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[Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

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[Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Alanna el Mar Ago 22, 2017 3:17 pm

Negras penumbras se extendían allá donde posase la vista en aquel húmedo y sucio habitáculo. Claro que, con lo cansados y pesados que sentía sus párpados, era ya de por sí imposible distinguir si se trataba de la oscuridad en sí, o por sus todavía inacostumbrados ojos al entorno. Acababa de desvelarse de su horrible, horrible sopor al sentir el chirriar de una destartalada puerta abrirse, además del tintineo del metal a sus costados. El aire gélido del lugar le estaba calando hasta los huesos, y eso no ayudó a su vapuleado cuerpo; seguro que tenía una buena cantidad de cardenales poblándole la piel, aunque la tinieblas impedían que fuesen visibles. Quizás fue lo mejor, tenía miedo de contemplar lo que le habían hecho sus hombres.

Un finísimo haz de luz se escapó por la puerta que se acababa de abrir, dejando entrever a tres sombras que se internaron en la habitación. Una de ellas caminó con paso firme hacia donde se encontraba, con sus pisadas repiqueteando en la piedra, mientras que las otras dos se escabulleron en la oscuridad, más no le hizo falta saber en dónde estaban cuando sintió que las cadenas que apresaban sus brazos y cuello se elevaron: Alanna notaba sus presencias a los lados, imponentes y capaces de maniobrar con suma facilidad unas cadenas con eslabones tan gruesos como las cuerdas que sujetaban las velas de un navío. La argolla que rodeaba su cuello tiró de ella hacia atrás, obligándola a gruñir y a erguir la espalda, todo con el fin de que mantuviese contacto visual con la figura que se detuvo a unos escasos metros de ella, en parte oculta por las sombras.

«¿Te has divertido ya lo suficiente ahí fuera? ¿O acaso pretendías ponerme otra vez en evidencia con tu caprichos?», formuló las preguntas con un tono grave, uno que ya conocía demasiado bien, y que ojalá no volviese a escuchar nunca. Un latigazo de asco y rabia trepó por el estómago de Alanna, alimentando un odio visceral que terminó por despertar sus aletargados sentidos del todo. Apretando los dientes, trató de echar el torso hacia adelante, con el fin de desafiar a aquel monstruo, pero un nuevo y mucho más fuerte tirón de la argolla en su cuello la estranguló y arrancó el aire de su boca, provocando su caída de lado contra el suelo. Las heridas volvieron a resentírsele, ahora más palpitantes y dolientes por su pulso acelerado. «No lo olvides: tienes mi sangre, mi nombre. Por ende, me perteneces, y no necesito que mis pertenencias actúen por su libre albedrío y me causen más problemas de lo que deba atender. Espero no volver a tener que repetir esto», Alanna le clavó una mirada furibunda al monstruo, revolviéndose en el suelo e ignorando las punzadas de dolor que le mandaba su maltrecho cuerpo. Maldijo las cadenas, los cardenales, sus captores, todo. ¿Por qué tenía que sentirse tan débil? ¿Por qué tantos impedimentos para alzarse allí mismo y partirle el cráneo a ese ser endemoniado?

La sombra se volteó ondeando su capa, dándole la espalda. Fue tan solo a unos pocos pasos de la figura que esta sobrepasó a una segunda que permaneció oculta hasta entonces. La luz permitió revelarla con mayor nitidez que las otras; una mucho más bajita, y también más femenina. A Alanna se le hizo un nudo en la garganta al reconocer su cabello azabache  y corto, sus ojos castaños, su vestimenta simple, con algún que otro protector ligero de cuero. —He… Hellen… —Tenía la garganta tan reseca que le salió un débil gorgoteo, y el vocalizarlo fue como sentir que se hubiese tragado un montón de alfileres. Con los ojos vidriosos, le extendió una mano a su amiga, suplicando por todo lo más sagrado que la sacase de allí. Sin embargo, Hellen no se movió ni un ápice, portaba una expresión neutra, mientras la miraba con unos ojos vacíos. Entonces, Algo entre las penumbras se movió detrás de ella, irguiendo su enorme cuerpo y levantando un hacha de unas proporciones aterradoras. Los ojos de Alanna se abrieron como platos, y su cara empalideció hasta parecer un fantasma. —No…

«Tampoco necesito que tengas cerca otras “distracciones”».

P-por favor… —gimoteó, empezando a brotarle lágrimas de sus cuencas—. Por favor, padre… No lo hagáis… —Presa del pánico y el horror, su corazón latía a un ritmo desenfrenado mientras contemplaba la cuchilla del hacha elevarse sobre la cabeza de Hellen—. ¡NO LO HAGÁIS! —Y entonces, descendió—. ¡¡NOOOOOOOO!!

[…]

Alanna abrió los ojos de súbito y boqueó en un intento fútil de tragar aire con urgencia, pero lo único que consiguió fue atragantarse. Desorientada y al borde de un ataque de tos, trató de mantener la calma y organizar el desastre que eran sus pensamientos. «¿Qué ha… pasado?», poco a poco, comenzó a recordar la oscuridad, el tintineo de las cadenas, y al… monstruo. Sin embargo, ninguno de aquellos elementos parecía estar presente, salvo una capa de sudor frío que la empapaba, y que estaba tumbada boca arriba. Engarfió los dedos y notó el suave tacto de unas sábanas… Una cama. Por unos momentos, sus latidos desenfrenados empezaron a aminorar, y el respirar ya no se le hacía tan dificultoso «Solo ha sido una pesadilla…», pero una harto vívida. Exhaló de puro alivio, notando que se estaba quitando una pesada carga de encima.

Pero… ¿Por qué estaba en una cama? ¿Y dónde estaba? Parpadeó sucesivas veces hasta que sus perezosos ojos reconocieron el sitio y le permitieron asimilar que le resultaba desconocido.

Y trató de levantar el tronco, pero nada más intentarlo, sintió decenas de cuchilladas de dolor por todo su cuerpo, arrancándole un grito lastimero. Cayó, postrada por lo insoportable que le estaba siendo, y los ojos ojos empezaron a humedecérseles, a punto de llorar como una pobre niña confusa y aterrada.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Lissa el Dom Sep 10, 2017 2:58 pm

– No deberías moverte – Una voz dulce resonó dentro de aquella habitación en total penumbras. Su tono reflejaba cierta preocupación sin embargo, a causa de  la oscuridad que reinaba, era difícil distinguir con más detalles las facciones de su rostro. El astro sol ya había hecho su habitual despedida dándole el relevo a una radiante Luna llena. Su tenue luz se colaba en aquel cuarto permitiendo ver el contorno de lo que allí se encontraba y donde el espacio era bastante grande. Bien se podía apreciar un armario, una mesa de madera; arriba de esta, algunos objetos yacían: vendas, un recipiente con agua, pañuelos y algo verde que se asemejaba a hierbas medicinales. No podía faltar la presencia de una cama la cual parecía ocupada y a su lado, sentada sobre una silla, se podía contemplar una silueta femenina.

Esta última hizo un delicado movimiento con sus manos y una tenue luz iluminó su cara como todo a su alrededor para a continuación tomar un candelabro dorado encendiendo cada una de las velas disponibles. La claridad que ahora las rodeaba, mostró una brillante cabellera rubia recogida en dos coletas dándole un aire infantil, unos delicados rasgos femeninos y unos menudos hombros que daban una idea de la pequeña estatura de su dueña. Al terminar su tarea, sacudió el fósforo que sostenía apagando por completo la pequeña llama que de a poco comenzaba a extinguirse. – ¡Auch! – Fue la débil queja que se escapó de entre los finos labios de aquella persona cuando, sin querer, se quemó uno de sus dedos tocando la superficie caliente anteriormente utilizada. De manera inmediata y automática introduciría la parte lastimada dentro de su cavidad bucal, aliviando la leve quemadura con su humedad.

Al sentirse observada, retiró su anular con rapidez de su boca avergonzándose de su torpeza. Una risita nerviosa hizo presencia mientras se rascaba su mejilla. Había olvidado que la chica ya había despertado. No obstante, al notar la expresión moribunda de aquella desconocida todo rastro de buen humor se borró de su cara siendo reemplazada por un ademán de preocupación. – ¿Como te sientes? – Fue lo primero que preguntó. Ella sabía que las heridas ocasionadas sobre el cuerpo ajeno no pondrían su vida en peligro, más los golpes y magulladuras no la dejarían totalmente indiferente así que tendría que asegurarse si no hubo un daño mayor dentro de su cabeza. – ¿Tienes sed? – No esperó una respuesta a aquella interrogante. Tras formularla se levantó de un saltito y corrió hacia la mesa en el centro de la habitación para regresar sosteniendo un vaso de agua.

Se encorvó levemente hacia la rubia de cabellos lacios para luego dedicarle una pequeña sonrisa tranquilizadora. – ¡Después de tomar unos tragos, te aseguro que te sentirás aliviada! – Declaró con cierta calidez en sus palabras. No había duda que aquella chica había transpirado mucho y hace unas horas la fiebre no la dejaba en paz, necesitaba con urgencia hidratarse. Acercando el recipiente a los labios de la contraria mientras que con la otra mano libre inclinaría la cabeza ajena con mucha precaución para facilitar los cortos sorbos.


Última edición por Lissa el Dom Sep 24, 2017 6:37 pm, editado 1 vez
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Alanna el Jue Sep 14, 2017 1:42 pm

Su comienzo de sollozos y gritos lastimeros se ahogaron en una súbita exclamación nada más escuchó aquella voz misteriosa, tan cerca de ella, que fue suficiente para que se olvidase por unos instantes del dolor. Alanna se quedó paralizada cual estatua un par de segundos y giró su entumecido cuello a la derecha, en donde una sombra borrosa empezaba a moverse por su costado. No se habría dado cuenta de ella antes debido a la escasa visibilidad en la habitación y a la confusión que la amparaba, pero no le cabía duda de que no estaba sola. Allí dentro había alguien más. Perdida y aterrada como estaba, tragó saliva y se encogió en un ovillo, todo lo que le permitieron sus dolientes extremidades, cuando vio a la extraña figura agitarse con mayor ímpetu y aproximarse hacia ella.

¿Un monstruo? ¿Acaso seguía atrapada en la pesadilla? Le costaba creerlo con lo real que le parecieron los calambrazos que le mandaba su machacado cuerpo. Una pequeña llamita apareció en el aire, arrojando una titilante luz anaranjada que la reveló: ojos zafirinos, dos coletas rubias bien arregladas y una faz fina. No había monstruo alguno, solo una joven muchacha de rostro resplandeciente que de ninguna de las maneras podría pertenecer a una pesadilla. Por sus facciones y estatura parecía rondar por su misma edad. O quizás le sacase un par de años de…

¡Santa Naga! ¡No era momento para semejantes cuestiones! ¿Quién era ella? ¿Y… porqué estaba allí con ella, medio moribunda? El pecho le bullía sobremanera por la acumulación ansiedad y las ganas de ponerse a chillar y a exigir explicaciones, necesitaba soltarlo ya. Pero, diantres, no podía. Había algo en esa chica que frenaba sus ansias y la sosegaba de una forma extraña. Quizás fuese por sus gestos y expresiones que rebosaban de dulzura. O quizás fuese por los cómicos e inocentes aspavientos que hizo al quemarse con el candelabro que encendió. Alanna la miraba absorta como se llevaba el dedo a los labios y esta le devolvía una tierna sonrisa.

A la pregunta de «cómo se sentía» que le formuló la pequeña dama de las coletas se quedó con la boca entreabierta. No por falta de respuestas, sino por la absurda cantidad de ellas: se sentía confusa, asustada, irritada, impotente, dolorida… Oh, sí, notaba que la cabeza le pesaba y que le costaba pensar con claridad, por lo que también se podría decir febril. Con la de si tenía sed ya es que ni tuvo oportunidad; la muchacha dio media vuelta y decidió por su cuenta que ella quería un vaso de agua. Oh, dioses… Bueno, lo cierto es que tenía la garganta pastosa y seca. Y en cuanto le plantó el vaso delante de ella con lo deshidratada que estaba, Alanna casi se tiró de encima de ella. Casi. Un rictus de dolor le cruzó la cara al intentar levantarse. Al final, la chica le sostuvo la cabeza con delicadeza y le acercó el vaso a sus labios. ¡Ah, que fresca estaba! Se sentía como si no hubiese probado ni una gota de agua en días.

Una vez terminó con el vaso y su sed quedó saciada, suspiró largo y tendido, dirigiendo sus orbes hacia la pequeña dama que la seguía deleitando con su actitud dulce y radiante. —G-gracias —dijo con un hilillo de voz. Abrumada como estaba por su aura, era incapaz de sentir enfado y frustración, aunque no fue remedio para lo desorientada que seguía. El agua ayudó a que sus cuerdas vocales recuperasen parte de su fuerza, por lo que se mojó los labios y, con una actitud sumisa, se atrevió a inquirir por las grandes incógnitas que la atormentaban en esos momentos—. ¿Podría preguntaros quienes sois, milady? ¿Dónde nos hallamos? ¿Y… por qué me encuentro tendida en cama? ¿Qué ha pasado? —No se atrevió a preguntarle por qué  le dolía el cuerpo de esa manera, pues sabía que se le habría escapado un tono demasiado hosco por lo sensible que estaba. Por el momento, la joven no estaba haciendo nada que se mereciese tal comportamiento hacia ella.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Lissa el Dom Sep 24, 2017 6:37 pm

Una efímera sonrisa se dibujó sobre el rostro de la pequeña princesa al notar la impaciencia con la cuál, la chica de ojos verdes, se lanzaba sobre el vaso de agua que sostenía. Para Lissa, la reacción de quien ahora era su imprevista paciente, daba a entender de ser una muy buena señal. Pese a que el cuerpo de aquella muchacha no estuviera en su mejor estado en aquel momento, si era capaz de moverse de esa manera, calcularía que en máximo un par de días estaría de pie nuevecita en paquete.

Dejó que aquel líquido que representaba la vida se deslizara en la garganta ajena contando cada sorbo mentalmente. “Uno, dos, tres… siete” Y fue justo llegando a esa cifra que esta última pareció estar satisfecha. Por lo que a continuación liberaría su aguante de la cabeza ajena con cuidado, permitiéndole de acomodarse entretanto retomaba el recipiente vacío y lo colocaba en el taburete donde se hallaba el candelabro. El contacto entre la superficie de madera y aquel vaso, casi vacío, generó un sonido seco que perturbó la calma dentro de aquella habitación durante unos instantes. Sin embargo aquel breve silencio murió definitivamente entre los labios de la rubia recostada sobre la cama. Su voz sonaba aún débil, hasta cierto punto rasposa debido a la anterior fea experiencia que seguramente había vivido. – ¡No tienes porque agradecérmelo! – Respondió de manera entusiasta mientras regresaba a su posición inicial: sobre la silla. Y con un par de movimientos enérgicos la arrastró un tantito hacia la cama para acercarse a la rubia. –  Como te lo había comentado antes… ¿No te sientes más aliviada ahora? – Preguntó con la intención de confirmar su condición global.

Enfocó su dulce mirada azulada sobre la contraria mientras ladeaba un poco su cabeza provocando que algunas mechas de sus coletas vinieran a colarse sobre sus mejillas. – ¡Epa!  ¡Demasiadas preguntas de un golpe! – Exclamó entre medio divertida al recibir tal bombardeo de interrogantes. Pero aquello era lógico, ahora mismo la rubia debía sentirse muy desorientada… y no la culpaba. Con la finalidad de tomar una mejor posición sobre el asiento, colocó sus manos a cada lado de este último para luego inclinarse un poco. – Hum… Empecemos entonces presentándonos – Tras afirmar aquello llevaría una de sus manos a su pecho para después proseguir – Me llamo Lissa. ¿Y tú? ¿Como te llamas? Tampoco quiero comenzar a llamarte “Tú”. – Al terminar su frase una de sus típicas risillas se escapó de entre sus labios al rememorarse una situación semejante. Se aclaró la garganta para luego continuar.– Se podría decir que estamos dentro del Castillo de Ylisse. ¿En un cuarto de huéspedes? No estoy segura. No presté mucha atención en aquel momento – Se rascaría de manera inconsciente su mejilla sintiéndose algo avergonzada por haber dejado pasar aquel simple detalle.

–  Quería atenderte con urgencia porque realmente me preocupaba tu condición. Como habrás notado, ¡Tienes un montón de moretones! Doy gracias a los dioses que no te hayas roto un hueso porque, si mi conclusión no es errónea, posiblemente te habrás caído del barranco que se encuentra en las cercanías de Ylisstol. Fue allí donde te encontré. ¿No recuerdas que pasó? ¿Como fue que acabaste tan malita? ¡Dudo mucho que te hayas lanzado del barranco queriendo probar la suerte de sí te surgían alas! ¿O sí? – Era algo particular la manera de expresarse de Lissa, en unos momentos daba la impresión de estar más que seria en otros, todo menos eso. Cruzó sus brazos delante de su busto vistiendo un ademán pensativo y curioso esperando la respuesta de la persona en frente de ella.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Alanna el Lun Oct 09, 2017 6:42 pm

Alanna seguía contemplando con genuino pasmo los gestos tan enérgicos que realizaba la joven dama, infantiles y, en cierto modo, tiernos, para tomar asiento en un taburete cercano. Su apariencia quizás engañase, ¿pero de verdad llegó a pensar antes que era mayor que ella? Que muchacha tan peculiar se le acababa de presentar tras su traumático despertar. Aunque puestos a pedir, prefería mil veces esa deslumbrante sonrisa a que cualquier otra cosa fuese lo primero que presenciase después de desvelarse entre dolores y pura desorientación. Encima de que también se estuviese preocupando por su bienestar. —U-un poco, sí. De nuevo os doy las gracias. —La chica le diría que no hacían falta los agradecimientos pero, ¡diantres!, de no ser por ella seguro que estaría chillando y llorando como un alma en pena en esos momentos.

Claro que de la retahíla de preguntas no pudo salvarse. Le entró un poco de apuro al imaginarse que se excedió más de la cuenta y notó el rubor subirle por las mejillas. ¿O sería cosa de la fiebre? En fin, la damisela no pareció molestarse por sus ya casuales expresiones despreocupadas y gustosamente comenzó por presentarse —Podéis llamarme Ani… —Gracias a los dioses que se mordió la lengua a tiempo, expresando una mueca de malestar. No, no, no. ¿Cuántas veces tendría que repetírselo a si misma? Ese no era su nombre—. A-Alanna. El placer es mío, Lady Lissa.

Lissa. Meneó la cabeza levemente. Era un nombre muy… corriente. ¿Entonces por qué tuvo esa extraña sensación que la intranquilizaba? ¿Otra vez la dichosa fiebre haciendo de las suyas?

Así pues, la joven Lissa procedió que se encontraban ni más ni menos que en el castillo de la familia real de Ylisse. —¿C-cómo? ¿Estamos en… Ylisstol? —Sobraba decir que la noticia la dejó patidifusa, lanzándole miradas de incredulidad a la chica. Por lo tanto, ¿se trataba de alguna sirvienta del castillo? Bueno, debía ser así, porque la habitación en la que se encontraba era bastante mundana, quizás algún cuarto de uso exclusivo para los empleados, aunque la chica no pareciese muy confiada en su asunción al respecto. Y cómo no, estaba su habla tan coloquial y efusivo, típico de las gentes mundanas… Cosa en la que reparó demasiado tarde y se maldijo a sí misma, por zopenca. ¡Se suponía que ella también “era” una chica mundana! Y va y se dirige a ella con un lenguaje refinado, encima tratándola de milady. Por todos los dioses terrenales, ni se explicaba cómo habría podido llegar tan lejos así.

Justo en esos instantes debería preguntárselo, porque la chica acabó por confirmarle su estado: lo que tantas punzadas de dolor le estaban provocando eran una generosa cantidad de cardenales. Sí, cardenales. Como en su reciente pesadilla. Se estremeció de espanto por aquella coincidencia, aunque ahora comprendiese por qué su subconsciente se encargó de hacérsela parecer tan real. Pero en ese caso, los golpes no fueron causa de matones, si no por su propio infortunio. ¿Despeñada por un barranco? ¿Cómo diantres…?

«Oh. Claro», fue cuando, poco a poco, las piezas difusas de su memoria, retazos llenos de angustia y miedo, fueron juntándose y completando un rompecabezas borroso. —Yo… Estaba… —Una exhalación ahogada—. Estaba siendo… perseguida.

[…]

¡Dioses! ¡Oh, dioses! No podía más. Su pecho tronaba como si una tormenta se hubiese desatado en su interior. Cada zancada que daba era un auténtico suplicio para sus gemelos, chillando al sentir que el esfuerzo sobrehumano que realizaban los desgarraba lentamente. Las bocanadas entrecortadas que tragaba ya no sabían ni a aire, y en cualquier momento su cuerpo diría que «basta ya» y colapsaría. Pero no podía detenerse. Por lo más sagrado en el mundo que no podía detenerse, y continuar corriendo como si la vida le fuese en ello.

¡Venga, joder! ¡Moved el culo, panda de gandules! ¡Cómo se nos escape os pienso despellejar uno por uno!

¡Naga bendita, ya estaban ahí! ¡¿Cómo eran capaces de no desistir esas bestias?! Podía oír sus pisadas y resuellos colarse entre los arbustos, y sería cuestión de tiempo que también los pudiese ver correr cual chacales hambrientos tras ella. ¿Tan desesperados estaban unos bandidos por ponerle las manos encima? ¿Tan necesario era para ellos el oro que pudiesen sacar vendiéndola como esclava? O peor, ¿tan necesaria era ella para satisfacer placeres que le resultaban inenarrables? Porque de ser así, antes prefería la muerte.

Irónico que pensase en ella momentos antes de que el sonido de los arbustos sacudiéndose la hiciese perder los estribos por completo y arriesgarse a deslizarse por unos matorrales que creyó que le proporcionarían un escondrijo. Qué ilusa. Lo único que le proporcionaron fue una pérdida de equilibrio cuando sus pies no pisaron en terreno llano y sentía que se resbalaba hacia abajo. Los bandidos no tendrían el honor de destrozarle el cuerpo, pues fue ella misma la que como una estúpida, se encargó de que un desnivel tras los matorrales se encargase de ello.

Para cuando quiso darse cuenta y ya era demasiado tarde para gritar, su cuerpo se precipitó hacia la ladera.

[…]

Creo… Sí, creo que llegué a vislumbrar la ciudad desde la lejanía. Por eso debí arriesgarme a correr hacia allí y esperar a que la jurisdicción de la zona me amparase antes de que esos salvajes me diesen caza. —Se encogió sobre sí misma, acongojada por su propia insensatez y se ladeó hacia un lado de la cama—. Pero como ya veis, fui lo bastante estúpida para despeñarme por un barranco y no haberme matado de milagro.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Lissa el Mar Oct 10, 2017 10:18 am

Era un alivio para Lissa ver como de a poco la joven se recuperaba de su anterior crisis de angustia. Tenía que confesar que durante el tiempo que estuvo velando al pie de su cama, viendo como se retorcía y gritaba de manera incesante, una preocupación mezclada de compasión se manifestaban en su ser por lo que era incapaz de dejarla sola. Y hizo bien, porque la temperatura corporal de esta última comenzó a elevarse a horas tardías de la noche lo que implicaba una mayor atención. Varias veces los curanderos de la casa de Ylisse pasaron pidiéndole que se retirara, que ellos tomarían el relevo, más Lissa se negaba tomando aquello como su responsabilidad. Ella la había encontrado. Ella la cuidaría. Viendo que sus vanos intentos no daban resultado alguno, terminaron tirando la toalla desistiendo a la testarudez de su princesa.

 Negó con su cabeza al escuchar como la contraria insistía con los agradecimientos. Era normal haber ayudado a una persona herida. Ella era un clérigo y eso era casi una segunda naturaleza dentro de sí misma. De lo contrario… ¡Sería muy mala persona! Y Lissa no quería ser un individuo sin corazón. ¡Oh, que no! – Lo importante ahora es que te recuperes por completo~ – Comentó con cierta calidez. Su mirada celeste se enfocó sobre la rubia detallando sus facciones bajo la luz que proporcionaba las flamas del candelabro. Pese a que su rostro se encontraba carcomido con algunos rastros más oscuros que la tez clara de su piel, la pequeña princesa se percató de cuán finos eran los rasgos ajenos, su mirada cansada transmitía un particular brillo esmeralda ¿Tal vez era el reflejo de las diminutas llamas que parecían bailar con el pasar de la brisa nocturna? Los moretones no acentuaban de ninguna manera la belleza natural de su invitada sorpresa. La manera de expresarse de la anterior mencionada la hacía pensar al habla común entre los nobles  y sus pares otorgándole cierta elegancia. Lissa estaba en una muy buena posición para saberlo. Después de todo, no era raro que cada día se cruzara con gente de alta sociedad en la corte siendo ella la princesa de país. 

A pesar del título que Lissa recibió el día en el cuál llegó a este mundo, en realidad no acostumbraba a comunicar como exigía su etiqueta. Ya sea porque fue generalmente criada, desde muy pequeña, por doncellas que tenían la responsabilidad de cuidarla o porque se la solía dejar de lado en los temas políticos  – ¿Alanna? ¡Pero que lindo nombre! Me agrada como suena. Me da esa sensación de que transmite un aire de libertad – Recalcó con algo de ánimos ya que al fin podía ponerle un nombre sobre la nueva cara que ahora empezaba a conocer. – ¿Provienes de alguna familia de clase alta? Ya que tu forma de hablar se me asemeja mucho a su lenguaje habitual – La pregunta que surgió de entre sus labios no tenía ningún propósito en especial. Simplemente le dio por preguntar por pura curiosidad buscando saber un poco más de aquella curiosa chica. ¿Quién sabe? Tal vez habría salvado a alguien importante que, por culpa de feas coincidencias de la vida, se había perdido en los diferentes caminos dentro de su viaje. Si tal era el caso a la ojiazulada no le molestaría darle una mano.

Cuando confirmó la ubicación exacta de donde se encontraban pudo ver la mirada estupefacta que le lanzó Alanna como si le fuera difícil creer esa realidad a la primera. – ¡Sí! Nada más y nada menos que en Ylisstol – Confirmó nuevamente sólo para aclarar la confusión que dejaba entrever el tono de voz usado por la rubia de ojos verdosos. Durante un instante Lissa creyó que dentro de la cabeza de la muchacha una lucha se llevaba acabo. Así que guardó silencio hasta que al fin fue revelada la causa de todo – ¡¿Estabas siendo perseguida?! ¡¿Por quien?! – Exclamó con una marcada incredulidad. Sus orbes claros se abrieron grandes como platos mientras esperaba la continuación.

Lissa tuvo la impresión de que Alanna estaba molesta consigo misma. O por lo menos, eso fue lo que la llevaron  a pensar sus acciones que siguieron tras terminar su diálogo. – Bueno… ¡Fue en verdad un milagro que salieras de allí con tan sólo magulladuras! Hubiera sido peor sí las contusiones se encontraran en tu interior. – Mencionó entretanto formulaba sus frases con prisa acompañada por los movimientos de sus brazos. Se inclinó un poco mientras extendía su mano hacia la contraria que en ese momento le daba la espalda, pero se detuvo a medio camino dudando por unos segundos. Al final posó su delicada mano con suavidad sobre el hombro ajeno. Obvio, con mucho cuidado para no lastimarla y prosiguió – Por lo tanto… ¡Considérate afortunada! Los dioses deben tenerte mucho aprecio – Era claro que la pequeña rubia intentaba animarla a su manera. – No fue estúpido. A cualquiera pudo haberle sucedido algo parecido. Además, ¿Lograste despistar a quien te perseguía? ¿No? Ahora te encuentras sana y salva... eeeeh... Puede que no tan sana pero eso es sólo un detalle. ¡En fin! Así que tu “estupidez” puede que te haya salvado la vida. – Intentó esbozar una sonrisa de un modo reconfortante buscando hacer sentir mejor a quien ahora se veía algo disgustada.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Alanna el Jue Nov 09, 2017 7:41 pm

Cómo no, se acabó dando cuenta. Alanna se quiso dar en esos momentos una palmada en la frente por zopenca. ¡Claro que se daría cuenta! Si la muchacha era alguna trabajadora en el castillo era lo más normal que estuviese acostumbrada a tratar con individuos de alta alcurnia. Su mente no hizo sino entrar en total estado de alarma cuando la chica le preguntó si ella también lo era. ¡Maldición! Tenía que hacer algo al respecto —¿C-c-clase alta esta humilde serv…? ¡Quiero decir! ¿Una chica como yo por noble? —se corrigió. ¡No, no, no! Tenía que usar un habla más mundana. Como cuando estaba con… Hellen. Dioses, que natural resultaba con ella—. ¡En absoluto! Es solo que, bueno… Estoy muy acostumbrada a tratar con algún que otro noble en mi trabajo, y a veces me cuesta perder esa costumbre con… personas nuevas. Eso es. —¿Colaría? Más le valía, porque si en un lugar como la casa de Ylisse corría la voz de que se hospedaba una noble desconocida, iba a tener serios problemas. En especial, si el rumor salía de allí.

De un modo u otro, pudo esquivar ese peliagudo asunto con la historia de su no tan gran huida. Lissa le permitió explayarse un poco, no más de la cuenta. Cada vez que rememoraba que todas esas magulladuras no fueron obra de los bandidos en ningún momento, si no de su propia insensatez, una parte de ella se hundía más en el pozo de su autocompasión. Tal y como decía la doncella, había tenido suerte de no romperse ningún hueso, o de machacarse el cuerpo por dentro. Apretó los labios en una fina línea. Suerte; era lo único que explicaba que todavía siguiese con la cabeza sobre el cuello.

Entonces sintió el cálido tacto en su hombro. Miró a Lissa, perpleja, y se le escapó un asomo de sonrisa. —Así que el aprecio de los dioses… —Bueno, la Fortuna era una de esas diosas con designios que ninguno llegaba a comprender; había a quienes les caía en gracia y a otros no. Con la familia que le tocó lidiar, hubiese pensado que ella era de las segundas de no ser porque se despertó ese día a salvo—. Supongo que en eso tenéis… tienes razón. De no habérseme ocurrido tal idea hubiese podido acabar peor. —Mucho peor. Los cardenales podían sanar con facilidad, pero no las consecuencias de acabar siendo el juguete de una panda de chacales. De solo pensarlo le entraban escalofríos.

Al final si iba a ser cierto que la diosa Fortuna le sonreía. Incluso alguien con un corazón tan bondadosa como era el de esta dama la llegó a encontrar antes de que lo hiciesen los bandidos. Podría haber despertado dentro de un zulo o una jaula, y no en las seguras paredes del castillo de…

«El castillo de Ylisse…»

La primera vez que lo escuchó de los labios de Lissa le sorprendió, pero ahora que ya no tenía su mente tan ofuscada por el dolor y la fiebre… Aquella habitación en la que guardaba reposo no era la de ninguna posada o convento. Era el castillo de Ylisse. Estaba en el lugar más emblemático e importante de todo el país. Era la mismísima casa real en la que moraba la Venerable Emmeryn.

«Oh, dioses…»

En donde también residían el resto de miembros de la familia real.

«No. Nonononono.»

En donde residía él.

De pronto, la expresión de Alanna se tornó lívida y fue como si las sabanas en las que estaba arropada perdían su calidez y se tornaban en un lodazal de fango en el que se hundía lentamente. No podía ser. ¡Él no podía estar aquí! Eso es lo que quería creer, pero por mucho que quisiese evadirse, estaba dentro del castillo de Ylisse, en [i]su hogar[/u]. Y ella no era más que una intrusa a la que habían colado por piedad. Nada le impedía a ese hombre deambular por su morada, que estaba en todo su derecho, y atravesar la puerta que daba con aquel dormitorio.

Pero eso era lo último que quería, que se plantase allí mismo y la descubriese, que la reconociese incluso después de haber pasado un año de aquella noche. Y, sobre todo, no quería por nada en el mundo que la viese en ese estado tan deplorable. —No puedo… —balbuceó. Su respiración se tornó entrecortada, agitándose en la cama y con una mirada deficiosa—. No puedo estar aquí… No puedo… —Hasta que sus aspavientos se volvieron más drásticos y le surgió la imperiosa necesidad de escapar de aquellas cuatro paredes que ya no le resultaban tan seguras. Con el pánico apoderándose de ella, su cuerpo se ladeó en la cama, con la intención de saltar de esta. Sin embargo, la ansiedad le hizo olvidarse de que si estaba en cama era por una razón: al rodar hacia el borde, notó que el cuerpo le pesaba una tonelada y que se sentía increíblemente débil.

Su intento de escabullirse de las sabanas acabó con ella cayendo de bruces contra el suelo. Y los cardenales volvieron a despertársele como nunca antes. Alanna soltó un largo y sonoro aullido de dolor, abrazándose a si misma y retorciéndose en el frío suelo. Los sollozos lastimeros no se hicieron de esperar.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Lissa el Jue Nov 23, 2017 10:26 am

¿Era sólo su imaginación o Alanna pareció entra en pánico durante un corto instante?  Lissa parpadeó varias veces mientras enfocaba su mirada curiosa sobre la contraria. – ¡Tómalo con calma! – Recalcó con una sonrisa de lado mientras movía sus extremidades superiores de arriba a abajo como si buscase apaciguar las aguas. – Toma una bocanada de aire y relájate~ – Aconsejó con suavidad.  Debió ser su imaginación. Aquella reacción podría ser el resultado de la confusión en la cuál se encontraba sumergida aún la chica de ojos esmeraldas. Sus argumentos eran bastantes válidos al parecer de la ojiazulada. Tomando en cuenta de que ya se había cruzado a personas que allí trabajan y que habían adaptado un habla más formal correspondiente a la corte – ¡Ah! Es lógico. ¿Y en qué trabajas? ¿Estar en este estado no te dificultará retomarlo? – Respondió mostrando una leve preocupación. Después de todo, si la joven era incapaz de ejercer su oficio… era evidente que le resultaría difícil alimentarse o hasta establecerse si no tenía una ayuda adecuada.

Y también había esa posibilidad de que alguien estuviese muriéndose de inquietud al no tener noticias de Alanna. Como mínimo... eso le gustaría creer a Lissa. – ¿Por lo menos tienes familiares que podrían ayudarte? Si quieres, puedo intentar contactar con ellos. –  Volvió a interrogar con un ademán pensativo. ¿Tal vez estaba exagerando con tantas preguntas? Tampoco quería agobiarla luego de su despertar, más era inevitable viniendo de la pequeña princesa. Además de su curiosidad insaciable, también estaba el hecho de que no podía darle una ayuda más precisa si ignoraba aquellos simples detalles. La efímera sonrisa que la clériga vio nacer entre los labios de la rubia, le fue difícil de interpretar. ¿Era una buena señal? Aquella simple mueca le transmitió una sensación de frialdad, de… ¿Tristeza? Lissa se limitó a asentir dando a entender que estaba de acuerdo con las palabras dichas por la contraria. – ¡Tus heridas pronto sanarán y esto no será más que un feo recuerdo! – Comentó con más ánimos. A continuación llevaría la mano que anteriormente se encontraba sobre el hombro ajeno bajo su mentón, dándole un aire de reflexión mientras sus orbes celestes miraban a un punto invisible a la espalda de Alanna. Estaba segura que los custodios se encargarían sin mucha dificultad del problema que ella se veía venir. – Hummm… Tendré que hacerle saber a Chrom que hay bandidos cerca de Ylisstol. – La última oración del filo de sus pensamientos fue expresada en voz alta sin en verdad tener esa intención.

De repente, al regresar su atención hacia la persona a su delantera, Lissa se percató que está presentaba signos no muy alentadores: Su tez había turnado a una palidez extrema casi enfermiza, su respiración comenzaba a agitarse y sus ojos reflejaban un indiscutible horror.  – ¿Q-Que pasa? – Preguntó toda alarmada debido a aquel súbito cambio. ¿Su condición había empeorado? ¿Pero tan bruscamente? Lissa no entendía nada. Se destabilizó aún más al oír la respuesta de la muchacha acompañada de esa agitación tan preocupante. – ¿Eh? ¿Por qué no puedes quedarte? – Interrogó con una obvia y muy marcada confusión en su voz. – ¡Espera! ¡¿Que haces?! – Exclamó entrando en pánico total viendo claramente a donde se dirigía la situación. ¡Aquello no le gustaba en absoluto! Extendió los brazos intentando en vano detener la locura que iba a cometer Alanna pero desgraciadamente todo terminó muy pero muy mal. Automáticamente cerró con fuerza sus orbes turquesas mientras hacía una mueca al escuchar ese aullido lastimero. Los nervios y el pánico ya se habían apoderado de ella – ¿E-Estás bien? – Mentalmente se dio una de esas bofetadas que te dejan en modo tonto. ¡Claro que no estaba bien! ¡Para nada bien! ¿Por qué siquiera preguntó eso? Quería darse una patada así misma.

– Dioses… Espera, ya voy – De  manera inmediata, buscando ayudar a la desdichada en el suelo se inclinó levemente tomándola por las axilas con extremo cuidado. – Suavecito… muy suavecito… – Murmulló como si estuviese dándose coraje a ella misma y a la rubia. Para su desgracia el nivel de fuerza no era muy elevado así que necesitaría un poquitito de ayuda. – ¿Podrías apoyarte del borde de la cama? Así será más fácil. – Solicitó con cierta amabilidad, tampoco quería exigirle demasiado. Cuando al fin logró recostarla entre las sábanas dejó escapar un suspiro de cansancio debido al esfuerzo para proseguir chequeando el estado de las magulladuras. Por un momento se permitió calmarse un poco al confirmar que no se habían agravado por el golpe. – ¡Fiiiiuuuu! ¡Casi me matas del susto! – Un poco más y sufriría un ataque cardíaco se dijo para sus adentros. – ¿Quieres un poco de agua? –   Su diestra cogió el vaso que había colocado sobre el taburete minutos atrás para ofrecerle el agua que quedaba a Alanna. Esta última necesitaba con urgencia calmarse. Esperó el tiempo necesario para que la joven se tranquilizara mientras secaba sus lágrimas con un pañuelo. No sabía que decirle para consolarla en su dolor.– ¿Puedes explicarme que te ha pasado? No logro entender lo que ha ocurrido… – Soltó en un susurro algo confundida. – Por favor, no hagas eso de nuevo. Tu cuerpo no está en las condiciones. – Recalcó toda apenada. Pobre Alanna. Ver a alguien llorar provocaban que sus ojos se humedecieran amenazando con romper en llanto también.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Alanna el Lun Nov 27, 2017 5:15 pm

Dolía. Dolía mucho, como si una jauría de perros rabiosos la estuviesen acribillando a dentellada limpia con sus colmillos. Alanna emitió con sus pocas fuerzas un largo y amargo sollozo mientras se encogía sobre sí misma en un frío suelo que nada tenía que ver con la calidez que le brindaban antes las sábanas. Aquello no detuvo que todos y cada uno de los cardenales de su cuerpo latiesen con tanta rabia que no hicieron sino agravar su sufrimiento. Ironías del destino: precipitarse por un barranco bastante pronunciado fue lo que inició todo aquello, y tan solo bastó una caída tan simple de la cama para repetir la tragedia a una escala similar. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, pero ni ella misma sabía si eran por el dolor físico, o por lo patética y débil que se sentía allí postrada.

Y mientras ella apenas le daba importancia a lo que ocurría a su alrededor por culpa del dolor, Lissa no tardó en recuperarse del tremendo susto que se llevaría y ya se estaba apresurando para socorrerla. Una reacción normal, por supuesto. La que cualquier presente con un mínimo de empatía hubiese tenido de ver a alguien maltrecho caerse de la cama y estrellarse contra el suelo. Alanna se estremeció al sentir las dos manos que tiraban con sumo cuidado de sus costados, pero percatarse de la presencia de la muchacha y de sus murmullos consoladores, se forzó a reprimir su llantina. Fuese cosa de los latigazos de dolor, de su impotencia o del mismo miedo, el caso es que en esos momentos se sentía muy, muy vulnerable. Por eso no tuvo reparo alguno en aferrarse a los hombros de Lissa mientras la ayudaba a levantarse y a obedecerla en cada una de las indicaciones que esta le daba. Como una niña asustada que buscaba amparo en el reconfortante abrazo de su madre. Las piernas le temblaban de solo tratar en mantenerse de pie, y cada uno de sus dolientes y torpes pasos le sacaba un hipido.

Incluso cuando su primera intención fue escapar de esta, volver a envolver su cuerpo en las sábanas de la cama le dio una fugaz pero potente sensación de seguridad. Fugaz, porque se esfumó al acordarse que seguía dentro de los dominios de ese al que consideraba su “caballero”, y al que no quería encontrarse. No ahora, ni tal vez nunca… ¡¿Pero qué podía hacer ella?! Casi todos sus músculos estaban tan machacados como su confianza en poder salir de aquella situación, y si ni siquiera era capaz de dar dos pasos más allá de la cama sin derrumbarse, escapar del castillo (y de las malditas miradas de los sirvientes y otros residentes) sería una gesta imposible. Las sábanas ya no se le hacían tan agradables y no tardaron en asemejárseles a los horrendos grilletes que visualizó en su pesadilla.

La garganta le dolía de las ansias que se le agolpaban en el pecho, por lo que no rechazó el agua cuando Lissa se lo tendió. Con su último trago y separando los labios del vaso, emitió un hipido más. Dioses, que patética se veía allí. Habría roto a llorar de nuevo por pura desazón de no ser porque el pañuelo que secaba sus ojos le cortó el hilo de sus pensamientos. Miró a Lissa con una mezcla de confusión y temor a partes iguales, preguntándose que se le estaría pasando por la cabeza tras ver semejante demostración de histerismo.

Dudas. Por supuesto. La rubia de las coletas hizo la pregunta más lógica que cualquier persona podría hacerle: “¿por qué lo hizo?”.  Alanna apretó los labios en una fina línea agachó la cabeza, carcomida por los remordimientos. —Yo… L-lo siento. No era mi intención… —¿El qué? ¿Provocarle un infarto del susto? ¿Darle más trabajo? Para nada. Lo único en lo que se obcecó su mente fue en salir de la habitación como fuese, sin reparar en las posibles consecuencias o en la chica. ¿Y ahora? ¿Qué se supone que debía decirle a Lissa? Su culpabilidad también era parte por no poder tranquilizarla y explicarle por qué hizo lo que hizo, de ninguna manera. Ni a ella, ni a ningún otro residente del castillo que no la tachase de prófuga o “sospechosa” por querer evitar a toda costa al príncipe.

Pero tuvo que recordarse que Lissa no se estaba mereciendo aquello. ¡Cielos, si la única culpa que tuvo fue la de recogerla y tratarla! Lo peor de todo es que la podría ponerla en un aprieto si la descubrían. —Yo… no puedo estar aquí —musitó con un hilillo de voz. No, tenía que desaparecer del castillo, y la única opción que le quedaba era persuadir a la muchacha para que ella misma lo hiciera. Era lo mejor para ambas, antes de que ocurriera cualquier cosa de la que se arrepintiese—. Lady Lissa, no puedo permanecer en el castillo más tiempo. Si alguien descubriese que estoy aquí solo empeoraría la situación. No hago más que traerles problemas a los demás… —Como a su amiga, de la que se sentía responsable de su muerte a manos de los tejemanejes de su padre. Se fue, y todo por su culpa. Se mordió el labio inferior en un vano intento por contener las lágrimas que querían volver a salir de sus hinchados y enrojecidos ojos—. Por favor, os lo suplico. Dejadme irme de aquí antes de que os cause más molestias por mi culpa. —Cerró los ojos con fuerza y dos lágrimas resbalaron por sus mejillas—. Por favor…
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Lissa el Vie Dic 01, 2017 1:41 pm

La situación en la cuál ahora se encontraban había dando un giro por demás de delicado. Aquellas lagrimas que brotaban como amargas flores del prado verdoso que consistía la mirada de Alanna, parecían tener otro origen a parte del dolor que la consumía. ¿Pero que era? ¿Sería la causa de su comportamiento incompresible de hace unos segundos? El miedo que se reflejaba en sus ojos cada vez que hacían contacto visual se lo confirmaba todavía más. Cuando vio que el último sorbo dejó el vaso de agua que le había extendido completamente vacío, lo colocó de nuevo en el lugar de a donde lo había tomado. Sus orbes celestes se aguaron aún más luego de escuchar la triste disculpa de la joven en el medio de su sollozo. Sintiendo un nudo que aprisionaba su garganta, como única respuesta, sólo se limitó a negar suavemente con la cabeza dando a  entender que pedir perdón no era necesario. Después de todo, ella no era culpable de nada allí. Sus acciones podían estar fuera de su entendimiento pero siempre debía haber una razón válida.

No sin antes dudar, en un intento de reconfortarla, permitió que su mano libre acariciara la cabeza ajena como si de una niña se tratase para de esta manera animarla a seguir su diálogo. – ¿Pero a que se debe? – Preguntó con un leve murmuro casi imperceptible a modo que sólo Alanna pudiese escucharlo. Como si fuese un secreto entre ellas dos dentro de aquella habitación iluminada por la nítida llama del candelabro. No obstante, cada vez que alguna suave brisa la hacía bailar, no tardaba mucho para que esto provocara misteriosas sombras en cada esquina. Acechándolas. Vigilándolas. Un escalofrío recorrió la espalda de la pequeña princesa. Una sensación de frialdad se manifestó en su ser dándole la impresión que en realidad allí no estaban solas. Alguien más las acompañaba. Con rapidez levantó su vista paseándola a su alrededor para percatarse de lo evidente. La alcoba estaba vacía. Las únicas respiraciones presentes eran la de Alanna y la ella. Inmediatamente sacudiría su cabeza echando un lado ese presentimiento tan ridículo para enfocarse a la persona entre sus brazos.

Al escuchar la respuesta de la rubia, Lissa captó que tal vez, sólo tal vez, Alanna estuviese en peligro estando en este lugar. ¿El porque? Podrían ser muchos. Ya sea que Alanna fuese en realidad una exiliada o una sirvienta que vivió desgracias justo aquí para luego ser expulsada… Tantas cosas eran posibles, que resultaría imposible sacar conclusiones exactas y tangibles sin que se lo dijeran. Entreabrió sus labios para formular la pregunta que le quitaría esa duda tan desconcertante más no llegó a pronunciar ni media palabra quedándose en esa. El grifo del llanto había sido abierto nuevamente. – No digas eso… Tu no me has causado ninguna molestia. No eres culpable de nada. – Afirmó entretanto detenía el trayecto formado por las gotas saladas deslizándose sobre sus pálidas mejillas.  

En ese momento, ya no le importaba cual era la verdadera identitidad de Alanna. Inconscientemente Lissa ya había decidido hacer todo lo posible para ayudarla si eso pararía de hacerla llorar. – Esta bien… – Murmuró para a continuación colocar con delicadeza una de sus manos sobre cada pómulo de la contraria para así obligarla a que la mirase directo a los ojos. – Me las arreglaré para llevarte fuera del Castillo de Ylisse. Pero… – Hizo una corta pausa para posteriormente proseguir – Sólo debes prometerme que te irás únicamente cuando tu cuerpo este en condiciones más estables. ¡Nunca me lo perdonaría si te ocurriese algo! – Concluyó con un semblante demasiado serio para ser normal. Lissa y la seriedad no eran para nada compatibles. – ¿Vale? – Uno de sus dedos se movió de manera automática borrando una lágrima que comenzaba a nacer en la esquina del ojo ajeno. Esbozó una fina sonrisa buscando consolar a la pobre chica que parecía haber caído en un laberinto de tormentos en el cual le era difícil escapar.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Alanna el Lun Dic 04, 2017 7:33 pm

Alanna estaba tan sumida en el inmenso mar de lágrimas que desembocaba su propia desazón, que se encogió sobre si misma al sentir el contacto de unas finas yemas sobre su rostro. Abrió unos húmedos y desconcertados ojos que posó sobre la propietaria de aquellas manos que transmitían tanta calidez y la tentaban a perderse en ella. Ah, qué tan dulce podía ser semejante capricho. Habían sido tantos meses padeciendo en soledad, soportando miles de penurias para sobrevivir y siendo atormentada por sus miedos en forma de horribles pesadillas, que ya ni recordaba la última vez que alguien le brindo una muestra de afecto como aquella. Pero sí a la persona, a la única, que solía dárselas y hacerla creer por unos maravillosos momentos que ella era algo más que la carga inútil de una familia desdeñosa.

Además de un alma tan caritativa y una energía sin parangón, lo cierto es que Lissa le transmitía una sensación nostálgica que le traía buenos recuerdos de un pasado no muy lejano. De cierta época en la que todavía siendo parte de un seno noble, se escapaba a los establos de la residencia Goldhertz porque había alguien que la necesitaba. Cuando Lissa le aseguró que la ayudaría en lo que fuese, pero pidiendo por su parte que se quedase en cama hasta que sus heridas mejorasen, una chispa centelleó en su mente. Fue en ese preciso instante que en la figura de la muchacha se vio reflejada a ella misma, no hace poco más de un año.

[…]

¡¿Pero qué estáis…?! ¡No! ¡Deteneos! —Anisse compuso una expresión de horror y dejó caer al suelo el balde con los utensilios y ungüentos que cargaba. Al poco de llegar al piso superior de los establos, un pequeño recinto por el que casi ningún criado se molestaba en subir, entró en un inmediato estado de alarma nada más pillar a su “paciente” tratar de levantarse de la improvisada cama entre resuellos. ¡Por la diosa! ¿Se podía saber que estaba pensando? Rauda, avanzó a trompicones hasta derrapar sobre sus rodillas y posar sus manos sobre los hombros de la chica para detenerla—. ¡No podéis hacer esfuerzos en vuestro estado! ¡Todavía tenéis las heridas muy recientes y se os podrían abrir! —Lo que daría lugar a montones y montones de paños teñidos de sangre, como el día que se la encontró en los jardines y se vio presa del pánico porque la hemorragia seguía y seguía…

Gracias a los cielos que las lecciones de costura no le resultaron tan inútiles como ella pensaba.

La joven, que le devolvió una mirada desazonada de perro apaleado, soltó un bufido y se recostó en la cama. No del todo, dando a entender que no se iba a dar por vencida en su insistencia—. Lo único que estás haciendo es perder el tiempo conmigo aquí arriba —murmuró con un tono agrio. Sus ojos se desviaron al recipiente con las medicinas y vendas—. Y darte tú misma más problemas de los necesarios. Mírame; me tienes aquí medio escondida en un almacén… o un establo, por el olor. Se nota a mil leguas que no quieres que nadie que vive aquí me encuentre.

Anisse apretó los labios en una fina línea y ladeó la cabeza. —He acertado, ¿verdad? Pues hazte un favor, ahórrate el papel de la buena samaritana con una cualquiera, y déjame donde me encon…

No pienso hacer eso —Anisse respondió de forma tan tajante y seria que la muchacha la miró con desconcierto y boqueó—. ¿Pretendéis que os abandone a vuestra suerte? ¿En vuestro estado? ¡Oooh, no! Me niego. No me he pasado todas esas horas peleándome con el hilo y la aguja para coseros vuestras heridas, y después echaros de aquí. —Realizó un movimiento fulminante con el brazo para infundirle más peso a sus palabras. La joven de pelo azabache chasqueó la lengua con fastidio. —Mira que llegas a ser obstinada. ¿Y qué es lo que te propones? ¿Ir y venir aquí a escondidas todos los días? Lo único que vas a conseguir es llevarte una buena bronca por parte de tus padres, así que ahórratela y…

Me da igual lo que mis padres y el resto de mi familia opinen al respecto. —Otra vez volvió a interrumpirla, pero esta vez con un tono que dejaba entrever cierto enojo que a la joven la pilló desprevenida. Quizás… lo de que no le importase la opinión de su familia no era del todo cierto. Ojalá no llegasen a descubrirla nunca y que le cayese la mayor reprimenda de su vida, pero es que ya había llegado a tal punto en el que no podía temerles por siempre y acobardarse a la mínima. Sabía que no podía confiar en ellos para que aquella chica se recuperase, por lo que ya se concienció de que dependería única y exclusivamente de ella—. Consideradlo un capricho de una joven noble si preferís verlo de esa forma, pero no voy a consentir de ninguna forma que padezcáis en vano porque yo no hiciese nada para impedirlo.

La otra muchacha enmudeció durante unos largos cinco segundos en los que contemplaba de hito en hito a Anisse. Por un momento se estuvo arrepintiendo de haber sido demasiado directa o tosca con ella, pero que le mencionara a su familia la encendió más de la cuenta. Fue a pronunciar una disculpa por su tono, pero se vio interrumpida por una inesperada risa seca por parte de su paciente.

Tenía entendido que las niñas nobles no pasabais por fases rebeldes —dijo, esbozando una sonrisa burlona. Anisse entrecerró los ojos y compuso un mohín. —No tengo por qué complacer al resto y seguir su idea de hija recatada que debe seguir el mandato de sus padres sin rechistar.

Eso ya lo veo… Mira, vamos a hacer una cosa. —Carraspeó—. Si te vas a poner en ese plan, me quedaré aquí arriba hasta que me recupere. —Tales palabras no hicieron sino chocar contra una anonadada Anisse que se veía incapaz de contener una amplia sonrisa de oreja a oreja. —¿M-me lo prometéis? Dioses. Eso sería…

PERO —la increpó de sopetón, alzando el dedo índice y clavándole la mirada—. Tengo una única condición: haz el favor de no volver a dirigirte a mí con tanta cordialidad, que no soy ninguno de esos nobles pomposos con los que os juntáis tú y tu familia. Me basta con que me llames por mi nombre y nada más. —Enarcó una ceja, como si se le estuviese pasando algún detalle—. Ah, sí. Es verdad… Me llamo Hellen.

[…]

Quiso que su llanto cesase ya en cuanto notó el dedo de Lissa deslizarse por su mejilla y enjugarle una de las lágrimas. Pero lo más doloroso fue verla componer una tierna sonrisa y ese “¿vale?” que le musitó en un susurro. El pecho le dolía de tener apelmazados toda esa rabia y desazón dirigidas hacia ella misma, de estar odiándose por haber llegado a semejante nivel por culpa de la desesperación. Y no era excusa. ¡Maldita sea, no era excusa! Se había pasado más de seis meses entrenando junto a Hellen para demostrarle que no quería seguir siendo la niña endeble y reprimida que llevaba siendo toda su vida. Y si la viese ahora… no se lo perdonaría nunca.

Pero también quería demostrarle que no solo se había vuelto más fuerte físicamente. La fuerza no solo consistía en seguir trabajando para superar sus propios límites, si no también aprender de sus fracasos y no desistir. Caer siempre resultaba doloroso, pero no era el final de todo. Si te caías… solo debías levantarte una vez más y no rendirte frente a las adversidades.

Y también que debía volver a aprender a confiar. De la misma forma que Hellen hizo con ella. Puede que en su continua huida creyese que ya no le quedaba a nadie más en quien depositar su fe, pero estar allí, arropada en unas sábanas ajenas y bajo el suave tacto de unas manos que se estaban encargando de paliar los males que la atormentaban… Ya no estaba tan segura de ello

Está bien… —Asintió, cortando las lágrimas y sacando lo mejor de ella para mostrar una sonrisa—. Lo dejo en vuestras manos, pues.
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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Lissa el Miér Dic 06, 2017 9:37 am

El roce con la pálida piel de Alanna le transmitió una sensación de frialdad sobre las yemas de sus dedos. La mirada que se había posado sobre ella luego de efectuar aquel simple gesto, la hizo rememorarse a su infancia, donde una mirada de desesperación y a la vez suplicante proveniente de un animal se clavaba en su ser. ¿Tal vez se creía acorralado? ¿Perdido? A lo mejor no veía una salida cuando las únicas intenciones de Lissa era darle un pequeño pedazo de pan. Ese lejano recuerdo que en un fugaz parpadeo transitó dentro de su mente, provocó un sentimiento de compasión hacia la desdichada joven. Aquella diminuta criatura se encontraba tan golpeado, en un estado tan descuidado,  que era incapaz de confiar en una niña que le extendía comida. Nunca olvidó la modificación en el mirar de este luego de que se percató que no existía la amenaza que esperaba. El miedo, la sorpresa,  la tristeza y el agradecimiento se entremezclaban dando como resultado a una expresión capaz de romperle el alma hasta al hombre más indiferente.

Los orbes turquesas de la pequeña princesa se adulzaron al hacer contacto visual con la contraria. Una de sus menudas manos se deslizó del pómulo ajeno hasta la frente, posando allí su palma para así sentir el gélido tacto. El cambio en la temperatura del cuerpo de esta última aún no se encontraba en su fase ideal. Eso explicaba la pérdida de colores sobre las mejillas ajenas, la respiración pausada. – ¿No tienes frío? – Preguntó suavemente más tampoco esperó mucho una respuesta. Queriendo otorgarle algo más de calor tomó las sábanas disponibles sobre la cama, para de esta manera envolver a la persona temblorosa que se encontraba cerca de ella. Un gran regocijo se emparó de ella al escuchar las palabras de la rubia que parecía finalmente entrar en razón. – ¿En serio? ¡Gracias! Me tranquiliza mucho ~ – Comentó con un tono agradecido. A decir verdad, si la persona a la cual curas, no se ayuda a sí mismo, resultaría fatal sobre su condición general. Así que haber logrado llegar un acuerdo con Alanna le permitiría llegar a la recuperación más rápidamente.

Le regaló una amplia sonrisa respondiendo al mismo tiempo a la ajena y también del alivio que de a poco llenaba su sensible corazón. A continuación dejaría escapar un suspiro mientras se acomodaba un tantito y la rodeaba con sus brazos tiernamente, no sin tener el suficiente cuidado para no hacerle daño. La personalidad afectuosa de Lissa tuvo una parte de la influencia de no haber podido contenerse. Sus brazos casi se habían movido solos, así, sin pensarlo. – Prometo que te cuidaré mucho, mucho, muuuucho. Y que pronto podrás caminar de nuevo sin caerte como hace unos momentos. ¡No te voy a defraudar! – Formuló entretanto exageraba la pronunciación de la “u" de  “mucho" dándole aun más énfasis dejando entrever lo feliz que estaba. Se aseguraría de proteger a Alanna cuanto pudiese en el corto período que estuviese bajo su atención. No importaba si se metía en problemas si al final resultase ser alguien “indeseable”. Se las arreglaría para ocultarla en el castillo y hacerse lo más discreta que le era permitido. ¿A lo mejor Alanna le contaría la situación cuando se encontrase más preparada? Por lo menos eso esperada, por ahora sólo se enfocaría en ayudarla a recuperarse.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Cleric

Cargo :
Princesa de Ylisse

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Báculo de Heal [2]
Báculo de Heal [2]
Vulnerary [3]
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1174


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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

Mensaje por Eliwood el Lun Dic 25, 2017 11:57 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambas obtienen +1 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Alanna obtiene el primer skill de la rama Mercenary:

Anonimato - Permite al mercenario, si así lo desea, no ser notado como enemigo, pudiendo moverse con libertad en el campo de batalla. Ni emergidos, ni otros usuarios podrán notarle como enemigo. Sólo se le comenzará a atacar cuando el mercenario ataque por primera vez en el tema.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3269


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Re: [Social][Flashback] Si te caes, levántate otra vez [Priv. Lissa]

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