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[Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

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[Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 17, 2017 3:52 pm

El rostro de Edgar Levallois había mutado desde la última vez que su hijo le vio. Una enorme cicatriz cruzaba su cara desde el extremo izquierdo de la frente hasta la mejilla derecha, surcando el espacio exacto entre sus dos pequeños ojos de color azul. Su melena lacia y voluminosa, antaño negra como la noche, se había convertido en una maraña de pelo gris desaliñado, y las arrugas de su cara se habían vuelto tan pronunciadas que ni siquiera la espesa barba mal recortada lograba esconderlas. Era una sombra del pasado, un cuadro mal pintado del hombre que una vez fue. Y es que él no siempre fue así, por supuesto. Hace tan sólo dos años, cuando marchó en busca de la liberación de Lycia, Edgar era todavía un Lord de porte imponente y portentoso, un veterano que no había llegado a conocer el castigo de la vejez pese a los cincuenta y seis años que atesoraba a sus espaldas. La guerra no había sido la principal artífice de esta transformación, pues aunque mostraba diversas heridas de guerra, era su maltrecho estado, agonizante, lo que le impedía volver a ser el de siempre.

Ancelot observaba en solemne silencio la moribunda presencia de su progenitor, cuyo cuerpo se postraba en el lecho del mismo modo que todos los hombres que mueren tras sus padecimientos. La enfermedad había invadido con violencia a su padre, tal y como una colonia de hormigas asedia una manzana podrida. El doliente Lord, aún consciente pero maltrecho, respiraba de forma sonora y entrecortada, lentamente, adormecido por un ritmo cardiaco preocupante. Logró desviar la mirada hacia un lado y diferenció a su hijo al pie de la cama, suntuoso como de costumbre, y enarcó una sonrisa torcida que el dolor convirtió en una simple curva sin sentido.

Ancelot, hijo mío —masculló con voz tomada, entendible pese a todo dada la ausencia de ruido—. Mírate. Te has convertido en todo un hombre.

El joven mantuvo la compostura sin variar el gesto ni derramar una sola lágrima. Algo dentro de él le decía que no debía llorar, que el hecho de saber que su padre no viviría mucho más tiempo no debía hacerle débil, sino fuerte. Aquel pensamiento dotó su faz de una expresión indolente, fría como las noches de invierno. El heredero se acercó un paso a la cama y tomó sitio en el taburete que normalmente solía ocupar cuando iba a verle. Al sentarse, pudo distinguir aquellos rasgos fatales desde más cerca. Su padre era un hombre al que ya nadie podía salvar.

No digas cosas que no piensas —rogó Ancelot sin aparente desazón, neutro—. Aún me miras como si fuese ese niño que necesitas proteger.

El viejo hombre tosió, tambaleándose sobre el colchón y haciendo que la cama crujiese preocupantemente. Cuando se recompuso, guardó un silencio tan largo que hasta pareció haberse olvidado de lo que quería decir. Pero no; no lo hizo.

Sigues molesto conmigo —dedujo, sin apartar la mirada del joven—. Nunca vas a perdonar que no te permitiese venir conmigo a Lycia.

Ancelot no contestó, y su silencio fue la afirmación más rotunda que su padre había escuchado en mucho tiempo. El hombre extendió entonces la mano hasta el muchacho, esperando que éste la tomara, y finalmente lo consiguió. Cuando sus dedos se entrelazaban, Edgar apretó fuertemente, como si no deseara desprenderse de aquella presencia nunca.

Confío en ti y en tu liderazgo más que en el mío propio, Ancelot —declaró con toda la sinceridad que pudo. Si algo lamentaba aquel hombre de verdad era sin duda saber que había decepcionado a su siempre ejemplar hijo—. Sé que si alguien puede devolver la grandeza a los Levallois, ese eres tú.

Ancelot negó, retirando las manos que su padre apresaba tan fervientemente. Aunque no llegó a alzar la voz, su tono se elevó un poco más que antes. Una impotencia indescriptible reptaba ahora por sus huesos y le hacía sentir inadecuado.

¿Entonces por qué me dejaste en Bern? ¿Por qué no me llevaste contigo? —protestó, apaciguando su dolor como mejor pudo—. ¿No estoy lo suficientemente preparado para ti?

Edgar se ladeó ligeramente sobre la cama, y sus ojos quedaron mirando al techo de aquella estancia que les refugiaba. Cuando recayó de nuevo en su hijo, una profunda pena había invadido su expresión.

En la paz, los hijos entierran a sus padres. Sin embargo, en la guerra, son los padres quienes entierran a sus hijos —explicó, captando la atención del joven Levallois, que no pudo evitar abrir los ojos lentamente ante sus declaraciones—. Ningún hombre debería ver morir a su hijo, Ancelot. Ninguno.


[ . . . ]


Mi señor —una voz intervino de repente—. Mi señor —repitió.

Ancelot despertó de su trance gracias a la llamada de aquel soldado. Se encontraba sentado en el improvisado escritorio que habían montado en aquel campamento, resguardado por una inmensa lona que le cubría del exterior. Desde que no tenía hogar, tanto él como la decena de hombres que le habían seguido desde Bern se dedicaban a viajar y a resguardarse en pequeños campamentos como aquel, los cuales ellos mismos formaban. La entrada, plegada y custodiada por dos guardias, filtraba la luz del sol y dejaba ver que hacía un día espléndido ahí afuera. El heredero Levallois miró al soldado sin decir nada referente a su abstracción, así que éste, una vez comprobó que había ganado su atención, inclinó la cabeza para dirigirse a él con respeto.

Hemos enviado el mensaje a Pherae, mi señor. Lord Edgar ya debe conocerlo.

El joven espadachín asintió y se disculpó con un gesto por la poca atención prestada al principio. Llevaba varios días pensando en aquel encuentro con su padre, y por alguna razón, no conseguía sacarse sus palabras de la cabeza.

Ya veo. Gracias por avisar —se puso en pie y comenzó a caminar hacia el exterior. Aquel hombre que le había informado siguió sus pasos justo detrás de él, pues sabía que si Ancelot abandonaba la tienda, no era decoroso que alguien como él se quedara dentro, a solas. Cuando salieron al exterior, una llanura verde y radiante, colindante a un espeso bosque que se dibujaba en la lejanía, les saludó. El joven lord echó un vistazo a todos lados, pero no halló lo que buscaba—. ¿Sabes dónde está Ethan?

Llevo un rato sin verle, mi señor. Pero, conociéndole, no andará muy lejos.

Búscale —imperó entonces, aunque lo hizo sin demasiada rudeza—. Cuando le veas, dile que hoy me siento oxidado. Él lo entenderá.

El soldado se inclinó de modo marcial justo antes de retirarse, asintiendo a su lord con absoluta obediencia. Ancelot se recreó mirando al resto de sus hombres desde aquella posición, en silencio, mientras ellos practicaban movimientos con la espada y disparaban con el arco a unos muñecos de madera y paja. El campamento estaba completo y sus soldados no perdían el tiempo: en vez de descansar, habían decidido entrenar un poco. Una leve sonrisa se formó en sus labios entonces.
Por mucho que Ethan pudiese tardar en aparecer, la espera se le haría más amena observando la vitalidad con la que trabajaban sus adeptos.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 18, 2017 9:41 am

El suelo se estremeció y en él brotaron las negras grietas del odio. Se esparcieron bajo su madre con el mismo patrón de sus arrugas, dulces y precisas. Ella alzó la mano para alcanzar a su hijo, el mediano, pero su aliento hacía tiempo que le había abandonado. Las llamas lamieron las cortinas, Ethan podía ver las estrellas titilando al otro lado, hacía frío. Sentía el helor del miedo anidando bajo sus uñas. La habitación ardía a su alrededor: la silla del comedor crepitaba con el bordado de flor de lis que tanto había tenido que remendar, el enmarcado rostro de su padre se había teñido de candente horror y ahora lucía destrucción en una pared que ya no era su pared, incluso la platería, inclemente, salpicaba el pecho carmesí de su hermano Liam. Ese no era su hogar, su amado refugio.

Ethan movió lo que le pareció el mundo, y con su colosal esfuerzo, sólo consiguió avanzar un paso. El angosto dibujo prosperó con él. La única ventana que permanecía intacta feneció con una nueva flecha, que impactó en la ya calcinada cena casera. Se llevó la mano al cuello, no podía respirar. ¿Qué había pasado? Estaban hablando sobre la promoción de Cole, disfrutando del venado de su madre, ¿No? Liam no contestaba, es normal, es el callado de la familia. Prefiere los números y los libros, pero está bien. Padre lo decía. Recibiría una flecha por él si hacía falta. Y había cumplido su palabra. Cayó de rodillas sobre la quebrada espada de bronce y gritó. Una gran boca negra se abrió a los pies de su madre y se tragó su vida.

Sabía que la gente hablaba a su alrededor, que Cole luchaba fuera con los emergidos y que un centenar de gritos rasgaba la noche, pero para él se instauró el silencio. Había visto mover los labios de su madre en continuo desazón, en calma y en furia, en desconcierto. Sin embargo, las últimas palabras de ella le habían dejado sordo, insensible a los horrores de la noche.

- Debías haberlos salvado...


[...]


El árbol se zarandeó de nuevo, con violencia, provocando que la rama en la que dormía basculara y le hiciera caer sobre un carro lleno de paja. Ethan se estiró con estudiada tranquilidad, sin levantarse del revoltijo amarillento. Alguien balbuceaba sobre lores y mensajes importantes, pero no le interesaba. Se dio la vuelta con la esperanza de repetir esa noche, de salvarlos esta vez, de hacerlo bien. Tenía que protegerlos a todos, hacer algo diferente.

El carromato se movía con él montado, era consciente, pero subir de nuevo a un árbol donde las lanzas no pudieran alcanzarle era demasiado esfuerzo. Cuando se hubo acomodado notó una esfera caliente junto a su mano, la alcanzó y la estrechó con su diestra. Era fibrosa, con un masa suave pero no viscosa, era... La soltó electrificado y se puso en pie, casi perdiendo el equilibrio con el traqueteo del remolque. Los soldados reían a su alrededor, aparentaban ser hasta humanos cuando su Señor no estaba cerca.

- ¿No podíais haber quitado el estiércol? - Las risas se hicieron más sonoras y alegres, nadie pensaría que estábamos en guerra. Las pequeñas alegrías no parecían tener cabida en ella. - Con sólo nombrar mi nombre hubiese acudido raudo.

Hizo una mueca de asco y agitó la mano profanada en el aire.

- Te hemos llamado. - Contestó el más joven, el menos consciente de su posición. Posiblemente el que pagaría esta sucia broma. - Te hemos tirado manzanas. Hemos intentado subir para recogerte. Dylan hasta sugirió ensartarte con una jabalina. Al final decidimos que un ariete y un carromato funcionarían.

Ethan miró con severidad al aludido, se había apresurado a decidir un objetivo. Saltó del carro y se acercó al soldado, el único que había cesado sus carcajadas. Ethan sonrió de medio lado y se limpió la mano en su armadura, con dedicación y placer a partes iguales. Esperó que reaccionara de forma exagerada, al fin y al cabo, solían tener ese tipo de tiranteces de forma amistosa. Pero su ecuanimidad le crispó, estaba serio, como cuando posaba ante su Lord.

- Oh, mierda. - Nunca mejor dicho. Se maldijo en silencio. - ¿Lo tengo detrás?

Dylan carraspeó, claramente incómodo ante el olor que ahora desprendía.

- Mi Señor. Lo hemos traído como habíais pedido.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 18, 2017 2:43 pm

Cuando todavía era un simple niño, a Ancelot le aterraba el estremecedor chirrido del metal. Lo oía vibrar en los cuarteles de su padre y en las herrerías de la capital, y su corazón se disparaba como una flecha lanzada al vacío, violento y sin retorno. Tal vez por eso, la primera vez que presenció un combate con sus propios ojos el pánico le devoró, y no pudo evitar romper a llorar. En aquel entonces era demasiado pequeño como para poder recordarlo por sí mismo, pero conocía la historia porque su padre se había encargado de contársela miles de millones de veces, como si se tratara de una anécdota graciosa o un relato del que sentirse orgulloso. Y puede que no se equivocara; después de todo, era un detalle que se encargaba de recordarle el hombre en el que se había convertido. Qué dulce y encantadora ironía.
Por supuesto, Ancelot había cambiado con el paso del tiempo, y ya no era ese chiquillo asustadizo que necesitó más de un azote para aprender disciplina a tiempo. Ahora, el sonido del acero al chocar era como música para sus oídos, y cuanto más se prolongaba su frecuencia, mayor regocijo encontraba en su clamor. Lo sabía cada vez que lo escuchaba, cada vez que su melodía rompía el silencio imperecedero.
Esta vez, por ejemplo, encontró la espera de sus hombres relativamente placentera gracias al enfrentamiento que dos de sus soldados llevaban a cabo, espadas en mano. Kieran y Durren -los combatientes- eran dos de sus mejores espadachines, y aventurarse a determinar quién sería el vencedor en un duelo directo resultaba todo un desafío.
Entonces, mientras pensaba en ellos, recayó en que no estaba de más hacer un recuento para asegurarse de que allí no faltaba nadie. Estrechó la mirada. Varios metros más a lo lejos, Blank y Vasyl practicaban su puntería con el arco, lanzando con precisión desde lo que serían veinticinco pies de distancia. Ambos eran hermanos y, además, se trataba de los dos únicos cazadores al servicio de los Levallois que habían sobrevivido a la caída de Bern. Ancelot había encontrado en ellos una gran utilidad como rastreadores y eran su principal baza en la retaguardia. Por último, en el campamento también se encontraba Garthe, un imponente hombre que custodiaba la entrada de la tienda del lord con firme y servil postura. Era el más veterano por allí: Ancelot sabía que ese guardia había seguido a su padre y a su padre antes que él. Sólo por ello ya le confiaba tal misión, pues  su juramento de lealtad no se había roto ni siquiera tras la caída del reino.
Sin contar a todos estos siervos, sólo quedaban cuatro nombres entre sus filas: Dylan, Sean, Ambrus y Ethan. Los tres primeros, tal y como había ordenado Ancelot, habían salido en busca del último, que solía holgazanear más que ningún otro. Resultaba un tanto irónico que fuera el mejor espadachín de entre aquella decena de hombres, como también lo era saber que se trataba del único que había conseguido ganarse el honor de ser amigo del joven y noble heredero.

El sonido de pisadas irregulares sobre la hierba y el de las ruedas del carromato remolcado le hicieron recaer rápidamente en la llegada de sus súbditos, que al parecer habían salido exitosos en su empresa. Ethan se encontraba con ellos, aunque no parecía haberse percatado de la presencia de su Señor y terminaba de devolverle una jugarreta al pobre Dylan, el cual soportaba la pestilencia con porte estoico.

Mi Señor. Lo hemos traído como habíais pedido.

Ancelot sonrió tratando de imaginar el rostro de su vasallo, que todavía se encontraba de espaldas a él y había adivinado su presencia sólo por la mención de los demás. Curiosa forma era aquella de presentarse ante él, cuanto menos.

No exactamente como lo había pedido, pero sí; no deja de ser él —decretó con neutralidad y cierta satisfacción, pese a sus palabras. Y es que, aunque sabía que podía esperar cualquier cosa de Ethan, su presentación no fue la más... agradable. Miró a los demás y no tardó en concederles libertad con gesto leve—. Buen trabajo. Podéis retiraros.

Una inclinación por parte de los tres buscadores, unánime, actuó como  correspondiente asentimiento, hasta que se marcharon uno detrás de otro y les dejaron solos en escena. El moreno observó a su amigo de arriba a abajo y cerró los ojos, llenándose de paciencia.

Siempre eres un quebradero de cabeza —afirmó, conteniendo un suspiro que terminó por brotar, irremediable—. Empiezo a pensar que lo haces a propósito. Pero tranquilo, no te he llamado para hacer nada tedioso.

El lord comenzó a caminar esperando que su vasallo le siguiera, y así fue. Le gustaba conversar con Ethan, pero no le había hecho llamar para eso. Asumiendo que conocía su mensaje, se acercó al soporte de armas y tomó dos espadas, ambas enfundadas en una vaina robusta y elegante.

Estoy algo desentrenado —admitió con una sonrisa casi invisible. Se volvió al peliblanco y le arrojó una de las espadas, obligando a este a cogerla al vuelo—. Espero que me lo pongas más difícil que a ellos.

Desenvainó. El sol resplandeció en el bronce de la hoja cuando esta salió de su funda, y un silbido metálico laceró la silente brisa. La espada estaba bien afilada.
Ancelot no necesitaba dar ninguna explicación más. Él era el Señor de aquellos hombres, el estandarte que los unía bajo una bandera. Sabía que, sólo por eso, Ethan aceptaría la propuesta incluso si no le apetecía combatir.

Aunque, conociéndole bien... ¿acaso era eso posible?


Última edición por Ancelot Levallois el Sáb Ago 26, 2017 10:14 pm, editado 1 vez
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 18, 2017 4:53 pm

Un intenso escalofrío le acarició la espalda. Se obligó a no mirar, por lo que redujo su impulso con una sonrisa incómoda y una mano en la nuca. ¿Podría ser otra broma? Miró directamente a Dylan, que no movía un músculo ante la figura que se erguía tras él. '¿A quién voy a engañar?', caviló con pesadez. 'Esto no me deja en buen lugar'. Al escuchar la voz de su Señor, se giró sobre sus talones con sobreactuada diligencia y observó como el resto de los presentes se retiraban. Escuchó una pequeña muestra de ánimo de Sean y la pérfida queja de Dylan antes de desaparecer en el campamento, pero nada de eso lo colmó de energía.

- He venido a toda prisa, en cuanto me han avisado. - Inquirió, siendo perfectamente consciente de los suspiros velados de Ancelot. - He cogido un carro para venir más rápido. Todo por vos.

Ethan temía la razón de su búsqueda, tenía que haber prestado atención al mensaje de los soldados y volver a escalar el árbol cuando pudo. Su Señor comenzó a andar, y como se esperaba de Ethan, fue detrás de él con apurado hastío. Entendía perfectamente lo que implicaba su vasallaje, y cabía destacar que confiaba plenamente en el Lord, pero a veces disfrutaba más haciéndole perder la compostura. Era liberador ver como por una centésima de segundo, su Señor y amigo abandonaba la fría fachada de la guerra para disfrutar del placer cotidiano. Además, era su deber como vasallo recordarle los límites de su linaje noble. Se enorgulleció al pensar que a diferencia de otros lores menores, él conocía a los integrantes de su campaña y los veía como algo más que piezas de ajedrez. Sus vidas importaban.

Cuando le lanzó la espada, éste la agarró con una gracilidad equiparable a la que su Lord hacía gala cuando esgrimía la pluma. Dejó que el cobre templado se equilibrara entre las curvas de sus dedos y recordó, como antaño, habían subido a la montaña más alta y Ethan pensó en lanzarle desde su cúspide. Un afluente de recuerdos infantiles obturó su mente. Miró a su contrincante y vio en sus ojos el frío acero de más allá de la frontera. Acero forjado en el las cumbres escarpadas de su hogar, Bern. ¿Cómo podía rechazar una declaración tan perversa? Vencer a Ancelot en simple combate sería difícil, e incluso desaconsejaría intentarlo, pero ante él quiso plasmar al niño Levallois de su infancia. Proyectar en él un joven obtuso y no un señor de la guerra. Se necesitaba corazón para ganar una batalla, y no es que él supiera mucho del frente, pero jamás olvidaría a las monstruos sin rostro que arrasaron su reino. Una frase resonó con claridad en la base de su cabeza: El óxido sólo se lava con sangre.

- Mi Señor, ¿Desea que le deje ganar? - Vio a un pequeño círculo formándose alrededor de ellos. Camaradas que eran bien conscientes de la lengua afilada de Ethan. Pero tras una mirada severa del espadachín, cesaron en su avance para darles intimidad. Cuando ya no hubo nadie alrededor, continuó. - Recuerdo que de pequeños llorabais si no obteníais la victoria.

Antes de poder escuchar la respuesta, embistió contra la espada de Ancelot, y acto seguido retrocedió con divertida prudencia a su posición original. Disfrutaba de la danza de espadas, sobre todo cuando tenía un contendiente digno. A veces, el joven Levallois sabía cómo captar el interés del peliblanco. Sentía el torrente sanguíneo crepitar bajo su piel, pulsando cada nervio ante la imparable corriente que se antojaba desenfrenada. Ethan era ligero y rápido, sus combates eran vistosos y estaban llenos de florituras fruto de mezclar diversas disciplinas formativas, sin embargo, su protección era tan escueta como parca. Si le alcanzaban estaría oficialmente jodido.

- ¿Primera sangre, como siempre? - Su enemigo lucía majestuoso ante sus ojos, peligroso y sagaz como ninguno. - Creo recordar que vamos 50/50 en nuestros previos embates. Va siendo hora de que me lo tome en serio, no sería cortés que a estas alturas me contuviera con mi Señor.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 19, 2017 10:19 am

Cuando Ethan atrapó la espada en el aire, Ancelot adoptó una perfecta postura defensiva de inmediato, cediéndole la oportunidad de atacar primero. No era la primera vez que se batía en duelo con el peliblanco, y por eso había aprendido que una buena defensa era la clave de la victoria ante él. Por supuesto, atacar sin pensar era algo totalmente desaconsejable. Eso podría funcionar con Dylan, Ambrus o Sean, que pese a tener buenas aptitudes estaban lejos de alcanzar el nivel de su compañero de armas. Sin embargo, para vencer a Ethan no sólo hacía falta ser diestro con la espada, sino también inteligente. Su ofensiva era rápida y desordenada pero altamente mortífera. Si Ancelot era disciplinado, elegante y preciso en sus movimientos, el vasallo era justamente todo lo contrario: hábil, inquieto e impredecible como un felino. No tenía disciplina con la espada, y esa era justamente una de sus mejores armas: su técnica poco refinada. Le había visto usar tretas y artimañas sin contemplación, como aquella vez hacía un par de años, en la que ante una ofensiva del moreno, Ethan bloqueó su ataque con la espada y le arrojó un poco de tierra en los ojos con la mano libre. En aquel momento muchos tacharon al joven de osado, pero Ancelot se sintió humillado, derrotado por la astucia de un chico que no necesitaba ser políticamente correcto. ¿Y qué había de malo en ello? ¿Acaso no valía todo en la guerra? El honor era para los reyes, príncipes, caballeros y lores como él, no para espadachines criados en una herrería. Su padre, lord Edgar, que había visto el enfrentamiento con sus propios ojos, le dijo que no había vergüenza en la derrota, que cada vez que un hombre pierde aprende una lección. Y no se equivocaba. Ethan volvió a intentar el mismo truco pasado un tiempo, pero esta segunda vez no consiguió pillar desprevenido a Ancelot, que se repuso al intento y terminó venciendo aquel enfrentamiento.
En cualquier caso, era un error conceder toda la fuerza de Ethan a su astucia. Nada más lejos de la realidad, el peliblanco no dejaba de ser un espadachín inigualable, de esos capaces de asestar tres cortes en apenas un segundo. No sólo era inteligente, sino terriblemente diestro.  

Cuando el vasallo se arrojó contra Ancelot sin previo avisto, el lord sintió el vibrante paso de la sangre por sus venas, el acelerado corazón bombeando con una furia sin precedentes: chocaba contra su pecho como si este fuera un tambor retumbante. Paró la estocada y el metal rechinó. El peliblanco retrocedió dos pasos con la misma velocidad que los había dado y le miró con una sonrisa petulante y un brillo intenso en los ojos. Ancelot jadeó, concentrado, aunque ello no le impidió mostrar una tenue sonrisa de conformidad y satisfacción. Su amigo siempre le concedía una sensación parecida. Le obligaba a estar en guardia, a no distraerse demasiado. La constante necesidad de permanecer alerta le hacía sentir vivo de verdad.

Mi Señor, ¿desea que le deje ganar? —los demás hombres comenzaron a observarles. En la distancia, mantenían un pequeño círculo que les rodeaba, como si todos desearan presenciar aquel encuentro. Bastó una mirada severa para que volvieran a sus cosas, o que al menos fingieran hacerlo—. Recuerdo que de pequeños llorabais si no obteníais la victoria.

Ancelot frunció el ceño. Estaba acostumbrado a las provocaciones de su amigo, aunque no podía evitar sentir cierta molestia cuando lo hacía de forma que todos pudiesen enterarse. Entendía que había confianza entre ellos, y jamás le había negado tal complicidad en la intimidad. Pero ante los demás, aquellas palabras le hacían perder autoridad; le volvían blando y tolerante. Si el resto observaba el comportamiento de Ethan y comprendía que no sufría represalias... ¿por qué no iba a llegar el momento en el que todos le trataran de la misma forma? Era algo que no podía permitir.

El moreno fintó en un corto espacio para evitar la hoja de su oponente, se aproximó con una media vuelta elegante y cambió la espada de mano al hacerlo, arrojando una estocada rápida y precisa. Ethan la bloqueó con el filo de su arma y la fricción silbó como un trueno.

Mide tus palabras, Ethan —masculló con orgullosa sonrisa mientras forcejaban el choque. No era una reprimenda, sino una advertencia dada a tiempo que no sólo serviría para su amigo, sino también para los fisgones que se habían acercado a mirar—. Entre la complicidad y la deslealtad hay sólo un paso.

Aprovechando que el peliblanco utilizaba ambas manos para detener la estocada, Ancelot arrojó un golpe con el hombro y le hizo separarse de su lado, ladeando acto seguido la espada para separar el roce de ambas con seguridad. Varias chispas de óxido centellearon cuando los filos se lamieron mutuamente hasta despegarse por completo.

Caminó varios pasos hacia un lado, mientras Ethan caminaba al opuesto, ambos sin dejar de mirarse. Guardaban una prudente distancia de seguridad, deslizándose en un círculo imaginario. Aprovecharían aquella pequeña tregua de apenas varios segundos para intercambiar ciertas impresiones.

No esperaba menos de mi mejor hombre —afirmó ante las palabras de su súbdito de tomárselo en serio—. Si te contienes lo sabré. No me decepciones.  

Tras la calma regresaría la tempestad. Varias acometidas por parte de cada uno de ellos harían que el combate se prolongara más y más, pues las respuestas del adversario siempre eran rápidas y contundentes.

Y aunque les habían dicho que regresaran a sus puestos, fue inevitable que los demás hombres del campamento se interesaran por el duelo, haciéndoles abandonar sus labores y acercándose -siempre en la distancia y con disimulo- un poco más hacia los contendientes. Nadie quería perderse el espectáculo.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 19, 2017 1:11 pm

Observó el ceño de su Señor combarse ante sus palabras, claramente molesto. Ethan se mordió la lengua, era evidente que se había extralimitado, no estaban solos. No eran niños. No podía seguir dando rienda suelta a su verborrea. Ojeó su alrededor con ligereza, a pesar de su mirada fulminante seguían captando la atención de todo el campamento. Intentaban disimular con palabras vacías y actividades innecesarias, pero el entrenamiento que mantenían Ancelot y él parecía imantar sus cuerpos. Se acercaban con la prudencia del espectador inconsciente, que embelesado, olvidaba la gravedad del asunto. La primera advertencia debía haberles bastado para no meter sus narices en esto.

La tierra a sus pies se convirtió en polvo y de un salto, intentó morder el hombro de Ancelot con su espada. El moreno fintó con la elegancia de un cuervo, cambió de mano su arma con la rapidez de una gacela y embistió con la fuerza de un toro. La vibración de sus espadas le cortó el aliento. Su defensa era impecable, pero su ofensiva no se quedaba corta... No era violenta, sino feroz. Había disciplina y algo más, una sensación que no supo captar. ¿Motivación? Sus dedos se incendiaron al contener la colisión.

- Mide tus palabras, Ethan. - Notó el ardor del cobre, la intensidad de su acometida. Sintió que aquella demostración de autoridad serviría como ejemplo al resto. Nadie osaría hablarle como Ethan había hecho. Y es que era consciente de que su temeridad conllevaba el retroceso de su lozanía. Debían ser gallardos, mas nunca insubordinados. Salvo el peliblanco claro, que estaba preparado para sufrir la titánica reprimenda de su amigo. - Entre la complicidad y la deslealtad hay sólo un paso.

Necesitaba hacer que perdiera los nervios, que basculara y se dejara llevar por el impulso de superponerse a él. Era un Lord, al fin y al cabo, el orgullo podía jugar en su contra. En última instancia, tenía que ser lo suficientemente sutil para que el resto no malentendiese su complicidad con docilidad. Su Señor no era laxo, no era blando y cuanto menos, no pecaba de inconsistente.

Un golpe en el hombre le arrancó una sonrisa de satisfacción, ¿Le acaba de golpear para desasirse de él? Los filos aullaron al separarse, ansiando devorar al otro. Le gustaba que Ancelot, con su disciplina y su júbilo, tuviera esa capacidad evolutiva de anteponerse a los infortunios. Aprendía con la vehemente sed del desierto, firme a la par que inexorable. Pero seguía sin ver al niño de su infancia. El halago del moreno le supo a sal y a sangre.

- Está hecho de acero, mi Señor. - Apostilló mientras caminaban en círculo. Cualquiera que atendiese al combate, oiría el halago que el valle hacía a la montaña. La celeridad del combate se había pausado, como la tormenta que guarecía a los incautos, esperando descargar su furia. Susurró lo siguiente con la intimidad que sólo forjan años de experiencia, para que sólo el moreno escuchase sus palabras. Su voz moduló a la brisa más suave. - ¿Quiere saber como templa el acero mi familia?

A pesar de los intentos inquietos de su alrededor, nadie más pudo captar lo que había dicho. Ethan sonrió con el paladeo del que hace bien su trabajo. Al menos supuso que la gente sonreiría así, no estaba acostumbrado a dar el callo. La fortaleza del joven Levallois era inexpugnable. Si seguían así no podría cortarle, no podría mellar su coraza de pugna perenne. Provocar y evocar, quizás así se desconcentrara. Tal vez diera un paso menos sólido o una estacada impávida pero imprudente.

Ethan saltó con una voltereta lateral, llena de aberturas. Estaba tentándole, sofocando la zurda de su pecho con embates irresolutos y caprichosos. Veía la carne, y una milésima después no. Sintió el electrizante choque de sus espadas. Anhelaban beber más, y más, y más. La sobria elegancia del moreno y el embriagante desorden del peliblanco contrastaban con tanto vigor que creyó reducir sus huesos a meras ligas de seda. Se separó jadeante de su formidable oponente. Sentía un ligero tic de desgaste en su meñique derecho, ¿Podría seguir equilibrando su hoja por más tiempo? No es que tuviese problemas con el ducho merme de la competición, pero la vitalidad con la que su rival le asaltaba, deterioraba su enfoque con una velocidad preocupante.

Se irguió con la espada vertical frente a él, cerca de su cuerpo, tapando la mitad de su rostro. Si no podía dentellar su alza, iría a por su base. ¿Podía hacerle caer en su estado?
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 23, 2017 8:59 am

Está hecho de acero, mi Señor —Ethan aprovechó para volver a tentarle mientras ambos caminaban en círculo, retándose con el gesto pero explotando al máximo el tiempo que les concedía la pequeña tregua—. ¿Quiere saber cómo templa el acero mi familia?

Ancelot le dedicó una mirada punzante y silenciosa. El tiempo había curtido su carácter hasta templarlo por completo, indolente, y las amenazas y provocaciones se habían convertido en armas inútiles contra él. Aún así, le gustaba que Ethan se valiese de aquella lengua afilada para tratar de desestabilizarle. Por lo que había podido aprender en el patio de armas de Bern, aquella era una técnica mucho más común de lo que muchos hombres podrían esperar. Hombres que, ineptos, se veían aplacados por el deseo de arrojarse contra sus bravucones oponentes, encontrando en su impulso un paso en falso y, por consiguiente, un destino fatal.
Para Ancelot, sin embargo, era fácil obviar las bravatas de su amigo. Cuando empuñaba la espada, su mente se cerraba para sólo pensar en el enfrentamiento, en sí mismo y en su contrincante. Su objetivo siempre era el mismo: adaptarse a cada situación y sacar partido de ésta. Si podía estar un paso por delante de su rival, perfecto, y si podía sobrepasarle por dos, mucho mejor. Así, cuando Ethan liberó aquellas palabras, Ancelot ya tenía claro cuál sería su  siguiente movimiento.  

Será un placer descubrirlo, Ethan —admitió con una corta sonrisa—. ¿Por qué no vienes y me lo demuestras?

Esperó a que el peliblanco se arrojara a por él con el ferviente deseo de abatirle, pero secó el embate con una parada perfecta. El metal chirrió cuando ambas espadas chocaron, mas esta vez el bloqueo no se prolongó. Ethan volvió a separarse y a contraatacar con desmedida intensidad, haciendo alarde de una velocidad y potencia casi inéditas. Para Ancelot resultaba increíble que un muchacho como él contase con tanta energía, y era precisamente por eso que lo consideraba como el más formidable de sus contendientes. Sabía que, en su lugar, él ya habría hincado la rodilla hace tiempo. Y es que el moreno, a diferencia de su vasallo, no contaba con tanto arrojo ni con semejante resistencia, y si quería ganar ese duelo debía echar mano de su técnica y disciplina, visiblemente más pulidas. Se defendió de sus estocadas, penetrantes como el frío en los huesos, y trató de contrarrestar con rápidos movimientos de muñeca que desarbolaran la posterior defensa del peliblanco, pero no lo logró. Ethan se protegía bien y atacaba aún mejor. Ello obligaba a Ancelot a prestarle más atención a su propia seguridad que a los intentos por desnudar la inexpugnable resistencia del vasallo. Por tanto, cualquiera que viera la batalla pensaría que Ethan tenía ventaja, que allí era él quien llevaba el control de la situación. Sin embargo, Ancelot parecía muy tranquilo, demasiado como para saberse en inferioridad; su semblante era neutro y su porte, majestuoso. ¿Hasta qué punto era cierto que el peliblanco tenía las de ganar?

En un momento dado, Ethan dio una voltereta lateral y atacó acto seguido por bajo, tratando de hacer trastabillar a su Señor. Nada más lejos de la realidad: el embate quedó en eso, en un intento frustrado. Ancelot ladeó el cuerpo y consiguió detener la estocada con un bloqueo perfecto, uno que le dejó en la posición ideal para mirar al muchacho de cerca con el impávido y desafiante asalto de sus ojos azules. Sonrió casi inmutable.

Si continúas adornándote con florituras, terminarás extenuando tu cuerpo —le aconsejó, pese a saberse su rival. En otras circunstancias, habría dejado que Ethan continuara atacando sin cese hasta que perdiera todas sus energías. Entonces habría sido fácil alzarse como ganador. Sin embargo, y pese a que su orgullo era grande, prefería hacer visibles los puntos flacos de sus hombres. Por muy diestros que fuesen, tal y como el peliblanco era, siempre había algo que perfilar en ellos. Limar sus carencias era también su labor como líder, pues todos estos hombres, algún día, lucharían a su lado en pos de su causa—. ¿Cuánto crees que puedes aguantar a este ritmo, Ethan?

Se despegó de él tras lacerar el metal de la hoja de su oponente. Medio giro y, de nuevo, una distancia prudente que atravesar. ¿Terminaría cediendo alguno de los dos?
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 24, 2017 10:05 am

- Si continúas adornándote con florituras, terminarás extenuando tu cuerpo - El azul de su Lord se hizo hielo. Notó el ardor de su dignidad romperse baje el consejo del moreno. La presión se amplificó a su alrededor y creyó ceder ante su impasible sonrisa. - ¿Cuánto crees que puedes aguantar a este ritmo, Ethan?

Tenía razón, estaba cerca de agotar su estamina y necesitaba un minuto para que sus pulmones repostasen oxígeno. Aún así no claudicó, se mantuvo firme y no jadeó. Con un ligero movimiento, sus espadas se despidieron y medio giro del Levallois bastó para abrir un abismo entre ambos. Notaba la candente mirada de sus compañeros, el susurro inquieto de los que apuestan por el caballo ganador. Ancelot tenía el porte de un rey con la vitalidad de un príncipe, se mantenía estoico mientras enarbolaba su férrea defensa. ¿Debía lanzarse por la izquierda? ¿Y si intentaba una voltereta vertical? Notaba el juicio en el marco de sus pestañas. Sus provocaciones no le habían hecho volverse impulsivo, al contrario, parecía haber visto a través de su socarronería y reforzado sus escasos puntos ciegos.

- Debería descansar - Comentó mientras proyectaba su estado deficiente. Era su Señor, sí, pero esto era un entrenamiento. Ambos estaban exponiéndose y perfilando su estilo. - Soy consciente. - Prosiguió mientras inspiraba entre dientes. - Intentaré moverme menos a partir de ahora.

Y con una sonrisa que indicaba todo menos derrota, llevó su mano al frente, abrupta. La espada castaña se deslizó entre sus dedos.


[...]


- No dejes que los demás marquen qué puedes o no puedes hacer. - Le regañó su hermano. Le apuntaba desde lo alto con la Kodachi de su padre. La katana parecía refulgir con la luz de cien soles. Ethan se revolvió, tenía barro y sangre en la cara, cortes pequeños fruto de sus numerosas caídas.

- Eso es trampa. - Replicó un Ethan de 9 años, mugriento y orgulloso como nadie. Se secó las lágrimas con rapidez, temiendo que revelaran su rabia. Las mejillas ardían con el rubor de la derrota y el dedo angosto del peliblanco se interpuso entre ambos. - Si no usaras esa katana, te habría ganado y lo sabes.

Su hermano no pudo evitar reírse. No sólo era improbable, más bien imposible, que un niño como él fuera ciego ante la enorme diferencia de poder entre ambos. Había una fuerza oculta, o quizás una debilidad incipiente, que le obligaba a soltar su lengua cuando se encontraba en inferioridad. Le revolvió el pelo con la mano y el pequeño la rechazó de un golpe.

- Puedo usar este filo para rasgar el espacio entre un arquero y yo, sin duda. - Con la hoja plateada apuntó a la posición previa del combate. - Pero yo no pretendía eso. Nuestra distancia no era tan grande.

Ethan ladeó la cabeza y dibujó sus maltrechas volteretas en el aire, su danza invisible y sus aún más abundantes abrazos al suelo. Aprovechaba la agilidad de los myrmidones al máximo, aunque aún era un aprendiz.

- ¿Era porque me movía demasiado? ¿No podías darme?

- Más bien porque yo ya no podía seguir el ritmo. - Señaló con una sonrisa humilde, el peliblanco no pudo si no relajar su rostro enfadado. - No soy tan rápido como tú, aunque me pese. Así que a riesgo de agotarme completamente, decidí aprovechar el factor sorpresa.

- Como cuando tiro arena a la cara de Liam. - Añadió orgulloso. El pecho de Ethan se insufló de orgullo y mostró los dientes en lo que pretendía un infantil gesto de presumida gallardía.

- Exacto - Una mueca incómoda se formó en la cara de su hermano mayor, estaban malcriando a Ethan y sus jugarretas empezaban a ser cada vez más molestas. - No tengas miedo de innovar. De sorprender. Aunque no puedas lanzar tu espada a un arquero, nada te impide hacerlo en un embate cercano. Si tu espada puede cortar en tu mano, también lo hará en el aire. - Un capón repentino hizo chillar al menor. - Pero no uses juegos sucios con Liam.


[...]


El bronce de su tizona silbó en el aire e impactó contra la coraza de Ancelot. Oyó el súbito cese de respiración de los mirones, pero Ethan tenía su vista enfocada en el combate. Saltó con suavidad para agarrar la descarriada espada antes de que tocase el suelo, y con un giro de 180 grados, encabritó su hoja. Volvió a virar, esta vez con más aspereza y jadeó. Su arma mordió el cobre enemigo, la vibración pareció lamer sus huesos. Un tercer giro devoró el aire y su estocada encontró el acero Levallois al final de su camino.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 24, 2017 9:35 pm

Las paradas y arremetidas continuaban sucediéndose, obligando a las espadas a gemir de dolor. El cobre de cada hoja mellaba contra su semejante con tanto estrépito que nadie podía averiguar cuánto tiempo más aguantarían sin romperse. Era una danza con hermosos cambios de ritmo, unas veces agresiva como un huracán, y otras lenta cual flujo de un arroyo. Ethan ponía la magia, el descaro y la frescura. Ancelot la pausa, la elegancia y el equilibrio. En aquel baile no importaban la etiqueta ni el renombre, sino la eficacia, el vigor y la determinación. Sin valorar cuales fueran las aptitudes de cada uno, lo cierto es que en un duelo personal las reglas no importaban nada, e incluso el movimiento más ruin tenía sus encantos.  
La batalla se prolongó, generando estupefacción en los soldados de la noble casa Levallois, que ya mantenían la distancia por inercia. Era algo así como cuando los pretendientes salían a la pista de baile y todos los invitados les miraban atónitos y expectantes. Ese era el efecto que Ancelot y Ethan siempre conseguían en los demás, ya fuese por su carisma o por su impresionante demostración de habilidad. Nadie allí les alcanzaba, y aún así todos estaban dispuestos a conseguirlo, a seguirles. El moreno cargaba con su apellido y el respeto de los hombres, mas no tenía ningún amigo de verdad aparte del propio Ethan. Por eso, paro Ancelot no era difícil saber en sus adentros que todos ellos, de un modo u otro, estaban de parte del peliblanco. Deseaban que él ganara, no sólo para festejar tal hazaña, sino para ver a su Señor, por una vez, hincando la rodilla en el suelo.
Aquella sospecha podía ser -o no- cierta, pero lo que estaba claro es que para Ancelot servía como aliciente, pues no deseaba darles esa satisfacción. Era honorable y justo como el que más, sí, pero también se trataba de un hombre orgulloso e indómito como un león.

La batalla se fraguó sin demasiados detalles más. No al menos hasta que las tornas giraron para encauzar a un posible ganador. En un momento dado, la férrea defensa de Ancelot fue atravesada por un movimiento tan sorprendente como inesperado. Sería la espada de Ethan cortando el aire la que llegaría hasta su posición, arrojada desde una corta distancia que jamás daría lugar a semejante sospecha. ¿Cómo pudo hacerlo? Ocurrió en apenas un pestañeo: se separó de él con intrépida finta, lanzó el arma y la recogió justo después de que impactara contra la coraza que le revestía, antes de que siquiera tocase el suelo. Un movimiento digno del rey de la improvisación, al que no era justo simplemente reconocer como tal. Ethan, además de astuto, era bueno con la espada, hábil con los pies y rápido con la cadera. Un oponente magnífico para un entrenamiento de alto nivel, el más exigente que podía tener.

Cuando el filo cobrizo chocó contra la coraza del heredero Levallois, un silente clamor de pura sorpresa se sobrepuso al enmudecido ambiente. Ancelot parpadeó con el mismo asombro que sus hombres, y la fuerza del impacto le hizo tener un pequeño traspiés que, por una vez, dejó huecos flacos en su sólida e implacable fortaleza. Se apoyó en su arma para no caer completamente desequilibrado, y se vio obligado a esquivar con mucha más agilidad de la que solía hacer gala para evitar que Ethan pudiese poner fin al duelo. Se recompuso mientras a duras penas cedía a sus estocadas; consiguió detenerlas, pero tuvo que retroceder varios pasos y mostrarse en todo momento a su merced. Con aquel movimiento, el vasallo se había adueñado del control del combate y no lo perdería tan fácilmente.
Oh, pero Ancelot no era ningún aficionado, y también había aprendido a jugar en desventaja, a convertir el infortunio en posibilidades. Aprovechándose del arrojo de Ethan, paró en seco tras el rápido retroceso y giró alrededor del cuerpo del muchacho, que pasó ligeramente de frenada ante el brusco cambio de ritmo. Tuvo que detener un último intento, lamiendo el bronce de la espada enemiga con el suyo propio mientras pasaba por su lado. Se deslizó como una serpiente, flexible, y arrojó su mano armada hacia el cuello del oponente, hasta situar la hoja justo en el dorso de la yugular. Aquel gesto le habría convertido en vencedor, de no ser porque, a la par, Ethan enfocaba con su espada al punto exacto donde el corazón de Ancelot anidaba. Uno sólo tenía que sesgar, y el otro, apuñalar. Puntos vitales expuestos, hombres muertos por igual.

Y cuando parece que por fin te tengo, tú me tienes a mí —admitió sin complejos, retirando la espada de la peligrosa zona que amenazaba. El duelo había terminado—. Parece que nuestro contador personal no piensa cambiar por el momento.

Ethan se irguió mientras Ancelot envainaba la espada, también a salvo de la de su vasallo, el cual imitaba el gesto de su Señor.

Te sigues moviendo mejor que yo —reconoció, frío ante la mención. No era fácil para alguien de su posición colocarse por debajo de nadie, pero el peliblanco no merecía otro reconocimiento—. Si un buen maestro de armas te hubiese adiestrado cuando apenas eras un niño, ahora no tendrías igual con la espada.

Se recompuso, espada convenientemente envainada y porte altivo. El "juego" había terminado, y como tal, su postura volvía a ser la majestuosa, recta y disciplinada línea de un Señor de verdad.

No dejes de practicar, Ethan. Algún día esa espada tuya dejará de ser una herramienta de práctica y nos devolverá lo que por derecho nos pertenece. Pronto reclamaremos nuestro hogar.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 26, 2017 9:23 am

El desenlace se sucedió tan rápido que Ethan no tuvo tiempo de evadir la espada que apuntaba a su cuello. 'Casi le tenía', pensó mientras apuntaba con su arma al corazón de su oponente. No podía hablar sin que se le saliesen los pulmones por la boca, estaba agotado. Mantuvo sus rodillas firmes y enfundó su espada.

Si el enfrentamiento hubiese sido contra cualquier otro, estaría de mal humor. Obtuso y enfadado por no haber conseguido rozar a su oponente. Pero se trataba de Ancelot, de su Señor y amigo, y ahora le halagaba. Una sonrisa infantil inundó su rostro.

- Gracias, mi Lord. - Normalmente se refería a él como Señor, o algún mote vergonzoso y poco acertado para evitar enardecer en demasía a Ancelot. Disfrutaba molestándole, aunque claro, sólo podía permitírselo cuando estaban a solas. Ethan inclinó la cabeza ante él y añadió - Aprendo de nuestros enfrentamientos, en ese caso, mi tutor sería además mi Señor. Uno excelente, debo añadir.

Observó como cambiaba de piel, su espíritu parecía alzarse por encima del campamento, un aura distante de carga y responsabilidad. Quiso poder corresponder sus expectativas, ser de ayuda en la batalla. Ante la mera mención de su hogar el campamento se alzó en vítores, alabanzas por la firme convicción de su Señor. Los Levallois liberarían Bern, eso era una declaración de intenciones y para muchos, una promesa. Vio a Dylan silbar y a Sean aplaudir con tesón, ambos sonrientes. Estaba empezando a cogerles cariño, y no sabía si alegrarse por ello o sentir pesar. En la guerra moría mucha gente, más de las que el peliblanco quería reconocer.

Tuvo el impulso de acercarse a la carreta y descansar, tumbarse un rato para poner a prueba su suerte. Se contuvo y observó al joven Levallois, imponente entre su gente. ¿Estaría cansado por el enfrentamiento? Sabía perfectamente que no se permitiría mostrar señales de debilidad ante sus hombres, aún así era humano y debía cuidarse. Su cabello oscuro se mecía con la suave brisa, el ligero quehacer del viento que atraía tormenta.

- Mi Señor, ¿Puedo preguntarle algo en privado? - Murmuró con displicencia. No quería levantar sospechas ni mucho menos molestar al moreno, aunque era mejor pecar de cauto que de inconsciente. Un leve asentimiento de Ancelot bastó para que Ethan le siguiera.

- Estamos cerca de la frontera... - Brotó su voz. El peliblanco miró directamente a aquellos ojos azules, hielo y fuego bajo el cielo. - Sé que no me implico en sus debates de guerra, ni soy ducho en la estrategia como vos. Mas siento... Siento que algo se acerca, un sensación que repta vil por mi espalda.

Tragó saliva y miró a ambos lados, no era paranoico ni quería parecer indiscreto, era la cautela del que no conoce intimidad.

- ¿Ha hablado con el rey? - Susurró. - Necesitamos más hombres. - Se calló de pronto, consciente de que su Lord podría malinterpretar sus palabras. - Quiero decir, mi Señor, no considero que...  Creo que... No están preparados para tomar Bern. Para luchar una batalla real. - Sabía lo que implicaba admitir su propia debilidad, lo que le costaba sincerarse, pero a parte de ser su vasallo quiso pensar que debía esa clase de sinceridad a su amigo. - Puedo entrenar a algunos, pero los números no cuadran.

El helor de la guerra penetró en su piel; el recuerdo de la pérdida, la gloria de retomar su hogar, las ansias de su espada. Irguió su dorso y apretó las manos. Deseó que él solo fuera suficiente para exterminar a los Emergidos. Que Ethan bastase para ganar una batalla. Sabía que eso no sería posible.

- Solicito permiso para ampliar nuestras filas.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 26, 2017 7:07 pm

Los vítores llegaron hasta sus oídos sin arrancarle sonrisa alguna. Le gustaba que sus hombres sintieran confianza, que le apoyaran y le demostraran fidelidad para con su causa, pero el coraje y el arrojo no es lo único que gana guerras, y Ancelot tenía que prepararse adecuadamente para librar una muy pronto.
Ethan agradeció el entrenamiento y, poco después, le pidió hablar en privado. El imperturbable líder le escoltó por el sendero más alejado de sus seguidores a modo de asentimiento, haciéndole dar un rodeo innecesario a través del campamento que, a todas voces, dejó claro a ojos de los demás que estaban a punto de tener una conversación confidencial. A nadie debía sorprenderle; Ethan había sido su más fiel vasallo hasta la fecha, después de todo.
Estando ya lo suficientemente retirados, el peliblanco mostró su preocupación.

¿Ha hablado con el rey? Necesitamos más hombres —recordó de repente, mostrando su incipiente preocupación. El tema no era cualquiera, y consiguió que Ancelot le mirase directamente a los ojos, captando su total atención—. Quiero decir, mi Señor, no considero que...  Creo que... No están preparados para tomar Bern. Para luchar una batalla real. Puedo entrenar a algunos, pero los números no cuadran.

El Lord guardó unos segundos de inquietante silencio. Sintió un helor desconocido penetrándole la piel, y el desagradable hormigueo que le procuró casi le obligó a salivar. No lo hizo pese a todo; su faz siguió siendo tan severa e impoluta como siempre, aunque dejaba clara su momento de necesaria meditación. Al fin y al cabo, Ethan había tocado un tema que no era desconocido para Ancelot, uno que a él también le perturbaba en las noches y le arrebataba el sueño, tal y como una espada arrebata la vida. Conocía bien las aptitudes de su pequeño regimiento, y el peliblanco no desatinaba en su afirmación: no podían ganar. No aún.
En las batallas, los hombres mueren. Sus adeptos eran buenos combatientes, pero estaban muy lejos de ser soldados de verdad. Y aunque sus palabras solían mentar la muerte como una opción... ¿hasta qué punto decían aquello con seguridad? ¿Cómo reaccionarían ante la primera baja del grupo, aquel en el que tantos buenos compañeros atesoraban? ¿Estaban preparados para aceptar la muerte del mismo modo que la gloria? Los hombres a menudo sueñan que pueden tocar el cielo, y con más frecuencia todavía terminan tocando la tierra. ¿Seguirían persiguiendo los mismos sueños cuando se viesen obligados a cavar la primera tumba? Nada podía garantizarlo; ahí es cuando él, como su Señor, debería conferir el aliento para seguir adelante. Secretamente, Ancelot se había estado preparando para ese instante día y noche. Él sabía muy bien que el precio de Bern no sería barato.

No, no lo están. Ni lo estarán llegado el momento —admitió con brevedad, estoico—. Pero tienen la voluntad de pelear, y la voluntad de un hombre vale más que la espada de diez Emergidos. Ellos quieren recuperar su hogar, y eso es justamente lo que ahora mismo necesitamos: gente comprometida con nuestra causa —sus pasos le condujeron hacia la entrada de su tienda, donde se detuvo. Miró a Ethan y esperó a zanjar aquel asunto lo antes posible—. Para la batalla contaremos con más efectivos; ya he empezado a encargarme de ese asunto. Espero una visita en los próximos días que nos concederá algo más de poder militar —miró al horizonte, como si sus ojos trataran de encontrar algo en él, pero lo único que halló fue una larga cadena montañosa. Bern ya podía contemplarse desde allí—. Tras ello hablaré con el rey. Si no lo he hecho aún es porque quiero presentar la mejor cara de mi regimiento para las negociaciones. Un rey no se compra con promesas, sino con fuerza y fortaleza.

Se viró sobre sus pasos y se adentró en la tienda con gran porte, pues aunque no lo había confesado, el combate le había dejado exhausto. Mientras lo hacía, dejó su última palabra allí, junto al peliblanco.

Lo que quiero decir es que es bueno contar con más manos para nuestra causa. Si crees que puedes conseguir un par más, adelante. Sabes que confío en ti más que en ningún otro —ladeó el rostro y le sonrió levemente de soslayo, justo antes de desaparecer—. Permiso concedido, pues.

Tras ello desaparecería sin ninguna orden dada. Sabía que Ethan necesitaba descansar y le dejaría hacerlo si así lo decidía. Después de todo, le habría brindado un magnifíco combate. Como siempre.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 26, 2017 8:07 pm

La conversación con su Señor le dejó, si cabe, más intranquilo. Sabía que Ancelot no era ningún loco ni mucho menos mentiroso, pero la cuidada elección de palabras le escamó. Estaba acostumbrado a leer entre líneas, a debatir con él bravatas y confidencias, mientras que ahora, tras sólo unos segundos, se le abría un agujero de indeterminación en el pecho.

- Es consciente de la situación. - Se dijo a sí mismo, como un mantra invisible. - Lo tiene controlado.

Aún así no se sosegaba. La autoconvicción no era su fuerte. Suspiró y fijó su vista en las montañas, más allá de la frontera. Ancelot cargaba con demasiadas responsabilidades a su espalda, si él podía ayudarle con nuevos reclutas, quizás redujera el número de muertes en el campo de batalla. Aunque liberasen Bern, ¿Vivirían para contarlo? Un temblor nervioso se posó en sus labios, empezaba a pensar en movimientos y piezas, en trozos de madera que rodaban por el tablero de la guerra.

- Debería dormir un rato... - Murmuró para sí, consciente de su propio agotamiento. Viró sobre sus pies, sin poder elegir dónde tomar su próxima siesta. El runrún de la culpabilidad parecía tronar en su cabeza.

Al final se decidió por el linde del campamento con el bosque, allí podría reposar sus ideas, en la umbría, donde no le encontrarían facilmente. Buscaría un árbol hueco y se tumbaría en él. Tal vez así acallara esos pensamientos.

Sean lo saludó desde lejos y Ethan se obligó a apartar la mirada. Vio a Dylan riendo, inconsciente, mientras afilaba la punta de una jabalina. Más allá se encontraba Kieran, ensimismado en acertar el centro de la diana y de pronto un sudor frío cubrió la frente del espadachín. Sintió el terciopelo de ruina que cubría los cuerpos tras su caída, el cese de la actividad y el oscurantismo que precedía a la pérdida de aliento. Creyó ver de nuevo a su madre caer por la brecha.

Sobrecogido, el peliblanco se apoyó en un árbol. El entrenamiento le había dejado agotado y su mente empezaba a combarse al imaginar el deber de su ejército. Recuperar Bern le sonaba a gloria, a justicia forjada en acero, pero ver a sus amigos perecer... Piel y hueso quebrándose bajo el estupor de los emergidos. Le revolvía las tripas.

- ¿Te encuentras bien? - Una mano se posó en su hombro. La cara de Ethan se contrajo de angustia bajo el tacto de su compañero.

- Estoy bien, Liam. - Le susurró. - Voy a buscarte.
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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 06, 2017 1:21 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Ethan ha gastado un uso de su espada de bronce.
Ancelot ha gastado un uso de su espada de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Tomo de Ellight [4]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3455


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Re: [Entrenamiento] Guerrero no se nace; se hace [Priv. Ethan Laskaris]

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