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¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

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¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Dyanna el Sáb Ago 12, 2017 6:17 pm

Rencorosa y feroz, quería que sus propios padres la reconocieran así. Tras años de aventuras, travesías, locuras por doquier, finalmente Dyanna se encontraba de nuevo con el lugar que la vio crecer. Pese a que las intenciones no eran las mas benévolas, la capitana miraba con añoro cada rincón del puerto. Aún parecía ayer, cuando esperaba en el puerto y veía a  su hermano regresar con dos manzanas en cada mano, unas para él y otras para ella. Un sin fin de emociones pasaban por la mente de la hermosa mujer, alegría, furia, desengaño... Por sorpresa para la joven, sus padres ya no vivían en la casa que ella recordaba. - Vaya infortunio, vivirán un tiempo más. - Masculló para si misma. El plan de acabar con sus vidas, debía de aplazarse, quizás para siempre, pues nadie vería preguntar a la corona perdida del mar, donde están quienes la abandonaron a su suerte en manos de malhechores, ella no pasaría esa vergüenza ni por todo el oro del mundo... Bueno, quizá por eso si.

Debía reponer su estómago, descansar y templarse en un lento y placentero baño. Sin esperar mucho más, acudió a paso ligero a donde su barco se situaba, levantó un brazo y dio la orden. - Descansaremos en casa, pasaremos la noche en la antigua taberna de Tornn. Moveos, conseguidme la mejor de sus habitaciones, comida y un baño. Decidle que Dyanna, ha venido a visitarle. - Sus tripulantes, quienes asomaban mitad de su cuerpo fuera del barco para escuchar a la capitana, asintieron rápidamente y comenzaron a bajar. Muchos estaban alegres por volver aunque fuera un solo día a sus raíces, con su cerveza y su pan, otros preferían dejar el lugar lo antes posible por la mala reputación que aquí tenían, pero la capitana dio ya su orden.

La taberna no era gran cosa, un establecimiento como otro cualquiera, con tonos marrones donde quiera que miraras, una barra, unas cuantas mesas y un enorme mesero, Tornn. El viejo lucía un cuerpo veterano, una cara ya entrada en edad y una blanquecina barba larga. Dyanna entró rápidamente en el lugar, sentándose en una de las mesas mas cercanas a una ventana situada en la pared e hizo acto de presencia. - Acaso ¿No tuviste suficientes altercados con mi hermano? Viejo gruñón, creo que mi tripulación ya te ha pedido lo que necesito ¿Por qué aún no está aquí? - El anciano pero intimidante hombre, habló sin levantar la cara de las jarras que fregaba. - Es una desgracia teneros como clientes,  fue una desgracia con tu hermano y al parecer, lo será también contigo ¿Donde quedó esa señorita que sonreía por un vaso de solo agua? Estos jóvenes... - Ella, observó el lugar detenidamente, parecía despistada pero estaba escuchando a aquel hombre. Cuando terminó su frase, ella rió y seguidamente le respondió - Tranquilo Tornn, me iré pronto de aquí, no tendré tiempo apenas para amargar tu existencia, o el atisbo que queda de ella... - Y prosiguió riendo mientras el viejo conocido de la chica, le servía una copa de su mejor vino y varios frutos secos para ir picando.

La taberna empezaba a llenarse de hombres felices, la tripulación de Dyanna ya había preparado todo lo que ella había mandado y era hora de festejar el vivir un día más y para muchos haber regresado a casa. Pero aún había algo que no la dejaba estar cómoda ¿Donde se habían ido sus padres? En parte... Quería verles, tenía la pequeña esperanza de que estos estuvieran tremendamente arrepentidos de sus actos y les perdonara la vida, pero por causas del destino, ni siquiera había rastro de ellos. Empezaba a anochecer y ella miraba a la luna por el sucio cristal de la ventana. Mañana habría que partir y por ende no quedaba mucho tiempo más para observarla desde ese lugar, su querida taberna.


Última edición por Dyanna el Lun Ago 14, 2017 9:40 am, editado 1 vez
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Ago 14, 2017 8:45 am


Otra fría, helada noche en las tierras del norte. Un pequeño pueblo costero podía vislumbrarse a lo lejos desde lo alto de una colina nevada; bajando de ella se encontraba una figura sobre un caballo. No era la primera velada así que pasaba Gerard en Mitgard, pero esperaba que fuese la última en mucho tiempo. Su caballo era un fuerte destrero, pero no estaba acostumbrado a esas temperaturas. De hecho, hacía ya unas horas que lanzaba bufidos irregulares e iba más lento de lo habitual. ¿Le ocurriría algo, tal vez? Todavía no sabía demasiado acerca de cuidar caballos, pero debía resguardarlo del frío pronto. Fuera como fuese, al llegar, se dirigió al edificio que destacaba por encima de las viviendas de alrededor, dejó a su montura atada cerca, y entró en aquella taberna.

La estancia de Gerard en el frío ducado del norte iba llegando a su fin. El altercado que había sufrido al llegar, en la taberna del Caldero Quemado, casi había hecho que volviese por donde había venido sin ni siquiera pisar la capital, pero había acabado reconsiderándolo. Aún así, para bien o para mal, tras visitar la ciudad y los alrededores, era hora de irse. ¿Pero había sido fructífera su estancia allí? Después de todo, su tiempo era limitado, lo que hasta entonces le había obligado a quedarse poco tiempo en el mismo lugar. Pero al fin y al cabo, no estaba en un viaje por placer. ¿Había valido la pena? Solo el destino tenía la respuesta.

El siguiente destino de Gerard sería Thracia. Pero para ello… -Mis disculpas, buen hombre.- Gerard se dirigió a aquel anciano que se encontraba tras la barra. Barba larga, musculoso, cara de pocos amigos y aspecto imponente, ignorando los otros hombres que había alrededor. - Me habían dicho que aquí podría encontrar pasaje en barco a… un precio asequible -. El señor le miró de arriba a abajo, rió un poco y señaló hacia un lado de la taberna. ¿Qué le parecía tan gracioso? ¿Sería la presencia de un soldado de vestimenta y hablar refinados en medio de aldeanos y bribones que se hallaban bebiendo y riendo? Probablemente. Pero Gerard todavía no se había acostumbrado a esos ambientes. Así pues, solo podía pensar en lo muy rara que era la gente del norte.  

De todas formas,  fue hacia donde había indicado, donde se hallaba no alguien imponente con aire de hombre mar, sino una joven mujer de aire melancólico. Se plantó frente a ella, dejando pasar unos segundos en el que le lanzó su típica mirada de soldado modélico para que se percatase  de su presencia.

- Milady. El barco con el que llegué zarpó ayer, y no tengo tiempo de esperar a que vuelva. Por una casual, ¿sabéis de algún navío que vaya a tierra continental? Puedo pag… - Frunció el ceño. El dinero con el que había emprendido su viaje se le había acabado ya. A pesar de no ser una persona avariciosa, había crecido en el seno de una familia adinerada. Estaba acostumbrado a tener ciertos gastos, por lo que siempre le conseguía el mejor alimento a su caballo y en Mitgard había buscado la mejor posada donde pasar la noche, para averiguar solo al día siguiente lo mucho que costaba. Así pues, solo le quedaba lo que para él era, al menos considerando su rango anterior, rebajarse. - Puedo ofrecer protección a cambio de un pasaje. Nunca se sabe cuándo aparecerán piratas por estas aguas.- Lo dijo de forma decidida y en voz alta, cual sheriff en un local del lejano oeste que venía a ejercer la autoridad de la ley para impartir justicia. Sin duda de esa forma, sumada a su aspecto llamativo considerando el lugar, intimidaría a posibles rufianes, inspiraría respeto y obtendría lo que buscaba… ¿no?
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Dyanna el Lun Ago 14, 2017 11:35 am

Acariciaba su cabello, le gustaba como se sentía el tacto, al fin y al cabo, nadie solía acariciarla. Ensimismada, no se percató del hombre que había entrado en la taberna, la luna era bella y el momento especial. Mañana partiría otra vez sobre el inmenso mar azul y el único problema en el que pensaba era en la operación secreta que haría en la noche más profunda, cuando nadie les podía ver. Habían venido con ambos propósitos, asegurar la muerte de los progenitores de Dyanna y favorecer la venta ilegal en Mitgard, ambas cosas, complicadas. De vez en cuando soltaba una sonrisa para si misma, cuando en su mente de veía con todo el oro que sacaría de la venta de los productos ilegales que dentro de unas horas, comenzaría a descargar de su barco.

Se sobresaltó, dando un pequeño gritito bastante mono para lo que realmente ella es. - Por toda el agua del mar ¿Has venido en silencio para asustarme? - Refunfuñó para si misma. El hombre tenía porte de caballero y buen hablar, de seguro era alguien mucho más "legal" que ella en estos lares, quizá alguien de importancia. La pregunta la cogió por sorpresa, pues él le preguntó por un navío en el que pudiera viajar después de haberle contado la situación en la que se encontraba, sin barco que poder coger. Además, por si no fuera poco, le ofreció protección... Pues nunca se sabía cuando asaltarían piratas cualquier barco. Lo que no sabía el chico, es que estaba tan cerca de una de las piratas mas malévolas que podría encontrar, aunque es normal, las mujeres están condenadas a la tierra, suelen ser malos augurios para los barcos. - Ni que lo digas, nunca se sabe cuando un pirata podría asaltar un barco. Pero veamos... Yo parto mañana al amanecer ¿Estarás preparado para esa hora? Oh, perdona mi poca educación, siéntate. - Varios de los tripulantes de Dyanna comenzaron a reír, sabían lo que le esperaba a ese pobre hombre cuando estuviera dentro del barco, en las garras de la capitana. Las risas no duraron mucho, pues en medio de la conversación, Dyanna soltó una mirada fulminante que logró un silencio inexpugnable al segundo.

- Tú. - Dijo dirigiéndose a uno de sus marineros mientras con gesto aburrido apoyaba su codo en la mesa y con la mano, sostenía su cabeza. - Rellena mi copa y añade una de más para este buen hombre, yo le invito. - Y de manera casi automática, el rufián se levantó, fue hasta donde Tornn se situaba y le extendió la mano para que este le diera la botella de vino. Tornn la dio de manera normal, al fin y al cabo solo piden otra copa y Dyanna pagará sin duda. El marinero comenzó a caminar y justo cuando estaba llegando a la mesa donde Dyanna y el hombre se encontraban un traspiés de uno de sus colegas a modo de broma, lo puso en una peligrosa situación. Casi sin control, estaba cayendo con la botella y el cuerpo apuntando a Dyanna, la mancharía sin duda además de que recibiría un buen golpe, pero en un desesperado intento de evitarlo, apoyó una vez más el pie que tenía en el aire y sin equilibrio alguno, dio unos pasos más casi corriendo que lo hicieron estamparse con la mesa siguiente, en vez de en Dyanna. - Kled ¿Es que ya no sabes caminar? - Le preguntó con tono burlón la capitana, quien sabía que había pasado y tenía muy claro que el hombre había preferido antes partirse alguna extremidad, que manchar su vestido. El joven Kled, se levantó dolorido pero con la botella intacta, lanzó una mirada de enfado a aquel que le puso el traspiés y seguidamente, sirvió el vino.
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Gerard Van Reed el Mar Ago 15, 2017 3:23 pm


Haberla sobresaltado fue desafortunado, pero al parecer, el tabernero le había indicado la persona adecuada. Ya que ese era el caso, se quedó unos segundos pensativo. Gerard tenía prisa, pero siempre estaba el riesgo de firmar un trato con un rufián; en la gran, gran mayoría de casos, los piratas y bandidos que acechaban a los inocentes eran hombres que se les veía venir de lejos. Aquella era una dama de elegancia considerable cuanto menos. Exuberante, más bien, pues Gerard tuvo que apartar la mirada ante lo revelador que era su vestido. ¿Tan ligera de ropa iba por un país tan frío? En todo caso sería ella la que necesitase protección. Así, podrían ayudarse mutuamente. - Por supuesto. Al amanecer. Mi nombre es Gerard; mi lanza estará a vuestro servicio durante el viaje. - Inclinó la cabeza un segundo, en muestra del trato cerrado, tras lo que procedió a tomar asiento, como le había indicado. Así lo haría hasta el fin de la travesía, pues como caballero, se tomaba muy en serio su trabajo.

Pero ¿por qué oyó risas a su alrededor? Norteños. Qué pocas modales tenían muchos de ellos, por muy nobles que pudiesen ser unos pocos de sus guerreros. Frunció el ceño, pero ignoró a la gente a su alrededor. - También dispongo de un caballo. Durante el viaje le alimentaré con mis propias raciones, por lo que solo requerirá algo de espacio. Espero que no sea un problema.- No era un hombre de mar, pero tampoco se trataba de la primera vez que viajaba en barco; había ido en numerosas ocasiones durante su carrera. Y su diligencia le haría aguantar una travesía incluso con pocos recursos.

De todas formas, se encontraba ante una mujer bien autoritaria, del tipo a las que Gerard le costaba rebatir. Pero cuando vio la intención del camarero de traerle una copa, ya fuese aquella bebida nórdica que había probado con anterioridad o simple vino, tuvo que negarse. Después de todo, como se había comprometido a un trato, no iba a arriesgar su cometido nublando sus sentidos con alcohol, aunque fuese para el día siguiente. - Ah, no puedo aceptarlo. Con agua será suficie... - Pero entonces, oyó algo. Sus instintos de combate hicieron le advirtieron que debía reaccionar. De un corto y ágil salto, se puso delante de la joven, pero ya que había dejado su lanza junto al caballo, no disponía de armas, por lo que se limitó a escudarla, poniéndose de espaldas al “peligro”.

Suspiró aliviado al darse cuenta de que se había tratado de un simple resbalón, y que su capa no se hubiese manchado. La mujer también estaba bien, claro. Miró a su alrededor una vez más y frunció el ceño hacia el tal Kled. - Cuántos rufianes hay por aquí. Mas no os preocupéis. Durante la travesía nadie os tocará ni un cabello. - Lo dijo, de nuevo, en voz alta. Sin duda, protegería con caballerosidad tal dama… aunque no podía dejar de preguntarse cómo pudo hacerle caso uno de esos maleducados. No, no, sería su hermano, o algo por el estilo, y solo conocería a aquel hombre, a ninguno de los otros. Y hablando de “proteger”… por mucho que repudiase el tener que vender sus servicios de esa forma, era un hecho que se encargaba de la protección de aquella dama. Y eso incluía… - Tomad. - Con una mano, desató los cordeles que ligaban su capa a la armadura y se la puso en los hombros, sin llegar a tocarla. - Podéis devolvédmela al final del viaje. - No le hacía demasiada gracia, pues le tenía mucho aprecio a esa capa, pero iba a ganarse el “sueldo”.

En fin, era hora de irse. No quería dejar a su caballo solo demasiado tiempo. - El alcohol nubla los sentidos. Estaré esperando en el muelle al amanecer. - Salió, así, de la taberna. Al salir, comprobó que su caballo estuviese bien, lo desató del poste y empezó a caminar. Primero, se aseguraría del lugar donde había quedado, y luego, buscaría una posada donde dormir aunque fuesen unas horas, con las pocas monedas que le quedaban.

La imagen de aquel día con sus hermanas le vino a la mente. Qué frío hacía sin su capa. Y qué soledad.
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Dyanna el Jue Ago 24, 2017 9:17 am

- Ojala limpie tan bien como habla, es un caballero sin duda. - Pensaba maliciosamente Dyanna. El honorable hombre, tenía un caballo, pero no sería problema en el barco, incluso ella misma podía abastecer a ambos el alimento, al fin y al cabo... El lo va a necesitar, pues limpiar el camarote de Dyanna, no siempre es tarea fácil. Sabiendo como es ella, es probable que incluso lo mandara a limpiar el polvo de cada una de sus joyas, las cuales tiene fríamente contadas. Pero antes que nada, debía de planear algo... Tenía de alguna manera que convencerlo para que pasara esa noche en el barco y asegurar que está bajo llave. Una vez más, la bella, elegante, pero poco honesta fachada de Dyanna, la iba a ayudar. Realmente, ella no debía siquiera hacer un gran esfuerzo para parecer alguien que no es, fácilmente podría hacerse pasar por una duquesa si la situación lo requería.

- Hay espacio suficiente como para subir 20 caballos ¿Qué clase de barco crees que es el encargado de llevarme? ¿Uno de pocamonta? - Dijo para después soltar una risotada un tanto pija. Debía de hacer bien su papel, pues si la actuación de la temible capitana no daba sus frutos, el ágil caballero se daría cuenta y se negaría a subir a su navío, donde le espera unas jornadas de trabajo intensivo.

La situación era peculiar, la taberna estaba puramente llena por la tripulación de Dyanna, pero esto Gerard no lo sabía y bueno... Jugaba un punto a su favor. - Si, últimamente no puedo salir tranquila a ningún lado. Vaya a donde vaya siempre debo de andar con un extremo cuidado. - La "dama" parecía totalmente inofensiva, además, no tenía arma alguna cerca, daba a entender que era delicada y miedosa en ocasiones. Solo lo daba a entender, pues era una pirata muy sanguinaria en sus interiores. - Es el precio que he de pagar por ser algo así como una preciosa joya, la guinda de un pastel, el caramelo en un dulce o una fresca y apetecible manzana. Es fácil deducir mi situación económica, así que muchos tratan de estafarme, asaltarme y un sin fin de cosas... Suelo llevar guardias, pero esta vez me he escapado de palacio.  Y no, no preguntes de cual, no te responderé, aún no tengo tanta confianza contigo. -  

El caballero le ofreció su capa, ella la cogió de sus hombros y la puso en su regazo a modo de que lo aceptaba para el resto del viaje. Con tantas buenas actitudes, al final acabaría por caerle bien a la capitana, parecía muy honrado aquel caballero. Suponía que se ganaría la vida de alguna manera aprovechando su saber estar y su protección, no debía de ganar mucho seguramente... ¡Claro! ¡Eso es! En la mente de la rubia ya el plan comenzaba. Tendría poco dinero, así que ella le ofrecería un camarote en su barco, donde poder descansar y así ella... Asegurarse de que está dentro del  barco.

El caballero salía ya por la puerta, era el momento de ejecutar la primera parte del plan. Se levantó decidida, con una cara amable pero exigente, por así decirlo iba a hacer "un favor" a aquel hombre. - ¡Hey! - Gritó para llamar la atención del hombre que ya se iba por las calles próximas. Corrió hacia él de forma muy elegante, hasta casi estar justo en frente. - ¿Sabes qué? Creo que estás en tu día de suerte. Supongo que no tendrás mucho dinero, no es por ser clasista, pero es obvio que yo tengo mucho más que tú en solo un bolsillo de cualquier prenda en mis aposentos. - Dijo mintiendo, enseñando un poco la arrogancia que los nobles, inocentemente a veces tienen. - No le digas esto a nadie pero... Tu actitud, tu porte... Me has caído bien. Así que quiero que hoy duermas en el mejor de los camarotes de mi barco, después del mío, obviamente. Sé que clase de hombre sois, así que ¿Qué tal si tomas esto como un trabajo de vigilancia? Vigila mi barco en la noche, mientras estás dentro. Puedes además coger comida y bebida de la cocina del navío, es solo un gesto de agradecimiento por lo bien que me has tratado, acéptalo por favor. -
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Ago 26, 2017 7:07 am


La gélida temperatura Mitgardiana transforma en humo visible el aliento del caballero, que, privado de su capa y acostumbrado a la templada temperatura de su patria, inevitablemente tiritaba por el frío, que invadía todo su ser desde su llegada al país.  Su camino hacia la posada, donde pretendía resguardarse y descansar unas horas, fue sin embargo interrumpido. La misteriosa dama le estaba barrando el paso. A medida que ella hablaba, logró darse algo de paz, sus facciones casi dando el semblante de iluminarse; al menos había personas que aún valoraban aquellas cosas.

- Es un honor, milady, mas no puedo aceptar tal ofrecim… - Gruuuuuuu. Un ruido proveniente de la parte inferior de su torso interrumpió su negación. Levantó la ceja, molesto por su estómago… y el comentario que había hecho ella acerca del dinero. En ese momento Gerard era, por mucho que le costase admitirlo, un viajero sin dinero debido a sus hábitos derrochadores del pasado. Le vino entonces otro pensamiento a la cabeza. ¿Vigilancia? Tal vez en su barco solo quedaban unos simples y honrados marineros, sin idea alguna de combate. ¿No sería acaso responsabilidad suya, entonces, aceptar su ofrecimiento? Y... ¿no sería acaso también su tarea seguir las órdenes de una princesa? - En ese caso, velaré sobre el barco hasta que lleguéis. - Inclinó la cabeza hacia ella, en tono de respeto.

Así pues, se encaminó hacia el muelle, ya cerca, escaneando con sus orbes los alrededores de aquel pequeño pueblo de la bahía. Efectivamente, un barco de tamaño considerable, el único en el puerto, se erigía a un lado, discretamente, y al parecer estaba ya medio preparado para zarpar, con la plataforma para embarcar puesta y sin cargamento adicional a cargar.

Tras negar la cabeza, frustrado ante la ausencia de guardias fuera, Gerard subió con su caballo por la plataforma hasta llegar a la espaciosa cubierta, provista de un solo vigilante que, para colmo, se hallaba en el suelo con una botella al lado. (He hecho bien en venir…)

Halló un buen lugar para su caballo en una esquina, al lado de una de las puertas que conducía a un puesto inferior, tal vez una de las bodegas. Tras comprobar que no tuviese ninguna necesidad inmediata, el jinete dejó a su montura bien atada y dio algunos pasos sigilosos por la cubierta, escaneando bien los alrededores para cerciorarse de que no hubiese moros en la costa. Decidió, al final, hacer caso a lo que la dama le había dicho, y descansar un poco, pero ya que aquel marinero estaba dormido, no lo hizo dentro de un camarote, sino allí mismo. Se sentó al lado de su corcel, doblando la rodilla izquierda, en la que apoyó un codo, estirando la derecha y dejando que su espalda reposase contra la madera. Cerró un momento los ojos, intentando despejar su mente de las incógnitas que le habían surgido en la taberna y sus afueras. Poco tardó en dejar que la oscuridad del sueño se apodarse de él; después de todo, había tenido mucho en lo que pensar.

¿Había dicho ella que vivía en un palacio? ¿Y que tenía guardias? ¿Se había escapado? ¿Qué…? ¿Sería la hija del jarl de Mitgard? ¿O tal vez se hallaba de paso en aquel país? Su historia sería sin lugar intrigante. Presunción, estilo de vestimenta, gestos, saber reconocer y recompensar… tal vez sí era una princesa, o alguna noble importante.

Pero pese a todo, y por desgracia, había firmado ya el “contrato”. Su honor no le permitía echarse atrás, ni siquiera en el caso de que la joven a la que había accedido escoltar fuese una princesa. Por negativas que pudiesen ser las consecuencias de sus actos, seguía siendo un caballero. Había tenido que marcharse de la taberna, pues, sin hacer preguntas al respecto. La sensación de desasosiego crecía y crecía en él a medida que avanzaba en su viaje; después de todo, era poco más que un mercenario. A ojos de muchas personas, no sería más que una simple espada a sueldo, teniendo que atenerse a su código de honor pese a no ser reconocido. Pero lo soportaría.

Unas horas después, los párpados del caballero se levantaron nuevamente, poco a poco. El alba todavía no había llegado, pero al menos su mente y su cuerpo pudieron descansar, por poco que fuese. Se reincorporó, desperezándose solo un momento para luego hacer otra ronda, diligentemente. El marinero todavía no se había despertado; por si acaso, fue a comprobar dentro del barco que todo estuviese en orden. Bajó, pues, por el pequeño pasaje que conducía a los pisos inferiores, abriendo la puerta que conducía allí.

El aspecto interior, a pesar de su cuestionable higiene, era imponente. La bodega, espaciosa y cálida, tenía una multitud enorme de barriles y… varios contenedores de armas. Espadas, hachas, cuerdas para… ¿el abordaje? El armamento en el interior era considerable para tratarse de un barco mercante. (¿Qué es esto…?) Los ojos de Gerard se posaron entonces sobre otro barril, uno que tenía el símbolo de una calavera en su superficie. Curioso, quiso remover la tapa, poco a poco para que mantener el silencio de ambiente y no despertar a nadie. -¡¿Veneno?!- Exclamó por todo lo alto. ¿Acaso el veneno no era una mercancía prohibida en muchos lugares? Era eso... ¿contrabando?
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Dyanna el Dom Ago 27, 2017 11:29 am

Hacía frío y aún no había tomado su baño, tenía que darse cierta prisa, pues en la noche debería de bajar su contrabando del navío para que el contrato fuera realizado con éxito. Finalmente, cayó en la trampa, por suerte para él no sería mortífera ni mucho menos, Dyanna solo... Jugaría un poco con él. Es una suerte que Dyanna tenga tanto el don de la palabra, como el saber actuar, digamos que si no hubiera sido pirata, quizá en el mundo de la interpretación hubiera tenido un buen puesto fijo.

Esperó a que el caballero se alejara de ella, en un principio pensó en mandarle el trabajo sucio de encerrarlo, pero alguien en el pasado le repetía constantemente que si quería algo bien hecho, lo hiciera ella misma. Los piratas suelen ser tremendamente descuidados, pero no era el caso de Dyanna, fría y calculadora se hacía cargo ella misma de las cosas que mas le interesaran, como por ejemplo, liberar sus propias batallas. No solo era por el hecho de hacerlo bien, sino porque así ella se sentía útil, se sentía fuerte e independiente. No había mejor sensación que asesinar ella misma a su objetivo tras un arduo duelo entre ambos.

- Supongo que lo haré yo misma, necesito que me limpien el polvo del camarote con urgencia... Además, quiero que ese espejo de mi mesa de noche brille tanto que pueda reflejar al detalle mi belleza. - Dijo para si misma. Volvió un segundo a la taberna lo más rápido posible para avisar a sus piratas de que ahora volvería. Entró y todos la miraron. - En un momento vendré de nuevo sabandijas, ya sabéis que voy a hacer. Un muñequito de esa calaña limpia mucho mejor que cualquiera de ustedes o incluso, que todos ustedes a la vez. - Aquellos hombres asintieron sin queja, pues al fin y al cabo, ninguno sabía lo que era siquiera coger un paño para hacer relucir cualquier cosa. En cuanto a eso, eran realmente estúpidos y Dyanna, no iba a ser quien se encargara de ello mientras pudiera utilizar su encanto y poder artístico para engatusar a su víctima.

Desapareció en la oscuridad, traspasando la puerta de la taberna y se dirigió rápidamente al barco, teniendo extremo cuidado de no ser descubierta por Gerard, quien había ido antes que ella para el barco. - No le veo por aquí, ya debe de estar dentro. - Susurró para si misma. Dio varias zancadas largas para acortar camino y subir al barco. Lo buscó y lo encontró, reposando junto a su caballo de la manera en la que alguien con mucha experiencia en combate haría, preparado para levantarse y atacar si oliera el más mínimo peligro. Dyanna sonrió, dejaría su baño por ahora y cazaría a su pequeño ratón. Como si un listo depredador fuera, esperó. Esperó y esperó como el más sabio de los arqueros, sabía lo importante que era la paciencia y por supuesto, conseguiría cazar a su presa... ¿Aunque por qué se tomaba tantas molestias la capitana? Pues realmente, por simple diversión, le fascinaba ver la cara de decepción, de miedo o de dolor en algunas de sus presas, era una víbora en todos los sentidos. El caballero tardó unas pocas horas en despertar y allí, fuera de la vista del soldado estaba ella, esperando su próximo movimiento. Gerard se levantó y fue hacia el interior del barco. Abrió la puerta de la bodega y ahí fue cuando la capitana hizo acto de presencia, pues también le había seguido sigilosamente, descalza y con su espada enfundada en su brazo izquierdo que previamente había ido a buscar, ningún ruido la delataría. Le cogió con las manos en la masa, él descubrió todo el pastel, por desgracia, ese pastel era tóxico. Eran barriles llenos de puras sustancias altamente letales.

- Veo que eres curioso ¿No es así? Estúpido peón. - Levantó su espada señalándolo. - Soy Dyanna Shipper, la corona perdida del mar y la próxima reina de los piratas, la joya mas temida de los océanos. - Añadió revelando su verdadera identidad, que había mantenido escondida con el propósito de que Gerard no fuera consciente de sus verdaderas intenciones. El barco estaba en el mas muerto de los silencios, se escuchaba el fuerte viento característico de Mitgard y el precioso sonido del rebotar de las olas. - Yo personalmente voy a satisfacerte.
No pienses mal, hablaba de tu curiosidad. -
Y se dio la vuelta de manera elegante y cerró la puerta rápida, con un tronco que ellos mismos usaban en ocasiones para cerrar la puerta. Era una manera de que por nada del mundo, esa puerta pudiera ser abierta en caso de emergencia. Ella desde fuera le advirtió. - Si tratas de hacer algo que no debas, te mataré. Por cierto ¿Recuerdas todos los rufianes que se encontraban en la taberna? Absolutamente todos ellos, están bajo mi mando. Tus músculos nos servirán, nos ayudarás en una hora a comenzar a descargar desde ese espacio, no saldrás del barco o repito, morirás de la manera mas dolorosa que tu cabeza pueda imaginar. - Realmente parecía otra persona, era alguien fría, dura y por supuesto, tenía una actitud avara y sanguinaria, esa... Era la verdadera Dyanna.
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Gerard Van Reed el Dom Ago 27, 2017 8:50 pm


Le costaba no mostrar la sorpresa en su rostro, pero es que no podía creer lo que había descubierto. Aquel navío se encontraba llevando a cabo contrabando, por lo que debían ser… ¡piratas! Debía reportarlo a las autoridades de inmediato. ¿Pero qué había hecho? ¿Cómo había podido firmar el contrato sin cerciorarse del todo de la identidad de aquella dama? Había creído enseguida que la joven se trataba de una honrada marinera, incluso había considerado la veracidad de sus palabras cuando había dado a entender que podía tratarse de una princesa.  Se giró, pues, dispuesto a aprovechar que el sol todavía no había salido para poner fin a aquel acto criminal. Las tareas de un caballero errante incluían aquella, después de todo.

Pero al posar la vista sobre la puerta, allí estaba. La dama de rubia y perfecta cabellera, mirándole con un semblante totalmente distinto, y apuntándole con una espada. Frunció el ceño y la fulminó con la mirada ante su presentación. “Dyanna Shipper”… - ¿Futura reina de los piratas? - Exhaló unas notas irónicas al mismo tiempo que la apuntó con la lanza, que por si acaso se había traído allí. - Tenéis suerte si vivís después que este “peón” os entregue. Si no os cuelgan, vuestros lacayos y vos os pudriréis en una celda durante el resto de vuestras vidas. -  Había varios metros de separación, y a pesar de la ventaja de lanza contra espada, estaban en un espacio cerrado. Tenía que calcular bien mientras ganaba tiempo para neutralizarla de un solo ataque. Debía lanzarse al ataque, pues, y ese era el momen… - ¿S-Satisfacerm…? ¡¿Qué impurezas farfulláis?! - ¿Qué acababa de decir? El inocente de Gerard se sonrojó intensamente durante un segundo, momento en que bajó la lanza. Dicha distracción fue suficiente como para que a la joven le diese tiempo de cerrarle la puerta en los morros al caballero, que no logró llegar a tiempo.

Tras oír las advertencias que le soltó Dyanna desde el otro lado de la puerta, fue incapaz de contener la ira por primera vez en mucho tiempo, y empezó a dar golpes a la puerta con el puño cerrado.  - ¡En nombre de Naga y el gran Reino de Grannvale, abrid esta puerta de inmediato! ¡Entregaos a las autoridades de Mitgard, arrepentíos ante la Creadora,  y tal vez ella se apiade de vuestra alma!-  Más golpes. Sin embargo, la puerta no parecía ceder. - ¡De lo contrario, me veré obligado a poner fin a vuestra vida!-  Ninguna respuesta. Solo le quedaba una cosa: intentar embestir la puerta. Sin embargo, era de madera maciza, y tal vez estaría bloqueada por fuera, pues no consiguió moverla lo más mínimo ni con el más fuerte de los placajes que podía realizar.

¿Cómo se la habían logrado jugar de esa forma? Qué bajo había caído, siendo engañado y a riesgo de ser esclavizado por una pirata. (¡Maldición!) Miró a su alrededor, respirando hondo para calmarse. (Piensa. Debe de haber algo aquí que pueda usar.) Tenía una hora. Algo se le ocurriría. Estaba rodeado de barriles de veneno. ¿Bañar su lanza en veneno, haciendo un arma capaz de acabar eliminando a todo enemigo que llegue a tocar? ¡Jamás! Eso era un acto deshonroso. Gerard era un caballero de pies a cabeza; nunca usaría veneno.  ¿Qué más había allí? Provisiones básicas: agua, carne, pieles para la noche… Nada útil. Ni siquiera tenía un hacha con la que destrozar la puerta. Solo podía, pues, proseguir. La bodega al parecer conectaba con otra sala: ¿calabozos? Por desgracia, en las diversas celdas improvisadas de hierro oxidado no había nadie ni nada útil. Miró a su alrededor más y más tiempo, pero nada. Poco podía hacer.

Volvió donde había estado originalmente, dejó la lanza al suelo, y se arrodilló, cerrando los ojos y uniendo las manos, entrecruzando sus dedos, donde apoyó su frente. (Naga, mi creadora. Guíame, permíteme impartir justicia sobre estos rufianes. ) Dejó transcurrir el tiempo de esta forma. Orando, realizando una plegaria. Ya no era tan necio como en el pasado; no creía realmente que le volvería invencible. Sin embargo, de esa forma se mentalizaría, mantendría la cabeza fría. Sí.

Solo había una posibilidad. En cuanto la puerta se abriese, se lanzaría en una acometida contra el que la abriese. Tal vez si capturaba a la capitana, lograría negociar. Tomar rehenes no era caballeroso, pero mucho menos lo era dejar que criminales de esa calaña se saliesen con la suya. Así pues, estaba mentalizado. ¿Lo conseguiría?

Y efectivamente, un ruido desde fuera hizo que se reincorporase, apuntando hacia la puerta. (¡Ahora!) Sin usar su lanza, se lanzó en un poderoso placaje contra quien fuese que había abierto el camino. - ¡Un caballero de Grannvale nunca se rinde! ¡Ya os tengo!
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Re: ¿Yo? ¿Pirata? Que va... [Priv. Gerard Van Reed] [Social]

Mensaje por Dyanna el Dom Ago 27, 2017 10:09 pm

La ira en sus ojos, la desesperación en sus palabras, fue tan... Encantador. Sin duda, volvería a repetir ese momento en su mente una y otra vez, deleitándose del sin fin de gestos y expresiones del caballero, desalentado al ver donde se hallaba. Pese a todo, debía de pensar en el plan de aquella noche. El barco constaba de dos bodegas en su interior, ambas llenas de la misma sustancia tóxica en sus barriles, sin duda era una gran carga. Y por supuesto, en una de ellas ahora estaba el caballero, que debía de estar en su forma más iracunda tras un engaño de semejante calaña, él creyó en ella y fue decepcionado de la peor de las maneras.

Comenzaron a bajar las cajas y barriles de la bodega donde el caballero no se encontraba, era mucho más seguro y tranquilo empezar por allí antes de tratar con el encerrado hombre. Quien no parecía temer a una tripulación entera y a su capitana. Dyanna daba las ordenes. - Con cuidado. - Le decía a uno de sus rufianes. - Hazlo mas deprisa. - Le ordenaba a otro joven. Todo iba de perlas hasta que el Jarl les obligó a subir otra vez la carga y luchar a su lado, pasaron unas horas antes de volver al barco. La chica de rubio cabello, se dirigió hacia donde el soldado estaba. Ella estaba realmente de mal humor, puede que incluso hasta triste... Su plan, no había funcionado.

Ella quería sus cuantas monedas de oro extra y al final, debió de dejarlo para otra ocasión. - ¡Maldito Jarl, la próxima vez te mataré! - Farfullaba de camino a la bodega donde Gerard se encontraba. Se paró en seco en la puerta y llamó a dos de sus mas fornidos hombres. Escuchó, estaba en pleno silencio, cualquiera diría que se habría dormido o envenenado él mismo. Esperó un poco más, quería asegurarse de que sus oídos no le engañaran pero siguió sin obtener una respuesta auditiva, el silencio era puro.

- Espero que no haga ninguna tontería, no quiero descuartizarle sin que haya limpiado aunque sea mi camarote... - Y con esto puso la mano sobre la puerta. Suavemente quitó el tronco que usaban y sus hombres abrieron la puerta. Para su sorpresa, el caballero de abalanzó contra ellos. ¿De verdad pensaba que tendría escapatoria? Ya habían elevado ancla y estaba rodeado de unos 20/30 marineros con tanta experiencia que se puede hacer cantares de gesta sobre sus aventuras. Aún así, el gesto del caballero era valeroso, era un ser capaz. En parte, en otra situación, en otro momento de su vida, Dyanna hubiera admirado a un tipo como él.

La capitana, ante tal barullo parecía impasible, indiferente. Solo miraba el forcejeo de los hombres hasta que su rostro cambió. Estaba decepcionada, triste y enfadada al mismo tiempo, como podemos recordar. Los miró con la mirada mas severa que jamás había lanzado y exclamó. - ¡Silencio! - Y sus lacayos casi hasta dejaron de respirar. Nunca habían visto a Dyanna tan cabreada. - Pero maldita sea Gerard. ¿Cómo puedes armarte de valor en tu situación? - Añadió con un tono muy serio. Se viró con un suave giro sobre sus tobillos, dándoles la espalda. - Soltadle. - Y así hicieron, pararon el forcejeo dejándolo totalmente libre. - Tu vida no vale más que unas monedas de plata ¿Verdad, caballero? - Preguntó sin querer obtener respuesta. - Deberías de cuidarla... Al fin y al cabo, es nuestro mayor tesoro. El mayor de los regalos es vivir un día más. Poder sentir la brisa al amanecer o poder despedir a la luna azul, son tesoros mucho mayores que cualquier botín que pueda conseguir. Somos piratas, robamos, asaltamos, asesinamos... Todo por conseguir mas riquezas. - Cerró sus ojos y soltó de sus labios un tímido suspiro. - Si me paro a pensarlo, sé que no soy una persona humilde, sé que la capitana de este barco es cruel e impulsiva pero ¿Sabes? A veces tenemos piedad, esta vez es una de esas ocasiones, así que no tires tu vida por la borda por tratar de hacer el bien. No me apetece lo más mínimo despojarte de tu respirar. Si tu vida para ti no tiene valor, piensa en aquellos para quien si que la tiene. - Y comenzó a caminar entre los pasillos y camarotes. Había sido algo muy... Profundo lo que había dicho Dyanna, muchos pensaban que ya no tenía juicio siquiera, pero en el fondo de ella aún habían esperanzas de cambiar algún día. Por ahora, estaba acomodada como capitana del navío, estaba cómoda con ser una infame villana obsesionada con lo bella que pueda parecer y las riquezas que pueda conseguir, al fin y al cabo, era lo único que en este momento de su vida, la hacía realmente feliz. Se paró tras dar unos pasos.- No sé a que esperas para seguirme. No cojas tu lanza, no la vas a necesitar.  - Dijo volteándose para mirarle de lado. Y así esperó la respuesta del caballero, con la espada en su mano y el semblante hermoso y frío.
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Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Ago 28, 2017 9:50 am


En su acometida, fue encarado por un alto rufián de aspecto imponente. Por suerte, logró sorprenderle, tirándole al suelo y liberando una serie de puñetazos a la boca del individuo, dejándole aturdido, si no desfallecido. Sin embargo, el forcejeo hizo que tirase la lanza al suelo, sin haber logrado llegar a usarla siquiera. Estuvo indefenso, pues, ante el codazo que impactó en su mejilla un segundo después, un golpe meteórico que apenas vio venir.

Dos marineros más se encontraban a su alrededor, listos para neutralizarle. La armadura pudo absorber la mayoría del daño; sin embargo, los ataques combinados por los dos lados que sufrió Gerard fueron suficientes como para que le cogiesen de ambos brazos y un tercero pudiese realizar una llave contra él, rodeando su cuello con el codo. Había quedado completamente inmovilizado. Tras una serie de intentos infructuosos por liberarse, iba a llamar a su caballo, pero justo antes de silbar, una estridente voz llena de ira detuvo la refriega: Dyanna les ordenó a sus lacayos que soltasen a Gerard. Los bellacos hicieron caso a la que probablemente sería su capitana, con lo que el castaño tuvo unos segundos para reincorporarse, agitando el codo y sacudiendo su armadura como reacción.

Aún respirando con dificultad, miró fríamente a la capitana pirata mientras daba su discurso. ¿Su vida solo valía unas monedas, dijo? - Es mi deber como caballero llevar ante la justicia a rufianes como ustedes, piratas. A cualquier coste. - Exacto. Gerard no era ningún estratega, sino un valiente, y desde siempre temerario, caballero de su reino. Lanzarse contra unos rufianes de cara y con escasas posibilidades de victoria era parte de él.

Sin embargo, las palabras posteriores de Dyanna tenían mucho sentido, más de lo que unos malhechores solían farfullar. Frunció el ceño, respirando con dificultad debido al esfuerzo realizado. - ¿Intentáis darme lecciones de vida? - Palabras irónicas que pretendían silenciarla. Después de todo, ¿cómo iban a enseñarle algo unos piratas sin más a alguien que seguía las enseñanzas de la Diosa Creadora? El orgullo de Gerard no se lo permitiría nunca.

Y sin embargo, se vio obligado a considerar ciertas palabras. - …si tu vida para ti no tiene valor, piensa en aquellos para quien sí que la tiene. - Con los últimos añadidos de la joven de dorada cabellera desvió la mirada. Tal vez sacrificarse por un bien mayor era heroico y necesario, pero… ¿era aquella realmente una causa por la que valía la pena hacerlo? ¿Arrojarse violentamente contra docenas de piratas, él solo? Ni siquiera eran emergidos. ¿Iba a dejar a su familia con el deshonor? ¿A la oscuridad reinar sobre el mundo? No. El raciocinio más frío de Gerard acabó por triunfar sobre su cabezonería.

- De acuerdo. Suficiente deshonra me habéis traído ya sin que siga añadiendo más por mis propios medios. - Por fin calmado y recompuesto completamente, con una gota de sangre aún cayéndole por el labio, su voz volvió entonar la misma seriedad habitual de siempre. Miró su lanza, aún en el suelo, comprobó con un rápido vistazo el estado de su caballo, y empezó a seguir la “dama”. - Poco puedo hacer. Cumpliré mi palabra y seguiré el contrato, pero que sepáis que en cuanto lleguemos a tierra, haré todo lo posible para que la justicia se encargue de vos.

¿Qué le encargaría hacer, ahora que estaban a nada de zarpar? ¿Izar velas? ¿Preparar el cargamento? ¿Limpiar el suelo cual mozo de cubierta? Aguantaría cualquier humillación con tal de estudiar bien el navío, para así estar listo una vez llegado a tierra…
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Mensaje por Dyanna el Jue Ago 31, 2017 7:39 pm

Volvió a girarse y aumentó el ritmo de sus pasos, caminando hasta el final del pasillo, donde una puerta con toques de oro puro incrustados y alguna joya que otra, se interponía. Era su camarote. Dejó la puerta abierta para que el caballero entrara después de ella, ordenándole que la cerrara tras entrar en la habitación. Era bastante sencilla, un cuadro de un chico de pelo verde con algunos hombres alrededor de él y detrás, el mismo navío en el que se encontraban y otro cuadro en el cual Dyanna era pequeña y estaba sentada en su regazo. Una cama de unas proporciones bastante grandes, para incluso más de dos personas si estos dormían juntos, desde el techo caían unos hermosos tocados sobre esta, era sin duda la cama de una reina y es que la capitana no se la jugaba lo más mínimo con el placer de dormir, en el mar es algo que todos aprecian, así que por muy pequeño que fueran los descansos de la capitana, debían de ser reponedores. A solo unos pasos a la izquierda de la cama, se hallaba una mesa de noche, con una especie de botijo donde la rubia depositaba sus pendientes y adornos. A la derecha de la cama situada en el centro, estaba el altar de su espada. sin ella, ya que la tenía la propia capitana y un ropero con bastante ropa desperdigadas a los pies del mueble. La habitación también tenía una puerta más, escondida a simple vista con una cortina, donde las riquezas personales de la mujer de encontraban.

Rápida fue hacia su cama, y casi con el sonido del cerrar de la puerta, comenzó a desnudarse. Obviamente, primero que nada, le haría ordenar toda su ropa, absolutamente toda. Desde sus hermosos trajes, hasta sus zapatos o ropa interior. Desnuda ya, lanzó su ropa encima del caballero casi con desprecio y le señaló un balde que estaba al lado de la puerta principal del camarote, estaba lleno de agua dulce y además tenía jabón. Estaba preparado para ser usado, pues incluso había una cesta donde luego poner su ropa para más tarde ponerla a secar justo al lado del balde de agua.

Dyanna observando todo lo que haces :

Dejó su cuerpo recostarse lenta y cuidadosamente en la cama, con su cabeza donde normalmente estarían colocado los pies, pues quería ver y entablar conversación con aquel hombre.  - Puedes ir empezando por limpiar la ropa que me he quitado justo ahora. Me gusta de manera desmesurada mi traje rojo, en mi opinión realza mi figura y me hace más sexy, a la vez conserva mi toque elegante y detallista ¿Tú que opinas? - Le preguntaba despreocupadamente. Su traje rojo era imprescindible, ya tenía varias marcas de sangre u otras sustancias que debían de desaparecer para que otra vez la prenda volviera a dar todo de si.

- Cuéntame Gerard. ¿Cual era tu destino? Nosotros navegamos el océano de norte a sur en estos instantes. Digamos que... En busca de aventuras que vivir. - Realmente Dyanna sentía curiosidad por el caballero y así lo hizo ver con su siguiente pregunta. - Y dime ¿Exactamente de donde vienes? ¿Quien es el apuesto caballero que limpia mi camarote? - Esto último lo decía con tono burlón pero una sonrisa dulce, no era del todo con intenciones de ofenderle ni mucho menos, estaba cansada como para meterse con él.

La capitana observaba cada movimiento del caballero, se entretenía con ello, al fin y al cabo no había nada mucho mejor que mirar en aquellos instantes. Se giró quedándose boca arriba, con la cabeza fuera de la cama, mirando de al revés a Gerard con su pelo tocando el suelo. Ella era muy natural en sus movimientos, no le importaba lo más mínimo que miraran su cuerpo desnudo pues siempre, había sido solo una herramienta para ella. Pensaba de una forma triste, una forma de alguien que ha pasado por un millar de cosas malas y que no valora lo necesario lo que su cuerpo es. Pese a que cuida su belleza hasta el límite de obsesionarse con ello, su cuerpo no tenía un valor simbólico para la pirata, no era algo que tuviera que guardar para alguien ni nada por el estilo, era totalmente lo contrario a todas las mujeres en general. - Aquí se come muy bien. Si te comportas y limpias como es debido, prometo que comerás como uno más aquí... Así que esfuérzate en las tareas que te encomiende, quizá así mi trato sea mucho más agradable. - Le comentó, mirándolo aún al revés.
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Mensaje por Gerard Van Reed el Vie Sep 01, 2017 11:31 am


Gerard no contenía su mirada fulminante al seguir a la pirata Dyanna por el barco, preguntándose qué deshonores le mandaría realizar durante la travesía, teniendo en cuenta que por los movimientos del barco, estarían ya zarpando. Poco tardaron en llegar a una sala con una entrada algo diferente a las otras: el camarote de la capitana. La estancia era espaciosa, con cuadros, tocados y una vasta cama. Parecía mentira que una niña tan inocente como la que aparecía en uno de los retratos pudiese convertirse en una malhechora de aquel nivel. ¿Sería huérfana? ¿Habría tenido malas amistades? ¿Un trauma personal? O tal vez simplemente la ausencia de algo en lo que creer. Mas el caballero no sentía pena: no era más que una vil criminal, que merecía ser encerrada.

Sin embargo, la estridente mirada de Gerard cambió instantáneamente a una expresión atónita al darse cuenta de lo que estaba haciendo ella. Ante las exuberantes curvas que dejó expuestas, giró inmediatamente el cuello, llevándose una mano a la frente para tapar el ángulo de visión periférica. ¡Qué indecencia! No eran solo los criminales hombres los que no tenían respeto por mantener la privacidad. Al parecer, las mujeres también. Buscó su capa, nervioso, para taparla, pero por desgracia, se la había dado antes.

Negando con la cabeza, su cohibido rostro aún carmesí por el estado de la joven, se dirigió al cubo que le indicaba ella para proceder con la tarea que se le había encomendado. Por supuesto, el caballero venía de una familia adinerada; no se había encargado él de limpiar su casa, sino que tenían una doncella que se encargaba. Sin embargo, llevaba ya semanas en su viaje. Para lavar la ropa se las apañaría. Así pues, empezó a lavar lenta pero diligentemente la vestimenta de la pirata, con un considerable disgusto en su interior mientras pasaba primero un poco de agua por el trapo. De noble caballero del reino a mozo de limpieza de piratas. Pero no podía desfallecer, sino que debía mantenerse valeroso.

Ante los comentarios “indecentes” de ella, sin embargo, no pudo evitar levantar una ceja y ponerse de nuevo rojo. ¡¿De verdad le estaba pidiendo si la encontraba atractiva?! - Pienso que…¡deberíais tener más respeto por vos! Una dama no debería actuar de esta forma, removiendo sus ropajes en presencia de un desconocido. - Por sus repentinos y torpes movimientos de sus brazos, le acabó cayendo el jabón, que para colmo acabó cerca de la cama. Enfurruñado, se tapó los ojos para ir a buscarlo.

Al recuperarlo, volvió donde estaba y se mantuvo en silencio unos segundos mirando aquel vestido y las pequeñas manchas de sangre que contenía. - Y mucho menos llevar una vida pecaminosa como la vuestra. ¿Qué diría vuestra familia? - ¿A cuántos inocentes habrían matado aquellos piratas? Incluso había logrado engañarle haciéndose pasar por una princesa. Debía acabar poniendo fin a esa ola de crímenes que sin duda estaría llevando Dyanna.

Poco después, acabó con el vestido, aunque había tenido que frotar bastante para remover esas manchas carmesíes que se mezclaban con la tela. Pasó entonces a... la ropa interior. Continuó, cohibido de nuevo. Fue cuando giró su cuello para vigilarla... ¡pero se había dado la vuelta, estando boca arriba, enseñando toda la parte delantera de su cuerpo!

Su nerviosismo aumentaba hasta niveles peligrosos, y cada vez le costaba más disimularla; al fin y al cabo, nunca había visto a una mujer de esa forma, y su cuerpo de hombre joven mostraba signos de ello, por mucho que su mente estuviese reteniendo sus instintos. Nunca había estado ni siquiera con una, tan sumergido en su trabajo. ¿Cómo se suponía que podía quedarse tranquilo, cuando además le llamaba “apuesto”?

- N-No creáis que mi firmeza se verá doblegada por vuestra labia. Vuestras palabras son vacías para mí. - Intentó enmascarar su nerviosismo, desviando el tema, accediendo a responderle aquello que había preguntado con una voz firme y tajante. - Soy un caballero errante procedente de Grannvale. Me encuentro de viaje para... - Paró un segundo. ¿”Recuperar su honor”? No, nunca le daría el placer de saber tal debilidad. - Encontrar una forma de vencer a la plaga de los emergidos de una vez por todas. Después de Mitgard, esperaba volver a tierra continental, y de ahí, a Thracia. - Lo mantuvo simple. Ella no necesitaría saber más, y por supuesto, no le revelaría su pasado. Pero efectivamente, esperaba ir a ayudar a Sir Vallum en su patria antes de dirigirse a otro continente. Pero independientemente de eso, acabaría llegando, antes o después.

Acabó de lavar la ropa como le había pedido, con un resultado bastante aceptable, considerando su procedencia.- Hemos firmado un contrato, por mucho que me pese, por lo que debo quedarme hasta el fin de la travesía. Haré lo que me pidáis, mientras no vaya en contra de mi honor.
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