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[Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

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[Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por Zephiel el Dom Jun 11, 2017 4:17 am

Cruzar la frontera sin atraer la atención de los emergidos era una proeza para quien se encontrara acompañado en grupo. Sin embargo, un individuo por sí solo tenía muchas más oportunidades de pasar desapercibido, todavía más si poseía una montura voladora, siempre y cuando no atrajera la atención hacia sí en los cielos. Montar a caballo era también una opción, pero tan solo si la criatura era avezada en superar cumbres y caminos sinuosos. Hacía falta considerar estos detalles con sumo cuidado antes siquiera de pensar en partir fuera de los bordes de Bern. Sí, porque incluso cuando se supone que el ejército se mantenía allí defendiendo el territorio que les pertenecía, lo cierto era que se encontraban, en cierta medida, encerrados dentro de sus propios bordes. Si hasta ahora habían sobrevivido era porque nunca habían descuidado sus movimientos, y  su ubicación exacta siempre había sido un misterio tanto para enemigos como aliados. Pero entonces, junto con el nuevo tratado entre naciones, las cosas cambiarían. La milicia tendría que abandonar sus puestos y partir en rumbo a tierras nuevas, pero antes, el monarca había decidido viajar en solitario hasta el lejano Nohr, haciéndolo claro desde el principio  a sus subordinados.

Por esta razón habían investigado el mejor trayecto para abandonar Bern y llegar a Lycia, la tierra vecina. Tenían un registro de todos los asentamientos emergidos que no habían podido destruir hasta ahora, siempre vigilándolos desde una distancia prudente. Ese día, Zephiel escogería su ruta de salida de manera personal, guardada su espalda tan solo por otros dos jinetes de wyvern que lo acompañaban en vuelo. No tenían planeado combatir a ningún emergido, pues eso sería demasiado peligroso para un grupo reducido como ese. Habían partido de noche a la cadena montañosa del Oeste, cuidando las horas, pues transportarse de día no era una opción. Los emergidos serían monstruos, sí, pero tenían vigilias programadas y estrategias como cualquier ejército, por lo que cuando caía el sol podía esperarse verlos recluidos en sus bases de manera defensiva. No peligraban si se mantenían lejos de las edificaciones y no emitían sonido ni luz alguna.

Zephiel ordenó a sus hombres detenerse en una cumbre, lugar donde el viento soplaba con fiereza, levantando su capa por los aires. Hizo esta pausa para observar un camino de tierra abandonado que cruzaba la montaña. Era apenas visible, seguro era transitado tan solo por campesinos, por lo que podían imaginarse que no había ningún puesto de avanzada a lo largo de él. Hasta ahora parecía ser el mejor camino que podía escoger, si es que planeaba recorrerlo junto a su montura, un caballo grande, negro, de pelaje grueso, acondicionado al territorio. Tan solo quedaba decidir la fecha exacta de su partida, si seria pronto o todavía más tarde de lo pronosticado. Había pedido ya hace mucho el favor de la paciencia a Nohr, sin embargo no podía seguir extendiendo la fecha de su llegada, pues las justificaciones escaparían de él. Había sucedido multitud de cosas durante su organización, asuntos que prefería callar ante la realeza extranjera. Cruzaría la frontera dentro de siete días como máximo, no había manera de postergarlo más.

Pero entonces, una cosa llamo la atención del rey, quien apreciaba el valle a sus pies desde las alturas. Movimiento. Logró divisar un grupo de rastreadores emergidos, serían dos, quienes caminaban a simple vista entre la hierba. No eran muchos, pero su presencia indicaba que dentro de unas horas quizás, un grupo armado que los acompañaba más atrás transitaría por ese mismo camino. Los emergidos, viajando de noche... ¿Acaso se estaban transportando hacia otra base? Era imposible para el rey conocer sus razones, sin embargo le causaba enorme interés. Quizás eso significaba algo provechoso, pues se alejarían del camino que había elegido tomar. Los rastreadores nunca suponían un problema siempre y cuando no volvieran vivos a alertar a su grupo. El monarca consideraba la opción de seguirlos, pues como iban adelantados le podían indicar el lugar de llegada de los monstruos antes de que ellos se hicieran con ese lugar. Así, comenzó a sobrevolar las montañas con cuidado, los wyvern aferrados a la roca, arrastrándose entre sus desniveles para no ser escuchados. Incluso no teniendo la necesidad de moverse así por sus alas y su capacidad de volar, eran muy hábiles para escalar la piedra, y sus colores apagados los camuflaban bien entre las particularidades del paisaje. Zephiel y sus soldados continuaron así un buen trecho, espiando a las criaturas.

Pero de repente, parecía ser que los emergidos se habían detenido. No podía divisarse bien el por qué, y era extraño considerando que los monstruos no descansaban nunca durante sus caminatas. ¿Había algo llamado su interés? Quizás un cadáver abandonado, o un intruso. Parecía ser que los emergidos no atacaban inmediatamente, dando cuenta de que no se habían topado con ninguno de sus soldados. La razón era un completo misterio.
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Re: [Campaña de liberación] The strangest of allies [Priv. June]

Mensaje por June el Dom Jun 18, 2017 11:02 pm

Hacía algunas semanas había escuchado sobre un nuevo país, lo había recordado gracias a haberlo apuntado en mi cuaderno... Sindhu, un reino que se había alzado recientemente, donde los laguz y beorcs convivían en paz. ¿Qué tan cierto sería eso? Sonaba demasiado bonito sinduda, pero tenía curiosidad, quería saber... Quería poder escribir cuentos sobre aquella realidad, que nunca pensé que sería posible. Además, ¡tenía una biblioteca nueva! Me preguntaba qué clase de libros leerían allí...

Pero había un problema, y es que al ser en otro continente, las fronteras iban a ser complicadas. Por eso, después de buscar información sobre las posibles rutas, observé que la mejor manera era llegar en barco desde Bern... ¿cuál era el problema? Bern estaba actualmente caído, tal como Gallia, absolutamente lleno de emergidos. Monstruos que temía incluso más que a los humanos. Pero ir por otra ruta me retrasaría, no que tuviera especialmente prisa por llegar, pero...

Había escuchado que aquél era país natal de muchos wyverns, así que pensé... que podría sobrevolar los cielos del lugar transformada. No llamaría la atención de beorcs refugiados y además me ahorraría problemas con aquellos emergidos por doquier. Sería un viaje cansado, así que decidí primero viajar en carretas de comerciantes. No que me hiciera mucho gusto estar cerca de los beorcs, pero... no tenía dinero para más. Lo haría, de todas formas. ¡Ya me había decidido!

Por eso, desde el día en que había salido de Ilia me había podido quitar toda aquella ropa abrigada, no me haría falta en los paises del sur. Quedé únicamente con mis usuales prendas y sin olvidar mi capa por encima, para ocultar mis orejas afiladas y mi rostro en la mayor medida posible. Fueron varias semanas largas y duras, haciendo transbordo entre varios comerciantes que salían de Ilia como yo, otros que se dirigían a Lycia, otros que se atrevían con las planicies de Sacae... entre los cuales me encontraba yo. Desde ahí viajamos hasta la frontera, pues el señor había sido lo bastante amable para dejarme cerca.

- Lo siento señorita, pero hasta aquí es lo más lejos que puedo llevarla. Es peligroso adentrarse en las montañas que delimitan con Bern... Le recomendaría que bordeara toda la frontera por Lycia antes que atravesar el reino caido. -me aconsejó el viejo mercader, antes de separarnos e irse cada uno por su camino.

Pero yo había entrado igual, subiendo aquella montaña a pie lo más lejos que pude llegar sin transformarme, hasta que vi seguro quitarme la capucha de la cabeza. Aún así, a pesar del paso de los días, aún no veía ningun wyvern sobrevolando. ¿Sería por los emergidos? Empecé a tener miedo y preguntarme si habría sido una buena idea.

Esa misma tarde, tuve una mala sensación, haciendo que tuviera que transformarme y sobrevolar un poco la zona por la que me encontraba. Mientras la gente siguiera escondida no me verían por allí, y sólo cabía de esperar que tampoco lo hicieran los emergidos. Entonces fue cuando desde el aire vi a un wyvern herido, tirado en la hierba de aquel valle. Enseguida aterricé y me destransformé para mayor comodidad, ya que aquellas criaturas eran solo un poco más grandes que los humanos, pero notoriamente más pequeños que cualquier tipo de dragón.

- Oh no, pobrecito... ¿Te encuentras bien? Estas heridas se ven muy feas... Veré que puedo hacer por tí, pequeño... -por suerte el animal se dejó domar, sintiendo que yo no era ninguna humana cualquiera, sino una dragona. Soltaba pequeños quejidos de dolor mientras aleteaba, parecía que había sido obra de emergidos. Rompí un trozo de mi capa para vendarlo como pude. Luego, agarrándolo con suavidad de su cuello, lo ayudé a movernos del lugar, para buscar algún refugio para descansar y atender mejor dus heridas de alguna forma, ya que se venía la noche encima y no podíamos quedarnos en la interperie, ya que sería demasiado peligroso.

Las horas pasaron, la oscuridad ya se cernía sobre nosotros desde hace un rato, pero no podía darme por vencida, no cuando aquel wyvern necesitaba mi ayuda. Hasta que pasó lo inevitable. Un par de emergidos se habían topado con nosotros por el camino, descubriéndonos. Ahora sí que nos habíamos metido en problemas; empecé a llorar, aquella situación me daba mucho miedo, pero tenía que hacerlo. Tendría que transformarme para proteger al pequeño. Sólo que no podía, ¡tenía miedo de hacerlo! Estaba sola, aunque fuesen dos... ¿Qué pasaría si serían más fuertes? ¿Y si eran ellos los que habían dañado al wyvern por el día?

- N-no... P-por favor aléjense d-de él... -clemé, con la voz llorosa, dando pasos hacia atrás mientras miraba al herido animal a mi espalda.
¿Qué podría pedir? Nadie me iba a ayudar en aquellas tierras. Bastaba con mirar al indefenso wyvern para saberlo.
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