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[Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

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[Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Jue Jun 29, 2017 6:00 pm


Gerard era consciente de que no podía quedarse para siempre en Grannvale. Su país natal era extenso, y sabía que todavía había ciudades que no había visitado, pero la razón por la que partió de viaje era justamente para abrir nuevos horizontes. Para recaudar información en otros lugares. Debía hacerlo si pretendía restaurar el honor a su familia… y salvar su país. Y tenía muy claro adónde ir primero: el país vecino que quedaba al norte, Silesse.

El viaje no resultó muy largo, pero sí algo duro. No era la primera vez que había estado en ese país, pues había sido enviado en algunas ocasiones durante sus tiempos como templario, ya fuese para coordinarse con soldados aliados, de reconocimiento, o incluso de incógnito. Sin embargo, no era tan familiar al gélido clima del país. Tampoco lo era su caballo, que ya había sufrido los efectos de las bajas temperaturas y la falta de experiencia de Gerard en los cuidados de las monturas. Pero lo había ido consiguiendo, de una manera u otra. Y por extraño que pareciese, el ex templario no tardó mucho en dirigirse a un lugar que unos meros seis meses atrás no habría imaginado nunca que visitaría. Y habría mentido de haber afirmado que se encontraba vacío de dudas en aquella larga escalinata que iba subiendo y recorriendo la montaña… pero aún así, siguió adelante. Adelante… hacia el templo de Forseti. En Grannvale, se creía mayoritariamente en Naga, con folklore centrado en los doce sagrados cruzados. Pero no era la única religión de Jugdral.

Forseti. Deidad del viento, en la que los habitantes de Silesse depositan tanta confianza, a la que, según había oído, tanto rezaban los magos de viento para que les concediese su poder. Deidad en la que incluso las valientes y tan admiradas –incluso por él de pequeño- caballero de pegaso  que surjaban los fríos cielos de ese país creían. Gerard nunca antes se había planteado la opción de explorar otras religiones. Para él, constituía una herejía, pues como templario, era parte de su trabajo esparcir la palabra de su fe. No obstante… ya no lo era.

Se encontraba de camino a la cima de aquella montaña justamente para visitar el gran templo de Forseti. Para poner a prueba su fe… y darse paz con su pasado. Debía demostrarse a sí mismo que, aunque mantuviese firmemente su fe, sería capaz de explorar y tolerar otros dioses, u otras formas de verlos. Para poder reunir la información que tanto buscaba, debía observar las estatuas que habría, hablar al menos con los sacerdotes. No rezar, pero sí meditar.  Es por ello que, una vez arriba, dejó de dudar por completo. Abrió el gran portón del templo, preparado para lo que fuese… y dio cinco pasos hacia delante, para luego mirar a su alrededor.

En comparación con el gélido exterior, el templo era un lugar cálido. Se quitó el pesado abrigo que llevaba, lo colocó en el lomo de su corcel, al que ató con cuidado en la rienda que había para ello, y se dispuso a observar el entorno. Estatuas, caros muebles, algunos lugares de ofrendas, un gran altar y unos pocos sacerdotes. El ambiente no parecía muy diferente al de otros templos en los que había estado. Armándose de valor, miró con una gran seriedad y el ceño fruncido a la gran estatua que destacaba en la sala. ¿Sería…Forseti?  No parecía más que una urna de color jade con dos alas pequeñas en su parte superior y dos alas grandes en la inferior.

Antes de hablar con los sacerdotes, quería pensar en su propia interpretación de aquella deidad. No arrodillado, rezando, sino de pie. Se cruzó de brazos, y permaneció sumergido en sus pensamientos durante un buen rato. Vendavales, viajes, cielos, magia… ¿qué más podría significar?


Última edición por Gerard Van Reed el Dom Ago 27, 2017 6:16 am, editado 3 veces
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Jue Jun 29, 2017 7:56 pm

Paró sus pasos, el vaho se escapó de sus labios y su atención pasó al cielo que parecía estar dispuesto a dejar caer por enésima vez copos blancos. ¿Hacía cuanto que no volvía a ver la lluvia? hacía demasiado frío para poder esperar que el clima se dignase de sorprenderlo con una hermosa lluvia o cálidos vientos. Pero... ¡Pero iban a avanzar! ¿Cierto? Brynjar planeaba avanzar tras aquello, abandonarían Silesse, abandonarían el tan aburrido gélido clima para dar la bienvenida a otro más cálido... O al menos, ese era su callado deseo. No podía decir tampoco que odiase el frío... Pero, cierto era que prefería los climas templados. El frío mientras le proporcionase diversión y curiosidades, era totalmente aceptable.

Pero ahora no, ahora es... ¡Oh! –Habló para si mismo, en alto, solo, totalmente solo. Después de todo tenía tiempo libre y nada mejor que hacer, que nadie quisiese acompañarle a dar una vuelta porque... Supuestamente él era "Un poderoso dragón que podía protegerse solo" era una cosa a parte. Pero al momento, lo que había llamado su atención era aquél templo visto a lo lejos que, teniendo en cuenta la historia de aquella región, debía pertenecer a Forsetti. Forsetti, Dios del viento, era el mismo, extraño, Dios, al que Mitgard veneraba y él, por su parte, simplemente no sentía nada en él que pudiese llamar su atención... Pero la duda le golpeó de todas formas: ¿Serían los templos iguales en Mitgard y en Silesse?

Volvió a avanzar, dejando suaves pisadas en la nieve a su paso y antes de darse cuenta ya estaba ante las enormes puertas que daban al interior de aquél templo, cuyos grabados solo se dedicó a observar unos escasos segundos. Forseti... Dios del viento... Él era... ¿Qué más daba? Impetuoso abrió las puertas de par en par y avanzó unos pasos, sonriendo inocente y levantando la voz – ¡Forseti!¡Ya basta de tanta nieve! ¿Nunca viste las flo...? –Calló de golpe, sin entender del todo bien por qué los clérigos fijaban en él sus miradas... Todos ellos tan molestos, contrariados. ¡Ups! ¿Quizás había hecho algo malo? Miró a diestra y a siniestra... ¿Por qué habían tantos monjes allí? Ugh... ¡Claro! ¡Ese no era Mitgard! Silesse era mucho más grande, Silesse era mucho más concurrida que la pobre y hermosa Mitgard.

Entonces recordó que acabaría castigado, que ese era de lejos el comportamiento correcto de un embajador de nuevas tierras cuya intención era no empezar una guerra tan pronto. ¡Y pobre de él si se burlaba de su Dios! Realmente no lo entendía, en Tellius habían venerado a Ashera, había oído una o dos veces el nombre de Naga pronunciado, pero siempre que eso sucedía alguien le susurraba dulcemente que no se preocupara– Mi culpa, mi culpa, estaba hablando en voz alta. no me hagan caso, no me hagan caso, vine solo a rezarle a su santidad Forseti para un clima menos... Frío –Les susurró, esbozando una perfectamente apenada sonrisa a pesar de ser falsa y, cuando todos asintieron y volvieron a sus trabajos suspiró, cerró las enormes puertas y avanzó al frente, soltando un silencioso suspiro.

Estuvo tentado de parar a acariciar al caballo, pero únicamente inclinó un poco su cabeza hacia él y avanzó aún más, hacia la figura humana esta vez. Estaba cruzado de brazos, una pose poco digna de un creyente del Dios Viento... Así que...– ¿Curiosidad por el Dios del Viento? –Inquirió en bajo, parando a su lado al tiempo que bajaba su blanca capucha, dejando al descubierto su rubia cabellera, larga por dentro de las gruesas prendas y sus orejas ligeramente más puntiagudas, sobresaliendo. Sus ojos en cambio, de un profundo dorado se fijaron en los ajenos y sus casi rasgadas pupilas se clavaron en el otro, curioso y sobretodo atento. Una de sus manos pasó a desligar el nudo que mantenía atada su cálida capa y se deshizo de ella, dejándola seguidamente en una de las sillas cercanas– Al menos aquí dentro se está mejor.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Dom Ago 20, 2017 8:57 pm


Por mucho que le costase de admitir a Gerard como fiel creyente de Naga por encima de Forseti, debía reconocer la diligencia de los acólitos del dios del viento a la hora de conservar el esplendor de su templo.. El crepitar del fuego podía oírse desde cualquier rincón del lugar gracias a las varias series de antorchas repartidas a lo largo de los corredores y las grandes hogueras que había en las salas principales, que aseguraban la agradable diferencia de temperatura entre el interior y la gélida ventisca que había arremetido contra las tierras de los alrededores. Y aunque no destacase en comparación, el lugar estaba impecable y los monjes realizaban sus tareas tranquila pero exhaustivamente, rezando en silencio o preparando ofrendas.

Tanta y tan agradable era la calidez del lugar que se había sumergido por completo en sus pensamientos religiosos. Es por ello que no pudo evitar girar la cabeza de golpe al oír el silencio romperse de golpe, frunciendo el ceño al máximo. Podría decirse que fulminó momentáneamente con la mirada a la persona que había entrado, sin pretenderlo realmente.  - Mantened la integridad del templo, por favor. - Dijo con voz tajante. Unos segundos después, dándose cuenta de la mirada que había echado, acabó suavizando los rasgos y recuperando el semblante taciturno que tanto le caracterizaba. Le observó un momento mientras se acomodaba y bajaba su capucha. Gerard dudó inicialmente debido al confuso y neutro tono de su voz, pero ya había conocido a una joven de aspecto rasgos similares a la mujer que acababa de entrar. Largos cabellos ruidos, facciones delgadas… sí. Sería una mujer Silessiana, ya fuese de tierra continental o de aquel nuevo ducado que había obtenido la independencia, Mitgard. Fuera como fuese: una nórdica.

La joven iba de negro… qué mala espina le habían dado siempre las vestimentas de ese color. No por nada; después de todo, los herejes de los dragones oscuros con los que se había topado vestían siempre con las mismas tonalidades. ¿Sería esa la razón por la que su instinto le decía que fuese cauteloso? Le hizo una pregunta. ¿Curiosidad? - Algo por el estilo. Es parte de aquello que me impuse al emprender mi senda. - No era simple curiosidad. Al fin y al cabo, había sido caballero templario en Grannvale, y era religioso; conocía bien la teoría sobre el Dios del Viento. Pero después de lo que le había ocurrido en su pasado, y gracias a la libertad de su nuevo rango, podía actos como visitar un templo ajeno, aunque fuese sin postrarse, para “explorar aguas ajenas”. - No importa de dónde son, las personas buscan siempre consejo y cobijo en los dioses, con la esperanza de mejorar sus vidas.- Por supuesto, seguía pensando que los presentes allí estaban profundamente malaventurados en cuestiones religiosas, pero eso no restaba la necesidad que sentía tanta gente por entregar su fe aun ser superior. - ¿Y vos? ¿Venís a rezar por buena fortuna en estos nefastos tiempos? Por lo que sé, la guerra ha llegado también a estas tierras. - Por sus rasgos, no parecía de demasiado lejos, y por su comentario, parecía acostumbrada a Forseti. ¿Cuál sería su historia? Giró la cabeza un momento, aunque más para comprobar que su caballo estaba en la entrada, no demasiado lejos de él, y que su lanza seguía allí.

Se acabó apartando un momento de la estatua, se dirigió un par de metros hacia el fuego más cercano, para calentarse un poco más… y asegurarse de que no se quedaba mirando demasiado tiempo aquella figura de piedra. Para acabar, tomó un trocito de pan caliente que habían dispuesto allí para los viajeros, no sin antes depositar más de lo que valía en oro en el lugar de ofrendas. El viaje había sido largo, después de todo.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Sáb Ago 26, 2017 8:11 pm

¡Acababa de ser gritado! ¡Oh, acababa de ser gritado! ¿Quién más a parte de Brynjar se atrevía a eso? En Mitgard: nadie. Ya era mucho que le dirigieran la palabra ¿Pero gritarle? Aunque en realidad no había sido gritado, era más bien... Reprochado. Entonces, volvíamos a la misma pregunta de antes ¿Quién más se atrevía de semejante cosa? Temido quizás como un ser oscuro de su gente, estaba de cierta forma acostumbrado a cierto respeto. No por eso se molestó, simplemente desvió su atención hacia el muchacho de porte caballerosa que se había atrevido "a tal osadía". Le caía bien el muchacho ¿Qué cabía decir?

Era cierto: había entrado gritando al Dios que ahí veneraban... ¿Pero qué más daba? Era solo un templo; no había allí ningún Dios que por tener un puñado de humanos rezando por él se mostraría con toda su fuerza y poder. Casi se atrevería decir que no existía ningún tipo de Dios en aquél nefasto mundo– ¿Emprender tu senda? –Repitió con palpable curiosidad mientras ladeaba con suavidad su cabeza hacia un costado. Sus largos y rubios mechones de cabello cayeron por su hombro, destacando sobre la oscura prenda que vestía para mantenerse en calor. De la misma forma, supuso que sería perdonado si se saltaba inútiles tratos de cortesía. A esas alturas al menos, delante de un templo, se suponía que todos eran iguales entre ellos. Sí, ahora la excusa de estar en un templo le convenía.

"No importa de dónde son, las personas buscan siempre consejo y cobijo en los dioses, con la esperanza de mejorar sus vidas"
... ¿Eh?...

Su sonrisa se suavizó un poco, sus ojos se entrecerraron antes de fijar nuevamente su atención en la enorme estatua de piedra. Tenía razón, iba a admitirlo. Muchas veces, las personas solo acudían a los Dioses forzando su fe, ya sea por un problema u otro, pensar que un ser mucho más superior, omnipotente y omniprezente, de alguna forma les daba fuerza para poder continuar. ¿Qué sería del mundo sin alguien en el que creer? Así había sido desde hacía muchos años... Así sería de ahora en muchos años en el futuro también. No había forma de cambiarlo. No había motivo de cambiarlo– Así es ¿verdad? –Por un momento su tono adoptó un extraño matiz, entre decepcionado y melancólico, escapó en un bajo susurro de sus labios, casi como esperando que el otro no lo escuchara. Pero, en parte tenía sus motivos. Hasta ahora, no habían sido Dioses los que le habían salvado, sino simples seres vivos como él.

No vine a rezar –Cuando volvió a mover su atención al chico, sonrió, sonrió como si nada, como si en realidad las palabras de antes, los sentimientos de antes, no fuesen más que añejos recuerdos de algún día. Se alejó de la estatua sin pensarlo dos veces, acercándose al fuego también, en si también para estar más cerca del otro, poder hablar mejor, sin tener que levantar la voz y que rebote en la amplia y  vacía habitación. La idea de que alguien más pudiese escucharle, le desagradaba un poco– Solo busqué resguardarme del frío, me desagrada bastante –Admitió. Se agachó, solo para estar más cerca del fuego y al sacar sus manos de entre su oscura capa, los diversos adornos de las mangas de su ropaje se vislumbró con claridad: pequeñas cadenas y dos anillos adornando sus largos y delgados dedos.

Levantó su atención hacia el otro, escudriñó su rostro con una amistosa sonrisa adornando su labios– ¿Veneras a Forseti como todos los clérigos aquí? –Inquirió en bajo. Recordaba que decía estar siguiendo su sendero, supuso que, Forseti no debía ser el Dios a quién él le rezaba. Como tampoco era suyo– Mi nombre es Suryha.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Dom Ago 27, 2017 3:33 pm


“Suryha”. Un extraño nombre, casi místico. Su aspecto, que pudo observar entonces con más detalle, era igual de impactante. No pudo evitar reparar, además, en los ornamentos que se encontraban decorando sus dedos, que buscaban calidez en las llamas de la hoguera, así como aquellos que decoraban estilosamente su vestimenta. Su cabello, tan bien cuidado como el resto de sus rasgos, caía con elegancia y a la vez naturalidad, acentuando el muy buen porte que tenía. Sin duda, alguien de alta cuna. ¿Nobleza Silessiana? El lenguaje que Gerard usaba era el mismo tanto hacia la nobleza como hacia los plebeyos, aunque en presencia de mayor autoridad, acentuaba siempre sus saludos y muestras de buena etiqueta.

- Es un placer conoceros, Suryha. Soy Gerard, y vengo de Grannvale. - Inclinó ligeramente la cabeza. Su cabello se hallaba algo perturbado, aún con rastros de nieve debido al tiempo de fuera, pero por lo demás, estaba muy presentable.- Partí de mis tierras con una misión. Ahora mismo, me encuentro investigando formas de acabar con la oscuridad que amenaza estas tierras.- Eso sería suficiente. El motivo de la empresa era del caballero era, después de todo, mucho más complicado que aquello, pero eso bastaría. Sin duda, de camino hacia allí había comprobado ya el efecto de la guerra en el país vecino. Ella sabría a qué se refería, muy probablemente.

Respondió, entonces, a lo que le habían preguntado. - ¿Forseti?- Tuvo que aguantarse para responderle tajantemente “¡Qué herejía!”. Sabía dónde se encontraba, después de todo, y hacía ya tiempo que había decidido suavizar su porte. Sin embargo, la joven de cabellos dorados había dicho que no venía con objetivos religiosos, y no se inclinaba ante la estatua del dios. Como antiguo caballero al servicio del clero, Gerard conocía bien las costumbres religiosas de ambas fes, a pesar de practicar solo una. Dichas costumbres eran comunes en los dos dioses de la luz, por lo que eso le bastó para determinar que si aquella mujer era sirviente de Forseti, era más bien secular. Podría revelarle, pues, su religión, sin demasiado riesgo de malos aires.

Se giró, pues, hacia ella, con su seria mirada de siempre. Por suerte, los otros monjes se habían apartado un poco, yendo a la sala de al lado. Hablando casi en un susurro, para asegurarse de que solamente ella le oyese, le respondió firmemente, aunque sin hacer ninguna pose militar o religiosa, en respeto a las cuatro paredes sagradas que le envolvían. - Aunque el Dios del Viento sea reconocido en algunos lugares del continente, yo sigo vehemente la palabra de… la Diosa Creadora de la luz. Sirvo su voluntad, y a cambio, sus enseñanzas iluminan mi camino y hacen que no me desvíe de la senda del bien, incluso en tierras desconocidas. - Se aguantó añadir el atributo “pagano” a esas tierras heladas, y por supuesto, no mencionó el nombre de Naga allí. Pero tampoco iba a huir de su fe habiéndole preguntado alguien tan directamente. No. Conocía bien las doctrinas, y lo que había dicho se hallaba en los confines de las reglas. Pero así era. Efectivamente, Gerard no era un simple adorador por conveniencia. No acudía a la Diosa solo cuando necesitaba algo. No. Lo llevaba haciendo desde siempre, como su paladín.

Su yo pasado pronto se acabó imponiendo ante aquella necesidad de proseguir con su pequeño discurso. Fue entonces hacia el fuego, sus ojos posándose en las llamas abrasadoras que llenaban de una agradable calidez el lugar. Se cruzó de brazos.- Para asegurarme de que los adoradores de Forseti no caigan en prácticas heréticas, vi necesario pasar por este lugar durante mi tiempo en Silesse, comprobando de esta manera su integridad religiosa. - Acabó declarando, de forma tajante y el mismo portar que no dejaba rastro de duda. Ciertamente, no había olvidado sus obligaciones, y parte de él seguía siendo un caballero templario.

Pero lo que acababa de decir no era del todo cierto. Aquella no era la razón principal por lo que había ido allí. No. Desde aquel aciago día, algo en él había cambiado. Las palabras de las personas de su pasado aún rebotaban en su mente, habiendo visto necesario explorar nuevos confines. O tal vez simplemente había ido allí para poner a prueba su fe. O puede que el motivo de su largo monólogo fuese algo mucho más impactante considerando su pasado: dudas. ¿Sería parte de la necesidad que acababa de sentir por asegurar con tal firmeza que no era siervo de Forseti? En cualquier caso, no dejó entrever nada de esto, sino que su cara siguió con el semblante serio y taciturno de siempre.

De repente, su caballo dio un agudo bufido, rompiendo el silencio que se había producido después de hablar él. Frunciendo el ceño hacia su caballo, fue a ver qué le ocurría. Qué raro. Solo hacía jaleo de repente cuando… algo iba mal. Gerard miró a su alrededor. Por supuesto, no había nadie, y sin embargo, tomó la lanza que había dejado allí al lado, poniéndose en guardia. Su instinto de guerrero veterano le decía que el peligro acechaba.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Dom Ago 27, 2017 5:57 pm

Inevitablemente desvió su atención al muchacho en cuanto habló. Le seguía llamando inevitablemente la atención. Su porte, se atrevería a decir su inocencia, porque sí, incluso el más corrupto de los humanos probablemente pasaría por inocente ante alguien que había vivido más de tres siglos y con los siglos pasar, y el círculo vicioso de la vida continuar, también había visto la mente de los mortales ir cambiando, poco a poco, poco a poco. Gerard, para él no era más que un niño,  le agradaba por ese simple motivo. Sonrió con suavidad, de alguna forma su forma de actuar le hacía recordar a alguien más, alguien de hacía bastante tiempo atrás– Es una misión noble esa –Se movió, con suavidad, con una gracia particular. Avanzó un paso hacia el caballero y, levantando su mano quitó la nieve que seguía manchando de blanco su cabello, colocándoselo bien usando sus dedos de peine.

Le daba igual ser cercano, se acercaría sin prejuicio alguno, sin preocuparse si eso iba o no a ser perdonado por el otro. Cuando estuvo conforme, volvió a alejarse, se agachó  para estar más cerca de la hoguera, dejando que la roja llama se reflejara en sus dorados ocelos, más no dejó de prestarle atención al joven caballero, sino todo lo contrario. ¿Diosa Creadora de la Luz, eh?  Él, aunque había estado intentando darse cuenta si algo despertaba sus dormidos recuerdos, nada de los Dioses, paganos o no, podían ayudarle. No había forma de que se sintiese atraído fuertemente por alguno de ellos, ni de Forseti, ni de Naga– En ese caso, espero que su Diosa, le guié por el buen camino y antes o después descubra como erradicar el mal de este mundo –En el fondo, allí, en algún rincón de su alma, esas palabras le sonaron amargas. ¿Qué era ese sentimiento? Hasta se atrevería que era emocionante.

Ante lo siguiente se volvió a incorporar, giró en dirección a Gerard y sonrió de lado con cierta intriga. ¿Pasar por el templo para asegurarse que mantuvieran la integridad? ¿A pesar de ser creyente en Naga y no en Forseti? Le pareció intrigante y de hecho, iba a preguntar al respecto. Se dispuso a entreabrir sus labios, eso, si no fuese porque el caballo que había a las afueras del templo pareció inquieto. Siguió al caballero de cerca y aún cuando el frío viento de las afueras le hizo estremecer al estar acostumbrado a la calidez interior, no dijo nada. Observó a su alrededor con minuciosidad, con extrema atención. Su cabello se balanceó en el viento, dejando al descubierto sus orejas, ligeramente más puntiagudas de lo normal. Esa esencia, esa presencia, esa oscuridad en los alrededores, ese ligero sentimiento de familiaridad que probablemente ni lo notaría conscientemente... Eso era...

Avanzó unos pasos más, escuchando la nieve al ser aplastada por sus botas.
¡Que fastidio! ¡Que molestia!

Hay un sentimiento ominoso en el aire, tenga cuidado... –Le advirtió. Y ahí, a lo lejos, en medio de la tundra nevada, unas oscuras siluetas de ojos color sangre rompieron la calma. Como manchas estropeando una pintura. ¿Por qué atacarían un templo? ¿Qué ganaban con ello? ¿O era porque estaba en medio de su vía? Porque más allá, no había mucho a parte de las montañas– Emergidos, Gerard –Entrecerró los ojos, levemente molesto. No, ahora no podía dejar al otro luchar solo. Porque a parte del caballero, seguro los sacerdotes del templo no podrían hacer nada más que rezar a un Dios que nunca los iba a escuchar. Pero, en lo personal no tenía problema a la hora de luchar, ciertamente necesitaba un motivo, pero por un lado estaba Gerard, por otro el hecho de saber a ciencia cierta, que si no hacía algo, Brynjar le iba a regañar.

Sonrió para si mismo, ámpliamente y avanzó unos pasos al frente, llevando su mano hacia su Dragonstone colgando tranquilamente a su cuello. Cuando sostuvo la piedra con una mano, sintió un extraño sentimiento recorrer su cuerpo, como adrenalina pura– ¿Qué tal si, acaba con todos aquellos que yo no pueda atrapar? –Le propuso. ¡Oh! ¡No lo había pensado aún! ¿Sabría el castaño lo que planeaba hacer? Porque, según tenía entendido, Silesse no era exactamente un lugar en el que los láguz eran muy conocidos, mucho menos los dragones. Sería divertido, seguro.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Ago 28, 2017 1:17 pm


El mini establo fuera del templo, aunque no resguardase tan bien del frío debido a las menores dimensiones y falta de hogueras imponentes, contaba con suficientes mantas y pieles para que los caballos pudiesen descansar de las arduas condiciones exteriores. Sin embargo, incluso al dejarse ver Gerard, su caballo siguió dando los agudos bufidos que resonaban incluso desde dentro del templo.

Lo que dijo la aparente noble y su instinto de soldado fueron suficientes para que preparase su caballo, sacándolo de donde lo había atado y montando ágilmente en él, lanza aún en mano. Destellos rojos en la lejanía. Sonido de metales, y de armaduras marchando. Allí estaban. El ceño fruncido de Gerard no dejaba mostrar el remolino de emociones dentro de él. Esos soldados de nuevo. Los principales responsables de su caída, del cuestionable estado en que se encontraba su país, y del deshonor que había llevado a su familia.  Muchos de ellos llevaban armadura ligera y peculiares espadas de curvada hoja, sin duda una especie de sables de un solo filo. (Espadas… curvas.) Qué extraño acero. ¿Sería digno de enfrentarse a su lanza? Esperaba comprobarlo.

Pero antes, se giró hacia Suryha. Esa vestimenta, ese aspecto grácil y bien cuidado… pese a los misterios que la rodeaban, incluyendo las extrañas orejas que acababa de revelar su rubia y perfecta cabellera, era obvio que no era una soldado. Una noble, seguramente; pero no una guerrera. - ¿“Atrapar”? Esto no es un juego, Suryha. He combatido antes contra ellos, y no son simples bandidos o algo por el estilo. Se trata de soldados peligrosísimos. Volved dentro e intentad coordinar a los acólitos. Yo les daré algo de tiempo para que puedan organizar una barricada eficaz.  Sería mucho mejor que dejase que Gerard combatiese un rato solo, al menos hasta que llegasen refuerzos. Al fin y al cabo, aparte de él y de la joven, solo había un par de soldados, que habían desenvainado ya sus espadas. Necesitaban refuerzos, a poder ser acólitos guerreros. ¿Magos de viento, tal vez?

Llegó a ver un emblema en la armadura de uno de ellos, un símbolo de motivos florales. El mismo que había visto en el barco de Lady Nozomi. El que llevaban los barcos y estandartes de cierto país de Akaneia: Hoshido. (Tellius, y ahora Akaneia. ¿Estarán dichos continentes enviando a estos seres para conquistarnos?) ¿De dónde provendrían esos soldados de ojos rojos y aún así, miradas vacías? Guerreros de las sombras, humanos malditos que se unían a los dioses oscuros, seguro. En otras palabras: herejes.  Esta simple línea lógica era la que había seguido siempre Gerard, y en ese momento no iba a ser diferente.

- ¡Soy Gerard! Por mi honor, juro que no pasaréis de aquí. - Tras levantar su lanza, aguardó pacientemente a que los enemigos se acercasen desde la lejanía de la escalinata de piedra. Un grupo de seis soldados, algunos con espadas y otros con dagas, al parecer ladrones guerreros, avanzaban amenazadoramente hacia las puertas, subiendo la cuesta y pasando luego al camino de piedra.

El caballero tenía claro qué debía hacer. (Qué buena oportunidad.) Sí, había dejado atrás su trabajo oficial. No, ya no creía fervientemente en su inmortalidad como guerrero bendecido. Y no, ese no era un templo de Naga, sino uno de otro dios, Forseti. Pero aún así, sabía exactamente qué hacer. - Malaventurada gente de Silesse: es hora de que les enseñe la fuerza de Grannvale. - Luchar contra aquella amenaza era algo que no podía dudar hacer ni un momento. Como representante de Naga en el país helado, les enseñaría a los pobres Silessianos cómo luchaba la poderosa Grannvale. Pese a todo, su orgullo nacionalista solo se había visto mermado. No había desaparecido. Y sin duda, no dejaría que se volviese a repetir la derrota de su pasado.

Cargó, pues, hacia aquellos enemigos, dejando unos metros atrás los dos guardias que se hallaban apretando los dientes, sin saber muy bien qué hacer ante aquellos seres. - ¡HA! - El enemigo intentó defenderse, pero la inferior longitud de su arma no pudo bloquear la simple pero eficaz lanza de Gerard, la cual impactó exitosamente en el torso enemigo quien, debido a la inercia de la acometida a caballo del jinete, cayó de espaldas. El otro espadachín intentó contraatacar, pero Gerard no tardó en usar la velocidad que le brindaba su caballo para poner distancia entre ambos. Si su primer enemigo no había muerto, estaría gravemente herido. Era hora, pues, de pasar al siguiente. Sin embargo, prefirió ir a socorrer a los guardias del templo, que se encontraban intentando repeler a varios emergidos con daga. Su lanza impactó en el brazo de uno de ellos, logrando desarmarle. Pronto entabló combate con el segundo que había llegado, intercambiando ambos lanzadas y espadazos al rival.

Más soldados podían verse desde lo lejos, corriendo por la escalinata, dirigiéndose al templo ellos también. ¿Aguantaría Gerard hasta la llegada de refuerzos del interior del templo? Debía hacerlo. También para proteger a la joven que acababa de conocer.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Mar Ago 29, 2017 11:09 am

Sus ojos dorados, un tiempo símbolos de mala suerte, se fijaron en los verdes del caballero de cabello castaño. Siquiera le dio tiempo para continuar, de permitirle explicarse como era debido: él también los había visto, él también había luchado contra esos oscuros seres y había ganado, él, quizás más que cualquiera de allí, era capacitado para hacerles frente.

Pero se vio callado por el impetuoso hablar ajeno. Mentira. Se calló porque le pareció tierno su afán por proteger un templo en el que moraba una deidad que no era a la que profesaba lealtad, porque más allá de sus palabras, percibió que la excusa de enviarle dentro era para mantenerlo protegido, de alguna forma, de los oscuros enemigos que se acercaban como una plagia mortal. Eran pocos los humanos capaces de eso, Brynjar no  era humano del todo, él no contaba en sus conjeturas. Le vio montar a caballo, permaneció quieto y observando con atención hacia él y a la horda de emergidos que se acercaban corriendo a los peldaños que llevaban a las puertas principales del templo.

En un principio hizo caso, dio media vuelta y entró por segunda vez en el templo. Levantó su mirada, observando a la mayoría de clérigos asustados, sin saber con exactitud qué hacer. Las puertas eran gruesas, quizás... Suspiró una vez, levantó su barbilla y habló– ¡Escuchad, seguidores de Forseti!  –Todos voltearon hacia su pequeña figura; Suryha no parecía un guerrero, eso era obvio– ¿Hay magos entre su gente? –Las voces se levantaron, estaban susurrando entre ellos. Tras segundos, recibió dudosas negativas. Bien, ni ellos parecían preparados para la batalla– En ese caso, cerrad las puertas y no abráis hasta que todo se haya calmado por unos minutos –Dudaron: las puertas nunca habían sido cerradas para nadie, pero era una situación de necesidad. Al final, dos de ellos asintieron y se dispusieron a acercarse, cada uno, a una de las puertas, empezando a cerrarlas con esfuerza.

El oscuro manakete sonrió para si, una de aquellas sonrisas tan complejas que por un instante dejaba dudar si su naturaleza era luz u oscuridad, dio media vuelta y se alejó, salió del templo segundos antes de que las puertas se cerraran por completo con un fuerte resonar; un último soplo de aire cálido balanceó su cabello y bajó la mirada al suelo. Varios cuerpos inertes manchaban la blanca manta de nieve de un desagradable color oscuro y la sangre, saliendo de sus heridas, se desparramaba por el suelo, creando diseños abstractos, nada agradables a la vista aún así. Pero, los miró con neutralidad, acostumbrado a tales desdichados paisajes y a la presencia de los emergidos, que morían uno a uno sin que nadie llorara por ellos. Más que oscuros. Eran seres con un destino triste. Más allá del extraño sentimiento conocido que le producían, no sentía nada por sus muertes. Ni la menor lástima.

Buscó con la mirada a Gerard, encontrándolo un poco más allá, rodeado de enemigos. Más enemigos se acercaban desde lo lejos y, se preguntó seriamente si debía de dejarle salir con toda la gloria o ayudar un poco también. Uno de los emergidos, tirado por las escaleras y medio muerto, pero aún arrastrándose, pareció dispuesto a intentar un ataque suicida desde lo bajo– ¡Aaaah, me aburrí de solo estar viendo! –Levantó uno de sus pies, pisó la cabeza del ser oscuro y la golpeó contra las escaleras, con la misma neutralidad con la que se pisaba una cucaracha. Le vio removerse un poco, hasta que se quedó quieto, inerte en el suelo. Entonces volvió a apoyar su pie sobre la escalera en la que estaba y miró hacia el cielo.

... Que aburrida era la nieve ...

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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Miér Ago 30, 2017 7:40 am


Los escasos guardias del templo se encontraban en grandes dificultades ante la desventaja numérica. Aquellas extrañas hojas en manos de los emergidos lograron alcanzar el estómago de uno de ellos, dejando un enorme y creciente rastro de sangre, el rojo cubriendo la blanca entrada al edificio. El otro, aunque acabó logrando vencer en su duelo, quedó malherido por un arma equivalente. De repente, otro de los enemigos, que se había mantenido relativamente alejado, ligeramente agachado y moviéndose lateralmente, agitó la mano, no sin antes hacer ademán de que agarraba algo de su cintura y, tras quedársele mirando, arrojó algo.

El sonido del acero se pudo sentir en el aire, dirigiéndose hacia Gerard, que instintivamente defendió su cabeza y cuello con el brazo. Lo que impactó en el guantelete fue una especie de “arma” redonda, pequeña, de varias puntas. Por suerte, no logró penetrar, pero sin duda era un arma que Gerard no había visto nunca.

El caballero no desaprovechó la ocasión para contraatacar, propinando una fuerte lanzada dirigida hacia ese extraño enemigo, que se estaba dirigiendo a él amenazadoramente; por suerte, de nuevo la longitud de su lanza jugó a su favor y logró repelerlo, aunque no estuviese muerto todavía.

Sin embargo, los problemas no acaban ahí, pues la segunda oleada de enemigos apareció seguidamente. Su caballo dio un agudo bufido, retrocediendo un poco. Gerard, respirando todavía con dificultad por lo que llevaba de combate, no pudo evitar apretar los dientes, su rostro mostrando una comprensible preocupación por su situación. (Maldición. No puedo caer aquí, defendiendo un templo de otra fe.) ¿De verdad se acabaría todo allí? ¿Habiendo apenas empezado su viaje fuera de Grannvale? No había averiguado casi nada acerca de sus enemigos. No podía dejar que acabase todo allí. Y qué deshonra sería morir peleando por otro dios.  

Pero entonces, unas palabras resonaron en su mente. Palabras que había pronunciado él mismo hacía solo unos meses.

Juro solemnemente que en toda mi senda no deshonraré mi patria, sino que seguiré el camino del caballero en todo momento. Protegeré a los inocentes y combatiré al mal allá adonde vaya. Por mi reino y mi honor.

Defender a otra fe no era propio de él, no era aquello que había jurado en el pasado… pero ¿y defender a unos inocentes? Sí, era un caballero al servicio de Naga, espiritualmente. Pero la Diosa Creadora era bondadosa. Sus enseñanzas se basaban siempre en tender la mano incluso a los desaventurados. Ciertamente, en la Orden, no le estaba permitido combatir por fes ajenas. Pero las circunstancias de aquello eran cuanto menos inusuales. Al morir aquellos guardias, se estaba dando cuenta. Los emergidos eran enemigos de todos.

¿Acaso no había dejado atrás sus obligaciones como caballero al servicio del clero? ¿No era, en ese entonces, un caballero errante? Recordaba las palabras pronunciadas al renunciar a su puesto como caballero del reino, que a su vez fue después de haber perdido su rango como caballero templario de élite.   Sí… morir defendiendo a unos inocentes, aunque acabase siendo en vano, no estaría tan mal. Solo esperaba que Suryha y los monjes pudiesen retirarse por aquella otra entrada que había visto en el templo.

Sonrió con decisión, apuntando con la lanza una vez más a aquellos enemigos. (Mi Diosa, dame fuerzas para proteger a estos inocentes.) Ya no creía ciegamente en ello; solo podía desearlo. Que le enviase fuerzas, aunque nunca antes lo hubiese hecho realmente, aumentase o su fortuna de alguna forma, o le diese una señal sobre cómo vencer en aquella situación. Algo, por poco que fuese.

Pero entonces, la puerta del templo se abrió. ¿Refuerzos? No; saliendo de ella se encontraba de nuevo aquella dama, rematando con el pie al enemigo que se hallaba abatido. - ¡Suryha, os dije que os abarricaseis! - Gritó de forma tajante el castaño. Su frustración podía verse reflejada en su voz. Sin embargo, ¿qué era aquella extraña confianza, esa osadía que creyó ver en Suryha?  - ¿Está a salvo la gente del templo?
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Miér Ago 30, 2017 8:48 am

... Era realmente aburrida...

Les pedí que tuviesen las puertas cerradas hasta que esto se acabe –Proclamó. Ahora basta.

Levantó su mano, dejando caer el collar que tenía, revelando su dragonstone, una piedra azulada. La campanilla que tenía en la base resonó en silencio, pues el canto de la batalla era aún mayor. Se iluminó ante un deseo callado de su portador y con ella, el mismo cuerpo de Suryha también. Su pequeño y frágil cuerpo humano, pasó a ser siempre más y más grande, a adoptar la forma de un dragón de aproximadamente tres metros de altura. Cuando la transformación cesó y la luz se disipó, lo que quedó fue un majestuoso dragón de un color verde traslúcido que reflejaron la luz del helado sol. Quizás decir que era solo un dragón sería equivocado, tenía un aspecto extraño y misterioso. Seguramente habría logrado pasar desapercibido en medio de un bosque a la luz del sol.

Nunca había sabido que era con exactitud. Su madre. Mentira, ella no era su madre. Aquella mujer le había dicho en su momento que era un dragón diferente. La persona que amó le había dicho en su momento que  no necesitaba preocuparse, que todo estaba bien, que él era él, que no era nada más que él mismo. Miró hacia el frente, estudiando la situación. Sus ojos eran los mismos, dorados como el oro, pupilas rasgadas, como si fuese las de un gato. ¿Por qué debería luchar? Él no veneraba una deidad. Naga, Forseti, Ashera. Nada de eso importaba para él. Lo hacía porque quería, porque quería proteger aquello que quería proteger. Gerard le gustaba, era un muchacho curioso, tan fiel a sus creencias que por un instante pensó si podía corroerlas. Pero no, claro que no lo haría. Si hiciera tal cosa, perdería su encanto. Lo dejaría ser, lo dejaría elegir, de todas formas tenía tiempo para ver.

Consciente de que allí no podría moverse a gusto, desplegó sus alas de la misma tonalidad a un lado y otro de su cuerpo y sobrevoló una pequeña porción de cielo, haciendo sombra al sol. Cayó al suelo en un estruendo, en medio de los emergidos que seguían llegando. Probablemente quedaron aplastados bajo sus patas. Se removió, como acostumbrándose a su gran forma y buscó al humano que hasta el momento había luchado. Cuando lo encontró, dio la espalda a los emergidos que se acercaban y se movió al frente. Aplastó otro emergido con su pata, uno que se acercaba a Gerard. Se agachó y pegó su cuerpo al suelo, su hocico quedó apoyado sobre su pata y miró hacia el frente, donde, a escasos metros estaba el caballero.

Gerard. ¿Ahora sí vas a acabar con los que se me escapen? –Su boca no se abrió, sus labios tampoco se movieron y aún así, su voz sonó clara y fuerte, mucho más gruesa que la que poseía en su forma humana. Movió su cola a un lado y otro, arrasando así con los emergidos que seguían llegando hacia atrás, aunque pareció más un acto reflejo que la pura intención de hacerlo. Vio otro emergido llegar por uno de sus labios, intentando clavar su espada, pero, simplemente no pudo. Esta rebotó, casi causando que perdiera el dominio sobre ella. Suryha rió– Estúpidos –Si realmente querían herirlo, esa no era la manera adecuada. Quizás un dragón más joven sería presa más simple. Sus escamas no serían tan robustas, pero él, él aunque no lo supiese poseía más de un milenio de edad, sus escamas eran lo suficientemente robustas como para que no lograran dar con sus carnes con facilidad.

Pero el insensato oscuro volvió a intentarlo, ganándose la molestia del oscuro manakete a pesar de ser ahora solo luz– Molestas –Se movió, giró en dirección al ser y abrió sus fauces. Atrapó la mitad de su cuerpo, pero no lo rompió a mitad, sería demasiado disgustoso. En cambio, giró por el otro lado con rapidez, liberándolo. El emergido voló hacia un lado, golpeando el suelo nevado que había a metros más allá y de ahí, no volvió a levantarse. Suryha imitó el gesto anterior: apoyó su cabeza sobre una de sus patas, solo para así poder ver al humano con más claridad y más de cerca.  Quizás... Quizás era momento de que se moviera, pero quería ver su reacción. ¡Oh, sería divertido!

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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Jue Ago 31, 2017 6:40 pm


Estaban siendo desbordados rápidamente, y no parecía que fuese a haber refuerzos. ¿Y qué hacía Suryha? - ¡Es peligroso! ¡Atrás, o…! - Pero detuvo sus palabras en seco. ¿Qué era aquella sensación…? La joven reveló de repente un extraño colgante, y una enorme confianza al patear a uno de los emergidos caídos.  Lo que ocurrió a continuación hizo que las pupilas del caballero se dilatasen al máximo. ¿Orejas puntiagudas? ¿Sus ropas? ¿Aquel misterioso colgante? ¿Eso le había extrañado de Suryha? Nada comparado con lo que siguió a continuación: algo que nunca habría creído posible de no haberlo presenciado por sus propios medios.

El cuerpo de la joven crecía y crecía, cambiando de forma en su totalidad. En el mismo lugar del cuerpo de la joven, poco tardó en aparecer, como por arte de hechicería, una enorme criatura alada y escamada de un frondoso verde translúcido. Una bestia que no tardó en mostrar de qué era capaz, levantando el vuelo a lo alto. Era más grande que cualquier humano, de varios metros de alto y muchos de alto. La visión recordaba a la de un wyvern, pero... nada que ver. Se trataba de algo mucho más... divino. Los emergidos no se inmutaron, pero tampoco atacaron. Después de todo, ¿qué podían hacer ante una criatura así? Solo caer, ser aplastados. El majestuoso dragón, sin apenas esfuerzo, logró abatir de esta manera a varios de ellos.

¿Y qué podía hacer o decir el supersticioso Gerard ante el espectáculo delante de sus ojos? ¿Alguien que nunca en su vida había visto siquiera a un laguz, solamente había leído sobre ellos? ¿Un hombre tan religioso, que adoraba a aquella que se decía que era una diosa con forma humana capaz de transformarse en un dragón de luz? -¿N-Naga? Sois… ¿mi Diosa Naga, posándose ante mis ojos? ¿Habéis escuchado mi súplica? - El aspecto taciturno que había mostrado en el templo Gerard había desaparecido casi por completo. Su voz, llena de asombro y anhelo, se encontraba entonando los caóticos pensamientos del caballero.

No se lo podía creer. ¿Naga había bajado a la tierra? ¿Después de haberle abandonado de esa forma cuando más la necesitaba? ¿Sin haberse manifestado nunca ni siquiera en sus pensamientos? No… era demasiado extraño. Había una explicación mucho más sencilla y con más sentido.  - ¿O es que sois… un dragón divino enviado por ella? - Un emisario de la diosa en forma de dragón, como ella. Eso era lo que más sentido tenía a juzgar por la situación. ¡Y para colmo, su voz podía oírse perfectamente, sin siquiera mover la boca celestial! Cuánta majestuosidad. Cuánta exuberancia. ¿De verdad estaba volviendo el afán por lo divino de Gerard?

- ¡E-Entendido, sagrada emisaria! - Volvió en sí, concentrándose de nuevo en el campo de batalla.- ¡Este humilde caballero está a vuestro servicio, y derrotará a aquellos que vuestra merced decida dejar para mí! - Levantó la lanza, arma al cielo, su rostro recuperando su seriedad habitual, aunque sus facciones estaban más iluminadas de lo habituales, sus ojos, parcialmente brillantes.  - ¡La luz me guía! - Se lanzó, así, de nuevo a la carga, rematando a uno de los enemigos que había lanzado al suelo el sagrado ser.

El dragón emisario le miraba, expectante, y en vez de repartir destrucción de forma masiva, guardaba la entrada, eliminando a los enemigos de forma implacable pero limitada. ¡Era obvio lo que estaba haciendo! Se trataba de una prueba divina impuesta por la mismísima Naga. Habría tiempo para meditar en ello y poner en orden sus pensamientos y dilemas religiosos, pero en ese entonces, debía defender el templo, y con ello, superar tal encrucijada.

¡No podía fallar! Es por eso que, ignorando la estrategia inicial, se lanzó a la carga de lleno, totalmente temerario, hacia el grupo más grande de los emergidos, empalando al que se hallaba más cerca, usando su velocidad e inercia para placar a varios de ellos y lanzarse a la carga de nuevo. Los emergidos poco tardaron en ponerse todos en su contra, rodeándolo. Pero Gerard no temía. ¿Acaso podía morir?
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Vie Sep 01, 2017 6:26 pm

"¿N-Naga? Sois… ¿mi Diosa Naga, posándose ante mis ojos? ¿Habéis escuchado mi súplica?"

¡Oh! Por cualquier deidad que algún día pudo venerar; cualquier fuera esa ¿Ahora qué hacía? El balancear de su cola permaneció quieto, inmóvil. Tragó saliva imperceptiblemente y observó fijamente al otro. En sus facciones, no se entrevió nada de lo que estaba sintiendo: completa diversión. Fingió estar masticando algo, un simple acto reflejo. ¿Y ahora él que le decía? Porque... ¿Acababan de equivocarse con él? ¿Le creían una Diosa? Eso no sonaba tan mal al fin y al cabo. Volvió a mover su cola a un lado y otro, limpiando el suelo de emergidos empujándolos cuán por un lado, cuán por otro. Debía admitir, que el sentimiento era agradable, hasta se sintió algo orgulloso. ¿Pero qué pasaría si Naga se molestaba por eso y le enviaba un relámpago?

"¿O es que sois… un dragón divino enviado por ella?"

Cuadraba más ¿Qué decir? Como no sabía que era... Tampoco estaba mal llamarse dragón divino. Pero enviado por Naga... Como que no. El movimiento rítmico de su cola pasó a ser un golpeteo suave en la tierra nevada, probablemente ya no tanto por su barrido. Le gustaba eso, le gustaba eso. De hecho, a punto estuvo por decir algo si no fuese porque el otro se apresuró a añadir y entonces lo entendió todo. "Sagrada emisaria" ¡El pobre muchacho lo creía una mujer! Entonces sí, si ni el nombrarle dragón divino o el pensar que fuese Naga logró sacarle una carcajada, eso sí lo logró. Se tiró al suelo, golpeándolo con su pata, arañando la nieve como un gato lo haría con un árbol y rió. ¡Eso había sido demasiado! Pero, teniendo en cuenta ciertas cosas, ya ni le sorprendía. Aunque eso no quitaba que fuese terriblemente divertido aún así.

Sagrada emisaria, sagrada emisaria –¡Él no lo sabía! No sabía ser mujer, ni ser... ¿Emisaria? De Naga. ¡Oh, Naga! ¡Naga que no estuvo ahí cuando...! ¿Cuando qué? Su risa cesó y levantó su cabeza, mirando a un lado y otro ¿Y el humano?  Su grito de guerra de "¡La luz me guía!" hizo que mirara hacia atrás con curiosidad. ¿En serio? ¡¿En serio?! ¡Ahhh! Ese humano le agradaba como para dejar que fuese papilla de emergidos por pensar que la luz lo haría invencible. ¡Vaya ataque suicida! Se levantó cuán grande era, caminando a cuatro patas al tenerlo mucho más fácil y se acercó a la horda de emergidos, moviendo su enorme pata hacia un lado para quitar de en medio con un ademán a un espadachín oscuro muy cerca de Gerard y, usando cuidadosamente su cola formó un muro entre el caballero y los demás seres del mal. Le habría levantado como a un cachorro, pero estaba a caballo, pobre caballo si era dejado ahí solo.

Gerard... –¿Y ahora qué? ¿"Gerard, querido, puedes lastimarte"? ¿"Gerard, pequeño, su Santidad Naga no desearía que te aventaras tanto"? ¡Ugh! No, Santidad no era correcto ¿Entonces qué? ¿"Gerard, soy un hombre"? Presentía que eso le habría hecho sentir horrible. Volvió a ondear su cola con suavidad, sintiendo el tintineo de un arma chocar contra sus escamas. ¡Molestaban! Suryha rugió y se volteó de golpe contra uno de los seres oscuros a su diestra–¡Dejen de hacer eso! ¡Quiero pensar! –Nada. Volvieron a golpearle. Su cola cesó de moverse. ¿"Gerard, no soy un enviado de Naga"? Decir eso en medio de una batalla para proteger a Naga, era aún más horrible que hacer. Volvieron a golpear contra su costado. Esos... Levantó una de sus patas, aplastando al ser oscuro–¡Dije que estaban molestando! –Les volvió a recriminar.

Nuevamente repitió el movimiento: alejó a los emergidos usando su cola, con fuerza empujándolos hacia atrás, golpeando contra otros emergidos. Al menos, ahora debían de volver a levantarse del suelo– Escucha, Gerard –Empezó–Aunque me halague saber que me crees una emisaria de Naga –En realidad no le importaba mucho– En realidad no puedes actuar de forma tan temeraria. Sigues siendo humano de carne y huesos, morirás si te golpean... –¿Le sería suficiente eso? Para no lastimar sus sentimientos y desanimar al muchacho. Claro, para mantener un poco más el juego. Con la excusa que lo hacía por su bien– Así que... ¡No corras como un loco! – Y con esa último reprocho se agachó, llenó sus pulmones de aire y cuando abrió sus fauces, con intención a primera  imagen que echara fuego, en realidad solo salió una descarga de energía que pasó de poseer un color a otro. Al impactar contra los emergidos, cayeron al suelo, desintegrados. Eso tampoco era como con los dragones corrientes, extraño.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Dom Sep 03, 2017 7:45 pm


Por primera vez en mucho tiempo – en años, de hecho – podía combatir sin contenerse, pues sentía que en ese momento la Diosa le favorecía. En un rincón de su mente, todavía tenía dudas de ello, pues ¿qué significaría esa aparición?

¿Cuál sería la respuesta a todas sus incógnitas? Después de todo, no había seguridad real de su inmunidad, de su “bendición divina”. No podía estar seguro de ello, como lo había estado en el pasado. Es más: probablemente en un futuro próximo recordaría nuevamente la humillación del pasado. No obstante,  durante esa batalla, al menos hasta su finalización, no se contendría. Porque en caso de vencer de esa forma… tal vez habría estado equivocado en su crisis de fe.

Nunca realmente había rechazado su creencia, sino que se mantuvo siempre unido a las enseñanzas sagradas. Pero siempre, siempre había rogado para que se le enviase una señal, y más aún hacía dos años, tras ese aciago día. Sin embargo, por fin era la hora. Sus plegarias, súplicas y oraciones habían sido escuchadas.

Así seguía pensando mientras derribaba con vigor a los enemigos contra los que se había lanzado, a los que por suerte había tomado por sorpresa. - ¡Caed ante la luz de la justicia! - Lanzada tras lanzada, entre poderosas coces por parte de su fiel montura, casi tan temeraria como él mismo, logró abatir a varios emergidos de los que había allí, dejándolos incapacitados momentáneamente. Sin embargo, rápidamente tuvo que pasar a la defensiva, bloqueando la represalia en forma de hachas, espadas y flechas de los enemigos de ojos rojos.

Y entonces, llegó. Gerard vivió los segundos sucesivos casi a cámara lenta, sin poder hacer prácticamente nada, pues la dura realidad le golpeó una vez más cuando uno de los emergidos desvió su lanza a un lado, dejando vía libre al inminente ataque en cadena del espadachín que había justo al lado. Sus orbes siguieron el acero extranjero, que danzó en el aire, apartando a su paso los minúsculos copos de nieve que caía, irrefrenable, mientras internamente maldecía una vez más su osadía y un enorme haz verde invadía el ambiente, apartando la hoja a solo unos centímetros de su armadura… - ¡¿Qué?!  ¿”Un enorme haz verde apartaba la espada enemiga”?  ¿Qué estaba ocurriendo?

Los emergidos fueron abatidos en grupo, y pasaron a quedar solo unos pocos. Giró la cabeza: ¡La emisaria de Naga, Suryha! Su aliento divino había caído sobre los emergidos cual puño de la justicia sobre los malhechores. ¡Un poder de tal exuberancia y santidad no podía ser de ese mundo! - No soy digno de tal intervención divina, oh, sagrada emisaria. ¡Os lo agradezco! -  Sin embargo, el caballero no quedó cegado ni desaprovechó la oportunidad, pese al remolino de emociones que sentía, sino que remató con la lanza a uno de los que había quedado en el suelo. Después de todo, esa era parte de su prueba. No podía flaquear.

¿Qué acababa de decir? “Sigues siendo humano”. Tal y como le había dicho aquella clériga hacía tanto tiempo. ¿Le estaba intentando decir algo la Diosa? ¿Estaría reafirmando las palabras de su joven salvadora hacía dos años?  Necesitaría horas de meditación y oraciones para ordenar sus pensamientos al respecto… pero no era el momento, pues aunque los emergidos dejaron de llegar, algo le decía al caballero que no estaban fuera de peligro todavía.

Y efectivamente, había una perturbación en los cielos. Al levantar la cabeza, ahí estaba: una silueta sombría se vislumbraba a lo alto, danzando entre la ventisca grácilmente. - ¿Refuerzos? ¿Jinetes de pegaso silessianas? - Sin embargo, al bajar de altura y posarse a lo alto del templo, Gerard pudo ver los mismos orbes rojos en la jinete de aquel pegaso. Esas pupilas que tanto caracterizaba a sus nuevos enemigos, las mismas que había visto hacía dos años. Era una emergida. Y a juzgar por los colores de su armadura, tamaño y porte, por no hablar de esa horrible arma de asta que llevaba, cuya punta se dividía en dos ramificaciones dentadas…

- Debe de ser su líder.- Dijo en alto a la vez que levantaba su lanza para apuntar a ese engendro de la oscuridad.  - ¿Por qué atacáis un templo, malandrina? - No hubo respuesta. Por alguna razón, Gerard se esperaba ya aquella ausencia de reacción; una peculiaridad más en aquellos misteriosos soldados. ¿Cuáles serían sus secretos?
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Mar Sep 05, 2017 6:07 pm

¿Justicia? ¿Qué era eso? ¿A qué se le podía llamar justicia? ¿Era justicia la de asesinar personas? ¿Era justicia aquella que usaban los buenos para acabar con los malos? Bajó un poco su enorme cabeza, casi a la altura del suelo. Relamió sus labios. ¿Qué le daba a la justicia la capacidad de distinguir entre el bien y el mal? Porque hasta donde podía imaginárselo, si detrás de esos ojos rojos había juicio, probablemente ellos fuesen los malvados, aquellos que debían ser aniquilados. Le causaba gracia, terrible y etérea gracia saber que Gerard levantaba su arma en nombre de la justicia y acababa con vidas, aunque fuese para salvar otras. Él no era justo, oh, lo sabía. No luchaba por la justicia, luchaba porque quería, porque se había aliado a un bando, porque se le antojaba proteger ese débil humano.

Él era malvado, malvado bajo el punto de vista de cualquier ser. Podía de la nada volverse en contra del ser que estaba resguardando y aplastarlo con su enorme pata, podía abrir sus fauces y saborear su sangre. Pero no lo haría, lo prefería vivo, le era mucho más útil vivo que muerto. Por ejemplo, podría seguir escuchando sus halagos; aunque no supo bien como tomárselos. Se preguntó en ese momento que pasaría si le fuese a dar una orden, qué pasaría si de la nada le dijese avanzar, poner su vida y alma en peligro por su simple antojo. Creer en algo, apreciar algo, hacía que las personas fuesen frágiles, que tuvieran un lado débil, vulnerable. ¿Hasta qué punto llegaría su fe?– Gerard –Volvió a llamar su atención en el pequeño momento de calma que se formó después de que los enemigos cayeran como moscas ante él.

¿Matarías si te lo pidiera? ¿Pondrías tu vida en peligro, darías tu sangre como sacrificio si ese fuese mi deseo? –Sus ojos, dorados, gatunos, miraron hacia Gerard y en sus labios inexistentes se asomó una sonrisa. Seguía hablando sin abrir sus fauces, sin mostrar sus colmillos. Esa forma suya era poderosa, era maldita. Los recuerdos habían empezado con su transformación ¿Seguirían apareciendo de seguir mutando a ese ser escamoso? No le molestaba, lo controlaba, era total dueño y señor de si mismo ¿Pero durante cuanto más? La llegada de nuevos seres le resultó hasta indiferente. Removió su cola hacia un lado, aún teniendo su cuerpo pegado al suelo, a espaldas del humano. Su cabeza, gacha a un lado suyo se levantó hacia la jineta. Volvían a interrumpirlo mientras hablaba ¡Que descortesía por de su parte!

No hubo respuesta,
absolutamente nada.
Como siempre.

No abrirán boca, Gerard. No darán explicaciones. Son simples muñecas oscuras, comos siempre –Pero la lanza que llevaba, esa sí tenía una forma particular, realmente repugnante, le desagradaba, si solo... La jineta se movió, hizo bajar de un rápido movimiento su caballo alado y, empuñada la lanza intentó golpear antes al dragón de, ahora, por el sol y la nieve, pálidas escamas– Estúpida mujer –Bufó. Consciente de que una lanza cualquiera no sería capaz de profanar sus escamas, interpuso una de sus alas ante ella y él, con intención de parar el golpe, de mandarla lejos de un aletazo, tal como se merecía su gente por tomarse demasiada libertad. Pero, su maldita lanza logró dañar su ala. Sus dentadas bifurcaciones rompieron sus escamas y se adentró en sus carnes, probablemente más débiles al ser sus alas. Suryha abrió sus fauces, soltó un gruñido e hizo lo que en un principio tenía planeado, usó su ala lastimada para empujarla lejos, no tanto como habría deseado de todas formas.

Volvió a bajar, a pegar su estómago contra el frío terreno y dejó hacia un lado su ala, extendida sobre la nieve en un intento de que el frío calmara el ligero dolor que sentía . Cerró sus ojos– Su lanza es extraña, ten cuidado con ella... –Murmuró en bajo, volviendo a abrirlos al instante, atento.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Miér Sep 13, 2017 7:43 pm


“Muñecas oscuras”. Sí, no habría podido decirlo mejor. Cuánta sabiduría derrochaba. Sin duda, un ente sagrado al servicio de la Diosa Creadora. Más misteriosos vocablos vinieron a continuación por parte de la santa voz de Naga, que se encontraba a solo una docena de metros de distancia, cuyas notas surgían sin siquiera necesidad de que el dragón moviese la mandíbula. Aquellas palabras… ¿qué significaban? ¿Sería parte de su prueba? Usó todo el tiempo que tenía disponible para meditar la respuesta.

- Sirvo a la Diosa. - Se llevó la mano que tenía libre al corazón, su cuerpo resonando con aquellas palabras. - Si vuestra voz es la suya, entonces mi lanza es vuestra. Abatiré a tantos siervos de la oscuridad como me sea posible, a vuestro comando. - Su fe, su enorme fe del pasado. Ya no era tan religioso como antes, o eso pensaba. ¿Pero cómo podría explicar aquella criatura si no como la aparición en la tierra de la Diosa, aunque fuese a través de una emisaria? Los versos de siempre eran lo que le parecía más oportuno en el momento. Sin duda necesitaría un largo tiempo para meditar sobre aquello.

La emisaria entabló combate contra aquella diablesa de ojos carmesíes. La danza que estaba teniendo lugar representaba la luz contra la oscuridad, a los ojos atónitos de Gerard. Suryha era veloz, pero la agilidad que mostraba la emergida le permitía esquivar sus ataques… y contraatacar con su temible lanza dentada. - ¡Emisaria! ¡Dejádmela a mí! - ¿Había sido herida? ¿Qué herético artilugio era aquella arma de asta? Con un cúmulo de ira en sus ojos, gritó hacia aquella enemiga tan formidable. - Servidora de la oscuridad, siento deciros que aunque seáis una dama, no me contendré. ¡Preparaos! - A pesar de la desventaja de altura, empezó a cargar hacia donde estaba teniendo lugar el duelo, ondeando la lanza tanto como le fuese posible, pues debía atraer su atención lo antes posible, al menos hasta que la dragona se pusiese a salvo o se recuperase.

Poco tardó en fijarse en él aquella diestra lancera, que dirigió casi de inmediato a su caballo alado, blanco como la nieve de la ventisca, hacia el del caballero. Durante su recorrido, fue bajando progresivamente de altitud, invitándolo a una danza mortal en la que sin duda solo uno saldría victorioso.

- ¡Por los Doce Cruzados! - Y cargó, como tantas veces lo había hecho ya en el pasado, con casi el mismo fervor que aquel día. O tal vez, tan solo se estaba convenciendo de ello. Quería creer, al menos durante esa refriega, que Naga, después de todo, no le había abandonado. Así pues, realizó una temeraria carga, con la lanza en alto, aparentemente expuesto en su totalidad. Si algo salía mal, acabaría empalado por la lanza enemiga, lo cual inevitablemente acabaría con su vida.

Y mientras cabalgaba, mientras algunos copos le caían en su rostro, por unos segundos la mente de aquel caballero, aparentemente suicida, divagó.

- ¡Por Naga! ¡A la carga! -

El sagrado tronar de la caballería. Los gritos fervientes de los siervos de la Diosa.



El choque de metales.

- ¡Señor, nos rodean! ¡AAAAH! -

Las armas alcanzando los cuerpos de sus hombres.

- ¡N-No se mueren! ¿Qué hacemos?-

Sangre en el aire, cadáveres de hombres y caballos acumulándose en el suelo.

...


Cuando abrió los ojos, volviendo de su trance, la expresión de Gerard cambió. No. No iba a cometer el mismo error de nuevo. El raciocinio de Gerard recordó en el último momento la humillación de hacía dos años. Aquel primer encuentro contra los emergidos no iba a repetirse.

Sus manos dirigieron las riendas de su caballo hacia un lado. Sterk, fiel como ningún otro corcel, interrumpió su carga desviándose a un lado. Y efectivamente, la emergida pasó de largo. Es más: siguió un poco más con su carga. Todavía faltaban unos segundos para que pudiese corregir su rumbo; ¿se habría dado cuenta Suryha de su intención? Levantó su lanza, intentando hacerle una señal.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Jue Sep 14, 2017 4:56 pm

Permaneció a un lado, fijando sus ojos más rasgados ahora por su forma dragón en la silueta del caballero. ¿Era un suicida acaso? Bien que pretendiese ayudarlo, salvar su vida porque era, según el otro, una divina emisaria de la Diosa Naga, Diosa a la que, ya ni cabía decirlo, él no rezaba ni creía. Pero, de todas formas, una lanza capaz de dañarlo a él, aún sabiendo que sus escamas eran duras, sin lugar a dudas debía ser algo particular y que Gerard, pensando quizás erróneamente que con su presencia ahí era invencible, estuviese atacando directamente, era una locura. Pero debía recordar como anteriormente se había lanzado al campo de batalla, en medio de todos aquellos repugnantes seres. Tal parecía ser que Gerard, cuando realmente lo deseaba, podía ser un loco.

Aún así estaba demasiado lejos, incapaz de poder ayudarle tal fácilmente de necesitarlo, su ala aún dolía y al final, solo pudo permanecer observando como el otro cabalgaba contra el mal. Sonrió en sus adentros y si realmente existiera algún Dios, le habría agradecido por la repentina lucidez del caballero al esquivar la jineta. Suryha se levantó, haciendo caso omiso de la herida en su ala y, llenando su estómago de aire, no tardó en avanzar unos grandes pasos al frente, hasta que se consideró satisfecho y ahí, exhaló su halo de energía que, dejó en llamas a la mujer y su montura. Cuando ella cayó al suelo, entre quejidos, él también cerró su mandíbula, dejando solo por segundos al descubierto sus afilados colmillos– Quémate en las llamas del infierno... –Musitó en bajo, riendo de forma nasal en bajo antes de mirar a su alrededor.

Solo era un campo de batalla, uno como muchos otros, solo que, por la situación, los únicos que habían caído habían sido los emergidos provenientes de tierras que él, al menos en parte conocía. Debía admitir que era una escena desagradable, tantos cuerpos muertos, sin aliento, unos quemados, aplastados, manchando el suelo blanco, impoluto de sangre que había terminado por coagular ya desde hacía un tiempo. Era igual que en Mitgard, la misma, desagradable escena. ¿De donde provenían? Hacía cincuenta años siquiera podía habérselo imaginado ahora en cambio, era tan usual que casi daba miedo. Pero, no era la muerte de sus enemigos que le preocupaba, sino la insensatez humana. Nuevamente desvió su atención hacia las guardias del templo, temblorosos por la batalla y finalmente bajó a Gerard y a su caballo. Se volvió a mover, usó sus patas, más robustas y fuertes que sus pies y manos humanas para caminar, balanceándose por las prisas y su gran tamaño hacia el muchacho humano.

Y ahí, levantó una de sus patas, empujándolo al suelo desde el caballo, asegurándose que, más allá del golpe, ni él ni su montura acabaran lastimados. Lo apresó con sus dedos escamosos y casi más grandes que el mismo humano. Sin hacer fuerza, solo pretendiendo mantenerlo quieto, se agachó sobre él, clavando sus uñas afiladas en la nieve–" Mocoso, no seas insensato "–Musitó con seriedad, entreabriendo sus mandíbulas, dejando ver la oscuridad rojiza de su boca y la blancor de sus dientes puntiagudos. Escapó vaho, perdiéndose en el frío del ambiente–" La que dijiste es una estupidez. '¿Si vuestra voz es la suya, entonces mi lanza es vuestra?' ¿Que abatirás por ella? " –Gruñó en bajo, era solo un niño, claro. Cerró su boca, la luz volvió a rodearlo por completo y a diferencia de antes, su figura fue restringiéndose hasta que solo dejó la humana, sentada sobre el estómago del caballero, su mano, suave, estaba sujetando su cuello.

Dime, Gerard –Empezó, alejando lento su mano del cuello del otro, relajando sus hombros hasta el momento encordados. Su dragonstone aún brillaba con suavidad ante los rayos de sol colgando de su cuello– ¿qué diosa te pediría luchar por ella hasta el último aliento? ¿qué Diosa te pediría acabar con vidas en su nombre? –Y esbozó una pequeña sonrisa, calmado. Entrecerró sus ojos y lo miró fijamente– Tu vida es importante, no tendrás otra y si mueres, solo dejarás atrás personas enfadadas contigo. A ellas no les importará por qué causa luchaste. Ellos solo te quieren a ti vivo... Si alguna vez alguien te pida luchar hasta la muerte por ella, quizás no sea tu Diosa, ni siquiera te lo pienses –Apoyó sus manos sobre el pecho frío del caballero y se incorporó, echando hacia atrás su cabello, olvidando por un instante la piedra colgando, el escozor de la herida en su brazo, aún sangrando con suavidad. Extendió una mano hacia Gerard y le sonrió amistoso– Tardaste demasiado en responder. La respuesta correcta habría sido: NO –Fue su simple resumen.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Vie Sep 15, 2017 2:40 pm


Con su divino aliento, un haz de energía, Suryha logró derrotar a aquella temible lancera alada, que poco tardó en morir abrasada en sus llamas de la justicia. ¡Eureka! Con una leve sonrisa de satisfacción, llevó la vista a su mano libre. La luz vencía de nuevo, y Gerard adquiría tanto experiencia como conocimientos sobre aquellos monstruos. Lo había logrado.

Aunque... - ¿Llamas... del infierno? - ¿Qué acababa de decir? De no tratarse de una emisaria de Naga, habría sospechado herejía. Con la mente llena aún de preguntas, posó la vista sobre el campo de batalla. Efectivamente, no había más refuerzos enemigos. Por lo tanto, podrían descansar, así que se dispuso a bajar del caballo, cuando… - ¿¡Qué!? - Sterkenburg terminó al suelo, y su amo, entre las garras del enorme dragón de jade. No… ¿habría fracasado la prueba? Intentó resistirse, pero su fuerza era arrolladora. ¿Acabaría allí su corto viaje? ¿Castigado por la voz de la Diosa?

Y sin embargo, lo que ocurrió fue un proceso casi tan divino como el que había observado inicialmente. Sus ojos atónitos observaron cómo el dragón fue encogiéndose. Su cuerpo se acortó hasta una forma humana. Las escamas pasaron a ser piel; las fauces, simples componentes de una dentadura humana. La emisaria había vuelto a su forma mortal, aún tomándole presa. Gerard sabía qué significaba, y efectivamente, el juicio divino estaba presenciado por una reprimenda.

Fue incapaz de decir nada. Solo bajar el resguardo, siendo invadido por el desasosiego y la realización de que, por primera vez, no encontraba las palabras para demostrar y defender su enorme fe.



No. No era la primera, sino la segunda. Dos años atrás había adoptado el mismo semblante atónito, tan diferente de los rasgos impasibles que tanto caracterizaban a Gerard, cuando se dio cuenta de su mortalidad. Y acababa de cometer un error semejante. Era comprensible; el caballero nunca había visto a un laguz, mucho menos un manakete. Pero había errado de nuevo.

Era cierto que había rectificado en medio de su carga, una que muy probablemente habría significado su muerte. Años atrás, no lo habría hecho; habría seguido cargando hasta ser empalado por aquella terrible arma de asta. Pero lo había logrado. Era un avance, si bien no perfecto. Lo ocurrido en su pasado había resonado hasta el presente.

Sin embargo, mantuvo los ojos cerrados. Si no era digno de ser aplastado por fauces draconianas, aceptaría el juicio de la forma humana de Suryha. Y sin embargo, no vino ningún apretón sofocante. Ni una gota de sangre brotó de su cuello. Solo notó una ausencia repentina de calidez; Suryha le había soltado.

- Tenéis razón; he pecado. - Vacilando antes, decidió tomar la mano de la joven para reincorporarse. La miró durante unos largos y tendidos segundos, meditando sobre lo que había dicho, y… acabó postrándose a ella en una enorme reverencia. - Gracias por compartir vuestra sabiduría y perdonarme la vida, oh sagrada emisaria. Recordaré vuestras palabras. - Cerró los ojos para acabar de asimilar sus notas. Su vida era suya. Sí. La Diosa nunca le pediría dar su vida por ella, pues al fin y al cabo, era la Diosa Creadora, de la Bondad.

Sin embargo, reparó en algo cuando los volvió a abrir. - Estáis herida. - Había sido alcanzada por aquella terrible lanza, pero… ¿la había herido realmente? ¿Y seguiría siendo vulnerable en su forma humana? Valía más prevenir que curar, por lo que tenía que ponerla a salvo. - Los Silessianos no son famosos por sus artes curativas, mas sin duda habrá algún clérigo que os ayude. Acompañadme, sagrada emisaria. - Le ofreció a la emisaria pasar uno de sus brazos por el hombro de Gerard, para así ayudarla a caminar. La habría tomado en brazos de tratarse de otra damisela sin más, pero nunca se atravería a tal osadía ante una sirvienta de la deidad.

Poco a poco, la puerta del templo fue abriéndose, y de ella surgieron varios individuos para comprobar que el terror había pasado. Habían vencido. Solo faltaba atender a los guardias heridos, y a su… examinadora.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Suryha el Vie Sep 15, 2017 7:35 pm

Oh, Gerard. No has pecado –Sonrió. ¿Qué era pecar? Para empezar ¿Alguna vez alguien había escuchado las palabras de la Diosa para saber que estaba o no bien hecho? ¿Alguien alguna vez había sido reprochado por ella? ¿Alguna vez le había gritado por matar o agradecido por salvar? Que él supiera, nunca nada de eso había sucedido – Solo fuiste incauto, nada más "Si no me interesaras, ni siquiera habría movido un dedo para ellos"  Realmente era la curiosidad que lo movía. Consideró que decirlo sería una estupidez, sobretodo cuando seguía considerándolo una emisaria enviada por Naga. ¿Estaría quizás blasfemando el nombre de la Diosa? Como ya dicho, no creía en su existencia, no como una Diosa omnipotente, por lo que, no recaía en ella el deber de castigar sus acciones.

Fue entonces, ante las palabras del otro que se percató del hecho que estaba sangrando. Levantó una de sus manos hacia su hombro, palpando la cálida sangre, tan parecida a la de los seres humanos que era sorprendente pensar que eran razas totalmente diferentes – Es cierto... Maldita lanza extraña que llevaba esa jineta... Ninguna otra había logrado dañarme... –Sus escamas eran lo suficientemente fuertes como para impedir que las espadas y lanzas lograran penetrar en sus carnes. Desconocía el motivo, desconocía el poder de su propio cuerpo pero suponía que era motivo suficiente para creer que poseía más edad de la que recordaba realmente tener – En realidad no es nada y... –Le miró, por un instante dubitativo – Estoy bien –Sonrió de lado con suavidad, aún así, aprovechándose un poco de la amabilidad contraria se apoyó en él; hacía frío. Quizás por sus años pasados en las profundidades de la tierra, o porque era un reptil al fin y al cabo, pero el frío le desagradaba y, con el tiempo se había dado cuenta que el calor más agradable era el de un ser vivo.

¡Suryha! ¡Por fin os encuentro! –Paró sus pasos, parpadeó y volteó hacia un jinete sobre caballo, sus rasgos le hacían darse cuenta al instante que pertenecía a la Isla de Nitfheim, uno de los hombres que lo habían acompañado en espera del Jarl– ¡Tengo una correspondencia de parte del Jarl! –Suryha se desprendió de Gerard con la misma facilidad con la que se había apoyado y bajó de vuelta las escaleras hasta dar de hombre de clara cabellera que extendía con cierto recelo el rollo de papel hacia el manakete. El de dorada y larga cabellera lo tomó, abrió sin preocupación y en silencio se dedicó a leer lo que en ella estaba escrito... Así que... Suspiró, cerrando el trozo de pergamino para devolvérselo al hombre y entonces, volteó nuevamente hacia Gerard y los monjes del templo, dudosos de si ayudarlo con su herida o esperar. Les hizo un señal con la mano para que esperaran y fijó sus dorados ojos en Gerard.

Me pidieron que vuelva, me necesitan en Mitgard –Sonrió más marcado y se movió de nuevo, avanzando hacia Gerard, subiendo los escalones que los dividían– Estoy bien, no necesito que se preocupen. Tomaré un vulnerary y dormiré de vuelta a Nitfheim –Normalmente, para ese tipo de cosas dormir bastaba. Hizo tal y como dijo, destapó una pequeña botellita y bebió su contenido, parando unos momentos. Cuando tragó y sus efectos empezaron a sanar, volvió a avanzar hacia Gerard, guardando el vulnerary en el interior de su capa oscura– Agradezco tu ayuda y compañía. A parte de que eres a veces eres algo imprudente, eres un muy buen caballero –Tomó sus manos, ensanchó su sonrisa– Te quedan dos opciones: o permaneces en Silesse, o me acompañas hasta Mitgard y ves algo nuevo –Se inclinó al frente, besó su mejilla con suavidad y sin alejarse aún, sonrió de forma algo pícara y le susurró:– Me temo no ser una emisaria de tu Diosa, lo siento. Además: soy un hombre –Todo aquello le susurró, suave, cerca de su oreja. En parte para no hacerse oír de los demás, en parte curioso por ver su reacción.
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Re: [Campaña de liberación] Una prueba de fe [Priv. Suryha]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Sep 16, 2017 8:51 am


Gerard inclinó la cabeza ante aquel comentario de la semi deidad. Estaba demostrando piedad por segunda vez hacia su humilde persona, pues aunque ella no lo decía, el jinete sabía que realmente sus palabras habían sido pecaminosas. Pero tenía esperanzas. Si le había dado otra oportunidad, no pensaba desaprovecharla. Si bien había fracasado en su prueba de fe, recordaría siempre aquellas palabras que le había dirigido.

De todos modos, la fatiga de la batalla se hacía aparente en el caballero, y sin duda su montura también necesitaría descansar. Miró hacia atrás mientras esperaba a que Suryha se apoyase en él. El rojo que teñía la antes blanca nieve, así como los cadáveres que decoraban la entrada y los alrededores del templo, constituían sin duda una profanación de aquel sagrado lugar. Pese a que no era Forseti el Dios al que había jurado seguir, no era una vista agradable para él.

Retornó su vista a la joven. Al notar su brazo reposar en el hombro del jinete, se percató de que pesaba más de lo que esperaba de una mujer de su edad. Pero negó con la cabeza; seguro que debía de ser por su divina forma dracónica. El peso de la luz era un privilegio, no una carga. Sobre todo al ser elogiado por ella. - Vuestras palabras están malgastadas en mi persona, oh Voz Divina. - Le costaba no sonreír. Había suspendido, pero tal vez no por mucho. Al menos, su diligencia como caballero había sido apreciada.- Tened cuidado. Esa lanza debe de haber sido un artilugio extremadamente herético y oscuro como para haber dañado vuestra ala divina. - Emergidos que parecían proceder de otras tierras, con armas totalmente nuevas para él. Tal vez esa lanza volvería a aparecer en un futuro. Y estaría preparado.

Y entonces, un mensajero apareció de repente, poco después. De no ser por su cara atónita al ver el escenario que había frente al templo, le habría acusado de cobarde, pues su sospecha inicial fue que había esperado a que la refriega acabase para aparecer. Sin embargo, la propuesta de Suryha acaparó su atención. Se quedó unos segundos pensando, con la mirada desviada y su mente concentrando los conocimientos geográficos de los que Gerard contaba sobre Jugdral. El ducado al norte de Silesse, recientemente independizado. Había conocido a un caballero de allí, haría ya unos tres años. Su voz grave entonó la respuesta. - En ese caso, aceptaré de buen grado vuestra oferta. Os acompañaré a Mitgard. - Asintió con la cabeza. Sí, sería el siguiente destino de su viaje.

Su mente rondó un poco más… hasta que una sensación de calidez y ligera humedad invadió su ser desde la parte izquierda de su rostro. De su color natural pasó a un rubor más que notable, y tras las palabras que vociferó, de vuelta al original, todo en el pasar de unos segundos. - Emi…- ¡¿Qué estaba diciendo?! ¡Aquello era inverosímil! ¿Qué otra cosa podía ser, si no una emisaria de la mismísima Diosa? ¿Cómo podía ser?

Y entonces, para colmo, sin poder asimilar la primera parte de la información, Suryha no tuvo piedad de él y le lanzó el segundo explosivo. - ¿Ho-hombre?  - ¡¿Qué qué?! ¿Una mujer tan atractiva era un hombre, como él? ¡¿Qué brujería era aquella?! Su vestimenta, su cabellera, sus rasgos… Pocas veces había estado Gerard tan sorprendido como aquella vez. Uno de sus ojos se quedó abriéndose y cerrando, en una serie de parpadeos incompletos, casi un tic. Le acababa de besar un hombre, aunque fuese en la mejilla.

Y allí, se quedó, como un pasmarote, bajo el frío helado, durante casi un minuto. ¿Cuál de las dos revelaciones habría tenido más impacto en el caballero? Solo los dioses lo sabían. El desenlace de aquel encuentro acontecería en Mitgard; tal vez para cuando llegase habría puesto en orden la vorágine de lo sucedido en aquella ocasión…
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