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Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

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Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Miér Oct 28, 2015 7:04 pm

Nhor parecía una versión triste y gris de su nación vecina Ylisse, o por lo menos así se dibujaba ante los ojos de Gaius.
Había llegado a la ciudad circundante al castillo, acompañando a una caravana de suministros. Su contratante, el dueño de la taberna “la barba quemada”, había pedido al bandido que oficiara de escolta junto con otros 3 muchachos. Los caminos que llevaban a Nhor eran resbaladizos y peligrosos, por lo que siempre era importante tener manos extra cuando la gran carreta se trancaba o había que salir de algún lodazal. Si no fuera que Gaius le debía un GRAN favor al tabernero, y que este además había puesto una jugosa bolsa de monedas delante de su nariz, el muchacho nunca se hubiera atrevido a tocar una sola mota de polvo de ese paramo desolado. Con solo un par de días dentro de la frontera, El bandido ya quería poner sus pies de nuevo en su patria. Si bien no era tan nefasto como Plagia, la reminiscencia hacia que siempre que le corriera un sudor frio por la espalda.
La caravana, de una carreta y 3 caballos, continuó su camino hacia el castillo. El posadero había sido contratado especialmente para llevar varios barriles de cerveza de remolacha, especialidad de “la barba quemada” y orgullo de su portentoso dueño. Aparentemente la habrían de ofrecer como una bebida exótica en la próxima celebración en palacio.
Gaius, que personalmente opinaba que la cerveza de remolacha era la inmundicia más grande después del pan de brócoli, se mantenía a la retaguardia de la escolta. Si bien había sido contratado como guardaespaldas, a la primera de problemas, saldría disparado hacia su ciudad natal. No le debía tanto al corpulento tabernero como para jugarse el cuello por solo un par de monedas.
Después de cruzar la foza, llegaron al primer portón fronterizo del castillo. Corpulentos y fuertemente armados guardias les cerraron el paso y comenzaron a inspeccionar y registrar sus pertenencias. Gaius, que no había traído consigo nada “fuera de las normas”, se ponía inquieto cuando las fuertes manos del guardia lo registraban. Nunca se le hubiera ocurrido traer algo peligroso a una misión descubierta como esta. “No soy estúpido” se solía decir, pero viéndose en la situación actual, siendo registrado por un guardia, con otros cinco rodeándolos, empezaba a dudar de sus palabras.
Cuando aprobaron el chequeo, pudieron continuar camino hacia el castillo. Todo el trayecto, siempre escoltados por grandes guardias, hacían que Gaius se le resbalaran las riendas de su caballo por sus manos sudadas.
Si bien los guardias los seguían en cada movimiento, no los ayudaron a mover ni una sola uva. Cuando llegaron a la bodega, él y los otros tres contratados tuvieron que bajar todos los pesados barriles por su cuenta. Dicha acción les tomó horas, ya que los otros mercenarios no eran más que un par de alfeñiques lo suficientemente tontos como para aventurarse en Nhor, y él mismo, que ya no sabía que pensar de su persona.
Para cuando terminaron la ardua tarea, el sol ya se había puesto. Y el encargado de las bodegas les informó que las puertas frontales no se abrirían hasta el día siguiente. Nervioso, Gaius observaba a su empleador, quien entablaba una feroz conversación con el capataz. Al cabo de un rato, les anunció al resto de la comitiva que podrían pasar la noche en la sala este del castillo. Cansados guiaron el carromato hacia un viejo y destartalado galpón. Allí, alrededor de una pequeña fogata, cenaron en silencio de sus propias provisiones y se dirigieron al depósito a dormir.
La falta de sueño en el bribón era notoria. Estaba demasiado nervioso. Se sentía extremadamente acorralado. Nunca había dormido dentro de las instalaciones de un castillo que no fueran las mazmorras. Era una sensación completamente nueva e inquietante.
Decidió salir a estirar las piernas por los alrededores. “Caminar no es algo malo” Se dijo, y salió del viejo almacén.
A pocos pasos de su “habitación” encontró un pequeño jardín interno. Poco surtido de plantas, pero prolijamente cuidado. En el medio del mismo, había una laguna donde se veía la inmensa luna reflejada. “Al menos este lugar es lindo” se dijo, y se sentó entre la hierba a contemplar la belleza y calmar la mente.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Invitado el Dom Nov 01, 2015 4:18 pm

Tomó mucho tiempo, pero pudimos atrincherarnos en un castillo que los Emergidos no habían tomado aún. Sin embargo, eso no podía implicar que pudiéramos bajar la guardia. De hecho, ahora mismo estaba más precavido que nunca. Me alivió saber que Kamui estaba vivo gracias a las misivas del príncipe de Altea pero, ¿qué pensará de nuestro país si uno de sus príncipes es capaz de vagabundear y perderse en otro país pasando por uno vecino? De todas formas, no iba a preocuparme por eso en el momento. Ya me encargaré de hablar con Kamui en lugar de nuestro hermano. Y que no se entere nuestro padre, que tendrá una reacción mucho peor.

― Alteza, ha llegado una caravana. Solicita alojamiento en el Castillo.
¿De dónde han venido?
― De Ylisse, señor.
Dejadla pasar, pero vigiladla Que no salgan del ala este hasta el amanecer.
― Sí, señor.

Dada la orden, el soldado se fue a comunicar que podrían quedarse en el ala designada. Estuve pensando detenidamente cómo responder la misiva. No podía ser demasiado abierto y agradecido pero, por otro lado, tenía que actuar amistoso porque, de lo contrario, sonaría como un país que no quiere relación con su propio príncipe… En ocasiones me gustaría tener la cabeza de Marx para estas cosas. Es mucho mejor en el apartado diplomático que yo. Pero por mucho que desee eso, no va a pasar porque sí. Debo aceptar las circunstancias y actuar en consecuencia.

Me tomó un par de horas terminar la respuesta. Ya enviaré el mensaje mañana. Por ahora, supongo que iré a hablar con el señor de la caravana. Me gustaría tener un trato con él, aunque fuese mínimo, aunque fue una pena no llegar al lugar. De lejos vi en el camino a alguien que, desde luego, no era un soldado. ¿Sería un miembro de dicha caravana? Esa sería una posibilidad pero, si no lo era, eso solo podía significar una cosa: era un ladrón que se ha colado. Estaba en el ala este, así que las dos son posibles…

¿Puedo ayudarte en algo? ―me acerqué y aproveché para observarlo. Definitivamente, no era un guardia―. ¿Te has perdido? Permíteme acompañarte.

No esperé una respuesta. Caminé hasta llegar a su lado, aunque un poco detrás, con el tomo en mano en caso de que hiciese algo no adecuado. Observé la zona. Aunque Nohr no se caracterizaba por su belleza, lo cierto es que había algunas zonas bastante bonitas. Sin embargo, dudo que eso sea lo único que lo ha traído. Soy desconfiado, pero es mejor serlo…

No pareces un guardia. ¿Qué te ha traído por aquí? ―debía asegurarme.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Lun Nov 02, 2015 3:36 pm

Al bandido le sorprendió la voz a su espalda. Se giró a ver a su repentino acompañante, y no pudo evitar exhalar de alivio cuando vio que no era uno de esos corpulentos guardias.

-Chico! Casi me das un infarto! Jajaja!- rio mientras se levantaba y sacudía la tierra de sus ropas.

-Tranquilo, tranquilo, no me he perdido- dijo dirigiéndole una encantadora sonrisa al muchacho. Su acpmapñante era delgado y rubio, con ropas formales y de postura firme. Claramente un escudero o asistente personal de algún lord. De esos que pasean de aquí para allá haciendo recados. Y que están tan orgullosos de llevar el emblema de su señor, que ellos mismos se creen nobles
.
Tratando de ser amable, con la sonrisa todavía en sus labios le aclaró al insistente  paje.

-No estoy perdido, gracias. Solo salí a estirar las piernas. Soy uno de los… peones del cargamento que vino de Ylisse.-

Tomó una postura más erguida y petulante. La suficiente como para quedar más alto que su interlocutor y hacer que se le bajaran los humos de grandeza al impertinente joven.

-Nos tomó varios días llegar hasta aquí, y como mañana nos van a patear, pensé en aprovechar para conocer un poco su país.-

-Los míos no vienen mucho por aquí sabes, tienen demasiados objetos filosos- río solo festejando su propio chiste, al mismo tiempo que se rascaba la oreja. Tantos días en el camino habían logrado que se le metiera tierra en todos lados. Si el muchacho hubiera demorado un par de minutos más en aparecer, probablemente lo hubiera encontrado bañándose en aquel lindo estanque.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Invitado el Miér Nov 04, 2015 7:22 pm

Actuaba amistoso. Eso desde luego era algo que podría tranquilizar a la mayoría de las personas. Eso y su extraña forma de ser tan abierto me hacían pensar que no era precisamente alguien de muy buenas tintas. ¿Lo estaba pensando demasiado? Quizá, pero eso no implica que no sea posible. Por otra parte... ¿Chico? No es que me moleste, pero esa no es la forma más adecuada de dirigirse a alguien de la realeza. Por otra parte, es un plebeyo. Además, tengo la sensación de que si lo intentase acabaría provocando el efecto contrario

Se introdujo como uno de los miembros del carruaje y se encargó de recriminar la hospitalidad que se les fue ofrecida de una forma un tanto cínica, a mi parecer. Además, como si quisiera hacerse ver como alguien más importante, se acercó a mí y, aunque amistoso, se encargó de hacer ver quién de los dos era más alto. No sé por dónde empezar a criticar este comportamiento. ¿A quién le importa la estatura? Además, considerando que no estoy experimentado en el combate físico tanto como mis hermanos, es obvio que no iba a ser alto. El cerebro, sin embargo, lo tengo bastante bien desarrollado.

Lo que dices es un problema, sin duda... ―¿Me había apresurado al ser tan desconfiado? Por otra parte, no veo que sea imprescindible que se quede más de lo necesario. Con los Emergidos aquí, este lugar puede ser atacado―. Sin embargo, debéis entender que ahora mismo estamos haciendo frente a otros problemas y que en cualquier momento este lugar puede convertirse en parte de un campo de batalla.

No hice ningún comentario ante su broma. No me hizo ninguna gracia. Entre otras cosas,  no lo entendí. Pero no es la primera vez que esto pasa, por desgracia.

Si lo que dices es cierto, supongo que no te importará acompañarme con los otros miembros de la caravana, ¿no? ―dije―. Todo esto es por cuestiones de seguridad y, por desgracia, me considero alguien bastante estricto en ese aspecto.

Me quedé esbozando una sonrisa tranquila, sin dejar de mirarle a los ojos en ningún momento. Esperando que entendiese que no solamente debía ir conmigo a donde estaban los demás miembros de la caravana de la que supuestamente formaba parte, sino que iba a hacer que él caminase delante de mí. De esta forma podría tenerlo vigilado todo el tiempo. Ahora, ¿será capaz de deducirlo? Si no es así, supongo que no me quedará otra opción que decírselo de forma clara.

¿Vamos? ―supongo que no está mal darle una pequeña indirecta―. Por cierto, mi nombre es Leon. ¿Y el tuyo?
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Vie Nov 06, 2015 2:57 pm

-Ah, sí. Problemas muy muy severos.. – Dijo Gaius distraídamente. Su mirada seguía clavada en ese claro y cristalino estanque. El muchacho seguía hablándole, pero el bandido ya casi no le prestaba atención. Porque seguiría molestándolo? No tendría nada más importante que hacer? “Los pajes de hoy en día son insoportables” se dijo mentalmente. “Cuando cerrará la bocaza?”.
-Si… es una situación complicada, si…- dijo con la mirada anhelante el en estanque.
Dio un largo suspiro. A la mañana siguiente tendrían que partir nuevamente hacia Ylisse. Tendrían varios días de rutas montañosas, riscos y pasajes áridos y desolados.  Pasarian horas cabalgando bajo el sol o la lluvia, y dormirían sobre el duro suelo rocoso del camino.
La idea de darse un refrescante chapuzón en el lago bajo la luz de la luna era cada vez más tentadora, al punto que instintivamente Gaius se sacó la capa sobre los hombros y la comenzó a enrollar. Volvió a mirar al paje, si este no estuviera aquí y ahora…
-Eh? Perdona? Ah! Soy Gaius…- Se quedó contemplando un rato más a su interlocutor.
Que hacia el muchacho aquí de todas formas. No tendría que cumplir algún recado? Formaría parte de la servidumbre? Sería uno de esos mayordomos exigentes que echan a los indigentes de los parques de su señor? Daba toda la impresión de que sí.
La mente del bandido estaba cegada en darse un baño en ese lago. Y era lo suficientemente terco como para hacerlo aunque implicara después huir desnudo de los guardias. Pero los guardias lo detendrían antes de que se sacara el primer cinto si ese muchacho salía corriendo a delatarlo. Podría perder al chico? Comprarlo? Maniatarlo? … No! Estaban de invitados, y no solo se representaba a sí mismo, sino también al robusto tabernero y el resto de la comitiva. Si se hacia el “gracioso” de más, ellos también pagarían las consecuencias. Y Gaius no contaba con suficiente dinero para pagar un rescate tan grande.
El bandido se rasco la nuca, estaba tenso. Y pensar en un ambiente tan hostil como este, solo le incrementaba sus deseos de un refrescante chapuzón en el estanque.
-Diantres! Como quiero tirarme ahí adentro. – dijo en voz alta sin darse cuenta.
Volvió a mirar al chico.
-Oye, quiero darme un baño .- dijo señalando el lago. Sacando a relucir su mejor sonrisa y llevándose el índice a los labios, continuo
-Podría ser nuestro secreto?- Endulzo un poco más la proposición, dejando entrever un generoso puñado de monedas de oro.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Invitado el Lun Nov 09, 2015 2:30 pm

Me estaba ignorando completamente. Además, no me gustaba como observaba el lago con tanta intensidad. ¿En qué está pensando? Dice que se llama Gaius, pero no tengo ni idea de a qué ha venido realmente… Y parece que no estaba pensando en nada más que en el agua del lago. Pronto dejó clara sus intenciones y, sinceramente no tenía ni idea de dónde había salido este hombre.

¿Lo peor? Que, después de decírmelo, intentó sobornarme. ¡A mí! Desde luego, el hombre llamado Gaius no tiene ni idea de quién soy. Intenté ser cortés y educado para eliminar mis sospechas sobre él. Si me hubiese acompañado hasta la caravana no habría pasado nada, suponiendo que fuese de verdad un miembro de la misma. Pero alguien en su situación, cuyos actos pueden influenciar negativamente al resto de sus compañeros, no haría algo tan estúpido como intentar sobornar a alguien para darse un baño, ¿no? Desde luego que no. Además, ¿y si hubiese algo más ahí dentro que simplemente agua? Si le sigo el juego, podría estar en peligro. Puede que algún compañero suyo le haya dejado algo. Aunque, por otro lado, si su nivel de inteligencia es tan elevado como me ha demostrado, dudo que sea eso…

Sea lo que sea, el deber me exige tener que retenerlo. De todas formas, me gustaría darle una última oportunidad por su idiotez desmedida.

¿Sois consciente de que estáis intentando sobornar a un príncipe? ―decidí dejar de hablar al mismo nivel que él―. Además, soy el que ha ordenado que mañana os 'pateen', por si existían dudas al respecto. Por otra parte, no habría tenido problemas en dejaros entrar al agua, sin más ―mentira―, pero considerando cómo me habéis intentado sobornar, estoy comenzando a pensar que sería conveniente que pasaséis la noche en prisión.

Mientras decía esto, unos guardias aparecieron y todos vieron la escena tan surrealista y cómica de alguien intentado sobornar a un miembro de la realeza. Si no fuese porque no era ninguna broma, quizás me habría reído junto con aquel que dejó escapar una pequeña risa. Sin embargo, no era el momento adecuado.

Ahora, señor Gaius, permítame presentarme de nuevo. Y, esta vez, présteme atención. Mi nombre es Leon. Soy uno de los príncipes de Nohr. Vos sois Gaius, un supuesto miembro del cargamento que vino desde Ylisse. Para asegurarme de que decís la verdad, solicito que me acompañéis al lugar donde estáis descansando para que demuestren vuestra identidad. Si os negáis, me temo que os esperará una noche en prisión. Y os puedo asegurar que nuestras prisiones son tremendamente calurosas ―había perdido la paciencia―. ¿Me acompañáis, por favor?
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Miér Nov 11, 2015 5:58 pm

Cuando los guardias aparecieron de las esquinas, rodeando al bandido, este casi moja sus pantalones. Instintivamente comenzó a caminar hacia atrás. Pero al darse cuenta que estaba rodeado, desistió de su retroceso, sol conseguiría empeorar su situación. Con las rodillas temblándole, dio una mirada en redondo. Eran un total de tres guardias que ya se habían apostado uno en cada flanco. Las únicas posibilidades de escapar, si era lo suficientemente tonto como para correr, sería atraves del lago. Pero el bandido había visto lo amurallada y celada que estaba la ciudad. Si llegaba a sortear a estos tres, pronto tendría veinte más de los que escapar. No, correr no era una opción.
-P-príncipe?- Tartamudeo el ladrón.
-C-como es que... P-porque estaría un príncipe haciendo tareas de un paje?- Pregunto el todavía incrédulo ruan.
Miraba hacia todos lados, en busca de una salida. Esperaba que todo fuera una muy sádica broma por parte del paje y un grupo de guardias que tenían ganas de hacer sudar al forastero. Pero si bien se reían, no parecía de complicidad. Era una risa seca y corta. Como cuando tienes acorralada a una presa y te preparas para darle el golpe final. El peor tipo de risa.
Con las manos sudándole, Gaius se dio cuenta que todavía tenía en la mano el puñado que le había ofrecido al príncipe. Rápidamente escondió nuevamente el oro entre sus ropas.
-E-no lo estaba sobornando, señor. –Dijo, y dio una pequeña y torpe reverencia.-
-Esto era solo un…. Una propina! Por todo su arduo trabajo y buen servicio!-
El ladrón quería que se lo tragara la tierra ahí mismo. No tenía a donde correr, y estaba tan nervioso que ya no sabía ni hablar. Y cuando un bandido no puede correr ni intentar zanjar el asunto con su lengua, de seguro se podía dar por muerto. Todo este asunto había tomado muy casado y muy desprevenido al ladrón. Que debía hacer? Bajar los brazos y aceptar el castigo? Enfrentar a los guardias y morir con honor? Tirarse al suelo y suplicar piedad? De todas las opciones, la que definitivamente no iba a tomar era la segunda, pero no descartaba para nada la tercera. El orgullo no era algo que le importara mucho al escurridizo bandido.
Un escalofrío corrió por su espalda cuando le mencionaron tener que presentarse ante el corpulento dueño de “la barba quemada”. Tragó saliva. Si bien los guardias y el poderío militar lo asustaban, él ya había visto lo que hacia ese feroz tabernero a los que tonteaban en su negocio, o le arruinaban el estofado. Ya no sabia que le daba más miedo, si los guardias y la idea de una larga estadía en los calabozos, o el feroz tabernero y su cuchilla de cocina.
El sudor corría libre por su frente. Fue a dar otro paso para atrás, pero tropezó con su propia capa y callo sentado en la hierba, contemplando como los guardias cada vez le cerraban más y más el paso. Cubriéndose inútilmente el rostro con las manos, opto por la tercera opción.
-Perdóneme alteza! Disculpe a este simple y común hombre por su osadía! No volverá a pasar! Lo juro! Perdóneme!-
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Invitado el Mar Nov 24, 2015 8:50 am

Tal y como me había imaginado, este “caballero”, si lo pudiese llamar de alguna forma, no tenía ni la más remota idea de con quién trataba. Con una pequeña espera, demostró su más que clara incredulidad.

No me gusta que se me relacione con nada tremendamente importante. Además, con los tiempos que corren cualquier ayuda es más que bienvenida. Ser de sangre azul no es ninguna excepción.

Luego, me di cuenta de que poco a poco estaba empezando a comprender la situación en la que se encontraba. Tenía la esperanza de que pensase en ir con la caravana. Esa habría sido su opción. Intenté mantenerme tranquilo, aunque mi decepción ante el camuflaje de un soborno como propina por un “arduo trabajo y buen servicio” era muy fácil de discernir. Sinceramente, dudo muchísimo que sea un espía de otro país. ¿Qué clase de espía no se informaría sobre los príncipes del país contrario? Por otra parte, si no quiere ir con los que podrían demostrar su identidad, tampoco puedo decir que sea un miembro de aquel grupo.

¿Un simple ladrón, entonces? Porque no se me ocurría otra posible conclusión. Hasta donde tengo entendido, ellos no tienen ningún tipo de orgullo ni honor. Son capaces de hacer lo que sea con tal de conseguir riquezas y salvaguardar su vida. La reacción tan patética que mostró cuando los guardias se le acercaban para reducirlo y entonces llevarlo con la caravana encajaba por completo con estas ideas preconcebidas que tenía. Un cobarde. Y un idiota. Incluso en caso de ser un simple ladrón, haría todo lo posible para ganar tiempo y después escapar. ¿De verdad piensa que por pedir perdón va a solucionar el problema? Hasta donde yo sé, es un invitado no deseado…

¿Qué clase de opinión tienes de la realeza? ―no pude evitar hacer la pregunta―. No respondas ―me adelanté. No quería deprimirme más―. A juzgar por la conversación que hemos tenido hasta ahora puedo asegurar que no sois más que un ladrón que ha venido a robar lo que pueda aprovechando el caos que se da en estos tiempos de crisis. Dicho esto… ―indiqué a un soldado que lo retuviese con una mirada a cada uno―. Deberías ser castigado perdiendo tus manos, para que no pudieses robar nunca más, como de costumbre solemos hacer con los de vuestra calaña ―dije tranquilo, como si fuese lo más normal del mundo―. Pero tampoco puedo permitir que te vayas sin castigo ―estaba meditando al respecto hasta que llegué a una buena solución―. Te has dado cuenta de tu error cuando averiguaste que era un príncipe, en lugar de un paje. Es decir, el soborno habría sido efectivo o más generoso si hubiese sido uno de verdad― caminé hasta él y, con el apoyo presencial de los soldados, me agaché para estar a su altura―. Parece que te equivocaste de presa, ¿no crees? ―esbocé una sonrisa un tanto burlona.

Me levanté y me dirigí a uno de los soldados que estaba más alejado. A ese sería el que le daría las instrucciones. Por lo menos me aseguraría de que no lo matasen. Me sentiría mal conmigo mismo si fuese a ser quien ordenase eliminar una existencia tan deprimente.

Enciérrenle en el calabozo y asegúrate de usar un método permanente sin necesidad de sangre para que reflexione sobre esto. Siempre y cuando cumplas esto, puedes usar cualquier método. Avísame cuando el escarmiento haya finalizado. Estaré en mi alcoba.

¡Sí, alteza!

Después, me volví a dirigir al hombre que estaba ahí, acobardado. Me dieron ganas de deprimirme y, por un momento, de ser yo quien administrase el castigo. Sin embargo, no podía permitirme hacerlo. Tenía demasiada tarea que realizar como para perder el tiempo con alguien que se humilla de esa forma y, por otro lado, dudo que mi presencia pudiese servir para solucionar el problema.

Espero que disfrutes de tu estadía en prisión, señor ladrón. Hablaré con el grupo con el que dices haber venido. Aunque dudo que seas parte del mismo considerando cómo has evitado todas mis indirectas de ir con ellos hasta ahora.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Mar Dic 01, 2015 2:28 pm

El bandido trató de darse a la fuga, pero apenas se giró ya tenía sobre sus hombros las pesadas manos de los guardias. En un santiamén, redujeron al bandido sobre el piso, sujetando sus manos detrás de su espalda y obligándolo a mantenerse boca abajo. El ladón se agitaba como una serpentina ante el fuerte agarre de los guardias, pero no consiguió que aflojaran su garra. Con una gruesa cuerda ataron sus manos en un nudo tan fuerte que enseguida sintió como se le empezaban a entumecer las manos, para posteriormente obligarlo a levantarse y hacerlo marchar. Ambos guardias lo sujetaban fuertemente de los brazos marcándole un paso veloz hacia el interior del castillo. Gaius solo podía mirar hacia todos lados y tratar de forcejear ligeramente, mas no consiguió que los guardias siquiera bajaran el ritmo de su avance.
-Esto es un error! Soy inocente! Lo juro!- Grito desesperado hacia el monarca, Pero solo consiguió hacer reír a los guardias.
Entraron por una puerta lateral al caserón. Y tras un largo pasillo comenzaron a bajar por una larga escalera de piedra. A medida que avanzaban, el olor a encierro y podredumbre se hacía más y más intensó. Al punto que el bandido tuvo que empezar a respirar por la boca.
Pronto llegaron a una habitación circular, un extraño hall del cual varios pasillos se ramificaban de él. En el centro de la habitación había una gran forja, cuya potente flama iluminaba toda la habitación, en el resto de la recamara habían diversos elementos que Gaius no identificó como de herrería. Pinchos, cadenas, espadas y objetos que no llegaba a reconocer, estaban esparcidos por todo el recinto. Se le hizo un nudo en el estomagó.
Los guardias lo empujaron hacia una extraña mesa de madera gruesa, pero el bandido se negó a dar un paso más. Clavando los talones al suelo, consiguió dar un poco más de resistencia de la que había dado hasta el momento.
-Conque quieres pelear, eh?- Dijo en tono burlón uno de los guardias, para luego asestarle un fuerte golpe en el abdomen. El bandido sintió que se le iban a escapar sus interiores por la boca, por lo que cuando vino el segundo golpe, efectivamente liberó parte de su mísera cena.
Doblándose por la mitad, El ladrón ya no pudo seguir manteniendo resistencia. Los guardias lo volvieron a levantar y lo tiraron bruscamente sobre la mesa, obligándolo a permanecer con el pecho boca abajo.
Uno de los guardias soltó las ataduras de sus manos. Mientras el otro lo sujetaba firmemente. El bandido estaba tan mareado y aturdido que casi no era consciente de lo que pasaba a su alrededor. Sintió como le despojaban de uno de sus guantes y se giró a ver que ocurría. Mientas tenia al guardia más robusto prácticamente sentado sobre su espalda, el otro se dirigía hacia la fraga y extraía de ella una fina varilla de metal, emitía una extraña luz blanca por la punta. El bandido apenas podía respirar, mucho menos gritar, pero a pesar de eso, trató desesperadamente de soltarse de su agarre. El guardia que lo sujetaba se rio cruelmente, divirtiéndose de su inútil forcejeo.
El otro guardia, quien también tenía una clara sonrisa en el rostro, Tomó de la muñeca al bandido y tiro de ella hacia sí, dejándole el brazo tirante e inmóvil.
-Te gusta nuestro reino? Aquí tienes un recuerdo- Y apoyó el caliente metal sobre el desnudo brazo del bribón. La carne del bandido silbó cuando el metal lo rozó. Gauis, a pesar que apenas podía tomar aire, comenzó a gritar a todo pulmón. El dolor era insoportable, sentía como los ojos le lloraban a mares mientras miraba como el sádico soldado se divertía viéndolo a los ojos.  El hombre dejo levenmte apoyado el ardiente fierro sobre la piel del bandido, pero lo mantuvo ahí por eternos segundos. El bandido se retocia y suplicaba, pero solo conseguia ensanchar la sonrisa de los guardias. Finalmente retiró el fierro quemador y tiró un balde de agua sobre la quemadura. Con ojos llenos de lágrimas, el bandido observo como brotaba vapor de su propio brazo. Con mucho miedo y dolor movio ligeramente los dedos de la mano, una oleada de dolor le volvió a correr cuando lo hizo, pero pudo comprobar que no había perdido la movilidad de esa extremidad. Una parte de él se alegró por eso.
Entre los dos guardias lo volvieron a levantar y arrastraron hacia uno de los pasillos que del hall surgían, sin ningún tipo de reparó, lo arrojaron dentro de una celda y lo encerraron de un portazo.
-Apuesto a que ya no eres tan valiente, galán- Dijo uno, y se alejaron riéndose entre ellos.
Hecho un ovillo en el suelo, el bandido solo podía gimotear, sujetando con fuerza su quemado brazo. Ahora que los guardias no estaban, se animó a ver que le habían hecho en su preciado brazo izquierdo. Allí, marcado a fuego, estaba el emblema de la casa real de Nohr.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Invitado el Vie Dic 04, 2015 8:50 am

Cuando empezaron a llevárselo, el sujeto empezó a gritar por su inocencia. La risa de aquellos guardias fue acompañado por un suspiro mío. ¡He estado haciendo lo imposible para que demostrase que estaba con la caravana para que se salvase! ¿Ahora es cuando dice que hay un error? ¡Hasta yo tengo mis límites a la hora de actuar! La inteligencia de este sujeto era, cuanto menos, escasa. ¿Por qué no vio todas las indicaciones que le había ofrecido? ¿Por qué no se le ocurrió a él hablar con el señor de la caravana? ¿Qué ocultaba que hacía que fuese imposible?

Al menos, él no morirá. La ley indicaba que debía perder, cuanto menos, sus brazos. Me aseguré de que no hubiese nada de sangre en el castigo para que por lo menos pudiese seguir teniendo una vida, independientemente de la que quisiese seguir. Sin embargo, ello implicaba que el castigo debía tener un valor simbólico importante, pero ese ya no es mi problema. Que se encarguen los soldados de ello.

Fui a hacer papeleo y a responder misivas de generales y demás miembros del ejército. La situación seguía tensa y no había señales de mejora todavía. Sin embargo, tampoco habíamos tenido bajas importantes. Marx y Camilla deben estar haciendo un buen trabajo mientras que yo, por mi parte, estoy aquí, intentando salvar la vida de un estúpido ladronzuelo o miembro de la caravana. Ya ni siquiera sé qué es. Pero tampoco podía permitirme dejarlo ir. Seguramente albergará odio hacia mi persona. ¿Debería indicarle que, de una forma poco convencional, he salvado su vida a pesar de las dificultades que me ha puesto?

Sintiendo un poco de compasión, decidí bajar a los calabozos después de que me informasen que el bandido, ladrón o lo que fuese estaba ya encerrado en la celda que le correspondía. Los pasos se escuchaban a medida que iba descendiendo hasta llegar a donde estaba. No entré en la celda. No podía permitirme que me hiciese nada en caso de odiarme. En su lugar, tomé una silla del otro lado y me senté en ella.

Las leyes de Nohr implican que el menor castigo por robo es que les corten los brazos para que no vuelva a hacerlo. Si a ello se le suma que has intentado sobornar a la realeza, el castigo habría sido tu muerte. ¿Eres consciente de la situación en la que te has metido? ―entonces decidí echarme un farol, para ver su reacción―. He hablado con el líder de la caravana. Gracias a que me dijiste tu nombre, fue fácil hacerle recordar quién eras ―mi voz se tornó más seria― ¿Por qué no aceptaste todos los ofrecimientos que te di para ir a la caravana? ¿A qué tenías miedo? ¿Mereció la pena haber pasado por todo esto? Además, de no haber sido yo el único que podía atestiguar que me sobornaste, ¿eres consciente de que podrías haber muerto allí? ―Si hubiese sido cualquiera de los soldados, podría haber anulado su testimonio con mis palabras. Pero eso no habría sido posible si el testigo fuese Padre― ¿Qué ocultabas?

Tenía que ser algo importante. Después de todo, si no tenía una buena razón para ocultar esa información, ¿qué clase de idiota era este hombre?

Según el grado de colaboración que presentes, puedo permitirme salir mañana o no ―anuncié, para “animarlo” a hablar―. Eres de Ylisse, ¿no? Por lo menos, no eres de nuestra patria ―obvio, considerando cómo no me reconoció―. Estoy seguro de que querrías volver a tu país cuanto antes. Y… Por si acaso se te ocurriese ―señalé la marca―. El significado que tiene esa marca es el de criminal en nuestro país. Si, por alguna razón, fueses a intentar dar una mala imagen de Nohr, los rumores llegarán y me aseguraré de ser yo personalmente quien te dé caza.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Mar Dic 08, 2015 4:33 pm

Gaius permanecía tendido en el suelo cuando oyó los pasos acercarse a su celda. Serían los guardias que volvían a seguir con sus juegos? Permaneció muy inmóvil en su sitio, a sabiendas que era lo mejor en estos casos.
Cuando sintió la voz del joven príncipe que había conocido momentos antes, se giró rápidamente. Agradeció que la oscuridad de la celda dejara poco definida su figura, ya que no quería ser visto en tan lastimero estado. Con mucho esfuerzo y dolor, logro darse vuelta y quedar sentado de frente al su majestad, recostándose en la pared del fondo de su celda.
-Yo.. Yo no he robado nada.- Dijo animándose a levantar su mirada a la del príncipe.
-Y si le falte el respeto, le vuelvo a pedir perdón…- Una nueva ráfaga de ardor volvió a surgir de si brazo, obligándolo a doblarse hacia adelante. Esta vez no pudo contener sus lágrimas, las cuales volvieron a brotarle sus ojos. Se obligó a respirar largo y pausado, un viejo truco para sobrellevar el dolor.
-Y no era mi intención sobo…- Se detuvo a la mitad de la frase. Suspiro sonoramente.
-Ok, lo admito. Si intenté sobornaros. Pero no sabía que usted era un príncipe. Creí que solo le estaba dando unas monedas a un paje para que me permitiera darme un baño. Es acaso ilegal bañarse en este reino?-
Al darse cuenta que estaba siendo rudo, enseguida cambio el tono. También era difícil mantener un tono de voz calmado, pues que entre el dolor y el llanto se le rompía constantemente.
-No, perdone. No era mi intención ser impertinente.- dijo agachando la cabeza.
-Mi jefe, el líder de la caravana. Es un hombre tosco y  exigente, quien me hubiera castigado fuertemente si le hubiera llevado problemas hasta él. Evidentemente no sabía que usted me castigaría más severamente que él, o los hubiera presentado inmediatamente.-
Volvió a levantar la cabeza.
-Solo quería descansar mis cansados pies de tan largo viaje. Os lo juro! No era mi intención ofenderlo ni a usted, ni a su reino, ni a nadie!
-He hecho algo imprudente y le he faltado el respeto, entiendo y acepto mi castigo por eso. Pero no he hecho nada más ni nada malo. Salvo por tener miedo de sus feroces guardias.-
El punzante dolor en su brazo lo vuelve a obligar a retorcerse sobre si mismo.
-Ya me habéis marcado, ya he recibido mi castigo! Si me dejáis ir, no volverá a saber de mí. Lo juro, majestad. Por favor! Déjeme ir! Piedad!-
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Invitado el Jue Ene 07, 2016 6:39 pm

Si tuviese que definir la actitud del prisionero ahora mismo, probablemente diría que, aunque es algo perfectamente comprensible, es patética. Me encargué de darle varias oportunidades de volver a la caravana de forma pacífica sin que hubiese habido problemas como los que hubo. Sin embargo, no podía culparlo por cómo usaba sus palabras. Hasta yo era consciente de que lo que le habían hecho era excesivo. No me hace falta ver su cuerpo para saber que los soldados debían haberle propinado una paliza. Sé cuándo alguien no está en condiciones de presentarse a los demás sin necesidad de ser yo quien lo provoque y él no lo está.

Escuché su explicación sobre los hechos. Parece ser que mi mentira sirvió de algo. Logré una información un tanto interesante, aunque lo cierto es que sin importar lo severo del castigo lo de aquí habría sido peor sin dudas. No debía ser de Nohr si no conocía la severidad hacia aquellos que rompen las leyes. Sin embargo, ¿cómo iba a explicárselo de forma que no se me viese más como el tirano que debía parecer ante sus ojos?

Comprendo tu malestar. Sin embargo, debes saber la situación que está enfrentando el mundo. En estas circunstancias, el más mínimo acto sospechoso puede provocar que otros piensen que seas un espía de algún país que esté aprovechando el caos. Podrías ser perfectamente uno de Ylisse o uno de Hoshido que esté volviendo a su país ―suspiré―. Y eso por no mencionar que es conocida la enemistad entre nuestro vecino el este y Nohr. Se podría decir que el castigo que has recibido no ha sido más que una bendición en comparación con lo que te esperaría si de verdad fueses un espía ―lo miré entonces con cierta incredulidad―, porque es completamente imposible que seas un espía; habrías sabido quién soy de ser así.

Realizó un gesto un tanto forzado. Después de que dijese que le había marcado, entendí qué había pasado exactamente. Las normas son las normas. Cometió un crimen y fue catalogado de la forma que corresponde a un criminal.

La marca no es un castigo ―dije―. Es un símbolo de que cometiste un crimen en este país. El castigo va a ser pasar la noche aquí, en prisión ―sentencié―. Y eso es inamovible. Permitiré que te marches con la caravana mañana. Un soldado te abrirá la celda mañana. Y piensa un poco lo poco inteligente que fueron tus actos.

Y dicho aquello, abandoné la sala. Ya pediría a alguien que le abriese la puerta cuando la caravana se preparase para partir. Informe a los miembros de la caravana de los problemas que un hombre pelirrojo les había causado.
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Gaius el Vie Ene 08, 2016 10:53 pm

El bandido ni siquiera levanto la cabeza cuando el príncipe habló. Con la cabeza muy gacha escucho todas y cada unas de esas palabras mostrando su apariencia más lastimera posible, pero por dentro apretaba los dientes.
Este príncipe caprichoso osaba sermonearle después de lo que sus guardias habían hecho con él?! Él que por primera vez en su vida recibía un castigo sin haber hecho nada realmente merecedor para recibirlo. No es que fuera inocente, o que llevara una vida abocada a las normas y leyes, pero una vez que no había hecho nada malintencionado, lo habían castigado únicamente por mantener una especie de imagen o perfil que debía mantener el reino?? Acaso eso eran todos los nobles? Era la primera vez que el ladrón veía uno en persona, pero igualmente había escuchado historias sobre ellos. Que eran humanos que se creían por encima de los demás. He incluso había escuchado que su sangre era de otro color. El bandido nunca había creído de tales creencias, y el muchacho que tenía enfrente no aparentaba tener nada diferente a otro mortal, sino como podía haberlo confundido con un paje?. Pero que en la mente de este caprichoso niño rico realmente creyera que él era un ser especial e importante, eso si podía creerlo.
Escuchó cada palabra sin levantar la cabeza, humillándose pero al mismo tiempo informándose de todo y cuanto podía sacar de sus palabras.
“Hoshido, eh? Así que tienes problemas con el país del este.., cuando llegue a una taberna van a tener muchos más problemas que antes, maldito niño pedante!” se dijo internamente mientras acurrucaba de dolor en el suelo de su celda.

Pasó la noche ahí, apenas pudo cerrar los ojos un par de veces, la mayoría del tiempo solo pudo sujetar su brazo y rezar a su diosa para qie el dolor se apagara.
A la mañana siguiente lo dejarían en libertad y podría volver a su patria,
Entonces podría comenzar a aplastar toda esa preciosa reputación e imagen del caprichoso príncipe,
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Re: Un invitado más (Privado. Leon Nohr - Gaius)

Mensaje por Eliwood el Lun Ene 11, 2016 4:29 am

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