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[Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

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[Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Sep 11, 2017 5:31 pm


Poco faltaba para que las tinieblas que cubrían la atmósfera de la pacífica Ylisse acabasen de desaparecer del todo. Las grandes manchas escarlatas, acompañadas por el sol, revelaban una tranquila y frondosa pradera atravesada por un singular camino de piedra. Una senda por la que probablemente pronto tardarían en aparecer los primeros carros y transeúntes, campesinos que se levantaban a primera hora para llevar a cabo sus tareas.

Pero antes que en estos alrededores apareciesen aldeanos, a esas horas ya podía verse una figura bajando por él, al son del metal de herraduras que resonaba contra el suelo con fuerza, pues dos figuras se hallaban montadas en aquella temible bestia de cara poco amigable. - Esa debe de ser Ylisstol. - Una voz grave, dirigida hacia la persona que estaba justo detrás. - ¿No es así, Alanna?

Tras recorrer más de medio país, pasando por múltiples poblados, combatiendo contra emergidos y hablando con los lugareños, Gerard había podido ya darse una idea del tipo de país que era Ylisse. Y esperaba que en su capital pudiese acabar su experiencia... y seguir con su misión, aquello por lo que se había aventurado tan lejos de su casa. Aún en contra de su voluntad, se había tenido que separar de Corrin, la chica con la que había combatido ya en varias ocasiones, pues al parecer ella tenía asuntos que atender. Negó con la cabeza para sí mismo. Qué poco conocía aún de ella… esperaba que la chica de cabello cenizo acabase llegando al lugar donde habían acordado verse antes de la vuelta de Gerard a su país, aunque no podía estar seguro. Quién sabe en qué misión estaría la chica.

- ¿Será ese el castillo de la familia real? - La segunda pregunta del caballero. Efectivamente, un recinto amurallado podía empezar a observarse a lo lejos. No podía divisarse aún su interior, pero una gran estructura reposaba a cierta altura. -¿Frecuentáis la capital a menudo, milady? ¿Estáis segura de que nos dejarán entrar sin más? - Ah, la valerosa dama de cabellos dorados: la joven y misteriosa, pero valiente, Alanna. La otra heroína que había conocido en Ylisse. ¿Cuál sería su historia? ¿Por qué le había dado la sensación de que ella también escondía más de lo que aparentaba?

Se encontraban ya a pocos centenares de metros de las puertas de aquella gran ciudad. ¿Estaría al nivel de las grandes ciudades de Grannvale?
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Alanna el Vie Sep 15, 2017 7:06 pm

Una de las delicias de viajar por las carreteras comarcales que se extendían por toda Ylisse era, sin lugar a dudas, deleitarse con el bello panorama que las rodeaba. La brisa mañanera, las vastas praderas y los campos de cultivo ofrecían a sus transeúntes un agradable trayecto durante la mayoría de las estaciones del año. La experiencia era incluso mejor si tenías la oportunidad de recorrerlas en un medio de transporte. Pero, oh, no en uno de esos lujosos carromatos que se le asemejaban a una jaula con ruedas. Alanna ya había montado decenas de veces en algún que otro carro de los mercaderes que se ofrecían a llevarla durante sus encargos, y por nada del mundo cambiaría el suave traqueteo, la ausencia de un cubículo enano y el dulce arome que venía de los campos.

Muchos eran los que la aseguraban de que a lomos de un caballo era igual o mejor de placentero. Por desgracia, su destreza montándolos era paupérrima y no contaba con el tiempo para aprender. ¿Y si le dejaba las riendas a otro jinete? Bueno, daba la casualidad de que ese día era pasajera en un destrero de otra persona. Quizás hubiese disfrutado del trayecto de no ser porque sentimientos conflictivos la azotaban cada vez que trataba de aferrarse con sus trémulas manos a la cintura del susodicho jinete. Oh, Naga bendita. ¿Por qué no podría olvidarse de aquel vergonzoso momento en el que él la estaba…? No fue hasta que su voz grave la devolvió al mundo real de un sopapo y se enteró de que poco les faltaba para alcanzar la capital. —¿Qué? ¡Oh, sí, sí! Esa… es. —Y tal vez otro más no le vendría mal por lo embobada que sonó al responder a su pregunta.

Gerard, el caballero trotamundos que conoció hace unas horas: pese a ciertos acontecimientos que prefería dejar en el baúl de las anécdotas, no quitaba que su valor y ejemplar destreza militar fueron clave para derrotar a uno de los destacamentos invasores de ojos rojos. Alanna les debía muchísimo a él y a su compañera, que por circunstancias personales tuvo que partir y separarse de ellos. El cómo pagárselo con creces… Ojalá tuviese la menor idea de por dónde empezar. —Es bonito, ¿verdad? —le inquirió, señalándole la estructura que sobresalía de la ciudad. Contemplar la residencia real en la que convivía la venerable y, sobre todo, sus dos hermanos menores, le provocaba sentimientos encontrados. Pero eso ya era agua pasada. Lo que apremiaba ahora era atender a su nuevo compañero de viaje—. Oh, pues… No suelo visitarla muy a menudo. Es cierto que en la capital abundan los encargos para los de nuestra profesión, aunque se ha de ser rápido u os los quitarán de las manos en cuanto os descuidéis. Por eso prefiero trabajar en los poblados circundantes. —Bien eso último era cierto. Más la auténtica razón de que fuese reacia a visitar más de la cuenta Ylisstol era por el miedo a que la descubriesen; Él y sus hombres solían frecuentarla a menudo por asuntos militares. —Y no habéis de preocuparos, Sir Gerard: Ylisstol siempre abre sus puertas a todo el mundo, sean ciudadanos o viajeros. Siempre y cuando no causen problemas, claro. —Esbozó una pícara sonrisa—. Aunque pobre del que lo intente con los guardias y los Custodios patrullando la ciudad.

Fuera como fuese, hoy tendría que visitar la gran ciudad y hacerle de guía a su intrépido compañero de armas. Estaba convencida de que a Gerard le encantaría saber más de la cultura e historia de los valerosos Custodios que salvaguardaban el país, como buen caballero que era. Y ya que estaba, a ella le picaba la curiosidad, pues no todos los días tenías el placer de conocer a uno. —Sir Gerard, si no os resulta un impedimento ¿puedo preguntaros que os trae por las tierras de Ylisse? ¿Y de dónde procede este buen caballero viajero que he tenido el placer de conocer?
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Sep 16, 2017 7:41 am


El silencio de la valiente guerrera durante el trayecto desde aquel pueblo ganadero había garantizado un pasaje plácido y confortable, pero también incómodo. ¿De verdad había hecho buena impresión?

Por suerte, al acercarse, Alanna acabó mencionando su oficio. Después de aquella batalla, había olvidado por completo que era mercenaria; al fin y al cabo Gerard, años atrás, como orgulloso caballero les había siempre mirado por encima del hombro. Espadas a sueldo, sin honor. Cazarrecompensas. Buscafortunas. Aprovechados. Cobardes. Pero ella no encajaba en ninguno de esos términos, o al menos no le había dado esa impresión. El mero hecho de quedarse para proteger a los aldeanos la ponía al mismo nivel que cualquier caballero. Así que ¿por qué…?

Decidió, aún así, dejar esas dudas para cuando estuviesen en la ciudad. Lo que sí preguntaría sería la fuente del brillo que adquirieron sus ojos, que probablemente quedaría mostrado cuando giró la cabeza hacia la dama de cabellos dorados. - Los “custodios”… ¿una orden militar Ylissiana de élite?  - ¡Qué bien sonaba aquel término! ¿Qué custodiarían? ¿La sagrada integridad de la fe de la Diosa? - ¿Siguen las enseñanzas de Naga, imagino? - Oh, tenía un millón de preguntas acerca de ellos. Tantas que le costaba mantener el aire silencioso que tanto le caracterizaba.

Y por supuesto, su honor se vería menguado de no explicarle su procedencia a aquella chica, cuyo altruismo ya había podido verificar. - Grannvale, milady. El país más grande de Jugdral, el continente al norte de este. Mi misión me ha llevado a estas tierras, totalmente inexploradas para mí. - Ylisse. Por lo poco que había visto, un país de ejemplar virtud. De una fuerza militar reducida, pues pocos soldados se encontraban patrullando sus extensas llanuras, pero fieles a las enseñanzas sagradas, por las buenas acciones que había observado en los lugareños.

A pocas docenas de metros de la ciudad, notó que las puertas ya estaban abiertas, revelando una amplia carretera y multitud de personas que entraban y salían de la ciudad, despreocupados. - Ya estamos aquí. - Dirigió su caballo hacia los guardias de la ciudad, que no hicieron más que echarles un veloz vistazo a las armas y la vestimenta de los dos viajeros, para luego asentir con la cabeza e indicarles que podían proceder. Así lo hicieron nuestros protagonistas.


La ciudad rebosaba de actividad. Tanto comerciantes como simples transeúntes conversaban con notorias sonrisas en sus rostros, mientras llevaban a cabo sus labores, desde panadería hasta la orfebrería, desde simple transeúnte a eventual soldado armado que patrullaba para mantener el orden. Hambrientos bramidos que indicaban el precio de las telas, rumores que se susurraban, inteligibles, conversaciones despreocupadas. El sonido proveniente del calzado, ligero o pesado, barriles siendo transportados hacia los distintos puestos de comercio, chiquillos corriendo alegremente… Ylisstol debía de estar muy bien defendida, pues no parecía que aquellas buenas gentes se encontrasen bajo el yunque de la guerra.

Al posar su mirada en un costado de la urbe, muy cerca de la entrada, reconoció un extenso edificio de una sola planta como el primer lugar por el que debían parar antes de ir más allá. Con cuidado de no chocarse con los ciudadanos, el caballero indicó a su corcel que parase frente a él. Retiró la pierna derecha y, haciéndola pasar por el lomo del caballo, bajó con total naturalidad de su montura, para luego tenderle la mano a Alanna. - Milady. - Después de todo, no parecía demasiado acostumbrada a montar a caballo. Ayudó a bajar a la joven, tras lo que tomó la correa que sobresalía del arnés facial de su caballo para llevarlo dentro.

Al volver, dirigió su semblante taciturno habitual hacia la chica. - Vos mandáis, Alanna. - Se llevó una mano a la cintura mientras observaba la ciudad. -¿Puedo sugerir pasar por alguna herrería? Mi lanza quedó inservible tras la última refriega. He de confesar que no me hallo en las mejores condiciones económicas ahora mismo. - Exhaló un ligero suspiro. La vida del viajero era dura…
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Alanna el Sáb Sep 16, 2017 3:18 pm

La ferviente sonrisa de Alanna no pudo sino ensancharse con la expresión con la que la buscó Gerard al voltear su torso. En un principio, su fiel acompañante se le asemejaba… ¿cuadriculado? Desde que se conocieron, apenas lo había visto cambiar ese rostro serio y firme que parecía tallado en piedra de lo inamovible que era. Sin embargo, el destello que reflejaron sus iris cuando inquirió en los Custodios le pareció sumamente entrañable e inocente. —Así es, Sir Gerard. Son la orden encargada de salvaguardar el país en nombre de la Venerable. Y de Naga también, por supuesto. —Con un caballero devoto había topado. Oh, igual que los que aparecían en las fábulas de aventuras que devoraba en su tierna infancia. Esperaba que su faz no estuviese revelándole que pensamientos tales como «es tan adorable» poblaban su cabeza, porque antes prefería que la enterrasen viva en cualquier páramo plegiano que soportar la vergüenza.

Menos mal que su compañero fue presto en cambiar de tema y revelarle su origen. Salvo que hubo un ligero detalle que no se esperaba: «¿Ha dicho… Judgral?», sí, el mismo continente del que reconoció los emblemas y estandartes que el ejército demoníaco portaba: Manster, Tracia, Silesse… Incluso la Grannvale de la que provenía el caballero. Alanna guardó silencio ante tal revelación, debatiéndose si explayar en voz alta sus pensamientos al respecto. No, debía de haber una explicación razonable. Él era todo lo contrario a ellos. ¡Pardiez, si cruzó armas con ellos!

Y también conocía por los libros de geografía de su antiguo hogar que Grannvale era tierra de caballeros. Justos, nobles, leales y que nunca, nunca, nunca osarían ponerle una mano encima a los indefensos. Sin embargo, las incógnita de qué estaría pasando en el país de Gerard y de su misión en esos momentos afloraron en su ser.

Ya encontraría la oportunidad de inquirirle, todavía tenían mucho día por delante, e Ylisstol era demasiado extensa para enseñar sus entrañas en tan poco tiempo. Cruzar las puertas de la muralla fue un proceso tan rutinario para ella como cualquier otro. Los guardias los paraban. Comprobaban que todo estaba en orden. Abrían las puertas. Bienvenidos a Ylisstol. Y así era como uno se adentraba en el eje central en el que se discutía el devenir de la nación.

Allí la tenían, la gran ciudad. Alanna oteó con un rápido barrido sus alrededores para comprobar que, una vez más, los engranajes de la capital seguían girando y girando. La rueda no se detendría siempre y cuando las calles de transeúntes enérgicos y organizados circulasen como las venas que transportaban sangre. Ni tampoco si los órganos; es decir, los comercios, distritos y diversos gremios operaban con óptima eficacia. Siempre que acababa en Ylisstol, de alguna forma u otra recordaba esa sutil comparación con el cuerpo humano que él recitaba una y otra vez, orgulloso de ser uno de los encargados con la labor de que el sistema no dejase de funcionar. Y al final, un poquito de ella se odiaba a si misma por pensar en él cuando no debía.

Sin embargo, el recelo le acababa durando poco y se dejaba llevar por el ritmo alegre y desenfrenado de la ciudad. La memoria de su padre no impediría que disfrutase de los placeres y oportunidades que Ylisstol ofrecía al ciudadano de a pie. Ni, por supuesto, de ser una buena anfitriona con su nueva amistad. Era lo mínimo que personas como Gerard se merecían por sus nobles actos.

Su primera parada fue el edificio en el que Gerard pudo poner a buen recaudo su destrero, el pobre animal también se merecía un descanso si, tal y como sospechaba, su dueño no estuvo ni un momento quieto en sus andanzas. El joven fue el primero en bajar, y Alanna fue a seguirlo cuando una mano amistosa se ofreció a ayudarla a descender de la silla. Entornó los ojos y curvó sus labios ligeramente hacia arriba. —Gracias. —Se acordó de cierto “caballero” que conoció años atrás y de sus modales al tratar con una dama. Aunque de seguro que Gerard no la acabaría sorprendiendo con una revelación tan drástica como que era el príncipe de su país, y ella se sentiría como una auténtica imbécil e ignorante.

Su próximo destino sería una herrería, por lo que le estaba contando el joven. —En ese caso, conozco el sitio adecuado en donde pueden dejaros vuestra lanza a punto, y a un precio más que asequible. Digamos que el regente y yo tenemos un mutuo acuerdo por un contratiempo que le solventé en el pasado. —Las ventajas de cobrar en especias unos cuantos recados y no ser una obsesa de que su bolsa de monedas estuviese siempre llena. Al parecer, Gerard también compartía la misma opinión si había logrado llegar hasta allí con tan escaso sustento. ¿Tan paupérrimo era su sueldo? Que ella supiese, el de un caballero medio era más que decente para costearse sus necesidades básicas. O tal vez fuese cierto que en Grannvale las cosas no pintasen tan bien…

Tenía que salir de dudas de una vez y preguntarle lo que se estaba guardando para sí misma. —Sir Gerard, antes me dijisteis que venías del continente de Judgral, ¿correcto? Supongo que ya os habréis dado cuenta durante vuestra marcha por Ylisse y que… muchos de los ejércitos de esos seres de ojos rojos portaban los emblemas de vuestra… nación... —pronunció con un hilillo de voz. Se apresuró a alzar las manos y a agitarlas—. ¡Oh, no, no, no! ¡Por favor, no penséis bajo ninguna circunstancia que os estoy acusando a vos o a Grannvale! Desde el primer momento supe que no guardabais relación alguna con esos monstruos, y que los detestáis tanto como cualquier ciudadano de Ylisse. Sin embargo, no entiendo por qué continúan con su asedio, y de dónde han venido. Pero… empiezo a pensar que la misión que mencionáis tiene que ver con lo que está ocurriendo. —Ladeó la cabeza a un lado y compuso una mueca—. ¿Cómo es la situación en vuestro país, Sir Gerard?
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Gerard Van Reed el Dom Sep 17, 2017 10:27 am


Todo listo para adentrarse en aquella vivaz urbe, la que sin duda era el orgullo del país. - Vamos. - Asintió con la cabeza hacia Alanna, dispuesta a acompañarla por aquella gran ciudad por la que sin duda acabaría perdiéndose.  Su semblante taciturno escondía una preocupación muy mundana, una pequeña fuente de inquietud que había empezado a surgir en Mitgard: ¿serían muy caras las posadas del lugar? ¿Tendría suficiente dinero para el mantenimiento de su caballo?

Tan preocupado se hallaba nuestro caballero que, al caminar, fulminaba con su mirada a los comerciantes que se acercaban a menos de dos metros de él para ofrecerle mercancías, todos y cada uno de ellos acabando intimidados por él. Pero es que ya le eran familiares los engatusadores vendedores de las grandes ciudades, y apenas le quedaban algunas docenas de monedas del dinero con el que había emprendido su viaje. Por suerte, su siguiente sueldo sería enviado pronto.

La conversación rápidamente tomó el rumbo que esperaba. Sí, compartir información era importante. Esbozó una pequeñísima sonrisa para apaciguar el nerviosismo de la chica, que explayaba sus naturales sospechas. - Tranquila, milady. Soy consciente de ello. - Volviendo a su seriedad de siempre, se cruzó de brazos mientras caminaba. - Mi continente también se halla bajo ataque de estos monstruos. Los estandartes que he visto hasta la fecha en Jugdral son tanto de Tellius… - Tal y como había visto en la frontera con Silesse como en su patria. - …como de Akaneia. Hoshido, concretamente. - Aquella batalla en el templo, con “la emisaria”. Levantó una ceja al recordar aquella peculiar refriega, y lo que vino después, pero continuó meros instantes después.

- Tras recorrer mis tierras, decidí viajar hasta aquí para descubrir el motivo de su procedencia. Llegué hará ya una semana, con un barco mercante. Justo antes de desembarcar en un pueblo costero. me di cuenta de lo que acabáis de decir, pues llegó al mismo tiempo otro barco de Jugdral. - Cerró los ojos. - Un barco emergido. De no ser por Lady Corrin, quien fortuitamente se encontraba en la zona, no lo habría contado. - Abrió sus orbes una vez más. - Logramos vencerlos, de alguna forma, y decidimos recorrer este país juntos. Unos días después, llegamos al pueblo en el que nos conocimos. - Qué mala suerte había tenido: dos localidades que visitaba, dos batallas en las que casi perdió la vida. Aunque al observar una vez más a la joven, por el rabillo del ojo, se dio cuenta de que tal vez podría interpretarse como algo bueno. Esa chica, ahora que se daba cuenta, ¿no se asemejaba mucho a Corrin? Fino rasgos, figura esbelta, bella cabellera, por no hablar de su labia y sus modales... Pero era una mercenaria; algo no encajaba.

Sin embargo, suspiró, continuando su firme andar y abandonando esa cadena de pensamientos. - No sé qué decir sobre este asunto, Alanna. No es de extrañar que haya tensiones entre nuestras tierras. - De hecho, le extrañaba que la realeza de los países de cada continente no hubiese enviado ya tropas, que no hubiese habido guerra todavía. Tal vez había esperanza, y la nobleza mayor había sabido detectar la verdadera amenaza. - Claro que no os lo puedo demostrar. Sois libre de sospechar de mí. Pero… - Frunció el ceño, pues había una segunda posibilidad: que la cosa estuviese tan mal que ni los informes llegaban correctamente, y no se hallaban en un estado decente como para llevar a cabo misiones fuera de sus fronteras. -  La situación en Grannvale no es tan buena como me gustaría. Es por eso que estoy aquí. - Cada vez le preocupaba más su país. - Para averiguar de dónde vienen los emergidos, y si realmente Akaneia los está enviando. - - Según lo que he visto, no es así. Me pregunto cuál es el misterio detrás de estos bellacos… - Se llevó una mano al mentón, pensativo. - Sea como sea, ya he averiguado bastante viniendo a Ylisse. Ha sido fructífero. Tengo pensado regresar a Grannvale lo antes posible para informar sobre ello. - Recorrió su cabellera, haciendo ademán de peinarse, mientras volvía la vista hacia delante, secretamente buscando una excusa para desviar el tema de conversación, y no hablar de su país. No se enorgullecía de aquella situación. Pero había tenido que abandonarlo; seguía defendiendo la decisión que había tomado.

Y encontró la excusa: una docena de metros más adelante, podía verse un pequeño taller al aire libre, que daba a la calle, con un letrero mal esculpido: “El yunque  dorado”. Su lanza había quedado prácticamente inutilizable; tal vez le convendría comprar otra directamente… siempre y cuando su nueva compañera consiguiese un buen precio. ¿Serían ciertos los rumores acerca de los mercenarios y su legendaria capacidad de regateo cuando se trataba de armas?
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Alanna el Dom Sep 17, 2017 3:55 pm

De haber sabido que venir a la gran ciudad acompañada tenía tantas ventajas, se hubiese ahorrado bastantes quebraderos de cabeza en el pasado. Raro era el día que los vendedores callejeros no se arrojaban sobre ella con sus productos en mano y embaucadoras ofertas en sus labios viperinos. Que fortuna la suya que Gerard, quien parecía acostumbrado a esta clase de avasallamientos, mantenía a raya a todo aquel comerciante con estoicismo. Lástima que ella no contase con esa capacidad; por poder, ni lograba intimidar a un niño con su escasa estatura y “carita de ángel”, como muchos le decían.

Gracias a la calma en la caminata, su conversación pudo progresar, y Alanna enterarse que la situación en el continente de Gerard no distaba apenas de lo que en Ylisse, y otros tantos países de Akaneia, estaba aconteciendo. Su conocimiento de las otras tierras del continente sería el justo para no ser considerada una ignorante, pero… ¿Hoshido? Tenía entendido que el reino de oriente no promovía los actos de conquista, ni tampoco eran tan belicistas. Además, los últimos rumores que rondaban por las tabernas que frecuentaban los viajeros contaban la precaria situación que estaban viviendo. No tenía lógica alguna que se permitiesen asediar otras tierras.

Tal y como supuso, el caballero estaba al corriente de los ataques emergidos en nombre de Judgral, justo por un infortunado percance en el navío que le llevó a Ylisse. —De modo que así conocisteis a Lady Corrin. Es una verdadera lástima que os... Bueno, todos nos conociésemos en el campo de batalla por culpa de esos demonios. —Pero también era una grata fortuna haberse reunido con personas de gran corazón como ellos. Su vida rutinaria apenas le permitía el lujo de formar nuevos lazos, ya fuese por ser mujer “nómada”, por su escaso interés en los brutos y descerebrados de sus compañeros de gremio. O por el miedo a volver a apegarse tanto a alguien y perderle. Cerró los ojos con pesar y alejó esos pensamientos de su cabeza. «No. Hoy no», acababa de sobrevivir a su mayor refriega en su corta pero intensa vida gracias a estos dos viajeros, y en lo más hondo de su corazón albergaba el presentimiento de que eso sería una buena señal tras mucho tiempo sin nadie con quien compartir y crear agradables momentos. ¿No decía Hellen que siempre buscase el lado positivo a todo?

No padezcáis por lo que pueda ocurrir con las relaciones entre los diversos países, Sir Gerard. Ylisse es un país fuerte y que cree en la llegada de la paz algún día: bajo ningún concepto la Venerable Emmeryn permitiría que sus soldados tomasen armas sin recurrir a las vías diplomáticas primero. Ni tampoco su hermano, el príncipe Chrom. —Disimuló una efímera mueca de complicidad al pronunciar su nombre—. Como su comandante, es gracias a él que la élite de caballeros que conforman los Custodios muestre un comportamiento ejemplar. Estoy segura de que disfrutaríais de las tantas historias que cuentan sobre sus heroicidades. Por lo menos, a mí me entretenían cuando no era más que una niña. —Ensanchó su sonrisa y entrelazó las manos tras su espalda. Pues sí, ni la aversión de su padre por los Custodios consiguió que ella se enterase de los rumores que circulaban gracias a esas sirvientas adoradoras de los cuchicheos. También porque las más jóvenes no hacían más que fantasear con el idílico día en el que uno de ellos las rescataría de su aburrida y pesada faena—. Y por favor, Sir Gerard. ¿Cómo podría sospechar de vos después de lo que habéis hecho por mí? Creedme cuando os digo que a mí también me gustaría saber más sobre los orígenes de esos malnacidos —masculló. Mirada perdida en el horizonte y apretó los puños en un sutil gesto de impotencia.

Antes de que la tensión llegase a poder cortarse con un cuchillo, el cartel que estaba esperando toparse en cualquier momento apareció a lo lejos de la vía. Frunció el ceño al ver que “El yunque dorado” seguía reticente a cambiar ese destartalado rótulo que no hacía sino espantar a potenciales clientes. Ya había perdido la cuenta de las veces que se lo dijo al jefe y este seguía en sus trece. ¡Mira que era testarudo! Seguro que antes se jubilaba él que el cartel. Abrió la puerta y se adentró en el local, adelantándose a Gerard, para recibir una bienvenida en forma del ensordecedor sonido de los martillos tronando sobre los yunques, del calor que se escapaba de las fraguas de más adentro y del olor a metal chamuscado.

Y allí, justo detrás del mostrador, encontró a su hombre. Amplios y recios brazos, poblada barba grisácea y rostro tosco eran lo que caracterizaba al encargado que se entretenía puliendo con esmero una pequeña daga. Sus ojos se despegaron del arma que sostenía entre sus dedos para recibir a los recién llegados, alzando unas pobladas cejas. —Vaya, vaya… Pero si es la pequeña doncella guerrera. Has debido de estar hasta arriba de faena con la de tiempo que no te veo en mi humilde morada. Eso son buenas noticias para mí: ¿quieres que ponga a punto tu hacha, como siempre? —Alanna compuso una media sonrisa y se apartó el flequillo de su frente perlada por el sudor—. Me alegro de veros bien, Edmond. Y no, esta vez necesito que reviséis el arma de mi compañero. —Extendió la palma hacia Gerard—. Sobra comentar que viene de mi parte, imagino.

La barba del viejo herrero se ensanchó de tal forma que se podía reconocer una sonrisa tras ella. Dejó la daga en el mostrador y se cruzó de brazos. —Por supuesto, pequeña. ¿Y a quien tenemos el placer de conocer? ¡Oh! No me digas que nuestra mercenaria se ha echado por fin novio. ¡Menudo partido te has buscado! —Alanna ahogó una exclamación y su cara se tornó de un tono tan rojizo como las mismísimas llamas que ardían en la fragua. —¡E-E-EDMOND¡ —Lo siguiente fueron sonidos indescriptibles que escupió por la boca, deficiosa cual cochinillo en un matadero. ¡Oh, santa madre protectora y creadora de la más sacra luz! Pegó un bote para situarse delante de Gerard mientras realizaba enérgicos aspavientos con los brazos—. ¡N-no hagáis esa clase de afirmaciones tan a la ligera, por favor! ¡Este buen hombre es solo un amigo! ¡UN AMIGO! —Aquello último lo pronunció con tanto bochorno que sonó con un tono increíblemente agudo y a punto de quebrarse. Luego, fulminó con la mirada al herrero, ocupado por sostenerse el estómago mientras soltaba una gutural carcajada. —Está bien, está bien… No te sulfures más, pequeña. Muchacho, ¿qué tal si me pasas esa lanza y le echamos un vistazo?

Una vez Gerard le prestó su fiel arma a Edmund, este inspeccionó la punta con sumo detenimiento y se puso a rumiar para sus adentros. —¡Por todo el acero de Ylisse, muchacho! No sé qué habrás hecho con esta lanza, porque está más desgastada que todos los vejestorios juntos del ejército real. En ese estado no vale la pena repararla, así que mejor te buscaré otra más apropiada, y a un buen precio. Jinete, ¿verdad? —especuló al escudriñar con su curtido ojo de herrero la equipación del joven que lo delataba—. Creo que tengo lo que necesitas en la trastienda. Esperadme aquí los dos. —En cuanto Edmund cruzó la entrada que llevaba a las fraguas, Alanna se llevó la mano al pecho y exhaló todo el aire que guardaba en sus pulmones. ¿El día que ambos se conocieron en esas extrañas y sugerentes circunstancias? Una minucia en comparación a la vergüenza que  estaba jugando de esa forma tan retorcida con su razonamiento y talante. Miró a Gerard con unos ojillos culpables y dijo: —Os pido mil disculpas por este bochornoso espectáculo. Edmund es una buena persona, pero como la mayoría de su gremio, buscan una vía para escapar unos momentos de su duro trabajo con los últimos chismorreos. No les culpo, pues desde que las batallas con los emergidos se intensificaron en Ylisse, las fraguas no dejan de producir más y más armas.
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Sep 18, 2017 5:28 pm


La Venerable Emmeryn y el Príncipe Chrom... había oído mención de sus nombres, pues había pasado ya por varios pueblos, pero después de todo, era un extranjero; no sabía nada más. ¿Una sabia gobernante y un valiente comandante? Sin duda, los lugareños tendrían historias sobre ellos. Alanna, la misteriosa mercenaria refinada que se sentía inspirada por los relatos de un héroe... qué curiosa doncella. Y qué poderío; ella también era de armas tomar. ¿Es que las Ylissianas preferían el fragor de la batalla a la vida de doncella? ¿En qué año vivían? Y... ¿por qué la idea no le disgustaba?

Por supuesto, no podía aspirar a conocer a estas personas; no era más que un simple caballero extranjero en una misión no oficial. Pero si la joven estaba en lo cierto, y ya que la religión oficial era la de Naga, ya tenía un punto más que añadir a su informe: una posible alianza con Ylisse. Tal vez así las relaciones entre los dos continentes empezasen a mejorar. Aunque no fuese jurisdicción suya, la supervivencia de su país era lo más importante.

Bajó la mirada, dolido.

La “supervivencia”. No la supremacía. Cómo habían cambiado las cosas respecto a dos años atrás.

La herrería constaba de todas las particularidades de un establecimiento de forja que se preciase. De hecho, incluso más; pocas armerías de Edda gozaban de tan buena presentación de sus obras. El ambiente estaba lo suficientemente ventilado como para que el característico olor de hierro y el sonido del martillo contra el yunque no resultase excesivamente irritante para un guerrero. Las vidrieras de los escaparates y los exhibidores de espadas revelaban herramientas de batalla de todos los tipos y materiales. Bronce, hierro y plata. Espadas, escudos, lanzas, hachas, arcos... Gerard no pudo evitar dejar exhalar un leve suspiro de respeto ante la artesanía de la espada que se encontraba contemplando. - Un espléndido acabado. Aunque sea diferente a la de Grannvale, la forja Ylissiana es notable. - Sin duda, allí encontraría lo que buscaba.

Pero antes, se vio obligado a girarse de golpe ante el comentario del herrero. - ¿N-Novio? -  Aunque su reacción no fue tan fuerte la de su compañera, balbuceó una excusa contraproducente. - ¡S-Solo la tomé en brazos mientras dormía, nada más! - No, no, debía callar y dejar que su rubor acabase desapareciendo solo, pues siempre acababa empeorando las cosas. En solo unos meses la cantidad de situaciones embarazosas que había vivido hasta esa fecha sobrepasaban las que había protagonizado en todos sus años de servicio. ¿Sería esa la prueba de la veracidad de aquellas historias que leía sobre los caballeros viajeros, que mataban enemigos y salvaban doncellas por doquier? No sabía qué pensar al respecto; era más bien una vorágine de sentimientos contradictorios.

Entregar su lanza suavizó el ambiente, pues cambió su rostro rápidamente. - El fragor de la batalla reclama mi presencia por doquier, buen señor. - No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa orgullosa: las armaduras fracturadas y las puntas de lanza quebradas eran como cicatrices de guerra para él. ¡Prueba de su valor! Pero desafortunadamente, era hora de cambiar su arma. ¿Una lanza de Ylisse? Aún había que ver si estaban al nivel de las de Grannvale.

- No os preocupéis. - Para desviar el tema una vez más, se digirió de nuevo hacia uno de los escaparates. Un arco de plata exquisitamente tallado se alzaba a lo alto, decorando la pared. Los dedos del caballero entraron en contacto con su empuñadura. A su lado, una armadura blanca y reluciente, mucho más refinada que la que llevaba él entonces. Fueron suficientes para que su mente divagase.



Una mujer ya entrada en edad con un amplio vestido de seda se acercaba a un joven muchacho que apenas había salido de la academia militar. - Gerard, debes brillar por encima de todos los demás. ¡Lanzarte al combate sin miedo! Destacar incluso en desventaja. Así, te harás famoso, ya lo verás. ¡Debes honrar a nuestra casa! - El muchacho no hizo más que asentir con la cabeza, en silencio. Como hacía siempre.

Y así ocurrió. En primera línea, no en la retaguardia, se lanzaba siempre primero. Estuvo a punto de caer en muchas ocasiones, y fue alcanzado por fuego, relámpago, ráfagas de viento cortante e incluso magia negra. Pero nunca desfalleció, por mucho que le hiriesen, lo que acabó concediéndole aquello de lo que su madre siempre intentaba convencerle.




- Muchos de mis antiguos compañeros de armas eligieron el arco como arma principal. - Posó tres de sus dedos sobre su nariz, indicando fatiga mental. - Pero se esperaba mucho de mí. Elegí estar en primera línea para cumplir esas expectativas. Sin embargo… - Volvió a mirar su superficie, esta vez entrecerrando un poco los ojos. - Espero poder retomarlo algún día. - ¿Llegaría la época en la que pudiese luchar con menos en juego? ¿Saldría con vida de su misión, siquiera? No había manera de saberlo.

Apretó el puño derecho. ¿Romance? ¿Cómo iba a pensar en cosas como aquellas, tras lo que le había hecho a su familia? ¿Estando su reino en peligro? ¿Casarse y vivir despreocupado como si nada? No iba a arriesgar a traer la mala fortuna sobre otra persona, como había hecho antes. No sin antes arreglar la que había creado él. No sin antes salvar su reino.

Tras volver en sí, se giró hacia la chica. - Disculpad. Divagaciones mías del pasado. - No importaba lo lejos de estaba de casa; siempre le perseguiría. Para despejarse, decidió centrar su mirada en ella. - ¿Por qué elegisteis vos el hacha, Alanna?
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Alanna el Mar Sep 19, 2017 6:35 pm

Para mayor rubor suyo, que no era precisamente poco, el entuerto que les creó Edmond no hizo sino tornarse más bochornoso con el intento de explayarse por parte del caballero. Valiente intento de dialéctica la que enseñarían en la academia militar de Grannvale… Alanna se giró él, blanca como un fantasma. —¡S-sir Gerard…! —Su voz, más sonando a un sollozo distorsionado por la desazón, se debatía entre los límites de la suficiencia y el ruego. ¡Dioses! Lo que fuese con tal de que pudiese desenterrar su rostro enrojecido del refugio que encontró entre sus manos.

Lo importante que habían conseguido sobrepasar ese dichoso contratiempo. O no, porque ya estaba temiendo por la famosa lengua suelta de este hombre y la de entuertos que le caerían encima como corriese el rumor de que estaba saliendo con… ¿un caballero hecho y derecho, además de ducho en empuñar la lanza? Pensándolo mejor, ¿y si resultaba que ese dato acabase ahuyentando más problemas de los que atrajese? Por supuesto, con “problemas” se refería al típico atajo de guerreros babeantes con los que tenía que lidiar en sus encargos. Si a Gerard no le importaba, pues…

¡No! ¿Pero qué forma de desvariar era esta? Se dio un golpecito en la frente, incrédula consigo misma.

Una vez estuvieron a solas y libres de los malos chistes de Edmond, no pudo sino exhalar por la nariz y componer una sonrisa rendida al ver a Gerard tan enfrascado en toda la artesanía que la herrería exponía a sus visitantes, toda una delicia para los entendidos. «Hombres…», daba igual que fuesen mercenarios sometidos al poder del oro o caballeros de alta alcurnia. Las armas poseían una especie de magnetismo que los atraía y embelesaba con su presencia. ¿Ella? Puede que en sus breves comienzos se interesase un poquito por el mundo de la armería debido a las novelas de aventuras y a las historias de… Hellen. Un imperceptible suspiro se le escapó y mezcló con el tronar de los martillos.

Se acercó a su compañero, curiosa, al notar que el objeto de su fascinación era un precioso arco platinado. Edmond y sus muchachos se habían esmerado bastante en esa pieza, la verdad. —¿Sabéis usar también el arco? Tengo entendido que no es un arma fácil de dominar. —Pardiez si no lo era. En su primer intento empleándolo se acabó cortando la palma con la cuerda, como una cateta. Sin embargo, Gerard acabó revelándole que su interés por el arma radicada en sus compañeros que se adiestraron en su uso. ¿Y en su caso? Que se esperaba mucho de él. Una cruel y desagradable opresión en el pecho la invadió al escuchar esas palabras que, tristemente, marcaron un antes y un después en su vida.

Un antes en el que se odiaba a si misma por permitir que otros decidiesen lo que se esperaba de ella. Y un después por no saber con exactitud que se esperaba de alguien que no hacía más que huir de su pasado.

Gerard la sobresaltó en mitad de su pesar y ella se pasó la mano por el cuello. —No os preocupéis. Es normal que echéis en falta a vuestros camaradas tras tanto tiempo fuera. —Irónico que ella llevase cerca de dos años sin verles las caras a sus familiares y desease con todo su ser no volver a hacerlo. ¡Qué más dará! Para ellos no era más que basura, la oveja negra de la familia. Seguro que eran bien felices sin un lastre como ella. «Alanna, déjalo estar…», sí, tenía que volver a cerrar el dichoso baúl de su monstruosa parentela y mostrarle a Gerard su mejor sonrisa—. ¡Oh! En ese caso, ¿podríais instruirme en las nociones básicas cuando lo retoméis? La práctica se hace más llevadera si es con un compañero.

Entonces, una expresión divertida le cruzó el rosto ante aquella… —Interesante pregunta, Sir Gerard. Más yo no elegí el hacha. —Cruzó las manos por detrás de la espalda, e inclinó el torso hacia el joven, abriendo los ojos de par en par y poniendo una voz grandilocuente—. Fue el hacha la que me eligió a mí. —Se llevó una mano a la boca, tapándosela mientras reía como una niña—. Disculpadme, pero es que necesitábamos una forma de animar el ambiente. Ahora en serio: realmente no es que eligiese el hacha por tratarse de una opción predilecta. Es solo que… era lo que se adecuaba a mis capacidades. —Se encogió de hombros—. Desde pequeña siempre he sido muy revoltosa. Enérgica sería también la palabra adecuada. Fue entonces cuando mi tutora se percató de esto cuando trataba de adiestrarme con la espada y me decía que era demasiado “vigorosa” para blandirla. En mi defensa diré que tampoco me acabé sintiendo cómoda con la espada. Pero en cuanto cerré mis dedos en el mango de un hacha… —Se abrazó a sí misma, risueña—. Oh, fue sentir que por una vez en mi vida podía liberar toda esa energía dentro de mí. Que podía ser capaz de todo y mucho más. —Siempre se acabó preguntando por qué en ninguno de sus libros de caballeros valerosos y diestros en la esgrima se decía que el hacha fuese tan gratificante de empuñar. De normal, solía asociarse a los bandidos por tratarse de un arma barata y basta. Tonterías. Muchos escritores deberían probar a blandir una y que se les quitasen esos prejuicios.

No es un arma muy apropiada para una mujer, ¿verdad? Bueno, he aprendido a vivir con ese tipo de críticas. En especial desde que mi fami… lia… —La lengua se le atoró en cuanto se dio cuenta, horrorizada, de lo que estaba diciendo. De lo que estuvo a punto de confesarle. Cielos, pero… ¿Cómo? Y… ¿por qué iría con intención de hablarle de su familia? Nunca antes le había ocurrido, y con muy buenas razones por mantener oculto su mayor secreto y vergüenza. ¿En qué punto su guardia bajó tanto con este chico para hablarle con tanta familiaridad como a… a Hellen?

Carraspeó, en un intento de disimular. —Olvidadlo, creo que no sois el único que está divagando. —Les debía muchísimo a él y a Corrin, eso era innegable. También se estaba dando cuenta de que hablando con Gerard sentía que lo estaba haciendo con un igual, con alguien con quien no necesitaba alejarse y se entendía después de lo que vivieron en aquella aldea. ¿Desde cuándo estaba intentando acercarse a alguien de esa forma desde  que perdió a su única amiga? Tenía que decir algo. Ya. Se estaba quedando demasiado tiempo embobada delante de él —. Por cierto, Sir Gerard, ¿qué me podéis contar de vuestra vida como caballero en Grannvale? Seguro que allí os tienen en una alta estima por vuestro cometido al servicio de Naga, y vuestra familia estará orgullosísima de una persona tan diligente como vos.

Eso es. Seguro que Gerard se sentiría en su zona de confort si le preguntaba acerca de la profesión que tan enorgullecido le tenía. Y debía admitir que le picaba la curiosidad; gracias a los libros y a cierto “caballero” estaba fascinada con su mundo exuberante de epopeyas y heroicidades. Estaba convencida de que no había hecho mayor acierto preguntándoselo.
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Gerard Van Reed el Jue Sep 21, 2017 5:03 pm


- La formación de un caballero es extensa. Nos adiestran en todo tipo de armas y tácticas. - Espada, hacha, lanza, arco, ballesta… todas y cada una de las armas físicas. Por supuesto, Gerard había perdido su toque con todas ellas, aparte de, por supuesto, la lanza... y el arco, que siempre le había cautivado.

De haber estado solitario, se habría perdido en el tacto de la plata, a la que había estado tan acostumbrado en el pasado. Y Alanna le acababa de sumar otra razón a su deseo. - Sin embargo, no tomo el arco desde mis días como cadete. Me temo que no sería capaz de enseñaros más que las nociones, pero… - Se giró hacia ella, asintiendo con la cabeza. - Me encantaría entrenar con vos en un futuro, Alanna. - Gerard no estaba en un viaje de ocio; su misión era muy importante. Pero sin duda, de cruzarse sus caminos, o de seguir por la senda juntos un poco más…

La conversación tomó un rumbo diferente entonces. —. Fue el hacha la que me eligió a mí. —  ¿Había reído Gerard alguna vez?  Misterios de la vida. Después de todo, había un motivo detrás del rumor que habían creado sus compañeros de oficio sobre él; romper su seriedad podía ser el más arduo de los desafíos. Y sin embargo, el caballero exhaló una bocanada de aire acompañada de una sonrisa, sin llegar a una risa ahogada. Más bien un suspiro humorado. Se llevó una mano a la cintura y la escuchó mientras mantuvo una leve sonrisa esbozada.

- Parece que no habéis cambiado, entonces. - De haberla visto ondeando un hacha y formando un alboroto de buenas a primeras, sin saber sus intenciones, probablemente la impresión que tendría entonces sobre ella sería muy diferente, pues el caballero se irritaba con facilidad ante los individuos que no mantuviesen la integridad de un ambiente apaciguado. Pero la misteriosa finura de Alanna la ponía entre los umbrales tolerables. - Y no os preocupéis por las apariencias. De no haber sido por vuestra hacha, no estoy seguro de que hubiésemos salido vivos contra aquellas tropas acorazadas. Va a juego con vos. - Asintió con la cabeza hacia ella. La verdad es que el hacha hacía juego con ella; la experiencia que relataba era una imagen que le resultaba de suma facilidad imaginar. Y... no se habría imaginado que fuese de las que se preocupasen por las apariencias físicas.

Mas la conversación sobre sus queridos utensilios de guerra pronto llegaba a su fin, pues Alanna dejó escapar un verso misterioso. Un fuego cuyo humo dejaba entrever lo que probablemente sería un pasado complicado, a juzgar por el refinado hablar de la doncella y su curiosa elección de oficio. Por supuesto, indagar sería terreno prohibido, pues no era de su incumbencia.

Y él podía entender cualquier reserva que pudiese tener. Al fin y al cabo, él también tenía un pasado complicado. Uno en el que la joven chocó justo a continuación. Sus palabras, aunque curiosas e inocentes, provocaron que le cambiase totalmente la cara al caballero, inicialmente incapaz de ocultar el pesar que fue reavivado. - Yo… - Un susurro usado meramente para ganar tiempo mientras formulaba sus pensamientos, pensando en cómo evadir aquella situación.

Sin embargo, Naga pareció apiadarse del jinete. - ¡Ya la tengo por aquí, chico! - El castaño abrió más los ojos y desvió tanto su mirada como su mente hacia la estridente voz que había hablando antes. De la puerta trasera apareció el oportuno Edmond, portando con él una larga asta acabada en punta. - ¡Una nueva lanza de caballería! Simple, pero eficaz. - El herrero recorrió el aire de forma teatral con su palma libre, atrayendo la atención de los presentes sobre su obra. Agradecido, Gerard pagó sin rechistar el precio que pidió el herrero, mucho más que asequible, incluso para él, y sintió el peso de la nueva lanza en su mano. Era perfecta. No se había equivocado con la artesanía de aquel lugar. Ylisse podría no tener un gran ejército, pero sin contaban con esos materiales, los Custodios debían de ser una fuerza a considerar.

Ya habían acabado sus tareas allí, por lo que, recuperando el semblante impasible, se dirigió hacia la entrada, deteniéndose solo unos segundos para esperar a la chica. - ¿Vamos hacia el castillo, Alanna?

Gerard no conocía la ciudad. Sin embargo, no era difícil alzar la vista, posar los ojos en aquel gran castillo a lo alto de un acantilado, y deducir el camino considerando que había una calle principal que dividía la ciudad. Por lo tanto, empezó a caminar hacia allí, esperando que la chica le siguiese. Por el camino, eligió bien sus palabras para no preocupar a la joven; por suerte, se habían alejado ya de la zona comercial, por lo que no le fue necesario alzar la voz. - El destino me ha llevado a Akaneia, lejos de mi país natal, a pesar de estar en guerra, porque… mi situación en Grannvale no es la mejor que uno podría imaginar. - Se giró nuevamente hacia ella y asintió con la cabeza. - Mas mi esperanza es que mejore con esta misión. Después de todo, durante mi viaje he averiguado información de suma importancia. - ¿Haría la diferencia en la guerra? Lo dudaba, y mucho. Pero sin duda, de algo serviría lo aprendido con sangre, sudor y desasosiego.

Poco faltaría ya para llegar al pie de la gran fortaleza conocida como la casa de la familia real de Ylisse. El lugar que más recordaría los vestigios de su pasado a Gerard. El cénit de su carrera... y su caída.
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Alanna el Vie Sep 22, 2017 7:16 am

¿Qué podía decir? Sus palabras, gestos y sentimientos en el aire. Todos combinados y conjugados con el ulterior fin de apartar de la mente del caballero las preocupaciones que lo azotasen. Y lo estaba consiguiendo con unos resultados que ni ella misma lograba concebir. Temió por unos instantes que Gerard, con ese carácter reservado, sería de esos lobos solitarios que prefería la soledad a la hora de practicar. Sin embargo, fue recibir una afirmativa a su propuesta de entrenar juntos algún día y creyó que su sonrisa debió adoptar un semblante bobalicón por lo mucho que la ensanchó.

Y se rió. ¡Se rió! ¡El estoico caballero con su inamovible semblante serio! Bueno, realmente se trató de un intento de risa que acabó en un resuello, pero una risa, a fin de cuentas. Casi le entraron ganas de agradecerle a la diosa el conseguir semejante logro, tan ufana y divertida que no cabía en sí del gozo. —Lo admito: no he cambiado para nada. Mi tutora solía decirme que esa era mi mejor baza, así que no me arrepiento de ello —reconoció, medio orgullosa y medio vergonzosa. Gerard incluso se lo corroboró con su destreza contra aquellos silentes blindados—. Blandir un hacha no será el arte más refinado en el mundo de las armas. Pero si vos lo decís, con mucho gusto esta dama aceptará vuestro cumplido. —Y acabó con una reverencia elocuente, girando el brazo e inclinando el torso hacia delante.

Pero las risas, las promesas de futuros entrenamientos, las agradables vibraciones en el aire… Eran todas tan frágiles como los pétalos de una rosa. ¿Cómo podía ser posible que doliese tanto que se quebraran con tan suma facilidad? ¿Y cómo pudo ser ella tan estúpida de destrozar ese momento? Lo supo en el primer momento que algo no anduvo bien, cuando el rostro de Gerard se torció por completo con una pregunta que creyó inocente al conjugarla. Preocupada por su reacción, Alanna le acercó una temblorosa mano sin llegar a rozarle. —¿Sir Gerard…? —Un sucinto mascullo fue lo único que obtuvo por su parte. Y ella empezó a notar una profunda aguja de angustia clavarse en su pecho.

Entonces, una vigorosa voz irrumpió entre ellos dos, librándoles del trance. Edmond sería el herrero más ruidoso y falto de tacto que hubiese conocido en toda Ylisse, pero dioses si no agradeció por una vez su oportuna intervención. Como si en una obra de teatro estuviesen, se limitó a seguir el curso del acto y exclamar una exagerada ovación y junto las yemas de los dedos con exquisitez ante la pieza que el hombre empuñaba. Las lanzas eran un tema que se le escapaba en parte de sus conocimientos armamentísticos, demasiado distantes de la forma de agarre y maniobrabilidad de las hachas y espadas. Sin embargo, sabía reconocer cuando una talla y refinado de un arma eran dignos de elogio. Sobre todo si ella misma estaba satisfecha con lo que le solía proporcionar el herrero. Se podía decir lo mismo de Gerard, satisfecho tanto en elaboración, como en precio. Sí, eso era lo que importaba en esos momentos, ¿no?

El castaño apremió en adelantarse a la puerta del local y solicitar marchar a su próximo destino. —Claro. Cuando vos estéis listo. —Asintió y apretó los labios en una fina línea; su expresión seria volvió a aparecer, justo en su lugar predilecto. ¿Y de qué se quejaba? ¿Acaso prefería verle otra vez tambalearse de congoja por su culpa? Ya podía dar gracias a que Gerard quiso omitir el incidente y seguir adelante. Pero dolía. Su sonrisa era como una brisa refrescante. ¿Cuánto haría de la última vez que le levantó los ánimos a alguien y este la correspondió con una risa tan sincera?

Antes de abandonar la herrería, Alanna se volteó y le dio las gracias a Edmond por su trabajo. Pero claro, este tuvo que lanzarle aquella pícara sonrisa mientras intercambiaba su mirada entre el caballero y ella, para luego guiñarle el ojo. Entornó los ojos y, con un relincho cansado, se despidió de él.

El trayecto hacia el castillo era fácil de deducir incluso para un extranjero, pues uno no tenía más que seguir cuesta arriba, en dirección al lustroso edificio de alabastro que descansaba en el punto más alto de la ciudad. Gerard caminaba con paso continuo, pero permitiendo que le siguiese sin necesidad de que tuviese que apresurarse. Alanna no se atrevía a romper el silencio, inmersa en sus desorganizados pensamientos con los que trataba de buscar la forma de disculparse por su estúpido atrevimiento. Hasta que el otro fue el primero en intervenir: Grannvale se hallaba en problemas, pero de alguna forma, él se hallaba en problemas con Grannvale, o eso quiso entender ella con sus palabras. Comprendió, entonces, que el peso de su misión era arduo doble de lo que supuso en un principio. Alanna cabeceó y apretó los puños con impotencia. El dolor lacerante que le produjo su inoportuna cuestión también se dobló.

Y allí las tenían. Las altas murallas blancas que protegían la Casa de Ylisse. El lugar desde el que la regente gobernaba con toda su bondad y sabiduría el reino. El lugar desde el que “su” príncipe comandaba al batallón que salvaguardaba el país. Y también el lugar donde se encontraría la radiante doncella que se apiadó de ella y salvó de su inminente caída. Era tan complicado… Quería saber que sería de estas dos personas que, sin saber cómo, el destino quiso poner en su camino. Pero también temía el volver a acercarse a ellos, pues ese ya era un derecho del que no era merecedora desde hace tiempo atrás.

No. El pasado debía quedarse donde pertenecía: en el pasado. Ahora tenía un presente que debía atender, uno en el que tras una eternidad podía creer confiar en alguien más que no fuese ella misma. Cerró los ojos, dejando que los vientos que soplaban de la cumbre de Ylisstol la acariciasen y se llevasen las dudas que la apabullaban, lejos de allí. Una vez los abrió… —¿Sabéis? La auténtica razón por la que no vengo a Ylisstol más a menudo es por los amargos recuerdos que las calles y edificios todavía guardan de un pasado del que no me siento orgullosa. Me resulta imposible evitar que vuelvan a atormentarme, como espectros rencorosos, cada vez que me atrevo a poner un pie aquí. —Se volteó hacia Gerard, con unos amplios ojos fulgurantes—. Pero hoy ha sido… distinto. Los espectros seguían ahí, irremediablemente, pero sus voces eran distantes. Los sentía lejos, incapaces de causarme más daño. Tras una eternidad que se me ha hecho insoportable, creo que no me había divertido tanto visitando Ylisstol. —Le mostró una amplia sonrisa. Quizás, la más radiante y sincera que esbozó en todo el día—. Por eso os quiero dar las gracias de corazón, Sir Gerard. Por brindarle a esta humilde dama vuestra compañía y la oportunidad de volver a disfrutar de algo tan placentero que ya creía olvidado.

Suspiró, largo y tendido. —Pero vos ya habéis hecho demasiado por mí, el otro día en la aldea, y hoy aquí. Por eso, os pido que si hay algo, cualquier cosa, que pueda hacer por vos para ayudaros en vuestra gesta por mis tierras, o para facilitaros la pesada carga que lleváis en vuestros hombros, permitidme hacer lo que esté en mi mano para que se haga posible.
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Sep 23, 2017 5:46 am


El castillo de Ylisstol. La que sin duda debía de ser una de las joyas del reino, construido por todo lo alto, literalmente, que podía verse desde cualquier rincón de la ciudad. Sin duda, allí vivirían el Príncipe Chrom y la Venerable Emmeryn, los dos gobernantes que Alanna había mencionado. Lo miró con melancolía. El castillo real… ¿Cuántas veces se había preguntado los últimos dos años cómo sería su vida entonces si en vez de haber elegido luchar por la iglesia se hubiese decantado por la guardia real? No habría tenido la confrontación con las autoridades del clero, ni habría sido su marioneta para esparcir falsa propaganda, ni su familia habría acabado cayendo tras tantas generaciones de estabilidad.

Estaba a punto de perderse nuevamente en estos pensamientos, hasta que la chica habló. Nostálgicas notas que recalcaban lo que Gerard había estado sospechando desde la primera vez que se encontraron. Un pasado misterioso, del que huía. ¿Un error? ¿Una pérdida? No había forma de saberlo. No pudo hacer más que perderse en las palabras de la chica por casi un minuto, reprimiendo fácilmente el afán de indagar más sobre ella.  - “Espectros rencorosos”… - Se quedó con la boca y los ojos entreabiertos, mirando primero a la chica y luego posándose de nuevo en la obra de arquitectura que tenían delante.

Sus espectros tampoco habían aparecido aquel día. El viaje a caballo, la entrada a la ciudad, la compra en la herrería… simples actividades, poco más que banales a largo plazo, en las que había logrado evadirse, darse un descanso. Paz. ¿Por qué no podía haber más días como aquel?  - Tenéis una lengua de plata, lady Alanna. - Era de alta cuna, al igual que Corrin e incluso él mismo. Ya no le cabía duda. Tras curvar unos grados las comisuras de sus labios en una de sus casi imperceptibles sonrisas, inclinó la cabeza a modo de respeto y agradecimiento. ¿Y ella le daba las gracias por la velada?

- Acordé viajar con Corrin durante mi tiempo en Akaneia, protegerla para darle las gracias por nuestro primer encuentro. - Se cruzó de brazos, recuperando la seriedad. - Mi empresa requiere combatir contra los emergidos para averiguar más sobre ellos y obtener intelecto que nos ayude a acabar con la amenaza en mi país. Ya habéis visto su poderío; no querría que os vieseis envuelta. - Negó con la cabeza y dejó unos segundos de espera, en los que levantó una ceja. Esa oferta que había hecho… ¿por qué no? - Sin embargo, tenemos un hueco para una poética y enérgica, casi hiperactiva aventurera… - Ah, la tan escasa ironía del caballero, en aquella ocasión usada para dar menos importancia a lo siguiente. - Si no os importa trabajar gratis una temporada. - Dijo esto último frotándose la mejilla con el índice, avergonzado por tener que reiterar en su situación económica.

¿Qué aventuras les esperaban a ambos, juntos o por separado? Solo el destino lo sabría. Por entonces, únicamente contempló una vez más la bella ciudad que acababa de visitar, mientras su mente divagaba por enésima vez.

No había día en que no se recordase a sí mismo que aquel había sido el mayor error de su vida. Cuando despertaba y cuando se iba a dormir, su pasado se le aparecía en imágenes. Pero… pese a todo, había habido cosas buenas en su senda, pequeños detalles que no le hacían caer en la monotonía o, peor, en la desesperación. Aquellos versos casi poéticos que había vociferado le hicieron darse cuenta de esto. Por ejemplo, haber podido conocer a gente como la chica que estaba a su lado.
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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Alanna el Sáb Sep 23, 2017 1:54 pm

Solo después de terminar de hablar, fue cuando lo pensó: ¿se habría excedido? Lo único que quiso fue, de un modo u otro, expresar lo que se estaba guardando para ella. Sincerarse y compartir con Gerard que no era el único que se sentía afligido por cargas del pasado. Que no estaba solo. Pero quizás fue demasiado explícita y retórica por la cara de absorto que el caballero compuso. ¡Oh, dioses! ¿Pero cómo pudo ocurrírsele que…?

- Tenéis una lengua de plata, lady Alanna. - Sin embargo, la siguiente que se quedó absorta fue ella. Abriendo los ojos como platos, se volteó con suma lentitud y alzó la cabeza, boquiabierta, hacia el joven. Cabía decir que su comentario la dejó total y absolutamente desarmada. Más, pese a que el inesperado halago caló hondo en su ser, las auténticas responsables de que algo palpitase en su pecho fueron esas dos efímeras curvaturas situadas en los extremos de los labios de su acompañante. Ah, ¿por qué le costaría tanto mostrar una sonrisa a este caballero? Con lo pura y tierna que era… —Yo… —Exhaló un intento de risa cansada y negó con la cabeza—. Exageráis, Sir Gerard. Tan solo soy una charlatana con una lengua demasiado suelta.

Le escuchó relatar el pacto que tenía con Corrin durante su periplo por Akaneia y su inevitable misiva con los silentes de ojos rojos. Decía no querer inmiscuirla por su peligrosidad y, ¿por qué no iba a hacerlo? Luchar contra los emergidos era un asunto demasiado serio para que alguien se estuviese haciendo el héroe. Dos veces que se enfrentó a ellos, y dos veces que logró mantener su cabeza pegada al cuello. Mentiría como una bellaca si dijese que ardía en deseos de volver a repetir una experiencia en la que se jugaba la vida. Pero, ¿por qué los encaró en primer lugar? Para jugar al papel de la heroína no, desde luego. ¿Para ayudar a su país, como Gerard? Ylisse era su tierra, su hogar, pero luchar por la nación era una enmienda que le venía harto titánica. Quizás si tuviese el valor de mostrarle al mundo quien era en realidad, no le hubiese importado declarar que amaba su patria lo suficiente para combatir en su nombre.

Oh, no. Ella lo hacía por una razón mucho más simple. Cuando Gerard la llamó poética, enérgica y “casi” hiperactiva, lo recordó. Se le acercó hasta tenerle a poco más de un palmo, poniéndose de puntillas para contrarrestar en parte la diferencia en altura y dedicándole una pícara sonrisa. —Así que casi hiperactiva, ¿eh? Bueno, disculpadme por reaccionar de aquella forma cuando un valiente y noble caballero me llevó en brazos porque estaba sola y desatendida —dijo eso con un tono risueño y volvió a distanciarse un poco para no invadir su espacio personal más de lo debido. Luego, posó las manos sobre su cintura y retomó un semblante afable—. Y claro que no me importará trabajar gratis si se trata de Lady Corrin y vos.

Una mercenaria que no formaba contrato alguno ni exigía el mínimo diezmo a cambio de sus servicios. Una mercenaria mediocre, al fin y al cabo. Pero, eh, ¿en qué parte estaban escritas las normas por las que se debe regir un mercenario?

Ella era la única que podía decidir por qué luchar: por no volver a cometer los mismos errores, por no volver a ser el peón de nadie. Por Hellen. Y ahora, por personas como el joven hidalgo que eran capaces de hacerla ver la belleza de cosas en las que antes era incapaz. Porque, desde luego, nunca antes contempló una vasta Ylisstol tan resplandeciente como aquella.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Mercenary

Cargo :
Mercenaria

Autoridad :

Inventario :
Hacha de bronce [1]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
674


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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 28, 2017 12:18 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen +1 EXP.

Se procede a la tirada gratuita del dado Suerte, cuyo resultado será la recompensa para ambos.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3823


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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

Mensaje por Narrador el Jue Sep 28, 2017 12:18 am

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Suerte' :
Support :
None.

Experiencia :

Gold :
2703


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Re: [Social] Nobles corazones caídos [Gerard y Alanna]

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