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[Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

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[Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Sothe el Sáb Ago 12, 2017 7:56 pm

Años de rutina habían hecho que el ladrón pudiera predecir muchos de los acontecimientos que sucedían en la capital de Daein, Nevassa. Lógicamente la zona que controlaba con gran precisión era la zona más baja de la ciudad en la que habitaban los más desafortunados; aquellos que no habían tenido la suerte de nacer bajo una familia con bienestar económico o bien los que habían perdido todo de forma sobrevenida, quedándose en la ruina. Pobres, ladrones e indigentes eran los personajes que más frecuentemente te podías encontrar en aquellos callejones para nada cuidados. Esa era la zona de Sothe, en la que la mayoría de caras con las que se cruzaba era capaz de adjudicarles un nombre propio y viceversa. Mientras que Micaiah era más conocida en general en Nevassa; él se había limitado a ser su sombra. Guardias y mercaderes eran capaces de reconocer a Sothe por haber robado de forma continuada y en algunos casos, alterar el orden público pero los meros ciudadanos de a pie no eran conscientes de su existencia como sí lo eran de la existencia de la dama de los cabellos de plata.

En la zona baja se sentía mucho más integrado por el hecho de que no tenía miradas encima de él de forma constante por llamar la atención por su ropa sucia, rota e incluso parcheada; cuando era más pequeño no era tan llamativo, sin embargo, a medida que los años avanzaban la gente no rica tenía el prejuicio de que sí era pobre era por su culpa, porque era un gandul. Y por eso había tenido que conocer maneras más efectivas para poder acceder al mercado o a la zona central de Nevassa, zonas con una calidad de vida superior a la que él podría soñar; para no ser detectado. De nada servía si conseguía desviar la mirada de los guardias a otro punto si los civiles actuaban sin ningún tipo de disimulo ante la presencia de un pobre en sus calles. Si pensaba en todos los obstáculos que había tenido que superar a lo largo del tiempo, parecía que había adoptado una rutina mucho más complicada de lo que era realmente. Mover, pensar, actuar de aquella forma se había integrado dentro de su vida, probablemente Sothe no sabría hacerlo de otra manera. Pero en cierta medida, había aceptado que su destino fuera de aquella forma. ¿Acaso él podía hacer algo para cambiarlo? Tiempo atrás pensó que sí: ya no seguía opinando lo mismo.

La vida de un ladrón, al contrario que muchos hubieren pensado, era muy rutinaria. Sothe se despertaba muy pronto aunque normalmente porque las condiciones de su alrededor no le permitían alargar más sus horas de sueños; ya fuere el clima o fuere que había mucha luz como para poder descansar. Pero madrugar no le servía mucho más que para vagar durante unas horas hasta que podía finalmente moverse para hacer algo productivo; como aquel día, en el que había tenido que esperar a que el sol se alzase con más fuerza para poder acercarse al centro de Nevassa. Necesitaba que la gente ya estuviera paseando por las calles para mezclarse entre la muchedumbre con más facilidad pero ante todo, necesitaba que los mercaderes ya estuvieran ofreciendo sus productos para poderlos robar más facilidad para dar a los niños pobres algo con lo que alimentarse un día más.

Pero las calles no parecían tener el mismo ritmo que habitualmente, era lógico que no todos los días podían ser comparables entre sí pero el ladrón encontraba extraño que hubieran zonas demasiado despejadas y después, gente mucho más acumulada en otras. Aquello complicaba un poco más el acceso porque Sothe no estaba dispuesto a dar media vuelta por miedo a que no le localizaran: en realidad quería saber qué ocurría, qué hacía que aquel día pareciese ligeramente distinto a los demás, así que continuó moviéndose con disimulo sin acceder a calles principales todavía.
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Ago 22, 2017 11:24 pm

"He despertado hoy al son de un crujido bajo las ruedas del carruaje. Reconozco el sonido de la gravilla cubierta en fina nevada, seguramente de las primeras en la estación fría. Estamos ya del otro lado de las montañas, adentrados en mi patria. Me he aquí y me aterro a cuenta nueva, amén de desear más pronto el arribo... pese a lo mucho que ha ocupado mi pensamiento, todavía no es patente la adecuacía de las condiciones en que me presentaré ante su Majestad, después de todo ese tiempo. Inclusive con la toma de la arrasada Crimea a ofrecer, no me siento preparado, empero reconozco preciso el momento de volver. Más aún, son demasiados los asuntos que exigen y dependen de este regreso.

"Parece, pues, que estaré pasando el invierno de este año en Daein. Aunque en disidencia me contrarie el nudo en mi garganta, no recuerdo sentirme tan dichoso como lo estoy este instante. Reposa y se sosiega el alma exhausta que retorna a su pertenencia. Desde hoy, estaré en casa."


Las últimas palabras que Pelleas escribiría en su travesía fuera de Daein eran extremadamente breves, para ser suyas. En las últimas semanas, sus interminables cavilaciones respecto a ser un hombre distinto al que había dejado el reino tantos meses atrás, respecto a enorgullecer a su padre, respecto a las decisiones que había tomado y el terror que le daba tenerlas, respecto a las cosas que quería hacer enfrentadas a la responsabilidad que quería lanzar muy lejos de sí habían ocupado un increíble número de hojas en el que era ya su tercer diario. Y ese día, el día en que por fin llegaba a la capital, no se sentía capaz de tocar más esos temas. La emoción y la ansiedad se habían entremezclado en una forma demasiado difícil de tragar. Sentía que sería el feliz día de inicio de una nueva vida, y a la vez que lo único que quería era detener el carro por sentirse enfermo. Guardó su diario tras escribir sólo aquel breve par de párrafos para descargarse y buscó con rapidez la compañía y distracción de su consejero, de quien se había acostumbrado a recibir indicaciones desde cómo ocuparse hasta cómo pensar de varios asuntos.

Dejado a sus propios medios, Pelleas tendía a volverse cada vez más nocturno y aletargado. Su despertar había sido, de hecho, bien pasado el mediodía, a causa de haber permanecido hasta altas horas de la noche terminando la lectura de los últimos materiales teológicos plegianos que le quedaban. Al abrir las cortinas del carro y mirar hacia afuera, halló el transcurso del viaje mucho más adelantado de lo que había pensado. La cercanía de la muralla de Nevassa hizo a su corazón dar un vuelvo y, de alguna forma, a la ansiedad comenzar a desvanecerse. Con el transcurso del tiempo mirando a través de la ventana, comentando casi todo detalle que veía o recordaba de la amada ciudad, los contradictorios sentimientos se tornaron en una inusitada tranquilidad: la de saberse de regreso donde pertenecía.

Tímidamente remitió la petición de que el vehículo fuese detenido por unos minutos. Sabía que una pequeña comitiva militar estaría saliendo a confirmar su retorno y a acompañarle al llegar a la zona más alta de la ciudad de murallas, seguramente llamando la atención de la población mucho más que su propia aparición, pero llegaban en buen tiempo y no les harían esperar; una corta parada no sería problema alguno. Y había algo que Pelleas deseaba contemplar con sus propios ojos por unos momentos, antes de seguir adelante. El carruaje de dos vagones se detuvo apenas cruzado el límite de la segunda muralla, habiendo salido de las áreas bajas para hallarse ya en la zona intermedia de la ciudad. El vagón de adelante era donde viajaba el príncipe y su acompañante, conteniendo también sus efectos personales; el de atrás se hallaba ocupado por las pertenencias de mayor peso que transportaba, casi todas compradas en la última parada de su travesía, pues a lo largo de la misma no habría podido cargar con mucho. Libros obtenidos en Durban y en Etruria, más que nada, sumados a algunos que cargaba desde Plegia y escasos materiales necesarios para sus estudios mágicos. Al salir del vagón de adelante, encorvando considerablemente su largirucha figura para hacerlo, el mago oscuro descubrió que el ornamentado medio de transporte había llamado la atención más de lo que había creído, encontrándose de súbito como el blanco de numerosas miradas de curiosidad.

Se tensó, instintivamente juntando sus manos para ocuparlas en girar en un sentido y otro alguno de sus anillos, hábito suyo cuando se veía intranquilo. En las altas esferas de la sociedad y milicia de Daein había quienes conocían su nombre y su rostro, mas la gran mayoría de la población seguramente lo ignorase aún, pues jamás había sido formalmente presentado como el hijo del actual rey. Tan sólo era sabido que existía uno. Así, aunque el carruaje que ascendía por la calle principal fuese llamativo, no había nada particularmente reconocible en el alto joven que salía del mismo cerrando tras de sí, vestido en negras prendas de cuello cerrado sobre pantalones blancos, pendiendo a su costado una bolsa de tela cubierta de bordados plegianos, violáceos ojos y caracteres destinados a señalizar que portaba tomos de magia. Sobre todo vestía una capa igualmente negra de forro interno violeta, pues su usual blanca había terminado en un estado de rasgaduras y manchas de sangre ya impresentable. Y decorando variadas partes de su atuendo, llamando la atención quizás más que su tímida persona de cabello parcialmente caído sobre el rostro, brillaban los numerosos anillos en sus dedos y broches plegianos que cerraban su ropa y pendían en brillantes cuentas doradas de su cinto.

Sin saber nada del recién llegado, sin poder reconocerle como a un mercader esperado o a un noble local o extranjero, la gente eventualmente perdió un poco el interés, en especial por el poco espectáculo que el hombre hacía de sí mismo. Aliviado de ello Pelleas prosiguió en su intención original, rodeando el carro para luego distanciarse un poco del mismo, aproximándose a una ladera desde la que podía contemplar mejor el paisaje de la ciudad. Una vez que se adentrase en el palacio a la cima de Nevassa, pasaría un tiempo demasiado largo hasta que pudiese verlo así. Con una sonrisa pequeña y nostálgica apareciendo en sus labios, el mago caminó con lentitud, contemplando pausadamente la vista hacia el lado de la ciudad que habían dejado atrás así como lo que restaba recorrer. En efecto, las primeras heladas de la temporada habían dejado su huella, en la forma de escarcha quebradiza y liviana asentándose donde el sol o el pasar de la población no la deshiciera.
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Sothe el Sáb Nov 18, 2017 5:23 pm

El hecho de que con su vista no alcanzase a obtener la suficiente información como para intuir porque en un día normal y corriente de mercado la gente parecía más atenta de lo normal, no era motivo suficiente para que Sothe se volviese a la zona baja. Su curiosidad iba en aumento, aunque su rostro no transmitiera ninguna sensación en especial. Era consciente de que si había más gente de lo normal no conseguiría nada con mezclarse entre la muchedumbre; aquello a veces era efectivo pero no parecía la mejor idea en aquel día, aún sabiendo como actuar para pasar desapercibido su aspecto le delataba. Sus ropajes no solo eran viejos sino que estaban desgastados y no demasiado impolutos por estar durmiendo en las calles, por lo que si la gente estaba más observadora de lo normal, alguien de la zona baja de Nevassa claramente llamaría la atención por lo que, tenía que descartar la idea de acercarse más para escuchar conversaciones ajenas y tratar de saber qué iba a ocurrir.

Moverse por los pequeños callejones contiguos a la calle ancha del mercado parecía la opción más cautelosa por el momento, así que continuó avanzando por ellos, notando que las miradas de las otras personas estaban dirigidas mayormente a un lado en concreto y Sothe decidió moverse también en la misma dirección. Y a medida que sus pasos le llevaron a moverse a través de callejones hacia la parte donde se iniciaba el mercado, decidiendo quedarse a la expectativa sin llegar a acceder a la vía, Sothe se percataba de que quizás, parecía haber más guardias de lo normal custodiando el lugar. El mercado era una zona donde cada cierto tiempo surgían conflictos porque obviamente, no era el único sin recursos que había optado por continuar sobreviviendo en el mundo robando a los que tenían más que él, por lo que los hurtos, incluso los robos, eran frecuentes y era una zona que en mayor o menor medida, siempre estaba controlada. Pero el ladrón había delinquido bastantes veces allí y en su mente podía presuponer como estaban organizados para vigilar el lugar, y algo en aquella ocasión parecía fuera de lugar, como si el patrón habitual no coincidiese aquella vez. Tampoco era una cantidad excesiva de soldados pero... No le cuadraba. ¿Qué diantres necesitaba más vigilancia de lo normal? No tenía una respuesta para la gran duda en su mente, por lo que solo podía esperar pacientemente desde su posición a obtener más información.

La espera dio sus frutos ya que al cabo de unos largos minutos esperando en su escondrijo, un carruaje hizo su aparición en la calle principal. No lucía como un pequeño carruaje donde los mercaderes cargaban con sus mercancías, solo por tener dos vagones a Sothe le llamaba la atención porque alguien que necesitase tanto espacio para viajar era algo fuera de lo común. No sabía cuantas personas viajaban en el carruaje pero eventualmente del mismo salió un joven que aun sí su rostro no se le hacía para nada familiar, tenía que ser un noble o como mínimo, un burgués muy bien posicionado. No lo deducía solo porque sus ropajes lucían lejos de estar compuestos por tejidos de mala calidad, sino que también portaba anillos en sus dedos y adornos en sus ropajes que parecían bastante autentico.

Las personas curiosas en el mercado habían perdido todo interés cuando el joven que bajó del carruaje no parecía ser alguien reconocido y aquello le permitió a Sothe poderse mover con más facilidad entre la gente ahora que habían bajado algo la guardia pero, siendo igualmente cauteloso porque soldados seguían en la zona y el rostro del ladrón era más que conocido por estos. Para su suerte, aquel tipo se separó del carruaje, lo cual le dejaba más margen para actuar pero al mismo tiempo, le daba más tiempo para pensar en lo mucho que ese tipo de comportamientos le enfurecían de verdad. No podía ser como el resto de personas y simplemente girar la cabeza e ignorar a aquellos tipos que se dignaban a pasear con sus ostentosos carruajes y apariencias como si fuera lo más normal del mundo, como si lo normal era llevar aquel tipo de vida mientras que se negaba la existencia de un pueblo que se moría de hambre y de frío por culpa de las desigualdades de clase.

Quizás por eso no importaba quién era realmente aquel tipo, porque fuere quien fuere, no sería más que otro asqueroso rico de la alta sociedad y esas ideas le llevaron a actuar sin realmente pensar mucho en lo que estaba haciendo. Ya le había estado siguiendo por un rato y ahora el tipo se había separado... ¿Para observar la ciudad? Qué tipo más iluso. Se acercó a él por su espalda, tratando de no hacer demasiado ruido con sus pisadas hasta que cuando estuvo lo suficientemente cerca hizo como si le empujase a propósito aunque lo que estaba era intentando ver si tenía algo de valor que pudiera hurtar fácilmente pero, la túnica lo dificultaba así que acabó estirando con fuerza uno de aquellos broches que tanto brillaban mientras retrocedía unos pasos. Seguro que esa sola pieza tendría más valor que todas las pertenencias de Sothe juntas. - ¿Qué os creéis al pasearse de esa forma delante del pueblo? - El tono de desprecio en aquellas palabras era evidente pero, no creía que tuviera que reprimir su odio por la casta.
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Dic 15, 2017 3:42 pm

La vista de los barrios intermedios y bajos no era extraña para él, vislumbrada desde esa posición. Después de todo, habiendo crecido en un poblado menor aledaño a la capital la mayor parte de su vida había estado viendo Nevassa desde afuera, contemplando la nieve caer sobre la más externa muralla a lo lejos. Siempre le había generado el mismo agrado, la misma admiración. Todo agolpado nerviosismo terminó de desvanecerse al poder recorrer con la vista aquel entorno, sentir siquiera la temperatura ya mucho más baja contra el rostro y las manos descubiertas. Crimea era templada, siempre verde; el cruce por las montañas era el que había marcado aquella diferencia de lo foráneo a lo familiar, regresándolo al ambiente que tan cómodamente lo recibía. Solitario y ensimismado en ello el príncipe se perdió en su distracción, tan ajeno a todo lo demás que de no haber habido particular tirón en sus ropas, seguramente no habría notado uno de los broches de su cinto siendo extraído. La tela y su espacio para portar tomo decayeron sólo un poco por su cadera, pues otras piezas seguían decorando y sujetándola.

No obstante, allí estaba el marcado y perceptible halar de las telas hacia atrás. Instintivamente Pelleas se ladeó un tanto, sobresaltado, bajando la mano al sitio inclusive antes de buscar culpable con la mirada. Antes, supondría que se le había enganchado con algo o caído por sí sólo. Por supuesto, la persona mirándole directamente y la voz de displicencia retiraban con rapidez esa posibilidad. Ante ello Pelleas levantó la vista de regreso, posando ojos por completo desconcertados en el joven varón, sin conseguir razonar lo que había dicho. La confrontación no era su fuerte y esa persona, por ningún motivo en el que pudiera pensar, parecía hasta irritado con él. Con las cejas tenuemente arqueadas en preocupación, la expresión del príncipe entonces no parecía nada menos que asustada; no tanto por el suceso, ni la presencia del peliverde de aspecto poco amigable pero media cabeza de altura menos, ni por hallar que sostenía en su mano ya el broche de plata y acero en la forma de un ojo almendrado pero bien abierto, sino por la incomodidad de la situación. Enfrentar a alguien que le acabase de robar algo se le hacía tanto peor que sólo ser robado sin notarlo.

- ¿D-D-Disculpe? - Pese al par de segundos que ya había pasado en sorprendido silencio, fue eso lo primero que salió de sus labios. No creía estar haciéndose una molestia al entorno, ni siquiera había mucha presencia civil en el área a la que el mago se había apartado, aunque buena parte de él intuía que no era aquello a lo que el joven se refería. Sin adentrarse en ello, sin poder pensar con tanta rapidez en esa situación, sólo prosiguió, dando un paso para cerrar la distancia y extendiendo su mano hacia la que sostenía su broche. Había joyas mejores en su muñeca o sus dedos, un brazalete de plata pura para el ojo que supiese discernir, gemas de impecable corte en anillos tan gruesos que su peso en oro podía igualarlas, pero el broche había estado con él desde Plegia y no deseaba permitirse abandonarlo. Respiró hondo y habló con lentitud, para asegurarse que el ladrón le escuchara. - R-Regrese eso. No qui-quisera que tengamos un problema... - Su rostro se había tornado bastante más serio, aunque su reacción inicial no quedara en absoluto oculta.

Y en cierta forma sí, en ese punto lo estaba amenazando, aunque el tartamudeo que tan fácil afloraba bajo presión le tornase la amenaza de más extraño tono que hubiera pronunciado. Tampoco podía confiar en verse en absoluto intimidante, si bien su altura era considerable como la de muchos otros varones daeinitas, no muy lejana a los dos metros, era alguien de poca contextura y ciertamente menos carácter con qué aparentar. Él mismo no pensaba aún respecto a si llamaría guardias, aguardaría a que llegase su escolta del palacio o él mismo hallaría la forma de hacer algo, pero algo de aquello tendría que ser, si el joven no se retractaba rápido. En fuero interno rogaba que lo hiciese; un hombre de Daein, un habitante de esa ciudad y súbdito de su Majestad no era la clase de persona con la que quisiera tener altercados.
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Sothe el Mar Oct 09, 2018 6:36 am

Sothe no necesitaba una razón particular para enfrentarse a una persona de clase alta, aun sí tenía en cuenta que no todas las personas tenían que ser “malas” o “buenas” por la clase social a la que pertenecían u otras razones, no era demasiado objetivo después de la lucha de clases que habían llevado a cabo en Daein y que había fracasado estrepitosamente. Y el ladrón tenía una rabia que no podía contener del todo dentro de su ser y que, estalló solo con ver como se lucía aquel noble que era llevado por la ciudad como si fuera una especie de divinidad. No importaba quien fuera, no importaba su nombre; Sothe simplemente arremetería contra aquellos nobles de Daein que creían que podían andar majestuosamente luciendo lujosas joyas entre sus pertenencias y que seguramente se atiborrarían de comida mientras la gente se estaba muriendo de hambre en las calles. Para él, toda la nobleza estaba podrida y era un mal tan extendido que parecía que ya no se podría arrancar de raíz.

Solo hizo más que irritarle el comportamiento de aquel noble, con palabras inseguras pero empleando un lenguaje formal. Qué suerte tenían algunos de poder haber accedido a una mínima enseñanza cuando la mayoría de sus compañeros no sabían ni leer. Sothe no dio un paso atrás cuando el noble se acercó a él, simplemente se quedó en su sitio como si no le importase demasiado la reacción ajena e ignorando su petición, guardó el broche que le acababa de robar en una de las bolsas que cargaba en su cinturón. En silencio, solo esbozó una mueca de desaprobación al ver todas las joyas que lucía con solo estirar el brazo para intentar hacer cambiar de parecer al ladrón. - ¿Qué importa una joya más o una joya menos? Ya está claro que no te vas a quedar sin comer una temporada por no tener un brochecito de nada. – Al contrario que la voz del contrario, la voz del ladrón era segura y tenía un punto de estarse jactando de la situación algo que, era peligroso para él.

Con su dedo índice, hizo presión en el pecho del otro muchacho, claro gesto para molestarlo. - ¡Uy, tengo un problema! ¿Vas a llamar a tus amiguitos para que te ayuden? El niño no sabe solucionar las cosas por sí mismo… - Si algo no le daba miedo a Sothe era la presencia de guardias, había burlado infinidad de veces su atención y si de algo podía presumir, era de agilidad. Obviamente no iba a enfrentarse a un montón de guardias si el noble decidía que no era suficiente hombre como para resolver sus asuntos por él mismo; una retirada a tiempo no era nada de lo que Sothe tuviera que avergonzarse. Esta vez, si dio un paso atrás y flexionó las rodillas para arquear su espalda e inclinarse hacia delante, no tardando demasiado en alcanzar uno de sus cuchillos con su puño y mostrarlo delante de su rostro. - ¿Quieres recuperar tu juguete? Entonces pelea como un hombre.

Off rol:
PERDÓN POR TARDAR CASI UN AÑO EN RESPONDER, en serio no tengo palabras para disculparme y sobretodo porque es un tema que me gustaba mucho pero es bien sabido que no he tenido inspiración para Sothe en particular de mis bois y ;;
Eli no me odies, quiero rolear contigo (???
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Dom Oct 28, 2018 5:06 pm

El príncipe debería de entender ya que las cosas no se tranquilizarían, que aquella persona no tenía intención de dar paso atrás e irremisiblemente escalaría el asunto a menos que dejara lo robado ir, o inclusive aún en ese caso. Sin embargo, fue en el momento en que el preciado broche dejó la mano del peliverde para desaparecer al interior de un bolsillo, que pudo sentir con seguridad que así era. Ya no había modo en que fuera a ser devuelto de buena gana, ni extraído con facilidad. Por lo demás, el gesto mismo era una burla que respondía por el ladrón con más claridad que cualquier palabra dicha, realizado con tan deliberado y altivo gesto justo ante sus ojos. No había retroceso. Y nada peor podía imaginarse un joven que rehuía por sobre todo a la confrontación, que deseaba todo menos un altercado con un compatriota, pero en efecto, peor restaba por acontecer. Se trataba de las palabras con que proseguía el ladrón, en esos momentos en que él permanecía incrédulo, tenso de pies a cabeza. Algo había en ellas que trastocaba en demasía el escaso carácter del mago, generándole un inmediato escalofrío.

"¿Vas a llamar a tus amiguitos para que te ayuden?". "Pelea como un hombre". El pequeño gesto físico, el dedo apoyado en su pecho, accionó como disparador. De súbito le recordaba a la pesada mano de su padre, empujándolo para ver si era un hombre capaz de sostenerse o un cascarón sin valor ni agallas. Después de cuanto intento y repetición se había aplicado en pos de entrenar algo de resistencia y entereza en el débil heredero, si su Majestad le viera, si escuchara aquellas palabras que le dirigían, por seguro sería el primero en golpearle por no reaccionar, por no estar demostrando su hombría en respuesta. Inadvertidamente, la agitación se apoderó del hombre de cabello indigo. Pareciéndole que en ese mismo momento estaba siendo juzgado, acusado de antemano de debilidad, sintió sus manos temblar de repentina ira. - ¡No! No será necesario llamar a nadie. - Su exclamación fue apresurada, su voz tornándose tanto más grave al cobrar seriedad. Fue capaz de clavar la vista en los ojos dorados del otro ya sin titubeo. No debía requerir de nadie, tal cosa representaría la desgracia de aquel asomo de orgullo que apenas alzaba la cabeza, reprimido e ínfimo, pero que inclusive alguien como él tenía derecho a tener. La tensión se reveló obvia en la línea de su mandíbula repentinamente apretada, el tendón resaltante en el cuello delgado. Las manos se hicieron puños y el temblor iracundo le recorrió el cuerpo entero.

- Alguien como-- como tú, si es oro y joyas lo que quieres... - No hubo dificultad en aquel cambio de vocabulario y de trato; había sido de modales más simples antes de la corte y estos seguían allí. Con los ojos aún puestos en el otro, ensombrecidos bajo el cabello oscuro, extendió el brazo para apuntar sin necesidad de ver siquiera hacia donde se alzaba el palacio real, por sobre toda Nevassa. - Irás allí arriba y lo pedirás. - Gruñó, cuanto menos en esa frase mostrándose seguro. Cuanto menos eso era sabido por cada daeinita en cada ciudad: quien tomaba la carrera militar, entregándose por completo a ella como servidor de la patria, conseguía un seguro techo sobre su cabeza, abrigo, sustento y hasta ganancia. Todo lo que se requería era la capacidad de sostener un arma y el acto de marchar ciudad arriba a ofrecerse, pronto a inclinarse ante las autoridades. Era la esperanza y la salvación por parte de un reino que quería tenderle la mano a su gente, a los ojos de Pelleas, que siempre había visto el hecho con ilusión y alguna clase de orgullo. Siendo así, le resultaba tanto más vergonzoso, insultante a Daein el acto que aquel joven cometía. Si tan sólo funcionasen así las cosas habría de halarlo él mismo hasta los pies de los grandes generales.

A fin de cuentas, que le alzara un arma era por sobre todo impermisible. Aunque no supiera a qué pretendía llevar ese asunto ni podía en ese entonces medirlo, provocado, el hombre de cabello ondulado se sintió empujado a dar él también paso adelante, hacia la hoja que amenazaba. - Deja el arma-- - Pronunció con gravedad, constatando con qué mano blandía el ladrón para alzar él la misma, cerrándola en torno al filo del arma. Si bien tenía uno de sus tomos consigo, pues había ya aprendido a jamás separarse del todo de ellos, no era su intención llegar a esa clase de lucha. Con menos tendría que bastarle. Haciendo apenas una pausa en el habla susurró no más que un par de palabras en el idioma arcano, una maldición de orden avanzado. Entonces cerró el puño, apretando la hoja de la daga y haciendo que esta mordiese la palma de su mano, ya sangrante y goteando espeso rojo, con una contenida reacción de dolor de su parte; se había resignado y acostumbrado demasiado a ello. En cuanto la maldición accionara, una herida igual habría de aflorar en la palma ajena, con suerte para convencerle de soltar el arma. - --y regrésamelo... -
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