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[Social] Vuelta a casa [Eliwood]

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[Social] Vuelta a casa [Eliwood]

Mensaje por Roy el Jue Ago 03, 2017 5:24 pm

Silencio, rey indescrito del tiempo.


Años habían transcurrido ya desde la partida en su tierra natal, y enviado lejos de aquello que le habría rodeado desde los albores de su nacimiento, explorado y conocido durante inmenso tiempo, había aguardado ansioso a ese reencuentro bajo la vigilia de una ciudad amurallada, pero que cuyo pueblo, experto y recio, no le había hecho sentir tan ajeno. Todo lo contrario. La hospitalidad de su gente fue lo que hizo de la espera mucho más llevadera, pero por sobre todo debía agradecérselo a ella, quien le había hecho sentir como parte de su pequeña familia mientras convivían durante aquellos días. Era una época que, en amenidad y comodidad, no distaba demasiado como en su hogar. Confortable, sí, pero aún así el chico ansiaba algo más. Aunque, inquieto como aventurero, el jovenzuelo no se había quedado con los brazos cruzados.

Adiestrado, presionado, había sido pulido por férreas personalidades en diferentes ámbitos. La espada, sin embargo, fue su camino más arraigado. La destreza de blandirla, la firmeza de sostenerla, el balance al poseerla, así como aquellos ideales que preservaba con gran entereza.

El pasar de los días, de las semanas, de los meses y años, no redujeron aquellos tenaces pensamientos que poco o nada tenían que ver con las normas u etiquetas oxidadas para él. No así mismo, pero, sabía que eran importantes en un mundo como aquel, en la época que vivía, aunque su visión yacía más allá de cualquier tema ordinario. Y era así cómo el chico planeaba su futuro, pero antes de ello tenía que moverse entre el presente que tenía al frente. ¿Qué podía ser? « Eso es... » Tras horas de viaje, finalmente, algo en horizonte comenzaba a diferenciarse.

Una fina línea, tras un dosel de árboles, empezaba a erigirse en la lejanía. El viento soplaba, irrumpiendo en aquel silencio que al pequeño grupo de jinetes le embargaba. Un sendero de tierra que traía consigo las hojas de una salida próxima. El bosque terminaba, y con él, nacía una verde llanura hasta las faldas de una ciudad amurallada. Por fin. Aquella era su patria, aquella era su tierra. Aquellos campos que alguna vez hubiera recorrido tiempo ha, parecía que en nada hubiesen cambiado, pero tras aquel llamado sabía que eso no era algo realista sin embargo. La paz había regresado, sí, pero él nunca estuvo allí para lidiar con los conflictos que se habían suscitado durante sus ausentes años.

¿Por qué? ¿Por qué su padre lo había alejado? Él hubiera querido estar allí, con él, ayudándolo. Pero no, no pudo, y en cambio se vio transportado a una tierra que, aunque afable y hermana, a fin de cuentas no era suya. Y ahora regresaba, más alto y desarrollado, con sus facciones sutilmente maduradas a los lomos de un caballo amarronado. Ahora sólo tenía la oportunidad de levantar a su nación luego de que su padre duramente la protegió. Suspiró. Hasta que una mano de pronto en su hombro derecho se posó. Su vista viró hacia aquello que le tocó, encontrándose con una expresión que destilaba amenidad y aprobación. Era uno de sus cuidadores, con la espalda protegida por un par de soldados entre armaduras y espadones.

El joven sonrió, sólo por cortesía, un hecho que no le agradaba en demasía. Tenía sus propios conflictos y eso poca gente lo entendía, por lo que el disfraz que allí demostraba era algo que a veces recurría. Volvió, entonces, su mirada hacia el frente, hacia allá y más allá de los ganados y cultivos, donde la vida se reconstruía y las torres se escudaban tras la alta muralla.

Pherae, uno de los lugares más plácidos del continente,
y no sólo por su clima y paisajes, sino también por su gente.




Esa abultada melena, tan viva como el sol del mediodía, hacía honra al espíritu de su familia. Esa intensidad por proteger a los demás, esa vivacidad que opacaba a las demás. Era claro; no pasó desapercibido apenas cruzó el umbral, aún incluso desviándose del camino principal. La gente, incrédula y a la vez sorprendida, miraba al muchacho que cabalgaba buenamente escoltado después de estar desaparecido durante tantos años. Su capa azulada, con una interna cara escarlata, ondeaba al son de la brisa vespertina. El sol de la tarde, mortecino y cada vez más menguante, matizaba el cielo con un tinte anaranjado que correspondía a su cabello colorado.

Gestos alegres de recibimiento, de jóvenes, adultos y viejos, y su vez de niños pequeños que hacía un par de años todavía no existían. Tal vez, si hubiera anunciado cuándo regresaría, su padre hubiera dispuesto en hacer todos los preparativos, toda esa pompa que a éste le caracterizaba, para darle una fastuosa y solemne bienvenida. Lo conocía, pero aprovechó sagazmente la oportunidad que éste le concedió: regresar por sí mismo, y eso daba el adelanto de arribar sin ningún preaviso. Por sorpresa, tal vez sería preciso. Y entonces, finalmente, era allí su hogar: aquella estructura que se alzaba diferente por sobre las demás, pero era mezquino decirlo con tan simplicidad, pues, en realidad, su casa era realmente toda su patria.

Sus pasos ascendieron, prescindiendo del corcel y la escolta que le hubieran acompañado durante todo aquel tiempo. Las escaleras le interceptaron y, tras ellas, la puerta vigilada por un par de guardias junto a un único criado -ya entrado a sus años-, y dispuestos todos a sendos lados. La sorpresa, como ya había experimentado, se vio reflejada en aquellos ojos cansados y arrugados. En sus adentros, el pelirrojo reía divertido en el más eterno silencio, pues, honestamente, le hacía gracia aquellos facciones tan deslumbradas por su inesperada llegada. Aún así, su figura se mantenía suavemente seria y con total entereza. Hacía gala de una tranquilidad desmesurada.

No tardó, pues, demasiado en que el viejo saliera disparado cuando el muchacho preguntó por su progenitor. Entró, y una vez en el interior, de pie en una de las esquinas del gran salón, la mano enguantada del recién llegado se paseaba alrededor de un rostro inmortalizado a través de una escultura peculiarmente bien cuidada. El busto esculpido en mármol puro, cuya base describía el nombre de alguien a través de la madera y trazos de plata, relucía a la luz que se colaba por la gran ventana. Pero aquel acto sólo era el símbolo de algo, de un sentimiento, pues esos zafiros que por ojos tenía aquel joven pelirrojo, recorrían el contorno de aquella obra cincelada por manos veteranas. Era sencillo de saber a quién retrataba, pues, en su memoria, no hallaba a alguien comparable a una belleza sin igual como la de su anhelada... - Madre. - Susurró. Y entonces allí esperó, abstraído por el recuerdo de un ser desaparecido tiempo antes.

La extrañaba, la pensaba, así como había añorado estar en casa desde que partió por causas precipitadas.
Y cerró los ojos aguardando la llegada.
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Re: [Social] Vuelta a casa [Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Mar Ago 08, 2017 1:44 pm

Las dificultades no terminaban cuando la guerra lo hacía. Había tanto trabajo por delante en los tiempos de paz como en los de caos, aunque se tratara entonces de labores que no pesaban en los hombros del marqués, que no turbaban su mente ni volvían atormentador el ardor residual en sus músculos. Al contrario, las tareas a las que se volcaba se tornaban ligeras y llevaderas, más gloriosas que cualquier marcha de retorno con espadas ensangrentadas. Por lejos, el señor de Pherae prefería la noble ocupación de reconstruir las vidas de sus ciudadanos a la de combatir anónimos atacantes cuyos motivos seguía sin comprender. Restauraba de sobremanera sus ánimos. Aún si fuese sólo en Lycia que una segmentada tranquilidad se establecía, restando tanto por resolver respecto a la crisis que el mundo atravesaba, Eliwood podía verlo todo ya con otros ojos. Sin el peso de una armadura sobre sus hombros y contra su pecho, sino sólo la caída de una capa de fina tela importada de Akaneia, el hombre mayor repasaba el itinerario a adoptar durante la estadía de sus invitados, recibiendo continuos reportes de las labores de reconstrucción y relegando la forma de proceder, como también definiendo los recursos de los que habría que prescindir cuando una de ellos partiera.

En aquel momento, dos nobles jovenes se hospedaban en el castillo de Pherae: la heredera al marquesado de Caelin y el príncipe regente de Altea. En una jornada o dos la futura gobernante debería ya de partir a la tarea de reclamar las tierras libres que ahora le correspondían, para la que Eliwood se aseguraría de proveerla de cuanto documento firmado pudiese extenderle que respaldara su estatus, además de los recursos y escoltas que pudiera. Poco después, el príncipe Marth de Altea estaría retirándose de regreso a su continente acompañado por el mismo Eliwood, quien nuevamente obraría como su general en otro inconcluso frente de guerra; una realidad que aún no había tomado su entero peso en sus ideas o en su espíritu exhausto de aniquilar hombres que no reconocía con seguridad como nefastos, pero para la que debía prepararse también, organizando ya las condiciones para su ausencia. Una seguidilla de suboficiales entraban y salían del despacho del marqués en ese entonces, repasando con él las condiciones del terreno apto para la agricultura o en necesidad de dos estaciones de reposo en la muralla exterior de la ciudad, discutiendo expectativas de producción, definiendo las riquezas a tomar de las arcas del castillo para destinar a reconstrucción, reportando el estado del reestablecimiento de contacto con los marquesados caídos derredor y una infinidad más de asuntos, que el pelirrojo trataba con alegre disposición e inmensa paciencia. La puerta permanecía abierta para facilitar el constante remitir de mensajes y búsqueda de otros documentos, compartiendo con los pasillos del tercer piso el rumor de voces, la luz de un día cálido dibujando las formas de las ventanas sobre la alfombra y la imagen del marqués entre sus hombres de mayor confianza, enfocado pero con una plácida sonrisa en el rostro.

Fue allí que le halló uno de los más antiguos criados del castillo, aguardando varios momentos un instante propicio para anunciarse y dar la noticia que portaba, hasta que Eliwood le notó en el umbral y cuestionó lo que le traía. Al oír el motivo, toda actividad al interior del despacho cesó, no porque los suboficiales así lo decidieran sino porque el mismo Eliwood la posponía, tomando el hombro del primer hombre a su lado al excusarse. No había persona cercana a él que desconociera la forma en que se ponía cuando se trataba de su hijo, después de todo. Tal como no había oídos allí que no hubiera llenado con alabanzas a su prometedor pequeño, su orgullo, la luz de sus ojos y el mejor marqués que Pherae seguramente tendría; le habían escuchado todo más de una vez. Se dirigió de inmediato escaleras abajo.

Eliwood no era un hombre que perdiera la compostura. Aún cuando tanto brillaban sus ojos con emoción y se apresuraban sus pasos por acudir, su impaciencia no quedaba al descubierto; su descenso de la escalera era todo menos torpe, manteniendo postura y gestos medidos en su camino, sin desacomodar un centímetro de su traje azul oscuro o su cabello de tono tan vivaz como el de su heredero. No era que conscientemente se recordase contenerse, sino que yacía ya gravado en lo más profundo de su ser. Habría pedido formal audiencia con su propio hijo si fuera él quien lo visitara en Ostia. Allí, sin embargo, llegaba a mostrarse tan alegre como para llevar la amplia sonrisa dibujada desde ya en sus facciones, marcando un par de arrugas que de otro modo no serían visibles usualmente.

- ¡Roy! - Llamó al aproximarse, anunciándose con la contenta voz en lugar de tocar al muchacho. No obstante, al detenerse cerca, apenas captar la mirada del joven abría los brazos para invitarle a un abrazo de bienvenida. De inmediato captaba también la atención de un par de criadas que casualmente transitaban cerca, detenidas un momento a ver lo que ocurría. - ¿Reconocen a mi pequeño? Casi no lo he hecho, yo mismo. ¡Cuanto ha crecido! - Exclamó, sonriente. Las señoras rieron un poco ante la felicidad de su señor, comentando también lo mayor o lo apuesto que el adolescente ya lucía. Eliwood llamaba toda la atención posible a su heredero y por supuesto, como resultado, otros habitantes del castillo le miraban de sobra también, todos recordándolo más pequeño. Los comentarios no escaseaban. El marqués no cabía en sí de alegría, y compartirla con aquellas que le rodeaban era simplemente la expresión lógica a ello. - Por favor, avisen a la cocina que la cena de esta noche debe ser especial. Ah, ¡la habitación de Roy también debe ser acomodada! -
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Re: [Social] Vuelta a casa [Eliwood]

Mensaje por Roy el Jue Ago 10, 2017 4:45 pm

Yacía tan ensimismado en aquel retrato de mármol que no advino los ajenos pasos acercarse raudos. El contorno de aquella obra de arte, diseñada por escultores de afamado calibre, exponía fielmente a la silueta de su madre. Y se preguntaba, ¿qué había ocurrido con ella? Eliwood le había revelado, ya estando en Ostia, de la desaparición de su progenitora; y a pesar de los deseos por encontrarla, la situación primaba por la protección de las personas. Con el tiempo, supo que su padre había dado por caso perdido la ausencia de su esposa, cosa muy distinta para su hijo, quien se hallaba a la espera de poder tomar las riendas; iría a encontrarla, aunque fuera solo y aún con un mundo peligroso, pues las dudas corroían lentas pero inexorables entre la serenidad de su mente. Entonces, su palma en la fría y lisa mejilla se vio retirada para dar paso a unos dedos contraídos en un puño afianzado. Estaba seguro que la hallaría, así fuera a parar en cada punto cardinal.

Y era una empresa ambiciosa, demasiado para un chico de dieciséis años, pero él continuaba determinado.
Fue entonces, que entre sus cavilaciones, una voz inesperadamente le sobresaltó.

Hacía un buen tiempo que no la escuchaba, en demasía para lo que acostumbraba. Y giró sobre sus talones, encarando a la nueva personificación ingresar en aquella amplia estancia. Sin duda, a ojos ajenos parecían ser los reflejos de un pulido espejo, aunque con pequeñas variaciones en sus alturas y estilos de cabellos. Y así como la felicidad se formaba en el mirar del mayor, brillando con inusual intensidad, entre el más pequeño sobresalía esa alegría de volver a ver a su progenitor con serenidad. Era algo reacio a mostrar tal expresividad, pero los vidriosos ojos que se formaron en el joven pelirrojo serían los claros delatores de lo que se le revolvía cálidamente en su interior. Fraternal amor por aquel, bañado en respeto y genuina admiración.

Una mueca inconclusa se formó en sus labios, desdibujando la fina línea que yacía en éstos sin saber recrear una suave sonrisa o simplemente dejarse llevar por la agolpada  alegría. Aunque no tardó mucho, y para cuando, quizás, podría haber actuado, se vio arropado por los brazos contrarios ya curtidos entre cruentas batallas y su aburrida oficina. Y tal vez, años atrás, hubiera depositado su frente en el pecho opuesto, pero los mismos años hicieron de su altura rivalizar con la del mayor, quedando su mentón chocar con el hombro de aquel. Y sí. Podía observar a la gente que casualmente circulaban en ese instante por el gran salón, observando ese plácido encuentro entre padre e hijo con cierta sorpresa entremezclada con alegría.

Finalmente, tras la estrechez, Roy decidió separarse de una vez.

Ya, padre, no es para tanto. No es como si me hubiera ausentado por miles de años. - Decía el muchacho, algo avergonzado por la efusiva actitud de aquel que siempre velaba él. No era que le desagradara, sin embargo, pero sí se sentía un poco ruborizado cuando las miradas ajenas se posaban en su persona, sobre todo cuando tales muestras de afecto se suscitaban sobre él. Y discretamente, cuando las atenciones se desviaron a la voz del marqués, llevó su índice al rabillo del ojo derecho, atrapando una miserable gota salada que anhelaba por ser liberada.

Ellos deben estar agotados, no tienes porqué hacerles preparar un banquete a éstas horas. Además... - Añadió, para darse más credibilidad. - Pude comer en el camino. Los soldados del Señor Héctor me ayudaron en eso. - No era algo cierto, pero prefería no hacerle invertir a su servidumbre un esfuerzo adicional después de un día, muy probablemente, cargado de tareas. Y era sensato, y era agudo, pues no se le había pasado por alto el movimiento que había en el castillo a juzgar por los hombres y mujeres que iban y venían constantemente atravesando el umbral de la entrada principal. Por ende, advenía todo el ajetreado día que hubieran tenido los criados. Y así, pues, dio una negación de cabeza junto a una modesta sonrisa, proyectando implícitamente que aquello no lo requería. - Con algo sencillo me basta. - No quería ser descortés, pese a ello, y negarse completamente a su ofrecimiento.

Si algo el menor tenía en cuenta, era, de alguna forma, evitar darle un desinfle a su padre, por lo que para no disminuir demasiado su entusiasmo decidió regalarle un poco de más ánimos. Y así, haciendo acopio a lo que parecía ser un coreografiada muestra de modales, corrigió levemente su postura y moduló la voz, haciéndose un poco más formal y un tanto menos jovial, aunque era evidente la imperfección de tal disfraz. - ¿Cómo has estado? Supe muchas cosas de ti durante éste tiempo. Lilina y Miss Cecilia me hablaban sobre las hazañas que hacías. Ya sabes, tener amigos es siempre tener buenos informantes. - Rió, con cierta perspicacia, aludiendo a que tenía sus medios para estar al tanto de la situación del reino, aunque desconocía muchos detalles sin embargo. No obstante, algo también se podía entrever en él, algo peculiar en su forma de hablar, y no era más que la tendencia a no pronunciar las formales etiquetas de la alta sociedad. Ya eran cuestiones oxidadas cuando estaba en confianza. - ¿Y el Señor Marcus? ¡Hace tiempo que no lo veo!
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Re: [Social] Vuelta a casa [Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 21, 2017 6:05 pm

De los ojos llorosos de su hijo no iba a decir nada, en respeto al estirón de crecimiento que claramente había tenido, pero el detalle no escapaba a su atención y no dejaba de ser difícil de guardarse. Y ciertamente no borraba del marqués la noción de que Roy todavía era su pequeño y adorable muchacho, noción enfrentada de forma repentina sólo por la posición y el espacio que ahora ocupaba en sus brazos. Sí, el estirón era más que notorio. No serían muchos años más antes de que el menor le alcanzara en altura, y ese repentino saber sí desafiaba un poco las ideas mantenidas hasta entonces. Lo estrechó con fuerza contra sí, notando que rodearle los hombros se había tornado menos fácil, pues estos parecían mucho más anchos. Aunque él mismo no tuviera prisa por soltar a quien había extrañado tanto en ese tiempo, no presionó, permitiéndole volver a tener su espacio cuando el menor lo buscó; y desde allí Eliwood volvió a mirarle con detenimiento, convenciéndose de que el tiempo había pasado y sus efectos no habían quedado de lado.

- Claro, claro. Discúlpame. - Respondió, todavía sonriente, aunque desde su perspectiva fuese verdaderamente largo el tiempo que había pasado. Quizás sólo se debía a la inmensa cantidad de sucesos importantes ocurridos en ese intervalo. Tomó un paso atrás para separarse de el joven quien, según las criadas todavía decían entre ellas, había regresado hecho ya un hombrecito, escuchando sus peticiones. O Eliwood había perdido un poco el recuerdo, o Roy se había tornado inclusive más modesto que antes. No pudo evitar suspirar un poco, privado de su oportunidad de comenzar a consentirlo de inmediato, pero tomó la actitud mediadora que resultaba más normal en él y con un asentimiento lento accedió. - Este es tu hogar, es sólo natural que se te trate con consideración, más cuando has estado lejos de nosotros por tanto tiempo. Pero lo haremos como mi pequeño prefiere; algo sencillo será. - Por supuesto, no lo dejaba simplemente así. Al hablar ladeó la cabeza hacia las criadas y el ayudante de cocina que reconocía cerca, y les dedicó un rápido guiño del ojo. El concepto de "sencillo" para un hombre como Eliwood seguía estando muy por sobre la media general, sabrían comprender su intención.

Regresó la atención a su muchacho, quien al parecer ya había superado su verguenza a favor de mostrarse mejor comportado. El mayor se llevó una mano al mentón al observarlo así, hallando algo bastante poco natural respecto a su postura, algo que hacía a la imagen general desencajar. Claramente, en Ostia las lecciones de etiqueta no habían sido necesariamente impuestas. Se lo había temido y anticipado. Pero no se perdería un intento de Roy de al menos cargarse a sí mismo con nobleza; detectando con rapidez los errores, Eliwood no hizó más que darle un toquecito bajo el mentón para que alzara más la cabeza y otro en el hombro para que los llevara más rectos, antes de observarle con el pecho henchido de orgullo. Como si nunca le hubiese dado esas pequeñas correciones, sólo rió con gusto, como si su hijo se hubiese presentado así mismo. Ya tendría tiempo él mismo de pulir los modales, de completar la transición de su heredero a un caballero hecho y derecho. De momento, se posicionó a su lado sin rozarle siquiera, pues sus propios modales implicaban ser bastante poco físico hasta con quienes más amaba, y con un amplio gesto de la mano indicó que se sirviese avanzar. Él mismo echó a andar castillo adentro, guiando al menor.

- Estoy bien, ¡todo está mucho mejor ahora mismo! Aunque me asusta un tanto pensar en qué hazañas te habrán contado. - Dijo, con cierto humor. No era la clase de persona que admitiera si las cosas no estaban bien, pero en esa instancia no hacía falta mentir, la situación era buena. Tan sólo le preocupaba un poco lo que su hijo pudiese haber oído de la guerra, justamente la situación de la que quería mantenerlo resguardado. De igual modo continuó. - Espero hayan sido objetivas con el asunto. No es que yo haya hecho nada a solas, he recibido mucha ayuda desde el extranjero. Pero, ¿qué hay de ti, Roy? Si has regresado, ¿significa que concluiste tu estudios? ¿Será que puedo considerarte graduado ya? - Preguntó. Porque si cualquiera le preguntase a él, inclusive su propio hijo, diría que Roy se hallaba en Ostia para estudiar combate y estrategia de los expertos bélicos del lugar, en ninguna forma reconociendo que lo apartaba del peligro o que le ponía en el sitio con las mejores probabilidades de toda Lycia de mantenerse en pie. Esa era su versión y se quedaba con ella.

- Por aquí. - Indicó, regresando escaleras arriba. El marqués había dejado de hacer revuelo activamente en torno a su hijo, pero la voz ya se había corrido y todo criado del castillo o suboficial del ejército que cruzaba camino con los dos hombres de cabello rojo se aseguraba de inclinar la cabeza, hecho que mantenía a Eliwood sonriente. - Me temo que tengo a Marcus tan ocupado que ha de ser difícil que lo veas, administra Pherae en la mayoría de mis ausencias... si le ves, abstente de comentar en la cantidad de cabellos grises que le han salido ahora, por favor. - Rió. Otra ausencia suya era inminente, pero no había motivo para pensar en ello cuando apenas recibía a su hijo de regreso.
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Re: [Social] Vuelta a casa [Eliwood]

Mensaje por Roy el Vie Sep 01, 2017 11:21 pm

No supo porqué, pero algo en la aprobación de su padre le pareció curiosa respecto a la sencillez pedida por él; no sabía si era por el suave cabeceo que antecedió a sus palabras, o el desvío de su mirar hacia los trabajadores cuando habló, o la sutil arruga de un hombre adulto que se le formó en el ojo opuesto al del guiño que por mala suerte él no avistó, teniendo de perfil una parte del rostro contrario para cuando éste accedió. Algo picaba en la intuición y perspicacia del pequeño heredero bermellón. No obstante, su pseudopostura de noble caballero que intentó mostrar ante el mayor, fue raudamente corregida ante la agudeza del aludido; un toque por aquí, otro por allá, bastó para acomodar medianamente la rectitud del menor en orgullo a su progenitor. Sin duda, Eliwood no había cambiado demasiado con los acontecimientos suscitados en esos últimos años, tan minucioso en aquellos ámbitos que hasta podía sugerirle un hobby innato.

Y Roy sonrió, habiendo al menos complacido un poco a su papá.

¿Asustar? - Le dijo él, suspicaz. - Lo sé. Supe algo de tus viajes hacia el Reino de Altea, en el continente de Akaneia, ¿no? - Retórico, pero con un deje de muy sutil inseguridad, enunció mientras su calzado se deslizaba por el pulcro suelo del castillo. Y es que, aún durante esos tres años custodiado tras las altas murallas de la capital, y viendo incontables veces clases de geografía y demás materias afines a la misma, le costaba todavía un poco situar los países en el mapa del mundo conocido. El temple, pero, en el rostro de Roy, parecía no delatarlo a ojos externos.

Es impresionante que hayas conseguido una alianza con ellos, padre. ¿Te resultó difícil? Quisiera que me contaras. - Y quien escuchara atentamente, notaría el constante tuteo que el más pequeño le hacía al más adulto. No era una falta de respeto, desde su punto de vista, y de hecho lo hacía con la gran mayoría de las personas que le conocían; sólo a ancianos y mujeres adultas apelaba por el «usted», cómo también hacía con aquellos que les resultase sospechosos o muy desconocidos, cosa que con su padre era completamente distinto. - Pues... Sí, podría decirse que sí. - Una mirada desviada, hacia abajo y a la izquierda, manía que vislumbraba cierta omisión de algunas cuestiones que no revelaba. No mentía, sólo y simplemente eludía. Sin embargo, haciendo acopio de la ingeniosa rapidez, decidió por decantarse al nuevo cambio de conversación.

Era un chico astuto cuando quería, y uno que solía hacer muchas travesuras
en aquellos años de juegos y aventuras.

La vejez golpea duro, imagino; y creo que a ti, padre, no le has podido ser una excepción. - Indiscretamente, con una mueca de su boca que fruncía ambos labios tanto inferior cómo superior, apuntaba a las líneas de la piel ajena que empezaban a hundirse alrededor de la frente y los ojos de aquel adulto pelirrojo. No obstante, por alguna razón seguía viéndose igual de joven, y demasiado para su aproximada edad.

Roy sonrió, divertido, habiéndole llamado implícitamente un anciano. Se podía ver en él la franqueza, casi atrevida, que evocaba a Lord Héctor en sus días, o esa jovialidad que aún más que a su padre le había caracterizado a su entrañable madre. Omitió la risa que dentro de sí quería salir, no deseando sonar demasiado jocoso, pero habiéndose visto imposible de soltar un gesto tan risueño cómo aquello. Y así, pues, en el culmen de las escaleras, sus pasos de pronto se detuvieron ante una distanciada figura en el largo pasillo que le precedía a su joven altura. Y es que, ataviado del impoluto y reglamentario uniforme de todo criado, el anciano que había visto al llegar sostenía por la correa a un inquieto labrador que luchaba por zafarse de su captor. - ¡Max! - La exclamación que reverberó entre las paredes de aquel camino de cerámicas y ladrillos en conjunto a un dominante ladrido.

Y allí iba la figura del chico, corriendo desbocado.
Y en contravenida a la del perro ahora liberado.

Los guantes azules se aferraron al pelaje cremoso del animal mientras su dueño era dominado por una felicidad demasiado inusual, atacado por una miríada de lametones que baboseaban parte de su cara cansada hasta bañar sus rojizos mechones. Una escena en donde hombre y bestia repartían una mutua alegría contenida, años ya sin verse, en donde el primero no se cohibía en caricias y cosquillas mientras el segundo se le abalanzaba enérgicamente encima. Risas y ladridos, tal y cómo cuando era un niño. - ¡Tiempo sin verte, viejo amigo! Ya estás todo un anciano. - Expresó, lleno de entusiasmo y exaltación, al ver cómo aquel labrador inmediatamente le reconoció y que en su tiempo le hubiera correteado aventuradamente por los pasillos o los campos colindantes al castillo. Y Máximo, ya en su etapa de retiro, parecía aún tener la fuerza suficiente cómo para darle aquella bienvenida tan efusiva.
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Re: [Social] Vuelta a casa [Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 13, 2017 2:30 am

Comprendía que se debatía en una contradicción interior, temiendo que Roy supise en detalle de la guerra y a la vez enviándolo a ser mejor preparado como guerrero. Había deseado que pudiese defenderse a sí mismo, mas a su vez que jamás tuviera que hacerlo. Criaba a un luchador más talentoso que él mismo, según el marqués Ostia le había adelantado en un par de comentarios sueltos, pero le hundía el corazón la sola idea de su único hijo en un campo de batalla como los que había visto él los últimos dos años. Eliwood sabía que se contradecía, pero no lograba resolverlo. Asintió con lentitud a las palabras del menor, cuanto menos abriendo los ojos con un deje de complacida sorpresa por su interés en la situación política de Pherae. Eran los asuntos de un marqués miembro de la Liga de Lycia, era diplomacia, pero Roy quería que le contara de ello y al caballero le inspiraba repentina emoción la idea. La expresión que causaba aparecer en su rostro, de hecho, no difería mucho de la que en varios momentos se viera en su hijo; rostro distinto, mismos ojos en momentos así.

- Cierto es que te mantuviste al tanto, y es una larga historia, pequeño, pero... puedo decirte que difícil es lo último que ha sido. - Contestó. En efecto, no era ligera y rápida respuesta para darle en el camino arriba, mas con ánimos adelantó un tanto. - La más óptima cooperación en tiempos como estos es la de más allá del mar, Altea es consciente de esto. No hemos hallado todo un nuevo mundo para oír de él desde lejos, o para ver tan sólo nuestras propias fronteras después de todo, ¿no te parece? Con gusto te contaría más luego, desconocía que tomaras interés en diplomacia. - Y los modales o el modo de hablar de su heredero podían ser puestos de lado al menos un poco, cuando su disposición se notaba así de buena a los ojos del padre. Nadie mejor que él sabía que Roy aún tenía todo el mundo por ver, así como el mismo Eliwood había podido estar en poquísimos lugares hasta entonces, y esperaba que le interesara. Había más posibilidades de que el joven tuviese suficiente tiempo por delante para verlo todo.

Tomó nota en fuero interno de lo esquiva que había sido su respuesta sobre sus estudios, pacientemente, para sonsacarle la verdad y los detalles apenas pudiera. Era más persuasivo de lo que mostraba y calculaba que no tardaría mucho en convenientemente hacer surgir el asunto otra vez, con más relevancia. Por lo pronto, se dejó llevar por el humor del menor, siendo el primero en reír por su confianzudo comentario a su edad, sutil y bien ejecutado. - ¿Qué dices? ¡Y una miembro de mi propia guardia me ha dicho apenas hoy lo poco que se me notan los años! ¿Me habrá mentido por mi propia tranquilidad? - Rió con mesura, sin permitirse ser demasiado ruidoso. Pero él también tenía sus formas de bromear con su hijo en retorno, aunque se le notara un tanto menos cuando su nivel de seriedad había bajado. Es más, bajar la voz a un nivel en que pareciese que hablaba distraidamente consigo mismo, quizás uno que el muchacho no llegara a oír del todo, era parte del asunto. - Roy, por otro lado... ah, me pregunto si será momento de empezar a considerar compromisos... -

Y desde luego, distraerse de inmediato era parte de la ejecución. Él también, parpadeando, pasó la vista desde la radiante sonrisa en Roy hasta lo que les recibía más adelante en el pasillo. Eso también era una bienvenida al muchacho, un pequeño detalle de la servidumbre del castillo para hacer feliz al querido sucesor, Eliwood lo comprendía, pero no podía evitar sufrir un poco por el suelo y las alfombras, a la vez que por la ropa, el rostro y el cabello que entraban en demasiado contacto con el perro mascota. Con discreción, mientras Roy se hallaba ocupado, se acercó al criado.

- ¿Dentro del castillo? - Cuestionó con inquietud, aunque sin verdadero reproche en el tono. El hombre no tardó en recalcar el resultado, y derrotado el marqués se sintió ceder también. - Ah... por Roy, esta vez... - Dijo, suspirando, hecha rápida su desición. Sin dilación la remitió al anciano trabajador, la vista en su hijo y la mascota de este, esbozando una leve sonrisa. - La chimenea puede encenderse temprano hoy. La de mi despacho, por favor. El pobre Máximo va a desearla en unos minutos, agotándose así. - Alguna vez el canino habría sabido corretear bastante bien y por bastante distancia con los afamados caballos del marquesado; ahora, una corta carrera lo dejaba ya exhausto, se ponía tembloroso en el fresco de la tarde y pasaba más tiempo recostado ante un agradable fuego que haciéndole competencia a los corceles.

Y así como se dirigía el criado a encender lumbre en el despacho, terminaban de salir de este los oficiales cuya reunión con Eliwood había debido quedar pospuesta. Puerta abierta, hallándose a corta distancia del hombre al salir, no omitieron darle un par de últimos avisos y pedirle un par más de indicaciones, que respondió escueto. Al día siguiente tendría tiempo de continuar. La carga de trabajo se hacía obvia, pero ese día no era para seguir atendiéndola, sino para disfrutar la presencia de Roy.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
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Support :
Marth
Lyndis
Nils

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Experiencia :

Gold :
606


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