Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

[Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Virion el Miér Ago 23, 2017 6:52 pm

Virion se encontraba en la cubierta del barco, releyendo una y otra vez las cartas que la soberana del actual reino de Sindhu le había enviado. Cartas en donde la mismísima reina invitaba al Arquero de Arqueros, y aquí no es sólo palabrería de Virion, sino que como tal figuraba el nombre del destinatario de las cartas que la reina le enviase, a acudir como invitado a su nuevo reino.

Virion había estudiado algo del asunto. La antigua Sindhu era un ducado del reino desértico de Hatari, que se encontraba en el continente de Tellius y que era gobernado por laguz. Hacía pocos meses había sido conquistado por los siempre malnacidos Emergidos y los laguz supervivientes habían tenido que huir. Los laguz del ducado de Sindhu llegaron hasta Valentia y allí fundaron un nuevo reino, con la esperanza de empezar de nuevo.

El arquero había conocido a Sissi cuando Sindhu todavía estaba en Hatari y la bella manakete era sólo duquesa. Se habían conocido en Ylisstol, la capital del Sacro Reino de Ylisse. No pudieron hablar mucho, pero sí el suficiente para conocerse e incluso confiarse algunas confidencias que el mismo Virion no solía expresar a la primera de cambio, ni siquiera a una mujer tan atractiva y sabia como era Sissi. Y quedaron para una cita al día siguiente.

Por desgracia, Sissi no pudo acudir a la cita. Y no por querer dar calabazas al arquero, sino por cuestiones tan graves como el mismo ataque Emergido a Hatari. Ese día le llegó una carta a Virion explicándole por encima la situación, y dejando al arquero con preocupación en su corazón por el destino de tan amable y bella manakete y su pueblo. Otra víctima más de la escoria emergida.

Varios meses después, cuando se encontraba Virion en Durban en misión para el reino de Ylisse, recibió otra carta de Sissi. En ella, le explicaba la nueva situación y le invitaba a acudir a la nueva Sindhu, cita a la que el Arquero de Arqueros contestó aceptando lo más rápido que pudo. La reina Sissi se puso en contacto con la reina Yuuko de Durbán para asegurar un barco, mientras que Virion también carteaba al príncipe Chrom para avisarle del cambio de planes. Planeado todo de acorde, el barco zarpó y en pocos días ya estaban a punto de llegar a su destino.

Virion no iba solo. Le acompañaba su fiel compañera de viajes y sirvienta personal, Ram de Montmorency. Tras conocerla en Ilia, las vidas de Ram y Virion fueron unidas por el destino, y ahora la criada acompañaba al arquero a todas partes. Estuvo a su lado en la audiencia que tuvo con la reina de las Islas de Durban. Y Ya había pedido permiso para que también lo estuviese en el encuentro que iba a tener con la reina Sissi.

-Ya no falta mucho para que lleguemos ¿quieres que le pida al capitán que baje un poco la velocidad para que estés mejor?-Virion se fijaba continuamente en su criada, normalmente fría e inexpresiva, tratando en todo momento de desentrañar el enigma de su mente, y comprender qué era lo que pensaba. En ese punto, Ram era un desafío que a Virion le gustaba enfrentar. Pero había algo que había descubierto con no mucha dificultad y es que Ram se mareaba en los barcos. Virion no era hombre de mar pero no solía tener problemas en ese aspecto, aunque también sabía que había gente para la que navegar se volvía todo un calvario de nauseas, dolor de cabeza e incluso vómitos. El arquero suponía que dependía un poco de cada cual. Fuese como fuese, no iba a permitir que Ram sufriera en vano, no si podía hacer cualquier cosa para evitarlo.-Luego si quieres, podemos seguir con nuestras clases de ajedrez ¡Hoy toca aprender el Jaque del Pastor! Es el jaque más básico, pero es esencial partir de él para aprender a acorralar al enemigo entre sus propias líneas.

Virion disfrutaba de las clases que le daba a Ram. Hacía tiempo que no encontraba a nadie con quien jugar, y el hecho de poder tener una compañera de juegos le animaba el espíritu, mas siendo tan guapa. Además, empezaba a sentir que ella disfrutaba también de las clases, aunque siendo sinceros, el arquero no podía saber si aquella sensación que percibía en ella era real, o puras imaginaciones suyas.

El caso es que tampoco iban a tener mucho tiempo para seguir practicando. Los vientos eran favorables y el clima idóneo y el barco se acercaba ya a su destino, cuyas orillas podían verse en la lejanía. Virion tenía entendido que les recibirían en el puerto ¿vendría una comitiva para guiarles hasta el castillo o palacio de la reina? ¿O vendría la misma reina a recibirles?

Fuera como fuera, Virion ya tenía a su lado preparado el ramo de flores que entregaría a la reina nada más verla. Un ramo de rosas rosas (valga la redundancia) a juego con su fino y delicado cabello, bien recortadas y sin espinas. Ram también tenía un ramo de flores, un compuesto de lirios y flores de cerezo, y éstos eran sólo para ella, su regalo habitual diario como prueba de su infinito amor por su sirvienta.

Sin embargo, el arquero no veía el encuentro como una cita más. No, si la audiencia con la reina de Durban había sido importante, ésta audiencia lo era todavía más. Y lo era por dos motivos. El primero, tras obtener confirmación del príncipe, era el de entablar alianza entre el reino de Sindhu e Ylisse. En apariencia es algo fácil, en cuanto que ambos reinos son seguidores de la misma religión, adorando ambas a la dragona Naga. Pero también había diferencias importantes, no sólo en cultura sino en el innegable hecho de que pertenecían a especies distintas. Y aunque Ylisse no era ninguna nación extremadamente racista, sí que tenía entre sus gentes ridículos prejuicios contra los laguz. Aquel encuentro podía ser el primer paso hacia el entendimiento y la apertura ya no sólo de dos países, sino de dos razas enteras. Un acontecimiento histórico.

El segundo aspecto no era menos importante, al menos desde el punto de vista del arquero. La reina se había comprometido con carta a ayudar a Virion a recuperar su hogar. Claro está, la reina no conocía los detalles, e ignoraba por completo que el hogar de Virion no era sólo una granja o un puñado de tierras, sino todo un ducado como el que ella gobernó en su momento. Pero el arquero sabía que si jugaba bien sus cartas, podría contar con una importante aliada a la hora de reclamar sus tierras arrebatadas por la horda emergida. Si aquel encuentro terminaba bien, estaría más cerca de cumplir la misión por la que había estado luchando estos últimos años.

Ahora que se fijaba, todavía no le había revelado a Ram nada de su pasado. Virion no pudo más que imaginar qué reacción tendría a la hora de conocer la historia de su nuevo amo… Pronto, lo podría conocer de primera mano. El barco estaba a punto de llegar.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Sniper

Cargo :
Miembro de Los Custodios

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Arco de bronce [2]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Arco de acero [3]
.

Support :
Pelleas
Ram

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3089


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Miér Sep 13, 2017 6:17 pm

Ram Amelia Isabella de Montmorency se encontraba sentada sobre un barril en la cubierta del barco. A su lado descansaba un precioso ramo de lirios y flores de cerezo. La brisa marina removía sus cabellos rosados de vez en cuando, mientras que su mirada fatigada permanecía posada sobre un punto distante en el horizonte en el que no había nada más interesante que el agua del océano. La doncella tenía su cabeza apoyada sobre una de sus manos, a la vez que con la otra sujetaba un pesado libro cuya cubierta estaba forrada con cuero teñido de rojo. Se trataba de su grimorio personal. A diferencia de otros magos que preferían adquirir los suyos comprándolos en tiendas especializadas, ella disfrutaba experimentando y escribiendo sus propios conjuros. Aunque nunca se lo dijese a nadie, ella se consideraba a sí misma una artesana de la magia, e incluso protegía sus hallazgos codificándolos en lenguaje antiguo, idioma que pocos humanos conocían. Claro estaba que trabajar de esa manera era peligroso, y a menudo cuando cometía errores, producía explosiones y combustiones que asustaban a la tripulación del navío. Después de varios accidentes, fue el propio capitán del barco quien tuvo que ir buscarla para prohibirle que siguiese haciendo magia en altamar. Así pues, sin más entretenimiento que las partidas de ajedrez con su amo Virion, el viaje se le había hecho bastante más largo y pesado de lo que realmente era de verdad.

Tampoco era que aborreciese las sesiones de juego con el arquero, más bien al contrario: le resultaba intrigante, a la par que divertido, intentar predecir las estrategias y el comportamiento de su ilustre adversario. Aunque por mucho empeño que pusiese en cada partida, su amo siempre resultaba ganador. Ram, por otra parte, era paciente y perseverante, así que aceptaba sus derrotas y procuraba aprender de ellas para complacer a su maestro. Esperaba poder llegar a vencerlo algún día, pero imaginaba que para que eso pasase, tendrían que pasar muchos soles y muchas lunas.

La doncella dirigió entonces su mirada a Virion. El caballero parecía muy ocupado releyendo todas esas cartas procedentes de una tal reina de Sindhu. Todavía no comprendía bien cuál era el fin de aquel viaje. Pensaba que después de la audiencia con la elegante monarca de las islas de Durban, el siguiente destino sería Akaenia. Pero su amo había decidido cambiar el rumbo hacia el continente de Valentia para, según lo poco que sabía al respecto, continuar con su labor diplomática para reforzar las alianzas de Ylisse. Ram notaba cierta emoción en el arquero, como si estuviese deseoso de llegar por fin a tierra firme.

Imaginaba que la visita sería igual de importante que la de las islas de Durban, por lo que había procurado prepararse para ella con dedicación. Esa vez había reemplazado su habitual vestido de sirvienta por un atuendo algo más recatado. Las prendas que cubrían su delicado cuerpo seguían siendo una mezcla de colores negros y blancos, para que diesen a entender su condición de sirvienta sin opacar la presencia de su amo. La falda del nuevo vestido, comprado en Durban, le llegaba casi hasta los tobillos, pero estilizaba en consecuencia su figura. Toda la prenda estaba decorada con detalles sencillos, pero minuciosos. Patrones que recordaban a las telas de las arañas, tímidos y discretos volantes negros y una gran piedra preciosa de color rosado que remataba el cuello alto del vestido. Ram había comprado el atavío con sus propias monedas, ya que no quería que Virion gastase el dinero que el reino de Ylisse debía de haberle proporcionado solo por un capricho suyo. Para eso había tenido que sacrificar algunos amuletos y conjuros protectores, elaborados por ella misma en el transcurso del viaje desde Ilia hasta Durban, vendiéndolos en los mercados del archipiélago sureño.

La voz del arquero la sacó de su ensimismamiento. Le estaba hablando a ella. Ram procuró prestarle toda su atención, pero solo llegó a escuchar la pregunta que éste formuló al final. El extravagante caballero quería saber si necesitaba que aminorasen la velocidad del barco para evitar que se marease, a lo que la sirvienta negó con la cabeza. Si bien era cierto que los primeros días a bordo de la nave se le habían antojado insoportables, en esos momentos se encontraba sorprendentemente bien. Debía de haberse acostumbrado al vaivén de las mareas sin darse cuenta, aunque también sentía el presagio de que algo así no sería permanente.

No os preocupéis —dijo en un tono de voz tranquilo.

Pero el amo parecía seguir preocupándose por su estado de salud. Intentó animarla diciéndole que continuarían ese mismo día con las clases de ajedrez. La sirvienta apreciaba las buenas intenciones del arquero, así que le dedicó una sonrisa complacida como respuesta. Sin duda alguna, Virion sí que parecía entusiasmado aquel día.

Sin embargo, Ram no podía dejar de pensar en Ylisse. Pese a que ya se conocían algo mejor, todavía no le había contado toda la verdad de su pasado a su señor. Era consciente de que a ojos del hombre, su personalidad debía de parecerle misteriosa e inescrutable. Los continuos intentos de éste por acercarse más a ella eran directos y tampoco pasaban desapercibidos, al fin y al cabo. Y aunque la sirvienta todavía no había decidido confiar en él, supo que pronto tendría que decírselo todo.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Vulnerary [2]
Concoction [2]
Tomo de Elfire [3]
Dagas de bronce [4]

Pagina mágica [1]
Tomo de Viento [1]

Support :
Virion

Especialización :

Experiencia :

Gold :
467


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Oct 05, 2017 3:21 pm

Sissi se alisó el vestido con un movimiento nervioso. Comprobando por centésima vez que estaba en perfecto estado, entrelazó los dedos de las manos y las dejó descansando frente a su regazo. Tenía los ojos fijos en el barco que estaba a punto de atracar en el puerto de la Ciudad Blanca, la nueva capital de Sindhu. A su alrededor, se podía ver la tremenda vida que desprendía la ciudad comercial: barquitas de pescadores y de mercaderes iban y venían, trayendo productos frescos y novedosos que luego se vendería en el bazar; viajeros se despedían de las costas del país tropical, y otros llegaban con ojos saliéndoseles de las órbitas ante la diferente arquitectura, el clima cálido y húmedo, y la presencia de laguz y beorcs interactuando entre sí sin que estallase una guerra. Los edificios blancos reflejaban la luz del sol, dando un brillo especial al lugar, y haciendo que el resto de vibrantes colores sobresalieran: el turquesa de las aguas de la bahía, y el de los trajes que llevaba toda la gente, cada uno más colorido que el anterior.

La Reina no era diferente; aunque llevaba un vestido blanco ceñido en la parte superior, y amplio en la inferior, encima portaba una túnica mostaza de manga larga, con hermosos brocados geométricos hechos con hilos de oro y plata. Seguía el patrón de la prenda superior, pero en la cintura de dividía en tiras que permitían ver la pálida falda que había debajo. Especialmente elegida para la ocasión, Sissi portaba la tiara de mariposas que la Reina Yuuko de Durban le había obsequiado en su último intercambio de cartas. Había esperado a la llevada del Arquero de Arquero para poder llevarla, puesto que tal regalo merecía una merecida ocasión. La hermosa joya le apartaba el cabello rosa del rostro, y dejaba más que evidentes sus largas orejas de manakete, adornadas con todo tipo de alhajas doradas. Una gargantilla cubría todo su cuello y caía sobre su pecho en forma triangular. Había querido ir descalza, pero sus sastres habían puesto el grito en el cielo y la habían obligado a calzar unas sandalias a juego con el traje.

No había una comitiva muy grande esperando con ella, solo unos cuantos soldados que evitaban que la gente se le echara emocionada encima, y un par de secretarios. Habría sido más sencillo mandar a alguien a por Virion y su doncella, pero Sissi quería ir ella misma. Hacía un día magnífico, caluroso y húmedo, aunque para ella era agradable ya que no se comparaba a las terribles temperaturas de Hatari, por lo que sería una lástima no disfrutar del aire fresco. Aprovecharía, además, para enseñarle a sus invitados las labores de reconstrucción de la capital, así como zonas de interés como el mercado central, o bazar, y las estrechas callejuelas de la ciudad que llevaban a palacio. Se sentía como una madre orgullosa que presenta a su bebé a sus amigas, y no iba muy desencaminada. Si bien más o menos comenzaba a haber un ritmo de vida normal en Sindhu, no dejaba de ser un país recién nacido. Aún quedaba mucho trabajo por hacer, pero eso no evitaba que Sissi hinchara el pecho con satisfacción al ver cómo iban avanzando.

Quería compartir ese contento con Virion y con Ram de Montmorency. A pesar de que tenía muchas ganas de volver a ver al arquero, había muchas cosas que habían cambiado desde la vez que se vieron en Ylisse. En un último intento por encontrar aliados que ayudasen a Hatari, Sissi había hecho lo imposible, incluso viajar a uno de los países más al sur, siendo ella residente del norte de otro continente muy lejano. Era irónico como había pasado, por azares de la vida, de ser una norteña a una sureña. Había sido tan inocente en ese entonces, creyendo que el norte era diferente al resto del mundo: al final, en todas partes había buenas y malas personas, y los emergidos no distinguían entre pecadores y santos. Destruían todo por igual. Había necesitado que su antiguo país fuera destruido para darse cuenta de que el mundo no era tan bueno como hubiera pensado. Había sido un duro revés para ella, y cualquier otro se había sumido en una gran oscuridad producto de la desesperación y la tristeza. Sin embargo, Sissi no había estado sola, y sus amados amigos y ciudadanos habían sido la piedra angular que la habían mantenido en pie. Haría todo lo posible por mejorar sus vidas, protegerles, y ser la Reina que esperaban que fuera. Naga la guiaría en su camino.

Sus ojos dorados se iluminaron al ver el navío de Durban entrar en la bahía. A su lado, una secretaria le avisó de lo que ya podía observar: “Mi Reina, parece que ya se aproxima el barco invitado. Avisaré para que hagan un hueco en el muelle para que pueda atracar.” Sissi asintió y volvió, de nuevo, a alisarse el vestido. La vida en el puerto se agitó ante la nueva llegada, pues la bandera de Durban ondeaba en el mástil y eso llamó la atención de todo el mundo. ¿Sería por eso que la Reina Dragón se había presentado en persona? Los murmullos se extendieron por la zona, a medida que el barco se aproximaba cada vez más. Muchos sindhi dejaron lo que estaban haciendo para curiosear lo que sucedería. Cuando estuvo en un rango de visión mucho más cercano, la manakete alzó la mano y saludó a los integrantes del transporte, esperando ser correspondida por sus invitados. Podría reconocer el cabello azul de Virion sin lugar a dudas, y su criada suponía que sería la persona que le acompañase. Quizás a Ram de Montmorency le gustaría visitar los terrenos de la Universidad, si es que tenían tiempo para ello. Todo erudito era más que bienvenido allí. Esperaría a conocerla para poder preguntarle.

Ropa de Sissi:
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [3]
DragonStone Plus [4]
Daga de bronce [1]
Lágrima de Naga
Pócima Ligera
.

Support :
Sera
Chrom

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2060


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Virion el Vie Oct 27, 2017 7:15 pm

-¡Tierra a la vista!

Virion levantó la mirada del tablero de ajedrez y se levantó de su asiento para asomarse por la barandilla de cubierta y contemplar como a lo lejos se podía contemplar el puerto de la capital de Sindhu aproximándose en la lejanía. Realmente el clima había sido propicio y el barco había llegado a buena hora.

Normalmente el arquero no se levantaría por semejante nimiedad. Después de todo, el barco llegaría a puerto estuviera sentado o de pie, y Virion no tenía por costumbre detener una partida de ajedrez en curso salvo por causa mayor. Pero en esa ocasión, no lo pudo evitar. Estaba nervioso, bastante. Pero no nervioso en plan asustado, sino todo lo contrario. Su estado de ánimo era el propio de un chico adolescente a punto de acudir a su primera cita con una dama ¿Y cómo no ser así? Virion amaba a la reina Sissi, la amaba con toda la fuerza de su corazón, la amaba con pasión, ternura y deseo sin límite. La amaba tantísimo… como al resto de mujeres que había conocido en su vida. Y el hecho de poder encontrarse con alguien tan amado después de tanto tiempo le motivaba y le llenaba de excitación.

Aunque aquello no era excusa para no comportarse como el auténtico aristócrata caballeroso que era. Mucho estaba en juego, no sólo su gigantesco, puro y perfecto corazón de oro. Se regañó a sí mismo y se volvió hacia Ram, que la había dejado sentada en frente en mitad de la clase.

-Lamento haberme distraído, mi amadísima Ram. Es impropio de un genio sabio de mi elevadísima altura el levantarme de esta forma e interrumpir nuestras sacras clases sin avisar.-soltó haciendo una reverencia a su sirvienta, quien seguramente ya estaría más que acostumbrada a las mismas.-Pero me temo que debemos suspender nuestras sesiones por hoy. El barco estará listo y debemos prepararnos para desembarcar. Ya nos estarán esperando nada más pisar los pies en tierra, y conviene estar bien arreglados hasta entonces. No es que tú necesites arreglarte más, ya eres maravillosa y guapísima como estás ahora…

El arquero ayudó a Ram a recoger las piezas de ajedrez y el tablero mismo, lo que más probablemente hizo que la criada se preguntase por enésima vez para qué quería Virion una sirvienta si él lo hacía todo. Recogió el ramo de flores que tenía preparado para la reina y se dirigió hacia el interior del barco, y más en concreto su camerino particular, para terminar de arreglarse para la visita.

Normalmente Virion ya se vestía elegante de por sí, pero aquella vez había decidido ir todavía más de etiqueta, y a su traje de aristócrata remilgado con babero pañuelo de cuello incluido le había añadido una capa azul de seda suave que le colgaba desde los hombros hasta rozar el mismo suelo. El arquero no solía usar capa la mayoría de las veces porque incomodaba sus movimientos al andar e incluso debía cuidar de tropezarse, por lo que la reservaba para ocasiones especiales. Aquella era una de esas veces.

Se pasó el resto del tiempo que quedó hasta que el barco definitivamente llegó a puerto mirándose en el espejo, contemplándose y asegurándose que su traje no tuviese ninguna arruga o que estuviera bien peinado… y lanzándose besitos y diciéndose lo guapísimo que está y lo enamoradísima que se pondría la reina de Sindhu nada más verle.

Sin embargo, a escasos minutos de que el barco atracase definitivamente, Virion ya estaba de nuevo en cubierta, mochila con equipaje a los hombros, ramo de flores en mano y esperando justo enfrente del hueco donde se iba a colocar la pasarela, impaciente por descender el primero. A su lado volvía a estar Ram, quien también estaba preparada. El arquero echaba de menos el vestido de sirvienta antiguo que usaba Ram, pues realzaba más su belleza. Pero entendía perfectamente el cambio, y era hasta cierto punto conveniente en este tipo de reuniones. Además de que Virion jamás cuestionaría la ropa escogida por una mujer salvo que no tuviera más remedio, mucho menos si es pagado con dinero del sudor de su frente.

-La audiencia con la reina de Sindhu es de máxima importancia, tanto o más que la que tuvimos en Durban. Aquí también hay mucho en juego. No podemos fallar.-recordó Virion a su sirvienta mientras el barco atracaba por fin, cabos eran atados al muelle y empezaban a desplegar la pasarela.-Si te encuentras más y necesitas hacer una escapada corriendo, te ruego que avises con antelación, por el bien de todos.

Virion tenía presente el primer encuentro con la reina Yuuko y la reacción que tuvo su sirvienta al probar el té de las islas justo antes de que la soberana hiciera acto de presencia. Aquella vez tuvieron mucha suerte, pues semejante acto bien podría haber sido considerado un insulto contra la corte y acabar con las negociaciones antes de que tuviesen posibilidad de empezar. El arquero no guardaba rencor o molestia contra Ram por ello, pero bien que se quería asegurar de que aquello no se volviera a repetir.

La mirada de Virion hizo un rápido recorrido por todo el puerto aprovechándose de la posición desde la cubierta del barco. Su vista de arquero le permitió descubrir enseguida a una pequeña comitiva de soldados laguz que rodeaban a una hermosísima manakete de pelo rosado, ojos dorados y un elegante y detallado vestido dorado, además de una tiara de mariposas.

-Parece que la reina ha venido en persona a recibirnos.-dijo el arquero sonriente y alegre mientras cogía a Ram delicadamente de una mano.-Vamos, mi queridísima Ram ¡No la hagamos esperar!-y empezó a descender por la pasarela al trote, impaciente como un niño que lleva esperando todo el día para salir a jugar al recreo.

Virion notaba la mirada de todo tipo de ciudadanos laguz, miradas fijas en él y en la criada. Pero no le importaba ahora. Sus ojos estaban centrados en la reina, cuya imagen se agrandaban cada vez que estaban más y más cerca. Hasta que al final, sólo les separaron un par de metros de distancia.

-¡Greetings, Alteza Sissi!-saludó el arquero, haciendo una muy solemne reverencia tal y como fue la primera vez que se conocieron.-Virion de Ylisse, Poeta, Genio, Estratega, Custodio de Ylisse, Héroe y Arquero de Arqueros vuelve a ponerse orgulloso a vuestros pies.-e hizo entrega desde su posición arrodillada del ramo de rosas que tenía preparada para ella, a la vez que volvió a besar la palma de su mano, como también pasó la primera vez que se encontraron.

Hecho esto, Virion se levantó del suelo y miró a la reina a los ojos.

-Mi queridísima reina. Muchos sucumben ante el peso de una corona, y los que no lo hacen acaban envejeciendo y afeándose por la carga abundante de responsabilidad que supone el gobierno de todo un reino. Pero vos… vos sois aún más bella que cuando os conocí en Ylisstol. Y ya erais un rayo de luz de pura belleza entonces. Soy muy feliz de volveros a ver.-y le lanzó una sincera y dulce sonrisa. Realmente estaba feliz de volver a verla.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Sniper

Cargo :
Miembro de Los Custodios

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Arco de bronce [2]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Arco de acero [3]
.

Support :
Pelleas
Ram

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3089


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Feb 25, 2018 12:00 pm

La hechicera no mostró indicios de sorpresa o de sobresalto ante la súbita exclamación del vigía que, desde cofa del mástil del navío, avisaba a la tripulación de que por fin estaban llegando a puerto. Sin perder ni un segundo, la mayoría de los diligentes marineros del barco abandonaron enseguida sus tareas para ayudar a arribar la embarcación en la bahía de la capital de Sindhu. Dándose señas e indicaciones a gritos entre ellos, una decena de hombres correteaban por la cubierta para manipular los aparejos. Otros subían a las jarcias para empezar recoger las velas y aminorar así la velocidad de navegación. Ram dejó escapar un suspiro malhumorado al ser testigo de tanto ruido y movimiento repentino a su alrededor. Percatándose de que su amo se había levantado de su asiento para asomarse por la barandilla, guardó su ramo de lirios entre las páginas de su grimorio manuscrito, y se incorporó para acompañar al arquero en silencio. La brisa marina seguía meciendo los mechones de su cabello de singular tono rosado, dejando entrever de vez en cuando el ojo izquierdo que de costumbre permanecía oculto detrás del su flequillo. La doncella notó que la mirada de Virion estaba fija en el horizonte, atisbando el destino del navío como lo haría la de un infante ilusionado. Era evidente que, por algún motivo que ignoraba todavía, aquel que se había convertido en su nuevo señor debía de sentir gran anhelo por llegar cuanto antes a los muelles. Después de todo, el viaje no había sido tan largo como habría creído en un principio, y el diplomático tampoco tan impaciente como para ponerse a leer y releer las mismas cartas durante toda la mañana sin ningún motivo.

Mas pese a las numerosas dudas que tenía en la cabeza, la sirvienta se mantuvo silente detrás del arquero hasta que éste se dio la vuelta y se disculpó por su conducta. Con reverencia incluida. Acostumbrada a la pomposidad de sus extravagantes modales, Ram se preguntaba si de verdad su señor no era más que un humilde emisario del sacro reino de Ylisse, o si por casualidad había algo más. Sabía que era una especie de soldado que trabajaba bajo las órdenes directas del príncipe Chrom, pero ningún plebeyo o noble de baja cuna que conociese dominaba con tanta naturalidad y fluidez las normas de etiqueta como lo hacía Virion. Suponía que ese talento constituía una de las razones principales por las que a su amo se le había encomendado una misión diplomática en el continente de Elibe y Valentia, mas su intuición le sugería que no desechase la posibilidad de que estuviese sirviendo en realidad a alguien con más poder del que aparentaba. Ram prestó atención a la innecesaria disculpa de su amo, y escuchó sin interrumpir lo demás que éste dijo a continuación. La hechicera mantuvo su rostro servil e inexpresivo en todo momento, incluso cuando el arquero se atrevió a dedicarle una nueva galantería. Únicamente respondió con una reverencia para indicarle que estaba de acuerdo con las sugerencias de su superior. Debían prepararse para el desembarco.

Dispuesta a recoger el tablero y las piezas de ajedrez, la criada se encaminó hacia la mesa improvisada que habían utilizado en los últimos días para jugar. Ram aprendía rápido. Ya fuese debido a su excepcional capacidad de memorización —virtud adquirida gracias a numerosos años dedicados al estudio de la magia de ánima—, o a sus disimuladas ganas de aprender, retenía bastante bien lo que Virion le enseñaba en sus clases. No obstante, ese conocimiento no le bastaba para vencer en partidas de práctica a su amo y mentor. Todavía tenía mucho que aprender acerca de los trucos y estrategias inherentes a aquel juego de mesa tan intrigante.

Con sumo cuidado, la doncella apartó con la mano las piezas de madera de abeto y las dejó a un lado de la mesa. Acto seguido, tomó el tablero plegable y le dio la vuelta para guardar en su dorso hueco las figuras. Ram no mostró el más mínimo atisbo de incomodidad o de disgusto en el momento en el que el arquero apareció a su lado para ayudarle a terminar de recoger. Estaba bastante habituada a que Virion le echase una mano con sus quehaceres siempre que tenía oportunidad.

Ordenaron cuidadosamente las piezas según su color y su jerarquía, empezando por los reyes y las reinas, siguiendo con los alfiles, los caballos y las torres, y terminando por los peones. Después de que la criada cerrase el tablero plegable, el diplomático se retiró a su camarote para terminar de arreglarse para la audiencia con la reina Sissi. Ram era bastante ignorante en lo concerniente a la geografía política. Pese a ser de sangre noble, nunca había tenido la oportunidad de recibir una educación formal al respecto debido a su exilio. Sus conocimientos se limitaban únicamente a la servidumbre y a su gran pasión: la magia. Por esa razón tenía pocas nociones del reino en el que estaban a punto de desembarcar. Sindhu era un nombre que no le sonaba de nada, de eso estaba segura. Aunque tampoco se había atrevido a preguntarle a su amo por esa tal reina Sissi y la nación que lideraba. Su trabajo consistía en servir y en mantener discreción después de todo, por lo que se sentía preparada para la audiencia. Sin el deber de intervenir en las negociaciones, esperaba que su papel quedase limitado a simplemente a estar.

Con el tablero de ajedrez en una mano y el grimorio con el ramo de flores en la otra, la hechicera feroxí se dirigió de inmediato al camarote del amo Virion para ayudarle a prepararse. El sonido seco de sus pasos sobre la madera era opacado por el griterío procedente de la cubierta del navío hasta que Ram se detuvo enfrente de la habitación del arquero. De haber estado la puerta cerrada, habría procurado tocarla dos veces con sus nudillos para pedir permiso para entrar, mas en esa ocasión estaba lo suficientemente abierta como para que cualquiera pudiese atisbar el interior. La estrafalaria visión del diplomático admirando su propio aspecto físico y lanzando besos al espejo de manera narcicista la disuadió de solicitar permiso para entrar, por lo que sin mediar palabra avanzó hasta el escritorio del camarote para dejar ahí el juego de ajedrez.

Permitidme que os asista —dijo antes de acercarse al varón y ayudarle a deshacer las arrugas de su atuendo, a ajustar la altura de su capa y a asegurarse de que su peinado estaba en perfectas condiciones para la visita. Antes de que volviesen a salir a la cubierta del barco, Ram se aseguró también de que su amo se pusiese un poco de perfume. Había escogido para él un frasco cuyo aroma recordaba al de las flores de lavanda y al de los bosques helados de Ilia.

Minutos antes de que el barco hubiese atracado en el puerto de Sindhu, Virion y la hechicera ya estaban preparados para encontrarse con la reina de Sindhu. El diplomático portaba un morral a sus espaldas y un ramo de flores en la mano mientras que la criada, algo inquieta tras percatarse de que estaban acaparando gran parte de la atención de los ciudadanos, se limitaba a abrazar su libro de magia con expresión molesta. Llevaba también un pequeño zurrón con sus escasas pertenencias colgado de uno de sus hombros.

Su semblante se oscureció en cuanto el arquero le recordó el incidente del palacio en las islas de Durban. Incómodo recuerdo que prefería olvidar, mas asumiendo su responsabilidad asintió para darle a entender a Virion que no volvería a repetirse. Cabizbaja e inmersa en un diálogo interno consigo misma, no reparó en la figura esbelta que los saludaba con la mano desde los muelles hasta que su amo lo mencionó. ¿La mismísima reina Sissi había venido en persona a recibirles? Antes de que pudiese alzar la mirada para comprobarlo con sus propios ojos, el diplomático tomó una de sus manos y la obligó a descender a toda prisa la pasarela de madera. Consciente de que semejante escándalo bastaba para llamar la atención de todos los sindhi presentes en el lugar, Ram tuvo que esforzarse para ocultar la vergüenza que sentía. Pese a sus tendencias mujeriegas, no tenía constancia de que Virion se hubiese comportado de esa manera tan impulsiva antes.

Detuvieron la carrera a un par de metros de aquella que debía de ser la reina Sissi. A esa distancia, Ram podía fijarse en el particular atavío que la soberana llevaba con gracia extraordinaria. El vestido hacía uso de unos patrones que la criada jamás había visto con anterioridad, aunque lo que más le llamó la atención fueron los ornamentos que decoraban la totalidad del atuendo. Había algo exótico en esos bordados de hilos dorados y plateados cuyas formas geométricas se veía incapaz de describir con palabras, al igual que ocurría con esa gargantilla tan extraña. Reparó también en la tiara de mariposas, sospechando enseguida una potencial relación con la reina de las islas de Durban. En cambio, la criada ignoró las extrañas y largas orejas de la mujer atribuyéndolas a algún tipo de marca de nacimiento. Pese a estar al tanto de la existencia de individuos longevos que podían adoptar el aspecto de un dragón, nunca había tenido la oportunidad o el interés de conocer a una manakete para reconocer esa característica inherente a la especie.

Ram Amelia Isabella de Montmorency —se presentó después de Virion, dedicándole a la reina la reverencia cordial que había aprendido en el palacio de Durban—. Hechicera y criada al servicio del señor Virion.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Vulnerary [2]
Concoction [2]
Tomo de Elfire [3]
Dagas de bronce [4]

Pagina mágica [1]
Tomo de Viento [1]

Support :
Virion

Especialización :

Experiencia :

Gold :
467


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Sissi el Dom Abr 22, 2018 4:34 pm

El grupo de la reina consistía en ocho personas más ella, entre los que se mezclaban laguz, humanos y medio-hijos por igual. Esperando en el puerto, formaban un patrón triangular: Sissi a la cabeza, tres secretarios a su espalda y cinco soldados tras ellos, vigilando y escoltando al séquito. Aunque no hubiera ningún problema con pasearse con sus ciudadanos, siempre era recomendable ir acompañado de guardias en caso de que un pelotón emergido atacase. Hacían lo posible por evitar el mayor daño a las ciudades y núcleos urbanos, y a pesar de que la mayoría de las terribles criaturas se limitaban a rondar la selva, de vez en cuando se volvían más feroces y osadas con sus tácticas. En cualquier momento podían ser víctimas de una ofensiva emergida, y por eso Sissi siempre llevaba su dragonstone consigo y tenía especial cuidado en tener cerca a varios guardias en caso de necesitarlos. Sin embargo, ese día no pronosticaba que nada malo fuera a suceder. Sissi no podía sentir el viento aciago que llenaba su corazón de terror cada vez que los emergidos hacían aparición en las cercanías.

La mera ausencia de conflicto era suficiente como para hacer que la manakete sonriera encantada, sus mejillas sonrosadas por el sol y su buen humor. El aire olía a incienso, pescado especiado y sal, un aroma que traía la leve brisa oceánica una vez de vuelta de haber rondado por el mercado central. Tendrían que pasar por allí para ir hacia el palacio, Sissi no podía evitar emocionarse al compartir una parte de su cultura con sus invitados. Estaba deseando enseñarles los conglomerados puestos callejeros, tan juntos entre ellos y tan numerosos que habían formado un mercado masivo donde uno podía encontrar de todo, había tenderetes que solo vendían flores, en ramos, macetas o solo los capullos en flor; otros anunciaban sus frutas y verduras a voz de grito, tratando de hacerse oír por encima de la competencia; otros se mantenían tranquilos a la espera del comprador perfecto antes de asaltarle con collares de perlas, anillos de esmeraldas  y pendientes de oro macizo. Todas las riquezas naturales, geológicas y artísticas de Sindhu podían encontrarse allí. Menos libros, cuya abundancia predominaba más en la Ciudad Universitaria.

El barullo del mercado se escuchaba desde su posición también, aunque solo como un eco lejano. Lo tapaba el sonido de las olas al lamer la orilla arenosa de la bahía y los murmullos de excitación de los espectadores, que se volvieron rumores de sorpresa al ver a un hombre extranjero bajar al muelle corriendo de la mano de una mujer joven. Naga quiso que la desconocida tuviera el cabello rosa como la Reina, algo no demasiado común. ¿Acaso podrían ser familia? ¿Una hermana pequeña? Quisieron asomarse más, pero los guardias no les permitieron acercarse tanto y en cuanto vieron que no tenía las orejas alargadas de su soberana, las especulaciones sobre ella murieron para fijarse en el caballero. Gallardo y elegante como siempre, Virion sobresalía en medio del grupo con su enorme ramo de flores y sus modales tan diferentes a los de Sindhu. Sissi le sonrió, halagada y con las mejillas tan rosadas como su pelo. Aceptó con gracia las flores y el beso en la mano, una suave risa en sus labios.

Hizo a su vez una suave reverencia de vuelta con las palmas juntas, y dijo: Muchas gracias, mi estimado Virion, sois un encanto. Son una preciosidad. - observó el obsequio con el interés de una persona que sabía de botánica. ¿Serían propias de Durban? Tendría que preguntarle más adelante. – Es un honor para mí el poder contar con la presencia del Arquero de Arqueros, y es con gran placer que os doy la bienvenida a Sindhu. – hizo un gesto con la mano para mostrar su alrededor: el muelle y sus aguas turquesas, las casitas blancas de sus ciudadanos, los toldos naranjas y rojos de los puestos callejeros, el palacio que se alanzaba en el centro de la ciudad como un símbolo de poder, y la selva que rodeaba todo, como una serpiente hecha de jade. Tras esto, Sissi se volvió hacia Ram con la misma gentileza y educación. – También es un placer conocerla por fin, joven Ram. Virion no ha tenido más que halagos para con su capacidad con la magia. Cualquier letrado es más que bienvenido en Sindhu. Espero que tengan tiempo durante su estancia para visitar la Universidad, es nuestro mayor orgullo. – y se notaba en la manera en la que Sissi hablaba que así era.

- Pero antes, deben de estar hambrientos y cansados. He mandado preparar sus aposentos en el palacio. Si les parece bien, la joven Ram estará en la zona de los sirvientes, aunque si prefieren más cercanía en las habitaciones también puede arreglarse. Mi propia criada personal, Kuroyuki, puede hacerse cargo de todo y será quién se encargue de su hospedaje, joven Ram. Cualquier duda que tenga, no tema en hacérsela saber. Estoy segura de que lograrán ser grandes amigas. – Le sonrió, totalmente convencida de que esto sería así, y continuó: Dependiendo de su nivel de cansancio, podrán tomar el almuerzo en sus aposentos para poder después descansar, o si lo prefieren pueden hacerme compañía durante la comida. – se volvió específicamente a Virion. – Debe contarme qué ha sido de su vida desde la última vez que nos vimos. ¿Han tenido un buen viaje por Durban?
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [3]
DragonStone Plus [4]
Daga de bronce [1]
Lágrima de Naga
Pócima Ligera
.

Support :
Sera
Chrom

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2060


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Virion el Miér Mayo 16, 2018 12:07 pm

Sissi era tal y como el arquero la recordaba. Amable, gentil, educada, serena y cuidadosa, además de con un gusto exquisito para la ropa y un rostro bello y delicado. No hacía falta ser Virion para que cualquiera se enamorase de ella nada más conocerla unos instantes.

Ver a la reina aceptar su ramo de flores hacía que el corazón del Arquero de Arqueros latiera con fuerza. Incontables eran las veces que Virion había ofrecido flores a una dama, y aunque la mayoría le eran devueltas junto a una retahíla de improperios y palabras malsonantes, el exduque estaba más que acostumbrado a tal acto en su saludo a cualquier dama que se encontraba. Sin embargo, en aquella ocasión, parecía como si fuese la primera vez que el arquero le entregaba un ramo de flores a alguien. Gracias a Naga que llevaba guantes, los cuales permitían ocultar el sudor de sus manos a la hora de hacerle entrega a la reina de aquel ramo de rosas.

El arquero se obligó a respirar hondo para relajarse y retomar el control. A sus fosas nasales le llegó el olor del perfume que su amada sirvienta le había puesto en su cuello cuando se estaba terminando de vestir en el camerino. Era un olor frutal, bastante dulce, pero no lograba reconocer exactamente qué era. Debería preguntárselo más tarde a Ram, le gustaba bastante y quería tener más para otras ocasiones como aquella.

La reina Sissi dio una oficial bienvenida al arquero, presentándole su reino con un elegante gesto de mano. El arquero había visto desde el barco la inmensidad del puerto y debía reconocer que la construcción de una ciudad como aquella en tan breve espacio de tiempo era una gesta loable. Además, todo parecía limpio y cuidado. A pesar de los ajetreos evidentes de la hora del día en que se encontraban, y más con los murmullos de fondo ante la aparición de la reina y el encuentro del arquero que inevitablemente llamaba la atención de los conciudadanos, Sindhu se antojaba una ciudad pacífica y tranquila.

-Apenas acabo de llegar, pero puedo ya decir sin temor a exagerar que vuestro reino es tan hermoso como vos, mi reina. Estáis haciendo un trabajo muy encomiable, y debéis sentiros muy orgullosa por ello.-alabó Virion con pomposidad y elegancia, moviendo sus brazos hacia un lado y el otro señalando los distintos edificios que su aguda vista podía vislumbrar desde donde se encontraban.

La reina Sissi pasó a dar la bienvenida también a su querida Ram. Sissi mencionó los halagos que hiciese el arquero en su correspondencia con respecto al talento mágico de su sirvienta, los cuales eran completamente ciertos. Virion alababa muchas cosas de su adorada Ram, y su devoción y esfuerzo hacia el estudio de las artes mágicas era una de ellas.

-El conocimiento del saber antiguo y las artes mágicas es una de las muchas virtudes de mi querida Ram. Lo dije en su momento y lo mantengo.-contestó el arquero una vez esperó que su sirvienta respondiese a la presentación de Sissi.-De todas formas, ella no es la única que tiene interés en vuestra ya internacionalmente famosa Universidad, mi estimadísima reina. Como sabio e ilustre poeta, a la par que Arquero, héroe y bellísimo modelo de la hermosura beorc, mi deseo de conocimiento es casi tan ilimitado como vuestra gloriosa existencia. Soy un hombre de letras, y siempre que mis ocupaciones no me lo impiden, me encanta de leer y aprender más de este precioso aunque imperfecto mundo. Es por ello que yo también tendría gran interés de visitar y conocer de primera mano la Universidad de Sindhu… Pero no antes de pasar todo el tiempo del mundo con vos, mi reina.-y sentenció la frase con una nueva reverencia de apreciación a Su Majestad.

El deseo de visitar la Universidad de Sindhu era sincero. Virion quería conocer los estudios de los laguz, en especial referente a los Emergidos. Quería saber qué habían podido aprender de ellos acerca de su naturaleza, origen o intenciones. Y ante todo, como destruirlos.

Pero aunque deseaba visitar la Universidad, los motivos por los que había acudido a Sindhu eran otros. Venía como diplomático de Ylisse y tenía un deber que cumplir. Y aparte, también estaba el deber para con su propia patria. Ya habría tiempo de pasear por las aulas y leer los libros de esta naciente nación laguz.

La reina Sissi les invitó entonces a venir con ella a palacio. Virion no se sentía hambriento o cansado, pues la emoción de volver a ver a la actual reina le había eliminado cualquier signo de fatiga o hambre. Sólo quería estar más tiempo con ella, hablar con ella, contemplar su magnífico rostro, escuchar su melodiosa voz, pedirle su mano en matrimonio…

-En mi caso, preferiría tener a Ram cerca. Pero tampoco quiero incomodaros más de lo necesario ni crearos ninguna molestia que pueda ser evitada. Lo que mi maravillosa sirvienta decida.-dijo entonces el arquero, dejando en manos de Ram si prefería dormir en las habitaciones de los sirvientes o si prefería hacerlo en una habitación cercana a la del arquero. Realmente, si fuese decisión real de Virion, pediría compartir la misma habitación, pero un caballero siempre deja que sean las mujeres las que elijan en primer lugar.-Y claro que decidimos haceros compañía durante la comida, faltaría más. Todo sabe más delicioso cuando se comparte con alguien tan benevolente y hermoso como vos, mi reina.-las galanterías del Arquero de Arqueros no tenían límite y no paraban jamás, fuesen cuales fuesen las circunstancias.-El viaje ha sido largo, pero tranquilo. Hemos tenido buen tiempo y ninguna complicación durante la travesía. No hay mucho que contar del viaje mismo… Pero sí que hay mucho que nos podemos contar sobre otras cosas. Mucho nos ha pasado a ambos desde nuestro primer encuentro, eso es más que evidente y tenemos que ponernos al día de todo. Encantado estaré de escuchar cómo habéis hecho para hacer renacer vuestro reino de manera tan excelente, al igual que estaré de encantado de narrar todas mis legendarias aventuras como el grandioso Arquero de Arqueros que soy.-respondió alegremente el arquero, lanzándole una dulce sonrisa a la reina de oreja a oreja.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Sniper

Cargo :
Miembro de Los Custodios

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Arco de bronce [2]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Arco de acero [3]
.

Support :
Pelleas
Ram

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3089


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Sáb Ago 04, 2018 10:47 pm

Pese a que se estaba esforzando para mantener las buenas formas delante de la reina, Ram volvía a sentirse como un pez fuera del agua. Sindhu era un lugar bastante diferente a como lo había imaginado a raíz de las descripciones de los marineros del barco, con sus edificios blancos y la perenne algarabía de la muchedumbre. Se respiraba una atmósfera risueña y bulliciosa, que iba en sintonía con la alegría reflejada en los rostros sonrientes de los ciudadanos. Del cielo, despejado y de un azul intenso, caían los gentiles rayos de un sol que brillaba con toda su intensidad, a la vez que la refrescante brisa marina del puerto traía consigo el aroma de los inciensos del mercado próximo. Todo cuanto podía contemplar al alzar su mirada apenas guardaba similitud con lo que había visto en las islas de Durban. Sindhu parecía un reino pulcro, puro y luminoso, y ser testigo de aquellas apariencias le hacía sentir auténticas nauseas. Demasiado movimiento. Demasiados colores. Demasiado ruido. Su atuendo negro contrastaba con los llamativos atavíos de los nativos, y la convertía en objeto de miradas curiosas y cuchicheos. Podía advertir que el amo Virion parecía emocionado por la visita, pero ella en cambio comenzaba a sentirse incómoda delante de tantos desconocidos. A medida que la reina y su señor intercambiaban sus saludos y palabras cordiales, Ram posaba sus ojos con nerviosismo en el suelo, como si con no ver al gentío que rodeaba a la comitiva este fuese a desaparecer.

Dadas las circunstancias, la sirvienta volvía a preguntarse una vez más qué debía hacer. Aún le costaba discernir su papel en aquellas reuniones diplomáticas, donde intentar apoyar a su amo podía ser considerado como una reprobable interferencia. Pero entonces, mientras abrazaba su grimorio manuscrito y se limitaba a esperar una orden, la mismísima reina Sissi le dirigió unas amables palabras que la tomaron desprevenida. Al escuchar su nombre, Ram levantó tímidamente el rostro por cortesía para mirar a la mujer mientras esta hablaba. Si hubiese seguido siendo quien una vez fue tiempo atrás, se habría sentido halagada ante el hecho de que otros apreciasen su destreza con la magia. Pero en esos momentos tan solo podía pensar en que el ilustre arquero al que servía, en un arrebato de entusiasmo irracional, debía de haber colmado aquella carta de elogios que no merecía.

El placer es mío —respondió en un tono de voz modesto con el que ocultaba lo que de verdad sentía—. Pero me temo que aún tengo mucho que aprender.

Mentiría si no reconociese que le interesaba la Universidad que la reina acababa de mencionar. A su limitado entender, se trataba de una especie de comunidad en la que se decía que cualquier pregunta encontraba su respuesta. Un enorme espacio de enseñanza y de aprendizaje, en el que convivían numerosas disciplinas intelectuales, como la magia de ánima y la astronomía. Aunque no supiese casi nada del reino cuyo suelo estaba pisando en esos momentos, sí que conocía algunas historias acerca de su Universidad, mas nunca les había prestado la suficiente atención creyendo que jamás tendría la oportunidad de verla con sus propios ojos. Una vez más, el caprichoso Destino volvía a demostrarle lo mucho que se equivocaba. El viaje emprendido junto al amo Virion estaba demostrando ser una experiencia enriquecedora, y por ese motivo le entristecía recordar que un buen día llegaría a su fin. Su amo aprovechó el momento para añadir que él también estaba interesado en visitar la Universidad de Sindhu, y Ram creyó notar que seguía existiendo algo diferente en el comportamiento del arquero ylissense, aunque le costaba discernir el qué de un modo concreto.

A continuación, la monarca les invitó a alojarse en el palacio. Una propuesta que volvió a desconcertar a la muchacha de cabellos rosados, cuya sorpresa manifestó abriendo un poco más los ojos que de costumbre. No creía que fuese un protocolo habitual invitar a un diplomático de una nación lejana a pasar la noche en el interior de su propia fortaleza, lo que dejaba entrever la buena relación que debía de existir entre su amo y la reina Sissi. Después de pasar tantas noches durmiendo en altamar, esperaba que Virion aceptase de inmediato la propuesta y el lujo que conllevaba. Pero las expectativas de disfrutar de un aposento digno de la nobleza de la sangre que corría por sus venas fueron frustradas en el momento en el que, con suma amabilidad, la monarca indicó que ella en principio tendría que dormir junto a los demás sirvientes. La decepción inicial precedió a la comprensión. Pese a sus apellidos, Ram sabía mejor que nadie que ahora no era más que una criada. Tenía que asumir cuál era su lugar, y aunque le alegró saber que su amo prefería tenerla cerca, supo que tenía que declinar esa oferta.

Agradezco profundamente su hospitalidad, Alteza. Sabed entonces que considero apropiado hospedarme con sus sirvientes —contestó con formalidad—. Quisiera aprender de ellos, y además aguardo con gran impaciencia conocer a la señorita Kuroyuki.

“Kuroyuki”. Desde luego que era un nombre particular, quizá extranjero. La reina parecía esperar que se hiciesen amigas, y en aras de no estropear las negociaciones diplomáticas, Ram no se atrevió contradecirla con lo que de verdad pensaba. Las palabras de la mujer rebosaban gentileza y buenas intenciones, pero ella en realidad prefería evitar entablar conversación con las criadas de palacio. Nunca había tenido amigos y tampoco los necesitaba.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Vulnerary [2]
Concoction [2]
Tomo de Elfire [3]
Dagas de bronce [4]

Pagina mágica [1]
Tomo de Viento [1]

Support :
Virion

Especialización :

Experiencia :

Gold :
467


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Audiencia con la Reina de Sindhu [Ram de Montmorency, Sissi]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.