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[Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

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[Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Jue Jun 29, 2017 5:55 pm

El barco había anclado. El sonido del mar era apagado por las voces de las personas que iban y venían. El Puerto de Friege estaba rebosante de vida a pesar del clima que se cernía sobre ellos: Frío, húmedo y nublado. La maga mostró una sonrisa resignada mientras se abrazaba a sí misma, frotándose los brazos con las palmas de sus propias manos. Un suspiro tembloroso escapo de sus labios, el pensamiento de que quizás sería recomendable comprarse una capa vino tan rápidamente como se fue. Tenía otras prioridades, tan solo estaría en Grannvale por un par de días: mientras duraba el periodo de plancha.

Mientras descendía de la embarcación la Hoshidana emitiría un bostezo. Había descubierto en el trayecto de que su cuerpo se relajaba enormemente al estar sobre un navío. Lo agradecía, ciertamente no le gustaría estar como aquellas personas que sufren de mareos y vómitos arriba de un barco: prefería la somnolencia. Cuando pisó tierra firme se permitió observar a su alrededor, apenas brevemente antes de hacerse hacia un costado. No quería entorpecer el descenso de los otros pasajeros.

Las palabras de los marineros que ayudaban con las labores de desembarco llegaron a sus oídos con facilidad: los hombres prácticamente se gritaban de un lado a otro con tal de hacerse oír sobre la muchedumbre. Poco más de una semana, nueve días si se quería ser exactos, tenía para recorrer el sitio antes de que el barco zarpase nuevamente del puerto. Esta vez, rumbo al continente de Tellius.

Nerviosa, torció los labios en un gesto inconforme. Akaenia no estaba en buenos términos con Jugdral… pero para llegar a Tellius, con quienes en teoría había relaciones neutrales, debía pisar este puerto. Y eso la tenía preocupada y un tanto ansiosa. Debía encontrar una posada donde pasar los siguientes días, e incluso si así no lo quería quizás si sería buena idea el comprar un par de trajes a la usanza local. Sus ropas de por si llamaban demasiado la atención, y si bien ella no tenía ni traía intenciones hostiles hacia el país, nada le aseguraba de que los pobladores no intentasen nada en contra de su persona.

“No, no pienses mal”. Se recordó, suspirando nuevamente. Estaba bien estar alerta a sus alrededores, pero no era correcto dejarse guiar por la paranoia y avanzar como si estuviese en medio de un territorio enemigo. Simplemente debía ser cordial y amable, y esperar que las personas respondiesen del mismo modo. ¡Debía ser optimista!

Con eso en mente, comenzó a caminar adentrándose en el puerto. Dejando atrás el barco, comenzando a observar con la curiosidad típica de un extranjero a sus alrededores. ¡Era todo tan distinto! Las ropas, los colores, los rasgos faciales de las personas. Poco a poco su curiosidad fue sacando lo mejor de ella, causando que una sonrisa sutil y divertida se posara en sus labios. Se le hacía peculiar de que a pesar del mal clima hubiese tanta vida en el sitio, pero al mismo tiempo era eso lo que de alguna extraña forma estaba consiguiendo relajarla.

“Oh...¡Un mercado!”, pensó apenas vio los puestos a algunos metros de distancia: mesones de madera con tejado de tela, comerciantes que ofrecían a viva voz sus productos, cajas donde se vendían frutas y verduras, pequeños kioscos repletos de diversas cosas. Con emoción la maga acelero un poco su paso. No quería chocar con los trabajadores, así que avanzo lo más cuidadosa y atenta que pudo dentro de sus prisas. Momentáneamente había olvidado sus preocupaciones.
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Jue Jun 29, 2017 6:48 pm


Su estancia en la gran ciudad portuaria de Friege seguía. Llevaba varios días allí, pero lo que había aprendido ya valía la pena. En aquella ocasión también había ido al puerto, vigilando los barcos que llegaban, en busca de algo de información que le diese alguna otra dirección… o de algún otro soldado  que aprovechase para incumplir su labor. ¿Cómo era posible que hubiese tantos así, en tiempos de guerra? Suspiró. Toda una vergüenza para el honor de Grannvale.

El tiempo era nublado, pero su fiel capa ondeaba orgullosa en sus hombros, sobre su uniforme. Era la primera vez que había salido de la posada sin su abrigo, pero pensó que, a pesar de los posibles rumores que podrían surgir, le vendría bien intentar las cosas desde otro ángulo. Así solía decir siempre su hermana mayor, Agnès.

Tras dar un pequeño rodeo examinando los barcos que habían llegado, se dio cuenta de las extrañas decoraciones de uno de ellos. Esos símbolos… Había un volumen que había leído hacía cosa de unos años: “Emblemas de los reinos conocidos”. Si no se equivocaba, aquellos símbolos eran de un país en el lejano este de Akaneia, el continente al sur de Jugdral: el país de Hoshido. De aquel lugar solo había leído descripciones en libros. Miró curioso el muelle donde había embarcado dicho navío; ¿habría alguien procediente de Hoshido? Lo único que alcanzó a ver fueron marineros mercantes, y personas con la misma indumentaria. Tal vez los civiles habrían ido ya a hospedarse en alguna posada, o se habían quedado en el barco. Posiblemente para evitar posibles roces con los locales, pues… las relaciones entre ambos continentes no estaban precisamente por todo lo alto.

Registró un poco más los alrededores con la mirada, pero no parecía haber nada más en los muelles. Suspiró de nuevo. Tal vez aquel sería un día sin pistas. Eso pensaba Gerard al pasar por el pequeño mercado que habían montado justo en la salida de los muelles, aún en el puerto… cuando vio alguien que le llamó la atención de inmediato.

De baja estatura, aunque no demasiado para una mujer, frente a una paradita de comercio se hallaba una joven de cabello oscuro y piel clara, mirando con una muestra de curiosidad y alegría los negocios locales. Sus ropas… no las había visto nunca por allí. En Grannvale, las jóvenes doncellas solían llevar corsés ajustados y vestidos de dobladitos, o, de estar en el ejército, armaduras, como los hombres. Pero en cualquier caso, tapaban bastante el cuerpo, también a los varones. Mas aquella indumentaria le era totalmente nueva. Una falda corta, una especie de tela que recubría sus piernas, unos brazaletes que iban a juego… no pudo evitar quedarse mirándola unos segundos, hasta que por fin se dio cuenta de que alguien podría tomarse la idea equivocada. Negó con la cabeza, volvió a su expresión seria de siempre, y se armó de valor. Aquella sin duda era una joven extranjera. Sabía lo que debía hacer. Salvar a su país... tal vez dependería de aquella interacción. Sí, así debía tomárselo. Tan dedicado como siempre.

- Disculpad… milady. - Usó el término que pensó oportuno para dirigirse a ella. ¿Se usaría aquella palabra de donde procedía ella? Poco sabía de los dialectos externos a Jugdral y Magvel, después de todo. Fuera como fuese, esperó a que la chica se diese cuenta de su presencia para inclinarse ligeramente, llevándose una mano cerca del corazón para hacer una pequeña reverencia. - Mi nombre es Gerard. No pretendo importunaros ni demorar vuestros quehaceres, mas no he podido evitar fijarme en vuestra vestimenta.  Si no es demasiado atrevido preguntar, ¿venís… de otras tierras? - Miró a la joven desde la posición inclinada que había adoptado, con una seriedad que seguramente estaría enmascarando la curiosidad que sentía.
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 19, 2017 12:21 am

Sus pasos rápidamente la habían guiado hacia su destino. Sus ojos vagaban de aquí para allá, incapaces de prestar atención a todo lo que estaba dentro de su rango visual: ¡Tantos objetos! ¡Tantas personas! ¡Tantas diferencias! Los aromas de algunas especias lograban sobreponerse al característico aroma salino del puerto. Y las voces de los mercaderes iban y venían de manera vivida. La Hoshidana no pudo más que encontrarse a si misma sonriendo ya más tranquila y claramente encantada con la vista.

El oro es oro sin importar la tierra que se esté visitando. Y para los mercaderes de puerto el oro venía en forma de viajeros: clientes que iban de un país a otro. Personas que atravesaban océanos con tal de llegar a destino. Muchas veces los encuentros serían casuales, y en contadas ocasiones tendrían clientes regulares. ¿Por qué entonces habrían de mostrarse abiertamente hostiles? La maga no podía negar que notó un par de miradas desconfiadas, mayormente de otros clientes, posiblemente personas que vivían y trabajaban en la ciudad portuaria; pero por lo demás los vendedores le trataban como una más, contestando a sus curiosas preguntas con amabilidad y carisma, sabiendo que de su labia dependía el concretar o no una venta.

No pasó mucho para que la tarotista se encontrase a si misma haciendo rápidas cuentas mentales. Hacía apenas unos instantes estaba pensando en que una capa de viaje no era del todo necesaria y de que quizás podría priorizar ropa común del sitio para pasar desapercibida, idea que por cierto había desechado apenas noto que solo con sus rasgos ya resaltaba en el lugar… y para que mentir, la ropa femenina local a sus ojos no se veía demasiado cómoda. Entendía que el frío instase a la gente a abrigarse, pero no creía poder moverse cómodamente con tanta ropa estando tan acostumbrada a vestir de forma tan opuesta. Por eso, es que las palabras del mercader le hacían tanto sentido.

Una capa larga podría abrigarla adecuadamente, pero no sería restrictiva a la hora de moverse. No se ajustaría incómodamente a su cuerpo, y si la cuidaba podría ser una fiel aliada durante todo el viaje… a menos que las tierras de Tellius fuesen más cálidas. Allí una capa muy abrigadora terminaría convirtiéndose en un bulto estorboso más que otra cosa. -Hmmmmn…..-comenzaría a meditar profundamente al respecto, estudiando la capa que el rechoncho vendedor le ofrecía. Examinando la tela con ojo crítico, como muchas veces su abuelo lo hacía cuando revisaba la mercancía que llegaba nueva para ser vendida.

Y si bien estaba concentrada en eso, al escuchar una palabra desconocida dirigida hacia su persona, fue que lentamente alzo la vista: insegura de lo que podría encontrar, extrañada de que alguien más aparte del mercader le estuviese dirigiendo la palabra.  Lo que se encontró, fue a un hombre joven: de cabellos castaños y piel clara. El cual llevo una mano a la altura de su pecho antes de proceder a hacer una pequeña y sutil reverencia, muy distinto a como solían hacerse en sus tierras.

-…..-perpleja, es que la adivina estudiaría con curiosidad al sujeto por algunos momentos. Dado los pensamientos que anteriormente iban de aquí para allá dentro de la cabeza de la maga Hoshidana, era inevitable que se tensara ante la pregunta, reanudando su nerviosismo previo. Aun así, no tendría sentido mentir cuando saltaba a la vista la respuesta.

Por eso es que sonrió amable y cordial como siempre, procediendo a su vez a realizar una reverencia: sus manos soltaron la tela de la capa que recientemente estaba examinando entrelazándose por delante de su cuerpo, girándose para poder quedar de frente al caballero. Solo entonces y manteniendo la espalda recta es que se inclinaría hacia adelante, dirigiendo la mirada hacia el suelo: no fue una inclinación exagerada, pero si más pronunciada que la dada anteriormente por el varón. La maga no solo no le conocía, sino que además demostraba respeto por tratarse de un local, a diferencia de ella que era una forastera. - Tōjō Nozomi.-se presentó a su vez, antes de enderezarse.- Provengo de las lejanas tierras de Hoshido..-añadiría con una sonrisa en un tono bajo y cordial, a pesar del nerviosismo que la invadía, se las arregló para mostrar un semblante tranquilo y sereno. No tenía sentido ocultar su país de origen, cuando el barco que la había traído hasta acá estaría un par de días más en puerto, portando por aquí y por allá los símbolos característicos de su nación.

Ahora la pregunta que rondaba su mente era… ¿Cómo abordar sus dudas? Él joven hombre portaba ropajes que aparentemente conformaban un uniforme. ¿Estaba en problemas acaso?... No había hecho nada malo, así que no tenía nada que temer. No quería pensar nuevamente en la posibilidad de que las tensas relaciones entre ambos continentes escalaran a un punto en que pudiese verse involucrada en alguna especie de conflicto, pero era inevitable el pesimismo cuando quien aparentemente era un oficial le abordaba de manera tan directa. Lo mejor, quizás, era simplemente seguir siendo amable y cordial, esperando recibir la misma amabilidad y cordialidad de vuelta. Por eso, su sonrisa se ensancho en un gesto más alegre. - ¿Hay algo en que pueda ayudaros? .-
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 20, 2017 9:08 am


Hoshido. Por lo tanto, no se había equivocado. Lo que había deducido al ver el barco que acababa de atracar al puerto concordaba con lo que dijo la chica. Un país del continente de Akaneia. ¿Habrían llegado los emergidos también allí? De todos modos, parecía una chica extremadamente educada, con buenos modales y etiqueta. Tanto que mantuvo la cabeza agachada unos segundos, a modo de respeto ante la reverencia que le había devuelto Nozomi. "Nozomi Tojo"... un nombre cuanto menos curioso. No se parecía en lo más mínimo a los que conocía de sus tierras, o las tierras vecinas.

Poco después de recuperar su postura inicial, intentó esbozar una pequeña sonrisa para devolverle la que le había mostrado ella - aunque su expresión seria predefinida acabó ganando, y apenas se notó- , y se fijó en el puesto en que parecía haber estado interesada la chica. Telas, abrigos y capas. Vaya. Recordaba haber comprado la suya en un puesto muy parecido. De hecho, fue en esa misma ciudad, de viaje con sus hermanas. ¿Así que necesitaba una capa? Él tenía una, pero... ¿no sería tomarse demasiadas confianzas de buenas a primeras?

Giró la cabeza hacia ella una vez más. Si estaba de viaje, posiblemente buscaba algo para abrigarse. Era lo lógico; después de todo, como ya había reparado al principio, iba muy ligera de vestimenta. Muy lig... un momento. ¿Eran todas las jóvenes de Hoshido tan... exuberantes? Gerard no era de los que se quedaban embobados mirando a chicas jóvenes, para luego intentar cortejarlas. ¡Ni siquiera había estado interesado en casarse, tan sumergido él en su trabajo! Pero es que de verdad que no estaba acostumbrado a ver ese tipo de figuras tan expuestas. Y por muy pragmático que había sido toda su vida, era un hombre joven y sano, después de todo.

Apartó enseguida la mirada, para evitar malentendidos. Con algo de suerte, la seriedad habitual de sus facciones enmascararían el pensamiento. ¿Pero por qué había pensado algo así? No, no, no y no. Acababa de cometer una grave afrenta hacia aquella joven, y a su honor. Debía disculparse como es debido. ¿Tal vez...? Sí, le ofrecería una cosa para disculparse. Pero después. No era su intención atosigarla.

Y espera. Tojo había hablado con un tono pausado y sin revelar más de lo necesario. Gerard había estado en el ejército como oficial, y tratado con todo tipo de personas; esa actitud revelaba cautela. ¿Le habría parecido una persona sospechosa a aquella joven? Qué mala suerte tenía. Justo el día en que había decidido cambiar de táctica y llevar su uniforme, exponiéndose a posibles rumores.

Al darse cuenta de esto último, y del pensamiento que había rondado por su cabeza por un momento, negó con la cabeza rápidamente.- ¡N-No soy nadie sospechoso, Lady Nozomi!- No se dio cuenta de que precisamente negar ser sospechoso normalmente aumentaba las sospechas. - Y ni siquiera estoy de servicio, no os preocupéis.- “De servicio”. Técnicamente, era verdad. No estaba de servicio... pues ya no pertenecía al ejército de Grannvale, ni a la Orden Templaria.

- No soy de esta ciudad. Aún así, la conozco bien. Puedo enseñárosla, si así lo deseáis. ¿Me daríais la oportunidad de enmendar el haberos importunado, y de mostrar la hospitalidad de Grannvale?- Era una apuesta. Proponiéndole pasear podría hacerla sentir más cómoda y confiada, con lo que tal vez accedería a hablar de sus tierras. Pero también estaba el riesgo de que a la joven podría parecerle excesivamente atrevido. Además, ¡podría estar esperando a alguien, o algo por el estilo! ¿Porque cuál sería el motivo de su visita a Grannvale?
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 20, 2017 4:49 pm

Entonces, espero. Resistiendo el impulso de cambiar su peso de una pierna a la otra en un gesto que claramente daría a notar su incertidumbre. De reojo observaría hacia donde estaba el mercader, quien si bien estaba acomodando las distintas capas que hasta ahora le había mostrado a la maga seguía atentamente el intercambio entre el caballero y la Hoshidana. Ante esto, inevitablemente los labios de la chica se torcieron en una mueca de ligero desagrado. Fue breve, y para cuando su vista había regresado a posarse sobre el joven el gesto ya se había esfumado de su rostro.

Suspirando, la joven maga procedería a cruzarse de brazos. No sabía por qué, pero estaba comenzando a sentir como se le ponía la piel de gallina. Quizás era debido al frío, incluso podía ser debido a los nervios y la preocupación, o en cambio a causa del escaso movimiento de los últimos minutos. Pero sea como fuere, las palabras del joven no hicieron nada para evitar que un escalofrió le recorriese la columna vertebral de punta a punta: casi de inmediato, la pose ligeramente relajada se convirtió en una tensa y alerta. Sus manos se cerraron quizás con más fuerza de la necesaria sobre sus antebrazos y su pequeña y característica sonrisa se desvaneció por completo.

¿No era nadie sospechoso, decía?... ¡Eso efectivamente le hacía ser más sospechoso! Sin contar con que el tartamudeo en sus palabras y sus gestos físicos no ayudaron en absoluto a que la maga volviese a relajarse en su presencia. Más aún cuando este le confirmo sus observaciones iniciales: lo que el joven vestía debía ser una clase de uniforme como para que quisiese recalcar que no estaba de servicio… lo cual era por demás contradictorio.

Fue inevitable que volviese a observarlo de arriba abajo, esta vez con una expresión por demás apagada. No era dada a desconfiar en los demás, pero el castaño no se lo estaba poniendo nada fácil. Sus manos picaban de las ganas que tenía de sacar sus cartas. Si les preguntase… ¿Qué le responderían respecto al hombre? Con una incomodidad creciente una sonrisa por demás forzada se formó en sus facciones ante la invitación.

Por qué obviamente no debía desconfiar de alguien que decía no ser sospechoso y que además ofrecía guiarla por una ciudad desconocida. “Si, ajá”. Pensó brevemente. Sin ser verdaderamente consciente de ello había dado medio paso hacia atrás. Él decía conocer bien la ciudad, lo cual en otras circunstancias había instado a la maga a cuestionarle por indicaciones varias: pero en estos momentos, él que el joven conociera bien el entorno simplemente la alertaba más, ya que le dejaba en clara desventaja.

Aunque, si lo pensaba fría y lógicamente, solo por el simple hecho de estar en tierras desconocidas ya la dejaba en una gran desventaja en contra de los locales. Rechazar una invitación de alguien que además parecía ostentar cierto nivel de autoridad no era lo más prudente o sabio que podía hacer en estos momentos… pero tampoco lo era el aceptar de buenas a primeras cualquier tipo de ofrecimiento. “Aunque puede que en verdad solo esté intentando ser amable, quizás está diciendo la verdad y solo quiere ser hospitalario”, vino el fugaz pensamiento. Esperanzador y optimista en contraste con su desconfianza anterior.

¿Qué hacer? La situación era por demás extraña, y la maga bien sabía que si estaba pensando demasiado al respecto era por sus propias reservas e inseguridades al encontrarse en Jugdral dadas las tensiones actuales. Suspirando, fue que volvió a observar el puesto mercader, deteniendo sus ojos sobre la capa de piel de lobo que anteriormente estaba detallando con tanto interés. Quizás debería darle una oportunidad al castaño, tal como siempre hacia… solo que con algo más de reserva. Si era lo suficientemente cuidadosa, puede que incluso pudiese voltear la situación a una que le favoreciera, a algo que le hiciese sentir más confiada y menos en peligro.

- Agradezco vuestro ofrecimiento, más como podéis ver en estos momentos me encuentro de compras. -diría al fin, volteando a ver al joven con una expresión ya más alegre. Más natural y sincera. - Además, no podría aceptarlo aún si así lo quisiera, ya que no hay nada que debáis corregir u enmendar. Vuestra pregunta no ha importunado mis quehaceres en lo absoluto. -Añadiría, hasta que una pequeña posibilidad apareció dentro de su mente, causando que sus ojos brillaran con cierto interés. - Aunque quizás… si hay algo en lo que podréis ayudarme. Claro, si no os supone ninguna molestia. - diría, volviendo a su posición anterior frente al del mercader.

- Ciento sesenta por la capa de lobo, ¿verdad? -preguntaría, buscando confirmar el valor de dicho objeto. Si bien Nozomi tenía conocimiento respecto a los costes de tela y ropa, esto solo aplicaba a su tierra natal. El valor del oro podía variar de un país a otro, sin contar con que telas tan gruesas no había visto antes en su hogar: el buen clima era algo característico de Hoshido, y por si fuera poco este país también estaba en guerra contra los emergidos, no sería raro que el coste de ciertas cosas fuese más alto de lo normal. Por eso es que a pesar de ser una suma considerable no le había dado demasiadas vueltas.

Y mientras el mercader procedía a comenzar a doblar la capa para entregársela, la maga comenzó a buscar entre sus pertenencias por la suma de dinero. - Veréis… Señor Gerard.-se le hacía un tanto difícil pronunciar el nombre extranjero, así como tratarlo directamente por el y no por el apellido.- Necesito encontrar una posada para pasar la noche, ¿puedo solicitar su ayuda para encontrar alguna no muy lejana al puerto?. - preguntaría finalmente, sus ojos dejando de contar las monedas para observarlo con una tranquilidad que hasta hace unos instantes no sentía.

- Estando allí puedo contestar cualquier pregunta qué tengáis...¿O me equivoco al pensar que por ese motivo os acercasteis en primer lugar? .-Y es que mientras pensaba en como contestarle al caballero, no pudo evitar notar en que era extraño que la abordase directamente si es que deseaba hacerle algún mal: ¿No sería más sencillo hacerle algo mientras ella estaba distraída? Sería mucho más fácil acorralarla mientras estuviese caminando sola por la ciudad. En ese caso… ¿Por qué acercarse y preguntar de dónde venía? Solo eran conjeturas, y no tenía realmente ninguna respuesta a sus interrogantes. Pero el simple hecho de pensar más allá y de ver por otros posibles motivos para acercársele que no fuesen agresivos, habían dado lugar a la idea de que quizás el hombre estuviese curioso. ¿Pero curioso de qué? ¿Qué quería saber? ¿Realmente quería preguntarle algo en primer lugar?

Tantas preguntas dieron lugar a la confusión, y la confusión irónicamente trajo algo de serenidad a la maga. “Lo que tenga que pasar, pasará” sería su agotada conclusión final.
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 21, 2017 9:00 am


Ay, por el amor de Naga. Cuando vio que la chica se tensaba ante él y se cruzaba de brazos, se dio cuenta. ¿Cómo podía haber dicho cosas tan sospechosas? La culpabilidad en él creció más y más, hasta mostrarse en sus facciones. Se quedó unos segundos escuchando, medio rendido, a la joven Hoshidiana, esperando el inevitable y obvio rechazo. Pero entonces, como dándose cuenta de algo, cambió de expresión.

- Esperad un momento, por favor. - Hizo el signo de parada con la mano derecha, para que la chica no pagase todavía. A continuación, dio dos pasos hacia el mercader, encarándolo con una fría seriedad en su rostro. -¿Ciento sesenta monedas por una capa de piel de lobo, en esta época del año?- Se cruzó de brazos. - Ochenta es el precio estándar.- Dio un paso más, y a partir de ahí, habló con un enfado evidente en su voz. - Así que estafando a alguien que viene de otras tierras. ¿Tanto queréis un puñado de monedas de oro que estáis dispuesto a mancillar el honor de Grannvale? ¡Sois una desgracia para esta ciudad, y para el país! - Sin miramientos, dio un fuerte pisotón delante de la para comercial. - Lo que hacéis comporta el incumplimiento de al menos dos cláusulas del Código de Ley Civil. -  Un farol. Informar a las autoridades llevarían más rumores aún y sería contraproducente en su misión, pero no había dicho que lo haría. Esperaba que eso fuese suficiente para intimidarle.

El mercader, al principio incrédulo, apretó entonces los dientes, aunque no parecía poder decir mucho al respecto. - ¡Tcht! ¿Un caballero?- Recogió, molesto, las capas que había estado reuniendo. Al parecer, la escena atrajo a varias personas alrededor; algunas de ellas empezaron entonces a susurrar. Viendo que su tienda podría verse afectada, el señor puso cara de pocos amigos, al parecer enfadado, y miró de arriba a abajo a Gerard. Le analizó durante unos segundos, y entonces pareció reparar en algo.

- Eh, yo a ti te conozco. ¿Eres ese tal Van Reed, no? Un soldado andaba contando ayer que te había visto por aquí, no creí que fuese verdad. Tú a mí no puedes decirme nada. - Expuso entonces una mueca que mezclaba repulsión y desdén. - Tienes una buena cara dura para pasearte por aquí como si nada, con el uniforme y todo, y encima pretender llevar la superioridad moral. ¿No has avergonzado ya lo suficiente a tu familia? Yo de ti no volvería a aparecer por aquí, o tendrás problemas. -

El castaño abrió la boca un momento, pero recuperó el ceño fruncido enseguida. Gerard sabía perfectamente lo que aquello significaba. Se había expuesto demasiado; al dirigirse a una gran ciudad como Friedge, era consciente del riesgo que corría, pero su misión lo requería así. Su determinación no iba a flanquear solo con eso. - Sigo siendo un caballero. Vos, en cambio, no sois más que un bellaco que intenta hacerse rico a base de desgracias ajenas. - El mercader, más enfadado aún, recogió sus cosas, susurró algo a su ayudante, y se marchó de la escena.

La gente de alrededor, entonces, pasó a echarle miradas al caballero, murmurando entre sí con más fervor que antes. Tras fijarse en ello, Gerard negó con la cabeza, cerró un momento los ojos y tapó su expresión con la mano. - Olvidad lo que he dicho antes. Podría traeros problemas si os acompaño ahora mismo. - Señaló entonces ciudad adentro. - La posada más cerca de aquí está dos calles en esa dirección. Se llama “La yegua dormilona”. La reconoceréis por el cartel en lo alto. - Hecho eso, se giró hacia la doncella.

- Lamento haberos importunado, mas estoy seguro de que en la calle de al lado encontraréis capas de mejor calidad, y de precios razonables.- Hizo una reverencia algo más pronunciada que la de antes. - Que Naga os bendiga en vuestra senda y llene de buena fortuna vuestro destino.- Tras darse la vuelta, empezó a caminar, en dirección opuesta.

Después de todo, había molestado ya lo suficiente a aquella joven, pero esperaba que al menos con eso habría evitado un conflicto mayor entre ciudadanos de continentes en tensión. Valió la pena, aunque le hubiese costado la oportunidad de seguir recaudando más información en Friege. Pero había muchas más ciudades; probaría suerte en la siguiente… si los rumores no llegaban hasta allí antes.
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 16, 2017 12:57 am

Y dentro de todos los posibles escenarios que imagino en su cabeza, el que termino ocurriendo fue precisamente uno que no previo. Habiendo crecido entre mercaderes honestos y conociendo a varios que ejercían con sinceridad la misma labor, había asumido de inmediato lo mismo en tierras extranjeras. Y si bien había sospechado del joven caballero, no había sido de ese modo con el mercader. Por eso mismo, y también debido a sus nervios anteriores, es que se sobresaltó de manera notoria en cuanto el joven de cabellos castaños intervino.

Casi deja caer las monedas que ya estaba contando, pero logró sobreponerse con cierta rapidez. Inconscientemente había bajado la mirada y apretado los labios ante las certeras acusaciones que hacía Gerard hacia el mercader.  Él cual, por cierto, ya se encontraba recogiendo sus cosas con notoria velocidad. Pero eso no impidió que le dedicase una mirada de reproche desde su posición. No que fuese de mucha utilidad si consideramos que la maga ya estaba tiritando… y era difícil saber si era debido al frío, la vergüenza, ira o todo a la vez.

Ya con sus monedas a resguardo, se encontró algo perpleja por la respuesta que dio el mercader de vuelta. Lo primero que le llamó la atención fue conocer el apellido del chico: “Van Reed” … obviamente, no le sonaba para nada. Pero al parecer a la curiosa gente que ya se había reunido para observar si era un nombre que hacía sonar algunas campanas: los murmullos se detuvieron brevemente, para luego ser retomados con fuerza. En un impulso, la extranjera dirigió sus manos al bolsito que colgaba de un lado de su cintura, muchísimo más pequeño que aquel donde portaba su equipaje. El movimiento de su mano fue fluido, al punto de parecer ensayado, cuando saco las cartas del interior.

Pero no tuvo tiempo de hacer mucho más. El mercader se estaba retirando ya de escena, y la maga ahora tenía más preguntas que respuestas. ¿Qué había hecho el chico, para traer tamaña vergüenza a su familia, al punto de no querer presentarse con su apellido? No había alcanzado a escuchar los murmullos de manera clara, no lo suficiente al menos como para poder comprender bien el asunto. Y mientras barajaba las cartas, se preguntó como a pesar de lo que sea que el chico hubiese hecho esté seguía siendo aparentemente una figura de autoridad: a pesar de las palabras que el mercader dio en respuesta, igualmente se retiró y no busco más discusión.

Aunque eso no detuvo en absoluto los murmullos. Más bien, los acrecentó a un punto que sorprendió sobremanera a la maga. ¿Era normal acaso, que la gente fuese así de chismosa? ¡Y por si fuera poco ahora el caballero se estaba despidiendo! Dejándola en medio de la calle, sola, sin abrigo y con unas indicaciones dadas tan a la rápida que solo pudo observarlo con perplejidad. “¿La yegua qué?”, se llegó a preguntar mentalmente sin poder hacer nada para reprimir el ligero tic nervioso que apareció en su parpado derecho.

Ah no. Si el joven pensaba que lo dejaría escapar tan fácilmente luego de todo lo que acababa de pasar estaba muy equivocado. ¡Encima que ahora ni sabía que se supone que debía pensar de él! Es decir, los murmullos no ayudaban precisamente a verle como alguien menos sospechoso… pero por lo que hizo para ayudarla pudo notar que era honesto y que tenía un alto sentido moral, aparentemente, o bueno: eso esperaba.

Afirmando las cartas en su zurda, avanzo rápidamente tras el castaño, extendiendo su diestra para sujetar entre sus dedos parte de la ropa que este portaba. Siendo el único fin de dicha acción el hacer que disminuyese su velocidad al caminar, al menos lo suficiente como para engancharse confianzudamente de uno de sus brazos con una naturalidad impresionante. - Así que Gerard Van Reed....disculpad mi mala pronunciación, más dejadme deciros que me resulta irrisoria vuestra forma de actuar.-Comenzaría a hablar, observándole hacia arriba desde su nueva posición, una sonrisa ya más divertida posándose en sus labios, rozando la travesura.

- Tratáis de compensarme por una afronta que no cometisteis,  luego vais en mi auxilio para evitar un timo y finalmente me dejáis solo con meras indicaciones sin aseguraros de que realmente las llegase a entender... y encima de todo sin abrigo de ningún tipo.-su sonrisa se ensancha, sus ojos brillaban con burla y sus palabras salían con claro reproche.- Seguís siendo un caballero.-la maga le cito, llegando incluso a tratar de imitar el tono de voz utilizado por el joven instantes atrás.- Más os reprimís de actuar totalmente como uno ante miradas ajenas olvidando que ahora si tenéis algo por lo cual compensarme...Ah! Aunque no penséis por eso de que no os agradezco por evitar que me estafarán.-se llevaría el dedo índice al mentón, como si estuviese pensando, pero su expresión era claramente divertida dentro de todo. La picardía ya era más que visible dentro de sus facciones en lo que acentuaba notoriamente algunas palabras.

- ¿No es acaso poco caballeroso dejar a una joven extranjera como yo, carente de abrigo e ignorante de la ciudad en tan precarias circunstancias? Cierto es que me habéis salvado de gastar mi dinero, más...-aquí su mirada se afilaría, observándole acusadora. -¿Salir huyendo por temor a los murmullos es realmente digno de quien dice ser un caballero?... Venga, acompañadme al menos a terminar mis compras y luego guiadme hacia una buena posada.-con todo el descaro del mundo llegaría incluso a dar un par de palmaditas sobre el antebrazo del chico, teniendo cuidado de no soltar sus cartas de manera accidental.- Demostradme que lo que susurran a vuestras espaldas no son más que rumores, y probaros a vos mismo de que realmente seguís siendo lo que decís ser. Si yo no me preocupo por lo que podrían decir de mí, ni de los problemas que eso me traerá estando en vuestra compañía, entonces... tampoco debéis preocuparos vos, ¿no?
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 16, 2017 3:04 pm


Gerard detuvo sus pasos en cuanto sintió cómo alguien tiraba suavemente de uno de sus brazos. La joven “Nozomi” le llamó; así que era ella. Y claro, estaba seguro de que la chica cambiaría totalmente de actitud tras ver lo confiable que realmente era él al evitar que la estafasen, y pasaría a mostrar una actitud tímida y típica de una damisela. Pero no, no podía ser; si la pillaban a ella también los rumores, quién sabe si alguien se metería con la chica solo por adjuntarse con él. Aún en contra de su voluntad, debía rechazarla.

Sin embargo, lo que dijo ella a continuación no mostraba exactamente “timidez”. Sorprendido, giró la cabeza hacia ella. En su rostro se dibujaba una sonrisa burlesca, una expresión divertida. Efectivamente, aquello que había hecho podía interpretarse como un intento de huir, y para colmo, sí que era en parte cierto que la había dejado en la estacada. ¡Y además, como ella había dicho, se estaba poniendo en duda y a prueba su caballerosidad! Esto y la labia de la joven hicieron que se quedase en blanco.

- Ah, eh… - Se quedó algunos segundos sin saber muy bien qué decir. No había esperado para nada tanta elocuencia a la vez que confianza en ella misma. - T-Tenéis razón, qué falta de respeto la mía.- Respondió obedientemente, incapaz de rebatirle la lógica aplastante que en ese momento le parecía que tenía ella. Hizo como que tosía, para intentar recuperar la compostura, a pesar de que ya se encontraba frunciendo el ceño con una mezcla de nerviosismo y vergüenza. Debía medir bien sus palabras y pensar bien qué hacer a partir de ese punto. Entonces, miró a la chica una vez más con el rabillo del ojo: ¡efectivamente, necesitaba una capa! ¿Dónde estaban sus modales? Desató los cordeles de la suya, la ancha capa de seda negra que había comprado varios años atrás con sus hermanas  y, con cuidado, la depositó sobre los hombros de la chica. - T-Tomad mi capa por ahora, Nozomi.- Sí. Hasta que encontrasen un puesto honesto, lo mínimo sería dejarle la suya, exactamente.  - Por aquí, Lady Nozomi.- Era un ávido lector, por lo que había leído antes nombres similares, pero claro, su pronunciación no era precisamente perfecta. Arqueó en 90 grados la mano derecha, indicándole educadamente que caminase a su lado para mostrarle el camino. Y mientras lo hacía, reflexionó sobre el asunto, algo rendido y con una ceja levantada.



¿Por qué se doblegaba tan fácilmente ante mujeres que mostraban su autoridad? Antes de dejar Edda para emprender su misión en solitario le pasaba lo mismo, y constantemente, con sus hermanas. Miranda siempre le convencía para que aprendiese alguna nueva “habilidad”, la mayoría de las veces inútiles para su trabajo como caballero, al menos aparentemente. Henriëtte le arrastraba de compras cuando quería, haciéndole cargar con todo. Además, siempre fue complaciente con su madre, quien siempre le recordaba sus obligaciones y le encargaba un sinfín de retos y desafíos. Agnès, la única que no hacía nada de esto, siempre le remarcaba que debía ser más firme si esperaba mantener una relación duradera. Y allí estaba aquella joven, Nozomi, batiéndole con su labia y divirtiéndose a su consta.

Por otro lado, era siempre implacable con otros hombres, creyendo su deber imponer disciplina y sus valores de honor y justicia sobre rufianes y otros individuos cuestionables. Tal vez fuese debido a su educación, por haber crecido con tantas hermanas y un padre algo reservado y de pocas palabras, o tal vez simplemente por su personalidad, pero esta polaridad en su trato hacia la gente era algo que esperaba cambiar, antes o después. Ese era, probablemente, el único gran punto débil de Gerard. Pero ahí estaba él, a sus 23 años, pensando, como siempre, única y exclusivamente en su trabajo, y dejando lo demás de lado.

Pensaba en todo aquello mientras acompañaba a la chica por las calles del mercado local. Ya sin murmullos a su alrededor, habiéndose alejado del lugar inicial, se aseguró de que pasasen por lugares fácilmente reconocibles. De esa forma, la chica lo tendría más fácil para orientarse durante su estancia. - Esta es la calle del Martillo Sagrado. Donde estuvimos antes se concentraban los puestos de pescado, herrería e instrumental marítimo. Aquí, en cambio, en la segunda parte del mercado, hay más puestos de ropas y telas, comercio de fruta local, utensilios de cocina y artesanía de madera.  - Por último, señaló hacia el final de la calle, un gran edificio que se encontraba donde el mercado terminaba. - Aquella es la posada de la que os hablé. - Dejó que la chica entonces mirase las paraditas tranquila. Mientras, comprobó a su alrededor, cerciorándose de que no hubiese nadie señalando o murmurando. No podía estar seguro, pero al menos, la cosa parecía ya más calmada, por lo que pensó en otras maneras para impresionar a esa chica con sus grandes virtudes, ¡y asegurarle de que en realidad él era un grandísimo caballero! Otras maneras que no se malinterpretasen, a ser posible… pero aquello, en Gerard, no era siempre tan fácil.
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 17, 2017 12:32 pm

Oh~ Esta titubeando”, pensó. Tanto asombrada como divertida, llegando a ensanchar aún más su sonrisa. Por mero impulso y por qué no: por el afán de molestarlo más, es que se le arrimo un poquito más incluso, alzando la mano en donde sostenía su baraja de cartas para apoyar las mismas contra la base de su mentón. No se había esperado una reacción así, al punto en que estaba conteniéndose para no dejar escapar una risita.

Un sonido afirmativo salió de su garganta mientras asentía. - ¿Verdad que sí?.-No era una pregunta que esperase respuesta en realidad, así que fue acompañada con una sonrisa suave y un ligero ladeo de cabeza. Y a pesar de su diversión al ver como el caballero perdía la compostura, al punto de parecer nervioso y avergonzado, se recordó a si misma de que debía permanecer cautelosa. Cierto era que el joven no había hecho nada malo y que por el contrario había salido en su ayuda… pero la sospecha, si bien ya más pequeña, aún se mantenía.

Aunque claro, eso no le impidió sonreír de manera más cálida y alegre a la maga Hoshidana en cuanto el caballero poso sobre sus hombros la capa que antes portaba. De manera inmediata sintió la calidez de la tela que hasta hacía poco había sido utilizada por alguien más, agradeciendo que esta cortase el paso de las ráfagas de viento características del puerto. Estaba segura que en unos instantes podría recuperar el calor perdido.-  Muchas gracias, señor Van Reed~.-exclamaría, teniendo el cuidado de acomodar con delicadeza la capa que le habían prestado alrededor de su cuerpo. Ah~ se sentía más abrigadita ahora… pero esperen. ¿Este material…? ¿Seda?.

Con una sonrisa campante y sin emitir mayor sonido que uno de contento asentimiento, fue que comenzó a caminar a un lado del caballero. Su mano libre se dedicaba a examinar distraídamente la calidad de la tela, su textura… distraída y disimuladamente froto el material entre dos de sus dedos: completamente lisa al tacto, agradable de tocar y suave. Lo que confirmaba sus sospechas respecto al material. Sabía por su padre y abuelo que la Seda era una tela muy apreciada y trabajada en sus tierras. ¿Sería lo mismo en Jugdral?... por un momento pensó en preguntarle a su acompañante, incluso llego a observarlo de reojo, pero decidió que sería más prudente hacerlo luego, cuando estuviesen comprando.

De momento, aprovecharía de observar con detenimiento a su alrededor. Detallando las estructuras y sus detalles, comparándolas inconscientemente con el tipo de arquitectura que había en sus tierras natales. ¡Había tantas diferencias que no sabía por dónde comenzar a enumerarlas!- ¿Por qué recibe ese nombre?.- pregunto de lo más curiosa al escuchar cómo se llamaba la calle. Sus ojos dirigiéndose a los distintos puestos y notando como efectivamente en esta parte del mercado había más productos de uso común. Mientras caminaban nuevamente había comenzado a barajar sus cartas, aprovechando esta vez la calma que se había situado sobre ambos. - ¡Ah! La posada de la Yegua~ .-no recordaba cual era el nombre completo del sitio, desde la distancia tampoco podía detallarlo, pero estaba segura que una vez llegarán a el podría verlo con facilidad.

Aprovecho que se habían detenido brevemente, para concentrarse en el joven durante unos instantes y sacar una carta. Parpadeo un par de veces al verla antes de proceder a hablar.- Dígame joven Van Reed… .-comenzó, mientras jugaba un poco la carta entre sus manos.- ¿Qué es lo que os impide actuar? .-pregunto, luego de hacer una pausa en donde trataba de ordenar sus ideas. Por eso es que le observo directamente a los ojos en lo que giraba la carta para que el chico también pudiese verla. Allí, con un arte un tanto particular, se podía distinguir a un Caballero de Espadas, en posición invertida.-  Estáis persiguiendo algo, quieres cumplir un objetivo a toda costa sin importar que debáis pagar para lograrlo… pero hay algo que os retiene.-aquí soltó una risita, rompiendo un poco con la tonalidad serena con la cual había hablado previamente: sin despegar en ningún momento sus ojos de los contrarios. Le observaba fijamente, con una sonrisa enigmática en los labios.

Espero unos instantes, posando suavemente la carta por debajo de sus labios en un gesto por lo demás común en su persona antes de sonreírle con amabilidad al caballero.- Bueno~ estoy curiosa, más creo que podemos charlarlo en más profundidad cuando me invitéis a comer después, verdad?.-cuestiono, mientras giraba sobre su propio eje para dirigirse a un puestecito de artesanías. Mientras avanzaba, observaría por sobre su hombro al joven de cabellos castaños, claramente esperando que le siguiese. Su sonrisa se amplio, pensando en que podría comprar más cosas que estando sola... después de todo, posiblemente podría convencer de alguna manera al joven para que llevase sus compras.
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 18, 2017 1:09 pm


Había conseguido que la joven extranjera sonriese, aunque le seguía pareciendo que se estaba divirtiendo a costa suya. Y ya habían empezado a caminar, pero ¡la chica no se le soltaba! ¡No solo eso: se le estaba arrimando al brazo más aún! Intentó soltarse, retirándolo suavemente, pero al parecer, la chica estaba bien agarrada. Su calidez y firmeza le hicieron aumentar su nerviosismo. Solo sus hermanas se habían llegado a tomar esas confianzas, después de todo. Empezó a dar pasos extremadamente mecánicos con el cuerpo tensado, y adquirió una expresión cómicamente seria, que reflejaba a la perfección el sobreesfuerzo que estaba llevando a cabo para enmascarar tal remolino de sensaciones.

El hecho de que le llamase por el apellido también le distrajo. Cerró los ojos un momento. - Gerard es suficiente, Lady Nozomi.- No lo dijo en tono tajante, pero lo que menos quería era que le fuesen llamando por la calle usando el nombre de su familia. Podría acarrear más rumores innecesariamente, después de todo. Y… no era merecedor de ese apellido. No después de lo que había ocurrido.

Unos minutos después, debido al contacto físico, pensó de nuevo en su situación. Seguía en Grannvale. Así que realmente, ¿se encontraba en un día de compras como cualquier otro? Sonrió muy ligeramente al recordar, por un momento, esos alegres y nostálgicos tiempos de paz con su familia. Tales pensamientos hicieron que se calmase un poco y no pensase demasiado en el hecho en que se encontraba con una chica llevada de su brazo, por la ciudad… pues habría explotado de los nervios.

Hablar de la ciudad también ayudaba. - Friege es la capital del ducado con el mismo nombre. De aquí fue de donde procedió uno de los doce sagrados cruzados -los caballeros de antaño que se unieron a los dioses- : Tordo, portador del legendario tomo de magia de relámpago Mjölnir, también llamano “El Martillo de Thor”. Se os fijáis… - Señaló a hacia delante, más allá de la posada. La calle seguía y seguía, no podía verse el final de la misma desde donde estaban. - La calle atraviesa casi toda la ciudad, es una de las principales vías. Se le dio como nombre aquello que caracterizaba al héroe más famoso que nació en esta ciudad para remarcar su importancia.- Gerard asintió, llevándose la mano al mentón, punteando el pulgar en su mejilla. ¡Sí! Eso sí que le habría hecho destacar. Nozomi ahora pensaría que era no solo noble por salvarla de su estafa, sino también tremendamente sabio. Sí, sí, a la tercera iba la vencida: pasaría actuar como una tímida doncella. Pero de nuevo, tendría que rechazarla, pues debía viajar. - Algún día deberíais ver Edda, donde nací. ¡No tiene nada que envidiar a Friege!- Gerard estaba muy orgulloso de su ducado. De la disciplina, la fe que procesaban, el honor... No tenía mucho sentido decírselo a una viajera que estaba de paso, pero no pudo enmascarar el orgullo en su voz.

Así pues, siguieron viendo los tenderetes que había alrededor, hasta que la chica, habiéndose separado un momento de él, hizo algo extraño. ¿Qué tenía entre las manos? ¿Naipes? Qué naipes tan extraños. No se asemejaban a aquellos con los que se jugaba al gwynt. ¿Sería algún tipo de juego de Hoshido al que ella estaría aficionada? La miró curioso hasta que la joven habló, momento en que algo dentro de él hizo que se le pusiesen los pelos de punta. (¿Lo que me impide… actuar? ¿Objetivo?) ¿Es que era un juego, o algo así? No. Por algo le había dado ese escalofrío. ¿Por qué le resultaba tan familiar aquello que había dicho? Algo que le retenía… tenía parte de razón, si es que se refería a él. Pero no, no podía ser. Una simple coincidencia, eso es todo. - ¿Es… algún tipo de adivinanza?- Entonces, antes de poder contestar a Nozomi, le surgió una duda. Aquella vestimenta, el hecho de ser extranjera, los naipes… - ¿Podría preguntaros por vuestra religión, milady?- Gerard había sido templario; su sexto sentido se activaba en circunstancias similares. Por supuesto, no era su intención molestar a una joven viajera con eso, pero en Grannvale se tenían mucho en cuenta los actos religiosos. La integridad de Naga y, en segundo lugar, los otros dragones de la luz, era algo muy importante. Había pasado años como caballero al servicio de la iglesia, así que lo consideraba algo de extrema importancia. No era una costumbre que se le borraría tan fácilmente.

Pero por suerte, lo que dijo después le sacó de sus pensamientos. Podría contestar a aquello que le había preguntado luego. Aún así, aquello de "invitarle a comer" hizo que levantase de nuevo la ceja. ¿Sería costumbre en Hoshido? No podía hacer quedar mal a su amada patria. Debía acceder a ello, por supuesto. - Ah… eh, c-claro, Nozomi, no tenéis de qué preocuparos. Podemos comer en La Yegua Dormilona, si queréis. Tengo dinero encima. - Sí. Había partido con bastante dinero encima de casa, después de todo. Claro que… los primeros días ya había gastado una pequeña parte, puesto que estaba acostumbrado a ciertas “necesidades” al haber nacido en el seno de una familia que si bien no era rica ni poderosa, sí era adinerada. Nobleza menor, pero no simples plebeyos: tenían una bonita casa y con criados, después de todo. Había querido ir a posadas reconocidas, darle buena comida a su caballo, y así sucesivamente.  Pero sí, aquella ocasión lo requería. ¡Su honor estaba siendo puesto a prueba, después de todo! ¿Qué eran unas cuantas monedas de oro menos por aquí o por allá?
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Re: [Social]Arcana Menor: Caballero de Espadas [Priv. Gerard]

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