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[Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

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[Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Sothe el Sáb Ago 12, 2017 7:56 pm

Años de rutina habían hecho que el ladrón pudiera predecir muchos de los acontecimientos que sucedían en la capital de Daein, Nevassa. Lógicamente la zona que controlaba con gran precisión era la zona más baja de la ciudad en la que habitaban los más desafortunados; aquellos que no habían tenido la suerte de nacer bajo una familia con bienestar económico o bien los que habían perdido todo de forma sobrevenida, quedándose en la ruina. Pobres, ladrones e indigentes eran los personajes que más frecuentemente te podías encontrar en aquellos callejones para nada cuidados. Esa era la zona de Sothe, en la que la mayoría de caras con las que se cruzaba era capaz de adjudicarles un nombre propio y viceversa. Mientras que Micaiah era más conocida en general en Nevassa; él se había limitado a ser su sombra. Guardias y mercaderes eran capaces de reconocer a Sothe por haber robado de forma continuada y en algunos casos, alterar el orden público pero los meros ciudadanos de a pie no eran conscientes de su existencia como sí lo eran de la existencia de la dama de los cabellos de plata.

En la zona baja se sentía mucho más integrado por el hecho de que no tenía miradas encima de él de forma constante por llamar la atención por su ropa sucia, rota e incluso parcheada; cuando era más pequeño no era tan llamativo, sin embargo, a medida que los años avanzaban la gente no rica tenía el prejuicio de que sí era pobre era por su culpa, porque era un gandul. Y por eso había tenido que conocer maneras más efectivas para poder acceder al mercado o a la zona central de Nevassa, zonas con una calidad de vida superior a la que él podría soñar; para no ser detectado. De nada servía si conseguía desviar la mirada de los guardias a otro punto si los civiles actuaban sin ningún tipo de disimulo ante la presencia de un pobre en sus calles. Si pensaba en todos los obstáculos que había tenido que superar a lo largo del tiempo, parecía que había adoptado una rutina mucho más complicada de lo que era realmente. Mover, pensar, actuar de aquella forma se había integrado dentro de su vida, probablemente Sothe no sabría hacerlo de otra manera. Pero en cierta medida, había aceptado que su destino fuera de aquella forma. ¿Acaso él podía hacer algo para cambiarlo? Tiempo atrás pensó que sí: ya no seguía opinando lo mismo.

La vida de un ladrón, al contrario que muchos hubieren pensado, era muy rutinaria. Sothe se despertaba muy pronto aunque normalmente porque las condiciones de su alrededor no le permitían alargar más sus horas de sueños; ya fuere el clima o fuere que había mucha luz como para poder descansar. Pero madrugar no le servía mucho más que para vagar durante unas horas hasta que podía finalmente moverse para hacer algo productivo; como aquel día, en el que había tenido que esperar a que el sol se alzase con más fuerza para poder acercarse al centro de Nevassa. Necesitaba que la gente ya estuviera paseando por las calles para mezclarse entre la muchedumbre con más facilidad pero ante todo, necesitaba que los mercaderes ya estuvieran ofreciendo sus productos para poderlos robar más facilidad para dar a los niños pobres algo con lo que alimentarse un día más.

Pero las calles no parecían tener el mismo ritmo que habitualmente, era lógico que no todos los días podían ser comparables entre sí pero el ladrón encontraba extraño que hubieran zonas demasiado despejadas y después, gente mucho más acumulada en otras. Aquello complicaba un poco más el acceso porque Sothe no estaba dispuesto a dar media vuelta por miedo a que no le localizaran: en realidad quería saber qué ocurría, qué hacía que aquel día pareciese ligeramente distinto a los demás, así que continuó moviéndose con disimulo sin acceder a calles principales todavía.
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Ago 22, 2017 11:24 pm

"He despertado hoy al son de un crujido bajo las ruedas del carruaje. Reconozco el sonido de la gravilla cubierta en fina nevada, seguramente de las primeras en la estación fría. Estamos ya del otro lado de las montañas, adentrados en mi patria. Me he aquí y me aterro a cuenta nueva, amén de desear más pronto el arribo... pese a lo mucho que ha ocupado mi pensamiento, todavía no es patente la adecuacía de las condiciones en que me presentaré ante su Majestad, después de todo ese tiempo. Inclusive con la toma de la arrasada Crimea a ofrecer, no me siento preparado, empero reconozco preciso el momento de volver. Más aún, son demasiados los asuntos que exigen y dependen de este regreso.

"Parece, pues, que estaré pasando el invierno de este año en Daein. Aunque en disidencia me contrarie el nudo en mi garganta, no recuerdo sentirme tan dichoso como lo estoy este instante. Reposa y se sosiega el alma exhausta que retorna a su pertenencia. Desde hoy, estaré en casa."


Las últimas palabras que Pelleas escribiría en su travesía fuera de Daein eran extremadamente breves, para ser suyas. En las últimas semanas, sus interminables cavilaciones respecto a ser un hombre distinto al que había dejado el reino tantos meses atrás, respecto a enorgullecer a su padre, respecto a las decisiones que había tomado y el terror que le daba tenerlas, respecto a las cosas que quería hacer enfrentadas a la responsabilidad que quería lanzar muy lejos de sí habían ocupado un increíble número de hojas en el que era ya su tercer diario. Y ese día, el día en que por fin llegaba a la capital, no se sentía capaz de tocar más esos temas. La emoción y la ansiedad se habían entremezclado en una forma demasiado difícil de tragar. Sentía que sería el feliz día de inicio de una nueva vida, y a la vez que lo único que quería era detener el carro por sentirse enfermo. Guardó su diario tras escribir sólo aquel breve par de párrafos para descargarse y buscó con rapidez la compañía y distracción de su consejero, de quien se había acostumbrado a recibir indicaciones desde cómo ocuparse hasta cómo pensar de varios asuntos.

Dejado a sus propios medios, Pelleas tendía a volverse cada vez más nocturno y aletargado. Su despertar había sido, de hecho, bien pasado el mediodía, a causa de haber permanecido hasta altas horas de la noche terminando la lectura de los últimos materiales teológicos plegianos que le quedaban. Al abrir las cortinas del carro y mirar hacia afuera, halló el transcurso del viaje mucho más adelantado de lo que había pensado. La cercanía de la muralla de Nevassa hizo a su corazón dar un vuelvo y, de alguna forma, a la ansiedad comenzar a desvanecerse. Con el transcurso del tiempo mirando a través de la ventana, comentando casi todo detalle que veía o recordaba de la amada ciudad, los contradictorios sentimientos se tornaron en una inusitada tranquilidad: la de saberse de regreso donde pertenecía.

Tímidamente remitió la petición de que el vehículo fuese detenido por unos minutos. Sabía que una pequeña comitiva militar estaría saliendo a confirmar su retorno y a acompañarle al llegar a la zona más alta de la ciudad de murallas, seguramente llamando la atención de la población mucho más que su propia aparición, pero llegaban en buen tiempo y no les harían esperar; una corta parada no sería problema alguno. Y había algo que Pelleas deseaba contemplar con sus propios ojos por unos momentos, antes de seguir adelante. El carruaje de dos vagones se detuvo apenas cruzado el límite de la segunda muralla, habiendo salido de las áreas bajas para hallarse ya en la zona intermedia de la ciudad. El vagón de adelante era donde viajaba el príncipe y su acompañante, conteniendo también sus efectos personales; el de atrás se hallaba ocupado por las pertenencias de mayor peso que transportaba, casi todas compradas en la última parada de su travesía, pues a lo largo de la misma no habría podido cargar con mucho. Libros obtenidos en Durban y en Etruria, más que nada, sumados a algunos que cargaba desde Plegia y escasos materiales necesarios para sus estudios mágicos. Al salir del vagón de adelante, encorvando considerablemente su largirucha figura para hacerlo, el mago oscuro descubrió que el ornamentado medio de transporte había llamado la atención más de lo que había creído, encontrándose de súbito como el blanco de numerosas miradas de curiosidad.

Se tensó, instintivamente juntando sus manos para ocuparlas en girar en un sentido y otro alguno de sus anillos, hábito suyo cuando se veía intranquilo. En las altas esferas de la sociedad y milicia de Daein había quienes conocían su nombre y su rostro, mas la gran mayoría de la población seguramente lo ignorase aún, pues jamás había sido formalmente presentado como el hijo del actual rey. Tan sólo era sabido que existía uno. Así, aunque el carruaje que ascendía por la calle principal fuese llamativo, no había nada particularmente reconocible en el alto joven que salía del mismo cerrando tras de sí, vestido en negras prendas de cuello cerrado sobre pantalones blancos, pendiendo a su costado una bolsa de tela cubierta de bordados plegianos, violáceos ojos y caracteres destinados a señalizar que portaba tomos de magia. Sobre todo vestía una capa igualmente negra de forro interno violeta, pues su usual blanca había terminado en un estado de rasgaduras y manchas de sangre ya impresentable. Y decorando variadas partes de su atuendo, llamando la atención quizás más que su tímida persona de cabello parcialmente caído sobre el rostro, brillaban los numerosos anillos en sus dedos y broches plegianos que cerraban su ropa y pendían en brillantes cuentas doradas de su cinto.

Sin saber nada del recién llegado, sin poder reconocerle como a un mercader esperado o a un noble local o extranjero, la gente eventualmente perdió un poco el interés, en especial por el poco espectáculo que el hombre hacía de sí mismo. Aliviado de ello Pelleas prosiguió en su intención original, rodeando el carro para luego distanciarse un poco del mismo, aproximándose a una ladera desde la que podía contemplar mejor el paisaje de la ciudad. Una vez que se adentrase en el palacio a la cima de Nevassa, pasaría un tiempo demasiado largo hasta que pudiese verlo así. Con una sonrisa pequeña y nostálgica apareciendo en sus labios, el mago caminó con lentitud, contemplando pausadamente la vista hacia el lado de la ciudad que habían dejado atrás así como lo que restaba recorrer. En efecto, las primeras heladas de la temporada habían dejado su huella, en la forma de escarcha quebradiza y liviana asentándose donde el sol o el pasar de la población no la deshiciera.
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Re: [Entrenamiento] One cannot plan for the unexpected [Priv. Pelleas]

Mensaje por Sothe el Sáb Nov 18, 2017 5:23 pm

El hecho de que con su vista no alcanzase a obtener la suficiente información como para intuir porque en un día normal y corriente de mercado la gente parecía más atenta de lo normal, no era motivo suficiente para que Sothe se volviese a la zona baja. Su curiosidad iba en aumento, aunque su rostro no transmitiera ninguna sensación en especial. Era consciente de que si había más gente de lo normal no conseguiría nada con mezclarse entre la muchedumbre; aquello a veces era efectivo pero no parecía la mejor idea en aquel día, aún sabiendo como actuar para pasar desapercibido su aspecto le delataba. Sus ropajes no solo eran viejos sino que estaban desgastados y no demasiado impolutos por estar durmiendo en las calles, por lo que si la gente estaba más observadora de lo normal, alguien de la zona baja de Nevassa claramente llamaría la atención por lo que, tenía que descartar la idea de acercarse más para escuchar conversaciones ajenas y tratar de saber qué iba a ocurrir.

Moverse por los pequeños callejones contiguos a la calle ancha del mercado parecía la opción más cautelosa por el momento, así que continuó avanzando por ellos, notando que las miradas de las otras personas estaban dirigidas mayormente a un lado en concreto y Sothe decidió moverse también en la misma dirección. Y a medida que sus pasos le llevaron a moverse a través de callejones hacia la parte donde se iniciaba el mercado, decidiendo quedarse a la expectativa sin llegar a acceder a la vía, Sothe se percataba de que quizás, parecía haber más guardias de lo normal custodiando el lugar. El mercado era una zona donde cada cierto tiempo surgían conflictos porque obviamente, no era el único sin recursos que había optado por continuar sobreviviendo en el mundo robando a los que tenían más que él, por lo que los hurtos, incluso los robos, eran frecuentes y era una zona que en mayor o menor medida, siempre estaba controlada. Pero el ladrón había delinquido bastantes veces allí y en su mente podía presuponer como estaban organizados para vigilar el lugar, y algo en aquella ocasión parecía fuera de lugar, como si el patrón habitual no coincidiese aquella vez. Tampoco era una cantidad excesiva de soldados pero... No le cuadraba. ¿Qué diantres necesitaba más vigilancia de lo normal? No tenía una respuesta para la gran duda en su mente, por lo que solo podía esperar pacientemente desde su posición a obtener más información.

La espera dio sus frutos ya que al cabo de unos largos minutos esperando en su escondrijo, un carruaje hizo su aparición en la calle principal. No lucía como un pequeño carruaje donde los mercaderes cargaban con sus mercancías, solo por tener dos vagones a Sothe le llamaba la atención porque alguien que necesitase tanto espacio para viajar era algo fuera de lo común. No sabía cuantas personas viajaban en el carruaje pero eventualmente del mismo salió un joven que aun sí su rostro no se le hacía para nada familiar, tenía que ser un noble o como mínimo, un burgués muy bien posicionado. No lo deducía solo porque sus ropajes lucían lejos de estar compuestos por tejidos de mala calidad, sino que también portaba anillos en sus dedos y adornos en sus ropajes que parecían bastante autentico.

Las personas curiosas en el mercado habían perdido todo interés cuando el joven que bajó del carruaje no parecía ser alguien reconocido y aquello le permitió a Sothe poderse mover con más facilidad entre la gente ahora que habían bajado algo la guardia pero, siendo igualmente cauteloso porque soldados seguían en la zona y el rostro del ladrón era más que conocido por estos. Para su suerte, aquel tipo se separó del carruaje, lo cual le dejaba más margen para actuar pero al mismo tiempo, le daba más tiempo para pensar en lo mucho que ese tipo de comportamientos le enfurecían de verdad. No podía ser como el resto de personas y simplemente girar la cabeza e ignorar a aquellos tipos que se dignaban a pasear con sus ostentosos carruajes y apariencias como si fuera lo más normal del mundo, como si lo normal era llevar aquel tipo de vida mientras que se negaba la existencia de un pueblo que se moría de hambre y de frío por culpa de las desigualdades de clase.

Quizás por eso no importaba quién era realmente aquel tipo, porque fuere quien fuere, no sería más que otro asqueroso rico de la alta sociedad y esas ideas le llevaron a actuar sin realmente pensar mucho en lo que estaba haciendo. Ya le había estado siguiendo por un rato y ahora el tipo se había separado... ¿Para observar la ciudad? Qué tipo más iluso. Se acercó a él por su espalda, tratando de no hacer demasiado ruido con sus pisadas hasta que cuando estuvo lo suficientemente cerca hizo como si le empujase a propósito aunque lo que estaba era intentando ver si tenía algo de valor que pudiera hurtar fácilmente pero, la túnica lo dificultaba así que acabó estirando con fuerza uno de aquellos broches que tanto brillaban mientras retrocedía unos pasos. Seguro que esa sola pieza tendría más valor que todas las pertenencias de Sothe juntas. - ¿Qué os creéis al pasearse de esa forma delante del pueblo? - El tono de desprecio en aquellas palabras era evidente pero, no creía que tuviera que reprimir su odio por la casta.
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