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Alanna [ID]

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Alanna [ID]

Mensaje por Alanna el Lun Jul 10, 2017 6:45 pm

Alanna
Mercenary
Si por mi libertad tengo que sacrificar mis bienes, mi prestigio y mi nombre, que así sea

Datos
Nombre: Anisse de Goldhertz (Su nombre real. Actualmente, se hace llamar Alanna)

Edad: 19 años

Clase: Mercenary

Especialización: Hachas

Afiliación: Ylisse

Ocupación: Mercenaria

Personalidad
Enérgica, ufana, y más tozuda que una mula. Alanna es de esas personas que no se cortan ni un pelo en expresar sus sentimientos y decir lo que deba en voz alta. Desde pequeña siempre ha sido muy revoltosa, un auténtico huracán que ha causado bastantes quebraderos de cabeza, y pese a que la enorme insistencia de su familia por enseñarle los modales dignos de una dama de alta alcurnia consiguió corregirla en parte, nunca ha abandonado ese impulso de seguir lo que le dicta su corazón y buscar nuevas experiencias que le muestren el mundo que le fue vetado por designios familiares.

Empática por naturaleza, su bondad la hace lanzarse contra las injusticias que pesan sobre los más desfavorecidos. Incluso si eso implica tener que meterse en percales que suelen darle más problemas que beneficios, o sacrificar lo más importante de la vida de un mercenario: el dinero. Ante todo, valora el bien común y está dispuesta a luchar por una causa justa si está dentro de sus posibilidades.

A pesar de pecar de cabezonería, puede llegar a ser comprensible ante unos buenos argumentos y recapacitar si lo precisa. Aún se considera en estado de “aprendizaje” de lo que significa llevar una vida sin comodidades y lujos, y lo que más teme es que todo eso la supere por culpa de haber vivido casi toda su vida como una noble, que se lo echen en cara, o que no sea lo suficientemente fuerte para afrontar el desafío.

Historia del personaje
Los Goldhertz son una de las familias de nobles menores en Ylisse que destacan por su influencia militar, gracias a su larga línea sucesora de altos cargos en los ejércitos del país. Viktor de Goldhertz, general retirado, quiso dejar que su descendencia se encargase de su linaje, pero el destino no quiso traerle ningún hijo varón en el que delegar, si no a tres niñas a las que no tuvo más remedio que empezar a buscarles pretendientes de alta alcurnia para que el apellido de su familia siguiese perdurando. Anisse, hija mediana de las tres, no quedaba exenta de los planes de su padre, aunque eso no quitó que la pequeña resultase ser un auténtico problema a la hora de controlarla.

Siempre tan traviesa y desobedeciendo a sus tutores, ansiaba con ganas explorar más allá de las cuatro paredes que conformaban su hogar. Sus progenitores se dieron cuenta en seguida de esto; completamente diferente al progreso que estaban haciendo sus hermanas en los estudios, tan aplicadas e interesadas en los lujos que la aristocracia les ofrecía, y tomaron medidas más severas con su educación. Así pues, los años pasaron, y aunque Anisse no tuvo otro remedio que aprender los modales y códigos de etiqueta que se estipulaban para una dama de su familia, dentro de ella seguía perdurando el deseo de encontrar una ruta de escape para su prisión de barrotes dorados

Hasta que la encontró, con sus diecisiete años ya cumplidos. Un día que Anisse paseaba por los jardines de la residencia, escuchó un ruido proveniente de unos matorrales. Su sorpresa fue mayúscula al acercarse y encontrarse a una muchacha de su misma edad, con ropajes de viaje y con notorias heridas en el cuerpo que sangraban. Pese a tratarse de una completa desconocida, el primer impulso de Anisse fue socorrerla, de cualquier forma: sabía de sobras que notificárselo a cualquier criado o guardia solo conseguiría que echasen de allí a la pobre moribunda y la abandonasen a su suerte, por lo que su única idea fue llevarla a rastras hasta los establos y esconderla allí. Así pues, día tras día y a espaldas de su familia, Anisse aprovechaba sus ratos libres para visitar a su invitada de incógnito y tratar sus heridas, sirviéndose de los tomos de medicina y primeros auxilios básicos que encontró en la biblioteca. Al tercer día, la chica ya parecía haber recuperado las fuerzas suficientes como para permanecer lúcida unas pocas horas y hablar con su salvadora. Se presentó como Hellen y, tal como le pidió Anisse, le relató que era una mercenaria de la región desde hace ya varios años y que por designios del destino, acabó arrastrándose con sus últimas fuerzas hasta los jardines de su propiedad en busca de ayuda, después de salir bastante maltrecha de una contienda con unos bandidos. Unas dos semanas bastaron para que las heridas de Hellen sanasen y volviese a ponerse en pie. Como muestra de agradecimiento, le insistió a Anisse que le pidiese cualquier cosa que desease, pues ella lo haría con tal de pagar su deuda. La damisela vio de esta forma la gran respuesta a sus plegarias por conocer mundo más allá de su hogar. Su petición fue muy sencilla: que de vez en cuando volviese de sus viajes y le contase todo lo que había visto ahí fuera.    

De esa forma, Hellen cumplió con su palabra. Cada semana, Anisse se encargaba de colarla en las propiedades de los Goldhertz y llevársela a un lugar apartado con tal de que ningún empleado les descubriese. Resultó que la mercenaria acabó siendo una persona bastante amigable y empática para la fama que tenían los de su profesión e intimó en seguida con Anisse según le iba contando las historias de sus travesías, experiencias y encargos que no estuviesen tan subidos de tono. Tal fue la amistad que se formó entre ambas, y tan embelesada estaba Anisse con sus relatos que le recordaban a las historias de aventuras que tanto le gustaba leer, que a la cuarta semana le pidió que le enseñase a pelear. Su protegida dudó en un principio, pues nunca había instruido a nadie, y menos a una noble que no habría tocado un arma en su vida. Eso pensó, pero el ímpetu y energía de Anisse demostraron que fue una pupila bastante apta para la gesta, más le sorprendió que le cogiese el tranquillo a un arma tan vasta como lo era el hacha. Así pasaron cerca de seis meses, entre clases a escondidas y las típicas charlas que tenían dos íntimas amigas.

Llegó cierto día en el que durante un descanso tras una sesión de entrenamiento, Hellen le informó que la siguiente semana no podría quedar con ella por un encargo de última hora, cerca de la frontera, pero le aseguró que tras terminar la faena volverían a la rutina de siempre. Sin embargo, fue marcharse y dar lugar a lo que serían las peores semanas que habría vivido Anisse.

El primer infortunio tuvo lugar por culpa de sus hermanas, con quienes tenía una relación nefasta debido a que estás la reprochaban su falta de interés por convertirse en una damisela como ellas. Resultó que ambas la pillaron a ella y a Hellen hace unos días, y esperaron el momento oportuno para delatarla. Ya harto de que su hija estuviese manchando constantemente el nombre de su familia, Viktor no tuvo reparos en encerrar a Anisse en contra de su voluntad y concertar cuanto antes una cita con un pretendiente que halló apto. Por mucho que se negó y protestó, poco o nada le importó a su padre. Quedó enclaustrada, temiendo al inevitable momento en el que la arrojarían a los brazos de un desconocido y deshacerse de ella.

Tan desesperada estaba que pensó en recurrir a Hellen, en pedirle que se la llevase con ella, lejos de allí. Pero para mayor desgracia suya, tres semanas habían pasado desde que partió a la frontera. Hellen no había regresado, y con la llegada de su pretendiente a la vuelta de la esquina, necesitaba saber de ella como fuese. De modo que una noche, con el cuchillo que le regaló su amiga, una capa y diversas piezas de plata y joyería variada, se las arregló para escaparse de la residencia de los Goldhertz. Recordaba que la mercenaria le mencionó en diversas ocasiones que siempre acudía a un informante de la ciudad cuando necesitaba cualquier tapujo, por lo que se aferró a los datos que tenía del susodicho y deambuló por las callejuelas hasta que, gracias a Naga, dio con él. Tirar de su lengua fue tan fácil como plantarle en sus narices la bisutería que se llevó de su casa, y lo que le reveló acabó por romperle el corazón: Hellen no iba a regresar. El grupo con el que partió tenía el encargo de hacer frente a una milicia de origen desconocido, pero acabó siendo un completo fracaso y el grupo tuvo que retirarse. Sin embargo Hellen fue la única que no volvió. ¿Por qué? Un poco más de oro, y el informante le reveló un par de rumores turbios en los que se contaba que no fue un simple infortunio, si no que las malas lenguas afirmaban haber visto al líder del grupo de mercenarios engañarla y abandonarla mientras el resto aprovechaban su “sacrificio” para huir.

No pudo asimilarlo. No pudo asimilar que su amiga, su única amiga, no volvería para contarle más historias, a enseñarle a luchar, a salvarla de los caprichos de su familia… Todo porque alguien tuvo la crueldad de traicionarla y mandarla a una muerte segura. Rota por dentro, deambuló cual fantasma hasta la taberna en la que el informante le dijo que podría encontrar al culpable. No le importaron las miradas curiosas y reacias que recibió al entrar en aquel tugurio, tan solo se limitó a preguntar en voz alta por el nombre del líder del grupo de mercenarios. Un hombre alto y de aspecto peligroso fue el que se levantó de su asiento y se plantó delante de ella, exigiéndole que es lo que se le había perdido a una cría allí con un tono arisco.

Los sentimientos de Anisse en esos momentos eran de todo, menos estables. Tal fue que se dejó llevar por ellos y descontrolarse; su primer impulso fue sacar su cuchillo y abalanzarse sobre el hombre con un rugido de rabia. Por lo pronto, otros dos mercenarios saltaron de inmediato y agarraron por los brazos a la iracunda muchacha, que pataleaba y le gritaba al jefe de la panda: “¿Por qué lo hiciste?” “¿Por qué abandonaste a Hellen y la dejaste morir?”

“Muy fácil, niñata. Por dinero”, fue lo que le respondió el hombre sin inmutarse apenas. Y entonces, se lo contó todo. Le habló sobre la milicia que se suponía que tenían que repeler, una auténtica panda de monstruos que no parecían humanos en absoluto. De haberlo sabido, no hubiesen aceptado aquella misión suicida nunca, pero al menos también tenían su otro “encargo” para suplir las pérdidas, y tan solo tuvieron que asegurarse de que una simple cría no saliese con vida. El mismo confesó ser el que agarró a Hellen del hombro y la empujó colina abajo mientras huían. Lo último que llegó a ver fue cómo esos demonios se cernían sobre ella antes de perderlos de vista. Las últimas palabras que le dedicó fueron las siguientes: “No me culpes a mí por tener que ganarme la vida por un puñado de monedas, así es como funciona el mundo. Si tantas ganas tienes de desquitarte por lo de tu amiguita, hazlo con el que nos pagó por deshacernos de ella, ese general retirado. No tengo ni la menor idea de por qué ese noble podrido la quería muerta, ni tampoco es me importe…”

Y antes de darse cuenta siquiera, Anisse fue arrastrada hasta la puerta de la taberna por los dos hombres que la aferraban y la arrojaron cual despojo al frío suelo. El golpe no dolió tanto como lo estaban haciendo sus heridas emocionales; el general retirado que mandó matar a Hellen era sin duda alguna su padre. Sintió asco. Sintió ira. Sintió un odio inconmensurable por su familia y todo lo que tenía que ver con ella, no quería volver junto a ellos nunca más. Aquella noche fue en la que la familia de los Goldhertz estaba muerta para ella, del mismo modo que Anisse de Goldhertz también.

Desechó el nombre que se le dio para romper todos los lazos que la ataban a su familia y decidió una nueva identidad: Alanna. Con las pocas joyas que le quedaban, decidió poner en práctica todo lo que le enseñó su difunta amiga y empezar una nueva vida como mercenaria, sin título de noble, sin lujos, y sin un hogar al que regresar.

Extras
*Por mucho que intenta evitarlo, le es imposible abandonar el habla tan refinada que le enseñaron desde pequeña en las situaciones que le superan.

*Lo único que echa de menos de su vida como noble son los vestidos tan bonitos que solía llevar.

*Mide 1’70 m.

*Se cortó el pelo para que nadie pudiese reconocerla. Fue una decisión que le pesó, ya que Hellen siempre le decía que le encantaba su melena.

*Es muy sensible a los olores fuertes.

*Además de las historias de aventuras, le encantan los libros de poesía.

*Se pone muy nerviosa si está ante la presencia de un noble. De normal suele comportarse delante ellos, pero eso cambia si le recuerdan a su padre o a sus hermanas.

Procedencia
Nombre original del personaje: Fiora
Procedencia: Xenoblade Chronicles

Spoiler:

Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Mercenary

Cargo :
Mercenaria

Autoridad :

Inventario :
Hacha de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
21


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Re: Alanna [ID]

Mensaje por Eliwood el Mar Jul 11, 2017 3:05 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenida!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2935


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