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[Entrenamiento] Objetivos cuestionados [Priv. Crowley]

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[Entrenamiento] Objetivos cuestionados [Priv. Crowley]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Jul 15, 2017 6:12 pm


Mitgard fue el siguiente destino de Gerard en su viaje, tras recorrer su país natal, Grannvale, y el frío país de Silesse. Debido a la separación por mar, había tenido que tomar un barco en un puerto cercano al castillo de Sailane, al noroeste del país helado. El trayecto desde allí duró unos pocos días, pero al fin, desembarcó. Gerard había estado en todos los países del continente en algún momento de su vida, ya fuese en una misión durante sus días de templario, como enviado diplomático de la Orden o guarda de élite de algún noble, o de viaje con su familia. Siempre le había resultado fascinante el sistema meritocrático por el que se le conocía.

Lo que deseaba por encima de todo era, por supuesto, obtener información valiosa sobre los emergidos para traer de vuelta a su país. Era, de hecho, de los principales propósitos del viaje de Gerard. La razón por la que había salido de Edda. La razón por la que lo había apostado todo y dejado atrás su patria. ¿Encontraría lo que buscaba allí? Al mismo tiempo, por supuesto, debía asegurarse de mostrar la buena voluntad de Grannvale, aunque no fuese realmente un caballero oficial del reino. ¿Adónde iría? ¿Visitaría el castillo de Mitgard, tal vez? Es posible. Pero antes, al lugar que frecuenta todo viajero que llega a un sitio nuevo: una taberna. Por suerte, había una cerca del muelle. Un buen negocio.

Antes de emprender su viaje, Gerard no solía frecuentar tabernas. No le gustaba el ambiente: ruidoso, muchas veces falto de mantenimiento, y lleno de bribones y personas con cara de pocos amigos. Cuando quería información sobre algo, simplemente tiraba de contactos en su Orden. Pero ya había tenido que frecuentar varias; se iba acostumbrando. De todos modos, como de costumbre, fue al tabernero a pedir información. Aún así, no parecía haber demasiada información… excepto ciertos rumores referente al continente de Akaneia. (¿Príncipes con gustos "especiales"? No es precisamente lo que estoy buscando…)

Tras cerciorarse de que no iba a obtener demasiada información así como así, suspiró y se resignó a simplemente descansar del viaje. Aquel día, llevaba su uniforme habitual, por encima su armadura - ya se la quitaría una vez en la posada -  y su capa de siempre. Se sentó en una de las mesas de la esquina, que estaba vacía, y pidió una jarra de lo que fuese que tomaba la gente de Mitgard. Sí, conocer las costumbres sería clave. Pero el camarero simplemente se encogió de hombros, le sirvió una jarra grande de lo que fuese aquello y pidió una moneda a cambio, dejando luego al caballero mirando lo que había pedido.

Por el color, amarillo intenso, supuso que sería algún tipo de brebaje dulce, y que si tuviese alcohol, sería muy ligero. Así pues, sin miedo, probó un buen trago de aquella bebida. - Mmm, ¿qué es esta bebida? - Una sensación fría al principio llenó su garganta de frescor y de un sabor muy dulce, para luego ir calentando su interior progresivamente. Antes de darse cuenta, había dado varios tragos más, sumergido en aquella sensación. - ¡Otra! - Lo dijo en alto, sin quererlo. El camarero no tardó en traerle otra jarra de lo mismo… que, esta vez, se tomó de un solo trago.

Había probado algunas veces bebidas alcólicas parecidas en Grannvale, pero siempre por compromiso. Y la cosa no siempre había acabado bien, por lo que evitaba siempre que podía. Pero por alguna razón, aquel día Gerard se encontraba disfrutando de los placeres de la bebida. Tal vez por el cansancio del viaje; tal vez, para permitirse un descanso libre de compromisos, pues estaba en una taberna cualquiera. O tal vez, porque le apetecía… “soltarse” un poco.
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Re: [Entrenamiento] Objetivos cuestionados [Priv. Crowley]

Mensaje por Crowley el Miér Jul 26, 2017 1:26 am

Una fría y fuerte ventisca soplaba esa noche, pero nada que alarmara a los locales acostumbrados a vientos helados y nieve constante.
En una pequeña posada erguida casi sobre los gruesos tablones del puerto, el letrero se bamboleaba con fuerza sobre su gancho haciendo imposible leer el nombre del establecimiento: “El caldero quemado”. En el interior de la misma, un fuerte grupo de comensales abarrotaban las mesas  del establecimiento obligando a su dueño a ir de lado a lado de la barra llenando jarras y pasando botellas sin poder parar un solo segundo. Sus jóvenes hijas entraban y salian de la cocina a toda prisa con pesadas charolas repartiendo el especial de la casa que servían esa noche: guisado de liebre, grasa,  papas y otros tubérculos menos elegantes. Un plato no muy sabroso pero que tenía lo vital para que esos hombres y mujeres pudieran llenar el estómago con algo que les ayudaría a soportar las inclemencias del clima y llegar calentitos a sus casas.
Las paredes del local, antaño color crema, estaban completamente ennegrecidas por el humo de la chimenea y las farolas de aceite. Las mesas eran circulares, de madera cruda y gastada, llenas de irregularidades y marcas que hacían que muchas de las jarras se volcaran si se las dejaba sin mucho cuidado. El piso estaba pegajoso de la cantidad de bebidas que se habían derramado sobre él, pero ni a los comensales ni a los dueños parecía importarles demasiado ese detalle. El resto del cuadro lo dibujaba un enorme candelabro con decenas de velas sobre él, orgullo de su propietario, quien había ganado ese estrambótico adorno en un juego de cartas hacia unos pocos años atrás.
El ambiente, si bien sucio y maloliente, era tranquilo, o todo lo tranquilo que se podía esperar en un local que atendía a marineros recién llegados y bribones que venían a llenar sus estómagos y bolsillos.

El pelado y panzón posadero suspiró mientras apoyaba un pesado cajón de botellas sobre su mesa de trabajo. La barba se le había quemado en uno de sus viajes a la cocina, por lo que a su nariz no llegaba el olor a madera quemada y comida caliente. No, el olor a pelo quemado le llenaba la nariz empeorando su mal humor.
-Eh! Muchacho! Apúrate con esas cajas! Y Ayuda a Laurana con las mesas! Mueve esas piernas! No pago a holgazanes, sabes?-
Desde la cocina, un hombretón de espalda ancha se levantó cargando un barril y llevándolo junto al malhumorado tabernero. No contestó, no alzó la voz ni le recriminó el injusto reproche. Simplemente dejó su carga donde debía y marchó a colocarse junto a la pecosa muchacha la cual apenas y podía con una bandeja cargada con demasiados platos como para que los flacos brazos de la dama. Sin pedir permiso se la sacó de las manos y continuó con su tarea sin mirarla.
El Mercenario de cabello desigual ponía cuenco tras cuenco delante de los comensales con la mirada ausente y generando murmullos y miradas de inquietud donde se asomaba. Un hombre de ese tamaño intimidaba a cualquiera, y el hecho que estuviera trabajando como un simple mozo hacia que las miradas interrogantes le siguieran más fieles que su sombra.
Él afrontaba todo esto con la misma cara de apatía que le caracterizaba y seguía haciendo lo que se le ordenaba.

Cómo había terminado el hermano menor del noble señor Ferid Euford moviendo cajas en una posada de mala muerte? Pues se había quedado varado por una fuerte tormenta en la ciudad, mientras le hacía un recado a su noble hermano. Y negándose a gastar una sola moneda del oro que este le diera por si surgía una situación similar, se empleó en una posada a cambio de alimento y un techo hasta que los caminos se normalizaran y fuera seguro volver. Si bien esto le agradaba ya que no tenía que ponerse en un aprieto económico con Ferid, al cual ya le debía bastante, el mal humor de su empleador y las constantes peleas entre los comensales a los que había tenido que separar, habían mermado todo el buen humor del mercenario dejándole ya ni ganas de coquetear con las hijas de su empleador.

Terminó con esa mesa y levantó la mirada para ver que otro cliente no tenía su comida. Su mirada se posó en un solitario viajero que se sentaba solo ocupando una de las mesas pequeñas de los costados, con dos jarras ya frente a él. Iba ataviado con ropas extrañas al lugar que le delataban como extranjero. Al ver dos jarras pero ningún cuenco Crowley se aproximó hasta él y sin ninguna finesa le colocó enfrente uno de los platos que estaba sirviendo y extendió la mano para que el guerrero pagara por la comida que le servía pero que no había ordenado.

-No sea tacaño y paguese una cena. Ponga algo en ese estomago o terminarás como una cuba… y luego yo seré el que tenga que arrástrate fuera de aquí-


Última edición por Crowley el Sáb Jul 29, 2017 11:46 am, editado 1 vez
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Re: [Entrenamiento] Objetivos cuestionados [Priv. Crowley]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Jul 29, 2017 8:37 am


Gerard se encontraba aún sumergido en aquel rico sabor, como pocas veces lo había estado en su vida. No era ningún bebedor, ni mucho menos; solo probaba el vino en los acontecimientos importantes, ya fuesen comidas familiares destacadas o festines de su Orden, a diferencia de su padre. Pero había ocasiones para todo. Y se encontraba agotado del viaje por Grannvale y Silesse.

Así pues, empezó su segunda jarra de aquella bebida misteriosa, y entonces reparó en un hombre alto y corpulento –más de lo que era él- , que se había situado a su lado, colocando un plato de comida. Parecía un guiso de algún tipo, acompañado de unas patatas y unos tubérculos. Oyó atentamente lo que dijo el grandullón, con su cara seria de siempre – aunque le empezase a dar vueltas ya la cabeza- y le respondió.

- Sois un hombre muy sabio.- Alcanzó una moneda de oro, más de lo que valdría esa comida, y se la dio sin dudarlo a ese joven señor, que parecía ser algo mayor que él.- Vamos, sentaos aquí.- Le señaló la silla que había a su lado, de cara a la misma mesa en la que se encontraba. - Conversemos de hombre a hombre. ¿Os he contado ya mis hazañas contra los herejes de Grima que se infiltraron en Grannvale hace dos años? - No, por supuesto que no lo había hecho ya; esas eran las primeras palabras que se dirigían. Pero si había una situación en la que Gerard no aplicaba los principios típicos de etiqueta y sentido común con la gente, era cuando bebía más de la cuenta. - Aah, qué tiempos aquellos. Y aquí estoy yo ahora, de viaje. El destino da giros inesperados.- En su voz había indicios de tristeza, pero no había ido allí a lamentarse. - Mas por muy ardua que sea la senda, yo, Gerard, triunfaré en mi empresa.-  Exacto. Y con esa bebida, ninguna misión parecía imposible.

-¿Y vos? ¿Qué hacéis aquí? Sin duda, vos también os habréis forjado en el fragor de la batalla, ¿me equivoco, Sir…?-  Le miró con extrema seriedad y el ceño fruncido. Pelirrojo, de ojos rojos… ¿y orejas puntiagudas? No, no, no podía ser. El alcohol seguramente le jugaría malas pasadas. Y por esa corpulencia y altura, le costaba pensar que fuese un mozo sin más, también por su vestimenta, que no eran harapos de aldeano, precisamente. ¿Sería un guerrero Mitgardiano? ¿Pero qué haría en aquella posada? ¿Se encontraría huyendo, tal vez?

Pero Gerard relajó enseguida su cara, y probó una cucharada de aquel guiso. Sus papilas gustativas agradecieron de buen grado la salsa y la carne; no era nada especial, pero ya se había acostumbrado a no comer manjares refinados, pues había pasado a ser un viajero como otros. Serviría. Aún así, no probó más que una cucharada de aquel guiso antes de volver con su bebida. ¿Por qué su jarra se movía tanto? Le costó dos intentos tomarla por el asa. Qué curioso.
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Re: [Entrenamiento] Objetivos cuestionados [Priv. Crowley]

Mensaje por Crowley el Vie Sep 29, 2017 3:30 am

Spoiler:
mil perdones por la larga demora DX
Crowley tomó la moneda sin rechistar y tras comprobar que era autentica se sentó junto al jovencito en la mesa. No todos los días alguien pagaba cuatro veces el valor de una comida, así que ágora el fornido mercenario estaba intrigado por el nuevo comensal.

- Grima? Y ese quien es?-

Preguntó con el rostro ladeado. El mercenario había conocido y viajado mucho por Valentia, Elibe y Tellius, pero jamás había escuchado nada de las tierras en las que ahora vivía. Había memorizado hacia poco que el país debajo del ducado era ese que mencionaba el joven. Pero Grima… no, ese nombre le era completamente nuevo.
Bueno, no es que importara mucho, solo un nombre que le llamaba la atención.
Se rascó el mentón mientras escuchaba atentamente, sorprendido de que un muchacho el cual debía apenas haber llegado a su segunda década de vida ya hablara de guerras y grandes batallas. Se recordó a si mismo con la misma energía cuando dejó todo atrás siguiendo el sueño de ser un caballero fiel a una nación y causa. Cuando dio la espalda a su madre y hermano, perdiendo a su madre para siempre y generando el abismo de distancia con su hermano el cual ahora estaba desesperado por llenar, todo por seguir un tonto sueño de gloria y fama.
Suspiró.

-Crowley me llamo, y no sé de que habla caballero. No soy más que un herrero qie está pagando su estadía en esta posada con trabajo duro. –

Aprovechó el momento para levantar la vista y ver si era necesitado en la cocina, pero ya no veía charlas con cuencos preparados para salir, así que supuso que todos debían estar servidos. Se relajó y dejó que su cuerpo se explayara sobre la silla de madera disfrutando con calma de su merecido descanso.

-Así que eres un caballero en una cruzada por tu noble causa? –

Chasqueo la lengua contra el paladar. De su rostro desapareció la sonrisa y fruncio ligeramente el entrecejo. Hacer referencias sobre su pasado siempre le ponía de mal humor.

– Quitate de la cabeza todas esas ideas locas de causas, noblezas y blejs. No salvas a nadie, solo matas gente y no hay nada de noble en eso.
Todavía eres joven, busca una buena mujer y has algo de provecho con tu vida-


En su cabeza, Crowley le estaba dando un profundo consejo de vida, basado en su extensa experiencia.
Pero si bien el mercenario había aprendido muchas cosas, tacto y mesura en sus modales era una constante faltante.
Se echó hacia atrás en el respaldo de la silla con el pecho inflado y una ligera sonrisa en los labios, listo para escuchar el agradecimiento del joven.
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Re: [Entrenamiento] Objetivos cuestionados [Priv. Crowley]

Mensaje por Gerard Van Reed el Vie Sep 29, 2017 2:04 pm


No le extrañaba que aquel hombre no hubiese oído hablar de aquel dragón oscuro; de hecho, Gerard era de los pocos que conocía su existencia en Grannvale, y era solo debido a su anterior rango, directamente relacionado con lidiar con herejes. Conocer otras fes, aunque fuesen de tierras lejanas, era importante. Pero la conducta del pelirrojo dejaba mucho que desear. - No por “mi” causa, mi pobre Crowley. Por la de Grannvale. - ¿Es que los Mitgardianos no tenían el sentido del honor y el deber? ¿Había tomado una impresión equivocada del Jarl Brynjar? Debía enseñarle a ese herrero de tres al cuarto cuatro cosas acerca de las virtudes caballerescas y la actitud que todo hombre que se preciase debía tener hacia su país.

Sin embargo, casi perdió el equilibrio con aquello que el joven estaba sugiriendo. - ¿A-A una buena... mujer? - ¿¡Qué obscenidades estaba diciendo!? No solo tartamudeó; sus ansias irrefrenables de rebatir aquello hicieron que derramase algo de su bebida encima de la mesa. - ¿Creéis que tengo tiempo para tales asuntos terrenales? ¡Mi misión es de inmensa importancia! Tuve que dejarlo todo atrás, y ni siquiera articulé una palabra de queja ante la ruptura del acuerdo matrimonial con mi prometida, ni…



¿Por qué estaba hablando tanto? Su yo silencioso y taciturno de siempre había dejado paso a una segunda persona, casi irreconocible. Aquella dichosa bebida pagana se había infiltrado en el caballero y estaba arremetiendo en su integridad como una plaga de los dioses oscuros sobre los inocentes. Al darse cuenta de lo que ocurría, bajó aquella copa en forma de cuerno, aunque el calor en el que estaba sumergido le impidió arrojarla al suelo o desecharla de alguna otra forma.

Suspiró para reunir sus pensamientos y articular bien de nuevo. Si había llegado hasta allí con su ida de lengua, iría hasta el final. - Los “emergidos”. Estoy seguro de que habrás oído hablar de ellos. Según he visto y averiguado, se encuentran atacando la mayoría de países de este continente, mi patria incluida. - Se cruzó de brazos y cerró los ojos, pues su visión llevaba ya varios minutos temblando, tambaleándose debido a los efectos de aquel brebaje. Deleitaría a aquel pobre desaventurado con una verdadera misión de caballero. - He emprendido por voluntad propia la misión de averiguar todo lo posible acerca de ellos: de dónde vienen, su alcance, cómo derrotarles de una vez por todas… Para ello dejando atrás a mi país, por mucho que me pese. Creí que los norteños conocían también el honor, pero si no lo entiendes, tal vez me haya equivocado. - Miró entonces su mano, frunciendo el ceño y agravando todavía más la voz. - Mataré a todos y cada uno de esos demonios de ojos rojos, sean emisarios de Loptyr, o de cualquier otro dragón oscuro. - Y entonces, habló en alto, sin temor alguno de que el resto de clientes de la taberna le escuchasen. - Y si criminales, bribones y otros malhechores osan interponerse en mi camino, también me enfrentaré a ellos. Un caballero errante debe encargarse de esparcir justicia allá adonde viaje, después de todo. -
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