahora se había visto obligado a dejar en el campamento, más les valía siguieran allí cuando volviera. ¿Ahora parecía que pretendían usar sus servicios como jinete de wyvern?

Era cierto que la paga sería más alta, o debería serlo, pero Galahad era reacio a exponer a Wyn en un enfrentamiento de tal calibre. Por ahora les seguía la corriente, órdenes eran órdenes por más erradas que estas fueran, pero si veía que había demasiados arqueros o magos que pudieran hacerle daño, no dudaría en ordenarle a Wyn que le dejara allí y volviera al campamento para esperarle jugando en la nieve.
Para colmo venía este necio a interrumpir su tan ansiado inicio de la batalla para pedirle nada más ni nada menos que montar a su preciado Wyn. Galahad lo miró con una clara mueca de disgusto por un segundo antes de corregir su expresión. El necio era quién venía dando las órdenes, un marqués… ¿Las recompensas no decían algo de podía ganarse el favor de los regentes de Lycia o algo así? Ese marqués debía ser uno… Osea que debía comportarse… Galahad sonrió y le respondió con total cortesía. - No. - …Eso no sonó muy cortés. - Lo lamento, pero no creo que sea posible. - Agregó, acariciando el cuello del wyvern, luego de una breve pausa sin agregar más excusas, no era el momento para demorarse en ello. Por suerte Wyn se encargó de dar un muestra del por qué. Aunque no era el por qué Galahad se negaba. Nadie tocaba a su Wyn, no había discusión en ello. Era algo que servía.

El wyvern reaccionó a las caricias girándose hacia su jinete y frotó cariñosamente su cabeza contra el costado del hombre, creando un molesto chirrido causado por el roce de escamas y el metal de la armadura. Luego, mientras el jinete intentaba recobrar el balance perdido por el empujón, el wyvern se separó para abrir sus fauces y cerrarlas con suavidad en torno al casco de este. - ¡Wyn! ¡Acabo de comprar este casco! - Resonó la queja en la boca del animal y luego de recibir un par de golpecitos en el morro, dejó el trozo de armadura donde estaba, ahora un poco abollada y con algunos rayones. Aun así, este casco era una el que más le había durado, lo había comprado el día antes de zarpar de Lycia y había sobrevivido todo el viaje sin que el wyvern posara sus ojos en él.

- Le recomiendo que piense en mi como un soldado de pie y no un jinete de wyvern. Pero si precisa cualquier otra cosa, no dude en hacérmelo saber. - Volvió a sonreírle al marqués a modo de disculpa y despedida antes de bajar la visera del casco… Que se trabó gracias a las nuevas abolladuras y tuvo que forzarla para que bajara al completo. Apenas su rostro había sido cubierto, no tardó en abandonar esa incómoda expresión que era inútil si no estaba a la vista comprando simpatía.
Reforzando sus palabras, decidió no esperar a ver los enemigos que de seguro había y mandó a Wyn de regreso al campamento.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Wyvern Rider

Cargo :
Soldado (Ejército de Bern)

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
417


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