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Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

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Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 13, 2017 10:53 am

Ya la luna estaba en su máximo auge, las estrellas brillaban en todo su explendor y el humor de Dyanna, mejoraba por momentos... Conseguiría una buena cantidad de oro gracias al plan con Lorian, el pirata que conoció ese mismo día. Todo lo que tenía que hacer es descargar la mercancía y esconderla en un lugar seguro en lo que el cliente venía. Aunque era joven aún, era astuta como un lince y sabía que habían menos posibilidades de que la cogieran de madrugada. Por ello mismo, ancló el barco al muelle y lo dejó ahí, sin bajar la carga para no ser sospechosa. Pero ya era momento, ya solo unas pocas almas pasaban entre los barcos, era ahora o nunca. Dyanna, no dudó, dio la señal a sus hombres para que comenzaran a bajar el cargamento en el mas profundo de los silencios, no quería problemas innecesarios.

- Bien, todo está yendo como esperaba. Con suerte nos podremos ir con nuestro oro en solo pequeño lapso de tiempo. - Susurró para si misma, mientras sonreía maliciosamente. Aunque poco duró su sonrisa, pues justamente cuando caminaba derecha hacia su barco, escuchó un ruido que la alarmó. Una de las cajas cayó de las manos de uno de sus rufianes y se rompió en pedazos, además, la suerte no parecía querer acompañarla en aquella velada...

Un guardia apareció de la nada y se quedó con la trama. - Maldita sea, la torpeza no estaba permitida en este encargo. Debería de echarte a los tiburones, marinero de río. - Le reprochó con un tono amable, pues no era realmente una amenaza. El guardia comenzó a correr, supongo que iría a avisar a sus compañeros, traer refuerzos y todo eso. - Ha habido un cambio de planes, ratas del océano. Volved a subir todo con la máxima velocidad que vuestros cuerpos os permitan. Es probable que salgamos mal parados si regresan y sé que estarán aquí de un momento a otro. - Todos asintieron. - ¡Si mi capitana!- y comenzaron a subir la mercancía al mismo lugar de donde había salido, al barco.

- Aunque sea, no vamos a perder dinero. Me enfurecería hacerlo. - Pensó. Observaba cuidadosamente todo el lugar, para alertar rápidamente cuando ellos debían de entrar al barco y olvidar lo poco que quedaba en tierra. Menos mal que no llegaron a bajar ni una cuarta parte del gran cargamento que Lorian había dejado en sus manos, no quería arruinar el hermoso negocio que tanta riqueza le daría. La verdad era que Mitgard era de los lugares en los que mas mal visto estaba la gente como Dyanna, buscavidas del mar los cuales se pensaban que eran algo más que simples piratuchos. Sin duda, si son cogidos, serán severamente castigados, eso ella lo tenía en mente. El tiempo se acababa, sabían que no tardarían mucho más en venir y era peligroso estar aún allí, así que Dyanna dio una nueva orden. - Comenzad a subir al barco colegas, ya esto comienza a ser peligroso y no hay duda de que nuestras vidas valen más que dos cajas de cargamento, sobre todo la mía. - Y de forma armónica, como si una gran banda fuera, comenzaron a subir mientras cantaban.


Iremos al centro del mar, del mar
Guardaremos nuestros tesoros y no lo encontraran jamás, jamás
Pues nuestra furia es omnisciente ¡Y jamás verán de tan cerca la muerte!
Riendo y brindando nos vamos una vez más.

Llorar no servirá de nada, no tenemos piedad, piedad
Nosotros solo con riqueza se nos convencerá-...
- O por una orden mía, que no se os olvide. -
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Re: Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

Mensaje por Brynjar el Vie Ago 18, 2017 9:05 pm

¿Quién podía dormir
sabiendo que el fuerte viento dominaba las tierras?
¿Quién podía calmarse
sabiendo que la nieve era más fuerte que cualquiera?
¿Quién podía...
...permitírselo?


Era obvio que Brynjar de Mitgard no. Y ya no era por una obligación impuesta por el resto, si no por sí mismo. Por llenar sus propias expectativas cargadas de honor hacia sí y hacia su pueblo y gente. Si él no podía... ¿porqué seguía entonces teniendo el mando de todo aquel ducado? ¿Con qué derecho seguiría él allí, reclamando un castillo y un poder que no merecía?

Pero se lo había hecho ganar, a base de sangre y esfuerzo. Literales ambas, ya que su sangre sí había manchado aquellas tierras ataviadas con el elegante manto blanco de la gélida pureza nívea.

Por eso, el aviso que le llegó de un agitado guardia de Vedrfolnir no le llegó en sorpresa, aun teniendo en cuenta que, cuando le llamaba, no eran horas para estar en la calle congelándose de frío. Pero se tomó en serio el aviso de la misma manera que sabía que, ninguno de los guardias apostados en los puertos se atreverían a llegar hasta allí solo por un aviso simple. Pero cuando realmente quiso llegar a paso de galope de las fuertes patas de los caballos de aquella helada isla, recibió a cambio el sonido de una canción cantada a coro que al parecer se repetía una y otra vez. ¿Qué diablos...?- Por Forseti... ¿En serio? ¿A estas horas? - Claro, era obvio que eso era tráfico de comercio ilegal. Y ya no importaba siquiera el hecho de que fuera exportación o importación a su ducado. Era en sí el hecho el que le hacía rodar la mirada de exasperación. Él, Brynjar, esforzándose por crear un ducado donde lo que cuente sea el esfuerzo de cada uno y que se pueda vivir de manera honrada, resulta que ahora se encontraba con piratas y maleantes a altas horas de la madrugada que eran las que, con las estrellas a modo de testigos, confirmaban con su tenue resplandor que aquello era de verdad y que sus ojos y la luz de las antorchas no lo engañaban.

- ¡¡QUIETOS!! - Bramó con fuerza el marcado mientras su rostro se alzaba más, aún estando sobre la montura de un gris perlado a excepción de las patas jaspeadas hasta llegar a los cascos a un oscuro tono. Y una fuerte ráfaga de aire agitó los cabellos blancos de su melena que estaba sujeta por una trenza. Eso era malo... iba a venir tormenta. Quizás no en ese mismo momento, pero... tal vez una, dos horas... o quizás menos. - Detened ese despropósito. No está permitido el contrabando en toda el área de Nitfheim bajo las órdenes del ducado de Mitgard. ¿Cómo se os ocurre hacer esto a estas horas? - Claro, era obvio que, a esas horas todo quedaba más sospechoso de lo debido. A veces, la naturalidad era mejor para ese tipo de cosas. Y aunque no apoyaba ni quería ayudar con ideas a aquellos piltrafas, era obvio que así era más evidente todo. Y así de directo lo plasmó el branded. Por otra parte comprendía que a esas horas por allí no pasaría ninguna alma, pero... obviamente guardia habría. Ya no solo por el hecho de encontrarse con casos como esos; que también; si no por el mero hecho de que podía haber emergencias de otro tipo. Y en un lugar tan sociable y unido a su pueblo como era Mitgard, el abandonar a alguien en la calle gobernada por el arisco clima, era inconcebible.

El resoplido de ambos caballos que tenía cerca, pertenecientes a los guardias que lo acompañaban, le hizo indicar que los hombres que los montaban parecían impacientes por comenzar su trabajo, aunque Brynjar realmente dudaba si era realmente por ansias de completar su trabajo o por no permanecer más tiempo quietos siendo usados como cortavientos que, para qué mentir, con ese clima ni las piedras querrían ese trabajo. - Sólo lo diré una vez. Ceded vuestro intento o seréis llevados frente al Ragnvadr y seréis despojados de vuestro armamento, navío y cargamento. No hay tiempo para discusiones... Se acerca algo peor. - Quizás no fuera consciente de que, sus palabras tenían mayor razón con las que las pronunció.


Última edición por Brynjar el Mar Ago 29, 2017 12:54 pm, editado 1 vez
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Re: Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 25, 2017 11:22 am

Ya están aquí, oh dios, se iba a armar una buena si no se daban prisa.- Rápido malandrines, moved vuestro trasero. Ya están aquí. - Todos ya estaban dentro del navío, seguros, por así decirlo. Por sorpresa para Dyanna... Y por desgracia para ella, había venido a entorpecer sus planes el mismísimo Jarl de Mitgard. Nunca le había visto en persona, pues realmente ha pasado poco tiempo en Mitgard en comparación a su tripulación, quienes muchos procedían de ahí. Pero los rumores eran ciertos, era un hombre bravo, de tez clara y de pelo largo y del color de la misma nieve.

- Oh, mirad quien nos recibe. Tranquilo querido, nosotros ya nos íbamos, caballero de hielo. En cuanto el por qué de hacerlo a estas horas pues verás... Planeabamos partir a primera hora, pero al parecer tendremos que partir ya. -

Las advertencias de Brynjar eran música para los oídos de la pirata, disfrutaba siendo amenazada. El placer del peligro, era todo suyo, de nadie más. Agitó su vestido, uno de sus rufianes fue en busca de su espada y la incorporó a la mano de su capitana, ellos ya sabían que ella jamás daría todo lo que tiene, moriría sin dudarlo antes, lucharía por toda la riqueza y por su barco hasta su último aliento.

- Lo lamento, querido. Pero me temo que sobre mí, NADIE, tiene poder. Es un placer, pero nosotros nos despedimos aquí. - Y se elevó el ancla y cortaron las cuerdas, el nuevo camino estaba por comenzar, o eso creía Dyanna hasta que uno de sus colegas la advirtió sobre dos barcos que se movían hacia esta dirección. - Capitana, esto será una desgracia... Esos barcos... ¡EMERGIDOS! - Gritó por último, muy alto, facilmente audible para también los caballeros que se interponían. La capitana se llevó la mano al mentón, miró con el catalejo los tripulantes de aquellos barcos y tenía razón, eran emergidos, tenía poco tiempo y también muy pocas opciones. ¿Que debía de hacer? Si zarpaban, serían hundidos por los emergidos, sus vidas no valen tanto como las de su tripulación. Solo había una manera de sobrevivir.

Se giró nuevamente y miró a Brynjar a los ojos desde su barco. - Son emergidos, caballero de hielo. - Hizo una parada, pensando en sus palabras y observando a aquellos hombres. - Te ofrezco algo, Jarl de Mitgard. Todos y cada uno de mis rufianes, lucharán apoyando a la causa de lo que está por suceder. A cambio, luego nos dejaréis ir con la promesa de que no volveremos a molestar en vuestras tierras. Al fin y al cabo, no necesitaremos pasar por aquí nuevamente. - El trato era justo, tendrían apoyos, además, las bajas serían menos a favor de la gente de Mitgard, quieran o no, les sale ventajoso que piratas de ningún lugar, luchen esta vez con ellos a cambio de simplemente hacer la vista gorda por aquel día. - Te doy mi palabra, estaremos de tu lado en esto. -

Y así terminó su discurso, terminó su ofrecimiento. Los emergidos podrían provocar una catástrofe si se les deja a sus anchas, debían de ser rápidamente eliminados con eficiencia para evitar el máximo número de bajas posibles. La capitana portaba aún su espada en la mano izquierda y esperaba la respuesta del que más poder tenía en esas tierras.
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Re: Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

Mensaje por Brynjar el Mar Ago 29, 2017 2:51 pm

La inquietud de su caballo tordo era más que obvia, haciendo resonar sus duros cascos sobre la superficie de madera del puerto, moviendo su cabeza hacia un lado y otro como si deseara salir corriendo de allí. Y ese detalle no le fue ajeno al Jarl, el cual tenía por sabido la intuición de los animales a la hora del peligro. Y no parecía inquieto precisamente por aquellos rufianes de agua salada, no... Eso lo tenía claro.

¿Sería la tormenta? Lo dudaba también, había visto a aquel caballo ser capaz de avanzar en medio de una ventisca con valentía y cargándole a él en el proceso. Era un buen y fiable ejemplar... Entonces...

Pero el escuchar una referencia hacia su persona le hizo volver a mirar a la que parecía ser la que mandaba sobre la cubierta del barco. Y que le contestara de aquella forma... No ayudaba a que mejorase el ánimo, ni el de él, ni el de la tropa de guardias que esperaban impacientes sus indicaciones de ir al frente. Pero, algo tenía que cederle a aquella necia capitana: mostraba suficiente valor como para hablar así. - Seréis bravucona... - Gruñó entre dientes al ver como tomaba una espada y le dirigía aquellas palabras. De un ágil salto, bajó de su montura, llevando su mano atentamente enguatada al mango de su arma para poder desenvainarla con el suave sonido metálico que eso profirió y, apuntar directo con la misma hacia el navío que se veía desprovisto ya de sujeciones a tierra. De hacer falta la perseguiría por mar con los navíos de su flota para que respondiera ante la justicia... Pero, efectivamente, hubo un aviso que se alzó por encima de aquel jaleo.

- ¡Llegan barcos extranjeros, Jarl! ¡Parecen soldados! - Informó la voz de uno de los vigías colocados sobre alguna torreta de control. - ...Tsk, emergidos, ¿eh? - Murmuró para sí, clavando la punta de su espada en la madera. No podía ser más inoportuna esa llegada por parte de aquellos soldados grises... Encima...

Volteó su rostro, asegurándose de que el navío que pretendía atacar no se había movido de allí y, encontrándose con la dorada mirada de aquella que parecía capitanearlos. Pero a pesar de todo, no se esperó una oferta como la que le había ofrecido abiertamente aquella mujer. Parpadeó, pillado por sorpresa unos instantes y escuchando las exclamaciones de sorpresa por parte de los guardias y que representaban bien su propia sorpresa. Mas no tardó en acercarse al borde del puerto, sabiendo que precisamente no carecía de tiempo suficiente como para lidiar mucho con sus pensamientos, y extendió su mano libre del mango de la espada, extendiéndola en dirección al barco. Como una muestra de aceptación y palabra a su promesa. - Si lográis partir antes de que la tormenta os lo evite... Adelante - Afirmó con seguridad en sus palabras, demostrando así el porte de quien sabe que de él depende mucha gente. Sin duda... de poner las prioridades delante, prefería que un barco ilegal saliera de sus tierras a que las gentes de su pueblo sufrieran. Pero quedáis advertida... Como alguno de tus hombres incumpla esa regla, seré yo mismo quien lo abandone en el bosque con una camisa como única prenda - Y eso, era una sentencia directa a muerte sabiendo como era el gélido clima en esa isla. Y en sus ojos la determinación y fiereza hicieron gala de que, era capaz de aquello y mucho más.

- Ahora... ¡Adelante! ¡No permitáis que lleguen a tocar suelo de Nitfheim, por nuestra patria! - Instó a todos sus hombres a avanzar y que, con un claro '¡Sí, mi Jarl!' se apresuraron con armas en mano a abordar toda la superficie del puerto para que nada más el barco se atreviera a atracar, no llegaran a ver qué ducado habían ido a visitar.
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Re: Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 04, 2017 10:00 am

Tuvieron una extrema suerte, el Jarl era un gobernador que miraba por el bien de su gente y no permitía que murieran varias personas inocentes de su tierra, por atrapar a la maraña, a los depredadores del mar. Para ello, ya habría otra ocasión. - Todo un halago para mí. - Decía para si misma tras el comentario del Jarl hacia su persona. Al fin y al cabo, no había mayor regalo para los oídos de la capitana, que le reconocieran lo que era... Una bravucona en toda regla, una mujer que vive de hacer daño, de intimidar y manipular personas mostrándose valiente ante todo, haciéndose ver como la máxima autoridad de algo y sobre todo, estando segura de que así es.

Hoy le había sonreído la suerte, con un poco de esfuerzo y ganas seguirían un día mas vivos, contemplar amaneceres ya era un reto por el ritmo tan peligroso de vida que llevaban. Solo había que encargarse de los lacayos del mismísimo mal. Dyanna no tenía un concepto claro de lo que ellos eran, izaban banderas de países pese a que ellos, no iban de la mano de este y no solo eso, si no que provocaban el caos sin ni siquiera saberse el por qué. Que decir además de su aspecto, su peculiar pero característica piel blanquecina y sus ojos de color carmesí, que antiestéticos eran... Solo por ello, ya daban ganas de matarlos, eran una ofensa en ocasiones para la mirada ajena.

- Las tormentas de aquí son duras, pero aún así acabaremos tan rápido con esto que nos podremos ir en unos minutos, Jarl. - El que gobernaba estas tierras lanzó una advertencia, Dyanna se giró hacia su tripulación, que esperaban ya sus ordenes y de espaldas comentó - Tranquilo, caballero. Están bajo mis órdenes, si algunas de mis amadas ratas hiciera algo indebido, yo misma me encargaría de ser la serpiente que las engullera. -

Comenzaba el plan, poco a poco ya se acercaban. Dyanna contaba con magos de fuego en su tripulación, era fundamental tener a unos cuantos para hundir el barco contrario sin hacer abordaje en caso de peligro extremo. Todos ya estaban en sus puestos, los magos artificieros ya estaban listos para tratar de hundir aunque fuera uno de los dos barcos que se aproximaban y que ya casi estaban junto a ellos. La guerra empezó, la capitana dio la orden. - ¡Comenzad a bajar del barco, si quieren apuntar a algo, que sea a tierra! No estoy dispuesta a perder mi navío. Artificieros, desde allí comenzaréis a conjurar, cuando lleguen a tierra, los demás nos encargaremos de darles muerte. - Y todos comenzaron a bajar, posicionándose cerca de aquellos caballeros que esperaban impacientes por impartir justicia sobre ambos bandos, pero que por hoy, debían dejarse ayudar por la tripulación de la capitana. En sus posiciones, los magos comenzaron a enviar bolas de fuego al barco posicionado a la izquierda con la intención de hundirlo. Se escuchaba el resquebrajar de la madera, alguno gritos de aquellas bestias, pero por ahora no eran capaces de hundir el barco. Llegarían a formar el caos, al parecer no sería tan fácil acabar con ellos. - No cedáis, seguid disparando, demostrad de una vez quienes son mis artificieros. - Decía animando a sus concentrados piratas, quienes lanzaban uno tras otro bolas de fuego.
- Se acercan demasiado rápido, no podremos hundirlos antes de que lleguen, mi capitana. -
Comentaba uno de ellos. - Me temo que tendremos que enfrentarles también en tierra, Jarl. Sobre todo en tierra, no podremos hundirlos, a la velocidad a la que vienen tienen que tener ganas de provocar problemas, llegarían incluso nadando por las gélidas aguas con tal de lograr su cometido. -

Desenvainó su espada, mirando hacia ellos. Estaban a punto de llegar, unos minutos más y los enormes barcos, comenzarían a bajar a sus agradables pasajeros. Respiró hondo con los ojos cerrados. - ¿Cómo se atreven a ignorar la advertencia de mis artificieros? Morirán, morirán, mo... ri... rán. -
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Re: Ups, lo siento, pero tenemos que irnos ya [Priv. Brynjar] [Campaña de liberación]

Mensaje por Brynjar el Dom Sep 10, 2017 7:46 am

A pesar de la actitud de la mujer que parecía ser la poseedora del respeto de su tropa, realmente no parecía una mala capitana dado su afán de responder frente a los errores y asumir las consecuencias de su tripulación. No cualquiera se encargaría personalmente de emendar los errores de sus hombres. Y en tierras como Mitgard, en su momento, los castigos habían sido mucho más sangrientos de lo que podían ser ahora. Ahora, el objetivo principal de los criminales era servir al pueblo realizando los trabajos más sufridos en favor del bien general. Pero aun así... había condenas directas, que conllevaban 'desterrar' al condenado al crudo bosque repleto de peligros y sin manera de poder sobrevivir al no recibir suministros y ropas que le ayudaran. Era una cruel condena a la soledad y el frío extremo para aquellos que no pretendían ser parte del pueblo de Mitgard.

Y por la misma regla, Brynjar no permitiría que por tres rufianes y una víbora sus gentes acabaran perjudicadas, atacadas y heridas. Y no era el único que pensaba así: toda su guardia que había ido en apoyo estaba conforme con aquello, y no dudaron en dar tregua poniéndose al lado de aquellos hombres de mar, algunos incluso palmeando sus espaldas para indicarles que estaba dispuestos a luchar con ellos sin ánimo de romper su palabra. Porque, en Mitgard, muchas veces la palabra de un hombre valía mucho más que todo el dinero que pudiera tener. Y lo mismo esperaban de vuelta.

Pero aun así el observar como algunos hombres de la tropa que estaban aún en el navío pirata comenzaba a invocar bolas de un tamaño considerable de fuego sin signos de haber usado ningún material para aquello hizo que bastantes de aquellos soldados de Vedrfolnir se sorprendieran. ¿Cómo lo habían hecho? En Mitgard no había muchos magos, los pocos que podían considerarse como tales, eran los misteriosos clérigos del templo de Forseti que, mantenían sus habilidades espirituales en un secreto que nadie tampoco quería desvelar, sabiendo que era parte de la tradición y confianza el no conocer esos poderes y reservarlos a aquellos que decidieran seguir el camino de la oración.

- Tenéis poderosas habilidades a vuestra disposición, capitana. No las habíamos visto anteriormente - Comentó con honestidad el Jarl mientras observaba, preparado para arremeter junto a sus hombres a los grísaceos soldados una vez el dañado barco llegara al puerto y comenzaran a pisar las maderas que conformaban el puerto. Y las palabras de ella no hicieron más que confirmar sus sospechas. Pero a su vez... - No importa. Podrán llegar nadando si quieren, pero de aquí no saldrán - Afirmó con temple mientras su mentón se alzaba en un firme y seguro gesto. Observó de reojo cómo sus soldados parecían inquietos, pero no por miedo, si no por ansia de comenzar la pelea. Deseaban acabar con esos seres que tantos problemas y muertes ya habían ocasionado en las tierras norteñas de Nitfheim. Y, si de algo se podía conocer a la tropa de ataque del antiguo ducado, era por la fiereza de sus tropas.

Un crujido resonó. El primer barco había alcanzado el puerto y una tabla hacía de puente para dejar pasar a los emergidos a terreno de Mitgard. Y ahí, fue cuando el bravo rugido de las gentes de Mitgard se alzó, ensordeciendo cualquier otro sonido mientras cargaban contra los primeros soldados que se toparon. Las espadas y hachas danzaban en una grotesca danza dirigida a causar el mayor daño posible. - ¡Arqueros! No dejéis a ninguno de esos gusanos sin una flecha clavada en sus entrañas! - Ordenó seguido de un gesto de su brazo a la tropa colocada en fila detrás de su puesto y que parecían listos a comenzar a lanzar una lluvia de flechas al barco enemigo que hacía ondear una bandera con insignias que no acababa de reconocer, siendo de Akaneia dicho estandarte. Y tras ese vistazo, intentando mantener ese estandarte en su mente, fue que avanzó junto a sus leales soldados a la carga, arremetiendo contra el primer soldado gris que pareció ser capaz de esquivar a la primera tropa de los miembros de Vedrfolnir y se acercaba al marcado. Alzó su espada, detuvo el golpe que podría haberle dado aquella lanza en pleno abdomen y, con fuerza la desvió a un lado para poder patearla y lograr alcanzar con el filo de su arma el costado de aquel emergido, desgarrando la tierna piel con facilidad hasta que se topó con los límites de la armadura. Retrocedió de un pequeño salto y volvió a cargar contra el herido, buscando acabar con su vida antes de que fuera capaz de blandir de nuevo su arma contra él.
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