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[Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

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[Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Vie Sep 15, 2017 2:21 pm

La fortaleza principal del Oeste había aparecido a la vista desde ya kilómetros atrás, recortada contra el sol en descenso, con sus dos grandes estandartes de Altea dando familiar bienvenida a las tropas que hacia allí marchaban. Liderando desde un robusto corcel pheraen, Eliwood dio ánimo a sus hombres con la visión del destino al que arribarían esa noche, el más importante castillo feroxi visiblemente ya bajo mando de su príncipe aliado. Ni el emblema de Pherae ni el de la Liga de Lycia decoraba las ciudades y fortalezas tomadas, como aquellas vistosas telas azul real con sus elaborados escudos alteanos hacían en el castillo de Oeste, pero era así como el mismo marqués regente lo había pactado; no tenía interés en conquistar más tierras de las que poseía, mas en honor a su deuda con el reino y la prosperidad de su alianza, seguía sirviendo a la cabeza de ambos ejércitos. Por Altea marchaban todos ellos, así como por la recuperación de la misma Regna Ferox. Aunque con el paso del tiempo la contraposición de la luz obscurecía la silueta de la fortaleza, borrando de vista los colores y eventualmente los mismos estandartes, tenían aún la solemne y grandiosa estructura para guiar su camino. Verla aproximarse a su paso renovaba un poco las energías de los cansados soldados que ciudad tras ciudad, un arduo combate tras otro, habían salvaguardado el éxito de esa captura.

De proseguir las cosas como iban hasta ese punto, en poco tiempo Regna Ferox podría ser declarada como liberada, y colonizada bajo la protección y soberanía de Altea. Y las posibilidades lucían optimistas; en los últimos encuentros sus fuerzas habían conseguido tomar por sorpresa a los emergidos tanto como verse en la superioridad numérica ante ellos, señal de que al fin subduían a las fuerzas que habían destruido al país. Eliwood, quien siempre lideraba a los suyos con la misma seguridad, comenzaba a sentirse verdaderamente más tranquilo. No obstante, estimaba de importancia mantener atención a cualquier grupo enemigo que pudiesen hallar en su camino, a los que debían sin falta eliminar. Así, al ser notificado de que se divisaba alguna que otra silueta moviéndose sobre las colinas roídas por rastros de marchas y combates, carentes de vegetación y casi con seguridad de vida animal, su respuesta fue cautelosa. Deseaba ser riguroso y no descartar peligros.

- ¿Exploradores, quizás? ¿O supervivientes del enemigo evadiéndonos...? - Comentó con el caballero a su lado, aminorando el paso hasta halar de las riendas para ladear a su caballo. Con una mano alzada a su lado indicó a las tropas que le seguían comenzar a detenerse también, pues era posible que debiesen dividirse o realizar un breve desvío para encargarse de enemigos rezagados. Sin embargo, a su vista, justo por la colina que habían dejado atrás, se alzó en el aire una tempestad de finos y veloces proyectiles negros. Flechas, más que las que el marqués hubiera visto lanzadas juntas en su vida, tantas que se asemejaban a una verdadera lluvia, realizando el pronunciado ascenso que culminaría en una caída profusa sobre el ejército. Tomando aire y alzando la voz a la máxima capacidad de sus pulmones, el hombre de cabello rojo alzó su espada y la blandió hacia adelante en un gesto amplio al dar su apresurada órden. - ¡ADELANTE! ¡Estamos bajo ataque! ¡Nos han emboscado! - Gritó, enseguida apremiando con los talones a su montura, que se lanzó a la carrera en la dirección de castillo, huyendo de los proyectiles que en cualquier instante caerían. Justo tras él, algunos hombres comprendiendo lo que sucedía y otros sin tiempo de mirar atrás, sino sólo notar con confusión las sombras que se cernían sobre sus cabezas, el ejército entero emprendió la rápida cabalgata.

Las flechas cayeron sobre las últimas filas, caballos perseverando con entrenado temple y caballeros alzando sobre sí sus escudos tan bien como podían, pese a los compañeros o animales alcanzados que caían entre ellos, volviendo el camino aún más complicado. Pero ese, por seguro, no debía ser sino el inicio del ataque que recibirían. Frente a la formación, calculando la distancia que les separaba del castillo ya contra un cielo oscuro, Eliwood dilucidaba tan rápido como podía lo que estaba sucediendo. - ...nos han hecho creer que habíamos terminado con ellos. Probablemente han sacrificado grupos pequeños en los últimos combates para darnos la impresión... - Dijo, para los oídos de sus principales oficiales tanto como para su propio entendimiento. Debía tomar acciones de inmediato. Sujetando con firmeza las riendas y alzando la voz a cuenta nueva, cuanto podía por sobre el barullo de miles de cascos de caballos entrenados, dirigió sin un momento de duda. - ¡Nuestro objetivo es asegurar el bienestar del príncipe y unirnos a sus tropas! ¡Seguiremos adelante sin importar lo que suceda! -
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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Sáb Sep 16, 2017 1:22 am

El sol estaba alto en el cielo cuando entró al castillo por la puerta principal, el ejercito alteano ya se había asentado en las grandes barracas, incluso habían encontrado variedad de recursos, armas y armaduras principalmente, tanto de los emergidos como de los antiguos dueños de aquel lugar, por lo poco que entendía el peliazul aquel lugar no había pertenecido a una familia con linaje real si no que cada puñado de años competían en una suerte de luchas barbáricas por el puesto de rey. Le indignaba aquel comportamiento de parte de los humanos, era algo que podría esperar de las bestias de otros continentes pero no de aquel extraño sistema donde ni siquiera los postulantes a regentes eran los que cruzaban espada para probar su fortaleza si no que lo hacían otras personas en representación de ellos. ¿Qué garantizaba que eran buenos gobernantes? No tenían un linaje real que mostrase que eran personas de sociedad, tampoco que garantizase una crianza con la educación y experiencia apropiadas para gobernar. ¿Buenos guerreros capaces de vencer a los enemigos o liderar con sabiduría a sus tropas? Tampoco, no mostraban su capacidad de lucha ya que no eran ellos los que estaban peleando ni tampoco eran tropas entrenadas o guiadas por ellos, solo un grupo de guerreros, “campeones” según había oído de los supervivientes, y que muchas veces ni siquiera eran totalmente leales a los aspirantes a regente. Era todo un gran circo pero con gobierno de por medio. Marth no llegaba a comprender como era posible que una sociedad así llegase a ser una nación tan grande pero si dejaba bastante en claro por que habían caído y sin gobernantes que realmente estuviesen enlazados por sangre a su país y su puesto no había razón para que velasen por su gente más allá de su tiempo como regente... o incluso huir para salvar su pellejo y dejar a los ciudadanos a su suerte. No es que realmente fuesen así como ocurrieron las cosas pero era lo que el príncipe regente suponía que había ocurrido.

Por esta razón se sentía como un salvador, él traería el orden y la seguridad que esa pobre gente merecía, les demostraría lo que un gobierno estable, fuerte y competente podía hacer en una tierra así. Ya había podido darles a varios feroxis la seguridad dentro de los asentamientos, muchas personas que habían estado viviendo con miedo de los emergidos y en constante ataque obligandoles a mantenerse en movimiento escapando de los movimientos de las tropas enemigas habían encontrado trabajo y tranquilidad entre las tropas alteanas. Los recursos no sobraban en Altea pero si eran abundantes, lo suficiente como para permitirse alimentar a refugiados mientras estos estuviesen dispuestos a trabajar para las tropas, siempre sobraba trabajo en los asentamientos, desde lavar ropa, cocinar, cuidar a los caballos y claro estaba, construcción. Los asentamientos eran colocados en puntos estratégicos, normalmente en plazas de ciudades o en los centros de donde habían habido pueblos. De esta manera cuando el área se hallaba segura se podía comenzar la re-construcción de aquellos lugares y poner nuevamente en funcionamiento el país piecita a piecita. Las familias de refugiados construían su propia casa o reparaban alguna que no hubiese caído bajo los ataques emergidos, unos pocos con mucha suerte hasta eran capaces de volver a sus viejos hogares. Allí podían comenzar con sus trabajos, iniciar pequeños negocios como panaderías, herrerías, talabarterías y demás servicios consumidos no solo por los soldados si no también por los mismos ciudadanos. En principio la economía se movía lenta, mucho trueque y favores pero a medida que comenzaba a haber un pequeño flujo de personas, sobretodo alteanos, empezaba a fluir el dinero, principalmente las monedas acuñadas con el escudo de Altea.

El príncipe había recorrido ya todo el castillo y se había ubicado en una de las amplias habitaciones centrales y había enviado preparar otra para su aliado y amigo, Lord Eliwood. Según se le había informado ese mediodía, se estimaba que el marqués junto con sus tropas estaría llegando al castillo al caer del sol. El peliazul despachó todas sus tareas tan pronto como pudo, revisó los informes que recibía casi a diario de cada uno de los asentamientos centrales con las actividades enemigas, cada vez menores. Consultaba con sus estrategas y consejeros para que actualizaran los mapas, Artemis había sido de gran ayuda entregando los informes de sus viajes y habían podido exterminar grandes concentraciones de emergidos gracias a ello. Comió con tranquilidad, entrenó, se bañó y volvió a acudir a una reunión pero de sus generales. Se podía decir que estaba cómodo en aquel lugar pese al trabajo y la situación. Salió de la reunión cuando el sol comenzaba a bajar, a la espera del marqués acudió a lo alto de las torres donde se conectaban al adarve de las murallas y se asomó a los miradores juntos a las saeteras. Desde allí tenía una perfecta vista desde los jardines frontales dentro de las murallas inferiores, que en ese castillo no eran más que áreas áridas donde los soldados podían entrenar, hasta el mismo horizonte donde ya se veía, entre los devastados paisajes post-batalla, la línea de caballería en la cual enseguida distinguió el conocido estandarte del marquesado de Pherae de Lycia. Sintió un vuelco en el pecho de emoción y de inmediato una sonrisa afloró en sus labios, sonrisa que de inmediato se borró al ver por el rabillo del ojo la nube oscura de flechas que se alzó por el otro lado de una pequeña colina que resguardaba de la vista un área donde se había estado escondiendo el enemigo. Antes de poder siquiera reaccionar escuchó el sonido de un cuerno que alertaba de la situación y gran parte de los soldados acudiendo al patio delantero.

Corrió por el adarve volviendo a la torre donde bajó, en el camino comenzó ya a dar ordenes a los soldados que lograba cruzarse. Ensillar su caballo, traer su espada, juntar dos grupos de caballería, prepararse para reforzar a la caballería de Pherae y realizar una avanzada hacia el enemigo para detenerles lo suficiente hasta que ambos líderes estuviesen a salvo dentro del castillo y en posición de ventaja. En aquel lugar siempre portaba parte de su armadura ligera compuesta por pechera, hombreras y protectores en su cadera, pieza diseñada para montar. Al salir al patio ya le estaban esperando con su espada y su caballo blanco ensillado y listo para partir así como un reducido grupo de hombres, se dirigió a uno de sus caballeros - Yo iré al frente con estos hombres, organiza otro grupo de caballería y lidera la avanzada, regresa una vez que estemos en el primer muro del castillo. Iré por el marqués y sus caballeros. - con el tiempo y la experiencia había comenzado a tener más seguridad en sus palabras y estrategias, ya no permitía tanto espacio a ser cuestionado y su tono era mucho más severo y autoritario que antes desalentando incluso a los más confianzudos a ir en contra de sus ordenes. A todo andar él, seguido por los demás caballeros, atravesaron la gran puerta del castillo, dos hombres a lomos de corceles marrones cargaban grandes antorchas e iban casi a la par del príncipe iluminando el camino que la cerrada noche había oscurecido, no podían ver muy al frente por lo que no podían ubicar por vista al ejercito Pheraen pero habiéndoles visto por sobre la muralla podía seguir el camino que tomarían hacia el castillo.

No tardaron demasiado en escuchar los cascos de los caballos y pronto las antorchas llegaron a iluminar la silueta oscura de los caballeros acercándose hacia ellos. Bajando el ritmo solo el caballo blanco del príncipe se adelantó quedando aún dentro del área iluminada, no tardó en ver el conocido cabello rojo y se adelantó para encontrarlo. Los alteanos se reunieron con los demás y siguieron el camino cabalgando juntos. El peliazul se ubicó de inmediato junto al marqués - Lord Eliwood, deberá disculparme... que no puedo darle una correcta bienvenida... pero la situación es bastante... comprometedora. La avanzada ya se dirige hacia donde se vieron ascender las flechas. - hablaba tan correctamente como siempre, alzando la voz para que se escuchase incluso por encima de los caballos andando, coordinando su hablar y respiración con el movimiento del animal siendo ahora un jinete mucho más experiente que la última vez que el pelirrojo le había visto montar. - Me alegra tanto verle sano, espero que también listo para la batalla. Por el volumen de flechas... uno de mis generales estimó que eran más de mil tropas, quinientos al menos arqueros. Regresemos al castillo a defender, seguramente irán por el... y por nosotros - si los emergidos tenían suficiente mente estratega para realizar esa jugada desde el punto ciego del castillo podía asumir que también sabrían que tendrían que ir tras su cabeza para asegurarse una victoria contra Altea.


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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Lun Sep 18, 2017 11:51 pm

Había heridos, probablemente también habían sufrido bajas con la emboscada, atrás donde la noche ya lo ocultaba todo, pero volver para auxiliar podía empeorar la situción con creces. Debiendo agregar eso a sus preocupaciones, sin tiempo de verdaderamente poner sobre la balanza las prioridades, apenas salieron del área de peligro Eliwood no pudo evitar aminorar el paso y girarse un tanto sobre su montura para mirar en busca de los que habían caído. Oía voces allí atrás, veía figuras moverse aún con los escudos en alto, animales heridos intentando incorporarse. Su corazón blando habló primero y ordenó a uno de los dos caballeros que mantenía a su lado tomar a un par de las unidades que cabalgaban con clérigas en sus ancas y se dirigiesen con rapidez a asistir, el ejército de Pherae no abandonaba hombres tan fácilmente y se reunirían dentro de poco. Separando su camino del de los demás en la oscuridad, el hombre partió y Eliwood volvió la vista al frente. En el campo de batalla las decisiones debían tomarse con presteza y seguridad, aunque en pocos casos fuese fácil distinguir la más acertada y mejor. En ese momento, él tampoco lo sabía, pero cuanto actuaba de una forma de la que no debería avergonzarse luego.

Vio las luces acercarse por delante, iluminando el pasar de los soldados alteanos, con un familiar caballo blanco al frente. El hombre de Elibe supo de quien se trataba aún a esa distancia, mucho antes de que el joven regente llegara a él; y no hizo falta siquiera detenerse por completo para recibirlo cuando lo hizo, pues se unía a la cabalgata fluidamente, cada hombre a su correspondiente lugar. Se hacía obvio que había mejorado considerablemente su habilidad montando desde la última vez que Eliwood le había visto. Cabalgando con el cuerpo levemente inclinado hacia adelante, mostrando en su armadura rallada y ennegrecida y su ropa maltrecha en partes los efectos de los días allí afuera, el hombre mayor igualmente guardaba compostura, ladeando la cabeza para mirar al otro con calma y a todas luces el aspecto de un soldado aún enérgico y preparado. Le sonrió ampliamente al verle sano, impoluta todavía su imagen de estatuilla de porcelana. - Príncipe... sigue a salvo. Entonces, ¿el castillo no ha sido atacado hasta ahora? - Preguntó sin dilación. Parecía ser o que habían llegado a buen tiempo para evitar problemas, o que la emboscada sólo era enfocada en su ejército, el que se movilizaba más por el reino en esos días. Atento y todavía alerta a una situación que no estaba ni cerca de verse resuelta, escuchó las palabras del muchacho a su lado y asintió.

- Sí, no debemos permitir que nos quiten de la posición aventajada. Pero por favor, aguardemos un poco antes de entrar, he enviado por los heridos y mis hombres van a alcanzarnos. - Pidió. Hasta el momento siempre habían combatido separados, Eliwood tomando el cargo de general del ejército aliado en toda formalidad, mas al reunirse su autoridad no era sino la misma; no podría comprometer la defensa sin autorización del príncipe. Volviendo la vista al frente prosiguió. - Aunque no sé a qué nos enfrentamos... creo que nos han estado dejando sentirnos seguros, pensar que estábamos terminando con ellos. Ya no podemos saber qué esperar. - En segundo pensamiento, creía poder asumir que no restaban tantos emergidos en las inmediaciones, como para emboscar al ejército pheraen y sitiar el castillo a la vez para impedir que las tropas se reunieran. Eso podía darle por confirmado que eran fuerzas menores a las suyas, quizás apenas suficientes para enfrentarlos cuando los tenían divididos, mas ya no quería dar mucho por sentado. Aún preocupado, volvió a mirar al joven a su lado como si apenas reparase en algo y agregó. - No cuestiono sus decisiones, pero... ¿realmente debería usted haber salido? -

Porque Marth tenía razón, la inteligencia del enemigo era lo último que podían cuestionar en ese momento y el bienestar del príncipe debía ser asegurado cuanto antes. Habría sido una preocupación menos, si permaneciese seguro y custodiado dentro de la fortaleza en lugar de salir en persona. En ese momento, mientras el caballero se disponía a reordenar la formación para cuidar mejor al heredero de Altea, fue que el enemigo pareció estimar oportuno salir de escondite, habiendo ya usado su ataque sorpresivo. Con el mismo ímpetu que su pared de flechas, se escuchó a los emergidos marchar en la oscuridad, no haciendo intento alguno de usarla para ocultarse ni mucho menos, sino claramente corriendo adelante con todo lo que tenían, sus pasos y sus armas resonando fuertemente. Al parecer, permitir que llegaran a resguardarse en el castillo no era parte de su plan.
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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Miér Sep 20, 2017 1:23 am

En la oscuridad de la noche no notó la suciedad de la ropa ajena, tampoco su armadura dañada, el manto oscuro apenas movido por el temblar de la luz de las antorchas formaban sombras que disimulaban muy bien los detalles aunque en contraste las escasas piezas de armadura que llevaba el alteano brillaban lisas e impecables. Habiendo llegado al castillo habían reparado los pequeños rayones y muescas de la armadura dejándola nuevamente como el primer día de estrenada. Manteniéndose junto al marqués reguló rápidamente la velocidad para ir a su par, le miró con algo de preocupación - Aún no hay ataques, al parecer esperaban emboscar a los refuerzos, quizás evitar que llegasen a reunirse con nosotros. - no quería admitir que quizás también habían antelado que parte de la milicia alteana abandonase el castillo para ir al encuentro con la caballería atacada y así debilitar las defensas mismas del castillo. Había visto que los emergidos podían realizar complicadas estrategias y poner trampas y carnadas, sus hombres lo habían sufrido pero con la experiencia había aprendido a ser mas precavido y no subestimar a los silentes caminantes.

Jaló un poco de las riendas de su corcel para bajar el paso hasta detenerse, sus hombres lo hicieron por igual, solo uno de los portadores de una de las antorchas y otro caballero se adelantaron hasta quedar junto al príncipe protegiendo así todos sus flancos y manteniendo la zona iluminada. El peliazul miró al marqués y de inmediato volvió la vista hacia el camino oscuro, apenas se divisaban sombras y siluetas que se movían así como el camino plagado de flechas, como si fuese un alfiletero. La luna de a momentos se asomaba entre las nubes dejando entrever la escena con un poco más de claridad pero enseguida se volvía a cubrir. Dudó uno momentos pero asintió - No sería bueno quedarnos quietos pero tampoco sería prudente separarnos. En mi caballería tengo Valkirias, irán a auxiliar. - declaró y con un gesto indicó a uno de los caballeros que organizase un pequeño grupo que ayudase y agilizase la tarea, a oscuras sería más difícil pero si uno de los portadores de luz iba ya sería todo mucho más sencillo. Una clérigo a caballo fue custodiada por dos caballeros, uno de ellos encendió una antorcha y se separaron hacia el camino para ayudar a los pherean que se habían separado antes.

Marth se notaba inquieto al igual que su caballo que movía sus orejas escuchando los sonidos de la noche, demasiado silenciosa de a momentos escuchando con claridad los lamentos y quejidos de dolor de los heridos así como los llamados cuando veían a los clérigos acercarse. Pero fue el sonido de algo avanzando, pasos, en principio ritmicos pero pronto desiguales, el golpear de metales de armaduras y armas así como el golpear de los cascos de caballos en el piso. No pudo siquiera considerar la preocupación del marqués que escuchó con atención aquello, tomó aire para hablar pero fue el caballero junto al príncipe, portador de la antorcha, que se adelantó un poco levantando la misma y gritó con fuerza el anuncio de que se aproximaba el enemigo.

Las manos enguantadas del peliazul se tensaron sobre las riendas y su diestra se dirigió al mango de su espada, apresuradamente miró hacia el castillo, estaban demasiado lejos como para hacer una huida hacia la seguridad y tenían gente atrás que sería dejarlos a su muerte si se separaban. Sin tardar demasiado alzó su voz - ¡Retrocedamos! ¡Volvamos hacia los heridos y cerremos formación! ¡Protegan a los clérigos en el centro y desenfunden! - se dirigió a un joven a caballo de aspecto joven y nervioso - Regresa al castillo, anuncia la situación y que envien refuerzos. - asintió con una tartamuda afirmativa y largó al galope de inmediato. Si el enemigo encontraba a los caballeros alteanos y el ejército pheraen no irían detrás de un jinete solitario que podría pasar incluso desapercibido en la oscuridad. Ahora si se dirigió exclusivamente al pelirrojo a su lado - Espero que pueda asistirme en este momento. Nuestra prioridad será resistir hasta que lleguen refuerzos, los clérigos serán clave para mantener a nuestros hombres sanos. Que Naga nos proteja. -


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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 20, 2017 10:47 pm

Sopesó las palabras de Marth unos momentos, lo que sus enemigos probablemente intentaban. No podía decir que no hubiese funcionado, al menos no aún; las fuerzas de Lycia habían conseguido reunirse con las de Altea, pero a costo de verse ambos fuera de la seguridad de la fortaleza y con el más importante dirigente expuesto. Su gesto se tornó mucho más serio al considerarlo, ojos azules dirigidos hacia abajo unos momentos. Pese a todo, aunque pudiese, no deseaba cambiar su curso de acción. Aún si quizás le diesen al enemigo lo anticipado gastando tiempo en reagruparse y recuperar a sus tropas heridas, Eliwood era incapaz de decidir contra ello. Fue por eso que cuando Marth envió a una de sus propias sanadoras y sus caballeros a prestar asistencia adicional, su gesto fue tanto de alivio como de gratitud, confortado por no necesitar discutir sus prioridades. - Se lo agradezco mucho... - Murmuró, sincero. Ningún hombre sería abandonado atrás.

Pero parecía ser que habían terminado obrando tal y como su enemigo había previsto, después de todo. La emboscaba había funcionado. Ahora, ambos líderes del ejército fuera de la fortaleza, cernida en torno a ellos la oscuridad de una noche en que no habían estado preparados para combatir, llegaba demasiado pronto a su encuentro un contingente emergido de cuya existencia no habían sabido y que todavía no conseguían siquiera ver. El marqués creía que los números que enfrentaban debían ser mucho menores a los suyos, mas aún así, no había ángulo por el que esa situación fuese favorable. Todo peligraba; la fortaleza del Oeste, la toma de Regna Ferox, su vida y la de Marth. Endureciendo su semblante y desenfundando ya su espada con un breve sonido de la hoja al salir de la funda, el pelirrojo se preparó para dirigir, interrumpido antes siquiera de comenzar por la voz del muchacho a su lado. Marth había tomado la decisión de reagrupar y defender. Tomado por sorpresa por la iniciativa del joven príncipe, mas para nada en desacuerdo, no tardó en asentir, dispuesto a organizar de inmediato a sus tropas.

Probablemente fuese el plan con las mejores probabilidades de supervivencia para todos ellos. En muy pocas ocasiones Eliwood había compartido el campo de batalla con Marth, usualmente separándose como ambos comandantes del ejército aliado, mas reconocía entonces que mientras no había estado viéndole, el heredero a la corona había progresado un largo trecho. Su tono se había hecho mucho más imperativo, y no reconocía en él al muchacho que otrora se le apareciera aterrado por un encuentro imprevisto con emergidos, alejado irresponsablemente de sus guardias. No dudaba que se hubiese hecho un mucho mejor soldado. Aún así, lo que proponía al dirigirle la palabra era absoluta y plenamente demasiado. Eliwood frunció el entrecejo de inmediato.

Luchar así, plantándose en una posición defensiva, recibiendo todas las heridas que un hombre pudiera sobrevivir, persistiendo y contando con los báculos de los clérigos para mantenerles con vida era posible, pero era un recurso desesperado que rayaba en lo inhumano. Tomaba un temple indecible de cualquier soldado al que se le ordenase. No quería siquiera imaginar a un joven de mucha menor experiencia involucrándose en ello. Apartando de su mente la idea que le retorcía el corazón, recordando en ese instante, como en pocos otros, que la edad de Marth era más cercana a la de su preciado hijo que a la del caballero pheraen, Eliwood negó con la cabeza. - ¿Asistir? Lo haremos gustosamente, Marth, pero usted no puede tomar permanecer adelante en algo así. En estas condiciones... es demasiado. Quédese atrás. - Dijo, demasiado presionado como para plantearlo más cuidadosamente. De inmediato haló de sus riendas y alzó su espada a la vista de sus hombres, indicando con ese gesto que partían. - ¡A formación! ¡Síganme! -

Desplegados en cerrada formación a ambos lados y tras el marqués, los caballeros a su cargo le siguieron hasta rebasar el lugar en que los heridos se reagrupaban. Allí, posicionándose cada escuadrón junto al otro, no llegaron a detenerse siquiera antes de ser interceptados por el enemigo que cabalgaba también al encuentro, armas chocando, animales y jinetes cruzándose o cayendo en el caos del primer cruce. Mantiéndose firme sobre su montura, el caballero alzando las patas delanteras antes de bajarlas con ímpetu sobre un enemigo caído, el marqués clamó. - ¡Aquí es donde sostendremos la defensa! ¡Aquí es de donde no seremos movidos! -
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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Jue Sep 21, 2017 5:19 pm

Había tenido que tomar muchas decisiones de mucho peso, desde el inicio de los ataques que su padre se había retirado del castillo había tenido que estar en la posición donde había tenido que decidir el destino de cientos de personas. Aún le pesaba en el pecho el haber tenido que darle la espalda a una de sus islas completamente abandonando a su suerte a la población de aquella área hasta poder despejar la capital y poco a poco ir tomando terreno. Hoy por hoy Altea gozaba de la paz que la liberación había otorgado pero a un precio muy alto que estaba seguro que muchas personas de su reino le resentían, no había tierra libre de emergidos o economía estable y creciente que sanase a muchas personas que habían perdido a su familia y amigos. Eran decisiones que debían de ser tomadas y que muchas veces eran demasiado difíciles como para solo hacerlas, como ahora. Cabía la posibilidad de que si hubiesen seguido a toda marcha habrían podido llegar más cerca del castillo, incluso con algo de ayuda a ponerse a resguardo antes del primer ataque, pero esperar para rescatar a los heridos les dejaba en una posición desfavorable. Eran los hombres de Eliwood, las vidas de su tropa y si el marqués había enviado por ellos era a lo que se apegaría en consideración.

Acercó un poco el caballo al pelirrojo, le expresaba abiertamente de que no debía exponerse, como si el príncipe no fuese consciente de ese hecho, era el único heredero de Altea y si perecía probablemente Altea pasaría a ser parte de Ylisse siendo esta la única familia con descendencia del escogido por Naga a parte de su propia línea sanguínea pero no podía solo quedarse atrás - Es necesario. - acotó cortamente asumiendo que el marqués comprendiese las siguientes palabras mejor que cualquier otro - Debo estar aquí por mis hombres, por mi país. - el tema de ánimo a las tropas era tan importante como las mismas armas que portaban, tropas desanimadas eran tan malas como tropas mal entrenadas. Marth no podía decir que no tuviese miedo, lo tenía cada vez que salía al campo de batalla, había sido herido gran cantidad de veces y temía al dolor más que a la muerte si era sincero. En ese mismo momento, a la oscuridad, con el sonido del enemigo acercándose, con su mano aferrada a su arma y el caballo nervioso bajo sus piernas, sentía miedo al punto que su respiración se volvía un poco más pesada y su garganta un tanto más seca.

El primer impacto fue violento, más violento de lo esperado. Corceles cayeron al piso de costado, gritos tanto de batalla como de dolor no solo por el acero de las armas si no por huesos rotos y golpes contra el piso o mismo las pisadas de los caballos sobre los caídos. Los clérigos se apresuraron a asistir desde la distancia los que podían y los que no se acercaban peligrosamente detrás de los caballeros. Marth no se quedó a la primera línea pero tras el primer choque, protegido por su propia guardia real se unió a la batalla manchando su espada con el primer emergido que había logrado traspasar la primera línea. Abriéndose un paso allí su caballo pisó sin problemas el cuerpo caído y se adelantó con sus caballeros utilizando la misma técnica de batalla que venía utilizando siempre. Siendo muy raras por no decir nulas, las ocasiones en la que se veía solo en el campo de batalla su técnica dependía mucho de sus compañeros que protegían sus flancos mientras el príncipe se abría paso al frente. Solo avanzó hasta quedar a la par del marqués donde mantuvo las riendas tensas para que su caballo no siguiese adelante como tenía costumbre de hacer. No era mal soldado, su estilo de pelea con la espada era limpio y ágil, aplicaba lo aprendido en la esgrima con elegancia a una espada de una mano utilizando más la punta que el resto del filo de la misma pero dejaba demasiado abiertos sus laterales que eran constantemente cubiertos por sus caballeros. El príncipe no notaba su error al no ser nunca advertido de tal y siempre estando demasiado cuidado por sus soldados.


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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Vie Sep 22, 2017 12:33 am

Comprendía, por supuesto que comprendía lo que Marth quería decir. Ya era mucho lo que pedían de sus tropas, y ponerles a una tarea de tan cuestionable valor estratégico sin su líder allí con ellos podría ser descorazonante, o inclusive reducir su confianza en las ordenes que seguían. Todo caballero, sin importar cuan entregado a su labor, necesitaba poder creer en la misma. No obstante, habiendo obrado como general en la recuperación de Altea, en momentos llevando mando sobre las tropas de ambos reinos a solas, Eliwood creía que con su propia presencia debía ser suficiente. Debía estar bien que hiciese eso por ambos. Siempre había visto a Marth más como una figura política que bélica, después de todo; en principio un ícono de la supervivencia de Altea tras la desaparición de su rey, que no obstante y pese a su edad había llegado a llenar el puesto de su antecesor a la perfección en esos aspectos, suficientemente impresionante para un heredero que ascendía más temprano de lo previsto. Eliwood no habría estado esperando de él heroismo en el campo de batalla, ni siquiera mucha presencia en el mismo. Claramente subestimaba las intenciones del menor.

Pero no conseguía dejarlo así. Aún cuando le vio tomar sitio en la formación, tan veloz y seguro con la espada como cualquiera de sus hombres, no pudo apartar de sí el temor de verle herido. Atestiguar a sus caballeros cuidando sus flancos en momentos críticos sólo realzaba su preocupación. Sin hallar un momento de paz en su sitio ante la carga de la caballería ajena, el pelirrojo enfrentaba la llegada de cada jinete emergido ladeando a su montura y asestando una poderosa blandida de su espada; se confiaba a la fuerza de sus brazos, pues si fallaba en llegar a cortar el cuello del enemigo igualmente conseguía tirarlo de su montura con el golpe en el pecho, para que los caballos terminasen el trabajo bajo sus cascos. No obstante, cada vez que podía, entre un ataque y otro, su vista se volvía al peliazul, insistente en vigilarle. Estaba demasiado adelante para su tranquilidad. - ¡Marth! - Debió interrumpirse a sí mismo al ver un reflejo en la oscuridad ante sí, regresando la vista a tiemo para hallar a un emergido alzándose con los pies en los estribos, girando una lanza corta por lo alto antes de dirigir el filo recto hacia él. Con la parte baja del filo de su espada, cerca del mango, el pheraen blandió de lado contra el asta de la lanza, desviándola para poder tomar por un brazo al jinete cercano, dándose tiempo así de acomodar su espada en su diestra para una letal estocada que entraba bajo las costillas y cruzaba el pecho. Pronto deshecho de aquel emergido, nuevamente volvió la atención al príncipe. El tiempo y las condiciones no le permitían la misma calma de siempre, su rostro traicionando sus preocupaciones. - Por favor hágame caso-- - Y otra vez, debió parar allí. Su caballo relinchaba inquieto, removiéndose y pistoeando.

Más que acostumbrado a aquellos animales, Eliwood reconoció que algo hería a su corcel. Bajó la vista en la penumbra, hallando a uno de los caídos aún vivo entre las patas del animal, con una espada teñida de rojo entre manos. Como si intuyesen la intención de uno de los suyos, otros dos emergidos de lanzas y escudos en mano se unieron, estos a pie, aprovechando que el caballo se alzaba sobre las patas traseras para clavar sus armas en su cuerpo bajo las piezas de armadura. Aprisa, Eliwood intentó tomar control, golpeando con los talones adelante para que el animal pisoteara, las riendas ya listas para guiarlo a un lado, pero no parecía haber espacio y el animal ya perdía su balance. Antes de que pudiese girar la cabeza para llamar con urgencia la atención de un sanador, el caballo hostigado por las lanzas enemigas caía de lado y el jinete se precipitaba con él. No hubo tiempo de quitar los pies de los estribos. La pierna derecha fue atrapada bajo el peso del corpulento animal al dar ambos contra el suelo, entre el obscuro caos de los demás combatientes y el estrépito de las armaduras; el grito del hombre mayor no tardó en hacerse oír, incontenible y cargado de dolor. Y por supuesto, no podría culpar a nadie más que a sí mismo, quien había quitado los ojos del peligro.
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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Mar Sep 26, 2017 10:25 pm

Los golpes de los emergidos se tornaban cada vez más fuertes, al menos en preparación y terreno habían tenido la ventaja y al encontrar en primera fila en aquel momento los emergidos rápidamente se acomodaban para hacer una doble fila frontal con caballería y hombres a pie para saturar a la caballería de los dos ejércitos aliados. Las placas de metal que conformaban la armadura del caballo del príncipe regente detenían varios de lo ataques, muchos otros eran desviados o anulados por sus caballeros que velaban más por la seguridad del príncipe que por la propia, cosa que el peliazul no parecía notar, ni siquiera cuando alguno era herido y rápidamente curado por alguno de los clérigos o una rápida bebida de medicina. Conociendo la estrategia de soportar y siendo hombres de generaciones dedicados a su puesto tenían fuertemente arraigado su sentido del deber y el orgullo de pertenecer a la élite que cuidaba de la sangre real, de los escogidos por su dios para gobernar. El escogido de Naga empuñaba su espada con dedicación y confianza de quien no ha sufrido mucho en el campo de batalla, se lanzaba hacia adelante apremiando a su caballo para que alzara sus patas y golpease con sus cascos a los enemigos delante mientras los remataba con precisos estoques en las zonas menos protegidas del cuello y hombros, no notaba mucho el plano general aún careciendo de la experiencia como para poder luchar y estar al tanto de lo que ocurría en el resto del campo de batalla o mismo guiar a sus hombres. Mucho menos llegaba a notar las miradas del pelirrojo preocupado no muy lejos de su posición.

Las luces parecían parpadear amenazando siempre en consumirse, los que sostenían las antorchas luchaban en una segunda fila contra los pocos que lograban atravezar la primera y el movimiento sumado al viento nocturno llegaba a casi sofocar las llamas antes de estas volver a apoderarse del trapo empapado en brea que cubría el largo tronco barnizado. La falta de luz no le permitía ver mucho más allá de unos metros frente a él y apenas siluetas que revelaban los enemigos por venir, ya el aroma a la sangre y el sudor de los animales empapaba el aire y oscurecía el camino de tierra. El heredero bajaba la mirada a los enemigos caídos que lograban sortear las pisadas de los caballos y los golpes de espada e intentaban atacar desde abajo, remataba con cortos golpes a los debilitados pero bajando su guardia sin notar al emergido que se alzaba sobre si. Entre el griterío y los golpes de metal apenas distinguió la voz del marqués conscientemente pero en lo profundo de su mente una reacción automática al reconocido sonido le hizo alzar su mirada hacia a fuente del mismo. Fue demasiado rápido siquiera para que terminase de comprender que había ocurrido, pero el pelirrojo se había deshecho de manera admirable de un emergido y le miraba con excesiva preocupación, algo en el se encogió en su pecho, una culpabilidad que le hacía bajar un tanto los hombros y dudar de sus acciones, la preocupación y palabras del mayor le hacían sentir como un estorbo más que una ayuda en donde estaba, una interrupción en la batalla.

No llegó a coordinar sus palabras que sintió el relinchar extremadamente cerca, el emergido que había estado protegiéndose entre los caballos enemigos y había esquivado la vista de los demás hasta llegar a primera fila, había llegado a alcanzar al caballo del marqués. No reaccionó, helado vio como el animal se paraba sobre sus patas traseras y los emergidos se unían al primero para atacar al corcel y quitarle el balance, observó con pánico como el mayor tensaba las riendas e intentaba maniobrar en el reducido espacio hasta que el animal no pudo más que caer sobre este. El joven apenas pudo observar con miedo la escena mientras caía en los hombros de sus caballeros protegerle de los emergidos que en todo momento seguían atacando intentando llegar al caído y al príncipe que alzó su voz en un grito de angustia cuando escuchó el dolor ajeno - ¡¡Un clérigo!! ¡¡Cubran al marqués!! - poseído por el pánico jaló de su caballo obligándolo a avanzar delante de donde había caído su aliado, empujando con el mismo a los emergidos y cayendo con fuerza su espada contra el que permanecía de pie, dejando de lado cualquier técnica elegante y pulida ahora solo blandió con furia arrancando con el envión parte de la armadura así como casi de cuajo su hombro entero al emergido, un segundo golpe le tiró al piso donde su caballo lo pisó - ¡Dije que cubran al marqués, maldita sea! ¡Traigan un clérigo! ¡¡AHORA!! - nunca oídas de la boca del príncipe palabras de esa índole muchos dudaron de mantener sus puestos y se apresuraron en obedecer. Los clérigos con bastones de distancia no podían llegar al pelirrojo caído sin poder verlo en el caos en el piso pero abriendo paso por la retaguardia de la formación se acercaba apresuradamente una mujer mayor con los ropajes clásicos de los templos de Altea sobre un manso caballo que parecía bastante asustado por el despliegue de violencia de su alrededor.


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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 27, 2017 12:02 am

Al dar contra el suelo, su pierna derecha atrapada bajo el pesado cuerpo del caballo de guerra, el marqués no había oído crujido alguno ni sentido el desgarrador, acalorado y desesperante efecto de un quiebre. En su lugar, una sensación lacerante y dolorosa enfocada en su rodilla, que sólo había aumentado y aumentado, esparciéndose por su pierna, hasta que la presión rebasó el límite de lo soportable por su cuerpo y algo, sin dudas, dejó de estar en su lugar. Algo cedió y se quebrantó, de una vez. Y entonces la atrocidad del dolor se profundizó, momento en el que el grito de dolor que aguantaba tras dientes apretados se tornó incontenible, alzándose en el aire nocturno con tal claridad que sería ese sonido el que guiaría a la sanadora a su posición. Sudando frío, el hombre apoyó los codos en el suelo e hizo su más presuroso intento por ignorar el paralizante dolor en la parte inferior de su cuerpo y sólo arrastrarse a sí mismo fuera, mas tan solo conseguía sentir que halaba más contra el peso del animal caído, sin poder soportarlo. Para su fortuna, fue el mismo caballo herido el que le liberó, al moverse e intentar incorporarse lejos de quienes le atacaban.

En su lugar, un animal y jinete sanos prevalecían, escudando su posición. Eliwood vio a Marth aparecer ante sí blandiendo, escuchó sus ordenes mucho más fuertes que corteses, como jamás antes habían sido, mas no se halló capaz de pensar nada de ello, si acaso apenas sentir un profundo alivio ante la sola palabra "clérigo". Sabiendo que el auxilio llegaría, se dejó caer de espaldas en el espacio ahora quieto a su alrededor, volviendo a apretar los dientes así como los párpados cerrados, resistiendo como le era posible. El dolor había subsidido, pero de su pierna se apoderaba una sensación demasiada extraña como para desear abrir los ojos y examinar su estado. Tan sólo parpadeó un par de veces al oír la una voz femenina y madura cerca de sí, indicándole a otra persona algo ininteligible, luego dando un "ahora" con el que comenzó a sentir el familiar efecto de un báculo sanador. A su vez, un par de manos carentes de temor sujetaron su pierna, alineando su desencajada rodilla mientras la fuerte magia curativa cobraba su efecto. Eliwood enfocó su mirada sólo en la mujer de Naga.

Lo que acababa de sucederle era algo que siempre había reconocido como factible, el riesgo de luchar a lomos de caballo; inclusive era afortunado de no haber sido pisado y dado muerte por su propio compañero, sino sólo aplastado bajo el peso del mismo. A medida que recuperaba plena conciencia, enfocándose en el rostro de la sanadora, luego en el báculo que sin dudas sería uno especialmente potente y en los demás elementos de su entorno, Eliwood se recordó todo aquello. Había pasado algo que siempre había estado en las posibilidades. No obstante, el combate continuaba ante él y a su alrededor y el horror de un momento debería de ser dejado atrás. Lo único en lo que había sido verdaderamente talentoso a través de su vida era en mantener su compostura y debía recobrarla en ese momento, debía calmarse y ordenar sus ideas, proseguir. Atreviéndose a bajar la vista a su pierna, hallándola ya como se suponía que estuviera gracias a la intervención de un soldado ayudando a la sanadora, el hombre de Elibe agradeció tanto a la mujer como a aquel compatriota, pidiendo la asistencia de este último para volver a incorporarse. Al parecer su caballo, también, había sido atendido por un clérigo menos experto. Sintiendo su pierna aún difícil de mover, seguramente imposible de flexionar todavía, supo que montando sería justamente como se haría de más utilidad y volvió a su montura. Principalmente con la fuerza de sus brazos se izó, dejando sus piernas reposar con los pies en los estribos al acomodarse, y con inusitada seriedad sujetó sus riendas. Era un jinete pheraen, así era como debía continuar. Por sobre todo, era uno de los dos comandantes de ese ejército y aún era necesitado.

- ¡Adelante! ¡A adelantar la formación! - Con ese llamado fue que retornó, espada en mano, adelantándose junto al joven heredero de Altea; con un salto su caballo se sobrepuso a los enemigos en la línea frontal, el marqués volviendo a propinar fuertes blandidas de su arma para incapacitarlos, deshaciéndose en pocos movimientos de la infantería allí. Entonces miró al príncipe, hasta el momento aún sano y salvo, y pese a su desarreglado estado le sonrió con calma y gratitud. Estaba bien. Mientras no intentase pararse sobre sus piernas muy pronto, seguiría estándolo, todo gracias al menor. Un momento de exaltación y de pánico parecía haberse apoderado del peliazul minutos atrás, una señal de que todavía le faltaba temple que trabajar, pero cierto era también que se desempeñaba mejor de lo que el marqués habría querido dar crédito. - Me encuentro bien, pequeño... ya me encuentro bien. - Le aseguró. Le preocupaba no sentirse por completo recobrado, como un báculo debía de dejarle, mas buscaría a la clériga otra vez y completaría la sanación después. En ese momento, había algo más en qué concentrarse. - Lamento mucho... todo lo que causé.¿Estamos en condiciones de terminar con esto? ¿Tenemos a todas nuestras tropas? -
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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Miér Sep 27, 2017 12:33 am

Sentía su corazón golpear contra su pecho y su garganta cerrarse presa del miedo de que algo de gravedad le hubiese ocurrido al marqués, había llamado con fiereza a un clérigo y se mantenía tan cerca del pelirrojo como le era posible sin llegar a pisarlo o interferir en el camino de la ayuda. No estaba familiarizado con esa clase de sentimientos, no solía perder su compostura en ningún ambito social pero en aquel momento y en el calor de la batalla no había tenido tiempo de enfriar su cabeza. No lo reconocía pero temía perder a más personas cercanas, Eliwood se había convertido en una figura de suma importancia para el menor, una extraña y confusa mezcla entre una figura paterna, un aliado y un amante, cada faceta independiente y separada de las anteriores. Sin poder dejar de mirar cada instante al marqués caído alternaba su vigilia con el gruñir y blandir de su espada, apretando los dientes y descargando sus apresantes angustias sobre los emergidos.

El corcel se removía en el piso, herido parecía hacer coro con su dueño en relinchos y quejas por el dolor de sus heridas, costosamente había liberado al pelirrojo y mientras este era atendido por el soldado y la cleriga el príncipe pudo sentir un pequeño alivio y enfrascarse en su tarea de mantener despejada la zona. Asumía que el herido se retiraría a retaguardia y que él quedaría encargado de ambos ejércitos en el frente, ya pensaba en enviar a uno de sus caballeros a controlar pero antes de que pudiese siquiera intentar pensar una estrategia ya veía por el rabillo del ojo que el pelirrojo no solo se reincorporaba ayudado por un caballero, si no que subía también a su caballo y con seriedad retomaba su posición con el príncipe, blandiendo su espada como si no le hubiese ocurrido nada. El peliazul negó de inmediato - No debería estar en la línea frontal. - la sonrisa calmada del otro contrastaba con su apariencia desalineada, por su parte el príncipe se veía alterado aún, había perdido su rostro impávido y apariencia de muñeco de porcelana, su ropa se había desalineado y su expresión reflejaba su preocupación y el miedo en su mirada, en ese instante se veía su escasa edad en un puesto demasiado grande. Sin embargo el ejercito respondió a su general adelantando la formación, ante la duda del príncipe fueron sus caballeros que tomaron la iniciativa de imitar la avanzada cubriendo al menor del enemigo.

Sin tener palabras para replicar terminó por seguir la situación, no era momento de ponerse a dudar o dejarse llevar por aquellos sentimientos, debía tomar el ejemplo del mayor y recomponerse para tomar su lugar como le correspondía. Tomó aire intentando apresar nuevamente todo aquello en su pecho y despejar su mente para centrarse en la batalla. Se culpaba a si mismo por el accidente del pelirrojo, había sido descuidado y le había tenido que proteger, ni siquiera sabía aún como había sido posible que un jinete hubiese llegado tan cerca y se las hubiese arreglado para intentar atacarle desde arriba, pero había visto como el marqués le había salvado de ser herido. No quería ser una carga y si se enterquecía en no permitirle al hombre de mayor experiencia regresar a la batalla solo sería un estorbo. Habiendo quedado un poco atrás levantó su espada y clavó los talones en los costados de su corcel para volver a la posición aventajada, avanzando con sus soldados, su espada bajó con fuerza contra la infantería para ayudar a despejar - ¡Avancen soldados de Altea! - posicionándose cerca del marqués finalmente fue capaz de responderle - Tiene mi espada y la fuerza de Altea respaldándole, no se contenga. -


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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 27, 2017 2:19 am

Aún podían verse en el rostro y el semblante del príncipe las señales de una actitud menos que hermética y férrea, aún capaz de lucir consternado y, probablemente sólo en ese contexto, imperfecto. Así que aún había espacio para expresiones así en él, después de todo. La perspectiva de ambos lados del menor era agradable de conocer, mas Eliwood no sabría dilucidar cual era la que más prefería al final, personalmente. En esa instancia, lo cierto era que alterado o no, Marth había podido mantenerse ileso en el combate hasta ese punto, incluso sin Eliwood consigo y hasta defendiéndolo; por ese hecho, podía sentirse aliviado. Por supuesto, notaba también la parte que jugaban en ello los caballeros que siempre se hallaban alrededor del heredero, pero eso sólo era otra parte de un mismo todo. Entendiendo ya que era momento para cesar de cometer descuidos y sólo trabajar con él mientras debía, mientras estaban ambos en la misma capacidad y el muchacho claramente no pensaba echarse atrás, Eliwood respondió a sus palabras rápidamente, con una ceja enarcada y la réplica tan pronta en la punta de la lengua que habría parecido que preveía de antemano ese intercambio. - ¿No fue usted quien dictaminó que así hiciéramos las cosas, Marth? - Le dijo. Ser heridos si debían serlo y ser sanador cuando ocurriera, de modo que pudieran mantener sus posiciones, era precisamente lo que se había comandado en principio. Difícil de olvidar, cuando había sido una decisión que Eliwood había dudado bastante.

De cualquier modo, discutir ya no tenía cabida. Por el rabillo del ojo percibió al peliazul seguir justo tras él, flanqueado por quienes eran prácticamente sus guardaespaldas, en poco tiempo volviendo a alcanzarlo. Con sus piernas tan inmóbiles y sin tensar como podía dejarlas al hallarse sobre su montura, Eliwood se centró en guiar a su corcel sólo con las riendas, haciéndose de lugar para enfrentar las armas y herir o tirar de su montura a cada enemigo que se lanzaba en su dirección. Se empecinaba en avanzar, pues la línea defensiva poco a poco reducía los números del enemigo y tomaba control del campo. Cuando el otro le alcanzó, dando su señal aprobatoria, asintió a sus palabras y de inmediato se dejó retroceder un tanto en la formación, lo suficiente como para poder dar una mirada rápida a lo que había tras ellos. Los numerosos sanadores alteanos y los demás soldados habían ya asistido a los caídos durante la emboscada, organizándose de a dos sobre un mismo caballo en los casos en que los animales no eran suficientes para cada unidad. En cualquier momento estarían listos, estaba seguro. - Mis hombres... los que habían quedado atrás han sido recuperados. Es hora. - Le informó al príncipe, regresando la mirada a él. Le había causado problemas, estaba seguro, pero su petición había sido cumplida y las cosas resultaban como había deseado, al menos en lo que a los heridos respectaba. - Gracias por darnos el tiempo. Ahora, será mejor volver a la fortaleza. No habrá modo en que puedan vencernos si luchamos desde allí. - Correspondía, pues, un cambio de proceder. Y la fortaleza no se hallaba demasiado lejos, visible como una figura más oscura, más plenamente negra, en la noche interrumpida por las antorchas. Sólo cuando estuviesen dentro podría prestar más atención a la rodilla que aún le causaba dolor, pues sólo entonces podrían estar seguros de su ventaja. Eliwood alzó la voz para dirigir a los suyos. - ¡Continúen! ¡Pasaremos a través! ¡Volveremos a la fortaleza, que ahora pertenece a Altea y a todos nosotros! -

En cierto modo, se trataba del reclamar de un trono; el inusual trono dividido y elegido de Regna Ferox, el del Oeste, al que llevarían al príncipe Marth. Reagrupado ahora el ejército, los hombres de Lycia obedecieron de inmediato a la indicación de su marqués regente, redoblando sus esfuerzos y espoleando a sus caballos para cargar hacia adelante. Eliwood no podía apartar de sí la sensación de que comprendía cada vez menos la profundidad de las ambiciones de su aliado, aprendiendo a un ritmo tan vertiginoso no sólo el arte de la política y los pormenores de la administración de un reino, sino también, recientemente, a desenvolverse con cada vez mayor voz de comando en un campo de batalla. Era sorprendente y digno de respeto de por sí, mas intuía un camino más allá, la existencia de algún objetivo para todos esos esfuerzos que él no conseguía ver todavía. Quizás simplemente le hacía falta poseer el mismo sentido de ambición, para poder entender. Fuera como fuera, allí y en esa instancia, le daría al príncipe el trono feroxi que le había prometido. La caballería rompió las filas enemigas y con su implacable carga persistió hacia el castillo.
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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Miér Sep 27, 2017 11:03 pm

Era verdad que así lo había dictaminado pero había sido diferente a sus ojos el ver a un soldado herido que presenciar la caída del pelirrojo. Asumió por el bien de la situación que solo se debía al puesto del mayor y lo que representaba él en ese lugar, la caída del marqués era mucho más pesada que la de un soldado y sobre los hombros de ese hombre habían muchas más vidas, no solo allí si no del otro lado del mar, familia y ciudadanos que le esperaban en Pherae. Igualmente tragó aquellos sentimientos y asintió con su cabeza alzando un poco su mentón a las palabras ajenas, mostrando que estaba de acuerdo con lo que decía y que mantendría su postura, habría sido muy contraproducente cambiarla en ese momento, no solo por la estrategia si no por su credibilidad como líder - Así es. Pero ruego que tenga cuidado, la oscuridad no permite ver bien y el enemigo parece tener más conocimiento del terreno que nosotros. - todos se habían confiado en el que habían vencido a los emergidos de la zona y no habían considerado los peligros de emboscadas, ahora les habían tomado totalmente por sorpresa y en desventaja, pero al menos con el castillo ocupado tendrían una posición superior si llegaban a ella. Defender y resistir siempre era más aventajado que atacar.

El regreso de la caballería Pheraen fue un gran alivio para todos, significaba que ya no debían resistir más y podrían finalmente avanzar, muchos también felices de ver a sus compañeros con vida. Concordó con lo dicho por el marqués - ¡Todos adelante! Reagrupen. No se separen, no permitan que el enemigo nos divida. - indicó con voz fuerte, aún aguda por su edad y su estado de alteración. Un movimiento sobre las altas torretas del castillo fue precedido por las brillantes llamas de las antorchas que se encendían en aviso, siluetas negras pasaban entre los observadores y tomaban posiciones en las saeteras. El príncipe alzó la mirada cuando uno de los caballeros le advirtió la señal, de inmediato se dirigió a su aliado - Lord Eliwood. Los refuerzos están listos, las puertas se abrirán y nos recibirán, ya los arqueros están tomado posición. - dicho esto se acercó hacia el frente donde seguía la batalla para abrirse paso.

- ¡Avancen! - ordenó con tanta fuerza como su cuerpo le permitió y espuelando sus caballo comenzaron el camino de regreso al castillo. Los caballos empujaban a los enemigos y los caballeros ayudaban apartandolos con sus armas, repelían cualquier intento de separación y avanzaban tan juntos que los ancas de los caballos chocaban entre ellos con el galopar. Las puertas del castillo se abrieron revelando a la infantería alteana, fila y filas de soldados, cada diez filas una antorcha mantenía el lugar iluminado y claro para la reagrupación. Estos avanzaron hacia el exterior solo para atacar por la retaguardia al enemigo y ayudar a abrirse paso para el príncipe y el marqués. Cuando solo quedaban 100 metros a la puerta ya se podía ver bastante claro el camino para que ambos pudiesen cruzar a todo andar, flanqueados por los soldados y seguidos por los caballeros se esperó a que todos ingresasen al castillo antes de cerrar las puertas. El príncipe bajó del caballo casi de un salto y aún con la sangre caliente fue casi corriendo hacia las escaleras alzando su voz de mando - ¡Arqueros! - el llamado fue suficiente para que el general de arquería respondiese a la urgencia del príncipe con el bajar de su mano y el caer de cientos de flechas contra los emergidos que se aproximaban a las bases del castillo. Con un respiro y ahora en la seguridad podía finalmente relajarse un tanto y atender correctamente a su comandante extranjero. Ya los emergidos, fuera del castillo, reducían su número gracias a los arqueros y en una posición de defensiva y tantos soldados tan bien preparados era solo cuestión de tiempo para que aquella batalla fuese a favor de Altea.


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Re: [Campaña de conquista] Nunca es Suficiente [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 28, 2017 3:51 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante +40G adicionales por nivel de support B.

Eliwood ha gastado un uso de su espada de acero.
Marth ha gastado un uso de su espada de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.

Eliwood obtiene un nuevo skill de la rama Great Lord:

Cese de Armas - Confiere al Great Lord la incuestionable potestad de llamar a un cese momentáneo de armas en cualquier tipo de tema, sea campaña, misión o entrenamiento. Todo compañero de rol deberá detener todas las acciones de agresión que estuviese realizando, así como enemigos y emergidos se detendrán y tomarán distancia por 1 turno. Otras acciones (no ataques) están permitidas en dicho turno. Al siguiente post del Great Lord, si el tema no se ha finalizado, el combate se reanudará. Sólo puede usarse 1 vez por tema, pues las facciones no responderán dos veces al cese.
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