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[Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

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[Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por Zephiel el Dom Jun 11, 2017 9:17 am

Cruzar la frontera sin atraer la atención de los emergidos era una proeza para quien se encontrara acompañado en grupo. Sin embargo, un individuo por sí solo tenía muchas más oportunidades de pasar desapercibido, todavía más si poseía una montura voladora, siempre y cuando no atrajera la atención hacia sí en los cielos. Montar a caballo era también una opción, pero tan solo si la criatura era avezada en superar cumbres y caminos sinuosos. Hacía falta considerar estos detalles con sumo cuidado antes siquiera de pensar en partir fuera de los bordes de Bern. Sí, porque incluso cuando se supone que el ejército se mantenía allí defendiendo el territorio que les pertenecía, lo cierto era que se encontraban, en cierta medida, encerrados dentro de sus propios bordes. Si hasta ahora habían sobrevivido era porque nunca habían descuidado sus movimientos, y  su ubicación exacta siempre había sido un misterio tanto para enemigos como aliados. Pero entonces, junto con el nuevo tratado entre naciones, las cosas cambiarían. La milicia tendría que abandonar sus puestos y partir en rumbo a tierras nuevas, pero antes, el monarca había decidido viajar en solitario hasta el lejano Nohr, haciéndolo claro desde el principio  a sus subordinados.

Por esta razón habían investigado el mejor trayecto para abandonar Bern y llegar a Lycia, la tierra vecina. Tenían un registro de todos los asentamientos emergidos que no habían podido destruir hasta ahora, siempre vigilándolos desde una distancia prudente. Ese día, Zephiel escogería su ruta de salida de manera personal, guardada su espalda tan solo por otros dos jinetes de wyvern que lo acompañaban en vuelo. No tenían planeado combatir a ningún emergido, pues eso sería demasiado peligroso para un grupo reducido como ese. Habían partido de noche a la cadena montañosa del Oeste, cuidando las horas, pues transportarse de día no era una opción. Los emergidos serían monstruos, sí, pero tenían vigilias programadas y estrategias como cualquier ejército, por lo que cuando caía el sol podía esperarse verlos recluidos en sus bases de manera defensiva. No peligraban si se mantenían lejos de las edificaciones y no emitían sonido ni luz alguna.

Zephiel ordenó a sus hombres detenerse en una cumbre, lugar donde el viento soplaba con fiereza, levantando su capa por los aires. Hizo esta pausa para observar un camino de tierra abandonado que cruzaba la montaña. Era apenas visible, seguro era transitado tan solo por campesinos, por lo que podían imaginarse que no había ningún puesto de avanzada a lo largo de él. Hasta ahora parecía ser el mejor camino que podía escoger, si es que planeaba recorrerlo junto a su montura, un caballo grande, negro, de pelaje grueso, acondicionado al territorio. Tan solo quedaba decidir la fecha exacta de su partida, si seria pronto o todavía más tarde de lo pronosticado. Había pedido ya hace mucho el favor de la paciencia a Nohr, sin embargo no podía seguir extendiendo la fecha de su llegada, pues las justificaciones escaparían de él. Había sucedido multitud de cosas durante su organización, asuntos que prefería callar ante la realeza extranjera. Cruzaría la frontera dentro de siete días como máximo, no había manera de postergarlo más.

Pero entonces, una cosa llamo la atención del rey, quien apreciaba el valle a sus pies desde las alturas. Movimiento. Logró divisar un grupo de rastreadores emergidos, serían dos, quienes caminaban a simple vista entre la hierba. No eran muchos, pero su presencia indicaba que dentro de unas horas quizás, un grupo armado que los acompañaba más atrás transitaría por ese mismo camino. Los emergidos, viajando de noche... ¿Acaso se estaban transportando hacia otra base? Era imposible para el rey conocer sus razones, sin embargo le causaba enorme interés. Quizás eso significaba algo provechoso, pues se alejarían del camino que había elegido tomar. Los rastreadores nunca suponían un problema siempre y cuando no volvieran vivos a alertar a su grupo. El monarca consideraba la opción de seguirlos, pues como iban adelantados le podían indicar el lugar de llegada de los monstruos antes de que ellos se hicieran con ese lugar. Así, comenzó a sobrevolar las montañas con cuidado, los wyvern aferrados a la roca, arrastrándose entre sus desniveles para no ser escuchados. Incluso no teniendo la necesidad de moverse así por sus alas y su capacidad de volar, eran muy hábiles para escalar la piedra, y sus colores apagados los camuflaban bien entre las particularidades del paisaje. Zephiel y sus soldados continuaron así un buen trecho, espiando a las criaturas.

Pero de repente, parecía ser que los emergidos se habían detenido. No podía divisarse bien el por qué, y era extraño considerando que los monstruos no descansaban nunca durante sus caminatas. ¿Había algo llamado su interés? Quizás un cadáver abandonado, o un intruso. Parecía ser que los emergidos no atacaban inmediatamente, dando cuenta de que no se habían topado con ninguno de sus soldados. La razón era un completo misterio.
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Re: [Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por June el Lun Jun 19, 2017 4:02 am

Hacía algunas semanas había escuchado sobre un nuevo país, lo había recordado gracias a haberlo apuntado en mi cuaderno... Sindhu, un reino que se había alzado recientemente, donde los laguz y beorcs convivían en paz. ¿Qué tan cierto sería eso? Sonaba demasiado bonito sinduda, pero tenía curiosidad, quería saber... Quería poder escribir cuentos sobre aquella realidad, que nunca pensé que sería posible. Además, ¡tenía una biblioteca nueva! Me preguntaba qué clase de libros leerían allí...

Pero había un problema, y es que al ser en otro continente, las fronteras iban a ser complicadas. Por eso, después de buscar información sobre las posibles rutas, observé que la mejor manera era llegar en barco desde Bern... ¿cuál era el problema? Bern estaba actualmente caído, tal como Gallia, absolutamente lleno de emergidos. Monstruos que temía incluso más que a los humanos. Pero ir por otra ruta me retrasaría, no que tuviera especialmente prisa por llegar, pero...

Había escuchado que aquél era país natal de muchos wyverns, así que pensé... que podría sobrevolar los cielos del lugar transformada. No llamaría la atención de beorcs refugiados y además me ahorraría problemas con aquellos emergidos por doquier. Sería un viaje cansado, así que decidí primero viajar en carretas de comerciantes. No que me hiciera mucho gusto estar cerca de los beorcs, pero... no tenía dinero para más. Lo haría, de todas formas. ¡Ya me había decidido!

Por eso, desde el día en que había salido de Ilia me había podido quitar toda aquella ropa abrigada, no me haría falta en los paises del sur. Quedé únicamente con mis usuales prendas y sin olvidar mi capa por encima, para ocultar mis orejas afiladas y mi rostro en la mayor medida posible. Fueron varias semanas largas y duras, haciendo transbordo entre varios comerciantes que salían de Ilia como yo, otros que se dirigían a Lycia, otros que se atrevían con las planicies de Sacae... entre los cuales me encontraba yo. Desde ahí viajamos hasta la frontera, pues el señor había sido lo bastante amable para dejarme cerca.

- Lo siento señorita, pero hasta aquí es lo más lejos que puedo llevarla. Es peligroso adentrarse en las montañas que delimitan con Bern... Le recomendaría que bordeara toda la frontera por Lycia antes que atravesar el reino caido. -me aconsejó el viejo mercader, antes de separarnos e irse cada uno por su camino.

Pero yo había entrado igual, subiendo aquella montaña a pie lo más lejos que pude llegar sin transformarme, hasta que vi seguro quitarme la capucha de la cabeza. Aún así, a pesar del paso de los días, aún no veía ningun wyvern sobrevolando. ¿Sería por los emergidos? Empecé a tener miedo y preguntarme si habría sido una buena idea.

Esa misma tarde, tuve una mala sensación, haciendo que tuviera que transformarme y sobrevolar un poco la zona por la que me encontraba. Mientras la gente siguiera escondida no me verían por allí, y sólo cabía de esperar que tampoco lo hicieran los emergidos. Entonces fue cuando desde el aire vi a un wyvern herido, tirado en la hierba de aquel valle. Enseguida aterricé y me destransformé para mayor comodidad, ya que aquellas criaturas eran solo un poco más grandes que los humanos, pero notoriamente más pequeños que cualquier tipo de dragón.

- Oh no, pobrecito... ¿Te encuentras bien? Estas heridas se ven muy feas... Veré que puedo hacer por tí, pequeño... -por suerte el animal se dejó domar, sintiendo que yo no era ninguna humana cualquiera, sino una dragona. Soltaba pequeños quejidos de dolor mientras aleteaba, parecía que había sido obra de emergidos. Rompí un trozo de mi capa para vendarlo como pude. Luego, agarrándolo con suavidad de su cuello, lo ayudé a movernos del lugar, para buscar algún refugio para descansar y atender mejor dus heridas de alguna forma, ya que se venía la noche encima y no podíamos quedarnos en la interperie, ya que sería demasiado peligroso.

Las horas pasaron, la oscuridad ya se cernía sobre nosotros desde hace un rato, pero no podía darme por vencida, no cuando aquel wyvern necesitaba mi ayuda. Hasta que pasó lo inevitable. Un par de emergidos se habían topado con nosotros por el camino, descubriéndonos. Ahora sí que nos habíamos metido en problemas; empecé a llorar, aquella situación me daba mucho miedo, pero tenía que hacerlo. Tendría que transformarme para proteger al pequeño. Sólo que no podía, ¡tenía miedo de hacerlo! Estaba sola, aunque fuesen dos... ¿Qué pasaría si serían más fuertes? ¿Y si eran ellos los que habían dañado al wyvern por el día?

- N-no... P-por favor aléjense d-de él... -clemé, con la voz llorosa, dando pasos hacia atrás mientras miraba al herido animal a mi espalda.
¿Qué podría pedir? Nadie me iba a ayudar en aquellas tierras. Bastaba con mirar al indefenso wyvern para saberlo.
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Re: [Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por Zephiel el Sáb Jun 24, 2017 9:17 am

¿Un wyvern salvaje? Hacía meses que no hallaba a uno sobrevolando el reino, suponiendo que habían sido todos tomados y domados por los emergidos. Creyó en eso apenas un segundo, al menos hasta que logró distinguir algo aparte de lo que sus ojos habían captado a primera vista. Una figura humana contra los emergidos, cosa que lo desconcertó. Podía ser que se tratara de un jinete, pero que estuviera a nivel del suelo era una razón de desconfianza. Las criaturas acorralaban a esta figura , al punto de hacerle retroceder. Entonces no poseía armas, por lo que no sería capaz de defenderse.

- Si no vuela, morirá... -comentó uno de sus soldados, igual de absorto en la escena que contemplaba.

- Creo... creo que es una chica. -murmuró el otro jinete, agudizando la vista. Su compañero asintió con cierta preocupación. Zephiel, por su parte, oía y observaba en silencio. Esto alteró un poco a uno de sus acompañantes, quien miró el perfil del rey unos segundos.-Su majestad, ¿hacemos algo?

- No te precipites. -advirtió Zephiel con rapidez.- debemos volver. Esta diversión se ha alargado más de lo necesario. -dijo, refiriéndose a cómo habían seguido a los emergidos. Ante sus palabras, el jinete quedó estupefacto, y regresó la vista a la joven en peligro.

- No puede ser. Mi rey, ni siquiera está armada. -murmuró, quebrándose un poco sus palabras. El monarca arqueó una ceja ante su negativa.- son pocos, tan solo dos, ...podemos detenerlos.

- He dicho que debemos volver. -repitió el monarca, estrujando el ceño.- ¿Crees que puedo permitirme este error? ¿Crees que puedo perder más hombres de mi ejército? -cuidaba no hacerse notar, pero por poco y alzaba la voz por sobre los susurros.- Eres mi escolta. Y debes volver conmigo a las barracas... ¡Detente! -era demasiado tarde. El jinete presionó su dentadura y lanzó a su bestia al vuelo, al encuentro de la misteriosa chica en peligro. El rey lo observó con notorio descontento en sus facciones. Ya no tenía opción, no podía permitir que los emergidos vivieran y advirtieran a su especie, ni tampoco darse la libertad de perder a su jinete. Hizo una seña al soldado que se había quedado con él, y ambos se precipitaron al vacío, al encuentro de las criaturas.

El jinete de Bern aterrizó entre los emergidos y la joven, lanza en mano. Gritó a ella que se mantuviera detrás de él, sin quitar la vista a los emergidos. Estos últimos miraron al soldado detenidamente, y desde detrás de sus espaldas retiraron unos arcos que cargaban consigo. No hacían mucho daño en tierra, pero si eran capaces de dar al jinete en vuelo, lo harían caer, lo que definitivamente probaría ser fatal. El soldado se vio sorprendido, sin saber qué hacer al recibir flechazos desde aquella distancia. Su wyvern se escandalizó y quiso volar, pero no se lo permitió, haciéndolo cargar hacia delante como un toro. No fue muy útil ya que los emergidos eran ágiles, sin duda más rápidos que las criaturas promedio, pues estaban hechos para adelantarse a sus iguales. Azotaron al jinete con todavía más flechas, hiriéndolo en el hombro, y alcanzando a su reptil con un proyectil en una de sus patas. Estaba en terrible desventaja, al menos hasta que Zephiel y su acompañante llegaron al lugar. El monarca esperó anclado a unas rocas, considerando que su wyvern no estaba entrenado para la guerra. El segundo soldado aprovechó el elemento sorpresa para agarrar a uno de los emergidos en el aire y hacerlo caer desde las alturas, quebrándole el cuello por la manera en que chocó contra el suelo.

El arquero restante apuntó a la criatura mientras volaba, pero fue entonces que el último soldado bajó de su bestia herida y atravesó con su lanza al emergido, acabando con su vida. Así habían acabado con los exploradores, quienes habían amenazado a la chica perdida. Sin embargo, no había sido una victoria limpia.

Zephiel se aproximó entonces, aterrizando y bajando a nivel del suelo. Su wyvern estaba agitado ante la visión de los cadáveres, era lo que costaba poseer una criatura de establo. Así, el monarca se aproximó a su soldado herido.

- No quedarás impune. -le dijo. Su guerrero bajó la vista, decepcionado consigo mismo, mientras presionaba la herida sangrante de su brazo. Fue entonces que Zephiel dio la media vuelta hacia la joven que se suponía necesitaba ayuda. No tenía armadura ni armas... sin duda parecía no pertenecer a Bern. Sin embargo, su wyvern dañado cargaba con placas con la insignia de su reino: el dragón y la lanza que lo atravesaba. No cabía duda, era una montura de su ejército.

- ¿Cómo has encontrado a esta bestia? -exigió saber Zephiel, aproximándose a ella. Su capa se sacudió de lado a lado, cubriendo sus brazos enteramente. Ya con el tiempo se había encontrado malgastada y no tenía las mismas terminaciones bordeadas que antes ostentaba con orgullo. Su armadura, la armadura real de Bern, había sido reforjada y carecía ya del brillo y color de antaño. Zephiel no poseía la apariencia de un rey, tan solo destacando su corona, la que oportunamente no llevaba consigo.[/color]
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Re: [Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por June el Vie Ago 04, 2017 3:22 am

Me agaché, dando la espalda a esos monstruos, no quería verlos. Acaricié el morro de aquel joven wyvern para que se tranquilizara un poco. Y si aquellos no muertos tenían que hacer daño a algo... prefería que fuera a mí. Al fin y al cabo mi piel estaba preparada para eso, aunque para eso quizás era mejor mi forma dracónica. Así era algo más débil. Y puede ser que el miedo que sentía ante aquellos seres me impidiera transformarme, pero eso no me iba a detener para recibir el daño de sus armas, antes que al animal.

- A-ah... -volví a girar la cabeza en cuanto noté algo aterrizar desde el cielo, levanté la vista y me encontré a aquel hombre y su wyvern. ¿Me iba... a proteger? ... ¿De dónde había salido? Pensaba que era imposible encontrar a una persona. - S-s-sí... -asentí musitando a sus órdenes, aunque él probablemente no me oiría.

Al ver aquellos arcos retrocedí la mirada hacia la herida del pequeño detrás de mí. ¿Podría ser que...?

- ¡C-cuidado! -me levanté dando dos pasos hacia delante al ver que también habían herido a su compañero. ¡Tenía que hacer algo! Aunque él fuera humano... no podía permitirme que hirieran a más gente por mi culpa. Memorias borrosas en mi interior me decían que ya había pasado por algo parecido hacía unos meses atrás.

En ese momento, y antes de hacer nada, sentí que ellos junto a aquel par de emergidos no eran los únicos que estaban cerca. Olía a más beorc más allá. ¿Cómo era posible?
Al parecer, uno de ellos, el cual se había lanzado sin piedad contra uno de los monstruos, era su compañero. Ante esto, el hombre de antes se había bajado de su wyvern para atacar al restante, acabando con ambos seres de ojos rojizos. Fue entonces que intenté acercarme a sus animales heridos, pero justo vino el tercero de ellos, diferente a los otros dos en varios aspectos, empezando por cuyo wyvern no parecía uno de guerra, por la manera en la que estaba armado, y porque el pobre aún temblaba de miedo.

Aquella sensación me desesperó, ver aquellos cuatro pobres animales, tres de ellos heridos y uno asustado. Las palabras no salían de mi garganta. Era cierto que me habían salvado, pero no podía aguantar aquella vista.

- Y-yo... -Con la intención de agradecer sin embargo a esos beorcs, me acerqué tapando cuidadosamente mi cabeza con la capucha de mi capa. Pero el último hombre que había llegado le echó la bronca al joven que me había salvado, parecía ser su superior. Intenté también pedir que no le hiciera nada, que aquel hombre me había salvado. Pero... la experiencia me aconsejaba que era mejor quedarme callada en estos asuntos. Sabía que no era la primera vez que pasaba algo así delante de mí, que ya habían amenazado con castigarme no sólo a mí, si no a algunos de mis compañeros laguz por no acatar las ordenes, cuando era una esclava en Begnion. Dicho hombre, se dirigió hacia mí. ¿Que cómo lo había encontrado?

- ... ¿He-herido? -dije en un hilo de voz, dando pasos hacia atrás mientras se acercaba más a mí. Ese hombre... había llamado al desamparado animal "bestia". Tenía aquel aura que más me hacía sentir miedo, parecía adulto, imponía bastante... le temía. Sin saber a qué se refería exactamente, a medida que ese hombre seguía aproximándose, mirándome fijamente desde su posición sin bajar el rostro, comencé a temblar, agarrándome fuertemente la capucha, tratando de ocultar mis orejas, incluso las marcas de mi rostro y un poco mis ojos, los cuales sólo si uno se acercaba al nivel de nariz a nariz, se daría cuenta en aquella oscuridad que poseía pupilas ligeramente afiladas. Pero estaba bastante asustada de que me descubriera un humano como aquél. - S-so-so... sólo lo... e-encontré herido p-p-por la zona.

No podía mentir diciendo que era "mi montura". Hasta un tonto se daría cuenta de que yo no tenía ninguna pinta de soldado ni nada parecido, además de que el wyvern herido poseía la misma armadura que los de aquellos hombres, tenía hasta el mismo símbolo.

- N-no podía dejarlo solo... -contesté en voz baja. Seguramente me preguntaría por mi procedencia. Quería evitarlo, quería irme, seguir con mi viaje... siempre me agobiaba la idea de llamar la atención. Y en aquél lugar inhóspito destacaba más que nadie, pero no podía abandonar a aquellas criaturas que tan cercanas eran a mi verdadero ser.

- S-sólo soy una viajera... N-n-na-nada más... -tartamudeé nerviosamente y me dirigí a uno de sus soldados- Jo-joven... -mencioné sin percatarme de que su apariencia era claramente mayor que la mía, pues para mí todos los beorcs eran "jóvenes". - Mu... muchas gracias por ayudarme. -dije con sinceridad, ya que era obvio que también había salvado mi vida.

- Yo... ¡p-puedo atender! Las heridas de sus compañeros con estas p-pócimas que traigo encima... -aclaré refiriéndome a los wyverns, antes de que me miraran mal, e intentando que despegaran su atención de mí.
Entonces me acerqué al que había encontrado y sin mostrar miedo ni ninguna clase de duda en absoluto, volví a acariciar su cabeza y el bajo de su morro, suavemente. Éste aleteó un poco con su ala sana, contento. - Son unas criaturas muy nobles... -murmuré, con una sonrisa en la cara.

Ignoraba, sin embargo, que comúnmente fueran unos animales que no solían confiar en cualquiera.
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Re: [Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por Zephiel el Lun Ago 14, 2017 8:18 am

Con los wyvern heridos, remontar el vuelo sería una tarea más que difícil. Si no podían volar con rapidez y superar así las vistas de los emergidos, serían descubiertos en poco tiempo. Y quedar a la intemperie, sin la capacidad de pedir ayuda, significaba prestarse a la merced de los monstruos, a la muerte certera. Aquello acrecentaba su frustración, la que descargaba sobe aquella desconocida, la causante de toda aquella escena. A simple vista no le parecía más que una chica temblorosa, cuya supervivencia en el reino caído le sabía a imposible, y por lo mismo, increíble. Le molestaba, le parecía más que un estorbo. Dijo entonces haber hallado al wyvern en esa condición, palabras que enseriaron todavía más el rostro del monarca, aunque cambiaron también su intención a una más pasiva. Una criatura de Bern sin jinete, que sangrante caminaba sobre la tierra. Apartó la vista de la desconocida, ojeando a su alrededor. ¿Podía ser, entonces? Habían dado por muerto a un explorador, pero hacían unos días de ello, bastantes. Abrió la boca apenas un poco, pensando en cómo podría haberse desarrollado aquella situación. Su mente divagó en las imágenes del jinete, el que quizás fue visto por unos arqueros, y sobre el vuelo cayó a tierra junto a su montura. Quizás esta última sobrevivió a la caída y fue ignorada por los emergidos, y así quizás fue capaz de deambular hasta caer rendida. Aquello significaba que quizás nunca podrían encontrar el cadáver de dicho soldado, aunque lo cierto es que lo que menos necesitaban era llenar la barraca de muertos. Cerró los ojos brevemente, digiriendo sus suposiciones, y volvió a enfocarse en la extraña delante suyo.

Ella seguía tartamudeando y excusándose, lo que observó en silencio. La siguió cuando se acercó a su subordinado, quien entonces parecía distraerse pateando la cabeza de uno de aquellos emergidos, y le agradeció su ayuda, este sonriendo a aquel gesto, pues seguramente era lo que quería escuchar desde un principio. Su comportamiento todavía era razón de duda para Zephiel, quien comenzaba a hacerse preguntas. No negó nada cuando ella se ofreció a curar a los wyvern, aunque se preguntó cómo es que lo haría sin salir dañada en el intento. Un wyvern acorralado suponía más peligro que cualquier bestia, y sin embargo...

- Tú. -le habló una vez más, contemplando fríamente cómo es que el wyvern recibía su mano sin queja alguna.- Será mejor que expliques quién eres, de dónde provienes y dónde vas. -su manera de hablar le había impedido saber de dónde provenía, por lo que se mantenía cauteloso.- ...No negaré tu ayuda. Pero has de saber que te encuentras frente al ejército de Bern, y que este wyvern nos pertenece. -si existía la posibilidad debían traerlo consigo, era invaluable para las fuerzas de su ejército, y tan solo con la pérdida momentánea de este último habían sufrido enorme necesidad. Lo cierto era que no tenían manera de curarlos, las pociones eran un recurso limitado que pocas veces tenían el lujo de reponer. Por eso, y porque aunque quisieran les era imposible marcharse, decidieron esperar a que aquella encapuchada les sirviera de ayuda. Pero cada segundo era insufrible, imaginando que en cualquier momento, en el horizonte, podía sorprenderlos el resto del ejército emergido. La tensión y la impaciencia reinaban, y sobre todo la urgencia de removerse del camino. Quizás ya era demasiado tarde, incluso si no los veían, si lograban elevarse en los aires podían ser divisados y seguidos.

La montura de Zephiel se acercó a la escena, algo más relajada tras un tiempo. Lo primero que hizo fue aproximarse a la desconocida y olerla con curiosidad, pues su aroma se le hacía desconocido. Ante esto, el monarca miró con contenida sorpresa lo que sucedía.- Quizás no eres de Bern, pero acaso eres una domadora... -inquirió, no por la curiosidad ni la necesidad de sostener una conversación, sino porque todavía creía imposible que pudiera mezclarse entre aquellas criaturas sin inconveniente alguno. Mientras tanto, algo alejado de la escena, el soldado que había ido en su ayuda no dejaba de mirarla, quizás imaginando que podrían auxiliarla también, llevándola a las barracas con ellos. Eso, si es que lograban sobreponerse a aquella situación.
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