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[Social] ¡Esas palomas insolentes no se van a comer mi pan! [Priv. Karandra]

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[Social] ¡Esas palomas insolentes no se van a comer mi pan! [Priv. Karandra]

Mensaje por Taelan el Lun Ago 21, 2017 7:14 pm

Acababa de llegar a Lycia y estaba encaminándome hacia el poblado donde nos habíamos instalado cuando tuvimos que huir de Bern para visitar a mi madre y hermanos que hace tiempo que no los veía y lo último que sabía era una nota bastante preocupante que me había llegado una noche a manos… patas? de Noi, el querido murciélago mascota de mi madre. Pero antes de siquiera acercarme otra nota llegó esta vez gracias a una regordeta paloma. Animal que casi espanto antes de darme cuenta de la nota que traía, al verla peligrosamente interesada en mis preciosos panecillos que había horneado esa mañana para que me hicieran compañía en lo monótono del viaje e iba picando de vez en cuando para mantener mi estómago ocupado y no sentir la necesidad de hacer más pausas para almorzar, merendar o cenar.

La pequeña carta decía que mi madre había tomado a mis hermanos y abandonando la panadería de Lycia que había sido nuestro hogar por un buen tiempo, para irse de viaje rumbo a Illia... ¿Illia? ¡Acababa de volver de allí! Y encima me había apresurado en regresar haciendo del viaje tedioso y aburrido, sin compañía y sin descanso en la mayoría del trayecto.
Suspiré resignado mientras tiraba de las riendas indicándole a Flancito que diera media vuelta, para volver por el mismo camino por el que venía.
En Illia hacía un frío que helaba… pero…pensándolo del lado bueno, tal vez podría pasar por cierta biblioteca y saludar a cierto bibliotecario con la excusa de ir a buscar más recetas.

Pasaron meses hasta que llegué a Illia y tuve el dilema de que no sabía por dónde empezar a buscar, aunque preguntando por aquí o por allá a viajeros y en las tabernas de los pueblos que quedaban de camino no me fue difícil guiarme. Como si la excentricidad de mi madre y sus animales pudiera pasar desapercibida... Así que si mis cálculos no fallaban, si lo que la dulce posadera de la última taberna en la que me hospedé decía eran noticias tan frescas como afirmaba y si no ocurría ningún contratiempo en el camino, en dos días, tres como mucho, ya podría al fin alcanzar la caravana de mi madre y reencontrarme con mi familia que hacía tanto no veía y sí, los extrañaba.

Pasaron dos días sin novedades pero era de esperarse ya que era un camino recto sin intervenciones y llegué al próximo poblado al anochecer. Estaba convencido de que allí los encontraría pero era demasiado tarde como para comenzar la búsqueda por más pequeño que fuera el pueblo, así que fui directo a una posada a pedir un lugar en el establo para mi carreta y mi caballo y un cuarto para pasar la noche. Hice un intento por preguntar algo al posadero que me atendió a esas horas pero cansado como estaba el hombre sólo llegué a sacarle un “no sé nada” malhumorado.

Al amanecer siguiente, dejé la posada decidido a seguir mi rutina, buscar un hueco en la plaza central donde dejar mi carreta y abrir mi puesto de panes. Por lo que había escuchado mi madre iba haciendo espectáculos con sus animales así que seguramente se pasara por allí en algún momento y si iba a esperar ¿Qué mejor que hacerlo mientras le sacaba provecho al tiempo y además podía atentar a quitarle algo de información a mis clientes?

Cerca del mediodía, mientras atendía tranquilo a mi negocio fue que una paloma que me resultó familiar apareció cerca de mi puesto, allí en el suelo a algunos metros. Estaba ocupado con los clientes así que poca fue la atención que le presté y pude haberla olvidado de no ser que poco después volvió a aparecer en mi campo de visión… Más cerca. De nuevo, estaba ocupado así que solo llegué a hacerle una mueca de advertencia involuntaria antes de seguir atendiendo al hombre que pedía por mi pan. Y otra vez. Me di vuelta luego de quitar una nueva tanda del horno improvisado que tenía allí al fondo de mi carreta y ¡Estaba arriba de mi mostrador! O mejor dicho la tabla que hacía de. Dejé apresurado la bandeja de pan recién horneado para espantarla, veía sus descaradas intenciones en sus ojos, ¡Estaba allí por mi pan!

- Shu, ¡Shu! - Pero al espantar a aquella ave regordeta con una sacudida de mi repasador, otra se posó del otro lado del mostrador al lado de las panecillos recién horneados. - Shu shu shushushu! - Los salvé a tiempo pero ahora había cuatro de esas criaturas emplumadas amenazando a mis queridas creaciones. La idea de tener que sacrificar uno de mis preciosos panes para salvar el resto de ellos me dolía en lo más profundo de mi orgullo de panadero.

Era la primera vez que algo así me pasaba ¡Tanta insistencia por parte de aquellas criaturas! Estaba seguro que mi madre sabría que hacer al respecto, siempre tenía esa especie de toque mágico con los animales pero yo no tenía otra opción que…. Tomar uno de mis preciados panecillos y… y… romperlo en trocitos para alimentar a esas malditas alimañas… Pero no llegué a hacerlo. No, no podía.
- ¡Shu! ¡Fuera! - Con la pieza elegida para el sacrificio aún sana y a salvo en mis manos volví a intentar en vano espantar a mis enemigos.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Villager

Cargo :
Panadero

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [4]
Elixir [1]
Gota de Veneno [3]
Vulnerary [2]
Dagas de bronce [1]
.

Support :
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Especialización :
-

Experiencia :

Gold :
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Re: [Social] ¡Esas palomas insolentes no se van a comer mi pan! [Priv. Karandra]

Mensaje por Karandra el Dom Sep 10, 2017 4:42 pm

Había realizado muchos viajes con aquella caravana, con sus animales y sus hijos dentro, no le gustaba quedarse en el mismo sitio durante mucho tiempo por lo que siempre iba moviéndose, de pueblo en pueblo, gracias a sus espectáculos había ido consiguiendo dinero para alimentar a sus hijos y los animales y no solo eso, sus espectáculos le habían traído trabajos esporádicos de doma en algunos pueblos, de personas que la habían visto realizar todos sus trucos y que se habían interesado en sus habilidades. La dama, sin embargo, sentía algún pesar en su interior, aunque tenía a la mayoría de sus hijos junto a ella, no estaban todos, se preocupaba por Taelan tanto como por sus otros hijos, era el mayor, pero eso no quitaba que fuera su hijo...le había dejado viajar con sus panes, realizar su propio negocio, después de todo los polluelos siempre salen volando del nido.

Aun así, la mujer siempre que podía le mandaba a sus animales con noticias, las ultimas noticias que le había mandado habían sido el abandono de la casa en la que anteriormente vivían y su llegada a Ilia, no le explico del todo lo que había ocurrido en Lycia, tampoco quería preocupar de más a su hijo, ella era fuerte para soportar todo aquello y cuidarlos. Esperaba encontrarse en algún momento con su hijo...al que echaba mucho de menos, no era el único al que echaba de menos, pero encontrar a Varok ya lo daba por caso perdido...al menos le quedaba el consuelo de sus hijos, por eso quería que estuvieran juntos otra vez.

Cada pueblo era distinto, en realidad no le gustaba mucho el clima de Ilia, demasiado frío para ella y para alguno de sus animales, que necesitaban cuidados de más en zonas así por lo que esperaba salir de allí en algún momento, siempre que se encontrará con su hijo.

-Ya veréis, pronto volveremos a ver a Taelan, lo grande y guapo que tiene que estar ya...seguro que habrá vivido muchas aventuras el solo.-

Siempre se había sentido muy orgullosa de su pequeño panadero, de todo lo que había aprendido de ella, aunque ninguno de sus hijos tenía tanta afinidad con los animales como ella, su hijo al menos había heredado su mano con la comida. Aquel sería el ultimo pueblo donde e quedarían, después de tantos pueblos sin ver a su hijo, esperaba verlo en aquel, tenía la esperanza de encontrarlo.

Tras descansar en las afueras del pueblo con su caravana y empezar la mañana decidió salir, no iba a realizar ningún espectáculo demasiado grande por lo que no necesitaría llevar la caravana hasta el centro del pueblo, en su lugar llevo solo a la regordeta paloma que había llegado de vuelta hacía un tiempo, su mensajera predilecta. Entonces recordó una vieja nana que solía cantarle a sus hijos para dormir y después de ver que la paloma se alejaba de ella empezó a cantar.

-Es el viento, Silba y silba el viento...suaves susurros suenan en el silencio. Sueña la luna con los suaves suaves susurros desde su cuna~-

Mientras canturreaba aquella canción giró su rostro un momento para ver como su paloma había atraído a varias amigas al negocio de alguien por lo que se acerco fijándose entonces en aquel caballo y después en el joven que parecía intentar echar a aquellos pájaros. Rió divertida y muy alegre, era su hijo, allí estaba, no podía evitar sentir la emoción del momento. Sin importarle mucho empezó a caminar hacía el joven, abrazándolo con fuerza, las palomas por su parte se alejaron del puesto, todas salvo la suya que se poso en el hombro de aquella dama. Lo abrazaba con mucha fuerza, como si se le fuera a escapar...tenía tantas cosas que contarle, tanto...

-Hijo mio...mi niño...

Acariciaba sus cabellos, suspirando aliviada al encontrarlo sonriendo con amplitud, por fin volvían a estar juntos.
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