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[Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

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[Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Miér Ago 16, 2017 3:38 pm

‘No temas, mi niña, no temas, pues el mundo es de los justos y los valientes’.


El recuerdo de esas palabras se ancló a ella en cuanto su pegaso alzó el vuelo por primera vez. Con el corazón en un puño, la jinete se alejaba así de la fortaleza que la había visto nacer y crecer. Alto, más alto, sobre las montañas, hacia el valle, hacia esos bosques que sólo había visto en contadas ocasiones a lomos del pegaso de su madre. Atrás quedaron hogar y montañas, y ante ella se dibujó, al fin, un majestuoso reino que le devolvió la mirada silencioso, en extraña paz. Blanco. Aries exhaló, sólo para volver a aguantar la respiración por unos segundos más; no por miedo esta vez, sino por fascinación.

Había tenido pesadillas con este momento. El momento de alzar el vuelo y asomarse entre las montañas. Temió que ese gigante al que llaman guerra se hubiera llevado el blanco de la nieve; temió que de pronto el mundo fuera rojo, o negro. Pero allí estaban el bosque y el valle, hermosos como los recordaba; eternos, incorruptibles. ¿De verdad la guerra había arrasado Ilia…?

No tardaría en conocer la respuesta. Continuó su travesía hasta que, desde las alturas, divisó lo que parecía ser una pequeña iglesia. Incluso desde el aire se adivinaba a medio destruir, testigo y víctima de aquel cuadro que el enemigo había pintado. Que no engañe el silencio ni la belleza del bosque; el paso de la guerra se hizo más que evidente para Aries al descender de su pegaso y mirar a su alrededor. Las paredes de la iglesia estaban quemadas en bastantes tramos, con sus grandes portones de madera completamente rotos y caídos. No había rastro de inquilinos ni enemigos, al menos no desde el exterior. Hoy tan sólo había... ¿paz?

-Ven –susurró a Nívea con una dulce caricia en el cuello del animal. Con ella caminó despacio, alerta, guiada por una curiosa necesidad; niña ciega que empieza a ver el mundo por primera vez y desea, más que nada, conocerlo. Tocarlo, sentirlo bajo la yema de sus dedos en una nueva caricia sobre una pared hecha de polvo y ceniza. Y en el interior, tras cruzar el umbral, creyó volver a perder la respiración.

Allí estaba, presidiendo la estancia y hermosamente iluminada por los rayos de sol que se colaban desde los tramos destruidos: Santa Elimine. Su rostro de mármol apenas había sufrido daños, como una conquistadora que triunfa sobre la adversidad. Sobrecogida, Aries volvió a exhalar suavemente tras unos segundos, los mismos de la última vez. Ah, la destrucción. La destrucción podía ser realmente hermosa...

Unos pasos más y se arrodilló ante la estatua. Juntó las manos en señal de rezo, cerró los ojos. Susurró.

-Santa Elimine… Si el mundo es de los justos y los valientes, hazme digna de él…

Y en el murmullo de su oración, un chasquido repentino a su espalda le abrió los párpados rápidamente y le secó la voz. No estaban solas; ya no.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Miér Ago 16, 2017 4:04 pm

Los pasos ligeros y sutiles de mis pies sobre la tierra apenas permitían que un sonido saliese, sabía cómo y dónde pisar para que mi presencia no fuese percibida ni por animales ni por los humanos, no iba tras ninguna víctima ni una presa, solamente caminaba en dirección hacia los reinos de los cuales desconocía si la guerra había hecho acto de presencia en ella y si habían sido tan devastadores como en otros tantos lugares que ya había podido presenciar, últimamente me movía buscando trabajo, algo complicado cuando no había personas con vida que pudieran contratarlo. Por lo tanto el dinero no era necesario.

Quizás cazar algo si era necesario para sobrevivir, pero hacia bastante poco tiempo que había comido y el hambre no hacia estragos en mí, aunque en pocas horas volvería a hacerlo y por lo tanto debería buscar algo para alimentarme, animales o frutos que pudieran satisfacer el poco hambre que generalmente solía tener.

A no muchos metros pude escudriñar la figura de un edificio, un edificio religioso si no me equivocaba, algo maltrecho podía adivinar por la guerra que en estos momentos asolaba el mundo y que desde luego no tenía visos de acabar pronto y que o acabábamos con ella o ella acabaría con nosotros.

Mis pasos silenciosos y rápidos se aligeraron hacia aquel lugar, era posible que dentro todavía hubiesen víveres o comida, incluso persona que pudiesen ofrecer ayuda a otras que lo necesitaban, después de todo la gente religiosa y creyente solía tener un alma caritativa o de eso se jactaban la mayoría, si era como realmente decían y si había alguien allí era hora de comprobarlo.

A escasos metros de aquel edificio pude oír varios pasos y no de una persona si no de varias, respiraciones agitadas y pude captarme como de algún movimiento de algún arma, estaba rodeado y aunque no podía presencia a las figuras se podía notar, los cuerpos de quien me rodeaban cortaban la breve brisa que se movía de derecha a izquierda.

Lleve mi mano a la espalda y desenvaine mi espada, no estaba seguro de a que me enfrentaba pero esperaba que al menos tuviesen un corazón que atravesarles, desde luego un emergente no era mi enemigo favorito.

Había llegado el momento de la acción… Otra vez.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Nocthicula el Jue Ago 17, 2017 5:44 am

La brisa de aire frío agitó mi melena, haciéndome cerrar los ojos para inhalar esas bajas temperaturas características en este reino. Hace unas horas me arrepentía de haberme puesto rumbo para cambiar de país, pero era TOTALMENTE necesario. Estaba en busca de un veneno tan eficaz que sería capaz de derretir hasta armaduras con la acidez de aquella sustancia, sin embargo en el libro de pócimas de mi padre venía que el hongo de topos amarillos se podía encontrar en los reinos helados de Ilia debido a que esas temperaturas son las ideales para ello. Reuní el dinero suficiente, así como ahorros que había estado guardando, solamente para este capricho. No me arrepentía, ¿A caso no era necesario para mis estudios? El saber no tiene límite ni se le pone precio; además, no me vendría mal empezar a viajar para conocer los sitios desconocidos que me perdía al quedarme en Akenia.

Exhalé aliento para calentar mis manos mientras caminaba por esa densa capa de nieve. El bosque estaba completamente blanco, era todo un paisaje hermoso. Mis liláceos ojos clavaban en cada detalle de aquella imagen recién nevada, sintiendo una extraña sensación en mi interior. ¿Felicidad? ¿Emoción? Fuese la sensación que quisiera tener, esta hacía que mi corazón latiese tan rápido que no controlaba bien la respiración por un momento. Detuve mi paso, dejando bolsa de viaje —dentro llevaba mi grimorio con mi diario y el libro de pócimas, algunos víveres y dinero— apoyada en el tronco de un árbol. No era normal sentirme tan sumamente excitada, aunque había algo que no encajaba en este bosque. Por muy feliz que estuviera de estar en la búsqueda de aquel hongo, no dejaba de tener la guardia alta debido a que unos pasos se escucharon no muy lejos de mí. ¿Dónde? ¿DÓNDE? Rápidamente, intentando no ser vista, cogí mis cosas y me coloqué detrás de la copa de un árbol bastante grande al saber que los pasos venían de detrás de mí. Justo cuando asomé mi cabeza para ver quién era, me tranquilicé. No, no eran ni bandidos ni descontrolados bebés —la gente los suele llamar emergidos —… solo un simple muchacho de cabellos rojos que seguía su camino. ¿Mercenario? ¿Aventurero? Bah, qué más da. No me importaba la vida de los demás ya que yo debía seguir con mi búsqueda.

Tras perder de vista a aquel hombre, que siguió hacía más adelante donde el bosque perdía su espesura, yo me adentré más en la natura para buscar el hongo que necesitaba. Mirando a cada copa de árbol por los que pasaba, intentaba encontrar lo que necesitaba. Ya sabía que la misión era difícil gracias a los apuntes de mi difunto padres los cuales decían su grado de dificultad y la posible extinción de la seta. Aún las pocas probabilidades, seguí buscando. No iba a rendirme porque quería hacer aquella pócima costase lo que costase. ¡Si mi difunto padres la hizo a mi edad, ¿por qué yo no podría superarle?!

Y tras unos largos minutos…

— Ugh, es inútil… —Me deslicé por la copa de un árbol, dejándome caer a esa nieve. El frío y la sensación de tener que estar alerta siempre me ponía demasiado nerviosa. Miré hacía el hermoso cielo azul y deje escapar un suspiro del cual salió vaho. Cerré mis ojos, intentando pensar donde podría encontrar el hongo, pero tras de mi escuché varios pasos que retumbaban con fuerza y ciertas voces a lo lejos. ¿Alguien más en este bosque? ¿Tan populares eran las cumbres heladas de este lugar? Me asomé nuevamente y mis ojos pudieron ver lo que no me esperaba. Alguien o algo acercándose justo por la dirección que tomó el pelirrojo. ¿Dónde irían? ¿Por qué allí? ¿Habría algo especial? ¿Y si…?

Sin pensarlo un momento más, la curiosidad me llenó de intriga y quise ir hacía donde no había explorado todavía: la antigua iglesia que se encontraba en medio del bosque.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Jue Ago 17, 2017 2:49 pm

-Mirad qué tenemos aquí. Parece que hoy es nuestro día de suerte, ¿eh, muchachos? –Se alzó una voz desde la puerta destruida de la iglesia, indudablemente masculina y risueña; una pérfida sonrisa hecha sonido. Para la joven jinete, tan poco acostumbrada al timbre de los hombres, aquella voz sonó ronca y grave. Era como el peligroso gruñido de un animal salvaje, tierra seca en los oídos.

Ella se había girado rápidamente con el primer chasquido, a tiempo para vislumbrar a un guerrero de gran estatura y corpulencia. Su cabello era castaño y desaliñado hasta los hombros; sus ropas desgastadas, hechas de cuero, con una coraza que le cubría medio pecho. Haciendo gala de su gran fuerza, el bandido se valía de un solo brazo para sostener un enorme y llamativo martillo, que apoyaba contra sus hombros por detrás de la nuca. Ni qué decir tiene que no estaba solo. Otros dos bandidos, de tamaño más común aunque no por ello débiles de aspecto, aparecieron tras él por la puerta caída. Un cuarto emergería desde uno de los flancos, por donde la pared había cedido dejando un hermoso agujero a modo de entrada. Y no hubo una sola mirada de aquellos hombres, ni una sola, que no se centrara ahora en la pegaso y su jinete.

Rápida y protectora, Aries se colocó delante de Nívea con actitud defensiva, lanza en mano. El animal parecía nervioso, relinchando y alzando por momentos sus patas delanteras. Olía el peligro; olía fuerte. Tan fuerte como golpeaban los latidos de un corazón apresurado bajo una armadura de acero. Aries les miraba como quien mira a un depredador, alerta, desconfiada, tensa. No había odio en sus ojos, pero estaban a un paso de mostrarlo. Tampoco hubo voz en su garganta. Sobraban las palabras; estaba en territorio enemigo, por muy reino suyo que fuese, y con enemigos se había topado.

-Bonito pegaso –dijo el hombre de forma amenazantemente risueña, sin ocultar el principal interés que le había movido desde el principio-. No podíamos creer nuestra suerte cuando te vimos descender cerca de estos escombros. A ti no te han enseñado a no salir de casa solita, ¿verdad? –miró entonces a sus compañeros, despreocupado. La chica estaba armada, sí, pero no parecía más que un corderito superada en número por una manada de lobos-. El pegaso no debe sufrir un solo rasguño. A la chica no la matéis.

Ella inhaló, exhaló. Perdió la cuenta de sus latidos.

La iglesia no era grande, y el pasillo entre los bancos estrecho. El mismo hombretón no sería capaz de blandir bien su martillo en aquel espacio reducido, razón por la que quizás mandaba primero a sus secuaces. Estos tampoco podrían atacar todos a la vez. Una ventaja hecha inconveniente, pues tampoco era el espacio ideal para una lanza…

Inhaló. Exhaló… Esto ya no era un entrenamiento. Era el mundo real. El mundo…

El primer ataque fue veloz y repentino, más por parte de ella que de él. Quizás por miedo a no dañar al pegaso, sólo uno de los bandidos atacó primero, encontrándose con el impacto de una lanza bajo su espada. Aries le desarmó con el siguiente movimiento, y mientras el arma del desgraciado salía disparada entre los bancos, la joven giró su lanza rápidamente hacia el enemigo del flanco, consiguiendo herirle en el brazo. Había jugado con la ventaja de la sorpresa, pues al verla sola la creyeron demasiado débil. Pero ah, ni tan débil ni tan fuerte, y es que un látigo repentino se anudó en su lanza desde la distancia, dificultando su uso. Al otro extremo del látigo, el tercer bandido sonreía.

-Aprovechad y reducidla –dijo el imponente líder, disfrutando del momento.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Jue Ago 17, 2017 5:43 pm

Los pasos de los que me rodeaban continuaron, no parecia ser yo el objetivo, claro raramente podían haberme percibido, generalmente andaba de tal forma en la que trataba que mis pasos fuesen poco audibles, pues preferia evitar encontrarme con personas con malas intenciones, no por temor a estas, simplemente no me gustaba manchar mi espada de sangre si podía evitarlo. Los enfrentamientos por placer no eran de mis aficiones favoritas, realmente si tenia que luchar preferia que hubiese un motivo lo bastante importante como para hacerlo y en estos momentos no había nada que me pidiera luchar.

Continué caminando y la escena que vi hizo que si empezara a tener algo por lo que luchar unos cuantos tipos rodeaban a una chica junto dentro de una iglesia, la puerta de esta no era muy grande pero podía verse que no andaban con buenas intenciones y que tampoco eran amigos de la chica, me acerqué un poco me asormé con disimulo por la puerta aprovechando que los hombres que rodearon primero a la chica estaban de espaldas, por lo cual todavía podía usar el factor sorpresa a la hora de luchar.

Me escabullí desde la puerta hasta uno de los laterales de iglesia tratando de sorprender, pero el sorprendido fuí yo al ver que habían mas bandidos rodeando la iglesia, eran una panda de cobardes, escuché un quejido masculino y supé que la chica había tratado de defenderse, pero igualmente seguian siendo demasidados y encima la chica parecia querer proteger al caballo alado como si la vida le fuese en ello.

Pude ver que el bandido que ahora utilizaba un látigo se hizo con el arma de la joven, no había querido hacerlo pero desenvainé mi espada y desde atrás atravesé el corazón de aquel tipo su sangre mancho mis manos y mi espada, me asqueaba y por parte de ellos no era bonito jugar con tanta ventaja cuando una joven desarmada estaba en apuros y no, no era honorable atacar por la espalda, pero tampoco lo era rodear a una joven y desarmarla.

Uno menos – dije en voz alta para que me escuchasen sus compañeros – ¿Quién es el siguiente que quiere manchar el filo de mi espada? Aunque lo lamentaré cuando me toque limpiarla – solté un leve pero apesadumbrado suspiro – pero supongo que es lo que toca... Hacía mucho que no tenia un día de faena con tantos morlacos descerebrados... – dije imperturbable, mientras me paseaba entre los bancos, arrastrando el filo de mi espada por el suelo de piedra de la iglesia, así de paso se afilaba un poco.

Miré a los tipos y luego a la chica sin expresión alguna, no es que realmente tuviese ganas de salvarla y protegerla; si por mi fuera la habría abandonado a su suerte y que se arreglara como pudiese. Pero no, no era justo lo que esos tipos estaban haciendo y no soportaba las injusticias, aunque no tuvieran nada que ver conmigo.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Nocthicula el Jue Ago 17, 2017 6:33 pm


La gran puerta de la iglesia estaba abierta de par en par, mostrando los ruinosos interiores de aquella concomida obra de arte para los religiosos. Mi oscura y fría mirada se percató rápidamente que en los interiores había una panda de hombres —que tenían más de veinte años seguramente— con una hermosa joven de cabellos rubios; como las típicas princesas cliché. Al parecer querían rodearla para... Bueno, ya sabéis, lo típico que hacen los bandidos, ¿no? Robar, saquear, masacrar, vender esclavos y mucho tipo de cosas. La cuestión es que no me hubiera importado nada de nada aquella chica de no ser por aquel hermoso pegaso al que protegían. ¡Me había tocado el premio gordo! Un ejemplar hermoso, bien cuidado de largos pelajes y un color muy exótico. Oh, ese caballo me haría generar pócimas tan sumamente deliciosas y vistosas que podría hacerme de oro.

Sin dudarlo, busqué una manera menos vistosa de entrar que no fuese por la puerta porque no quería llamar la atención de los bandidos que comenzaron a acosar a la chica. Al girar sobre mis talones pude ver como de soslayo pasaba el mismo pelirrojo que largos minutos atrás había visto pasar a unos metros míos. Cuando lo seguí con la mirada pude ver que se dirigía al interior de la iglesia por una apertura en el lateral diestro del edificio. Bingo.
Ni lo pensé más veces y seguí al chico, escondida a sus espaldas y sin hacer ruido. Mi mente ahora solamente pensaba en hacerme con ese caballo, sin importar que le pasara a aquella estúpida jinete o a aquel pelirrojo; a decir verdad estaba deseosa que murieran en combate porque los superaban en número y fuerza.
El muchacho entró por aquel agujero, dejándome completamente sola en las afueras de la iglesia. Yo le seguí unos segundos después para no levantar sospechas y fue cuando me quedé observando aquella escena tan... ¡Maravillosa! La fuerza del hombre fue tan bestial que atravesó su filo por el pecho de aquel bandido, haciendo que una gran cantidad de sangre emanase hasta muy cerca de sus pies. La sangre salpicando, ese tono chulesco que buscaba guerra a pesar de ser una simple minoría, sus largos cabellos carmesíes que simulaban la sangre de sus víctimas...

ERA EL HOMBRE DE MIS SUEÑOS; EL ÁNGEL OSCURO ENTREGADO POR SATANÁS PARA MÍ.

Automáticamente, sin pensarlo, quise entrar para ayudarle con mi arma en mano —el grimorio de Ruina— simplemente por llamar su atención. Debido a mi falta de experiencia en el arte del disimulo, por un simple ruido tonto, uno de los bandidos se dio cuenta de mi presencia y se giró para señalarme con el dedo mientras exclamaba.

¡Jefe, nos igualan en número! ¡La pegaso tiene más amigos!
No importa. —El bandido dijo con voz bravucona y chulesca. Acto seguido, dio un silbido y, tras un segundo, de la nada aparecieron otros cinco bandidos más que se escondían estratégicamente en el interior de la iglesia.— ¡A por ellos! ¡Que el hombre muera, pero dejad a las chicas y al pegaso vivos!
¡Al pegaso ni lo toquéis! —Ni dudé en exclamar (obviamente sin ánimo de defender al animal, sino con intereses de lucro), con mis ojos puestos en aquel ejemplar de animal... y de hombre.
Ven aquí, retaca. Este no es lugar para una niña pequeña como tú. ¿Sabes que hacemos con las niñas pequeñas? Sois unas buenas esclavas para los hombres, ¡ja, ja, ja! —Uno de aquellos bandidos que había salido de una sala contigua, a nuestro lado diestro, me agarró por el brazo zurdo mientras me levantó en peso. Su risa era vomitiva, pero lo que me daba más asco todavía era esa larga barba con su mal aliento que apestaba a cebada barata.
Puaj. No me toques, viejo verde. —Y, sin ningún miramiento ni miedo en mí, posé mi mano que me agarraba sobre el hombre y abrí el libro de hechizos para sacar su poder. De aquella mano brotó una energía oscura que empujó a aquel hombre por la cercanía en la que convoqué el hechizo. Mis pues volvieron a tocar el suelo, recomponiéndome. Ya estaba claro que ellos me habían visto así que, haciendo la vista gorda por ahora de aquel hermoso hombre, miré a la chica con una sonrisa amplia y dije:— Oye, princesita en apuros, si te salvo de esta, ¿Me dejarías quitarle un par de plumas, pelaje, sus lágrimas y algunas tonterías más a tu cosa con alas? ¡Tu ejemplar es hermoso! —Mi boca ya hacía agua de imaginarme los tantísmos recursos que podía obtener de aquel hermoso pegaso para tantísimas pócimas y encantamientos. Oh, ser una bruja era tan maravilloso.

Los bandidos, al estar en tercer plano en esta escena, se cabrearon aún más. Su líder, el cual había sido sorprendido por las acciones del pelirrojo, intervinió y puso su baraja sobre la mesa. Agitó aquel gran martillo —o hacha gigante según como se vea— sobre el aire y lo clavó muy cerca de la mujer rubia. Con una risa, nos miró tanto al pelirrojo como a mi y nos desafió. Vaya, esto se estaba poniendo muy peliagudo, pero... ya estaba preparada para ello. Había visto tantísimas veces con mis ojso asaltos de bandidos, luchas entre guerreros y emergentes y muchísimas cosas más. Un par de viejos pervertidos no me asustaban. Y sí, podía estar completamente aterrada por ser una maga débil con poca resistencia, sin embargo había un as bajo la manga que escondía y que ellos no sabían: era una chica muy rápida, ágil y con muchos reflejos.

Me puse al lado del pelirrojo y, con una sonrisa que parecía de la típica fan desquiciada que miraba a un príncipe, dije:

Podéis intentar tocarnos, pero ni yo ni este perfecto hombre esculpido con los milagros de los dioses del infierno os dejaremos en paz. —Mirando a aquellos bandidos, abrí mi libro de par en par sobre mi mano zurda. Con la fuerza con la que me estaba concentrando en el poder espiritual, de aquel grimorio se emanaba una fuente de energía oscura. Volví a mirar a aquel pelirrojo y, con una sonrisa, dije:— Te defiendo las espaldas, oh, enviado de las tinieblas. Son todo tuyos. Y no te cortes en manchar tu espada con la sucia sangre de estos idiotas; la sangre sale muy fácil con sal y jabón, ¡hi, hi! —Y, cumpliendo con mi palabra, apunté a uno de los bandidos que venía por el flanco diestro desde los bancos a atacar a aquel hermoso hombre pelirrojo para echarle hacía atrás y dejarle entonces tiempo para que su espada dance y nos muestre el festival de sangre que estaba deseando.

Este día estaba siendo mejor de lo que me esperaba.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Vie Ago 18, 2017 5:59 am

Completamente alarmada por el devenir de los hechos, Aries agarró su lanza con ambas manos para no perderla. El látigo enroscado a ella tiraba con fuerza, manteniéndole un pulso que dejó a la caballero indudablemente expuesta. Estaba sola, superada en número y prácticamente desarmada, y no era su vida lo único que estaba en juego, no. Ni siquiera era lo más importante en ese momento. Tras ella, Nívea seguía asustada, relinchando inquieta.

Había sido una ingenua al hacer este alto en el camino. Una estúpida que no podía simplemente despertar a la realidad más allá de las montañas. No hasta que ésta le hubiera golpeado con una fuerza por la que, quizás, no volvería a levantarse.

Nívea… Nívea… ¿qué va a pasar ahora…?

Ah, pero fuerte es el vínculo entre caballero y pegaso, y Aries no fue la única ignorante en aquella sala.

Se acercó el ladrón del flanco, que aunque herido del brazo ya se creía rey ante una víctima sitiada. Mas, fuera lo que fuese que pretendía hacer, no tuvo la oportunidad antes de que Nívea se adelantara hacia él. La yegua se alzó repentinamente sobre sus dos patas traseras, con un relinche estridente y peligroso que hizo eco en cada rincón de la iglesia. Y aquel hermoso corcel hecho de nieve fue entonces sombra; una sombra creciente, imponente, proyectada sobre los ojos bien abiertos de aquel desgraciado que, por un instante, creyó ver su propia muerte. Las patas del animal cayeron tan violentamente que llegaron a agrietar el pavimento, ante la atónita mirada del bandido que por poco perdió la vida. A duras penas había conseguido esquivar el golpe.

Fue entonces cuando brotó la primera sangre, cuando cayó la primera vida. Aprovechando la momentánea distracción otorgada por la yegua, una presencia inesperada se había colocado tras el bandido que sujetaba el látigo. Su movimiento fue rápido y fulminante. Atravesó el corazón de aquel cobarde como si éste no significara nada. Y nada significaba, en efecto. Nada.

La imagen supo grabarse a fuego en las retinas de la sobrecogida soldado. Y es que nunca, jamás, había visto Aries a un ser humano morir de aquella manera. Nunca había vislumbrado semejante expresión desencajada en rostro ajeno. Aquel bandido, que antes tenía una vida y un propósito, caía ahora con ojos abiertos que brillaron, más incandescentes que nunca, sólo para apagarse antes de impactar siquiera contra el suelo. Unos pocos segundos y fue nada. Así de fácil, así de rápido.

Tras él, su ejecutor se mostró como un hombre de mirada gélida y cabellos del color de la misma sangre derramada; un verdadero heraldo de la muerte, aparecido de la nada para traerla consigo. Amigo o enemigo, supo estremecer algo en el interior de la Caballero, serpiente maliciosa que reptó por su estómago, nuca y corazón. ¿Miedo…?

-¡Nos atacan! –gritó uno de los bandidos. Lo siguiente fue un compendio de caos y destrucción, en el que aparecieron repentinamente otros tantos bandidos y una extraña niña de intenciones difusas, cada uno librando su batalla particular.

Aries, que acababa de recuperar tanto su arma como su capacidad de reacción, supo pararle los pies al bandido del flanco. Bastó un fuerte golpe en el costado para que el brazo alzado del hombre perdiera su fuerza, bajando inevitablemente su arma por un momento. Por su parte, Nívea supo dar una buena coz con sus patas traseras a los dos que venían por detrás, mandándolos violentamente contra la pared más cercana. No murieron, ni ellos ni el bandido cuya costilla Aries acababa de romper con el mástil de su lanza. No todavía.

Pero entonces ella alzó su arma con fuego indescriptible en sus ojos, apuntando al hombre maltrecho con clara intención de atravesarle de una vez por todas. Ahora era él quien estaba expuesto. Ahora era él la presa fácil, y ella su depredador con Santa Elimine de testigo. Ahora…

-¡N-no me mates! –se escuchó por la boca del hombre, que trataba inútilmente de protegerse con su único brazo sano. Y esa imagen, ese ruego, quizás tan patético como dolorosamente real, bastó para congelarlo todo.

Así quedó ella por la eternidad de unos segundos; paralizada, con su lanza lista para asestar un golpe fatal que no llegaba a producirse. Que no podía producirse. Sus ojos parecieron perder su fuego, asediados por una lucha interna en la que odio y culpa danzaron tortuosamente. Por un momento creyó haberse quedado sorda; sorda de todo tras aquellas palabras. ‘No me mates’... ‘No me mates’…

Fue un nuevo grito de Nívea lo que la sacó de aquel trance. Aries giró rápidamente la cabeza hacia su yegua, alarmada y sin pensar. Un segundo de guardia baja que aquel hombre al que acababa de perdonar la vida, aunque malherido, no pensaba desaprovechar…
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Vie Ago 18, 2017 6:58 am

Mientras observaba la situacion de tantos tipos teniendo problemas con una chiquilla que realmente no sabía exactamente de donde había llegado y la jinete de Pegaso que parecia mucho mas asustada que el propio animal en aquella situación, pero así era, no debian ser huesos fáciles de roer, pero todo tenia una explicación bastante sencilla al hecho de que no pudieran con dos chiquillas practicamente indefensas, eran unos inutiles que alardeaban de un poder que no tenian y que les costaria la vida, por que había algo que me molestaba mas que la injusticias: Los que alardeaban de ser algo y no llegaban ni a su sombra.

La pequeñita que acababa de llegar tuvo sus mas y sus menos con unos de los bandidos, pero supo deshacerse de lanzandole un hechizo en toda la cara, no sabía que circunstancias ni que problemas podria ocasionarle a alguien recibir un hechizo tan de cerca y en la cara, pero una cosa estaba clara, agradable no debía ser, al menos por el momento la joven de cabellos violaceos no corría peligro verdadero.

Mire a otro costado y descubrí la accion patetica del día, mientras mi espada detenia el golpe de las espada de uno de los bandidos, solté un suspiro y empuje al dichoso bandido con una patada hacia atrás y con un movimiento rápido raje su cuello dejando que cayera agonizante al suelo, para mi mala suerte mis botas se mancharon de la asquerosa sangre del sujeto que moriría de un forma poco agradable, ahogándose y desangrado. Se lo merecía.

La acción patetica del día que vi antes de acabar con la vida de aquel bandido no era otroa otro de los bandidos suplicandole a la chica de cabellos dorados que no acabasé con su vida, observe la escena y al ver que la chica finalmente no lo mataba suspiré profundamente, que asco me daba todo eso de ser misericordioso con alguien que no tenia intención de serlo contigo.

No dude en acercarme rapido y sigiloso y clavando mis ojos en los del tipo antes de que pudiera atacar a la chica le atravese la garganta sin miramientos dejando que el cuerpo inerte de este golpease el suelo con la violencia que su propio peso quisiera imprimirle.

Mire mi espada y solté un suspiro, demasiada sangre, asi que con un movimiento seco trate de quitar toda la sangre que manchaba su filo.

Que asco... – dije con frustración, mientras miraba alrededor y veía a los bandidos que quedaban intentando vencer, sin éxito alguno claro.

Me senté en uno de los bancos mientras terminaba de limpiar el filo de mi espada con las telas de mi gabardina, no me importaba que se manchara un poco de sangre, al ser oscura no se notaba demasiado, pero mi espada no, mi espada debia estar impoluta siempre, no me gustaba tenerla manchada con la sangre de gente que no merecia la pena matar, simplemente no eran importantes. Aunque eso no significaba que no mereciesen su muerte.

Me levante nuevamente y agité mi espada caminando por el alrededor tratando de buscar al líder los bandidos, con un poco de suerte si rajaba a este los demás... los que sobreviviesen saldrían huyendo con el rabo entre las piernas y nos dejarian en paz, aunque realmente a mi no me causaban problemas porque eran demasiado inutiles.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Nocthicula el Vie Ago 18, 2017 7:36 am

En cuanto le di paso al hermoso ángel caído de cabello carmesí, el festival de sangre comenzó. Oh, justo como me gustaba a mi. Esa sensación de emoción era justamente la que me hacía recordar viejos tiempos cuando mi padre me llevó en sus brazos a una escaramuza, deshaciéndose de sus enemigos de la manera tan sanginolenta que pudo. Y allí... es cuando conocí la verdad que se escondía tras la personalidad de mi padre y la mía propia. Gracias a él, ahora podía disfrutar de esta guerrilla sin miedo ni tan siquiera a ver como las vidas se perdían con tan solo el filo de la espada del guerrero o la lanza de la "dama en apuros". Me sentía una mera espectadora de una obra de teatro, emocionada. Y todo podía haber seguido así, pero en un campo de batalla jamás se permite la distracción a nadie porque podía ser fatal.

El bandido que había osado agarrarme ahora se levantaba del suelo tras recomponerse del hechizo que le lancé en su rostro. Para su suerte seguía vivo, pero la desgracia es que ahora su piel estaba completamente quemada y las tiras de esta caían derretidas como si el fuego más ardiente del infierno le hubiera carbonizado. Su cara era todo un cuadro de terror.
Retorciéndose hasta a mí, puso su mano diestra temblorosa en mi hombro y soltó un gruñido. Al girar mi rostro molesta pude ver aquella escena. ¿Asustada? ¡Qué va! Al ver lo que podía hacer mi simple hechizo Ruina proyectado desde mucha cercanía a la piel, me ericé por completo. ¡Jamás había visto tanta maravilla en un hechizo mío!

¡Oh, Satán! ¡Eres más hermoso que antes! —Emocionada, abrí mis ojos y amplié mi sonrisa hasta que esta se difuminó con la misma facilidad con la que la dibujé. Subí mi mano diestra y, cargándola de energía, espeté:— Pero... me sigues dando asco, así que lárgate. —Y, nuevamente, lancé ese hechizo hacía el hombre para dejarlo finalmente sin vida en el suelo al haber sido atravesado por el maleficio oscuro en su pecho.

Volví al combate y pude ver como el hermoso enviado de las tinieblas se encargaba de uno de los sucios hombres que acosaba a la rubia. La escena era como una hermosa poesía terrorífica: el heraldo de la muerte sentenciaba el fin de la batalla con su última puñalada. Me estremecí, agarrando con fuerza el libro. Su pasotismo hacía la mujer y aquel hermoso animal manchado de sangre —otra hermosa visión a mis ojos— me hizo suspirar para sacar la respiración desde lo más profundo de mi corazón. Latido, latido, latido, latido... Oh, corazón, ¿de nuevo volvías ha hacer de las tuyas?
En silencio me quedé con mis ojos clavados a los tantísimos cadáveres que tanto el pegaso como el fuerte hombre cosecharon. Instantáneamente quise a ir a recoger mi premio, sin embargo la victoria aun no estaba asegurada para nosotros. Alguien esperaba desde las sombras.

Sucios mocosos... ¡Podéis haber machacado a mis hombres, pero aún os queda enfrentaros a Jeremias, el gran mercenario plateado! —El jefe de la banda, el cual había estado al margen durante mucho tiempo, salió de entre los bancos de la parte zurda de la iglesia. Lo tenía frente a mi, a unos largos metros de distancia. Él miraba al pelirrojo cuando dijo lo primero, pero después osó mirarme a mí. Sin darme tiempo a reaccionar, él se lanzó hacía a mi de manera lenta para querer atacarme.— ¡Primero irás tú, bruja!

Lento, demasiado lento. Para cuando él quiso bajar su gran martillo, yo ya había calculado la trayectoria donde impactaría y para donde tenía que esquivar. Me hizo falta simplemente un salto hacía mi diestra, flexionando las piernas en cuanto estuve encima del banco donde estaba sentado a unos metros más apartado el hermoso hombre que conquistó mi corazón. Cargando el hechizo nuevamente, lo miré unos segundos con intensidad. El solo brillo de los ojos azules del heraldo de la muerte me hizo sentir aun más fuerza para cargar ese hechizo, mordiéndome el labio de la emoción de sentir mi magia como fluía tan poderosa. ¿Sería él el impulso que buscaba para seguir creciendo como hechizera?
Un movimiento grácil con mi muñeca sentenció la muerte de aquel osado bandido, impactando esa oscuridad anti-gravitacional ante él como si hubiese sido crítico. El cuerpo de ese hombre cayó, soltando ese gran martillo ante sí. Bah, las armas blancas no eran mis intereses; y más siendo tan ostentosas y primitivas.

Todo se había acabado, al fin estabamos libres... por ahora.

Oye, tú, princesita. —Mi voz gruñó al mismo tiempo que caminaba hasta a ella. No tenía interés ante como estaba, ni tan siquiera me importaba que hubiese sido herida, pero... — ¿Podemos hablar ya de devolverme el favor? Podrías haber muerto si este caballero ni yo hubiéramos aparecido; realmente no me hubiera importado ser espectadora de eso, pero tienes algo que me interesa y podríamos negociar. —Mi vena de mercader era lo que me tenía ahora mismo distraída de mis pensamientos adolescentes hacía aquel hombre. Mis ojos oscuros clavaron ante la alta muchacha,  mirándola con mi cabeza alzada mientras sonreía. ¿Me daría lo que quería o debería de tomarlo por las malas? Eso estaba por verse.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Vie Ago 18, 2017 12:52 pm

Bastó un segundo para comprobar que Nívea estaba bien, y entonces lo notó. Una sombra creciente a su espalda, la amarga exhalación del peligro en su nuca. Se giró rápidamente, temiendo que fuera demasiado tarde, y volvió a vislumbrar aquel cabello rojizo que tan bien sabía pintar a la muerte. El tiempo pareció detenerse una vez más.

En un espectáculo obscenamente grotesco, de esos que no se olvidan por mucho que lo intentes, el oscuro desconocido atravesaba sin compasión alguna la garganta del bandido, cuya sangre salpicó sobre la blanca armadura de la soldado. También sobre su pegaso. Y allí volvió a quedar ella, mirando a la muerte con ojos bien abiertos y labios ligeramente separados, sin voz en su garganta ni coherencia en sus pensamientos. Manchada. Marcada más allá de piel y armadura. Casi pudo notar el sabor metálico en su lengua.

El desconocido se sentó en uno de los bancos para descansar acto seguido, como si lo que quedaba de aquella escena ya no fuera con él. Aries sólo dispuso de un breve momento para observarle, como quien observa a un extraño especímen que merece ser estudiado, antes de que el rugido del jefe de los bandidos volviera a alertarla. Aún quedaba él en pie, el más temido; rey destronado que no desea abandonar este mundo sin llevarse a unos cuantos enemigos por delante. Y fue aquella maga la primera en cruzarse ante los ojos del corpulento hombre, la primera víctima que debía caer. La menos armada, la más fácil. O así debió pensar él cuando alzó su enorme martillo contra ella, dispuesto a romperle el cráneo y todos los huesos del cuerpo con un solo golpe.

-¡Cuidado…! –exclamó Aries en una rápida advertencia, incapaz de llegar a tiempo para ayudarla desde su posición. No hizo falta; la pequeña bruja esquivó el golpe con pasmosa tranquilidad, y alzando las manos comenzó a invocar un oscuro hechizo, un conjuro que, por un momento, pareció robar el aire y apretar el corazón de jinete y pegaso. La muerte llegó tan rápida como violenta, provocando un huracán de energía que obligó a Aries a cubrirse con ambos brazos delante de Nívea. Fue un milagro que no se les hubiera caído la iglesia encima…

Entonces hubo silencio. Ese tipo de silencio que ocurre tras las tormentas, o cuando dejas de llorar por la noche y ya sólo escuchas tu propia respiración. Breve, por desgracia, sobre todo al ser interrumpido por semejantes palabras.

-Oye, tú, princesita –espetó la pequeña bruja, acercándose a ella sin ocultar su desagrado. En cuanto mencionó aquello de ‘tienes algo que me interesa’, la expresión de Aries se agravó y se colocó rápidamente delante de su pegaso, defensiva y armada.

-Nívea… no es mercancía… No negociaré con ella -se atrevió a decir, su tono oscilando entre sumiso y rotundo. Estaba claro que no deseaba conflicto con ambos extraños, como también quedó claro que tampoco dudaría en defender a su pegaso con su propia vida. No les quitó el ojo de encima, tensa y desconfiada.

-Sólo deseo marchar en paz…

Paz. Curiosa palabra en tiempos de guerra. Irónica entre tanta sangre derramada y tantos cuerpos inertes. ¿Cuántos crímenes más debían cometerse en aquel santuario sagrado, bajo la atenta mirada de Santa Elimine?
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Vie Ago 18, 2017 1:37 pm

De la misma forma que todo empezó acabó. La brujita a la que el líder que aquella banda de bandidos, por decir algo, acabó con el sin demasiado esfuerzo, tras esquivar un primer golpe que probablemente habria resultado mortal para la peli-morada, le lanzo un conjuro que impacto de lleno en este e hizo que cayera inorte sonbre el suelo de marmol de la iglesia, un golpe que le habria matado en caso de no hacerlo el hechizo.

Esta enseguida le pidio negociar a la rubia a la que habia practicamente salvado en pescuezo en dos ocasiones, no era para menos, todo el mundo queria su porción cuando se trataba de ayudar a una desconocida, por mi parte también habria pedido algo, pero no tenia nada que pudiera interesarme, al menos de momento y de ser otro tipo de persona le habria pedido algún tipo de favor sexual, pero no era de esos, generalmente preferia que surgiera solo.

Mmmmm... – cerré los ojos y me acaricié el tabique nasal pensativo – es cierto que nos debes un favor. – mire a la rubia - de no ser por nosotros no serias más que otro cadáver como los que hay por aquí. – la miré de arriba abajo y suspiré – Pero no tienes nada que me interese. Que perdida de tiempo. – enfunde mi espada y caminé hacia el Pegaso, por mi parte no tenia ninguna intención de hacer daño al animal.

Era un buen ejemplar, simplemente me limité a observarlo de cerca, pero a una distancia prudencial en la cual me daria tiempo de sobra de esquivar cualquier coz o cualquier otro mecanismo de defensa que el animal pudiera utilizar.

Lo cierto es que mirando de nuevo a la chica rubia y a la de pelo violeta, probablemente aquellos tipos habrían intentado aprovecharse sexualmente de ellas, no entendía por que... ¿Qué clase de placer podían sentir violando a unas niñas? Además, debía ser muy forzoso hacer eso y además intentar que no se escaparan.  Que pereza me daba solo de pensarlo.

Me giré de frente para mirar a ambas chicas, que parecian estar a punto de empezar una disputa, al parecer la menor parecia interesada en el Pegaso y sin embargo la rubia de la cual no sabía el nombre, al igual que el de la bruja, no estaba dispuesta a negociar por él.

Esto empezaba a no ser de mi incumbencia, así que lo mejor que podía hacer era marcharme y solo lamentar la perdida de tiempo.

Entonces lo escuché, un trueno y enseguida empezó a diluviar, lo que me faltaba era empaparme entero y posiblemente resfriarme o quedarme y ver como aquellas dos muchachas discutían por el Pegaso, en caso de quedarme aburrirme siempre podía cerrar los ojos y dormirme, no parecían una amenaza para mí.

Por el momento me quedaría. Siempre se me podía ocurrir un cobro para la rubia.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Nocthicula el Vie Ago 18, 2017 2:53 pm

Nívea… no es mercancía… No negociaré con ella. —La mirada temblorosa de la rubia me puso furiosa, mordiendo mi lengua con fuerza para no soltar cualquiera barbaridad. ¿¡Así pagaba mi molestia de ayudarla de esos bandidos que osaban atormentarla?! Puede que todo el mérito se lo hubiera llevado el hermoso ángel de la muerte de cabellos rojos, sin embargo yo también me había portado y había sido más fuerte que ella.— Solo deseo marchar en paz. Fue lo último que pidió con miedo, intentando ablandar la situación. Patético, realmente patético.

Estuvo a punto de provocar en mi una fuerte ira y enfado porque odiaba no salirme con la mía después de haberme jugado el cuello, pero la valerosa voz seria de aquel guerrero de la muerte detuvo mis sentimientos. Nuevamente, mi foco de atención era ese hombre que hacía que mi corazón latiera tan fuerte. ¿Cuánto tiempo hacía que no me sentía así de viva? Recuerdo que el anterior hombre por el que estaba colada era otro mago negro de Nohr, pero no fluyó al cosa y desistí. Pero hoy sería diferente. Hoy debía saber más de ese hombre. Hoy podría ser el día.
Amplió una sonrisa al ver como el hombre estaba de acuerdo con ella al darle la razón cuando dijo que le debían un favor, sin embargo el pelirrojo no se interesó por nada. Yo, en cambio, estaba completamente enamorada de ese corcél —y no precisamente para montarlo—.

Tal y como dice el hermoso heraldo de la muerte, deberías de pagarnos, niñata. —Espetó con odio, cruzándose de brazos mientras se encubría detrás de su amor platónico.— No pienso hacer daño al caballo con alas; solamente le quitaré un par de plumas y sus lágrimas cuando se queje. Podría hacerle cosas peores, créeme, pero me das pena.—Suspiré con resignación al tener que rebajarme el nivel de crueldad y tener que conformarme con simplemente un par de simples cosas superficiales. Tras haber dejado los puntos sobre las ies, miré al pelirrojo que se disponía a marcharse decepcionado.— ¡U-Un momento, hermoso ángel, y-yo...! —Un trueno impactó no muy lejos de la iglesia, escuchando a los segundos como el agua sería entonces nuestra enemiga que nos obligaría a estar en clausura en ese centro religioso. Estaría furiosa de no ser por la compañía de aquel hermoso hombre, al cual me dispuse hablar ahora.— Perdona, mi buen señor, pero, ¿Cómo podría agraderle yo su valerosa aparición? Puedo hacer lo que desee porque soy una experta en pócimas, ungüentos y todo tipo de maldiciones. ¿Podría pagarle de alguna manera? —Tenía intención de querer seguir estar al lado de aquel hombre y tener vigilado a la estúpida niñata de cabello rubio, así que debería de quedarme un poco más disimulando ser "la niña buena". Odiaba fingir, pero... ¿y si así me llevaba el apreció del pelirrojo y el premio de la muchacha? Debía de seguir insistiendo.

[ . . . ]


Y, en los bosques nevados de aquellas altas montañas, ahora sería el turno de los últimos bandidos que quedaban los cuales esperaban a su líder en las afueras. Ante la lluvia, los hombres se posieron más alerta y volvieron a la posición inicial donde estarían atacando sus compañeros. Ellos, discretamente, no se dieron a ver al ver la situación que dentro les aguardaba: tres guerreros habiendo derrotado a cuatro de sus amigos y su líder. ¿Qué harían ahora? ¿Estarían dispuestos a atacar o esperarían un poco más?
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Vie Ago 18, 2017 4:07 pm

No le importaron los insultos, el desprecio que salió una vez más por esa serpiente que la maga tenía por boca. Y no, no se apartaría. Nadie debía acercarse a Nívea; nadie, ni siquiera ese hombre que había admitido no hallar nada interesante en ellas. Si así  era, ¿por qué las miraba? ¿Por qué no se marchaba? Pareciera que guerrero y maga sólo buscaban manchar, mancillar y herir. Les habían salvado la vida, sí, pero Aries no podía evitar verles también a ellos como enemigos, incapaz de bajar la guardia en su presencia.

-Ni sus plumas ni sus lágrimas te pertenecen –respondió a la insistencia de la menor, y aunque no sonó necesariamente amenazante, sí habló de forma más rotunda, con ese ceño a medio fruncir que no ocultaba ni su desconfianza ni su molestia. Quizás no era un lobo, quizás era sólo un cordero, pero tenía pequeñas garras y no dudaría en usarlas cuando se trataba de su pegaso.

Aunque más calmada que antes, la yegua aún parecía un poco inquieta, como si el mismo aire hubiera sido contaminado por la magia de la pequeña bruja. ¿O quizás era…? El consiguiente trueno no tardó en aclarar el comportamiento del animal. Una tormenta…

Aries miró a su fiel compañera con preocupación, mordiéndose el labio ligeramente. Sabía que a Nívea no le gustaban las tormentas y jamás aceptaría volar mientras el cielo llorara con tanta furia. Le acarició el cuello para tranquilizarla, antes de volver a fijarse en los otros dos viajeros. El hombre, que en un principio casi parecía dispuesto a marchar, había detenido su paso al escuchar la lluvia, como una silente declaración de intenciones. ¿Pensaba quedarse también él en aquella iglesia hasta que amainara la tormenta? Por su parte, la brujita parecía interesada en el pelirrojo, tanto que su tono cambiaba por completo al dirigirse a él; ya no era serpiente sino mariposa. Curiosa coincidencia, además, pues aparentemente ninguno de los dos se conocía de antes.¿Tantos viajeros había en los reinos caídos? ¿Bajo qué estandarte servirían?

-Estamos en mitad de un campo de batalla… -dijo, acariciando aún a la pegaso con cierto pesar en sus ojos. Su voz volvía a ser más débil y calmada, un sonido que no se alzaba más de lo que debía para ser escuchado-. Si vamos a compartir el mismo techo mientras dure la tormenta, deberíamos aceptarnos como aliados, no como enemigos… ¿pues acaso no somos todos objetivos de una misma amenaza?

[ . . . ]

-El jefe ha muerto… -comentaba uno de los bandidos, agazapado tras unos arbustos nevados-. ¿Qué oportunidades tenemos nosotros?

-Cobarde –dijo otro que, incluso con aquella molesta lluvia, no dejaba de sonreír-. A menos seamos, mayor será el botín. Ya hemos visto de lo que esos tipos son capaces; sólo tenemos que ser más listos que nuestros estúpidos compañeros.

-¿Y a ti quién demonios te ha nombrado líder?

-Si cazo a ese pegaso, tendréis que aceptarme como vuestro nuevo jefe.

-¿Y si lo cazo yo? –se adelantó a decir el primer bandido. La sonrisa del otro no hizo más que acrecentarse.

-Eso no va a pasar. Esperemos a que se relajen; el tipo de la espada debe caer primero. Con las chicas... heh, nos divertiremos esta noche.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Vie Ago 18, 2017 4:56 pm

La situación entre las chicas podía complicarse si seguian peleandose por el maldito Pegaso, el que en parte habia sido causante de las molestias, por que dudaba que a ella le hubiesen hecho mas que quizás tratar de tener sexo, pero en casi la totalidad de las intenciones de los tipos era el Pegaso, los Pegasos debian ser muy codiciados en el mercado Negro y mas en los tiempos que corrian, aunque a mi parecer estaban sobrevalorados, una flecha perdida en cualquier momento podría acabar con ellos.

"Caballos alados inutiles, sin resistencia" era lo que solia pensar a menudos de ellos.

La chica peli-violeta se acerco a mi y se ofreció para compensarme por la ayuda, desde luego buscaba algo y si no lo hacia daba la sensación de que su interes era por algo, aunque no entendia que podía tener que le pudiera interesar a esa diminuta bruja con aquella personalidad tan cambiante, tan agresiva con la muchacha al menos en palabras.

No quiero nada de eso – negué con la cabeza – realmente dudo que ninguna de las dos podáis pagarme algo que yo pueda necesitar – me encogí de hombros y me acerqué de nuevo a la rubia y fruncí el ceño levemente – No hablo por mi, pero si ella quiere un par de plumas del Pegaso y unas lagrimas de este deberías ceder... Después es el culpable de que nos hayamos visto envueltos en eso, de no ser por nosotros seguramente te habrías quedado sin Pegaso. – la mire, clavando mis orbes azules en los de ella.

No es que realmente me hubiese molestado, pero si que era cierto que la chica quisiera una recompensa, cualquier otra persona probablemente le pediria mas cosas que la chica, pero también era cierto que yo no queria nada de ella... De momento... Más tarde era posible que si quisiera algo de ella. Algo... aunque no estaba seguro del que, le daria vueltas mientras la lluvia seguia jarreando.

Era una situación extraña, pero si, la rubia tenia razón en una cosa, el tiempo que estuviesemos allí deberiamos vernos como aliados, por que no sabiamos que cosas podrian suceder, incluso era posible que tuviesemos que enfrentarnos a Emergentes o a quien sabe que, o también era posible que no tuviesemos ningún problema, pero no era normal en mi relajarme y confiarme.

Eso causaba demasiadas muertes y aunque era cierto que no tenia un motivo para vivir, también era cierto que podía ser que estuviese buscando mi razón para vivir.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Nocthicula el Vie Ago 18, 2017 6:31 pm

Ya estaba lo suficientemente cabreada con la situación de esa niña malcriada que de solo ver como el hombre la rechazaba, le puso aun más nerviosa. Bah, panda de idiotas. Puede que la frialdad del hombre, en parte, fuese un reto para ella, pero con el cabreo que llevaba ya no se lo tomaba como eso sino más bien como un simple rechazo —que es lo que era—. Mordiéndose el labio inferior con tantísimas fuerza que se hizo hasta sangre, volteó su rostro hacía el lado diestro para ver por aquel hueco como la lluvia seguía y seguía atormentando nuestro alrededor. Enfadada, indignada... ¿Y de verdad yo pretendía quedarme aquí? Obviamente que la lluvia no me molestaba, como mucho me causaría un resfriado que simplemente una poción podría curarme así que pensaba marcharme. Sí, ya había tenido suficiente. No soportaba más humillación ni quería quedarme con esta panda de idiotas y... ¡UN MOMENTO!

En cuanto el hombre dijo que debía de compensarme por ello, ayudándome en parte a convencer a la chica, giré completamente mi cabeza como si fuera un búho buscando a su presa. La sonrisa de satisfacción hacía el interés de aquel pelirrojo era un cuadro en mi rostro. Su interés hacía a mí solo significaba una cosa: se había fijado en mí. Volví a acercarme a ella, poniéndome entre los dos, mientras cruzaba mis brazos y asentía con mi cabeza ante el razonamiento de él. Quería insistir más, sin embargo ella cambió de tema hacía ser... ¿Aliados? Vaya, hacía tantísmo tiempo que no escuchaba esas palabras que incluso me recorrió un escalofrío.

Bah, no me parece mala idea, pero eso es evidente en estas situaciones, niña tonta. —Murmuré eso último, mirándole de muy mala manera. Me estaba comenzando a hartar de la inocencia tan pura de aquella princesita alada. Puaj, y pensar que yo podría ser una jinete pegaso si hubiera obedecido a mis padres...— En fin, entonces, ¿le harás caso al hombre como una buena mujer o seguirás minandome la moral? —Por muy aliada que fuese, yo seguía insistiendo en querer al menos mi recompensa.— Me he jugado el cuello por ti y ne--... —Un ruido muy leve, un simple murmullo que no notaron, me hizo alentarme como si fuera un gato que había localizado el peligro. Rápidamente, volteando mi rostro, clavé mis ojos ante la puerta de la iglesia y fui sin dudarlo hasta el centro de esta.— Todavía quedan más escoria. —Giré mi rostro para mirar a mis "aliados", tomando el libro nuevamente tras haberlo dejado reposar sobre mi axila.— ¡Dad la cara ya, cobardes! ¿Venis por venganza? ¡Ja! ¡Os destriparé como hice con vuestro inútil jefe, mentecatos! —Exclamé en medio de la iglesia con una sonrisa tenebrosa.

Y así, sin pelos en la lengua, declaré la guerra ante aquellos bandidos que acechaban desde las sombras muy cerca de la puerta. Sabía perfectamente que había puesto nuevamente en peligro a mis "aliados", pero... Bah, dos menos si morían. Mejor, si ella muere me quedaba el pegaso sí o sí; si no, siempre podía exigirle aun más y llamar la atención del pelirrojo. Estaba todo super pensado.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Sáb Ago 19, 2017 7:43 am

Insistían. Querían una pieza de Nívea, y no parecían dispuestos a partir sin haberla hecho llorar. Pretendían que Aries simplemente mirara mientras hacían daño a su pegaso, o peor aún, que les ayudara a perpetrar la ofensa. ¿Era así como funcionaba la guerra…? ¿Nadie ayudaba a nadie sin esperar obtener algún tipo de beneficio, cual sanguijuelas dispuestas a chupar la sangre de enemigos y aliados por igual?

-Puedo daros lo que esté en mi mano… soy yo quien desencadenó esta contienda… -dijo preocupada, aceptando la acusación de haberles arrastrado, de algún modo, a tan indeseable y peligrosa situación-. Ella no tiene la culpa de mis malas decisiones…

Entonces la maga calló repentinamente sus quejas, como si otro asunto más importante acabara de requerir su atención. Su expresión momentánea resultó cuanto menos inquietante. Se giró y caminó hacia la puerta de la iglesia, bajo la atenta mirada de una Aries intranquila que no se despegaba de su pegaso. ¿Venían más enemigos…? Trató de afinar su oído, de escuchar lo que la maga debía haber escuchado bajo la lluvia, pero por un momento todo lo que pudo captar fue el funesto canto de la tormenta y la voz alzada de la menor. Ésta lanzó una provocación a quien quiera que estuviera acechando desde fuera de la iglesia; valiente, quizás, ¿o quizás demasiado confiada, demasiado inconsciente…?

Fuera, agazapados tras arbustos  y árboles, los bandidos escucharon la invitación. Uno de ellos apretó los dientes, otro sonrió. La mocosa se estaba exponiendo demasiado, subestimaba a su enemigo. Quizás haber matado al líder se le había subido a la cabeza.

-Voy a darle una lección a esa perra –dijo uno de los bandidos, de sangre demasiado caliente como para aguantar las provocaciones de una cría-. No sé qué truco habrá usado con el jefe, pero sólo es una maldita mocosa.

-¡Espera, idiota, es una bru--!

Pero el primero no escuchó a los demás. Se puso en pie, revelando así su ubicación, y alzó su arco hacia ella. Breve fue el intercambio de miradas entre cazador y presa desde la distancia a la que cada uno estaba, pues la flecha del primero pronto cortaría el aire, veloz, hasta clavarse en…
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Sáb Ago 19, 2017 9:21 am

La situación parecía ponerse tensa entre las chicas y por alguna razón la rubia creía erroneamente que yo tenia algún tipo de interes en que le pagara a la bruja, cuando realmente aquello me era indiferente, por mi podian sacarse los ojos la una a la otra si lo deseaban y sin embargo tampoco me interesaba que se llevasen tan mal, por que como bien había dicho la rubia era bueno que nos considerasemos los aliados los unos a los otros por si acaso.

No tardo en cambiar la situación cuando la pequeña y impertinente brujita notó algo y sin embargo en vez de ponerse en guardia se dirigió hacia donde decía haber oído algo y se puso a provocar a quienes fuera lo que había oído, si es que realmente había oído algo de verdad, a lo mejor la lluvia había provocado movimiento en los arbustos y arboles de los alrededores y se pensaba que era otra cosa, pero de todos modos, casi por costumbre me puse en alerta.

Ten cuidado enana – dije mientras me acercaba a la zona donde estaba la bruja – podría ser que... – entonces escuché como algo cortaba el aire a su paso, sin pensármelo demasiado con mi brazo izquierdo empuje a la pequeña a un lado y mi hombro diestro recibió la flecha, apenas mordiéndome el labio inferior por el dolor.

La pequeña bruja tenia razón y estaba en lo cierto de que alguien tenia intención de atacarnos, la flecha en mi hombro era la mas clara muestra de eso, pero no, yo no era de quejarme por esas nimiedades, una flecha no era para nada lo peor que podía pasarle a alguien. Había cosas mucho mas dolorosas.

Bien – murmuré, fruncí el ceño y me arranqué la flecha del hombro sin pestañear y desenvaine mi espada – acabáis de firmar vuestra sentencia de muerte. – dije en dirección al arquero que había desvelado su posición.

Aún bajo la lluvia corrí hacia el arquero con los brazo hacia atrás y haciendo un giro en redondo de la espada cuando estaba lo suficientemente cerca, noté como mi espada cortaba por completo la carne del cuello del arquero y tras una fuente de sangre que mancho mi ropa y mi rostro la cabeza cayo al suelo y acto seguido el cuerpo.

¿Quién más quiere morir? – dije bastante molesto y limpiándome la sangre del rostro con la manga de mi gabardina.

Ahora si, estaba muy enfadado.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Nocthicula el Sáb Ago 19, 2017 10:36 am

Todo pasó demasiado deprisa para captarlo en el instante. Cuando me vine a dar cuenta, sin haber pensado las consecuencias de que podían atacar a distancia, aquel hermoso pelirrojo volvió a ser mi ángel salvador cuando se dio cuenta de la situación. Me empujó hacía el lado diestro, dejándome al principio completamente anonadada y sin saber que estaba pasando. Pestañeé mis ojos y cuando los volví a abrir, recomponiendo mi compostura, vi aquella traviesa flecha que se había escapado de su arco con trayectoria... directamente a mi frente. Fue entonces cuando lo supe: él me había salvado. Era la primera persona que, sin conocerme de nada ni tener interés por mí de ninguna manera, daba su salud por alguien como yo. Mi corazón latió fuerte, muy fuerte. Ardió dentro de mi una sensación de emoción, pero al mismo momento de rabia. ¿Cómo podía permitir que le hicieran daño a alguien tan perfecto como él? ¡Jamás! ¡Yo no era una cobarde que necesitaba ayuda, de eso nada!

Antes de que pudiera ni tan siquiera contraatacar, el hombre ya se lanzó hacía los enemigos. Él salió de la iglesia corriendo, yendo en dirección del arquero que había revelado su posición entre los grandes arbustos que habían en el camino del bosque de donde provenía la flecha. Sentí como si el tiempo se parara, como si las gotas de lluvia quedaran en suspensión en el aire; como si no hubiera gravedad. Mis ojos estaban clavado ante heraldo de la muerte, el cual hizo una estocada rápida que lo suficientemente mortal como para rajar el cuello de aquel bandido y ahogarlo en su propia sangre. El festival sanguinolento del heraldo de la muerte volvía, amenazando a los demás para probar el sabor de la muerte. Podría dejarle a él encargarse del resto, parecía experto en la batalla, sin embargo dentro de mi ardía el fuego de la venganza y la destrucción. Oh, sí... ahora conocerían a la verdadera bruja de la oscuridad.

Ni tan siquiera miré atrás, no me importó aquella pegaso de cabellos rubios que se había quedado en lo alto del altar protegiendo a su estúpido corcel con alas. Sabía perfectamente que por su bien debería de estar cerca nuestra o, al menos, escondida. Esto solamente debíamos hacerlo los fuertes.
Salí de la iglesia, en silencio, con un aura completamente seria. La felicidad de antes se había apagado. Me pagarían esa mala flecha TODOS y cada uno de ellos, incluido hasta el más inocente.
Sin ni tan siquiera seguir amenazándoles, yo no fui tan buena como para esperar a que ellos lo hicieran como hizo el pelirrojo. Observando el movimiento de las hojas, ignoré el ruido que aquella tormenta generaba con cada gota precipitándose al suelo y a nosotros. En lo que me concentré era en ruidos más humanos y erráticos. Por lo que parecía, habían más de tres escondidos y preparados para la acción. Y así fue, los tres a la vez hicieron su aparición para atacar en conjunto y dejarnos acorralados tanto a mi como al pelirrojo. Cobardes. Ni tan siquiera temblé a la hora de abrir mi libro y, con esa rabia interna, lanzar uno de mis hechizos al que venía directamente a atacar al pelirrojo por su flanco.

¡RUINA! —Exclamé el nombre del hechizo con una voz ronca y seria, mirando como aquel hombre en suspensión por el salto que dio ahora caía al suelo ante esa masa oscura que lo atravesó. Podría haberme tomado un descanso, sin embargo el de mi flanco ahora lanzó una hacha directamente hacía al pelirrojo para vengar la muerte de su amigo con un grito de guerra. Tuve la suficiente velocidad como para empujar al hombre y apartarnos los dos, agarrándole como si me fuera la vida en ellos. Esos segundos donde pude oler ese aroma metálico tan característico de la sangre me hicieron soltar una sonrisa motivada, volviendo a alzar mi mano para lanzar con rabia el mismo hechizo que antes (el único que sabía dominar a la perfección).— ¡RUIIINAAA! ¡MUERE, CABRÓN!

Dos de ellos muertos en un solo minuto. Impresionante. Para ser la primera vez que estaba en un campo de batalla e interactuaba con el enemigo tan seriamente lo había hecho muy bien. Sí, había logrado defender al fin a la persona que me había defendido, devolviendo el favor como siempre me habían enseñado mis padres. Ahora podíamos estar más tranquilos. O, al menos, eso pensamos durante unos segundos después. Sin embargo, un grito vengador del único hombre que quedaba nos alertó para que miráramos hacía dentro de la iglesia y ver que ya no podíamos llegar a tiempo a salvar a la jinete de pegaso.

¡VAS A MORIR, NIÑATA! —Grito el último bandido hacía la rubia, empuñando aquella gran hacha que haría una clave ventaja hacia la lanza según las básicas enseñanzas de las armas (el triangulo de armas).
¡CUIDAD--...! —Antes de que pudiera hacer nada, algo me dejo callada y sorprendida. Jamás me esperaría lo siguiente que pasaría ni a mi ni a aquel perfecto hombre al que había salvado.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Aries Rondo el Sáb Ago 19, 2017 4:13 pm

La provocación de la pequeña bruja afiló esos cortantes segundos posteriores. Aries no abandonaría su posición en el altar junto a su pegaso, a la que ni podía ni quería dejar sola. Alerta. Si acaso la maga negra había llamado la atención de más bandidos, probablemente volverían a entrar. Se colarían por cualquier rendija de aquella iglesia en ruinas, como el lodo que no halla resistencias en el camino. Esta vez, ella les esperaría.

El pelirrojo se adelantó hasta la puerta del recinto con una pequeña advertencia: la maga estaba siendo demasiado temeraria, y ya se sabe lo que les ocurre a los osados. Al menos, según los libros. Pero osados eran todos en aquel falso refugio, y fueron las propias palabras del guerrero las primeras en ser interrumpidas en la alarma de un segundo. Aries no pudo ver lo que ocurrió desde su posición, pero supo que la batalla había comenzado cuando el hombre desapareció tras la puerta. Sonidos de espada, gritos de dolor, también de rabia. Voces familiares y desconocidas. No había ni habría paz, no, en aquella tierra de bestias y monstruos.

-……

En calma, miró a la pegaso, cuya blanca piel seguía mancillada por restos de sangre; perfecto color para el nuevo mundo, justa advertencia que llama a los dormidos a despertar. Pero Aries no soportaba ver esas manchas en una criatura tan pura; no lo soportaba. Si por ella fuera, ya habría tirado de la yegua bajo la lluvia para limpiarla, para devolverla a ese estado original al que no todos tenían el lujo de poder regresar. Simplemente sabia que Nívea no se dejaría. Y es que había algo ahí fuera mucho peor, algo que no se quedaba sobre la piel sino que se colaba bajo ésta. Ella, pegaso de alma libre, pertenecía al firmamento, pero el firmamento ese día estaba hecho de nubes negras y desesperanza. El cielo no la quería. No hoy, no a esas horas, las más oscuras.

-…No te gusta este lugar, ¿verdad? … -susurró Aries al acariciarla de nuevo. Se permitiría aquellos segundos de falsa paz al abrigo del sonido de la muerte, sabiéndola próxima. Acercándose un poco más al oído de la pegaso, los ojos entrecerrados de la Caballero rodaron hasta la puerta de la iglesia-.  Tampoco a mí…

Entonces le vio entrar, ese invitado al que ya esperaba. Enemigo confeso que no se detiene. El último bandido se coló en el castigado recinto con medio rostro cubierto de sangre, quizás propia o quizás ajena, y los ojos desorbitados de quien se niega a reconocer el final de un largo trayecto. El tamaño de su hacha podía resultar intimidante, mas no jugaba en favor de su agilidad. Aries le recibió con rostro serio y dos pasos al frente, adelantada a Nívea. Estaba en terreno sagrado, bajo la protección de Santa Elimine y en combate singular, con las mismas razones para vivir y para morir. No podía perder. No perdería. Tampoco él pretendía hacerlo. Así, con un grito de odio desesperado, el bandido se lanzó contra la Caballero, que comenzó con pasos rápidos para encontrarle en mitad de aquella sala de bancos ahora destruidos.

Santa Elimine, si el mundo es de los justos y los valientes…

Y chocaron sus armas en ataque y contraataque. Él más fuerte, ella más ágil; también más adiestrada que un vagabundo experto en asaltar inocentes por el camino. No fue como uno de los entrenamientos de la Orden, porque su corazón no latía al mismo ritmo, ni reconocía aquellas intenciones bajo cada peligroso golpe de hacha. Ni reconocía esos ojos, ni esa crueldad, ni esa desesperación, y el relinchar de Nívea a su espalda tampoco fue el mismo, porque la lluvia no era la misma y el cielo no era el mismo y la tierra ya no era blanca y Elimine…

Elimine… Elimine…

Si el mundo es de los justos y los valientes… ¿entonces por qué…?


Fue como un suspiro. Un suspiro y todo se detuvo. Y allí quedó él como una estatua de piedra, completamente inmóvil, con su hacha alzada por sendos brazos a punto de asestar un golpe que no llegaría. Y allí quedó ella, flexionada e igual de inmóvil, sujetando con ambas manos una lanza cuya punta llegaba a acariciar la garganta de su enemigo. Un solo movimiento de cualquiera de los dos, uno solo, y la vida de aquel hombre llegaría a su fin. Por largos segundos, vencedora y vencido sólo se miraron con respiración agitada. Cuando llegó a escucharse la voz de Aries, fue un sonido contenido, comedido, aunque no por ello carente de represalia.

-¿Por qué derramas la sangre de tus salvadores sobre esta tierra? –dijo; pregunta, plegaria y reproche-. ¿Por qué se la entregas así a tus propios enemigos?

El bandido la miró, con ojos bien abiertos y una fría gota de sudor deslizándose por su frente, tenso en cada músculo de su cuerpo para no emitir movimiento alguno. Aquella joven no le había quitado la vida todavía, y en su turno se atrevía a preguntar… ¿qué había preguntado? ¿Qué ruido fue ese?

-Haha… Hahaha… ¡Hahahahahaha! –rió el hombre, perturbador. Rió entre cuerpos mutilados y sangre sobre mármol, bajo una lluvia que no, no limpiaba la tierra. Rió, y Aries se preguntó si quizás así sonaba la locura-. ¡¿Mis salvadores?! ¡¿Entregarle esta tierra a mis enemigos?! Niña estúpida, hahaha. Los Emergidos no son más enemigos que los de tu calaña. No hay salvadores para los hombres como yo, repudiados en esta tierra y en cualquier otra. ¡Vamos, mátame ya! ¡Limpia con mi sangre esta tierra que tanto te importa! Luego olvidarás mi cara y volverás a dormir por las noches. Hahaha… ha…

Se detuvo. Se borró su sonrisa. Y no fue por la expresión con la que Aries le miraba ahora, con esos ojos bien abiertos que, de alguna forma, parecían haber sido apuñalados por cada palabra. Fue algo más; un temblor en el suelo, un tronar lejano. Una tormenta diferente que se acercaría más… y más… Y si aquel hombre pareció haber perdido el miedo en sus últimos momentos, en éste lo recuperó.

-E… Emergidos…
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

Mensaje por Dräguth el Sáb Ago 19, 2017 7:08 pm

En apenas unos pocos segundos entre la pequeña y bruja y yo hicimos que la situación volviera a ser ventajosa para nosotros, los bandidos no duraron mas que unos segundos, yo miraba de reojo el rostro de la cabeza cortada con semblante frío, su cara de pavor al matarle se había inmortalizado incluso después de muerto... ¿Sería lo que llamaban el "Rictus Mortis"? Lo dudaba, fuese como fuese, estaba bien que tus enemigos te temiesen y respetasen.

Pero algo no andaba del todo bien, fue cuando dirigimos la mirada al interior uno de los bandidos que iba armado con un hacha, se acercaba la jinete de Pegaso con intención de hacerle daño, aunque debía tener claro que aunque pudiera con ella acabaría pereciendo de una forma u otra o al filo de mi espada o las magias de la peli-violeta, hasta el momento, de nosotros, el único que no había acabado con la vida de nadie había sido ella y no le faltaban motivos para hacerlo.

Si la matan yo acabaré con él. – dije fríamente, como el que reservaba su turno en la cola del mercado.

Observé mientras me acercaba con paso tranquilo al interior del lugar sagrado, tantos cadáveres, parecía el escenario de una guerra y aunque no llegaba tanto si que había habido una batalla con unos claros vencedores, también había que decir que los oponentes habían sido bastante decepcionantes, luchaban a lo loco y no se molestaban en mirar si el rival dejaba aberturas en sus estocadas o si flaqueaba por algún costado. Eran en conclusión una panda de inútiles que intentaban meter miedo con armas que no sabían ni usar.

Cuando estuve dentro de la Iglesia, la batalla había empezado, de alguna forma la chica había cobrado ventaja ante aquel tipo y ella estaba a punto de matarlo, al ver que no acababa con su vida temí que volviera a perdonarle la vida, cosa que finalmente  hizo y que me hizo suspirar pesadamente.

Lentamente me acerqué a ella y observe al tipo, el cual maté con un ligero movimiento de hoja sobre su nuca, ya bastaba de cháchara y de tonterias.

Si vacilas tanto al matar, te acabarán matando a ti, no eres un cadáver gracias a que te salvé el pellejo antes - dije serio y luego miré a la menor del grupo, esperando que estuviese ya dentro. Volví a mirar a la pegaso, seriamente, y dije – creo que igualmente te pediré algo a cambio... – me quedé pensativo - dame una de tus prendas – pedí con descaro – necesitaré algo para guarecerme bajo la lluvia. - extendí la mano, no había vuelta atrás.

Esperaba que atendiese a mi petición y obedeciera, por otro lado estaba casi seguro que la bruja volvería a pedirle algo, después de todo, ambos pareciamos ser algo parecido a mercenarios, aunque de alguna forma veía mas factible que cumpliese lo que yo pedia que le que pedía la peli-morada.

Habría que esperar.

Entonces lo escuché algo se avecinaba y no se trataba de animales o de unos cuantos bandidos, algo mucho peor, un ejercito de emergentes a los que no eramos capaz de hacerles frente nosotros, por el simple hecho de que eran demasiados y no eran tan fáciles de matar como a un humano.
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Re: [Entrenamiento] Los Justos y los Valientes [Privado]

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