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[Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

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[Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 30, 2017 1:03 pm

Esa noche, su primera noche en el campamento de Lord Levallois, Aries durmió como un soldado más en una de las pequeñas tiendas. Un cambio interesante con respecto a su cama en la Orden, y una notable mejoría sobre el granero de la noche anterior. Por ser la única fémina, se le concedió una tienda que por ahora sólo utilizaría ella, gesto que secretamente agradeció. Nívea dormiría fuera, sobre un poco de paja que también habían procurado sólo para ella. Yegua exigente; se había negado a ir junto a los demás caballos, pues ella no era un caballo más, y su sitio no estaba entre ellos sino junto a su jinete.

A Aries le costó dormir esa noche. Se sabía rodeada de extranjeros, cuyos hábitos nocturnos aún desconocía. También los diurnos. Todo le inquietaba demasiado; su vida hasta ahora había sido más o menos monótona, sin demasiados rostros nuevos que llenaran sus días. Sin embargo, desde que salió recientemente de la Orden, había sufrido y vislumbrado un cambio constante, incesante, como una tormenta que arrasa el bosque para que éste vuelva a crecer de forma diferente. Ahora cerraba los ojos y volvía a verlos. Los rostros de todas las personas que había encontrado a su paso. Y volvía a escuchar todas y cada una de sus palabras, y el mundo daba vueltas… y vueltas…

Bandidos… Guerrero pelirrojo… Nocthícula… Chico del río… Soldados… Ethan… Ancelot… Soldados… Ethan… Ancelot… Ethan… Ancelot… Guerra…

Sin saber cómo ni cuándo, en aquel carrusel de extraños en tierras extrañas, Aries quedó al fin dormida.

[ . . . ]

El sol de la mañana se presentó notablemente más cálido que el de Ilia, y aún supo conservar parte del aire frío al que Aries estaba acostumbrada. Era un clima agradable, pensó; probablemente ella no sería capaz de soportar temperaturas demasiado calurosas.

En la distancia, los soldados parecían relajados, echándole miradas tan disimuladas como las de la propia jinete hacia ellos. ¿Curiosidad mutua…? Se notaba curiosa, sí, mas también inevitablemente inquieta, como si una pequeña criatura hubiera anidado dentro de su pecho y no se estuviera quieta. Pesaba. No sabía qué era ni qué forma tenía, pero pesaba. La buena noticia era que, a pesar del duro recibimiento con el que algunos soldados la obsequiaron, tras el visto bueno del Lord no había vuelto a producirse percance alguno. Quizás todo estaría bien mientras ella se limitara a servir con honor en batallas venideras; quizás sería capaz de verles como aliados, y ellos a ella. Al fin y al cabo, lucharían bajo el mismo estandarte, para la misma persona…

Lord Ancelot Levallois...

Jamás hubo presencia tan sobrecogedora, tan asfixiante. Aries no había vuelto a intercambiar palabras con él desde su presentación, pero el mero recuerdo aún era capaz de cortar el aire como ningún otro. Pronto lucharía por él en un desconocido campo de batalla; no sabía si tenía ganas o miedo. Probablemente ambos.

Inhaló profundamente, se llenó los pulmones de ese aire robado que aún no era suyo. Exhaló. Con una pequeña sonrisa, se acercó entonces a Nívea para cepillarle el lomo. Algo familiar, un cachito de hogar ahora que estaba tan lejos. Era como intentar agarrarse a una cuerda, aunque hoy el aire trajera consigo aromas distintos, voces distintas. Pensamientos distintos.

-Eres una pegaso preciosa… ¿lo sabías? –susurró con un suave cosquilleo en el estómago, repitiendo esas palabras que ya había escuchado antes; imborrables-. Preciosa…

Y se perdió su vista en ninguna parte. Sólo al cabo de unos segundos se percató de lo difusos e incomprensibles que se habían vuelto sus pensamientos; incluso había dejado de mover la mano que sostenía el cepillo. Un pequeño suspiro y volvía a sonreirle a Nívea.

-Ya estás perfecta -dijo. Entonces se giró para dejar el cepillo en el mismo lugar del que lo había tomado, junto a un cubo que los soldados dejaron para que la pegaso saciara su sed. Y al arrodillarse para depositar el objeto, algo llamó su atención y le hizo girar el rostro hacia el agua. Su propio reflejo. Se vio a sí misma en la superficie, devolviéndole la mirada con innombrable inquietud. Despacio y distraída, casi incapaz de parpadear, llevó los dedos hacia un mechón dorado cerca de su mejilla, para terminar sobre ésta con una leve caricia que buscaba dibujar su contorno.

Qué extraño... pensó.

Qué extraña...


Última edición por Aries Rondo el Dom Sep 03, 2017 9:07 am, editado 1 vez
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 30, 2017 8:02 pm

Las palabras de su Señor le retumbaban en la cabeza, un martilleo persistente en medio del mar que sacudía la superficie de sus pensamientos. Ethan pasó la página, olía a tinta y a cera, al metálico sopor de la pluma que había embarrado el marfil con esos números afilados. Los suministros no cuadraban esa semana, con razón había visto a Vasyl aguar la sopa el día anterior. Debía ser culpa de los dedos nerviosos de Ambrus, o incluso Durren, cualquiera podía haberse equivocado al comprar la harina y las hortalizas.

Cerró con hastío el adusto libro de cuentas. Su índice y su pulgar encontraron el camino invisible hasta el ceño del peliblanco. Iba a ser necesario que viajara él mismo hasta la ciudad para comprar suficiente alimento, con la pereza que le daba, y así poder pasar el resto de lo que quedaba de mes con el presupuesto que habían ideado. No pensaba malgastar los fondos de su Señor, y tampoco es que les hayan cobrado de más, sabía lo que costaba una fanega de cebada y el celemín de trigo había subido considerablemente tras instaurar allí su campamento. Hasta él se habría sofocado entre tantas cifras inconexas.

Suspiró, cogería una carreta y a Dulcinea, la yegua castaña de Sean, así haría el camino más rápido. Aunque eso implicaría llevarse al más ingenuo de todos, y con su apariencia de niño seguro que intentaban timarles. Salió de la tienda y oteó el campamento en busca de inspiración. Allí estaba otra vez Kieran, con el arco, al parecer Blank le estaba enseñando a tirar a cambio de que él le diera clases de esgrima. Desde luego Ethan no iba a hacerlo, entendía que los soldados de los Levallois recibieran una educación básica en todas las disciplinas, pero el vasallo prefería la especialización, destacar en algo.

Dio un paso al frente y Ambrus le emboscó.

- ¿Lo has resuelto? - Su voz gangosa le envolvió, tenía las ojeras de un prisionero de guerra con el porte de un oso, aunque no desprendía la fiereza de Garthe ni era tan alto. Ambrus tenía una dimensión más circular, de tonel, no como el esculpido en piedra de los músculos del guardián. Un escalofrío le recorrió la nuca para luego acariciar su espalda, Ambrus estaba haciendo caras raras, era inquietante. Bajó mucho el labio. - ¿Me escuchas?

- Escucho tus tripas, sí. - Le hizo un gesto para que parara, empezaba a perder el control de su cara. - No necesitas hacer esa cosa tan molesta para llamar mi atención. - Suspiró y cruzó los brazos, sólo quería dormir. - Estoy en ello.

- E-es mi cara de hambre. - Se sonrojó ligeramente y bajó la cabeza en un asentimiento. - D-date prisa, Vasyl quiere hacer sopa de níscalos esta noche y ya sabes lo que le pasa a mi cuerpo cuando t-tomo setas. - El rugido hambriento de una bestia salvaje pareció cortar el aire, el soldado se llevo una mano al vientre e hizo un gesto de angustia. - V-voy al baño.

Ethan contrajo el rostro en un gesto de horror y se fue de allí, estaba claro que no podía contar con él en estos momentos. Inspiró hondo y dejó que el aire matinal de la campiña le inundara, hacía un tiempo excelente. El frescor de la hierba mojada por el rocío le acarició las venas. ¿Y si tomaba una siesta primero? Ancelot no se enteraría, ¿Verdad? El espadachín advirtió una amenaza tras él y dio un respingo. Sintió los ojos helados de su Señor atravesar la gruesa lona de su tienda y fulminarle con la mirada. Una sensación incisa tan real y desagradable como tenerlo delante con el cejo fruncido. Pero, era imposible que eso fuera cierto, ¿No? Sólo había sido una sensación. Su Lord no podía leerle la mente. O al menos eso esperaba.

- Mejor prevenir... - Murmuró mientras se alejaba, electrizado. Tragó saliva y vació su mente de desmembramientos y espadas atravesando sus costillas. Quizás le hiciera dar cien vueltas al campamento, o algo incluso peor, como arar el campo. Se le erizó el vello de sus brazos. En cualquier caso, era conveniente no seguir imaginando posibles castigos.

Antes de que se diera cuenta, se encontró con la suave crin de Nívea ondeando al viento. Parecía relucir bajo el astro rey, poderosa y grácil, pulcra y fasta. Le recordó a las montañas nevadas de Bern, a los picos tan altos y la albura de la tierra.

- Buenos días, bonita. - Su voz no se volvió torpe, ni grave, ni se le entumecía la lengua como cuando intentaba seducir a la tabernera. Haciendo incapié en el intentaba. Era cándida y dulce, como el que llama a un amigo por su nombre. - ¿Cómo te ha tratado tu jinete?


Última edición por Ethan Laskaris el Jue Ago 31, 2017 12:39 am, editado 3 veces
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 30, 2017 9:20 pm

Ni siquiera escuchó los pasos acercarse, ni se percató de la forma en que Nívea alzaba la cabeza, alegre, ante aquella presencia. Aries simplemente no se dio cuenta de nada. No hasta que una voz, repentina y extrañamente dulce, penetró sus oídos con el alarmante aviso de que no estaba sola. Bien podría haber sido un cuerno de guerra; probablemente el efecto hubiera sido el mismo.

-Buenos días, bonita. ¿Cómo te ha tratado tu jinete?

Le reconoció. Claro que le reconoció. La miel no abundaba en el mundo del fuego y la sangre. Supo a quién tenía detrás y olvidó su reflejo en el agua, ese que tanto la había abstraído por un instante ahora roto. Lo que no olvidaba era aquel nombre. Ethan, el que sabía domar a las bestias y no sonaba ni miraba como nadie más. Así, cual presa de un sobresalto, Aries se puso en pie y se giró rauda para mirarle ella a él, con tanta urgencia que accidentalmente golpeó el cubo del agua. Éste cayó el suelo, derramando su contenido en un pequeño y escandaloso desastre que le valió algunas miradas en la lejanía; y es que a veces la nieve viene con tormenta.

Tras la conmoción se haría un breve aunque incómodo silencio. Bastó para que los ojos de Aries pudieran vislumbrar cómo Nívea ya se había acercado a él, buscando nuevas caricias como las de la última vez; sin miedo, sin dudas, completamente segura de… ¿de qué exactamente? Y se dibujó una tenue, torpe sonrisa en el rostro de la jinete, que por alguna razón tuvo que bajar la vista hacia un lado con culpabilidad. Sí, ¿ese desastre de ahí, ese charco en el barro a sus pies? Lo había provocado ella.

-Lo siento… -sería su saludo esa mañana. Mejor así; no es que hubiera sido decoroso responder con otro ‘buenos días’ a las palabras de Ethan. Se agachó entonces para recoger el cubo vacío-. Recuerdo haber visto un río cercano desde las alturas…

Con esas palabras y el cubo sujeto por ambas manos, quedaba claro que Aries tenía intención de marchar y rellenar el contenido del recipiente. Eso sí, no lo haría sin antes conseguir mirarle otra vez, dedicándole otra leve y afable sonrisa. El cabello blanquecino del joven parecía brillar bajo el sol, como hacia la nieve en Ilia; una pequeña distracción que a punto estuvo de robar las siguientes palabras de la jinete.

-Puedes quedarte con ella mientras, si quieres. Normalmente se muestra más desconfiada con las gentes de estos lares, pero tu compañía… le agrada.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 31, 2017 6:27 am

El silencio pareció sacudir el mundo y, acto seguido, el estrépito de un cubo contra el suelo le sacó de su ensimismamiento. Nívea pareció no alterarse y se acercó a Ethan de todos modos, buscando la intimidad que le prometían sus manos, pero el peliblanco no podía apartar la mirada de Aries. Se quedó paralizado por segundos que parecieron horas. No había notado que estaba allí, al contrario, no esperaba su compañía tan temprano. ¿Madrugaba en su primer día? Debía ser una chica muy aplicada, o quizás era que cualquiera que no durmiese doce horas le parecía excesivamente responsable. En todo caso, se presentaba lista para trabajar como una más. Ethan recuperó la movilidad de sus dedos y notó el sedoso pelaje de la pegaso acariciando sus nudillos. Sus ojos, fugaces e inquietos, se encontraron y con un breve vistazo parecieron secuestrar toda su atención, incluso su aliento.

La yegua resopló y él alargó el brazo para palpar su cuello. Era un gesto mecánico, algo que había desarrollado con Dulcinea tras multitud de noches susurrándole al oído sus secretos. El peliblanco insufló su pecho de aire y esbozó una sonrisa amable.

Antes de poder esgrimir un saludo, Aries se disculpó y se dispuso a recoger el depósito de agua. Entonces fue cuando Ethan comprendió que sus pies estaban llenos de barro y que el pobre animal ya no tendría dónde beber. El río, por muy cerca que estuviera, no tenía un acceso fácil para los recién llegados; tenía truco y ella aparentaba querer ir sola. - Oh, l-lo siento, no me había fijado. He debido asustarte. Ha sido mi culpa...

Se llevó la mano a la nuca y una pequeña risa anidó en sus labios.

- No pasa nada, puede ir Sean o cualquiera de los chicos. - Le contestó, esperando retener sus ojos con él un poco más. No sabía por qué, pero sentía el bálsamo de la lluvia correr por ellos. Que le confiara a Nívea, aunque fuese por el instante más ínfimo, le hacía feliz. - Pero, pensándolo mejor... Sí, creo que sí. - Murmuró para sí. Enfocó la vista en el bosque y levantó la voz para que le oyera. - Si quieres, puedo acompañarte y así te enseño la rutina de avance. Lo que hacen los otros caballeros para acceder a la corriente y coger el agua. ¿Qué te parece?

Una ligera pausa colonizó sus palabras. No estaba seguro de si ella se sentiría cómoda en su presencia, al fin y al cabo, no lo conocía de nada. Sin embargo... Si no se acercaba él, ¿Lo haría ella? De alguna forma, le picaba la garganta a su lado, como si quisiera toser y expulsar el circo que se instalaba en la base de su lengua. Tenía ganas de hacerla reír. Que estuviera cómoda. Que no sintiese miedo. Recordaba cómo había mirado a Kieran, la angustia en su rostro y el romper de la voz de Ethan cuando vio la flecha tensando su trance. También notó su determinación antes de hablar con Ancelot; 'Lucharía por Bern, por mi hogar', se sorprendió en ese momento, y tras escuchar su respuesta decidió que, de ser aceptada por su Señor, la trataría como una igual.

- También me puedo quedar con Nívea, claro.

Un leve cabezazo le golpeó la espalda, empujándolo hacia su dueña. ¿Sabría de la soledad de su pecho? Aquel ejército era su familia. La única que le quedaba. Y le emocionaba que estuviese creciendo.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 31, 2017 9:15 pm

-Oh, l-lo siento, no me había fijado –dijo él, palabras que no mermaron la pequeña sonrisa de la jinete. Lo entendía, claro que lo entendía. Incluso le gustaba que fuera así; eso le hacía temerle menos. Por un momento, Ethan se mostró culpable por el susto que creyó haberle dado a Aries, y no, no era su culpa. O no de la forma que él creía. Por eso ella simplemente negó con la cabeza, tratando de restarle importancia a lo ocurrido. Había sido su pie y su impulso; su desastre, que en eso parecía haberse convertido desde su encuentro con el Lord.

Entonces escuchó esa risa de labios de Ethan, inocente y dulce, y no pudo evitar volver a mirarle con la curiosidad del primer día. Ojos que apenas parpadeaban, como si no desearan perder detalle. Él era un chico extraño, un perfecto contraste con aquel a quien servía. De alguna forma, Ethan parecía ajeno a la guerra y a la muerte; intocable, invencible, sin mancha alguna. Aries llegaba a preguntarse qué cambiaría en él cuando pisaran el campo de batalla, si acaso él seguiría siendo aquel chico cercano cuyas manos estaban hechas de desconocidas caricias. Trató de imaginárselo, pero no pudo. O tal vez no quiso.

Él mismo interrumpiría ese leve trance, de la brevedad de unos pocos segundos, con una idea que cuanto menos la sorprendió. Que hagan el trabajo los demás, dijo él. Y ella, con un parpadeo confuso, se preguntó: ¿acaso no la veía como a un soldado más…?

-Eso… no sería… –trató de decir ella, una queja que no pretendía sonar molesta ni mucho menos, pero que tampoco buscaba ocultar su sorpresa y desacuerdo con tal decisión. No alcanzó a encontrar las palabras finales, pues Ethan ya parecía estar pensando en un nuevo plan. Así, el joven terminó alzando la vista hacia el bosque y se ofreció a mostrarle la ruta hacia el río, la que debían conocer todos los soldados, entre los que ahora se incluía la Caballero Pegaso. Entonces… para él, ella…

Y quizás Aries tardó demasiado en responder, incluso en sonreír aunque lo deseara. Quizás esa tendencia a perder las palabras en presencia del muchacho le jugó una mala pasada, pues antes de que pudiera decir nada, Ethan daría voz a la otra posibilidad. Tal vez la que más se adecuaba a su preferencia.

-También me puedo quedar con Nívea, claro.

Entonces sí, llegó una nueva y pequeña sonrisa al rostro de la jinete. Volvía a entenderlo, por supuesto que sí. Y viajaron sus ojos hasta el cubo que, con brazos estirados, sujetaba por el asa con ambas manos. Era un cubo bonito. Estaba bien cuidado. Y estaba vacío. Tendría que llenarlo. ¿Cuántos pasos serían hasta el río? Tendría que darse prisa. Venga, di adiós…

Un movimiento repentino le hizo alzar la vista de nuevo. En silente aceptación, Nivea le había dado un pequeño empujón a Ethan para acercarle a Aries, ante la atónita mirada de ésta; ojos sobre la nieve y la primavera. Se cerraron sus manos con un poco más de fuerza sobre el asa del cubo. No estaba segura, no, de si él se sentiría cómodo en su presencia. Sin embargo, si no se acercaba ella… ¿lo haría él?

-Siento las molestias que pueda ocasionarte… –dijo en una mezcla de dudas y determinación, ocultando su rostro momentáneamente con una reverencia respetuosa. Casi frunció el ceño. El mundo era de los justos y los valientes, y estos últimos se atreven a mirar a los ojos a los demás. Por eso se irguió, volvió a clavar la mirada en aquel al que un día deseaba llamar hermano, y sólo necesitó un impulso más para que sus palabras brotaran como un manantial; no debía tenerles miedo, pues eran, una vez más, honestas- ...¡Pero sí quiero que vengas conmigo!

[ . . . ]

Si alguno de los dos pensaba que Nívea tuvo intención de quedarse atrás, qué equivocados estaban. La yegua no estaba demasiado a gusto entre extraños; los otros extraños. era pronto para dejarla sola en el campamento. Así, en cuanto los dos jóvenes comenzaron su marcha, ella les siguió con el orgullo de quien no se asume abandonado.

En la vanguardia, Aries miró a Ethan de soslayo. Luego al frente. Otra pequeña sonrisa, extraña y ligeramente melancólica, se dibujó en sus labios.

-¿…Sirves a Lord Levallois desde hace mucho? –preguntó con tenue voz. No deseaba ser indiscreta, pero sus pensamientos no la dejaban en paz. Volvían incesantemente a su único encuentro con Ancelot, e incluso jugaban a imaginar las batallas venideras. Atrapada entre el pasado y el futuro. Mas no era ninguno de los dos el que caminaba ahora a su lado; era Ethan, cuyo nombre Aries aún se veía incapaz de pronunciar. Era quizás demasiado pronto. ¿Y cuándo sería demasiado tarde?
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 01, 2017 5:26 am

Que Aries hubiera abrazado su compañía no lo dejó indiferente, sin embargo, no añadió nada más. Las palabras parecieron sufrir el vértigo de su estela y se limitó a asentir. Encontró, para su grata sorpresa, que Nívea también les acompañaba. Ethan le sonrió y, así, los tres emprendieron el caminó hasta el río.

La jinete iba delante, con el asa del cubo aferrado a la palidez de sus manos y, tras ella, la observaba él. Tenía el grácil mecer del que anda sobre el cielo, del sacudir de las piernas en plena tormenta o quizás en el fango, era graciosa y parecía determinada a no entregar su tesoro. Como una joven resuelta, su instinto apuntaba a que no soltaría el barreño aunque él se lo rogara. Tampoco es que él fuera a hacerlo. No creía ver en ella esa disposición caballeresca a que los hombres hiciesen el trabajo sucio. En realidad, una vez adentrados en el bosque, no creyó ni que le necesitara. Tal vez la hubiera subestimado y fuera resuelta en la foresta. A través de un corto espacio que los separaba, el suficiente para navegar entre dos continentes, divisó el tenue de las hojas mojando el silencio.

- ¿…Sirves a Lord Levallois desde hace mucho?


[...]


- ¿Y si me hace feliz? - Adoleció ella. - ¿Y si me pesan los brazos cuando no le sostengo?

El bajar del cuchillo se encontró con el blanco sangrante de la cebolla. Él suspiró, había oído esa historia una y otra vez, harto de la retahíla de ademanes y flores de cuento. Había demasiada loza que secar y la plata de los Levallois seguía desafiando su revés desde la mesa.

- Oh, sí, cuéntame más. - El sarcasmo escapó de su boca, incapaz de contener la exasperación ni un segundo más. - ¿Y si no? Entiendo que te guste, de verdad, pero... ¿Amar? - Miró a través de la traslúcida cortina de algodón. El más fino para los Levallois, como no. Allí le vio a él, al caballero de cabellos pelirrojos, al motivo del innecesario anhelo de su compañera. Se amontonaban los platos y era su culpa. - Además, he oído que se vuelve a Hoshido.

- Eres cruel. - Musitó ella y cogió un tenedor, empezó a frotarlo con el trapo más presentable de la mesa. - Es mi futuro marido, nunca me dejaría aquí, contigo.

- ¿Él sabe de vuestro compromiso? - Graznó, conocía bien al sujeto en cuestión y, desde luego, no es de los que se emparejaban. Después de todo, una vez fueron amigos.

- N-no, pero es sólo c-cuestión de tiempo. - Un remolino de rizos castaños le golpeó en los ojos. - Ay, déjame, ya lavo yo esto, que me estás deprimiendo. - Con un movimiento de cadera y el cubrir de sus manos, le sustituyó junto a la pila. - ¿Es que tú nunca has estado enamorado?

A él se le encogió el corazón y miró al suelo. Sus labios se abrieron para contestar.


[...]


- Es... una pregunta difícil. - Se dijo a sí mismo; más que responder a su duda, estaba considerando el supuesto. - Mi familia lleva sirviendo a la suya ya... 12 años, creo. Pero no he sido su vasallo hasta hace uno y medio. - Pudo entrever que esa pregunta abarcaba más de lo que debía. No advertía mera curiosidad, había un reflejo atrapado entre sus costillas, hasta él era capaz de verlo. - ¿...Estás bien? Ayer, tras salir de la tienda de nuestro Señor... Creí, no, no debo.

Él se mordió la lengua y volvió la vista a la copa de los árboles, buscando consejo. Decían que los años te hacían sabio y él estaba seguro de saber cada vez menos. No debía importunarla, no debía saciar su sed con el anegar de su pelo.

- Hay algo en ti, Aries. - Entonces habló y marcó el cielo. Se obligó a no mirarla, y al mismo tiempo, no podía dejar morir su sonrisa. - Hay algo en ti que me aterra. - Notó el cortar del aire, el dañar de sus labios. - Y a la vez me fascinas. Me aturdes. - Cerró los ojos, un último relámpago pareció invadir sus pestañas. - Eso es justo lo que siento con mi Lord, y a la vez, tú le das un nuevo sentido.

Bajó el rostro para ponerlo a su altura, para forzarse a desdoblar su alma y ofrecerle un trocito a esa desconocida.

- Sois especiales. - Sentenció. - Lo noto. - Un último bocado a su desnudez y habría acabado. - Junto a vosotros... Siento que podemos ganar esta guerra.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 01, 2017 2:46 pm

La primera respuesta fue simple, fácil. La familia de Ethan llevaba doce años sirviendo a Lord Levallois, aunque sólo había sido su vasallo desde que comenzara la guerra. Había quedado claro desde el primer momento que se trataba de la persona más cercana al Lord, por lo que, quizás, de entre todos los soldados Ethan fuera el más veterano, el rostro más familiar. Simple. Fácil.

La segunda respuesta vendría con una pregunta, inevitable para quien sabe mirar y sabe ver. Un ’¿Estás bien?’ que revelaba la aguda percepción del muchacho, y que él mismo se encargaría de anular con el siguiente ’no debo’. Los ojos de Aries viajaron hasta el suelo en su caminar. Ya no era fácil ni era simple. Y aunque quizás él ya no quisiera oírla, ella buscaba una respuesta, esquiva incluso para sí misma. ¿Estaba bien? ¿Cómo estaba? ¿Qué quería, qué temía? Por un momento parecía que el nuevo mundo la había puesto un poquito del revés, y ella simplemente… no estaba acostumbrada. A compartir sus sentimientos, a que estos importen, al poco sentido que tenían; no estaba acostumbrada. Pero, ese escalofrío cada vez que unos ojos helados volvían a dibujarse en su cabeza… ¿Acaso era nuevo? ¿Acaso no había sentido algo parecido desde que escuchara la palabra guerra hacía ya más de un año?

Se mordió el labio ligeramente, dándose cuenta de que seguía muda, silente como la nieve. Sería Ethan quien volvería a penetrar la calma con su voz, y esta vez no fue respuesta ni pregunta. Esta vez fue la caricia de una pluma de pájaro hecha puñal en sus oídos.

-Hay algo en ti, Aries.


Y los ojos de ella se abrieron un poco más, despacio. Y su paso se fue deteniendo poco a poco conforme las demás palabras del joven morían al besar el aire frío de la mañana. ’Algo en ti que me aterra, algo en ti que me fascina’. Las suyas fueron palabras extrañas, pues ella jamás las había escuchado antes, y a su vez, certeras, como si ya las conociera. Y si cada letra era una flecha, Ethan volvía a ser, una vez más, el mejor arquero. Tan sorprendentemente diestro que, por un momento, aquellos ojos azules desaparecieron de los recuerdos de Aries, dejando una pequeña tormenta en su mirada. Una que no conocía bien.

-Junto a vosotros... Siento que podemos ganar esta guerra –concluyó el joven. Guerra. Ah, la guerra, despiadada y hermosa canción. Un camino marcado por otros, una senda espinosa que con orgullo se recorre. Pensar en la guerra se le daba bien a la Caballero; mejor pensar en ella, que todo desemboque en ella. Que no hubiera más emoción que la suya.

Aries retomó su paso con la mirada perdida en el suelo, pensativa. Se adelantó a él y le dio la espalda. El mundo era de los valientes, sí, pero Ethan, extraño Ethan, acababa de hacerla sentir un poco cobarde. Le hablaría de la guerra. Y quizás, sin que él se diera cuenta, también de otras cosas. Esas otras cosas que quería entregarle aún sin llegar a comprenderlas ella misma. Por eso se separaron sus labios y, con esa valentía que le faltaron a sus ojos, se atrevieron a probar un sonido.

-Ethan…

Le llamó por su nombre, por primera vez. Se detuvo delante del río y simplemente observó su caudal. Había otra confesión que regalarle, pues sólo con él, quien ponía sus esperanzas sobre ella y sujetaba las suyas a cambio, tenía sentido.

-Yo… nunca he matado.

Ahora sí, fue más fácil girarse para mirarle de soslayo. Incluso para sonreírle un poco, sólo lo justo, antes de llevar la vista hacia el cielo en clara nostalgia.

-Siempre imaginé la muerte como la poesía. Un hermoso compendio de exaltadas emociones, un último canto a una vida que brilla con más fuerza que nunca antes de apagarse –explicó con su pequeña sonrisa y un brillo especial en los ojos-. En mi viaje... he visto la muerte de manos de otros, y extrañamente no hallé nada hermoso en ella. Me pregunto si yo… -Y soltando una de sus manos del asa, la alzó ligeramente para mirarla. Aún era blanca- …Si yo podría infligir una muerte más digna a mis enemigos, una tan hermosa como la imagino. La misma que deseo para mí.

Volvió su atención sobre él, con los mismos latidos, ojos honestos, y más palabras que deseaba decirle. Y más palabras que deseaba robarle. Era como si Ethan hubiera abierto alguna pequeña puerta, aunque sea sólo por esta vez, mientras sonara el dulce cauce del río. Extraño.

-¿Cómo... la imaginas tú...?
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 02, 2017 4:35 am

- Ethan…

Su corazón se detuvo. Oír el sonido de su nombre no debía causarle ninguna emoción, eran aliados, él mismo había usado el suyo sin darse cuenta, pero por algún motivo... Sus latidos le habían abandonado. Su pecho se sentía una cáscara vacía a merced de sus dulces palabras. ¿Era por la tristeza que emitía la caballero? ¿O quizás porque esperaba el rugir de la tempestad en sus labios? Su Lord lo usaba para reñirle, mayoritariamente, y el resto de soldados para despertarle. Aries... ¿Cómo lo usaría Aries? No había excitación en su cuerpo, más bien miedo. El miedo del que se ha expuesto y sabe que cualquiera podría emplear un martillo para quebrarle. Volvió el mentón hacia ella, con el terror del yunque bajo el acero.

- Yo… nunca he matado.

Y su garganta se abrió, abrupta, sin ningún sonido que la acompañara. Y en ella pareció florecer un geranio; un suspiro de alivio que le acarició el paladar en su despedida. Ethan vio sonreír a la jinete, levemente, con el batir de alas de un colibrí. Quizás más rápido. Su aliento volvió a acompañar el vaivén de sus costuras. ¿Era eso lo que le preocupaba? ¿No tener experiencia? Aquella revelación no hizo más que suavizar el debacle, pues confirmaba sospechas de retales y remiendos enmarcados en esos orbes azules. Había muchos como ella, que no habían cercenado aún una vida, deseó en su fuero interno que no necesitase hacerlo nunca... pero él mismo sabía que era una mentira, una ilusión que nacería para no convertirse en realidad. ¿Qué podía decir para calmarla? No encontraba en el discurrir del río algo que pudiera endulzar su corazón.

Ella pareció convertirse en nube a su lado y flotar con poesías, con compendios y con la belleza de matar. Y de pronto la sintió llover, estremecerse, descargar en él un frío tan eterno que se escondería entre sus huesos. Y cada una de las letras se convirtió en un puñal, en un nuevo corte en su pecho, en un quebrar de costillas y en una boca negra que devoraba sus recuerdos. Creyó ver a su madre en la superficie del agua, las llamas crepitar a su alrededor y el reposar sin vida de su hermano Liam. Vio arder el cuadro de su padre, y su sonrisa estoica fenecer entre violencia diferida.

- ¿Cómo... la imaginas tú...?

Sus manos se llenaron con las grietas del suelo y él contempló como moría un poco más.

Ethan alargó la mano hasta el cubo, aún sujeto por Aries y con un roce que le supo a deshonra, le robó su tesoro. Con él rompió la superficie del agua, calmo y sosegado, y pudo ver el color de su tez desvaneciéndose. El río había arrasado sus memorias y se había llevado su libertad, su casa, su hogar. Ordenó a su mente a rehacerse, a recomponer la compostura pero no encontraba más que lágrimas en su garganta. Miró a la jinete a los ojos, tal vez buscando su ayuda, su consuelo, y vio en ella la sed del que ansiaba más.

No debía llorar, no podía ser débil. Por más que apresaba el pasado, parecía querer huir, derramarse hacia fuera. Y en sus ojos se detuvo, no lloraría. Se prohibía el desliz, el otorgar tan pronto una parte de él aún desconocida.

- No hay belleza en arrebatar una vida. - Susurró, el discurso del que comparecía ante un jurado. Sentía el clavar de la reina dorada, y él, el peón de cabellos blancos, declarando ante ella. - Lamento decepcionarte. - Prosiguió, su quejido se alejó con el flujo del arroyo. - Nunca he presenciado la hermosura en un acto tan vil, tan infame. Ni a manos de emergidos ni de soldados. - Entonces la miró, con los ojos como escudo  y el coraje por espada. - Pero desearía que existiera. Que la encuentres. Y si no existe, invéntala, porque me gustaría ser testigo de esa muerte tan gloriosa de la que hablas.

Le sonrió; mitad apego, mitad congoja. Deseó cogerle la mano y juntar sus dedos con los suyos. Transmitirle el adolecer de una primavera que se marchita, la fraterna confianza que parecía emanar de ella, el sosiego que le faltaba. Su esperanza.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 02, 2017 11:42 am

Buena señal… ¡Y una porra!” pensaba mientras andaba, ladera abajo entre árboles y arbustos… otra vez. Llevaba unas dos jornadas llevándose hierbajos que parecían comestibles… así que imaginad cómo estaban sus tripas: suplicando por algo con sustancia. Había seguido el río, como le recomendó la chica que viajaba sobre el pegaso… Lo sigió… hasta que desapareció bajo tierra. En aquel entonces se llevó las manos a la cabeza. Perdió el rumbo de nuevo; por lo que me tocó buscar nuevas pistas… que no encontré. Así que lo que hice fue viajar hacia el sur, guiado por el sol y las estrellas, de nuevo rumbo a la frontera que buscaba dejar atrás.

Durante su camino hizo una breve y escueta parada en una pequeña aldea sin nombre… y sin gente… y sin nada más que los cascarones vacíos de pequeñas chozas de madera. Ni un alma, ni un espíritu, ni un resto que llevarse a la boca, ni ratas con las que intentar saciar su hambre en un momento de desesperación. Nada. Así que no perdió más el tiempo. - Seguramente haya sido cosa de los emergidos. - se decía mientras lo dejaba atrás, con cierta inquietud en el cuerpo. Le recordaba demasiado a la última vez que estuvo en el convento donde se crió. Una desoladora imagen congelada en el tiempo y su memoria.

Pero al menos tuvo algo de suerte en su travesía entre lomas: un nuevo riachuelo apareció. Y donde hay agua… hay civilización tarde o temprano. Por lo que solo le quedó seguir el cauce de aguas cristalinas, frías y puras. Parecía mentira… - ¿Cómo al lado del río no hay nada de comida? Casi parece una broma de mal gusto... - se decía. Empezaba a no sentir los pies… ni las piernas… Y tropezar con cada raíz que sobresaliera de más y estuviera oportunamente en su camino. Pero al menos, en la lejanía, al otro lado de la espesura, podía ver finos hilos de humo. “¡Una aldea! ¡Por Mila, que allí haya un templo con beneficiencia! O que no les importe a los vecinos darme algunas sobras… o algo.” pensó, dando gracias a los dioses por aquella nueva esperanza.

¿Hambre? Eso ya es agua pasada. ¿Cansancio? ¿A quién le importa cuando tienes un lugar en el que reposar al alcance de la mano? Como si se hubiera librado de todas esas cargas cual macutos abandonados en el camino. No corría, porque no tenía fuerzas para ello, pero avanzaba sin descanso. Aceleró un poco el paso cuando un leve aroma a setas haciéndose al fuego hizo una breve parada en su nariz, como si de una ninfa juguetona que le diera ánimos se tratase. Aquel falso bienestar realmente le pasaba factura, simplemente lo hacía inconsciente de su mal estado y su equilibrio tambaleante.

Terminó cayendo sobre un arbusto. Agitó ramas por doquier, soltando un débil quejido lastimero. Unos cuantos raspones más a lo obtenido en aquel viaje. Pero no se dio por vencido, no teniendo tan cerca su meta más inmediata: la comida y la civilización. Se arrastró entre las ramas y las hojas, sacudiendo el arbusto hasta atravesarlo… y llevarse la mayor sorpresa del día.

Cuando asomó la cabeza, se quedó sin palabras unos cuantos segundos… Viendo a dos personas, una junto a la otra en la orilla de enfrente. Y lo más sorprendente de todo le resultó reconocer a la muchacha. - ¡La chica del río y el pegaso! - gritó con las fuerzas que le quedaban dentro, mientras intentaba salir de aquella amalgama vegetal. - ¿Al final llegaste al asentamiento de lord Levallois o también te per… diste? - Sí, lectores no son imaginaciones vuestras, ni un error mío al escribirlo. El rubio pareció quedarse corto a mitad de palabra, cuando en su cabeza, la otra figura fue colocada en sus memorias. Si bien con el primer vistazo algo le resultaba familiar, el paso de los segundos fue posicionando a aquel joven de cabellos plateados en la plaza de armas, tiempo atrás, cruzando espadas con otro de los jóvenes. Era de esos recuerdos que le hacían añorar los años pasados y de paz, en lo que su única preocupación era que su tutor no lo descubriera mirando por la ventana. Intentó decir algo, pero las palabras no salieron de su garganta, solo sonidos apagados de emoción mientras señalaba con firmeza al otro muchacho con el pulso temblándole. No le salían las palabras, nunca llegó a conocer su nombre (o si lo hizo no lo recordaba); pero sabía quién era el otro.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 02, 2017 4:13 pm

Había algo en Ethan. Algo en esa mirada de miel que de pronto parecía ver más allá de la espesura del bosque, perdida en algún lugar lejano. Y Aries creyó vislumbrar tantas cosas en sus ojos, tantas sin comprender ninguna, que los suyos apenas desearon privarla de él con ningún parpadeo. El joven se acercó para tomar el cubo con el roce de sus dedos, cálido espejismo de apenas un segundo, y sin mediar palabra alguna se agachó para llenarlo de río, y de…

Ah, había algo en Ethan. Algo triste en su silencio, en esas palabras que debían estar ahí, invisibles para el mundo. Y ella, sin pensar en nada más, quiso saber qué era; quiso que hablara. Y habló. Con una sentencia rotunda susurrada a media voz, que bien pudo haber sido un grito, Ethan le dijo:

-No hay belleza en arrebatar una vida.

¿Qué fue aquello...? ¿Aquel corte en el pecho al escucharle hablar? ¿Aquella grieta en un muro que aún no se había terminado de construir? Se sabe que la curiosidad mata al gato, y, se daba cuenta, ella había sido quizás demasiado curiosa. Ethan había derramado un poco de lo que se guardaba, y nada podría detener ya el filo de sus pensamientos.

-Nunca he presenciado la hermosura en un acto tan vil, tan infame. Ni a manos de emergidos ni de soldados.

La mano de Aries viajó hasta su propio vientre, allí, donde casi le había sentido acuchillarla. Leve paso atrás. Ethan era una persona extraña, sí, porque de pronto ya no era ni primavera ni invierno, ni otoño ni verano. De pronto fue él el juez, el más duro y cruel y devastador, y ella, aún con sus manos blancas, se sintió sucia. Ethan acababa de ensuciarla, con esa miel hecha barro salida de su boca. La jinete necesitaría unos segundos más. Unos pocos más para procesar ese mundo de nuevo del revés, y darle forma a aquellos tristes pensamientos. Dejó que el río sonara un poco más. Su voz escaparía entonces, casi temblorosa.

-¿Crees… –comenzó, incapaz esta vez de decir su nombre. Sonó herida, contenida, y no fue tanto una pregunta como sí fue una acusación- …que la causa de tu señor es vil e infame…?

Quizás a veces es mejor callar, dejarlo todo en el aire hasta que sanen las heridas; las que puedan sanar. Así pareció decidirlo el destino con un sonido cercano. Al principio pareció que un animal de considerable tamaño se deslizaba entre unos arbustos, mas pronto emergió de ellos una voz enérgica y familiar que sembró la sorpresa en el rostro la jinete. Allí estaba él, con su cabello rubio y sus ojos abiertos, y esa costumbre de simplemente aparecer de la nada y llenarlo todo con su presencia.


-¡Chico del río…! –exclamó ella, aunque fue más para sí, sin apenas alzar la voz. El joven pareció entonces ver a un fantasma de níveos cabellos, quedando mudo y paralizado, con la boca bien abierta y el brazo teatralmente extendido para señalar a Ethan. Debían conocerse, tendrían mucho de qué hablar, pero Aries no esperaría. Quería detener el tiempo y no esperaría.

Lo hizo casi sin pensar, en un impulso que ganó la niña frente a la soldado. Comenzó a correr; metió sin miedo el pie el río, que por esa zona sólo le cubría por debajo de las rodillas, y esta vez fue ella quien empaparía sus botas de metal. Levantó el agua, hizo llover esas gotas que brillaban, alegres, bajo la luz prestada del sol. Poco a poco fue dibujándose una sonrisa abierta en su rostro. Y, al llegar al fin al otro lado, tomó una de las manos del muchacho entre las suyas y le miró como quien vislumbra a una luciérnaga en la oscuridad de la noche.

-Aries –fue lo primero que dijo, sonriéndole con emoción. La última vez le hizo una promesa y hoy, más que nunca, tuvo muchas ganas de cumplirla. ¿Se acordaría él? Ella había cruzado el río sólo para eso; fue como echarse agua sobre una herida. Ah, casi creyó ver a Nocthicula a su lado, y por un momento el río volvía a ser azul. Como aquel día.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 03, 2017 5:03 am

[BGM]


El reflejo del sol pareció opacarse y en su lugar encontró umbría. Encontró... a una Aries que disminuía junto al río, a unos párpados cerrados, un vientre que dolía y en su boca la sorpresa de quien no piensa ser dañado. Ethan abrió mucho los ojos, sin saber bien qué había dicho. ¿La habría lastimado? ¿Tal vez un malentendido? Él había presenciado la muerte en su apogeo, en plena pugna, el fallecer de seres más que queridos... amados. No había encontrado ninguna hermosura en aquello. Sin embargo, ¿Por qué percibía el quebrar en sus pupilas?

Sintió a su lengua adolecer, maltratada y rota, y las letras de su orgullo se batieron en retirada. Y entonces adivinó que algo en él debía ser ruin y obsceno, que en sus palabras habría una daga escondida o qué el cielo se estaba vengando por imaginarse feliz. Él estaba astillado por el recuerdo, y Aries, oh, ella no era responsable de su pasado... Debía disculparse, debía hacerlo.

- ¿Crees… que la causa de tu señor es vil e infame…?

Aries habló y con ella tronó el invierno. Sospechó el reptar de la escarcha en un abrazo y el brotar de los cristales bajo sus pestañas. Y de pronto, sin anuncio ni demanda de derrota, mil flechas atravesaron su espalda y se sintió desgarrar. El manar de su cuerpo se sintió rubio y azul,  y entonces fue consciente del fenecer en su rostro, de la felicidad que se ahogaba a sus pies y de la brisa que sin duda atravesaría su cuerpo. Por unos intantes, creyó ser humo de guerra, de casas quemadas y del lamer del fuego. '¿Qué... ha dicho?', había visto a sus labios moverse, sin éxito. '¿Recuperar Bern...? ¿Vil?'.

Sus dientes se apretaron, un tragar amargo, el insulto del que confía demasiado. El temblor del acero envolvió sus piernas, y él, yunque obediente, le regaló otro. Un paso en falso. Ethan avanzó hacia ella pero ya no estaba. El martillo se oscureció en las manos de una joven a quien quería llamar familia y a la vez no lo era. Y sus ojos viajaron por su cuerpo para encontrar el fallo, el cambio, esa Aries que no debía ser Aries. La sombra de una chica que hubo imaginado. Apretó las manos hasta que sus uñas probaron la carne y la jinete salió diestra hacia el río. Y la sintió huir, escapar con el agravio del que ha herido y se sabe magullado.

Entonces dirigió sus cuencas a lo que aparentaba ser un joven, donde debía yacer un arbusto y donde no podía sino finar el río. Le dirigió una mueca que le supo a tizón y se obligó a no verla. A centrarse en la segunda silueta, en el desconocido de rasgos amables y porte hueco. El chico, escueto y magullado, manifestaba conocerle, o quizás a su Señor, no lo tenía claro. Intentó rememorar su grácil cabello, el rubio tostado del grano, la sonrisa del que conoce la dicha y el cuerpo del que no vivía de caballero. Sin embargo le sonaba, su aire inquieto... ¿Sería...? Y el salpicar de ella le recordó a la danza de chispas, al forjar del acero. Ethan notó el gañido de las bisagras y el cerrar de su pecho. Le pesaba tanto y a la vez lo halló ligero.

- ¿Quién... eres? - Susurró, el cascar de su voz y las manos del invierno tomando al verano. Ethan apartó el rostro electrizado y, en su lugar, escrutinó el suelo, inmutable y fijo, confiable. Un suelo que no se movería, que no volvería a devorarlo.

Ethan dejó el cubo sobre el ramal de tierra y se dio la vuelta. Sus hombros cedieron al virar, pues aún paladeaba el cieno. No dijo nada más, su respiración cortaba y aún tenía que ir a por provisiones; cogería a Dulcinea y se alejaría raudo. Sí, eso haría. Entonces experimentó el jadear del que cavila, de la reflexión inacabada y del que no debía vacilar. Quería girarse y arrancar su enfado, pero no lo haría. Así no tendría que besar con los ojos cerrados ni llevarse al gaznate otra cucharada de esa indiferencia malherida que tanto le costaba masticar.

En medio del camino lo recibió Nívea, inquieta, quizás por el correr de su dueña o por el helor de la conversación previa. En cualquier caso, el peliblanco le dirigió una caricia fugaz, consumida, y se alejó en silencio, hacia el campamento.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 03, 2017 11:14 am

Hubo un momento de silencio, inmovilidad, muerte. Todo estático salvo las aguas del riachuelo, que descendían con calma. Ojos que se miraban, miradas que se cruzaban. Hasta que aquel cuadro fue roto por el impulso de la joven, que corrió de un lado al otro del río mientras se dibujaba una sonrisa en su faz. Siendo sinceros, en aquel instante la sorpresa y la confusión aparecieron en su cabeza. “¿En serio es la misma chica que hace unos días casi me ensarta por mirarla un instante? Puede que tuviera un mal día y el río cubriera ese olor...” pensó de forma fugaz, al poco le quitaría importancia y quedaría como un comentario anecdótico que olvidaría con el paso de las horas.

Cuando llegó frente a él, tomó la mano que alargó para señalar al otro muchacho de cabellos plateados. Ciertamente le parecía que aquello se había vuelto un poco violento, pero pensándolo más en ese conocido misterioso cuyo encuentro había interrumpido. - Aries. - Escucharla de nuevo fue una alegría… pero como le resultaría en estos momentos escuchar a cualquier persona. Aunque no puede negarse que era mayor al reconocer a alguien que vio en el patio de armas de Levallois. Se quedó cosa así de un segundo a segundo y medio con la boca abierta, alternando la mirada entre aquella mano recién apresada y los ojos de la chiquilla. No terminaba de creerse que fuera la misma chica que la otra vez; aunque su armadura, su voz, sus ojos… era idéntica a cómo la recordaba. Al final, se decidió por dejar salir una palabra y dibujar una sonrisa tras ella. - Sorel.

Pasó otro par de segundos que parecieron hacerse eternos, que se atrevió a romper él mismo. - Al final te encontraste con ellos. Lo digo por… ¿él? - desvió la mirada hacia la otra orilla para encontrarse con el vacío acompañado por un cubo inmóvil y silente. - Ya no está… ¡Eh! ¡Que se larga! - comentó señalando con su mano libre hacia la espesura. ¿Por qué pensaba eso? Un ligero destello plateado resaltando entre la sombra que garantizaba la foresta, aún sacudiéndose levemente.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 03, 2017 2:11 pm

Y con otra simple palabra coloreada por una sonrisa, se completó otro círculo de promesas cumplidas. Sorel. Así se llamaba el chico del río, el que aquel día casi fue un enemigo, y hoy se presentaba como un posible y valioso aliado. Por supuesto, era muy posible que la diferencia entre estar desnuda y completamente tapada por su armadura influyera un poco, o más bien notablemente, en la alegría que Aries pudiera sentir o no al verle. Hoy se sentía a salvo. O quizás tan sólo menos expuesta.

Pronto Sorel haría un inocente y amigable comentario sobre la situación de Aries, y es que se dio cuenta de que ella debía haber encontrado ya el campamento Levallois, pues a su lado estaba… él. Y al escuchar esa palabra hecha nombre propio, algo volvió a encogerse en el pecho de la jinete. Se congeló su rostro como el de una muñeca; que no decaiga su sonrisa, aunque ésta perdiera toda su luz. No supo cómo girarse. No supo cómo mirarle. Por mucho que hubiera intentado engañarse a sí misma, supo que no había perseguido aquella luciérnaga por el río sólo para cumplir una promesa, no. Había huido de él, de Ethan, para obtener un consuelo que pronto desapareció. Ni justa ni valiente; hoy Aries no se sentía nada.

-Ya no está… ¡Eh! ¡Que se larga!

Y así, con tan exaltada llamada de atención, Sorel le provocó un vuelco al corazón a su compañera. Se abrieron los ojos de ésta de par en par. Esta vez fue el instinto quien tiró de ella y la obligó a girarse, a tiempo para ver aquella espalda alejándose, fría. Vislumbró esos hombros caídos y ese paso silencioso; esa caricia a media gana de una mano a la que ya no le quedaba dulzura por entregar. Y fue la suya la más triste figura que Aries pudiera recordar; la más lejana, la más inalcanzable. Ella no pudo moverse. Sintió que ni todos los pasos del mundo podrían colocarla ahora a su lado, porque Ethan se había hecho ya hombre, y Aries a los hombres no los comprendía. Simplemente le vio alejarse, como se alejó ella misma de sus amadas nieves.

Entonces, sin más remedio, forzó una nueva sonrisa.

-Se dirige al campamento… -logró decir-. Corre, síguele. Yo aún tengo que hacer algo en el río. Él te llevará con los otros, y con Lord Levallois…

Colocando sus manos tras la espalda del chico, le dio un suave empujoncito para animarle a correr tras el muchacho. No quería que Ethan estuviera solo.

-Ve, síguele...

Quería estarlo ella.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 03, 2017 7:45 pm

¿Habría sido culpa suya? ¿Le guardaría rencor por ser el único de la escuadra mágica que estaba vivo? Aún se le ponían los pelos de punta cuando recordó el paso por aquel campo de batalla arrasado, después de que la batalla segara tantas almas entre la lluvia, las cenizas y el barro. En aquel entonces pudo reconocer el blasón de Sir Laevatin, los restos destrozados de aquel libro de forro dorado y letras incomprensibles escrito por él mismo. Y si él estaba en aquella situación, sus compañeros no debían haber corrido mejor suerte.

[...]

Volviendo a la realidad desde aquel pensamiento subconsciente, traído de la mano por unas cálidas palabras dichas con una sonrisa. - Se dirige al campamento… Corre, síguele. Yo aún tengo que hacer algo en el río. Él te llevará con los otros, y con Lord Levallois… - Le dieron un empujoncito, que terminó poniéndolo en marcha, guiándolo hacia el bosque. - Ve, síguele…

Se detuvo un momento, girándose a mirarla desde el centro del río con sus ojos de un azul vívido. Casi se reflejaba aquella figura clara en su mirada. Algo delicado había en ella, cual flor ante una tormenta de nieve. Y no sabía realmente cómo tratar con ello; le daba la impresión de que si la tocaba la rompería… así que no se atrevió a intentarlo y continuó, tras dudar, el camino en el que lo habían iniciado.

Ignoró por completo el agua que anegaba su calzado, que chapoteaba a cada paso aún en tierra firme. Apartaba como podía, jadeando en la cuesta arriba. - E… ¡Espera! - gritó cargado de frustración. Durante el ascenso, parte de las aguas que cargaba se marchó a tener una libertina aventura con la tierra del bosque, revolcándose en una relación rápida para terminar en una resbaladiza mezcla que incitó al rubio a unirse al fruto de aquel aberrante amor que se secaría con el tiempo. - Espera… - terminó diciendo en un tono decreciente, tirado sobre el limo y el albero. Aquel instante en el que cayó derribado, fue como si todo el cansancio que ignoró durante los últimos minutos, todo el hambre, todo el agotamiento le cayera encima de golpe.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 04, 2017 7:09 am

Alejarse no era fácil, y aún así fue testigo de la automatización de sus pies y el mecanismo de su tedio. Se había convertido en ballesta, en artillero de suspiros. No quiso mirar atrás, no debía, pero tuvo. Un grito escapaba a su espalda y Ethan se irguió, sorprendido. Ladeó la cabeza y el estridor de carne sobre barro lo hizo volverse por completo. Era aquel chico de trigo, de campo y de árbol, de verano sumergido. Los cabellos blancos de Ethan se batieron en retirada mientras él avanzaba, cobarde y fragmentado, disperso entre la savia y el erguir del encino. Hacia él, el joven al que Aries le había sostenido la mano, el que parecía beber el sobresalto y descansar en el fango.

La carrera fue corta, y para su asombro, el jadeo había desaparecido. Le tendió la mano, sin pensar, sin saber qué le haría el roce del roce de ella. Qué más faltaba por romperle por dentro. Y entonces lo supo, la mano de su compañero era cálida y no notaba en él la escara del que duerme atribulado. En parte sintió envidia, y en parte vergüenza, y en el trozo que quedaba de él no había nada que no fuera conciencia. Aries podría adivinar la poesía del que no nada, del que no se hunde y del que tampoco anega. Del que disfruta siendo verso, y el que asciende con la corriente porque no le importa el camino seguido. Del pie de página, del susurro moribundo que cita a un ser querido. Y Ethan, que parcheado ya cargaba con más pespunte que hilván, con más tela que hilo, no podía competir con su felicidad.

El peliblanco abrió mucho los ojos y el temblor de sus párpados se sintió desfallecer. ¿Por qué pensaba en él como un rival? ¿Qué ganaba con ser el apoyo de un recién conocido? ¿Trotar por la filial cardeneta de aquello que los locos llaman destino?  No entendía por qué, ni cómo, ni dónde, sólo que no era algo tan mezquino como el amor, la angustia o el sosiego. Buscaba la comprensión en su nuca. El rubor del que han quebrado en su fuero. Pero su zurda... ansiaba el azul de un rojo, no de un rubio herido. Y sus dedos manchaban de sangre a pesar de no ser su cometido. Volvió a pecar, a alzar la mirada hacia ella, hacia la hermana que no era hermana, con el semblante del que abruma cuando no está dormido. Ella le había hecho daño, sí, pero él también era reo y verdugo. El joven volvió a captar su atención y una chispa en él pareció prender, quemarle las ganas de ahogarse en vino. Ethan sonrió, levemente, lacerado y vivo.

- ¿Estás bien...? - El rumor del que acuna al viejo, del que arropa al niño, del que besa al difunto en un sueño. - Siento que te conozco, pero no sé muy bien de qué. - Ethan recuperó el fuelle por un segundo, carraspeó y se llevó la mano al pecho. Inseguro de por qué le animaba tanto su compañero. - Me llamo Ethan Laskaris, vasallo de Ancelot Levallois, el último descendiente de la Casa Levallois de Bern. ¿Podría saber su nombre?
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 04, 2017 9:21 am

El rubio estaba hundido en la mierda (no literalmente, claro). Tras abrazar al suelo como un amante firme, había dado por perdido al joven de pelo plateado, había dado por imposible el alcanzarlo, había dado por perdido su regreso con las últimas personas que podían conocerlo. Simplemente se dejó caer en las garras de ese agotamiento que llevaba días persiguiéndolo… al fin lo había alcanzado.

Dejándose vencer, su propio cuerpo parecía ir amoldándose sobre el terreno, fundiéndose con el albero y el barro sin importarle. A punto de cerrar los ojos, la esperanza volvió a sus oídos. - ¿Estás bien…? - Nunca solo dos palabras le habían hecho derretirse por dentro como aquellas. Casi quería ponerse a llorar, sin tan siquiera saber el motivo. - Sí… estoy bien... - Un sonoro rugido agonizante y prolongado que no era de ninguna bestia azotó las cercanías. - Bueno… tengo hambre... - comentó. Se hizo otra vez un silencio que ambos compartirían. -  Me llamo Ethan Laskaris, vasallo de Ancelot Levallois, el último descendiente de la casa Levallois de Bern. ¿Podría saber su nombre?

Una tenaza aprisionó su garganta durante un segundo eterno, pero al final, el rubio habló con el hilillo de voz que le quedaba. - Sorel Marshal… hijo de Martel… - hizo una pausa, durante la cual su corazón parecía desbocarse. Se acercaba la hora de la verdad. ¿Podrían los Levallois perdonarle por ser el único que se salvó? - ... discípulo de Sir Laevatin, capitán de la reducida escuadra mágica de la casa Levallois. - Un sabor amargo empezaba a acumularse detrás de su lengua, como pidiéndole que la próxima vez que abriera la boca fuera para vomitar. Aún así se la jugó. - Te veía practicar desde la ventana… en la plaza de armas. No era frecuente que fueras tú… pero alguna vez el joven Levallois se batía contigo… ambos con espadas. - inspiró profundamente. - De todos a los que miraba desde el estudio de mi tutor… sin duda vuestros combates eran los- No fue capaz de terminar aquella frase, aquel amargor volvió de forma súbita, casi tiñendo de verde su expresión y dejando escapar entre sus labios lo que normalmente entraba por ellos. Un fluido amarillento con unas cuantas hojas masticadas que no eran las que la gente comía normalmente manchó un poco el suelo, dejando un leve rastro en la comisura de su boca. - ...mejores - añadió con menos fuerzas aún, intentando aparentar como que no había pasado nada.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 04, 2017 6:22 pm

Le vio correr tras el suave empujón, como el agua fresca que se escapa entre los dedos. Sorel sólo se detendría por un instante para mirarla de nuevo en mitad del río, y en sus ojos Aries creyó ver reflejados el cielo y las nubes. Sólo el cielo y las nubes. Él se los llevaría a ambos al volver a girarse después, sin palabras innecesarias, para continuar su carrera hasta Ethan. Y ella… ella quedó allí, inmóvil, mirándole. Mirándoles. Ya sin sonrisa, con un gusano que le reptaba por dentro del pecho. Se llevó una vez más la mano hasta el vientre. No se sentía bien.

[ . . . ]

Ese día, caminaba por los preciosos pasillos exteriores de la Orden. A uno de los lados, tras la historiada balaustrada de piedra y mármol, podían observarse los bosques blancos y los copos que rara vez no danzaban en el firmamento. Le gustaba aquel pasillo techado. Tan alto en la fortaleza, tan frío. Le gustaba el aire de la mañana y de la tarde. A esa hora de calma y cielos grises no solía haber nadie por allí, y ella caminaba como muchas veces solía hacer.

No esperó hallar aquellas dos figuras casi al final del camino. La primera, su delicada compañera Irina, estaba siendo presionada contra una de las columnas; la otra, la más alta, se vislumbró como una agresiva e intimidante Chryssa, que hoy le pareció una loba acorralando a su presa. Sorprendida, la futura jinete sólo pudo fijarse en esas manos violentas contra los hombros de Irina, en la forma en que ésta giraba la cabeza hacia un lado con párpados apretados. Y Aries, que debía ser justa y debía ser valiente, alzaría la voz. Claro que la alzaría.

-¡Chryssa! ¿Qué estás haciendo?

-¡A… Aries! –exclamó Irina, abriendo bien los ojos para encontrar su figura en el pasillo. La mayor de las dos, por su parte, no soltó a su presa ni giró la cabeza hacia la supuesta salvadora; tan sólo agachó un poco el rostro, dejando que su cabello rojizo lo oscureciera. Cuando habló, su voz sonó como un peligroso gruñido, una advertencia que más valía seguir.

-Lárgate. Esto no es asunto tuyo –dijo, y por un instante, sólo por un instante, Aries creyó quedar paralizada. Pronto sería capaz de hallar una nueva determinación en sus propios ojos, como quien no tiene dudas sobre qué es lo correcto, y se atrevería a dar un paso al frente. Y otro.

-¡Déjala ir...! –Cuando estuvo lo bastante cerca, llevó su mano hasta uno de los brazos de Chryssa para tratar de soltar su enganche sobre la morena. La reacción de la mayor no se hizo esperar; con un movimiento rápido y violento, agarró la muñeca de la insistente muchacha, abandonando a su vez su propia posición de poder sobre Irina. Fue entonces cuando Aries pudo ver aquellos ojos que, ahora sí, la miraron directamente a ella como cuchillos afilados. En su oscuro color vio el odio, el orgullo roto. Lágrimas. Vio lágrimas y quedó congelada, y perdió el habla. Apenas se dio cuenta del creciente dolor en su muñeca alzada por una mano opresora. Simplemente, no pudo dejar de mirar aquel misterio inesperado, eso que pone de pronto el mundo del revés.

Chryssa no tardó en soltarla con violencia y desprecio. Volvió a ocultar su rostro al girarse, y con toda esa rabia contenida que le apretaba los dientes, se marchó. Por largos segundos, reinó el silencio.

-Lo siento… Aries… E-ella no… -trató de decir Irina con la vista puesta en el suelo y ambas manos encogidas sobre su pecho, culpable, preocupada e incapaz de elegir las palabras adecuadas para explicar aquello. Tampoco obtuvo respuesta. Aries tenía un gusano en el pecho y en el estómago, y aunque se supo valiente, ya no estaba segura de haber sido también justa…

[ . . . ]

Le vio caer cuando alcanzó a Ethan. Ella dio un respingo y casi un paso adelante. Casi. Pero se detuvo. Ethan se encargaría de tenderle la mano a Sorel para ayudarle a levantarse, buen compañero de sus compañeros. No había ya necesidad de acercarse a ellos, ¿verdad? Y le vio mirarla de pronto, desde la distancia más allá del río y algunos árboles; no pudo distinguir desde allí el color en los ojos de Ethan, mas el pinchazo que dejaron fue real. Nadie mira atrás cuando desea marcharse, ¿por qué él sí?

Sorel volvería a robar la atención de ambos. Y es que el muchacho parecía enfermo, con problemas para ponerse y mantenerse en pie. Debía haber sido un viaje demasiado cansado; ¿cómo no se dio cuenta antes? Aries no pudo seguir mirando. Ni gusanos ni palabras cortantes, ni tristes anhelos que no se presentan aún sinceros. Nada detendría su paso ahora cuando cruzó rápidamente el río. Al encontrarse en la otra orilla, Nívea la siguió.

-Sorel… -le llamó, deteniendo poco a poco su paso hasta quedar tras él. Su voz fue suave, de evidente aunque sosegada preocupación-. Ven, súbete en Nívea. Te llevaremos al campamento –Colocó una mano cálida en la espalda del rubio para guiarle hasta la yegua; quizás también para asegurarse de que él haría caso de la sugerencia. Tímidamente, le sonrió-. Sólo… intenta no vomitar cuando estés sobre su lomo…

Y, como una abeja a la miel o una polilla a la luz, los ojos de Aries volverían a posarse sobre la otra figura. Fue breve como un destello, y bastó para confirmar algo extraño, quizás inexplicable. Dolía.

Había algo en Ethan que dolía.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 05, 2017 11:06 pm

Movió el brazo, para apartar esos restos húmedos y viscosos de su cara, dejando una pequeña estela de albero pintando su piel. “Creo que no eran tan no venenosas como yo pensaba.” pensó viendo los restos verdes sobre el vómito que empezaba a filtrarse entre los granos de la tierra.

Su nombre, desde su espalda, le hizo dirigir la mirada hacia atrás. - Ven, súbete en Nívea. - Pudo confirmarlo, era de nuevo Aries, la jinete cuyo nombre acababa de conocer. El sonido de las placas se detuvo. Sintió algo de calor en la espalda, ayudándolo a erguirse y guiándolo hacia la hembra de pegaso. Al alzar la mirada pudo ver una sonrisa, unos ojos celestes, y sentir levemente una incomodidad flotando en el ambiente. Resultaba un poco opresivo, él se tambaleaba un poco. Había una mano ante él, clara y fina…- Solo… intenta no vomitar cuando estés sobre su lomo. - La miraba… y terminó por tomar lo que le ofrecían.

Si bien intentó hacer fuerza para subir, fue la chica quien lo alzó prácticamente sin dificultad. Pudo tocar aquellas suaves plumas blancas. Pudo mancharlas sin querer de tierra y barro. Quedó sentado tras ella y casi se dejó caer sobre su espalda agotado. - Tú dirás… - dijo con un hilillo de voz. Giró su cara para mirar a los ojos ambarinos, dejando salir un último comentario. - Nos veremos allí…

Un pesado suspiro abandonó su pecho. Un cosquilleo le recorría todo el cuerpo. Ahora mismo no era ya ni consciente de la corrupción que estaba llevando a aquel prístino blanco puro. No era consciente de que arrastraba aquella pureza a la tierra que solían mirar desde los cielos.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 06, 2017 6:59 pm

Le vio manchar las plumas blancas, pero no dijo nada. Tampoco dejó que su pequeña sonrisa menguara, ni siquiera cuando su propia armadura se oscureció con un poco de barro. Los hombres manchan, pero estaba bien. Sabía que Sorel no pretendía hacerlo, que simplemente estaba enfermo; tanto que apenas pudo subir sobre la pegaso él solo, sin algo de ayuda. Nívea emitió un leve relinche y movió un poco sus patas, inquieta, como si deseara salir corriendo de un momento a otro para que aquel extraño no la tocara. Por suerte, las caricias de Aries bastaron para calmarla.

-No me separaré de ti –susurró al animal, frente con frente y ojos momentáneamente cerrados. Tras eso, una breve mirada a Ethan indicó que estaba lista para caminar. Él no se había marchado, seguía allí, quizás con la intención de regresar con ellos al campamento. Así, sin retirar su mano del cuello de Nívea, Aries comenzó a caminar.

El camino de vuelta no fue largo, pero sí se le hizo más largo que la última vez. Recordó haberse fijado en ese árbol de allí, en esa piedra con forma rara de allá; pequeños detalles que venían anclados a pensamientos anteriores. Y con ellos llegaron, de forma cruelmente selectiva, algunas de las palabras que Ethan había compartido con ella por ese mismo camino. Dibujarían algo distinto en sus ojos esta vez, pues Aries creyó entenderlas un poco mejor; melancolía.

(’Hay algo en ti que me aterra.’)

[ . . . ]

Viéndoles llegar, uno de los soldados del campamento se acercó a ellos con cierta urgencia en su expresión. Aries no le conocía, no sabía su nombre. Nunca había hablado con él.

-¡Eh! ¿Traéis a un herido? –dijo el desconocido, acercándose un poco más para examinar al joven montado sobre el pegaso. Una nueva dosis de sorpresa anidó en sus ojos al verle más de cerca-. Espera… ¡yo a ti te conozco! Tú estabas en el castillo, el mago aquel… -y miró por un momento a su compañero Ethan, con un dedo señalando al enfermizo rubio-. Sol o algo así, ¿no? ¿Dónde le habéis encontrado? Espera, te ayudaré a bajar.

Otros compañeros no tardaron en acercarse por si había que prestar ayuda, viendo que un nuevo y moribundo inquilino había llegado al campamento. Aries se limitó a acariciar el mentón de Nívea para asegurarse de que no se pusiera demasiado nerviosa entre tanta gente, sobre todo de cara a que Sorel tuviera una feliz bajada y toma de tierra. Así, el primer soldado ayudaría al rubio a caminar, pasando el brazo de éste alrededor de su cuello en caso de que su paso fuera demasiado torpe, hasta sentarle sobre uno de los troncos frente a la hoguera donde se estaba cocinando una sopa.

-Amigo, has visto días mejores. ¿Tienes hambre? –y sin esperar a que Sorel contestara siquiera, el soldado ya estaba mirando al encargado de preparar la sopa con semblante mandón-. Eh, ponle un cazo. Éste tiene cara de no haber probado bocado desde que empezó la guerra.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 07, 2017 12:46 am

Terminó echado sobre aquella hermosa criatura. Era cálida, suave. Podía oír, sentir, el latir de su corazón bajo aquella capa de pelo blanco manchado por él mismo. Palpar cómo inspiraba y espiraba la yegua, sincronizando su ritmo al suyo hasta alcanzar una calma que parecía imperecedera. Le daba igual el movimiento de la grupa. Escuchaba en medio del silencio los susurros tranquilizadores que le dedicaba la muchacha a su compañera con plumas… y a él también lo hacían descansar. Si bien de vez en cuando salía algún gruñido inconsistente de su tripa, que parecía inquietar al animal, la voz de Aries obraba un milagro que lo apaciguaba a ambos.

[ . . . ]

Cuando quiso darse cuenta, escuchaba agitación de fondo, voces. El rubio terminó reaccionando, terminando recomponerse y levantando la cabeza. La luz le deslumbraba… puede que fuera por abrir los ojos fuera de la penumbra… así que tardó varios segundos en darse cuenta de qué pasaba, de que tenía a alguien justo mirándolo a él. Tenía un aire familiar… pero en esos momentos, por su cabeza solo se pasaba un “¿Y qué me importa saber de dónde salió?” Entre sus memorias, quería recordar que podía situarlo en algún sitio… pero aquella fue la primera vez que escuchó su voz.

- Espera… ¡yo a ti te conozco! Tú estabas en el castillo, el mago aquel… Sol o algo así, ¿no? ¿Dónde le habéis encontrado? Espera, te ayudaré a bajar. - dijo poco antes de bajarlo de la criatura y llevarlo hasta un nuevo asiento. El rubio se sentía especialmente torpe, si no fuera porque el otro estaba sujetándole, seguramente se habría caído de bruces al suelo a los pocos pasos. Sin embargo, estando allí sentado, con aquel aroma ganando intensidad, parecía que las energías le volvían y abrió los ojos y las narices de par en par. No quería perderse ni un detalle de lo que se cocía ante él (literalmente).

Hubo una pregunta. Él solo captó la palabra “HAMBRE” y respondió haciendo un asentimiento agitado y reiterado mientras no apartaba su mirada del caldero. - Ahí va. Oye, ese me suena de algo. ¿No era de los raritos que iban con el estirado de Elbatín o como se llame? ¿Qué hace aquí? - comentó el que estaba con el caldero mientras pasaba un cuenco recién lleno de aquella sopa de setas. El primero de los soldados se encogió de hombros. En cuanto el soldado consiguió afianzar entre sus dedos el recipiente, le fue rápidamente arrebatado por el joven y hambriento mago sin esperar ni un segundo. ¿Modales? ¿Cubiertos? ¿Agradecimientos? Nada de eso le importaba mientras sorbía a toda prisa aquel caldo que sabía a gloria, a milagro, a renacer. Todo de un tirón, y casi se puso a lamer el cuenco antes de tomarlo y ofrecerlo de nuevo al soldado. - ¡Quiero más!, por favor. - Pero a quien se refería parecía tener la vista dirigida en su dirección, pero no hacia él.
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Re: [Social] Nuevos aromas [Ethan, Aries, Sorel]

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