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[Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

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[Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Lun Ago 07, 2017 9:41 pm

Tocaron a la puerta del camarote del capitán ,anunciando así a las dos personas que en esos momentos ocupaban la estancia que alguien del otro lado de la puerta de madera los requería. Ya fuese sus presencias o para informarles de algo.Esperando por una respuesta al otro lado de la puerta.

El camarote a pesar de ser el del capitán era usado principalmente por la reina,siendo esa una de las naves mas utilizada por la monarca. Era la estancia privada mas grande del navío. Una de sus paredes estaba formada casi por completo por un gran ventanal con maravillosas vistas al mar, permitiendo así que la luz natural entrase en el lugar,aprovechando al máximo las horas de sol y permitiendo que en esos mismos momentos no necesitase de ninguna vela para obtener algo de iluminación. La monarca le daba la espalda a esas mismas vistas. Sentada en una silla de madera,una bastante simple cuyo único añadido era un par de reposa-brazos. Frente a ella otras dos sillas ligeramente mas pequeñas. A pesar de ser el camarote mas amplio seguía siendo un barco,el espacio era limitado.Por eso el mobiliario era sencillo y ligero,para ocupar y pesar lo mínimo. Lo único ostentoso las sabanas,almohadones y mantas que cubrían la cama apoyada contra una de las paredes, un pequeño armario en la pared contraria acompañado de un espejo de cuerpo entero. Único elemento no necesario en la estancia y capricho de la mujer. Entre las tres sillas un simple escritorio de madera, pero de un tamaño mucho mayor que el que se hubiese esperado. Sobre el mismo se encontraban dispersos distintos objetos. Pergaminos en blanco,plumas y botes de tinta cerrados. Múltiples mapas,de Elibe,de Tellius, de las costas de ambos países, de Durban y las aguas que llevaban hasta las costas de los continentes. Un par de reglas de madera, una brújula y un astrolabio. En una esquina,aparado del papeleo , un par de copas y una botella de agua. Con un corcho cerrando la misma para evitar que si por algún casual la misma se volcaba sobre la mesa ,algo bastante usual si el tiempo no les acompañaba el contenido de esta no estropease nada. Los candelabros habían sido depositados en el suelo, para que no molestasen en esos momentos en los que no eran necesarios.

Instantes antes de que la puerta fuese tocada la reina se encontraba conversando con el hombre sentado frente a ella. Su antes invitado y ahora aliado. Le explicaba de manera simple y resumida cuales eran las rutas marítimas del país. Y que propósito tenia cada una,si era el unir islas, el comercio, o rutas mas frecuentadas por el ejercito y sus enemigos. Como llevaban a cabo las batallas en alta mar ,antes contra piratas ,ahora contra estos y los emergidos. Cuales eran los diferentes caminos que podían llevar al príncipe a Daein y posteriormente unir ambos reinos mediante el mar. Y donde desembarcarían una vez llegasen a la islas de los cuervos.

El viaje no era excesivamente largo,menos en un día como aquel en el que el mar y el viento les acompañaban ,disminuyendo así el tiempo que tardarían en alcanzar su objetivo. Por lo tanto la mujer ,que contaba con mas tiempo, aun no le había explicado al príncipe cual seria en un principio la estrategia a seguir una vez alcanzasen las costas de Kilvas.

-Adelante

La mujer dio paso a aquel que había interrumpido la conversación,abriéndose la puerta ante su orden y dejando ver a uno de sus hombres que tras disculparse por la interrupción informo que estaban próximos a alcanzar la costa vecina.

-De acuerdo. Comenzar los preparativos para desembarcar y preparar vuestras armas, pues nunca se sabe lo que nos encontraremos... y si aquello que nos encontramos nos permitirá desembarcar. Acudiré a la cubierta en un par de minutos.

Ordeno con calma y firmeza,sabiéndose preparada para algo que habían repetido en múltiples ocasiones. Pero que ahora contaba con un nuevo elemento. El otro mago oscuro presente en la habitación.

-Es una lastima... pero nuestra conversación tendrá que ser pospuesta. Me temo que ahora mismo nuestras presencias son requeridas en asuntos mas importantes.

Se levanto, apenas haciendo ruido cuando la silla fue ligeramente echada hacia atrás antes de incorporarse.En esa ocasión no necesito acomodar las telas de sus ropajes,siendo los mismos mas simples que en otras ocasiones,pero tan cómodos como siempre. Apenas portaba un vestido negro ,que cubría desde su pecho hasta sus tobillos,dejando su escote al aire. En el costado izquierdo tenia una apertura que alcanzaba casi hasta su cadera.Dejando ver así que el interior del vestido era de un color morado. Al igual que los dos dibujos de mariposa que había por encima de dicha apertura. Cada uno de una forma y tamaño diferente, incluso de un tono diferente. Sus manos enfundadas en guantes que llegaban hasta medio brazo. Su cabello suelto y alrededor de su cuello un colar formado por pequeñas bolas también moradas. Pegadas a su cuello hasta alcanzar la mariposa del mismo color a un costado del mismo, dejando caer bajo la mariposa una fila de esas mismas bolas de cristal. Sus pies cubiertos por unos zapatos negros de elevado tacón, el tomo colgando de su cintura gracias a un trozo de tela también negra.Del mismo color que la tela que cubría el tomo,siendo adornada la cubierta superior del mismo por la mariposa morada que se repetía en sus ropajes de aquel día.

Dio un par de pasos, los suficientes para quedar a la par de su acompañante,antes de detenerse de nuevo. Con movimientos lentos y elegantes le tendió su brazo.

-Listo para subir a cubierta mi príncipe?

Pregunto con una sonrisa algo divertida adornado su pálido rostro.


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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Jue Ago 17, 2017 5:37 pm

Dada la posición que las islas de Kilvas ocupaban entre Elibe y Tellius, se hacía clara inclusive para Pelleas la ventaja que representaría hacer de ellas terreno seguro. Si algún día pudiera contarse en la capacidad de cruzarlas nuevas rutas marítimas seguramente serían trazadas, incluyendo el obvio cruce al Golfo de Tanas, en Begnion, y desde allí por tierra a Daein. Era el cruce que podría haberse realizado para su propio retorno a casa, de no ser por el peligro que aquella zona representaba. Pelleas tenía un entendimiento básico de todo ello. Aún así, se hallaba a sí mismo renuente a pensar demasiado en Kilvas, evitando lo obvio y enfocándose, en cambio, en todas las demás rutas ya existentes o con mayores posibilidades de ser tomadas en el futuro próximo. Yuuko ocupaba gran parte del camino en explicárselas y Pelleas atendía, callado y con la mentalidad de aprenderlas cuanto antes, pues llegaría el día en que fueran de importancia en el conocimiento de un príncipe. Prefería mantener su mente en ello, ignorando por cuanto pudiese el ominoso saber de que se acercaban paulatinamente a las tierras subhumanas.

Después de incontables travesías por barco, había llegado a acostumbrarse a los camarotes y su tenue pero constante movimiento. Había llegado a acostumbrarse, también, a mantener su tranquilidad ante la reina, sin temor a hablar en voz alta cuando debiera ni al tiempo que sus palabras ocuparan. Distando mucho de ser la primera vez que se reunía con ella por horas en una estancia como esa, condicionada para los seres de alta alcurnia con que todavía no se sentía totalmente identificado, resguardada pero amplia, tales reservas habían quedado atrás. Sus espacios de silencio eran usuales, tan característicos de su persona como la expresión neutra que en su rostro siempre parecía melancólica; sus minutos callado se habían tornado apenas un tanto más profundos y extensos aquel día que los demás, atascado en un apesadumbrado humor, pero por fortuna el hecho no salía demasiado a relucir. Su forma regular de ser era suficiente disimulo. De todos modos, era la mujer de cabello negro a quien más correspondía llenar los silencios con explicaciones e instrucciones y sólo cuando el reinado de los cuervos era mencionado, Pelleas sentía su garganta cerrarse un tanto.

Arribó el aviso de que se acercaban a las islas y, con ello, un nuevo recordatorio para el mago de ondulado cabello indigo, ya algo más largo por el tiempo transcurrido en movimiento. Permaneció sentado, esperando a las instrucciones de la reina para proceder. Cuando ella se alzó también lo hizo él, reacomodando su silla y asintiendo enseguida. - Está bien, su Majestad. Aún tenemos todo el viaje de retorno. - Dijo, sin disimular la sonrisa que aparecía en sus labios. Aún si las últimas pláticas no habían sido reuniones necesarias respecto a ambos reinos y el futuro al que apuntaban, seguía dándole alegría el hecho de que otra persona deseara hablar con él. Su falta de socialización no pasaba desapercibida, aunque actualmente tuviese cuanto menos un compañero de viaje con quien aplacar soledad.

Tomó su lugar junto a la mujer, cerciorándose en aquellos cortos pasos de tener aún consigo los tomos mágicos que había elegido llevar a la expedición. Un roce de los dedos a la altura de su muslo derecho, donde un libro pendía en un entramado de correas sujetadas a su cinto, le confirmó la presencia de un Worm de gran tamaño allí. La edición comprada en las mismas Islas de Durban albergaba en grandes páginas de apretado texto una versión extensa de sus invocaciones. Tras este, igual de grande pero muchísimo más fino, yacía un libro adicional que Pelleas cargaba por mera seguridad: negro de portada y con abstractas inscripciones en la misma, un tomo aún más potente que traía desde su última visita a Plegia. No había probado aún a dominar su poder, pero conocía lo que era capaz de hacer y, de necesitarlo, recurriría a él. - Uhm... ahora lo estoy. - Confirmó, alzando la mirada a la monarca. Sabiendo ya lo que aquel gesto significaba, tomó su brazo con tanto cuidado y consciencia de sí mismo que su gruesa mano ni siquiera se posó por completo, apoyando principalmente las yemas de los dedos en la piel ajena. Era torpe y lo sabía, siempre siendo conscientemente lo más delicado posible al tocar a otra persona; mucho más si se trataba de una mujer. Algo le decía que sus atavíos de mago no lucían del todo acordes a la vestimenta de la persona a su lado, pero cuanto menos vestía de negro también aquella ocasión, con un cerrado cuello alto. Inclinó la cabeza un poco. - Adelante. -

Al levantarse del escritorio no había atinado a extenderle una mano de ayuda a Yuuko, ni a acomodar la silla tras ella. Al serle ofrecido su brazo tampoco había atinado a hacer algo más acorde a las costumbres de su propia nacionalidad, como arreglárselas para ser él quien llevara u ofrecerle la mano. Pero al andar, cuanto menos, atinó a tener la cortesía de ser quien abriera la puerta y la cerrara tras ambos. Controlando su impaciencia tan bien como pudo cruzó el pasillo y escaleras hacia la cubierta, escuchando desde allí el rugido de las olas rompiéndose contra la costa rocosa. No obstante, no oía más que eso. Saliendo a la luz del día, entre la tripulación y soldados mágicos que se preparaban para el desembarque, Pelleas dirigió su vista hacia las islas con creciente inquietud, mas no halló nada sino acantilados rocosos y solitarios. Ni un alma a la vista. Extrañado, tragó espeso y esperó allí un poco más, mientras el navío se alineaba al área de la costa en que podrían echar ancla y extender el puente. Entre tanto, se inclinó hacia Yuuko, sin necesitar encorvarse mucho para hablarle en una voz baja.

- ¿Cómo debería yo proceder...? Uhm, ¿debería quedarme tras los soldados o...? - Preguntó. No tenía el más mínimo segundo pensamiento sobre la campaña a la que acudía, mas no podía evitar que la incertidumbre sobre los subhumanos que podían o no haber sobrevivido lo atormentara. Había hablado de ello con su consejero también, mas Judal no había sabido darle una predicción del estado de las cosas para ese entonces, tan sólo advirtiéndole que estuviese preparado para ser certero, pues no podía contar con que el ejército exterminara a aquellas bestias salvajes. Esperaba con suma ansiedad que no quedasen muchos de ellos con vida, necesitaba ser testigo con sus propios ojos, o no se alejaría tranquilo de las Islas de Durban. No sabía qué interpretar de toda aquella quietud. Los soldados más experimentados, sin embargo, hablaban ya de arqueros ocultos y de la necesidad de salir del barco, pasando órdenes rápidamente.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Miér Ago 23, 2017 7:23 pm

El agarre en su brazo no era firme,apenas un simple toque. Pero era suficiente para la mujer. Mostraría así a los suyos la cercanía y confianza que tenia para con el príncipe,preparándose así el terreno para cuando la recién establecida alianza fuese publica. Serian aliados de un amigo de la reina,de un hombre de su confianza al que permitía permanecer cerca de ella. Eso daría tranquilidad y acallaría muchas posibles incertidumbres. Por otra parte conociendo a Pelleas, el nerviosismo mostrando en los primeros encuentros y que poco a poco iba dejando atrás,esa falta de confianza en si mismo que parecía tener... El echo de que aceptase su brazo,aunque fuese de forma tan sutil,el echo de que cada vez se mostrase mas cómodo en su presencia, todo eso a ojos de la monarca era un gran paso para Pelleas. Algo que mostraba un crecimiento personal en el hombre, que le alegraba y tranquilizaba a partes iguales. Que le llenaba de cierto orgullo no solo el verlo avanzar,comparando su primer encuentro a los momentos que ahora compartían juntos, si no que se sentía complacida y honrada al ver que el otro mostraba confianza en ella. La suficiente como para comenzar a abrirse a la monarca.

La mujer permitió que el hombre abriese y cerrase las puertas a su paso,sonriendole suavemente ante el gesto tan caballeroso. Procedieron a subir a la cubierta en silencio ,roto el mismo cuando llegaron a la misma. Los barcos eran lugares llenos de vida, pequeñas aldeas flotantes donde siempre había alguien despierto. Siempre había movimientos,siempre había voces. Mas en esos momentos que todos se preparaban no solo para desembarcar si no también para luchar.

La mujer dirigió la mirada a la costa vecina. La ultima vez se habían acercado a una pequeña playa entre los riscos. Pero la ultima vez se encontraban persiguiendo un navío emergido que intento tomar asilo en Kilvas. La lucha se llevo a cabo en los barcos, no en tierra. En esos momentos el desembarcar en la playa era imposible. No había puerto en la misma, la única manera era encallar el barco en la arena,lo cual dificultaría el poder sacarlo y volver a casa. O detenerse antes de alcanza la costa,echar el ancla y acercarse a tierra en pequeños botes. Demasiados viajes para ello,demasiado trabajo cargando y descargando los botes. Demasiado tiempo perdido.

No.Los acantilados eran la mejor opción en esos momentos. Los riscos y rocas que rodeaban gran parte de los mismos hubiesen sido un problema... si no tuviesen la experiencia que tenían en lo que a navegación se refería. Era un país de islas, vivían tanto en tierra como en mar. Conocían las costas de Kilvas, de forma leve, pero no era problema.Ellos mismos tenían pequeñas islas llenas de acantilados y rocas, islas tan apegadas entre si que el pasar un barco entre ellas era tarea casi imposible. Y aun así lo hacían, por la experiencia que los años les confería,por los consejos que los mayores dejaban a las siguientes generaciones. Acercarse lo suficiente ,detenerse y echar el ancla. Sacar los puentes de madera que conectarían el transporte marítimo con la tierra. Era un proceso casi mecánico,que a los suyos les salia de forma natural. Por eso la mujer no se preocupo, y solo los dejo hacer su trabajo tal y como siempre lo hacían. O al menos no se preocupo por eso , pero si por algo que atisbo en la costa de Kilvas.

Su fugaz pensamiento, aquel mal presentimiento que aun no había comenzado a surgir en ella , se vio interrumpido por la leve  voz a su lado. La mujer le sonrío.

-En otra ocasión te diría que actuases como quieras. Que tomes la posición mas cómoda para ti,aquella a la que estas mas acostumbrado. Pero no hoy... Vamos a aprovechar esta ocasión...

La mujer llevo la mano que tenia libre sobre la de Pelleas,sobre esa que aun descansada en su brazo. Posandola encima con suavidad, un ligero toque de apoyo. Su voz tan leve como la del hombre,hablando únicamente para el

-Usemos esta oportunidad para practicar. Algún día seras rey y como tal tendrás que comandar a tu ejercito. Pero no puedes hacerlo como todos los demás lo hacen. El mundo tiene como ejemplo a los reyes que arma en mano comandan sus tropas a caballo, pero nosotros somos magos. Usemos eso a nuestro favor. Un rey que lucha en primera linea de batalla es valiente, anima a sus hombres a luchar , los llena de valor y lealtad. Pero también es imprudente ,se expone al peligro y preocupa a los suyos,pues cuando un rey cae el reino también corre peligro. Por otra parte un rey que se escuda tras los suyos esta a salvo, sus hombres no sufren la preocupación y la carga de velar por el,solo reciben ordenes. Pero no genera la misma lealtad. No lucha con los suyos si no que los manda a luchar por el...  Pero nosotros... somos distintos...

Le sonrió al mago a su lado,con confianza, con la sonrisa enigmática que en muchas ocasiones plasmaba su rostro.

-Tenemos entre nuestras magos la ventaja de luchar tanto de cerca como de lejos,de adaptaros a todo... usemoslo a nuestro favor. Nuestro deber es luchar con los nuestros ,mostrarles que no solo han ido a pelear en nombre de una figura en segundo plano,que no han sido enviados a morir en balde. Han venido a luchar por su rey,por su reina, por su patria y por aquello que aman. Nos quedaremos en segunda fila. Es prudente, pues si bien no estamos del todo a salvo,si estamos protegidos. Es un alivio para los soldados, una preocupación menos el no tener que tener su vista todo el tiempo sobre su rey al saber que de cierta forma esta protegido. Nos permite estar a la distancia suficiente para luchar nosotros también. Y nos permite tener la cercanía suficiente tanto para dar ordenes como para observar el curso de la batalla de primera mano. Como para tomar la primera fila de ser así necesario. Así que usemoslo.

Soltó su mano y señalo a sus hombres ,en movimiento todos ,trabajando con frenesí y comenzando a desembarcar ya poco a poco.

-Tanto tu como yo nos mantendremos en segunda fila. Quédate a mi lado, y si quieres usa esta oportunidad para practicar. El ejercito de Durban y de Daein son distintos lo se, pero ignoremos eso. Comanda a estas tropas como si fuesen las tuyas propias,prepárate para lo que te espera en un futuro. Y hazlo sin miedo, pues si te equivocas yo lo corregiré. Y hazlo con confianza, demuestra que eres fuerte,demuestra carácter,que puedes hacerlo. Aunque solo sea una actuación. Un simple teatro. En estos momentos no importa el miedo,los nervios,las dudas o la incertidumbre,nada de eso puede pasar a los soldados. Así que adelante,ordenales,con una sonrisa plasmada en tu rostro. Aunque sea falsa, haz que comience el teatro.. Y no te preocupes, estamos juntos en esto.

Miro a la costa una vez mas ,clavando su mirada en ella. Allí estaba otra vez, ese sentimiento el saber que faltaba algo. Alzo la voz.

-Que el desembarco sea rápido,y preparados para una emboscada !!! En este acantilado no hay nada y se supone que toda la isla esta tomada por los emergidos! Los ojos bien abiertos!

Les grito a sus hombres a modo de advertencia ,de recordatorio. Comenzó a moverse ella también,llevando a Pelleas con ella, rumbo al puente donde ya habían comenzado a desembarcar. Bajo de nuevo el tono de su voz.

-La mayoría de miembros del ejercito son magos pero también hay muchos soldados que no lo son. Aquellos que usan armas cuerpo a cuerpo van delante ,si no hay hombres suficientes en ese escuadrón para ello les acompañan algunos magos. Pero lo normal es que los usuarios de la magia y los arqueros estén en segunda linea,cubriendo a sus compañeros que van delante y actúan como escudo y señuelo.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Lun Sep 11, 2017 12:00 am

Por cuatro años Pelleas había estado como cualquier otro hombre en un internado de instrucción militar en Daein, donde su padre le había puesto para que entrenase y aprendiese lo mínimo respecto a combatir. Por supuesto, el proceso no había resultado tal como el rey lo deseara, pues el mago no tenía la constitución de la clase de guerrero que se esperaba hacer de él, y por arduo que fuera su entrenamiento físico, eran numerosas las veces en que resultaba en Pelleas debiendo utilizar su linaje para conseguir descanso, en lugar de en éxitos. Habían sido los cuatro años más difíciles de su vida. Finalizados estos había conseguido al fin que su rey desistiera y aceptara que la diminuta orden de sabios del reino le instruyera, aún si sus doctrinas mágicas eran diferentes. Y sin embargo, nada de eso había implicado jamás que comenzara a ser un líder, o a estar a cargo de nada siquiera en práctica. Todo era regido sin excepción por el rey. Combatir era algo que Pelleas había debido hacer numerosas veces antes, ya sin temor cuando de emergidos se trataba por la cantidad de veces que se había sobrepuesto a ellos, pero en dirigir carecía por completo de experiencia. Asumía, pues, que sería Yuuko quien le indicaría qué hacer en ese escenario así como quien lideraría a las tropas de Durban; sus únicas preocupaciones en ese instante eran atender con cuidado a sus indicaciones, aprender cuanto pudiese e intentar no reparar demasiado en la mano femenina sobre la suya. Un contacto entrañable, agradable pero poco usual para él, capaz de subir calor a su rostro si no se mantenía enfocado.

- Creo que le entiendo, sí. Prosiga. - Indicó, asintiendo cortamente, a medida que la reina explicaba el deber de un dirigente en el campo y su posición a tomar. No requería de experiencia para entender razones y, con eso, estaba seguro de estar tomando una idea clara de dónde debería estar y cómo debería obrar. Aún así, el cambio a sus ideas cuando Yuuko habló de comandar fue repentino y brusco. Separado de la situación manejable en que había pensado hallarse y sintiéndose puesto en una imposible, Pelleas quedó varado unos momentos, parpadeando, alzando la mano para intentar perseguir la ajena cuando esta le soltó. - ¿C-Com-Comandar? - Murmuró tras ella, titubeante. - Su Majestad, yo... -

Su voz se perdió y su mano no llegó a atrapar la ajena entonces, cuando la mujer se adelantó para dirigirse a sus hombres. Y aunque sus instrucciones para él habían empezado con un si quieres, en cuanto todos se preparaban para empezar, la presión que el mago sentía aumentaba fuera de su control. No podía mostrar fuerza si no era fuerte, no podía mostrar carácter si no lo tenía. No podía culpar a la reina por desconocer su flaqueza, su temor, las pesadillas que numerosas veces había tenido sobre intentar hablar ante Daein y fallar, pero tampoco podía cumplir con lo que ella esperaba. Inundado de un repentino y desmedido terror por la situación, Pelleas se acercó y esta vez sí tómo su mano, con torpeza, sujetando con más fuerza de la necesaria para retener a la maga.

- N-No puedo, lo siento. No puedo hacer lo que dijo. P-Por favor no me lo pida, nunca he estado con tropas, nunca... m-me han instruido pero ni siquiera he estado en un combate así, algo como esto... - Todo lo que podía haberle explicado con tranquilidad salió agolpado, en apresurados murmullos. Ser consciente de lo mal que estaba tomando la situación, del problema sobrante que estaba dando, aumentaba a su vez la ansiedad que le carcomía. Y al desear ocultarse el hombre se encorvaba un poco hacia ella, la cabeza tan gacha que su cabello llegaba a rozarle el pálido hombro. - Por favor no me haga hacerlo, Yuuko, n-no puedo, son muchos, no podría ha-hablarles y no me escucharían y luego... lo siento t-tanto, pero por favor. - Insistió por lo bajo. No estaba bien y no estaba ayudando, lo sabía.

Y tan abstraído estaba en todo ello, que de momento era ajeno a lo que ocurría o se decía entre las tropas, que sospechaban ya ampliamente de los acantilados silenciosos y las costas vacías al ojo desnudo. La avanzada estaba lista. El príncipe sólo permanecía con la reina, haciendo el mayor de sus esfuerzos por respirar más lento y emitir palabras un poco más claras. - Prometo que puedo pelear, sólo déjeme pelear... le seré mejor. - Aseguró, mano libre ya sobre sus tomos. Cuanto menos, el tacto de aquellas páginas y la familiar sensación que causaban en él nunca fallaba en darle sosiego. Estaba seguro de que, cuando comenzara a conjurar y la oscuridad se hallara manifestara en torno a él, se sentiría tanto mejor.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Mar Sep 26, 2017 6:43 pm

La mujer fue sorprendida por el agarre sobre su mano, mas no fue una sorpresa desagradable. Mas bien un acto inesperado proveniente del mago a su lado, pues hasta esos momentos que la mujer recordase ella había iniciado los escasos contactos físicos que había tenido. Clavo su mirada unos instantes en la figura ajena, escuchando sus apresuradas y apuradas palabras,viendo como su postura se descomponia hasta encorvarse y agachar su cabeza.

-Entiendo...

Murmuro con voz suave, casi tierna. Porque la mujer lo entendía. Los nervios que le habían invadido en la primera batalla,aquella a la que había acudido a luchar contra piratas tras insistir una y otra vez en que le permitieran hacerlo. No comando,ni siquiera le permitieron permanecer en primera fila , si no que se mantuvo a una distancia prudente y siendo bien resguardada por los guardias de su padre. Aun así recordaba ,que mas que la visión frente a ella o la sangre corriendo tanto por el lado aliado como por el enemigo, la sensación que mas persistió dentro de ella fueron los nervios agarrados a su estomago. El saber quien era, hija de quien era y lo que en el futuro le deparaba ser,el saber que todos estaban pendientes de su persona. De su bienestar mas que de la batalla, y el saber por ello que no debía preocupar a nadie. Todas las miradas estaban sobre ella, cada movimiento debía ser juzgado, y por ello mismo debía guardar la compostura. Permanecer firme, tranquila,demostrar determinación a pesar de no tenerla. Guardar los verdaderos sentimientos para otro momento y otro lugar y expresar en su lugar aquello que sus hombres necesitaban ver. Sentir como tu interior se removía,incomodo,ansioso, nervioso. Como las nauseas atacaban y las manos amenazaban con temblar,sin poder permitirse una acción u otra.

Y la mujer en esos momentos no comandaba. Y la mujer,entonces una princesa adolescente,  había pedido ella por voluntad propia el acudir, se había preparado mentalmente para ello. Por eso entendía que Pelleas no desease hacerlo, por eso entendía cuales podían ser los motivos que le detuviesen de hacerlo, pues a pesar de que ahora no eran mas que un eco lejano ella misma lo había sufrido en carne propia cuando llego su momento. Y en el caso del hombre no le había dado opción de prepararse para ello, ni los hombres a los que pedía comandar eran los propios, no eran conocidos. Lo cual no sabia si actuaba para bien o para mal. Por eso entendía, y por eso lo había dejado como una opción , no como una obligación. Para que el otro eligiese.

Apretó,no con demasiada fuerza,el agarre sobre la mano de Pelleas. Llevo también su mano libre sobre la ajena,cubriéndola con ella y sosteniendo así la mano de Pelleas entre las suyas. Bajo el tono de voz,para que las palabras solo quedasen entre ella y el hombre. Como algo confidencial,algo privado expresado con ternura.

-Lo entiendo porque yo también estuve en ese lugar... Por eso te he dado la opción de elegir,por eso no te obligare ni insistiré en ello. Respetare tu opinión... tus sentimientos...

Elevo una de sus manos al rostro ajeno. La poso con suavidad sobre la mejilla del príncipe,apenas un roce suave,antes de bajar la mano a su barbilla. Y alzar la misma. No le obligo a alzar el rostro por completo,si le obligo a que su mirada hiciese contacto con la propia,pero si que lo incorporo levemente. Mejorando su postura.

-Por eso no debes disculparte ni pedir favores,cuando no tienes motivos para hacerlo. Te he pedido que aproveches esta oportunidad para aprender,para tomar experiencia, pero hay mas de una manera de hacerlo. Observa, pon tu atención no solo en el enemigo.Si no en la batalla en si. En los aliados,en las formaciones, en el terreno que nos rodea.Y en mi voz. Presta atención a mis ordenes,a mis palabras y a mi manera de entonarlas. Y aprende.  Observando ,escuchando. Y si llega el momento en el que crees que hay una orden que desees dar, algo que creas necesario que mis hombres deban hacer susurramelas al oído. La escuchare,la juzgare y la pondré en practica si lo considero correcto. Y así comprobaras si tu juicio es el acertado. Y con ello también aprenderás... Pero no harás nada que no desees , ni para lo que no estés preparado... Solo recuerda,ten presente,que llegara el día en el que debas hacerlo... Y poco a poco prepara tu mente para ello...


Y entonces soltó su rostro, y soltó su mano recuperando la mujer las propias. Y le dedico una sonrisa, decidida,confiada. Los soldados comenzaron a moverse,a paso ligero,desembarcando con orden y rapidez. Rumbo a los silenciosos y sospechosos acantilados. Y una de las manos de la mujer viajo a su cintura,apoyando la misma contra el tomo que de allí colgaba.

-Quédate a mi lado y lucha junto a mi . Vamos a demostrarles a esos seres que intentan invadir nuestro mundo lo que un dark mage de Daein y una dark mage de las islas de Durban son capaces de hacer. Dejemosles claro que dos naciones no van a ser capaces de aplastar...

Pronto la nobleza también debería desembarcar.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Sáb Oct 14, 2017 10:10 pm

Yuuko le había dado opción en lugar de obligación, desde el inicio, y su voz cercana y confortante se lo recordaba a cuenta nueva. El hombre no se sentía tan culpable por forzarla a repetirse como lo hacía por el problema, por su estúpida crisis en general, con la que le estorbaba y demoraba a no más que segundos de salir a combate; esa ansiedad volvía aún más difícil tranquilizarse. No obstante, un par de manos tersas, sorprendentemente cálidas para piel casi del blanco del mármol, sostenían la suya a través de los interminables segundos de nerviosismo. De gran tamaño en acordancia al porte del daeinita, huesuda pero colmada de pesados y gruesos anillos, hallaba que su mano encajaba con agrado entre el tacto femenino y ese detalle logró fascinarle por un momento. Pesándole sentir que una se apartaba, abrió sus ojos hasta entonces con los párpados apretados para intentar ver lo que hacía, y aunque en el primer instante tuvo un leve sobresalto al ser tocada su mejilla, no tardó en permanecer dócil bajo ese tacto, dejándose guiar. Darle el mando y la responsabilidad a otra persona siempre había sido lo más cómodo. Darle a la reina la potestad sobre su persona, inclusive físicamente en esas pequeñas formas, quitaba una carga de sus hombros al ofrecerle la perfecta solución a todo: sólo hacer como indicara, ir donde pidiera y actuar como se sintiera guiado. Enderezándose, levantó el rostro lentamente, dibujado ya en este un gesto de gratitud.

Escuchó con más cuidado sus palabras; difíciles de internalizar al principio, con su mente yendo a kilómetros por segundo, pero más claras al paso de los momentos. Todo sería mejor así, aunque en fuero interno dudase que llegara el momento en que él también intercediera. Apreciaba el esfuerzo que Yuuko invertía en instruirlo y quemaba en su interior la culpabilidad de que probablemente fuese a perdida, pero él era demasiado débil como para darle uso a las oportunidades. Gastaba el esfuerzo ajeno, desperdiciaba cualquier energía puesta en su causa, así eran las cosas y así se conocía. Pero lo tendría en mente, por si hallara en sí la capacidad en algún momento. No lo descartaba. Quería lograrlo, después de todo. - Gra-Gracias. - Musitó al fin, disipado hacía varios momentos ya el temblor de sus manos y la acelerada inquietud en su mirar. La mano que se alejaba de su rostro lo dejó tal y como le había puesto, controlado y aliviado. Aceptando con más calma la separación, Pelleas dio una pequeña sonrisa de regreso. - Entiendo... por ahora... ordéneme a mi también, por favor. -

Cuanto menos, tenía definida su forma de proceder en principio: mantenerse cerca de ella y luchar. Con eso, no tenía el más mínimo problema. Pelleas asintió a la indicación final, respondiendo a ello mucho más fácilmente. - Sí. No le seré una carga, estoy con usted. - Dijo, adelantándose para no separarse de la dama. Temía sonar condescendiente si lo dijese en voz alta, pero pretendía protegerla, tanto de las criaturas que dominaban la isla como de las bestias que quizás persistieran allí. Así, al momento de iniciar el desembarque, en su andar lento Pelleas igualmente se posicionó un paso más adelante que la mujer; había llegado a conocer a los emergidos demasiado como para tenerles, y lo suficientemente bien como para saber de qué eran capaces. Desensibilizado al dolor como estaba ya, prefería que cualquier ataque lo tocase a él antes que a ella.

Pero el inicio del combate no ocurrió precisamente como anticipaba. Sin sospechar del silencio en la isla, Pelleas no había esperado nada más complejo que ver a las tropas enemigas aparecir por tierra ante ellos, seguramente apenas notaran que había humanos en su nueva tierra; cuando la señal de avistamiento se exclamó desde adelante en la formación, un instante antes de que las flechas salieran al parecer de todo recoveco en los acantilados y montañas, el arcano tardó un par de instantes en reaccionar. Y aún así, cuando lo hizo, su primer instinto fue el de pararse ante la reina. Aunque sin siquiera abrir el tomo comenzaba de inmediato el murmullo de conocidos encantamientos, manipular la magia oscura no le era veloz y contaba con, al menos, la presencia de su propio cuerpo como escudo antes. Las joyas en sus dedos destellaron entre la negrura que el grueso Worm desprendía, abundante, demasiado ansiosa de salir bajo el mando del mago que ya había dominado por completo su uso. A voz grave el príncipe invocaba, mas antes de que su hechizo fuese lanzado o las flechas llegaran a él, un coordinado ataque de dos soldados hizo a una fuerte ráfaga arremolinar sobre las cabezas del ejército, como si recogiese las flechas en el aire y las volteara, antes de dejarlas caer como simples varillas. Pelleas parpadeó, sorprendido de no haber recibido ya daño.

Por supuesto, la segunda y tercera oleada venían enseguida. Volviendo a enfocarse, ya rodeado de una espesa acumulación de sombras, el daeinita dio cuantos pasos adelante estimó necesarios para verse en fila con el más cercano escuadrón de magos, y junto a ellos recitó las últimas palabras del conjuro. Agresiva, veloz, impaciente y hambrienta, la oscuridad se lanzó a su mayor velocidad contra el acantilado, dando contra este y alzándose cual cresta de ola sobre el mismo, antes de precipitarse entre cada resquicio y escondrijo de las rocas. Y él, tan sólo en momentos como esos, a gusto con la sensación que sus tomos le transmitían y siempre rodeado por un poco de aquel humo, confiaba y proseguía sin temor, sin angustia. Conocía lo que él y su vieja acompañante mágica podían hacer. Si se trataba de arqueros, pensaba de inmediato en la maldición de temor que había aprendido en Plegia, en intentar quitarles precisión. Miró por sobre su hombro en busca de la reina. - Quisiera acercarme... - Pidió. Deseaba no separarse de ella, mas a su vez dudaba en llevársela más cerca.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Mar Oct 17, 2017 5:59 pm

-No tienes nada que agradecerme.

Susurro la monarca a aquel asunto que casi estaba zanjado, a aquel entendimiento y armonía al que habían llegado a través de la palabra.La reina no era partidaria de los agradecimientos cuando creía que los mismos no eran necesarios, de igual manera con las disculpas. Creía que eran palabras de gran significado que muchas veces eran dichas en balde,que perdían su sentido al ser repetidas sin motivo alguno. Pero lo entendía, y no le molestaba ser agradecida, recibir una disculpa... Pero si que intentaba dejar claro, con un tono de voz calmado y amable en la mayoría de los casos, de que era algo que no necesitaba ser dicho.

-No te preocupes,se que no seras ninguna carga. Si tuviese la mas mínima duda de que lo fueses no te hubiese traído, no habría sido tan insensata de poner en riesgo al heredero de una nación y mi aliado...

El tomo que acariciaba con su mano fue tomado por la misma a medida que se adelantaban,que caminaba fueran del navío para adentrarse en tierra extranjera. La mujer no tardo no solo el tomar el libro,si no el abrir el mismo ante la pagina indicada. Silencio. Habia silencio y eso significaba tensión. No es que no se escuchase ni un ruido, los paso de sus hombres,el sonido de telas y cuerdas a su espalda producto del navío siendo preparado para permanecer estacionado en dicho lugar. Los tomos siendo abiertos,las espadas desenvainadas y las cuerdas de los arcos con los que jugaban a tensar y a destensar al no tener aun un objetivo claro al que apuntar. Palabras siendo murmuradas,pronunciadas en voz baja para que solo fuesen audibles por el compañero de al lado, pero murmullos que se quedaban en el aire por la escasez de voces.

Pero a pesar del ruido del ambiente,tras el mismo había silencio. Uno tenso. Uno que no debía de haber. Porque en la naturaleza nunca había silencio, por mas inhabitado que estuviese algo siempre habría alguna alimaña y los sonidos que le acompañaban. Porque el silencio nunca auguraba nada bueno,siempre significaba peligro...

El analizar dicho silencio, fue imposible. El ver que era lo que significaba y lo que había detrás de el llego antes de lo esperado, acompañados de un grito,una señal, y una lluvia de flechas. Saetas que volaban hacia ellos desde los recovecos surgidos entre las formaciones rocosas que conformaban las islas, de las montañas y los riscos que los rodeaban.

La mujer dio un paso atrás por acto reflejo, girándose levemente en dicho acto.Quedando ligeramente ladeada con respecto a la formación. Estiro sus brazos ligeramente hacia adelante,una mano sujetando el tomo , la otra sobre las paginas del mismo dispuesta a conjurar su magia en cualquier instante. Al mismo tiempo que la monarca se movió lo hicieron sus hombres, los generales que hasta ese momento le acompañaban a una distancia prudente, a una distancia que les daba a ella y su invitado cierta libertad y soltura,se acercaron a la monarca. Rodeándola de todas direcciones e interponiendo sus cuerpos entre ella y las flechas que volaban hacia ellos. Aunque no espero ver una mata de cabellos violetas frente a ella, pues al mismo tiempo que sus hombres el príncipe de Daein había sido el primero en posicionarse en la dirección de los proyectiles.

Mas ningún proyectil alcanzo su objetivo.Uno de sus generales junto con otro de los magos situados casi en primera linea de batalla fueron lo bastante rápidos en reaccionar. Creando en perfecta sincronía,en movimientos ensañados y experimentados una y otra vez, una ráfaga de aire sobre las cabezas de los soldados. Lo suficientemente amplia y poderosa como para detener las flecha,se arromolinandolas en el aire, haciendo que perdiesen fuerza y cayesen desplomadas al suelo. Como simples trozos de madera.

El resto de soldados ya había reaccionado, adelantándose al estar al amparo del viento,aprovechando el momento dado por sus compañeros para preparar los conjuros.Aquellos que portaban armas de metal dejaron que los magos les sobrepasasen,sabiendo que en esos momentos en los que el enemigo se escondida era su magia la única que podía alcanzarles entre los recovecos.Ni siquiera los arqueros podían atacar,pero si estar atentos para ver el rumbo de las flechas y adivinar por el mismo la ubicación de los enemigos. Dejaron paso pero se mantuvieron cerca,escudo en mano aquellos que lo poseían,por si debían lanzar a proteger a su compañero.

La magia alcanzo las rocas antes de que la siguiente oleada de flechas se atreviese a salir de su escondrijo siquiera.Actuando con rapidez por el tiempo ahorrado, con una fuerza arrolladora producto de las distintas magias entremezcladas, de los soldados combinando fuerzas. Mas la reina no se detuvo a observar la conocida magia de sus hombres. Si no el poder desconocido. Aquella oscuridad que había comenzado a rodear al noble mientras se acercaba a formar parte de la formación, como si siempre hubiese pertenecido a la misma. Esa oscuridad que había emanado de el, que había sido liberada. Veloz , poderosa, imparable y arrebatadora. Una magia que por si misma destacaban entre la de sus soldados. La oscuridad que todo lo consumía

-Hermoso...

Murmuraron los labios de la reina siendo embelesada por el espectáculo ante ella. Por aquella magia tan familiar, tan conocida y cómoda, pero tan diferente al pertenecer a otro portador. Pero no podía sumirse en el poder frente a ella,no con la situación actual.Con el enemigo oculto y rodeandoles,enemigo numeroso e inmune al dolor. No con sus hombres luchando por ella,por su país, poniendo sus vidas en juego sin duda alguna. No con Pelleas junto a ellos luchando como si también luchase por el,por su hogar.

Parpadeo,volvió a centrar su atención en sus alrededores.Sus hombres,los acontecimientos pasados y por haber... Se encontró con la mirada del príncipe. Con su petición. No estaba dicha con determinación o firmeza,pero tampoco con dudas. Lo cual significaba todo.

-Adelante...

Asintió con la cabeza acompañando a sus palabras.Sin dudar en su decisión. Pelleas tenia que aprender a tomar decisiones, no iba a arrebatarle una de ellas. Ademas si lo hacia demostraba que no confiaba en el,era un signo de que la reina creía que la fuerza del hombre no era lo suficiente como para poder mantenerse a salvo alejado de ella. Era un insulto a su confianza, algo que aumentaría su poca confianza en si mismo y su nerviosismo. Era un insulto para el ,como dark mage, como un igual que en un acto había demostrado ser igual a el. Por eso no hubo dudas,porque su respuesta estaba clara desde un inicio.No había otra opción.

Ella por su parte no podía adentrarse tanto en la batalla,si lo hacia sus hombres discutirían con ella. No se lo permitirían,los desconcentraria ,algo que no podía permitirse en una batalla donde todos los sentidos debían estar atentos y preparados. Pero participaría aun en la distancia,su tomo aun abierto y su mano sobre el,esperando para cuando el enemigo estuviese visible y a su alcance.Pues confiaba en sus hombres y en que harían salir al enemigo, a que lo destrozarían. Aun podía comandar.

-No quiero que los arqueros ataquen. Bajar las flechas.Concentraros en las rocas. Si vuestros compañeros dejan que alguno de los proyectiles del enemigo salgan de entre los ricos quiero que vuestros ojos lo capten. Quiero que deduzcáis su trayectoria y desde donde a sido lanzada. Quiero que adivinéis la localización del enemigo y que se la trasmitáis a vuestros compañeros antes de retomar vuestras propias armas. Y lo haréis! Confió en vuestros ojos e instintos de arqueros! Confió y se que podéis hacerlo,que lo haréis.

Ordeno. Voz clara, determinada. No era un grito pero si era dicha con voz elevada. Para dejarse oír a través de los sonidos de la batalla que ahora llenaban el lugar.Para que su voz,sus instrucciones ,llegasen a quien tenían que llegar. Y una vez eso sucedió inclino su cabeza a un lado, sin desviar la mirada del frente,de su aliado. Acercando sus labios al general posado a su derecha,el cual correspondía el gesto inclinando su cabeza hacia su reina. Su voz esta vez fue mas calmada,mas igual de seria. Un tono mas bajo,solo para los soldados a su lado

-Vigilar de forma esporádica el barco. No quiero sorpresa.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Miér Nov 08, 2017 1:38 am

Yuuko aún lucía tranquila; hacer especial hincapié en ello no era más que retornar a lo obvio, pues era su estado usual, pero Pelleas había necesitado comprobar que siguiese estándolo en ese contexto. Así mismo, le era de importancia constatar que no hubiese sido herida. Confirmado aquello le ofreció una sonrisa apacible, rodeado en una calma que sólo con un tomo mágico entre manos conseguía. Apenas había oído su afirmativa con el viento mágico azotando en ráfagas tan cerca de su posición, agitando su ya alborotado cabello, pero comprendía que tenía su permiso y con aquel simple gesto se lo agradecía. Distanciarse de ella no le sentaba en absoluto bien, mas se repitió a sí mismo que sólo sería un poco, mientras intentaba asistir mejor a los soldados, y que sería para mejor. Ella era una capaz voz de comando pero él, contrario a su estatus, seguía siendo más apto en las líneas frontales. Era algo de lo que había carecido al partir de su patria en su largo viaje y en lo que ahora sí podía confiar, algo que utilizaría para hacerse un recurso decente en el combate y algo en lo que, al fin, creía que podía estar a la altura de expectativas. Sólo tenía que demostrarlo.

Dio una última mirada a quienes estaban en la proximidad inmediata de la monarca, hombres que habían aparecido oportunamente a escudarla ante el peligro. Cabía cuestionarse si no había interrumpido su trabajo o si se había inmiscuido sin saberlo en su formación alrededor de ella. Igualmente, saber que allí estaban le daba tranquilidad. Decidido, el daeinita cuya cabeza asomaba por sobre casi todas las demás procedió a su característico lento paso entre las tropas adelante, empero más seguro de lo que se le vería con normalidad, excusándose al rebasar a las últimas líneas e introducirse entre las más frontales. Su tomo permanecía semi abierto sobre una mano los suficientemente grande como para sostenerlo con comodidad así. Una vez detenido allí, entre los magos listos para volver a interceptar flechas enemigas, su voz nuevamente surgió en preparación de un hechizo. Murmuró para sí, quedo, las palabras que volvían a liberar del libro la negrura y alzarla en torno a su persona, arremolidándose y por ratos hasta pasando en roces a través de él, de sus manos o superficialmente su piel. No obstante, esta vez, algo cambiaba. El hombre que rara vez se hacía siquiera notar repentinamente aparentaba muy bien su altura, la voz baja se hacía reverberante, la magia que acumulaba ensombrecía el aire a su alrededor y se cernía sobre él tan cerrada como para simular la misma noche en torno a su cuerpo. No había dominancia innata en el joven, mas sí la había en lo que invocaba; una presencia que, dejada libre, se imponía mucho más que él. Cómodo y seguro al bienvenirla, el mago dio otro paso adelante.

Las flechas volvieron a asomarse, primero puntas apenas destellantes en un sitio u otro del acantilado, que habrían de ser disparadas de inmediato. Sin embargo, esta vez no lo hicieron sino tardías, fuera de su coordinación anterior. Muchas fueron disparadas en completo desatino, cayendo futiles a las aguas más allá del acantilado o a los pies del ejército entrante, carentes de la fuerza como para llegar a destino. Las manos que tensaban los arcos enemigos habían temblado, perdido certeza. Varias otras saetas se dirigieron a sus blancos aún, mas no tardaron en ser repelidas por los hechizos de viento; las maldiciones de los arcanos no eran desconocidas para las tropas isleñas, que aunque se viesen afectadas en su propia medida, sabían cuando correspondía continuar. Escasos pero visibles emergidos, cuatro hasta donde los ojos de los arqueros notaron, abandonar sus puestos ocultos en repentina prisa por alejarse, por moverse, sin demorar en ser acribillados por los atentos vigilantes. Tres de cuatro cuerpos cayeron por el acantilado a la brevedad.

Ese fue el catalizador. Descartada la emboscada que no había dado el debido resultado, los pasos del ejército que ocupaba la isla se desataron en repentino estruendo, haciendo eco en los acantilados e indicando, aunque no aparecían enseguida a la vista, que estaban yendo a por los recién llegados. Atacarían de frente. Antes de hacer cualquier otra cosa, Pelleas calmó con escasas palabras en la lengua de los textos mágicos al mal augurio que lo acababa de ayudar, disipándolo, suavizando el peso de la magia en el aire y permitiendo a la luz del día nuevamente llegar a iluminarle. Satisfecho y hasta alegre con la ayuda que había podido prestar, el joven de cabello violáceo entonces miró por sobre su hombro a la reina, buscándola para regresar a su lado. No podía cesar de sonreír. Retornó tras filas con algo más de prisa a su andar; adelante, el ejército se preparaba para recibir a los atacantes y hasta avanzaba a su encuentro, pero la prioridad del príncipe había pasado a ser otra. De cualquier modo, asumía que los demás estarían bien.

- ¡Su Majestad! - Llamó al llegar a ella. Con una breve mirada la confirmó sana y salva, tras los minutos en que no la había tenido a vista. Reparó también en el tomo mágico en sus pálidas manos, preguntándose con repentina curiosidad si había comenzado a utilizarlo. Hasta el momento, en todo el tiempo que había tenido oportunidad de estar con la mujer y pese a saber que compartían doctrina, caía en cuenta de que no había llegado a verla conjurar jamás. Ni siquiera había cruzado su mente el obvio interés que siempre albergaba respecto a otros magos, el de verles cuanto menos en amistosa práctica para aprender también de ellos. Supuso que aquella podría ser su oportunidad. Alzó la vista que se había detenido en el tomo, aún sonriendo. - Ahora sí puedo permanecer con usted. ¿Vendrá? - Dijo, ofreciendo su mano sin pensarlo demasiado, ni caer en cuenta del estorbo que podía serle a alguien que ya tenía las manos ocupadas. Inconsciente todavía de los pormenores de estrategia militar, no veía gran problema en que la reina se diera la libertad de desplazarse al menos un poco. Tomaba mucho más su atención la idea de que, si avanzaran juntos, podría presenciar su magia y hasta emplear la suya en conjunto. Por descontado quedaba que, en cualquier caso, estaría protegiéndola.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Lun Nov 20, 2017 8:57 pm

La monarca llevo su mano libre,aquella que no sujetaba el tomo si no que hasta el momento descansaba sobre el mismo,hacia sus labios. Cubriendo su boca ligeramente con sus dedos,ocultando así la complacida sonrisa que de los mismos asomaban. Debía permanecer tranquila en la batalla,seria y calmada para sus hombres, una sonrisa antes de que a misma su hubiese decidido no era adecuada. Podría dar lugar a malentendidos, los soldados podían creer que la victoria estaba mas próxima de lo que en realidad estaba,podrían bajar la guardia y subestimar al enemigo. No... no era conveniente...

Sonrió complacida por la imagen ante si. La oscuridad que emergía del cuerpo ajeno. Como algo que había permanecido bien guardado,en el rincón mas oscuro y lejano de su alma, siendo contenido,siendo guardado celosamente... hasta liberarlo todo de golpe. Hasta que la oscuridad lo consumía, hasta que el mismo era parte de la oscuridad, hasta fusionarse ambos con tanta naturalidad que llegado a un punto no se sabia quien emana de quien ni quien estaba a merced de que.

Sonrió complacida por las flechas,que una vez mas salían de entre los riscos, pero que esta vez habían perdido toda su razón de ser.Sin fuerzas para alcanzar a sus hombres,sin la puntería necesaria para acertarles. Nada mas que un inútil trozo de metal unido a un palo. Consecuencia de una maldición que ella conocía a la perfección,dominada tiempo atrás a pesar del poco uso que le otorgaba. Maldición que suponía que provenía de la magia que envolvía y surgía del príncipe.

Y sonrió aun mas ante lo que eso significaba. O el príncipe era mas poderoso de lo que a simple vista parecía, de lo que en esos instantes se veía,siendo capaz de alcanzar su aura a objetivos sumamente lejanos. O los arqueros enemigos estaban relativamente cerca de la linera frontal de su ejercito. Arqueros que habían fallado,arqueros que habían desvelado su posición en aquella ocasión en la que no habían pillado de imprevisto a los suyos. Y con su posición revelada y la emboscada arruinada,esos seres que habían demostrado tener uso de conciencia ,dejaron atrás su plan. Para ir de frente contra el ejercito de los vivos que apenas llegaba a la isla.

El riscos que antes les habían protegido ahora se volvían contra ellos al tener que salir de su escondrijo para enfrentarse al ejercito de la reina cara a cara. El tiempo que tardarían en abandonar la formación seria el tiempo que regalarían a los magos, para prepararse para el encuentro. Alzando las defensas. Para lanzarse al ataque en cuanto esos seres entrasen en su campo de visión.

La reina observo aun desde su posición como los suyos se adelantaban,acercándose al enemigo que no tardaría en emerger desde las rocas. Los magos quedaron en segunda linea,los arqueros se acercaron e hincaron la rodilla en el suelo,tomando posición. Los portadores de armas de metal se adelantaron,cubriendo al resto de sus compañeros. Adelantando los escudos aquellos que los poseían.

Mas la mujer tampoco presto la debida atención a dichos movimientos,una vez vio que la formación volvía a tomar lo que venia siendo su forma usual,con cada miembro tomando su posición sin problema alguno,su titulo fue llamado y su atención acudió ante la mención del mismo. Enfoco su atención en la figura que con paso levemente apresurado se habría paso hacia ella. Yendo en dirección contraria al del resto de sus hombres.  Hasta llegar a ella. Se percato de que la vista del hombre no tardo en viajar de su figura al libro abierto sujetado por uno de sus brazo y manos. Cierto,era la primera vez que Yuuko presenciaba la magia de su igual. Y de la misma manera el no había tenido la oportunidad de presenciar su poder aun. Lo cual,en cierta manera, no era justo.

Sonrió levemente,esta vez sin ocultar su sonrisa, y desvió su rostro hacia los generales a su lado.Clavo su mirada roja en los mismos. Una advertencia silenciosa de la decisión que acababa de tomar,antes de volver a posar sus ojos sobre el hombre frente a el.Sonriendo aun mas al ser testigo de la confianza y seguridad que parecía haber ganado al liberar su magia.

-Sera un placer y un orgullo para mi el luchar junto a ti.

Tomo la mano que le era ofrecida,apoyando la propia contra la palma de la mano ajena. Apretando levemente el agarre.Aprovechando que estaban ambos unidos para ser esta vez ella quien se acercase a la zona de batalla.Guiando al príncipe a través de sus manos entrelazadas .Sus generales a su espalda,dejandoles una distancia prudente antes de segirles. Cerca pero no demasiado.

Para cuando retomaron el paso la batalla ya había dado inicio,saliendo esos seres de su escondrijo poco antes de que Pelleas alcanzase a la reina. Con los arqueros dejados a un lado,sin estar los mismo a la vista y sin volar ningún otro proyectil hacia los humanos. Las armas que predominaban entre las tropas enemigas eran espadas y lanzas. El choque metálico no tardo en escucharse,con los soldados de Durban deteniendo las armas ajenas con las propias.Dando la oportunidad a los magos de lanzar sus hechizos estando el enemigo inmovilizado u ocupado.

Yuuko se detuvo al creer que se había acercado lo suficiente. El enemigo estaba a su alcance,pero ella no estaba al alcance de su enemigo.No con sus hombres de por medio. Vislumbro como entre dos de sus soldados se había colado una lanza ,una que intentaba penetrar las defensas del ejercito para alcanzar el mago tras los espadachines,que al lidiar con otros seres no daban a basto para detener al lancero. El mago con la vista puesta en otro ser aun no se había percato del filo que lo buscaba.

-Si me lo permites...

Murmuro la reina a su acompañante al tiempo que soltaba el agarre de sus manos. Quedando su mano libre la apoyo sobre las paginas abiertas del tomo. Su vista estaba clavada en el ser,sin la necesidad de leer las palabras que ya conocía de memoria. Sus labios comenzaron a moverse,recitando en silencio el hechizo plasmado en el tomo. Las letras que lo componían comenzaron a arremolinarse alrededor de su mano,siendo desprendidas de la pagina que pronto quedaría el blanco. La mujer comenzó a alzar la mano poco a poco del libro ,una masa de oscuridad casi esférica destacando sobre la palma de su pálida mano. Oscuridad compacta,comprimida,que sin perder su casi difusa forma danzaba sobre si misma,como si tuviese vida propia,como si quisiera escapar del encierro de la esfera y ser libre.  Dirigió su mano hacia adelante,aprovecho su altura para poder apuntar con la misma a la cabeza del enemigo,que desde su posición y altura era capaz de vislumbrar entre los cuerpos de los dos espadachines que en esos momentos hacían de barrera entre ellos y los emergidos. Un nuevo y leve murmurar de sus labios y la esfera fue lanzada con relativa velocidad,impactando en la cabeza del enemigo. Derribandolo de forma instantánea,cayendo al suelo inerte,el sonido de la batalla silenciando el de la caída.

La reina no perdió el tiempo y tras cambiar la pagina vacía del tomo por una que volvía a estar plagada de letras , repitió el proceso. Apoyar la mano,murmurar,la oscuridad arremolinándose en su mano. Apunto al emergido que tras la caída del lancero se había visto distraído,buscando el origen del ataque que había derribado a su compañero. Para cuando sus ojos muertos alcanzaron los rojos de la monarca la magia de la misma había impactado sobre el, sobre su cuello. Cayendo sobre el cuerpo inerte del lancero derribado previamente ,en el mismo estado que su compañero.




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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Miér Nov 29, 2017 10:01 pm

Entre más tiempo Pelleas pasaba alrededor de la reina, más conseguía percibir un leve cambio en la actitud de los guardias y mayores oficiales hacia su persona. Mientras al principio toda interacción se había sentido bajo fuerte ojo crítico, miradas clavadas en él cada vez que sus manos estaban demasiado cerca o que cargaba un tomo mágico en su presencia, ahora no sentía tensión alguna repecto a sostener la mano femenina o en cualquier otra forma acercársele; quizás todo se hallase en su cabeza, nervioso al principio y alcanzando posterior comodidad, pero habría podido jurar que su presencia junto a la mujer quedaba mejor vista con el paso del tiempo. Quizás hasta fuese causa del trato entre naciones, si los altos oficiales de Durban estuviesen ya enterados, o quizás no se tratara nada en absoluto, mas habría podido aseverar menos insistencia respecto a mantener guardias con ellos, también. Así, con nada más que una suerte de muda conversación entre la monarca y los hombres en torno, dada sólo en miradas, Yuuko no tardó en partir sin problemas a su lado. Contento de verla a su vez tan alegre, en un aire que le sentaba más casual que la rígida perfección de sus vestidos ornamentados y sus salones de reunión, Pelleas ensanchó un poco su sonrisa. - Gracias. - Musitó en voz calma.

Irían juntos, entonces. Habiendo logrado sin demasiada contemplación un gesto caballeroso hacia ella, el de ofrecer la mano al invitar a acompañarle, el mago se halló entonces sin saber bien cómo seguirlo; si acaso soltar apenas se encaminase, llevar la mano a medio alzar para mantener la palma arriba o cómo exactamente sostener. De cualquier modo, apenas comenzó a tornarse causa de tensión en su mente, acalorándose en el agarre la palma de su mano, fueron los finos dedos de ella los que se acomodaron a su gusto y comodidad contra los suyos. Sólo debía dejarla guiar, centrarse en seguir. Más que contento con ello, el joven de cabello ondulado respiró otra vez y retomó sus pasos para mantenerse a la par, vista vuelta ya al choque de las tropas produciéndose más adelante. La magia fluyendo desde el tomo que sostenía, resonando con él, le traía más seguridad de la que podría siquiera explicar, mas la visión aún daba escalofríos. La ventaja siempre era de los emergidos, más capaces que cualquier hombre común; cualquier ejército sufría en el esfuerzo de sobreponerse a ellos. Preocupado de ver los números que se les abalanzaban, sin notar aún el detalle de la formación que las tropas de Durban habían tomado para recibirlos, él tan sólo buscó el lugar que pudiese tomar, el sitio en que su magia pudiese ser de ayuda.

Yuuko se lo hizo saber en el acto mismo de detenerse. La línea de infantería había conseguido frenar a los emergidos, alzando los escudos y deteniendo los ataques defensivamente en lugar de adelantarse a agredir; de ese modo, los magos posicionados detrás en largas filas de tomos abiertos y cánticos murmurados se encargaban de dar los verdaderos ataques, alzando ventiscas tan fuertes que ensordecían y que al dar contra sus enemigos cortaban como cualquier afilado acero, cuando no arrastraban a alguno de ellos por el borde del acantilado a las aguas. Era entre ellos que los arcanos tenían también lugar. Fue allí que la reina se soltó de él, que con la mano aún abierta no pudo evitar seguir atentamente lo que hacía. El viento agitando su cabello y su amplia capa le impedía oír el hechizo que la mujer iniciaba, mas su efecto saltaba a la vista como tinta regada sobre papel limpio. La magia era alzada de su libro en una forma mucho más controlada que la que Pelleas acostumbraba ver, pero su efecto era inconfundible. Aunque se lanzara velozmente a su blanco y no le siguiera ni sangre ni un grito para vaticinar la muerte, Pelleas sabía qué buscar y lo hallaba: la negrura atravesando la piel al momento del impacto, metiéndose hasta en los resquicios de los ojos o el interior de la boca, apagando la vida en el modo en que sólo ese tipo de magia podía. Había inmensa costumbre y control en ese uso, estaba seguro. En la relación entre la maga y la magia, en ese caso en particular, la maga aún mantenía su dominancia.

Con renovada energía pasó él también la mano por sobre su tomo, volviendo a abrirlo en un apresurado pasar de páginas que el viento a su alrededor aumentaba. No debía permanecer quieto, habiendo tanto que hacer. Ansiaba unírsele además, aunque la reina no estuviese en necesidad alguna de refuerzo el daeinita deseaba tomar parte, quizás presenciarla un poco más e intentar dilucidar las diferencias en sus hechizos que resultaban en tan particular comportamiento. Algo en su interior se inquietaba también, una especie de pensamiento intruviso y no del todo suyo que repentinamente exigía que su magia fuese liberada otra vez. Apenas su grave tono inició el conjuro, sonido perdido en las ventiscas, las sombras emanaron de la totalidad del pesado libro para alzarse en torno a la figura entera del hombre, moviéndose cercanamente a su alrededor. Su control no era absoluto, como el de la mujer a su lado, sino un equilibrio cedido y permisivo en el que igualmente se hallaba a gusto. Su vista gacha hacia las páginas se alzó al notar un movimiento extraño a su derecha, sólo un poco más allá de Yuuko; un hombre había sido empujado atrás de su posición defensiva, cuerpo atravesado por dos lanzas enemigas en cruz, dejando una apertura por la que los emergidos se empecinaban ya en irrumpir en la formación de los isleños. La línea de defensa sufría. Juzgando ese el blanco primordial, el magio movió la mano en corto gesto hacia adelante; las sombras a su alrededor, espesas y pesadas, se movieron con lentitud entre los cuerpos de cada soldado en el camino, evadiéndolos o cruzándolos con inofensiva ligereza hasta llegar a la zona de peligro. Allí las sombras se cernieron sobre uno de los emergidos, trepando su cuerpo y halándolo hacia abajo hasta cubrir su cabeza entera, comenzando a sofocar, a la vez que a perderse al interior de la criatura. Ambiciosa, la magia restante se extendía también hacia los más cercanos a aquel. El proceso era lento, mas aquello que el hechizo eligiera no parecía librarse con facilidad, sus cuerpos decayendo en un desconocido desgaste apenas el humo negro se las arreglaba para ingresar.

El mago tensó los dedos sobre las páginas, continuando en un murmullo las repetitivas e insistentes palabras con que habría de permitir a la oscuridad seguir sirviéndose de aquellos seres. No obstante, pudiendo hacerlo en ese entonces, su vista pasó con rapidez por su entorno inmediato, buscando confirmar que no hubiese amenaza más próxima y terminando por hallar algo más. Una sombra salía de los acantilados donde los arqueros antes se habían ocultado. En principio asumió que sería otro de ellos, ya bastante alerta con eso, mas cuando la figura extendió alas con que separarse del suelo su alerta aumentó de súbito. Silenciándose y cerrando la mano en un puño sobre su tomo, cortó el hechizo en proceso. - ¡Un subhumano! - Advirtió, aún a sabiendas de que el viento probablemente tragaría su voz. Ceño ya fruncido, tomó aire y preparó con mucha mayor fuerza un nuevo hechizo, musitando los comandos más severos que podía recordar. Como si comprendiese su intención, la oscuridad se difuminó con mayor rapidez, desplazándose en hilos de fino humo para volver a condensarse en torno al cuervo que intentaba volar a libertad, atrapándolo y azotándolo a la costa rocosa. Bestias como aquellas eran aún más peligrosas cuando podían desplazarse libremente en el aire; no debía arriesgar a sus aliados a ser dañados por una. Inconscientemente se movió más cerca de la reina, llevando la mano con tal levedad a su espalda que apenas las yemas de los dedos cosquillearían en roce contra la tela del vestido, sin siquiera llegar a apoyar, pero necesitando mantenerse al tanto de donde estaba y de que seguía a salvo.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Vie Dic 08, 2017 2:20 pm

El sentirse cómodo en un campo de batalla no debería ser una buena señal.Significaba que uno se había habituado a ello. A las constantes peleas,al ser rodeado por la sangre y la muerte,a los compañeros poniendo su vida en riesgo,a sus compañeros perdiendo al misma,al peligro y la adrenalina que recorrían el cuerpo al enfrentarse a ese rival cuyo único objetivo parecía ser el acabar contigo y los suyos. Significaba el haber vivido y visto tanto dicha escena como para acostumbrarse a la misma. O significaba que lo que ocurriría contigo,que el destino de la batalla y las consecuencias de la misma no te importaban. No era una buena señal. Se mirase por donde se mirase.

Y sin embargo,a pesar de ser consciente de ello, había cierta familiaridad y comodidad en el campo de batalla para la monarca. No era el luchar,no era la batalla en si, ni sus soldados rodeándola,ni el enemigo cayendo a su alrededor lo que le daba esa sensación. Si no la magia. La magia en toda su extensión,en todas sus formas,rodeándola. El sonido de los hechizos llenando sus oídos ,entremezclándose con el choque del acero y los gritos,los golpes. Era el fuego que abrasaba en sus cercanías,el rayo que rompía el cielo en dos y los iluminaba,el viento que movía las hojas de los tomos al mismo tiempo que se encargaba de derribar enemigos. La escasa magia de luz sanando las heridas. Y la oscuridad. La fuerza de destrucción,la fuerza de la noche, tan familiar,tan propia. La oscuridad en sus cercanías rodeando a otros,la propia contenida en su interior,clamando por salir ,por alcanzar a su enemigo.

Odia las batallas,por lo que eso implicaba para su país. Odiaba poner a sus soldados en peligro,y odiaba mas no poder evitarlo,no tener mas remedio que seguir los deseos de su enemigo y entrar en confrontación. Pero incluso en esa repulsión, en esa aversión a lo que sabia que era su deber, encontraba comodidad. Una que le permitía formar parte de sus propias tropas, confiarles su vida,mantener la compostura... Porque su labor era luchar,pero mas importante que ello,era liderar. Era el mantenerse firme por otros. Ser el apoyo moral que necesitaban en esos momentos,convertirse en algo a lo que podían sostenerse.

Y aun rodeada de magia,con la protección y familiar confort que la misma le ofrecía,su deber resultaba doloroso. Cuando por el rabillo del ojo alcanzo el ver como uno de los suyos era empujado. Cuando giro levemente la vista para ver como caía antes un par de armas enemigas,sin posibilidad de salvación. Ver a los suyos caer siempre era tremendamente doloroso,mas aun el no poder hacer nada por ellos. Y mas aun el tener que permanecer calmada,con dicha calma trasmitiéndose a su rostro,sin poder alterarse ni mostrar el odio que sentía por su rival, pues eso poda alterar a sus hombres.

No podía llorar,no odiar. Ya habría tiempo para ello después. Cuando todo hubiese finalizado,cuando el enemigo no estuviese a punto de romper sus filas. Permitió a la oscuridad emanar de ella,pues el no poder mostrar su sentir no significaba que no pudiese usar las maldiciones que tan bien conocía en cuerpo y alma. Dejo la oscuridad surgir,comenzarla a rodearla,y que el frió de la misma invadiese a sus enemigos.Temblando sus manos en las empuñaduras de sus armas,temblando su agarre,fallando el ataque si el mismo no había sido encaminado antes de que su oscuridad surgiese.

Cambio de pagina una vez mas,llevo la mano a la misma.Mas no tuvo tiempo de conjurar nada cuando vio la magia. Abriéndose paso entre sus pies,entre los de sus hombres,hasta alcanzar a su objetivo. Una oscuridad que se abalanzo sobre el enemigo,alcanzándolo,cubriendo partes de su cuerpo. A uno,a varios... Hasta abandonarlos,hasta dejarlos vacíos,y caer inertes. No por un ataque directo a un punto vital,tal y como había sido el hechizo de la reina. Si no por la oscuridad robando la vida del interior de los emergidos. Magia poderosa,magia que no cualquiera de sus soldados era capaz de manipular. No a ese nivel,no ese tipo de magia... Sabiendo que los escasos miembros de sus filas capaces de ello no se encontraban cerca suyo la relaciono rápidamente con el príncipe invitado. Le confiaría a el entonces esa rotura.

En cuanto los enemigos cayeron por la magia de Pelleas sus hombres no tardaron en aprovechar el momento para volver a tomar la formación,para volver a unirse en un muro defensivo. Acercándose mas magos que con anterioridad a dicho punto,sin perder el tiempo. La reina analizo con su mirada sus alrededores,la oscura maldición aun rodeándola. Su vista clavada en una posible nueva rotura.Mas no la encontró,sus hombres mas atentos ahora tras el susto que acababan de llevarse. Un susto que podía haberse convertido en desastre.

La mujer ,con la mano en el tomo,invoco de nuevo sus hechizos,de la misma forma que lo había estado haciendo. Dirigiendo la oscuridad tornada esfera a los rostros de los emergidos,a sus cuellos,a sus torsos cuando no le permitían una mejor diana... pasando su magia entre sus hombres.Dirigiendo sus ataques a los puntos donde consideraba que había menos magia acumulada,donde veía hemos hechizos siendo entonados,conjuros mas lentos siendo pronunciados. Menos espadas y escudos... Aun sin moverse demasiado de su posición,sabiendo que el mago extranjero estaba cercano a ella y no queriendo separarse de el en demasiado. Dando pequeños pasos,dirigiendo sus hechizos a sus alrededores.

No escucho la voz de Pelleas,pero si noto su toque a la espalda. Girándose ante el mismo,sin sobresaltarse al sentirse a salvo entre sus soldados. Extrañada por el toque,no por el mismo,si no por el lugar donde parecía desear apoyarse la mano ajena,por el momento y las circunstancias elegidas para ello. Evito fruncir el ceño en confusión al girarse levemente hacia el príncipe y dirigir su atención al mismo.

-Sucede algo?

Le pregunto,en un tono no muy elevado.Una pregunta solo para el,no para los que les rodeaban. Siguió entonces con su vista la ajena ,observando a lo lejos la figura.Tardo unos instantes en identificarla,sabiendo únicamente que no se trataba ni de un aliado ni de un emergido,o al menos no con dichos ropajes. Un cuervo. Caído,seguramente muerto por la inusual posición de su cuerpo. No recordaba haber visto ningún cuervo en su llegada. Habia sido herido por un emergido? Habia sido atrapado en el fuego cruzado de la batalla? En esos momentos poco importaba, no tenían tiempo para llorar y centrarse en sus caídos, menos en una figura que no era de los suyos,por mas que no desease victimas inocentes. Se preocuparía de ello después. Cuando todo hubiese finalizado.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Dom Dic 24, 2017 6:34 pm

Por un momento, se preguntó si acaso había perdido noción y control de sí, cediéndole a la oscuridad más albedrío del que ya generosamente permitía. En el sobresalto y el arrebato de vislumbrar lo que más repudiaba, de atacar a un subhumano en huída, bien podía ser que hubiese sucedido. No obstante, el aura subsidió antes de que su propia alerta lo hiciese, indicando que tan familiar sensación de piel erizada y necesidad de aguantar el aliento sólo podían haber provenido de la maga oscura más próxima. No podía decir que le sorprendiese. Despertaba cierta curiosidad cómo en entornos tan distintos como la cruel Plegia y las ilustres Islas de Durban los arcanos desarrollaran las mismas presencias, iguales todos ellos en lo que a la magia respectaba, pero ningún rechazo a tales efectos; no le molestaba sentir el escalofrío en sus brazos ya, si podía tensarlos para que sus dedos no temblaran en descuido contra la espalda de la mujer. No rehuía al temor innato, no se negaba a nada que la familiar y confortante magia implicara. A fin de cuentas, todo era una faceta más. Miró a la gobernante conjurar y soltar, quizás a sabiendas o en ignorancia de lo que había surgido de ella por algunos momentos, hasta que le notó de regreso y se volvió a él.

Por supuesto, lo primero que el daeinita hizo fue alejar la mano de su persona con la rapidez de quien se quemara las yemas de los dedos, o quien fuese atrapado en el oro de arcas ajenas. En retrospectiva, veía y se reprochaba a sí mismo profundamente el exceso de confianzas tomadas en toda aquella jornada. Él también, junto a la mujer, dio una mirada por el borde del acantilado para constatar el estado de la criatura en el fondo, ya parcialmente cubierta por la espuma formada en el quiebre de las olas contra las rocas. Lo más probable era que hubiese muerto antes de tocarlas. Su respuesta entonces pudo ser dada con alivio, al tiempo que negaba con la cabeza. - Ah... no, ya no, su Majestad. Sólo era un subhumano. Si otro viene hacia nosotros, lo detendré también. - Dijo, serio al respecto, mas tan natural para él como lo era reportar la caída de lluvia. Su mirada apenas halló la ajena de forma pasajera, luego bajando al hálito mágico que regresaba a su libro y a él. Mantendría a sus aliados a salvo tan bien como pudiese, sabía que los cielos debían también ser vigilados e intentaría hacerlo.

Pero era cierto aún que la amenaza adelante era mucho más grande, y su momento de distracción con una secundaria se había extendido ya quizás demasiado. Soltando un leve sonido de sorpresa al regresar su vista al estado del conflicto, Pelleas buscó aprisa el modo de retomar su participación. Ningún otro imprevisto había ocurrido; la defensa rota había sido enmendada, la línea de soldados otra vez inamovible y el número de enemigos disminuido ante ellos. Habían conseguido encargarse de la primera oleada, y con eso pasaban a ser quienes llevaban la ventaja numérica. Contando con que no hubiese refuerzos enemigos en camino, o que no arribaran a tiempo, las cosas lucían suficientemente bien. Aún así, despreocuparse no estaba en la naturaleza del mago, y con la esperanza de llevar a rápido término la ya extenuante batalla se reincorporó, sin siquiera pasos adelante que le separasen de su sitio junto a la reina, sino sólo conjurando desde allí. No hacía falta bajar la vista al libro, sólo murmurarse las palabras ya familiares y conocidas. La oscuridad, de cualquier modo, sabía hallar su camino hecha jirones de humo espeso entre las piernas o bajo la sombra de las tropas, cazando a su enemigo hasta aferrársele, atravesarlos con su frío y doloroso tacto para que las armas y hechizos de los demás les terminasen con más facilidad. A cuenta nueva comenzó a acumularse y arremolinar en torno al mago, partiendo donde sus pequeñas indicaciones pidieran y regresando siempre a él.

Sus manos no dejaron su libro otra vez. Consciente, avergonzado en su justa medida, permaneció junto a Yuuko de tal modo que pudiese constatar su bienestar, mas no volvió a transgredir el comportamiento que estimaba adecuado. Sólo estar allí sería suficiente, ver y callar, sumirse en su magia, como sentaba mejor a alguien como él. De cualquier modo, por motivos que el príncipe ignoraba y que no despertaban en él ni curiosidad ni sospecha alguna, poco atento y entendido respecto al flujo general de un campo de batalla, no había más de aquellas criaturas arribando a la costa aún cuando las presentes se hallaban perdiendo. Bien podía ser simple falta de más de ellos en Kilvas, después de las numerosas excursiones del ejército de Durban, como podían ser variadas otras explicaciones desde mundanas hasta estratégicas; él, personalmente, no le daba demasiado pensamiento. Tan sólo reparaba ausentemente en que no quedaban demasiados de ellos, y que a esas alturas los pocos emergidos que conseguían reagrupar o mantenerse unidos comenzaban a retroceder, buscando instancia en la que alejarse por completo, huir o perderse en los acantilados.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Sáb Dic 30, 2017 11:54 am

Ahora lo entendía. No habían sido ni los enemigos ni el fuego cruzado,no era un daño colateral de la batalla... Habia sido su invitado. Otro recordatorio mas de las diferencias entre naciones,en el modo de pensar y de tratar según que asuntos. Algo que no podía remediar, pues de la misma manera que ella no iba a cambiar su modo de ver las cosas seria injusto y cruel pedirle al otro que lo hiciera. Tampoco quería entrar en discusiones,ni era el momento para ello. No era ni el lugar ni el tiempo.

-Si aparece otro... ignóralo. Ahora mismo la prioridad es acabar con los emergidos, no estar atentos ni buscar a un enemigo que no sabes si aparecerá... De todas formas si aparece alguien y es tan insensato como para unirse a la lucha no durara mucho tal y como están las cosas... Ahora debemos poner toda nuestra atención en las tropas aliadas y enemigas.

Las palabras volvieron a salir en un tono bajo,mas que un susurro para sobrepasar el sonido de la batalla que les envolvía. Pero aun así una voz suave,que solo alcanzase a aquel al lado suyo.

Seguía con el tomo abierto en sus manos,la mirada atenta a sus alrededores. No habían conseguido volver a romper sus filas. Si herir a algún soldado,pero los mismos eran sacados de su posición por sus compañeros si ya no estaban en condiciones de luchar o corrían riesgo. Otro compañero tomaba entonces el lugar,o los soldados se separaban un poco mas entre ellos para tapar el lugar dejado si no había quien lo sustituyese.Con los magos y excesos arqueros detrás ,atacando,cubriéndoles en el cambio de posición. Si los suyos caían, pues en cualquier batalla había heridos por ambos lados, pero no su formación, no sus filas.

Los números perdidos por su bando no eran nada en comparación a los que perdida el enemigo. Se veía poco a poco como habían caído tantos que los restantes no tenían opción alguna de romper la defensa del ejercito de las islas. Comenzaron a reagruparse e intentar atacar reagrupados. Pero poniendo todos sus esfuerzos en un único punto ,en una única zona,implicaba que sus magos podían hacer lo mismo,concentrar su magia en dicho lugar.

Los emergidos,que ya habían dado muestras suficientes de ser seres pensantes,de ser creadores de estrategias, comenzaron entonces a retroceder. Poco a poco... preparando la retirada.... Si a esas alturas no habían recibido refuerzos dudaba mucho que los recibieran ahora,a no ser que planeasen alguna trampa,a no ser que ellos mismos fuesen a buscarlos....

Ya no había motivo,ni enemigos suficientes ,para que sus tropas mantuviesen la posición defensiva que habían mantenido hasta el momento.

-Romper la formación! Ir a por ellos con todo lo que tengáis, que no huyan! Acabar con ellos antes de que lleguen a los acantilados! No permitáis que lleguen! Y si llegan no los sigáis!


La mujer grito la orden, a todo pulmón y con voz firme. Su cercanía para con sus soldados,su posición en la batalla,hizo que su voz los alcanzase a todos con facilidad. No tardaron entonces en romper las filas,abalanzarse contra los emergidos agrupados mas cercanos,ellos también yendo al ataque en grupo. O salir corriendo para perseguir a quien intentaba huir ,con intenciones de frustrar sus intenciones. Algunos magos mantuvieron su posición,lanzando hechizos desde la misma pues el enemigo aun estaba a su alcance y así ahorraban tiempo. Otros se movieron,acercándose al enemigo pero no yendo directamente a ellos,acercándose lo suficiente para conjurar y que sus magias los alcanzasen.

Y así el numero de emergidos bajo aun mas, acabando con la mayoría de ellos al perseguirlos únicamente para dicho fin.

Si ninguno alcanza los acantilados,si no recibían refuerzos,esa batalla habría finalizado ya. La victoria siendo suya. Pero aun así,por precaución,por costumbre, la reina no cerro aun su tomo. Pues prefería pecar de cauta que de orgullosa.
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Mar Ene 23, 2018 12:36 pm

Asintió a las palabras de quien se hallaba indiscutiblemente a cargo, la mujer a quien él mismo había rogado con un mar de ansiedades que sólo le diese sus órdenes. Si había sido él quien podría haberse puesto a sus pies para ser exonerado de responsabilidad, desde luego que podía acatar sus directrices, aunque estas le dejaran algo de preocupación. Los subhumanos representaban un enorme peligro, nunca menos que eso; descuidarlos no era seguro, quizás ni siquiera para un grupo armado. Pelleas les temía mucho más que a cualquier emergido. Aún así, comprendía que con esas mismas criaturas allí, era cierto que ningún tercero que se adentrara en la batalla duraría, y que por tanto la amenaza mayor era otra. Llegó a entrabir los labios, mas acató al fin y al cabo. Sus dudas serían resueltas al momento en que encontrase la sombra de otra ave monstruosamente enorme descendiendo sobre ellos, si es que sucedía.

Sus ojos siempre titubeantes permanecieron hacia el frente, como su magia permaneció en exceso presente en torno a él. Producir demasiada no era sino la única forma en que lo hacía; liberar un mínimo a las sombras era liberarlas al punto en que pudieran deambular a su alrededor de esa forma, negras y volátiles, emanando de su tomo y atravesando la piel de sus manos o sus brazos de a momentos. Así era, también, como mejor podía guiarlas. Cuando el enemigo comenzó a intentar retroceder y Yuuko dio la orden de exterminarlo, Pelleas no debió hacer mucho más que agregar una palabra a sus conjuros y gesticular cortamente con la mano, para que la magia ya acumulada cayera como las olas contra las rocas, precipitada sobre el primer enemigo que se movía como para dar la espalda. Ya no dudaba cuando combatía emergidos, pues ya no les temía. La nula percepción de humanidad en esas criaturas volvía el acto de combatirlos metódico, en cierta forma simple. No deseaba apartarse de la reina, mas con el propósito de cumplir su orden debió dar un par de pasos más hacia adelante, subiendo su mano fuera de las páginas de su libro para alzar sus sombras fuera del suelo, luego bajándola un tanto para que estas se aferraran a las piernas en huida de un enemigo, y finalmente comenzando a cerrarla para que la negra magia trepara sobre el cuerpo y el rostro, empujando con pesadez hacia el suelo y ahogando. Era una doctrina lenta pero severa; no a muchos retenía el joven príncipe, mas se encargaba de lo que podía y se aseguraba de no dejar vida en los que atrapaba.

Cuando alzó la vista fuera de aquel blanco, la costa ya había sido prácticamente despejada por el ejército de magos. Un puñado de emergidos habían conseguido salir de la zona y perderse en los acantilados, mas como había indicado la monarca, nada se había hecho con esos sino dejarlos ir. Los cuerpos de los demás atestiguaban el número de bajas, regados y apilados en el suelo rocoso, cuando no caídos por el borde a las aguas, sin comenzar siquiera a ser apartados o revisados aún. El ejército se reagrupaba primero, capitanes recordándole a sus escuadrones desistir de persecuciones isla adentro. Así mismo Pelleas resolvió cerrar su tomo, descansando los dedos sobre la tapa con una sonrisa casi que de añoranza. Se sentía más calmo y seguro cuando la magia estaba fuera, con él; perdía ese pequeño refugio cuando el proceso terminaba, aunque había aprendido a despedirse de ello, por cuanto sostener el libro entre manos causara permanecer algo del alivio. Poco cansado en el fondo, demasiado acostumbrado a su propio nivel de manejo de sus fuerzas, Pelleas se volvió sin dilación hacia la reina.

- Um, ¿qué deberíamos de hacer ahora, su Majestad? Son pocos los que huyeron... - Comentó ausentemente; no sugería curso de acción en particular, pues seguía sin ser adepto a asuntos estratégicos. Para él, quien aún podía continuar si así se le pidiese, cualquier decisión desde ese punto en adelante estaría bien. - Tampoco vinieron más a esta área, ni volví a ver subhumanos... me pregunto si simplemente están dejando estas islas. Eso sería bueno. - Murmuró, pensativo y un tanto esperanzado. Sin dudas, aquello tendrían que ser buenas noticias para las Islas de Durban, que habían tenido que lidiar con las tribulaciones de esa área. Al príncipe, personalmente, le aliviaba en mayor medida la ausencia de los cuervos que la de los emergidos, tranquilizándolo. Retornando el par de pasos que le habían separado de Yuuko se posicionó atentamente a su lado, su porte cabizbajo deshaciendo un poco la diferencia en altura pero su humor en absoluto alicaído para variar. Esta vez, fuera de la prisa del combate, fue consciente de mantener sus manos en su libro y evitarse repetir las confianzudas transgresiones de antes. - Espero no haberla... incomodado. O estado en su camino. Acostumbro hacer esto a solas mucho más que en grupo. -
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Ene 28, 2018 3:55 pm

La mujer intentaba que su vista nunca se centrase en un único punto. Era distinto cuando se trataba de un soldado, cuando su deber era el acabar con el enemigo frente a el,cuando toda la atención debía ser centrada en el frente. Pero ella no era la que acataba ordenes,si no la que las daba. Debía tener control de todo el campo de batalla.Todos sus sentidos repartidos por igual ,pues de no ser así el enemigo podía pillarles desprevenidos en cuanto su vista dejase de prestar atención en algún lugar. Debía de recordar que el enemigo siempre estaba atento,esperando la menor oportunidad para hacer su movimiento, por mas que pareciese que ya había perdido,que no tenia intenciones de luchar... por mas que la realidad no fuese así la mujer se lo recordaba, porque en esos momentos cuando no era su vida la única que caía en sus manos,que era su responsabilidad,mas valía prevenir.

Y aun a pesar de tener ese concepto muy en cuenta en esa ocasión no podía evitar que su vista se centrase mayormente en un único punto. Volviendo su atención cada poco al príncipe frente a ella. No, no era la figura ajena lo que llamaba su atención,si no la magia. La forma que la oscuridad tomaba, como esperaba el momento oportuno para que ,bajo las ordenes del mago, atrapase al enemigo y lo condenase. A una lenta y mortal agonía de la que no tenia escapatoria,de la que era inútil resistirse... Parecía cruel, y macabro,una magia que ne otros países se asociaba directamente con la maldad. Pero no. La oscuridad no era solo maldad, era lo que reinaba la noche, lo que hacia mas brillante el día... era parte de la naturaleza humana,de todos los corazones,de todos los seres vivos... Y para la reina, como para cualquier mago oscuro, era hermosa. Una de las tantas maneras en la que la vida y la muerte eran manifestadas en este mundo. Y era aun mas hermosa siendo manipulada por el príncipe de Daein.

Se pregunto si algún día ,de tener la oportunidad,Pelleas estaría dispuesto a entrenar con ella. No como reina y principie si no como simples magos. Se alegro de ser aliada ,no solo de un país tan fuerte ,si no también de un mago tan poderoso... tener a futuro a Daein como enemigo seria peligroso... para quien tuviese la mala fortuna de tenerlos como enemigos...

Sonrió,no por la magia ajena esta vez,si no por la visión frente a ella. La playa despejada,la batalla finalizada. Aquellos que habían conseguido huir habían sido una mínima parte. Podrían dar,por el momento,la expedición finalizada.La victoria conseguida. Pero atentos,aun,hasta que abandonasen la isla.

-Que los heridos suban al barco y sean tratados.Los demás que examinen a los caídos, puede que tengan alguna información útil. Si no es así que se agrupen y comiencen los preparativos para abordar el barco y zarpar. Pero primero ,los heridos.

Ordeno,con suavidad y un tono de bajo, al general a su lado. El hombre asintió antes de partir para trasmitir la orden a los capitanes. Yuuko lo vio marchar, y apenas unos segundos después Pelleas llego a su lado. Le sonrió,suave,tierna.

-Buen trabajo... Ahora no haremos nada. Volver a Durban. Es peligroso adentrarse isla a dentro. Kilvas a sido tomada por los emergidos ,son ellos los que gobiernan este lugar. Adentrarnos en la isla y perseguir a los pocos que han huido con la cantidad de efectivos que tenemos ahora mismo seria un suicidio... Lo único que podemos hacer es lo que hemos echo hoy. Venir, y sin separarnos de la costa,disminuir el numero de emergidos en cada batalla. Poco a poco,a hasta que el adentrarnos en la isla y acabar con todos en una única batalla sea una opción...

La mujer explico,con seriedad. Pelleas no tenia porque estar al tanto de la situación de la isla de los cuervos,o al menos no en tanto detalle como ella. Quiera explicar sus motivos,no solo ordenarle,para que el otro entendiese el porque de las acciones que tomaba. Puede que para servirle de ejemplo, para que viese las acciones de otro monarca fuera aparte de su propio progenitor, o puede que simplemente porque deseaba hacerlo. Tampoco ella lo tenia del todo claro.

-Dejar esta isla ,aparte de bueno,seria inteligente... Los emergidos han tomado el lugar y los están matando,quedándose aquí condenan a su propia raza a la extinción... Puedo entender el amor que se tiene por la patria,mejor que nadie, pero si ese es el caso... si los cuervos aun permanecen en este lugar... no creo que merezca la pena,por mas que amen la isla...

La reina dio media vuelta ,encarando el barco,con intenciones de encaminarse poco a poco al mismo. Esperando primero a que Pelleas se pusiese a su lado. Cuando lo hubo echo comenzó a caminar.

-No me has incomodado,ha sido fascinante. Tu magia es poderosa y hermosa... cautivadora... Ha sido un placer tenerla de mi lado... Aunque si te recomendaría que poco a poco comiences a familiarizarte a hacer estas cosas en grupo,después de todo tarde o temprano te tocara ser parte de tu propio ejercito...
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Vie Feb 16, 2018 8:54 pm

Había cumplido su parte en la batalla. Terminado eso, Pelleas no se hacía mucha idea de cómo colaborar a las siguientes actividades del ejército, por lo que dirigirse de forma directa a Yuuko era su modo de evitarse ser un estorbo en el camino de los demás. Mirando por sobre el hombro a los otros soldados, organizados, los hallaba ya separándose para comenzar a disponer de los caídos, mas parecía que no le tocaría por la ocasión ser parte de esa clase de trabajo. El gesto en el rostro de la reina le daba a entender que con lo que había podido hacer estaba suficientemente complacida, aunque la mirada exacta que le dedicaba le hacía apartar la suya de sopetón hacia sus propios zapatos, sintiendo un tanto de calor subirle al rostro en timidez. Todo, halago incluido, le tomaba desprevenido y le dejaba carente de respuesta rápida que dar. Al menos, sabía que había hecho bien. Terminó tan sólo escuchando y asintiendo pausadamente con la cabeza; se preguntaba cuanto habría de tomar la operación que la reina describía, cuanta paciencia a ciegas requeriría, cómo sabrían cuando era momento y una infinidad de nimiedades más, no podía evitar pensar que toda delicadeza era demasiada cuando se reclamar una tierra se trataba, pero a fin de cuentas, no era propio de él emitir pensamiento en voz alta cuando no le era directamente pedido. En cambio, ofreció lo que creía adecuado.

- Espero que todo continúe marchando bien. Si en el momento en que esté lista para el último ataque quiera engrosar las filas, o tener refuerzos en los que contar, hágamelo saber. Me gustaría ayudar más. - Dijo, de a poco volviendo a levantar la vista. Suponía que no era inmiscuirse si sólo ofrecía, aunque deseara con todas sus fuerzas que ella diese tal llamado en su momento. Odiaría ver el día en que las islas fueran purgadas de emergidos, volviesen a paz y las manos que las tomaran fuesen otra vez talones de cuervo laguz. Si lo que la reina había observado persistía había buena posibilidad de que no regresaran en el futuro próximo, mas le preocupaba igualmente. Volvió la vista al paisaje tan silente ya, y a las costas que se veían más allá de sus aguas, dibujadas en una distancia que engañosamente parecía poca. - Me gustaría que sean las Islas de Durban las que se queden con este sitio, cuando todo pase. Sería buen puente a Tellius... y me daría tranquilidad. - Exhaló. Entonces, sin momento de duda, echó a andar a la par que la otra maga, asumido ya que su sitio era permaneciendo a su lado.

Las siguientes palabras de la mujer le hicieron dirigir la vista al libro todavía entre sus manos, el que no estaría guardando por largo rato todavía. Sostenerlo seguía siendo tan confortante como agradable. Instintivamente fallaba en discernir lo que podía ser un halago para él o tan sólo para la magia que canalizaba; se le hacía una separación difusa y difícil de explicar. De todos modos, le alegraba. Pasó el pulgar por el borde de la tapa y sintió la energía aún allí, una voz que llamaba en lo más recóndito, como un pensamiento que no le pertenecía, más compañía que amenaza. Él también había observado extensamente a Yuuko en el combate y se preguntaba, ahora, todo detalle respecto a su relación con su propia magia, tan contenida y obediente bajo sus manos. Era allí donde yacía su interés, no tanto en la gran escala del combate o la línea de mandos; combatir era sólo parte de estudiar, no la finalidad en sí, al menos no para alguien como él. Pero entendía la importancia, la atención que tendría que estar prestando. Bajó la cabeza con algo de culpabilidad, ascendiendo ya la tabla que conectaba la tierra de regreso con el barco.

- Oh, uhm... supongo que eso es verdad, tendría que... - Concordó, aunque sin dar más que eso. No podía prometer que comenzaría o que haría algo al respecto, se evitaba decir algo que podría resultar mentira. - Pero estaba esperando, alguna vez, poder verla usar magia también. Le agradezco permitírmelo, le agradezco mucho todo. Mi magia es... probablemente sea lo más importante para mi. Aún quiero mejorar y alimentarla, de modo que sea una fuerza que sumar a Daein. - Explicó, regresando a la temática de su interés mientras sus pasos le dirigían a la par de la mujer por la cubierta del navío. Los soldados con heridas de escasa gravedad estaban siendo atendidos en aquella misma zona y el resto, quienes ya habían regresado de tierra o de otro modo no se hallaban ocupados, comenzaban a preparar para el retorno. Más de alguno dirigía su atención a su reina, o se acercaba con prudente separación a la espera de comunicarle o consultarle algo, mas Pelleas fallaba en notarlos, continuando. - Todo lo que usted hizo, el modo en que la manejaba... ¿lo aprendió en Durban? ¿Es así como todos los magos arcanos aprenden, o acaso el modo en que conjuraba su maestro, solamente? ¿Quien le ha enseñado a usted? - No contuvo su curiosidad, deteniéndose sólo ante la entrada que dirigía escaleras abajo al interior del barco. Allí otro oficial buscó la atención de Yuuko, y dándose cuenta de que interrumpía, Pelleas finalmente dio un paso aparte, mirándola con una sonrisa culpable. - Lo siento, um, no ha de ser el mejor momento todavía, supongo que durante el viaje tendremos más tiempo para platicar. -
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Feb 18, 2018 8:37 pm

-Si las cosas continúan de esta manera irán bien. Requerirá de tiempo si,pero ira bien...

Pero las cosas no siempre salían tal y como uno deseaba,planeaba. Y demasiado bien estaban saliendo las cosas últimamente para las islas. Las islas en teoría habían sido liberadas de esos seres,los piratas seguían siendo un problema pero tras incansables batallas contra los emergidos no estaban resultando un gran problema, caían con facilidad a manos del ejercito. Y las incursiones en Kilvas estaban siendo productivas. Batallas victoriosas y pocas bajas,el momento y el lugar bien elegidos. No dejándose apresurar ,no dejándose llevar por la codicia... Poco a poco paso a paso.... Sin subestimar al enemigo...

Las cosas fluían. Y Yuuko sabia que en esos momentos era cuando todo podía desmoronarse. Que debía tener mas cuidado que nunca a la hora de avanzar ,mas precaución,los ojos mas abiertos que nunca...

-Si tu deseo es ayudar cuando llegue el momento te informare... Y entonces ,dependiendo de tu situación,decidirás si formar parte de esto o no....

Quería decirle que no era necesario,que la ayuda prestada hasta el momento era mas que suficiente. Pero seria descortés por su parte negar la ayuda ajena, y tampoco tenia derecho a negarselo a Pelleas si eso era realmente lo que el deseaba hacer.

-A mi también me dará tranquilidad que Kilvas pase a pertenecer a Durban... Serian un buen puente entre Tellius y Elibe, uno mejor de lo que lo es ahora al ser mas islas... Y quedaría algo mas cerca de Daein....

El tiempo pasaba. El mundo cambiaba. Así como la reina de Durban y sus motivos. Habia comenzado las incursiones,siendo menos , destinando menos soldados a ello, no porque deseara quedarse con las islas de los cuervos. No. Habia comenzado aquello para alejar a los emergidos de las costas de Kilvas,para evitar que los seres que poblaban esa isla acudiesen a Durban. Para mantenerlos a raya,lejos de sus aguas,e impedir así que los emergidos de Kilvas se uniesen a los que amenazaban sus amadas islas. Pero la situación había cambiado. Durban había conseguido liberarse, Kilvas seguía cayendo, y Phoenics.... ya no podía permitirse la bondad y la ingenuidad de creer que con mantener a los emergidos de Kilvas a rayas bastaba para mantener sus aguas a salvo. No ,eso ya no era suficiente.

-Pero mas que un deseo,que una tranquilidad... llegados este momento que Kilvas pertenezca a las islas de Durban es una necesidad. No puedo permitirme que lo que a ocurrido en Phoenics vuelva a ocurrir, no tan cerca de mis aguas... Y si los cuervos no son capaces de impedirlo,si no son capaces de proteger la isla, lo haré yo. La tomare como mía y la protegeré. No voy a permitir que otras islas en estos mares acaben siendo conquistadas por emergidos...

La seriedad y la determinación se apoderaban de su voz,mientras sus pasos junto con los del príncipe continuaban ,adentrándose ambos en el barco. La reina paseaba su mirada por sus alrededores mientras sus oídos prestaban total atención a las palabras de su acompañante.

-Si lo estabas esperando podías simplemente haberlo pedido en palacio. Podíamos haber entrenado juntos. Aun podemos si así lo deseas.... Y... es normal. Que sea importante para ti. Que sea lo mas importante. Después de todo tu eres parte de la magia, y la magia es parte de ti... Te da fuerza,te impulsa a seguir estudiando,a mejorarte... te hace ser quien eres. Y tu Pelleas,quien eres,quien fuiste y quien seras... eso es importante...

A su alrededor todo marchaba como esperaba,todos seguían las ordenes. Todos en perfecto movimiento,en perfecta sincronía, el resultado de acciones realizadas una y otra vez. El resultado de tomar siempre las mismas decisiones tras cada batalla. La practica...

Llegaron a las escaleras que les conducían al camarote. La pregunta de Pelleas resonando en su cabeza mientras meditaba la respuesta,sin tener muy claro el que decir. Era algo que sabia y al mismo tiempo no...No termino de responder cuando uno de sus oficiales acudió a ella, haciendo que Pelleas se disculpase,se retirase. La mujer alzo un momento la mano para silenciar al oficial y desvió la mirada hacia su invitado. Respondiendole antes de que desapareciese en el interior del barco.

-Mi magia es solamente mía, y mi manera de conjurar también. Y al mismo tiempo es la magia de Durban. Es la manera en la que conjuraba mi maestro, y en la que conjuraba mi padre, y todos los magos que le rodeaban y estuvieron allí presente mientras yo crecía. Y es mi propia manera de conjurar,con mis gestos,mis sentimientos y mis palabras,tomando forma a través del tiempo y la practica... Es una combinación de todo ello. Por eso es mio,es propio... y al mismo tiempo es de todos.... En algún momento todos hacemos nuestro lo que una vez fue de nuestros maestros.... Descansa en el camarote.En cuanto pueda iré a haceros compañía , y podremos continuar con esta conversación....

Tuvo que darle entonces la espalda al príncipe,dejarlo partir. Se encamino entonces con su oficial,disculpándose y otorgándole entonces la palabra ,recibiendo su informe sobre la situación en la que se encontraban.El numero de heridos hasta el momento,lo que tardarían en partir....

La batalla había finalizado,pero no con ello los deberes de una reina.

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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 18, 2018 9:21 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Worm.
Yuuko ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Pelleas obtiene un nuevo skill de la rama Dark Sage:

Invertir Maldición - La capacidad de comprender y manipular toda clase de males no-naturales. Utilizando este skill, el mago oscuro puede desviar toda clase de estado alterado (Parálisis, Silencio, etc) desde su persona a un enemigo, aunque es inevitable que deba sufrir dicho estado por 1 turno antes de transferirlo para ser sufrido por el otro. Si un aliado sufre un estado alterado, el mago oscuro puede captarlo inmediatamente por ellos antes de transferirlo a un enemigo.

¡Felicitaciones!
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Re: [Campaña de conquista] La noble lucha arcana [Pelleas-Yuuko]

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