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[Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

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[Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Mar Ago 01, 2017 4:40 pm

Finalmente el día había llegado. Suspiró pesadamente mientras sacaba del armario sus mejores galas, aquellas que únicamente vestía cuando su rol social de príncipe de Ylisse le obligaba. Había conseguido evitar su presencia en la última fiesta que un noble emparentado lejanamente con la nobleza había ofrecido en su lujosa casa, a la cual habían acudido sus dos hermanas como representación de la familia real, pero en aquella ocasión era su turno de continuar con los deberes sociales que acompañaban su título. Aquellos ropajes estaban confeccionados con las mejores de las telas, algunas incluso importadas de otros reinos lejanos, de color azul marino como era de costumbre. Aquel era, sin duda, el que más le favorecía si tenía en cuenta sus rasgos. Se colocó por encima una capa aterciopelada, colocando los cordones dorados y las borlas en su lugar. Llevaba las medallas que lo identificaban como caballero del reino también, siendo aquello de lo que más orgulloso estaba.

Se miró ante un espejo de pie antes de asentir para sí mismo. Nadie podría replicar que no se había esforzado en esa ocasión. No quería causar ningún tipo de problema a su hermana mayor, así que simplemente llegaría al lugar, permanecería el tiempo suficiente para que no considerasen su marcha una ofensa y se disculparía alegando una reunión importante y militar a la mañana siguiente. De esa forma tampoco se vería obligado a beber demasiado, no le gustaba hacerlo. Tampoco disfrutaba dejando sola a su hija, pues siempre procuraban cenar juntos de ser posible y no encontrarse él fuera. Se despidió de ella, dándole un beso en la frente antes de dirigirse hacia las grandes puertas de roble que reinaban sobre la entrada del palacio.

Se abrieron lo justo para permitir su salida, tampoco quería destacar ni perturbar la vida cotidiana de los aldeanos. Subió al carro que lo esperaba en la entrada y, apoyando el codo en la ventana, se encaminaron rumbo al emplazamiento de la fiesta. Su ilusión por asistir a aquel lugar brillaba por su ausencia, mas se esperaba su presencia en aquel lugar con empeño. Soltó un sonoro suspiro antes de percatarse de la presencia de otras carrozas que indicaban su llegada a la casa del conde. Se bajo con cuidado de no pisar la larga prenda que le acompañaba, posando la mano sobre su espada. En aquella ocasión no era más que un símbolo decorativo, pero la costumbre de llevarla hacía que se sintiera todavía más seguro en aquella reunión, donde no esperaba que ocurriera ningún incidente que requiriera de su uso.

Una vez hubo entrado en el salón, el ritual comenzó: Saludar al anfitrión y a su familia así como agradecer que contaran con su presencia, comenzar charlas poco atractivas con los amigos de este sobre comercio y economía, pasear entre los diferentes grupos reunidos para no dejar de lado a nadie y evitar malentendidos futuros, todo ello mientras portaba en la mano una copa, probablemente de alguna bebida alcohólica cara que no tenía ganas de probar.

Disculpadme un instante, compañeros, me temo que se me requiere en… otro lugar, no tardaré y les daré mi opinión respecto al tema que tratan con tanto ahínco –con la cabeza señaló la puerta de salida de la habitación, aunque también en aquella dirección se encontraba el servicio. Dejó sobre una bandeja, portada por sirvientes de la casa, su copa medio vacía y se dirigió hacia la salida, necesitaba tomar un poco de aire. Aunque ya había caído la noche, y con ella las temperaturas, era agradable sentir la brisa y el fresco en el rostro. Cerró los ojos un momento antes de regresar. Ese era su deber y mejor no posponerlo demasiado.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Vie Ago 04, 2017 4:47 pm

¿Recuerdas lo que discutimos ayer, Anisse?

Sí, madre.

Como para olvidar el momento en el que su madre la obligó a presentarse en el estudio de la residencia para soltarle un sermón sobre etiqueta, modales, y las ya repetitivas advertencias sobre lo que pasaría si se le ocurría dar la nota y poner en evidencia a la familia. Aquel día iba a ser uno muy largo, y de momento no veía escapatoria posible a lo que le esperaría durante las siguientes horas. Anisse suspiró con pesadumbre, tenía dibujado en el rostro la definición exacta de aburrimiento, apoyando la mejilla sobre su mano mientras desviaba la vista hacia el exterior que se vislumbraba desde la ventana del carro, su propia prisión con ruedas en la que estaba atrapada con su madre y dos hermanas que no albergaban amor fraternal alguno hacia ella.

Espero por tu parte que así sea. También espero que te comportes como es debido cuando lleguemos.

Sí, madre.

Gracias a la influencia del prometido de su hermana mayor, Eleanora, y a los hilos que movió su padre, se les había invitado para asistir a un convite que celebraba alguno de esos dichosos y pomposos marqueses para alardear del linaje de su familia o de sus logros. Fuera como fuese, debía de tratarse de un evento importante porque se decía que la familia real estaría invitada y que seguramente, acudirían por compromiso. Y claro, ¿cómo no iban a aprovechar aquella oportunidad sus padres para remarcar el prestigio de la familia Goldhertz? Oh, y por supuesto, para buscarle un pretendiente de una vez por todas a la problemática de su hija y tenerla más controlada. Porque era así como se estaba sintiendo en ese momento, como mercancía a punto de ser exhibida en un escaparate muy lujoso y sólo apto para los más acaudalados. No era la versión oficial con la que le informó su familia, pero tenía experiencias de sobra para darse cuenta de que aquello era otra de las artimañas de sus padres. Por lo menos pudo elegir ella misma el vestido que luciría para la ocasión, uno largo y de tonalidades anaranjadas con encajes blancos como adorno. Ni muy ostentoso, ni muy ceñido, pero también elegante y que cumplió con los requisitos mínimos que le impuso su madre. De haberla dejado a ella elegir, ahora mismo estaría luchando por respirar en un ajustado vestido que le estrangularía el estómago.

Ah, y ante todo, debes mantener tu…

Sí, madre.

Pensó en su queridísima amiga, Helen. ¿Qué estaría haciendo la mercenaria en esos momentos? Pudo avisarla a tiempo de la encerrona en la que la habían metido y que no les quedaría más remedio que aplazar sus clases de lucha para otro día. Le dio mucha lástima cuando se lo dijo, porque según Helen, estaba haciendo grandes progresos y tenía ganas de comprobar cómo se desenvolvería en la siguiente práctica. Pero no, tenía que estar perdiendo el tiempo en una estúpida fiesta y aguantar a los pendencieros que intentasen cortejarla.

¿Qué es lo último que te acabo de decir, Anisse?

Sí madre… —Despertó de sus pensamientos en cuanto oyó a su madre suspirar de enervación y notar que algo no iba bien. Retiró sus ojos de la ventana y se encontró a la mujer con cara de complicidad y llevándose una mano a la frente. Su hermana Loretta soltó una irritante risita, tapándose un poco la boca con la mano, mientras que Eleanora se limitó a mirarla con cruel desdén, ya harta de su comportamiento.

Anisse, por favor, céntrate. Esta es una ocasión muy especial y es de suma importancia que todo salga bien —le reprendió su madre—. Es de las pocas oportunidades que tenemos en acudir a estos eventos. El prometido de tu hermana nos ha hecho un gran favor convenciendo a los anfitriones para que nos permitiesen acudir, y tu padre me ha pedido que os comportéis como es debido.

Oh, pero madre, no es de mi querida hermana Eleanora y yo por quien os debéis preocupar. Nosotros no somos las que nos subimos a las mesas y empezamos a dar saltitos en ella como un pato ebrio —escupió Loretta con mofa, dedicándole a Anisse una sonrisilla hiriente. La aludida gesticuló una mueca de suficiencia y se levantó de su asiento de un salto, con los puños apretados y clavándole unos furibundos ojos a su hermana menor, quien seguía con la sonrisa esbozada. Le dolió en el orgullo que esa pequeña sabandija que formaba parte de su familia la volviese a atacar haciendo alusión a una de sus múltiples trastadas de cuando era una niña. Su madre pronto intervino para detener a su hija de que le cruzase la cara a la menor—. ¡Anisse, siéntate! ¡Loretta, es suficiente! —Anisse chasqueó la lengua y volvió su asiento, mientras que Loretta bufó y se encogió de hombros, como si aquello no tuviese que ver con ella.

Y sin ningún otro percance más, el carromato llegó a su destino y dejó en tierra a las mujeres. Tal y como se imaginó, fue llegar al salón y empezar la sesión de tortura para ella. Su madre y su hermana mayor fueron directas a reunirse con la familia del pretendiente de la segunda, mientras que Loretta aprovechó para hacer lo que más le gustaba después de lanzarle puyitas a su hermana: coquetear como la niña mimada que era, yendo de flor en flor con el fin de engatusar a algún noble de gran prestigio. Por Anisse, se podía quedar con todos, ya que a ella le tocó sufrir las acometidas de los jóvenes varones que se le acercaban con unas lujuriosas miradas que le revolvían el estómago del asco, y alardeaban de sus logros en la academia militar o en las compañías mercantes de su familia.

«Se acabó. Tengo que salir de aquí antes de que estrangule a alguien», fue lo que pensó nada más aprovechar el fracaso del último muchacho que trató de cortejarla y salir a paso ligero hacia la salida. ¡Qué horror! Y apenas eran las primeras horas de la noche. Necesitaba desahogarse de cualquier manera, y lo mejor que podía hacer era salir a que le diese un poco el aire y pensar en frío. Sin embargo, iba caminando a trompicones, tan acelerada, que nada más alcanzar el exterior no se dio cuenta de la figura que le salió al paso y se dio de bruces contra ella. Cayó al suelo tras el impacto, frotándose su dolorida cara.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Lun Ago 07, 2017 11:59 am

Cuando pretendía regresar al calor de la sala repleta de invitados, dirigió la vista hacia el cielo. Cuando batallaba en poblados alejados de grandes ciudades, lejos de cualquier tipo de iluminación, el número de estrellas en aquella cúpula oscura de multiplicaba inesperadamente. Ya sus ancestros habían hecho uso de los astros para guiarse durante las batallas, largos caminos o peregrinajes, demostrando su más que estimada valía. Chrom había aprendido a valerse de las estrellas de la noche para guiarse en varias ocasiones, cuando los mapas no eran confiables del todo o se encontraban en territorio desconocido. El fulgor que desprendían siempre era el mismo, cálido en aquel lugar oscuro, destacando por encima de todo mal. Nunca la oscuridad se cerniría sobre la tierra, nunca serían engullidos por las tinieblas, ni siquiera en momentos de guerra o incertidumbre. Por extraño que pareciera, aquellos diminutos puntos centelleantes le apaciguaban.

Sin embargo aquello simplemente servía para recordarle que debería regresar al interior de aquella noble mansión, donde los invitados aguardaban para hablar con él, quizás ya sobre temas menos importantes dada la hora que se acercaba y el alcohol que ya corría por sus venas. Especialmente lo último motivaba conversaciones de lo más extrañas, algunas totalmente triviales, pero otras donde, algunos nobles quizás con más vino que sangre en las venas, dejaban escapar información que, en un momento de cordura, jamás habrían admitido.

Negó con la cabeza, recordándose a sí mismo que no debía aprovecharse de aquella situación, en ninguno de los sentidos. Su propia persona había pasado por un estado similar, aun cuando habría ocurrido tiempo atrás, en sus años adolescentes, pero conocía las consecuencias que podían derivar de actos como aquel. Era cierto que había obtenido a su más preciado tesoro como desenlace a la fatídica acción que realizó, pero no por ello era algo de lo que debiera sentirse orgulloso.  Conocía su posición en aquel lugar, no podía actuar como la niñera de nadie –salvo de su propia hija –y por ello debía permanecer a un lado si lo que aquellos hombres, en la mayoría con ya canas en su cabellera, decidían que era lo mejor para ese momento. Podría, como mucho, ofrecerles una pequeña recomendación, como compañero o amigo, pero jamás daría una orden que afectara a la vida privada de una persona de aquella forma. La libertad era un bien preciado en su reino, y jamás le despojaría a nadie de ello.

Se encaminó hacia la puerta de entrada, recordando una conversación pendiente con uno de los marqueses de su reino. Siendo el encargado de una de las zonas fronterizas del país, había escuchado rumores sobre unos atacantes misteriosos que habían azotado las tierras vecinas de Regna Ferox, la gran extensión de terreno que se encontraba en el Norte del continente. Un ataque enemigo sobre aquellas tierras significaba que posiblemente los atacantes procedieran no de los reinos adyacentes, Altea, Nohr, Plegia o Hoshido, sino más bien se decantaba por un oponente extranjero, lejano a sus tierras. Necesitaban discutir, o por lo menos dialogar sobre distintas posibilidades en caso de que la amenaza se extendiera hacia su propio territorio, pues NO iba a permitir que dañaran su reino. Con distintas estrategias y suposiciones en mente, volvió a adentrarse. La puerta era pesada, de buena calidad, resistente a un posible ataque a la mansión, por ello necesitó emplear un poco más de fuerza. Caminaba diligente cuando, nada más traspasar el umbral, una joven se precipitó hacia él. No tuvo tiempo de reaccionar, había parecido un mismísimo relámpago, por lo que pese a extender el brazo ya era demasiado tarde.

Una joven doncella se encontraba caída en el suelo, ocultando parte del rostro con la palma de su mano. Vestía un ligero vestido de tonos anaranjados, color especialmente vivo para una fiesta de noche donde los colores predominantes solían ser los carmines y azules, como en su propio caso. Su cabello rubio, liso y cuidado, parecía opacado al no resaltar demasiado sobre el vestido. Había aprendido aquellas sutiles diferencias tras sus innumerables asistencias a festejos similares, donde las propias damas le explicaban con bastante interés los motivos por los cuáles habían seleccionado sus atuendos. Quizás aquello fuera lo que le hizo sentir mayor curiosidad por la joven, que parecía diferente a muchas otras de su edad.

Se puso de cuclillas, a su lado, extendiendo de nuevo el brazo para prestarle su ayuda –Buenas noches milady, me temo que hemos sufrido un desafortunado encuentro, espero que os encontréis bien, si puedo ayudar en algo no dudéis en pedírmelo, por favor, siento que no prestaba demasiada atención a mis actos –Realmente aquello no era del todo cierto. Sabía que caminaba al interior de la vivienda, pero siempre era mejor actuar como el supuesto culpable cuando había sido ella quien más lastimada podía haber salido del encuentro –Puedo acompañaros si necesitáis que avise al servicio, en caso de doleros algo, o avisar a sus acompañantes –añadió, en caso de que prefiriese la opción de que otra persona la auxiliara.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Vie Ago 11, 2017 5:24 pm

No sabía con exactitud si las estrellas que estaba viendo en ese momento eran las del firmamento, o las del soberano porrazo que se llevó de frente. Una cosa estaba clara, y es que el dolor de su achatada nariz no se esfumaba por mucho que se la frotase con la palma. ¡Dioses, ¿por qué le tenía que estar pasando de todo aquella noche?! Primero le tocó soportar las mil y una lenguas viperinas y lujuriosas de los charlatanes que tenían por hijos esos dichosos nobles, y ahora la arrollaban como si fuese un muñeco de prácticas en los campos de entrenamiento. ¡Ella solo quería un pequeño momento de tranquilidad para sosegarse! Dándose el último refregón en la cara al notar que recuperaba la sensibilidad y dejaba de ver chispitas, chasqueó la lengua y se dispuso a desquitarse con el bruto que tuvo la poca decencia de tirarla por los suelos.

Entonces abrió los ojos, y la garganta se le secó de golpe por la imagen que se le presentó. Delante suya, una mano caritativa se extendía hacia ella para a ayudarla a incorporarse. Sin embargo, lo que la anonadó del todo fue la efigie de aquella figura solemne que vestía con unos colores oscuros y áureos, que se fundían a la perfección con el manto de la noche. También con el tono azabache de su cabellera. Aquel hombre, que la sorprendió de semejante manera con su porte, se inclinó y ofreció a levantarla del frío suelo con una galantería que creía perdida entre las casas más nobles de la región. Alanna carraspeó de los nervios y le extendió su mano temblorosa. —Os… lo agradezco mucho, mi buen señor. —se alzó con un saltito y procedió a espolsarse el vestido. Cuando el hombre formalizó su disculpa por lo de antes, ella se sonrojó de la vergüenza y meneó la cabeza—. No es necesario que os disculpéis, por favor. La culpa ha sido exclusivamente mía, debería haber estado más atenta, o al menos, no correr como un animal en trote. —Lo cierto es que con el enfado pasado, se sintió bastante avergonzada, pues era notable que el individuo se estaba echando las culpas por mera caballerosidad, aunque una bastante humilde y amable por su parte. Encima, ella quiso echarle las culpas y desquitarse con cualquiera que tuviese en frente por el desastre de noche que estaba teniendo, como una cría consentida. Por Naga, ni que fuese la desabrida de su hermana Loretta.

Que irónico fue pensar durante un momento en su familia y que el noble de cabellos zarcos mencionase la mera idea de comunicar a sus acompañantes sobre lo ocurrido. Idea que la aterró en cuestión de segundos y la puso en un estado de alerta inmediato. —¡NO! —gritó, más se dio cuenta de su volumen de voz exagerado y de lo extraño que resultó su reacción. Apretó los labios de lo estúpida que debió sonar y le hizo un gesto con la mano en señal de disculpa—.P-por favor, eso no será necesario. Ha sido un golpe tonto por mi parte y no es necesario que os molestéis en absoluto. No quiero molestar o preocupar a nadie por un accidente leve. —La ponía lívida la posibilidad de que su madre y hermanas se enterasen de que acababa de embestir como una borrica a un desconocido que no tenía culpa de nada. Bastaba con la más mínima chispa para que su familia se lanzase sobre ella por ponerles en evidencia, y martirizarla como siempre hacían. Lo que pudiese recriminarle su madre sería lo más suave en comparación a lo que le esperaba del resto: Eleanora la acuchillaría una vez más con su desprecio y la acusaría de ser la oveja negra de la familia. Loretta estaría contenta de tener otra anécdota más con la que mofarse de ella. Y su padre… Oh, su padre sería capaz de no dejarla volver a salir de la residencia y ordenar a los sirvientes que no le quitasen el ojo de encima en ningún momento.

El pánico se apoderó de ella y puso en funcionamiento su pequeña cabecita, con el fin de pensar en algo que disuadiese al noble de que avisase a nadie. Fue entonces que reparó en un pequeño detalle al que no le dio importancia por el golpe. En las vestimentas del noble, había algo que la captivó de inmediato. Alanna señaló con un movimiento vago al pecho del susodicho, boqueando. —Vuestras medallas… Son insignias de un caballero real. —Una de las ventajas de formar parte de una familia tan enlazada al ejército fue saber de estos detalles—. ¿Vos sois caballero? Eso quiere decir… ¿Qué formáis parte de los Custodios? —Le picaba la curiosidad. Tantos años devorando libros acerca de las aventuras de los caballeros de leyenda, y ahora tenía a uno que no pertenecía al mundo de la literatura, justo en sus narices. ¿Y por qué negarlo? Aquel hombre parecía una buena persona, un noble con unos modales ejemplares, y que nada tenían que ver con los jóvenes imberbes que la acosaron durante la noche. En cierto modo, necesitaba con urgencia la atención de un adulto en esos momentos.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Mar Ago 15, 2017 7:15 pm

Observó el pequeño destello de duda de la joven de cabellos dorados antes de aceptar su invitación y cogerse de su mano para poder auxiliarla tras su caída. Suponía que debía haberse hecho daño, pues el suelo de un mármol de lo más exquisito de la región no parecía ser del todo inofensivo. Tiró sin hacer demasiado esfuerzo para que volviera a estar erguida y le permitió unos segundos para que se recobrara tanto del golpe como de la vergüenza, como su ligero sonrojo se lo hacía entender. Se tuvo que reír por la forma en la que expresaba sus disculpas, por lo menos no parecía ser una de aquellas hijas de nobles malcriadas que únicamente pretendían llamar la atención –Acepto sus disculpas, milady, no se preocupe, creo que habéis sido vos quien ha salido peor parada de los dos, por lo que no hay problema, aunque quizás un poco de cuidado no estaría de más para la próxima vez –respondió, con rostro amable. Él también había tenido su edad alguna vez y los actos sociales nunca habían sido de su agrado, así que incluso podía entender la necesidad de tomar aire de la rubia, pues esa era su dirección –Mas no olvidéis que muchos de los presentes son ancianos y nobles aburridos que solo buscan una excusa para comenzar a discutir, no queráis ser el centro de su diana –le susurró, tratando que quitar hierro al asunto, con una ligera sonrisa de medio lado.

Pretendía acompañarla junto a sus familiares, pero aquella respuesta le dejó petrificado durante un momento. “No”. Esa simple palabra que podía denotar mucho más de lo que cualquiera podía pensar. El ímpetu, la rapidez y el tono utilizado para pedirle que no diera aviso a ningún familiar o acompañante de la joven le hizo comprender que, de alguna manera, podía ser peor el remedio que la enfermedad, que algo sucedía y podría ir a peor, así que sencillamente asintió, pese a permanecer ligeramente sorprendido por aquella respuesta tan segura –Como gustéis, si os encontráis bien realmente entiendo que no queráis preocupar a nadie, porque lo estáis, ¿no? –preferiría asegurarse que era cierto que no había sufrido ninguna contusión más fuerte de lo que pareciera en un principio pero que por orgullo o vergüenza no quisiera decir la verdad –Decidlo en serio, por favor, si no yo mismo os puedo acompañar en caso de ser necesario –porque incluso aquello sería más interesante que regresar a aquella fiesta que poco entretenimiento tenía que ofrecerle.

No queriendo insistir más por si resultaba incómodo de alguna manera para la joven, la observó sorprendida por sus medallas, las cuales decoraban siempre su traje de gala. Se vio obligado a sonreír, ya que posiblemente aquellas fueran sus pertenencias más preciadas y de las cuales se encontraba más orgulloso. Simbolizaban sus más sinceras devociones, esfuerzos, tristezas y alegrías. Encarnaban su esencia, definitivamente –Sois bastante avispada, milady, efectivamente soy un caballero del reino de Ylisse y una vez más habéis acertado, también formo parte del selecto grupo de los Custodios, encargados de proteger este reino, sirviendo a la Venerable como mejor sabemos: luchando contra aquellos enemigos que pretenden poner fin a la paz que reina en nuestras tierras –respondió, sonriendo ante la emoción que parecía desprender la mirada de su acompañante. Lo cierto era que esa conversación nocturna se estaba tornando más interesante que cualquiera de las que la fiesta podía ofrecerle, por lo que señaló hacia la salida con la cabeza, aun cuando acababa de entrar –¿Os  apetecería salir a charlar un rato? Puedo contaros algunas de mis historias si quisierais escucharlas, prometo que algunas de ellas son bastante interesantes, y así también podríais despejaros del golpe sufrido hace un momento –comentó, volviendo a sonreír.

Sabía que probablemente su figura estaba siendo echada en falta dentro de las cuatro paredes del salón principal, si bien prefería mantenerse alejado de posibles discusiones familiares, territoriales y disputas innecesarias que le obligarían a tomar un bando sin sentido. El alcohol los habría embriagado, además, provocando que muchas de las promesas, solicitudes y comentarios quedaran en el olvido por siempre. Realmente no regresando dentro incluso les haría un favor, pensó. Todos podrían disfrutar de la fiesta a su manera.

No se había percatado, sin embargo, que la joven de cabellos dorados no vestía más que aquella elegante prenda. Caída la noche ya refrescaba en esa época del año, por lo que hábilmente se desabrochó su capa, teniendo cuidado para que no rozara el suelo, antes de posarla sobre los hombres de la dama. Levantó la mano para evitar posibles respuestas por su gesto, negando con la cabeza –Me encuentro perfectamente, incluso diría que prefiero el frío de la noche al calor que ahora mismo ofrece la reunión, no os preocupéis, yo tengo más ropa que vos –aclaro, antes de apoyarse contra la pared del lugar, cruzándose de brazos, no por frío sino por costumbre.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Lun Ago 21, 2017 1:58 pm

Además de un gran sentido de la caballerosidad por su parte, su interlocutor de cabellos azules también demostrada poseer el del humor, cosa loable en una fiesta tan insulsa que acababa con los ánimos de cualquiera que no estuviese interesado en regodearse de su sangre noble. Anisse le acompañó con una modesta risa cuando le advirtió de los pedigüeños marqueses y su constante increpación con la economía y política del país. Para alguien de su edad, eran temas que, o bien se le escapaban de su comprensión, o no eran de su interés, claro que también era consciente de que importantes eran, y no quería admitir lo segundo para que no la considerasen una niña ignorante. Aun así, ahora sabía que incluso los adultos necesitaban escaparse de vez en cuando de sus propios asuntos — Os agradezco mucho el consejo, caballero. Pero más que los nobles en sí, los que me preocupan son sus vástagos y sus claras intenciones con las mujeres de su edad —le dijo con una media sonrisa, tratando de enfocarlo desde un punto más positivo del que le había tocado a ella vivir esa noche—. Se podría decir que ambos estamos en un punto de mira un tanto peliagudo —se jactó, divertida.

Al menos consiguió disuadirle en su intento por avisar a alguien para que se encargara de ella, pese a que no se pudo decir que no fue insistente con ella al respecto. Su consideración por el trastazo que se llevó antes era de agradecer, pero no pudo evitar sentirse un poco molesta porque estuviese haciendo un drama con un golpecito. Exhaló, agobiada, y posó sus manos en las caderas. — De verdad, no es necesario que os toméis tantas molestias por mí. Sé que no lo aparento, pero esta damisela es más recia de lo que os imagináis. —Seguía con la cara un pelín entumecida, sí, pero tampoco era para tanto. Peores golpes se llevó durante las sesiones de práctica con Hellen, y eso que ella ya le advirtió que no se contendría lo más mínimo.

El hombre acabó por confirmarle que, en efecto, sus medallas representaban su afiliación con los caballeros del país, mostrando una amplia sonrisa fatua que a Anisse le hizo especial gracia. Ah, el orgullo de un hombre era tan fácil de explotar con las palabras adecuadas… Y ninguno de ellos se libraba, fuera de la edad que fuese. Sin embargo, ¿por qué no permitírselo en esa ocasión? Pocos podrían decir en voz alta que formaban parte de los mismísimos Custodios, el orgullo de Ylisse después de la Venerable. Su curiosidad por el noble no hizo más que aumentar y, ya puestos, la propuesta del otro por contarle sus anécdotas en sus días de servicio le resultó tan suculenta que no podía creer que fuese cierto. Los ojos de Anisse hicieron chiribitas, semejantes a los de una niña embriagada por una inocente emoción. Trató de disimularla un poco al darse cuenta de que el noble seguía delante suya y carraspeó. — Será para mí un placer haceros compañía y atender a vuestras historias. A cambio, trataré de que vuestro tiempo invertido en mi persona sea más fructífero que el halláis podido pasar con vuestros viejos y aburridos acompañantes de diálogo. —le devolvió una sonrisa pícara y, gustosa, inclinó levemente el tronco para invitar a su compañero a guiarla al exterior. En un principio le resultó… raro; de normal no solía realizar tales gestos de cortesía por propia voluntad, solo cuando sus padres la forzaban a ser la recatada hija que pretendían que fuese.

Debió de darles demasiadas vueltas a un asunto tan banal como aquel, porque sin comerlo ni beberlo, sintió el agradable tacto del terciopelo acariciar sus hombros descubiertos. Alanna soltó una exclamación ahogada cuando el caballero dejó reposar en su espalda su manto azulado, haciendo ademán de detenerle cuando él mismo se le adelantó con un gesto cortés, tan típico de su persona. Le dirigió una mirada de reticencia contenida, pues le estaba pesando que se estuviese tomando demasiadas molestias con ella, y obviamente ella no era capaz de hacerle semejante feo y rechazar su pequeño detalle. Aunque… debía reconocer que el frescor de la noche ya se estaba haciendo patente a esas horas. Siendo ya demasiado tarde para retractarse, se ajustó la capa y acurrucó su cuerpecito entre la suave tela. — G-gracias —bisbiseo, encendiéndosele las mejillas con un rubor rojizo. Que irónico, un buen puñado de jóvenes engreídos fueron incapaces de conseguir lo que aquel hombre logró, sin necesidad de vanidades e insinuaciones impropias de un caballero. Por todos los dioses, ¿por qué no habrían más muchachos de su edad con la mitad de los modales de este individuo? — Entonces… ¿Podéis contarme qué es a lo que está acostumbrado un miembro de los Custodios como vos? ¿Cuáles serían sus principales funciones, sus deberes como caballero? ¿Y qué clase de experiencias se viven en vuestro día a día?
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Sáb Ago 26, 2017 2:42 pm

Había aprendido a escuchar con atención cuando la cuestión así lo requería. Normalmente aquellos asuntos más mundanos no lograban captar su atención, mas cuando su interlocutor despertaban interés, paralelamente lo hacían sus conversaciones. Se vio obligado a esconder una pequeña risita respecto del comentario sobre la actitud de los jóvenes nobles. Conocía cómo muchos de sus futuros aliados, quienes heredarían los cargos y puestos de sus padres llegado el momento, así como las responsabilidades para con el reino de Ylisse, contaban con una edad en la que su pasatiempo favorito no era otro sino molestar a las distintas damas, procurando llamar su atención de la manera más desafortunada posible. Aquello era más una tortura que un halago hacia las señoritas de alta cuna, o incluso en ocasiones los objetivos podían ser plebeyas. Agradeció por unos instantes la educación que hubo recibido en su día, impidiéndole comportarse tan descortésmente, pero con los tiempos que corrían en ocasiones podía entender que los padres, atareados con el cuidado de las fronteras, descuidaran en ciertos aspectos la crianza de sus vástagos. Incluso podría decirse que él le permitía, en ocasiones, demasiado a Lucina. Trató de recordar qué aspectos le molestaban más cuando era un adolescente, tratando de indicarle a la joven de cabellos dorados cómo repeler en cierto modo a los muchachos de su tiempo –Creo que puedo llegar a entender vuestra preocupación, la edad que deben tener esos sujetos es bastante… problemática, también el ego inflado y las ganas de comerse el mundo, tratando de conquistar el corazón de jovencitas en su recorrido, mas olvidan un detalle importante, aún no tienen ni la edad ni el título necesario para que sus palabras sean ciertas, si os molestan demasiado en algún momento recordadles que no tienen el permiso para actuar como deseen, siempre deberán escuchar a sus progenitores, y seguramente sus pacientes madres les sigan arropando al irse a dormir –sonrió divertido, mirando de medio lado a su acompañante antes de proseguir.

Decidió dejar, finalmente, de lado sus intenciones de ayudar a la joven tras su caída. Aparentemente no había ninguna secuela importante, ni siquiera físicamente, siendo la más visible y la que más llamaría la atención en una fiesta como aquella, por lo que únicamente decidió asentir, comprendiendo las intenciones de la tierna noble al procurar no molestar a nadie. Una vez más, buenos modales. De aquella forma se estaba granjeando su simpatía y, para qué mentir, prefería optar por un relato de sus vivencias como caballero del reino antes que continuar con especulaciones terrenales que no conducían a ningún lugar. Como príncipe, pensaba, desearía que aquellas intenciones no llegaran hasta sus oídos, pues en caso de cometerse atrocidades o injusticias no podría evitar inmiscuirse en el asunto.

Una nueva sonrisa cruzó el rostro del peliazul ante la mofa de su acompañante sobre el resto de nobles invitados con los que había entablado conversación primeramente. Sin advertir si el brillo que tiñó sus ojos se debía a ser cómplice la travesura de la joven o por rememorar sus campañas, se llevó una mano al mentón buscando entre sus numerosos recuerdos bélicos cuáles podían ser los más entretenidos para una dama que, muy agradablemente aunque con tintes de vergüenza había aceptado su oferta ante el cambio de temperaturas. Se giró ligeramente, manteniéndose aún apoyado en la pared sobre su hombro antes de levantar el dedo índice, advirtiendo que una buena historia había decidido emerger de sus recuerdos para ser contada, cuidando siempre los detalles para elaborar de aquella manera una anécdota memorable –No me las deis, por favor, lo cierto es que he estado más pendiente de encontrar una historia que os pueda resultar entretenida –admitió, encogiéndose ligeramente de hombros. Se encontraba mucho más cómodo y relajado ante la presencia de jóvenes, acostumbrado a tratar con su hija y sus compañeros que a soportar las fatigosas escaramuzas de un montón de longevos y aburridos nobles que hacía tiempo que habían perdido su ánimo para combatir.

En primer lugar, y como puedo creer que ya conocéis, los Custodios nos encargamos de la seguridad del reino, de proteger sus fronteras ante cualquier afrenta que se presente; no seremos un número excesivo, si bien el suficiente para advertir a nuestros enemigos que repetir su error sería poco inteligente –comenzó relatando, desviando sus ojos en ocasiones para encontrar con mayor facilidad las palabras adecuadas, buscando expresar lo más fidedignamente sus sentimientos al respecto –Estamos acostumbrados a entrenar, a combatir, a preocuparnos por todos los ciudadanos de Ylisse, no solamente de la capital, sino del último pueblo perdido que puedas imaginas, si ellos nos necesitan, allí nos presentaremos. Somos un grupo unido y en la mayoría de las ocasiones trabajamos en grupo, salvo cuando por necesidad o sencillez se requiera solamente a una persona –ya que, en ciertas ocasiones, las amenazas no eran más que habladurías –No obstante también tenemos tiempo para nosotros mismos y para nuestras familias, así como para el resto de deberes que hemos de atender, pues muchos además ostentamos un título y aunque nuestro corazón pertenezca a los campos de batalla, nuestra cabeza nos recuerda el resto de quehaceres –respondió, tratando de elaborar una contestación adecuada para las cuestiones de la joven, mas toda la curiosidad que albergaba le hizo tener que plantear una pregunta –¿Es que pretendéis algún día uniros a los custodios? Porque alguien con vuestra curiosidad y espíritu siempre sería bienvenida.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Miér Ago 30, 2017 5:08 pm

Nunca se hubiese imaginado que se riese tanto y de esa manera en uno de los fastidiosos eventos a los que sus padres la obligaban a asistir. Tampoco se hubiese imaginado contar con la compañía de alguien que no la atormentase con una aburrida farfulla sobre la economía de sus tierras, o que no la devorase con sus globos oculares de una forma tan repulsiva que parecía mentira que hubiese tenido una educación digna de un noble. Anisse se llevó una mano a la boca para contener la risa que se le escapaba de sus labios, antes de que diese lugar a una sonora carcajada, porque el comentario de su acompañante acerca de los jóvenes de hoy en día no podía ser más acertado. Podía dar cuenta de las veces que esa noche se le acercaron varones que se creían los reyes del mundo y alardeaban de pericias que ni habían realizado. Cuando pareció que las ganas de reír aminoraron en ella, pudo recomponerse y sonreírle al hombre, carraspeando y disimulando una última risita con una tos. —Arropados por sus propias madres. Creo que a partir de ahora no voy a poder imaginarme de otra manera a cualquiera de ellos que se me… Oh. —La sonrisa de sus labios se borró, troncándose de inmediato en una mueca de pudor por la suposición que se le cruzó por la cabeza. Un escalofrío muy desagradable le sacudió el cuerpo—. Por Naga. Espero estar errando en pensar que esos jóvenes también estarán buscando potenciales sustitutas para sus madres cuando contraigan matrimonio. A este paso, me parece que valoraré bastante la soltería. —Una verdadera lástima que aquello no entrase dentro de los planes de sus padres para su futuro.

El caballero peliazul dejó caer su espalda en una pared, meditabundo en lo que debía de considerar, al menos desde su punto de vista, una entrañable anécdota de sus días de oficio con la que deleitarla. A Anisse no se le pasó por alto ese minúsculo destello en los ojos del hombre mientras seguía con su faena. «Está disfrutando de esto, sin duda», suspiró con una media sonrisa dibujada. Debía de estar haciéndole un gran favor si tan hastiado estaba de las mundanas y aburridas reuniones entre aristócratas. Incluso contemplarlo así de entretenido le disuadió de su pequeño respuesta vergonzosa por lo del manto, uno que podría dignificar la figura de su dueño, pero que en sus hombros más bien parecía empequeñecerla con lo grande que le quedaba. Aunque percibía que la prenda seguía conservando el calor que desprendía el caballero, el cual aprovechó un momento suyo de debilidad para invitarla a acurrucarse.

Así pues, su acompañante procedió a explicarle en qué consistían los deberes que un Custodio tenía que llevar a cabo: proteger su patria como caballeros nombrados por la Venerable que eran. Anisse siempre se los imaginó como un grupo harto estricto y selecto, el culmen del ejército ylissense. Sin embargo, las palabras del hombre le daban la sensación de que se trataban de personas con una importante responsabilidad sobre sus hombros, pero también con unas vidas tan modestas como las de cualquiera, y con familias por las que velar. Tal vez por eso, y por la impresión que le dio su interlocutor durante la velada nocturna, se le antojó como un grupo… acogedor. Iba a inquirirle con una pregunta más, pero el caballero se le adelantó con la suya. Y menuda escogió.

¿U-u-unirme a los Custodios? ¿¡Yo?! —La cara se le puso roja como un tomate, e intentó cubrírsela con el manto prestado por el otro. ¡Y decía que alguien como ella sería bienvenida! Los labios le temblaban de lo nerviosa que estaba que era incapaz de construir palabras coherentes, solo balbuceos que se le atoraban en la lengua. Acabó por mordérsela con el fin de controlarse y tomó una entrecortada bocanada de aire para serenarse, aunque sin mucho éxito. —O-os agradezco enormemente que podáis tener en cuenta a una muchacha como yo para una causa tan noble como es la que llevan a cabo los Custodios, pero… Yo… —Calló, siendo presa del pánico y apretando los labios en una fina línea, con la mirada perdida en el horizonte. Oh, bendita Naga, ¿cómo podía explicarle a aquel gentil caballero que no era tan sencillo darle una respuesta? ¿De contarle los cuantiosos libros de aventuras protagonizados por caballeros que devoró desde su tierna infancia? ¿De que sus ideales la embelesaron por cada uno que leía? ¿De que le gustaría tanto asemejarse un poco más a ellos y dejar de pudrirse en una casa donde se sentía como un seguro a largo plazo para su familia cuando llegase la ocasión?

¿De que si intentaba una osadía como la de interesarse por los Custodios, caería sobre ella la furia de su padre?

[…]

Oye, Anisse, llevo un buen tiempo queriendo preguntártelo. —Oyó la voz de Hellen con un toque hueco al tener la cabeza embutida en la camisa de lino con la que se estaba peleando. Puesto que sus atuendos habituales eran del todo inviables para ponerse practicar con el hacha, no le quedaba otro remedio que pedirle prestada a su querida amiga su ropa y un viejo y sencillo equipo de cuero. El gran inconveniente es que ambas tenían una complexión dispar, y que Anisse fuese la más alta de las dos no le ayudaba en absoluto. Con un último empujón, logro pasar la cabeza por el cuello de la camisa y exhalar de alivio —¡Aaah, por fin! ¿Decías, Hellen?

Hellen, usando un tocón recién cortado como asiento, tamborileó con los dedos en sus rodillas y ladeó la cabeza hacia un lado, remolona. —Ya sabes, ¿cómo es que a alguien que viene de un hogar tan… recatado está interesada en la faena de una mercenaria? —Le lanzó una mirada indescriptible y extendió su palma hacia ella—. No será que estás haciendo todo esto para heredar el cargo de tu padre en un futuro, ¿verdad?  

¡¿Qué?! —exclamó, desconcertada. La bota que trataba de calzarse se le resbaló de las manos y se acercó a la chica cojeando, mirándola de hito en hito— ¡Por todo lo sagrado! ¿De dónde sacas semejantes ocurrencias? Ya te dije que tan solo quería probar experiencias nuevas y escabullirme de vez en cuando de mi familia. Además, nunca he estado interesada en el trabajo de mi padre ni en heredarlo. —Posó las manos en sus caderas y frunció el ceño—. Y de estarlo, estaría perdiendo el tiempo. Ni en el jamás de los jamases me lo permitiría.

Explícate —le pidió, Hellen, enarcando una ceja.

Anisse resopló, como si le fastidiase sobremanera tener que desempolvar el baúl de las anécdotas familiares por las que se sentía avergonzada y abrirlo. Al final alzó las manos e hizo un gesto con ellas que se sobreentendió por un «qué más da», por lo que tomó asiento e la hierba y dijo—: Mi padre no ve con buenos ojos la presencia de la mujer en el ejército. Siempre quiso un hijo varón para que ocupase su lugar un día, pero nunca se dio el caso, y ahora está intentándolo por otras vías. ¿Por qué crees que está removiendo cielo y tierra para buscarnos un pretendiente a mis hermanas y a mí? —Soltó una risa agria que compaginó con un semblante en su rostro del mismo calibre y apoyó la mejilla derecha sobre su palma—. Pero eso ya da igual; el nuevo prometido de mi hermana mayor ha captivado a mi padre con su largo historial de honores en la academia militar. Ya es evidente quien se convertirá en su nuevo pupilo.

Entonces tú también deberías hacer lo mismo y optar por otras vías —señaló la morena, agitando un dedo—. ¿Qué me dices de los Custodios?

¿De los…? ¡Oh, Hellen, por favor! —le reprendió. Anisse negó con la cabeza como quien escuchaba algo inconcebible—. Eso sería mucho peor. Mi padre la tiene cruzada con ellos, siempre acusándolos de intrusismo y diciendo que una unidad paralela al ejército es innecesaria. Y te vuelvo a recordar que no aprueba que una mujer blanda un arma, lo cual es otra de las razones por la que detesta a los Custodios y su política de aceptar miembros sin importar el sexo.

Eso ya lo sabía. Si te lo comento es porque no tienes la intención de hacerle caso al retrógrado de tu padre.

Ya… —musitó, cabizbaja, tampoco es que fuese a ir más allá de desobedecerle a sus espaldas con unos inocentes entrenamientos—. Pero no sé cómo puedes siquiera mencionar a los Custodios. Ellos son nobles, leales, valientes… Harían lo que estuviese en su mano para socorrer al desprotegido.

Una ufana sonrisa se formó en el rostro de Hellen.

Pues yo creo que te pegaría.

[…]

Yo… creo que me sobreestimáis, mi buen señor. No creo que alguien como yo pudiese dar la talla para ser una Custodio —le confesó, afligida por tener que contarle una mentira que camuflase sus verdaderos impedimentos, pero también sirviendo como media verdad. Física y emocionalmente se veía incapaz de estar a la altura de un caballero tan cualificado para poder servir en la élite de Ylisse. Le pesaba tener que decepcionar de esa forma al noble señor, y de ahí le surgió una nueva ocurrencia. No se lo había confesado a nadie más, y de llegar a oídos de su familia le caería un castigo de proporciones inimaginables. Tal vez pensó por un momento que un caballero como él, con la mente más abierta que su padre, llegar a valorarla. Alzó la cabeza con orgullo y se llevó la mano al pecho, con una amplia sonrisa—. Sin embargo, mi buen señor, tengo la obligación de haceros saber que no soy vuestra típica damisela frágil cual rosa. Os sorprenderías de lo que estas manos pueden hacer cuando blanden un hacha.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Dom Sep 10, 2017 2:03 pm

El semblante de la joven que tenía a su lado ahora distaba mucho de aquella que apenas unos minutos atrás se había chocado contra él. Aquella angustia solo parcialmente disimulada, el malestar por encontrarse en aquella habitación o en sus dependencias, el propio desasosiego que el tener que soportar no solamente a los nobles de su generación, indebidamente educados en mucho de los casos por las comodidades con las que habían sido criados a diferencia de sus progenitores que sufrieron las consecuencias de la anterior guerra, así como de los mayores y más sabios, aunque no por ellos menos egocéntricos en determinados casos parecían ser más de lo que era capaz de aguantar aquella noche su acompañante. Por el contrario, primero la sonrisa contenida que dio lugar después a un cúmulo de risas ya no disimuladas parecía ser un contraste bastante agradable en comparación. Se vio obligado a sonreír también, pues la alegría era contagiosa y mucho mejor que permanecer desganado ante la cercanía de su regreso a la sala principal.

Arrugó la nariz mientras se imaginaba la escena que había propuesto la joven de melena dorada. En alguna ocasión había escuchado comentarios procedentes de conocidos que prefería no nombrar y así preservar su honor cuyo principal motivo para buscar una esposa era que esta se pareciera a su madre, no solo en los actos a realizar, sino en ocasiones incluso físicamente. Chrom no podía estar más en desacuerdo con aquella opción, por mucho que le debiera y echara de menos a su bendita madre no podría imaginarse conviviendo con una persona que pudiera ser considerada una copia, pues madres solamente existía una –Sería cuanto menos poco acertado por parte de esos muchachos si la finalidad principal para encomendarse en matrimonio con una joven fuera la de encontrar a alguien que sustituyera a sus madres una vez dejen la casa familiar… ¿qué forma es esa de madurar? Pareciera que no quieren desprenderse del seno materno –sentenció mientras se llevaba una mano al rostro. Ojalá no todos los jóvenes que se comportaran como esos que parecían hastiar a la joven, el futuro del reino podría encontrarse en unas futuras manos dudosas –Definitivamente la soltería no es una mala elección, antes de tener soportar algo que no es de tu gusto –sabía que ese comentario, esa simple opinión podía ser vista con muy malos ojos por muchos de sus semejantes, quienes preferían uniones políticas y económicas, siempre buscando algún tipo de beneficio. Mas parecía olvidarse siempre el bienestar de una persona. ¿Tan poco aprecian a sus hijos como para obligarles a tener un futuro que no desean?

Lo meditó de nuevo antes de lanzar nuevamente la propuesta a su interlocutora. Su acto podría tacharse de impetuoso, quizás incluso sin criterio, pero la dedicación y los sentimientos que parecía desprender era una parte importante que precisaban los seleccionados a formar parte de aquel grupo tan selecto. El entrenamiento para ser diestro podía llevarse a cabo después si la voluntad era férrea, consiguiendo así buenos resultados –Sí, eso mismo estoy comentando, tal vez podría lograr que el nombre de la señorita se encontrara entre los posibles candidatos, siempre que así lo desease –le comentó mientras un gesto con la mano acompañaba sus palabras, alentándola a que tomara una decisión.

Sin embargo aquella propuesta estaba segura que se encontraría con algún “pero”, algún tipo de traba que no facilitara su tarea. Por otra parte entendía y considera como lógica una respuesta negativa al no tener en cuenta muchos otros factores que podían rodear a la joven y sobre los cuáles no tenía conocimiento al respecto. Sin saber su procedencia no podía suponer el apoyo que recibiría de su familia, ya que en el caso de las mujeres no siempre estaba bien visto por los varones parientes de estas. Una tontería a su parecer, pues tenían mucho que aportar de la misma forma que un hombre podía hacerlo, cada uno con sus capacidades, sus habilidades, todas puestas al servicio de Naga y de Ylisse. Incluso él mismo estaba entrenando a su hija para que un día fuera una digna sucesora de su puesto, ya que no se lo iba a poner nada fácil. Tendría que ganárselo, por hacerse un hueco y conseguir el favor de los suyos, granjearse su fidelidad y, solamente entonces, se encontraría capacitada para liderarlos, como la primera entre iguales, nunca por encima.

Se frotó la frente ante la esperada respuesta, aunque se tratase de una negativa junto a la disculpa por parte de la joven al no creerse merecedora de un puesto semejante. Puede que tuviera razón, que aún fuera demasiado joven para entender lo que ser un Custodio suponía, batallando en muchas ocasiones lejos del hogar y de los seres queridos, además de aún encontrarse falta de habilidad por la juventud que aparentaba. Terminó por suspirar, aunque con una sonrisa dibujada en el rostro –No os preocupéis, realmente si lo hubieses aceptado tan rápidamente quizás significara que escondéis algo detrás, una negativa no tiene por qué ser tampoco una respuesta permanente en el tiempo –le comentó, despegándose de la pared donde hasta el momento había permanecido apoyado.

Estuvo a punto de sugerir regresar dentro, pues tarde o temprano su ausencia sería demasiado notoria y no quería faltar el respeto del anfitrión, dejándole en mal lugar frente al resto de los invitados al desaparecer durante tanto rato del escenario principal, pero por unos momentos más no iba a pasar nada, se dijo para sí mismo –De acuerdo, no sois una señorita frágil de noble cuna que asiste a eventos porque sus padres así lo desean, presentándola públicamente a ojos de los demás, del resto de las familias nobles de la zona, eso es lo que pretendéis decir, ¿cierto? –comentó, entrecerrando los ojos pero sonriendo ligeramente. Probablemente si le recodaba aquello pondría más empeño en querer destacar, en ser diferente a lo que todo el mundo creía, no resultar otra “damisela en apuros” –En ese caso espero que me sorprendáis, el manejo del hacha puede resultar complicado para quién no tiene noción ninguna sobre su uso.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Jue Sep 14, 2017 6:34 pm

Para el alivio de una preocupada Anisse por sus palabras titubeantes a la hora de responder, el noble señor no se tomó a mal su negativa como ella pensó. Más bien fue todo lo contrario, pues no se le ocurrió pensar que sus dudas e inseguridades respecto a los Custodios serían lo más normal del mundo. Ay, qué poca perspicacia podía llegar a tener a veces. Aunque ella no contestó con esa intención, el argumento del caballero la hizo darse cuenta de la trampa que albergaba su pregunta: ¡Por favor¡ Nadie con dos dedos de frente se creería que podía formar parte de la élite de Ylisse por haber intercambiado unas pocas frases con uno de sus miembros y haberle caído en gracia. Tan solo algún que otro iluso con el deseo de llevarse galones que no se me merecía. Por desgracia, individuos así se podían encontrar como setas en un bosque. Daba gracias a Naga que el criterio de selección en los Custodios recaería en buenas manos con personas sensatas y perspicaces como su acompañante.

Quizás demasiado perspicaz… ¡Pardiez, la lengua de plata que se gastaba el hombre también resultaba estar afilada! Anisse abrió la boca en una gran “o”, recelosa, al escuchar su artera contestación (y bastante acertada, diantres) cuando le dijo que no era una dama delicada del montón. Las mejillas se le enrojecieron y, con el índice alzado, abrió y cerró la boca, en un vano intento por reprenderle. Al final exhaló por la nariz y puso los brazos en jarra, componiendo un mohín. —Bueno… Quizás la parte en la que mis padres son los únicos y sumos responsables de mi presencia hoy aquí se podría ahorrar. —¿Tanto se le notaba? En fin, allí todos los invitados que rondaban su edad estarían por el mandato de sus padres, algunos más alienados con su parecer que otros. Sin embargo, el caballero podría haber acertado en muchos detalles, pero ni mucho menos Anisse se iba a retractar en su afirmación inicial. Oh, y menos aun después de esa sonrisilla perniciosa del hombre… Esbozó una sonrisa confiada. Ahora iba a ver lo que sabía hacer esta «señorita frágil de noble cuna»—. Pero si lo que queréis es que os sorprenda, venid conmigo y os deleitaré con una demostración. —Inclinó el tronco para realizar una reverencia e invitar con un gesto del brazo al caballero para que la siguiese, rumbo a la parte trasera de la residencia.

Durante la escueta caminata, Anisse se ajustó el manto en sus hombros para que no se le cayese y empezó marchar un pelín más deprisa, animada como una niña con lo que se le ocurrió de improvisto para su pequeño espectáculo. En una situación distinta se hubiese dado de golpes en la frente con la palma de la mano por lo atolondrada que parecía. Cielos, si aceleró fue para que el buen hombre no se diese cuenta de que estaba sonriendo como una boba. ¡Pero no podía evitarlo! Antes de llegar a la fiesta ya daba por hecho que pasaría una aborrecible noche en la que se convertiría en el juguete de deleite para unos jovenzuelos estirados, y seguramente su familia volviese a hacerla sentirse culpable por no ser “productiva”. Ahora todo eso le daba igual, acababa de conocer a una persona de lo más interesante y no quería desperdiciar la noche con tontas preocupaciones de qué era ella para los Goldhertz.

Llegaron pues al lugar, en donde si la memoria no le fallaba, atisbó desde el ventanal del carruaje a los sirvientes que servían a los anfitriones trabajar con ella. Miró en derredor, llevándose un dedo a la barbilla, para después agitarlo y señalar lo que estaba buscando. —¡Ahí está! —Una vieja hacha, con el metal de la cuchilla desgastado y un mango que se descascarillaba de tanto asirla. Todavía descansaba allí una pila de leños, dispuestos de forma ordenada para ser tronchados. Tomó el que se coronaba el montoncito y lo dispuso en el césped, asegurándose de que se mantendría recto. Después, cerró sus manos en el mango del hacha y la levantó, mostrándosela al caballero una escueta sonrisa. Pesaba incluso menos que la que Hellen le prestaba durante sus prácticas. O es que de tanto ondearla empezaba a ganar fuerza en los brazos. —Decidme, buen señor. ¿Quedaríais satisfecho si soy capaz de partir por la mitad este leño con un único golpe? —Bajó el filo del hacha hasta quedar a un palmo de la pieza de madera. Tenía un arma, tenía un objetivo. Así de simple. Cerró los ojos, tomando una bocanada de aire, y la exhaló con calma. Asintió con la cabeza, firme, y alzó el hacha por encima de su cabeza, doblando los hombros en sincronía, de la misma forma que le instruyó Hellen y le hizo repetir una y otra vez. La cuchilla se quedó suspendida en el aire unos cinco segundos, tintándose con el brillo blanquecino con el que la luz lunar la bañaba.

Y entonces, descendió. El hierro creó un arco que sesgó el aire con un silbido. Después, un sonoro «chop». Anisse coordinó sus codos, hombros, cintura y rodillas como estuvo ensayando largo y tendido; supo desde el primer momento que acababa de ejecutar un corte limpio, no demasiado fuerte, pues no era necesario para lo que pretendía y lo que quería demostrar era su técnica en sí. Bajó la mirada, con una sonrisa de satisfacción dibujada en su faz. Cuan desfigurada y retorcida se volvió en cuanto comprobó que el leño no tenía ni un solo rasguño. Y que el filo del hacha realizo un corte limpio. En la tierra, justo a la izquierda del tronco. Y Anisse se enrojeció, hundiéndose en el pozo de la vergüenza que significaba su fracaso.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Dom Sep 24, 2017 7:47 pm

Observó la reacción de su joven acompañante, tratando de esconder la sorpresa ante la respuesta que hacía apenas unos momentos que había dado al respecto de su pregunta. Aunque su principal intención había sido no querer que la joven tuviera que enfrentar aquella encrucijada que le había propuesto sin apenas conocerla, no tenía del todo claro si había sido peor el remedio que la enfermedad. No pretendía que la chica dudara de sus habilidades, las cuales había admitido que poseía y tenía ganas de comprobar, sino más bien pretendía allanarle el camino para que, con el tiempo y una vez más forjada tanto física como mentalmente decidiera un camino por sí misma, sin presiones, sin relaciones que tintasen de oscuro futuro si ella no lo deseaba, abriéndole una senda cuanto menos valerosa como era la pertenencia a los Custodios. Si bien, como había dicho, aquella selección probablemente tendría que esperar. La noble no parecía tener mucha más edad que su propia hija, y si se ponía en los ojos de su progenitor, no iba a dejar que tan pronto se enfrentara a peligros, menos aún con las últimas novedades sobre esos seres que todavía pocas personas conocían. No. Lo más normal es que todavía tuviera un trayecto que recorrer antes de poder aplicar a semejante decisión.

Pero aquello, como mismamente le había recordado a la joven, no sentenciaba su decisión. No se trataría de un “No” definitivo si su voluntad o sus intenciones anhelaban lo contrario. Sonriendo por haber abierto una nueva puerta a alguien con posibilidades, volvió a posar la vista sobre su compañera de no responsabilidades –Teniendo en cuenta vuestra edad aproximada es normal que todavía dependáis de los deseos de vuestros padres, no es tan complicado de ver, no deja de ser un evento social donde los miembros de la aristocracia se codean y presentan a sus familiares después de todo, incluso yo he tenido que pasar por ellos también, desde temprana edad –reconoció aquello último como si le estuviera confesando un secreto de vital importancia. Y, además, no mentía. Prácticamente desde que tenía uso de razón recordaba estar presente en aquellos amplios y lujosos salones, inmensos y especialmente sobrecogedores para infantes que permanecer sentados en una de las butacas incómodas pero de perfecta decoración que solían encontrarse en dichas estancias. Siempre y cuando tuviera suerte, o de lo contrario era turno de permanecer de pie junto a sus padres, los Venerables, atendiendo a relatos de los cuales no entendía muchas palabras. Claro que aquello no podía ser comparado con las penurias que muchos otros jóvenes de su edad debían soportar.

¡Oh! Admito que me gustaría bastante ver qué es lo que me proponéis, joven dama, son estas pequeñas sorpresas las que hacen más interesante una velada como la de esta noche; os sigo, no os preocupéis, aunque no tengo idea alguna de hacia dónde os dirigís–respondió a la oferta de la menor, dándole alas para que llevara a cabo aquello que sus sentimientos parecían decirle que era lo correcto. O por lo menos eso se atrevía al observar aquella sonrisa que había intentado esconder. Se contagió de su entusiasmo, teniendo que esbozar una sonrisa para sí mismo también mientras caminaba a la zaga, guardando las manos en los bolsillos de su pantalón para evitar que los dedos se le quedaran más fríos de lo que ya los tenía, a pesar de los guantes.

Durante su travesía hasta lo que parecía ser un gran tocón de madera donde los sirvientes de la noble casa preparaban los leños para dar lumbre y calor a la edificación había recapacitado sobre el cambio de actitud por el que había atravesado la joven de cabellos dorados: De impulsiva en un primer momento, rozando incluso para algunos lo que se podría considerar como poca educación, pasando por la timidez propia del arrepentimiento hasta aquel momento, donde sus hombros y su rostro desprendían seguridad en sí misma. Valentía. Confianza. Esas virtudes que escaseaban últimamente, y que se necesitaban más que nunca –¿Un hacha? ¿Qué tiene que ver esta vieja arma oxidada con lo que pretendéis enseñarme? –Pronto llegó la respuesta a su cuestión, haciendo que abriera los ojos por la sorpresa, pero después asintió, animándola a ello si era lo que deseaba –Me doy por satisfecho viendo que las armas no os producen pavor, si bien me alegro de que cada vez contemos con más mujeres guerreras entre nuestras filas, no obstante si tenemos en cuenta quién sois y dónde nos encontramos ahora mismo… sí, me daría aún más por satisfecho si fuerais capaces de tal hazaña.

Se sitió en un lugar donde no estorbara pero donde pudiera ser capaz de observar sus movimientos. No estaba especializado en el uso del hacha, incluso le parecía un arma mucho más complicada de usar que su amada espada, pero conocía algunos movimientos de haber entrenado junto con sus compañeros. Su posición era la correcta, también su determinación. Aquel iba a ser un corte limpio sin duda alguna e iba a conseguir lo que se había propuesto.

Tres, dos, uno.

Cerró los ojos instintivamente cuando el golpe se avecinaba, mas al abrirlo se llevó una sorpresa. No veía la madera cortada, que tenía que haber caído a los lados del gran corto que había usado como soporte. De hecho, ni siquiera aquel hacha oxidada de poca confianza se encontraba donde debería estar. En ese momento llegó a su cabeza la idea de que la chica, en lo que había errado, era en su puntería. ¿Y ahora cómo debía responder ante aquel fallido intento de impresionarle, cuando no había llegado ni a acercarse a su objetivo? De pronto, la solución más adecuada le llegó en forma de palabras.

Intentadlo de nuevo.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Miér Sep 27, 2017 5:19 pm

Le sorprendió la forma en la que el noble Custodio reaccionó al revelarle su auténtico propósito con la demostración que le prometió. Puede que alzase un pelín sus cejas como muestra de asombro al principio, pero no cabía duda de la capacidad para mantener el porte que poseía. ¡Incluso la llegó a animar para que procediese! Pocas personas no se escandalizarían si la viesen a ella, una joven damisela de buena familia, enarbolando un instrumento peligroso y destartalado como lo era aquella hacha. Más le valía que esta anécdota no llegase nunca a oídos de su familia, pues ni todas las plegarias a Naga la salvarían de la furia de sus padres, de Eleanora… y de las irritantes mofas que se le ocurriesen a Loretta. Sobre todo de esas.

Pues él le confió una oportunidad para probar su valía, y ella falló. Catastrófica, penosa, lamentable y estúpidamente. Aquel pedazo de madera, a unos escasos centímetros de donde aterrizó el filo del hacha, seguía allí intacto. La viva estampa de su fracaso, inerte pero como si se estuviese burlando de ella y su confianza mostrada de la forma más retorcida posible. Mordiéndose los labios de pura frustración, no se atrevió a despegar su enrojecida faz del suelo, abochornada de dirigirle la mirada al hombre. ¿Por qué? ¡¿Por qué le tuvo que pasar?! ¿Acaso erró en los movimientos? ¿En la postura? ¿O… simplemente pecó de exceso de confianza? Resolló entre dientes, a la espera del inevitable comentario sagaz del noble caballero, o incluso de un sucinto suspiro lleno de decepción después de tantas expectativas levantadas.

Pero de sus labios nada de eso surgió, sino unas tres palabras simples, pero con una gran connotación detrás de ellas que Anisse fue arrastrada de su desamparo. Estaba ya tan acostumbrada a las dolorosas miradas desdeñosas e irritadas de sus familiares, con las que la acuchillaban cada vez que les disgustaba con su comportamiento poco ortodoxo para una noble, a que ya la considerasen un fracaso absoluto. No había segundas oportunidades para ella.

Hasta que la conoció a ella.

«¡Vamos, Anisse, otra vez! ¡Quiero ver esa hacha ondear con más brío!»

Otra vez. ¿Cómo podía una expresión tan corta insuflar tanto vigor en alguien? Que sintieses que fuese capaz de volar y mucho más. Puede que exagerase, pero hasta que Hellen no llegó a su ardua y monótona vida, desconocía lo que era que alguien le diese ánimos para levantarse después de caerse, a insistir. A intentarlo otra vez. Y ahora, su acompañante quería que volviese a blandir esa hacha y que lo intentase. Otra vez.

Levantó por fin la vista al frente y le miró con anhelo —¿Estáis seguro de…? —No hubo objeción; lo estaba. Se le notó en la seguridad que desprendieron su tono y postura. Así pues, quedaba claro que tenía una segunda oportunidad para demostrar su valía: inhalando una gran bocanada de aire y exhalándola, asintió con la cabeza y volvió a alzar ese intento improvisado de arma, notando esta vez un acrecentado peso en sus brazos. No se trató de un momento de flaqueza, sino de inseguridad a causa de su anterior fallo. «No actúes de forma precipitada, Anisse. Tómate el tiempo que necesites», se repitió en su mente una y otra vez aquel consejo que le recitaba su amiga en las clases. Las nociones básicas, a las que debía siempre recurrir. Cerró los ojos en un intento de concentrarse y respiró hondo, para luego expulsar todas las inseguridades con las que cargaba. Poco a poco, el hacha se iba haciendo más liviana en sus manos.

Y descendió una vez más junto a un grito de aliento. El “chop” de esa ocasión fue bastante más sonoro, y en cuanto Anisse bajó la vista al tocón con zozobra, abrió los ojos de par en par. Estaba desviado un poco hacia la izquierda, y no fue recto, pero a sus pies yacía el pequeño trozo de madera partido en dos mitades irregulares. Debió estar conteniendo el aliento durante bastante rato, porque fue abrir la boca y estallarle el pecho de euforia —¡Albricias! ¡¿Lo visteis!? ¡Lo conse…! —Fue soltar el hacha y empezar a dar brincos de alegría delante del hombre. Pero al sexto saltito acabó por recordar que todavía contaba con el sentido de, oh, la vergüenza. De inmediato, Anisse se atragantó con sus balbuceos y fingió una tos ronca, adoptando una postura recto —Q-quiero decir… que espero que os halléis satisfecho tras está… escueta demostración.

Santa Naga, seguro el pobre hombre ya debería de estar arrepintiéndose por mencionarle la idea de entrar a los Custodios.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Chrom el Lun Oct 02, 2017 10:21 am

El campo de batalla era un escenario muy diferente al que se hallaba frente a sus ojos en ese momento, calmado, tranquilo, sin ninguna interferencia o enemigos varios que dificultaran la toma de decisiones, obligando al guerrero a pensar en milésimas de segundo cuál iba a ser su siguiente movimiento. No era demasiado difícil imaginar que en el fervor de la batalla las acometidas no siempre llegaban a su blanco, es más, aun si se consiguiera acertar en el enemigo era aún más probable que frente a ti tuvieras a un serio luchador capaz de defenderse y devolver los golpes con la misma pasión y fuerza, o incluso mayor, al encontrarse su vida en peligro. Ante semejante perspectiva, la idea de fallar un golpe no podía desinflar los ánimos de los valientes que arriesgaban su vida en pos de proteger su amada tierra. Una y otra vez, hasta perder el último aliento debían seguir esforzándose por alcanzar su meta, nunca dejando que la derrota o la vergüenza se interpusiera en su camino.

Vergüenza que parecía haberse anidado en el rostro de la joven de cabellos dorados, quien se encontraba prácticamente petrificada mientras aún sostenía el hacha vieja y oxidada en sus manos. En una batalla real, tal reacción le habría supuesto perder la ventaja contra su enemigo, en el mejor de los casos, pudiendo incluso terminar en la muerte de encontrarse frente a un oponente feroz y agresivo. Aquel ejemplo que estaba viviendo en sus propias carnes debía servirle como la mejor de las lecciones a partir de ese momento, si quería dedicar su vida a la lucha, de una forma u otra. Incluso en el plano verbal nunca debería permitir que su oponente la bloqueara o dejara sin palabras, necesitaba agilidad mental para responder eficazmente.

Esa habilidad no parecía estar presente en la joven, a quien le costaba sobreponerse a un fallo semejante. A pesar de la perfección de su técnica, había errado en el blanco. Eso no significaba falta de habilidad ni mucho menos, sino en ese caso, de confianza en sí misma, y por ese motivo debía darle una segunda oportunidad, no tanto para que el resultado fuera el esperado, sino para volver a confiar en sus propias habilidades. Habilidades que había visto en ella, aún poco refinadas y sin pulir, pero estaban presentes. También la determinación. Si tenía voluntad de proseguir el camino que había elegido a escondidas de todos sus conocidos y allegados podía llegar a convertirse en una buena guerra. Una gran guerrera que defendiera su reino en el futuro y ayudara a conservar la paz en el mismo.

Chop.

Una sonrisa de medio lado apareció en su rostro cuando observó dos mitades irregulares salir disparadas desde el tocón donde habían sido separados. No había sido el mejor de los cortes, pero había cumplido su cometido, que es lo que al final importa. Antes que ser grácil y vistoso, lo que definía a un buen guerrero era llevar a cabo su objetivo –Sí, creo que he podido verlo, enhorabuena, resulta que era cierto que teníais buenas habilidades, solo necesitabais un poco más de concentración –le felicitó, recogiendo una de las partes del suelo –No obstante, si no queréis que se hable sobre un homicidio de este pobre tronco de madera os recomiendo que sigilosamente dejéis el hacha en su lugar, no habrá testigos –finalizó mientras se llevaba una mano a la cara, ocultando una pequeña risa.

Precisamente en ese momento, la puerta principal por la que habían salido se abrió, dando paso a un joven que, de forma apresurada, se dirigió hasta donde ambos se encontraban, no sin tratar de ocultar una cara de preocupación contenida –Mi señor Chrom, por favor, siento si estoy molestando o siendo irrespetuoso mas creo que se os requiere en la sala principal, el brindis está a punto de comenzar y… -tragó saliva mientras un par de perlas de sudor se reflejaban en su frente. Seguramente llevaba un buen rato intentando dar con su persona.

Chrom tensó el cuerpo de golpe. Con toda aquella pequeña escapada por parte de ambos había olvidado casi por completo el paso del tiempo. No sabía cuánto había pasado estando fuera en vez de atendiendo sus responsabilidades como príncipe del reino y representante de la casa real, por lo que se disculpó con una pequeña reverencia al joven mayordomo –Perdonad, la molestia os la he provocado yo por haberme ido sin avisar, salí un momento a tomar el aire pero creo que me excedí con el tiempo –se apresuró a decir, no era culpa de ese pobre joven, sino de él mismo. Se giró para mirar a su joven acompañante, a quien no había desvelado su identidad hasta el momento –Me temo que esta pequeña aventura debe terminar aquí, no obstante ha sido todo un placer joven… dama –tampoco conocía quién era su acompañante, más allá de una descendiente noble de su reino. Le regaló una reverencia también, extendiendo su brazo para despedirse de ella –Recordad que siempre podéis hacer aquello que deseáis, lo que os dicta vuestro corazón, siempre y cuando esté dentro de la ley por supuesto.

Sin más demora, se apresuró a seguir al joven criado de la casa puertas adentro. Solamente esperaba que el anfitrión y el resto de invitados no se hubieran molestado demasiado por su falta de presencia. No iba a ocurrir de nuevo.
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Re: [Social] [Flashback] Un noble festejo [Priv. Alanna]

Mensaje por Alanna el Mar Oct 03, 2017 12:48 pm

Hellen siempre le repetía el mismo consejo en los entrenamientos: Para empezar a caminar, antes se debía gatear. Una y otra vez, le recordaba que debía regirse por las nociones básicas a la hora de emplear un arma, que no tuviese prisa alguna en aprender. La calma era una de las grandes virtudes que el guerrero solía olvidar con el paso de los años, y ahora que estaba empezando a dar sus primeros pasos, era el mejor momento posible para que se concienciase y no adoptase malas costumbres. No fueron pocas las veces que le afirmó que poseía un peculiar talento para el hacha, y que por esa razón debía ser exigente con ella para que se le metiesen en su cabecita las premisas dadas anteriormente.

Ahora, viendo aquel leño partido por la mitad, comprendía más que nunca la dedicación que le estaba poniendo su querida amiga en su instrucción. Ambos fragmentos, divididos de forma irregular, le mostraron que todavía tenía mucho que aprender, mucho por lo que pasar, pero que también podía ser capaz si no se dejaba hundir por los fracasos, pues de ellos también se podía aprender una valiosa lección. Sí, tendría mucho por lo que pasar, y estaba enteramente convencida de que eso incluiría muchas, muchas derrotas que debería soportar. Oh, Hellen, cuanto le debía tras tanta paciencia con ella. En cuanto volviese a verla pensaba agradecerle de corazón todo su esfuerzo y darle un fuerte abrazo.

Manteniendo la vergonzosa sonrisa de antes, Anisse giró su brazo e inclinó el torso hacia delante para realizar una reverencia. —No ha sido gran cosa, mi buen señor. Tan solo me contenta que os haya complacido pese al pequeño percance. —Y tras la sutil broma que realizó el caballero, cayó en la cuenta de que todavía seguía cargando y blandiendo por ahí un instrumento afilado y peligroso—. ¡Oh! —Bajó sus orbes hasta el hacha que seguía aferrando en su diestra y procedió a dejarla encima del tocón muy despacio, como si fuese de cristal. Solo le faltaba que alguien la descubriese cargando con ella en mitad del jardín y se descolocase por semejante estampa.

Menos mal que lo hizo a tiempo, pues del edificio principal salió un muchacho con aires apresurados, debiendo ser uno de los criados por su vestimenta. El chico ni se fijó en ella y fue directo a encarar al hombre de cabellos zarcos y comentarle algo de brindis. En verdad, con lo único que se quedó de sus palabras fue el nombre con el que se dirigió a él: Chrom.

Chrom, Chrom, Chrom… No sonaría ni muy grandilocuente, ni muy imponente para tratarse de un caballero de la orden de los Custodios. Aun así, había algo en él que reverberaba cada vez que lo repetía mentalmente en su cabeza, y que por extraños motivos no podía parar de hacerlo. Chrom, Chrom, Chrom…

Se pasaría así unos cuantos segundos hasta que el propietario de susodicho nombre la interpeló en mitad de su ensimismamiento. Lo cierto es que había perdido la noción del tiempo por completo allí fuera, hecho bastante raro dado en la clase de evento que se encontraba. Meneó la cabeza, preguntándose porqué el resto de los nobles festejos no podrían ser así. —Descuidad, mi buen señor. Tendréis otros menesteres que atender, y yo también debería volver adentro antes de que preocupe a mi familia. —Cosa poco probable después de que la dejaran a su suerte con una marabunta de jovenzuelos precoces. Alzó un poquito las cejas en cuanto su querido acompañante, Chrom, cayó en la cuenta de que desconocía su nombre—. Anisse. Y sí, ha sido todo un placer… Sir Chrom. Os prometo que seguiré practicando y que no haré uso de mis habilidades para robar el ganado de las aldeas —bromeó, sonriendo con picardía. Se quitó el enorme manto de los hombros con elegancia y se lo tendió a su legítimo dueño—. Para que comprobéis que soy una ciudadana ejemplar y que cumple ley, aquí tenéis. Creo que se os olvidaba.

Así pues, llegó el momento en el que ambos se separaban para tomar sus propios caminos. Contempló la figura del noble caballero seguir al criado y hacerse cada vez más pequeña, hasta que atravesó la puerta principal. Por su parte, Anisse se quedó unos pocos segundos más bajo el amparo de un precioso cielo estrellado, dejándose acariciar por la suave brisa de la noche. Perdiéndose entre el mar de pequeñas luces platinadas que se cernía sobre su cabeza, no pudo evitar rumiar para sus adentros. Ese nombre. ¿Por qué no podía dejar de pensar en él?

Chrom, Chrom, Chrom…

[…]

Fue retornar al gigantesco pasillo aterciopelado que conectaba con el hall principal y sentir que la paz atesorada de la velada se le escapaba de entre los dedos. Para ser concisos, la auténtica razón de ello fue que Anisse no tardó en reconocer a la muchacha de cabellera cobriza que se aproximaba a ella entre trompicones, agarrando su largo vestido violáceo para no tropezar con este y componiendo una expresión de hastío. Loretta no tardó ni cinco segundos en surcar la pasarela hasta encarar a su hermana mayor. —¿Se puede saber dónde te habías metido? Madre lleva buscándote por todos lados y he tenido que interrumpir mis asuntos para ayudarla. Qué remedio… Al menos me deleitaré con la reprimenda que te espera; que sepas que está de muy mal humor tras tu desaparición.

Anisse exhaló por la boca de pura enervación y se masajeó el puente nasal. Santa Naga, ¿acaso estaba condenada a no poder terminar la noche sin tener que soportar las impertinencias de su hermana? —Está bien, Loretta. Madre está enfadada, y tú no has podido seguir arrimándote a cualquier hombre de buen ver para coquetear. ¿Eso era todo? — Loretta bufó con desaliño y se retiró el pelo que caía sobre su hombro derecho con un gesto altanero. —Pues no, queridísima hermana. Si me he tomado la molestia de venir hasta aquí es porque madre te quiere ya en el hall para el brindis con los invitados reales. Y yo no pienso perderme por nada en el mundo al príncipe Chrom.

Fue en ese preciso momento que algo centelleó en lo más profundo de la mente de Anisse. Con los ojos abiertos de par en par, y las dos últimas palabras de su hermana grabadas a fuego en su subconsciente, movió los labios sin emitir sonido alguno al habérsele secado la garganta de golpe. Chrom. Príncipe. Chrom. Príncipe. Chrom… —¿C-cómo…?ChromPríncipeChromPríncipeChromPríncipeChromPríncipe—. ¿Cómo has… dicho? ¿P-p-príncip…?

La menor la miró con una mezcla de incredulidad y exasperación. Casi indignada por la reacción de Anisse, podría decirse —¡Pero…! ¡¿Tú acaso prestas atención a lo que nos dice madre?! —masculló, llevándose una mano a la frente—. ¡Sí, el príncipe Chrom! ¡Pedazo de boba! Mientras tú seguías abstraída en tu mundo de fantasías, madre nos informaba de su asistencia a la fiesta. ¿Por qué crees que te insistió tanto para que dejases de hacer el ganso y te comportases de una vez? —Chasqueó la lengua y negó con la cabeza—. Olvídalo. Cuanta razón tiene Eleanora al decir que no tienes remedio. Tú puedes hacer lo que te dé la gana, pero no voy a quedarme sin ver al príncipe en persona por tu culpa. —Y con eso dicho, dio media vuelta retomó el camino de vuelta al hall dando largas zancadas.

Anisse no se movió del sitio. Petrificada cual estatua y sin haber atendido apenas a la verborrea que le soltó su hermana. Salvando, obviamente, el detalle de ese invitado muy especial. Llegó un momento en que el cuerpo pareció reaccionarle y se volteó con una lentitud exagerada al portón que comunicaba con el exterior. Allí, donde por motivos que solo el destino sabría, conoció a ese hombre, ese enigmático y galante caballero que la embelesó con su porte. Ese caballero que la ayudó a escapar por una noche de los designios de su familia. Ese caballero que le mostró que los senderos de la vida no están tallados en piedra cual profecía que anuncia su inevitable cumplimiento.

Ese caballero…

ChromPríncipeChromPríncipeChromPríncipeChromPríncipe.

Príncipe… —bisbiseó con un hilo de voz casi imperceptible. Ese nombre… Claro, era por eso: ya lo había escuchado antes—. ¡¿EL PRÍNCIPE CHROM?!
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