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[Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

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[Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Miér Jul 12, 2017 9:52 am


Verdanne. Una región antaño independiente al suroeste del continente, que pasó a ser parte de Grannvale tras la unificación por conquista de las tierras circundantes, al igual que Isaach y Augustia. Un país que se había asimilado al reino casi por completo desde entonces, unos dos siglos en el pasado. Su gran lago, de varios kilómetros de diámetro, fue desde siempre famoso en todo el continente de Jugdral.

Un hombre joven de cabello castaño oscuro, que había bajado de su gran destrero al llegar al pie del lago, se quedó observando la superficie del agua, absorto en sus pensamientos. El estado en el que se encontraba entonces aquel lugar no era para nada cómo lo recordaba Gerard hacía solo unos años atrás. La antes cristalina agua, que permitía que se viese el fondo desde la misma orilla del lago era entonces opaca, no había rastro de evidente de peces y la flora de alrededor se había en parte marchitado.

El ex templario llevaba ya muchos días viajando, siguiendo los caminos y visitando solo algunas de las grandes ciudades, con tal de evitar rumores. Pero ese era el lugar que Gerard quería –pues sentía que debía- visitar por encima de cualquier otro en Grannvale. Algo en su interior le decía que debía realizar cierto acto mientras aún se encontrase en su patria. Es por ello que cerró los ojos momentáneamente y, de una forma lenta y ceremonial, acentuando todos sus movimientos, se arrodilló frente a la orilla, apoyando su codo en la rodilla izquierda y dejando descansar a la derecha, que quedaba hacia atrás.. Se quedó unos segundos así, concentrándose. Reuniendo todo su ser para mentalizarse, concentrarse, y tras eso, juntó sus manos, entrelazando sus dedos, y apoyó la frente en ellas.

- Oh, Naga, diosa sagrada, vos que os unisteis al venerable Heim para salvar nuestras tierras de la gran calamidad de Loptyr, os lo imploro: dadme fuerzas durante mi senda. - Su voz era grave y sonaba dedicada, pues constituía un acto importante. - En nombre de las Cinco Virtudes que juré cultivar: Valor, Sabiduría, Compasión, Generosidad y Honor, seguiré el camino de la caballería allá adonde vaya. Permitidme que pueda seguir sirviendo a mi país, incluso lejos de él. Oh, Naga, diosa creadora… - Se mantuvo repitiendo la oración durante varios minutos, como era costumbre, pausando regularmente para combinar sus versos con un silencio respetuoso.

¿Por qué rezaba a Naga, después de todo lo que le había ocurrido? A pesar de su pasado, de la crisis de fe que tuvo en aquellos dos fatídicos días. Porque a pesar de todas las mentiras, seguía creyendo en sus ideales. Y aquello, al fin y al cabo, había sido su vida hasta entonces. Pero... su oración no se acataba a los versos de la plegaria oficial, que se centraban en los poderes o las armas prometidas por el clero. Era una versión mucho más terrenal, una mezcla entre la que realizaban los jinetes normales y la de los caballeros de élite.

Por alguna razón, sentía que no podía dejar de lado su pasado si no se concienciaba antes. Esa era su manera de hacerlo, pues había decidido que, a pesar de todo, no abandonaría su fe, ni su determinación de servir. Aunque tampoco se mantendría en la ilusión de antes. No; mantendría los pies en la tierra. Por su país y su familia.


Última edición por Gerard Van Reed el Mar Sep 05, 2017 6:53 pm, editado 1 vez
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Lun Jul 17, 2017 4:47 pm

Mi visita por las tierras de Thracia me dio un conocimiento muy útil. Existen ciertas sectas cuya existencia merece ser destruida. Siguen precisamente el principio de la adoración de un dios para usar la religión como una herramienta del mal. Sin embargo, ¿cómo podría yo acabar con tales barbaridades? Esa pregunta es la que carcome mis pensamientos, impidiendo así poder llegar a una respuesta lógica que pueda aceptar como tal. Acabar con el mal de raíz es complicado (porque es imposible que sea otra la raíz).

Aunque este no es el momento. Ahora lo que debo hacer es continuar viajando y conocer todo lo posible sobre las distintas religiones. El siguiente objetivo sería Ylisse. Por lo pronto, tengo entendido que su culto es uno positivo, aunque he de confesar que no tuve la oportunidad todavía de documentarme todo lo que me habría gustado.

Estaba en mi camino hacia el puerto cuando decidí pasar por el lago de Verdane. Desde luego, estoy convencida de que en el pasado debía ser un lugar maravilloso. Una pena que mi primera visita deba ser en estas circunstancias, en las que una no sabe cuándo unos emergidos decidirán congraciarnos con su presencia en absoluto requerida ni necesaria.

Sin embargo, a lo lejos me pareció escuchar un murmullo. ¿Un superviviente? De ser así, debía prestar mi auxilio. Una sorpresa que no pareciese ser un simple plebeyo, sino un fiel del culto de Naga de estas tierras. Uno bastante ferviente, a todo esto. Por respeto a él esperaré a que termine sus rezos, aunque algo me dice que lo he visto en algún lugar antes… Eso sí, no soy capaz de recordarlo.

Al menos, no fui capaz de hacerlo hasta que me acerqué a él – Disculpad, estaba esperando a que terminaseis. No quería molestaros en vuestra ora… ¡Sois vos! ¡El caballero suicida! – Y lo era. ¿Cómo si no iba a recordar aquel caballero que intentó evitar mis cuidados médicos dos veces, lográndolo a la segunda?

Instintivamente, alcé mi bastón y lo primero que hice fue asestar un golpe en la espalda del joven caballero. Fiona relinchó, un poco sorprendida por lo que hice. – No te preocupes, querida. Considerando lo que hizo, esto es muy suave. – volví con el hombre. – Vuestro nombre era… ¿sir Gerard? Me alegra ver que habéis sobrevivido a pesar de que hayáis ignorado mis consejos. ¿Confío en que no habréis sido de nuevo un insensato y acudido a realizar misiones imposibles en estado deplorable?

Honestamente, la memoria me molestaba. Sin embargo, me alegraba de corazón de verlo con vida. A pesar de todo lo sucedido, este es un hombre que, al menos antes, servía fielmente a la luz. Creo incluso que esto se sigue manteniendo. De lo contrario, dudo haberlo escuchado orar a Naga. Era una deidad bondadosa, si la memoria no me falla, ¿no? Eso debía ser algo positivo.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Mar Jul 18, 2017 1:37 am


Ya casi había terminado la plegaria, cuando de repente oyó una voz, y justo al girarse, pudo ver cómo un objeto de aspecto contundente se le acercaba de forma veloz e inevitable, hasta... ¡PLAF! ¡Dolor! Sintió un gran golpe seco en su espalda. Más por la sorpresa que por el dolor, rompió la seriedad residual del acto que había estado realizando y adoptó una expresión atónita. ¿Un enemigo? De ser así, Sterkenburg le habría alertado, así que ¿quién, en su sano juicio, golpearía a una persona que recién acababa de rezar? Y un momento, ¿por qué su caballo no había relinchado justo antes de que su amo fuese atacado? ¿Por qué había dejado que un extraño se le acercase? Alguna razón debía de haber. - ¿Quién en el nombre de Naga…? -

Gerard frunció el ceño y, aún algo incrédulo, parpadeó varias veces antes de reparar en quién se trataba. Mechones dorados, ojos que los complementaban, rasgos jóvenes y femeninos, voz tajante y autoritaria, vestimenta sagrada y de alta cuna… y un bastón como ese. - Sois… ¿Lady L’Arachel? - Gerard casi no se lo creía. ¿Se había encontrado con la clériga, o entonces tal vez aprendiz de clériga, que sanó sus heridas durante aquel fatídico día? ¿Justo cuando iba a abandonar Grannvale?  Se puso en pie, de cara a la joven mujer. - ¿Qué estáis haciendo aquí? - Inclinó muy ligeramente la cabeza hacia l’Arachel. - A mí también me llena el corazón de alegría que nos hayamos reencontrado, milady. No he olvidado lo que hicisteis por mí. - Recordaba que más de un año atrás había mencionado que era de tierras extranjeras. ¿Cuántas probabilidades habían de encontrarla de nuevo en Grannvale? Aquella era la persona con la que, de forma casi involuntaria, impropia de él, había compartido las series dudas que le habían surgido tras su primera batalla contra la nueva amenaza. Todavía recordaba sus palabras. "Servir a la luz", "Los actos de las sombras"... había pasado un tiempo considerable meditando sobre el tema.

Pero un momento. ¿Por qué le era familiar ese golpe que acababa de sufrir? ¿Y por qué ese bastón le generaba cierto miedo internamente, a pesar de que había sido sanado por la misma persona y uno como ese?  - Mas debo decir, L’Arachel, que aunque me halle colmado por vuestra presencia y agradezca la “muestra de preocupación”… - Se cruzó de brazos y levantó una ceja al decir esto. La ironía no era su fuerte, pero había momentos para todo. Le debía demasiado como para recriminarle en mayor grado aquel acto; aún así, iba a corregirla en una cosa. - ...vuestras alegaciones son infundadas. - Cerró los ojos un momento. - Como me recomendasteis, me aseguré de conservar reposo. En Edda, por supuesto, poco después de informar a la Orden. - Lo dijo asintiendo la cabeza, totalmente seguro de sí mismo. Estaba convencido de que, a continuación, la doncella se disculparía por la bienvenida a golpe de báculo, seguramente infligido debido a una extrema preocupación acumulada de L'Arachel por su bienestar. Eso sin duda le permitiría olvidarse del asunto por completo, teniendo en cuenta lo que había hecho por él.

Y sin duda, eso sería más que suficiente como para que cambiase aquella opinión de él. ¿”Suicida”? ¡No, no! La palabra, según Gerard, era otra. - Diligencia, milady, en todo momento. No me cupo la menor duda de que los cuidados que me proporcionasteis serían más que suficientes para que llegase a Edda en condiciones. Mi misión fue… - Paró durante menos de un segundo, intentando hacer que no se le notase la duda en su voz. - …un éxito, en gran parte gracias a vos.-  ¿Un “éxito”? Técnicamente, era verdad: “repelieron” a los emergidos y pudo llegar para informar, pero a un altísimo coste. En vidas para el reino y en toda su carrera para Gerard.

Aún así, ella no necesitaba saber eso. Menos todavía en un páramo tan inhóspito como lo era en ese momento aquel lago, antaño una de las joyas naturales del reino.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Mar Jul 25, 2017 6:07 pm

Al principio, como era de esperar por el saludo tan abrupto que había realizado, sir Gerard estaba confuso, hasta que me reconoció y expuso una frase que hizo que, una vez más, recordase la situación que hizo que quisiera golpearlo. – Yo tampoco os he olvidado a vos, sir Gerard. No todos los días un paciente con heridas graves huye de la sala de cuidados médicos – dije para remarcar cómo yo interpretaba lo que sucedió. – Sin embargo, el pasado es el pasado. Lo importante es que estáis bien…

Obviamente, el soldado debía refutar lo que dije. ¿Acaso me toma por estúpida? Si tomó reposo, entonces sería probablemente porque colapsó de nuevo por sus heridas. – Entiendo. ¿Y qué clase de reposo tomasteis cuando estuve cuidando de vos? Por no mencionar que si el reposo que habéis tomado tras haber informado a la Orden es el tipo que me imagino… Puedo casi asegurar que no fue un reposo voluntario.

Sin embargo, a medida que íbamos hablando, me percaté de que sería inútil seguir la charla. ¿Por qué diantres los soldados estaban tan obcecados en su deber y no prestaban ni la más mínima atención a su vida? Supongo que es por eso que, normalmente, solemos tener la última palabra en lo que a cuidados se refiere. Suspiré. – Mejor dejemos el asunto. Dudo que vayamos a estar de acuerdo, sir Gerard. Me alegra que vuestra misión fuese un éxito – dije. – Sin embargo, imaginaba que estaríais liderando las tropas contra los emergidos, en lugar de localizaros aquí, rezando. Una oración que, sin duda, muestra vuestra fe.

Lo cierto es que era raro. ¿No era un soldado de alto renombre? No tenía sentido tenerlo aquí, en medio de la nada. Lo normal sería que estuviera con el ejército combatiendo a los emergidos. ¿Quizá algo sucedió? Había pasado mucho tiempo desde entonces, después de todo.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Miér Jul 26, 2017 6:46 pm


Inclinó una última vez la cabeza, a modo de disculpa final. - Lamento de nuevo haberos preocupado de más.- Sin duda, le había salvado la vida en el pasado, y en realidad había aprendido la lección; de ocurrir de nuevo algo parecido, recordaría las palabras de la clériga... y su bastón.

A continuación, L'Arachel formuló una muy buena pregunta, pero ¿tan obvio era que se encontraba fuera de lugar? - Milady, en cuanto a lo que ocurrió aquel día… - No era algo corto de explicar, por lo que optó por explicarlo desde el principio, aunque sin estar seguro de si le contaría exactamente por qué no se hallaba, como ella decía, luchando contra los emergidos en campo abierto. Adoptó una expresión más seria todavía. - Siento no haberos dicho toda la verdad en aquella ocasión, mas todavía no había informado a las autoridades nacionales; divulgar información a alguien de fuera habría sido una pésima idea. Además, no estaba seguro aún del alcance territorial de esta amenaza. Pero no es el caso ahora. - Negó con la cabeza, se giró y dio algunos pasos hacia el lago.

- L’Arachel, el ejército al que nos enfrentamos en aquel aciago día era, como ya habréis teorizado, un ejército emergido. - Los “emergidos”. Incluso en ese momento, no sabía demasiado sobre ellos. Su aspecto, por supuesto, los estandartes que habían mostrado, el hecho de que usaban estrategias complejas, propias de un ejército organizado, no de bandidos o simples herejes, y un sinfín de rumores que había oído en las tabernas... además de historias de algunos viajeros que había conocido.

- Atacaron primero la periferia del país, y luego pasaron a los dominios de Isaach, quemando pueblo tras pueblo. Por suerte, muchos de los aldeanos lograron huir a tiempo. - Se detuvo unos segundos para subrayar internamente lo curioso que parecía ese hecho. Eso habían dicho los informes de hace un año; era como si su intención fuese conquistar, no matar. - El ejército regular no logró lidiar con ellos de forma rápida ni eficiente, debido sobre todo a la gran extensión de Grannvale. Por ello, nuestra orden de élite fue enviada a enfrentarse a ellos. - Docenas y docenas de caballeros de élite, los mejores soldados de Grannvale. Se suponía que iba a ser una victoria fácil, pero...

Dio entonces algunos pasos hacia su destrero, que había quedado cerca de la joven, y puso una mano sobre su cabeza. - Creíamos que no se trataba de más que otra secta de herejes, o unos grupos bandidos particularmente bien organizados, pero...- Bajó un poco la cabeza y cerró los ojos. -Ya sabéis el estado en que volvimos.- Los emergidos los habían rodeado y pasaron a usar estrategias propias de un ejército organizado. Tantos compañeros de armas muertos. Sus gritos, caras de desesperación, reemplazando la confianza de solo unas horas atrás... su cara no lo mostró, pero aún recordaba el horror de esa batalla.

Giró la cabeza hacia el lago. Ese lago tan puro y rico de vida antaño. Había esperado que al menos un lugar tan apartado conservara aún al menos parte del esplendor, y no se hubiese visto afectado tanto por la guerra, pero... - Las cosas no siempre van como uno espera. Efectivamente, nada me gustaría más que estar liderando a las tropas contra ellos, pero... cuando regresé para informar a los altos cargos de la Orden, yo...- Todavía estaba formulando sus palabras, para cuidar bien qué le contaría exactamente al respecto, pero antes de que pudiese decir más, se detuvo. -Un momento.- Había oído algo en la cercanía. Al mismo tiempo, su caballo dio un bufido, y algunas coces ligeras pero inquietas contra el suelo.

Gerard miró a su alrededor. El lago estaba rodeado por un frondoso bosque, con muchos matorrales. Y justamente de uno de los lados del bosque, saliendo desde lo alto, a lo lejos… -¿Fuego?- Un humo podía empezar a verse, al otro lado del lago, justo en la zona donde acababa el bosque. ¿Qué estaría ocurriendo? ¿Bandidos, quizá? Sí que había alguna aldea cerca, además de una ciudad al suroeste, ¿pero por qué le daba la sensación de que la explicación no sería tan sencilla?

-Milady, no creo que se trate de un incendio accidental. Algo ocurre, siento un hedor en el aire, a lo lejos. Debería ir a comprobar qué ocurre. - Montó en su caballo rápidamente, pero se giró antes de partir.-Mas aprendo del pasado. No os detendré si queréis acompañarme. - Se quedó, aguardando su respuesta. Una clériga tan fuerte de mente que se preocupaba tanto por los heridos… los conocimientos de Gerard de medicina eran prácticamente nulos. Quién sabe lo que habría ocurrido, y si se necesitarían de los cuidados de una sanadora.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Sáb Jul 29, 2017 11:02 am

Las explicaciones que sir Gerard proporcionó me resultaron comprensibles, aunque no por ello de mi agrado. Además, me confirmó una sospecha que hoy día es lógico suponer: los enemigos eran nada más y nada menos que emergidos. También me dio una cierta cantidad de información que en aquel momento no quiso dar. ¿Por qué lo haría ahora? No creo que haya cambiado nuestra relación demasiado como para ello.

Y, por supuesto, cuando iba a responder a la pregunta que más me rondaba los pensamientos, tuvo que darse un inconveniente. Al igual que sir Gerard, yo tampoco pensé que podría ser nada normal. Especialmente considerando la continua guerra contra los emergidos a la que se enfrentan los países. Fue por ello que no pude evitar esbozar una sonrisa en cuanto dijo que podía acompañarlo. – Ya veo que aprendéis – bromeé. – A mi lado no tenéis que preocuparos de lo que pueda suceder. Me encargaré de que sobreviváis a ello.

Y, al igual que él hizo con su corcel, lo mismo hice yo con Fiona. Empezamos a galopar hasta que llegamos a la fuente de las llamas: unos soldados que llevaban el estandarte de Grannvale. La confusión se volvió palpable en mi rostro. ¿Qué diantres hacían los soldados de Grannvale provocando un incendio? Mas obtuve una respuesta igual de rápido: no era un fuego provocado, sino que el obojetivo de los continuos hechizos de fuego eran unos soldados con un estandarte que, si la memoria no me falla (que era probable, considerando el poco tiempo que tuve para estudiar los demás países), les delataba de Daein. La batalla era dura, sin duda, aunque todavía no estoy del todo segura de si era por la misma batalla o por los destrozos que iba ocasionando. En mi interior pensé en la incompetencia que debían estar mostrando los soldados para no tener cuidado de la naturaleza de sus alrededores. Mas, por otro lado, era una batalla. No siempre se puede pedir un rendimiento sobresaliente ni al mejor de los ejércitos.

Me pausé y entonces me dirigí a sir Gerard. Sin duda, él debería saber quién estaba a cargo de las tropas de este ejército y así solicitar que nos dejaran unirnos. – Sir Gerard, imagino que reconoceréis las tropas. Es posible que el que las dirija sea un conocido vuestro. ¿Por qué no aprovechamos y nos sumamos? Creo que podríamos ser útiles.

Y, antes de que pudiese recibir una respuesta por parte del jinete, una flecha se acercó peligrosamente a Fiona. La pobre, del susto, camino un poco hacia atrás. A lo lejos se podía ver al emergido responsable de tal intento de agravio hacia mí y a mi compañera. Tomé mi bastón y descendí. – Fiona, ponte a salvo. Te buscaré después de la batalla.

La yegua se alejó. Todavía no sabía combatir montada a caballo. En el futuro debería pedir consejos a algún jinete. Alguno como Sir Gerard, visto que tenía cierta experiencia para ello. Hasta entonces debería sanar a pie.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Jul 29, 2017 1:59 pm


De nuevo, L’Arachel demostró una audacia y confianza en sí misma que Gerard apenas podía creer que se tratara de una clériga normal y corriente. No pudo responderle antes de que saliese galopando hacia el lugar de donde procedía el fuego, sino que simplemente se quedó ahí por unos segundos, molesto y sorprendido. (Eso debería decirlo yo...) Quería que solo le acompañase de lejos en caso de que hubiese heridos, para luego protegerla de posibles eventualidades. ¿No se suponía que era un caballero y ella era una doncella? Fuera como fuese, salió galopando detrás de la yegua que ella había llamado Fiona, apretando un poco el paso para adelantarse a la joven.

Recorrieron el bosque, esquivando los árboles lo más deprisa posible, y entonces, llegaron al escenario. (¿Una batalla?) No pudo evitar quedarse atónito. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no le habían informado?! ¡Incluso a los caballeros errantes se les podría convocar, si lo anunciaban en las ciudades! Los rumores corrían rápido, después de todo. Pero… entonces fue cuando conectó ideas. Era exactamente el mismo caso que aquella vez. Los altos cargos no informaba al pueblo de las batallas que iban mal, para que la propaganda siguiese siendo efectiva, el pánico no cundiese, y pudiesen seguir manteniendo el control de todo durante algo más de tiempo, atrasando lo inevitable. Viviendo en una ilusión.

Gerard se giró para contestarle a la joven. - Lirios verdes. Los emblemas son del undécimo regimiento del ejército regular, formado mayoritariamente por soldados rasos y magos, con una pequeña guarnición de jinetes. - Miró entonces a los hombres de la primera línea, y a continuación a los enemigos, que habían situado a una amplia línea de arqueros que estaba haciendo llover flechas sobre la zona donde se habían situado los magos Grannvelianos. - Sin duda, los magos están teniendo problemas contra los arqueros. - Al fin y al cabo, a pesar de las ventajas de la magia contra unidades acorazadas, los arcos era más veloces que los conjuros. ¿Los emergidos habrían dispuesto tropas de esa manera expresamente? Eso habría requerido observar antes a ese regimiento. Gerard sabía que eran usaban estrategias dignas de un ejército hecho y derecho, ¿pero tanto?

Y entonces, L’Arachel propuso el curso de acción más lógico, pero Gerard no respondió enseguida. El capitán del regimiento era un hombre al que había conocido antes.- Los lidera el comandante Jochum. Antigua autoridad dentro del clero, con fama de ser… poco ortodoxo. - Un hombre cuanto menos desagradable, del que se decía que le gustaba torturar a hombres que incumplían órdenes. Solo había cruzado unas palabras con él, pero no le había caído demasiado bien. Apretó los dientes, vacilando durante muchos segundos. Probablemente L’Arachel se daría cuenta de ello, pero tenía que pensarlo bien. Maldición. Si se presentaba como si nada, Jochum informaría al mando posteriormente, y si le reconocía, pondría más presión todavía a su familia, por no mantener la cabeza baja como él había prometido.

Pero debía hacerlo. Era un caballero de Grannvale, y había jurado proteger a su país. En aquella ocasión, eligió priorizar el salvar vidas al honor de su familia. Por última vez lo haría así. Se dirigió hacia la retaguardia, donde estaba el centro de mando de la batalla, aunque tampoco estaba a salvo de alguna flecha accidental que podría caerles. Se dirigió hacia la persona que menos querría ver en esa situación. -¡Señor! Soy un caballero errante. He venido a prestar mi apoyo. Con su permiso, me uniré a la batalla. – Al estar cerca, orientó su caballo hacia la batalla para intentar esconder su rostro del comandante, por muy irrespetuoso que pareciese. - ¡Ja! ¿Una escoria sin honor ha venido a buscar la gloria? Bien, pero no esperes reconocimiento alguno. Preséntate al flanco derecho y carga a mi señal.- Gerard frunció el ceño ante tal insulto. Pero no era el momento para hacer nada, y estaba bastante seguro de que no le habían visto aún la cara. Aún así, probablemente L'Arachel lo habría oído, por mucho que le pesase.

Se dirigió entonces a la joven. - Milady, lo más seguro es que os quedéis en la retaguardia, ayudando a los heridos.- Sin duda, así ayudaría a aquellos que consiguieran regresar a del frente inmediato. L’Arachel le había salvado ya la vida en una ocasión, pero por esa misma razón debía velar por ella, y recomendarla que se quedase a salvo, a pesar de que se sintiese más seguro con ella cerca. - Aunque no os lo impediría, es extremadamente arriesgado venir conmigo a primera línea. Mas os prometo que haré lo posible para mantenerme a salvo. - Cerró los ojos por un momento, inclinando la cabeza hacia ella. Tal vez ella estaría en contra, pero L’Arachel le había salvado ya la vida en una ocasión, y por esa misma razón debía velar por ella, recomendarla que se quedase a salvo, a pesar de que se sintiese más seguro con ella cerca. Partió hacia donde le había indicado el comandante.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Jue Ago 03, 2017 6:03 pm

Con la asistencia de sir Gerard pudimos llegar hasta el lugar donde, por desgracia, se libraba una batalla. La información que dio el caballero fue de utilidad. Es bien probable que los magos sean los responsables del incendio mientras combatían a los emergidos. La posibilidad me hizo pensar en la ineptitud de los soldados al elegir un campo de batalla como este. Incluso si lograsen exterminar a los emergidos, ¿qué diantres harán respecto al incendio que ellos mismos han provocado? La única posibilidad que se me ocurría era tan retorcida que ni siquiera quise reflexionar en ella demasiado. Que sir Gerard me dijera que aquel que comandaba las fuerzas tenía fama de ser poco ortodoxo me preocupó aún más, si acaso ello era posible.

Y toda esperanza que pudiera tener se desvaneció en cuanto escuché al comandante Jochum hablar. Sin embargo, hubo algo que impidió que pudiera decirle nada en su momento y darle una lección de humildad. ¿Caballero errante? ¿Desde cuándo sir Gerard era un errante? Aunque eso explicaría que saliésemos a unirnos a unas tropas en lugar de reunirnos con las suyas. Además, a juzgar por la conversación, debe haber sido un descenso de rango considerable. Otra cuestión a destacar es que sir Gerard parecía haberlo querido ocultar anteriormente. ¿O quizá no sea esto más que una impresión mía? – Señor, con vuestro permiso, me sumaré a las fuerzas. Soy una clériga y estoy convencida de que mi bastón será de utilidad – lo mínimo era informar de mi presencia aunque, a diferencia de sir Gerard, yo sí que encaré al soldado. Él me devolvió la mirada y luego volvió a dedicarla al campo de batalla. – Bah, como quieras. A saber que hace una sacerdotisa por estas tierras. ¡Puedes irte a la retaguardia!

Y con una leve reverencia seguí a sir Gerard, quien me aconsejó que hiciera lo que el comandante me dijo. Sin embargo, lo cierto es que no tenía ni la más mínima intención de quedarme en la retaguardia. – Voy a ir con vos. Y eso no tiene lugar a discusión. Acudiré con vos a la primera línea de batalla y allí salvaré las vidas que pueda – y, antes de que pudiera hacer mención a lo obvio, me adelanté a él. – El comandante dijo que podía irme a la retaguardia. Ello no significa estrictamente que deba ir a la retaguardia, ¿no estáis de acuerdo? Por no mencionar que, al no estar afiliada con el ejército de Grannvale, no estoy obligada a seguir sus órdenes si no las veo adecuadas. Además... he de confesar que no me ha caído en gracia ese hombre. Deseo verlo en peligro para salvarlo y entonces tomar mi venganza personal ante cierto comentario que hizo.

El honor no está definido por un título. Es mucho más que eso. Sin embargo, un soldado que esté tan centrado en su deber y use su materia gris como un simple músculo no será capaz de comprender a qué me refiero. Y algo me dice que la actitud de sir Gerard indica que él cree lo mismo. ¿Por qué diantres todos los caballeros están tan obcecados en eso? Realmente, la única que carecería de honor siguiendo sus estándares sería yo. Abandoné mi país cuando más lo necesitaba y, como consecuencia, ya no existe. No pienso consentir que esa idea se la impongan a otro cuando no es cierta. – Dicho aquello, montaré en vuestro corcel con vos. En el momento en que estemos cerca de los emergidos descenderé e iré sanando a los heridos que vaya encontrando – con relativa facilidad, acabé montando al corcel y esperé a que sir Gerard marcase el ritmo de marcha.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Vie Ago 04, 2017 8:38 am


L’Arachel demostraba ser tan elocuente como lo había sido la primera ocasión que se habían encontrado. Efectivamente, ella no tendría por qué seguir las órdenes a rajatable. Técnicamente, tampoco es que las estuviese incumpliendo, como muy bien había dicho ella. De hecho, uniéndose a ellos ya les estaba haciendo un grandísimo favor.- S-Sí, milady. Es como... decís. - Oh, no. Ahí estaba de nuevo. Al igual que ocurría frente a sus hermanas y su madre, no era capaz de rebatirles el tiempo suficiente como para ganar una discusión. ¿Por qué se doblegaba tan fácilmente ante las mujeres autoritarias? ¿Por qué era de esa manera? Qué ridículo se sentía, incluso en aquella situación. Pero no era el momento.

Para colmo, la joven montó ágil y rápidamente en su caballo, sin pedirle permiso alguno. Parpadeó un par de veces ante la dama que se encontraba entonces delante suyo. Había querido detenerla, pero L’Arachel desprendía un aire de autoridad considerable, un aura implacable, que le decía que independientemente de lo que él opinase, el caballero acabaría perdiendo el argumento, para hacer lo que la chica quisiese. Suspiró, resignado, y agitó las riendas. - ¡Adelante, Sterkenburg! - El caballo emprendió un trote rápido, con el que ambos se desplazaron a través de las filas aliadas con tal de llegar a primera línea.

El estado en el que se encontraban los soldados era cuanto menos cuestionable. Cansados, abatidos, atónitos… algunos incluso desesperados, queriendo dejar el campo de batalla. Gerard podía verlo en sus ojos. Recordaba sus días como capitán de la Orden. Contra bandidos y herejes, e incluso en aquel aciago día, lanzaba gritos inspiradores, apelando al honor y a las virtudes de los hombres para que cabalgasen hacia la victoria. ¿Pero quién era él para hacerlo en ese momento? Ya no poseía el rango para que nadie le hiciese caso. No. Solo pudo apretar los dientes y seguir.

Ya casi llegaban al origen de aquel sonido de metales chocando en el aire, pero Gerard hizo que su caballo se detuviera una docena de metros antes, donde se encontraban algunos soldados cansados o heridos. - Creo que aquí estará bien, L’Arachel. - Esperó a que ella bajara, como había dicho que haría. - Ya os debo la vida. No me lo perdonaría si os ocurriese algo; por favor, tened cuidado. - Se giró entonces hacia el arquero y el espadachín que había justo a su lado. - Es una clériga. Resguardadla, por favor. - No tenía autoridad para ordenarles nada, así que se limitó a pedírselo. Esperaba que a aquella distancia fuese suficiente para que no le ocurriese nada, y que los soldados de alrededor supiesen defenderla mientras él luchaba en el frente.

Se giró hacia la doncella, asintió con la cabeza, y volvió a agitar las riendas, lanza en mano. Allí estaban. Aquellos soldados de ojos rojos y miradas vacías, los mismos que había visto aquel día, combatiendo contra los de Grannvale. Frunció el ceño, decidido, y cargó hacia la primera línea, que parecía que iba a ceder en cualquier momento.

Apuntó con su lanza a uno de los enemigos, un espadachín que iba a propinarle el golpe de gracia a un soldado Grannveliano. - ¡Vil bellaco! - Propinó la lanzada más poderosa que era capaz con aquella arma de bronce con la que había emprendido el viaje. Se notaba la diferencia en fuerza entre el equipo de la Orden y el de un jinete cualquiera, pero esperaba que fuese suficiente. Y efectivamente, el certero golpe abatió a su enemigo. - ¡Mantengamos la línea! - Gerard aprovechó para adelantarse, situándose justo detrás del combate cuerpo a cuerpo que estaba teniendo lugar, retrocedió un poco, y cargó de nuevo con su caballo, embistiendo a un soldado enemigo a la vez que atacó la espalda de otro, sin llegar a matar a ninguno de ellos, pero aligerando la carga para sus aliados.

Pasaron varios minutos, en los que estuvo repitiendo su curso de acción de forma relativamente segura. Era solo un jinete frente a las decenas de soldados que se encontraban luchando junto a él, pero poco más podía hacer. Solo combatir por su país.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Vie Ago 04, 2017 9:31 am

Parece ser que hubo cierta contrariedad en las palabras de sir Gerard, por no mencionar que hubo un cierto nerviosismo en su voz. Sin embargo, decidí no interrogar sobre ese asunto. Bastante había de qué preocuparse ahora con los emergidos y los heridos de los que ocuparnos.

Y, con respecto a este asunto, Sterkenburg demostró ser tan veloz como siempre creí que era. A lomos de Fiona no me dio esa impresión, mas ahora sí que pudo asegurarlo sin ningún atisbo de duda. Con la indicación de sir Gerard, descendí del joven corcel. – De acuerdo. Estaré aquí sanando las heridas – y animando un poco a los soldados. Su moral está por los suelos. ¿Qué clase de comandante es este que no tiene en cuenta el estado de ánimo de los soldados? Deprimente. – Iré con vos en cuanto termine aquí. Espero no tardar demasiado.

Y, justo en cuanto partió tomé mi bastón para empezar a ir sanando las heridas de los que estaban ahí. Otros soldados empezaron a aparecer y se sumaron a la carga que había iniciado Gerard, mas considerando el tiempo que han tardado en aparecer, es perfectamente asumible que tardaran un buen tiempo en llegar hasta donde está él.

Lo que implica que tengo mi propia misión que realizar en esta batalla, más allá de una simple sanadora. – Gracias por vuestra ayuda – dijo un soldado. Simplemente asentí hasta que terminé la sanación que correspondía. – No hay de qué. Sin embargo, he de confesar que me siento un tanto decepcionada.

Como esperaba, aquellas palabras hicieron que la atención se dirigiera a mi persona. Al menos, ya tenía sus oídos atentos a mis palabras. – «El reino de Grannvale nunca caerá mientras sus valerosos caballeros combatan fielmente y esparzan la fe de Naga y los doce cruzados, pues contamos con la protección divina». Estas palabras me fueron transmitidas por un caballero al que le tengo en alta estima. ¿No sois vosotros parte de esos mismos valerosos caballeros? Sin embargo, lo que aquí veo es desesperación. No soy capaz de ver ni un atisbo del valor que aparentemente deberíais rezumar. ¿Es porque se trata de un enemigo nuevo que no sigue las pautas a las que os habéis acostumbrado hasta ahora? De ser así, lo único que debéis hacer es aprender a combatirlo.

Se empezaron a escuchar murmullos entre los soldados heridos. Probablemente insultos dirigidos a mi persona. Sin embargo, no me detuve. – Mi tierra fue destruida por estos mismos emergidos. Soy consciente del peligro que ellos conllevan. Sin embargo, no pienso caer ante la desesperación. Sin embargo, ese no es vuestro caso. Estáis luchando por proteger a vuestra patria y, aún más, a vuestros seres queridos. Si no es ahora cuando sacáis fuerzas de la flaqueza, ¿cuándo lo haréis? Nuestras fes pueden ser distintas, mas ambas nos llevan a la misma conclusión. Estos enemigos – tomé el cadáver de un emergido. – son los que amenazan a cada una de vuestras familias. Estos enemigos no conocen otra cosa que el dolor y la muerte. ¿Acaso les vais a permitir que tengan la victoria y cumplan su objetivo? Yo, desde luego, no.

Di una larga pausa antes de llegar a la conclusión del discurso que estaba dando. – Así que, levantaos. Conseguid el valor para luchar por vuestras familias. Conseguid el valor para cumplir con vuestra misión. Pero volved. Volved a casa con vuestras familias para aseguraros de que, efectivamente, están a salvo. ¡Esta es la batalla para la que habéis entrenado soldados! ¡Y yo también iré con vosotros! No soy más que una clériga, pero pienso hacer lo imposible por apoyaros. ¡Si recibís una herida, estaré ahí al instante! ¡Llamadme y acudiré a vos! Dicho esto… Luchemos. Luchemos por el futuro de los que debemos proteger. Luchemos… y vivamos. Vivamos para poder ver esas sonrisas en los rostros de nuestros seres queridos.

Lentamente, los soldados se fueron levantando. Suspiré aliviada cuando vi que, con el tiempo, todos acabaron mostrando un brillo en sus ojos mayor al de antes. “Gracias”, pensé. Independientemente del país y la religión, los lazos cercanos siempre son una buena motivación para combatir. Recibí educación para la batalla, aunque nunca esperé que tuviera que llevarla a cabo ahora.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Vie Ago 04, 2017 12:32 pm


- ¡HA! - gritó Gerard al dar otra poderosa lanzada tras una acometida que había hecho hacia dos enemigos. Habían pasado ya varios minutos desde que había empezado a combatir, y a pesar de todo, había conseguido, a duras penas, que la primera línea aguantase, pues había estado a punto de caer.

Gerard miró a su alrededor en un momento de respiro. Habían caído ya bastantes emergidos, pero también soldados Grannvelianos. De repente, una ráfaga de flechas se dirigió hacia la zona. Gerard protegió sus partes vitales con un brazo, y por suerte ninguna impactó en su caballo, pero recibió un flechazo en la pierna y otro en el antebrazo.  Se vio obligado a volver detrás de la línea momentáneamente. Por suerte, la distancia a los arqueros era grande, y solo impactaron unas pocas, que dejaron heridos a varios soldados.

-¡Retrocedan! ¡Hay una clériga que se está encargando de los heridos, vayan a verla! - Retrocedió un  metro más, y de repente oyó una voz femenina en la lejanía. Una voz firme, que al parecer estaba reuniendo a algunos soldados. ¿Qué estaría ocurriendo? Oía algunas palabras, pero estaba ocupado con el combate… y con sus heridas. ¿Le convenía volver él también para que L’Arachel le sanase?  Pero entonces, el enemigo lanzó otro asalto, sin darles tregua. Espadachines, acorazados, e incluso algunos jinetes se lanzaron contra los defensores del lago. (¿Es… el fin?) Ese nuevo ataque parecía ser el definitivo para romper del todo su moral. Gerard apretó los dientes.

– … Luchemos. Luchemos por el futuro de los que debemos proteger. Luchemos… y vivamos. Vivamos para poder ver esas sonrisas en los rostros de nuestros seres queridos.- No reconoció enseguida esa voz, pero esas palabras bastaron para que una llama se encendiese en su interior.  No podía retroceder aún. No. Para darles tiempo a los heridos, debía aguantar un poco más. Debía luchar por el futuro de la gente.  Le dolía el brazo izquierdo y su pierna, donde había recibido las flechas, pero había sufrido heridas peores, y sin duda, debía hacerlo. Para volver a ver, algún día, las sonrisas de sus hermanas, de sus compañeros, de sus amigos. Las sonrisas de aquellos que le importaban en aquel bello país.  

Así, Gerard volvió al combate enseguida, siendo de los pocos que encararon la nueva horda, abatiendo a un enemigo e hiriendo a otro con la lanza. -¡Soy Gerard! ¡Mientras me quede un hálito de vida, no pasaréis! - Con aquel grito, intentó hacer que los enemigos se dirigiesen a él en vez de adentrarse en las filas aliadas. Pero no esperaba encararlos a todos, no. Agitó las riendas e intentó usar la velocidad que le brindaba su montura para esquivar los ataques enemigos, recibiendo algunos cortes y magulladuras en el proceso. Intentó cubrir un área más amplia para darle tiempo a aquellos que se tenían que retirar, para ganar todo el tiempo que pudiese.

Y entonces...- ¡Por Grannvale!  - Múltiples gritos de ánimo precedieron una carga por parte de los soldados Jugdralitas. Muchos lanceros y espadachines, seguidos de una unidad acorazada, que Gerard reconoció como un oficial, arremetieron hacia delante, reavivando el choque de metales, y recuperando así la línea. Se quedó un segundo atónito, pero volvió a atacar enseguida. Podían conseguirlo. No estaba todo acabado.

Tras un par de intercambios más, Gerard recibió instrucciones de aquel sargento, asintió con la cabeza y aprovechó para retirarse temporalmente del frente. Se dirigió una decena de metros hacia atrás, donde había dejado a la clériga. - ¡Milady! La línea se ha recuperado, pero esos arqueros son un problema, y los magos no pueden con ellos. En cuanto lleguen los jinetes desde el flanco izquierdo, cargaremos hacia ellos, ahora que se ha balanceado la situación. - Bajó de su caballo, teniendo cuidado de caer con su pierna buena. - ¿Podríais sanar estas heridas de flecha, al menos para que dejen de doler momentáneamente? Os lo ruego. - Gerard aprendía de sus errores; no, no iba a poner en peligro la siguiente táctica y caer por el camino debido al dolor. Ni tampoco pretendía morir allí.

Esperando que ella tuviese algo de tiempo, miró a su alrededor una vez más, preguntándose qué había tenido que ocurrir para que los soldados volviesen a la batalla.- Los soldados… ¿cómo es que han recuperado su valor? La batalla acaba de tomar un rumbo totalmente diferente al de hace un momento. - La voz que había oído era muy similar a la de ella, y no veía a ningún oficial mujer en los alrededores. ¿De verdad sería ella la que había inspirado valor en las tropas?
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Vie Ago 04, 2017 8:16 pm

Mientras cargamos todos los soldados (yo incluida entre ellos, por supuesto), pude avistar a sir Gerard que, como era de esperar, había recibido varias heridas. Es lo que implica tener una batalla importante y ser uno de los pocos soldados presentes. Asentí a su petición mientras acercaba la mano a la pierna herida en primer lugar. A medida que la luz del bastón brillaba fui extrayendo la flecha. Lo hice con lentitud, aunque no por ello el dolor que provocaría extraer la flecha sería menor. Luego repetí el mismo proceso con la otra flecha. – No pienso simplemente aliviar el dolor. Si puedo, como acabo de hacer, sanaré la herida por completo.

Sin embargo, pronto realizó una pregunta que me hizo sentirme un tanto incómoda. No por nada, sino por el hecho de que ello implicaría tener que hablar de forma indirecta de lo que aconteció en Rausten. Sin embargo, pronto se me ocurrió una forma de explicarlo sin darme demasiados aires. – Simplemente reflexioné en las palabras que un caballero al que anteriormente sané me dijo en su momento. No hice más que transmitir esas mismas palabras. En cuanto al resto, creo que es mejor dejarlo para después de la batalla, ¿no creéis?

No era de mi agrado tener que ocultar esta información a sir Gerard, incluso si fuese algo temporal, mas no me veía todavía en situación de explicar todo lo que sucedió. Tendría que explicarle qué sucedió con mi patria, aunque… He de confesar que no he caído en la cuenta, mas… ¿Acaso sir Gerard no es el tipo de personas que no olvida la diferencia de posiciones sociales? Recuerdo haberle dicho que era una princesa aunque, considerando la gravedad de sus heridas, existe la posibilidad de que, simplemente, haya olvidado aquella información. Su estado era bastante grave, después de todo.

Sin embargo, no era el momento de preocuparse por él. Debía acudir a los soldados que estaban ahí, combatiendo, para sanar sus heridas. Aunque he de confesar que no era de mi verdadero agrado que de vez en cuando me dedicaran palabras de afecto. Por suerte, parece ser que su eficiencia aumentaba y podía seguir el ritmo de los heridos. Aunque me dolía en el alma no llegar a tiempo para salvar a algunos, lo cierto es que, si lo consideramos estadísticamente, estábamos ante una batalla muy favorable para nuestras tropas.

Y ahí estaba el comandante tan afamado por sus métodos poco ortodoxos, observando la batalla y combatiendo a los poquísimos emergidos que lograban acercarse a su posición. Lejos del peligro, como era de esperarse de los líderes de las tropas. Sin embargo, no me resulta de mi agrado este caso en particular. Eso sí, aún lo desconozco…

Solo esperaba que sir Gerard no hubiese decidido cargar en solitario. De lo contrario, me encargaré de darle una charla importante.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Ago 05, 2017 7:55 am


Al parecer la clériga se estaba dirigiendo ella también al frente, por lo que internamente estaba agradecido de haber vuelto y retenerla un poco… pero el dolor al sentir unas flechas siendo extraídas de la carne no era precisamente agradable. Retuvo los jadeos de dolor que instintivamente habría soltado con algunos gruñidos y muecas de dolor. Durante la posterior cicatrización mediante las artes curativas, L’Arachel respondió parcialmente a su pregunta.  - Ya… veo. - Gerard era temerario, pero no alguien ingenuo. No se le escapaban cosas así; era muy posible que, ya que se encontraban en Grannvale y se lo estaba diciendo precisamente a Gerard, el “caballero al que anteriormente sanó” era él, por lo que esbozó una muy pequeña sonrisa, aunque no recordase exactamente qué había dicho al respecto.

- Y tenéis razón. - Se levantó con cuidado, comprobando que ya se encontraba bien. - Después de la batalla habrá tiempo. - Montó en su caballo y se dio la vuelta, encarando de nuevo el sonido del metal chocando. - Vamos a cargar ya. Si logramos llegar a sus arqueros y magos, podremos dispersarlos. - Su caballo relinchó, dando algunas coces contra el suelo. Era como si hubiese entendido la orden y estaba listo para ello; se notaba que era un caballo de guerra. - ¡Tened cuidado! - Se dirigió, así, hacia el frente de nuevo.

Algunos jinetes se habían reunido justo detrás de la línea de infantería, pero no había un líder de caballería. Gerard no dudó ante esto, a pesar de no tener la autoridad para liderar. Al fin y al cabo, si había caos, tal vez no lograrían cumplir su cometido. Levantó la lanza, haciendo una seña con la otra mano para que los caballeros se pusiesen en formación justo detrás de él. Por suerte, los otros hicieron caso. - Nos han ordenado que carguemos hacia los arqueros. Nuestro objetivo es acabar con ellos para luego volver y apoyar a la línea. - Se giró un momento hacia ellos, intentando transmitirles confianza y determinación. Para acabar, hizo que su caballo levantase las patas y diese un gran bufido, mientras Gerard levantaba su lanza, al son de un grito de batalla. -¡Ofrezcan todo su ser! ¡Por Grannvale! - Y así, los jinetes emprendieron su marcha, hacia donde procedían las flechas.

Había algunas docenas de metro que recorrer, en las que estuvieron sujetos a varias ráfagas enemigas de flechas y magia, que abatieron a varios de los suyos. Gerard logró esquivar las flechas, aunque un relámpago logró golpear su armadura, infringiéndole algo de daño. Pero no se detuvo. Galoparon y galoparon, las pesadas coces contra el suelo resonando por toda la zona, como una manada salvaje lista para embestir a cualquiera que se le cruzase. Tronando, en cierto sentido, ellos también.

Ya estaban cerca, por lo que Gerard posicionó la lanza frente a él, en ristre, se dirigió a uno de los arqueros, apuntó bien y dejó que la inercia acabase con su enemigo, para luego ir a por el siguiente. Los otros jinetes hicieron lo mismo. Lanzas y espadas penetraban y cortaban a los arqueros y magos enemigos sin que ellos pudiesen apenas contraatacar. Por suerte, al parecer los emergidos descuidaron su retaguardia, tal vez confiados de que nadie llegaría hasta ellos. Los jinetes, a pesar de la desventaja numérica, no les daban tiempo a los arqueros de disparar, yendo de uno a otro sin parar. Algunos incluso huyeron. Habían logrado acabar con más de diez enemigos y hacer huir a muchos más, aunque los jinetes también habían visto su número reducido.

Pero todavía no se había terminado. Gerard dio un silbido, para reunir de nuevo a los caballeros, dispuso en línea a los que quedaban y se dirigió de nuevo donde habían estado inicialmente. Cargaron con más gritos de ánimo, tronando una vez más por el campo de batalla. Con algo de suerte, cargar por la espalda a los emergidos que se encontraban distraídos luchando con la infantería bastaría para que se desperdigasen ellos también. Y efectivamente, a pesar de la ausencia de gritos por parte de los emergidos, que parecían máquinas que no reaccionaban ante el dolor, los jinetes lograron acabar con bastantes enemigos durante su carga, en la que la casi perfecta linea de jinetes logró un golpe limpio contra uno o dos enemigos. Tras la acometida inicial, Gerard empezó a dar lanzadas a diestro y siniestro, sin preocuparse demasiado del número de cortes, lanzadas y golpes superficiales que estaba recibiendo. Lo importante era hacer que se batiesen en retirada lo antes posible, pues los soldados empezaban a fatigarse.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Lun Ago 07, 2017 2:36 pm

La comprensión de sir Gerard fue de especial ayuda. No quería dar demasiada explicación y que se adaptase a eso, aunque fuese de forma temporal, me permitió poder centrarme en mis deberes dentro del campo de batalla.

Y lo cierto es que no iba nada mal la batalla. Los soldados, si bien tenían alguna que otra baja, estaban haciendo frente con bastante efectividad a los emergidos. Por mi parte, me mezclé entre las líneas de soldados nuestras para poder ir sanando a los distintos heridos que se iban dando. La velocidad era algo que no podía descender bajo ningún concepto. Debía ir cada vez más veloz si quería mantener el ritmo. Aunque he de confesar que cada vez me resulta más difícil lograrlo. Si tan solo tuviera la capacidad de moverme más rápidamente, entonces todo sería mucho más cómodo. Y ahora que pienso en eso… Espero que Fiona esté bien. Luego iré a buscarla, cuando todo haya terminado.

¡Nos atacan! ¡Nos atacan!

Y, tal y como sugirieron las palabras que parecían aventurar una catástrofe, así unos emergidos aparecieron por un flanco y empezaron a arrasar a los distintos soldados que, sorprendidos, no pudieron hacer nada para defenderse del ataque. Las heridas eran impresionantes, al menos hasta que tomaron una distancia las tropas alrededor del comandante y empezaron a responder al contraataque.

¿Acaso… habían visto esto venir? Hasta ahora no había considerado que pudieran ser capaces de nada similar a planes de batalla. ¿Tenían la capacidad de concebir estrategias? El momento ha sido perfecto. Han aprovechado que la atención de las tropas estaba centrada en un grupo de tropas para, después, atacar por el flanco, que estaba más desprotegido. – ¡Vos! ¡Reunid un grupo para defender el flanco! ¡Ya! – y luego fui a un jinete. – Y vos, ¡informad de lo sucedido a las tropas de la primera línea!

Y, incluso si mi capacidad en combate per se es nula, corrí hacia los heridos para sanar a todo aquel que pudiera estarlo, incluso si eso me hacía estar en un peligro mayor. Consciente del riesgo, lo primero que logré hacer fue localizar al comandante, tumbado en el suelo con una herida en su costado, junto con otros de sus soldados. Suspiré, esperando tranquilizarme un poco, y después corrí hacia donde estaba el líder. Me dolía tener que tomar esta elección, mas, para las tropas, la vida de un líder no es solo la de un soldado normal. La moral caería por los suelos si fuese derrotado. – Tranquilizaos, señor. Os sanaré ahora mismo.

Pero tan pronto como me agaché note un dolor en el hombro que, seguido de un grito, me hizo caer también a mí al suelo. Dejé caer el bastón y me llevé la mano a la herida. Estaba húmeda, mas no había nada. Tuvo que haber sido un corte. Giré a mi espalda y ahí había un emergido con una hacha, ensangrentada. Ese debía ser el responsable.

Con dificultad, tomé mi bastón. El dolor punzante de mi hombro derecho era bastante fuerte, pero si no estoy equivocada, debería poder resistir un tiempo sin perder el conocimiento. Ahora debía intentar aguantar lo posible el asalto. Al menos, hasta que llegase ayuda hasta donde estaba. Gritar sería un malgasto de energía inútil. Nadie me escucharía con tanta facilidad.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Ago 07, 2017 6:53 pm


Una lanzada más, y otro bloqueo. Llevaba ya un minuto intercambiando golpes con varios emergidos, uno tras otro, resultando en un corte tras otro devuelto. Por suerte, sabía cómo aprovechar la ventaja de altura para reducir los daños, y sabía también luchar en grupo. Tras derribar al tercer emergido desde que había llegado a la línea, se giró. Efectivamente, algunos emergidos se estaban ya retirando, o eso parecía.

Pero entonces… - ¡Atacan al comandante Jochum! - Un jinete entregó un mensaje a todos los soldados de la zona. Gerard frunció el ceño, horrorizado. Eso bajaría la moral, y la batalla aún no estaba ganada. - ¡Errante! ¡Llévate a los jinetes y salva al Comandante! ¡Aprisa! - Una orden tajante de aquel oficial de gran armadura le dio a entender que le había visto liderar a los jinetes en la carga previamente, a pesar de no haber tenido el permiso. Por suerte, le estaba dando una oportunidad en vez de reprocharle.

Por supuesto, cumplió las órdenes, pues era exactamente lo que habría hecho él también. Reunió a los tres jinetes que quedaban y siguió de vuelta al que había traído el mensaje. Por el camino, por alguna razón había algunos emergidos luchando contra rezagados, fuera de las formaciones. ¿Cómo habían logrado infiltrarse allí? La línea de frente estaba intacta… Mas no podían detenerse, no. Tras cabalgar un poco más, ahí estaba.

Un emergido que destacaba por encima de todos los demás se encontraba junto a unos pocos de los suyos promulgando el caos en el centro de mando; muchos oficiales habían ya caído o se encontrarían indispuestos, y al parecer, incluso el comandante. Debía darse prisa, pues si realmente había caído… pero entonces, la vio. ¡L’Arachel había sido herida! Pero ¿cómo iba a rescatarla con ese emergido temible allí? No. Antes debía lidiar con él.

Dio una patada  lateral a su caballo con todas sus fuerzas, como pocas veces lo hacía. Este rápidamente alcanzó una velocidad de vértigo, que puso a ambos a una distancia hasta ella de veinte metros, diez metros, cinco metros. Rezó internamente a Naga e incluso al resto de los dragones antiguos, si hacía falta, para que poseyesen su cuerpo temporalmente para darle fuerzas y salvarla. Faltaban dos metros, y… (¡Muere, ser!)- Apuntó a la espalda de aquel gran emergido, al mismo tiempo que el resto de jinetes atacaron a los pocos que había a su alrededor. Efectivamente, logró un golpe limpio, atravesándolo con la lanza para luego retirarlo.

- ¡MILADY! ¿Estáis bien? ¡Aguantad, ya estoy aquí! - ¿Pero lo habría conseguido? Los demás parecieron lograr su cometido. Por desgracia, no pudo decirse lo mismo de Gerard, pues aquel gran emergido, de aspecto bárbaro, se giró y le propinó un fuerte hachazo, con el que casi derribó a Gerard de su caballo, pudiendo sostenerse solo gracias a bloquear con la lanza, que quedó dañada por el ataque. Intentó devolver el golpe, pero el hacha no le dio descanso, apartando fácilmente el arma de estocada.

¿Es que el ataque no le había afectado? Estaba seguro de haberle propinado la mejor lanzada que podía, pero después de todo, aquel enemigo se veía temible, y su arma era una simple lanza de bronce. No. Haría falta como mínimo otro ataque. Aún así, el emergido bárbaro no le dio tregua. Pero poco más podía hacer, salvo rezar para que los otros jinetes acabasen con lo suyo y le prestasen ayuda; después de todo, había sufrido multitud de heridas, aunque no fuesen graves, durante la batalla, y notaba cómo eso afectaba su rendimiento en aquel duelo que estaba teniendo lugar. Pero debía vencerle e ir a socorrer a Lady L’Arachel; ¿tanto había perdido su toque? De no poder salvarla, ¿cómo se vería capaz de cumplir su misión? No. Le debía su vida. Iba a devolverle el favor.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Jue Ago 31, 2017 10:32 am

La herida no era leve, precisamente. Mientras que con el brazo herido sujetaba el bastón, la mano del bueno tapaba la herida como podía para evitar que saliese más sangre y que pudiese mantenerme consciente. De hecho, debía tener un problema porque la voz de sir Gerard me resultó un poco alejada, como si estuviera más lejos de lo que en realidad lo estaba. Asentí ante su pregunta. – Estaré bien. No es una herida mortal – si bien no había visto mi propia herida, sentía que no peligraba en exceso mi vida.

Sin embargo, por muy bien que combatiese, lo cierto es que mi caballero en radiante armadura estaba siendo objetivo de los continuos ataques de aquella criatura del averno. Verlo combatir protegiéndome me hizo imaginarme una situación que nunca se llegó a dar. “¿Y si hubiese estado en Rausten cuando fue invadido?” “¿Estaría en una situación similar?” Tales pensamientos me invadían. Una mezcla entre indignación e impotencia me corroía, nublando en cierto sentido mi razonamiento. “No voy a permitir que pase algo similar a aquello”, me decía, como si hubiera sido testigo de lo acontecido en mi patria. Como si hubiera observado toda la matanza.

Pero una cosa estaba clara: que nunca haya sucedido no quiere decir que no pueda suceder ahora. Y eso mismo es lo que tengo intenciones de impedir, cueste lo que cueste. Si para poder cambiar el destino he de ignorar mis heridas, que así sea. No consentiré que haya una única baja si está en mi poder evitarla.

Mi mirada se dirigió al comandante. No estaba consciente. Incluso si sanase su herida, no podría asistir a sir Gerard. La única otra opción era mi intento de salvador, quien estaba ferozmente combatiendo por protegernos a mí y a su gente. Con un esfuerzo que me pareció descomunal pero que, en situaciones normales, habría sido la tarea más sencilla del mundo, alcé mi bastón mientras me mordía los labios para no gemir por el dolor que me ocasionaba levantar el brazo. Mayor incluso que esto fue la necesidad de concentrarme para que la luz naciera de la piedra de mi herramienta para abrazar a sir Gerard. Mas, sin embargo, con gran esfuerzo, lo logré.

Quizá fuera por el cansancio o por el alivio de haber podido cumplir lo que me propusé, mas mis piernas me fallaron y caí al suelo. Dolía demasiado. Y si no recibíamos ayuda o sucedía un milagro, lo cierto es que ninguno de los dos iba a poder sobrevivir a esta batalla. Pero no pienso cierrar mis ojos antes de tiempo. Voy a observar todo y, volveré a alzar mi bastón tantas veces como sean necesarias.

No habrá un segundo Rausten
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Jue Ago 31, 2017 2:10 pm


El intercambio de golpes continuaba, lanza contra hacha, jinete contra bárbaro. Gerard tenía experiencia, y sin embargo, se hallaba en clara desventaja ante aquel enemigo, que poco a poco ganaba terreno en el duelo, superando la simple arma de bronce de Gerard e impactando en su armadura reiteradamente. Las heridas no eran graves, pero sumadas a la gran fatiga de la batalla, hacían que el caballero sintiese cómo la balanza se inclinaba progresivamente en su contra, hasta que finalmente, un hachazo bien dirigido hizo que su lanza se desviase abruptamente.

Gerard apretó los dientes. El emergido se preparaba ya para aprovechar esa apertura, y sabía muy bien qué significaría. A tan poco que faltaba para la victoria, si ese “caudillo” emergido le superaba, estaría libre para neutralizar el centro de mando. Así pues, falto de fuerzas, solo pudo ver cómo el acero enemigo se acercaba a su cuello...

¡CLINC! El metal fue repelido por un rápido movimiento de lanza. Sin poder creérselo, Gerard había encontrado las fuerzas en el último momento, su cuerpo envuelto en una luz que en ese instante le pareció celestial. Y al girar la cabeza, vio la causa.  ¡L’Arachel había sacado fuerzas para socorrerle! Solo mantuvo su báculo levantado durante unos segundos, y sin embargo, ya sintió que su luz curativa le envolvía. Sus numerosos pero superficiales cortes dejaron de molestarle y su cansancio se vio mitigado.

La luz no solo tuvo efecto en su cuerpo, sino que de golpe, su corazón se llenó de esperanza. No podía desaprovechar la oportunidad. - Con la luz me proporciona Milady y mi Diosa, os destruiré, ser. ¡Preparaos! - Decidiría todo en ese ataque. Retrocedió con su caballo, poniendo primero distancia, agitó las riendas y se lanzó a la carga por última vez. El bárbaro no se mantuvo en su posición, sino que empezó a correr también hacia el caballo, arma en alto, descuidando sus defensas.

El poder del bien estaba con Gerard, no le cabía la menor duda. Ya fuese que Naga le había enviado a aquella joven para guiarle o que su luz fuese tan grande que era capaz de cambiar el curso de las batallas, no podía fallarle. “Los actos de las sombras”, “los siervos de la luz”… no podía permitir, como tal guerrero divino, que la oscuridad se apoderase de su reino. No. Su mente se concentró en su cometido durante su carga, hasta que por fin, los guerreros chocaron durante un instante, acabando por pasar ambos de lado.

Pasaron varios segundos tensos en los que no se supo muy bien cómo había acabado la cosa. Sin embargo… - Abraza la luz de la Creadora mientras vuelves al abismo. - El cuerpo del emergido enemigo se desplomó al suelo instantáneamente, su cuello habiendo sido perforado exitosamente por la lanza del caballero.

Gerard miró a su alrededor. Al parecer, el resto de jinetes estaban acabando, lenta pero progresivamente, con los emergidos que habían aparecido de repente, mucho más que el implacable gigante con el que acababa de lidiar. Y él no tenía tiempo que perder. Desmontó rápidamente de su caballo, alcanzó su alforja y sacó algo de su interior, para luego ir hacia la dama que se hallaba en el suelo.

- ¡Milady! - Con cuidado, levantó su torso con una mano, incorporándola un poco. Tomó entonces lo que había cogido antes, un pequeño frasquito con un líquido brillante en su interior. Se trataba de una de las pociones Vulnerary con las que había emprendido su viaje. - Tomad. - Apenas sabía de artes curativas, pero por poco que le hubiesen enseñado, lo recordaba. Aquella poción permitía que incluso aquellos fuera del clero pudiesen sanar a los demás, por limitadamente que fuese.

Así pues, poco a poco vació el contenido de la botella en la herida de la joven, un profundo corte en su hombro derecho, y el resultado fue casi inmediato: la herida no se cerró, pero como mínimo, dejó de salirle la sangre a borbotones. Seguramente no sería suficiente para curar su herida por completo, pues aquel brebaje era solo para cortes y quemaduras superficiales y primeros auxilios. Pero al menos esperaba dejarla fuera de peligro mortal. La dama de la luz le había salvado de nuevo la vida; eso era lo mínimo que podía hacer por ella. Aún sosteniendo la cabeza de L’Arachel con una mano, tomó su mano con la otra. - Aguantad, milady. He ganado gracias a vos. Parece que os debo de nuevo la vida.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por L'Arachel el Dom Sep 03, 2017 7:14 pm

El alivio que sentí cuando pude ver que el emergido había caído, al fin, me hizo sentir menos dolor y un cansancio imperioso poseyó mi cuerpo. Sin embargo, hice lo imposible por mantenerme consciente. Intenté acercar el bastón a mi herida, mas antes de que pudiera, las fuerzas me abandonaron y acabé soltando el bastón que, inesperadamente, cayó a mis pies y, sorprendentemente, apenas sentí el golpe.

Sentí un frío que parecía invadir todo mi cuerpo que contrastó mucho con el calor que desprendía el contacto con otro cuerpo, en estos momentos difícil de discernir mas que, sin duda, debía tratarse de sir Gerard. Y, como si hubiese sido un soplo de vida, lo primero que pude expresar fue un grito de dolor. Jamás había pensado que el dolor me podría hacerme sentir viva. Me sentí aliviada cuando pude ver el rostro del caballero a mi lado. Segura, incluso. Sin embargo, por mucho que me sintiera así, lo cierto es que me sentía demasiado cansada. Yo misma ya sabía que había pasado lo peor gracias a él, así que intenté hablar con todas mis fuerzas para que al menos pudiera escucharme. – Eso es… lo que yo debería deciros… a vos, ¿no? Si no fuese… por vuestro auxilio… probablemente estaría ahora mismo… con mi tío. Lejos del mundo de los vivos… Ahora, si puede ser, me gustaría reposar un poco. Gracias a vos, pasé lo peor, mas… estoy exhausta. Perdí demasiada sangre – expliqué.

Y, poco a poco, cerré los ojos. Sea lo que fuera lo que sucediera ahora que había caído el líder de las tropas, eso ya no lo iba a poder averiguar yo. Ahora mismo mi cuerpo no podía obedecer a los deberes que tenía. Y, siendo sincera, ni siquiera mi mente estaba en condiciones para poder cumplir tales tareas. Al menos, pude sobrevivir gracias a este hombre. Me encargaré de pagar su generosidad como es debido… cuando esté mejor. Cuando despierte.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Sep 04, 2017 6:57 am


Un grito repentino, vociferado por la dama de cabellos dorados. ¿Tan terribles eran los conocimientos medicinales de Gerard, que no había sabido ni aplicar una poción como aquella? Pero debió de haber sido simple sorpresa, pues la chica enseguida dio señales de vida, intentando entonar algunas palabras.- No habléis, milady. Descansad. Dejad que yo me ocupe del resto. - Siguió sosteniéndola mientras esperaba pacientemente a que L’Arachel cerrase los ojos y se sumiese en un merecido descanso.

El caballero Grannveliano miró a su alrededor; efectivamente, la primera línea había conseguido poner a los emergidos en fuga, y el resto de jinetes consiguió dar caza a los enemigos que se habían infiltrado. Gritos de júbilo y victoria se oyeron poco después por toda la zona, indicando que, efectivamente, se habían alzado victoriosos.

Sin embargo, no logró encontrar las fuerzas para sonreír. Y después de todo, su labor todavía no había terminado: la vida de L’Arachel todavía no se hallaba del todo fuera de peligro. Con sumo cuidado de no tocar sus heridas ni moverla bruscamente, la levantó fácilmente, tomándola por los brazos, y empezó a caminar hacia su caballo, para ponerse en marcha hacia donde podría recibir mejores cuidados, a la tienda de los curanderos.

Qué poco pesaba. Y pensar que una mujer tan joven y de figura tan fina se había visto arrastrada en una guerra totalmente ajena a ella. ¿No había dicho en el pasado que venía de tierras extranjeras? Y sin embargo, había combatido incluso tras ser herida de gravedad por aquella terrible criatura. ¿Qué la habría impulsado a llegar hasta esos extremos?

Debido al desbordamiento de heridos, Gerard supuso que los clérigos tardarían un buen rato en sanarla, pero no había prisa. Se quedaría a su lado todo el tiempo que fuese necesario… aún a riesgo de encontrarse de nuevo con el comandante.

Pese a todo, mientras aguardaba, se concedió un momento de descanso y un largo suspiro. Después de tanto tiempo, tras la humillación hacía dos años, había logrado repeler a esa nueva amenaza en sus propias tierras. El deplorable estado en el que se encontraba su familia no mejoraría con aquella batalla, pues se había unido a aquella gran escaramuza como un simple errante, pero como mínimo, el país estaba un paso más cerca de repeler a los misteriosos soldados de ojos rojos.
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 06, 2017 2:27 am

Tema cerrado. 80G a cada participante +40G a L'Arachel gracias a donativos del clero de la zona.

L'Arachel ha gastado un uso de su báculo de Heal.
Gerard ha gastado un uso de su lanza de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Gerard obtiene el primer skill de la rama Knight:

Salvador - Permite al caballero aprovechar su rápida movilización sobre caballo, además del espacio extra sobre este, para retirar a otra unidad del campo de batalla. Una vez que esté con el caballero, al protegido no se le podrán dirigir ataques ni atención enemiga, pasando a ser indetectable, a la vez que se le considerará oculto en caso de tener un límite de espacio o necesitar ingresar a un sitio.

Adicionalmente, L'Arachel obtiene el segundo skill de la rama Cleric:

Renovación - La energía mágica dentro del clérigo, alimentada por su fe, causa un suave efecto curativo a través del tiempo. Sus heridas superficiales y leves se curan por sí solas en el transcurso de todo un tema, no así heridas graves, profundas, quiebres de huesos, etc. (En social y campaña, se finaliza el tema sanado. En misión, equivale a una curación de vulnerary cada 3 turnos.)

¡Felicitaciones!
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Re: [Campaña de liberación] La dama del lago [Priv. L'Arachel]

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