Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

[Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Lun Jun 26, 2017 1:20 pm

Tres días desde el inicio de la catástrofe, dos de los grandes castillos de Silesse caídos y aún no había siquiera un nombre para el enemigo. Faltaba todavía algunas semanas para que el término "emergido" cesara de ser tan sólo habladuría supersticiosa y se difundiera propiamente. De momento, la confusión, el temor y la inquietud dominaban el ambiente en el reino del Norte, con el ejército tan perdido como la población pero intentando con desesperación ponerse a la par de sus invasores. Parecía que todo Tellius había lanzado sobre ellos un cruel e implacable ataque que, para su magnitud y eficacia, la milicia de Silesse creía que debía llevar años planeándose; estandartes y escudos de Daein, Crimea y Begnion vistos liderando las marchas hasta el momento, dejando sólo la Alianza Laguz en duda. Era demasiado para contener. Cada mano armada trabajaba sin descanso y hasta el más novato soldado en entrenamiento salía a los frentes de batalla, pero el control de Silesse se escapaba y perdía como la escarcha en el viento. Los números del enemigo eran sobrecogedores y sus refuerzos no cesaban de llegar. Su avance apenas podía relentizarse, tomando castillos y asolando ciudades más rápido de lo que el ejército y la corona podían siquiera registrar, mal comunicados entre sí y por completo asilados del exterior, sin tiempo para preocuparse de los reinos vecinos. No se mencionaba en voz alta la aciaga dirección a la que eran empujados, el fin de Silesse y la muerte cernida sobre todos ellos, pero se leía cada día con más claridad en los ojos de los soldados y la tensión de los oficiales superiores.

El entonces sargento Mikaela se rehusaba a reconocerlo. Había nacido para servir a Silesse, como todos en su familia, y había luchado demasiado por su supervivencia hasta entonces como para aceptar morir tan pronto. No había comenzado siquiera la ejecución de su venganza contra los demás Sieglers, no podía caer aún. Las horas que había pasado inconsciente al final de la última escaramuza cerca del castillo real eran su único tiempo de sueño en dos días, pero se sostenía a sí mismo y a su pequeño grupo tan bien como podía, más ansioso y enfocado que realmente cansado. Instaba a sus superiores a continuar dando órdenes rápidas y se mantenía ocupado, persiguiendo con su escuadrón y otros tantos el movimiento de los invasores para reportarlo al castillo capital. Ignoraba las malas señales y persistía, imponiéndose a sí mismo y a los suyos la misión de conseguirle a los generales todo el tiempo que pudieran para organizar mejor la defensa del reino. Lo apostaba todo a ello, recordándole en más de una ocasión a sus soldados los votos bajo los que aún vivían, lo que aún podían hacer por su patria y el orgullo que aún debían tener.

El objetivo, en ese momento, era asegurar la situación del castillo Zaxon, uno de los dos que marcaban la frontera entre Silesse y Grannvale. Caído durante la primera noche junto con el de Lubeck, se veía actualmente retomado por el ejército y consiguiendo sostener sus defensas. Siendo el más cercano al mismo castillo Silesse, su recuperación era de inmensa importancia estratégica. El escuadrón de Mikaela patrullaba sus alrededores en tarea de reconocimiento, buscando señas de que los atacantes de Tellius verdaderamente se retiraran de la posición y desistieran de su toma, información que luego llevarían a la capital. A lomos de caballos blancos y portando sus capas del mismo color, a la mirada poco cuidadosa podían perderse en el paisaje igualmente blanco. Dejaban atrás manchas rojas en la nieve, producto de la ejecución de un par de invasores rezagados que habían hallado, pero cautelosamente continuaban la búsqueda, adentrándose cada vez más en el impreciso límite con el país contiguo. Su silencio era tenso, atento.

De súbito, entornando la vista para que el pálido reflejo del sol sobre la nieve no le encandilara, el sargento alzó la mano para comandar a sus hombres que se detuvieran. Había visto movimiento. Demasiado expuestos en el campo nevado, indicó en murmullos que bajaran de sus caballos, los ataran donde pudieran y se prepararan para interceptar enemigos; no eran caballería entrenada sino infantería, pelearían mejor así. Descendiendo él mismo primero, entregó sus riendas al sanador del escuadrón para que atase a los animales a alguno de los finos y torcidos árboles. Entonces, buscando con la mirada lo que antes había detectado, los encontró: un grupo a caballo, a saber qué tan numeroso o escaso, pues no llegaba a ver más que un par. Llamó a tomar posiciones e indicó a los dos magos del grupo de cinco soldados prepararse, pues darían el primer ataque. Al fin, apenas los extranjeros se divisaron con más claridad, ordenó atacr.

La magia de viento era la predilecta de los sabios del reino por buenos motivos. En el gélido aire del Norte, se potenciaban sus ráfagas y los cortes que producían se hacían más eficaces. Apenas los hechizos fueron lanzados, Mikaela y la otra espadachina del escuadrón se lanzaron adelante. El joven de cabello rubio pálido, pequeño en contextura y delicado en rasgos, llegó a ver a los caballos ajenos evadir la magia y separarse, mas no se detuvo; apoyando la mano en el mango de su arma la desenfundó en preparación. Sin dudar un instante rodeó al primer caballo al frente para atacar al jinete. En cualquier otra instancia habría aguardado, habría observado mejor a los desconocidos antes de atacar, pero lo vivido las últimas jornadas exigía otro modo de actuar. Fue por ello que el espadachín, ligero sobre sus pies y rápido en actuar, no reparó en la familiar armadura jugdralita sino hasta estar alzando la espada al hombre, momento en que debió detenerse bruscamente. Ni siquiera había bajado el brazo al girar la cabeza para hablarle al resto del escuadrón. - ¡Alto! - Fue conciso. No necesitaba amplias explicaciones en los tiempos críticos para que su pequeño grupo le obedeciera. Al contrario, así era más claro. Hecho eso, bajó su espada y continuó. - Son jugdralitas, no invasores. -



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Gerard Van Reed el Mar Jun 27, 2017 10:47 am


Hacía ya días desde la primera noticia. Un misterioso ejército, o ejércitos, organizados, de soldados misteriosos, habían estado atacando varios pueblos y castillos de Grannvale. Todavía se barajaban hipótesis al respecto, la mayoría tratando a tal amenaza como unas “simples escaramuzas con bandidos particularmente bien organizados, pero sin mayor importancia”. Otras, tenían en cuenta a los herejes que habían estado apareciendo por el país, en cuyo caso tal vez se tratase de campesinos que se habrían vuelto contra el clero y la realeza, y por ello deberían ser traídos de vuelta  con puño de hierro templario. Pero había una tercera opción: un ejército invasor de otro reino. Había oído de alguien reportando estandartes de algunos países del continente de Tellius… ¿sería cierto?

En cualquier caso, el ejército regular de Grannvale no había dado abasto, sobretodo debido a la gran extensión de las tierras del país. Es por ello que la caballería fue enviada por primera vez a lidiar con el problema. A Gerard, que hacía poco que había entrado a la Orden Templaria principal de Grannvale, le fue asignada la tarea de comprobar el último avistamiento de estos soldados misteriosos. Para ello, lideraba un pequeño grupo de caballeros, otros reclutas de la orden, por la zona norte del país, cerca de la frontera con uno de los países vecinos: Silesse. Como firme sirviente del clero, el joven había aceptado sin dudarlo dos veces. Llevando, orgulloso, los símbolos de la Orden y del país en el tabardo de su caballo, cabalgó hacia su destino.

El look de Gerard cuando era templario:


Fueron dos horas de viaje, pero al final llegaron a una llanura nevada. Sí, sin duda se acercaban a Silesse, cuyo clima gélido era bien conocido en Grannvale, con uno más templado y agradable. Pero la nieve dificultaría el galope. No debían ir mucho más allá, o su capacidad para luchar se vería afectada. Ya que se habían entrenado para luchar a caballo, debían usarlo a su favor. Por no hablar, por supuesto, de las consecuencias diplomáticas de un traspaso no autorizado.

No obstante, por suerte o por desgracia, sus caballos se impacientaron, a lo que siguió un destello que les fue familiar enseguida. Tras alzar las riendas y hacer relinchar a su corcel con tal de acelerar de golpe y aumentar la alerta auditiva de sus soldados, en solo unos segundos, sus caballeros se dividieron. Eran caballeros templarios, jinetes especializados en el combate contra magos herejes, por lo que lograron evadir exitosamente lo que identificaron sin problema como magia de viento, incluso habiendo sido tomados por sorpresa. - ¡Quince metros por delante, dos usuarios de viento! ¡En formación! -

Habrían lanzado el ataque enseguida, pero, con una velocidad sorprendente, dos espadachines saltaron en su contra. Uno de ellos fue tan rápido al acercarse a Gerard que este apenas tuvo tiempo de mover la lanza en su defensa. Solo consiguió poner su arma a nivel del arma del agresor debido a la diferencia de longitud entre ambas y a la rápida respuesta ante aquella emboscada. Pero el atacante se paró en seco, y Gerard oyó cómo ordenaba detenerse a las otras figuras.

- ¡Alto! - El código de caballería le dictó hacer lo mismo que había realizado el agresor, pero a continuación, se llevó la otra mano a la boca e hizo un extraño silbido. Al instante, sus jinetes detuvieron también su ataque, pero dejaron que la inercia se mantuviese hasta haber rodeado, formando un semicírculo, a los dos espadachines agresores, a la vez que los otros dos caballeros acortaron distancia con los magos enemigos. Y es que además de la versatilidad de la caballería Grannveliana, en su Orden les habían enseñado a aprovechar toda oportunidad para invertir las tornas de una situación similar. Con su lanza dirigida al cuerpo del agresor y una espada peligrosamente cerca suyo, podía olerse la tensión en el aire. Unos centímetros más y probablemente hubiese acabado gravemente herido.

- ¡Mi nombre es Gerard! ¡En nombre de la Orden Templaria de la Santa Cruz y del Reino de Grannvale, les exijo que se expliquen de inmediato! ¿Cuál es el motivo de este ataque? - En su rostro se reflejaba un ceño fruncido, acentuando su seriedad habitual. Por sus armaduras, parecían ser soldados del reino vecino, no de Tellius, y el espadachín había usado el término "invasor". ¿Pero podía estar seguro de ello? Todo lo que se conocía por ese entonces eran rumores, y los informes oficiales no eran concisos. ¿Cómo sabía que no se trataba de una trampa? No... debía ser precavido. Aguardó unos segundos, calculando cuidadosamente qué decir para no revelarles información innecesariamente. - A pesar de ser caballeros, les advierto que no nos tomamos estos actos a la ligera, por lo que midan sus palabras. Estamos en la frontera;  ¿la han cruzado en los últimos días? - Su tono advertía a sus soldados que no era el momento de bajar la guardia aún, por lo que, diligentemente, mantuvieron la misma precaución... y sus armas en alto.
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Gema Destello
.
.
.

Support :
Corrin

Especialización :

Experiencia :

Gold :
955


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Miér Jul 05, 2017 4:31 pm

Mikaela no tardó un segundo más en saber que se había excedido. El fin de su reino estaba sobre ellos, instándolos a ser más certeros que considerados, a lanzarse a atacar antes de que el enemigo pudiese hacerlo, pero no había invasores de Tellius allí. Aún si no habían herido a nadie, hacia quienes habían alzado armas eran hombres de Grannvale; y nada menos que sus caballeros templarios de blanca vestimenta, probablemente los más pragmáticos de todos. El error podía ser costoso tanto para sus subordinados como sus superiores si no lo manejaba con sumo cuidado. En la escena detenida por el oportuno grito de ambos comandantes, el joven de pálida tez no pudo hacer más que recuperar el aliento por un momento, respirando el gélido aire y mirando hacia ambos lados para constatar que nadie hubiese llegado a cruzar espadas o inflingir daño. Parecía que todos se habían detenido a tiempo, después de todo. Él mismo aún no se movía un sólo centímetro. No obstante, persistía el hecho de que se había excedido, un error que debería reparar tan rápido como pudiese. Alzando la vista para hallar la mirada del hombre cuya lanza también había parado cerca de su cuerpo, amenazante pero quieta, el sargento tomó nota mental de lo justa y medida que había sido su reacción, conteniéndose pese a ser atacados primero. El sentido del protocolo de aquel caballero debía ser impecable; podía respetar eso. Por sobre todo, podía trabajar con eso, pues era un lenguaje que comprendía a la perfección.

Escuchó al jinete, confirmando así su procedencia y su cargo de líder de aquel escuadrón. Su lado se comportó de igual modo, ni la myrmidon ni el clérigo ni los magos emitiendo palabra alguna por sobre su sargento, sino sólo permaneciendo en posición. Entonces, con movimientos lentos, cuidadoso de no causar sobresalto en los demás, Mikaela bajó su liviana espada antes de guiarla hacia su funda, enderezando su postura y juntando los talones con un suave golpe de sus botas. Debían ser los primeros en bajar las armas y sus hombres no necesitaron que lo expresara en voz alta para hacer lo mismo, igualmente lentos y debilerados. Dejarse indefensos ante el acero ajeno sería su primera muestra de buena voluntad. Mantuvo la calma en sus facciones, en todo momento sosteniendo la mirada del otro con inexpresivos ojos azules, hasta considerar oportuno responderle. Una pausa había parecido necesaria.

- Sargento Mikaela Siegler. - Sus primeras palabras no fueron más que su presentación, como era lo más adecuado, dada en una voz aún juvenil pero firme. Habría extendido su mano para un apretón, poco acostumbrado a tratar con extranjeros pero sí a seguir protocolo, de no ser por la distancia y la lanza separándolo de Gerard. En lugar de ello, sólo inclinó la cabeza profundamente, para enseguida continuar. - Respondo por nosotros, Gerard de Grannvale. No hemos ido más allá del área establecida, sabemos que donde el castillo Zaxon deja de estar a la vista, deja de ser jurisdicción de Silesse. En cuanto a lo que acaba de suceder... - No alzó la cabeza de su posición por un par de momentos más. Al hacerlo, llevó su mano a su pecho en muestra de su sinceridad, suavizando la dura expresión de su rostro. Sabía lo que debía admitir, la culpa que le correspondía, y no dudaba en decirlo. - Me disculpo por el ataque que comandé. Fue apresurado e imprudente. No tenemos intención de entrar en conflicto con ningún hombre de Grannvale; puede mantener sus armas en alto por el tiempo que desee hasta convencerse de nuestra sinceridad. -

Con eso, si había evaluado correctamente el calibre del hombre ante él, pensaba que cuanto menos podría apaciguar las cosas. No le veía como alguien que atacaría a un blanco inofensivo. Si erraba y eran contraatacados, aún sería su culpa, pero sabía ya que no correspondía más que mantenerse así. Permaneciendo quieto y a la espera de indicaciones del líder de jinetes, sin tocar siquiera el mango de su sable pero dejándolo pender aún de su cinto a su lado, Mikaela agregó finalmente. - ...pero en este momento no puedo ofrecerle abandonar nuestras propias armas. Nos persigue demasiado peligro y nuestros recursos son muy escasos como para dejarlas. Estamos defendiendo Silesse de una invasión extranjera, motivo también por el que estábamos a la defensiva. Le ruego entienda. No tenemos mucho tiempo que perder. - Dijo. El tiempo aún apremiaba y la sensación de constante peligro no se desprendía ya de su persona, tenso como la cuerda de un instrumento, convencido de que en cualquier instante otro ejército podía arribar a por ellos desde cualquier dirección. No podían bajar la guardia.



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Gerard Van Reed el Vie Jul 07, 2017 9:13 am


La situación era tensa. Gerard mantuvo la mirada seria y el ceño fruncido durante varios minutos. Primero se cercionó de que realmente los soldados enemigos no tenían intención de atacar, para luego fijarse de nuevo en el soldado que tenía más cerca. Vio que el joven, o más bien, ahora que se fijaba en sus femeninos rasgos, la joven, le devolvía una mirada fría con unos profundos ojos que recordaban al mismísimo cielo azul. El nombre que dio, “ Mikaela”, lo confirmaba.

Escuchó atenta y pacientemente su explicación sobre por qué les habían atacado. De mientras, se fijó un poco más en ella. Era muy joven; en Grannvale, los de tan corta edad que aspiraban al oficio militar estaban aún en pleno adiestramiento, o tal vez ejerciendo de escuderos. ¿Y ella ya era sargento, capacitada para liderar y tomar decisiones como atacar a un destacamento y detener el ataque de sus hombres justo a tiempo? Tal diligencia a su edad era digna de respeto, si no admiración.

Dejó pasar unos segundos más, en los que mantuvo una mirada impasible, asegurándose de que no fuese una trampa. Al final, quedó satisfecho. - No. Os creo. - En su voz había ya menos frialdad. Inmediatamente después de decir eso, retiró la lanza y pasó a ponerla en alto, apuntando al cielo, lejos de la joven. Giró la cabeza hacia sus tropas.  - Bajen las armas. - A su señal, los hombres le obedecieron de inmediato, al parecer de acuerdo con su decisión. - Descansen.  -

Habiéndose asegurado de remover las hostilidades mayores, fue más allá. Bajó de su caballo con decisión, encaró a aquella soldado, se llevó una mano al corazón, encorvando el brazo, y se inclinó en una ligera reverencia. De mientras, los otros templarios volvieron cerca suya, y los que habían estado rodeando a los dos espadachines atacantes se pusieron en línea.

- Soy Gerard Van Reed, oficial de la Orden Templaria de la Santa Cruz de Grannvale.  Lidero este destacamento, y mi decisión de llegar a esta distancia ha sido casi igual de imprudente, mas debía cerciorarme de que los avistamientos en esta parte del país no venían de Silesse.- Dicho esto, volvió a ponerse recto y, sin más miramientos, quiso comprobar aquello que le había llamado tanto la atención desde el principio. - Mikaela Siegler, al detener el ataque habéis mencionado que somos soldados de Jugdral, dando a entender que los invasores a los cuales os referís proceden de tierras lejanas. -Dio una pausa de unos segundos, considerando una última vez sus palabras, pero optando al final por la confianza. - ¿Llevaban estandartes de otros continentes? De Tellius, ¿por casualidad? -

La espadachina parecía tener prisa, así que mientras hablaba, aprovechó para volver a su caballo para montarlo de nuevo. - Ya que habéis dado información y sois de un reino aliado, el honor me lleva a compartir la mía: también se han avistado ejércitos invasores en Grannvale. Los informes que se han dado carecen de detalles, mas mencionan la presencia de estandartes y banderas de Tellius en sus filas. - Dichos ejércitos habían azotado ya a numerosos pueblos de la periferia del país, demasiado lejos para que el ejército de pie pudiese alcanzarlos a tiempo. Gerard optó por no revelarle estos últimos detalles todavía; si realmente tenían un mismo enemigo, habría otro momento para hablar. - Se me ha dado completa autoridad y libertad en esta misión. Si hay enemigos comunes a ambos países, podríamos colaborar temporalmente. - ¿Se la habría enviado a reforzar un asentamiento? ¿Un castillo, quizá? Esperó a la respuesta de Mikaela para concretar en qué consistiría “colaborar” en aquella situación.
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Gema Destello
.
.
.

Support :
Corrin

Especialización :

Experiencia :

Gold :
955


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Mar Jul 25, 2017 2:04 am

Aunque por regla general al sargento le importase poco entender el mundo fuera de su reino y le costara un buen tanto saber relacionarse con extranjeros, debía reconocer que ese templario se expresaba en el mismo idioma que él. Actuaba de modo intachable en respuesta a todo, correcto y atento. El protocolo en Grannvale debía ser de un nivel decente, entonces. Mikaela no ocultó su alivio cuando las armas fueron bajadas en definitiva, soltando un suspiro y relajándose él también, dejando de escudriñar tan fijamente al hombre. No obstante, parecía que sus modales iban más lejos aún, tanto como para dejar su caballo un momento y hasta dar una reverencia a quien le había recibido con una espada. Era suficiente como para hacerle arquear una ceja, algo impresionado. De ese extranjero en particular, empezaba a tener menos reservas. Le trató, pues, como trataría a los suyos, recibiéndole con una expresión mucho más calma y hasta una cortés sonrisa en los labios. Simplemente de pie uno ante el otro, era más notorio el trecho que separaba su altura de la ajena, debiendo alzar la cabeza un poco para verle. - Gracias, Van Reed. - Pronunció brevemente, apartando la vista un instante entonces para indicar con un gesto de la mano a sus acompañantes que retrocedieran. El problema allí se había terminado antes de empezar.

En fuero interno hizo hincapié enseguida en que Gerard también mencionara avistamientos, mas aquella información no tardó en terminar de esclarecerse. El templario sabía bastante de las invasiones, por desafortundos motivos propios. Mikaela parpadeó algunas veces, sólo manteniendo la vista en él y escuchándolo en silencio por unos momentos, indeciso respecto a qué imaginarse de todo. Tellius también atacaba a Grannvale. No era la información más relevante para la situación de Silesse, pero igualmente toda una revelación respecto a la guerra que se desataba, dejándole con más preguntas nuevas que respuestas. No sabía ya si aliviarse o preocuparse de que su reino no fuese el único blanco de ataques. Sería algo a considerar cuando diera informe nuevamente en la capital, por seguro, o para pensar cuando hubiese menos presión a sus espaldas y asuntos ya en su mente. No obstante, agradecía la puesta en movimiento de parte del caballero y no tardó en reaccionar, pidiendo con otro gesto que se le acercaran las riendas de su propio caballo. El clérigo del grupo desató enseguida al animal del árbol en que había quedado y lo guió de regreso para entregar las riendas a su dueño.

- Así que no es solamente Silesse... - El rubio murmuró ante todo, acomodando su espada a su lado y cerrando un poco más su capa en torno a sí antes de montar. Al hacerlo, guió a su caballo para posicionarse de inmediato junto a la de Gerard, tan cercano como podía, y le habló ya indicando con un dedo salir a la dirección opuesta, a los llanos y vacíos campos de tundra nevada. - No hace falta ocultar lo que ocurre, menos con el nivel al que escaló, pero antes de responderle le pediré que venga conmigo un momento. Con esta clase de situaciones, prefiero tratar así, si no es inconveniente. - Apenas su mirada halló la ajena, gesticuló con un minúsculo movimiento de la cabeza y ya una sonrisa de disculpa a todas las personas que tenían alrededor. Cuando el tema era delicado, muchas veces era mejor que los superiores hablaran entre ellos. Demasiadas lenguas contando una misma historia podían contarla muy distinta, esparcir más de lo debido o comenzar a opinar fuera de turno. Movió las riendas nuevamente para echar a andar; su escuadrón iría detrás, pero a una prudente distancia.

- Déjeme agradecerle otra vez por pasar por alto el... mal comienzo. Es un buen caballero, Van Reed. - Sin dilación dio nuevamente las necesarias gracias. Le era raro hallar rasgos así en extranjeros, pero no se cegaba a verlos cuando allí estaban. Además, quería dejar las cosas lo más claras y pacíficas que pudieran quedar entre él y el otro hombre, motivo por el que su semblante se había tornado tanto menos severo. - Y no se preocupe, no tengo que secretos que cuidar. Sí, es casi todo Tellius quien nos invade. Sin declaración formal de guerra, sin señales que hayamos podido notar, sin nada... sólo una invasión repentina. Hace tres días comenzaron, y desde entonces no han parado de venir más y más de ellos. ¿Sabe usted si es a todo Jugdral? - Preguntó. Sabiendo sobre Grannvale era lo más natural de asumir, pero prefería confirmarlo. Con el estado en que estaban las cosas, intercambiar hasta información básica y simple podía servir. Y la cooperación ciertamente también podía servir, pero Mikaela se hallaba mucho más renuente a aceptar eso. Quizás se tratase de su inculcada desconfianza o de algún tipo de orgullo nacionalista, pero no se le antojaba apropiado recibir asistencia del grupo templario. Con toda la cortesía posible, agregó. - Y... agradezco mucho su oferta de ayuda, pero no hace falta. No sería productivo para ustedes. Sólo vamos a dar algunas rondas por esta zona para asegurarnos de que esté libre, de que pudimos retomar este castillo de forma estable, y volveremos a Silesse capital. ¿Puedo preguntar por qué tan solidaria voluntad, de todas formas? - Dijo. Grannvale tenía sus propios problemas y ellos sólo se encontraban en la frontera por efecto del azar. Por un momento se preguntó si acaso lucirían tan maltrechos o cansados como para inspirar lástima, aunque él, personalmente, se hubiese mantenido con un uniforme limpio en la medida de lo posible. Mal descansado, pero al menos no salpicado de sangre sino sólo en las botas.


Última edición por Mikaela el Vie Ago 04, 2017 5:00 pm, editado 1 vez



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Gerard Van Reed el Mar Jul 25, 2017 9:34 am


Gerard dejó que la chica se le acercase con su caballo, y asintió con la cabeza ante la proposición de hablar en privado algo más apartados. Inicialmente le pareció algo extraña: ¿es que no depositaba completa confianza en sus hombres? En su Orden, eran todos hermanos y hermanas, así les enseñaban y así convivían. Pero no, era normal, pues tal vez alguien de tan corta edad sería algo reservada. O puede que simplemente era normal en rangos militares corrientes, a diferencia de caballeros de élite como su Orden. O tal vez la información que seguiría requeriría de una especial discreción. La siguió sin rechistar.

Inclinó un milímetro su cabeza ante el cumplido. - Vos no os quedáis atrás. Vuestra diligencia es admirable.- Alguien tan joven, como de unos 14 o 15 años, ¿y ya sargento? De creerlo necesario, Gerard nunca hubiese dudado ni por un momento llevar a cabo una osadía parecida a la que había realizado Mikaela, siempre y cuando no llegase a una afrenta a su honor, es decir, siempre y cuando detuviese el ataque antes de que fuese tarde, como había hecho ella. Procedió, pues, a explicarles la verdad. - No tengo constancia de mucho más, salvo lo que os he dicho. No sabíamos que también estáis siendo atacados en Silesse, así que solo los dioses saben si Manster y Thracia corren la misma suerte. - El ataque a Grannvale había sido rápido y sin previo aviso, por lo que no había habido tiempo de generar un informe detallado al resto de países aliados, ni había recibido él ninguna nueva.

Su expresión seria no hizo más que agudizarse con la pregunta de la espadachina, pues qué fácil era la respuesta. - Por el honor y la gloria de Grannvale, por supuesto. - Procedió a explicarse tras una pausa de unos segundos. -Me acabáis de proporcionar datos valiosos. Si de esta misión podemos obtener, además, información acerca de los paralelismos y las diferencias de los ataques a ambos territorios, tal vez las autoridades de ambos países puedan organizar algún tipo de estrategia.- Grannvale era un país orgulloso, que nunca aceptaría perder el control sobre sus vastas tierras, pero controlar un país tan grande no era tan fácil sin asegurar las fronteras. Era importante, pues, trabajar con los aliados mientras siguiesen siendo aliados.

- Así, estaremos sin duda un paso más cerca de zanjar este asunto, y de dejarles claros a esos bárbaros de Tellius que Grannvale no se doblegará ante semejante ataque sorpresa y cobarde. El puño de la fe y la justicia golpeará en su moral como un martillo sobre un yunque.- Dijo esto último golpeando su puño derecho con decisión en la palma de la otra mano. - Caerán derrotados en cuestión de meses, si no semanas.- Su determinación y confianza como caballero sagrado, después de todo, no tenía parangón, y siempre le era placentero mostrarlo al resto del mundo, pues al hacerlo no le cabían dudas de que demostraría la de su querido país.

Había otra razón, además, por las que les había ofrecido su ayuda. Era parte del deber de los caballeros templarios el de guiar a los malaventurados en cuestiones religiosas: a pesar de que Forseti se la veía como una deidad “aliada” a Naga -pues uno de los sagrados cruzados creía en Forseti-, no podía imaginarse venerarla a ella antes que a Naga. Sin duda, actos como aquel les ayudaría a ver la senda de la verdad a los pobres soldados de Silesse, que, a diferencia de los caballeros de Grannvale, no gozaban de protección divina.

Pero por supuesto, no podía decir algo algo así, al menos no cuando todavía había una misión que cumplir, pues posiblemente generaría una ofensa que dificultaría su cometido. Tal vez más tarde, cuando averiguase más. Además, su mera presencia ya constituía una muestra implícita de la autoridad y majestuosidad de Grannvale, que sin duda era la envidia del resto de los Jugdralitas. Sus vestimentas, emblemas y armaduras, después de todo, estaban diseñadas precisamente para resaltar dicha autoridad.

Tomó las riendas de su caballo, adelantándose unos pasos para indicarle a la sargento su voluntad de empezar a moverse. ¿Tal vez hacia el castillo que había mencionado ella? Podrían comprobar el estado en que se encontraba; ¿lo habrían capturado? ¿Destruido? ¿Habrían pasado de largo?
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Gema Destello
.
.
.

Support :
Corrin

Especialización :

Experiencia :

Gold :
955


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Sáb Ago 05, 2017 12:17 pm

Para Mikaela, mantener en total claridad la escala de poder entre él, sus superiores y sus subordinados era de suma importancia. Lo cierto era que el rango que ostentaba no se debía enteramente a su esfuerzo o su capacidad sino, en primer lugar, a su apellido. Llevar su nombre familiar había abierto puertas inmediatas, prematuras. En segundo lugar, se lo debía a la deferencia de superiores a los que había comenzado a apegarse, siempre solícito, comprando con largas horas de plática y de compañía un asidero o dos del que sujetarse en su escalada. Tenía motivos para desear una carrera ambiciosa en el ejército y hacía todo lo que pudiese para conseguirla, todo lo que fuera necesario. Con condiciones así tras él, mostrarse capaz, firme y mantener una separación entre él y sus subordinados era vital para mantener su respeto. Lo era todo. Si cualquier persona se lo preguntase, sin embargo, diría que avanzaba por sus propios logros, que dedicaba todo de sí al ejército para conseguir lo que tenía; y tampoco sería mentir.

Le complacía transmitir una impresión digna al templario. Aunque el juicio de un extranjero regularmente le fuera indiferente, en ese caso tenía algo de relevancia, la situación le daba motivos tanto para hablar más extensamente con él como para tratarle con amabilidad. Alzó el mentón un poco, sin disimular demasiado su contenta sonrisa. Riendas en mano, movió a su caballo para enfrentar la misma dirección que el hombre de cabello castaño, e indicó con una suave presión de los tobillos al animal que anduviera. El soldado no había estado quieto por mucho tiempo aquel par de días, hacerlo ya no se sentía correcto ni seguro. Cierta distancia atrás, sus subordinados ya montaban también. A las palabras de la voz seria y formal a su lado, Mikaela asintió levemente. - Silesse no tenía ni tiene particular relación con ningún reino de Tellius. Nuestro territorio no es más rico en recursos ni en extensión que ninguno de Tellius, tampoco. No hay motivo imaginable por el que seamos su blanco. Si lanzaron un ataque tan arbitrario a nosotros, y también a Grannvale... entonces... no tengo respuestas seguras, pero me basta para asumir que es al continente entero al que decidieron invadir. - Respondió con lentitud, pensativo. Era tan claro como podía en que aquello no era más que conjetura personal, pero aún así, le era útil saberlo y decidir qué pensar.

Inclusive a él, quien con orgullo y fidelidad continuaba luchando por su reino, la entrega total del templario a la gloria de su hogar se le hacía algo excesiva. Era bastante decir. No obstante, pasó aquello por alto y sólo se enfocó en el resto de sus palabras, guardándose cualquier juicio de sobra y mirándolo de reojo desde el lomo de su caballo. Tenía la idea correcta sobre intercambiar información. En una situación desesperada como aquella, la independencia o cualquier recelo innato entre naciones separadas no tenía cabida. No obstante, le tomó bastante desprevenido la seguridad del caballero, no porque continuara hablando como se decía que siempre hablaban los templarios, sino porque realmente parecía convencido de que Grannvale ganaría contra esa amenaza. Por varios momentos, el rubio no supo si interpretar eso como la ceguera de quien tenía demasiada fe, o una muestra de que Grannvale había repelido la invasión mucho mejor que Silesse. Visto lo que él había visto y vivido lo que él había tenido que vivir por las últimas 72 horas, se le hacía difícil de creer. Su entrecejo se frunció un poco en consternación y volvió la mirada al frente, sin responder aún, sólo guiando a su caballo en la dirección correcta para que Gerard le siguiese, continuando el rodeo que daban al castillo fronterizo.

- Quiere decir que... ¿Grannvale está consiguiendo repeler la invasión? ¿Ya? - Preguntó de frente, sin saber qué interpretar de ello. De todos modos, no cambiaba en absoluto lo que pensaba decir. Con un tenue suspiro dejando sus labios, continuó sin alzar demasiado la voz, manteniendo la plática para oídos suyos y de Gerard solamente. - No puedo negarle lo aparente, no ahora. La verdad es que Silesse no está en las mismas condiciones. Estamos haciendo todo lo posible por recuperar la frontera por tierra antes que las costas, la frontera con Grannvale, de modo que podamos defender el castillo Silesse mejor, pero no puede asegurarse nada. Hasta esta mañana, parecía que estábamos por ver el fin, todos nosotros. La situación sigue cambiando muy rápido y aún no sé cómo pueda terminar. - Admitió, tragándose los comentarios en la punta de su lengua sobre la cantidad de tropas que habían perdido o lo difícil que era mantener a los restantes luchando. No iba al caso. En otras circunstancias sus declaraciones habrían sido demasiado para compartir, pero en una situación en que la misma Silesse podía colapsar en cualquier instante las cosas eran distintas. Mikaela no suavizaba la verdad, mas tampoco pedía ayuda al nombrarla. Las cosas eran como eran. - Así que, igualmente, le diré lo que conozca y agradeceré mucho lo mismo de regreso. Cuanto menos, podrá regresar a casa con la información de que el ejército de Silesse está decidido a cuidar la frontera que compartimos. Véalo con sus propios ojos, si desea. -

Lo decía porque la misma zona fronteriza era la que se desplegaba ante sus ojos, despejada y silenciosa. El castillo Zaxon, construido en un punto apenas levemente más alto, pues el terreno allí no tenía grandes altibajos, quedaba a la vista en poco tiempo. La bandera rasgada durante los combates había sido bajada de su asta y se alzaría pronto un estandarte de Silesse nuevo, limpio y de gran tamaño, a modo de comunicar a los soldados del mismo reino que se había retomado exitosamente. De momento, el área inmediata entorno al castillo seguía siendo de nieve teñida de rojo, cuerpos y armaduras regados, ya a medio cubrir por la nevada ligera de la temprana mañana. No había suficientes manos disponibles para defender el reino, menos para perder tiempo retirando cuerpos. Al menos, la nieve demoraba la putrefacción y evitaba un problema de salubridad de momento. Sólo se prescindía de un arquero y un par de truhanes que revisaban de forma superficial, recuperando de los caídos recursos que pudieran usarse y piezas de armadura con emblemas que sirvieran luego de testimonio de los sucesos. Con todo dejado allí, la escena se extendía por medio kilómetro entorno al castillo de piedra. Mikaela la miró impasivo al andar, prefiriendo apartar la vista para revisar los cielos o las arboledas derredor, de donde todavía podían aparecer enemigos. El frío coloreaba de blanco su aliento frente a su boca y el viento que daba contra su rostro al cabalgar revolvía levemente su cabello claro, algo largo. La delicadeza de sus rasgos y la capa un poco más cerrada en torno a su cuerpo de todavía baja estatura hacían todo lo contrario a dejar en claro su género, manteniendo la imagen andrógina que, sin saberlo, seguía dando. Habló bajo, considerando que lo que veían hacía oportuno preguntar. - ¿Ya peleó con los invasores? Son... "inusuales" sería poco decir. Hay algo extraño respecto a ellos. ¿Ha notado? - No quería dar demasiados detalles sin oír, primero, de lado del caballero, de ese modo no influenciaría su impresión con lo que él mismo había notado de extraño hasta el momento. Su vista se posó fija y atenta en él, aguardando.



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Gerard Van Reed el Sáb Ago 05, 2017 4:01 pm


Se quedó pensativo ante el comentario de Mikaela. Sin duda, era más que posible lo que decía: todo el continente podría estar viéndose envuelto en una invasión. Asintió hacia ella en silencio; solo podía especular, realmente. Después, la estuvo escuchando atentamente. Así que Silesse no estaba logrando repeler la invasión. - Ya… veo. - Su voz mostraba su seriedad habitual, pero instintivamente, se llevó una mano a la cara, para esconder su expresión, asegurándose antes de que ella no le viese. Para esconder la sonrisa que se le acababa de formar. Internamente, era más: una risa. Por supuesto que no lo estaban consiguiendo. Esos pobres Silessianos, tan empeñados en creer en Forseti por encima de Naga. Forseti era un dios bueno y verdadero, pero secundario, y ya era hora de que se diesen cuenta. Sin duda, era una señal divina de sus errores. De ser posible, aquel conflicto les enseñaría la verdadera fe: la fe de Naga, la diosa creadora.

Siguió a la espadachina de cerca por aquel paisaje helado, con sus caballeros pocos metros detrás. Qué frío hacía… la indumentaria de Gerard y su armadura le resguardaba parcialmente, pero solo había estado en Silesse en una ocasión más. A pesar de tener que mantener la imagen, no pudo evitar que su dentadura temblase un poco, tiritando por el frío. Además, cabalgar era difícil, empalagoso, pero acabaron llegando al escenario que Mikaela había querido mostrarle: el castillo silessiano fronterizo, y al pie del mismo, los vestigios de una batalla. Era un escenario desolador, al que Gerard observó con desosiego en silencio. Rezaría por los caídos, en otro momento. Y de todas formas, qué poco respeto tenían esos hombres que se encontraban registrando a los caídos. Gerard les miró con el ceño fruncido. ¿De tan pocos recursos disponía Silesse, cuyos soldados debían recurrir al saqueo de los cuerpos de sus propios soldados?

Lo único algo atractivo del paisaje era la presencia de aquella espadachina, cuyos femeninos rasgos se veían acentuados con la nieve, el cielo azul y el frío viento. Por supuesto, no dejó que tal imagen le distrajese de su cometido, y tampoco era de los que se quedaban embobados mirando a una doncella. Además, era una soldado honorable. Así, atendió diligentemente a lo que le había preguntado, siguiéndola de cerca mientras tenía cuidado de que su caballo no pisase a ninguno de los caídos. - ¿Inusuales? ¿A qué os referís, Mikaela? ¿Es que no son simples bárbaros? - Estaba algo confuso. ¿Acaso los invasores tendrían alguna peculiaridad? - Oh, ¿tal vez había hombres bestia con ellos? ¿”Laguz”?  - Humanoides con la capacidad de transformarse. Vistos como simples bestias por muchas personas... pero no era el caso de Gerard. - He leído que se halla una gran variedad de ellos en Tellius. Deben de ser enemigos considerables.- Enfrentarse a ellos no estaría tan mal. Gatos, lobos, leones... ¡ya podían venir! Su lanza acabaría con todos y cada uno de tales bestias. ¿Y qué otra cosa podría haber de extraño, después de todo?

- Siento mucho no tener información valiosa yo mismo al respecto, pues no he tenido la oportunidad de combatir contra ellos todavía. - Procedió a explicarse, pues ella no tendría por qué saber que tareas más comunes de los templarios de Grannvale se basaban en cuestiones religiosas. Para otras, estaba el ejército regular.  - Los de la Orden hemos estado ocupados con una secta de Loptyr que se concentró en Agustria, al oeste. Por supuesto, no han supuesto ningún problema hasta la fecha, y ya tenemos la información necesaria para atacar su cuartel general. Lidiaremos con ellos antes; mientras, el ejército regular se está ocupando de estos bárbaros. - Pero le estaba diciendo muy poco realmente. En circunstancias normales, no daría información que dejase en evidencia su país, pero aún así, Mikaela se estaba mostrando muy generosa con la suya, por lo que decidió tragarse su orgullo por un momento. - Mas he de decir que hasta ahora no ha logrado dar abasto. Estos enemigos han conseguido vencer en algunas escaramuzas menores a las guarniciones estacionados en las zonas más remotas. - En los ducados de Velthomer y Jungby, concretamente, habían perdido el contacto con varias fortificaciones y aldeas, pero no era necesario entrar en más detalles de la cuenta. Y sin duda, no iba a seguir así la cosa. Así pensaba él, por supuesto, pero sin saberlo el templario, la situación estaba empeorando, no mejorando. Pero después de todo, su fervor no tenía parangón: no podía creer en una posible derrota de su amado reino.

Por ello, no pensaba dejar caer eso sin hacer un comentario a favor de su patria. -Grannvale es un país muy grande, después de todo. A veces se hace difícil controlar de forma perfecta todo el territorio. - En su mente, estaba diciendo algo muy obvio, y su intención no era realmente presumir del poderío de su país, sino más bien dejar las cosas claras: Grannvale era un caso diferente al de Silesse, y no ocurriría lo mismo allí. Por supuesto, cualquier persona común pensaría que estaba fanfarroneando, pero para Gerard, la superioridad territorial y militar de Grannvale era más que evidente. Era como decir “mañana saldrá el sol”. - Es probable que por ello a los de la Orden nos envíen a apoyar al ejército regular. - Se giró entonces hacia la joven, pasando de mirar el castillo a sus orbes azulados. - Con esta nueva información, junto a nuestro enorme poderío militar y vasta experiencia, estos bárbaros no se saldrán con la suya durante más tiempo...- Con su máxima seriedad, se llevó la mano que tenía libre al corazón.  - Pues tanto nuestras ciudades como nosotros mismos contamos con la bendición divina. - No era un hipócrita. No mencionaría el nombre de Naga en territorio Silessiano… pero la diosa creadora estaba implícita en dicha información. Algo así no constituía una herejía, técnicamente. Era un templario; no se le iba a escapar un error así.
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Gema Destello
.
.
.

Support :
Corrin

Especialización :

Experiencia :

Gold :
955


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Dom Ago 20, 2017 7:30 pm

Interpretó las palabras escuetas y gesto esquivo de Gerard como una especie de discreto pésame por el estado de Silesse. En ese sentido, agradecía que no se dijera nada más, pues no creía ser capaz de recibirlo adecuadamente en ese momento. No había sentido en lamentaciones. Lo único que ocupaba la mente de Mikaela era la seguridad de que debía salir vivo de ello de una forma u otra, tan enfocado en proseguir que ya no percibía el desolado entorno como algo digno de demasiada atención siquiera. Había andado a través de escenas como aquella en ya demasiadas ocasiones como para recordar con claridad, todo en los últimos dos días. La guarda de tela de sus botas no se hallaba más oscura y rígida hasta sus pantorrillas por estar en contacto con la sangre del enemigo, solamente. Sin detenerse, tan sólo cuidadoso en guiar a su blanco caballo por espacios despejados y no perder cercanía con Gerard, escuchó las preguntas del templario y rápidamente comprendió lo distintas que habían sido sus experiencias. Y no sólo eso.

- Laguz... ¿cómo sabe usted de los laguz? - No pudo evitar interceder para cuestionar eso, parpadeando con leve asombro. Era cultura extranjera a la que no toda la población tenía acceso o interés, y no había creído que a los más dedicados religiosos de Grannvale les importara el mundo fuera del continente. Por lo demás, un gesto algo ansioso apareció prontamente en su rostro, subiendo los hombros y agachando un tanto la vista al pensar siquiera en las bestias. Sabía bien lo que eran. Alguno de ellos, un hombre o mujer alada con quien alguien incauto en la familia Siegler había elegido yacer generaciones atrás, era la causa de toda dificultad en la vida de Mikaela. Sentía que la sangre sucia le hacía escocer la piel si pensaba demasiado en ello, le antojaba rascarse y arañarse para sacar los humores malignos de su cuerpo. ¿Sabría el caballero Van Reed que eso existía? El rubio se abstuvo de distraerse y prosiguió en voz baja, conteniendo un estremecimiento. - Pero no, no he visto ninguno hasta ahora. Espero que se mantenga así, sería un desastre para nosostros si, además de todo, tuviéramos que lidiar con bestias... - Dijo. Suficientemente difícil era luchar contra los invasores ya presentes, como para aprender formas adecuadas de contrarrestar algo más nuevo.

Resultaba difícil imaginar la victoria por sobre las huestes de Tellius, pero del modo en que Gerard la describía, parecía ser un hecho inminente para Grannvale. Si eran pocas sus derrotas y todavía ni siquiera concentraban la totalidad de sus fuerzas en la súbita guerra, era de asumirse que les iba muchísimo mejor. Mikaela aminoró inconscientemente el paso de su cabalgata y le miró, buscando seña de duda, mas no encontró ni la más mínima. Ni siquiera parecía ser un fanfarroneo para disimular flaqueza, pues el templario lo decía con la más llana seriedad. - Su situación sigue siendo... sorprendentemente buena. Suena optimista. - El joven respondió entonces, con lentitud. - Si aún hay tropas con las que reforzar las defensas de Grannvale ante la invasión, espero que puedan disponer lo más pronto posible de ellas. Quizás con eso ya logren sobreponerse... - No supo cómo sentirse al respecto, si acaso alegrarse de que no les esperara victoria a los invasores, guardar hostilidad hacia Grannvale por ser quienes probablemente vivirían para ver la caída de los demás, o simplemente sentirse frustrado por la incapacidad de Silesse de sostener sus defensas. A fin de cuentas lo omitió todo, apegándose a lo que era más correcto de su parte, como sargento: con el justo profesionalismo, sólo dio una sonrisa cansada y la respuesta que consideraba adecuada. - Me alegra saber que así es como van las cosas. Pase lo que pase ahora, la frontera que compartimos será defendida. -

Gerard estaba honrando el intercambio de información, como también cumpliendo su palabra de acompañarles un momento mientras comprobaran que no había peligro en la zona. Por tanto, Mikaela no dudó en proceder a lo que consideraba aún más relevante. Haló de sus riendas suavemente para indicar el curso a su caballo y con un gesto de la mano indicó al templario mantenerse cerca. - Pero lamento decir que realmente no parecen bárbaros comunes. Es bueno saberlo antes de ir al combate, con tal de no subestimarlos. Un superior a cargo de mi destacamento me dijo cómo es enfrentarse a ellos en verdad, lo que parecen ser capaces de hacer... - Comenzó. Una mirada atribulada aparecía en sus ojos. Preveía que sus palabras sonaran extrañas, quizás difíciles de creer, mas conscientemente se esforzó porque su voz no se afectase y las diese en el mismo tono que antes. - Me relató que después de un combate, cuando él y dos de sus cercanos intentaban regresar a base con un herido, se toparon con uno más de ellos que debía haber sobrevivido. En un ataque a gran escala no hay tiempo a analizar sujetos individuales, menos dialogar, ni llevar una observación cercana del modo en que se desempeñan o a cuantos hombres son capaces de matar. Pero, en ese momento, pudieron ver de cerca a sólo uno de los invasores. Al parecer, un caballo lo había derribado, dejándolo herido sobre la nieve por un tiempo, pero vivo. Mi superior le vio alzarse. Ha dicho que su brazo derecho estaba torcido en un quiebre por la pisada del caballo, y sin embargo el hombre tomaba su lanza con ambas manos. No se quejaba de dolor, no parecía estar reaccionando... intentaron hablarle, indicarle que se rindiera, pero no daba respuesta. Sólo los atacó. - Mikaela se estremeció, apretando las riendas en sus manos. Su mirada vacilaba un poco hacia el suelo, buscando todavía una explicación que jamás había llegado. - Era demasiado veloz con la lanza para el estado de su brazo. Mató al herido. Por supuesto que nuestros hombres atacaron también, lograron lastimarlo varias veces, inclusive... cortar uno de sus brazos. Pero el invasor no se detenía. Todo lo que usualmente doblaría a un soldado de dolor no tenía efecto, su resistencia era... demasiado superior a la de ellos. Logró matar a otro antes de caer. - En cierto punto, no pudo sino comenzar a suavizar su voz. No había un sólo hombre a quien considerase cercano a sí, pero no conseguía ser indiferente a la muerte de compañeros de armas que jamás le habían hecho un mal. Y la historia que relataba, en sí, ameritaba delicadeza al remitirla. - ¿Cómo puede un soldado común pelear contra uno así? No entiendo de dónde obtienen esa clase de rigor... pero es la clase de enemigo al que nos hemos estado enfrentando. Debemos ser veloces y certeros, no ha habido otro modo de sobrevivirlos. -



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Gerard Van Reed el Lun Ago 21, 2017 11:07 am


Internamente sintió un fuerte orgullo ante el comentario de Mikaela sobre sus conocimientos, claro que no lo mostró. Simplemente mantuvo su aspecto taciturno y la seriedad impecable en su voz. - Subestimáis la capacidad de recolecta de información de nuestra Orden, Mikaela. - Los “laguz”. Como había dicho la joven, no muchos sabían de la existencia de no humanos. En Jugdral, de hecho, no los había. Tampoco en Magvel, el continente con el que más guardaban relación los países de alrededor. Los “hombres bestia” eran propios más bien de tierras lejanas, más allá de los grandes océanos, a las que pocos barcos habían llegado para explorar. De hecho, tales expediciones se llevaban a cabo de forma muy limitada. Pero sí que se habían realizado unas pocas. Informes de avistamientos de criaturas antropomórficas llegaron a Grannvale muchos años atrás. Y si llegaban a Grannvale… - Todo conocimiento que se posea en el país es accesible para nosotros. Por básica que sea la información de la que se dispone, los caballeros templarios debemos estar preparados para lidiar con cualquier tipo de enemigos. Humanos o, como decís, bestias. - Mikaela dijo que no había visto a los laguz en las filas enemigas. Otra pieza importante de información.

Lo que no esperaba era la siguiente explicación que realizó la joven espadachina. - No… sentía dolor, ¿decís? - Preguntó Gerard con algo de duda en su voz, mientras se la quedó mirando con un semblante confuso. ¿Qué estaba diciendo? Por un momento, pensó en la posibilidad de que Mikaela se había sentido intimidada ante la grandeza de Grannvale, y que estaba fabricando historias para hacer que Gerard y los templarios se asustasen del enemigo común. Pero ¿acaso no le había parecido ya un soldado honorable? ¿Cómo podría alguien tan joven llevar a cabo tal artimaña? Además, se la veía confusa, dudosa, e incluso adolorida. Temerosa. ¿De verdad estaría mintiendo? ¿Qué habría visto?

Fuera lo que fuese, tal vez había sido engañada, pero Gerard dudaba mucho de que estuviese mintiendo. Además, ya se le había ocurrido una explicación para ello, que procedió a exponer. Negó con la cabeza para sí mismo, dejando de dudar de ella. - Los humanos no son capaces de tal cosa, debe de haber alguna explicación. Tal vez se trate de un batallón entrenado a base de miedo, y de torturas. Y ¿no podría tratarse de algún brebaje pagano? Es posible que el soldado, al haberse visto intimidado, haya usado, en el último momento, alguna extraña pócima de Tellius que le impidiese sentir dolor. - Sí. Había combatido contra herejes, que estaban envueltos en barbáricos rituales y realizaban una perversa magia oscura. ¿Quién iba a decir que no fabricasen también pócimas parecidas a los Vulnerary, tal vez mezclada de alguna sustancia repugnante y herética? - O tal vez incluso… sea posible que dioses malignos, paganos, se hayan apoderado de tales soldados. Qué triste existencia sería. - En Jugdral, se creía que los dioses podían poseer a aquellos dignos, ya fuese para llevar a cabo tareas divinas y justas o para esparcir el mal. Gerard y su Orden llevaban tal asunto mucho más allá. Es por ello que tenía claro lo que eso significaría. - De ser el caso, y debido a este ataque, tal vez la Orden decida emprender una cruzada en nombre de la luz para poner fin a tal herejía.  Los paladines de los dioses oscuros caerán ante los del bien.  - Tuvo que aguantarse para no mostrar su intensa alegría por dicho pensamiento. ¡Una sagrada invasión para eliminar a los impuros que se dedicaban a matar a inocentes y jugar con la muerte! ¿Podría haber algo más glorioso que esparcir la luz de Naga más allá de los mares?

Miró hacia Mikaela de forma decidida para transmitirle su firmeza, pero entonces reparó de nuevo en la preocupación de la joven. Sus ojos se posaron en su rostro una vez más. Se quedó así unos segundos… y se dio cuenta de su error. Gerard había estado todo el tiempo desde que se había encontrado con los Silessianos haciendo muestras implícitas de superioridad. Sin embargo, entre todas ellas había olvidado algo importante: era un caballero, por muy implacable que fuese. Mikaela, como el resto de Silessianos, era aliada suya. Y acababa de perder a muchos compatriotas.

Así pues, había una cosa mucho más importante que debía hacer. Indicó a su caballo que se acercase un poco a Mikaela y, con cuidado, puso una mano sobre uno de sus hombros. Decidió contestarle lo mejor que pudo a la pregunta que había formulado.

- ¿“Cómo puede pelear uno ante una fuerza aparentemente superior”, Mikaela? - Sus orbes se posaron en los de ella. - Recordando nuestros votos como soldados y caballeros. Aferrándonos a aquello por lo que luchamos. Por aquellos que no pueden defenderse por sí solos, por aquellos inocentes cuyas vidas se hallan amenazadas por las fuerzas del mal, debemos reunir todo el valor que nuestros corazones puedan darnos. Solo así podremos vencerlos. A los de Tellius, por misteriosos que sean sus rituales… y cualquier otro enemigo que amenace con perturbar la integridad del pueblo. - Acabó dejando una docena de segundos pasar en silencio, para luego asentir y dirigirse con Sterk hacia delante, donde se hallaban los cuerpos de varios soldados Silessianos caídos, a los que se quedó mirando.

Sí. Levantar la moral de sus aliados era algo a lo que debía acabar de acostumbrarse si quería seguir avanzando en los rangos militares… y parte de su deber como caballero del reino. Una chica tan joven como ella podría asustarse sin duda. Era su deber como compañero de oficio transmitirle el valor necesario para seguir adelante. También por aquellos que habían caído, como eran los innumerables soldados delante de ellos. Por aquellas almas malaventuradas, que habían caído ante el poderío de un enemigo oscuro, debían luchar.
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Gema Destello
.
.
.

Support :
Corrin

Especialización :

Experiencia :

Gold :
955


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Jue Ago 31, 2017 4:08 pm

Mikaela creía en el relato de su superior, y era la veracidad lo que lo volvía todavía más inquietante. Había trabajado su cercanía con su coronel lo suficiente como para estar seguro de que le había relatado esa experiencia en confidencia, atreviéndose a revelar los muy reales temores que de allí en más lo atormentarían a la hora de acudir a combate. Y ahora, la inquietud residía en él también. No pensaba retroceder de su postura, continuaría defendiendo su reino hasta las últimas instancias, pero saber la clase de enemigo a la que se enfrentaban dibujaba horizontes inciertos para Silesse. Soldados que no sentían dolor, tan decididos y crueles que ni siquiera perder sus cuerpos en el camino iba a detenerlos. Era difícil de creer, lo comprendía, pero considerados lo arduos que habían sido los combates en que él mismo participara hasta el momento, estaba convencido de lo que le transmitía a Gerard. Aguardó pacientemente su respuesta, en cierta forma aliviado de que tomase lo dicho con seriedad y respondiese con buenas conjeturas. El rubio lo pensó por unos momentos, atento, respetuosamente cuidando no interrumpirlo con sus impresiones o siquiera gestos que delataban lo que le parecía cada idea. Más teorías, teorías dadas desde otra perspectiva, no venían a mal. Se llevó una mano al mentón, bajando la mirada en pensamiento.

- Dado lo que he visto y oído de mis superiores... diría que todo eso es posible. Pero no puedo darle más certeza que esa. - Respondió finalmente, con cuidado. No tomaba demasiado a pecho la teoría de dioses oscuros en juego, si bien Mikaela era más creyente de lo que le gustaría ser, no creía que fuese para esos propósitos o con esos métodos que los dioses existieran por sobre la humanidad. Sin embargo, todo lo demás era posible en igual medida. Las conclusiones finales del caballero llamaron su atención aún más, alzando la vista con un deje de sorpresa a ello. - ¿Una cruzada? Después de asegurar la situación de Grannvale, me imagino... - Dijo. En una situación tan difícil, ya había oído con claridad que Grannvale se hallaba bien, con altas posibilidades de repeler la invasión de ahogaba a Silesse, pero siquiera considerar que les sobrasen las fuerzas y recursos como para responder con actos contra Tellius era demasiado. De ser así, cabía preguntarse si estarían dispuestos también a hacer algo respecto al resto del continente en peligro, pero el orgullo impidió al espadachín siquiera mencionarlo. Un problema nacional debía ser resuelto por los soldados del reino. Podía pedir ciertos actos de cooperación, pero solicitar ayuda de otros habría sido penoso.

Por tanto, el joven se abstuvo de mencionarlo y se mantuvo cerrado en su propia realidad, apenas asintiendo quedamente. Notó el adelantar del caballo ajeno en su dirección y al notar el contacto que se posaba en su hombro, cubierto por el uniforme y la capa de viaje, detuvo al suyo propio para quedar de pie allí, junto al templario. Alzó la mirada con algo de curiosidad a la del varón mucho más alto, sin comprender del todo bien por qué este le veía fijamente o se molestaba siquiera en una respuesta tan concienzuda. Intentaba darle fuerzas, eso era todo lo que entendía. Por un par de momentos, sólo parpadeó. Llegó a entreabrir los labios para decir algo, pero antes de ello desistió, tomando conciencia de lo que veían sus subordinados y ladeando la cabeza hacia ellos de inmediato. Sólo hizo falta aquello para que detuvieran también sus caballos, manteniendo la distancia.

- Por supuesto... agradezco su consideración, Van Reed. Pero no deberá preocuparse. Y no me haga ver de este modo, por favor. - Mikaela dio una sonrisa de disculpa, sin explicarse de sobra. No quería que sus hombres vieran a su sargento confortado por un extranjero, ni ninguna flaqueza similar. No le desdeñaba, pero no era un buen contexto. Alzó un poco la voz al proseguir, recto en su montura y mostrando una mirada también firme. Se había recobrado ya de su momento de duda, reinaba otra vez el semblante que tenía que mantener. - Pienso seguir adelante. Mis hombres confían en mi para guiarlos y mis superiores confían en mi para llevar a cabo sus ordenes. Si Silesse está destinada a morir así, puedo asegurar que seré una de las últimas personas sosteniendo la defensa. Si así debe ser... mantendré lo que ha dicho en mente, porque mi decisión ya está tomada. - Dijo, tan calmo como podía estar al pronunciar esas palabras. No terminaría de morir con el reino si sus propios asuntos no estaban terminados para ese entonces, pero aquello todavía quedaba por verse. Cuando Gerard se movió, notó un color surgir en el paisaje detrás, hallando que el castillo acababa de izar la bandera del reino a cuenta nueva. Sus rondas por la zona no habían estado revelando amenaza alguna, así que debían haber llegado a la conclusión de que su campaña había sido exitosa.

- Creo que efectivamente el enemigo se ha decidido a retroceder de esta zona. Con esto, ambos castillos de la frontera terrestre han sido recobrados. - Alcanzó al varón de cabello castaño para anunciar el hecho con una sonrisa. Hacía suficiente tiempo ya que no detectaban enemigos y el último rodeo dado a la zona había sido suficientemente amplio. De proceder más allá, ni siquiera estarían en Silesse. Con aquellas locaciones de vuelta bajo control de la milicia, el castillo capital sería más fácil de defender; la costa seguía dominada por las huestes enemigas que no paraban de llegar, pero era un pequeño progreso. Con eso, Mikaela intuyó que era tiempo de proceder. Inclinó la cabeza levemente ante el templario al hablarle en un modo que sugería que era momento de despedirse. - No tengo más información para intercambiar, así que no tomaré más de su tiempo. Tengo que seguir adelante y reportarme a la capital, también. -



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Gerard Van Reed el Jue Ago 31, 2017 5:02 pm


Gerard se había adelantado un poco, unos metros por delante de donde se encontraba la espadachina. En aquellas llanuras heladas, innumerables soldados Silessianos se hallaban caídos, listos para volver a la tierra y con los dioses, seguramente habiendo luchado valientemente contra los enemigos oscuros. El caballero desmontó, agachándose ante uno de ellos. Juntó entonces las manos, entrelazó los dedos y llevó su frente hacia delante, apoyándola, permaneciendo así unos segundos. - Que tu alma pueda encontrar descanso en el más allá.- Por respeto a los caídos, eligió pronunciar una oración en común a las dos fes.

Al fin y al cabo, muchos de ellos no tenían la culpa: las raíces de Forseti en Silesse eran fuertes y profundas, lo cual hacía difícil que sus habitantes pudiesen ver la luz verdadera. ¿Acaso se les podría atribuir grandes culpas por elegir el camino equivocado? No. Una triste carrera siguiendo las enseñanzas incorrectas, por mucho valor que pudiesen demostrar. Gerard esperaba que aquella invasión fuese la revelación para todos los Silessianos, desde nobles caballeros como Mikaela hasta simples plebeyos. Todos acabarían por recibir con los brazos abiertos a la Diosa Creadora Naga.

Se levantó unos segundos después, tras dar sus respetos a los caídos, y empezó a caminar de nuevo hacia su destrero, el metal de su brillante y blanca armadura resonando por el aire. Sus cabellos, que conservaban el semblante impecable que pretendía dar siempre con su imagen Gerard, apenas se habían revuelto en el proceso. - Estoy seguro de que sí, Mikaela. Sois honorable como el más noble de los caballeros. Silesse está en buenas manos.- Qué futuro tan prometedor le esperaba a aquella espadachina. Por lo defectuosa que fuese su fe, su nobleza era común a la suya. Había sido muy fácil entenderse y congeniar, como había ocurrido con aquel guerrero que estaba de paso en Velthomer, un año atrás. Silesse estaba lleno de caballeros prometedores.

Sin embargo, como ella le recordó, era hora de irse. - En ese caso, nosotros también nos marchamos. - Montó con facilidad, a pesar de donde se encontraban, en su fiel caballo. Pero antes de dirigirse a sus hombres, fue hacia la joven de cabellos dorados. - No temáis, Mikaela Siegler. Cuando acabemos con los bárbaros en los confines de nuestras tierras, los caballeros de Grannvale cabalgaremos hacia Silesse para prestaros ayuda en esta lucha. - La miró con decisión y orgullo. - Juntos, derrotaremos a estos bárbaros y pondremos fin a sus artimañas, se traten de herejías o no.

Dio un giro con su caballo y silbó, atrayendo la atención de sus compañeros de armas. - Hasta entonces, os deseo suerte en vuestra senda. - Se giró, listo para marcharse, pero añadió un detalle. - ¡Por Jugdral! - Y así, cabalgó para ponerse al frente de sus caballeros, que ya se habían reunido y se hallaban dispuestos a marcharse, no sin antes dar un último vistazo al panorama detrás suyo. La misión había sido un éxito… y por alguna razón, le dio la sensación de que volvería a ver a aquella soldado, fuese un presentimiento o una premonición fruto de inspiración divina. No podía esperar.

Debía ir a informar al cuartel general de lo que había averiguado, que no era insignificante ni inconsecuente. Confirmación de la proveniencia de las hordas bárbaras: Tellius. Estado de la frontera de Grannvale – Silesse: seguro, a pesar de las escaramuzas en los castillos de las tierras nevadas. Y por último, que los invasores estaban llevando a cabo posibles herejías con el objetivo de aumentar la fuerza de sus tropas. Sin duda, tal informe supondría un paso adelante hacia la victoria y la gloria de su patria.

Lo siguiente sería neutralizar el cuartel general de la secta hereje que apareció casi simultáneamente a los invasores. Por suerte, ya se le había asignado la misión. Capitanearía por primera vez a toda una división; tal vez incluso le ascenderían.

Y por último… lidiar con aquellos invasores. A Gerard le costaba contener la sonrisa confiada. Naga venía a por todos ellos. Y él era su paladín. Silesse, Tellius… todos verían la luz. Él se encargaría de ello.
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Gema Destello
.
.
.

Support :
Corrin

Especialización :

Experiencia :

Gold :
955


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Mikaela el Miér Sep 13, 2017 11:34 pm

Se esforzaba por apreciar los gestos de respeto del templario hacia los muertos, contra su propia inculcada desconfianza y eterna impresión de que los asuntos nacionales sólo ameritaban emociones, condolencias y reacciones de quienes eran también ciudadanos. No comprendía el extender empatía fuera de las fronteras, en realidades que se le hacían tan ajenas e inalcanzables, pero intentaba ver la buena intención tras ello. Cuantos menos, sería cortés y adecuado al respecto. Le permitió a Gerard su tiempo, contemplando entre tanto lo rotundamente serio que lucía en el proceso, tanto al inclinarse a rezar como al alzarse sin una sola mancha nueva en la vestimenta blanco ala. Sería la imagen que perdurase en su mente sobre los caballeros templarios de Grannvale, la vez primera en que habría conocido uno. Esbozó una sonrisa al oír de su parte un mesurado cumplido, aunque se abstuviera de responder y tan sólo esperase a que el hombre terminara, montara e intercambiara los debidos adioses para separar su caminos.

Debió alzar la cabeza a medida que el regreso de Gerard al caballo le hacía volver a ser de superior altura, y entonces, lenta pero visiblemente, su sonrisa fue borrándose. Sólo parpadeando en su lugar, bajó los hombros un poco. El extranjero acababa de asegurarle volver con ayuda, ayuda que el orgullo y la actitud general del sargento Mikaela en definitiva le habían impedido pedir; y no sólo eso, sino que lo hacía de forma tan amable, advocando por el bien del continente en general, que le ponía en una suerte de jaque mate. Negarse no sólo sería una muestra desagradable, sino que reflejaría mal en el reino de Silesse. Así, pues, aunque bajo la pálida figura de cabello claro y ropas blancas ardiera la sangre en las venas por un golpe a la autosuficiencia de su patria, la misma que de hecho agonizaba en esos desesperados días, el joven soldado no tuvo más opción sino aceptar con gracia.

- ...le agradezco. - Respondió por lo bajo, inclinando la cabeza profundamente para no enseñar al templario la expresión ensimismada que portaba. Al volver a erguirse, se convenció de dejar de lado sus tercos sentimientos y sólo mostró la entereza de un servidor del reino, recto de espalda, con la misma decisión en la mirada que Gerard había mostrado hacía unos instantes. - Manténgase usted y a los suyos a salvo. No sabemos lo que pueda suceder el día de mañana, sólo que esto no ha terminado y hay mucho por lo que pelear todavía. Vamos a seguir adelante. Quizás llegue ese día en que usted viva para volver a pisar Silesse y yo viva para encontrarle. - Le dijo; quizás para el otro las cosas fueran distintas, considerada la situación mucho mejor llevada de Grannvale, que inclusive ganaría tierras donde los más desamparados las perdieran, pero para Mikaela no había garantía alguna de que ellos o cualquier otras dos personas del lugar sobrevivieran para un segundo encuentro. Se había hecho claro que tanto él como Gerard permanecerían como espada y lanza de sus respectivas patrias, sólo faltaría ver hacia donde les llevaría eso. Con un momento de atención más, suficiente para memorizar el rostro de ojos castaños ante el suyo, Mikaela haló de las riendas de su caballo para separarse. - Recordaré al caballero Gerard Van Reed. Suceda lo que suceda, fue un gusto. -

Y no lo recordaría por su ayuda ni por su puesto entre los templarios, sino por la integridad que había mostrado tener a través de todo ese intercambio, pese al mal inicio que había tenido. Era comportamiento más difícil de hallar en esa época, en que cada hombre era puesto a prueba, por tanto más digno de notar. Sin más, el rubio alzó su enguantada mano en un gesto para que su escuadrón le siguiera, espoleó a su caballo y echó a andar de regreso en dirección contraria a la frontera. Acudiría al castillo capital, daría su reporte y pediría nuevas instrucciones.

No pasaría mucho tiempo antes de que él, quien había asegurado salvaguardar el bienestar de Silesse y no mentía al hacerlo, se convirtiera en un asesino y un traidor contra los suyos. La misma invasión que enfrentaban le daría la oportunidad que había estado necesitando para empezar a cumplir sus objetivos personales, hasta entonces pospuestos. Caería en cuenta del provecho que podía sacar, usaría toda artimaña necesaria ser puesto en una de las más peligrosas y desventajadas operaciones de defensa contra los emergidos, y en la desesperación del combate mataría a dos buenos soldados del reino, hermanos suyos. Llevaría bajo los guantes la sangre de su sangre, al ser galardonado con el puesto de subteniente que uno de ellos dejaría al fallecer. Y seguiría. En no más de un par de mese, el subteniente Mikaela Siegler se habría hecho un parricida y conspirador en secreto, además de ya poseedor de sucia sangre mestiza. Aprendería a temerle a los dioses, sabiéndose culpable de mucho bajo su juicio, mas no se detendría por ello.



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [4]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
359


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Eliwood Ayer a las 10:59 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen +1 EXP.

Se procede a su tirada gratuita del dado Suerte, cuyo resultado será la recompensa de ambos.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gema de Ascuas
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3162


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Narrador Ayer a las 10:59 pm

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Suerte' :
Support :
None.

Experiencia :

Gold :
2517


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Flashback] Honor en Tiempos Aciagos [Privado | Gerard van Reed]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.