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[Social] Cuidando de Azuquito [Privado Dräguth]

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Mensaje por Elise Nohr el Lun Ago 21, 2017 10:30 pm

Los establos del castillo Krakenburg son una de las plazas más amplias y espaciosas de todo el edificio. Es algo completamente natural, si se tiene en cuenta que uno de los más grandes orgullos del ejército nohrio es su caballería, además de sus wyverns. Obviamente, el grueso del ejército a caballo no se encontraba en el castillo, pero sí una parte significativa e importante. Más de un centenar de caballos eran guardados, alimentados, cuidados y adiestrados dentro de sus instalaciones.

Para Elise, ese era uno de sus sitios favoritos. Es cierto, el lugar era de los que peor olía y con diferencia, pero la princesa se había acostumbrado al olor ya hacía años. A Elise le encantaba visitar los caballos, verlos comer paja, acariciarlos, verles dormir o incluso entrenar en el patio justo en frente.

Pero había un caballo por encima de todos al que tenía en más alta estima: su propio caballo personal. Reservado en un rincón aparte, separado del resto, se encontraba el pequeño caballo, poco más de un potrillo color, pero vigoroso y de color canela. Su nombre era “Azucar Moreno”. Ni que decir tiene que fue la misma Elise quien eligió el nombre, aunque ella misma suele llamarle “Azuquito” para abreviar.

Azuquito fue un regalo de cumpleaños para Elise hace años ya, y fue amor a primera vista. En los tiempos más duros, cuando tuvo que superar la muerte de su madre, Elise se apoyó principalmente en sus hermanos, pero también en su fiel animal. Todavía estaba aprendiendo a montarlo, pero iba haciendo significativos progresos. Aunque sólo pasar tiempo con él era suficiente para sacar a la princesa una amplia y alegre sonrisa.

-¡Hola, Azuquito! ¡Cuánto tiempo! ¿Me has echado de menos? Yo te he echado muchísimo de menos.-le dijo aquel día Elise a su caballo, tras su encuentro después de no poder haberle visitado en toda una semana.-Siento muchísimo, pero que muchísimo no haberte podido visitar antes. Pero es que he sido castigada por haberme escapado del castillo otra vez, y no me han dejado salir de mi habitación hasta ahora.

La princesa solía escaparse muchas veces del castillo. Normalmente no suelen pillarla, pero no ocurrió así con las dos últimas veces. En el primer caso la perdonaron un tanto debido a una experiencia traumática que sufrió en su escapada, pero no así fue la segunda vez.

Azuquito soltó un relincho suave al ver a la princesa, como si se alegrase de verla y se acercó hasta la puerta misma del recinto donde estaba guardado. Elise abrió la puerta de la pequeña barrera que los separaba y la cerró enseguida, para evitar que el caballo escapase.

-Para compensar, te he traído avena de tu favorita ¡Y voy a cepillarte el cabello! ¡Ya verás lo guapo que vas a quedar! ¡Serás el caballo más lindo de todos!-dijo mientras daba un suave abrazo al caballo, que fue respondido con un lametazo en la cara que hizo reír a la princesa.-¡Ja, ja! ¡Yo también te quiero mucho, Azuquito!

Elise sacó una cesta con la avena y se la puso enfrente del caballo, quien no dudó apenas un instante en meter su cabeza dentro para degustar tan deliciosa comida. Mientras tanto, Elise sacaba un cepillo y empezó a cepillar la crin de Azuquito, aunque a veces paraba para darle algún que otro abrazo extra. Llevaba la vestimenta propia de la realeza oscuro, pero no le importaba si se manchaba. Su amor hacia Azuquito era más importante.

No llevaba más de dos minutos cepillándole cuando el ruido de pasos llamó la atención de la princesa. En los establos era normal ver gente entrando y saliendo continuamente, pero era raro que alguien se pasase por aquella zona en concreto. Al fin y al cabo, era la zona reservada para Azucar Moreno, el caballo de la princesa.

-No temas, Azuquito. Enseguida vuelvo.-le susurró Elise a la orejita del poni, para luego volver a abrir la verja y dirigirse hacia un joven que acababa de aparecer por ahí.

Elise no le reconoció, pero no pasaba nada. No era la primera vez que un reciente recluta de la guardia se perdía por las inmensidades del establo. Y la princesa estaba más que encantada de ayudar a cualquiera que anduviera desorientado.

-¡Hola! ¡Soy Elise, la princesa! ¿Puedo ayudarte en algo?-preguntó Elise con su dulce voz y una amable y amplia sonrisa llena de alegría y ternura.

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Mensaje por Invitado el Lun Ago 21, 2017 11:24 pm

Por lo general al partir o marchar de Nohr hacia una visita al castillo de Nohr por si se me quería encomendar alguna misión, no es que me mostrase totalmente fiel a los ideales de los nobles, pero si había unos clientes que pagaban con presteza los servicios eran los reyes y los monarcas, por eso siempre ofrecía mis servicios antes de partir garantizando cumplir la misión que se me encomendara fuese lo que fuese y costase lo que costase, tenía que ganarme mi comida y este era uno de los métodos.

Cuando regresaba de la reunión con uno de los asesores reales, mientras caminaba por el pasillo de vuelta me pareció ver algo raro por uno de los pasillos, no podía permitir que la familia real tuviese un intruso, estaba seguro que de haberlo, encontrarlo y atraparle sería bien recompensado.

Seguí el camino que llevaba ese pasillo, no había ni puertas ni nada y llegaba al exterior del castillo a la parte de atrás por lo que parecía. Un olor característico inundo mis fosas nasales, no cabía duda la caballeriza estaba cerca aquel olor a heces de las monturas era más que reconocible, si así era desagradable la de los caballos… como serían las de Wyvern.

Caminaba por los jardines traseros con la esperanza de no encontrarme con nadie, quizás me lo había figurado y si había visto alguna sombra era posible que el reflejo de la mía me hubiese confundido, eso me pasaba por mi obsesión de estar siempre alerta, pero más valía prevenir que curar.

No llevaba mucho tiempo caminando por la parte de atrás del castillo cuando una personita me sorprendió. Ni más ni menos que la princesa Elisse, la había visto alguna vez por la capital acompañada de sus hermanos, pero nunca había tratado directamente con ella, pero según decían era una chiquilla muy sociable. Demasiado.

Oh – incliné la cabeza – princesa Elisse, un honor encontrarse con su alteza en persona – hinqué la rodilla en el suelo – perdone mi intrusión, pero me pareció percibir una presencia extraña y quería asegurarme de que todo estaba en orden, mi señorita. – le asevere, clavando mis orbes verdes en los suyos.

Nuevamente me levante y poniéndome firme ofrecí mis respetos y volví a mirarla de nuevo.

¿Hay algo que pueda hacer por vos? – pregunté totalmente servicial.

Era una niña sí, pero una niña de la realeza y yo servía al reino de Nohr y se podía decir que aquella chiquita de coletas rubias y dulces ojos era un superior, aunque realmente cualquiera diría que todavía era una niña con edad de jugar. Y seguramente así era, sus ojos demostraban una inocencia y una candidez que nada tenía que ver con el resto de habitantes de aquel castillo.

Generalmente cualquier otra persona no habría conseguido que me detuviera en seco, pero cuando se trataba de alguien de esa familia, era totalmente diferente.
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Mensaje por Elise Nohr el Dom Ago 27, 2017 5:42 pm

-¡Oh! No hace falta que hinques las rodilla. Esto no es una reunión oficial aburrida de esas ni nada parecido…-la princesa no se sentía especialmente cómoda con quien la trataban de manera diferente por ser una princesa. Aunque estaba acostumbrada ya a ese trato, si podía evitarlo como que mejor.-Además, es peligroso ponerse de rodillas aquí. Hay popó de caballo por todas partes ¿sabes?-comentó Elise con una suave y dulce carcajada. El hombre no había tenido la mala suerte de poner su rodilla sobre heces, pero convenía estar en guardia para futura ocasiones.

El hombre que tenía ante sí era un joven de aproximadamente la edad de su hermano Leon. No iba mal vestido, pero desde luego no llevaba los ropajes propios de la nobleza. Aunque delgado, parecía fuertote así que probablemente fuera un soldado del castillo, aunque tampoco iba uniformado. Desde luego, Elise no le había visto nunca antes, pero tampoco era sorpresa, ya que muchos eran los miembros del ejército que se movían en ocasiones por el castillo y era imposible recordarlos a todos. Destacaba sobretodo por su larga melena pelirroja y sus intensos ojos verdes.

Aquel hombre, según sus propias palabras, había acudido a los establos siguiendo a una presencia extraña y había querido comprobar el asunto. La princesa nohria meditó unos segundos en silencio.

-¿Una presencia extraña? Qué raro, por esta zona de los establos no suele pasar nadie. Suele estar reservado para mi lindo Azuquito ¿Has visto a Azuquito? ¡Es tan adorable!-Elise no perdía el tiempo en presumir de su amadísimo poni.-Quizás ese alguien que busca se acercó para ver a Azuquito, pero es tímido y por eso permanece escondido. Pobrecito, debe creer que Azuquito no le querrá o algo así ¡Pero Azuquito quiere a todo el mundo, igual que yo! Si quieres te lo presento y ya verás. Lo puedes abrazar y darle mimos si quieres.

El joven, totalmente servicial, le preguntó entonces si quería hacer algo con ella. Elise sólo tardó un par de segundos en responder, con emoción en su voz.

-Podemos buscar a esa persona que anda escondida. Explicarle que no hay por qué preocuparse de asustar a Azuquito y que puede acercarse a él sin problemas ¡Y luego podemos peinarlo, darle de comer y mimarlo los tres juntos! ¡Será tan divertido! Ya verás ¡Nos lo vamos a pasar genial!-los ojos de la princesa brillaban como estrellas mientras proponía su sugerencia. No sólo pasaría tiempo con Azuquito, sino que jugaría además con dos nuevos amigos ¡Era un plan magnífico!

Sin mediar más palabras empezó a caminar en dirección azarosa, tirando al joven al que acababa de conocer pero al que tanto ya confiaba de la manga para que siguiera sus pasos. Sin embargo, no había recorrido más de dos metros cuando se paró de repente, golpeándose la cabeza ligeramente con un puño y poniendo una sonrisa culpable como si se diera cuenta de que había cometido un tonto descuido. Inmediatamente, se dio la vuelta y miró a los ojos del hombre al que había arrastrado sin dudar.

-Por cierto ¿cómo te llamas? Aún no me has dicho tu nombre. No podemos ser amigos si no me dices cómo te llamas ¡Pero en cuanto me lo digas, seremos los mejores amigos! Lo vas a ver ¡Lo pasaremos super diver! ¡No vamos a parar de jugar en todo el día! También le tenemos que preguntar el nombre a esa persona que anda escondida, para que pueda ser nuestro amigo también ¡Dos amigos en un solo día! ¡¿No es maravilloso?!-exclamó la princesa dando saltitos alegres llena de emoción.

Y volvió a darse la vuelta para ir en busca de su “nuevo amigo”, y mas le valía que el otro se diera prisa, o sin darse cuenta la princesa lo dejaría atrás.[/color][/color]
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Mensaje por Invitado el Dom Ago 27, 2017 11:28 pm

La presencía de la pequeña Elisa para mi suponía bastante respeto, después de todo, aunque no fuese la principal sucesora al trono era parte de la realeza Nohria y tenia que inclinarme ante ella como fiel vasallo y subdito del reino al que ellos gobernaban y eso que no formaba parte de la guardía real ni mucho menos, pero aún así respetaba mucho a cualquier miembro de esa familia, ya que cualquier que viviese en Nohr sería capaz de reconocerlos a simple vista, esos cabellos rubios de casi todos los miembros era distinguible, la unica que no cumplia ese patrón de cabello era la princesa Camilla, quizás por el hecho de haber heredado el color de cabello de su padre, quizás. Tampoco lo tenía muy claro.

Señorita Elise – la miré a sus preciosos ojos violáceos – siempre mostraré sumisión a cualquier miembro de la familia real, después de todo soy fiel a Nohr y siempre lo seré. - deje claro para luego ponerme de pie.

El tema del popo del "popo" caballo casi me hizo reír, pero me contuve, me hacia gracia como la pequeña princesa hablaba del tema, era demasiado mona, pero hacia mucho que no mostraba mis emociones y no me sentiría cómodo mostrándolas ahora y menos ante una princesa, aunque seguro que a ella le agradaba.

No se preocupe por las heces – negué – me he fijado de que no hubiera nada justo debajo de hincar la rodilla. – le dediqué una breve sonrisa.

Las palabras de la princesa Elise con respecto a la presencia extraña me preocuparon, prefería que realmente hubiese sido imaginación mía y no algo que de realmente se hubiese dado, de lo contrario tendría que noquearlo delante de la joven y dudaba mucho de que la niña disfrutase de algo así, en caso de que solo fuera un intruso, pero en caso de que intentase hacer daño a la menor de la familia real le mataría sin miramientos.

Con todos los respetos princesa – me incliné un poco quedando a su altura – dudo mucho que un intruso sea alguien que intente ser amigo de su poni, lo que me temo es que intentaría haceros daño, pero no os preocupéis alteza, yo os protegeré con mi vida si es necesario. – incliné mi cabeza ante ella.

Tenía que procurar que la princesa no sufriera ningún tipo de daño y era cierto que no pensaba dejar que ella sufriera bajo ningún concepto, era algo que no me podía permitir bajo ninguna circunstancia, de fallar de aquella manera posiblemente me caerían todos los males de parte del reino de Nohr.

No podía dejar que la chica se encontrase con ese tipo (si es que realmente había alguien) pero antes de que nos pusiéramos a encontrar a ese tipo, con el cual ella estaría dispuesta a jugar si es que lo encontrásemos, además con su poni, Azuquito, que a juzgar por el nombre seguramente lo habría puesto ella.

No tardo en preguntar por mi nombre para después decirme que cuando se lo dijera seriamos los mejores amigos. Su inocencia me debilitaba el corazón, pero no podía dejarme llevar por la ternura que la joven noble me transmitía. A la vez que notaba como ella empezó a tirar de mí.

Me llamo Dräguth, señorita Elise – hice una leve reverencia de nuevo – para mi es un placer estar en su presencia, pero le pido por favor que no se tome confianzas y extreme las precauciones, si hay alguien por aquí no creo que sea por que quiera jugar con Azuquito – negué – el cuál seguro es adorable y simpático, pero sea como sea, yo la protegeré como he dicho antes y a Azuquito también si hace falta. – asentí.

La pequeña no tardo en darse la vuelta y empezar a caminar para buscar a aquel tipo, del que había sospechado, pero lo mejor sería que no hubiese nada, era algo que deseaba con todas mis ganas, de lo contrario la cosa se pondría fea. Por otro lado la chica empezó a caminar adelantándose a mi  y no tarde en seguirla de cerca para no perderla de vista.

Si había alguien allí se las tendría que ver conmigo, no dejaría que tocase a la princesa Elise, me aseguraría de la seguridad de la menor costase lo que costase.
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Mensaje por Elise Nohr el Lun Sep 04, 2017 7:04 pm

-Que aburrido…-esas fueron las palabras, en tono de decepción, que pronunció la princesa Elise cuando el joven de larga melena pelirroja le dijo que siempre mostraría sumisión a la familia real de Nohr. Era decepcionante porque era la misma respuesta de siempre. En el castillo todos los soldados se comportaban igual con ella. Lo cual en el fondo la hacía sentirse sola. Porque todos ellos jamás jugaban con ella, o la entretenían, o siquiera salían a pasear con ella. Todo porque no era apropiado para alguien de su posición actuar de manera tan cordial con la princesa.

Elise tenía esperanzas de que aquel joven pelirrojo, que no iba vestido como un soldado normal, fuera alguien distinto. Pero parecía que se equivocaba con ello. Menos mal que al menos le sonrió con el comentario del popó de caballo. La gran mayoría ni eso hacía.

Aunque la decepción de Elise pronto se convirtió en preocupación cuando el guerrero pelirrojo le comentó las verdaderas razones por las que un intruso podría haber accedido a aquel lugar.

-No… no es posible… En el castillo no hay gente mala. El castillo es seguro. No puede haber nadie malo dentro del castillo.-negó con la cabeza, pero no podía evitar sentirse intranquila ante la posibilidad abierta por el joven pelirrojo.

El castillo es seguro. Eso la repetían todos una y otra vez. Claro que lo hacían para evitar que la princesa se escapase del mismo. Hasta la princesa se daba cuenta de ello. Pero eso no quitaba de que fuera verdad. La penúltima de sus excursiones fuera del castillo le demostró, de una forma horrible y que jamás olvidará, lo oscuro que puede llegar a ser el mundo fuera de las murallas del castillo Krakenburg.

¿Pero cómo era posible que hubiera alguien malvado dentro del castillo? El castillo estaba super mega hyper vigilado 24 horas no-stop. Claro que había formas por las que Elise era capaz de escapar sin ser descubierta. Pero era usando pasadizos ultra secretísimos que sólo la familia real conocía. La idea de que un hombre malo pudiera colarse dentro del castillo para hacer daño se le hacía inconcebible a la princesa. Pero por otro lado, ingenua y confiada como era, tampoco tenía motivos para dudar de aquel hombre, quien volvía a reiterar que si había realmente un intruso, no sería para jugar con Azuquito.

-En… encantada de conocerte, Dräguth.-la voz de Elise, normalmente alegre y entusiasta, mostraba temor en aquella ocasión, asustada de que el hombre realmente pudiera tener razón. Dejó de avanzar, quedándose quieta mientras esperaba que el pelirrojo llevara la marcha, y pudiera así realmente estar a salvo.-¿Crees que puede ser… un adepto de Naga? Mi hermano Leon no para de repetirme lo peligrosos y malos que son los adeptos de Naga ¡Por Anankos! Que no sea un adepto de Naga…

Obviamente, Elise no conocía a ningún adepto de Naga. Sólo sabía de ellos por los cuentos de miedo que la contaban de pequeñita, especialmente por su hermano Leon, para asustarla. Lo que le habían contado era prácticamente que eran vagos, envidiosos, que se comían a los niños y cosas por el estilo.

-Te ayudaré a buscar. El establo no es muy grande. Pero debes prometerme que te quedarás muy cerquita de mí. No quiero que tú tampoco sufras y si alguien te hace pupita, podré curarte fácil... ¡Oh no! ¡No he traído mi vara!-Claro que no se había traído su vara curativa ¿para qué iba a traerla al establo, si sólo iba a cuidar de su caballo? Elise sólo llevaba su vara cuando iba a practicar magia, o para alguna cuestión ceremonial.-Igual sé algo de primeros auxilios. Aunque no tengo vendas… ni pociones, ni ungüentos… ¡Tengo un peine! Oh, pero creo que un peine es inútil para primeros auxilios… ¡Tú permanece cerca! ¿Vale, Dräguth?

A Elise no le hacía ninguna gracia sentirse tan impotente. Pero no quería dejar a su nuevo amigo solo contra ese peligro desconocido ¡Iba a ayudarle de una forma u otra! ¡Le gustase o no! Y una vez comprobado que todo estaba en orden ¡Serían grandes amigos! ¡Y cuidarían los dos a Azuquito! Elise volvió a adelantarse y empezó la búsqueda por el establo.
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Mensaje por Invitado el Vie Sep 08, 2017 3:00 pm

Las palabras de aburrimiento de la joven princesa ante mis palabras no hicieron mas que provocar una leve sonrisa en mis labios, debía ser algo que todo el mundo le decía, pero no era para menos, la familia real era una familia imponente y no seria agradable sentir el castigo que conllevaba no tratar como se merecía a un miembro de la familia real, como en este caso era la pequeña con coletas que tenia delante, a la cual seguramente nos separarían unos cuatro años. La suficiente edad como para tenerle el respeto suficiente y no tratarla como a una chiquilla normal.

Señorita Elise – volví a clavar mis orbes verdes sobre los de ella – no pretendo aburrirla, pero le tengo por seguro que si mi misión fuera divertirla no le faltaría diversión ni un segundo, aunque jamás me han considerado alguien demasiado divertido... – me rasqué la barbilla.

Revolví levemente su cabello, al parecer ser un miembro de la familia real de Nohr le proporcionaba mas soledad que otra cosa... ¿Cómo entrar al castillo y explicar que venias a proporcionarle compañía a la joven Elise? Además, de que podría sonar terriblemente mal y daría pie a malos entendidos. Aunque mas de uno disfrutaría que eso fuera real.

Las palabras de la chica asegurándome que nadie malo podría haber entrado me hicieron dudar, incluso desde un principio tenía dudas de haber visto a alguien realmente, pero también era cierto que si no me aseguraba y le ocurría algo a la princesa no me lo perdonaría y posiblemente seria severamente castigado... ¿Aunque quién iba a decir que me habría dado cuenta?

Tampoco estoy seguro de que haya alguien – reconocí – pero he visto algo sospechoso moverse y solo quiero descartar cualquier hipótesis de que haya algún malnacido que intente dañarla – coloqué una mano en su hombro – si hay alguno le degollaré. – dije totalmente seguro.

No cabía duda que a mi no es que me encantara precisamente la gente desalmada, aunque en ocasiones había tenido que actuar como tal, siempre con razones de peso, generalmente no mataba a alguien que debiera dinero a otra persona o simplemente por envidias o cosas por el estilo, violaciones, asesinatos, esas eran las razones que necesitaba para poder acabar con la vida de alguien y por supuesto de personas que tuvieran la suficiente capacidad mental para saber lo que hacían, tampoco iba a matar a un niño por matar a otro por accidente.

Me sorprendieron sus palabras con respecto a los adeptos de Naga, no tenia por seguro que los adeptos de Naga fuesen peores que fuesen adeptos a otra religión o simplemente sin creencia religiosa alguna como yo. No creía en ninguno en concreto a pesar de conocer su existencia.

Señorita Elise – la miré desde arriba – un adepto de Naga no es peor que cualquier otra persona de otra religión, lo que determina quien somos son nuestros actos, seguro que hay adeptos de Naga tan decentes como podéis serlo vos – la miré a los ojos – como miembro de la nobleza algún día tendréis que aprender a actuar sin prejuicios –le sonreí – soy un mercenario, me gano la vida matando gente que ha hecho cosas malas – me encogí de hombros – ¿Me convierte eso en una buena persona? Para nada – negué – sin embargo estoy aquí con vos tratando de protegeros – me eché el pelo hacia atrás – las creencias de cada uno, joven Elise, no determinan nuestra calidad humana como personas. – concluí.

No tardo en decirme que me ayudaría a buscar por el establo, sin duda la joven de la realeza era inquieta y me parecía mas bien una chica normal de la ciudad que una joven de la realeza, normalmente a esa edad las chicas nobles eran estiradas y se hacían las duras para dar una impresión mas estricta de si mismas. Debía reconocer que ese tipo de niñas me ponían de los nervios.

La rubia me aseguro que me mantuviera cerca para poder curarme en caso de que me hicieran daño, pero se dio cuenta de que no traía consigo su vara a lo cual coloqué mi mano en su hombro y negué con la cabeza dedicándole una leve sonrisa.

Por alguna razón esta chica me inspiraba ternura.

No se preocupe – negué con la cabeza – no sufriré ningún daño, de hecho, tampoco es seguro que haya nadie, así que tranquila. – le guiñé un ojo.

Aún así me mantuve a su lado para que se quedara tranquila y saqué mi espada rebuscando por el establo asegurándome de que no hubiese ningún tipo extraño ni nadie, en general, de lo contrario me vería obligado a rebanarle el pescuezo a como diera lugar, pero por suerte no encontré a nadie.

Parece que solo fue una confusión – suspiré – no parece haber nadie, siento haber asustado, su alteza Elise. – incliné la cabeza a modo de disculpa, tras envainar mi espada.

Ahora debía cumplir mi palabra y cumplir lo que ella había pedido, no acostumbraba demasiado a jugar, de hecho, hacia años que esa palabra no estaba en mi vocabulario, pero si la familia real me lo pedía debía hacerlo, no me quedaba mas remedio, además... ¿Quién se iba a enterar?

Ahora podemos hacer lo que gustes – clavé nuevamente mi mirada en la de ella – sea lo que sea que deseéis. – asentí a mis propias palabras.

Sin duda la señorita Elise era una caja de sorpresas y no sabía con que podía salirme en este momento, pero realmente, con ella había que estar preparado para cualquier cosa, podía ser tanto un cepillar a ese tal "Azuquito" como un "pilla pilla" a saber.
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Mensaje por Elise Nohr el Mar Sep 12, 2017 10:15 pm

-¿Degollar? Esto… ¿qué es degollar?-preguntó la inocente Elise cuando el mercenario sugirió el destino de cualquier posible intruso que hubiera acudido a hacer daño dentro del castillo.-¿No bastaría con castigarle en una celda en el castillo? Cuando me escapo del castillo sin permiso, eso es lo que hacen conmigo…

Aunque el mercenario pelirrojo le había dicho que no estaba seguro y que bien podría haber sido ilusiones suyas, Elise temblaba y se preocupaba de que alguien pudiera hacerles daño. Cierto era que desde que tenía memoria jamás había escuchado de que alguien se hubiera colado dentro del castillo, pero igualmente no podía evitar sentirse inquieta. Recuerdos de un evento perturbador no muy lejano corrían por su mente y temía que se pudiera volver a repetir incluso en un lugar que se suponía que estaba a salvo de todo mal.

Fue entonces cuando Dräguth le echó todo un sermón.  Todo un discurso acerca de que no debía de prejuzgar a una persona por ser adepto de Naga. Elise parpadeó los ojos un par de veces, confundida. Dudando de si aquello que había escuchado era real. Más que nada, porque era la primera vez que oía a alguien no hablando mal de los adeptos de Naga.

-Pero… pero… Desde siempre me han dicho que los adeptos de Naga son malos ¡Mas que malos, demonios! Demonios feos, que se disfrazan de hombres y que atacan sin piedad a todo el que ama y protege a nuestro querido y bonito Anankos ¡Eso es de sentido común! ¿No?-preguntó Elise confundida, pues efectivamente, le habían repetido tanto lo mala que era Naga y lo bueno que es Anankos en comparación, que para la princesa era como decir que el cielo es azul y que los pegasos vuelan. Aunque luego se dio cuenta de lo que dijo al final el mercenario y sus cejas se entrecerraron un poco.-¿Y cómo que tu trabajo es matar? ¡Matar está mal! ¡Muy mal! Aunque sean malas personas, está muy mal. Sólo se puede hacer en cosas muy super ultra extraordinarias y porque no queda otro remedio. Y con un juicio o algo así antes. Deberías avergonzarte de tener un trabajo tan feo y tonto como ese…dijo con los brazos en jarras, con la confianza de quien se cree que sabe de lo que está hablando aunque no tenga idea de nada.

Pero al final decidió ayudar a buscar al posible intruso. Ambos rastrearon el establo, con la espada desenvainada en manos de Dräguth, algo que no hacía ninguna gracia a la princesa, pero que no tuvo más remedio que conceder. Aún estaba un poco molesta por no ser capaz de ayudar de alguna otra forma en aquella situación. Se prometió a sí misma en la cabeza que la próxima vez que fuera a alimentar a Azuquito se llevaría consigo un cetro curativo, por si aquella situación se volvía a repetir.

Afortunadamente, nada se encontró en todo en el establo. Revisaron cada recoveco, cada rincón, incluso revisaron el heno por si acaso estuviera alguien oculto entre el mismo. Nada. No había nadie salvo ellos dos y los equinos. Ese lugar estaba a salvo de cualquier peligro como lo había estado siempre. Elise se sintió muchísimo mejor, suspirando aliviada. Y cualquier resquicio de temor que pudiese quedar desapareció por completo cuando Dräguth le propuso que podían jugar. Fue oír esas palabras y Elise dio varios saltos de alegría en todas direcciones.

-¿Jugar? ¡Claro que sí! ¡Adoro jugar! ¡Y tú seguro que lo adorarás también! ¡Ya verás! ¡Será muy muy divertido!-pero entonces recordó algo importante y paró de saltar de repente, casi tropezando por ello.-Ups. Pero no podemos jugar todavía ¡Primero tenemos que dar de comer a Azuquito! Y hay que terminar de peinarlo, y darle mimos. El pobre, ha estado tan solito durante tanto tiempo ¡Hay que darle cariñito! No podemos dejarlo solo. Se pondrá muy triste si me voy a jugar y me olvido de él ¡No! Primero toca cuidar a Azuquito ¡Y luego jugaremos mucho mucho! ¡Jugaremos toda la tarde! ¡Será muy guay!

Y sin perder más tiempo, cogió de la manga al mercenario pelirrojo y lo arrastró directo hacia donde aguardaba el joven potrillo de color canela, quien ya se había terminado con la avena que había dentro de la cesta y esperaba pacientemente pero con los ojos tristes la llegada de su ama.

-Perdona que te haya hecho esperar, mi querido Azuquito ¡Pero mira! ¡He traido un nuevo amigo! Se llama Dräguth, espero que seas amable con él ¡Nada de coces! ¿Entendido?-dijo Elise mientras abría la puerta de la valla y entraba junto con el mercenario, para luego recoger el peine y la cesta y dirigirse con ambos objetos hacia el pelirrojo.-Azuquito está creciendo, así que con una cesta no suele ser suficiente. Tenemos que llenarla de nuevo de avena y seguir dándole de comer, pero también hay que seguir cepillándole ¿qué prefieres? ¿Cepillar a Azuquito? ¿O ir a buscar avena y darle de comer?-preguntó amigablemente la princesa, dejando claro que ella se encargaría de la tarea que descartase Dräguth, de forma que a Azuquito no le faltase de nada. Porque Azuquito era su amigo y a sus amigos había que darles todo el amor del universo.
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[Social] Cuidando de Azuquito [Privado Dräguth] Empty Re: [Social] Cuidando de Azuquito [Privado Dräguth]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 15, 2017 12:30 pm

La inocencia de la rubia sin duda no era admirable, sobre todo por lo de pensar que encarcelar a alguien le hacía cambiar, en los tiempos que corrían y con los emergidos cuantos menos personas causaran problemas mejor y no quería pensar que Nohr se ablandaba contra persona que intentaban atentar contra la corona, por lo tanto no me quedó más remedio que encogerme de hombros y negar.

Verás pequeña princesa – me incliné un poco – lo cierto es que si hubiese alguien por aquí querría acabar con vuestra vida y eso es un delito muy grave – la miré a los ojos – y además, a mí también me juzgarían por permitir que os hicieran daño. – le tomé una de sus manos con la mía – ¿Lo entendéis? – generalmente no era tan de tocar a las personas, pero quería demostrarle de algún modo que conmigo estaría segura, en cuanto a explicarle que era degollar, no era el más adecuado para explicarle esas cosas – Creo que no soy el mejor para explicarte eso – me rasqué la nuca – quizás tus hermanos tendrían más tacto que yo… – me encogí de hombros.

Me dijo cosas respecto a Naga de los malos que eran y que eran personas horribles, parecía estar completamente convencida, esto dejaba a las claras que una mente joven era moldeable y lo estaban haciendo con las creencias de la pequeña, no eran todos malos ni todos buenos, pero volver a explicarle lo mismo sería absurdo, en ese sentido al menos, ya lo había intentado así que solté un suspiro, no la haría cambiar de opinión seguramente y si lo hiciera seguramente le volverían a inculcar lo mismo, esa batalla estaba perdida por mi parte.

Solo mato a gente mala – asentí con la cabeza – y ya te digo que no es algo bonito pero… ¿Cómo voy a perdonar la vida a alguien que ha hecho cosas muy malas a niños o ha matado a otra personas? Nunca he matado a un ladrón ni alguien que le ha dicho algo malo a otro, ni siquiera personas que han pegado a otras, solamente me encargo de casos de gente verdaderamente mala. – la miré a los ojos. – Y créeme, no me siento orgulloso de tener ese trabajo. – le reconocí.

Cuando se hubo descartado que hubiese nadie por allí le dije que podríamos jugar cuando quisiera, aunque desde luego yo no era un fan de los juegos, pero quién sabe si conocer a la princesa Elise más a fondo podía ser interesante y además, hacía tiempo que mi mente no se alejaba del trabajo. Quizás despejarme con la pequeña venía bien.

Antes de jugar me dijo que debíamos cuidar y mimar a Azuquito. Sin duda alguna me lo esperaba, pero bueno, no me importaba tampoco tener que hacer eso primero, después de todo era el caballo mas mimado de todo el reino, estaba completamente seguro, ese caballo seguramente recibía mas caprichos que los propios hermanos de Nohr.

Me ofreció cepillarlo o ir a buscar mas avena, no sabía nada de cepillar animales, así que opté por buscar mas avena para rellenársela al animal, el cual con un gesto le dije que yo buscaría la comida del animal.
No tardé en regresar con ella y  colocándola en el cubo donde el animal comía para luego mirar como la pequeña Elise cepillaba al animal, desde luego le gustaba mimar a ese pequeño, seguro que cuando era más pequeña también la mimaban demasiado, como no cabría esperar otra cosa, incluso era posible que todavía la siguiesen mimando.

Me quedé en cuclillas observando la sonrisa de la pequeña de la familia real Nohriana, era demasiado adorable, incluso me daban ganas de tirarle un poco de las mejillas, pero no, yo no podía hacer eso, tenía mi propia reputación, aunque en ocasiones las personas adorables como ella me hacían pensar cosas en las que no debía pensar.

Dígame princesa Elise – la miré desde mi posición – ¿Cuáles son tus juegos favoritos? – pregunté curioso. Sobre todo por saber que podía esperar de la pequeña.

Por otro lado esperaba no arrepentirme de quedarme demasiado tiempo, aunque bueno, la familia real en cualquier lugar donde fueses siempre tenía preferencia, así que en este caso también la tenía.
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Mensaje por Elise Nohr el Jue Sep 21, 2017 10:40 pm

Mientras Dräguth se iba a llenar la cesta de avena, Elise pensó en las palabras que le había dicho el mercenario antes de separarse. En como el trabajo de ese hombre consistía en matar a gente muy mala que había hecho cosas muy muy malas. La princesa estaba un poco deprimida, sabía de la existencia de esa gente mala malísima. Ella misma tuvo un encuentro muy desafortunado que terminó en una pira que jamás podría olvidar ni aunque pasasen mil años. Aun así, también sentía que aquello estaba mal. Que matar no podía ser la solución, que debía de haber otra forma para detener a los malos muy malos ¿Pero qué podía saber ella? Esas cosas siempre se encargaban sus hermanos mayores, era demasiado complicado para ella ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¡Con lo fácil que es ser feliz y hacer felices a los demás!

Azuquito entonces soltó un relincho que sorprendió a la princesa, quien retrocedió un paso, pero enseguida comprendió lo que pasaba y volvió a dar un paso adelante para abrazar al caballito.

-Me notas tristona ¿verdad, Azuquito? Tú siempre has sabido cómo me siento ¡Seguro que es magia! ¡Seguro que eres un caballo mágico super especial!-obviamente no hay aquí magia alguna, y Azuquito es un caballo normal, pero no le estropeemos la ilusión a la princesita.-¡Te quiero tantísimo, Azuquito! ¡Tanto como a mis hermanos! Y eso que a mis hermanos los quiero mucho mucho muchisísimo.

El caballo volvió a relinchar, pero más suavemente, y la princesa interpretó que le estaba dando la razón, así que apretó con más fuerza el abrazo, que sostuvo un par de segundos más hasta que éstos empezaron a cansarse y decidió volver a la faena del cepillado.

El guerrero pelirrojo volvió y colocó la avena delante de Azuquito, que no dudó en volver a meter la cabeza dentro y empezar a devorar su contenido con ahínco.

-Come despacio, Azuquito. Que si no luego te puede sentar mal…-le regañó la princesa al podenco, al igual que muchas veces la habían regañado en la mesa en el pasado por sucesos similares.

Fue en ese momento que Dräguth le preguntó por sus juegos favoritos. Elise se detuvo un rato para pensar ¡Había tantos juegos!

-Me gusta jugar al pilla-pilla, al escondite, a las cuatro esquinas, al escondite nohrio*, a la pelota, saltar a la comba, a las muñecas, a las cartas, a papás y mamás, a hacer carreras corriendo normal, de espaldas o a la pata cosa, a ponerle la cola al wyvern**, a hacer figuritas de sombra con las manos, a peleas de pulgares, a dibujar y pintar, a recoger flores, a bailar, a dar muchas vueltas y luego intentar caminar recto, a la Rayita de Akaneia***, a las canicas, a hacer muñecos de arcilla, a hacerlos con nieve, a disfrazarme ¡me encanta disfrazarme! ¡Ah, y me encanta hacer coronas de flores para ponerme en la cabeza! Aunque hace poco que aprendí ¡Pero me gusta mucho! Y luego hay muchos, muchos más juegos que me encantan…-dijo Elise mientras trataba de hacer memoria para añadir unos cuantos más a la lista que acababa de mencionar, aunque a los pocos segundos bajó la cabeza un tanto deprimida, algo que notó Azuquito soltando otro relincho suave,-Lo malo es que casi nunca tengo con quien jugar. Y jugar sola es tan aburrido. Da igual cuantos juegos se te ocurran, ninguno vale si no tienes con quien jugar. Pero nadie del castillo quiere jugar conmigo, salvo mis hermanos… ¡Y ellos están tan ocupados! Los echo mucho de menos…

Elise oyó relinchar de nuevo a Azuquito y volvió a mostrar una sonrisa alegre. Adoraba a su caballo, cada vez que se sentía sola o desanimada, Azuquito siempre le levantaba la moral. Era una de las razones por la que le encantaba encargarse personalmente del joven animal ¡Lo había echado tanto de menos! Pero cuidado, hoy no estaban solos ellos dos, tenían a un invitado más. Y no había que dejar de lado a ese invitado. Mientras Elise terminaba de cepillar a Azuquito, volvió su rostro a Dräguth, ya con una sonrisa de mil soles en su cara.

-¿Y tú Dräguth? ¿Cuál es tu juego favorito? ¡Podemos jugar al que prefieras! Eso sí, tiene que ser un juego en que Azuquito también pueda jugar. Hoy es el día de mi querido Azuquito y no voy a dejarlo apartado ¿entendido?-Elise quería compensar al podenco los días que no había podido bajar a visitarlo por estar castigada, y la mejor forma que se le ocurría, después de alimentarlo y peinarlo, era pasar la tarde jugando con él ¡y además con un nuevo amigo! ¡Aquella tarde estaba siendo maravillosa!

OFF: Vocabulario Time!
*Escondite nohrio = Escondite inglés
**Ponerle la cola al Wyvern = Ponerle la cola al burro
***Rayita de Akaneia = Rayuela
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Cleric

Cargo :
Princesa de Nohr

Autoridad :
★ ★ ★ ★

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Báculo de Heal [2]
Vulnerary [3]
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Support :
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Mensaje por Invitado el Sáb Sep 30, 2017 1:50 pm

No tardé en regresar con la cesta llena de avena para aquel poni que estaba bastante bien cuidado, señora que la pequeña princesa ponía mucho empeño en cuidarlo y también los encargados del castillo hicieran lo posible para que el animal estuviera lo mas cómodo y a gusto posible, comprensible en parte, cuando ella consideraría a Azuquito como su mascota o su amigo, viese como se viese, provocaba que la figura de la cuarta soberana (en caso de que a sus hermanos les sucediese algo) de Nohr fuese adorable.

No pude evitar escuchar las palabras que la pequeña le dijo a Azuquito… ¿Tristona? ¿Por qué estaría tristona una joven que podía tener todo lo que deseaba? Quizás era verdad que por muchas cosas materiales que tuviese, no era lo mismo que estar con amigos o amigas de su edad con los que poder divertirse. Empezaba a comprenderla en parte, yo también había estado muy solo de joven. No siempre, pero en muchas ocasiones.

No tardo en decirle a Azuquito que comiera despacio para que la comida le sentase mal. No creía que el animal tuviera ese tipo de problemas con la comida como los humanos, al contrario que nosotros, que a veces comíamos más por ansía que por tener hambre realmente, algo de lo que deberíamos aprender de los animales. A no ser avariciosos.

Cuando le pregunté por sus juegos favoritos la pequeña no tardo en responder, diciéndome una enorme cantidad de juegos, de los cuales había jugado a muchos en mi etapa infantil y que seguramente los niños seguían jugando, esos eran juegos de los que se podían jugar en la calle con muchos más. Por eso se seguía jugando a esas cosas.

Me contó que los malo era que casi siempre tenía que jugar solo, porque nadie del castillo quería (y seguramente tampoco podían) jugar con ella y solo sus hermanos lo hacían, aunque obviamente debían cumplir sus funciones como representantes del gobierno de Nohr, a pesar de que de vez en cuando pudieran jugar con ella, aunque fuera un ratito, un rato que seguro que la joven agradecía.

Entonces me preguntó por mis juegos favoritos, no los recordaba, había jugado a casi todos ellos, menos a papás y mamás, por una simple razón, no había jugado con muchas niñas a lo largo de mi vida, no por nada, por la zona en la que vivía la mayoría de parejas y matrimonios tenían hijos y las niñas que habían cerca se iban por su cuenta.

- Pues creo que he jugados a casi todos ellos – me rasque la barbilla pensativo – siempre me he preguntado cómo sería jugar a papás y mamás. – dije pensativo ¿Cómo se jugaba a eso? ¿Era una competición para ver quién era mejor? ¿Papá o mamá? En mi familia habría ganado mamá, por que el hombre que se hacía llamar “Padre” era un desgraciado.

No me importaba jugar a cualquier cosa… ¿Cómo podría el pobre Azquito jugar a algo de los que ella había dicho era difícil? ¿Quizás podía hacer de juez? ¿Pero que tonterías estaba pensando? ¿Cómo iba a juzgar algo un pequeño poni? Estaba empezando a delirar, aunque con la imaginación contagiosa de la chica era imposible no pensar en ciertas cosas que normalmente no pensaría.

¿Cómo es eso de papás y mamás? ¿Cómo se juega? – pregunté con curiosidad alzando una ceja.

Me preguntaba muchas veces muchas cosas y nunca había tenido la oportunidad de pensar en juegos de niños, no es que fuese algo importante, pero el juego de papás y mamás nunca lo había jugado y tampoco lo había visto jugar y para colmo mi padre y mi madre no actuaban como una verdadera familia de verdad.

No he jugado nunca a eso – me rasqué la nuca – y tampoco lo he visto a jugar, de hecho solo lo conocía de oídas y creo que tú serias una buena instructora. – le sonreí levemente, poniendo una mano en la cabeza.

¿Quién me iba a decir a mí que iba a terminar hablando de juegos con alguien de la realeza Nohria? La persona más adorable de la realeza Nohria, todo había que decirlo.

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Mensaje por Elise Nohr el Lun Oct 09, 2017 5:10 pm

-¿Cómo? ¿Qué nunca has jugado a papás y mamás? ¡Pero si es un juego super famoso! Es muy raro que hayas jugado a todos menos a ese…-masculló sorprendida la princesa, ante la ignorancia de Dräguth.

Claro que la pobre princesa no entendía que ese juego era famoso sólo entre las niñas. Porque nunca había tenido oportunidad de jugar con otros niños o niñas, salvo sus hermanos. Pero bueno, el pobre hombre quería saber cómo se jugaba ¡Tocaba instruirla!

-Oh, es un juego muy fácil. Tú eres papá, yo soy mamá y Azuquito es nuestro hijito lindo al que tenemos que cuidar y mimar ¿A qué es fácil?-exclamó alegremente Elise mientras abrazaba otra vez a su dulce y joven caballo.

Claro que eso no bastaba. Elise soltó a Azuquito y se dirigió a Dräguth y le miró de arriba abajo, como si por primera vez se plantease si podía confiar en él, si podía estar segura a su lado. Al final pareció decidir que sí, porque habló con una gran sonrisa en su rostro.

-Eso sí ¡No vale cualquier papá o cualquier mamá! Tienen que ser papás y mamás de los que siempre quieren a sus hijos, de los que nunca se separan de ellos, siempre los cuidan, los quieren, juegan con ellos y les dan besitos, les dan de cenar, y les acuestan contándoles un cuento por las noches ¡Otros tipos de papás y mamás no valen!

Elise titubeó un poco al final. Después de todo, así eran los papás y mamás que siempre había interpretado al jugar, pero no tenían nada que ver con su papá y su mamá real. Su papá es un hombre que da mucho miedo, que no le había dirigido una palabra bonita nunca y que siempre parecía enfadado y dispuesto a castigarla sólo por respirar. Y en cuanto a su madre…

Su madre murió hacía años ya. Elise la recordaba tirada en su cama, enferma, gritando en estado febril el nombre de Garon, su marido, el rey. Elise estaba a su lado, pero su madre no la miró ni una sola vez. No mencionó su nombre. Elise estaba al lado, pero no existía para su madre. Sólo era un instrumento para acercarse a su padre. Nunca había existido para ella.

Azuquito soltó un relincho que sobresaltó a la princesa. Elise entonces se dio cuenta, se había ensimismado en aquel doloroso recuerdo y una lágrima había descendido por su ojo derecho. La princesa se rio como quitándole importancia a la cosa.

-Oh vaya, estoy tan emocionada de encontrar un compañero de juegos que hasta he llorado un poco y todo ¡Qué tonta, je je!-volvió a reír mientras se quitaba la lágrima de la cara con una manga. Luego empezó a ponerle las riendas a Azuquito.-Bueno, como ya le hemos dado de comer, ahora vamos a dar un paseo con Azuquito por el patio, acompañándole como sus buenos papis que somos y luego lo traeremos aquí para ponerle una mantita y contarle un cuento para que se duerma ¿te sabes buenos cuentos para caballos, Dräguth?-preguntó inocentemente Elise, quien tenía que reconocer que no se sabía ninguno.-Tenemos que demostrar que queremos mucho a nuestro Azuquito ¡Porque ahora es nuestro queridísimo hijito! ¡En eso consiste jugar a papás y mamás!

Una vez puesta las riendas, Elise cogió a Azuquito de las mismas para guiarlo fuera de la valla y empezar a caminar fuera del recinto hacia el patio, donde el caballo podría estirar las piernas y moverse un poco. Mientras tanto, miraba al resto de caballos que estaban ahí encerrados, comiendo plácidamente o durmiendo, separados los unos de los otros. La vida de un caballo debía de ser tan aburrida… ¡Pero no la de Azuquito! Azuquito era especial, era su caballo, y sólo por eso le daría todo el amor que pudiera recibir y más para que fuera el caballo más feliz del mundo.

Sin embargo, aunque el relincho de Azuquito la había distraído, no pudo evitar preguntarle a Dräguth sobre el tema que la estaba aún carcomiendo.

-Porque todos los papás son así ¿Verdad? Todos los papás y los mamás son buenos y quieren muchísimo a sus hijos, ¿verdad?-preguntó con la voz un poco entrecortada la princesa.-¿Entonces por qué yo…?-“¿Entonces por qué yo no los tengo?” quiso preguntar en voz alta, pero la voz no le salió al final. En vez de eso, y temiendo otro relincho de Azuquito, sonrió y preguntó.-¿Cómo eran tu papá y tu mamá, Dräguth? ¿Eran tan buenos como nosotros dos con Azuquito?
Afiliación :
- NOHR -

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Cleric

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Princesa de Nohr

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Mensaje por Eliwood el Dom Feb 18, 2018 5:49 pm

Tema cerrado. 50G a Elise.

+1 EXP a Elise.
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Great Lord

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Marqués de Pherae

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