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[Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

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[Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Mar Ago 01, 2017 4:40 pm

Finalmente el día había llegado. Suspiró pesadamente mientras sacaba del armario sus mejores galas, aquellas que únicamente vestía cuando su rol social de príncipe de Ylisse le obligaba. Había conseguido evitar su presencia en la última fiesta que un noble emparentado lejanamente con la nobleza había ofrecido en su lujosa casa, a la cual habían acudido sus dos hermanas como representación de la familia real, pero en aquella ocasión era su turno de continuar con los deberes sociales que acompañaban su título. Aquellos ropajes estaban confeccionados con las mejores de las telas, algunas incluso importadas de otros reinos lejanos, de color azul marino como era de costumbre. Aquel era, sin duda, el que más le favorecía si tenía en cuenta sus rasgos. Se colocó por encima una capa aterciopelada, colocando los cordones dorados y las borlas en su lugar. Llevaba las medallas que lo identificaban como caballero del reino también, siendo aquello de lo que más orgulloso estaba.

Se miró ante un espejo de pie antes de asentir para sí mismo. Nadie podría replicar que no se había esforzado en esa ocasión. No quería causar ningún tipo de problema a su hermana mayor, así que simplemente llegaría al lugar, permanecería el tiempo suficiente para que no considerasen su marcha una ofensa y se disculparía alegando una reunión importante y militar a la mañana siguiente. De esa forma tampoco se vería obligado a beber demasiado, no le gustaba hacerlo. Tampoco disfrutaba dejando sola a su hija, pues siempre procuraban cenar juntos de ser posible y no encontrarse él fuera. Se despidió de ella, dándole un beso en la frente antes de dirigirse hacia las grandes puertas de roble que reinaban sobre la entrada del palacio.

Se abrieron lo justo para permitir su salida, tampoco quería destacar ni perturbar la vida cotidiana de los aldeanos. Subió al carro que lo esperaba en la entrada y, apoyando el codo en la ventana, se encaminaron rumbo al emplazamiento de la fiesta. Su ilusión por asistir a aquel lugar brillaba por su ausencia, mas se esperaba su presencia en aquel lugar con empeño. Soltó un sonoro suspiro antes de percatarse de la presencia de otras carrozas que indicaban su llegada a la casa del conde. Se bajo con cuidado de no pisar la larga prenda que le acompañaba, posando la mano sobre su espada. En aquella ocasión no era más que un símbolo decorativo, pero la costumbre de llevarla hacía que se sintiera todavía más seguro en aquella reunión, donde no esperaba que ocurriera ningún incidente que requiriera de su uso.

Una vez hubo entrado en el salón, el ritual comenzó: Saludar al anfitrión y a su familia así como agradecer que contaran con su presencia, comenzar charlas poco atractivas con los amigos de este sobre comercio y economía, pasear entre los diferentes grupos reunidos para no dejar de lado a nadie y evitar malentendidos futuros, todo ello mientras portaba en la mano una copa, probablemente de alguna bebida alcohólica cara que no tenía ganas de probar.

Disculpadme un instante, compañeros, me temo que se me requiere en… otro lugar, no tardaré y les daré mi opinión respecto al tema que tratan con tanto ahínco –con la cabeza señaló la puerta de salida de la habitación, aunque también en aquella dirección se encontraba el servicio. Dejó sobre una bandeja, portada por sirvientes de la casa, su copa medio vacía y se dirigió hacia la salida, necesitaba tomar un poco de aire. Aunque ya había caído la noche, y con ella las temperaturas, era agradable sentir la brisa y el fresco en el rostro. Cerró los ojos un momento antes de regresar. Ese era su deber y mejor no posponerlo demasiado.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Vie Ago 04, 2017 4:47 pm

¿Recuerdas lo que discutimos ayer, Anisse?

Sí, madre.

Como para olvidar el momento en el que su madre la obligó a presentarse en el estudio de la residencia para soltarle un sermón sobre etiqueta, modales, y las ya repetitivas advertencias sobre lo que pasaría si se le ocurría dar la nota y poner en evidencia a la familia. Aquel día iba a ser uno muy largo, y de momento no veía escapatoria posible a lo que le esperaría durante las siguientes horas. Anisse suspiró con pesadumbre, tenía dibujado en el rostro la definición exacta de aburrimiento, apoyando la mejilla sobre su mano mientras desviaba la vista hacia el exterior que se vislumbraba desde la ventana del carro, su propia prisión con ruedas en la que estaba atrapada con su madre y dos hermanas que no albergaban amor fraternal alguno hacia ella.

Espero por tu parte que así sea. También espero que te comportes como es debido cuando lleguemos.

Sí, madre.

Gracias a la influencia del prometido de su hermana mayor, Eleanora, y a los hilos que movió su padre, se les había invitado para asistir a un convite que celebraba alguno de esos dichosos y pomposos marqueses para alardear del linaje de su familia o de sus logros. Fuera como fuese, debía de tratarse de un evento importante porque se decía que la familia real estaría invitada y que seguramente, acudirían por compromiso. Y claro, ¿cómo no iban a aprovechar aquella oportunidad sus padres para remarcar el prestigio de la familia Goldhertz? Oh, y por supuesto, para buscarle un pretendiente de una vez por todas a la problemática de su hija y tenerla más controlada. Porque era así como se estaba sintiendo en ese momento, como mercancía a punto de ser exhibida en un escaparate muy lujoso y sólo apto para los más acaudalados. No era la versión oficial con la que le informó su familia, pero tenía experiencias de sobra para darse cuenta de que aquello era otra de las artimañas de sus padres. Por lo menos pudo elegir ella misma el vestido que luciría para la ocasión, uno largo y de tonalidades anaranjadas con encajes blancos como adorno. Ni muy ostentoso, ni muy ceñido, pero también elegante y que cumplió con los requisitos mínimos que le impuso su madre. De haberla dejado a ella elegir, ahora mismo estaría luchando por respirar en un ajustado vestido que le estrangularía el estómago.

Ah, y ante todo, debes mantener tu…

Sí, madre.

Pensó en su queridísima amiga, Helen. ¿Qué estaría haciendo la mercenaria en esos momentos? Pudo avisarla a tiempo de la encerrona en la que la habían metido y que no les quedaría más remedio que aplazar sus clases de lucha para otro día. Le dio mucha lástima cuando se lo dijo, porque según Helen, estaba haciendo grandes progresos y tenía ganas de comprobar cómo se desenvolvería en la siguiente práctica. Pero no, tenía que estar perdiendo el tiempo en una estúpida fiesta y aguantar a los pendencieros que intentasen cortejarla.

¿Qué es lo último que te acabo de decir, Anisse?

Sí madre… —Despertó de sus pensamientos en cuanto oyó a su madre suspirar de enervación y notar que algo no iba bien. Retiró sus ojos de la ventana y se encontró a la mujer con cara de complicidad y llevándose una mano a la frente. Su hermana Loretta soltó una irritante risita, tapándose un poco la boca con la mano, mientras que Eleanora se limitó a mirarla con cruel desdén, ya harta de su comportamiento.

Anisse, por favor, céntrate. Esta es una ocasión muy especial y es de suma importancia que todo salga bien —le reprendió su madre—. Es de las pocas oportunidades que tenemos en acudir a estos eventos. El prometido de tu hermana nos ha hecho un gran favor convenciendo a los anfitriones para que nos permitiesen acudir, y tu padre me ha pedido que os comportéis como es debido.

Oh, pero madre, no es de mi querida hermana Eleanora y yo por quien os debéis preocupar. Nosotros no somos las que nos subimos a las mesas y empezamos a dar saltitos en ella como un pato ebrio —escupió Loretta con mofa, dedicándole a Anisse una sonrisilla hiriente. La aludida gesticuló una mueca de suficiencia y se levantó de su asiento de un salto, con los puños apretados y clavándole unos furibundos ojos a su hermana menor, quien seguía con la sonrisa esbozada. Le dolió en el orgullo que esa pequeña sabandija que formaba parte de su familia la volviese a atacar haciendo alusión a una de sus múltiples trastadas de cuando era una niña. Su madre pronto intervino para detener a su hija de que le cruzase la cara a la menor—. ¡Anisse, siéntate! ¡Loretta, es suficiente! —Anisse chasqueó la lengua y volvió su asiento, mientras que Loretta bufó y se encogió de hombros, como si aquello no tuviese que ver con ella.

Y sin ningún otro percance más, el carromato llegó a su destino y dejó en tierra a las mujeres. Tal y como se imaginó, fue llegar al salón y empezar la sesión de tortura para ella. Su madre y su hermana mayor fueron directas a reunirse con la familia del pretendiente de la segunda, mientras que Loretta aprovechó para hacer lo que más le gustaba después de lanzarle puyitas a su hermana: coquetear como la niña mimada que era, yendo de flor en flor con el fin de engatusar a algún noble de gran prestigio. Por Anisse, se podía quedar con todos, ya que a ella le tocó sufrir las acometidas de los jóvenes varones que se le acercaban con unas lujuriosas miradas que le revolvían el estómago del asco, y alardeaban de sus logros en la academia militar o en las compañías mercantes de su familia.

«Se acabó. Tengo que salir de aquí antes de que estrangule a alguien», fue lo que pensó nada más aprovechar el fracaso del último muchacho que trató de cortejarla y salir a paso ligero hacia la salida. ¡Qué horror! Y apenas eran las primeras horas de la noche. Necesitaba desahogarse de cualquier manera, y lo mejor que podía hacer era salir a que le diese un poco el aire y pensar en frío. Sin embargo, iba caminando a trompicones, tan acelerada, que nada más alcanzar el exterior no se dio cuenta de la figura que le salió al paso y se dio de bruces contra ella. Cayó al suelo tras el impacto, frotándose su dolorida cara.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Lun Ago 07, 2017 11:59 am

Cuando pretendía regresar al calor de la sala repleta de invitados, dirigió la vista hacia el cielo. Cuando batallaba en poblados alejados de grandes ciudades, lejos de cualquier tipo de iluminación, el número de estrellas en aquella cúpula oscura de multiplicaba inesperadamente. Ya sus ancestros habían hecho uso de los astros para guiarse durante las batallas, largos caminos o peregrinajes, demostrando su más que estimada valía. Chrom había aprendido a valerse de las estrellas de la noche para guiarse en varias ocasiones, cuando los mapas no eran confiables del todo o se encontraban en territorio desconocido. El fulgor que desprendían siempre era el mismo, cálido en aquel lugar oscuro, destacando por encima de todo mal. Nunca la oscuridad se cerniría sobre la tierra, nunca serían engullidos por las tinieblas, ni siquiera en momentos de guerra o incertidumbre. Por extraño que pareciera, aquellos diminutos puntos centelleantes le apaciguaban.

Sin embargo aquello simplemente servía para recordarle que debería regresar al interior de aquella noble mansión, donde los invitados aguardaban para hablar con él, quizás ya sobre temas menos importantes dada la hora que se acercaba y el alcohol que ya corría por sus venas. Especialmente lo último motivaba conversaciones de lo más extrañas, algunas totalmente triviales, pero otras donde, algunos nobles quizás con más vino que sangre en las venas, dejaban escapar información que, en un momento de cordura, jamás habrían admitido.

Negó con la cabeza, recordándose a sí mismo que no debía aprovecharse de aquella situación, en ninguno de los sentidos. Su propia persona había pasado por un estado similar, aun cuando habría ocurrido tiempo atrás, en sus años adolescentes, pero conocía las consecuencias que podían derivar de actos como aquel. Era cierto que había obtenido a su más preciado tesoro como desenlace a la fatídica acción que realizó, pero no por ello era algo de lo que debiera sentirse orgulloso.  Conocía su posición en aquel lugar, no podía actuar como la niñera de nadie –salvo de su propia hija –y por ello debía permanecer a un lado si lo que aquellos hombres, en la mayoría con ya canas en su cabellera, decidían que era lo mejor para ese momento. Podría, como mucho, ofrecerles una pequeña recomendación, como compañero o amigo, pero jamás daría una orden que afectara a la vida privada de una persona de aquella forma. La libertad era un bien preciado en su reino, y jamás le despojaría a nadie de ello.

Se encaminó hacia la puerta de entrada, recordando una conversación pendiente con uno de los marqueses de su reino. Siendo el encargado de una de las zonas fronterizas del país, había escuchado rumores sobre unos atacantes misteriosos que habían azotado las tierras vecinas de Regna Ferox, la gran extensión de terreno que se encontraba en el Norte del continente. Un ataque enemigo sobre aquellas tierras significaba que posiblemente los atacantes procedieran no de los reinos adyacentes, Altea, Nohr, Plegia o Hoshido, sino más bien se decantaba por un oponente extranjero, lejano a sus tierras. Necesitaban discutir, o por lo menos dialogar sobre distintas posibilidades en caso de que la amenaza se extendiera hacia su propio territorio, pues NO iba a permitir que dañaran su reino. Con distintas estrategias y suposiciones en mente, volvió a adentrarse. La puerta era pesada, de buena calidad, resistente a un posible ataque a la mansión, por ello necesitó emplear un poco más de fuerza. Caminaba diligente cuando, nada más traspasar el umbral, una joven se precipitó hacia él. No tuvo tiempo de reaccionar, había parecido un mismísimo relámpago, por lo que pese a extender el brazo ya era demasiado tarde.

Una joven doncella se encontraba caída en el suelo, ocultando parte del rostro con la palma de su mano. Vestía un ligero vestido de tonos anaranjados, color especialmente vivo para una fiesta de noche donde los colores predominantes solían ser los carmines y azules, como en su propio caso. Su cabello rubio, liso y cuidado, parecía opacado al no resaltar demasiado sobre el vestido. Había aprendido aquellas sutiles diferencias tras sus innumerables asistencias a festejos similares, donde las propias damas le explicaban con bastante interés los motivos por los cuáles habían seleccionado sus atuendos. Quizás aquello fuera lo que le hizo sentir mayor curiosidad por la joven, que parecía diferente a muchas otras de su edad.

Se puso de cuclillas, a su lado, extendiendo de nuevo el brazo para prestarle su ayuda –Buenas noches milady, me temo que hemos sufrido un desafortunado encuentro, espero que os encontréis bien, si puedo ayudar en algo no dudéis en pedírmelo, por favor, siento que no prestaba demasiada atención a mis actos –Realmente aquello no era del todo cierto. Sabía que caminaba al interior de la vivienda, pero siempre era mejor actuar como el supuesto culpable cuando había sido ella quien más lastimada podía haber salido del encuentro –Puedo acompañaros si necesitáis que avise al servicio, en caso de doleros algo, o avisar a sus acompañantes –añadió, en caso de que prefiriese la opción de que otra persona la auxiliara.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Vie Ago 11, 2017 5:24 pm

No sabía con exactitud si las estrellas que estaba viendo en ese momento eran las del firmamento, o las del soberano porrazo que se llevó de frente. Una cosa estaba clara, y es que el dolor de su achatada nariz no se esfumaba por mucho que se la frotase con la palma. ¡Dioses, ¿por qué le tenía que estar pasando de todo aquella noche?! Primero le tocó soportar las mil y una lenguas viperinas y lujuriosas de los charlatanes que tenían por hijos esos dichosos nobles, y ahora la arrollaban como si fuese un muñeco de prácticas en los campos de entrenamiento. ¡Ella solo quería un pequeño momento de tranquilidad para sosegarse! Dándose el último refregón en la cara al notar que recuperaba la sensibilidad y dejaba de ver chispitas, chasqueó la lengua y se dispuso a desquitarse con el bruto que tuvo la poca decencia de tirarla por los suelos.

Entonces abrió los ojos, y la garganta se le secó de golpe por la imagen que se le presentó. Delante suya, una mano caritativa se extendía hacia ella para a ayudarla a incorporarse. Sin embargo, lo que la anonadó del todo fue la efigie de aquella figura solemne que vestía con unos colores oscuros y áureos, que se fundían a la perfección con el manto de la noche. También con el tono azabache de su cabellera. Aquel hombre, que la sorprendió de semejante manera con su porte, se inclinó y ofreció a levantarla del frío suelo con una galantería que creía perdida entre las casas más nobles de la región. Alanna carraspeó de los nervios y le extendió su mano temblorosa. —Os… lo agradezco mucho, mi buen señor. —se alzó con un saltito y procedió a espolsarse el vestido. Cuando el hombre formalizó su disculpa por lo de antes, ella se sonrojó de la vergüenza y meneó la cabeza—. No es necesario que os disculpéis, por favor. La culpa ha sido exclusivamente mía, debería haber estado más atenta, o al menos, no correr como un animal en trote. —Lo cierto es que con el enfado pasado, se sintió bastante avergonzada, pues era notable que el individuo se estaba echando las culpas por mera caballerosidad, aunque una bastante humilde y amable por su parte. Encima, ella quiso echarle las culpas y desquitarse con cualquiera que tuviese en frente por el desastre de noche que estaba teniendo, como una cría consentida. Por Naga, ni que fuese la desabrida de su hermana Loretta.

Que irónico fue pensar durante un momento en su familia y que el noble de cabellos zarcos mencionase la mera idea de comunicar a sus acompañantes sobre lo ocurrido. Idea que la aterró en cuestión de segundos y la puso en un estado de alerta inmediato. —¡NO! —gritó, más se dio cuenta de su volumen de voz exagerado y de lo extraño que resultó su reacción. Apretó los labios de lo estúpida que debió sonar y le hizo un gesto con la mano en señal de disculpa—.P-por favor, eso no será necesario. Ha sido un golpe tonto por mi parte y no es necesario que os molestéis en absoluto. No quiero molestar o preocupar a nadie por un accidente leve. —La ponía lívida la posibilidad de que su madre y hermanas se enterasen de que acababa de embestir como una borrica a un desconocido que no tenía culpa de nada. Bastaba con la más mínima chispa para que su familia se lanzase sobre ella por ponerles en evidencia, y martirizarla como siempre hacían. Lo que pudiese recriminarle su madre sería lo más suave en comparación a lo que le esperaba del resto: Eleanora la acuchillaría una vez más con su desprecio y la acusaría de ser la oveja negra de la familia. Loretta estaría contenta de tener otra anécdota más con la que mofarse de ella. Y su padre… Oh, su padre sería capaz de no dejarla volver a salir de la residencia y ordenar a los sirvientes que no le quitasen el ojo de encima en ningún momento.

El pánico se apoderó de ella y puso en funcionamiento su pequeña cabecita, con el fin de pensar en algo que disuadiese al noble de que avisase a nadie. Fue entonces que reparó en un pequeño detalle al que no le dio importancia por el golpe. En las vestimentas del noble, había algo que la captivó de inmediato. Alanna señaló con un movimiento vago al pecho del susodicho, boqueando. —Vuestras medallas… Son insignias de un caballero real. —Una de las ventajas de formar parte de una familia tan enlazada al ejército fue saber de estos detalles—. ¿Vos sois caballero? Eso quiere decir… ¿Qué formáis parte de los Custodios? —Le picaba la curiosidad. Tantos años devorando libros acerca de las aventuras de los caballeros de leyenda, y ahora tenía a uno que no pertenecía al mundo de la literatura, justo en sus narices. ¿Y por qué negarlo? Aquel hombre parecía una buena persona, un noble con unos modales ejemplares, y que nada tenían que ver con los jóvenes imberbes que la acosaron durante la noche. En cierto modo, necesitaba con urgencia la atención de un adulto en esos momentos.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Mar Ago 15, 2017 7:15 pm

Observó el pequeño destello de duda de la joven de cabellos dorados antes de aceptar su invitación y cogerse de su mano para poder auxiliarla tras su caída. Suponía que debía haberse hecho daño, pues el suelo de un mármol de lo más exquisito de la región no parecía ser del todo inofensivo. Tiró sin hacer demasiado esfuerzo para que volviera a estar erguida y le permitió unos segundos para que se recobrara tanto del golpe como de la vergüenza, como su ligero sonrojo se lo hacía entender. Se tuvo que reír por la forma en la que expresaba sus disculpas, por lo menos no parecía ser una de aquellas hijas de nobles malcriadas que únicamente pretendían llamar la atención –Acepto sus disculpas, milady, no se preocupe, creo que habéis sido vos quien ha salido peor parada de los dos, por lo que no hay problema, aunque quizás un poco de cuidado no estaría de más para la próxima vez –respondió, con rostro amable. Él también había tenido su edad alguna vez y los actos sociales nunca habían sido de su agrado, así que incluso podía entender la necesidad de tomar aire de la rubia, pues esa era su dirección –Mas no olvidéis que muchos de los presentes son ancianos y nobles aburridos que solo buscan una excusa para comenzar a discutir, no queráis ser el centro de su diana –le susurró, tratando que quitar hierro al asunto, con una ligera sonrisa de medio lado.

Pretendía acompañarla junto a sus familiares, pero aquella respuesta le dejó petrificado durante un momento. “No”. Esa simple palabra que podía denotar mucho más de lo que cualquiera podía pensar. El ímpetu, la rapidez y el tono utilizado para pedirle que no diera aviso a ningún familiar o acompañante de la joven le hizo comprender que, de alguna manera, podía ser peor el remedio que la enfermedad, que algo sucedía y podría ir a peor, así que sencillamente asintió, pese a permanecer ligeramente sorprendido por aquella respuesta tan segura –Como gustéis, si os encontráis bien realmente entiendo que no queráis preocupar a nadie, porque lo estáis, ¿no? –preferiría asegurarse que era cierto que no había sufrido ninguna contusión más fuerte de lo que pareciera en un principio pero que por orgullo o vergüenza no quisiera decir la verdad –Decidlo en serio, por favor, si no yo mismo os puedo acompañar en caso de ser necesario –porque incluso aquello sería más interesante que regresar a aquella fiesta que poco entretenimiento tenía que ofrecerle.

No queriendo insistir más por si resultaba incómodo de alguna manera para la joven, la observó sorprendida por sus medallas, las cuales decoraban siempre su traje de gala. Se vio obligado a sonreír, ya que posiblemente aquellas fueran sus pertenencias más preciadas y de las cuales se encontraba más orgulloso. Simbolizaban sus más sinceras devociones, esfuerzos, tristezas y alegrías. Encarnaban su esencia, definitivamente –Sois bastante avispada, milady, efectivamente soy un caballero del reino de Ylisse y una vez más habéis acertado, también formo parte del selecto grupo de los Custodios, encargados de proteger este reino, sirviendo a la Venerable como mejor sabemos: luchando contra aquellos enemigos que pretenden poner fin a la paz que reina en nuestras tierras –respondió, sonriendo ante la emoción que parecía desprender la mirada de su acompañante. Lo cierto era que esa conversación nocturna se estaba tornando más interesante que cualquiera de las que la fiesta podía ofrecerle, por lo que señaló hacia la salida con la cabeza, aun cuando acababa de entrar –¿Os  apetecería salir a charlar un rato? Puedo contaros algunas de mis historias si quisierais escucharlas, prometo que algunas de ellas son bastante interesantes, y así también podríais despejaros del golpe sufrido hace un momento –comentó, volviendo a sonreír.

Sabía que probablemente su figura estaba siendo echada en falta dentro de las cuatro paredes del salón principal, si bien prefería mantenerse alejado de posibles discusiones familiares, territoriales y disputas innecesarias que le obligarían a tomar un bando sin sentido. El alcohol los habría embriagado, además, provocando que muchas de las promesas, solicitudes y comentarios quedaran en el olvido por siempre. Realmente no regresando dentro incluso les haría un favor, pensó. Todos podrían disfrutar de la fiesta a su manera.

No se había percatado, sin embargo, que la joven de cabellos dorados no vestía más que aquella elegante prenda. Caída la noche ya refrescaba en esa época del año, por lo que hábilmente se desabrochó su capa, teniendo cuidado para que no rozara el suelo, antes de posarla sobre los hombres de la dama. Levantó la mano para evitar posibles respuestas por su gesto, negando con la cabeza –Me encuentro perfectamente, incluso diría que prefiero el frío de la noche al calor que ahora mismo ofrece la reunión, no os preocupéis, yo tengo más ropa que vos –aclaro, antes de apoyarse contra la pared del lugar, cruzándose de brazos, no por frío sino por costumbre.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Lun Ago 21, 2017 1:58 pm

Además de un gran sentido de la caballerosidad por su parte, su interlocutor de cabellos azules también demostrada poseer el del humor, cosa loable en una fiesta tan insulsa que acababa con los ánimos de cualquiera que no estuviese interesado en regodearse de su sangre noble. Anisse le acompañó con una modesta risa cuando le advirtió de los pedigüeños marqueses y su constante increpación con la economía y política del país. Para alguien de su edad, eran temas que, o bien se le escapaban de su comprensión, o no eran de su interés, claro que también era consciente de que importantes eran, y no quería admitir lo segundo para que no la considerasen una niña ignorante. Aun así, ahora sabía que incluso los adultos necesitaban escaparse de vez en cuando de sus propios asuntos — Os agradezco mucho el consejo, caballero. Pero más que los nobles en sí, los que me preocupan son sus vástagos y sus claras intenciones con las mujeres de su edad —le dijo con una media sonrisa, tratando de enfocarlo desde un punto más positivo del que le había tocado a ella vivir esa noche—. Se podría decir que ambos estamos en un punto de mira un tanto peliagudo —se jactó, divertida.

Al menos consiguió disuadirle en su intento por avisar a alguien para que se encargara de ella, pese a que no se pudo decir que no fue insistente con ella al respecto. Su consideración por el trastazo que se llevó antes era de agradecer, pero no pudo evitar sentirse un poco molesta porque estuviese haciendo un drama con un golpecito. Exhaló, agobiada, y posó sus manos en las caderas. — De verdad, no es necesario que os toméis tantas molestias por mí. Sé que no lo aparento, pero esta damisela es más recia de lo que os imagináis. —Seguía con la cara un pelín entumecida, sí, pero tampoco era para tanto. Peores golpes se llevó durante las sesiones de práctica con Hellen, y eso que ella ya le advirtió que no se contendría lo más mínimo.

El hombre acabó por confirmarle que, en efecto, sus medallas representaban su afiliación con los caballeros del país, mostrando una amplia sonrisa fatua que a Anisse le hizo especial gracia. Ah, el orgullo de un hombre era tan fácil de explotar con las palabras adecuadas… Y ninguno de ellos se libraba, fuera de la edad que fuese. Sin embargo, ¿por qué no permitírselo en esa ocasión? Pocos podrían decir en voz alta que formaban parte de los mismísimos Custodios, el orgullo de Ylisse después de la Venerable. Su curiosidad por el noble no hizo más que aumentar y, ya puestos, la propuesta del otro por contarle sus anécdotas en sus días de servicio le resultó tan suculenta que no podía creer que fuese cierto. Los ojos de Anisse hicieron chiribitas, semejantes a los de una niña embriagada por una inocente emoción. Trató de disimularla un poco al darse cuenta de que el noble seguía delante suya y carraspeó. — Será para mí un placer haceros compañía y atender a vuestras historias. A cambio, trataré de que vuestro tiempo invertido en mi persona sea más fructífero que el halláis podido pasar con vuestros viejos y aburridos acompañantes de diálogo. —le devolvió una sonrisa pícara y, gustosa, inclinó levemente el tronco para invitar a su compañero a guiarla al exterior. En un principio le resultó… raro; de normal no solía realizar tales gestos de cortesía por propia voluntad, solo cuando sus padres la forzaban a ser la recatada hija que pretendían que fuese.

Debió de darles demasiadas vueltas a un asunto tan banal como aquel, porque sin comerlo ni beberlo, sintió el agradable tacto del terciopelo acariciar sus hombros descubiertos. Alanna soltó una exclamación ahogada cuando el caballero dejó reposar en su espalda su manto azulado, haciendo ademán de detenerle cuando él mismo se le adelantó con un gesto cortés, tan típico de su persona. Le dirigió una mirada de reticencia contenida, pues le estaba pesando que se estuviese tomando demasiadas molestias con ella, y obviamente ella no era capaz de hacerle semejante feo y rechazar su pequeño detalle. Aunque… debía reconocer que el frescor de la noche ya se estaba haciendo patente a esas horas. Siendo ya demasiado tarde para retractarse, se ajustó la capa y acurrucó su cuerpecito entre la suave tela. — G-gracias —bisbiseo, encendiéndosele las mejillas con un rubor rojizo. Que irónico, un buen puñado de jóvenes engreídos fueron incapaces de conseguir lo que aquel hombre logró, sin necesidad de vanidades e insinuaciones impropias de un caballero. Por todos los dioses, ¿por qué no habrían más muchachos de su edad con la mitad de los modales de este individuo? — Entonces… ¿Podéis contarme qué es a lo que está acostumbrado un miembro de los Custodios como vos? ¿Cuáles serían sus principales funciones, sus deberes como caballero? ¿Y qué clase de experiencias se viven en vuestro día a día?
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