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[Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

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[Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Laslow el Mar Ago 01, 2017 4:47 pm

Si algo tienen los emergidos, es que su paso nunca pasa desapercibido. Allá por donde van dejan no solo un rastro de destrucción total, sino también desolación en las mentes y los cuerpos de quienes han contemplado sus ataques sin estar preparados para lo que conlleva. Solo hay que mirar sus ojos para ver aún el reflejo de las llamas y las infernales miradas que aquellos seres portaban en sus cuencas… Por ello, el encuentro con un grupo de refugiados que viajaba a Nohr desde el norte sirvió como una señal a los guerreros del reino oscuro de que, si mantenían una ruta ascendente, se encontrarían con una bandada de emergidos a la que enfrentarse… O tal vez un batallón entero, a causa de la velocidad con la gente escapaba hacia el territorio ya liberado de la amenaza emergida.

El grupo que les confirmó la presencia de la horda fue el primero de muchos, pues otros tantos siguieron a sus paisanos del reino de los venerables y su delicado estado de seguridad en pos de encontrar la confirmada calma de Nohr. Y en todos ellos escuchaban las mismas historias y recibían las mismas miradas de advertencia y precaución: Buscáis a un grupo demasiado grande aun siendo tantos hombres bien armados. Regresad por donde habéis venido, dedicaos a cazar y destruir números menores, pues lo que viene es una tropa demasiado grande. Pero, aun con estas advertencias, los guerreros nohrios no podían darse por vencidos y dirigirse a una zona con menos enemigos. Tenían una misión allí, la de combatir a todo emergido que apareciera ante ellos y hacer que cambiaran su rumbo hacia otro ya preparado, y lo último que se podían permitir era dejar pasar la posibilidad de hacer retroceder a un gran número de seres al mismo tiempo, algo que facilitaría sus acciones en el futuro próximo.

Pero ninguno de ellos era idiota, y mucho menos el joven al mando de todo el destacamento. Por ello mismo se tomó la decisión de tomar la delantera a los emergidos que bajaban desde Regna Ferox, tratando de adelantarse a los acontecimientos y a su paso para emboscarles en cuanto se diera la ocasión correcta. Laslow sabía bien que aquella elección conllevaba el riesgo de equivocarse y condenar a la muerte a varios inocentes, pero era la única posibilidad que veía de triunfo sobre un gran número armado e emergidos, sobretodo siendo estos seres que no conocían el dolor ni la fatiga. Hostigarles con arqueros no serviría de nada, y una pelea en campo abierto significaría un número demasiado alto de vidas perdidas para sus hombres… Aunque fuera difícil, la decisión que tomaba era la más sensata, y por ello había avanzado de la misma forma desde que había decidido seguir aquel plan: Con la cabeza alzada, pero sintiendo en sus hombros el peso de aquella decisión.

-…Si está desierto como decís, será el sitio perfecto para el plan.- Algo apartado de sus hombres, quienes descansaban y refrescaban junto a un pequeño lago del bosque, Laslow se reunía con sus exploradores, hombres curtidos en cientos de incursiones en bosques de Hoshido e Ylisse, capaces de encontrar el rastro de un ejército en una noche sin luna si se lo proponían. Todos ellos llevaban sus capuchas descolgadas y fruncían el ceño, y el grupo en general se pasaba de mano en mano una bota de cuero repleta de agua fresca, la cual corría por sus resecas gargantas como si cayera por la mayor cascada conocida por Beorc o Laguz. -El poblado más próximo está a dos días por el camino real, y hemos confirmado que los emergidos están siguiéndolo sin dispersión ni desviación, tal y como supusimos.- El hombre al mando de los exploradores, un arquero de mirada astuta y pelo rojizo, señaló con su índice el trayecto que estaban siguiendo los emergidos, recorriendo así un sendero más claro que el resto del documento que indicaba la presencia de una vía creada por los dirigentes de Ylisse. -El último poblado conocido lo… “visitaron” tres días antes de que nos enteráramos de que bajaban desde el norte, y desde entonces no hemos notado ningún movimiento extraño.- Si los hijos del reino de Anankos sabían aquello era porque habían mantenido una constante vigilancia de los emergidos desde la distancia, sin acercarse tanto como para ser detectados pero sí como para confirmar sus sospechas: El grupo estaba siguiendo el sendero real, y su número era realmente alto. -Estamos a una jornada de distancia de ellos, tal vez media por los últimos descansos, es difícil saberlo… Si nos damos prisa, deberíamos llegar al campamento al anochecer. Con suerte, al mediodía de mañana pasarán por nuestra posición. Sin ella… A la hora de canto del gallo, tal vez antes.- Un ambiente de preocupación se impuso entre los miembros de aquella reunión, pensando todos ellos en las posibilidades que aquel plan acarreaba. ¿Saldría todo como tenían previsto? ¿Se desviarían en el último momento los emergidos, destrozando su estrategia y acabando con vidas inocentes y su propia moral?

Tras varios minutos de silencio y reflexión, fue Laslow el primero que recuperó su verticalidad, enrollando el mapa que había en el suelo y guardándolo en la parte trasera de su cinturón tras sacudir la húmeda tierra que se había quedado pegada en su reverso. -No tenemos mucho tiempo hasta que caiga el sol. Pongámonos en marcha.-

Sus palabras se convirtieron en órdenes, y en pocos minutos el batallón nohrio disfrazado de compañía mercenaria se puso en camino de nuevo, dirigidos por los exploradores que habían encontrado el emplazamiento perfecto para su plan: Un campamento de entrenamiento abandonado por los Custodios. Poseía aún algunas tiendas levantadas, y tal vez contara con objetos en su interior, pero lo importante era la estructura defensiva a su alrededor, compuesta de un foso con picas y una empalizada de dos metros de altura. El interior contaba con un desnivel que facilitaba el acoso de los arqueros desde la seguridad tras la madera, además de contar con un refuerzo extra en forma de  tablones clavados de forma horizontal, lo que hacía más difícil derribar el cerco en caso de atravesar el foso. Encontrar un lugar tan defendido como aquel era extraño, y mucho más encontrarlo abandonado, por lo que era probable que sus inquilinos hubieran tenido que largarse por órdenes de algún mando militar superior, dejando todo en perfecto estado para el pillaje… O, en el caso con el que se encontraban los nohrios, para usarlo ellos mismos durante su arriesgado plan de ataque.

Sin embargo, Laslow no era capaz de pensar en la buena suerte que habían tenido al tropezarse con una defensa como aquella, sino en una posibilidad realista que podría causarles muchos problemas si no tenían cuidado…

¿Y si el fuerte no estaba abandonado, y sus inquilinos originales regresaban a la vez que ellos?
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Re: [Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Lun Ago 07, 2017 5:57 pm

Rara vez aceptaba esta clase de trabajos. ¿Por qué? Ya fuese por alguna que otra experiencia con la que le tocó apechugar cuando era una completa ignorante para saber en qué se estaba metiendo, o porque recordaba fragmentos fugaces de los relatos que le narraba Hellen, de los cuales, lo más destacable era que salió viva por los pelos… Salvo en su última faena. El caso, es que casi nunca solían augurar nada bueno. Era bien sabido que los mercenarios preferían los trabajos solitarios, sin tener que complicarse con darle cuentas a nadie. Pero cuando se veía un tropel entero de ellos, como era aquel caso, siempre significaban dos cosas: la primera, que el trabajo a hacer resultaría ser arduo. La segunda, que el sueldo a cobrar era lo bastante jugoso como para atraer a toda una manada y que fuesen capaces de llegar a un acuerdo mutuo, al menos hasta que la misión finalizase.

El dinero extra estaba bien. Oh, sí, llevaba semanas sobreviviendo a base de encargos simples en los que, más que una mercenaria, era más bien una recadera, y con semejante recompensa podría tomarse un merecido tiempo de descanso. Más, el dinero era un aliciente de lo que en realidad buscaba allí, nunca fue una persona que codiciaba amasar todas las monedas de oro que pudiese, como sus compañeros de trabajo. Quizás por esas cosas fuese una mercenaria bastante mediocre.

Pero lo que trajo a Alanna a aquella milicia improvisada que seguía el sendero real, era en realidad el objetivo por el que se precisaban a todos esos hombres que ofrecían sus espadas por un módico precio. No tardaron en volar las noticias de que uno de los poblados adyacentes a la ruta que seguían se convirtió en cenizas de la noche a la mañana, también las de civiles horrorizados que huyeron a las cercanas tierras nohrias, con el fin de buscar refugio. Y, por supuesto, las que trataban acerca de los culpables de semejante barbarie. Se decía que el ejército que arrasó con el pueblo no podía ser otro que el de aquellos invasores que sembraron su infamia por toda Ylisse desde hacía ya unos poco años. Decían que no se veían afectados por el cansancio, tampoco por el dolor, y que su único impulso era el de masacrar sin razón aparente. Incluso decían que semejante grupo no podía ser humano. Tal y como se hablaba de los hombres que mataron a Hellen hace más de un año.

Quería respuestas, las que pudiesen arrojar un poco de luz a sus dudas. ¿Quiénes eran? ¿Qué motivos tenían para atacar Ylisse? ¿Por qué quitaban vidas sin razón aparente? ¿Por qué le quitaron a su amiga? Si se atrevió a dar el paso adelante y aprovechar aquella oportunidad, fue por la mera razón de que eran muchos, un buen puñado de guerreros que debían saber lo que hacían si se embarcaban en esa misión.

Aunque tampoco llegó a plantearse los posibles contras. —¡Vaya, vaya! ¿Pero que hace una preciosidad como tú en este amasijo de hombretones? Oh, no me digas que pretendes luchar con esa hacha. ¿Acaso alguien con esa carita de ángel como la tuya sabe blandirla? —Y es que una vez más, volví a ser la única mujer en varios kilómetros a la redonda, rodeada de un montón de vulgares y babeantes orangutanes que la despiezaban con la mirada. El que se le acercó no era, ni mucho menos, la excepción de la regla. Alanna contrajo el rostro por el latigazo de asco y enervación que sintió—. Yo podría enseñarte un par de cosillas, si es que estás interesada, ricura…

Suficiente. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Alanna cerró los ojos para reprimir durante unos escasos momentos la furia que le subía por todo el cuerpo y, tomando una última bocanada de aire, se volteó hacia el hombre con una sonrisa forzadísima en la que le dolían las comisuras de los labios incluso. —Oh, pero una servidora ya tiene unos cuantos truquitos bajo la manga. ¿O quizás prefieres ver de lo que soy capaz más de cerca? —En el momento que le hizo una provocativa seña con el dedo para que se le acercase, al tipo casi se le salieron los ojos de las órbitas y se le encaramó con una bobalicona sonrisa de oreja a oreja. Alanna acortó la distancia entre ellos, aún con ese aire provocativo y posó sus manos en los hombros del otro.

Luego, soltó un rugido y le descargó un tremendo rodillazo en la entrepierna. El mercenario soltó un agudo aullido de dolor, casi saltándosele las lágrimas, y se retorció entre su propio suplicio, llevándose las manos a la zona y cayendo de rodillas. Alanna le dedicó una última mirada desdeñosa antes de darle la espalda y espolsarse las manos.

¡Serás zorra…! —Al individuo se le escapó un último gemido y volvió a encogerse sobre sí mismo. El resto de sus compañeros que presenciaron la escena, o bien se quedaron con sendos rostros de estupefacción, o estallaron en sonoras carcajadas.

—¡Los de ahí atrás! ¡Dejad de armar tanto escándalo! —Al frente del grupo, el que les reprendió fue el líder de la milicia, un hombre de mediana edad que destacaba entre todos ellos por ser el único que vestía la armadura reglamentaria del ejército ylissense. Se trataba de un capitán de poco renombre al que se le destinó allí para liderar al grupo de mercenarios por mayor seguridad. Por su humor y su constante cara de malas pulgas desde que partieron, saltaba a la legua que no estaba nada conforme con que sus superiores le mandasen allí, a encargarse de una panda de bellacos ruidosos y desorganizados. Aun así, no era bastante frecuente que el propio ejército se viese en la necesidad de tener que contratar mercenarios. Claro que tampoco es que pudiesen dar abasto con los ataques de los invasores por todo el país—. Escuchadme bien. No falta mucho para que lleguemos al campamento. Desde allí nos reorganizaremos para interceptar al ejército que avanza desde el norte. Nuestras fuentes indican que es muy posible que pasen por nuestra posición, así que más os vale prepararos.

Con campamento, se quiso referir a una instalación abandonada que antes usaba los mismísimos Custodios para entrenar. No se sabía con certeza lo que hallarían allí nada más llegar, pero de seguro que un sitio para descansar sus ya cargadas piernas seguro. Llevaba caminando con la compañía desde la primera hora de la mañana y ya casi no podía ni con su alma. Aunque más tenían que ver los nervios de encararse con aquellos a los que llamaban “inhumanos” que por el cansancio.
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Re: [Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Laslow el Jue Ago 10, 2017 4:40 pm

La moral entre los hombres dirigidos por Laslow se había mantenido estable desde que habían atravesado la frontera oeste del reino oscuro. Claramente habían pasado por altibajos, puntos en los que se habían dado cuenta de que la realidad era mucho más complicada de lo que habían imaginado, al igual que momentos en los que se atrevieron a pensar que tal vez, y solo tal vez, pudieran ser capaces de completar la tarea que su príncipe les había encomendado sin sufrir más bajas de las necesarias. Pero, desde que habían oído hablar de la gran horda que venía desde el norte, desde que habían visto los ojos de los refugiados, el estado de ánimo general había bajado a uno de precavido silencio en el que nadie se atrevía a hablar de victoria en aquella encubierta campaña militar, no hasta que terminara el planeado enfrentamiento con los emergidos del norte. Solo cuando el polvo de aquella pelea se disipara podrían hablar de victoria… O no hablarían nunca más.

A paso ligero, la tropa nohria al completo avanzaba sin descanso por el camino real, viendo a su costado como el sol descendía de forma lenta e inexorable, acercando con ello una noche de media luna que cubriría de parcial oscuridad el reino de los venerables, como si fuera una señal mandada por Naga de que existía un equilibrio total entre los defensores de su reino y los seres que planeaban arrasarlo, y que el resultado de que aquella contienda inclinaría el resultado final hacia un lado u otro según quien saliera victorioso y pudiera ver el siguiente cielo nocturno con sus propios ojos, ya fueran de color castaño o rojo como el infierno. Y a medida que esta misma señal del equilibrio en la guerra contra los emergidos aparecía con más nitidez en un cielo que degradaba con lentitud, los soldados de Nohr se acercaban más y más a la plaza fortificada. -Sonner. Toma la delantera con tres de tus hombres y asegurad que el campamento sigue desierto.- Un asentimiento fue la única respuesta que Laslow recibió por parte del explorador de pelo castaño, quien a su vez señaló a quienes debían acompañarle y salió a paso rápido junto a ellos por el camino, en dirección al emplazamiento reforzado que habían encontrado horas atrás. No había pasado demasiado tiempo entre ambas visitas de la avanzada, pero en tiempos de guerra uno nunca era lo suficientemente precavido.

Para cuando el grueso de las tropas llegó al viejo campamento de los Custodios, se encontraron con una de las puertas abierta y con tres hombres asomándose de cintura para arriba sobre las afiladas puntas de madera, vigilando el entorno con ojo de águila. -Creedme, mi madre me ha recibido peor.- El comentario llegó desde la fila trasera de la formación, pero provocó un murmullo de risas ahogadas por puños y gargantas cerradas, lo que provocó que la curva de los labios del joven mercenario se alzara en una tranquila sonrisa al comprobar que la moral no había caído lo suficiente como para que sus hombres perdieran el sentido del humor.

Una vez dentro del cerco de madera, Laslow pudo comprobar por sus propios ojos el estado e la misma, reconfortándose al ver que estaba en mucho mejor estado del que imaginaba. La muralla estaba en mejor estado del que imaginaba, sin señal alguna de humedad o podrido, y entre las tiendas que alguien olvidó allí encontraron flechas de repuesto para los arqueros, lanzas y escudos, lo que ayudaría a muchos de aquellos hombres a afrontar la cercana batalla con más seguridad, cosa que beneficiaba a todos. -¡Preparad el campamento para la noche y estableced las guardias! ¡Que siempre haya diez hombres armados vigilando desde la empalizada como mínimo!- Una vez se finalizó el reparto de armamento entre las tropas, el rutinario asentamiento dio lugar con una instrucción del Guardia Real, quien entró en la tienda que había tomado para sí mismo, y se dejó caer en un burdo asiento de madera de tres patas y superficie plana mientras un sonoro suspiro de cansancio escapó de entre sus labios sin ni siquiera intentar frenarlo. Las últimas horas habían sido agotadoras, y la perspectiva de una dura batalla en unas horas solamente había aumentado el peso que sentía de forma constante en su espalda desde que había abandonado el castillo de Nohr envuelto en el oscuro velo de la noche semanas atrás.

Usualmente, Laslow pasaba el tiempo antes de una batalla hablando con los guerreros cercanos, dando consejos a algún novato o, simplemente, cumpliendo su trabajo y permaneciendo junto a Xander como su guardián y sombra. Pero, en aquella ocasión, el mercenario no se veía capaz de hacerlo, y simplemente se quedó sentado en aquel banco de baja calidad, con la cabeza agachada y los dedos entrecruzados, pensando en los emergidos que se acercaban a su posición con inexorable paso y mortal determinación contra todo lo que fuera vivo y bello. En cierto modo, el yliensse era capaz de sentir una leve vibración bajo sus pies, como si la tierra misma se sacudiera bajo las botas de aquellos seres. El protector del príncipe coronado sabía bien que aquello no era más que un fruto de su imaginación, pero eso no evitó que una gota de sudor frío recorriera su espalda de punta a punta, provocando una sensación de frío y duda que no recordaba tener desde sus primeras peleas.

Fue entonces cuando la voz de uno de sus hombres rompió sus pensamientos con una sola frase: Tropa acercándose por el sur.

Sin tiempo que perder, pues no había posibilidad de ello en aquella situación, Laslow se levantó de la su asiento y salió de la tienda para encontrarse con la imagen de sus tropas organizándose en defensa con la mayor presteza que sus cuerpos les permitían. -Sonner. ¿Qué sabemos de quienes se acercan?- Notando la presencia del explorador junto a su cuerpo, el peligrís no se molestó en girar el rostro siquiera, centrando su mirada en comprobar que la vaina de su espada hoshidiana estaba bien ajustada en su cinturón. -Son humanos, de eso estamos seguros. De forma aproximada son unos cuarenta hombres… Tal vez mas, pero que Grima me corte la lengua si son menos.- Escupiendo hacia su derecha, el arquero terminó sus palabras y fijó su atención en el hombre a quien seguía en aquella campaña, el cual se centraba ahora en asegurarse de que las murallas estaban bien defendidas por si los visitantes venían con malas intenciones. -En cierto modo, espero que sean más… - Una sonrisa reapareció en el rostro del espadachín, aunque estaba lejos de ser una señal de esperanza y alegría ante la aparición de otros humanos. “Y que no tengan intenciones diferentes.” Si eran bandidos quienes se acercaban, los nohrios lo tendrían complicado. Pero, si eran otros mercenarios o los mismos custodios, existía la posibilidad de que estuvieran allí con el mismo fin que ellos.

Si el segundo caso se daba… Laslow esperaba solamente que no se dieran cuenta de la realidad tras el falso nombre de compañía mercenaria. A simple vista ninguno de ellos parecía soldado oficial, con armaduras compuestas de diferentes orígenes y ningún blasón por ninguna parte. Pero, si alguien de entre quienes se acercaban se daba cuenta de todo, la situación se podía volver mucho más complicada de lo que ya era.
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Re: [Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Dom Ago 20, 2017 1:36 pm

Según iban acortando con cada paso que daban la distancia que les restaba hasta el viejo campamento, los ánimos de la cuadrilla de mercenarios se iban tornando en un carácter mucho más positivo que el de hacía tan solo unas horas desde que emprendieron la marcha. No eran pocos los que exhibían con buen humor el hecho de que por fin tuviesen un sitio en el que por fin tomarse un respiro y combatir el frío que traía consigo la noche con una buena fogata. Alanna no solo lo agradecía por darles su merecido descanso a sus piernas y espalda de estar todo el santo día caminado con parte del equipo cargado a su hombro, también porque el resto de los mercenarios parecían más interesados en alcanzar un lugar en el que caerse muertos que en la presencia de la única fémina en el grupo. Con un poco de suerte, y si todo iba bien, podría encontrar un rincón tranquilo en las instalaciones de entrenamiento para ella y disfrutar de su última noche placentera sin ningún baboso que la molestase, antes de que a la mañana siguiente tomasen armas y enfrentasen a los invasores.

Pero con tan solo a unos pocos metros de su destino, algo empezó a no ir bien en el destacamento. Y es que desde las filas más avanzadas, un brote de quejas y comentarios malhumorados se fue extendió hacia los mercenarios que les seguían de cerca. Alanna enarcó una ceja por tan repentino cambio de humor entre sus compañeros, por lo que se temió que más adelante se habían topado con algún percance, uno que no les estaba sentando nada bien a los hombres con el creciente número de rostros de hosca molestia. —¿Qué demonios se han creído esos bastardos? Nos dijeron que el lugar estaba abandonado. —Fue uno de los tantos comentarios despectivos que captó entre el mar de murmullos. Antes de que pudiese perder el hilo del meollo, forzó su paso entre los mercenarios, valiéndose de su cuerpo menudo para escurrirse entre estos, y captando más quejas. —¿Han traído a más perros del ejército para vigilarnos? —Según avanzaba posiciones, el barullo no hacía más que acrecentar a su alrededor. —No. Están diciendo por ahí arriba que no ven a nadie más que vaya vestido de soldado. —y cada vez se le complicaba más el seguir adelante; llegó a un punto en el que los mercenarios estaban tan inquietos que por poco no vio el codazo anónimo que estuvo a punto de conectar con su cara. —¡Qué cojones! ¿Han contratado a más gente a nuestras espaldas? —Alanna bufó, agobiada de sentirse embutida en ese montón de brutos que podían aplastarla de no moverse con sumo ciudado, e hizo un último esfuerzo para salir del atolladero.

La peor parte pasó, y finalmente volvió a notar el aire fresco del bosque acariciarle la piel. Dio con más guerreros, pero se trataba un grupo más disperso que permitía moverse con mayor libertad, cruzados de brazos y con expresiones de suficiencia y duda a partes iguales. Y en frente suya, allí estaba. El afamado campamento abandonado, que para su sorpresa no estaba tan abandonado como todos creían: en lo alto de las murallas y en sus puertas estaban apostados diversos hombres armados, vigilando hasta el último movimiento de los recién llegados. Tal y como escuchó de uno de sus compañeros, no vislumbro a ninguno que portase el uniforme o el blasón del ejército del país, y con semejante muestra de disciplina para guardar el edificio, estaba claro que bandidos no eran. «¿Más mercenarios?», no podía tratarse de otra posibilidad, pues. Entonces, ¿de dónde había salido esa célula desconocida? En el contrato estipulaba que se organizaría un único grupo para la misión.

No muy lejos, encontró al capitán del ejército ylissense discutiendo con el que debía de dirigir a los demás guardias. La tranquilizó un poco que, en vista del giro de los acontecimientos, tratasen de recurrir a la palabra, aunque… —¡Ínfulas! En ningún momento se me ha comunicado que se mandaría un destacamento ajeno a este al campamento. Exijo saber de inmediato que cargo del ejército os ha permitido la entrada a este recinto. —Las negociaciones no apuntaban a ser muy exitosas. El capitán siguió avasallando con más preguntas al guardia, hasta que la impaciencia y la disconformidad de los mercenarios que estaban a su cargo acabaron por detonar y desatar más problemas. —¡Eh, tú, perro del ejército! ¿Te crees que nos chupamos el dedo? ¿O acaso piensas que no nos íbamos a dar cuenta de que tus amiguitos han estado contratando a más gente a nuestras espaldas? —La primera de todas las bombas saltó. «Oh, no… Oh, nononono», Alanna ya estaba visualizando el cruento desenlace de aquello. El efecto en cadena del primer comentario no se hizo esperar—. ¡Bastardos! ¡Acordamos con vosotros que no intervendrían segundos! ¿Qué va a pasar ahora con nuestros honorarios? —Y siguió, y siguió… La manada de mercenarios se transformó en una masa enfurecida que se contenía a duras penas de arrojarse encima del capitán y destrozarlo en el acto.

Y Alanna… Alanna no tuvo tiempo de pensar que hacer con el miedo infundado a que se desatase una masacre. Salió disparada como una flecha al frente y extendió los brazos en alto, deteniendo el avance de aquella estampida de bestias sedientas de sangre. Ni siquiera se le ocurrió pensar que podría acabar aplastada bajo sus botas por semejante temeridad. —¡¡Alto!! ¡Esto es totalmente innecesario! ¡Se supone que nos han contratado para luchar contra un ejército de supuestos monstruos, no con otros seres humanos! —le gritó a la muchedumbre. Uno de ellos la acuchilló con una mirada enervada y escupió—: ¿A ti quien te ha dado vela en este entierro, niña? ¿O vas a encargarte tú de impedirnos a quien le partamos la cara? — Alanna apretó los labios y se guardó las malas palabras para sus adentros. No, tenía que arreglar ese embrollo sin provocarles más—. Yo no, pero sí vuestros dichosos honorarios. ¿U os creéis que vais a ver una miserable moneda si os peleáis con el primer oficial que os encontréis? Me gustaría saber quién os contrataría después de que os ganaseis un puesto en la lista de los más buscados por el ejército. —Eso, en cambio, sí que les sentó como una puñalada trapera, callándolos en el acto y aminorando sus ganas de cruzar aceros con quien fuese. Aprovechó el instante de duda que sembró para dirigirse al jefe del grupo desconocido para increparle—. ¿Está vuestro comandante en el interior del campamento? Entonces comunicadle de inmediato que un grupo de mercenarios está buscando a los invasores que asediaron diversas aldeas el otro día, y que solicita el acceso al recinto para planificar una estrategia. —Miró al capitán ylissense, quien gesticuló una expresión de incredulidad e indignación por igual. No le debería estar sentando muy bien que una muchacha como ella se tomase tantas libertades sin su consentimiento, pero a ver si tenía el valor de recriminárselo después de haberle salvado el pellejo.

Quedaba esperar, pues, a quien estuviese a cargo de estos extraños de los que se desconocía su procedencia y motivos. «Por Naga, que su comandante no sea otro bruto descerebrado…»
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Re: [Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Laslow el Jue Sep 14, 2017 6:57 am

Los rostros de los hombres que se encontraban en el interior del fuerte se habían vuelto tensos, duros y desconfiados ante el barullo que había comenzado a sonar a sus puertas, a cada segundo con más intensidad. Pero Laslow podía ver en los ojos de aquellos que estaban bajo su mando una pizca de duda e inseguridad, y no se planteaba juzgarles por ello de ninguna manera. Todos y cada uno de ellos estaban allí para pelear contra emergidos, para rechazarlos y hacerles retroceder hacia Nohr, y tener que verse las caras contra una banda de bandidos era un contratiempo al que no querían enfrentarse bajo ningún concepto, mucho menos horas antes de una batalla tan importante como la que les había llevado a tomar aquel fuerte abandonado. Pero los segundos se alargaban a la par que las voces se volvían más elevadas ante las puertas, y el protector de Xander suspiró con alivio al darse cuenta de que, si hubieran sido simples bandidos quienes estaban allí, la pelea habría comenzado rato atrás. Los hombres que había a sus puertas eran, sin posibilidad de duda alguna, mercenarios reales o miembros de los Custodios de Ylisse.

-Sonner. Id a las murallas y aseguraos de tener siempre el ojo en quien dirija al grupo y la mano en una flecha… Solo por si acaso- Una sonrisa irónica sustituyó a la nerviosa que había antes en los labios del mercenario, quien dijo tales palabras al ver como la puerta de la muralla se habría levemente y dejaba pasar a uno solo de los guardias que había frente a la estructura, algo que solo podía significar una cosa en la mente del Guardia Real… Lo cual fue confirmado por su hombre nada más llegar frente a él: Los hombres a sus puertas, mercenarios dirigidos por un capitán de los Custodios, pedían paso al interior y una reunión con él para planear una estrategia de cara al inminente conflicto. “Empezamos bien si están aquí por lo mismo… Solo espero que todo siga igual cuando entren.” Laslow se había decidido a darles paso en cuanto se percató de que no eran bandidos con intenciones asesinas hacia él y sus hombres, pero eso no significaba que fuera a recibirles con las manos abiertas y las armaduras retiradas, pues solo un necio confiaría en un desconocido a las primeras de cambio. -Pueden pasar sin problema alguno, y me reuniré con su capitán aquí mismo. Pero todos ellos deben de tener sus armas envainadas, nada de entrar armados y listos para pelear.- Con un asentimiento, el soldado se marchó de nuevo hacia la puerta, mientras que el Guardia Real dio una orden clara a sus hombres: Ningún arma podía estar empuñada cuando los mercenarios entraran, debían de mostrar seguridad, pero darles paso solo para ver que los ocupantes del fuerte estaban listos para luchar en ese mismo momento llevaría a un desastre de consecuencias inimaginables para todos.

Así fue como, finalmente, las puertas del puesto defensivo se abrieron de par en par, y los ojos de los nohrios captaron los de los mercenarios al mando de aquel custodio. En números ambos bandos eran similares, y lo mismo se podía decir del armamento y armadura que portaban los soldados. La mayor diferencia era la del capitán de quienes entraban a paso desconfiado en el lugar, pues su cuerpo protegido por una armadura de hierro no dejaba lugar alguno a la duda de que se trataba de alguien con rango muy superior al de todos los allí presentes… Al menos, solo por vista, pues era probable que Laslow estuviera en un puesto superior a él en la escala social, aunque los sencillos ropajes que llevaba en ese momento indicaran lo contrario. “Bendita sea Naga… Bendita sea por darme esta alegría.” Pero los ojos del Guardia Real no estaban en el claro líder de los mercenarios, sino en una figura de menor tamaño que caminaba algunos pasos tras él. Una joven de rubio cabello hasta los hombros, clara piel y cuerpo fibrado pero elegante.  Aquella extraña poseía la belleza de un felino salvaje, y el espadachín no podía sino admirar la forma con la que su cuerpo se movía a cada paso que daba.

La realidad volvió a su mente no con la ahogada risa de uno de los miembros de la encubierta tropa nohria, que se había percatado de como su superior se había dejado llevar por su famosa afición de contemplar a las mujeres cercanas, sino con el creciente sonido metálico de la armadura del capitán de aquellos hombres, quien caminaba con más fuerza de la necesaria para hacerse notar en aquel lugar, y tal vez para intentar poner respeto y temor entre quienes ocupaban el fuerte… Claramente, no consiguió ninguna de las dos. “Por el dragón divino… Es uno de esos soldados.” Laslow tuvo que ocultar su rostro de decepción al comprender que aquel hombre poseía una mentalidad de alta cuna a pesar de ser un noble venido a menos, y que seguramente debería aguantar una constante sarta de insultos y recordatorios de quien estaba sobre quien… Por eso mismo el mercenario llevó ambas manos a su espalda en gesto de confianza, tanto hacia los otros hombres como hacia sí mismo, y dibujó en su rostro una calmada sonrisa, la cual espero que calmara al otro hombre y a sus tensas tropas al mismo tiempo.

-Siento el recibimiento y los posibles malentendidos que exist…- Las palabras de recibimiento del peligris fueron cortadas por el sonoro golpe de una lanza clavándose contra el suelo. En concreto, la lanza del Custodio al mando de los mercenarios, quien acababa de romper el pacto establecido para entrar y ahora se encontraba con ambos brazos cruzados frente al yliensse, en un claro gesto de tensión y desagrado hacia él. -No se os perdona el recibimiento ni los malentendidos. Ni tampoco se os perdona que ocupéis un fuerte de los Custodios sin permiso de los mismos. No sois más que bandidos para mí, tened eso claro.- La tensión que Laslow trataba de evitar acababa de crecer por mil en un solo instante por culpa de la arrogancia de aquel hombre, quien ni siquiera pestañeaba ni miraba a otro lado que no fuera al rostro del espadachín. -Mi nombre es Bertram, cuarto hijo de la familia Silvirian del norte. Por el poder de mi nombre y el del Venerable os ordeno… No, ¡os exijo que os identifiquéis, que deis la causa de vuestra presencia en este fuerte, y que lo abandonéis inmediatamente!- Una maldición cruzó la mente del protector del príncipe heredero de Nohr al confirmar su sospecha de que aquel capitán de los custodios era de la baja nobleza local. Eso era algo que iba a hacer las negociaciones más complicadas, sobre todo por lo que se refería a su parte. -…Me veo obligado a pedir de nuevo disculpas por este malentendido, pues ni somos bandidos ni tenemos intención de convertirnos en ello próximamente.- Aunque las palabras del espadachín buscaban transmitir calma a su alrededor, este podía notar perfectamente que la tensión entre ambos grupos crecía por momentos. -Mi nombre es Azur, y dirijo a estos hombres tras haber sido elegido por ellos mismos para cumplir tal cargo. Somos un grupo mercenario que viaja por todo el continente con el objetivo de acabar con el mayor número de emergidos posibles.- Aquella era la mentira acordada entre todo el destacamento, y todos y cada uno de los nohrios allí presentes la recordaban tanto como sus nombres falsos y las razones inventadas de haber llegado allí. -En cuanto a vuestra orden de abandonar el fuerte de forma inmediata… Me temo que no vamos a hacerlo por varias razones. La primera, nuestros contratantes nos informaron de que estaba abandonado desde hacía tiempo, por lo que a nosotros se refiere, este lugar no es de los Custodios, sino de quien lo ocupe en ese momento. Y en segundo lugar, por el simple hecho de que todos nosotros tenemos un objetivo común, y es enfrentarnos a los emergidos que bajan desde el norte por el camino real, ¿cierto?- Un murmullo apareció entre los mercenarios tras el Custodio, y Laslow creyó atisbar entre ellos a la rubia guerrera asintiendo en silencio, lo cual le hizo tener esperanzas de que las cosas pudieran superarse pacíficamente.

-Aún no me habéis dicho quien os dio permiso militar para ocupar este fuerte…- Dejando claro que había hecho caso omiso a las palabras del mercenario, el capitán de los custodios se mantuvo firme en su agresiva posición y en su gesto de desprecio hacia el joven peligrís. -Los refugiados que nos contrataron para acabar con la plaga que destruyó sus vidas. Ellos no dieron el permiso.- La sonrisa desapareció de su rostro, y su voz adoptó un tono que sorprendió al mismo Laslow, pues era uno muy parecido al que había oído usar a Xander en situaciones de tensión con alguno de sus oficiales. -Estamos aquí porque ellos nos pidieron poner fin a un ejército de pesadilla que perfectamente podría haber masacrado solo todo la frontera norte con Regna Ferox. Si vuestros intereses son los mismos, lo que más nos convine es trabajar… Juntos.- La sonrisa volvió al rostro del espadachín, y fue acompañada de una extensión de su mano derecha hacia el capitán de los Custodios.

La tensión seguía presente, y el mercenario sabía bien que su segundo al mando estaba listo para disparar en caso de que aquel bajo noble intentara alguna locura… Pero ahora estaba en su propia mano calmar la situación y aceptar cooperar con los inesperados acompañantes de lucha, y solo él podía tragarse su orgullo y aceptar cooperar, o continuar con él por delante y condenar a todos a un trágico destino perfectamente evitable.
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Re: [Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Lun Oct 02, 2017 5:21 pm

El guardia principal de la entrada estuvo su buen minuto rumiando para sus adentros, gesticulando lo mínimo mientras intercambiaba miradas efímeras entre la originaria de aquella propuesta y el capitán ylissense. Entonces, asintió con la cabeza y procedió a pasar al interior del campamento, no sin antes indicarles en pocas palabras que ninguno se moviese del sitio. Alanna exhaló por la boca aire y parte de la tensión acumulada, satisfecha con que alguien de allí tuviese dos dedos de frente y accediese a hacer las cosas por la vía diplomática. Estuvo a punto de relajarse del todo cuando una manaza la sorprendió, cerniéndose sobre su hombro y empujándola hacia atrás. —Vuelve a tu sitio. —Justo después de recuperar el equilibrio, la hosca mirada del desagradecido de su jefe fue la única recompensa que obtuvo. Total, solo acababa de impedir que sus propios hombres lo linchasen allí mismo. Entornando los ojos, ni se molestó en decir o gesticularle nada y dio media vuelta hacia el resto de los mercenarios, arrastrando los pies. Por otro lado, su pequeña intervención sí que consiguió que bajasen un poco los humos entre estos, aunque los cuchicheos y las miradas desconfiadas que lanzaban a los desconocidos ya eran otro cantar.

Cruzada de brazos y dando golpecitos al suelo con el pie de pura impaciencia, aguardó junto al resto de sus compañeros sin prestarles demasiada atención. Entonces, los dos portones de la entrada principal chirriaron al abrirse, anunciando que el líder del grupo de extraños estaría por la labor de dialogar. La única condición que les pusieron antes de que accediesen al interior es que todas las armas debían estar envainadas, una petición bastante razonable después de la pequeña trifulca que estuvo a punto de estallar. Además, tampoco es que los otros fueran a tener complicaciones en el hipotético caso de la situación se descontrolase, pues dentro del recinto halló una generosa cantidad de soldados, de números muy similares a la suya. Todos hombres, cómo no. Alanna ya tuvo que resignarse a descartar cualquier momento de intimidad que pudiese tener allí dentro. Y habiendo el doble de hombres, habría el doble de miradas hacia su persona.

Incluso juraría que poco tardaron en fijarse en ella, ya que fue poner un pie en el campamento y notar un escalofrío recorrerle la espalda. No supo ni cuándo ni porqué, pero tuvo la extraña sensación de que alguien la… ¿observaba? Para nada, más bien la devoraba con los ojos. «Santísima Naga, ¿dónde me he metido?». Se abrazó a sí misma y miró en derredor, suspicaz y con el ceño fruncido.

Pero había otros contratiempos de los que preocuparse, como el escándalo que estaba montando su capitán con el traqueteo de su armadura para hacerse de notar entre el grupo. Como un perro que trataba de marcar su territorio. Por fortuna, el espectáculo pudo acabar rápido al aparecer de entre las filas del grupo desconocido su líder: Alanna se sorprendió, y mucho, pues aquel individuo no entraba dentro del perfil que solía tener de los enormes y peligrosos tipejos que capitaneaban los gremios de mercenarios. No llegaba a ser muy alto, y además era bastante joven. Aquel muchacho de cabellos grisáceos se acercó con una escueta sonrisa y un porte relajado que no casaba para nada con el ambiente que le rodeaba.

Su intento de transmitir la calma entre ambos grupos fracasó estrepitosamente. Alanna pegó un respingo tras el portentoso lanzazo en el suelo que dio quien se encargaba de su equipo en un último intento de buscar respeto. Apretó los dientes de suplicio con la verborrea de despropósitos que escupió ese animal. ¡Un noble prepotente tenía que ser! ¿Cuarto hijo de la familia Silvirian? Pues si este era tan arrogante no quería ni imaginarse a los otros tres vástagos que le precedían. De la ira de su propio grupo podría salvarlo, pero aquel descerebrado no solo se estaba cavando su propia tumba, si no la de todos ellos por cómo seguía provocando al chico peligris y despotricando sobre su persona.

O no. Sorprendentemente, el otro líder debía de contar con una paciencia titánica, ya que procedió a explayar los motivos de la ocupación del fuerte y del propósito de sus hombres sin necesidad de rebajarse al mismo nivel que su interlocutor. Al comunicar que venían con la misma intención que ellos, de acabar con el ejército de los monstruos humanos, el volumen de los murmullos entre sus compañeros se acrecentó, en señal de afirmación a lo que dijo. Alanna, por su parte, dejó caer las manos sobre las caderas y tuvo que asentirle con la cabeza por la santa razón que tenía.

En un último intento de formalizar una alianza entre ambas fuerzas, el joven le tendió una mano al capitán Custodio, quien se limitó a mirarla con un claro deje de desconfianza. Dada su reticencia, Alanna soltó un relincho de hastío. De ninguna manera iba a permitir que ese noble cegado por el orgullo echase por la borda sus únicas esperanzas de que pudiesen salir vivos de aquella contienda, por lo que se aventuró a dar unos cuantos pasos hacia los dos líderes e intervenir por segunda vez. —Disculpad mi intromisión. Habéis dicho que os llamabais sir Azur, ¿correcto? —increpó al muchacho, alzando una mano. No pasó por alto la mirada fulminante que le lanzó el capitán Custodio, pero se  limitó a ignorarla y procedió a aclararse la garganta—. Si mal no he entendido vuestras palabras, el propósito de vuestro grupo es el de interceptar al ejército de aquellos a los que se denominan “emergidos”. Entiendo así, pues, que vuestra compañía trabaja al margen de la nuestra y que afirmáis ya haber sido pagados por vuestros servicios, ¿me equivoco? —Lo que se propuso con aquel comentario logró surtir efecto satisfactoriamente: los ojos del resto de mercenarios que operaban junto a ella brillaron por la mera idea de que tocarían a menos soldados que aniquilar y que cobrarían lo mismo. Todos aquellos orbes fulgurantes se posaron de inmediato sobre la figura del capitán, que no tardó en notar la enorme presión del grupo. Acababa de librarse de un motín en el que hubiese acabado con nefastos resultados, y bien consciente que era de lo que podría ocurrir como les llevase la contraria una vez más a esa manada de lobos sedienta de oro.

Cinco segundos después, alargó la extremidad y le estrechó la mano. —Espero por vuestro propio bien que cuando esto acabe, no os vuelva a ver a ninguno por estos lares. —Mientras, Alanna se encogió de hombros, aunque con la conciencia tranquila de haber salvado el día una vez más. Más, no vio venir que el capitán volvió a recompensarla a su manera: arrollándola de lado con su hombro al dar media vuelta y volver con su unidad—. ¡No os quedéis ahí parados y empezad a descargar! —Esta vez no pudo recobrar el equilibrio y acabó hincando una rodilla tras el golpe. Le vio alejarse de espaldas, furibunda. «Grandísimo energúmeno».
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Re: [Campaña de liberación] Destinos que se cruzan cual espadas [Priv. Alanna]

Mensaje por Laslow el Sáb Oct 07, 2017 9:33 am

La mano extendida no temblaba, sino que se mantenía firme y tensa en todo momento, sin señal alguna de que fuera a retroceder o de que fuera a ser denegada la oferta de ayuda mutua. Pero en el otro lado, allá donde apuntaban los dedos de Laslow, los brazos cruzados del noble custodio eran una señal más clara de lo que pasaba entre las tropas que la palma abierta y ofrecida de forma amigable. Había una tensión creciente en el fuerte por parte de ambos mandos, y el mercenario podía no solo sentir una constante presión sobre sus hombros y la sensación de que en cualquier momento podía estallar una pelea, sino que también creía escuchar el cuero de las empuñaduras de las espadas tensarse al ser agarradas con fuerza. Aquella tensión podía romperse en cualquier momento, y todo dependía de lo que el capitán de los mercenarios de Ylisse decidiera hacer…

Por fortuna para todos, no fue su voz la que  rompió el tenso silencio, sino la de la rubia doncella en la que el Guardia Real se había fijado antes, volviendo a clavar sus pupilas en las de ella cuando se dirigió a él dando un paso al frente de sus compañeros. -Así es, pero los títulos y formalidades son algo que podéis dejar de lado si deseáis.- Uno de los soldados nohrios tuvo que darse la vuelta y meterse el puño en la boca para no estallar en una sonora carcajada ante el comentario de su superior, quien ni siquiera con tal tensión en el ambiente era capaz de dejar de lado su gusto por las damiselas. -Ciertas son vuestras palabras. En efecto, nuestros servicios ya han sido pagados por completo.- Una sonrisa cómplice surgió en el rostro de Laslow, quien dirigió su mirada de nuevo al capitán de los mercenarios , cuyo rostro había tornado de orgullosa ira a una más mundana y rural, con una mirada que había matado al protector al heredero del trono negro si contase como arma.

Finalmente, las manos de ambos líderes se estrecharon, aunque el joven peligrís pudo sentir como el noble usaba fuerza de más para significar la alianza temporal entre ambos grupos, acompañando al gesto con un amenazante comentario sobre el futuro. -Recordadme que nos repartamos la zona de actuación cuando acabe todo esto.- El tono amigable de Laslow no sirvió para nada aparentemente, pues el acorazado capitán dio media vuelta y se dirigió hacia sus propios hombres bramando órdenes, no sin antes dar un innecesario golpe a la rubia guerrera con el hombro. “Y luego dicen que los nohrios son los animales…” Un suspiro escapó de entre los labios del Guardia Real, quien sacudió su mano derecha para aliviar la sensación de opresión que había dejado aquel tipo en su extremidad. Tener a alguien como él dirigiendo a los mercenarios locales sería un auténtico dolor de cabeza, sobre todo porque aún debía sentarse con él para planear como actuarían una vez aparecieran los emergidos, pues enfrentarse a ellos por separados, aun estando en el mismo sitio, sería un suicidio. -¿En qué pensáis mi señor?- Silencioso como siempre, el capitán de los arqueros y segundo al mando del grupo nohrio se había acercado hasta la espalda del líder del falso grupo mercenario, quien ahora cruzaba ambos brazos sobre su pecho y mostraba un gesto reflexivo. -Pienso que están en manos del líder equivocado.- Ambos hablaban a voz de cuello, pero los ojos de los dos hombres se dirigieron a la doncella de pelo dorado que había hablado sin permiso, pero con mucho más cerebro y razón que quien comandaba sobre ella y el resto de mercenarios. -Coge a algunos hombres y echadles una mano con la descarga. Vendrá bien que empiecen a conocerse y confiar entre ellos.- Mientras el explorador se marchaba de su posición y comenzaba a llamar a soldados nohrios para que le ayudasen en la tarea encargada, Laslow buscó con la mirada al tal Bertram, al cual encontró discutiendo con uno de sus propios hombres dado que este se negaba a darle la tienda que había encontrado vacía, la cual reclamaba para si el noble a causa de su posición. “Puede que sea quien lidere el grupo, pero no es un líder.” Tal vez fuera porque Xander era un excepcional ejemplo de cabeza de ejército, pero su protector personal fallaba en ver en el Custodio las características que su propio príncipe exhibía cuando cabalgaba frente a las tropas de Nohr.

Tras ver como el mercenario abandonaba a regañadientes el que iba a ser su lugar de descanso, el peligrís enfocó su vista en la doncella rubia una vez más, a la cual no tardó en encontrar entre los comunes físicos de hombres musculosos y sudorosos. Muchos de ellos se fijaban en ella de reojo o de forma descarada, pero no era una forma de verla precisamente cortés. En ella veían mera carne bien formada, mientras que Laslow veía una salvaje belleza a la que ahora acompañaba una mente claramente inteligente, perspicaz y despierta, algo que no se veía todos los días entre mercenarios movidos por la ganancia de oro solamente.

Por ello mismo sus pies comenzaron a moverse hacia donde ella se encontraba, llevando ambas manos a la espalda y manteniendo un ritmo tranquilo. -Espero que el golpe de vuestro capitán no haya sido tan doloroso como lo ha parecido a primera vista. ¿Se encuentra vuestro hombro bien?- El peligrís se detuvo a una distancia respetuosa de la joven, dado que no pretendía incomodarla con una cercanía excesiva desde el primer momento. -He de daros las gracias por intervenir. Si no hubiera sido por vuestras palabras, muy probablemente seguiría con la mano extendida en el aire, o algo peor.- Al estar enfocado en la doncella guerra, Laslow era incapaz de ver los codazos que los nohrios cercanos se daban entre ellos, y las risas que ahogaban en sus gargantas al ver como su capitán se lanzaba, una vez más, a lo que seguramente sería un desastroso intento de conquistar a una dama. -Y malditos sean mis modales, no me he presentado formalmente ante vos. Azur es mi nombre, tal y como escuchasteis, ¿cuál es el vuestro si no os incomoda la pregunta?- Una leve inclinación de torso y cabeza fue la señal de respeto y saludo que el espadachín dio a la doncella, mostrando al recuperar la verticalidad una calmada sonrisa en el rostro… Lo cual, por supuesto, provocó más calladas risas entre sus propios hombres.
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