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[Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

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[Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 25, 2017 6:35 am

Escenas anteriores:
((Aries viene de Ríos Azules.
Ancelot y Ethan vienen de Guerrero no se nace; se hace.))

-Un Lord… ¿cómo crees que será, Nívea?

Sonrió dulce a su pegaso, tumbada junto a ella sobre la paja de un granero. Un amable campesino había aceptado darles cobijo esa noche, y además Aries había conseguido información sobre el paradero de la casa Levallois. Mañana. Mañana llegaría al fin a su destino.

Se le aceleraba la respiración sólo de pensarlo. Nunca había estado frente a un Lord. ¿Qué encontraría ante ella cuando se atreviera a alzar la mirada al día siguiente? ¿Vería a un rey, a un tirano? ¿...A un hombre? Y el chico del río, ¿le vería también a él? Exhaló un nuevo y nervioso suspiro, otro más tras perder la cuenta, encogiéndose sobre sí misma en posición fetal.

-¿Conoces la fábula del reino olvidado y su rey? Nunca te la conté, ¿verdad? –volvió a mirar a su pegaso. Quizás necesitaba hablar un poco, recordársela a sí misma-. Cuenta esta leyenda que hace mucho… mucho tiempo…


'Cuenta esta leyenda que hace mucho, mucho tiempo, en otra época y en otro lugar, todo lo conocido fue arrasado por fuerzas oscuras, hasta que sólo quedó en pie un reino olvidado y sin monarca. Hombre y laguz se unieron en un desesperado intento de volver a empezar; elegirían a un nuevo rey que pudiera mantenerles a salvo, mientras el mundo conocido se caía a pedazos.

Los nobles, que deseaban conservar su poder en el nuevo reino, se acercaron al rey con ofrendas.

-Para salvar vuestro reino –dijo el primero-, ofrezco mil hombres y a sus mil hijos, que derramarán hasta la última gota de sangre para defender este reino y a vos.

Se acercó el segundo.

-Para salvar vuestro reino -dijo-, ofrezco el sacrificio de mil animales a los dioses. Pintaremos las puertas del reino con sus vísceras e infundiremos así miedo en nuestros enemigos.

Y un brujo, tras escuchar a los nobles que poco a poco iban perfilando el nuevo mundo, se acercó al rey con otra ofrenda.

-Para salvar vuestro reino –dijo-, os entrego una única rosa blanca que os clavaréis en el corazón. Blanca y dulce en la calma, roja y lacerante en la tempestad. Os arrancará una lágrima por cada hombre caído, y de cada una nacerá una semilla de rosa que plantaréis en vuestro jardín. Haced así y seréis el rey más digno de todos. Haced así y salvaréis…'


-…Vuestro... reino… -moría despacio la voz de Aries. Moría en la oscuridad de una noche que ya pesaba sobre sus párpados, con Nívea dormida a su lado. Así, imaginándose en aquel hermoso jardín de rosas, postrada ante su rey, los ojos de la soldado terminaron cerrándose.


[ . . . ]

Había vuelto a bañarse hoy en un río, esta vez sin incidentes que lamentar. Volaba ahora camino de la frontera con Bern, donde el campamento Levallois debía alzarse. Y lo halló desde el aire, y sintió su corazón tratar de desgarrarse una vez más. Pronto le vería. El rey de la rosa. Pronto conocería a aquel que ya tiraba de la soga invisible de su cuello, tan sólo separado por unos cuantos metros y unos cuantos segundos.

El campamento se veía pequeño, pero Aries ya había escuchado sobre los infortunios de la casa Levallois durante la invasión enemiga. Por eso la necesitaban a ella, sangre fresca sobre los cimientos de un nuevo reino. Descendió sobre su pegaso y a vista de todos, lanza en mano cual heraldo de guerra, hasta posarse en mitad de aquel campamento. Sorprendidos y curiosos, los soldados la miraron, y por un momento la tensión pudo cortarse con el filo de una espada. Hombres; todos eran hombres, que miraban y veían lo que ella jamás podría entender.

La siguiente exhalación fue inevitable. Nívea parecía inquieta de nuevo, todavía poco acostumbrada a vivir entre extraños. ¿Y cuál de las dos lo estaba? Otra inhalación, profunda; Aries aguantó el aire en sus pulmones, y al fin descendió de su pegaso para ponerse a la altura de los demás soldados. Ninguno se atrevió a acercarse todavía.

-Deseo… hablar con vuestro señor –anunció con la voz tenue y respetuosa de un cordero entre leones, dirigiéndose a todos y a ninguno en particular. Esperó al que pudiera llevarla hasta él. Y aunque todavía guardaban las distancias, se vio rodeada; casi creyó estar en aquella iglesia, entre bandidos que también miraban y veían. Una última exhalación, aunque discreta, quemó el aire. El aire del mundo de los hombres.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 26, 2017 10:38 am

El estupor invadía el campamento y varias conversaciones parecieron ahogarse en el asombro generalizado. Sean, el más joven de todo el modesto ejército le agarró del brazo y lo zarandeó con fuerza. Ethan estaba acurrucado en un túmulo de paja limpia, junto al carro que solían usar para trasportarla. Se desasió de mala gana del joven y se hizo una bola, estaba cansado de hacer recados aburridos y leer pesados tomos de orografía bélica. Ancelot le obligaba a repasar textos tediosos y sin dibujos, no entendía como eso podía ayudar en su campaña.

Sean lo sacudió con más ímpetu y su súplica rechinó en sus oídos.

- ¡Un caballo blanco! ¡Con alas! - Su excitación era evidente. - Quiere hablar con Lord Levallois, ¡Tienes que venir!

- Los caballos no hablan. - Murmuró con hastío y se dio la vuelta, aún hecho una pelota. - Ni tienen alas. Esos son los pegasos.

- ¡No importa! La chica de la lanza quiere hablar con nuestro Señor... Y eres el de más rango, no sabemos qué hacer.

- Espera. - Abrió un ojo, sospecha y curiosidad a partes iguales. - ¿Es guapa?

Dylan le atizó con la base de su lanza y Ethan se incorporó, con el pelo lleno de fibras doradas. El peliblanco le dedicó una mirada severa que iba cargada de venganza.

- Eso no era necesario. - Bostezó mientras se frotaba el chichón.  - Ya estaba levantado.

- Mentira.

- Vosotros dos, ¡Dejad de discutir! - Sean señaló a la dama junto a la pegaso. El blanco inquieto de un animal asustado.

Ethan se separó de sus compañeros y se acercó lentamente al centro del círculo. Examinó con un breve vistazo la gravedad de la situación, pero nada evidenciaba un acto hostil. La chica parecía asustada y su compañera alada, aún más. Escuchó el ruego de la joven, su cabello rubio parecía opacar al sol. El peliblanco se hubiera visto embelesado por su belleza, pero Ethan parecía no escuchar, extendió la mano a la pegaso para que le oliera y con una dulce sonrisa, se presentó.

- Soy Ethan. - No sabía si su dueña le dejaría acercarse más, así que se quedó allí plantado, delante de la yegua alba. A una distancia prudente que no invadiese su retirada ni la ofendiera con un exceso de intimidad. - Eres una pegaso preciosa. ¿Lo sabías?

El murmullo a su alrededor se acrecentó y escuchó el arco de Kieran tensarse. Le miró inmediatamente y abrió los brazos.

- Eh, tranquilo. - Izó una mano, como si pudiera aplacar el ceño fruncido de su compañero. - No son peligrosas.

- Podrían serlo. - Contestó él, claramente escéptico. - Ha entrado aquí como si nada y pretende que la llevemos a nuestro Señor. No sabemos sus verdaderas intenciones.

Ethan sabía que no podía contestar por la chica tras él, pero estaba claro que no era una buena idea amenazar a un recién llegado. Invitado o no, no era su decisión.

- Eso lo contemplará nuestro Señor. - Sentenció. Le hizo un gesto amigable a la joven para que se calmara, era consciente de que aún tenía paja en el pelo y que debía de ser el menos intimidante de entre los presentes. Ni siquiera iba armado. - Si tantos problemas tienes con su descenso, podías haber disparado un aviso antes de que se personara aquí. No esperes cargar con sospechas infundadas tu negligencia. - Ethan levantó la voz, para que todos lo oyeran. - Me responsabilizo por los problemas que puedan causar. Ahora, volved a vuestros puestos.

Kieran se mordió el labio y bajó el arma. Eran conscientes del portento de las presentes y la habilidad con la espada del peliblanco, no debería ser difícil para él encargarse de un único objetivo si resultara ser un enemigo encubierto. Además, los Emergidos no rogaban, ellos tomaban. Y por ahora no conocían otro ejército hostil a su presencia.

- Lamento... - Musitó mientras la miraba de reojo. Parecía excesivamente intranquila, como si estar rodeada le causara un malestar más allá de estar en minoría. - Lo ocurrido. Kieran es algo tempestuoso, no se lo tengas en cuenta, por favor. En el fondo es buen chico. - Le sonrió con amplitud. Sabía que debería ser cauteloso y no fiarse de cualquiera, pero su instinto le decía que la llevara ante Ancelot como pedía. - Me llamo Ethan. Si deseas hablar con mi Señor, puedo llevarte ante él, aunque por precaución debo escoltarte. Espero que lo entiendas.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 26, 2017 2:01 pm



Pronto se dio cuenta de que uno de los soldados se había acercado. Uno que no había visto antes. Y cuando Aries se giró hacia él, halló el brillo de una dulce sonrisa y el suave movimiento de una mano cálida. Y vio ojos que no la veían a ella, y un color que ya había vislumbrado antes, pero nunca así. Así no…

-…Nieve… -susurró para sí; párpados abiertos, labios ligeramente separados y un tímido e inevitable rubor en las mejillas. El sonido fue tan débil que probablemente nadie más lo habría escuchado. Petrificada, no pudo hacer más que observar la escena dibujándose a escasa distancia. Un completo desconocido, de blancos cabellos y un aura extrañamente afable, se había acercado a Nívea con la fascinación de quien puede reconocerla por lo que era: una pegaso preciosa. Ésta le olisqueó la mano, como si algo dentro de ella pudiera comprender algo dentro de él, para finalmente buscar una caricia de aquellos dedos. Aceptó así al extraño, ya sin miedo y por primera vez, y aquella imagen no pasaría desapercibida en cada rápido latido de la jinete.

Y es que, en el mundo de los hombres, aquel joven no se pareció a ninguno.

Pronto, el sonido de un arco tensándose la devolvería a la realidad. Fue barro en sus oídos; manchó. Preocupada y alerta, Aries giró rápidamente la cabeza para encontrarse con aquellos ojos que, tras la afilada punta de una flecha, la miraban con desconfianza. Y sólo dos palabras consiquieron dibujarse en su mente. Dos palabras que no llegaron a alcanzar sus labios, todavía mudos. ¿Por qué? ¿Por qué…?

-Eh, tranquilo. No son peligrosas –intervino el joven de níveos cabellos, protector. Si acaso la guerra deformaba todo cuando alcanzaba a tocar, él parecía diferente. Nieve en Lycia, tan lejos de casa. El muchacho negoció con su compañero y logró que éste bajara su arma; sólo entonces Aries volvió a encontrar el aire en sus pulmones. Escuchó una disculpa; volvió a mirarle. Esta vez él sí la veía, y aquella sonrisa, más amplia que antes, pareció también para ella.

-So… –trató de decir sin poder alzar la voz, un sonido débil que apenas había acariciado su propia garganta. Pausó. Se llevó una mano cerrada cerca del pecho, sobre ese corazón de pájaro que no, no se callaba. Ella, que marchó hacia su deber con todo el honor y la humildad que sus hermanas le habían enseñado, sabiendo que no había más que honestidad anidando en sus palabras, ¿por qué debía temer pronunciar una sola de ellas? No debía, no. Ni temblar ni achicarse. Así, cuando volvió a encontrar su voz, lo hizo con un poco más de fuerza, más urgencia, aunque no por ello menos respeto o sumisión.

-¡Soy Aries, de la Orden de la Ventisca! Tu señor solicitó la presencia de una Caballero Pegaso en sus filas, y desde Ilia he acudido a su llamada. Me presento ante vosotros en paz; la guerra… está ahí fuera.

Inhaló y exhaló. Le miró como si su vida dependiera de él. Y quizás lo hacía. Si acaso la guerra deformaba, y el aire en el mundo de los hombres quemaba, Ethan... Ethan era diferente, ¿no lo era? Nívea no se dejaría acariciar si él...
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 26, 2017 4:09 pm

El espadachín esperó el consentimiento de la joven y cuando esta habló, lo hizo con el batir de alas de su pegaso. La voz de la jinete hizo eco en su pecho y, posiblemente, también agitara los corazones de media decena de hombres indiscretos. La tensión que había reinado en los últimos minutos pareció deshilacharse. '¿De Ilia?', pensó. Ethan abrió mucho los ojos, perplejo, y segundos después rompió a reír. No quería faltarle el respeto ni mucho menos, pero había algo en su mirar que le recordaba al invierno. Un invierno que rompía en primavera. Y eso le hacía muy feliz.


[...]


- ¡No te rías! ¡Es más difícil de lo que parece! - Se quejó un joven sin cara y sin nombre, un fantasma años ha en su niñez.

- Tu pegaso te odia y lo sabes. - Ethan le revolvió los cabellos rojizos al aprendiz de caballero. - ¿En Hoshido no os enseñan a tratar con respeto a los animales?

Un codazo impactó en las costillas del pequeño peliblanco, que resbaló sobre la nieve y con él su compañero. Ambos envueltos entre risas y el resoplar de plumas blancas. La cara rojiza de un niño cano.

- ¡Cuidado! - Le advirtió el pelirrojo y le agarró de la camiseta para llamar su atención. - ¡Mira! Es la primera flor de la primavera. - Sonrió pueril y lleno de malas ideas. - ¿Sabes lo que dicen de ella de donde vengo?

- ¿El qué?

- No, mejor no te lo cuento. Te vas a reír. Como antes.

- N-no, te prometo que no.

- ¿Seguro...?

Ethan asintió y el niño carmesí contó la historia de la flor de cinco pétalos.


[...]


- Lo... Lo siento. No me río de nada que hayas dicho, te lo aseguro. - Se disculpó mientras se secaba una lágrima inocente del ojo derecho. Esperó que la joven se relajara, y apuntó con su mano dominante al firmamento, como si pudiera acariciarlo con sus dedos. La felicidad anegaba sus recuerdos. - Estaba pensando en alguien de mi pasado. Cuando era joven, tenía los mismos ojos de cielo que tú.

Ethan enderezó su porte y la acompañó por el campamento, caminando al paso, sin apartarse en ningún momento de su lado. No recordaba haber tenido una compañera femenina en mucho tiempo, y aunque la llegada de Aries hubiese sido abrupta, no subestimaba su presencia. Hombre o mujer, en el campo de batalla sería su igual, se merecía su respeto; como Kieran, Dylan o Sean. Todos arriesgaban su vida en aquella campaña.

Se permitió la indiscreción de observarla, pequeños flashes de expectación recorriendo a la rubia caballero. No entendía por qué, pero se sentía cómodo a su lado. Era una desconocida y aún así, allí estaba él, pensando en ella como en la futura adición de la tropa. Una compañera. ¿Por qué se permitía ser amigable con ella? ¿Porque se parecía a él? Pensó en su Señor y en sus ojos turmalinos inmersos en el helor de la cruzada. Y por un momento se sintió avocado a cuestionar lo que no debía. En su lugar, dejó que la conversación tomara otros derroteros más agradables.

- Si ha solicitado su presencia, estoy seguro de que le agradaréis. - El peliblanco se sacudió el pelo con ligereza para terminar de expulsar el heno dorado. - En realidad, al veros creí que seríais una pretendiente de Lord Levallois. - Se llevó la mano a la boca y esgrimió una felina sonrisa, jocosa y cómplice, sin ápice de malicia. - Como su soldado os veréis más y os llevaréis aún mejor.

Tras apuntalar la escasa vida social de su Señor, que falta le hacía, Ethan no pudo contener más su lengua y se detuvo en seco. Si ella iba a engrosar sus filas, tenía que saberlo. Tenía que preguntar. A pesar de haber intentado contenerse con banalidades e improperios, no podía ignorar la realidad. La sonrisa del espadachín murió en sus labios.

- Aries. - Le llamó, ahora serio. No había bromas veladas ni dobleces ocultas, sólo honestidad. Señaló las tiendas a su alrededor, las cajas apiladas, la hoguera agonizante, el pulir de lanzas y el sonido del viento besando las lonas. - Esto es todo lo que tenemos. Aquí - Se golpeó la zurda de su pecho. - Aquí está lo único  que aún no hemos perdido. Nuestra causa. Bern, nuestro hogar. Arrasado hasta sus cimientos. - La miró con una mezcla de tristeza y rabia en su voz. - ¿Estás segura de dar tu vida por nuestra empresa? - Un pesar apagado tiznó sus palabras. - Una guerra que no es tuya por sangre ni por patria, sino por voluntad. - Él mismo había hablado con Ancelot sobre su falta de efectivos, y allí estaba ella, como una diosa vengadora con su lanza apuntando al eje de la bóveda celeste. Le sorprendía la capacidad de su Señor para anteponerse a cualquier evento. Le señaló la tienda de Ancelot con un breve gesto de muñeca. - Si es así, pasa. Sino... te ruego que te marches y no me permitas verte morir.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 27, 2017 5:50 am

Y la sorpresa, dibujada por un breve instante en el rostro de Ethan, dio paso a una risa que también para Aries sonó como la primavera. Había primaveras en Ilia, incluso allí. Siempre se notaba en el canto más ferviente e incansable de los pájaros, en esas pequeñas flores que, a veces, emergían en algunos tramos para celebrar el triunfo de la vida. Aries conocía la forma en que su corazón sabía estremecerse con la llegada de la primavera, y por eso supo que la risa de Ethan sonó así. Ella le miró, quizás sorprendida y quizás confusa, mas no hicieron falta disculpas donde jamás se tomó ninguna ofensa.

Era por Nívea. Era porque Nívea había aceptado y confiado en Ethan. Ahora Aries no podía sino creer en él. Que si él reía, sería primavera y no invierno. Y si él hablaba, su voz no traería más que honestidad y buenas intenciones. Así de importante era un pegaso para su jinete. Así de importante era Nívea para Aries.

-Estaba pensando en alguien de mi pasado. Cuando era joven, tenía los mismos ojos de cielo que tú.

Ojos de cielo, ojos de cielo. Aries abrió un poco más los párpados, notando de nuevo aquel pequeño, inevitable rubor como única respuesta a esas palabras. Él se había fijado en sus ojos y a ella se le hizo extraño. Y antes de que el joven se girara para partir, también ella se fijó en el color de…

Miel…’ pensaría, esta vez sin dar voz a su pensamiento. Lo guardó para sí, suavizando de nuevo su expresión. Había mirado tanto a la nieve que, hasta ahora, apenas había prestado atención a lo que bajo ella se mostraba. La miel era dulce, un justo color para el chico de la mano tendida.

Caminaron por el campamento. Viajaría la mirada de Aries, disimulada y curiosa, hacia esas tiendas bien montadas que nunca antes había visto en persona. Hacia esos soldados que les observaban sin poder evitarlo, algunos por comparable curiosidad, otros con inconfesa desconfianza. También hacia ese misterio que caminaba a su lado con imperecedera sonrisa. Le miró de soslayo en dos, tres ocasiones. A la tercera encontró accidentalmente sus ojos; medio segundo de sorpresa y la mirada de Aries ya estaba viajando hacia el suelo. Luego hacia el frente. Debía estar siendo indiscreta, quizás no hacía bien mirándole. Y, como si Ethan deseara tranquilizar su incertidumbre, habló de nuevo con ese tono amigable que hasta ahora le había caracterizado.

-Si ha solicitado su presencia, estoy seguro de que le agradaréis –dijo él. Ella le miró sin miedo esta vez, mostrando cierta preocupación por el tema.

-¿Tú crees…? –le tuteó. Acostumbrada a ese trato con sus hermanas pegaso, simplemente salió solo. Ethan sería, al fin y al cabo, su igual en el campo de batalla. ¿Su nuevo hermano?

-En realidad, al veros creí que seríais una pretendiente de Lord Levallois. –Ella parpadeó con extrañeza, sin estar segura de lo que aquella palabra implicaba. ¿Pretendiente? ¿Pretender qué…? La sonrisa de Ethan se tornó cómplice, igual que la de sus hermanas cuando jugaban-. Como su soldado os veréis más y os llevaréis aún mejor.

Y Aries, sin apartar la vista de él y sin comprender realmente la broma hacia su Lord, terminó esbozando una pequeña y tímida sonrisa. Su respuesta ya se encargaría de dar a entender su propia ignorancia con respecto a las ironías de Ethan.

-Haré todo cuanto esté en mi mano para complacer a tu Señor.

Unos pocos pasos más y Ethan se detuvo repentinamente. También Aries lo haría. Giró la cabeza hacia él con esa confusión regresando a su rostro. La primavera parecía haber llegado a su fin; Ethan ya no sonreía. Entonces lo escuchó por primera vez de aquellos labios. Su nombre; repentino como una flecha, extrañamente grave. Ethan acababa de llamarla por su nombre con tono inesperadamente serio, y ni las tiendas ni la hoguera ni las lanzas ni el viento; para Aries no hubo más sonido que aquel.

Entonces él, tras golpearse el pecho con su zurda, dio voz a un cachito de lo que allí dentro moraba. Le habló de su hogar, de su causa. De la guerra, de la sangre, de la patria. ¿Estaría ella a la altura de sus convicciones? ¿A la altura del sacrificio que se esperaba de cada hombre bajo el mando del Lord?

Silencio. Habría silencio por un instante. Entonces los ojos de Aries, bien abiertos hasta ese momento, sosegaron su expresión y la recubrieron con la misma seriedad que Ethan había mostrado. Se giró completamente hacia él, mirándole de frente. Si él le había entregado una pequeña pieza de alma, ella no haría menos.

-Yo nací Caballero Pegaso. Jamás he sido ninguna otra cosa –respondió, su voz tenue y su tono firme, despojado de dudas-. Derramaré mi sangre por la liberación de vuestro hogar, y en esta causa hallaré el sentido completo de mi existencia. Si me ves morir... sabrás entonces que así ha sido.

Descolgó la lanza de su espalda, y acto seguido se la entregó a Ethan. Si iba a reunirse con su Lord, deseaba darle todas las garantías de que venía en paz. Apenas volvería a mirarle, pues pronto agachó la cabeza en sumisa reverencia.

-Cuida de Nívea en mi ausencia, por favor…

No se había atrevido a llamarle por su nombre. No hasta que su Lord la aceptara y fuerza digna de considerarse su hermana a partir de ahora. Sólo entonces, quizás…
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 27, 2017 9:17 am

El mapa de Elibe cubría la totalidad del mesón central, mientras varias piezas del tablero se depositaban sobre el mismo. La amplia mayoría de estas se agrupaban en Lycia y Bern, las únicas dos naciones en las que desarrollaría una estrategia y concentraría un ataque. Ancelot apoyaba ambas manos en el tablón y fruncía el ceño severamente, mientras sus ojos azules contemplaban las diferentes líneas del plano con suma atención. Pensaba en un modo de atravesar la frontera y penetrar tan hondo como les fuera posible; en la forma de llegar hasta el interior y librar la batalla que verdaderamente importaba, la que colmaba de gloria la misión. Aún así, sabía que aquel no era un buen plan, sino un suicidio. No había ninguna garantía de éxito y tendría que solucionar eso muy pronto. Y es que, aunque él era versado en la política, las matemáticas y la poesía, no se trataba de ningún estratega. Poco importaba que adoptase cultura y conocimientos: en la guerra no se brindaba con la mente, sino con el instinto. Bastaba un movimiento en falso y los peones caerían como moscas, sin la posibilidad de tener una segunda oportunidad con la que resarcirse. La diferencia a la hora de hilar sobre el plano de batalla respecto a cualquier otra ciencia era que fallar ahí se penaba con la muerte. Crudo pero cierto. Tendría que hallar una forma más pronto que tarde, o terminaría mandando a sus hombres a una masacre sin ningún tipo de duda.

Las palabras de Ethan todavía resonaban en su cabeza cual martillo pilón, retumbantes y estentóreas.

¡No, no, no! No podemos simplemente entrar y reclamar lo que es nuestro, ¡maldición! —hablaba para sí mismo, visiblemente frustrado. En su intimidad, Ancelot no tenía por qué guardar ningún tipo de compostura. Se mordió el labio inferior y golpeó la mesa con desmedida impotencia, generando un importante estallido. Garthe entraba justo en ese momento en la tienda y respingó por el estruendo, deteniéndose justo detrás de su Señor—. No funciona así, ¿verdad? Nadie jamás ha ganado una batalla de ese modo. Si la guerra fuese tan fácil hasta los niños participarían en ella.

Mi Señor —la voz de Garthe sonó justo a su espalda cuando el Lord dejó de hablar, dejando clara su presencia—. La Caballero Pegaso que solicitó ha llegado al campamento. Desea veros en este momento.

Los ojos de Ancelot se abrieron despacio, sorprendido por la noticia. Ocultó aquel rostro de asombro de espaldas al único hombre que quebraba su intimidad, y por varios segundos de silencio, no dijo nada. De repente, sintió renovadas fuerzas escalando por sus venas, fuerzas que arrastraban una nueva esperanza a sus desgastados pensamientos. Eran los primeros refuerzos que obtenía desde que los Emergidos le echaran de su reino, y hasta ese momento no había imaginado que obtenerlos fuese a ser tan satisfactorio. Habían respondido a su llamada con rapidez y ahora sus filas engordarían un poco más. ¿Era lógico saborear semejante dicha?
Ladeó el rostro para asegurarse de que Garthe continuaba allí, esperando respuesta, y lo halló de soslayo, firme como de costumbre. Era un tipo alto y algo robusto, el más veterano de todos los hombres del campamento, y también uno de los más disciplinados. Regresó la vista del Lord hacia el mesón, y su voz escapó con neutralidad esta vez, lejos de la exasperación que le había visitado hacía tan solo unos instantes. Que su propio soldado le hubiese visto en ese momento de debilidad no era bueno, y lo sabía. Sin embargo, ya no podía hacer nada para enmendarlo.  

Haz que pase —dictó con una firmeza soberana, calma necesitada.

Garthe se inclinó a modo de asentimiento y se retiró de la tienda, todavía algo circunspecto por el reciente suceso. Ancelot quedó allí, solo, mientras las líneas del mapa le hablaban en sus pensamientos. Los dedos de su diestra se movieron entonces hasta la región de Illia, donde la figurita de un pegaso tallado en madera se encontraba adecuadamente colocada, dispuesta como máxima representación de la región del invierno eterno. La cogió entre los dedos y la observó con un interés silente, algo parecido a fascinación.
Sin decir nada, la colocó junto a las demás figuras dispuestas para la batalla, justo en la frontera de Lycia y Bern.

Una sonrisa ínfima curvó sus labios.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 27, 2017 11:52 am

Y mientras el guardia se adentraba en la tienda para pedir permiso, se escuchó una voz repentina de su interior. Una queja desencajada en una maldición que hizo a la jinete encogerse ligeramente. Fue una voz joven, impetuosa sin llegar al descontrol, aunque azotada por el peso de una notable frustración. ¿El peso de la guerra…?


Aries inhaló profundamente, aguantó la respiración. Esperó. Detrás de aquella tela encontraría al que sería su Lord, líder de nuevos reinos, el rey de la rosa o sin ella. Salvador o tirano, sería la persona a la que ella debía servir; su único propósito, su única meta a partir de ahora. Contó los segundos. Perdió la cuenta. También de sus propios latidos. Se habían acelerado de forma distinta a cuando vio a Ethan por primera vez. Esta vez estaban cargados de incertidumbre, de miedo y emoción a partes iguales. Al fin salió el guardia, dándole permiso para entrar. Era la hora…

Volvió a inhalar. Volvió a aguantar la respiración. Un paso al frente, luego otro. Se adentró en la penumbra de una tienda cuyo único inquilino no necesitaba más que su propia presencia para llenar cada espacio. Y se atrevió a mirar aquella espalda oscura y fría, sólo por un instante antes de sentir que caía. Aries se arrodillaba, como buen soldado, y bajaba la cabeza hasta que su largo cabello casi rozó el suelo. Mejor así que en pie con esas rodillas temblorosas.

-...Mi Señor… -encontró su voz, entre inhalaciones y exhalaciones que trató por todos los medios de ocultar. ¿Cuánto tiempo había durado la espera? ¿Dieciocho años?– He venido desde Ilia… acudiendo a vuestra llamada…

No pudo evitar alzar disimulada y ligeramente los ojos; niña curiosa. Sólo lo suficiente para descubrir unos pies de metal que parecían sujetar a una figura de porte firme y noble. He aquí, sí, aquel por el que Aries debía derramar hasta la última gota de su sangre. He aquí la misma muerte, de la que pronto descubriría el rostro.

Su rostro… su rostro… ¿cómo sería su rostro…? ¿Y sus palabras, cómo serían? Y si ella caía mañana en el campo de batalla como los héroes de los libros de leyendas, por él, ¿crecería por ella una rosa blanca en su jardín?

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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 28, 2017 5:28 pm

Cuando Garthe atravesó la lona se llevó consigo algo más que su presencia, y la tienda quedó en el más rotundo y absoluto silencio. ¿Y acaso no había sido ese siempre el mayor aliado de Ancelot?  Al joven Levallois le encantaba el silencio, le fascinaba. Desde siempre le había dedicado pensamientos a ese fenómeno que nadie mira y que a nadie importa. Le gustaba lo que era capaz de hacer con la mente de las personas, ambiguo y sutil, hombre de dos caras, amante de mentiras piadosas. A algunos les profería miedo, mientras que a otros les ofrecía valor y sabiduría. Podía ser engañoso como un rumor o tan cierto como una promesa. Podía cortar la respiración de un próspero rey o rellenar los pulmones de un moribundo. El silencio era el todo y la nada. A veces amigo, a veces enemigo. Cuando aparecía, algo ocurría. Siempre. Era el anuncio de la tempestad o el refugio del placentero descanso. No se puede saborear, ni se puede ver, ni se puede tocar, ni se puede oler... pero sí se puede escuchar. Irónico cuanto menos; la ausencia de ruido era tan audible como un estruendo, tan cierta como un clamor.
Ancelot se hallaba solo ahora, y durante un corto periodo de tiempo, el silencio penetró en sus pensamientos como la brisa por una ventana. ¿Qué significaba en esta ocasión? ¿Para qué había venido?

Sus latidos, agitados por su reciente exacerbación, retumbaban con el doble de fuerza de lo habitual. Su pausada y fuerte respiración rompía la calma y le recordaba quién era, por qué estaba allí y qué se esperaba de alguien como él. Una gota de sudor frío nació en su frente, besó su mejilla murió bajo el mentón, invisible, y entonces, sólo entonces, el silencio se rompió. Murió como mueren las personas, asesinado por el canto de gráciles pasos a su espalda.  Ancelot se había acostumbrado a la presencia de sus hombres, y a menudo diferenciaba quiénes eran sus visitantes sólo por el sonido que emitían al caminar. Esta presencia era distinta a todas las demás: era nueva.

...Mi Señor… —escuchó con claridad, y el indudable peso de la armadura se postró en el suelo. Ella se había inclinado, aunque aún no podía verla, todavía de espaldas—. He venido desde Ilia… acudiendo a vuestra llamada…

Jugó a imaginar su rostro, su figura y el relucir de su armadura. Jugó a adivinar el color de sus ojos y el tono de su cabello. Jugó, sí, como juegan los niños que no quieren crecer. Mas él no era ningún niño: era el Lord de la gloriosa casa Levallois, el último de los suyos.  Para cuando se giró, Ancelot ya había olvidado cómo la había imaginado antes, pues le dio sentido al contemplarla con sus propios ojos. Era blanca como el invierno, clara como el agua, grácil como la nieve. Era hermosa y resplandecía como una auténtica soldado: su porte disciplinado le obligó a inhalar hasta inundar el pecho de orgullo.

Fue entonces cuando descubrió que ya había soñado con aquella reunión.  

En pie, soldado —masculló, cortando la tensión con categórica respuesta. Era la primera vez que se dirigía a ella: su primera orden—. No es necesario que hinques la rodilla. Soy tu Señor, no tu rey.

Para cuando ella alzara la mirada, los ojos azules de Ancelot la contemplarían con frialdad, pero también con respeto y un silente agradecimiento que no tardaría en confesar. Ella era la primera gota de esperanza en el vaso, la primera pieza en el tablero. Su llegada sería el principio del fin.

Admito que no esperaba tanta diligencia. Sin duda, la Orden de la Ventisca hace honor a su reputación —le concedió una pequeña sonrisa, amable—. Como habrás podido comprobar, no somos una gran fuerza todavía —admitió sin problemas. No poseía ningún ejército, así que su pequeño grupo de hombres no debía ser mejor que la simple avanzadilla de cualquier otro Lord—. Tu llegada supone el principio de un cambio para nosotros. Te doy las gracias en nombre de todos mis hombres y el mío propio.

Se llevó una mano al pecho e inclinó la cabeza servicial, gesto inmaculado. Sus modales eran refinados, elegantes y sumamente distinguidos. Aunque su casa había visto mejores días, su educación había sido ejemplar, y sus formas así lo indicaban.
Tras el gesto, un nuevo silencio se hizo protagonista. Ella le miraba a él y él la miraba a ella. El tiempo pareció congelarse, como si la escarcha de Illia hubiera llegado para ahogarlos en un trance apacible. ¿Sentiría la niña de invierno la presencia del silencio besando su piel? ¿Lo apresaría, tal como él hacía?

No había más tiempo que perder. Cuando Ancelot se recompuso, las presentaciones fueron inevitables.

Soy Ancelot Levallois, heredero de la Casa Levallois de Bern. Seré tu Señor a partir de ahora —se presentó sin atribuirse ningún título ostentoso—. ¿Cuál es tu nombre?

Que su voz volviera a quebrar el orden, como sus pasos hicieron atrás.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 28, 2017 10:54 pm

La verdad pesaba como una lanza. Tras escuchar la resolución de Aries se giró a la yegua alba con un leve asentimiento, el malestar que había enterrado sus palabras desapareció y de él brotó una sosegada promesa. ¿La escucharía ella?

- Lo haré. - Su mano encontró los belfos de la aterciopelada montura. Miró a la pegaso con una media sonrisa y le frotó la frente. - Tengo la sensación de que tú y yo vamos a llevarnos muy bien, blanquita.

La yegua resopló, Ethan no supo interpretar si fue por su descaro o por la inminente presencia de Sean. El joven soldado se acercaba con evidente adoración y un manojo de paja en sus manos tendidas. El peliblanco levantó una ceja inquisitiva.

- No puedes comprar a las mujeres. - Un pequeño amago de la pegaso desprestigió su afirmación. El hambre privaba a cualquier ser de su orgullo, eso estaba claro, pero el animal terminó por no ceder. Quizás su especie fuera superior al resto. - ¿Ves? No vas a conseguir su amor con heno ni diamantes.

- Y-yo no pretendía eso... - Sean dejó el alimento dorado en el suelo y retrocedió dos pasos, sin dejar de mirarla. - Nunca había visto a un caballo así. Con alas.

Ethan se llevó la palma a la frente, en un cómico gesto de exasperación.

- Es una pegaso. ¿No te enseñaban modales en tu aldea? - Rascó su barbilla cana con premeditada insistencia. - No te acercas a una chica porque sí, sin un pretexto, lo menos que podías hacer es preguntar su nombre.

- ¿Y cuál es? - Inquirió el joven, sonrojado. Ethan era un docto soñador en el arte de amar, pero más allá de eso, no había tenido muchas oportunidades de poner en práctica lo que había aprendido en los libros. Libros con dibujos, obviamente, como le gustaban a él. Aunque, al menos, podía destacar en iniciativa y falta de vergüenza.

El vasallo vaciló, se había acercado al centro del círculo con la ilustre visión de sus alas como reclamo. Estaba acostumbrado a aproximarse así a caballos y otros animales, cuando la ocasión le brindaba una oportunidad, pero más allá de elogiarla no había preguntado por su nombre. Tampoco hubiera sido cortés con su jinete, prefería la forma en que Aries se lo había confiado, le había hecho sentir cálido por dentro, como si rozara su corazón.

- Se llama Blanquita. - Mintió vilmente. No podía quedar como un demagogo ante tanta reprimenda, ¿Verdad? Y tampoco sabía si su dueña querría que lo supiera. Un pequeño embuste que se quedaría en una inocentada sin consecuencias. Fue a acariciar de nuevo el rostro del corcel, y para su sorpresa, lo recibió una lengua viscosa. Las babas de la pegaso recubrieron su mano y luego su cara, bien podría haberse llamado Karma. - Parece que tiene h-hambre.

Sean, ingenuo, recogió la paja a sus pies y la dejó cerca del espadachín. El chico, una cabeza menor que él, se agarró a su espalda y observó desde allí como Nívea olisqueaba el heno a sus pies para luego volver al atento cuidado del peliblanco.

- Puede que no le guste, al fin y al cabo, te has echado una buena siesta encima de su almuerzo.

Ethan negó con la cabeza.

- Creo que no se fía, simplemente. Es posible que no quiera comer en ausencia de su compañera. - Ethan le echó una mirada al opresor de su retaguardia. Parecía exhalar miedo y admiración a partes iguales. - Por cierto, ambas han venido para luchar a nuestro lado.

Sean abrió mucho los ojos y tras unos breves segundos de intenso debate interno, se separó del mirmidón.

- M-mucho gusto, encantado de conocerte. - Musitó el chico, sin atreverse a extender su brazo. Sus dedos temblaban con indecisión.

Entonces lo notó. La dulzura que se quebraba bajo el amargor de la lanza, la espiga de certeza más mezquina e infame de aquel vergel; si alguien había de morir primero, sería él, Sean. El más puro, el que le recordaba a su hermano caído, y como el anterior, encontraría su cese en una cara sin nombre ni honra.  Una ruina hueca que se grabaría en su piel hasta el fin de sus días.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 29, 2017 8:17 am


Vio aquellos pies de metal girarse, y sus ojos regresaron rápida y disimuladamente hacia el suelo. Aguantó la respiración. Su Lord la estaba mirando; la miraba y ella no sabía qué veía. Y reinó el silencio por… ¿cuántos segundos fueron? ¿Cuántos latidos? Hasta que, al fin, la voz del hombre se dejó escuchar con una orden, la primera de muchas. No podría haber sido de otra forma.

’En pie, soldado’, dijo él, rotundo, como Aries imaginó que debían sonar los líderes. Ella exhaló discretamente, y sin mayor demora comenzó a levantarse despacio. Su vista sólo aguantaría dos segundos más sobre aquellos pies; poco a poco fue alzándose en un lento recorrido por la figura frente a ella, pasando por un pecho acorazado y noble, hasta terminar en aquellos dos cortantes glaciares con los que el Lord la miraba. Ella también le miró a él; ojos abiertos que poco sabían esconder, ni su miedo ni su fascinación. Se fijó en esa eterna noche en sus cabellos, en el hielo bajo estos. Un hombre joven, frío, sereno e imponente. Resultaba sobrecogedor, y a su vez, había algo extrañamente hermoso en él…

Entonces Aries se dio cuenta. Se dio cuenta, sí, de que Lord Levallois encarnaba con descarada perfección su propia idea de la muerte.

-Admito que no esperaba tanta diligencia. Sin duda, la Orden de la Ventisca hace honor a su reputación –dijo él en un elogio satisfecho, y esta vez su expresión se tornó más cálida con el dibujo de una pequeña sonrisa. ¿Primeros vestigios de la primavera…? No… No había primaveras en él. No todavía, no hoy. Apenas había aire en aquella tienda.

Él le dio las gracias por su presencia, lamentando su hasta ahora reducido número de fuerzas. Para eso estaba ella aquí, para luchar por lo imposible, por ese reino olvidado que, sobre todas las cosas, había que salvar. Pero… ¿podría salvarlo ella, acaso? ¿Tendría el poder suficiente para cambiar el curso de un destino oscuro e incierto? No halló palabras. Ninguna sonaría correcta ni certera; ninguna.

Sería él quien volvería a romper el silencio con un nombre que poner sobre su apellido. Ancelot. Así sonaba el nombre prohibido de su Señor, de la espada y la soga. De los primeros y los últimos latidos, tal y como ella los había soñado. Ancelot. Y al preguntar por el nombre de ella, Aries tensó ligeramente el puño.

No había venido desde Ilia a entregarle un nombre. No deseaba ni podía regalarle vacuas esperanzas. Ella, que apenas conocía el sabor amargo de la guerra y de la verdadera pérdida, no se sentía digna de elogio ni sonrisa alguna. ¿Qué podría darle, pues? ¿Una palabra, dos? ‘He venido desde Ilia acudiendo a vuestra llamada’, había dicho al principio del encuentro. Un enunciado vacío, una verdad a medias. Quizás eso fue lo que le faltó…

-Aries –respondió a su pregunta, sacando el valor de mantenerle la mirada con el pequeño brillo de la determinación en sus ojos. Entonces...- Mi Señor. No tengo victorias, ni promesas de nuevos amaneceres que entregaros hoy. Tampoco sé si mañana habré sido capaz de hacerlo. Tan sólo… traigo una promesa, la única certera e inquebrantable…

Inhaló. Exhaló. Seguía faltando el aire. Un impulso más y brotarían las últimas palabras, de sus labios y de sus ojos. Palabras que, en aquel momento, Aries creyó como la más absoluta de las verdades. Y es que, valiera mucho o poco, ella...

-Estoy aquí para morir por vos.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 30, 2017 6:31 pm

Se llamaba Aries. Si a su nombre lo conformaba algún linaje, lo desconocía. Ella sólo le dio una forma de llamarla, un único apelativo. Escueta, concisa, servil como todo soldado disciplinado. Aries sonaba a invierno y a orden, pero para Ancelot también sonaba a esperanza. La miró en silencio, contemplativo, mientras su nueva adepta se hacía escuchar para que el Lord conociese sus intenciones. Para que descubriera a la soldado que acababa de arribar en su destacamento.

Mi Señor. No tengo victorias, ni promesas de nuevos amaneceres que entregaros hoy. Tampoco sé si mañana habré sido capaz de hacerlo. Tan sólo… traigo una promesa, la única certera e inquebrantable… —y su pausa congeló el aire—. Estoy aquí para morir por vos.


Ancelot abrió sutilmente los ojos, sobrecogido por sus palabras. No había mentiras en ellas, tampoco en su mirada cargada de determinación. Aquella jovencita había volado hasta él para entregarle su lanza y su vida. ¿Cuántos podían decir lo mismo? Era algo que muchos de los que se encontraban allí con él, pese al tiempo reunidos, ni siquiera le habían transmitido. Resultaba fascinante, cuanto menos, que las valquirias de la Orden de la Ventisca recibieran semejante instrucción y la aceptaran con tanta dignidad, como ningún hombre podría. Hoy ella era su aliada, pero en otras circunstancias podría haber sido su enemiga, ¿verdad? Una débil exhalación nació de entre sus labios, mientras cerraba los ojos por un instante y los abría acto seguido. Su mirada añil estaba ahora cargada de orgullo.

Morir por mí no nos traerá gloria, ni tampoco victoria alguna. Y si mis enemigos vuelven a por mí después de tu muerte, no podrás estar allí para salvar mi vida una segunda vez —agregó entonces, impávido, rotundo, y dio un paso hasta ella.

Notó que, al hacerlo, la chica se tensaba ligeramente. Había estado inquieta desde que entró en la tienda, quizás, incluso desde que llegara al campamento. Lo había notado en su forma de mirar, en sus gestos, en su respiración. Parecía asustada e insegura, aunque, a la vez, se sentía dispuesta a ofrecer lo mejor de sí misma. Le recordaba a él cuando era un niño; soñaba con complacer a su padre, pero el mundo desconocido, vasto y hermoso, le aterraba más allá de las puertas de su castillo. Por eso no podía culparla: creía entenderla.  Estaba rodeada de desconocidos, esperando el inminente abrazo de la guerra. Sola. Completamente sola.
Ancelot terminó de recorrer con paso solemne la distancia que les separaba, silencioso como la noche, y sin miedo a reprimenda alguna, rompió la barrera que la hacía intocable con un gesto tan sutil como una brisa. Su diestra se alzó, y despacio, meció un mechón de cabello rubio hacia atrás con los dedos, tan leve que hasta pudo considerarse como un acto caballeroso.

No quiero que mueras por mí, Aries —sus palabras fueron un susurro, la cercanía le permitía mascullar y ser perfectamente entendido. Su ambición estaba clara; era tal que, si ahora pudiesen verlo, sin duda helaría la sangre de sus enemigos. Quizás, también la de sus aliados—. ...Quiero que mates para mí.

Sólo la muerte -y no la propia, sino la de sus enemigos- podía garantizar el éxito de su empresa. Cualquier otra promesa sería fútil e insuficiente. Esa era la única realidad.
Se despegó de ella, un paso atrás que volvería a darle aire. Sí, aire para respirar. Si su análisis no había sido erróneo, aquellas palabras le harían pensar. Aries tenía los ojos de aquel que ansía honrar su causa, y eso podía convertirla en su mejor baza... y también en su mejor arma.

Puedes retirarte, Aries —se inclinó con una sonrisa hábil, y su reverencia volvió a relucir majestuosa. Entonces le dio la espalda y apoyó de nuevo las manos en la mesa, no sin antes dejar una última petición—. Por favor, si ves a Ethan, dile que me encantaría que se reuniera conmigo. No sé si le conoces ya, pero no tiene pérdida: es el único de mis hombres que tiene el pelo blanco.

Agarró la pieza del pegaso que se hallaba sobre el tablero, y se quedó mirándola en silencio, abstraído en sus propios pensamientos. Por alguna razón, no tuvo ni que comprobar si Aries seguía sus instrucciones. Tenía la convicción de que ella, desde ese momento, cumpliría todas las demandas que él le pidiese.

Sin falta.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 31, 2017 11:11 am


Debía hacer frío en aquella tienda. Frío, porque se sintió temblar ligeramente. Pobre niña de las nieves, pobre cordero. Venida desde tan lejos, se había metido directa en la madriguera del gran león...

Con el primer paso de su Señor, la tensión de la jinete fue visible, palpable. Si los ojos de los hombres eran aún un misterio para Aries, los de Ancelot contenían el más oscuro e insondable de los abismos. Imposible, incomprensible, inalcanzable. Pero, aunque poco se pudiera ver en esa noche que él tenía por mirada, ella no apartaría la suya propia. ¿Firme, servicial? ¿Acorralada?

Entonces, ya frente a frente y sin más sonido que el tronar de un corazón agitado, la mano de Ancelot se alzó despacio; despacio, mas también sin pausa, sin dudas, jugando con la ventaja de ser cazador, y ella su presa dispuesta. Aries aguantó la respiración en sus pulmones. Trató de no mover un solo músculo. No opuso resistencia alguna cuando los dedos de su señor, en gesto inesperado y dulce, mecieron un mechón dorado de su cabello como si éste le perteneciera. Como si ella fuera su posesión. Y quizás, de haber tenido él un puñal en la mano, ella se habría dejado hacer de igual forma.

Fue apenas un roce, apenas un cosquilleo desbastador como ningún otro, y los párpados de Aries pesaron hasta cerrarse inevitablemente. Exhaló ese veneno de su pecho. Exhaló. Y llegó aquel susurro, íntimo, cercano y perfectamente calculado con el sabor de su nombre. Lengua de serpiente que le grababa, a punta de cuchillo, una orden. Una sentencia. Una tragedia. Una sola para teñir la nieve y privarla de su color, pues no había cabida en la guerra para él.

'...Quiero que mates para mí.'

[ . . . ]

Cuando la joven se retiró de la tienda y volvió a recibir la bienvenida de los rayos de sol, no fue exactamente la misma que antes había entrado. Caminó despacio, con la mirada perdida cual marioneta desprovista de alma, sin mirar ni ver ni oír.

Nívea. Tenía que buscarla. No le costó hallarla junto a Ethan, tal y como había imaginado. Había otro soldado de aspecto más joven, pero Aries apenas pudo prestarle atención más allá de comprobar que, en efecto, no le estaba haciendo daño a su pegaso.

-Gracias por cuidarla como te pedí… -dijo a unos pasos de ellos para llamar la atención de ambos, o cuanto menos la del peliblanco, al que claramente se dirigía. Su tono fue suave, amable y discreto, sin alzar la voz más de lo que debería. Caminó hasta el animal, cuyo lomo acarició sin miedo-. El Lord… desea verte.

Apenas les miró, como si sus pensamientos estuvieran en otra parte, no allí con ellos. Y así era, los tenía en otra parte; a unos cuantos pasos en la dirección de la que vino...
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 31, 2017 1:32 pm

No tuvo que esperar demasiado, el paisaje a su espalda cambió con rapidez y el helor de un fantasma atravesó la lona. Sean le dio un codazo y el peliblanco dio media vuelta para contemplar la escena. Allí estaba Aries, pintada en acuarela, recortada contra la superficie de la tienda. Tenía el desorden plasmado en el rostro, la desfiguración del que ha abandonado la calma.

- ¿Te... te encuentras bien? - Esbozó él; ella no parecía haberse dado cuenta de que Ethan alargaba el brazo. Parecía desarticulada, hueca ante sus ojos, pero caminó hacia Nívea con la certeza del grafito. El vasallo sintió el carbón en sus labios, e inmediatamente se precipitó hacia los aposentos del noble, asustado.

- Señor - Arañó su voz mientras desasía la primera cortina e invadía el interior con su presencia. No escuchó respuesta. - Ancelot, ¡¿Estás bien?!

Ethan ignoró a Garthe, no lo oía, no entendía nada. ¿Qué había pasado allí dentro? ¿Por qué parecía estar tan vacía? ¿Tan Inconexa? ¿Rota? Y lo halló allí, frente al tablero de guerra, con una pieza entre sus dedos. Las falanges se afilaron. Entonces le envolvió la bruma, el silencio, la espera. Vio el tafetán de sus ropajes, la armadura estoica que lo amenazaba con romperse bajo su escrutinio infame. No parecía herido, no olía diferente, no había peligro ni vulnerabilidad que indicara vestigios de dolor. El joven Levallois parecía estar perfectamente.

- Mi Lord... - Recuperó la compostura. El aire volvía a insuflar sus pulmones. - Pensaba... Pensaba que os había pasado algo.

Carraspeó y juntó las botas, esperando a que el vértice de su preocupación se limara con la comisura de su reclamo. Si había algún motivo para que él temiera por su Lord, se lo diría, sino... Tendría que atribuírselo a su mal juicio al malinterpretar a la jinete.

Quizás fuese eso. Apretó sus puños, cogió ese deseo y lo moldeó en su mente, lo convirtió en la espada que cortaría ese temor. El terror de haber visto a Ancelot contuso o lastimado. Tal vez lo había llamado para su riña diaria, es posible que quisiera darle órdenes o incluso apostillar sobre la conversación que habían mantenido tras su último enfrentamiento. Todo era posible. Todo. Incluso la muerte. Consiguió tragar saliva, sonoramente, y alzó los ojos para encontrar los suyos.

Esperó que no viese el miedo de perder a su amigo, ni descubrir en él la rabia o la deshonra de haber errado. Era su deber protegerle, al fin y al cabo.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 05, 2017 12:15 pm

En su pecho se había instalado una emoción  extraña, un sentimiento embriagador. Aries había despertado una sensación que una vez creyó muerta, sepultada por la desesperanza de su propia ambición. Quizás, en su fuero interno Ancelot nunca creyó ser capaz de ganar esta guerra. Puede que cumpliera con su cometido, puede que su sueño de reclamar la tierra que les pertenecía le impulsara a seguir caminando, pero que, inconscientemente, encontrara en el camino una causa perdida. ¿Cuándo había dejado de creer en los demás? ¿Cuándo había dejado de... creer en sí mismo? Ni siquiera se había percatado de ello.
No obstante, ya no encontraba resquicios de aquella amarga realidad. Cualquier indicio de dudas se había esfumado en los ojos de su nueva subordinada, que marchó de la tienda en cuanto él le concedió el permiso para hacerlo. Arrastró consigo el miedo, la incertidumbre y la desesperanza, y en su lugar sólo dejó la perspectiva de un futuro triunfante. Ancelot se relamió como un felino a punto de saborear su primer bocado, y una promesa de éxito surcó sus pensamientos con fugacidad.
Sonrió mientras sujetaba aquel pegaso tallado, clavando sus ojos en la madera que tan bien representaba el foco de su juicio. Sonreía con esa mueca que sólo los triunfadores albergan, aquellos que se sienten vencedores por naturaleza. Ya no tenía dudas de ello: volvía a verse, a sentirse ganador. Aries era sólo el primer paso, y Bern sería su cumbre.  

Señor —la voz de Ethan cobró sentido a sus espaldas, aunque Ancelot no se giró para recibirle. Se notaba angustiado, apurado, y la prueba determinante fue el modo que usó para hablarle como consecuencia—. Ancelot, ¡¿estás bien?!

La urgencia que brotó en el tono de su amigo obligó al heredero Levallois a detener su contemplativo análisis para recaer en él de inmediato. Ethan acababa de tutearle y ese era un hecho que no pasaría desapercibido para Ancelot, que ladeó la cabeza para alcanzar la figura del peliblanco de soslayo. Lo haría un solo instante, para acto seguido volver a fijar su mirada en el tablero y depositar la pieza en el punto exacto. Aquella ausencia de palabras revelaría que nada había ocurrido, o de lo contrario, el Lord ya habría quebrado el silencio con una réplica punzante.

Mi Lord... Pensaba... Pensaba que os había pasado algo.

La imponente figura del joven señor se volteó por completo, despacio, y su mirada de hielo se incrustó en el dorado fulgor que, radiante, avivaba la mirada de su amigo y confidente. Esa faz funesta pronto se convertiría en un mar en calma, abanderado por una sonrisa confortante.

Tranquilo, Ethan. Estoy perfectamente —agregó con naturalidad, negando al espadachín con un gesto sutil—. ¿Qué te ha hecho pensar lo contrario?

Se giró, dejando que su vasallo se explicara mientras él fijaba sus ojos en una jarra postrada en la mesita contigua. La asió con firmeza y vertió un poco de vino en una pequeña copa que descansaba justo a su lado, dejando que aquel flujo carmesí despertara de nuevo sus sentidos. Entonces tomó el recipiente entre los dedos, lo alzó y le dio un sorbo que, indudablemente, le supo mejor que el último.

Asumo que has conocido a Aries —intuyó mientras agitaba suavemente la copa, haciendo que el vertido se expandiera de un lado a otro. Reflexionaba; se notaba porque sus ojos se postraban en ese punto indefinido, como si pudiera ver algo allí, donde no había nada—. ¿Qué piensas de ella?

Ethan solía tener buenas respuestas. No era su consejero y tampoco era ningún sabio, pero su forma de hablar -siempre sincera y abierta- había conseguido que Ancelot contase con él para las cuestiones que más valor le precisaban. Hoy no sería diferente.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 05, 2017 8:31 pm

Cuando volvió la vista hacia él se le heló la sangre. Había algo peligroso en sus ojos, un aura soberbia e intimidante, como el depredador que disfruta con antelación su cena. El frío viajó por sus venas hasta aposentarse en su estómago. Ethan no se apocó, al contrario, levantó un poco más barbilla para recibir su respuesta.

- Tranquilo, Ethan. Estoy perfectamente. ¿Qué te ha hecho pensar lo contrario?

Las palabras de su Señor le cubrieron como un bálsamo. Quiso entrever la dulcificación de su rostro, ni muy severo ni muy manso, y el corazón le dio un vuelco. Exhaló para hacer hueco al alivio y al sosiego, pero acto seguido, lo inundó el desconcierto. ¿Entonces para qué lo hacía llamar? ¿Por qué ella parecía haber visto un fantasma? Tal vez... le había podido la tensión de ver a su Lord. Sí, sería eso.

- Me has hecho llamar y... He malentendido la causalidad del mensaje. - Sonrió para restarle importancia, no quería preocupar a su Señor con malinterpretaciones y señales confusas. Su mano escaló hasta su nuca y él ladeó el rostro. Aunque lo que realmente querría preguntar era qué le habría dicho él, el detonante que había causado en ella tal impresión, decidió callarse. No tenía nada que ver en aquello y era mejor no tentar a la suerte con Ancelot, cuanto más hablaban, más posibilidades había de que le mandara algún recado. Cargas, lecturas, aumento de responsabilidad... Se le erizó el vello de los brazos.

El joven Levallois se sirvió una copa de vino, lento y jocoso, parecía disfrutar el néctar granate con especial entrega. El cáliz resplandeció entre sus dedos y enjoyó la imagen que se abría ante él. El azabache de su cabello se meció y Ethan se esforzó por contener su lengua sibilina. 'Bebiendo tan temprano', se dijo a sí mismo, 'Debe haber recibido excelentes noticias'.

- Asumo que has conocido a Aries. - Esa afirmación pareció flotar hasta sus oídos. El espadachín asumía que no era un comentario casual, su Señor sabía esgrimir el apego. La primera vez que presenció sus dotes de retórica y oración, se dio cuenta de que en él pesaba tanto la pluma como la espada, y que podría cobrarse una vida con cualquiera de las dos. - ¿Qué piensas de ella?

Un pequeño brillo pareció posarse en su nariz  y en sus labios, ¿Qué pensaba de ella...? No se había formado una impresión completa de Aries; claro que era agradable, e indudablemente hermosa. Pero, ¿Como soldado? ¿Buena persona? No tenía ni idea. Sin embargo, había un halo diferente en ella. Una corazonada que llevaba su nombre. Era...

- Esperanza. - Habló, firme y sincero. No había dobleces en su voz. - Hay algo en ella que me recuerda a vos... Un instinto primordial y básico en mi cuerpo, una sensación de victoria. - No esperó halagarle, era la verdad; su verdad. - Creo que será esencial para retomar Bern, aunque no tengo nada que respalde esta creencia.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 06, 2017 12:50 pm

Agudo como un lince y certero como una flecha. Ethan no sólo se movía con una magistral rapidez de pies; era más listo de lo que muchos allí imaginaban. Pese a su contrastada vagancia, sus pensamientos también alcanzaban la velocidad de una centella. Ancelot sonrió cuando el peliblanco le contestó con firmeza, más satisfecho que incrédulo. Puede que aquellos ojos dorados no hubiesen leído demasiados libros, pero conocían las páginas del pensamiento como ningún otro siervo que el Lord jamás hubiera tenido. ¿Lo había visto el también, o acaso era capaz de atravesar el espejo de su alma? Le conocía de muchos años, y aún era incapaz de saber si se trataba de astucia o sabiduría. Fuera como fuere, Ethan tenía un don que no se perfecciona, que no se hace. Tal vez el destino lo había depositado allí, en sus brazos, lejos de fraguas que no tenían su nombre.
Así era mejor.

Sí... Esperanza —repitió Ancelot con inflexibilidad, mientras dejaba la copa en la mesa y caminaba hacia Ethan. Le rodeó por el flanco derecho, cruzó su espalda lentamente y la voz templada que emanaba su garganta apareció por la izquierda—. Es justamente lo que he visto en sus ojos, Ethan. Esperanza.

El lord abandonó su espalda y caminó de nuevo hacia el mesón. Andaba con la pausa de un depredador oculto en la maleza; era solemne, tranquilo y elegante. No lo forzaba, no había fachada en esos pasos que asesinaban el silencio. Su porte, al igual que su nombre, era algo que no podía escogerse al nacer. Algunas cosas simplemente vienen de la mano.

He tenido una visión, ¿sabes? —pronunció con calma, llegando hasta el tablón de madera y agarrando entre sus dedos, una vez más, aquel pegaso tallado—. He visto el estandarte de mi familia en la cumbre del torreón de Escarcha Negra. Es el primer paso hacia nuestro hogar.

Se giró hacia su vasallo, queriendo comprobar el surco de su rostro. Necesitaba entender sus ojos, leer sus pensamientos. Las palabras están llenas de falsedad, de arte, pero la mirada era, sin duda, el lenguaje del corazón.

Algunos caerán, lo sé. Una fortaleza no se conquista sólo con esperanza —admitió—. Pero esperanza, Ethan, no es lo mismo que optimismo. No es la certeza de que algo saldrá bien —caminó de nuevo hacia él, siguiendo el mismo ritmo que antes. Cuando llegó a su lado, tomó su mano, despacio, y le incitó a abrirla. En ella depositó la figura de madera, y su sonrisa, hasta entonces invisible, se hizo tan real como su sueño—. Esperanza es la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte.

Guió sus dedos para que se aferraran a la pieza, haciéndole cerrar el puño lentamente, tanto como le fuera posible. Su voz susurrante no solía ser siempre así; Ancelot estaba promovido por una ambición que parecía haber despertado de un letargo prolongado.

Prepara a los hombres. Tienen tiempo de sobra para ponerlo todo en orden y concienciarse de lo que está por venir —dictó con implacable firmeza—. Partiremos en tres lunas, tras el tercer alba.

Estaba decidido. No pensaba quedarse allí eternamente, quieto y sin hacer nada. Tal vez no pudiesen tomar Bern aún, pero necesitaban un nuevo asentamiento, y un torreón se le antojaba más adecuado para alguien de su ralea.

Además, echaba de menos el frío de la montaña.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 07, 2017 2:10 am

- Sí... Esperanza. Es justamente lo que he visto en sus ojos, Ethan. Esperanza.

Ancelot depositó la copa encima de la mesa y se acercó a él.  La presencia de su Señor volvió a sofocar el aire con sus pasos silenciosos y su súbita cercanía. Se le crispó la nuca y una caricia helada bajó por su dorso en forma de escalofrío. Había algo felino en él, una tensión que parecía burbujear en sus venas con el disfrute del cazador. Casi podía sentir el paladeo del vino en sus palabras, la sobriedad convertida en disfrute, en gallardía inmediata. Notó como se tensaban sus músculos bajo el susurro de Ancelot, como tantas otras veces, pausado e intrigante, su figura hecha remolino. O eso le pareció a él, que no pudo parpadear hasta que hubo regresado junto al tablero de guerra.

- He tenido una visión, ¿sabes? He visto el estandarte de mi familia en la cumbre del torreón de Escarcha Negra. Es el primer paso hacia nuestro hogar.

Ethan esgrimió una mueca de sorpresa. En su cabeza colapsaron el nerviosismo de la pérdida y la felicidad por recuperar su hogar, se sintió ansioso de repente, y apretó los puños esperando la voz de su Señor. ¿Cuándo? De alguna forma, el mero hecho de pronunciar su avance, lo convirtió en necesidad, en sed. Bebió cada segundo hasta que Ancelot continuó, muy fijo en él. Como si esperara algo, una señal, sus ganas de comerse el mundo; pero no se las mostró. Había más.

- Algunos caerán, lo sé. Una fortaleza no se conquista sólo con esperanza. - Aquella afirmación lo embistió con la crudeza de una catarata ardiente, y aunque su sed era inmensa, también era finita. -  Pero esperanza, Ethan, no es lo mismo que optimismo. No es la certeza de que algo saldrá bien - Ancelot caminó de nuevo hacia él, y cuando llegó a su lado, tomó la mano de Ethan, despacio, y le incitó a abrirla. En ella depositó una figura de madera, un pegaso, y él observó la muerte. - Esperanza es la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte.

Sentía el gozo y el pesar, la agitación de sus hombros y el hormigueó de sus brazos. Apretó la figura entre sus dedos, más y más, hasta grabarse a fuego en su piel. ¿Qué debía hacer? ¿Qué debía sentir? Quería recuperar su hogar, pero... ¿Merecía la pena si su nueva familia moría en el proceso? Se sintió desfallecer y buscó fuerza en la mirada de su Lord. En la inmensidad de sus ojos, en ese frío que lo acariciaba por dentro. Acero de las montañas sin fin. De Bern.

- Prepara a los hombres. Tienen tiempo de sobra para ponerlo todo en orden y concienciarse de lo que está por venir - Esperó la sentencia. - Partiremos en tres lunas, tras el tercer alba.

Y Ethan viró sobre sus pies, raudo, noticias de guerra y paz, de gloria, tenía que avisar a todo el campamento.

- Dicho y hecho, mi Lord.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 10, 2017 12:39 pm

Ethan era un muchacho cumplidor. Ancelot sabía que si podía ser completamente honesto con alguien, era con él. A diferencia de los demás hombres del campamento, él no le temía. Todos le respetaban, pero el lord no era tan estúpido como para no leer el miedo en los ojos de sus adeptos. Hombres en ocasiones tozudos que sucumbían ante la escalera de poder, que hincaban la rodilla como si su vida dependiera de ello. Para Ancelot era justamente lo contrario. En ocasiones temía que fueran los demás quienes se revelaran ante su mandato y le rebanaran el pescuezo como si de un pobre animal se tratara. A veces se preguntaba qué les ataba a seguirle, como ahora. ¿Era también la esperanza? Sí, probablemente fuese el mismo arrojo de luz que le había entregado Aries a él; esperanza. Eso es lo que él contagiaba, lo que incitaba a los demás a caminar tras sus huellas. Y puede que a muchos no les gustase como Señor, pero encontraban en su figura a la única persona capaz de unirles para dar el paso necesario hacia la gloria y la venganza. Un auténtico líder. Porque eso es lo que todos querían allí al final: recuperar Bern y vengar a sus seres queridos, aquellos que no pudieron sobrevivir al asedio de los Emergidos.
Sí, la traición era una posibilidad que había sobrevolado los pensamientos de Ancelot en más de una ocasión, y sin embargo Ethan no le provocaba semejantes sospechas. Él era distinto a todo y a todos. Era su amigo y confidente, no un vasallo más. Seguramente, la única persona a la que podía respetar de verdad sin contar a su moribundo padre. Con él estaba a salvo.

Quedó solo, sin más compañía que la que le producía su propia presencia. Sus órdenes habían sido claras, y sus esperanzas se habían renovado por completo con las nuevas buenas que había traído el cielo para él.
Se acercó a la mesa y sorbió un nuevo trago de vino, uno que volvió a paladear con más dulzor que de costumbre. Si su camino comenzaba con éxito, pronto vislumbraría su propio destino.

Lo abrazaría fuese cual fuere su sino. Estaba impaciente por verlo.
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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 20, 2017 12:52 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Todos obtienen +1 EXP.

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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

Mensaje por Narrador el Miér Sep 20, 2017 12:52 am

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: [Social] El reino olvidado [Aries, Ethan, Ancelot]

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