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[Entrenamiento] Fe y Valor [Luz]

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[Entrenamiento] Fe y Valor [Luz]

Mensaje por Roy el Vie Sep 01, 2017 11:18 pm

De verdad, usted no tiene que hacer ésto. - Dijo un adulto, cuya melena castaña caía hasta el pecho descubierto, marcado en viejas cicatrices y vellos gruesos, con una incipiente barba sobre la mandíbula cuadrada. La tez morena, casi quemada, relucía sudorosa a la luz del mediodía cómo si estuviera pulida, mientras aquellos ojos pardos miraban circunspectos a aquel guante blanco que se extendía para afianzar la tabla de madera entre la delgadez de sus dedos alargados. - Si el marqués se entera... Mi padre no tiene porqué enterarse. Además, ¿que tiene de malo? Estoy casi seguro que él haría lo mismo. - Casi, pues ese pequeño ápice de duda se lo guardaba a la excesiva manía del mencionado por conservar una imagen pulcra e impoluta. Y otra vez aquel hombre parecía seguirle a donde fuera que su hijo estuviera.

Roy no podía estar ni un día siquiera sin escuchar el nombre de Eliwood en lenguas de otros, evocando su existencia en cualquier instante, demostrando cierta renuencia por aquel hombre de su parte. Eso lo irritaba, en cierto modo, y pesadamente suspiró.

Vamos, ya deme eso. - Y allí, en lo alto de una casa cualquiera, en una de las tantas aldeas circundantes al norte de la ciudad de Pherae, el pequeño heredero sostenía un martillo en mano mientras se inmiscuía en la reparación de un tejado, ofreciendo su ayuda entre las obras de reconstrucción del poblado. El hombre, igual de renuente cómo lo era aquel con su padre, accedió a regañadientes la insistencia del noble adolescente, cediendo la tabla para que él taponara el último boquete. Sin duda, no era la usual personalidad que todo «sangre azul» debía tener, y a todas luces era de aquel que se entrometía directamente en los asuntos de la comunidad. Era cercano, era familiar. Y un pequeño fallo al martillar le hizo chillar.

¡¿Se encuentra bien?! - Exclamó aquel, a nivel del suelo, con la inquietud desbordándose en su mirar amarronado que reflejaba, cual espejo, a la figura de una melena rojiza chupándose lastimosamente el dedo pulgar. - ¡Por supuesto! Auch... - Secundó rápidamente, con un irrisorio intento de mostrar una masculinidad indolente, mas aquel pequeño detalle de su gordo dedo le contradecía enormemente. Al final, pudo terminar con la tarea que se había autoimpuesto mientras un par de caballeros armados le aguardaban en el suelo, con su capa azul y escarlata junto a su espada enfundada. El hombre, en compañía de su mujer que recién salía del interior del hogar con una bandeja de madera y tres tazas de hirviente té, agradeció el altruismo que aquel jovenzuelo voluntariamente les concedió; una gratitud humilde y sincera que al susodicho, suavemente, le ruborizó, terminando por desestimar tales palabras con apresurada jovialidad.

Los caballeros aceptaron el ofrecimiento, devolviendo la capa y arma al heredero quien declinó del aperitivo; no le gustaba el té, y en cambio se conformó con apreciar la redondez en el vientre de la mujer, aquel bulto que cargaba bajo una sencilla y remendada bata de embarazada. Y pensó en aquella vida que se formaba en el interior. Pero tanta fue su abstracción que no reparó en cuando la futura madre se le acercó.

Su nombre será Elbert, cómo vuestro abuelo. - Le describió, atrapando al ensimismado menor fuera de lugar con tal declaración. Y fue indiscreto de su parte mirar con tal ahínco, lo sabía, intentando corregirse con una sincera disculpa, en vano, pues la lengua se le había atorado. La mujer, con aquellos ojos de miel, sólo rió en gracia al nerviosismo del noble chico; una risa que destilaba dulzura y suavidad, digna de un ser angelical y relajante hasta en un salvaje animal. Roy se paseó la mano tras la nuca y en sus labios anidó una sonrisa vergonzosa; sin embargo, no disminuía su interés por aquel bebé, pero su timidez le jugaba lo suficientemente en contra cómo para sentir un nudo dentro de su boca. De pronto, la mano de aquella mujer acogió con delicadeza la de Roy, llevándola con lentitud hacia aquella redondez que tan grande y pesada se le veía para su embarazada figura. Y ahí lo palpó. - ¿Lo sientes? Justo ahora es que empieza a patear.

No comprendió porqué, pero aquello le sonó tan familiar que una tenue sensación en el cuello le empezó a cosquillear. Su mano hacía un vaivén al compás del vientre ante la mujer y su respirar, pareciendo captar algo, algo demasiado diminuto y fugaz, hasta que ese algo en su palma le pudo golpear. - ¿Eh? ¿Eso qué...? Sí. - Rió amena y risueña. - Le caes muy bien, seguramente. - Dijo aquella.

Y entonces el noble, cuyo carácter dejaba en conflicto las viejas
tradiciones de su linaje, pudo reír con suavidad y humildad. Con plena sinceridad.

A pesar de sentir siempre estar bajo la sombra de su padre, de esa incómoda sensación que no le reconocían por lo qué era sino por de quien provenía, no podía evitar resguardar esa admiración y respeto indecible hacia aquel mismo que lo engendró. Su perseverancia por traer la paz a la nación, al reino, a Lycia... A Pherae en toda su extensión. Quizás, y sólo quizás, Eliwood era su héroe más real, uno que podía ver y tocar, y uno ejemplar. Un secreto que guardaba con recelo. Y así pues, pero cómo en toda historia que se precie, el punto de inflexión llegaría cuando una inesperada alarma resonaría. Y es que un grito seguido de un hombre, tan abrupto cómo agitado y desesperado, se alzó galopando por la calle principal de la aldea a los lomos de un negro caballo. Una voz que alertaba a todos los pobladores, que exhortaba a buscar refugio con prisa, mientras los cascos del corcel se perdían en la lejanía con dirección a la ciudad en búsqueda de un precipitado y urgente apoyo militar.

...Pues el peligro se acercaba,
la gente en esa amplia calle lo escuchaba.


La llegada de los bandidos entre las montañas.
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Re: [Entrenamiento] Fe y Valor [Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Dom Sep 10, 2017 2:17 pm

Luz era incapaz de quedarse quiete. Por mas cansado que estuviera,por mas que su cuerpo pidiese a gritos un descanso en muchas ocasiones se sentía incapaz de dárselo. Porque era en esos momentos cuando su mente empezaba a trabajar, llenándose la misma de recuerdos y pensamientos que no hacían mas que hundirle en la oscuridad,que le oprimían el pecho de manera dolorosa y le cortaban la respiración. Prefería estar ocupado en algo, que sus manso y pies no parasen y su mente se centrase en la tarea. O al menos se intentase centrar. Parando solo si se enfermaba,si se heria... no por el mismo, si no por no causar problemas y preocupaciones a aquellos que le rodeaban.

Aquella vez,cuando llegaron al castillo del marques de Pherae, tuvo que descansar. Sanar las heridas formadas por los emergidos que habían destruido la capilla en la que había trabajado poco tiempo atrás. Tan poco tiempo... si cerraba sus ojos en la oscuridad de la habitación que tan amablemente le habían prestado aun podía verlo. El fuego ,el edificio desmoronándose ante sus ojos, la lanza atravesándole... Pero había descansado. Sus heridas estaban sanadas casi por completo. Su mente algo mas en paz al reencontrarse con el que fue y era la persona mas importante para el, tras solucionar viejos malentendidos con dicha persona... Tras decidir su propio paso, el acompañar a aquella sacae que le había salvado hasta Caelin. Quedarse allí con ella y ayudarla... Lo cual seria pronto.

Y a pesar de todo las viejas costumbres no morían,a pesar de estar bien de no necesitarlo tanto como antes, aun así no podía quedarse quieto sin hacer nada. Esperando. Tal vez fuese costumbre,necesidad, o simplemente era la naturaleza del clérigo. Pero desde que se había recuperado y había ayudado a sanar las propias heridas de Lyndis había estado vagando por el castillo ,ofreciéndose para ayudar a las sirvientas y criados con todo tipo de tareas. Al principio se negaban , después de todo era el invitado del marques. Pero el no era como Lyndis. No era noble, no era importante. Era un simple hombre de fe, un sanador... su tarea era servir... Y al final,tras insistencias,suaves palabras y sonrisas le habían dejado ayudar.

Al principio con tareas comunes y ordinarias, tales como ayudar con la ropa o la comida. Después de todo había estado durante años sirviendo en pequeñas parroquias, y como la parte mas baja del clero era el quien se encargaba de los quehaceres del hogar en dichos lugares donde solo vivían los religiosos y algunos huéspedes provisionales. Después ayudo con los preparativos del viaje. De aquel que Lyndis y el mismo emprenderían rumbo a Caelin . Preparando los regalos que Eliwood les hizo. Empaquetando ropa,los vestidos tanto para Lyndis como para el mismo ,habiendo sido confundido con una mujer al llegar al lugar. No habiendo el aclarado el malentendido,pues con Lyn lo había aclarado y aun así seguía creyendo que era mujer.Dejando que la gente pensase aquello que no era por motivos personales,portando los vestidos,simples túnicas blancas con algo de azul,que le entregaban.Guardo libros. Ayudo a recolectar y elegir  la cantidad de víveres a llevar dependiendo de cuanto tardasen en alcanzar su destino. Pero incluso esa tarea había sido finalizada a apenas un par de días de partir. Y allí estaba de nuevo,sin nada que hacer y ofreciendo su ayuda.

Mas esta vez todos los sirvientes insistían en que no era necesario ,en que se preparase para su partida y disfrutase de sus últimos días en ese lugar. Pero el quería ayudar,realmente lo quería. El ayudar a los otros de forma desinteresada había sido siempre su objetivo personal,su misión en la vida, aquello que de todo corazón deseaba hacer y que le llenaba de calidez al cumplirlo. Y entonces fue cuando descubrió que ahora que los emergidos parecían haberse retirado de las tierras y la seguridad no parecía necesitar ser tan estricta parte de los soldados de Pherae estaban partiendo a las aldeas cercanas al castillo. Para ayudar a los aldeanos con la reconstrucción de las mismas. Se ofreció a acompañarles.

Tuvo que insistir muchísimo, demostrando lo cabezota que podía llegar a ser en ocasiones,pero consiguió que lo llevasen con el. No le dejaron aun así tomar ni una herramienta. Lo entendía,aunque no dejaba de ser un tanto frustrante. Tenia el cabello ,tan blanco como su túnica, suelto. El vestido. Sus facciones delicadas heredadas de su madre. Sus manos enguantadas portando su báculo. Era lógico pensar que tras verle no le iban a permitir realizar ningún trabajo que requiriese de esfuerzo físico, mas siendo invitado del marques, pero eso no significaba que no pudiese ayudar. Se dedico a recorrer la aldea. Revisando las heridas que algunos aldeanos aun portaban tras el ataque de los emergidos a la misma tiempo atrás. También examino brazos y piernas rotas ya sanadas, para ver si habían recuperado la movilidad de la misma. A algún enfermo,un niño con un pequeño resfriado , un hombre mayor que había colapsado tras sobre esforzarse... Y cuando su labor como sanador parecía haber finalizado tomo su otra posición. La de clérigo de la iglesia de santa Elimine. Se dedico a escuchar a la gente. Sus miedos,sus preocupaciones,sus plegarias y sus infinitos agradecimientos. Ofreciéndoles intimidad,el saber que serian escuchados y que todo quedase en secreto,cargando el con las palabras a la santa. Algunos hablaron con el mientras trabajaban ,otros mientras se tomaban un descanso. Siendo testigo de muchísimas emociones,todas distintas, todas con diferentes intensidades. Ofreciendo en ocasiones palabras suaves como respuesta y sonrisas. Siempre dulces sonrisas.

Fue cuando decidió comenzar a ayudar a las mujeres del pueblo,preparando y repartiendo la comida para los aldeanos y soldados que tan duramente trabajaban , que llego el aviso.

Evito pensar en el echo de que a pesar de que los emergidos parecían haber abandona el país eso no significaba que el mismo fuese seguro. Lo evito pensar porque tenia algo mas importante que hacer. Habia que darse prisa,pero no dejar que cundiese el pánico. La gente estaba confusa y asustada, siendo llevados por el nerviosismo y el pánico. Recordando aun el ultimo ataque. El clérigo les hablo,con un tono de voz suave pero algo mas elevada de la habitual.

-No os preocupéis... todo estará bien... muchas de las casas ya han sido reconstruidas,tenemos refugio... y los soldados del marques están aquí con nosotros... si han podido con esas criaturas de la oscuridad podrán con esto... un par de bandidos no son nada... han elegido un mal momento para atacar... esta todo bien... no hay que preocuparse por nada....

Repetía las palabras una y otra vez,sonriendo. Posando manos sobre hombros ajenos para darles fuerza, impulsando levemente las espaldas para instarles a moverse. Pero con suavidad,todo con calma y suavidad. Tomando a los niños que hasta el momento habían contemplado con alegría a los soldados,viendo con emoción el movimiento del lugar,  su pueblo siendo reconstruido... ahora lloraban. Y el clérigo les tomo de la mano y los llevo a las casas ya reconstruidas.Con sus madres. Cerrando puertas tras de si,pidiendo que por precaución fuesen atrancadas desde dentro.

Repitiendo siempre lo mismo. Que no se preocupasen que todo estaría bien. Negando amablemente las ofertas que le hacían cuando le pedían que se refugiase con ellos en las viviendas. No podía aceptar la oferta. Tenia que ayudar con la evacuación,con la búsqueda de refugio.Acelero algo sus pasos,moviéndose con calma pero siendo ligeramente mas veloz. Aun cuando todos los civiles estuviesen ya resguardados no podía acompañarles. No... Iría con los soldados, y ofrecería su ayuda una vez mas,como sanador. Después de todo, por mas triste que fuera, no era la primera vez que estaba presente en un campo de batalla. Lo había echo de antemano, lo iba a hacer en esos instantes, podía hacerlo... Y mas les valía a los soldados no desear perder el tiempo intentando hacerle cambiar de idea. Porque no lo haría
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