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[Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 07, 2017 3:16 pm

¡Eh! Un poco más despacio, ¿quieres? ¡Vas a terminar atragantándote!

Durren miró a Sorel con incredulidad mientras este devoraba el cuenco de sopa. No tardó ni diez segundos en llevárselo todo al estómago, y no importó si el contenido estaba demasiado caliente o no; éste simplemente desapareció. El rubio estaba muerto de hambre y se notaba no sólo en su aspecto, sino en la forma en la que despachó su comida. Aquel muchacho podía no ser el mejor en muchas cosas, pero si ahora mismo alguien se propusiese tragar más rápido que él, sería imposible seguirle el ritmo.

¡Quiero más, por favor!

Extendió el cuenco al soldado con los ojos brillantes, como si aquel caldo revitalizante le hubiese devuelto a la vida. Tenía los labios manchados y su lengua se paseaba por el contorno de la boca como una escoba limpiando el recoveco más rebelde. No dejó ni una mota. Durren sonrió por un instante y tomó el tazón aceptando su petición, comprendiendo que, pese a que estaban allí para matar y morir, salvar una vida de vez en cuando era algo realmente reconfortante.
 
Su rostro, sin embargo, se endureció en cuanto levantó la vista, y una postura rígida, firme y marcial acompañó a su transformación.

Mi señor —se cuadró e inclinó la parte superior del cuerpo levemente. Le sorprendió verle por allí.

Ancelot caminaba hacia ellos justo a espaldas de Sorel, pasos que parecían marchitar la tranquilidad a su paso. Había dejado atrás el solitario velo de su tienda para contemplar el verdor  de aquella naturaleza casi por última vez, mas no encontraba nada verdaderamente hermoso en el claro. En sus pensamientos sólo quedaba el deseo de marchar, y la impaciencia en estos últimos días le había hecho deambular por el campamento con más frecuencia de la habitual.
Se detuvo tras Sorel y observó esa maraña de pelo rubio que aún no se percataba de su presencia. Durren tragó saliva y despejó la dudas de su señor, que sin palabras ya parecía cuestionar aquella presencia que no era capaz de reconocer.

El muchacho parecía hambriento, mi señor. Decidimos darle un poco de sopa para ayudarle a reponer fuerzas —explicó, sincero, mientras él escuchaba con atención—. Aries le ha traído al campamento.

Los ojos de Ancelot viraron hasta la jinete, que se mantenía a un lado, muy cerca de su bello pegaso blanco. Aún notaba algo de miedo en sus ojos, y no sabía si aquel era un buen o un mal síntoma. Se resignó a aceptar esa suerte, y cuando volvió a recaer a Sorel, este ya se había dado la vuelta y le devolvía el contacto visual.
Ancelot pareció sopesar por un momento su rostro, como si encontrara en él algo familiar.

¿Nos hemos visto antes, joven? —preguntó con duda, mientras repasaba sus recuerdos para tratar de encajar aquel semblante en una pieza sin rostro—. Tu cara me es familiar.

Sorel quedó paralizado en primera instancia, pero en cuanto descubrió ante quién se encontraba, se separó del tronco y clavó la rodilla en el suelo.

Lord Levallois... —masculló, respetuoso. El rubio tomó aire, hizo una leve pausa y permaneció arrodillado. Agachó la cabeza al compás, y prosiguió sus palabras para darse a conocer—. Estudié en el castillo bajo la tutela de Sir Laevatein.

Se hizo un silencio corto pero interminable. Ancelot estrechó los ojos y, al escuchar aquellas palabras, todo cobró sentido en sus pensamientos. Recordó aquel rostro, aquella faz inocente pero determinada. Aquel muchacho había pertenecido al escuadrón de magos de su padre, aunque no se trataba más que de un mero aprendiz. Ahora hincaba la rodilla en señal de servidumbre. ¿Estaba allí para luchar por él? ¿Para morir por él? ¿Para matar por él? Si hubo una sonrisa en su rostro, se esfumo tan rápido que ni siquiera pudo verse. Dio un paso hasta su posición, y cubrió el sol a su espalda, proyectando una sombra sobre el mago que le permitiría volver a alzar el rostro cuando le hablase.
Por supuesto, también recordó su nombre. Un buen lord debía memorizar todo cuanto pudiese de los hombres que existían bajo su cargo.

Te recuerdo, Sorel Marshal. Puedes ponerte en pie —lo pronunció sin miedo a equivocarse, seguro de su acierto. Aquella escena le recordó inevitablemente a una que había vivido justo el día anterior, pero ello no le trabó ni le generó desconcierto—. Sir Laevatein contribuyó enormemente a la causa de mi familia. Gran parte de nuestra gloria es también suya, y se marchó de este mundo antes de que pudiera devolverle el favor siquiera —tomó aire, y entonces sí, una sonrisa apareció en sus labios—. Pagaré mi deuda recuperando su hogar. Nuestro hogar —agarró uno de sus hombros en gesto de confianza y cercanía. No deseaba generarle una mala primera impresión—. Sé bienvenido a nuestro campamento. Si deseas unirte a nuestra causa, mis hombres te pondrán al tanto de todo en cuanto recuperes tus fuerzas.

Liberó al joven y miró a Durren y a Vasyl, que estaban paralizados ante su llegada. Ellos le devolvieron la mirada, formales.

Aseguraos de que no pase hambre. Si no podemos racionar la comida, entonces tendremos que ir a por más provisiones. Sorel es ahora uno de los nuestros —y con esta afirmación, se separó de ellos y continuó caminando.

Sus pasos le depositaron cerca de Aries, que observaba la escena, ajena a ninguna intervención. Cuando se cruzó con ella, un susurro imperceptible se quedaría en sus oídos tras brotar de los labios del Lord.

Bien hecho.

No dijo nada más. Continuó caminando, despacio, y sus pasos le alejaron cada vez más del grupo, rumbo a cualquier sitio.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 07, 2017 7:21 pm

Desde cierta distancia junto a Nívea, Aries fue testigo de cómo Sorel pareció revivir en cuanto el primer plato de sopa le fue puesto delante. El hambriento muchacho recuperó el color y las energías sólo para engullir como si no hubiera un mañana. Aries no recordaba haberle encontrado mal de salud el día que le conoció en el río. ¿Será que no había comido nada desde entonces…? Pero de eso… ¿no hacía ya varias lunas? Si acaso así había sido, Sorel era un auténtico superviviente.

Y al verle pedir otro plato con tanto entusiasmo, una sonrisita de alivio se dibujó en el rostro de la jinete. Le alegraba ver que su nuevo amigo se encontraba mejor, y además le resultaba muy curioso poder ser testigo del compañerismo entre los soldados. Los hombres tenían una forma de hablar y comportarse distinta, extraña y particular. Les observó en silencio como un gato curioso, echada a un lado con su pegaso sin imponer su presencia.

Poco duraría aquel ambiente relajado. Una nueva presencia, repentina y discreta como una sombra, paralizó a los presentes en una reacción en cadena. Primero fue el soldado junto a Sorel, en cuyo porte se adivinó que algo estaba ocurriendo. Así, todos los que habían observado la escena giraron sus cabezas en la dirección que él miraba, presintiendo lo mismo que él. Bueno, todos menos Sorel, que seguía degustando la comida con ignorante felicidad.


Tensa y firme, Aries percibió cómo su corazón se aceleraba con pasmosa facilidad; gato que se convierte en pajarillo. Sus ojos se posaron sobre la imponente figura de su joven señor. Era la segunda vez que le veía, y no supo si algún día sería capaz de acostumbrarse a aquella presencia. Ah… tenía la armadura manchada de barro. Por alguna razón, aquel dato le importó demasiado. No era así como deseaba presentarse ante él… no era así como quería que él la viera o recordara.

-Aries le ha traído al campamento. –dijo el soldado junto a Sorel, sorprendiendo a la jinete al llamarla por su nombre. Los ojos de Ancelot se girarían entonces hacia ella con el estruendo que sólo su silencio era capaz de lograr, llevándose la respiración de la joven como pago. Ella le aguantó la mirada con párpados abiertos y labios mudos, y sólo tras unos pocos segundos, eternos en su paladar, podría respirar de nuevo cuando la atención de su señor recayó sobre Sorel. La de ella siguió sobre aquel cabello que traía la noche bajo el sol de la mañana, sobre esas facciones elegantes y serenas, tan diferentes a ella y a todo. Entrecerró ligeramente los párpados. Escuchó sus voz; apenas sus palabras. Porque los ojos de Aries estaban en la figura de Ancelot, pero sus pensamientos vagaban más allá, en un tiempo futuro que tejió con sus miedos y deseos.

Aquel hombre sostenía la muerte de Aries entre sus pálidas manos, y ella jugó -no por primera vez- a imaginarla.

Y cuando se dio cuenta, Ancelot volvía a caminar, esta vez en su dirección. Manteniendo su postura firme, la mirada de Aries se mantuvo en el frente cuando él se cruzó justo a su lado. Entonces llegaron aquellas dos palabras. Dos palabras. Un mundo en dos palabras. Inesperadas; fueron depositadas en su oído como un pequeño regalo.

Bien hecho.

Entonces todo volvió a tener sentido. El fluir de la sangre, los pensamientos rotos, incluso el barro de su armadura. Todo encajaba, todo estaba en su sitio. Y no olvidó, claro que no, la dulzura de una caricia desconocida. Si otros olvidaron el nombre de ésta, ella no lo hizo aunque también hubiera sido puñal.

-Mi señor –se giró hacia él, decidida, y alzó la voz sólo lo suficiente para que su Lord, ahora de espaldas, la escuchara. Sólo quería que la escuchara- ...Fuimos los dos. Ethan y yo.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 08, 2017 1:11 am

No entendía a qué obedecían sus piernas, ni qué pasaría con sus brazos al volver. Estaba inmerso en un vórtice de miradas y sólo supo volverse cuando ella pausó sus labios. Observó de soslayo como subía un turbulento Sorel al blanco pegaso que había aparecido a su lado, las costuras que parecían doblarse en su cuerpo cuando ella le ayudó a montarse y el silencio manchando las plumas ya no tan nevadas de Nívea. Ethan pensaba ir solo hasta el campamento, y ahora tenía a tres acompañantes caminando a su lado. ¿Cómo había pasado del regocijo a la soledad?

Y allí se encontró la misma piedra, y ese era aquel árbol tan holgado. Se trataba del mismo camino, pero él se sentía tan distinto que quiso llover. '¿Crees… que la causa de tu señor es vil e infame…?', sus palabras se tornaron campanas en su cráneo, y repicaron tan fuerte que se oyó estremecer. Levantó la vista al frente y sus ojos recibieron a Durren, que asió con prontitud el cuerpo de Sorel. ¿Y... él? ¿Por qué no lo había ayudado él? De pronto sus manos le parecieron sucias, y cada dedo venía separado por un abismo de oscuridad, no entendía qué le estaba pasando. Éste no era él y ninguna frase, ningún veneno, podría cambiarlo.

Insufló su pecho y azogó su espalda. Sentía la ponzoña de su pasado acariciándole el pelo, el ardid del que acumula cicatrices, así que clavó el rostro en la jinete y alargó el brazo. Adivinó su cara, la sorpresa, las vocales bailando en su lengua pero Aries no llegó y su caricia se volvió vaho. Murió, a medio camino entre él y aquel astro lejano.

- ¿Nos hemos visto antes, joven?

La voz de su Señor cortó el aire y él era todo lo que ella supo ver. Su mano bajó, aletargada; la tuvo y la dejó ir. Y entonces fue cuando todo pareció encajar en su cabeza. Sorel era el último superviviente del destacamento de magos, y se sintió enfermo, asqueado de sí mismo, por haber sentido que aquel joven le molestaba. Por haber creído que venía a robarle algo que no tenía y no ansiaba. Por causar un lapso entre aquellos discos de cielo y los suyos. Por dejar en el olvido una frase que le atormentaría a deshora. Pero, no era él ni su memoria, sino ella a quien no quería culpar por su dolor.

- Bien hecho.

Su mente se nubló, se sintió huracán y tormenta. Se convirtió en el cruce de espadas.

- Mi Señor... Fuimos los dos. Ethan y yo.

[BGM]


Y su nombre descargó la furia de su pulso, la descarga inaudible de la sangre arañando su estómago. Entonces voló y sus muñecas chocaron, y con el impacto encontró su rostro frente al suyo. Entonces fue cuando la escuchó respirar, o eso creyó, y delante de su Lord robó a la jinete que lucía el blanco. Tan cerca que sus alientos podrían haber sido uno. Tan cerca que se manchó del barro de su armadura. Entonces el peliblanco arrastró a Aries tras la tienda, junto a las caballerizas, y notó sus huesos quebrar el trote de sus labios. Allí, donde nadie les veía, le contestó. Su garganta se volvió arena y de ella surgiría el cristal, como el agua clara, atravesando la inmensidad del mar como un barco.

- La causa de mi Señor es mi causa. - Le dijo, y el apresar de sus dedos falló. No pretendía retenerla, sólo apartarla del resto. - Y no es vil mas sí infame. - Buscó la tempestad, el revolver de sus párpados. - Pues no he encontrado el cese aún, ni la gloria, ni el caer de mis seres queridos. - Y él abrió los brazos. Su voz se levantó, un estruendo convertido en plegaria. - Ésta es mi familia, Aries. La segunda. - El amargor sacudió sus pestañas. - Ya he visto lo que hace la guerra con lo que uno quiere. Con lo que se ama. Y si... si mañana muero yo, que así sea. - El romper del náufrago. - Que así sea... Pero no te atrevas a juzgarme. No cuando he visto tanto dolor siendo engullido por las llamas.

Se separó un poco de ella y miró al suelo, ceño fruncido y mano al pecho.

- ¿Quieres saber qué se siente al quitar una vida? - Levantó sus ojos, cargados de océano. - Te daría la mía y cien más, si eso te place. Se las daría todas a mi Señor, sin duda. - El dolor brotaba de él como un manantial, turbio y denso. Se obligó a no bajar el duelo. - ¿Sabes? Cuando mueren sus padres, al hijo se le llama huérfano. - Se estremeció, por fuera y por dentro. - Cuando muere un esposo, o una esposa, se le llama viudo. - Su voz se cascó, hueca. - ¿Pero qué describe la pérdida de un hijo? - Se tocó el vientre, cargado de rabia. - Supongo que es tan horrible... que no hay palabra para definirlo.

Y cien flechas le atravesaron.


[...]


- Llévame a mí. - Rugió su madre. Y el eco se llevó su carne. - Oh, por favor, llévame a mí...

Sus dedos se volvieron puños. Y sintió el sesgar de su mirada cruzando su cuello.

- Eran tus hermanos. - Sollozó, desconsolada. Las grietas dibujaron su paso, raudo, bajo su madre. - Deberías haberles salvado. Ojalá... Ojalá... Su cuerpo llevara tu nombre.


[...]


Ethan no esperó a que Aries contestara, no buscaba una confrontación ni una conversación honesta. No debía más que la sinceridad entre sus costillas. Entonces se dio la vuelta y montó en Dulcinea, que se encontraba expectante junto a otros dos caballos. Y segundos más tarde, de él sólo quedó la estela de unos cascos rumbo a la ciudad sin nombre.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 08, 2017 6:53 am

¿Qué había sucedido? En un principio no lo sabía, lo único que le molestaba es que no le dieran un nuevo cuenco cargado de nutritivo alimento. Hasta que al final, fue consciente del cambio. Las palabras del soldado que tenía en frente parecían un claro indicativo de la novedad que acontecía, la cual confirmó virando levemente la cabeza hacia su espalda.

No necesitó verlo entero: el porte erguido, la silueta de un verdadero noble… Puede que estuviera mirando hacia otro lado, pero recordaba aún con verdadera fascinación aquella mirada desde la ventana viéndolo batirse en duelos aunque fueran de práctica, en aquellos escuetos cruces por los pasillos sin llegar a intercambiar una sola palabra y que le hacían cesar su paso y volverse a verlo marchar. En su memoria estaba grabada a fuego, aquella mirada realizada por esos ojos con una luz y un poder superior a los rayos que él mismo convocaba, que causaban admiración y miedo por partes iguales a quien buscara sostenerle la mirada. Fue todo fugaz, un recuerdo reiterado de una fina vara dándole en la nuca para recordarle que debía mostrar respeto al que en aquel entonces se había vuelto su señor… y el movimiento fue automático.

Se giró e hincó una rodilla, mientras con mano contraria sujetaba el macuto de los libros. - Lord Levallois… - fueron las primeras y únicas palabras que pasaron por su cabeza. Agachó la cabeza como un acto reflejo de presa ante el cazador en un callejón sin salida. Era como si su presencia lo asfixiara, como si su mirada fuera a cargarle todo el peso por lo ocurrido a Sir Laevatin y el resto de la escuadra por no haber estado allí.

Había llegado ese momento que tantos sentimientos enfrentados le había causado durante el camino de regreso. Tiempo atrás ansió poder presentarse allí de nuevo, esperando ser bien recibido y su falta perdonada. En este instante, el corazón estaba desbocado, temiendo ser recriminado por no haber sido capaz de cumplir las órdenes tiempo atrás y apartado para siempre de lo último que conocía en este mundo… Desterrado. La mera imaginación de dicha idea lo aterraba hasta niveles absurdos, le hacía temblar el pulso y las piernas… y le impidió atreverse a dar su nombre, presentándose de la siguiente forma. - Estudié en el castillo, bajo la tutela de Sir Laevatin.

Que el silencio continuara lo le hacía sentir cómo el tiempo se detenía, cómo el peso de aquella mirada sobre su espalda era cada vez mayor, cómo cada vez el aire parecía que le ayudaba menos a respirar, cómo parecía ahogarse, cómo se le secaba cada vez más la garganta y la boca hasta el punto de poder sentir casi el raspado de su lengua en el paladar, cómo se cerraba su estómago y acallaba toda su demanda de nutrientes, cómo el sonido de sus latidos era lo único que rompía el silencio y era tan fuerte que todos podían oírlo… porque a él, casi lo ensordecían.

- Puedes ponerte en pie. - le escuchó decir. “Ya está… me va a desterrar… o algo peor...” pensó aterrado, mientras se ponía en pie, siendo incapaz de levantar la mirada. La respiración se le entrecortaba y el temblor de sus rodillas parecía ir en aumento conforme hablaba de Sir Laevatin y su gloria. “Se acabó… es el fin…” se decía en su interior, buscando algún sitio dentro de su cabeza en el cual poder esconderse ante aquellas miradas en el mismo momento que la losa de la culpa fuera lanzada directamente contra él. Pero una mano en el hombro le hizo dar un respingo, un sobresalto claramente perceptible. - Sé bienvenido a nuestro campamento. Si deseas unirte a nuestra causa, mis hombres te pondrán al tanto de todo en cuanto recuperes tus fuerzas.

El rubio abrió los ojos de forma exagerada y buscó la cara del noble. Una sonrisa fue lo que encontró… y casi le pareció estar viviendo un sueño. El momento en el que le soltó, casi tropezó. No se lo creía… realmente en su mente era algo que no esperaba que sucediera de verdad… era como si hubiera venido hasta aquí esperando un castigo, una redención… y se encontró algo totalmente distinto. Algo cercano. Algo demasiado hermoso como para ser real… pero que ahí estaba, justo a su alcance.

- Hey, ¿a qué viene esa cara? ¿No querías más? - le dijo con una palmada en el hombro el joven que antes estaba con el caldero, ahora junto a él con un cuenco cargado de nuevo. Traído de nuevo al mundo terrenal y arrancado de aquellas deliberaciones que realmente no lo llevaban a ningún lado. - G… gracias. - Solo una palabra. Una palabra que nunca pensó que podría decir con tantos sentimientos. - Ya ves la buena memoria que tiene Ancelot. Pero seamos sinceros, creo que ni tú ni yo la tenemos tan bien. Así que, Sorel, encantado de volver a conocerte. Yo soy Vasyl. - Sí… ciertamente era demasiado bonito como para ser verdad.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 08, 2017 10:44 am


Las palabras de Aries no quedarían impunes. Si bien la reacción de su señor no fue más allá de un breve alto en el camino, señal de haberlas escuchado antes de retomar esos pasos que continuarían alejándole, aquella inocente confesión trajo consigo otra tormenta repentina, el tronar desconocido del que se acerca demasiado. Aries abrió bien los ojos y ahí estaban la nieve y la miel. Y sí, respiró, y le escuchó respirar también a él porque Ethan estaba muy cerca, más que nunca y más que nadie. Y su mano fue cálida, mas también diferente a cómo la había imaginado; porque también la había imaginado, sí, desde que vislumbrara aquella caricia sobre Nívea por primera vez. Pero no había caricias para ella; tan sólo un agarre duro en su muñeca, contenido y ligeramente tembloroso, que casi llegaba a doler. Los ojos de Ethan parecieron gritarle en ese momento.

Unos segundos más y el joven soldado tiraría de ella sin importarle el qué dirán. Ella se dejó, incapaz de detener aquella ventisca que la colmó de vértigos, hasta llegar a una zona cuyas únicas miradas serían las de los caballos. Sólo entonces él la dejó ir, apresándola esta vez con sus palabras. Respondió a esa pregunta que parecía haberse llevado antes el río, pero que en realidad siempre estuvo ahí, entre sus manos. Y ante una Aries sin voz Ethan se abrió el pecho e incendió el ajeno. Y sobre Aries Ethan sangró una pequeña parte de la ponzoña que se guardaba. Sangró, porque no había otra palabra para definir lo que Aries vio en aquellos ojos húmedos, o escuchó en aquella voz que parecía arrancarse a sí misma cada palabra.

Ethan habló de tragedias, de las suyas; de esas que ella, niña venida del blanco y la nada, no podía imaginar. Y fue un completo desconocido, de pasado nebuloso y cicatrices por experiencias; un completo desconocido que, de alguna forma, trataba de dejar de serlo. Aunque fuera con el enfado, con el odio y la decepción. Y Aries… ella sólo pudo ser testigo de aquella fuerza imparable y desgarradora en la que se había convertido Ethan. Muda, casi sin aire, herida y culpable. Él ya no la miraba.

Y cuando quizás ya no quedó más veneno que exhalar de sus pulmones, Ethan se giró para marchar sin mirar atrás. Aquel movimiento repentino provocó el primer parpadeo, el primer respingo en la jinete. Fue instintivo. Alzó y estiró el brazo hacia él, como si esta vez fuera ella quien quisiera alcanzarle con los dedos.

-¡E…! -trató de llamarle, pero él ya montaba y ya marchaba, veloz, levantando tierra y polvo bajo los cascotes de su caballo. Tormenta de nieve que vino y se fue. Y allí quedó ella, con la mirada sobre la estela que él dejó y un débil susurro arañándole la garganta. El nombre no sólo de aquel al que había creído acuchillar sin pretenderlo, sino también de una herida bajo su propia armadura.

-…Ethan…
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Eliwood el Mar Sep 19, 2017 11:19 pm

Tema cerrado. 70G a cada participante (a excepción de Ancelot por no estar dentro del conteo de posts mínimos para recibir recompensa).

Aries, Sorel y Ethan obtienen +1 EXP.

Se procede a su tirada gratuita del dado Suerte, cuyo resultado será la recompensa que obtendrán todos.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
4755


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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Narrador el Mar Sep 19, 2017 11:19 pm

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Suerte' :
Support :
None.

Experiencia :

Gold :
4187


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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

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