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[Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

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[Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Dom Ago 13, 2017 7:03 pm

Entonces había sucedido una noche desde la llegada de Zephiel, rey de Bern, a Sindhu, viaje hecho con la intención de hallar palabra con la monarca de dicha nación recién nacida, a razón de encontrarse esta en muy cercana proximidad con su propio reino. Por la emboscada que sufrió el navío del rey en la amplitud de los mares, no había podido permitirse sostener ninguna clase de diálogo al momento de su arribo, siendo que la batalla había sido agotadora y había consumido gran parte de aquel día. La anticipación que tenía Zephiel de aquella reunión no era notoria a ojos casuales, pero sin duda, muy grande, pues la mensajería que antes había intercambiado con la reina Sissi había hecho crecer su interés enormemente en el país extranjero. Al despertar de su descanso, sentóse a un costado de la cama que le habían cedido, con las manos entrelazadas y los ojos puestos en el sol naciente que con sus rayos aún no tocaba la habitación, y allí esperó a que fuera el momento adecuado de volver a portar su armadura, y entonces dirigirse a la reunión a la que había sido convocado. Antes precisaba sus palabras, sus preguntas, en silencio, con un cálculo frío y distante, concentrado no en otra cosa que las razones que lo habían traído a aquel destino.

El palacio era sin duda una estructura pulcra, limpia, y sobre todo silenciosa, cosa que le permitía reflexionar respecto a las diferencias que tenía esta con la capital de Bern y el castillo que contenía dentro de sus muros. Si en Bern las construcciones eran robustas y firmes, aquí eran arqueadas, espaciosas, definitivamente no estaban enfocadas en la defensa. Parecía ser que aquel reino provenía de un mundo distinto, y quizás, si cabía el cometario, le recordaba a antiguas ilustraciones de ciertos libros, en los que se hablaba de civilizaciones olvidadas en la linde del tiempo. Aún se le hacía extraña la forma de vida de los habitantes de Sindhu, la manera en que hablaban, e incluso sus vestimentas, pues era casi el completo opuesto del ciudadano de Bern, digno y recto en sus costumbres. Antes, la noche anterior, un sirviente vino a él y ofrecio un cambio de ropa a sus usuales prendas, la que recibió como signo de buen huésped, pero negó a vestir, porque, más que nada, no estaba dispuesto a negar la protección de su coraza la que, a pesar de estar mal reparada por un terrible ataque que había sufrido hace ya un tiempo, le era útil como el primer día en que había sido forjada. También era que no se disponía a excentricidades, siendo que el reino de Sindhu no dejaba de ser una en toda su enteridad. Tomaría tiempo para que sus construcciones, los gestos de su gente y las leyes que regían aquel territorio dejaran de parecerle rarezas.

Y entonces así, protegido aún por su armadura, con los ojos puestos en los sirvientes cuando usualmente los ignoraba, en la vista que podía apreciarse desde las ventanas, y en los mosaicos del suelo, Zephiel avanzó por los pasillos hasta el comedor principal. Entonces la luz entraba y se reflejaba por todas partes, y brindaba intensidad a los colores a su alrededor. El eco de sus pasos era ininterrumpido, y anunciaba su pronta llegada. La tranquilidad del palacio fue suficiente para relajar sus facciones de la usual mirada que portaba, transformando su expresión en una calma, aunque aún posible de confundirse con el aburrimiento. No cambió su rostro al encontrar el salón, lugar en que sus ojos ignoraron la presentación del lugar, y buscaron inmediatamente a la Reina de Sindhu. Hizo una corta reverencia hacia ella y los demás presentes, y correspondiendo a la invitación, tomó asiento a un extremo de la mesa, sin mediar palabra aún. Restó atención a los alimentos que le ofrecían, al menos por el momento dado, reduciéndose a beber tan solo un poco de agua de la cual le habían servido. No aceptaría ninguna clase de licor, si era aquello lo que le disponían. Tan solo aguardaba las palabras de su anfitriona, a quien seguía apuntado su mirada.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Sep 14, 2017 9:48 am

Cuando Zephiel entró en la estancia, Sissi alzó la mirada dorada y dejó de prestar atención a lo que estaba haciendo para posarla por entero en el monarca de Bern. Le sonrió con amabilidad y le dijo animada: ¡Buenos días! Espero que haya descansado. – tenía una especie de monóculo en el ojo derecho, una lupa que le permitía observar con mayor claridad las diferentes piedras preciosas que tenía enfrente de sí. Estaba estudiando las diferencias entre joyas reales o falsas, para lo que se apoyaba de varios libros abiertos de par en par mientras que su desayuno quedaba olvidado a un lado. Por las mañanas siempre tenía mucha concentración y todo lo que leía se le quedaba en el cerebro como si fuera una esponja. Cualquier rato era bueno para dedicarse al estudio y a tareas académicas. Al fin y al cabo, debía conocer en profundidad uno de los principales recursos que Sindhu pretendía comenzar a comercializar con otros países. Se quitó la lupa, que hacía parecer uno de sus ojos muy saltón, y lo dejó encima de uno de los tomos sobre joyería. Después, hizo un gesto a Zephiel para que se sentase en la mesa donde quisiera.

Sissi se había levantado temprano. Con la batalla del día anterior, se había quedado agotada y, contrario a su horario habitual, se fue a dormir a una hora temprana y se había despertado con las primeras luces del alba. Esa noche no había tenido ni una sola pesadilla y había descansado profundamente. Ni siquiera tuvieron que insistir sus criadas para que abriera los ojos, toda una hazaña teniendo en cuenta que la pacífica reina se volvía muy cabezota nada más levantarse. Sin embargo, no tuvieron problema en vestirla, maquillarla, peinarla, y en general prepararla para los eventos del día. A pesar de que se reuniría con el Rey de Bern, su atuendo era más sencillo que el que hubiera llevado el día anterior. Ataviada de un azul oscuro brillante, Sissi resaltaba con su piel cremosa expuesta y su largo cabello rosáceo semi-recogido, pero con largos mechones cayendo en suaves ondas sobre su pecho y a lo largo de su espalda. Llevaba un saree compuesto por una falda, una camisa ajustada que dejaba su estómago al aire, y un pallu, el último extremo de la tela del vestido que se cruzaba diagonalmente por delante del torso, desde la cadera derecha hacia el hombro izquierdo, y después se dejaba caer libremente.

Las sirvientas habían adornado su cuerpo con joyas de oro: un cinturón con medallones a la cadera, brazaletes en los brazos y antebrazos, pendientes en sus largas orejas, pulseras de cuentas en los tobillos, y una diadema que le apartaba el pelo del rostro. Mientras Sissi desayunaba, la doncella encargada de hacer los arreglos florales de Palacio se había entretenido realizando un tocado a la reina con caléndulas blancas.  Habían compartido unas risas mientras la improvisada peluquera intentaba que la manakete no se moviera mientras se bebía su té chai. En general, tenía un aspecto fresco y natural, como las plantas que adornaban la terraza donde se encontraban. La casa Real estaba muy abierta al exterior para permitir el paso del aire marítimo y la luz del sol; muchos de los patios interiores tenían jardines y fuentes que recordaban a la cercana selva, pues Sissi gustaba de ver naturaleza salvaje mezclada con la arquitectura propia de Sindhu. La estancia donde ella y varios miembros de su corte estaban desayunando daba, precisamente, a un vergel en el que se podían ver flores de toda índole, y algunos animales exóticos.

Por eso, la presencia de Zephiel fue un contraste radical. Su expresión estricta, y la presencia de su armadura llamó la atención de todos los que estaban allí. Sissi frunció un poco las cejas, en una expresión de preocupación. Había hecho enviar al monarca una túnica propia de los hombres de Sindhu, pues al ver su atuendo del día anterior había supuesto que ninguno de los soldados de Bern tendría ropajes aptos para el clima tropical de su país. Mientras que a los hombres de Zephiel les había ofrecido unos pantalones bombachos de algodón, y una túnica hasta las rodillas, ambos de color blanco. Sin embargo, al rey le había hecho llevar un hermoso traje que pensó que gustaría. Preocupada, la manakete ladeó un poco el rostro y puso un gesto de desconcierto. - ¿Ha tenido problemas con la ropa que le obsequié? – le preguntó. – Hubiera jurado por Naga que esa era su talla, pero si no le sirve puedo hacer llamar a mi sastre, que podrá ajustárselo sin problema. ¿O quizás han sido los colores? Pensé que los detalles dorados sobre fondo oscuro le irían bien, pero si no son de su agrado puedo ofrecerle otro tipo de estampado. Debe de estar pasando demasiado calor.

Sissi habló con amabilidad, considerando ante todo la comodidad de su honorable invitado. – Por favor, siéntase en total comodidad de pedir los alimentos que suela tomar por la mañana. ¿Prefiere fruta o algo salado? Recuerde que el desayuno es esencial, mucho más aquí, con el clima que tenemos. – le recordó gentil, casi como una madre que enseña a los más pequeños. Aunque Zephiel podría parecer mayor que la Reina, en realidad ella le sacaba cientos de años y a veces se notaba con comentarios como ese.

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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Dom Oct 01, 2017 9:50 pm

No había tenido la oportunidad hasta sentarse frente a aquella mesa, de ver que de la misma forma vestía la reina de Sindhu como deseaba que él lo hiciera, con colores vivos, bordados exuberantes y ligereza. Lo notó apenas por un segundo y no hizo referencia a ello, no concentrándose en las apariencias más de lo necesario, como le era costumbre. Su semblante era el más puro silencio, hasta que la reina se dirigió a su persona, confundida al no vestir como había imaginado. Era más que un deber, una obligación contestar a sus inquietudes, y un signo de buen término y formalidad, por lo que pensó apenas unos segundos su respuesta antes de decirla, sin molestarse porque lo mencionara.

- No ha habido ningún problema en la apariencia de la prenda, reina Sissi, pues verá que, bajo mi armadura, mi atuendo, aunque en cierta forma más modesto, sigue siendo similar. -un traje, digno de aprecio, que había podido conservar incluso tras la gran tragedia.- Mi preferencia es meramente práctica, aunque debo admitir que no hallaba como portar un atuendo oriundo de su reino como se debe. -dijo con semblante tranquilo, desbordando confianza. Bebió algo de agua antes de continuar, levantando su vista hacia delante, y manteniéndola allí, en los ojos de la reina.- Dentro del palacio, no es problema. No diría lo mismo si tuviera que marchar a pleno sol. -admitió.- pero esa no es la ocasión. No cambiaré de vestimenta a menos que insista, y si lo hace, puedo permitirme desprenderme de mi armadura, mas no de mis vestimentas habituales. -no deseaba profesar hostilidad, pero su punto de vista era fijo, para nada flexible.

Sissi había notado que no había probado nada de lo que tenía a disposición. Zephiel respiró profundamente, mirando lo que tenía frente a él.

- Pediré que me sirvan lo mismo que a usted. -dijo en voz alta, para que los sirvientes pudieran escucharlo. Entonces Zephiel sonrió brevemente, cerrando los ojos.- Es cierto que necesito qué comer, pero tengo la suposición de que mi cuerpo ya se ha acostumbrado a subsistir con lo mínimo. -dijo. Era extraño que entonces se permitiera esos comentarios, pero en aquel lugar, bajo aquel ambiente, se le facilitaba. La sonrisa no tardó en desvanecerse de su semblante, teniendo en cuenta que no se sentaba allí por el simple gusto de tener una conversación con la manakete, aunque antes decidió referirse a su situación actual.- Antes de que de mí vengan las preguntas, he de suponer que tiene muchas más inquietudes respecto a mi persona que yo de la suya. -aquello no era del todo cierto, pero acorde con las formalidades, prefería ser conocido antes que conocer, al menos en esa ocasión.- Ya que soy yo invitado en su reino, y fui yo quien en primer lugar buscó la atención de su persona, es mi deber explicarme en lo que crea conveniente o necesario.

E incluso si antes se levantaban interrogantes respecto a él, en su mente proliferaban las preguntas dirigidas a la reina Sissi. Esperaba su turno pacientemente, viendo que entonces servían frente a él algo de té, el cual adivinaba no estaba muy caliente, acorde con el clima a su alrededor. Lo acercó a sí con una mano, y antes de probarlo siquiera, saboreó su aroma con discreción. Era distinto a cualquiera que hubiera podido probar antes, otra de las extravagancias de Sindhu. Y lo estudio el suficiente tiempo como para comprobar si es que alguien dirigía su mirada a él, esperando a que diera el primer sorbo. La única razón por la cual finalmente se decidió a probarlo fue porque, con el mismo recipiente, llenaron la taza de la reina una vez más, comprobando que efectivamente bebería lo mismo que ella. Entonces acercó la taza a sus labios e ingirió apenas un poco. Sostuvo el líquido dentro de su boca unos segundos, descifrando su sabor con meticuloso cuidado. No encontró ninguna clase de sustancia aparte de la hierba utilizada para brindar sabor, por lo que por fin se decidió a dejarlo pasar. Hacía mucho tiempo que no se servía de aquella bebida, por lo que quedó un par de segundos estático, visualizando aquel momento, antes de dar un segundo sorbo con mucha más naturalidad.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Dom Nov 05, 2017 9:35 am

La impresión que Sissi tuvo de Zephiel era que se trataba de un beorc extraño y de ademanes muy excéntricos. Casi se alarmó por su poca disposición para sonreír que tenía, y de no ser por el leve gesto de contento que mostró unos segundos, casi hubiera pensado que el monarca era incapaz de ello. Al mismo tiempo, le preocupó que hablase de cómo su cuerpo estaba acostumbrado a subsistir con lo mínimo. A pesar de llevar armadura, era obvio que se trataba de un hombre alto y corpulento, y que necesitaría bastantes alimentos para mantenerse fuerte. Quizás la mala situación en Bern le había obligado a racionar la comida entre su gente, él incluido. Sintió un poco de pena por ellos, aunque la compasión no se mostró en su rostro salvo en su suave mirada comprensiva. Decidió no comentar al respecto, así como dejar de lado el tema de la ropa. Había pensado en pasear con Zephiel por los jardines exteriores, pero lo cambiaría por las amplias galerías y los patios interiores de palacio, pues no desearía que el rey se desmayase por una insolación. - Como usted lo prefiera. – se limitó a asentir.

Suponía que, si a ella le sugerían vestir como la gente de Bern, también declinaría la oferta, pues no creía que le favoreciera ese tipo de ropajes o armadura. Tampoco es que hubiera portado prendas hechas de metal nunca, como mucho una parte superior bordada en hilos de plata y oro que recordase a una cota de maya, pero que sin duda estaba lejos de ser una. No tenía razón de hacerlo, pues no se dedicaba a la guerra, no era caballero, y en sus batallas contra los emergidos tenía una protección mejor, que eran sus propias escamas al transformarse en dragona. Respecto a la ropa más común, había oído hablar que en otras regiones y culturas, las damas solían llevar bajo sus vestidos algo llamado “corsé” que les oprimía el estómago y les impedía respirar. Sissi prefería la libertad de la moda de Sindhu. Sus telas ligeras, como la seda o el algodón, eran perfectas para moverse, y aunque a veces estuvieran decoradas y eso las hiciera más pesadas, seguían siendo muy cómodas. Para un extranjero podría parecer que no, pero en realidad los sarees eran más manejables de lo que uno podría creer.

No se sorprendió mucho al escuchar como Zephiel pasaba a los asuntos que le habían traído a su país de forma tan inmediata, su impresión hasta el momento era que era un beorc directo, por lo que no creyó que la charla de cortesía se alargase demasiado más. Quizás era demasiado eficiente para su gusto, ya que Sissi era más tranquila y predispuesta a dejar que las cosas siguieran su curso natural, aun así, asintió a sus palabras, – En efecto, Rey Zephiel, tengo cuestiones que plantearle. – Seguidamente, se volvió hacia los miembros de su corte que ya habían terminado de desayunar y se despidió con un: seguiremos hablando esta tarde.  – tras asentir con la cabeza y pronunciar unas disculpas, todos aquellos que estaban sentados a la mesa se fueron, dando privacidad a la reunión de Sissi y el monarca de Bern. Los únicos que continuaron en la estancia fueron los sirvientes, los guardias a ambos lados de las puertas, y los exóticos animales cuyos sonidos se filtraban desde la terraza hasta el abierto comedor. Hasta su improvisada peluquera decidió marcharse con los demás.

- Tengo tres preguntas que hacerle, – comenzó a decir la Reina. - Permítame enumerarlas primero, y luego ya usted podrá contestarlas. – puso sus libros de gemas y joyería a un lado y volvió a prestarle atención a su desayuno. En una gran bandeja descansaban diversas piezas de fruta: plátanos, mangos, frambuesas, moras, y papayas, algunas de ellas ya troceadas y preparadas para el consumo. Así mismo, había un plato de arroz hervido, algo ya frío, que venía acompañado de varias especias. Entre los platillos más salados, se encontraban pistachos, anacardos, y otras clases de frutos secos, y, sin tocar, tres tortillas de avena con aguacate y semillas negras por encima. Sissi empujó la bandeja hasta que quedó en el centro entre Zephiel y ella, ofreciéndole sin palabras el compartir su comida.  

- Mi primera pregunta es: ¿Por qué el interés en Valentia cuando tiene tantos posibles aliados en Elibe? – Según su conocimiento, Elibe era una región en relativa calma, y en la que algunos países ya se habían liberado de la presencia de los emergidos. Si bien Sindhu estaba próximo a Bern a pesar de estar en otro continente, lo cierto era que la carta del monarca extranjero le había sorprendido, pues no creía que pudieran llamar la atención de una nación tan militarizada como lo era Bern, sobre todo al no compartir ningún rasgo cultural o religioso. Esta cuestión, además, abordaba el hecho de que Zephiel prefiriera estar allí antes que en una nación cercana a sus fronteras conociendo a sus líderes. Deseaba saber qué tenía Sindhu que los demás no, y también que le contaran cómo se relacionaba Bern con sus vecinos.

Mientras preguntaba, Sissi se había ido colocando distraída varias frambuesas en las puntas de los dedos por su hueco, de manera que parecía que les hubiera puesto un turbante de llamativo color. Antes de volver a hablar, se comió una de las frutillas con aire pensativo: Mi segunda pregunta es: ¿Me habría dejado morir ahogada, si no hubiera emergido de las aguas en la batalla de ayer? –  A pesar de que el tema era grave, Sissi no dejó en ningún momento de mostrarse amable y educada. Rebosaba tranquilidad, en el aura típica de los manaketes, y no se le notaba fuera de lugar con su postura medio recostada contra los cojines de colores. Aun así, sus ojos se clavaron momentáneamente en los de Zephiel, indicándole que quería una respuesta a una cuestión y que no había sido lanzada así al azar. Si el monarca había creído que sus soldados no le contarían que había dado la orden expresa de no auxiliarla, había estado muy equivocado. Tal noticia había hecho aparecer en su rostro una arruga de desconcierto, pero antes de juzgarle prefería que explicase sus acciones.

Volvió a comerse una de las frambuesas de sus dedos y, tras saborearla con paciencia, dijo: Como tercera pregunta, me gustaría saber si le gusta el té que está tomando. – y contenta con sus pesquisas, se recostó en su asiento y le dedicó al Zephiel una sonrisa que pretendía animarle a contestar de la forma más sincera y honorable posible.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Dom Dic 31, 2017 1:13 pm

Observó bien cómo lentamente la gente de la sala hacía marcha atrás, dejándolos en privacidad, si es que aquello en verdad podía conseguirse estando en un palacio extranjero, donde más que nada se preciaba la seguridad de la realeza. El monarca decidió entonces enfocar su atención en la ventana lateral, iluminado su rostro por la luz del día, inmerso en varios pensamientos que jamás llegaría a compartir con oífos ajenos. Fue cuando la reina le aclaró que haría tres preguntas que el rey volvió a dirigirle la mirada, asintiendo ligeramente con su cabeza. Habría dicho que creía tres preguntas insuficientes, pero aún le faltaba conocerlas para opinar cualquier cosa. Entonces, viendo que Sissi ponía su atención en la mesa, él también se distrajo para mirar los diversos platillos delante de sí.

Considerando que su bebida estaba limpia como el agua, y notando que la conversación estaba lejos de acabarse, Zephiel concluyó que, al menos entonces, sería conveniente para él bajar su guardia y permitirse un merecido alimento. Nunca nadie hubiera adivinado que aquel mismo príncipe de sus años pasados, y entre otras osas, de un reino que ya no era, costantemente elogiado por el pueblo, acabaría siendo un rey famélico, a merced de los recursos de otros. Pero habiéndolo admitido tan directamente no era extraño recibir lo que sin palabras pedía, teniendo en frente una gran disposición de comida de todo tipo. Zephiel eligió un simple surtido de frutas delante de él, alcanzándolo sin esfuerzo con su mano y acercándolo a sí. Entonces se dio la molestia de quitarse los guantes, todo esto sin dejar nunca de mirar hacia delante, a la reina, para que supiera que no quitaba su atención de ella. Zephiel se llevó un primer trozo a la boca de una fruta que no conocía, y apenas movió sus labios para comprobar su sabor. No le hacía asco, así que continuó con aquellos pequeños bocados, todo con paciencia y cuidado, sin nunca verse desesperado por llevarse más de la cuenta. Parecía algo más accesible entonces, escuchando las dudas que la reina le planteaba. Cuando ella terminó de hablar él dejó de comer, y ambos quedaron en silencio.

Tras una pausa suficiente para justificar su razonamiento, Zephiel apuntó sus ojos directo a las pupilas de la reina de Sindhu, aclarando la certeza de sus palabras incluso antes de que fueran dichas. Entonces, habló:

 - Lo primero es simple de constestar. Es todo a causa de la plaga emergida, no existe otra razón. Si ha estudiado los movimientos de este ejército, sabrá que una vez abandonan un territorio, se movilizan a uno más cercano, que con suerte oponga mucha menos resistencia. Bern, por errores que me adjudico personalmente, fue incapaz de resistir los ataques en masa, siendo el blanco principal de todo Elibe. Nuestras defensas no fueron suficientes, y cedimos a su fuerza. Los países cercanos, con quienes solía mantener una respetuosa neutralidad, hayan conveniente que mi reino no oponga esa resistencia. Por eso mismo me he negado hasta ahora en tratar con sus líderes. Sindhu es una excepción por tratarse de un reino nuevo, parte de otro continente. Valentia en general no me causa ningún interés, viendo que en su mayoría está compuesto por reinos trizados por la guerra. -o al menos ese era su conocimiento, que fácilmente podía estar desactualizado. Hizo una pausa muy corta para continuar, porque lo que entonces estaba a punto de decir lo traía en su pensamiento desde el primer día que había pisado las arenas de Sindhu.

 - Mis actos son justificados por una de las reglas más estrictas que sostiene mi ejército. Jamás retroceder, a menos que deba ejecutarse una retirada. Entonces nos encontrábamos en defensa, con la única agresión de nuestro lado viniendo de ti. Si tienes consideración de los soldados que entonces se me había delegado a mí, sabrías que si hubiera permitido tu rescate, que era elevar a una criatura enorme de las aguas en medio de un ataque, habría significado entonces la pérdida absoluta. El riesgo de sobrevolar el barco enemigo, de haber sido atrapada por sus arpones, y así sumergida en altamar, recae enteramente en tus hombros. Por mucho que tu vida sea importante para ellos, si hubiera perdido la nave y a los hombres que transportaba, no hubiera habido ya nada por lo que luchar. Por lo mismo, espero que en otra ocasión consideres las consecuencias de tus acciones. -dijo recto, severo y cruel. Su ceño se había fruncido, pero tras unos segundos volvió a relajarse.- Digo esto con el debido respeto de quien entonces estaba presente. -inspiró hondo y en silencio, sin jamás exhalar aquella bocanada de aire. Volvió a beber de su té, el que ya había cerciorado sano, y se concentró en responder la última duda de la monarca.   - Y, me sacia lo suficiente. -dijo, dando un último sorbo para acabarlo por completo.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Dom Feb 04, 2018 10:18 am

Sissi no era una persona que se dejara llevar por sus propios prejuicios. Los tenía, al igual que todo el mundo, pero al menos hacía el esfuerzo de saber cuáles eran verdad, y cuáles leyendas. No con todo, por supuesto, pues incluso ella tenía un límite de tolerancia hacia lo diferente, pero puesto que Zephiel no era un mago oscuro, y no adoraba al Dragón Caído, la manakete no tenía problema para dejar de lado lo que se decía de él. Prefería, ante todo, formarse sus propias opiniones. Sin embargo, no pudo evitar un terrible escalofrío cuando la miró con tanta fijeza, orbes oscuros clavados en mirada dorada. Los vellos de sus brazos se alzaron, como espantados por la dureza de tal acción. Habría sentido miedo de no ser porque estaba en su casa. Ese era su territorio y cualquiera que se atreviera a alzarse en armas en su hogar cometería una fatalidad. Para empezar, las Leyes de la Hospitalidad prohibían y condenaban tales acciones. Cualquiera de los dioses castigaría a aquellos que osaran quebrantar leyes tan absolutas y naturales. Pero, además, ¿quién sería tan ingenuo como para amenazar a una Reina Manakete? Incluso allí, Sissi no se había olvidado de su Dragonstone, y sus soldados hacían guardia no muy lejos de oído, aunque no se les percibiera por la vista.

Durante su discurso, Sissi le dejó hablar y exponer sus ideas, al igual que se había hecho al contrario cuando ella hizo sus preguntas. Mientras una parte de su cerebro procesaba la información, otra se dedicaba a tratar de entender el enigma que era Zephiel. Se le presentaba como un beorc extraño, difícil de comprender. Si hubiera tenido a Seraphiel allí, habría sido mucho más sencillo saber lo que le pasaba por su cabeza, aunque tal pareciera que eso no sería necesario: el monarca extranjero hablaba tajante, certero, y sin atisbo de duda. Podría ser considerado incluso un provocador, ya que sus palabras eran hirientes e insultantes. Le dejó decir lo que quisiera. Muchos otros la habían agraviado a ella y a los suyos por mucho menos, incluso sin conocerla. Sissi no era una extraña a las ofensas de personas extranjeras, a menudo equivocadas y cegadas por su propio desconocimiento, la falta de educación, y su propia cultura. Le molestaba, pues no dejaba de ser humillante que un Rey se sintiera con la potestad suficiente como para regañarla de esa manera. No obstante, en su rostro gentil solo se mostró su disconformidad en la pérdida de su sonrisa, y en la fiereza de su mirada, clavada en la de Zephiel.

Una vez terminó de hablar, Sissi se inclinó hacia delante y apoyó los brazos en la mesita baja, con el torso hacia delante. Las joyas de sus manos tintinearon con su movimiento, y la luz las hizo resplandecer en tonos dorados. – Es sencillo adjudicarse respetar a alguien cuando ya ha dejado clara su opinión. Aprecio su sinceridad, aunque las palabras que la formulen sean dolorosas de oír. Cualquier otro habría intentado excusarse, y yo habría sabido que me mentía. Usted ha obrado de la manera inversa y, aunque no puedo decir que sus palabras hayan sido del todo de mi agrado, le agradezco su franqueza. – hizo un asentimiento con la cabeza, y continuó: aunque hay algo que me llama la atención sobre todo lo que ha dicho. ¿Quién le delegó la dirección de mis soldados y mis marineros? A mi entender, nadie lo hizo. Usted asumió ese rol porque así lo quiso, y así sintió que era su derecho hacerlo. Llegó incluso a amenazar a mis ciudadanos, como si su vida le perteneciera lo más mínimo. Incluso si yo misma le hubiera otorgado su dirección, sus lealtades y sus espadas permanecerían por siempre al servicio de Sindhu y el mío propio.

Hablaba con vehemencia, con pasión. Había cierto tono educativo en su voz, como quién explica algo a alguien que no tiene idea sobre un tema, así sentía Sissi que era, pues Zephiel había demostrado muy poco entendimiento sobre su cultura y su gente. – Antes de reunirme con usted he visitado a los heridos. Muchos de ellos me siguieron en el Gran Viaje de Hatari a Sindhu. Su vida está ofrecida a su país, y es todo un honor poder servirlo. Muchos han mostrado gran vergüenza por no lanzarse a las aguas a ayudarme, incluso si no podían por la presencia de emergidos y su propia amenaza. Quizás en otros países la honorabilidad es intercambiable, y la lealtad es solo hacia el dinero del que paga, pero aquí no es así. Cualquier Sindhi preferiría morir luchando por su país que seguir las directrices de un extranjero, que ni siquiera mueve un brazo para auxiliar a su anfitriona. Es patente que tenemos ideas muy diferentes sobre el honor en batalla, usted y yo, Rey Zephiel, pero le estaría muy agradecida si no vuelve a hacer que mis soldados vayan en contra de su país y su Reina.

Y eso era una orden, hablada con educación, pero un mandato, al fin y al cabo. La seriedad estaba presente en su rostro gentil, ahora ruborizado por el fuego de sus palabras. Sus ojos, abiertos, se clavaban en los del monarca de Bern. Donde él había sido severo, estoico, y cruel, Sissi se presentaba como otro extremo: apasionada, verdadera, y justa. - Sé que no soy perfecta. Cometo errores continuamente, soy ilimitada y mi aprendizaje es tan largo como el de cualquier otro. No nací con una corona en mi cabeza, ni me educaron para sentarme en un trono. Es más, le sorprenderá saber que nací en esclavitud, con mi madre y mi pueblo encarcelados tras amplios barrotes que nos impedían la libertad. Mi gente y yo llevamos luchando por nuestro derecho a existir desde siempre, y eso es algo que una persona privilegiada nunca entenderá. Aun así, no olvide que existe el orgullo en estas tierras. No me he postrado ante ningún hombre, ni ningún grupo de hombres, ni lo haré jamás. – Si Zephiel había llegado con alguna de esas ideas, Sissi se esforzaría por ponerle los pies en la tierra. Le preocupaba un poco la razón por la que el rey estuviera allí, y lo que habría hecho de haber muerto ella en batalla. Había asumido con tanta seguridad el mando de sus tropas, que no sabía si haría lo mismo de tener al alcance de la mano el poder de un trono.

Tragando saliva, se recostó de nuevo y trató de calmar su respiración. Se había agitado al defender a su pueblo de las cortantes palabras del extranjero. Siempre sucedía de esa manera con los foráneos, y aun así a menudo sentía su sangre hervir ante la incomprensión del mundo. Con voz más tranquila, añadió: Sindhu está creado por personas de todas partes del mundo. ¿Por qué cree que vivimos aquí? Porque no hay otro lugar en el mundo en el que seamos bienvenidos. Muchos de nuestros antiguos países han sido desolados por la guerra, por los emergidos, o por grupos que odian a laguz, beorcs, o medio-hijos. Aquí buscamos paz, vivir tranquilos, dedicarnos a nuestros asuntos. Hemos aprendido a sobrevivir gracias a nuestra unidad, y nuestra fe en los demás. No sé si usted tuvo alguna fe en mis habilidades en batalla, pero si la tuvo, la perdió una vez fui engullida por las aguas. Cómo si algo tan minúsculo pudiera evitar que una Hija de Naga protegiera lo suyo. Usted, Rey Zephiel, no me conoce, y aun así me juzga como si lo hiciera. Me habla sobre mis obligaciones y lo que debo hacer, cómo si no llevase siglos meditando sobre mi deber para con el mundo. Mucho antes de que usted siquiera fuera un concepto de existencia.

Se incorporó un poco de su postura y bebió de su taza de té. El sabor dulce y picante le renovó la energía. Su tono había sido defensivo, pero certero al mismo tiempo. Casi parecía una madre protegiendo a sus hijos, y así era: una dragona que rodeaba con su gran cuerpo a su gente y a su país, como un escudo de doradas escamas. Suspiró y optó una voz más relajada, pero que cargaba la confusión que sentía ante la presencia del rey extranjero. - Si ha venido a Sindhu con interés en ver un país militarmente fuerte, se habrá llevado una gran decepción. No pretendemos parecerlo, ni serlo. Quizás le interese más Senay, en el norte de Valentia. Sus fuentes son erradas y no todo el continente ha sido arrasado por la guerra. Quizás ellos cumplan sus intereses más que nosotros, aunque he de confesar que no sé muy bien qué pretende con su visita, salvo recalcar mi falta de juicio, a su parecer. Valentia no le interesa, sus países vecinos tampoco. ¿Qué hay en Sindhu, salvo letrados y mezcla de razas, que interese al Rey de Bern?
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Miér Feb 14, 2018 12:46 am

Zephiel apenas y parpadeó cuando la reina Sissi comenzó a debatirlo. Se defendía. Por supuesto, una criatura de su raza jamás dejaría que mancillaran sus valores con la crudeza con la que él había osado plantarle cara. La terquedad podía considerarse hermana del orgullo, sin embargo Zephiel no creía de esta un mal grave, y lo adjudicaba a los dragones como un rasgo natural de su raza, pues sin aquella característica nunca hubieran sostenido guerra alguna ni sobrevivido hasta la actualidad. Solo en indiviuos como él mismo la terquedad era capaz de enceguecer, y era cierto, podía admitir que sus palabras habían sido influenciadas por las enseñanzas firmes y rectas del ejército de su reino, las cuales dictaban la mayoría de sus acciones, y sobre todo, opiniones. Había dejado hablar un mente estrecha, pero eficiente y objetiva, que se distanciaba completamente de la sociedad de Sindhu respecto al combate y la guerra. No significaba que estuviera equivocado, Zephiel verdaderamente creía que hablaba con la razón, pero ese no había sido el momento de contradecir a la reina anfitriona en una ocasión despreocupada como lo era un simple desayuno. El rey suspiró, absorbiendo los argumentos de la reina en silencio, sin hallar contestación alguna que justificara interrumpirla. No iba a intervenir en su explicación, por lo que esperaba pacientemente a que ella acabara de establecer sus puntos.  Mientras, miraba a quien le hablaba atentamente.

Su pasión incluso se incrementó cuando, de improvisto, la reina se refirió a su pasado para así justificar su presente. Zephiel, al contrario de lo que ella pudiera creer, no se sorprendió al oír su historia y la de su pueblo, pero sí encontró enorme disgusto al conocer como se repetía el mismo relato que ya conocía: esclavitud, discriminación, segregación. Entonces su expresión fría se trizó apenas un poco, pues Sissi tentó la cepa del odio que ya hacia tiempo estaba plantada en su corazón, dirigida a las acciones de quienes, por ejemplo, habían causado penurias como las que había sufrido la reina de Sindhu. Pero fue sabio y se contuvo, conociendo que un choque de pasiones podía resolverse solo en el peor de los conflictos. Probablemente al callar, la monarca tendría de él la imagen de un hombre inseguro y estúpido, que buscaba conocer rarezas por simple gusto, y apropiarse además de lo que no le pertenecía. Corregiría sus impresiones tan pronto pudiera, pero antes esperó a que el silencio inundara la sala, con ello dando un enorme suspenso a lo que él pudiera decir. Y Zephiel tomó su tiempo, reorganizando sus pensamientos y palabras, posando su antebrazo sobre la mesa y cruzando los dedos en esta misma. Expedía dignidad y respeto con su simple imagen, tanto para el mismo como con otros, sin duda una pose muy diferente a la cual adoptaba cuando sentaba en su trono.

- Fue mi error dirigirme de una forma tan directa a su persona. Acepte mis más sinceras disculpas, reina Sissi. -habló finalmente, sus ojos fijos en los ajenos y su rostro en alto. Dejó enfriar su disculpa antes de proseguir, para así reafirmar su sinceridad. Luego, continuó de forma más concreta.- Responderé a la última pregunta que me ha formulado. Sin embargo, después de ello queda a su juicio si esta conversación debe continuar. Sabré entonces si me he propasado del todo al cuestionar los principios que rigen Sindhu y su corona. De cualquier forma mi ida será pronta, pero es mi deseo concluir en buenos términos. -ninguna mentira entorpecía su lengua, aunque para quienes conocieran su pensamiento, era obvio que decidía guardar para sí su juicio. Lo importante entonces era contestar lo que importaba a Sissi, por lo que abrió ambas manos en un gesto sutil, como invitándola a que lo escuchara - Mi interés es demasiado simple, e incluso personal, si por supuesto no nos referimos al ámbito político de nuestro encuentro. Por esa misma razón me he reservado de comentarlo en esta ocasión. Puedo decir que mi curiosidad también podría relacionarse con el reino que ha mencionado, Senay, ¿Pero me encuentro aquí, no es verdad? Me importa poco el nivel armamentístico de Sindhu cuando lo que llama mi intención es hallar líderes distintos, como acaba de decir... discriminados por la sociedad con la que soy familiar, que en tan poco tiempo se han establecido con tanta proximidad al continente de Elibe, y con este, Bern. Pues no puede ignorar que es una particularidad respecto a otras naciones, extensas en historia, pero aborrecedoras de quienes, siendo distintos, quieren perseverar la suya propia.  Lo que deseo hacer claro es que la estructura de esta sociedad, cómo se sostiene y cómo consiguen perseverar la paz entre tantos distintos grupos étnicos, me intriga, me interesa, y me obliga a saciar esa ignorancia a la que usted se ha referido de mí. Un reino gobernado por un dragón... palabras que jamás podrían oírse al este de estos mares.-hizo una pausa.- Es de conocimiento común que en Elibe los dragones fueron el cimiento de nuestra civilización actual. Probablemente aquellos que nos antecedieron compartían visiones similares a la suya, reina Sissi. Sin embargo, se ha preferido olvidar, destruir y barrer de la memoria popular estas verdades. Por eso, tengo la idea de que conociendo Sindhu, podría ser capaz de comprender los pilares de la civilización como debería ser. -trayendo paz a su semblante, cerró los ojos y tras un momento los volvió a abrir, retornando a la misma severidad que le era característica.- ¿He respondido de manera suficiente? -preguntó finalmente a la reina. Si no era así, se despediría tan pronto se lo indicara, pues no tenía más asuntos que tratar que no requirieran conversación.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Mar 29, 2018 10:43 am

Zephiel debía de saber que estaba caminando sobre cristal, porque su actitud y su forma de expresarse cambiaron al segundo. Sissi no pudo más que mirarle con cierta sorpresa ante la disculpa. Lo cierto era que esperaba más reticencia a retractarse de sus palabras, pero el Rey de Bern parecía ser muy pragmático en eso. Con asentimiento grácil de cabeza, la manakete le perdonó por sus toscas declaraciones anteriores y escuchó con interés lo que el otro le explicaba. Si Sissi hubiera sido más exigente con las disculpas, seguramente se habría dado cuenta de que el otro había pedido perdón por su forma tan directa de hablarle, no por lo dicho en sí, pero estaba tan acostumbrada a que la gente que la insultaba no se arrepintiera de sus comentarios que una simple disculpa le valía mucho. No imaginaba a nadie de Begnion o Daein haciendo algo así ni en sueños. Antes preferirían morir que admitir un error frente a un laguz, y por esa humildad Sissi también perdonó a Zephiel. No estaba en su naturaleza el ser rencorosa o albergar grandes sentimientos de inquina.

Tomó un poco más de té y reflexionó. De modo que el Rey de Bern se había movido por intereses históricos, podría decirse. Eso no lo esperaba, pero no lo encontró del todo extraño. En Sindhu había muchos académicos que se guiaban por principios mucho más extravagantes, así que estaba acostumbrada a los ademanes de la gente que gustaba de aprender. – Intentaré solucionar sus dudas en la medida de lo posible. No conozco tan bien como usted la historia de Elibe. Mi familia es de Akaneia y hasta ahora he residido siempre en Tellius. En realidad, nunca he pisado su continente. Todo lo que sé de Elibe ha sido por placer de la lectura o por encuentros con personas de allí. Así que perdóneme si digo algo que no es correcto, hará bien en decirme si mi visión o lo que sé no es así en realidad. – comentó con las cejas algo fruncidas, en gesto pensativo. – Hablaré, pues, de lo que sé de Akaneia y de cómo funcionaron las civilizaciones allí antes de que la Era de los Humanos tuviera lugar, que es lo que conozco. Me gustaría pensar que en tiempos antiguos las cosas fueron mejor, pero eso sería engañarme. La historia de la convergencia entre laguz y beorc siempre ha sido sangrienta: nacida de fuego y guerra e ira y muerte y miedo. Un caos proveniente del salvajismo que habita en cada uno de nosotros y que, de dársele rienda suelta, puede destruir todo a su paso.

Ella lo sabía bien. Esa soberbia había terminado por hacer que su raza estuviera al borde de la extinción. No podía olvidar el pasado porque eso significaba perder de vista el futuro. Había tantos errores en la historia de su raza que debía esforzarse por no volver a cometerlos. Eran tan pocos que podían hacer un mínimo para cambiar el rumbo del presente destino, pero aun así Sissi lucharía por no ver a su raza desaparecer hasta dentro de varias generaciones. No se trataba de engatusar pensando que eso no terminaría por suceder. Era un final terrible. Pero incluso si los pocos manaketes que quedaban comenzaban a reproducirse entre ellos, ¿podrían repoblar una tribu entera? Y aún más, ¿podrían decir que no al amor, si les llegaba en forma de alguien que no fuera manakete? Miró a Zephiel, una persona interesada en el tema de una forma que Sissi juzgaba como algo superficial. No creía que pudiera entender la profundidad de la maldición que vivían. Solo los seres de larga longevidad podían comprender la esencia y la realidad de su existencia, bendita y maldita al mismo tiempo.

- En Akaneia al menos quedan razas laguz, perdidas y escasas, pero viven. Ni siquiera estoy segura de que en Elibe queden laguz, quizás algunos escasos manaketes, pero no los suficientes como para formar una sociedad. Sé, por ejemplo, que en Durban no se les discrimina, pero supongo que es difícil habitar en un continente con tanta sangre y conflicto en su historia. Valentia, en este caso, está comenzando de cero. Una nueva esperanza lejos de los horrores cometidos en los viejos continentes. Tellius, Elibe, Akaneia, la guerra ha influido en todos ellos y en su gente. Hay muchos que estamos agotados y hartos de eso, y por eso lugares como Senay o Sindhu se están fundando. Me ha preguntado sobre la estructura de mi país, y de esto sí que puedo hablarle sin errar. Para empezar, me gustaría aclararle que la estructura social y política de Sindhu no sigue el ejemplo de ninguna otra creada con anterioridad.

Se sirvió un poco más de té y mordisqueó una pieza cítrica de fruta. - No he creado mi país según la ideología de todos los grupos de dragones que vivieron en ese entonces, ya que eso es imposible. Aunque todos estuvieran liderados por la Tribu de Dragones Divinos, con Naga como la Reina de Reinas, cada tribu tenía sus propios líderes y sus propias leyes. Le hablo de hace más de 3.000 años, cuando las tribus de dragones eran muchas y los beorcs apenas comenzaban a ser una civilización. Naga miró entonces a los beorcs, y se apiadó de ellos, y les dio un espacio en la sociedad y compartió con ellos su tecnología y valores. Pero no todos los dragones deseaban que los beorcs fueran ciudadanos con los mismos derechos que ellos. No. Hubo aquellos que los esclavizaron, pues eran seres inteligentes y capaces de comprenderles y acarrear órdenes, así que en muchos lugares se volvieron esclavos de las tribus. Naga trató de implantar leyes para evitarlo, pero Akaneia era muy extensa, y la Tribu de Dragones Divinos demasiado minoritaria. No todos los dragones fueron buenos y tuvieron buenas intenciones.

La Diosa había tratado de hacer lo posible por proteger a los beorcs, pero incluso ellos se alzaron contra ella y masacraron a la misma raza que les había sacado de su estado semi-desarrollado y los había protegido frente a sus congéneres. Y así había continuado la historia durante milenios. Guerras civiles entre las tribus de dragones, guerras internacionales entre los reinos humanos. Guerras raciales entre dragones y humanos. Tanta sangre, tantas vidas perdidas. Pensar en ello le formó un nudo en la garganta. Si tan solo la hubris no hubiera sido más importante que el significado de la vida, las cosas habrían sido muy diferentes. Sissi suspiró, su expresión algo dolorosa. - Por eso mismo, Sindhu estaría basado en las creencias de la Diosa Naga, en vez de la de las antiguas tribus en general. Esta visión funciona aquí porque el territorio de Sindhu es pequeño y solo está regido por mí, en vez de ser una federación donde muchos otros líderes pueden decidir lo que hacer con su porción de tierra. Naga también nos enseñó la importancia de la ley, de un sistema jurídico potente que pueda establecer normas de convivencia y las penas cuando estas se incumplan. La ley, he descubierto, es algo esencial. Todos están protegidos por ella, pero al mismo tiempo deben seguirla. Aquí no solo se penaliza a aquellos que atenten contra la vida de otro, sino que atenten contra su igualdad en la sociedad y corrompan la harmonía con visiones contrarias a los valores de Sindhu.

Dejó la pieza de fruta que había estado mordisqueando en el plato sin terminar de comerla. De repente no tenía mucho apetito. Era doloroso pensar en todo eso, pero Sissi antes de todo le gustaba enseñar, y si podía transmitirle una verdad a Zephiel, lo haría encantada, aunque le destrozase habitar en el pasado. – También me gustaría aclararle otro punto, Rey Zephiel. Usted habla de dragones, pero yo no soy una dragona. Al menos, no como la forma en la que usted pueda creer, como los dragones del pasado o los dragones de Goldoa. Me parece usted un hombre letrado, así que sabrá de la importancia de referirse a las cosas por su verdadero nombre.  Yo no soy una dragona, soy manakete. Puedo transformarme en la forma de mi alma dragón, pero continuo uso de ella haría que volviera a ser aquejada por la locura que destruyó mi raza. ¿Acaso puedo ser algo que me es tóxico ser durante mucho tiempo? Pero dejando las cuestiones antropológicas de lado, semánticamente sí que podría ser considerada una dragona al reunir los atributos esenciales de los dragones, pero prefiero que se me reconozca como Manakete. Mis padres y mi tribu pasaron muchos estragos para conseguir dominar su alma dragón y adquirir la misma forma que tengo ahora, más parecida a la humana y más segura para nosotros. Le agradecería que se refiriera así de ahora en adelante a mi persona. – habló de forma gentil, más bien explicativa y sin echar en cara al rey su confusión.
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Re: [Social] Sombras, y luz de día [Priv. Sissi]

Mensaje por Zephiel el Jue Mayo 10, 2018 2:11 am

Zephiel oyó a la reina de Sindhu sin dejarse en ningún momento interrumpirla. Se había permitido asumir que su origen era el continente de Akaneia, pero oírlo confirmado de su voz trajo tranquilidad a su pensamiento, la satisfacción de responder a una pregunta correctamente. Por esto, consideraría su respuesta más que a cualquier otro que en su mismo lugar hubiera osado responder a sus dudas. Entonces dejó de lado cualquier distracción, y cargando su espalda contra el respaldo del asiento, se dispuso a escucharla.

Sus ojos intercambiaban miradas con la reina y con la nada misma, dando cuenta de que entonces Zephiel se absorbía en pensamientos fugaces que atacaban su mente con cada idea propuesta por la otra monarca. En un principio ella no dijo nada que él no supiera ya: muerte, confusión, emociones que manejan el caos por sobre todo raciocinio.  Eso sí, le llamó la atención oír de un tiempo pasado a la era humana. Por supuesto, no había documento alguno que diera detalles sobre una época tan antigua y difusa, por lo que por poco el rey rompió su silencio, logrando ahogar la tormenta de preguntas que entonces atropellaban su consciencia. La más importante de ellas habría sido cuestionar si realmente creía de Elibe un continente que alguna vez en el pasado contuviera en sí razas laguz como las de Tellius, las que pocas veces había tenido la oportunidad de ver.  

No fue mucho lo que tuvo que esperar para escuchar de los labios de Sissi los fundamentos que constituían al nuevo país, apretando el ceño, prueba de su concentración. Había dicho, sin dudar apenas un poco, que se distanciaba en gran manera de los antiguos reinos de dragones, cosa que descolocó la calma de Zephiel inmediatamente. Tres mil años en el pasado, ¿Era esa la antigüedad de la dragona frente a él? ¿Había visto aquellos lugares con sus propios ojos, sus estructuras, sus sociedades? Entreabrió apenas un poco su boca de la sorpresa, retirando aquella expresión tan pronto le fue posible reaccionar. Esclavos había dicho... ¿Para qué necesitaría un dragón un esclavo? ¿Hablaba de codicia, era cierto? ¿Alegaba acaso que los habían necesitado para construir palacios, como los humanos, o servir de lujuria a los miembros más bajos de su sociedad? No, estaba suponiendo de más, poniendo en ella palabras que no había dicho. Sin embargo, la ambigüedad de su explicación lo había alterado, necesitando saber más, de inmediato. Necesitó nuevamente de un gran esfuerzo para callar y esperar su momento, tal como su cortesía indicaba. Una extraña pasión se había apoderado entonces de él, que le incitaba a hablar, a argumentar, pero que guardaba para sí en las profundidades de su alma.

Notó entonces la confianza que de sobra tenía la reina para su tan aclamada diosa. Zephiel suponía de ambas dragones divinos, por lo que aún no llegaba a comprender su adoración más que por respeto y admiración hacia quien ha conseguido relevancia y se ha glorificado gracias a sus propias acciones. El rey de Bern era quien no creía de Naga ni de ningún otro dragón superior a sus iguales, considerándolos menos importantes de lo que se quería hacer creer, pero no menos poderosos. Los respetaba de igual forma, pero encontraba ridículo el comportamiento humano hacia aquellas identidades, denigrando a la misma raza que al mismo tiempo ponían en pedestal. Era todo un gran circo cansino, el cual solo podía soportar siendo que Bern adoraba a humanos, a sus congéneres, lo natural en la mente de sus iguales.

Todo lo demás Zephiel lo oyó con oídos distraídos. Demostraba que la prosperidad de Sindhu en sí era la menor de sus preocupaciones, importándole más cómo es que había llegado a ser. Lo que dijo la reina Sissi fue suficiente, llamando la atención a otro punto que tomó por sorpresa al rey.  Hacía entonces la diferencia entre manaketes y dragones, cosa que quizás le hizo sonreír. Sin duda la forma humana era más segura, y usar un nombre que los acercara a esta, conveniente. Zephiel tuvo el impulso de reír también, pero no lo dio a notar visualmente, por lo que Sissi no lo habría adivinado. - Que así sea, entonces. Sissi, reina manakete, me contendré de usar lo que en un momento creí un sinónimo mucho más representativo de su persona, debido a mi ignorancia. -aceptaba, por supuesto, aunque era claro que no se consideraba a sí mismo ignorante, y que con su explicación no había aprendido nada que él ya no supiera.  

Entonces había abierto su oportunidad para hablar, hacer claras sus preguntas y sus puntos de vista, que, aunque no muchos, resaltaban sobremanera.

 - Reina Sissi, respecto a lo que me ha relatado... ¿Fue testigo de estos hechos en persona, o este conocimiento proviene de algún texto en particular? Pues, es la primera vez que escucho sobre la historia contada de esta manera. En mi educación, tanto propia como personal, nunca llegué a encontrar motivo que no fuera la defensa para el conflicto entre "beorcs y laguz". -aún no acostumbrado de todo a aquellos términos extranjeros, Zephiel hizo notar su disconformidad al llamarlos de esa manera. - Y no he de cuestionar su juicio más de lo necesario, sin embargo... ¿Qué le asegura que su testimonio es en verdad correcto? ¿Los humanos han sido quienes han dejado constancia de aquello que usted llamó "esclavitud", o han sido los mismos dragones quienes han revelado esta supuesta verdad? Es sin duda el punto que más me interesa aclarar. -habiendo hecho sus preguntas, aprovechó de continuar con un pensamiento que hace ya un tiempo se había puesto a circular en su mente.- Sabe... nadie en Elibe sabe cuál fue la llama que incendió la guerra entre ambas razas. Sin embargo, existen suficientes odas a guerreros, cantos a la victoria, orgullo de naciones como para permitirme suponer que la inclemencia reinaba sobre todo sentimiento humano. Nunca supe de autor que clamara libertad por sobre gloria. Tal es la voz de los ganadores, que se impone y construye realidades sobre suposiciones sin fundamento. Sea cual sea la razón, lo que prevaleció fue siempre el miedo y el odio, ¿No es así? ¿No es usted prueba de ello? Y, sin embargo, usted posee un acercamiento distinto. No piense de su raza tan denigrante como para no compartir una mente como la suya. Seres que solo quieren preservar sus tierras en paz y armonía. -obviamente refiriéndose a Sindhu.- y nosotros, si no fuera por la plaga emergida... Le aseguro que todas aquellas conquistas de la que seguramente ya se habrá informado, se habrían causado por la guerra. -Zephiel cerró sus ojos, escondiendo tras de ellos una multitud más de palabras que no se había dado el trabajo de articular.
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