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[Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

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[Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Lun Sep 04, 2017 7:07 am

Continuación directa de La dama del lago

¡Querido tío! ¡Querido tío!

Ilusionada con volver a ver a mi tío y contarle todo lo que aprendí en Grannvale, lo primero que iba a hacer tras volver a Rausten era informarle de todo. De todas las maravillas que pude aprender y también de que debíamos enfrentarnos a los emergidos.

Quién me iba a decir que, cuando llegué a la sala del trono, ahí estaría mi tío, cubierto de sangre y con una espada sobresaliendo de su pecho. Grité, deseando que esto no fuera más que un mal sueño. Un mal sueño que se acabaría si gritaba lo suficiente. Más y más emergidos se me acercaban con sus armas. Cerré mis ojos con todas mis fuerzas.

¡AHHHH! – el gritó que emití en cuanto desperté de mi cama fue solo opacado por el intenso dolor de mi hombro. Suspiré aliviada. Se trataba de una pesadilla. Basada en algo real, mas una pesadilla al fin y al cabo.

Como no había nadie, con cuidado me levanté de la pequeña tienda en la que se encontraban los heridos, como yo misma. Al salir del lugar, pude ver que allí estaba el comandante Jochum, mirando al suelo con cierto aire de tristeza. – ¿Sucede algo? Logramos exterminar a los emergidos, ¿no es así? – sin embargo, ahí estaba él, completamente deprimido. – Sí, efectivamente. Me alegra veros consciente, clériga. Sin embargo, hemos tenido muchas bajas. Acompañadme. Es necesario que vos veáis esto.

Desconociendo lo que vería, la inocente de mí fue hasta el lugar donde estaban todos los cuerpos, tapados. El comandante Jochum se detuvo frente a uno de ellos. – Este hombre era vuestro compañero, ¿no es así?

Aquellas palabras me punzaron el corazón. ¡No! Recuerdo perfectamente que él había sobrevivido. Recuerdo perfectamente que él había sido quien salvó mi vida. ¡Es mi último recuerdo! No debe ser él. Debe ser otro… Debía serlo…

Sin embargo, tras quitar la tela que lo cubría, me quedé completamente paralizada. No… No podía ser… Pero, ¡si estaba bien! ¡Tenía que haber sobrevivido! ¿Por qué? ¿¡Qué sucedió!? – Parece ser que murió protegiéndoos – mas ni siquiera preste atención a lo que decía. Estaba demasiado atareada llorando y llorando sin parar.

¡NOOOOOOO!

Y, con ese grito, uno de los soldados se giró hacia mí. Era… ¿otro sueño? No quería asegurarme de ello. ¿Qué garantía tenía yo de que así lo fuera? ¿Qué garantía tengo de que esta vez sea lo real? El brazo me duele exactamente lo mismo que antes. ¿Quién me dice que esto no sea más que otro sueño? ¿Quién me dice a mí que no esté teniendo otra pesadilla?

Pero lo que hizo que mi compostura se derrumbase por completo fue ver a aquel hombre que antes había visto muerto. ¿De verdad era él? ¿De verdad... está vivo? – Sois vos, ¿no, sir Gerard? – me moví lentamente y llevé mi mano hacia él. Era la misma calidez que sentí antes. Y quizá fuese por esa misma calidez que ya no pude contener más las emociones. Mi cuerpo temblaba, mas no sentía miedo. La felicidad que sentía porque todo fue un mal sueño no tenía parangón. Me alegraba de veras por verlo con vida. Me alegraba que al menos hubiera podido salvar la vida de alguien que había luchado por salvarme. Me alegraba haber sido útil... – Gracias... gracias... – intentaba hablar, pero estoy convencida de que el hombre ni siquiera podía entender lo que decía. – Gracias por vivir...

No sé cuánto tiempo sucedió, pero lo cierto es que estuve actuando de forma vergonzosa para una princesa. Debía moverme por el orgullo y el honor que se esperaba de mí, mas aquí estaba. Había llorado de felicidad por la simple coincidencia de que un hombre que fue a protegerme no había muerto por mi causa. Y así estuve hasta que me tranquilicé. – Siento que hayáis tenido que ver esto. He tenido un sueño muy desagradable – confesé, aunque no tenía intención de decir nada.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 05, 2017 11:39 am


La fatiga se hacia notoria tanto física como mentalmente en el caballero situado en la gran carpa blanquecina que servía de centro de atención para los heridos de la intensa batalla de hacía unas horas. La amplia presencia de clérigos en el oficio militar de Grannvale no hacía que el entero sistema fuese impecable, como creyó una vez, sino que acarreaba ciertos “problemas”, tal y como había podido comprobar en su pasado. Aún así, en situaciones como aquella lo agradecía, ya que aseguraba que los malaventurados en la guerra tuviesen los cuidados médicos necesarios.

Sin embargo, la inquietud pronto se sumó a la incomodidad de Gerard, pues la persona por la que se encontraba velando, a pesar de estar fuera de peligro, parecía estar sufriendo intensamente en su reposo. ¿Qué podía hacer él salvo observarla con impotencia, torturándose por el pensamiento de que una joven tan noble se hubiese visto arrastrada a un conflicto ajeno? Había hecho todo lo posible por protegerla de aquel colosal enemigo de ojos rojos, pero como hacía ya años, a Gerard le daba la impresión de que su diligencia raramente daba frutos. El desasosiego en él crecía y crecía, pues le daba la sensación de que por más que lo intentase, la gente a su alrededor sufría. A la práctica, estaba convencido de que estaba fracasando en su deber. Ni siquiera tenía el valor de tomar la mano de L'Arachel para hacer saber a su subconsciente de que no estaba sola.

Los pensamientos del jinete, sin embargo, se interrumpieron de golpe por la manera en que la joven despertó, de repente, de un bramido. Se giró e inclinó enseguida hacia la chica, que aún descansaba en su camilla, desconsolada... ¿buscándole? Fue entonces cuando sintió la calidez de sus delicadas manos en su rostro. - Milady... claro que soy yo. - No supo muy bien cómo reaccionar, pero le conmovió instantáneamente, tanto que le costaba mantener su habitual semblante taciturno.

¿Tan preocupada había estado por él? Estaba incluso... temblando. ¿Qué se suponía que debía hacer un caballero en esa situación? El manual militar no decía nada al respecto, solo le vinieron a la mente banales conversaciones sobre el romance que había tenido con compañeros y sus hermanas. Y sin embargo, su reacción inmediata fue la de mover los brazos hacia delante, en un ademán de querer sostenerla para darle apoyo, pero por alguna razón, vaciló. ¿Sería realmente lo apropiado? Aquella joven había demostrado siempre tanta fuerza y obstinación que le costaba hacerlo, pensando que no sería lo adecuado en un momento de debilidad por parte de la clériga.

Sin embargo, esta vez sí lo hizo. Repitió una acción ya realizada hacía solo unas horas: tomó con suavidad la mano de la chica entre las dos suyas. - Gracias a vos por velar por mí, tanto en el pasado como en el presente, milady. - La miró a los ojos con honestidad. Esperaba que al menos ese acto, por pequeño que fuese, ayudase a L'Arachel a superar aquel mal momento que estaba sufriendo, por poco que el caballero lo entendiese. Eso y, como tan pocas veces hacía, esbozar una ligera pero sincera sonrisa hacia ella.

- No hay nada que disculpar, debéis de haber pasado por mucho. - ¿Qué desdichas habría sufrido ella, como para encontrarse envuelta en una terrible guerra en un país que no era el suyo, a tan corta edad? ¿Para tener una pesadilla tan terrible como la que su subconsciente parecía haber generado? No podía sino especular al respecto.

Fue entonces cuando reparó en el origen de aquella pequeña perturbación detectada con su sentido del tacto al sostener su mano. Un anillo reluciente de un signo que, por alguna razón, le era extrañamente familiar, pero cuyo origen, aún así, no pudo identificar. Sin embargo, algo así no era importante en ese momento; solo que ella se recuperase, tanto en cuerpo como en alma. Es por ello que, pasado un tiempo que consideró suficiente, al menos hasta que ella se hubo aparentemente calmado, liberó su mano.

- Seguís estando herida, por lo que no hagáis movimientos bruscos, por favor. - Hizo ademán de levantarse.- Si necesitáis reposar más, puedo salir a hacer una ronda. - Añadió. Quería hablar de tantas cosas con ella: preguntarle su origen, qué hacía allí... pero era más importante su salud, así como darle tiempo, pues por alguna razón, sentía que estaba invadiendo su privacidad.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Mar Sep 05, 2017 8:00 pm

Por muy tentadora que fuese la opción de perderme en el tacto ajeno, lo cierto es que no lo podía hacer. No importaba lo cálido que sintiera la mano del caballero, no podía permitirme cejar en mi misión. Todo esto no era más que un momento muy concreto de mi debilidad… Debilidad de mi corazón que me indica que debo hacer lo imposible por proteger a este soldado. Mas debo recordar mi posición. Soy la princesa de Rausten. Ese título, por muy destruido que esté mi país, es uno que no debo olvidar. Como la única de la línea de sangre, es mi deber exterminar a estos seres del averno conocidos como emergidos. Centrarme en proteger a unos pocos solo por sentirme próxima a ellos es una cosa que no puedo permitirme hacer. Y si para ello he de realizar acciones que en circunstancias normales no haría, entonces que así sea. Haré lo que sea por cumplir mi misión. – Por favor, olvidad lo sucedido. No ha sido algo propio de mí. Aunque os agradezco el cariño mostrado, eso sí.

Después de ya tranquilizarme del todo, sir Gerard sugirió ir a hacer una ronda. Negué con la cabeza cuando dijo que debería descansar. – No, sir Gerard. Si bien es cierto que no soy originaria de estas tierras, mi misión como clériga está por encima de todo esto. Debo conocer el estado de los heridos y saber si hay algo en lo que pueda asistir a los médicos.

Lo cierto es que todavía me dolía el hombro, pero el dolor era minúsculo en comparación con anterioridad. Ello permitió que pudiera incorporarme con facilidad. – Mientras no realice movimientos bruscos, estaré perfectamente. A diferencia de cierto caballero, soy capaz de evaluar con más exactitud mis heridas – bromeé, recordando cuando nos conocimos. –Supongo que la mejor forma de conocer el estado es preguntando al hombre a cargo... ¿Sabéis dónde se encuentra el comandante, sir Gerard?

Instintivamente, me llevé la mano al anillo. Tocarlo me tranquilizaba al mismo tiempo que me recordaba mi misión. No solamente por lo sagrado. Muy en el fondo, estoy convencida de que siento rencor y odio hacia los emergidos. Estas emociones, sin embargo, no son propias de una princesa. Debo controlarlas cuanto antes.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 06, 2017 10:40 am


Desvió la mirada cuando la joven se levantó. “Cariño”... ¿Había sido demasiado osado al hacer aquello? - Solo hacía... mi deber. - ¿Por qué no podía estar escrito todo en el código militar? Todo sería más fácil de tener un protocolo a seguir incluso en aquellos momentos.

Al menos, L'Arachel había recuperado su habitual personalidad atrevida y segura. Por mucho ese carácter dejase a Gerard incómodo al verse privado de autoridad, era más propio en ella. - He aprendido la lección. - Más o menos. En la batalla había resultado ser tan tan temerario como en su pasado, si bien había tenido el suficiente sentido común como para retroceder para que sus heridas fuesen atendidas.
 
Mientras salían de la gran tienda, dejando atrás a los heridos más graves, se mantuvo vigilante por si ella perdía el equilibrio debido a sus heridas, y entonces emprendieron la búsqueda del líder del regimiento.- El Comandante Jochum fue herido por aquella emboscada enemiga al centro de mando, pero fue atendido por los mejores clérigos.- Por supuesto, era lo normal que el comandante recibiese los máximos cuidados médicos disponibles. Sin embargo, hacía solo unas horas, recordaba cómo le gritaba a los clérigos que se encontraban sanándoles, acusándoles de incompetentes por no haberle atendido antes. Su reputación era bien ganada. - Ahora debe de estar coordinando a las tropas para el siguiente paso en la guerra.

De camino, pudieron comprobar el estado de las tropas, cuyo número se veía claramente menguado. – Aunque lo intenté negar en nuestro anterior encuentro, la guerra no va tan bien como querríamos. Si lleváis un tiempo ya en Grannvale, estoy seguro de que os habréis dado cuenta. - Ya le mencionó antes de la batalla el origen de la guerra, por lo que no era necesario añadir matices. – Sin embargo, en esta ocasión, el enemigo ha sido derrotado- Y saltaba a la vista. Por primera vez en años, pudo ver rostros esperanzadores en los fatigados e incluso a veces desesperados soldados Grannvelianos, quienes, como él en el pasado, antes de combatir a los emergidos habían creído con fervor que la derrota no era algo posible. A pesar de que la moral seguía baja, por fin podían ver algo de luz.

– ¿Las tierras de dónde venís también se hallan azotadas por la amenaza emergida, L'Arachel? ¿Podéis contarme cómo es la situación allí? - ¿Sería verdad que había países que se hallaban libres, que no habían sido invadidos? Había mencionado su “misión como clériga”. Ella se encontraba en el extranjero, por lo que cabía la posibilidad de que era procedente de uno de esos países, y en ese caso, Gerard querría saber más al respecto. Grannvale necesitaba toda la ayuda de la que podía disponer, por mucho que le costase admitirlo.

Poco tardaron en llegar a la otra gran carpa que había en aquel campamento, esta vez, una escarlata y con varios emblemas distinguidos. – Allí está el comandante.- En el exterior de la tienda, había unos cuantos hombres de alto rango, como indicaban sus armaduras, y al parecer discutiendo...
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Miér Sep 06, 2017 3:40 pm

El informe de situación de sir Gerard fue agradecido. Así que el comandante fue tratado… Me alegra escucharlo, incluso si no es más que un hombre en una posición inadecuada. Después de todo, aquella actitud que mostró hacia el caballero no tuvo como resultado otra cosa que no fuese provoca mi antipatía hacia el sujeto. Por otro lado, este mismo informe me pudo dar una pequeña confesión por parte de sir Gerard en lo que al asunto de la guerra se dice. – No es el momento para bajar la guardia, mas una victoria es una victoria – dije, intentando encajar toda la información que veía. Más concretamente, la cantidad de heridos. – Imagino que desconocéis el número de bajas, ¿no? – una victoria no significaba nada si habían logrado diezmar a las tropas. – Motivo de más para hablar con el comandante.

Y fuimos caminando que, entonces, me quedé quieta. La pregunta que hizo, muy inocente que fuera, abrió una herida en mi corazón que me había esforzado por cerrar durante todos estos años. Siempre lo había logrado con éxito, pero no pude evitar ser más sentimental esta vez. Probablemente se deba a la pesadilla que tuve hace unos pocos minutos. – Mi tierra natal, Rausten, ya no existe – fue lo primero que dije. – Jehanna aprovechó el ataque de los emergidos para anexarla a su territorio – logré explicar. – Ya no tengo un lugar al que llamar hogar. Y ni siquiera pude llegar a tiempo para ayudar a mi familia – me quedé en silencio, encajando lo que yo misma acababa de decir. – Aunque mi razón principal para viajar es una completamente ajena a no tener un hogar al que volver, así que no os debéis preocupar al respecto.

Sé que había sido demasiado zanjante con un asunto quizá demasiado sentimental. Especialmente cuando él sabe mi posición social en Rausten. Sin embargo, no debo centrarme en otra cosa que no sea sanar a los heridos dentro de lo que pueda. Así que me acerqué al comandante y esperé a que terminase de discutir con aquellos soldados. Al mismísimo san Latona pongo por testigo de que mi intención no era escuchar la conversación ajena, mas lo cierto es que pude escuchar varios fragmentos. La inmensa mayoría quejas de cómo lo dejaron solo ante el asalto de los emergidos. Deprimente. ¿Y este hombre está a la cabeza de estas tropas? Deplorable…

Cuando el comandante se nos acercó, presentó una actitud bastante negativa. Desde luego, no tenía ni la más mínima intención de ser amable. – Ah, ¡por supuesto! La estrella del espectáculo ha llegado – el sarcasmo en su voz era obvio. Se refería a mí. – Por no mencionar que ha venido con el lastre que la hace aún resaltar más. ¿Tan poco es el brillo que poseéis que debéis recurrir a dirigir mis tropas en el campo de batalla?

Creo… que entiendo a qué se refiere. Igualmente, dejaré que termine de explicarse. – Muchísimos soldados han acudido a mí preguntando por la clériga de los cabellos verdes. ¡Ninguno de ellos me preguntó a mí, su comandante, como estaba! – en su defensa, he de admitir que sus subordinados no tuvieron ninguna delicadeza con él, considerando que tenía un brazo en una escayola. – ¡Se han preocupado más por una simple campesina que por su comandante, a quien deben lealtad y obediencia! Por no mencionar que se han escuchado rumores de la valentía de ese caballero de pacotilla que os acompaña. ¡De esa basura! Si sabéis lo que os conviene, más os vale retiraros de mi campamento o…

Por favor, San Latona… Dadme paciencia para no cometer una acción inadecuada. He de contenerme… Respira hondo, L’Arachel. Respira hondo… Y no dejes que tu mano se acerque al rostro de ese comandante que de comandante tiene todo menos eso.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 06, 2017 8:14 pm


De camino a la carpa del comandante, L’Arachel comprobaba con atención a los heridos que había alrededor; si bien por el hecho de estar allí fuera sus vidas no corrían peligro, muchos de ellos sí estaban heridos. Y tal y como dijo ella, saber cuántos habían perecido sería importante: el ejército con el que contaba Grannvale al principio de la guerra era grande y poderoso. Sin embargo, batalla tras batalla se había ido menguando. ¿Cuántos soldados les quedarían? El bajo rango que había pasado a tener Gerard no le permitía saber algo así. Esperaba averiguarlo.

Y entonces, la chica se detuvo. Anotó mentalmente con mucha atención las palabras que decía, pues por fin sabría su procedencia.- Así que venís de la Teocracia de Rausten. - A pesar de que la religión de aquel país Magvelita fuese diferente, era una tierra en la que la fe y la diligencia eran de suma importancia. Podía respetar eso. Desvió la mirada, pensativo y preocupado. - Como Capitán en la Orden de la Santa Cruz, estaba al corriente del estado de los países aliados de Grannvale, mas desde que perdí mi rango, no tengo manera de recibir las nuevas de más allá del mar.- Privado de su red de contactos, su capacidad de recolecta de información actual no era más alta que la del pueblo llano, viéndose obligado a ir de taberna en taberna en busca de rumores.

Y entonces, L’Arachel le reveló una verdad terrible. Una pérdida que él nunca se habría imaginado, pues había sido demasiado raudo al teorizar que si se encontraba allí, su país se hallaba en perfecto estado: la posibilidad contraria era igual de probable. - Milady… siento mucho el haber indagado. - Pero aparte de esa banal disculpa ante tan importante revelación, no se vio capaz de articular palabras de ánimo para ella, pues ya se hacía una idea del porqué de su estado de hacía solo un rato, de su pesadilla. ¿Pero qué había hecho? Debía asegurarse de que posteriormente compensase el daño causado como es debido.

Sin embargo, por entonces eso debía esperar, pues era hora de presentarse ante el comandante. La irritación con la que hablaba superaba incluso las expectativas de Gerard. Pocas veces había visto a un oficial tan… implacable. Y frente a alguien que acababa de arriesgar la vida por otro país, nada menos. – Disculpas, milord, mas esta dama viene del extranjero y aún así nos ha prestado su ayuda… - Si lo que acababa de decir Jochum y su presentimiento durante la batalla era cierto, lo había hecho de forma mucho más notoria que incluso Gerard.

Sin embargo, hablar solo hizo que la indignación del comandante cambiase de objetivo, de la peliverde a él. - Tú. Con que un caballero errante se ha atrevido a dirigir a mis gloriosos jinetes durante la batalla. - Tras unos pesados andares, el corpulento general le observó de pies a cabeza con una mueca de disgusto, incluso desprecio, ante la cual Gerard se vio obligado a inclinarse ligeramente.

- Señor, es como decís. Excedí mi autoridad al tomar el mando de los jinetes de forma temporal. - Volvió a levantar el rostro, negando con la cabeza mientras seguía con su explicación, ceño fruncido, facciones mostrando un semblante de máxima seriedad. - Sin embargo, en ese momento la cadena de mando se había perdido, y no había ningún oficial que los comandase. ¡Hace dos años presencié lo mismo! Tomé una decisión apresurada pero necesaria, milord. ¡Por la gloria de Grann…! - Pero su frase se vio interrumpida, pues el pesado e implacable acero del guantelete pesado de aquel hombre acababa de impactar en el estómago de Gerard, el golpe haciendo que se llevase las mano al origen del dolor. - No te atrevas a invocar el nombre de Grannvale de esa forma, escoria sin honor. - El caballero reprimió toda muestra sonora del estímulo, pero se quedó unos segundos apretando los dientes, sus orbes cerrados y su corazón fragmentado por su impotencia.

- Sé quién eres, no creas que no reconozco tu cara, Van Reed. Tan creído que te lo tenías, regocijándote en la gloria, pavoneándote por las ciudades por las que pasabas. - Enseñó entonces sus amarillentos dientes, en una sonrisa pérfida y repulsiva.- Tienes suerte de que no te arreste por insubordinación. En cuanto a tu familia, sin embargo… - ¡¿Su familia?! ¿Es que volverían los rumores? ¿La difamarían todavía más? Abrió los ojos de golpe, atónito. - … no creas que no puede caer todavía más bajo. - Y entonces, una terrible y vil carcajada resonó en los alrededores, a oído de todo hombre varias decenas de metros a la redonda.

Y allí se quedó Gerard, de una manera muy impropia en él. Ni siquiera pudo reincorporarse, sino solamente bajar su rostro, intentando esconder su expresión. Sus ojos se vaciaron, perdiendo toda la luz de hacía unos minutos. Las comisuras de sus labios cambiaban de una mueca de nerviosismo a una de ira. Sus manos transformaron un notable temblor a unos puños cerrados. Su mente divagaba, pasando de recuerdos alegres de con su familia a momentos orgullosos de su carrera… hasta llegar a la humillación que tuvo que soportar su casa.

¿Por qué? ¿Por qué le daba la sensación de que por mucho que lo intentase, por duro que luchase, por diligentemente que se entrenase, no lograba nunca nada? De continuar así la cosa, debía plantearse cambiar las cosas de forma radical.  Al fin y al cabo… no podía seguir condenando a su casa de esa manera.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Jue Sep 07, 2017 8:35 am

Parecía que a sir Gerard le sorprendió saber que era de Rausten. Estoy convencida de que le dije hasta mi posición ahí… ¿Me estará fallando la memoria? Sin embargo, decidí negar con la cabeza la posibilidad. Estoy segura, mas es perfectamente posible que él lo olvidara. Pasó por mucho, después de todo. – No tenéis que preocuparos – dije – Lo que sucedió fue desafortunado, sin duda, mas lo superaré lentamente.

Pero de lo que sí que había preocuparse era del comandante Jochum. Cada vez que abría su boca era para decir una grosería. Y no iba a aguantar demasiado. ¿Honor? Como si siquiera tuviera de eso. Supongo que es por esto que Izan no soportaba el concepto que se tenía del honor.

Y lo cierto es que no pude. Para cuando yo ya me di cuenta, noté que me dolía el puño derecho, el de la mano en la que llevaba el anillo. Me llevé la otra mano por el mismo dolor. Pero lo cierto es que no fui la que acabó peor. El comandante había sido tumbado al suelo. – Como dama sagrada, no pienso consentir tal actitud ante un compañero de armas – dije. Si bien había cometido un acto negativo, pero habría sido dejarlo impune. – Ahora, me vais a escuchar, “sir” Jochum. Y ya os digo que no vais a hacer absolutamente nada en contra de la familia de sir Gerard aquí presente.

El hombre, que tenía la marca del anillo en su rostro, se levantó con una pequeña dificultad. Su rostro mostraba claramente odio. – Como si una hija de una vulgar familia pudiera siquiera decirme qué puedo o no… - y volvió a caer al suelo. – ¡¿Cómo os atrevéis?! ¡No una, sino dos veces! – a lo que ya no pude contenerme. – ¿“Cómo” me atrevo, decís? Curiosa pregunta, mas de respuesta sencilla. Sir Jochum, puedo aceptar un insulto dirigido hacia mi persona con facilidad. Me considero lo bastante magnánima como para aceptar que no seré agradada por todo el mundo. También soy capaz de comprender que haya seres cuyo intelecto deja mucho que desear. Sin embargo, lo que sí que no puedo aceptar es que en mi presencia se insulte a un tercero. Y creedme si habéis elegido a los individuos menos adecuados – suspiré. – ¡Soy la princesa de Rausten! Por mucho que mi patria haya desaparecido, ¡no pienso aceptar ni un solo insulto hacia ni uno solo de sus habitantes! ¿He sido lo bastante clara, mi comandante? Puede que no comparta su fe, mas estoy convencida de que vuestra divinidad os permitió sobrevivir precisamente porque estuvimos a vuestro lado en el combate mientras estabáis inconsciente – sonreí, para darle el golpe de gracia. – O, ¿acaso preferís que vaya a informar de cómo sir Jochum, el orgulloso comandante de Grannvale casi fue derrotado si no fuese por la ayuda de un caballero andante? – pregunté. – Porque con este anillo que porto queda clara mi procedencia. Por no mencionar que conozco a ciertos nobles que pueden asegurar lo que estoy diciendo. Si actuáis de forma indebida, creedme que habrá consecuencias. Dicho esto… Creo que todos sabemos qué es lo que nos conviene, ¿no es así?

Entre la incomprensión y, probablemente, miedo al deshonor, lo cierto es que el comandante Jochum no abrió la boca para decir absolutamente todo. – Ah, sí. Casi lo olvidaba… Menuda cabeza. Sir Jochum, ¿tendríais a bien indicarme dónde están las tiendas de los heridos? Al igual que soy princesa, también soy clériga. Es mi sagrado deber tratar a los heridos, sean de donde sean.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 08, 2017 5:32 pm


Cada una de las viles palabras de aquel hombre repercutía en la integridad de Gerard, como un sinfín de agujas que caían y penetraban lenta pero irrefrenablemente en su piel, hasta llegar a clavarse en su corazón. Al fin y al cabo, había estado preparado para soportar cualquier humillación que fuese necesaria, pero ¿no había sufrido ya suficiente su familia? Despojada de las tierras obtenidas a lo largo de los años, reducida a una casa noble solo en nombre, pisoteada por todos aquellos que habían estado acechando, aguardando, pacientes, a su oportunidad... El prospecto de un futuro todavía más oscuro para sus hermanas hizo que al caballero le resultase imposible reincorporase, a poco de acabar de derrumbarse física y mentalmente. El desasosiego en él crecía y crecía, como un vórtice de oscuridad que devoraba de forma desmesurada, a cada instante, convirtiendo el mero hecho de respirar en un martirio terrenal.

Quiso que todo se acabara. Cerrar los ojos y taparse los oídos, con la esperanza de que se acabase quedando solo para poder encontrar una solución al problema, por drástica que fuese, viéndose capaz de considerar cualquier cosa. Bajó los párpados, incapaz de asimilar más información, queriendo abrazar la oscuridad. Sin embargo, una repentina luz hizo que se detuviesen. Una luz que golpeó decididamente, como martillo a un yunque, a aquel pérfido individuo. La violencia que propagó L’Arachel provocó una momentánea expresión atónita de Gerard, quién aún así no logró hacer más que negar con la cabeza y entonar una lúgubre súplica. - Milady, no, parad…- Ni siquiera tenía fuerzas para defenderla de la indudable represalia que lanzarían contra ella. Sin embargo, lo que siguió fue algo que nunca antes habría imaginado.


Tuvo que parpadear repetidamente para asegurarse haber oído las primeras frases de la chica correctamente. “¿La princesa de Rausten?” No logró asimilar la información enseguida, viéndose obligado a retenerlas. Continuó escuchándola con suma atención, abriendo los ojos más y más, pasando de una expresión lúgubre a una atónita. Una princesa, sola, en el campo de batalla, a la que él había arrastrado, e incluso intentado dar órdenes, y a la que había desobedecido. ¿Y pese a todo, estaba arriesgando un conflicto por un simple caballero?

Cada palabra de la joven hacía el efecto contrario de las del comandante. Por limitada que fuese debido al estado de su reino, estaba haciendo uso de su sagrada autoridad real,  para defenderle, física y verbalmente. La princesa de Rausten, sola, habiendo perdido a su familia, obligada a abandonar su reino, combatiendo incluso herida por la justicia y el bienestar del país de Gerard, habiéndole salvado su vida e dos ocasiones. Al comprender la verdad, las palabras de la joven pasaron a resonar en él cual canto celestial, uno que apartaba con celeridad la oscuridad que había estado acumulándose dentro de él.

El comandante no logró rebatir ningún punto del discurso de la princesa, solo se quedó apretando los dientes, con una mezcla de incredulidad e ira. Tras chasquear la lengua, señaló en dirección perpendicular por donde habían llegado L’Arachel y Gerard. Unas pocas decenas de metros más allá había otra tienda, con más heridos cerca de ella. La reacción de los soldados de alrededor fue mixta: la mayoría se quedó atónito y permaneció en su sitio, sin prácticamente mover un músculo. Algunos se inclinaron en una pronunciada reverencia, mostrando respeto hacia la princesa de un país aliado, aunque fuese uno caído. Otros pocos ayudaron al líder caído a reincorporarse, para luego salir de la escena.

Gerard fue el único que permaneció inclinado tras su reverencia, intentando resistir el impulso para ir más allá. - Alteza. No tengo palabras para expresar mi gratitud, ni disculpas suficientes por mis acciones hasta la fecha. Estoy en deuda con vos. - No logró articular más palabras. Lo ocurrido había sido demasiado para él. Solo pudo quedarse allí, con la espalda erguida, hasta indicación de ella.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Lun Sep 11, 2017 8:08 am

Honestamente, no me siento en absoluto orgullosa de lo que había hecho. Aunque, al mismo tiempo, sabía que era menester actuar de aquella forma. La oleada de insultos que recibió sir Gerard sumado a la actitud tan reprochable del comandante Jochum me hicieron actuar así.

De hecho, no me esperé en absoluto que hubiese quienes, a pesar de haber perdido mis tierras, hicieran una reverencia en respeto a mi familia. Incluso si no lo mostré, lo cierto es que lo agradecí mucho. Pude apreciar como el comandante se iba entre murmullos. Pero había podido proteger a sir Gerard. Eso era lo único que en aquel momento me preocupaba, momento que, por cierto, me parece ahora mucho más lejano de lo que realmente es.

Alterada por la reacción de sir Gerard y por cómo decidió cambiar su actitud hacia mí, me acerqué a él y lo tomé del mismo brazo que usó para la reverencia. – Necesitamos hablar. De inmediato – lo arrastré con todas mis fuerzas. Quizá fuera por aquel impulso que sentí hacia el comandante, mas lo cierto era que me encontraba bastante fatigada por aquella escena. No tenía la misma de antes.

¿Por qué se refiere a mí como alteza? No tiene sentido. Aunque, a decir verdad, existe una explicación posible que quise ignorar a propósito. Él… no recordaba nada de lo que hablamos el día en que nos conocimos. Suspiré ante la obviedad que tan fervientemente negué. – No recordáis el día en que nos conocimos, ¿verdad? – pregunté, incluso si era un poco redundante la pregunta. – Aquel día me presenté a vos con mi título nobiliario, aunque a juzgar por cómo habéis reaccionado… Lo habéis olvidado, ¿no es así? No os culpo. Habíais pasado por mucho aquel día – por no mencionar aquel golpe que le propiné yo… Supongo que ello también ayudó a que no recordara mucho.

Supongo que habiendo explicado eso, lo siguiente era confirmar qué cosas recordaba de aquel día. Qué recordaba de toda aquella conversación. – ¿Qué recordáis de aquella conversación? – pregunté, esperándome ya cualquier tipo de respuesta.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 11, 2017 3:40 pm


Colmado por la luz bendita de las palabras de L’Arachel, el caballero todavía se hallaba inclinado, incapaz de hacer otra cosa. Su nobleza y santidad le había conmovido tanto que, en aquel momento, se sentía capaz de cualquier cosa. Pocas veces se había sentido así; en su cénit como caballero templario, sirviendo a Naga, tal vez. ¿Sería una señal enviada por ella, después de todo ese tiempo? ¿O tal vez…?

Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos por una fuerza que tiró hacia él de repente. - P-princesa, ¿qué…?- Atónito, se dejó llevar por L’Arachel. De misteriosa clériga a miembro de la realeza del que antes era un país aliado. ¿Cómo negarse, si tan siquiera encontraba las fuerzas para hacerlo cuando no era consciente de aquello, movido por la enorme confianza en sí misma?

Llegaron a un lugar apartado del campamento, en el que Gerard, al llegar y recuperar el control sobre sí mismo, no pudo hacer nada salvo mantener la cabeza bajada. Después de todo, nunca antes había estado en compañía de un miembro de la realeza de esa manera, hablando cara a cara.

También por eso le extrañó tanto aquella pregunta. ¿Cómo iba a olvidar aquel día, después de todo? El día que procedió a su caída. Cuando tuvo que reconsiderar todo aquello que había creído. El día en que la fe ciega que sentía por su Diosa originó las primeras dudas en su interior. Los primeros rastros de oscuridad en su corazón. -  Milady, todo. Vinisteis a socorrerme, e insisteis en que me quedase a pesar de mi afán por dejar el campamento lo antes posible. Y… - Un momento. ¿Y qué más? ¿Por qué había un vacío de repente? Se hallaba en blanco. -  …y entonces, sanasteis mis heridas. - En una situación algo… “privada”, aunque no iba a mencionar aquello, solo se ruborizó un poco.

- Compartisteis mi sabiduría conmigo. Los siervos de la luz contra las fuerzas de las sombras. Las limitaciones humanas. Lo que compartimos todos aquellos que seguimos la senda del bien… - Dichas palabras las recordaba bien, pues fueron aquellas en las que pensó durante tanto tiempo antes de tomar la decisión de marcharse de viaje. Aunque eso le llevaba a otro punto. - ¡Pero no me mencionasteis que erais una princesa, mil…! - Negando con la cabeza, corrigió, pese a la redundancia. - … princesa.  - Suspiró. ¿De verdad se le habría pasado algo así? No, no y no. Por muy aciago que hubiese sido aquel día, nunca se le escaparía un titulo como el de la realeza. La miró con atención; siempre había sospechado que la chica tuviese algo que esconder. No podía ser una simple aprendiz de clériga, por lo que cabía la posibilidad de que fuese parte de la nobleza de algún país vecino, sí, pero… ¿la princesa?

Y entonces, su vista se volvió al báculo. - Vuestro bastón, princesa…  - Un escalofrío recorrió la parte trasera de su cabeza, y a la vez, sintió el impulso de retroceder un poco. - …no, nada. Disculpad.  - ¿Cuál sería la solución a aquel misterio, aquel vacío en su memoria…? Es posible que nunca llegara a saberlo. O que la respuesta se encontrase delante de sus ojos, una de dos.

- Sin embargo, milady, lo que he dicho hace un momento es cierto. - La observó una vez más con decisión. Al ver su rostro una vez más sus ansias por ir más allá de una simple reverencia regresaron… pero debía contentarse con ese simple acto. - Ya no solo os debo la vida, sino también el bienestar temporal de mi familia. - Inclinó la cabeza. - No sé si podré llegar a compensároslo.
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Mensaje por L'Arachel1 el Miér Sep 13, 2017 11:23 am

Como imaginé, no lo recordaba. Sin embargo, no pude evitar quedarme en silencio cuando explicó lo de sanar sus heridas. Recordaba también ese episodio… ¡Fue también vergonzoso para mí! De hecho, evité hacer comentarios al respecto porque estaba convencida de que solo empeorarían la situación y me harían sentir aún más incómoda.

En su lugar, seguí escuchando y no pude evitar suspirar cuando descubrí que, efectivamente, no lo recordaba. – Esa es otra cuestión de la que quería hablaros. Nada de “princesa”. Incluso si tal es mi título, en estos momentos no existe Rausten y, como tal, no tengo ningún derecho a referirme a mí misma de tal forma. Estoy convencida de que comprendéis a qué me refiero, sir Gerard – después de todo, él también había perdido su título anterior y, al parecer, su familia también había sufrido mucho a causa de los nobles de Grannvale y sus políticas.

Eso sí, agradecí mucho aquel comentario que realizó sobre el bastón. Creo que de pronto entendí por qué no recordó que me presenté como la princesa de Rausten. Recuerdo haberlo usado para dejarlo inconsciente en su momento. Mas si él no lo recuerda no seré yo quien le haga revivir esa memoria, ¿no? – No tenéis que agradecerme nada, sir Gerard – dije al final, cuando el tema se dirigió a su familia. – Hice lo que hice porque así lo deseaba y porque consideré que era lo correcto. No hay nada más al respecto. Es por ello que no pienso pedir ningún tipo de compensación. Es el deber de la nobleza brindar protección a los que la necesiten, independientemente de su nivel social y, al menos para mi persona, su país de origen.

Sin embargo, la duda me asaltaba. ¿Por qué están en peligro los miembros de su familia? ¿Qué habrán hecho para que Gerard se preocupara tanto por ellos? Parece una cuestión muy personal, mas, si existe un momento para interrogar al respecto, ese momento es ahora. – Quizá sea ser una entrometida, mas he de confesar que tengo la duda. ¿Qué ha hecho vuestra familia para que el comandante Jochum pueda usarla como la usó? – admito que esa es mi primera sospecha. La otra era un poco más retorcida. Y, por el bien de sir Gerard, espero que no fuera esa la realidad. De lo contrario, creo que tendría que dar otro golpe a ese comandante… Aunque hasta yo vería eso fuera de lugar. Dejaré que explique, si así lo desea.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 14, 2017 3:36 pm


Solo pudo esbozar una sonrisa ante la nobleza que L’Arachel demostraba una vez más. ¿Y dijo que ya no era una princesa? Cerró los ojos con una leve sonrisa. Si así lo quería... - Sí, milady. - La princesa perdida de Rausten. Tendría los “aires” que cabía esperarse de la realeza, pero a la vez, ese altruismo tan clásico que tanto admiraba de los relatos que había leído. Parte de él se negaba a aceptarlo, pero si solo pedía aquello, sería obediente.

Pero entonces, levantó la cabeza y frunció el ceño, pensativo. Le preguntó por el que era entonces su secreto. Lo que no le había contado todavía a nadie: el era el motivo de su viaje. L'Arachel le había salvado la vida, y había usado su autoridad como princesa para evitar otra decaída para su familia. Algo se merecía saber. Dio un largo suspiro para ordenar sus pensamientos.

- Mi familia no hizo nada malo.- Bajo la cabeza una vez más. Su grave voz dejaba inconscientemente signos de pesar. - Fui yo. Yo traje la desgracia a mi casa. - Se giró, caminó un metro y se sentó, dejando reposar su espalda en una estable pila de cajas de suministros que había allí. Estiró las piernas y mantuvo su lanza contra su hombro, e invitó a L'Arachel a sentarse ella también. Tras unos segundos más, empezó la historia.


- El nombre de los Van Reed nunca tuvo una gran relevancia en la historia de Grannvale; no es más que un linaje de buenos caballeros, pero sin un gran poder político. De la nobleza de menor calibre. - Y a muchos les había parecido bien. Sin embargo, desde pequeño que se había esperado mucho de él. Su padre, agotado de las guerras de unificación, solo quería que su casa siguiese su curso. Su madre, por otro lado… - Pero desde que era pequeño me esforcé en honrar a mi país y a mi casa, para defender a los inocentes de todos aquellos que quisiesen arrebatarnos lo nuestro. - Levantó su lanza un poco, la punta hacia el sol. - Conseguí unirme a la Orden Templaria de la Santa cruz, los caballeros que sirven la voluntad del clero. Serví durante años diligentemente, acumulando victorias contra los siervos de las tinieblas, los herejes de religiones oscuras. Adquirí fama y reconocimiento, gracias a lo que mi familia gozó de un éxito sin precedente. Fue el cénit de mi casa. - Miró entonces su mano. Toda la diligencia de aquellos años parecía haber dado sus frutos en ese entonces. Pero todo cambió hacía dos años. - Sin embargo, como ya os conté, no mucho después de la aparición de los emergidos se me ordenó capitanear un destacamento contra ellos. Y…

Hasta allí, todo bien. No había rastro de duda o desasosiego en su voz, pues en esa época había alcanzado ya su sueño. Sin embargo, hizo una pausa larga, en la que se ensimismó en un dilema. Podía continuar, contárselo todo. Pero Gerard todavía creía en Grannvale; ello constituiría hablar mal de su reino, y hacerlo ante una princesa extranjera, las consecuencias para el mismo podían ser importantes. Negó con la cabeza y desvió la mirada antes de seguir… de seguir con la versión que conllevaría menos riesgo.

- Y… lo eché todo a perder. - Frunció el ceño, cerrando el puño de la mano que tenía libre tras esconderla. - A duras penas logramos salir vivos unos cuantos vivos de aquel primer contacto contra estos invasores. - Un enemigo al que subestimaron completamente. A pesar de aquella misión fronteriza en Silesse, reportó la información y no decidieron hacer nada al respecto para la batalla que aconteció en Isaach. Todavía podía oír los gritos de sus hombres ese día.  - Se me relevó de mi puesto por... haber estado obsesionado por la gloria, de ahí el uso de tácticas temerarias por las que se perdió esa batalla. -  El pesar en su voz era casi palpable, por mucho que lo intentase evitar. Sin embargo, no podía desfallecer. Estaba haciendo lo correcto.

- Mi familia perdió toda relevancia, y nuestro nombre cayó en desgracia. Ya no podemos llamarnos una familia noble. - ¿Qué les quedaba, salvo su casa de siempre, el hogar ancestral de la familia, en Edda? Arruinados casi en su totalidad. - Mi rango pasó a ser el de un jinete normal, y se me mantuvo alejado de los emergidos en todo momento. - ¿Cuántas veces había ido a suplicar que le asignasen al frente, solo para que se riesen de él? Le costaba mantenerse impasible. - Serví sin quejarme durante un año entero, mas no podía seguir así, atado y sin poder contribuir a la guerra. Así que... - Exhaló un suspiro de desdén, tras lo que se apoyó en sus rodillas para reincorporarse, caminó un metro hacia delante. - Para poder restaurar el honor de mi familia y a la vez descubrir todo lo posible acerca de los emergidos... me convertí en un caballero errante. Antes de partir de nuevo, quería mostrar mis respetos a la Diosa. Allí nos encontramos. - Miro al cielo, melancólico. Como mínimo, haber rondado su país una última vez le había traído a luchar por él, además de la información obtenida.

Y así, L’Arachel ya lo sabía. Al menos la versión conocida por la gente común en Grannvale. La que obviaba todos los detalles de lo que realmente ocurría. Por supuesto, ello equivaldría a que la clériga perdiese muy probablemente cualquier respeto que tendría por él. Sin embargo, se merecía que le contase parte de la historia. Estaba en paz consigo mismo. Creía haber tomado la decisión correcta, por una vez.


Última edición por Gerard Van Reed el Sáb Sep 16, 2017 8:07 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Vie Sep 15, 2017 6:56 pm

Tal y como temía, era el caso que no quería imaginar. Antes de que empezara a explicar, ya me imaginé que algo tendría que ver el día en que lo conocí con todo esto. Sin embargo, no esperaba que fuera a explicarme toda la situación desde el pasado. Eso sí, ello no iba a hacer que dejase de prestar atención a lo que iba a decir. No tenía la intención de perder el más mínimo detalle. Especialmente considerando que la orden de caballeros a la que perteneció me recordó, en cierto sentido, al ejército de Rausten, también considerado a sí mismo como sagrado debido a dónde se localizaba.

Sin embargo, poco después pasó al asunto con los emergidos. Seguramente ese era el momento en que lo conocí. La historia, eso sí, me pareció un poco extraña en ese punto. No sabría cómo clasificarlo, pero lo cierto es que no pude evitar pensar que algo no encajaba en toda la historia. Yo misma lo conocí en aquel momento y sé que tenía la clara intención de dar el informe de la misión. Pero no soy capaz de imaginarlo como alguien obsesionado por la gloria. Aunque sí muy temerario, eso sí. Tuve que dejarlo inconsciente para que no se matase. Además, a juzgar por cómo se castigaba… Estoy convencida de que no es algo de lo que se sienta orgulloso, precisamente.

Me quedé en silencio, analizando lo que dijo. Si su familia perdió el estatus propio de los nobles, tal y como me ha dado a entender, entonces cualquier cosa que suceda puede usarse en su contra. Por eso aquel agradecimiento. Dicho esto, solo tengo una cosa que hacer al respecto. – Disculpadme un momento. Volveré de inmediato.

Tras preguntar donde se encontraban mis pertenencias, las tomé y volví hacia donde estaba sir Gerard, ya con una respuesta preparada. – Siento la espera – dije, intentando mantener la calma. – Si no he entendido bien cometisteis un error del que os arrepentís. Dicho esto, ya que a pesar de todo, como la única posible heredera, soy la suma pontífice de Rausten, tomaré lo que me habéis dicho como una confesión. Estoy convencida de que preferiríais confesaros con vuestra diosa, pues para ello sois creyente de lady Naga. Hasta que podáis confesaros con un sacerdote de vuestra religión, permitidme ser yo quien haga la función.

Aunque quizá no fuese lo más adecuado, le tendí un abrazo. Es lo que yo hubiese deseado cuando me enteré de la caída de Rausten y la desaparición de mi tío. Conozco el sufrimiento por el que él está pasando. Lo conozco demasiado bien. Fue por ello que, después de unos segundos, me separé. – Somos seres pecadores. Es común cometer pecados y errores. Lo que más importa es aprender a superarlos, sir Gerard. Dicho, esto, incluso si sé que no son palabras que deseéis oír de mis labios, permitidme deciros una cosa – tras un leve silencio, volví a mirarlo. – En lo que a la iglesia de Rausten compete, vuestro pecado ha sido perdonado. Y vuestra confesión será guardada como secreto hasta el fin de los días.

Me relajé un poco y entonces, por fin, empecé a hablar como yo lo haría. – Por otro lado, como L’Arachel, la clériga, permitidme deciros que hay ciertos aspectos de vuestra historia que no me llegan a encajar del todo. Sospecho que hay algo que ocultáis o información que no soy capaz de comprender. Independientemente del caso, vos no sois el único que habéis fallado a alguien – dije, haciendo referencia a mi situación. – Además, he de confesaros una cosa… No esperaba que hubiese alguien que tuviera una misión similar a la mía – dije. – Existen historias de mis antepasados que hicieron frente a amenazas que superan nuestra imaginación. Como descendiente de san Latona, fundador de mi patria, considero que es mi obligación hacer frente a esta amenaza de toda forma posible. Es por ello que viajo por el mundo – aunque no podía negarme a mí misma que una buena parte también era por venganza personal. No es algo que él deba saber.

Me quedé en silencio un tiempo, pensando en cómo contar mi historia y así explicar mi siguiente acción. – Sir Gerard, permitidme contaros una historia. Una historia de una joven princesa que poco conocía del mundo – hablaba sobre mí e imaginé que él lo comprendería.


Hace mucho tiempo, en Rausten nació una princesa que perdió a sus padres cuando no era más que una niña. Sin embargo, aquella niña nunca conoció la tristeza, pues su tío y sus educadores estuvieron siempre para ella. Creció admirando las historias de sus antepasados y se dijo a sí misma que sería como uno de ellos cuando creciera – reí un poco. Sigo pensándolo ahora, pero es curioso que esa fuese mi aspiración desde niña. – También tenía ganas de conocer mundo y no dudo en partir cuando se le presentó la oportunidad y así conocer otras culturas y otras historias. ¿Existirían acaso historias tan heroicas como las del fundador de su patria? Todos los días que pasaba leyendo eran el fruto de las aventuras que vivía.

Di una leve pausa, intentando cambiar así el tono de la historia un poco. – Para aquella niña, que para entonces ya había crecido, la aparición de los emergidos fue lo que ella necesitaba para convertirse en la heroína que siempre quiso ser. Empezó a usar sus habilidades de sanación por el bien de servir a la luz. Sin embargo, preocupada por su única familia, su tío, decidió retornar a su patria.

Y aquí fue donde me detuve. Mi voz se quedó un poco más cortada al mismo tiempo que cerraba los puños. Miré hacia arriba, como si el cielo pudiera absorber mi dolor. – Mas fue demasiado tarde. Su país ya había caído y sido anexionado a otro. Su tío, desaparecido. La joven hace lo que puede para evitarlo, mas está completamente convencida de que se ha quedado sola en el mundo.

Hubo un silencio por mi parte, recordando aquella misiva de la desaparición de mi tío. Aún no lo podía aceptar por completo. Mas así era el mundo: cruel. Poco después, volví a hablar una vez más. – Aquella princesa había fallado a su nación, pero lo que más dolor le provocaba fue haberse quedado sola. Su misión, originalmente pura y sagrada, se convirtió en algo más personal. Se dio cuenta de una cosa, aunque quizá fuese demasiado tarde – dije, para llevarme las manos al pecho. – Descubrió el verdadero valor que tiene la familia y cómo eso es mucho más importante que cualquier honor que como noble hubiera podido proteger. Por ello, la joven princesa decidió hacer algo para evitar que otros pasaran por lo mismo que ella – tomé mi pequeño saco, en el que había una cantidad de monedas de oro. – Esta fue la decisión de la joven princesa: si alguien, quienquiera que fuese, necesitase ayuda para salvar a su familia, será su deber asegurarse de hacer lo posible para que dicha ayuda les llegue – sujeté las manos de sir Gerard para obligarlo a tomar el dinero. – Estoy convencida de que unas monedas no serán suficientes para hacer que tengan una vida como antaño, mas en el peor de los casos le servirán para sobrevivir. Sir Gerard, vos aún no los habéis perdido y sé que los apreciáis. Así que, haced lo posible para protegerlos.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 16, 2017 8:26 pm


Aguardó pacientemente a que la joven volviese, su mente aún divagando por la historia de su pasado, aquello que tanto le afectó hacía ya más de un año. Desasosiego que fue purgándose gracias a las palabras de L’Arachel, dignas de la heredera de un país de tanta santidad como lo era Rausten. “Una confesión”. Sin embargo, la joven se equivocaba en una cosa: no había nadie en la tierra con quién más habría querido hacerlo. Sonrió.

Y entonces, vino. Una cálida sensación que rodeó su cuerpo, como un manto de luz que le envolvía poco a poco. Acentuando las palabras que ya de por sí le llegaban a lo más profundo. - Mi… lady.- Decir “se conmovió” era un eufemismo. Sus ojos pasaron a brillar, en una mezcla entre tristeza liberada y felicidad por… “haber sido perdonado”. En su mente, tenía claro qué era: estaba sintiendo la mano de una diosa. ¿Naga? No lo sabía ciertamente. Tal vez Naga se estaba manifestando a través de ella, pero fuera como fuese, se sintió realizado de verdad, probablemente por primera vez en su vida. - Yo… gracias. - Un susurro. Lo único que logró que le saliese.

Pero aquello no era todo, no. Lo siguiente… fue el relato de la chica. Una inocente princesa, nacida en todo el esplendor de uno de los reinos más santos de todos. La razón por la que la persona más noble que había conocido se encontraba viajando sola incluso tras haberlo perdido todo, que incluso se adentrase en una misión tan ardua como aquella. Era una situación mucho peor incluso que la de Gerard. Al menos, él conservaba a su familia. Tenía un país al que volver. ¿Pero ella?



… no pudo evitarlo. Una singular lágrima cayó de uno de sus ojos. ¿Por qué? ¿Por qué el mundo arrebataba siempre aquello más preciado a las personas que menos lo merecían? Los últimos versos de la chica, y aquella bolsa de oro que depositó en sus manos fueron las gotas que colmaron el vaso.

La vorágine de emociones hizo que Gerard perdiera la capacidad de articular palabras durante varias docenas de segundos. No pudo hacer nada salvo contemplar con la boca entreabierta y los ojos brillantes la luz que desprendía la chica que se posaba ante sus ojos. Un resplandor que, al igual que hacía un rato al salvarle de la ira de aquel comandante, estaba llegando hasta el fondo de su corazón, apartando las tinieblas que su historia había reavivado.

Al mismo tiempo, sentía una calidez como ninguna otra en su pecho, que recorría todo su ser y se acentuaba cuanto más se quedaba mirándola. Una sensación que tomó posesión del caballero durante los segundos sucesivos. Sin ni siquiera pensarlo, dejó la bolsa de monedas en el suelo, inclinó su espalda, sostuvo la mano de L’Arachel en la suya, y, carente de cualquier vacilación, plantó sus labios sobre su dorso, manteniéndolos durante varios segundos. Unos instantes en los que el tiempo pareció congelarse. En los que le habría gustado perderse por toda la eternidad.

Pero al separarlos, aún con su mano en la de él, cerró los ojos. - Milady. - Respiró hondo, acabando de mentalizarse, de reunir sus pensamientos y su valor. - Soy consciente de que tal vez os esté pidiendo demasiado, pero… - Frunció el ceño. Se acabó la intranquilidad, el desasosiego. La desesperación. Era la hora de la esperanza. La firmeza. La luz. - Para proteger a mis padres, a mis hermanas, y todos los ciudadanos de este país… - Lentamente, abrió sus castaños orbes una vez más. - Dejad que os acompañe en vuestra misión, por favor. Permitidme… ser vuestro caballero. Dejad que esté a vuestro lado. Como errante, me está permitido. No estaría incumpliendo ningún juramento. - Cerró los ojos una vez más, inclinando esta vez su cabeza. - Os lo ruego.

No estaba seguro de qué era aquello, pero nunca antes se había sentido así. Sí. En ese momento no había nada que quisiese más que aquello. Nada que no fuese impedir que L’Arachel sufriese más. Al menos, no sola. Compartir el dolor que sentía; que se apoyase en alguien. En él. Por un momento, dejó de importarle haber dejado de brillar. Por un momento, lo único que quería era que ella siguiese resplandeciendo. Ayudarla, por poco que fuese, a que siguiese siendo una luz para el mundo.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Mar Sep 19, 2017 6:35 pm

Una vez terminé de contar la historia, ocurrieron una serie de circunstancias que no me esperé en absoluto. Por algunos instantes, pensé que debería haber hecho algo mal, porque no esperé que hiciera Gerard… eso.

Y no. No fue por ninguna felicidad la que sentí en ese momento. No por sus intenciones, que eran las más positivas que jamás una podría encontrar. Sino porque estoy convencida de que ha de tener ciertas esperanzas puestas en mí que no sé si podré cumplir. Ya las fallé una vez. ¿Quién dice que no lo vuelva a hacer? Me aterra esa posibilidad. Él… está dispuesto a entregarse por su país, cuando yo no pude hacerlo por el mío. De verdad que lo envidio. Él todavía tiene esa esperanza. Y me alegra enormemente que así sea, pues no es otra cosa que un verdadero ejemplo a seguir entre los caballeros, por mucho que haya caído en desgracia.

Es por esto que mi decisión iba a ser aún más dolorosa. – Sir Gerard, ¿sois consciente de lo que hacéis, acaso? Estáis proponiendo ser el caballero de una princesa que lo ha perdido todo. ¿De verdad sabéis las consecuencias de eso? No puedo… No puedo aceptar que me tomes como un modelo – me quedé en silencio. – Conocí al príncipe de Renais, Ephraim. Al igual que con Rausten, Renais también cayó ante los emergidos. Sin embargo, él… él está luchando por recuperar su patria. Él lucha por su gente. Sin embargo, yo he abandonado mi país y mi identidad. No soy la persona indicada para tener a nadie como vos. Os merecéis mucho más que una princesa que abandonó su patria.

Cada palabra que decía me resultaba una punzada en el mismísimo corazón. Esto es lo mejor. Lo sé. Sin embargo, ¿por qué me siento así? ¿Por qué siento que estoy cometiendo la mayor de las atrocidades? ¿Es porque estoy haciendo ver a un hombre que me tenía idealizada lo que soy en realidad? ¿Acaso tengo miedo de lo que él pueda pensar, cuando vea que no soy ni la mitad de lo que aparento ser? – Además, desde que Rausten cayó intento seguir los pasos de mi ancestro, san Latona. Para ello, viajo por el mundo, conociendo territorios. No puedo quedarme en un único país. Ese es otro motivo por el que debo rechazar vuestra oferta, por muy generosa y tentadora que me resulte. Sin embargo, tengo intención de ayudaros en lo que pueda, al menos hasta que deba cumplir una promesa que hice en el pasado – dije a ese príncipe que lo ayudaría. – Pero reitero lo que digo. Creo que os merecéis a alguien que no ha perdido la esperanza, como ese príncipe del que os he hablado. Yo… yo no soy la indicada.

Me temblaban los puños. ¿Por qué me sentía así? ¡Lo que he dicho era la verdad! Según como se mire, ¡puedo no ser más que una desertora del propio país que debería haber protegido! Yo no merezco que alguien me profese ningún juramento. Y el hecho de que la oferta la haya hecho de forma tan sincera me duele aún más. ¡No quiero traicionar la confianza que ha puesto en mí este hombre! No cuando sabe que no soy una princesa merecedora de ello. Sé que llegará el día en que vea que esto no fue más que una sensación de lealtad producida por la desesperación. Lo sé. Quiero asegurarme de que no se arrepienta de ello, porque estoy segura de que lo hará.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 20, 2017 8:54 am


Aguardó pacientemente la respuesta; al fin y al cabo, era una petición importante para la joven princesa. Sin embargo, las palabras de L'Arachel hicieron que la luz en el interior de Gerard volviese a estar en jaque por el destino. El caballero no pudo evitar mostrar el dolor en su rostro.

¿Tanta humildad podría existir en alguien? Que ella hablase así de sí misma le dolía casi tanto como el rechazo, sumando una espina más al cactus que estaba rozando su corazón. Tuvo que rebatirlo, todavía tomándola de la mano. - No conozco al príncipe de Renais. - Negó con la cabeza. - Os conozco a vos. Y vos sois la persona más noble con la que me he cruzado nunca. - Frunció el ceño, girando todavía el cuello en desacuerdo. - No os creo cuando decís que habéis perdido la esperanza. De haberlo hecho, no habríais mostrado tal valor, tal altruismo, hacia los soldados y hacia mí. - Seguía sin creer las palabras de la joven. Su motivo le parecía incomprensible para su mente. Incluso inverosímil. ¿Sería la verdad, o una excusa camuflada? ¿Le habría repugnado el fracaso del pasado de Gerard?

No. Alguien como ella, una princesa cuya luz llegaba a todos aquellos a los que tendía la mano, nunca mentiría en algo así. La mera duda era un deshonor.

Y no debía olvidar que... por mucho que le doliera, por muy soberbia y majestuosa que fuese para haber traído luz a su corazón, y a la vez tan cruel para apartar este resplandor al cabo de tan poco tiempo... había elegido. Debía respetarlo. L'Arachel se merecía eso, cuanto menos.

Para darse por vencido, cerró los ojos y liberó la mano de la chica, pues de seguir absorto en su imagen, no se vería capaz de dejarla ir. - Mas respetaré vuestra decisión. - Poco a poco volvió a poner su espalda recta, volviendo a la postura original. Recogió la bolsa que había dejado caer y también su lanza. Todo esto con la mirada aún desviada. - Emprenderé mi viaje en solitario. Averiguaré lo posible sobre los emergidos, y volveré a Grannvale. Sin embargo, que no os quepa la menor duda: si nuestras sendas vuelven a entrecruzarse, os lo volveré a pedir. Espero que pueda formar parte de vuestra misión, antes o después. Os demostraré de qué soy capaz. - Le habría gustado caminar a su lado. Compartir el dolor. Pero si no había más remedio, avanzaría con su plan inicial. Saldría del país, y averiguaría lo posible. Y ya tenía por dónde empezar. Intentó concentrarse en esta línea de pensamientos antes que en el desasosiego del rechazo.

- Me quedaré a vuestro lado hasta que vuestras heridas acaben de sanar. - La herida en su hombro había tomado un semblante mucho menos grave, pero quién sabe si el comandante movería hilos contra ella. Se quedaría protegiéndola unas horas, incluso unos días más. Secretamente, intentando alargar su tiempo con ella.

Y... hay una cosa de la que le iba a asegurar. Aquello que había dicho... por supuesto que pretendía seguirla en su viaje. Tras su muestra de carácter, la habría seguido adonde fuese. Hasta el mismísimo abismo del que proceden los dragones oscuros. Empezó a caminar, pero se detuvo una última vez para mirarla. Esta vez, sin dolor en su rostro. - No estáis sola, milady. - Emprendió de nuevo la marcha. - Recordadlo.

Acababa de añadir un objetivo más que alcanzar en ese viaje. Porque había otra posibilidad que contemplaría tan solo unas horas después: que L'Arachel le estuviese poniendo a prueba. Si de verdad debía demostrar con resultados verídicos su determinación, emprendería la senda en solitario. Bandidos, emergidos, bestias gigantes... Como los caballeros de las leyendas, probaría su valor, aunque esta vez no solo ante la Diosa Creadora. También ante la otra dama que había cautivado su corazón.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Miér Sep 20, 2017 9:49 am

Definitivamente, este hombre me había idealizado. Probablemente se deba a mi actitud con los demás. Él cree que que soy una persona noble. Quizá para él lo sea, que es capaz de verme con esos ojos, llenos de ilusión. Y, si bien es cierto que no perdí toda la esperanza, sí que se puede decir que he perdido parte. Pero, ¿cómo explicarle exactamente lo que siento ahora mismo? Las palabras no me salían. Si él se considera un fracaso, ¿qué soy yo entonces? ¿En qué me deja eso a mí, que perdí mi patria y todavía no he hecho nada por recuperarla porque de verdad que pienso que si Jehanna puede proteger a los civiles es más que suficiente?

Lo único en lo que podía pensar era en disculparme con él. Pero, ¿cómo hacerlo? Un “lo siento”, suena tan lejano y tan vacío… ¿Acaso no heriría aún más sus ya confusas emociones? No puedo permitirme eso. Lo único que puedo hacer es confiar en su fortaleza de espíritu. – Comprendo. Yo continuaré también en solitario – pero, ¿por qué piensa que debe demostrarme nada? ¡Ya lo ha hecho! ¡Es precisamente por eso que no debería estar con alguien como yo! ¡Es un desperdicio de sus talentos! Ojalá de verdad vea que todo lo que sintió hoy no fue más que una serie de emociones que le confundieron… Ojalá…

Pero la gota que colmó el vaso fueron 5 palabras. “No estáis sola, milady. Recordadlo”. Aquellas palabras, que más de una vez me encargué de decir a ese príncipe me calaron demasiado hondo. Era curioso. Muchas veces usé esa misma frase porque veía que la persona en cuestión no lo estaba. Pero jamás pensé que hubiera un ser humano que me lo dijera a mí.

Y, como si fuera una bendición, escuché el relinchar de un caballo en la distancia. ¡Fiona! La había dejado antes de la batalla. Era bastante probable que los soldados la atendieran hasta que, como no me veía, se escapara de donde quiera que estuviese. La yegua, atenta a lo que estaba sintiendo yo en estos momentos, se colocó haciendo de un muro entre sir Gerard y yo. No porque no quisiera que el hombre se acercara, sino porque sabía que no iba a aguantar demasiado.

Y así fue. En el momento en que ya estaba escondida, abracé el cuello de la yegua. La pobre iba a acabar un poco mojada, pero era la primera vez desde que asimilé todo lo de Rausten que alguien me decía eso. ¿Cómo no iba a sentirme feliz por eso? Ese caballero fue la primera persona que intentó aliviar un poco y dio justo con la frase idónea para ello. Hasta ahora, solo tuve a Fiona.

¿Sería correcto asumir que se ha sumado alguien a ese círculo tan reducido que tenía? Quiero creerlo... Por muy ideal que ello resulte.
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 27, 2017 11:25 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante + 25G a L'Arachel gracias a donaciones eclesiásticas.

Ambos obtienen +1 EXP.

Gracias al incremento de experiencia, la barra de EXP de L'Arachel ha sido maximizada.

L'Arachel puede ahora ascender de la clase Cleric a la clase Valkyrie.

> Ascender a la siguiente clase. Nueva especialización: magia (elemental), magia (luz) o arma física (hachas).
> No ascender, conservar la clase actual.

Favor de responder seleccionando la decisión.

Adicionalmente, se procede a su tirada gratuita del dado Suerte, cuyo resultado será la recompensa para ambos.


Última edición por Eliwood el Vie Oct 06, 2017 2:21 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por Narrador el Miér Sep 27, 2017 11:25 pm

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Suerte' :
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

Mensaje por L'Arachel1 el Jue Sep 28, 2017 6:37 pm

Elijo la opción siguiente:

> Ascender a la siguiente clase. Especialización escogida: magia (luz).
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Re: [Social] Después de la tormenta, viene la calma... ¿no? [Priv. Gerard]

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