Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 25, 2017 9:55 pm

A Mikaela se le dificultaba de sobremanera discernir si la inquietud que percibía entre las filas efectivamente existía, o si estaba sólo en su cabeza. El reino no lucía más cercano a perecer de lo que había lucido hacía un año, al contrario, pequeños progresos se habían realizado en ese intervalo, en especial en cuanto a inteligencia referente a los invasores emergidos. Mantenerse a flote era inmensamente distinto a vencer y la milicia lo entendía, más conscientes ahora que sabían que la maldita Ruptura estaba en su reino, actuando en consecuencia, reorganizando y mejorando constantemente las estrategias de defensa. Pero persistían con cada vez mejor eficacia y podía decirse que mejoraban. Tenían una situación aún más difícil que poner a su favor, aunque a su vez se hubiesen tornado mucho más diestros en manejarla, buscando en cada paso el camino a la verdadera solución. Lo cierto era que en ese ambiente que sólo Mikaela percibía como tenso y asfixiante, esas miradas que todo el tiempo creía tener sobre él en particular tenían un motivo distinto.

Había sido casi una semana ya desde que la hermana de su padre, una clériga de la fe de Forseti todavía en la flor de su vida y bien apreciada en su entorno, había fallecido súbitamente. La versión comúnmente dicha de los hechos dicataba que había fallecido en el último combate defensivo que repelía tropas emergidas, pero la verdad era que el cadáver había estado profundamente dentro del castillo todo el tiempo. La mujer no había salido siquiera al campo de batalla, su esposo estaba seguro de eso y reclamaba la búsqueda de una explicación. En épocas como aquellas no había recursos ni tiempo para dedicar a algo así, tristemente poca importancia podía darse a una muerte más cuando tantos soldados y civiles caían cada día, peligrando la misma existencia del reino, por lo que los reclamos del viudo no ganaban mucho más que palmadas de simpatía y recomendaciones de rezar por el descanso de la dama. Nadie apuntaba dedos hacia Mikaela y era posible que nadie llegase a hacerlo, pero el branded no podía dejar de pensar al respecto. No cesaba de anticipar que alguien hiciera las conexiones y descubriera que era él quien se había escabullido a matar a la mujer santa, ni de pensar en Forseti, quien sabía las verdades tras todo. No identificaba con exactitud qué era lo que tanta inquietud le generaba, y a la vez era todo en general. Ansiaba la oportunidad de acabar con el viudo y acallar todo el asunto al fin, mas a su vez dudaba demasiado de hacerlo. Forseti se manifestaba en sus sueños y ominosamente bajaba su espada.

Su modo de mantenerse tranquilo y estable era pensando en un orden de prioridades, un orden que repasaba y atendía cuando todo parecía cerca de irse de sus manos. La primera prioridad siempre era su objetivo final, la lista de oficiales del ejército de Silesse que necesitaba muertos antes de que su propio tiempo allí se acabara. La segunda, mantener su coartada igual que siempre y seguir siendo favorecido por ciertos superiores en particular. La tercera, el cumplimiento de su trabajo, pues todavía sentía gran lealtad hacia su reino y bien podría seguir siendo de utilidad escalar un poco más los rangos. De allí en más, el resto de factores importaban mucho menos, incluida su escasa vida personal. Recordándose lo que era más importante sabía por donde empezar en tiempos difíciles, mas en vista de que volver a matar justo en ese entonces podría ser sospechoso, se remitía a las siguientes prioridades. Se dedicaba por completo a su trabajo y a sus superiores predilectos, resguardándose en ello para pensar menos y, con suerte, olvidar lo que le afligía. Iba de una cosa a la otra sin pausa, sin quedarse a solas consigo mismo ni distraerse, y así conseguía proseguir.

Había llegado a hacerse conocedor de útil información por parte de un general cercano. La Ruptura no era secreto ya, lamentablemente ni a nivel nacional ni continental, anulando toda medida o esfuerzo adicional que pudiera realizarse para mantener a los civiles tranquilos, pero había detalles más o menos relevantes que el ejército mantenía para sí aún. La locación exacta no se revelaba a menudo y se prohibía todo intento de aproximación irresponsable. Aquel y otros detalles había que a Mikaela le interesaban, involucrado como estaba en el nuevo planteamiento de todas las defensas del reino; intentaba contactarse con cualquier soldado que hubiera estado en la misión o siquiera en la zona en sí para aprender más, pero no había sido sino hasta endulzar largamente su amistad y su actitud servicial para con su superior que había obtenido un nombre. Sólo uno: Alice Schuberg. Al parecer, ningún otro soldado de Silesse que rondara la zona en esa época había regresado con vida. Otros habían acudido en misiones más cuidadosas después, pero quien había estado allí en el momento revelador y podía contar la historia era sólo aquella jinete pegaso. Y lo familiar que le era su nombre había resultado un verdadero alivio para Mikaela.

Alice había entrado a la milicia el mismo año que él. No habían sido cercanos en ese momento, Mikaela no lo era con nadie que no necesitase convenientemente serlo, pero desde ese entonces le conocía. Un par de extrañas coincidencias fuera del reino, en el ducado de Mitgard, le habían hecho tratar con ella más a menudo y deliberadamente en mejor modo; circunstancias que ahora agradecía como inesperada buena suerte. Podía hablarle con soltura, podía abordarla sin que fuera particularmente extraño. Resuelto, realizó un par de preguntas sobre el estado y el sitio en que se encontrara la mujer, y se encaminó en busca a las barracas del numeroso destacamento de pegasos. Si bien no estaba completamente prohibido que un hombre ingresara, era extraña y curiosa la ocasión en que uno consideraba prudente hacerlo, pues era sabido que los sensibles animales que descansaban allí no apreciaban las visitas desconocidas. El mismo soldado entraba con sumo cuidado al lugar sobre la azotea de un gran pabellón, intentando no aproximarse ni demasiado ni muy rápidamente, aún sin ser aquella la primera vez que estaba allí. Una asistente dejó sus tareas un instante para llevar el mensaje de que buscaba a la joven Schuberg, mas entre tanto Mikaela no dudó en seguir. Sus pasos eran lentos y no hacía el menor amago de interactuar con los pegasos, pero estos, ese día más que cualquier anterior, parecían especialmente renuentes a su presencia, mirándolo demasiado y resoplando o dando inquietos pequeños pasos en sus lugares. La desazón se dibujó en sus juveniles facciones, súbitamente preocupado de lo que los animales intuían respecto a él. Mikaela agachó la cabeza hasta que su cabello casi cubrió la vista de sus ojos y detuvo su andar un instante.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Sáb Ago 05, 2017 11:51 am

Habían pasado escasas semanas desde que Alice entregó el informe sobre la ruptura de Jugdral, situada en la región continental de Silesse. El enorme cráter, cuya naturaleza estaba lejos de ser esclarecida, había sido localizado por ella y la ayuda de un equipo independiente. Demasiados soldados habían perdido la vida buscando la procedencia de los emergidos, sumado al desbordamiento que ya sufrían para defenderse de la amenaza, el gobierno no había destinado ningún recurso más allá de buscar voluntarios. Alice aplicó a la misión con la ingenua esperanza de que mejorase su situación profesional, y lo consiguió. Encontró la ruptura, convenientemente oculta en el bosque, lejos de la vista de los pegasos. Fue posible encontrar la entrada tras seguir el rastro de los emergidos, mas no fue una tarea fácil lidiar con los rezagados. Eventualmente, información detallada sobre la ruptura fue entregada por Alice a sus superiores, estaba segura de que obtendría méritos acorde al logro que había conseguido.

Pero sólo obtuvo un agradecimiento, un pago y una orden expresa de no difundir la información entonces entregada. En esencia, su situación era la misma ahora. El ascenso no llegó, dándose de bruces de forma patética con la realidad, las expectativas que se había hecho fueron demasiado ambiciosas. No estaba segura del motivo: Quizá fuera su  mala conducta ocasional, su juventud, su procedencia o puede que una combinacion de todas ellas. Consiguió adelantar su instrucción, pero no obtenía resultados similares en la escala jerárquica.

Por otra parte, la realidad que vio entonces en la tundra que aloja la ruptura le había quitado el sueño durante días. Las fuerzas estaban coordinándose bien, cosechando buenos resultados en el control de los emergidos en la zona circundante a la ruptura, pero aquél agujero era inmenso. ¿Qué pasaría si salieran emergidos a su máxima capacidad? Quizá la poderosa Grannvale, pero Alice tenía dudas de su país en ese aspecto. Conocía los horrores de la guerra con los emergidos, los cuales fueron capaces de arrasar varias poblaciones en una sola noche y asaltar un complejo fortificado por más de dos días sin que el número de enemigos se viera afectado. Había dudas de si existía una victoria final, un momento en el que los emergidos cesaran. Esa realidad se estaba consumando en otros continentes, para bien o para mal, pero tales noticias aún no habían llegado a Jugdral donde la situación estaba estancada.

Afortunadamente, Alice no tenía demasiado tiempo de pensar, pues la rutina mantenía su mente ocupada. No estaba satisfecha con el trabajo pero poco más podía hacer aparte de esperar y obtener veteranía, pues por otra parte le resultaba gratificante servir al pueblo en la manera que lo estaba haciendo. Lo mismo de cada día. Ella ya estaba arreglada y uniformada, realizando el mantenimiento diario de sus armas y armadura, cuando una criada entró a los barracones para dejar un recado. A pesar de su relato fue neutral y correcto, el mensaje era del todo inusual: Un chico estaba en el pabellón de las jinetes y había preguntado por Alice. Era infrecuente  la irrupción de un hombre en aquella zona, por respeto o sentido común, los pegasos no acostumbraban comportarse amigablemente con ellos. Estas curiosas situaciones siempre generaban cierto cuchicheo entre las compañeras de barracas, aunque Alice no compartía esas costumbres, simplemente salió en busca de aquél que la había citado.

Por eficiencia y conveniencia, los pegasos descansaban en su propia zona, acondicionada como si fuera una cuadra, con la diferencia de que las paredes y los techos eran de gruesa piedra y no de madera. Aquella parte de la fortaleza estaba completamente preparada para las jinetes de pegaso, situada en la parte alta de la misma y con una amplia plataforma en el exterior para que pudieran alzar el vuelo o aterrizar con espacio suficiente. De ese modo eran capaces de atender los avisos o las amenazas rápidamente, requiriendo de un tiempo muy corto para estar en el aire. La estructura constaba de varios “pasillos”, con espaciosos habitáculos a ambos lados del camino donde decansaban los animales, una de las entradas daba al exterior, la otra a las barracas de las jinetes. Allí fue donde Alice encontró a un cabizbajo subteniente. - Con que eras tú... - Aunque algo perturbados por la presencia del joven, los pegasos habían abandonado su actitud hostil para prestar atención a la Schuberg. - Deberías haber entrado por el acceso principal. Y mucho menos quedarte ahí parado delante de los pegasos, los pones nerviosos. - Reprochó a Mikaela, de forma controlada, pues no quería intranquilizar a los pegasos más de lo que estaban. - Hace mucho que no coincidíamos, subteniente, me alegra volver a verle. - Añadió después, mucho más conciliadora, su rostro se mostraba amigable pero sobrio. - ¿Quiere pasar dentro o hablamos fuera? - Fuera cual fuera su respuesta, Alice estaba preparada. Sujetaba un grueso abrigo de lana y cuero con el antebrazo, pegado al cuerpo para que no se le resbalase.
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Falcon Knight

Cargo :
Soldado (Ejército de Silesse)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Esp. de bronce [2]
Lanza de madera [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1228


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 06, 2017 8:13 am

Según se entendía, los pegasos eran capaces de percibir una suerte de pureza del alma hallada casi siempre en doncellas, a las que podían aceptar como sus compañeras vitalicias. Muy rara vez se veían casos en que los animales aceptaran la presencia de un varón cerca o como jinete, apenas como acompañantes a sus dueñas la mayoría de veces. De las excepciones se sabía más que nada del extranjero. Aún así, Mikaela temía a sus reacciones inquietas, imaginando que más allá de verle varón, de alguna forma le estuviesen viendo impuro por los crimenes de los que era culpable, la vengatividad decidida que jamás se apagaba en su corazón. No tenía nada de qué retractarse ni arrepentirse, y aún así, le pesaba sentirse otra vez maldito, sentirse casi descubierto. Recordaba con seguridad que los pegasos no reaccionaban así cuando le acompañaba una de las generales de división con quien en un par de ocasiones anteriores había subido a ese lugar.

Un efecto similar ocurrió cuando Alice se aproximó. Viendo un rostro conocido y a una persona aceptada, al parecer, los animales se serenaban un tanto. El joven miró a su alrededor con algo de asombro, presenciando el espontáneo cambio regresar calma a las caballerizas, antes siquiera de posar la vista en ella. Al hacerlo suspiró y se vio sin más opción sino inclinar la cabeza en disculpa, en su momento ingresar así había parecido mejor idea para hallar con rapidez a Alice, pero se había confiado en demasía para andar entre los pegasos sin más. Si en cualquier momento se le acusara de actuar extraño, suponía que tendría que excusarse con todo lo que su familia había atravesado recientemente. - Lo lamento. He llegado a acariciar uno sin que se aleje antes, pensé que así estaría bien, pero claramente no. Algún día... - Dijo, componiéndose enseguida y dibujando una pequeña sonrisa en sus labios. Pese a todo, seguía teniendo interés y no veía por qué ocultarlo, principalmente porque creía que una montura voladora podría serle útil en el futuro. Sería cuidadoso, pero lo más probable era que no desistiera. Al erguirse nuevamente, correspondió sin dudar a los ojos azules que le observaban, comprendiendo ya que la mirada de color frío y el semblante distante era algo que compartían, pero que no debía de interpretar como poco afable. A los estándares de personas como ambos de ellos, era un recibimiento suficientemente bueno.

- Gracias por salir, Schuberg. También es bueno verle. - Mikaela respondió, sin osar contacto físico sino dejando que la inclinación de la cabeza fuera su saludo. Le daba algo de curosidad ver el trato de la joven pasar de "tú" a "usted", desde regañarlo a dejar esa parte atrás, pero cuidadosamente mantuvo el suyo en lo formal. Era bueno relacionarse, pero rehuía con cautela a formar amistades demasiado cercanas. Igualmente se aproximó para alcanzarla, moviéndose sin gestos bruscos para no volver a exaltar a los pegasos, cuanto menos hasta que se alejara un poco de aquella área. - ¿Estará bien permanecer fuera? Mantendré distancia de las caballerizas para no incordiar a los animales, claro. - Consultó, por asegurarse. Puesto a su lado, se percibía la diferencia que ponía a Mikaela sólo uno o dos escasos centímetros más alto que Alice, mas no permaneció quieto allí más que un par de segundos; tal como decía, extendió el brazo un poco en la dirección en que invitaba a la otra miembro del ejército a caminar con él y enseguida se puso en marcha, dispuesto a salir del pasillo de caballerizas.

Quedaban a plena vista, por supuesto, desde cualquier ventana lateral de las barracas. No había problema con ello, sino todo lo contrario, pues Mikaela prefería aquella imagen de dar un simple paseo con una especie de amiga antes que andar escabulléndose y luciendo secretivo; y creía entrever ya, a lo lejos, alguna figura femenina apoyada junto a una ventana que volvía la cabeza a tan inusual visión. Cuidó mantenerse a la par de la joven, aunque reservado de semblante, como casi siempre. Podía alabar en fuero interno la sagacidad de la jinete pegaso en asumir que había algo puntual de lo que pensara hablarle, asunto al que se refirió con tacto primero. - Escucho que le ha estado yendo bien últimamente, de la general de esta división. También que había estado en una misión peligrosa, pero veo que logró terminarla sana y salva. - Dijo, mirándola de soslayo por entre livianos mechones rubios que el viento de las alturas mecían. Teniendo magia curativa a mano, sólo las heridas graves, mal atendidas o sanadas a destiempo dejaban rastros duraderos. No pudo evitar el pensamiento de que si de una persona de su apellido u otro de los grandes nombres en el ejército de tratara, con los últimos logros de Alice un ascenso habría sido otorgado de inmediato.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Mar Sep 26, 2017 11:35 pm

Al escuchar la explicación que dio el subteniente, aunque no negó la duda razonable, sí que le resultó extraño. Al igual que su divagación, parecía insinuar que algún día podría ser capaz de congeniar con algún pegaso. A ojos de Alice, quien ni siquiera había escuchado los rumores de los jinetes de pegaso masculinos de Akaneia, era una fantasía peligrosa. Pero no dijo una palabra, no sentía que el trato que tenían en ese entonces le diera derecho a cuestionar sus creencias, ni tampoco dar consejos. - No está mal... La mayoría de las veces quien intenta tocar a un pegaso de ese modo acaba llevándose un buen mordisco. - Con la intención de prevenir al chico, y quizá de alejarlo de tales pensamientos, Alice verbalizó las amenazas de las monturas. Lo había vivido de primera mano, aunque de forma infrecuente, algunos varones de infantería -la mayoría reclutas novatos- acababan llevando su mano ensangrentada a la enfermería. Tan descuidados o insensatos como para molestar a las monturas sin la compañía de sus dueñas, ya fuera con una inocente caricia o una desconsiderada provocación, en la mayoría de los casos acababan alejándose del lugar amedrentados. Tal y como hizo Mikaela, pero su caso no acabó provocando un revuelo mayor del que producía su mera presencia. Y es por eso que Alice le extrañó la situación.

No le dio más vueltas, o simplemente algo le distrajo, unos relinchos muy cercanos en donde estaba la pareja. A su espalda, un pegaso de crines castañas empezó a golpear con el casco delantero derecho la puerta de madera de la cuadra para llamar la atención de su jinete. - Tuviste suerte de no avanzar más, Ícaro disfruta arrancando mechones de pelo a los polizones. - Bromeó. Aunque su boca cerrada no gesticulara la carcajada, la chica expiró abruptamente, dos repeticiones. Los pegasos se parecían a sus dueñas, eso se rumoreaba, y el compañero de Alice cumplía a rajatabla esa norma no escrita. Era tozudo y malhumorado, incluso con otros pegasos y compañeras de barraca. - Eh, ya vale, ya estoy aquí. - Regañando cariñosamente a Ícaro, primero posó suavemente su mano derecha en un puño, dando un pequeño golpe en el hocico del equino. Por supuesto, ni siquiera le produjo molestias, la mano cubierta por un guante de cuero acolchó todo el impacto. Después, abrió la palma y empezó a acariciarlo. Todas las jinetes de pegaso tenían su “magia”, un alma pura y serena, incluso en la beligerante Schuberg. Sonrió con cierta travesura mientras seguía mimando a su animal intercalando caricias y palmadas. Icaro respondió empujando a Alice con la cabeza – No hagas eso. Sabes que no es la hora todavía. Esto ha sido una ocasión especial. -  Golpeó su hocico nuevamente con el dorso de su puño y empujándolo para que su cabeza no saliera de la cuadra. Respondió entonces a Mikaela. - Sí, fuera está bien, vamos.

Sabiendo aquello, la joven no tardó en cubrir su cuerpo con el grueso abrigo para acompañar al subteniente lo suficientemente resguardada del frío. Un paseo tranquilo e íntimo de no ser por las miradas que, en un absurdo intento por pasar desapercibidas, se proyectaban desde el interior de las barracas. Ojos pegados a las vidrieras o que directamente se asomaban por las ventanas entreabiertas, las compañeras más directas de la jinete no podían evitar fisgonear en aquella infrecuente situación. Desde el punto de vista de Alice era razonable, pues la mayoría de los varones que hacían visitas a las jinetes de pegaso no tenían motivos precisamente profesionales. Ellas prácticamente vivían en las barracas, por lo que era bastante habitual que los primeros encuentros se produjeran en ese mismo lugar. Se sabía que la pareja congeniaba cuando la mujer aprovechaba su tiempo libre para dirigirse al pueblo o a otras divisiones del campamento en caso de que el varón también perteneciera al ejército. En este caso había más expectativas si cabía, ya que Mikaela se había dejado ver en otras ocasiones acompañado de las jinetes responsables del escuadrón, pero este era la primera ocasión en la que quería hablar personalmente con ella. Alice nunca disfrutó participando de los cuchicheos, no le suponía ningún tipo de distracción, pero entendía el interés que acaparaba en sus compañeras.

Y aún sabiendo claramente que el chico nunca acudiría con tales intenciones, estaba segura de que sería el foco de rumores durante los próximos días, quizá semanas. Eso le resultaba hartamente molesto. Pero mostrar esa incomodidad sólo serviría para generar más preguntas por parte de las chicas -e incluso Mikaela-, lo mejor que podría hacer es darle lo que ellas querían ver. Así pues, actuó con la normalidad que la situación merecía, ignorando miradas ajenas y concentrándose únicamente en la conversación. - La verdad es que sí, en las últimas misiones he conseguido comentarios muy positivos, por lo que he leído de los reportes que redactó mi superior. - Comentó, dando veracidad a la información que poseía el subteniente, más no pudo mostrar un rostro conforme ni satisfecho. Las recompensas que había visto en su instrucción en forma de una graduación temprana no se estaban viendo correspondidas ahora que formaba parte del escuadrón. Se esforzaba a diario y tomaba riesgos por sus compañeras, algunas decisiones no siempre acertadas pero en su cómputo global le respaldaban buenas estadísticas. Sabía que en dos años no lograría ascensos inmediatos, pero tampoco esperaba que su trabajo se viera ignorado. - Por su parte, no hace falta un informe para saber noticias suyas. - Añadió, sin ningún tono de crítica, aunque llevaba sintiendo envidia de su situación desde antes de que se conocieran formalmente. Entraron con la misma edad pero él, por simple herencia, convertía sus hazañas -igual de meritorias que las de Alice a su entender- en ascensos inmediatos. Tenía gente a su mando que le duplicaban la edad, un sueldo mucho más cuantioso y, sobre todo, una retroalimentación de su poder nobilialio. Si los familiares están arriba, el ascenso para su legado era infinitamente más sencillo. - Muy buenas demostraciones de habilidad y mando. - Y también cosas horribles que sucedían alrededor de su apellido, algunas de ellas recientes, pero no sentía que tuviera la suficiente confianza como para sacar aquél tema.

- Hay una importante diferencia entre la gravedad de lo que presencié y el peligro al que me expuse, si le soy sincera. - Matizó, tras unos segundos empleados en meditar sobre lo que ocurrió hace unos días. - Me limité a observar cómo volvían a su guarida, o lo que fuera eso, tras haber saqueado varios poblados durante la noche. Fue horrible. - No habian dejado nada ni nadie en pie ese día, las aldeas quedaron asoladas y carbonizadas. Su rostro se agravó al instante, recordando la impotencia que experimentó entonces. - Combatí algunos rezagados que se quedaron en los alrededores, pero no estuve sola. Me ayudó un chico que tenía un poder impresionante. - Hizo el amago de describir su transformación, alzando los brazos  como si fueran alas, quizá complementaría con algunas onomatopeyas, pero vio lo absurdo de la situación. - Es difícil de explicar, casi no parecía humano, pero no creo que lo entienda si no lo ve con tus propios ojos. - A fin y al cabo, Alice pensaba que los laguz solo vivían en los cuentos y en las leyendas, siendo aquellas criaturas oriundas de los continentes de Tellius y Akaneia en su mayoría. Ignoraba que Mikaela portara su sangre y por lo tanto no le merecía la pena intentar convencerle de su existencia. Dejó su descripción en una nebulosa de misterio.

- Supongo que querrás más detalles, incluso de que fuera ese el motivo de su visita. - Concluyó, recordando la importancia y el secretismo que se le ordenó guardar. - Descuida, no me importa. - Añadió, al ver cierta “culpabilidad” en los ojos del rubio, antes de que él pudiera excusarse. - Esa información le llegaría de una forma u otra, y no es la primera vez que recurre a mí para tener un adelanto de los reportes. En cierto modo, me agrada que cuente conmigo para estas cosas. - Mostrando una sonrisa más distendida, Alice posó sus ojos sobre el horizonte que otorgaba la zona elevada del castillo donde se encontraban.
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Falcon Knight

Cargo :
Soldado (Ejército de Silesse)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Esp. de bronce [2]
Lanza de madera [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1228


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 06, 2017 9:11 pm

Sabía que debía ser cuidadoso, pero esa era la primera vez que tenía que pensar siquiera en la posibilidad de perder cabello a mordisco de pegaso. Rápidamente, de forma inconsciente, se alejó un paso adicional y se llevó una mano a la cabeza, acomodándose el cabello un poco más chato contra la misma. Bastante cariño le tenía a su imagen y bastante le servía a veces, como para arriesgarse. Broma o no, le había dado un susto bastante real y no muy bien disimulado en su instante. Quedándose alejado mientras la mujer mimaba a su montura, Mikaela se aseguró de memorizar el aspecto de su crin al menos; no fuera a ser uno de esos animales celosos con sus dueños y con una vena vengativa, como para buscarle el cabello al subteniente después. Cuando la jinete hubo terminado su intercambio, bastante inocente y tierno para una persona tan dura, él le intentó sonreír despreocupadamente. - Sí... si Ícaro no debería salir ahora, mejor que no. - Concordó, disimulando.

Asumía que Alice debía estar de muy buen humor para comportarse como acababa de hacer, cosa que no creía haber visto antes; lo cual era bueno, en cualquier caso. Quizás la atrapaba en un día especialmente accesible. Así, de buena expectativas, Mikaela no tardó en tomar lugar a su lado y caminar a su ritmo, de momento ignorante a las testigos de sobra en todo el escenario. Tenía los ojos en la joven Schuberg, cuando no revisando por sobre el hombro que los pegasos hubieran quedado atrás, respondiendo con suma rapidez a sus palabras. - Gracias, pero... ya aspiraría yo a un honor tan grandioso como el de la misión que completó usted. Déjeme centrarme en eso por hoy. - Dijo. Cuales fueran las noticias suyas que ella manejara, lo cierto era que no quería la menor atención sobre su persona en una época tan delicada. Todo le sabía a sospecha, no confiaba en poder quedarse en calma; mejor rehuir la conversación de sí desde temprano y escuchar a la dama con su más neutro y distante semblante.

- Pudieron haber sido miles, o decenas de miles emergidos, según me imagino, en el punto de origen... aunque no la atacaron, era y es un serio peligro. - Comenzó por acotar, convencido al menos de eso. Pausó en confundido silencio por la mímica de la persona que supuestamente había ayudado a Alice a salir a salvo de aquel asunto. Parpadeando algunas veces, el rubio se recordó que la persona a la que oía no tenía perfil ni de supersticiosa ni de crédula. Por raro que sonara, razonable que ella no quisiera ahondar en esa parte, lo más probable era que la verdad fuese exactamente como ella la describía. Debía ser lo que parecía: un laguz deambulaba por Jugdral y había coincidido con la soldado. El subteniente hizo nota mental de ello con cautela, pues tales criaturas eran aún más enemigas de los mestizos que un humano promedio. Perdurando en esos pensamientos, fue tomado por sorpresa por las  por las próximas palabras de la dama, que se adelantaban a lo que buscaba con su visita. No obstante, no se lo negaba. Con una sonrisa culpable apareciendo en sus facciones, el joven se limitó a agregar, encogiéndose de hombros con cierto desentendimiento del incluso asunto del laguz. - Vine aquí porque creí que la mejor fuente serían sus propias palabras, listo para creerle respecto a lo que fuera que vio en ese lugar, aunque... eso también parece un posible riesgo a considerar en la zona: criaturas del extranjero. -

En ese momento, un sonido fuera de lugar llamó su atención, ameritando que apartara la mirada enseguida de Alice, ceño ya fruncido al buscar lo que habría sido. Tardíamente cayó en cuenta de que no se trataba de más que una risita femenina algo distante, proveniente de un par de muchachas sentadas junto a uno de los mayores ventanales del edificio de barracas. El pequeño momento de una jinete pegaso tan seria como Alice haciendo pantomimas y un subteniente tan serio como Mikaela sonriéndole por ello había causado suficiente gracia. Nada cómodo con la vigilia, el varón las miró para comprobar que se estaban quedando todavía en la ventana, para luego poner a andar otra vez. Alice se había detenido en buen sitio del amplio camino sin techar, pero sería mejore seguir bordeando el lugar, buscarse uno donde el ángulo desde las barracas no fuera favorable para amigas chismosas. Por supuesto, nada dijo en voz alta de ese indiscreto detalle, sólo prosiguiendo para oídos de quien le acompañaba. - Cualquiera cosa que recuerde o que pueda decirme de la Ruptura me ayudaría mucho. Quiero trabajar con la nueva información lo más activamente que pueda. -
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Vie Dic 08, 2017 11:47 pm

Un sonido ajeno a ellos los alcanzó mientras la jinete intentaba explicarse de la mejor manera que podía, el eco de unas divertidas risitas se filtraban por los ventanales para llegar sutilmente al exterior. Miró a las autoras del cuchicheo de reojo, mostrando leves síntomas de vergüenza y enfado por unos segundos, unos instantes en los que estaba pensando cómo les haría pagar su intromisión y las futuras burlas -inofensivas- que le llegarían. Tras ese lapsus, volvió a mirar al subteniente con el semblante que le caracterizaba. - Criaturas del extranjero, no le comprendo. - Ignoraba el hecho de que Mikaela era branded, por lo que le resultaba extraño que calificara al hombre dragón como una criatura peligrosa. - Ya dije que me ayudó a acabar con los emergidos que se quedaron rezagados. - Comentó, algo contrariada, estaba segura de que le había dicho que se trataba de un aliado. No obstante, ese malentendido no era importante, volvió al cauce normal de la conversación.

Progresivamente, habían estado alejándose de los accesos principales del castillo, dando paso a un complejo de miradores y escalinatas que conectaban las secciones exteriores del mismo. Actualmente se encontraban en la zona más alta, el lugar idóneo para la guardia de los pegasos, y con una altura de más de cien metros sólo los más inconscientes se atreverían a realizar aquella subida -con un viento implacable y escalones peligrosamente resbaladizos- en vez de llegar por los accesos internos de la propia fortaleza. Eso lo hacía un sitio poco transitado y por lo tanto suficientemente tranquilo y discreto para poder hablar del tema que les concernía. Alice era consciente, esperó aquél momento para poder explicar a Mikaela sin sentirse cohibida por ello. Se paró entonces, posando sus manos sobre la valla de piedra de un metro y cincuenta centímetros, algo más si se tenía en cuenta la capa de nieve que reposaba sobre la estructura. Meditó unos segundos, intentando recapitular todo lo que ocurrió entonces. - He de decirle que no puedo arrojar mucha luz a la ruptura, sólo darle sus magnitudes aproximadas y su localización. Lo que hay dentro de aquella grieta es un misterio. Creo que los superiores están procediendo a acotar la zona y a contener a los emergidos que salen de ella. Explorarla... No creo que sea viable en este momento. - Especuló mientras perdía su vista en la inmensa tundra de Silesse. La ruptura era un objetivo crítico para el ejército, tenía razonables dudas de que a Mikaela se le dejara una libertad plena para actuar en ella.

- Como podrá imaginarse, me fue posible localizarla ya que pude seguir el rastro de los emergidos y los estragos que éstos causaron. Fue una suerte, unas horas más tarde y no habría podido. El viento y la nieve tapan rápidamente las huellas, ese es uno de los principales problemas que hemos tenido para localizar la guarida de los atacantes. - Masgulló un “supongo” inaudible al final, cuando se trataba de reportar todo debía ser tajantemente objetivo, aunque la información más plausible no fuera definitiva al cien por cien. - Está oculta entre árboles, muy lejos de los caminos, imposible de sondear a pie debido a los problemas de logística y difícil de detectar desde el aire, a menos que vueles lo suficientemente bajo. - Ayudándose de la nieve acumulada en la muralla, como si se tratara de un lienzo, Alice dibujó varios trazos para acompañar a su explicación. Las líneas representaban caminos, las equis poblados, rallas verticales como árboles y puntas de flecha para las montañas. Una burda representación del terreno cercano a la ruptura. Arrancó la nieve del lugar donde se encontraba la ruptura, dejando sólo piedra desnuda. Esperó unos segundos a que Mikaela pudiera asimilar la información. - Ese día, como había estado ocurriendo últimamente, una serie de ataques a poblaciones cercanas se produjeron. Todas durante la noche, donde las condiciones de luz y temperatura son extremas en muchos casos, imposible mantener una vigilancia constante sobre un terreno tan extenso. Al alba, lo único que dejaban eran los restos de los saqueos que perpetraban. Yo encontré ese patrón y me propuse voluntaria para investigar aquellos sucesos. Para poder localizarlos, debía actuar de forma prácticamente solitaria, sospeché que si se vigilaba simplemente no ocurriría nada. Los emergidos saben muy bien lo que hacen. - Siguió exponiendo el caso, con pocas pausas, concentrada en que ningún detalle se le escapara . - Reuní a un grupo de personas y esperé hasta antes del alba para salir a buscar, así sería más probable pillarlos con las manos en la masa.
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Falcon Knight

Cargo :
Soldado (Ejército de Silesse)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Esp. de bronce [2]
Lanza de madera [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1228


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 26, 2017 9:06 am

Mikaela no sabría decir qué le ponía más en alerta, si el hecho de que podrían haber laguz rondando en Silesse, o el de que otras jóvenes de la caballería pegaso le tuvieran los ojos encima; por motivos por completo mundanos y al final bien intencionados, pero era ser vigilado a fin de cuentas. Algo que, presentemente, no estaba manejando del todo bien. Escuchaba y a la vez no oía a Alice recalcando que había tenido por aliado a tal criatura, que para él no representaba más que el mayor peligro posible: el de caer bajo el sentido innato de un laguz para detectar a un branded, ser visto por quien era, del modo en que verdaderamente era. Como la mirada de Forseti en sus sueños, descubriéndolo y juzgándolo; repudiable idea. Rogaba que no hubiese otras criaturas similares en el Norte, que aquel en particular hubiese ya partido. En segundo lugar, al menos la mirada curiosa de las compañeras de Alice dejaba de ser un resquemor a su espalda a medida que salían de su rango de visión. A juzgar por las expresiones en el rostro de la rubia dama, asumía que ella entendía tan bien como él la atención y que concordaba en separarse de ello, detalle que le agradecía tanto más de lo que podía llegar a expresarle. Con un relajado bajar de los hombros y un suspiro al verse más a solas tendría que bastar.

La acompañó, pues, por un área que se le hacía bastante menos familiar, mas de vistas sorprendentemente agradables. La altura tentaba al vértigo a surgir y aún así confortaba, el viento soplando tan frío que enrojecería las mejillas de cualquiera de ellos si permanecían mucho. De momento cómodo, Mikaela se mantuvo un poco más separado que ella del borde, escuchando su relato con suma atención. Sólo cuando le notó trazando con admirable concentración en la nieve del barandal debió aproximarse, la cabeza ladeada para escudriñar lo que hacía. Era organizada hasta en eso, a su parecer, una buena cualidad en una soldado. Atento a la explicación y a todo detalle sobre la vigilancia del área, no tardó en intentar reflejar sus ideas sobre aquellos simples trazos, intentando adivinar de acuerdo a esa disposición el área del que hablaba. - Ni los dos castillos de la costa, ni por supuesto nuestra capital. Esto sería... ¿donde? - Musitó. Silesse era un país pequeño, pero aún así no era tan simple. El tamaño del agujero cavado en ese mapa de nieve, sin embargo, se le hacía preocupante. En cuanto Alice pausó, el subteniente alzó la vista de regreso a ella, su rostro habiendo dejado de lado la cordialidad y las sonrisas a favor del gesto serio que tomaba respecto al trabajo.

- Continúe por favor. Imagino lo que sigue, pero... para estar seguro. Y para oírlo de usted. Como dije, vine preparado para creerle. - Dijo. A aquellas alturas debía ser que entraba a juego el laguz con que la jinete se había aliado, así como la llegada a la Ruptura en sí, ambas informaciones que le interesaban de sobremanera. Agachando un tanto el cuerpo, apoyó sus codos en el barandal lo suficientemente separado como para dar espacio a los trazos explicativos de la mujer, que vigilaba como si de verdaderos planos y mapas estratégicos se tratara. Así como el tamaño que comenzaba a imaginar para la Ruptura, el comportamiento de sus emergidos se hacía también digno de preocupación. Su inteligencia bélica había sido comprobada desde el primer día; lo avasallador de combatir contra hombres que no reaccionaban al dolor y no eran detenidos por heridas comprendido desde los primeros encuentros. Y sin embargo, dos años habían pasado desde aquellas experiencias, y cabía preguntarse si ellos habían extendido sus capacidades de amedrentar Silesse tanto como sus defensores habían aprendido a defenderla. Sonaba a que habían refinado sus técnicas, cuanto menos. Los pensamientos del joven varón se adelantaban inquietos. Ojos azul oscuro buscaron por un instante los más claros en el rostro ajeno, agregando. - Más aún, quisiera llegar a oír su juicio general. Respecto a lo que sea posible hacer... las posibilidades reales de Silesse de sobrellevar este problema. -

Ahora que estaban en verdad a solas, no había necesidad de dudar mucho en su forma de hablarle. Mientras del ámbito profesional se tratara, mientras hablaran como dos soldados, no hacía falta tener confianza completa u honesta como personas, sino la capacidad de verse a nivel como unidades bajo una misma bandera. Aún si uno de ellos fuese un traidor, un ser ajeno; de momento, su mente podía ignorar por completo esos hechos. Le interesaban aquellas respuestas tanto como a cualquiera de los superiores que por seguro recibirían el informe de Alice.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Mar Ene 09, 2018 1:49 am

Su rostro se había abandonado su cordialidad progresivamente a medida que recreaba la escena y recordaba detalles de la misma. Alice reconocía a la perfección el mapa que estaba trazando, trasladándose a aquél lugar y momento de la misión, con todos sus desagradables sucesos. Sus ojos se entrecerraron en los detalles finales del trazo, intentando ayudar a Mikaela a situar la posición aproximada de la ruptura. - Exacto. Ninguno de los castillos está cerca. Ése había sido uno de los problemas a la hora de localizarla. - Indicó al subteniente, mientras añadía unos trazos finales que esperaba que fueran definitivos a la hora de orientarlo. - Se encuentra entre Thove y Sallane, prácticamente igual de lejos de las dos fortalezas. - Dibujó de los característicos afluentes de la zona norte de Silesse los cuales, si Mikaela tenía suficientes conocimientos de geografía, serían reconocidos rápidamente. De ese modo podría situar la ruptura y la escala del boceto, de aproximadamente un décimo de la zona continental del país. - Es un dibujo aproximado. - Sentenció, cruzándose de brazos mientra juzgaba su propio trabajo. - No estuve allí el tiempo suficiente como para interiorizar las distancias. Lo importante son los poblados cercanos. - Añadió, pues éstos delimitaban el área donde se encontraba la ruptura y, sobre todo, representaban los objetivos más vulnerables ante un posible ataque.

Al menos aquellos que aún seguían en pie.

Llegados a ese punto, Mikaela vio correctamente el momento en el que debía recalcar la total confianza que iba a depositar en el testimonio de la jinete, justo antes de que ella misma se dejara llevar por las inquietudes o las dudas de que se le fuera a tomar en serio la totalidad de su reporte. Mirando al subteniente fijamente a los ojos por unos instantes, evaluando sus palabras unos instantes, Alice simplemente asintió y volvió a llevar su vista hacia el paisaje que ofrecía el mirador. - La operación comenzó en el inicio de la tundra, donde reuní un grupo de cuatro personas, yo incluida. El único que llegó a aportar aparte de mí fue el hombre dragón, con uno de sus brazos cubiertos de escamas y con la capacidad de transformarse en dicha criatura alada. Tan pronto como el sol iluminó el firmamento pudimos divisar tres columnas de humo. Al estar en la frontera, éstas estaban a una gran distancia. Como han hecho siempre, cuando sale el sol se repliegan, por lo que el tiempo jugaba en nuestra contra. Decidimos separarnos para investigarlo todo.

Tomó una pausa entonces para mentalizarse de lo que estaba por venir. Cerró los ojos y agachó levemente el mentón con el fin de soportar el recuerdo, presenciar como un pequeño ejército emergido terminaba de asaltar una posada. Robando, asesinando a sus huéspedes y quemándola hasta sus cimientos, la soldado no pudo hacer nada más que presenciar como regresaban impunes al agujero del que habían salido. Su ira, remordimientos y frustración se reflejaban en la presión de su puño derecho y la tensión de su mandíbula. - Mi compañero sólo vio los restos calcinados de un poblado, en cuyo centro aún ardía una pira funeraria. Los otros dos nunca llegaron a reunirse con nosotros. Supongo que se perderían por el camino al tener que recorrerlo a pie. En mi caso... Presencié como una gran cantidad de emergidos asolaban una posada. Como la quemaban, sacaban gente y la mataban, como lo destruían todo. - Su mano izquierda se aferraba con evidente impotencia al pomo de su espada, enfundada. - Y yo no pude hacer más que mirar y seguirlos... Fui incapaz de salvar a nadie.


Deseaba desenfundar la espada y descargar todas las malas emociones sobre la gruesa piedra, o los maniquíes de la zona de entrenamiento, o algún emergido merodeando la tundra o el valle. Era algo que llevaba deseando los últimos días, más a menudo de lo que acostumbraba debido a aquél reciente cargo de conciencia. Mas se esforzó al máximo en calmar su temperamento, enfríar su coraje para no explotar delante del subteniente. - Tsk. - Chasqueó la lengua, calmando moderadamente su actitud y adoptando una postura más relajada. - Se que no podía haber hecho más en aquella situación, pero eso no evita que me sienta responsable por lo ocurrido.
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Falcon Knight

Cargo :
Soldado (Ejército de Silesse)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Esp. de bronce [2]
Lanza de madera [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1228


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 14, 2018 10:34 pm

En el frío que mordía y calaba hasta el hueso de las alturas, peor aún, el del Norte del mundo, lo primero que se entumecía tendía a ser las extremidades. De allí los guantes que acompañaban a la mayoría de tipos de uniformes, así como el grosor y material de las botas. Luego era el rostro el que sufría, marcándose las mejillas por cortes de viento, aunque eso tomaba mucho más tiempo afuera. Ataviado como un soldado debía estar y por lo demás acostumbrado a ese ambiente, en el que había pasado la totalidad de su vida, Mikaela se hallaba bastante cómodo con quedarse donde estaba; un buen tiempo más podía soportar tranquilamente, aprovechando la privacidad. Por lo demás, el reflejo del sol no llegaba a ser suficiente como para entorpecer la vista de lo que Alice terminaba de trazarle en la nieve asentada y, extrañamente, se le hacía muy claro el mapa presentado. Lo miró con interés, sin dificultad para imaginarlo aplicado al territorio nacional. Entendía la posición y tamaño de la Ruptura, y aunque guardaba distancia a los castillos de Silesse, no le dejaba en absoluto aliviado.

Restaba oír la experiencia de la mujer, algo que cada vez se discernía más como único; sólo ella había estado en cada paso del camino, sólo ella lo había visto de principio a fin y sólo ella tenía, pues, tan valioso testimonio. Impasivo, el subteniente escuchó con ocasionales asentimientos de la cabeza, desviando por pequeños momentos la vista a las manos de Alice, a los pequeños gestos de tensión que la acompañaban, pero haciendo caso omiso de ellos. La historia tenía un desarrollo claro, inevitable. Si algo le decía que no hubiese podido prever, era que la jinete junto a él era una mejor persona de lo que a diario vivir demostraba. Seguramente por eso los pegasos la aceptaban, después de todo. Entre las brillantes y usualmente gentiles personalidades de la mayoría de señoritas en el platón pegaso, Alice destacaba por diferencia, pero era claro que su nivel de empatía por el ciudadano desprotegido y los inocentes involucrados era tanto o más alto que el de cualquiera de las otras. Le dejaba inseguro de cómo sentirse al respecto. No compartía el sentimiento, por seguro, jamás había cargado con preocupación más que de su propia vida, pero el hecho de estar ante alguien que lo sentía tan intensamente le traía una mezcla de enfado, verguenza y culpabilidad. Dirigió la vista al suelo.

- No hace falta que recalque lo que ya comprende... hay situaciones en las que un sólo soldado sirve de poco. En ellas, arremeter y dar la vida para no lograr que nada cambie es la peor decisión posible. - Intentó, cuanto menos, parecer comprensivo. No podía hablarle como un superior en un contexto en que estaban tan igualados, tampoco se sentía en la autoridad. Sólo creía de forma personal en lo que decía, mas con una neutralidad al respecto que estaba seguro que a Alice no le caería en gracia si la expresara. Su vista se perdía a la altura de sus pies, luego por el paisaje más allá, de donde provenía un viento arremolinando nuevos copos de nieve; en cualquier sitio menos en ella. - Además, así es como logró seguir rastreando a los emergidos hasta su punto de origen, ¿no es cierto? Es el mejor resultado al que se podía aspirar. Puede significar un gran cambio para Silesse. - Sonrió un poco, con cuidado. Su cinto, la funda de su espada y las piezas que cerraban sus botas altas repiquetearon un poco entre sí marcando el sonido de un movimiento leve, el de Mikaela enderezándose y posicionándose más cerca de la mujer, hasta alcanzar con la mano a dar una palmada en extremo tenue tras el hombro. Quizás no fuera mucho, pero quería dar a entender que para él, estaba bien así. La andrógina levedad de cada facción de su rostro mantenía una cierta suavidad a su expresión, sin importar cuan seria pudiera llegar a ser; disminuía su carácter ya adaptable.

- Si he entendido bien, fue así que vio la Ruptura. - Prosiguió. El resto de la escena era algo que, por cuanto había dicho Alice, creía poder imaginarse bien. Por supuesto, sus inquietudes no se disipaban. Tras una pensativa pausa, a vos suave, decidió dejar en voz alta el asunto que tarde o temprano querría tocar. Su mirada pasó con desconfianza por el entorno incluso mientras hablaba, asegurándose la privacidad. - Quiero recalcar mi pregunta, Schuberg. Es algo que quisiera que responda única y totalmente con su opinión, sus ideas... sin importar cuales sean. Necesito aclararlo para mi mismo también. - Y era el mayor motivo tras toda esa indagación. Lo necesitaba, para saber hacia qué objetivo trabajar él mismo. Sin dudar, finalizó. - ¿Qué posibilidades cree que tiene Silesse para el futuro? Teniendo en nuestras tierras la Ruptura, habiéndola visto... honestamente, ¿qué le parece? -
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Dom Mar 11, 2018 8:07 pm

Aunque la aparente frialdad del subteniente chocaba con la personalidad que tenía la jinete de pegaso, no hubo reproche alguno a sus declaraciones por parte de la soldado. En parte, admiraba la capacidad de Mikaela de abstraer los sucesos del terreno personal y tratar aquella información sin que los sentimientos interfirieran en su juicio. Aquella era la diferencia entre sus rangos, supuso, un hecho al que le encontraba lógica a pesar de que siguiera frustrada por no obtener ascensos propios. La Schuberg era consciente de sus carencias, pero suponía que su “sangre caliente” y su habilidad en combate le podrían abrir una puerta en una división de élite. No buscaba dar órdenes si no recibirlas en misiones que tuvieran una exigencia acorde a sus capacidades, sin embargo, los superiores no parecían tener la misma visión de ella o simplemente su inexperiencia aún pesaba más que sus cualidades. Se percató que sus pensamientos habían divagado cuando el subteniente posó la mano sobre su hombro, algo que le pareció inusual y repentino con respecto al trato que habían tenido desde siempre, tensó un poco su cuerpo por el sobresalto e hizo el amago de girarse, pero se detuvo en última instancia. - Se lo agradezco, subteniente. - Declaró con neutralidad, relajando su cuerpo a la postura anterior. - Eso mismo pienso yo, o mejor dicho, quiero creer. Aunque no los enfrentara, en ocasiones me pregunto si podría haber bajado y salvado a una o dos personas. Sus palabras me ayudan a creer que no tomé una decisión equivocada. - No quedaban más trazos que dibujar ni detalles que narrar sobre la parte oficial del reporte, llevó el guante derecho directo a la parte baja del abrigo de piel y pelaje que la resguardaba del frío, sacudiéndolo para retirar la nieve adherida en los dedos y que no calaran el material.

La objetividad de la información había terminado, sin embargo, el subteniente hizo inciso de la valoración personal de la ruptura. Repitió su pregunta. Era una respuesta que había estado evitando, de forma subconsciente, sus rostro se tensó al escuchar de vuelta el interrogante. Dado que el improvisado lienzo del muro ya no era necesario, se dio la vuelta y apoyó su espalda en la estructura para tener una mejor visión de la zona interna del castillo. No había ventanales de fácil acceso en aquella parte de la fortaleza, aún así se cercioró de que ninguna de sus compañeras hubiera sido lo suficientemente chismosa para estar husmeándolos en ese momento. - Antes de responder, necesito dejar constancia del compromiso en el que me estás poniendo. Y no sólo porque esto no deba estar contándotelo, si alguien que no debe se entera de lo que te voy a decir podría acarrear muchos problemas. Tampoco me siento cómoda dando mi opinión, debes entender esto. - El tono en el que le hablaba hacía ver que la situación de la ruptura tenía a Alice preocupada. Por su localización, tamaño y difícil acceso a pie, a la espera de que las valoraciones de los exploradores se hicieran públicas -tras una evaluación de generales y estrategas-, que se filtrara aquella información antes de tiempo sólo generaría conmoción en los soldados. Calmó su intranquilidad con una profunda exhalación, pasando su trato en segunda persona a la corrección. - Pero ha venido a escucharla, y sospecho que sería insistente si me rehusara, supongo que lo corresponderá con la discreción que le caracteriza. - Sentenció, en tono objetivo y no como una extorsión o advertencia. - No me gusta lo que vi, subteniente. La ruptura es demasiado grande y geográficamente hace casi imposible que sea cercada efectivamente, ya sea por tierra o por aire. Si la situación no se ha descontrolado es porque no hay tanto de esos seres, y espero que siga así, porque si el tamaño de la ruptura está diseñada para que utilice a máxima capacidad... - Dejó de hablar entonces, chasqueando su lengua y apartando la vista del subteniente, posándola en la dirección aproximada de la ruptura.

- No hay mucho más que pueda decir al respecto, no sin la copia del informe que redacté. No estoy mentalizada para revivir al detalle todo lo que pasó. - Añadió, separándose de la valla de piedra y alejándose unos pasos de ésta. - Además, empiezo a tener frío. - Meditó unos segundos en silencio, mientras Mikaela sopesaba si le hacía alguna pregunta más.
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Falcon Knight

Cargo :
Soldado (Ejército de Silesse)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Esp. de bronce [2]
Lanza de madera [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1228


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 17, 2018 3:06 pm

Mikaela recordaba con suma claridad la clase de preocupación que Alice mostraba por su patria, la sensibilidad por las vidas civiles a la par que la búsqueda de éxitos militares. Era justamente porque recordaba cómo era aquello, que podía cuestionarse en fuero interno cuando habría dejado de sentirse así él también. Su prioridad siempre había sido él mismo, pero cierta cabida había restado la mayoría del tiempo para la herida pero aún orgullosa Silesse, la nobleza y el sacrificio inherentes a la profesión militar habían estado allí en algún punto, en los inicios, estaba seguro de ello. Sin embargo, en la actualidad, su trabajo no se sentía para él como nada más que eso, un trabajo; una escala en vertical para la que necesitaba logros y victorias, sin necesariamente un conteo de vidas preservadas. Las demás personas ya no representaban mucho para él, tampoco. Aún creía guardar apego por su patria, mas de cuestionarse con exactitud qué era capaz de amar respecto a Silesse, no conseguía más que una abstracta identidad de país. Nuevamente sintió la profundidad de su hipocresía ante Alice, la verdad de su inmerecido cargo y posición, contra la intensidad de sentimientos de una mujer que sí se ponía al servicio de quienes defendía y sí valoraba las vidas individuales. Alice era una buena persona y eso la hacía, en cierto modo, alguien de cuidado. Mikaela se alivió de que el asunto de las defunciones civiles quedara zanjado, reflejándolo sólo con un quedo asentir de la cabeza.

A usos y efectos, le era más provechoso lo otro. Tenía necesidad de saber de la Ruptura por cuanto probablemente guiara los movimientos militares de Silesse en el próximo tiempo, pero, por sobre todo, le urgía saber si tales movimientos servirían de algo. Aguardó la valoración de la única testigo pacientemente. - Lo entiendo y lo siento, le deberé por eso. - Se excusó, mas en ninguna forma se retractó de su petición, ni Alice de responderla. Aún siendo que la jinete había descubierto lo que podían llamar la guarida del enemigo, cosa que usualmente representaría un inmenso paso hacia la victoria, no la veía en absoluto confiada y le consternaba. Escuchó en silencio, consciente del ambiente apesadumbrado que en ese punto sentía cernido entre ellos. No había optimismo que tener. El joven muchacho exhaló, bajando la vista, sin ocultar lo aciago que sonaba todo. - No sé si la situación no se ha "descontrolado" ya, honestamente... apenas y estamos sosteniendo así como vamos... - Musitó. Sólo seguir como estaban yendo las cosas era ya hacer una apuesta difícil; no era secreto ya para ningún escalafón de la milicia lo mucho que estaba costando soportar. Contemplativo, acabó por alzar la cabeza con una pregunta más, un intento más. - Supongo que destruirla, de alguna forma u otra, tampoco se ve posible, ¿no? -

Y era todo en lo que podía pensar, de momento. Sin más vueltas que darle al problema, Alice también hacia amago de retirarse. El espadachín supuso que era normal, no había gran vínculo que los empujara el uno hacia el otro fuera de converger en objetivos de ese modo. Suficiente favor le había hecho hasta allí la dama. Con el viento levantándose un poco más en el correr de la tarde, Mikaela también se separó del vertiginoso borde, enderezándose. - Claro. Se lo agradezco de todas formas. Aún no voy a rendirme, pero saber esto me ayuda a pensar en cómo trabajar de aquí en más. - Los talones de sus botas produjeron un marcado sonido al chocar uno contra el otro, y el joven inclinó la parte superior del cuerpo ante ella brevemente. Realizado el gesto, se dispuso a andar también en la dirección de regreso. Retomar calor no le vendría mal tampoco. Con el rostro algo vuelto hacia arriba, pensándolo un instante, acabó por ofrecer, sintiendo correcto ser un poco más considerado. - En cuanto a compensar por el favor, ¿y si le consigo algo caliente de beber? Un estimado superior trajo unos vinos especiados interesantes recientemente, ha dicho que podría llevarme un poco cuando quisiera. Siendo que le hice estar todo este tiempo fuera... - Dijo, sin portar segunda intención alguna en la mirada ni sonrisa charlatana en el rostro. Sólo podía esperar no sonar de ese modo, en todo caso, aunque inevitablemente la vía les obligaba a pasar por delante del edificio de barracas otra vez, cuyas chismosas ocupantes Mikaela no olvidaba. Alzó la vista a las ventanas. - ... y quizás podría estar bien que se tome un rato antes de volver a las barracas. Sus compañeras le prestan mucha atención. -
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Jue Mar 22, 2018 12:49 am

- Yo me hice la misma pregunta cuando la vi. A pesar de la gran abertura la luz no llegaba de vuelta, es como si aquél agujero no tuviera fondo... - Respondió a las observaciones del subteniente, mostrando un deje de desconcierto en su rostro mientras hablaba. - Supongo que se estará estudiando la opción, pero no parece posible bloquearla a base de echarle tierra o rocas encima, tampoco rompiendo sus paredes, si los escombros no tocan fondo sólo estaríamos ensanchando el acceso... -Una mueca de rechazo se esbozó en la reflexión final, contrariada por su propio atasco mental. Tenían que ser más inteligentes que la situación, alcanzar a ver una perspectiva de la situación que por ahora se les escapaba. - Ahora que está localizada, podremos concentrar nuestros esfuerzos en las inmediaciones, quien sabe, puede que lleguemos a cercarla si tenemos éxito en las próximas operaciones... - Meditaba al final, suponiendo que esas serían las órdenes más probables por parte del escalafón superior. - Esperemos que no haya más como ésa en el país, si no, no habrá forma de acotar la defensa.

[...]

El tiempo que habían empleado en conversar estaba llegando a su fin, un desenlace inevitable como lo era el atardecer que estaba aconteciendo a sus espaldas mientras compartían las impresiones finales. - Concuerdo con usted, subteniente. Aún cuando descubres la peligrosidad del enemigo, siempre es mejor saber a qué nos enfrentamos que luchar contra fantasmas en la bruma. - Correspondiendo a la postura del oficial de infantería, Alice reacomodó su cuerpo para darle un toque más “oficial” a su reunión, levó su puño derecho al pecho y gesticuló una sobria reverencia. La mente de la Schuberg ya se estaba preparando para volver al interior de las barracas, mas cuando estaba por iniciar su marcha las palabras de Mikaela le instaron a esperar unos segundos más para poder escucharlas. A pesar de conocer la personalidad de Mikaela, aquella proposición consiguió despertar dudas sobre las intenciones subyacentes a la invitación. ¿Era una compensación o había algo más escondido? Un rubor casi indistinguible se dibujó en las ya enrojecidas mejillas de la jinete de pegaso, algo afectadas por el frío de la montaña.

Sin embargo, arrancaría aquellas dudas de raíz. La culpa no era de nadie más que de las cotillas compañeras de Alice. Se avergonzó de si misma, a punto estuvo de caer en la mala praxis de las otras jinetes de pegaso. Tras convencerse de que la propuesta del subteniente era únicamente una compensación a los favores prestados, lamentablemente, debería rehusarse en aquél momento. - Lo siento, subteniente, no bebo durante un turno. - Con un tono absolutamente protocolario entregó la negativa al subteniente, mas trató que su rostro se mostrara lo más agradecido posible. - Si no entendí bien sus palabras, y el trago estaba reservado para un momento de descanso, aceptaré con gratitud su regalo. Pero dejémoslo para otro momento. Aunque quisiera perder de vista a mis curiosas compañeras por un tiempo, y se me antoja probar un poco del vino que me ofrecéis, creo que es mejor que vuelva a mis labores. - Acompañó su explicación con una reverencia final, antes de entrar a su barracón. - Espero que nos veamos nuevamente, más pronto que tarde, subteniente.
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Falcon Knight

Cargo :
Soldado (Ejército de Silesse)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Esp. de bronce [2]
Lanza de madera [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1228


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Eliwood el Vie Mar 30, 2018 12:41 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Mikaela obtiene +1 EXP y ambos +1 Bonus EXP!

Gracias al incremento de experiencia, Alice obtiene un nuevo skill de la rama Falcon Knight:

Refrescar - Misteriosa habilidad basada en el vínculo mítico entre un pegaso y su jinete. Consiste en que la caballero pegaso se aparte a vuelo por un turno, momento en el cual las heridas de su pegaso comenzarán a recuperarse, así como cualquier agotamiento; el mismo efecto se dará en el jinete, sanando misteriosamente sus heridas y cansancio por gracia de su montura. Esto se aplica sólo a heridas pequeñas.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3333


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Los Hombres Muertos no Delatan [Privado | Alice]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.