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[Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

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[Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Dom Ago 13, 2017 7:03 pm

Entonces había sucedido una noche desde la llegada de Zephiel, rey de Bern, a Sindhu, viaje hecho con la intención de hallar palabra con la monarca de dicha nación recién nacida, a razón de encontrarse esta en muy cercana proximidad con su propio reino. Por la emboscada que sufrió el navío del rey en la amplitud de los mares, no había podido permitirse sostener ninguna clase de diálogo al momento de su arribo, siendo que la batalla había sido agotadora y había consumido gran parte de aquel día. La anticipación que tenía Zephiel de aquella reunión no era notoria a ojos casuales, pero sin duda, muy grande, pues la mensajería que antes había intercambiado con la reina Sissi había hecho crecer su interés enormemente en el país extranjero. Al despertar de su descanso, sentóse a un costado de la cama que le habían cedido, con las manos entrelazadas y los ojos puestos en el sol naciente que con sus rayos aún no tocaba la habitación, y allí esperó a que fuera el momento adecuado de volver a portar su armadura, y entonces dirigirse a la reunión a la que había sido convocado. Antes precisaba sus palabras, sus preguntas, en silencio, con un cálculo frío y distante, concentrado no en otra cosa que las razones que lo habían traído a aquel destino.

El palacio era sin duda una estructura pulcra, limpia, y sobre todo silenciosa, cosa que le permitía reflexionar respecto a las diferencias que tenía esta con la capital de Bern y el castillo que contenía dentro de sus muros. Si en Bern las construcciones eran robustas y firmes, aquí eran arqueadas, espaciosas, definitivamente no estaban enfocadas en la defensa. Parecía ser que aquel reino provenía de un mundo distinto, y quizás, si cabía el cometario, le recordaba a antiguas ilustraciones de ciertos libros, en los que se hablaba de civilizaciones olvidadas en la linde del tiempo. Aún se le hacía extraña la forma de vida de los habitantes de Sindhu, la manera en que hablaban, e incluso sus vestimentas, pues era casi el completo opuesto del ciudadano de Bern, digno y recto en sus costumbres. Antes, la noche anterior, un sirviente vino a él y ofrecio un cambio de ropa a sus usuales prendas, la que recibió como signo de buen huésped, pero negó a vestir, porque, más que nada, no estaba dispuesto a negar la protección de su coraza la que, a pesar de estar mal reparada por un terrible ataque que había sufrido hace ya un tiempo, le era útil como el primer día en que había sido forjada. También era que no se disponía a excentricidades, siendo que el reino de Sindhu no dejaba de ser una en toda su enteridad. Tomaría tiempo para que sus construcciones, los gestos de su gente y las leyes que regían aquel territorio dejaran de parecerle rarezas.

Y entonces así, protegido aún por su armadura, con los ojos puestos en los sirvientes cuando usualmente los ignoraba, en la vista que podía apreciarse desde las ventanas, y en los mosaicos del suelo, Zephiel avanzó por los pasillos hasta el comedor principal. Entonces la luz entraba y se reflejaba por todas partes, y brindaba intensidad a los colores a su alrededor. El eco de sus pasos era ininterrumpido, y anunciaba su pronta llegada. La tranquilidad del palacio fue suficiente para relajar sus facciones de la usual mirada que portaba, transformando su expresión en una calma, aunque aún posible de confundirse con el aburrimiento. No cambió su rostro al encontrar el salón, lugar en que sus ojos ignoraron la presentación del lugar, y buscaron inmediatamente a la Reina de Sindhu. Hizo una corta reverencia hacia ella y los demás presentes, y correspondiendo a la invitación, tomó asiento a un extremo de la mesa, sin mediar palabra aún. Restó atención a los alimentos que le ofrecían, al menos por el momento dado, reduciéndose a beber tan solo un poco de agua de la cual le habían servido. No aceptaría ninguna clase de licor, si era aquello lo que le disponían. Tan solo aguardaba las palabras de su anfitriona, a quien seguía apuntado su mirada.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Sep 14, 2017 9:48 am

Cuando Zephiel entró en la estancia, Sissi alzó la mirada dorada y dejó de prestar atención a lo que estaba haciendo para posarla por entero en el monarca de Bern. Le sonrió con amabilidad y le dijo animada: ¡Buenos días! Espero que haya descansado. – tenía una especie de monóculo en el ojo derecho, una lupa que le permitía observar con mayor claridad las diferentes piedras preciosas que tenía enfrente de sí. Estaba estudiando las diferencias entre joyas reales o falsas, para lo que se apoyaba de varios libros abiertos de par en par mientras que su desayuno quedaba olvidado a un lado. Por las mañanas siempre tenía mucha concentración y todo lo que leía se le quedaba en el cerebro como si fuera una esponja. Cualquier rato era bueno para dedicarse al estudio y a tareas académicas. Al fin y al cabo, debía conocer en profundidad uno de los principales recursos que Sindhu pretendía comenzar a comercializar con otros países. Se quitó la lupa, que hacía parecer uno de sus ojos muy saltón, y lo dejó encima de uno de los tomos sobre joyería. Después, hizo un gesto a Zephiel para que se sentase en la mesa donde quisiera.

Sissi se había levantado temprano. Con la batalla del día anterior, se había quedado agotada y, contrario a su horario habitual, se fue a dormir a una hora temprana y se había despertado con las primeras luces del alba. Esa noche no había tenido ni una sola pesadilla y había descansado profundamente. Ni siquiera tuvieron que insistir sus criadas para que abriera los ojos, toda una hazaña teniendo en cuenta que la pacífica reina se volvía muy cabezota nada más levantarse. Sin embargo, no tuvieron problema en vestirla, maquillarla, peinarla, y en general prepararla para los eventos del día. A pesar de que se reuniría con el Rey de Bern, su atuendo era más sencillo que el que hubiera llevado el día anterior. Ataviada de un azul oscuro brillante, Sissi resaltaba con su piel cremosa expuesta y su largo cabello rosáceo semi-recogido, pero con largos mechones cayendo en suaves ondas sobre su pecho y a lo largo de su espalda. Llevaba un saree compuesto por una falda, una camisa ajustada que dejaba su estómago al aire, y un pallu, el último extremo de la tela del vestido que se cruzaba diagonalmente por delante del torso, desde la cadera derecha hacia el hombro izquierdo, y después se dejaba caer libremente.

Las sirvientas habían adornado su cuerpo con joyas de oro: un cinturón con medallones a la cadera, brazaletes en los brazos y antebrazos, pendientes en sus largas orejas, pulseras de cuentas en los tobillos, y una diadema que le apartaba el pelo del rostro. Mientras Sissi desayunaba, la doncella encargada de hacer los arreglos florales de Palacio se había entretenido realizando un tocado a la reina con caléndulas blancas.  Habían compartido unas risas mientras la improvisada peluquera intentaba que la manakete no se moviera mientras se bebía su té chai. En general, tenía un aspecto fresco y natural, como las plantas que adornaban la terraza donde se encontraban. La casa Real estaba muy abierta al exterior para permitir el paso del aire marítimo y la luz del sol; muchos de los patios interiores tenían jardines y fuentes que recordaban a la cercana selva, pues Sissi gustaba de ver naturaleza salvaje mezclada con la arquitectura propia de Sindhu. La estancia donde ella y varios miembros de su corte estaban desayunando daba, precisamente, a un vergel en el que se podían ver flores de toda índole, y algunos animales exóticos.

Por eso, la presencia de Zephiel fue un contraste radical. Su expresión estricta, y la presencia de su armadura llamó la atención de todos los que estaban allí. Sissi frunció un poco las cejas, en una expresión de preocupación. Había hecho enviar al monarca una túnica propia de los hombres de Sindhu, pues al ver su atuendo del día anterior había supuesto que ninguno de los soldados de Bern tendría ropajes aptos para el clima tropical de su país. Mientras que a los hombres de Zephiel les había ofrecido unos pantalones bombachos de algodón, y una túnica hasta las rodillas, ambos de color blanco. Sin embargo, al rey le había hecho llevar un hermoso traje que pensó que gustaría. Preocupada, la manakete ladeó un poco el rostro y puso un gesto de desconcierto. - ¿Ha tenido problemas con la ropa que le obsequié? – le preguntó. – Hubiera jurado por Naga que esa era su talla, pero si no le sirve puedo hacer llamar a mi sastre, que podrá ajustárselo sin problema. ¿O quizás han sido los colores? Pensé que los detalles dorados sobre fondo oscuro le irían bien, pero si no son de su agrado puedo ofrecerle otro tipo de estampado. Debe de estar pasando demasiado calor.

Sissi habló con amabilidad, considerando ante todo la comodidad de su honorable invitado. – Por favor, siéntase en total comodidad de pedir los alimentos que suela tomar por la mañana. ¿Prefiere fruta o algo salado? Recuerde que el desayuno es esencial, mucho más aquí, con el clima que tenemos. – le recordó gentil, casi como una madre que enseña a los más pequeños. Aunque Zephiel podría parecer mayor que la Reina, en realidad ella le sacaba cientos de años y a veces se notaba con comentarios como ese.

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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Dom Oct 01, 2017 9:50 pm

No había tenido la oportunidad hasta sentarse frente a aquella mesa, de ver que de la misma forma vestía la reina de Sindhu como deseaba que él lo hiciera, con colores vivos, bordados exuberantes y ligereza. Lo notó apenas por un segundo y no hizo referencia a ello, no concentrándose en las apariencias más de lo necesario, como le era costumbre. Su semblante era el más puro silencio, hasta que la reina se dirigió a su persona, confundida al no vestir como había imaginado. Era más que un deber, una obligación contestar a sus inquietudes, y un signo de buen término y formalidad, por lo que pensó apenas unos segundos su respuesta antes de decirla, sin molestarse porque lo mencionara.

- No ha habido ningún problema en la apariencia de la prenda, reina Sissi, pues verá que, bajo mi armadura, mi atuendo, aunque en cierta forma más modesto, sigue siendo similar. -un traje, digno de aprecio, que había podido conservar incluso tras la gran tragedia.- Mi preferencia es meramente práctica, aunque debo admitir que no hallaba como portar un atuendo oriundo de su reino como se debe. -dijo con semblante tranquilo, desbordando confianza. Bebió algo de agua antes de continuar, levantando su vista hacia delante, y manteniéndola allí, en los ojos de la reina.- Dentro del palacio, no es problema. No diría lo mismo si tuviera que marchar a pleno sol. -admitió.- pero esa no es la ocasión. No cambiaré de vestimenta a menos que insista, y si lo hace, puedo permitirme desprenderme de mi armadura, mas no de mis vestimentas habituales. -no deseaba profesar hostilidad, pero su punto de vista era fijo, para nada flexible.

Sissi había notado que no había probado nada de lo que tenía a disposición. Zephiel respiró profundamente, mirando lo que tenía frente a él.

- Pediré que me sirvan lo mismo que a usted. -dijo en voz alta, para que los sirvientes pudieran escucharlo. Entonces Zephiel sonrió brevemente, cerrando los ojos.- Es cierto que necesito qué comer, pero tengo la suposición de que mi cuerpo ya se ha acostumbrado a subsistir con lo mínimo. -dijo. Era extraño que entonces se permitiera esos comentarios, pero en aquel lugar, bajo aquel ambiente, se le facilitaba. La sonrisa no tardó en desvanecerse de su semblante, teniendo en cuenta que no se sentaba allí por el simple gusto de tener una conversación con la manakete, aunque antes decidió referirse a su situación actual.- Antes de que de mí vengan las preguntas, he de suponer que tiene muchas más inquietudes respecto a mi persona que yo de la suya. -aquello no era del todo cierto, pero acorde con las formalidades, prefería ser conocido antes que conocer, al menos en esa ocasión.- Ya que soy yo invitado en su reino, y fui yo quien en primer lugar buscó la atención de su persona, es mi deber explicarme en lo que crea conveniente o necesario.

E incluso si antes se levantaban interrogantes respecto a él, en su mente proliferaban las preguntas dirigidas a la reina Sissi. Esperaba su turno pacientemente, viendo que entonces servían frente a él algo de té, el cual adivinaba no estaba muy caliente, acorde con el clima a su alrededor. Lo acercó a sí con una mano, y antes de probarlo siquiera, saboreó su aroma con discreción. Era distinto a cualquiera que hubiera podido probar antes, otra de las extravagancias de Sindhu. Y lo estudio el suficiente tiempo como para comprobar si es que alguien dirigía su mirada a él, esperando a que diera el primer sorbo. La única razón por la cual finalmente se decidió a probarlo fue porque, con el mismo recipiente, llenaron la taza de la reina una vez más, comprobando que efectivamente bebería lo mismo que ella. Entonces acercó la taza a sus labios e ingirió apenas un poco. Sostuvo el líquido dentro de su boca unos segundos, descifrando su sabor con meticuloso cuidado. No encontró ninguna clase de sustancia aparte de la hierba utilizada para brindar sabor, por lo que por fin se decidió a dejarlo pasar. Hacía mucho tiempo que no se servía de aquella bebida, por lo que quedó un par de segundos estático, visualizando aquel momento, antes de dar un segundo sorbo con mucha más naturalidad.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Dom Nov 05, 2017 9:35 am

La impresión que Sissi tuvo de Zephiel era que se trataba de un beorc extraño y de ademanes muy excéntricos. Casi se alarmó por su poca disposición para sonreír que tenía, y de no ser por el leve gesto de contento que mostró unos segundos, casi hubiera pensado que el monarca era incapaz de ello. Al mismo tiempo, le preocupó que hablase de cómo su cuerpo estaba acostumbrado a subsistir con lo mínimo. A pesar de llevar armadura, era obvio que se trataba de un hombre alto y corpulento, y que necesitaría bastantes alimentos para mantenerse fuerte. Quizás la mala situación en Bern le había obligado a racionar la comida entre su gente, él incluido. Sintió un poco de pena por ellos, aunque la compasión no se mostró en su rostro salvo en su suave mirada comprensiva. Decidió no comentar al respecto, así como dejar de lado el tema de la ropa. Había pensado en pasear con Zephiel por los jardines exteriores, pero lo cambiaría por las amplias galerías y los patios interiores de palacio, pues no desearía que el rey se desmayase por una insolación. - Como usted lo prefiera. – se limitó a asentir.

Suponía que, si a ella le sugerían vestir como la gente de Bern, también declinaría la oferta, pues no creía que le favoreciera ese tipo de ropajes o armadura. Tampoco es que hubiera portado prendas hechas de metal nunca, como mucho una parte superior bordada en hilos de plata y oro que recordase a una cota de maya, pero que sin duda estaba lejos de ser una. No tenía razón de hacerlo, pues no se dedicaba a la guerra, no era caballero, y en sus batallas contra los emergidos tenía una protección mejor, que eran sus propias escamas al transformarse en dragona. Respecto a la ropa más común, había oído hablar que en otras regiones y culturas, las damas solían llevar bajo sus vestidos algo llamado “corsé” que les oprimía el estómago y les impedía respirar. Sissi prefería la libertad de la moda de Sindhu. Sus telas ligeras, como la seda o el algodón, eran perfectas para moverse, y aunque a veces estuvieran decoradas y eso las hiciera más pesadas, seguían siendo muy cómodas. Para un extranjero podría parecer que no, pero en realidad los sarees eran más manejables de lo que uno podría creer.

No se sorprendió mucho al escuchar como Zephiel pasaba a los asuntos que le habían traído a su país de forma tan inmediata, su impresión hasta el momento era que era un beorc directo, por lo que no creyó que la charla de cortesía se alargase demasiado más. Quizás era demasiado eficiente para su gusto, ya que Sissi era más tranquila y predispuesta a dejar que las cosas siguieran su curso natural, aun así, asintió a sus palabras, – En efecto, Rey Zephiel, tengo cuestiones que plantearle. – Seguidamente, se volvió hacia los miembros de su corte que ya habían terminado de desayunar y se despidió con un: seguiremos hablando esta tarde.  – tras asentir con la cabeza y pronunciar unas disculpas, todos aquellos que estaban sentados a la mesa se fueron, dando privacidad a la reunión de Sissi y el monarca de Bern. Los únicos que continuaron en la estancia fueron los sirvientes, los guardias a ambos lados de las puertas, y los exóticos animales cuyos sonidos se filtraban desde la terraza hasta el abierto comedor. Hasta su improvisada peluquera decidió marcharse con los demás.

- Tengo tres preguntas que hacerle, – comenzó a decir la Reina. - Permítame enumerarlas primero, y luego ya usted podrá contestarlas. – puso sus libros de gemas y joyería a un lado y volvió a prestarle atención a su desayuno. En una gran bandeja descansaban diversas piezas de fruta: plátanos, mangos, frambuesas, moras, y papayas, algunas de ellas ya troceadas y preparadas para el consumo. Así mismo, había un plato de arroz hervido, algo ya frío, que venía acompañado de varias especias. Entre los platillos más salados, se encontraban pistachos, anacardos, y otras clases de frutos secos, y, sin tocar, tres tortillas de avena con aguacate y semillas negras por encima. Sissi empujó la bandeja hasta que quedó en el centro entre Zephiel y ella, ofreciéndole sin palabras el compartir su comida.  

- Mi primera pregunta es: ¿Por qué el interés en Valentia cuando tiene tantos posibles aliados en Elibe? – Según su conocimiento, Elibe era una región en relativa calma, y en la que algunos países ya se habían liberado de la presencia de los emergidos. Si bien Sindhu estaba próximo a Bern a pesar de estar en otro continente, lo cierto era que la carta del monarca extranjero le había sorprendido, pues no creía que pudieran llamar la atención de una nación tan militarizada como lo era Bern, sobre todo al no compartir ningún rasgo cultural o religioso. Esta cuestión, además, abordaba el hecho de que Zephiel prefiriera estar allí antes que en una nación cercana a sus fronteras conociendo a sus líderes. Deseaba saber qué tenía Sindhu que los demás no, y también que le contaran cómo se relacionaba Bern con sus vecinos.

Mientras preguntaba, Sissi se había ido colocando distraída varias frambuesas en las puntas de los dedos por su hueco, de manera que parecía que les hubiera puesto un turbante de llamativo color. Antes de volver a hablar, se comió una de las frutillas con aire pensativo: Mi segunda pregunta es: ¿Me habría dejado morir ahogada, si no hubiera emergido de las aguas en la batalla de ayer? –  A pesar de que el tema era grave, Sissi no dejó en ningún momento de mostrarse amable y educada. Rebosaba tranquilidad, en el aura típica de los manaketes, y no se le notaba fuera de lugar con su postura medio recostada contra los cojines de colores. Aun así, sus ojos se clavaron momentáneamente en los de Zephiel, indicándole que quería una respuesta a una cuestión y que no había sido lanzada así al azar. Si el monarca había creído que sus soldados no le contarían que había dado la orden expresa de no auxiliarla, había estado muy equivocado. Tal noticia había hecho aparecer en su rostro una arruga de desconcierto, pero antes de juzgarle prefería que explicase sus acciones.

Volvió a comerse una de las frambuesas de sus dedos y, tras saborearla con paciencia, dijo: Como tercera pregunta, me gustaría saber si le gusta el té que está tomando. – y contenta con sus pesquisas, se recostó en su asiento y le dedicó al Zephiel una sonrisa que pretendía animarle a contestar de la forma más sincera y honorable posible.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Dom Dic 31, 2017 1:13 pm

Observó bien cómo lentamente la gente de la sala hacía marcha atrás, dejándolos en privacidad, si es que aquello en verdad podía conseguirse estando en un palacio extranjero, donde más que nada se preciaba la seguridad de la realeza. El monarca decidió entonces enfocar su atención en la ventana lateral, iluminado su rostro por la luz del día, inmerso en varios pensamientos que jamás llegaría a compartir con oífos ajenos. Fue cuando la reina le aclaró que haría tres preguntas que el rey volvió a dirigirle la mirada, asintiendo ligeramente con su cabeza. Habría dicho que creía tres preguntas insuficientes, pero aún le faltaba conocerlas para opinar cualquier cosa. Entonces, viendo que Sissi ponía su atención en la mesa, él también se distrajo para mirar los diversos platillos delante de sí.

Considerando que su bebida estaba limpia como el agua, y notando que la conversación estaba lejos de acabarse, Zephiel concluyó que, al menos entonces, sería conveniente para él bajar su guardia y permitirse un merecido alimento. Nunca nadie hubiera adivinado que aquel mismo príncipe de sus años pasados, y entre otras osas, de un reino que ya no era, costantemente elogiado por el pueblo, acabaría siendo un rey famélico, a merced de los recursos de otros. Pero habiéndolo admitido tan directamente no era extraño recibir lo que sin palabras pedía, teniendo en frente una gran disposición de comida de todo tipo. Zephiel eligió un simple surtido de frutas delante de él, alcanzándolo sin esfuerzo con su mano y acercándolo a sí. Entonces se dio la molestia de quitarse los guantes, todo esto sin dejar nunca de mirar hacia delante, a la reina, para que supiera que no quitaba su atención de ella. Zephiel se llevó un primer trozo a la boca de una fruta que no conocía, y apenas movió sus labios para comprobar su sabor. No le hacía asco, así que continuó con aquellos pequeños bocados, todo con paciencia y cuidado, sin nunca verse desesperado por llevarse más de la cuenta. Parecía algo más accesible entonces, escuchando las dudas que la reina le planteaba. Cuando ella terminó de hablar él dejó de comer, y ambos quedaron en silencio.

Tras una pausa suficiente para justificar su razonamiento, Zephiel apuntó sus ojos directo a las pupilas de la reina de Sindhu, aclarando la certeza de sus palabras incluso antes de que fueran dichas. Entonces, habló:

 - Lo primero es simple de constestar. Es todo a causa de la plaga emergida, no existe otra razón. Si ha estudiado los movimientos de este ejército, sabrá que una vez abandonan un territorio, se movilizan a uno más cercano, que con suerte oponga mucha menos resistencia. Bern, por errores que me adjudico personalmente, fue incapaz de resistir los ataques en masa, siendo el blanco principal de todo Elibe. Nuestras defensas no fueron suficientes, y cedimos a su fuerza. Los países cercanos, con quienes solía mantener una respetuosa neutralidad, hayan conveniente que mi reino no oponga esa resistencia. Por eso mismo me he negado hasta ahora en tratar con sus líderes. Sindhu es una excepción por tratarse de un reino nuevo, parte de otro continente. Valentia en general no me causa ningún interés, viendo que en su mayoría está compuesto por reinos trizados por la guerra. -o al menos ese era su conocimiento, que fácilmente podía estar desactualizado. Hizo una pausa muy corta para continuar, porque lo que entonces estaba a punto de decir lo traía en su pensamiento desde el primer día que había pisado las arenas de Sindhu.

 - Mis actos son justificados por una de las reglas más estrictas que sostiene mi ejército. Jamás retroceder, a menos que deba ejecutarse una retirada. Entonces nos encontrábamos en defensa, con la única agresión de nuestro lado viniendo de ti. Si tienes consideración de los soldados que entonces se me había delegado a mí, sabrías que si hubiera permitido tu rescate, que era elevar a una criatura enorme de las aguas en medio de un ataque, habría significado entonces la pérdida absoluta. El riesgo de sobrevolar el barco enemigo, de haber sido atrapada por sus arpones, y así sumergida en altamar, recae enteramente en tus hombros. Por mucho que tu vida sea importante para ellos, si hubiera perdido la nave y a los hombres que transportaba, no hubiera habido ya nada por lo que luchar. Por lo mismo, espero que en otra ocasión consideres las consecuencias de tus acciones. -dijo recto, severo y cruel. Su ceño se había fruncido, pero tras unos segundos volvió a relajarse.- Digo esto con el debido respeto de quien entonces estaba presente. -inspiró hondo y en silencio, sin jamás exhalar aquella bocanada de aire. Volvió a beber de su té, el que ya había cerciorado sano, y se concentró en responder la última duda de la monarca.   - Y, me sacia lo suficiente. -dijo, dando un último sorbo para acabarlo por completo.
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