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[Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

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[Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Virion el Miér Ago 23, 2017 6:52 pm

Virion se encontraba en la cubierta del barco, releyendo una y otra vez las cartas que la soberana del actual reino de Sindhu le había enviado. Cartas en donde la mismísima reina invitaba al Arquero de Arqueros, y aquí no es sólo palabrería de Virion, sino que como tal figuraba el nombre del destinatario de las cartas que la reina le enviase, a acudir como invitado a su nuevo reino.

Virion había estudiado algo del asunto. La antigua Sindhu era un ducado del reino desértico de Hatari, que se encontraba en el continente de Tellius y que era gobernado por laguz. Hacía pocos meses había sido conquistado por los siempre malnacidos Emergidos y los laguz supervivientes habían tenido que huir. Los laguz del ducado de Sindhu llegaron hasta Valentia y allí fundaron un nuevo reino, con la esperanza de empezar de nuevo.

El arquero había conocido a Sissi cuando Sindhu todavía estaba en Hatari y la bella manakete era sólo duquesa. Se habían conocido en Ylisstol, la capital del Sacro Reino de Ylisse. No pudieron hablar mucho, pero sí el suficiente para conocerse e incluso confiarse algunas confidencias que el mismo Virion no solía expresar a la primera de cambio, ni siquiera a una mujer tan atractiva y sabia como era Sissi. Y quedaron para una cita al día siguiente.

Por desgracia, Sissi no pudo acudir a la cita. Y no por querer dar calabazas al arquero, sino por cuestiones tan graves como el mismo ataque Emergido a Hatari. Ese día le llegó una carta a Virion explicándole por encima la situación, y dejando al arquero con preocupación en su corazón por el destino de tan amable y bella manakete y su pueblo. Otra víctima más de la escoria emergida.

Varios meses después, cuando se encontraba Virion en Durban en misión para el reino de Ylisse, recibió otra carta de Sissi. En ella, le explicaba la nueva situación y le invitaba a acudir a la nueva Sindhu, cita a la que el Arquero de Arqueros contestó aceptando lo más rápido que pudo. La reina Sissi se puso en contacto con la reina Yuuko de Durbán para asegurar un barco, mientras que Virion también carteaba al príncipe Chrom para avisarle del cambio de planes. Planeado todo de acorde, el barco zarpó y en pocos días ya estaban a punto de llegar a su destino.

Virion no iba solo. Le acompañaba su fiel compañera de viajes y sirvienta personal, Ram de Montmorency. Tras conocerla en Ilia, las vidas de Ram y Virion fueron unidas por el destino, y ahora la criada acompañaba al arquero a todas partes. Estuvo a su lado en la audiencia que tuvo con la reina de las Islas de Durban. Y Ya había pedido permiso para que también lo estuviese en el encuentro que iba a tener con la reina Sissi.

-Ya no falta mucho para que lleguemos ¿quieres que le pida al capitán que baje un poco la velocidad para que estés mejor?-Virion se fijaba continuamente en su criada, normalmente fría e inexpresiva, tratando en todo momento de desentrañar el enigma de su mente, y comprender qué era lo que pensaba. En ese punto, Ram era un desafío que a Virion le gustaba enfrentar. Pero había algo que había descubierto con no mucha dificultad y es que Ram se mareaba en los barcos. Virion no era hombre de mar pero no solía tener problemas en ese aspecto, aunque también sabía que había gente para la que navegar se volvía todo un calvario de nauseas, dolor de cabeza e incluso vómitos. El arquero suponía que dependía un poco de cada cual. Fuese como fuese, no iba a permitir que Ram sufriera en vano, no si podía hacer cualquier cosa para evitarlo.-Luego si quieres, podemos seguir con nuestras clases de ajedrez ¡Hoy toca aprender el Jaque del Pastor! Es el jaque más básico, pero es esencial partir de él para aprender a acorralar al enemigo entre sus propias líneas.

Virion disfrutaba de las clases que le daba a Ram. Hacía tiempo que no encontraba a nadie con quien jugar, y el hecho de poder tener una compañera de juegos le animaba el espíritu, mas siendo tan guapa. Además, empezaba a sentir que ella disfrutaba también de las clases, aunque siendo sinceros, el arquero no podía saber si aquella sensación que percibía en ella era real, o puras imaginaciones suyas.

El caso es que tampoco iban a tener mucho tiempo para seguir practicando. Los vientos eran favorables y el clima idóneo y el barco se acercaba ya a su destino, cuyas orillas podían verse en la lejanía. Virion tenía entendido que les recibirían en el puerto ¿vendría una comitiva para guiarles hasta el castillo o palacio de la reina? ¿O vendría la misma reina a recibirles?

Fuera como fuera, Virion ya tenía a su lado preparado el ramo de flores que entregaría a la reina nada más verla. Un ramo de rosas rosas (valga la redundancia) a juego con su fino y delicado cabello, bien recortadas y sin espinas. Ram también tenía un ramo de flores, un compuesto de lirios y flores de cerezo, y éstos eran sólo para ella, su regalo habitual diario como prueba de su infinito amor por su sirvienta.

Sin embargo, el arquero no veía el encuentro como una cita más. No, si la audiencia con la reina de Durban había sido importante, ésta audiencia lo era todavía más. Y lo era por dos motivos. El primero, tras obtener confirmación del príncipe, era el de entablar alianza entre el reino de Sindhu e Ylisse. En apariencia es algo fácil, en cuanto que ambos reinos son seguidores de la misma religión, adorando ambas a la dragona Naga. Pero también había diferencias importantes, no sólo en cultura sino en el innegable hecho de que pertenecían a especies distintas. Y aunque Ylisse no era ninguna nación extremadamente racista, sí que tenía entre sus gentes ridículos prejuicios contra los laguz. Aquel encuentro podía ser el primer paso hacia el entendimiento y la apertura ya no sólo de dos países, sino de dos razas enteras. Un acontecimiento histórico.

El segundo aspecto no era menos importante, al menos desde el punto de vista del arquero. La reina se había comprometido con carta a ayudar a Virion a recuperar su hogar. Claro está, la reina no conocía los detalles, e ignoraba por completo que el hogar de Virion no era sólo una granja o un puñado de tierras, sino todo un ducado como el que ella gobernó en su momento. Pero el arquero sabía que si jugaba bien sus cartas, podría contar con una importante aliada a la hora de reclamar sus tierras arrebatadas por la horda emergida. Si aquel encuentro terminaba bien, estaría más cerca de cumplir la misión por la que había estado luchando estos últimos años.

Ahora que se fijaba, todavía no le había revelado a Ram nada de su pasado. Virion no pudo más que imaginar qué reacción tendría a la hora de conocer la historia de su nuevo amo… Pronto, lo podría conocer de primera mano. El barco estaba a punto de llegar.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Archer

Cargo :
Miembro de Los Custodios.

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Arco de bronce [2]
Arco de bronce [2]
Arco de acero [4]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
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Support :
Pelleas

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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Miér Sep 13, 2017 6:17 pm

Ram Amelia Isabella de Montmorency se encontraba sentada sobre un barril en la cubierta del barco. A su lado descansaba un precioso ramo de lirios y flores de cerezo. La brisa marina removía sus cabellos rosados de vez en cuando, mientras que su mirada fatigada permanecía posada sobre un punto distante en el horizonte en el que no había nada más interesante que el agua del océano. La doncella tenía su cabeza apoyada sobre una de sus manos, a la vez que con la otra sujetaba un pesado libro cuya cubierta estaba forrada con cuero teñido de rojo. Se trataba de su grimorio personal. A diferencia de otros magos que preferían adquirir los suyos comprándolos en tiendas especializadas, ella disfrutaba experimentando y escribiendo sus propios conjuros. Aunque nunca se lo dijese a nadie, ella se consideraba a sí misma una artesana de la magia, e incluso protegía sus hallazgos codificándolos en lenguaje antiguo, idioma que pocos humanos conocían. Claro estaba que trabajar de esa manera era peligroso, y a menudo cuando cometía errores, producía explosiones y combustiones que asustaban a la tripulación del navío. Después de varios accidentes, fue el propio capitán del barco quien tuvo que ir buscarla para prohibirle que siguiese haciendo magia en altamar. Así pues, sin más entretenimiento que las partidas de ajedrez con su amo Virion, el viaje se le había hecho bastante más largo y pesado de lo que realmente era de verdad.

Tampoco era que aborreciese las sesiones de juego con el arquero, más bien al contrario: le resultaba intrigante, a la par que divertido, intentar predecir las estrategias y el comportamiento de su ilustre adversario. Aunque por mucho empeño que pusiese en cada partida, su amo siempre resultaba ganador. Ram, por otra parte, era paciente y perseverante, así que aceptaba sus derrotas y procuraba aprender de ellas para complacer a su maestro. Esperaba poder llegar a vencerlo algún día, pero imaginaba que para que eso pasase, tendrían que pasar muchos soles y muchas lunas.

La doncella dirigió entonces su mirada a Virion. El caballero parecía muy ocupado releyendo todas esas cartas procedentes de una tal reina de Sindhu. Todavía no comprendía bien cuál era el fin de aquel viaje. Pensaba que después de la audiencia con la elegante monarca de las islas de Durban, el siguiente destino sería Akaenia. Pero su amo había decidido cambiar el rumbo hacia el continente de Valentia para, según lo poco que sabía al respecto, continuar con su labor diplomática para reforzar las alianzas de Ylisse. Ram notaba cierta emoción en el arquero, como si estuviese deseoso de llegar por fin a tierra firme.

Imaginaba que la visita sería igual de importante que la de las islas de Durban, por lo que había procurado prepararse para ella con dedicación. Esa vez había reemplazado su habitual vestido de sirvienta por un atuendo algo más recatado. Las prendas que cubrían su delicado cuerpo seguían siendo una mezcla de colores negros y blancos, para que diesen a entender su condición de sirvienta sin opacar la presencia de su amo. La falda del nuevo vestido, comprado en Durban, le llegaba casi hasta los tobillos, pero estilizaba en consecuencia su figura. Toda la prenda estaba decorada con detalles sencillos, pero minuciosos. Patrones que recordaban a las telas de las arañas, tímidos y discretos volantes negros y una gran piedra preciosa de color rosado que remataba el cuello alto del vestido. Ram había comprado el atavío con sus propias monedas, ya que no quería que Virion gastase el dinero que el reino de Ylisse debía de haberle proporcionado solo por un capricho suyo. Para eso había tenido que sacrificar algunos amuletos y conjuros protectores, elaborados por ella misma en el transcurso del viaje desde Ilia hasta Durban, vendiéndolos en los mercados del archipiélago sureño.

La voz del arquero la sacó de su ensimismamiento. Le estaba hablando a ella. Ram procuró prestarle toda su atención, pero solo llegó a escuchar la pregunta que éste formuló al final. El extravagante caballero quería saber si necesitaba que aminorasen la velocidad del barco para evitar que se marease, a lo que la sirvienta negó con la cabeza. Si bien era cierto que los primeros días a bordo de la nave se le habían antojado insoportables, en esos momentos se encontraba sorprendentemente bien. Debía de haberse acostumbrado al vaivén de las mareas sin darse cuenta, aunque también sentía el presagio de que algo así no sería permanente.

No os preocupéis —dijo en un tono de voz tranquilo.

Pero el amo parecía seguir preocupándose por su estado de salud. Intentó animarla diciéndole que continuarían ese mismo día con las clases de ajedrez. La sirvienta apreciaba las buenas intenciones del arquero, así que le dedicó una sonrisa complacida como respuesta. Sin duda alguna, Virion sí que parecía entusiasmado aquel día.

Sin embargo, Ram no podía dejar de pensar en Ylisse. Pese a que ya se conocían algo mejor, todavía no le había contado toda la verdad de su pasado a su señor. Era consciente de que a ojos del hombre, su personalidad debía de parecerle misteriosa e inescrutable. Los continuos intentos de éste por acercarse más a ella eran directos y tampoco pasaban desapercibidos, al fin y al cabo. Y aunque la sirvienta todavía no había decidido confiar en él, supo que pronto tendría que decírselo todo.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
Esp. de bronce [1]
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Support :
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