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Gerard [ID]

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Gerard [ID]

Mensaje por Gerard Van Reed el Jue Jun 15, 2017 7:46 pm

Gerard Van Reed
Knight
Servir con honor es mi razón de ser.

Datos
Nombre: Gerard Van Reed

Edad: 23

Clase: Knight

Especialización: Lanzas

Afiliación: Grannvale

Ocupación: Caballero errante

Personalidad
Leal, justo y honorable. De virtudes clásicas, Gerard es el estereotípico caballero, y a primera vista no se desvía mucho de la norma. Sigue el código clásico de caballería: “Defender a los inocentes”, “Luchar por la iglesia”, “Amar el reino”... está listo para recitar las cláusulas típicas a cualquiera, incluso a los que no están interesados. Para él, es su responsabilidad, su deber, y es tan serio al respecto que corren rumores de que nunca nadie le ha visto sonreír. Es por esto que entre sus conocidos, incluso entre compañeros caballeros, tenía fama de ser un poco muermo, un cabeza cuadrada. Un soso. Un aguafiestas. Si se tiene esto en cuenta, resulta una persona muy predecible.

Como tradicionalista, es religioso, supersticioso, y cree en el destino. Está convencido de que todos tienen un papel en la vida a realizar por el bien superior, y que el deber de todos es encontrarlo, ya sea adhiriéndose al de nacimiento que les es encomendado o buscando el suyo propio, si realmente no hay más remedio... pero una vez encontrado, dedicándose a ello con todo su ser.

Gerard se siente siempre atraído por la fuerza, por lo que aspira a servir a un líder poderoso, junto a compañeros capaces. Pero “fuerza” no significa siempre “poder para luchar”. Para él, las personas “fuertes” son aquellos con buenos ideales. Quiere pelear junto a gente así, y servir a personas de igual calibre.

Su actitud es neutral hacia los no humanos. Como todo lo desconocido, se dirigirá a ellos con más precaución y cuidado de lo normal, e intentará no revelarles mucha información, al menos al principio. Pero en general actuará de forma respetable; después de todo, los ideales, para él, están por encima de lo demás, así que si los considera dignos, tratará como compañero a cualquier otro individuo... o incluso bestia.

Historia del personaje

Gerard es el hijo mayor de los Van Reed, una familia de nobleza menor que lleva varios siglos al servicio de Grannvale, encargada de criar humildes caballeros que sirven al país y a la iglesia, y ubicada en una de las santas ciudades del país.  Como heredero, fue criado como uno más en la larga línea generacional, con una laboriosa educación en las artes de equitación, esgrima medieval, leyes y otros tantos conocimientos que acarrea su vocación. Así pues, puede decirse que Gerard lleva su oficio en las venas, y nunca en su juventud llegó a plantearse otra cosa que no fuese aquello que le ha sido encomendado.  

Habiendo superado los retos de su entrenamiento, Gerard se graduó de la academia militar con todos los honores. A sus 18 años de edad, a lomos de su joven corcel -el mismo con el que se graduó- y armado de su lanza, el arma en la que finalmente se especializó, se alistó como caballero al servicio de la iglesia y del reino. Su diligencia, dedicación y hazañas contra bandidos y malhechores, junto al renombre de su familia, hicieron que en un solo año ascendiese de rango, para pasar a comandar a un pequeño escuadrón de otros jóvenes caballeros.

Un año después, entró a formar parte de la Orden de la Santa Cruz, una orden de caballería de élite del reino de Grannvale que solo respondía ante el clero y ante la realeza. Barda para su corcel, una lanza de plata, emblemas, una nueva armadura… Gerard pasó a disponer de grandes recursos y se le otorgaron muchos honores. Al año siguiente, tras capturar a los líderes de una secta radical que iba en contra de la iglesia, como si la cosa no fuese a parar, se le dio el mando de su propia división dentro de la orden. Llevaba, con la cabeza alta, con orgullo, el emblema de su familia justo al lado del de la Santa Cruz. Rumores sobre su éxito militar se extendieron rápidamente, y pasó a ser reconocido incluso en varias ciudades vecinas, donde era enviado a mantener el orden. Incluso el público general se paraba a veces para elogiarle y animarle respetuosamente en plena calle, y el clero contaba con sus hazañas para esparcir la fe en los dioses en los que se creen en Jugdral. “El orgullo del pueblo”. “La lanza de la fe”. “El benévolo templario”. Con solo 22 años ya había traído honor y fama a su familia. Sus padres tenían incluso una lista de pretendientas de otras familias de moderado renombre, pues, a pesar del empeño de Gerard por atrasarlo, esperaban que se casase y asegurase el futuro de la casa. Ese fue el cénit de su carrera.

Pero… su suerte cambiaría en los meses venideros. Porque ya desde hacía tiempo que se habían formado los primeros rumores sobre la amenaza misteriosa que, sin saberlo él, recubría el mundo.  Se habían avistado ejércitos de otros reinos que acechaban el continente de Jugdral. Informes sobre aldeas saqueadas por soldados fríos y de mirada vacía, pero con claros estandartes e infames intenciones.  Se habían avistado  batallones enteros, pero siempre que llegaba un destacamento del ejército, entre la burocracia y lo extensas que eran las tierras de Grannvale, lo hacía demasiado tarde. No. Era la hora de la caballería. La hora de los soldados bendecidos con los dioses, junto a sus ciudades, como le habían explicado tantas veces. No podían perder. Había llegado, pues, la oportunidad de Gerard para alcanzar honores incluso superiores para su familia, y la hora de que el clero le pusiese a prueba. Informes sobre un misterioso batallón que portaba los estandartes de un reino de otro continente apareció en la llanura de Isaach.

La Orden de la Santa Cruz fue la que envió tropas para repelerlos. Cincuenta caballeros, a su vez divididos en cinco escuadras. Gerard comandaba a una de ellas; su primera batalla real. Cuando llegaron al lugar del avistamiento, se dieron cuenta de que la llanura la cubría una ligera niebla, por lo que no lograron ver con completo detalle a sus enemigos, pero ahí estaban. Los caballeros se acercaron, y uno de los capitanes intentó dialogar con la masa de hombres silenciosos… pero fue recibido por una flecha. Fue entonces cuando el resto supo que solo había una posibilidad: debían ponerle fin. Al grito de “Por el reino y los dioses”, Gerard cargó contra ellos, seguido de cerca por los demás. Como firmes creyentes, no dudaron y, a pesar de verse superados en número, la carga de caballería penetró exitosamente las líneas de los enemigos, cada uno arrollando a varios soldados de infantería; era una llanura, después de todo. Pero fue entonces cuando Gerard se dio cuenta de que no solo no eran unos simples bandidos, sino que no eran precisamente un ejército convencional: algunos de los enemigos, tras ser arrollados, se levantaron, y arremetieron contra los caballeros justo después de detenerse la carga, pues se le había terminado la inercia. Al mismo tiempo, se acercaron tropas por los lados y por el frente. Lo que al principio parecía una victoria fácil se convirtió en un completo caos, con la formación rota, y los caballeros, mucho de ellos sin experiencia, no pudieron contener el enorme batallón, mucho mayor de lo que había parecido en un principio. Lucharon y lucharon, menguando las tropas enemigas, pero cayendo ellos también… hasta que Gerard, habiendo sido atravesado en el hombro, los costados e incluso el estómago por espadas, lanzas y flechas enemigas, acabó de bruces contra el suelo.  

Gravemente herido, a duras penas él y unos pocos de sus compañeros lograron regresar para informar. Entre jadeos, explicó a los altos cargos del clero y el ejército que esas misteriosas tropas no eran para nada un grupo de bandidos bien organizados, ni unos herejes cualesquiera, y que debían alertar al pueblo del inminente peligro. Gerard ya no estaba tan convencido de que las ciudades santas de Grannvale estaban “bendecidas” después de lo que había visto: las aldeas quemadas, los caballeros morir uno tras otro… el público debía saber la verdad si el reino iba a resistir. A pesar de la negativa de sus superiores, Gerard siguió insistiendo en que debían revelar información al pueblo, en vez de tanta propaganda. Incluso dejó el cuartel general, con el ceño fruncido, dispuesto a intentarlo otra vez al día siguiente, pues antes debía atender a sus heridas… pero, tal vez por las heridas de la batalla, después de la cena de ese día, Gerard cayó en un largo sueño.

No despertó hasta haber pasado meses. Cuando lo hizo, le comunicaron que había sido debido a las profundas heridas que había sufrido, mayores de las que había parecido, y que por fin se había recuperado. Tras una corta rehabilitación, se preparaba para volver al cuartel general de Orden de la Santa Cruz. Pero de camino, notó algo extraño: algunos ciudadanos le señalaban con el dedo y murmuraban entre ellos, pero ninguno mostraba el respeto de antes. Al llegar… descubrió que los altos cargos del clero habían decidido retirar su cargo como caballero. El motivo, la historia que, como descubrió luego, había estado circulando desde entonces: "La muerte de tantos nobles caballeros fue debida a la negligencia de uno de los capitanes: Gerard Van Reed. Un hombre borracho de poder y de la gloria conseguida, quien no solo incumplió las órdenes, sino que, sediento de gloria, provocó intencionadamente el caos entre las fila de los fieles guerreros del pueblo para llevarse él solo la gloria de la batalla. Pero gracias al resto de los caballeros, quienes no olvidaron ni por un momento las enseñanzas sagradas, el bien surgió victorioso."  Atónito, comprobó cómo los supervivientes habían corroborado esa historia.  No pudo hacer nada al respecto. Entendió que esa era la manera que tenía el clero de dejar que las cosas siguiesen su curso. De no mostrarse como algo que no fuese una entidad omnipotente como lo vendían. Y él no podía hacer nada, salvo aceptarlo. Habiendo perdido su cargo y en parte su honor, al menos a la vista de todos, y habiendo pasado tantas semanas de aquel suceso, su palabra ya no valía tanto. Sabía lo que eso significaba: el nombre de su familia se vería afectado.

Pero no abandonó su deber con su reino, pues había hecho el juramento de caballero. Pasó seis meses sin hacer otra cosa que cumplir órdenes, patrullando y manteniendo el orden, pero nada cambiaba. Más bien, empeoraba. El clero se había encargado de que a oídos de todos los ciudadanos de los alrededores llegase la noticia del fracaso de Gerard. De lo muy exagerada que tenía la reputación su familia. De cómo provocó la muerte de decenas de hombres. Y como dicen las malas lenguas, "cuanto más alto se está, más grande es la caída". Se perdió confianza en el nombre de los Van Reed, y aunque la familia no llegase a arruinarse, rápidamente pasaría a ser una sombra de lo que había sido esos últimos años. Tras mucho meditarlo, llegó a la conclusión de que la única manera de recuperar su honor, o más bien, el honor de su familia, era combatiendo contra los emergidos. Venciéndolos en batalla, trayendo información que le fuese de utilidad al reino...  Para borrar su deshonor, debía hacer una aportación de tal relevancia que llegase a lo más alto del reino. ¿Pero qué? ¿La naturaleza de los emergidos? ¿La cabeza de su líder? Todo lo que se le ocurría estaba fuera de su alcance. Estaba fuera del alcance ya como comandante de una orden de caballería, mucho más en su rango actual.

No. Debía enfocarlo de otra forma. Quedándose como un jinete cualquiera, solo recibiendo órdenes y sin ser informado de hechos importantes, no descubriría nada. Debía viajar. Primero por el reino y luego por los reinos vecinos. Tal vez incluso más allá. Iría allá donde fuese para restaurar su honor. No le importaba su rango, solo restaurar a su familia a su antigua gloria. No podía dejar que el trabajo de tantas generaciones se echase a perder por su culpa. No podía dejar que sus padres y sus hermanas siguiesen sufriendo esa humillación. Tomó la única decisión que vio: pidió permiso a su comandante y a la iglesia a que le asignasen como caballero errante. Para algunos, el mayor deshonor, pues estos eran caballeros solo en título: vagaban por el continente, con la obligación de cazar bandidos y salvar a los inocentes, pero sin reconocimiento ni recompensa alguna (ya que no les era permitido llevar emblemas o medallas) salvo el sueldo básico de caballero de más bajo rango, que les llegaba periódicamente mientras siguiesen informando por carta. Estos caballeros solo eran llamados de vuelta cuando el ejército andaba escaso de tropas. Pero era la única manera de conseguir la libertad que necesitaba para su tarea. La única manera de limpiar su nombre.

La despedida no fue larga. Sus padres, después de todo, prácticamente le habían dejado de hablar. Solo sus hermanas le despidieron como es debido. Gerard sabía que podía volver; no estaba perseguido ni mucho menos, pero también era consciente de que debía evitar hacerlo de ser posible, que lo mejor era no llamar la atención en la ciudad, o los rumores volverían, y con ellos crecería el deshonor a los Van Reed.

Así pues, se encontró a las puertas de la ciudad sin apellido, de nuevo en armadura ligera, como comenzó, con una lanza simple y ligera, y de nuevo a lomos de su caballo, ya sin barda, arneses ceremoniales ni emblemas de su familia o su orden. Solo con una silla de montar, unos anteojos típicos para los caballos, unas protecciones mínimas y las riendas; ligero para un viaje. Es así como el caballero “caído” empezó su senda. Un camino en el que, para el año 979 del Calendario de los Dioses Antiguos, llevaba ya unos meses recorriendo. ¿Qué le depararía el destino a Gerard?

Extras

- Su caballo es un destrero de pura sangre. De color marrón, macho, y con ocho años de edad. A pesar de las sugerencias de sus compañeros de la escuela de equitación de no ponerle un nombre largo a los caballos, Gerard llamó al suyo “Sterkenburg”. Tiene un buen vínculo con él, pues llevan varios años juntos, aunque solo recientemente ha pasado a ocuparse de sus cuidados (antes de su partida se encargaba un paje).
- A Gerard le gusta vestir formalmente, llevando el uniforme bajo la armadura incluso durante su viaje, por poco práctico que resulte. Su indumentaria es algo al que le pone especial cuidado: tardó dos horas en elegir su característica capa. Suele llevar su capa con la armadura, pero cuando va de incógnito prefiere ir con un abrigo y sin armadura.
- Mide 1.85 m.
- Lleva consigo, además de su lanza, una vieja espada, pero es de uso únicamente ceremonial.
- Solo es impredecible cuando toma alcohol.
- Antes pasaba la mayor parte de su tiempo libre entrenando o patrullando de más, pero intentaba dedicarle al menos un día a la semana a una intensa sesión de biblioteca, en la que se sumergía en algún pesado y soporífero volumen sobre economía, leyes o filosofía. Añora los libros.
- No le gusta la gente excesivamente ruidosa.


Procedencia
Nombre original del personaje: Sterkenburg Cranach.
Procedencia: Atelier Rorona-Totori-Meruru

Spoiler:
Spoiler:
Spoiler:
Afiliación :
granvalle

Clase :
Knight

Cargo :
Caballero errante

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Vulnerary [3]
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
35


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Re: Gerard [ID]

Mensaje por Eliwood el Sáb Jun 17, 2017 2:20 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
lycia

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2952


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