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[Social] El último día [Flashback - Priv. Azazel]

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[Social] El último día [Flashback - Priv. Azazel]

Mensaje por June el Sáb Sep 02, 2017 8:50 pm

Rondaba el año 934, un día caluroso digno de aquel verano. Era mediodía, el grupo de esclavistas laguz se encontraba haciendo sus oscuros negocios en un apartado islote al sur de Begnion, donde básicamente vivía un pueblo de pescadores, pero que por aquellas épocas la visitaban muchas personas adineradas en búsqueda de unas pequeñas vacaciones. Así que aprovechando la oportunidad, habían decorado toda su mercancía para el disfrute visual de sus potenciales clientes.

Allí se encontraba la dragona roja, hacía unos años que la habían vuelto a devolver amos descontentos. No tenía ningún nombre fijo, sólo un número marcado en una cadena que le habían atado al pie, por si se le ocurría transformarse y salir volando. Ella quizás no se acordaba, más por haber perdido la motivación, pero no sería la primera vez que podría haberlo intentado. Hacía ya un tiempo que se comportaba totalmente sumisa, sin poner resistencia a nada. Ella seguía ahí, con la mirada perdida, casi como si no hubiera vida en ellos. Pero estaba cansada, así que no se molestó en quejarse tan siquiera del peso de aquél grillete, el cual estaba perfectamente escondido debajo del vestido para que no se notase a simple vista. La habían vestido bien, peinado y maquillado, más con el propósito de ocultar aquellos golpes y rasguños que había recibido por parte de aquellos esclavistas, quien ahora solamente aparentaban intentar no estropear la mercancía.

Al fin y al cabo, lo habían preparado todo para los encuentros beneficiosos de aquel día. Habían escondido a los laguz más visiblemente notorios aún en las celdas, en uno de los callejones. Los demás, se reunían en la plaza, intentando no llamar mucho la atención de los guardias. Pese a que el esclavismo había sido algo normal hacía mucho tiempo, en los últimos años estaba decayendo en las garras de lo ilegal. Por eso, mientras no se alejaran mucho, habían dejado que algunos pasearan "libres" por aquel pueblo portuario. Entre ellos, la pelirroja era la única de su raza, los demás eran casi todos felinos y lobos, con sus orejas bajo gorros o capuchas, y un par de halcones a los cuales les habían arrancado partes de sus alas para que no pudieran volar. Quizás, esos halcones y la chica eran los más fáciles de hacer pasar por beorcs, salvo por sus respectivas orejas ligeramente puntiagudas en ambos, el pequeño "bulto" a la espalda de las aves, y las marcas que la dragona poseía en el rostro. Los felinos y los lobos sólo los de orejas y cola más pequeñas también se ocultaban bien, pero en pleno sol como aquel, sería un tanto sospechoso.

La joven apática ni ganas tenía de hacer nada, simplemente se apartó un tanto de aquellos hombres y se sentó sobre el borde de una pequeña fuente. En silencio, mirando en dirección al mar, mientras su pelo ondulaba levemente al ras de la brisa.

¿Cómo serían esta vez sus nuevos amos, si es que la compraban?

OFF:
Se ve algo así --> https://i.imgur.com/RSoobI7.png


Última edición por June el Vie Sep 08, 2017 8:51 am, editado 1 vez (Razón : el link que puse no funcionaba wtf XD)
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Re: [Social] El último día [Flashback - Priv. Azazel]

Mensaje por Azazel el Vie Sep 08, 2017 8:05 am

Tantos días en el mar, juraba entonces que iba a escupir mi estómago al agua. Nunca jamás me acerqué a la borda, ¿Y para qué? No me interesaba ver el agua y me bastaba con sentir moviéndose el suelo como si estuviera borracho. Tan solo estaba allí porque Bernand tenía la loca obsesión de encontrar una planta, o un pez, o ambas cosas, y estudiarlo para añadirlo a su enciclopedia, en la cual tenía reunida mil y un cosas incluso antes de que nos hubieramos conocido hace ya muchos años. Prefería tenerme con él a dejarme en la ciudad, y lo entendía perfectamente, aunque eso no significaba que yo quisiera estar en una isla. Pero bueno, al menos en los camarotes se contenía de repetirme una y otra vez que me cubriera las orejas, pues se enfocaba más en leer su libreta a que pudieran descubrirme. Y mientras tanto, me desahogaba con alguna melodía...

-Pociones de amnesia doctor, donde venden~ que quiero olvidarme y no sé que hacer~... -Bernand levantó la vista y al mismo tiempo bajó sus lentes de lectura, arqueando una ceja en silencio. Al verme así, le respondí con una expresión desconcentrada.

- ¿Tienes que cantar esa cancion conociendo que ya tienes problemas de amnesia? -me reprochó a su manera, aunque nada de lo que decía él me sentaba mal, pues el tono de su voz era siempre calmo y grave. Le sonreí en silencio, y luego exclamé:

- ¡Tampoco es que quiera recordar absolutamente todo lo que me pasa! - lo miré con malicia, ganándome que rodara los ojos. Hice una mueca y continué silbando la misma canción, tan solo para molestarlo un poco. Había dicho eso, incluso si no era verdad.

- Canta algo distinto, por favor, que ha sido lo mismo todo el santo día... -dijo, y era cierto. Aquello me hizo fruncir el ceño y pensar en otra cosa. Mordí mis uñas un buen rato, hasta que se me ocurrió algo mejor.

 - ...tiene nombres mil, tiene nombres mil, el...

- ¡Todo menos eso! -me alzó la voz. Simplemente reventé en risas y me eché de espaldas a la cama, acariciando mi estómago mientras intentaba pensar en otra cosa que no fuera el olor a mar y las náuseas que me daba. Me fue imposible, pero bueno, estando tan cansado no faltó el tiempo para quedarme dormido. ¿Que si recuerdo mis sueños? Pfff, déjale eso a los demás, a los poetas, yo que sé. Desperté al día siguiente como si tan solo hubiera cerrado los párpados un segundo, para encontrarme con la noticia de que ya se veía la isla. En realidad fue Bernand quien me despertó, emocionado por las tareas que habría que llegar a hacer en aquel lugar. El barco estaba contratado para ir a la deriva, por lo que si se llegaba a encontrar tierra habitada, se desembarcaría allí. El capitán no supo decir qué isla era, juraba nunca haberse adentrado en esos mares, lo que nos llamó la atención a ambos.

El pequeño barco encalló en las arenas cercanas al muelle, donde pusieron la rampa y nos permitieron bajar. Se suponía que estaríamos allí un día entero, hasta el anochecer. Era un hastío terrible oír eso al no compartir la misma afición que el hombre que me acompañaba, por lo que después de mucho instistir, clamar y rogar, lo convencí de dejarme vagar por aquel pueblo mientras él se dedicaba a sus intereses por el bosque cercano. La única condición era que me pusiera una venda y que en lo posible no hablara con nadie, cosas a las que asentí de inmediato. Nos separamos en la blanca arena, a ojos de nadie y con un breve abrazo, así encontrándome solo y con todo un nuevo panorama que descubrir. Me quedé cuidando de la bolsa, la cual quizás parecía pesada, pero en realidad llevaba solo algunas herramientas de Bernand y cambios de ropa. Con ella en la espalda me interné entre las modestas construcciones del pueblo, maravillándome tanto por el cielo azul como los verdes que adornaban sus paredes, que teñían todo de un color maravilloso, de ensueño. Me gustaba admirar los detalles con cuidado, sabiendo que quizás no los recordaría, por lo que me concentraba en disfrutarlos cuando podía. Sonreí alegre, sintiéndome acalorado, por lo que me quité la venda que sujetaba mi pelo y me cubría la punta de las orejas. Despejándome del calor, fue cuando la vi.

Era hermosa. Ojos azules y grandes... cabellos rojos, brillantes contra la luz del sol, un vestido precioso que resaltaba a la vista al ser meneado por la más leve brisa. Su perfil estaba ante mí, descansando ella al costado de una fuente, siendo iluminada por el resplandor del agua cercana. El mar era su horizonte, y se le adecuaba perfecto. Todo esto logró que me quedara viéndola insistentemente por varios segundos, sin escapar incluso si se daba cuenta de que lo hacía. Sujetando bien mi mochila, caminé con mis pies descalzos hacia la misma fuente, todo muy lento y cuidadoso para que no escapara de mí. Entonces, al estar lo suficientemente cerca, me senté a un lado de la misma fuente y me giré para beber algo de agua con mis manos. Recogí un poco y la sorbee haciendo bastante ruido, todo esto mientras aún la miraba con los ojos bien abiertos. No podía evitar sonreír e incluso reírme un poco, aunque hacía lo posible para contenerlo y no parecer que me reía de ella. Terminé de beber e hice un breve silencio antes de darle a conocer mi voz.

 - ¿Demasiado calor, no? -dije, mojándome una mano y pasándola por detrás de mi cuello para refrescarme. Ni un segundo le aparté la vista, esperando que no me ignorara.

Spoiler:
Azazel del pasado para los curiosos https://i.imgur.com/gLkn8jX.jpg


Última edición por Azazel el Sáb Oct 07, 2017 2:03 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] El último día [Flashback - Priv. Azazel]

Mensaje por June el Dom Oct 01, 2017 3:48 pm

Sólo quedaba esperar...

En ese momento, ella no diferenciaba presencias, pues daba igual, siempre era lo mismo; beorcs libres y laguz atados. Begnion era así, siempre lo fue, y dudaba que esa isla fuese mínimamente diferente teniendo en cuenta que su grupo se encontraba allí. Sabía que algunos humanos le echaban el ojo encima, que no eran sólo los esclavistas vigilando de vez en cuando. Estaba cansada, siempre era lo mismo año tras año, y por eso prefería perder su mirada en aquel horizonte infinito. Aunque temiera a esos humanos, sabía que no correría más peligro que el daño que le hacían los esclavistas, que nada peor que eso iría a pasar. Aunque siguiera teniendo miedo, ella simplemente estaba desganada, quería que corriera el tiempo sin más; horas, semanas, años...

Por tanto, fue que no detectó a aquel extraño que la miraba todo el rato, ni siquiera cuando ya se había acercado ruidosamente a ella incluso. Al menos, no hasta que le dirigió la palabra, provocando que pegara un leve respingo al escuchar su voz rasposa, pues ella era muy asustadiza por su naturaleza.

- ... -¿"Calor"? Para ella, eso no era nada, sí que era cierto que en el puerto de aquella isla hacía más temperatura que en la ciudad. Pero a ella le encantaba el calor, le gustaba el fuego, era quizás lo único que a ella le tranquilizaba, más siendo que ése era su elemento natural como dragón rojo. Mas ella mantuvo su silencio.

Giró un poco su rostro para verlo de reojo, sin sonreír, tal vez pareciendo que no tenía ninguna expresión en su cara. Pero sus ojos se abrieron ligeramente, por sentir curiosidad de repente al notar aquellas orejas puntiagudas. Era alguna clase de laguz o branded, eso seguro pues no había visto a ningún beorc con aquellas características, pero no sabía qué exactamente. Aun así, eso ya le hizo entender que él seguramente sería otro esclavo, uno con propietario pues conocía a sus compañeros. Probablemente le habían dejado pasear, ya que por mucho que los ojos de la chica se movieran de un lado al otro, no encontró nadie cerca suyo que pareciera estar atento específicamente a él.

Su tono tostado de piel también era extraño, ¿provendría del desierto de Hatari? Le parecía recordar haber conocido a unos laguz lobos que eran tan morenos como él. Aunque si fuera así no explicaba por qué él tendría calor en una zona que técnicamente era más fresca. La dragona imaginó que cabía la posibilidad de que lo hubieran sacado de su país desde una edad temprana y por eso no tenía la costumbre. Estos y otros pensamientos rondaban por su cabeza, empezando a buscar marcas de heridas o alguna atadura, con una mirada discreta. Pero no distinguía nada en su cuello, el cual estaba húmedo por el agua de la fuente.

Se sonrojó al mirarlo entonces, confundida. Ciertamente era un ser atractivo, fuera lo que fuera, había que reconocer. Pero ella jamás estuvo interesada en esos temas, más que nada porque lo consideraba algo imposible en su situación aparentemente interminable. No podía tener amantes ni nadie que le pudiera importar, pues ella era una esclava, y además de eso una olvidadiza.

Entonces, notó sus ojos viéndola tan directamente y de cerca, haciendo que la pelirroja bajara su mirada, tímidamente. Estaba algo nerviosa, pues aparte de no saber socializarse bien, les tenían prohibido hablar con extraños si no les daban el permiso para hacerlo.
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Re: [Social] El último día [Flashback - Priv. Azazel]

Mensaje por Azazel el Lun Oct 09, 2017 7:42 pm

La estaba asustando, no cabía duda. Intentaba sonreír pero cuando lo hacía, lo único que salía de mi boca eran mis colmillos. Qué terriblemente oportuno tenerlos y parecer un maldito loco que se los afilaba a propósito. Aparté la vista solo un segundo para corregir mi rostro a uno más calmado y neutral, si era posible, encontrándome con que por fin ella estaba intentando verme. Era un progreso, al menos. Intenté mostrarme más amable, relajando mi pose, tirando mis brazos hacia abajo y relajando mi espalda. Entonces, en verdad, parecía que me estaba mirando mucho. Me pregunté entonces si yo le parecería bien... ¿Me había arreglado lo suficiente? Intenté, al menos, ordenarme las cejas, pasando un dedo por el agua y alisándolas. A mí me gustaba como se veían, pero ya me habían dicho mil y un veces que de esa forma era todos menos elegante.

Ella cesó de mirarme, y su mudez me causo todo menos alegría. Miré algo triste hacia un lado, no queriendo contagiarle mal ánimo, hasta que volví a insistir.

- Oye... Tu cabello es, muy... Oh, maldición. - ¿Creería que era un maniático? ¿Quién va y le dice cosas así a una desconocida? Yo, por supuesto. Me reí un poco a solas, rasqué la nuca y continué hablando.- Lo siento, ni siquiera sabes quién soy. Me llamo Azazel. Ehhh... -aún no me miraba.- ¿Qué pasa? ¡Puedes hablarme! ¿Puedes, no...? -si resultaba ser que estaba hablando con una chica sorda, me hubiera cortado la lengua ahí mismo. Aunque no, creí que había reaccionado a lo que había dicho, al menos un poco.- Oye...

Ahora que la miraba con el rostro agachado, pude notar que entre sus cabellos resaltaban sus orejas. Eran puntiagudas, igual que las mías.- ¡Ah! -exclamé al notarlo, acercándome a ella.- ¡Tus orejas! ¿Eres... eres? -perseguí sus ojos sin ya importarme su espacio personal, ya que tanta era la sorpresa que poco me importaba molestarla.- ¿Eres una dragón, como yo...? -sonreí ampliamente, demasiado, en realidad. Nunca había visto a otro como yo el tiempo en que Bernand cuidó de mí. Sabía que existían, incluso si no recordaba a nadie que compartiera mis rasgos, pero entonces, habiendo viajado, por fin encontraba a una igual. Éramos manaketes, o al menos eso creía. Me pregunté entonces si ella tendría una piedra como yo, la que entonces tenía atada a mi cintura con una cuerda para que no se me escapara. Me levanté la camisa y la recogí, tan solo para mostrársela a ella. Era algo que tenía terminantemente prohibido hacer, pero si era igual que yo, entendería.- Mira. Es mi piedra... Esta toda vieja, lo sé, y raspada, y rasguñada. Y quizás la he mordido, haha...

La puse entre mis palmas, mirándola fijamente, y aún sonriendo. Me metía en sus hermosos reflejos arcoiris, que siempre que los miraba, lograban reflejar en ellos mi verdadera apariencia. Bernand nunca me había visto transformarme, y seguramente jamás lo haría, porque yo no iba a permitir que eso sucediera. Suspiré brevemente, y regresé mis ojos a la chica.

- ¿Me muestras la tuya? -pregunté, con bastante humildad para que me creyera sincero. En verdad me interesaba, y además así podría saber seguramente qué clase de dragón era, si es que conservaba la misma piedra desde el principio. Si tuviera que adivinar, diría que era un dragón de fuego, aunque no tenía más pistas de esto que sus rasgos, su cabello de llamas.
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Re: [Social] El último día [Flashback - Priv. Azazel]

Mensaje por June el Mar Oct 10, 2017 7:38 pm

Él también se mostraba un tanto nervioso ante la dragona, y ella lo notaba. El cómo se recolocó sus grandes cejas se le antojó gracioso. Tenía que reconocer que aquel laguz era... adorable. Quizás era su aura de libertad, o qué, pero no lo tenía claro. El cómo se movía, el cómo actuaba, era extraño y nuevo para ella. Era como un ser inocente... Un momento, no podía ser que fuera realmente un laguz libre, ¿verdad?

Lo volvió a mirar de reojo, al escuchar que siguió hablando. Su.. ¿cabello? ¿Qué iba a decir de él? Ella inclinó su cabeza hacia un lado, interesada. Si era lo que imaginaba, aquel tipo de halagos sólo era algo que sus esclavistas contaban a los clientes en potencia, para vender mejor. Y ciertamente su tono rojizo llamaba la atención, pero después nunca nadie lo apreciaba realmente, a los humanos sólo les interesaba tener de mascota a un dócil dragón, como entretenimiento. Si fuera por tener algo bonito, ella sabía que había varias felinas más vistosas que ella.

Entonces, él se presentó. El rostro de su ligera sorpresa cambió para dibujar la tristeza en su mirada, la cual había bajado otra vez. Era inútil hacer alguna amistad, ella no se iba a acordar de su nombre, ni de nada de él, ella se iba a ir lejos otra vez, durante años, para volver a ser una esclava, y así infinitamente. ¡Cielos, ni si quiera tenía un nombre propio para presentarse! Sólo un numero de esclavo, el cual estaba marcado en el metal del grillete de sus piernas.

- ... -Abrió sus labios, aspirando, como si fuera a decir algo. Contestarle que sí, ¡que claro que ella sabía hablar! ... Pero no se le tenía permitido conversar con él ni con nadie, así que con la misma los volvió a cerrar, soltando un suspiro de resignación.

Y de pronto, él se pegó muchísimo a su rostro, y ella reaccionó apartando su cabeza hacia atrás, abriendo los ojos de sorpresa. ¿Qué quería ahora? ¿Por qué se le... acercaba tanto? Ella no supo mantener el contacto visual, y sus ojos comenzaron a temblar a la vez que sus mejillas se encendían. El nerviosismo de no haber tenido jamás a un hombre tan de cerca, no que fuera al menos atractivo y un laguz. Pero su pregunta a continuación le dejó boquiabierta.

- ... ¿e-eh? -musitó por fin, después de su largo silencio, con una suave vocecilla que se escapaba tímidamente de sus labios. ¿Un dragón? ¿Como ella? ¿...un dragón rojo? No, eso no era posible... si no, lo hubiera notado. Aún así, asintió lentamente con la cabeza un par de veces, asombrada y curiosa por sus palabras. Sin embargo, había algo que no entendía... ¿de qué piedra estaba hablando? ¿Qué tenía que ver eso ahora?

Alzó una ceja, confusa, sin entender qué pasaba con aquella roca. En el campo había muchas, aunque eso sí... ninguna tan hermosa y tornasolada como aquella. Así que seguramente se trataría de una gema, que su... ¿dueño? le habría dado. Miró hacia abajo mientras juntaba sus manos, volviendo a su timidez en silencio. No entendió su nueva petición. ¿La... suya? La joven entonces se señaló el adorno florar en su pelo, el cual tenía pequeñas piedrecillas preciosas. Esos decorados costaban mucho dinero, y por eso sólo se los hacían vestir en ocasiones como aquella, para atraer clientes ricos.

Un momento. ¿Era eso? Él... ¿quería robarle? Mal, ¿y si él estaba allí porque su amo quería raptarla? También había visto ese método a menudo, el de atraer a otro laguz a base de usar un esclavo para que cogiera confianza. Se levantó bruscamente y sacudió un poco la falda de su vestido, dando un paso atrás. No sin antes buscar con la mirada en su cuerpo, por alguna señal que le delatara como un esclavo, porque seguro era eso.
Antes de darse la vuelta con la intención de volver con los jefes, se detuvo. No, no había visto nada en él, de hecho, no parecía tener nada más que lo que mostraba... ¿sería cierto que entonces él era un ser liberado?
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