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[Social] Cold of decay [Priv. Kmone]

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[Social] Cold of decay [Priv. Kmone]

Mensaje por Rhett Orión el Lun Jun 05, 2017 9:39 pm

COLD OF DECAY

Gélido. Un golpe invernal que a oleadas impactaba contra su piel aterida. Poco era el hálito que expedía su boca al respirar, lo cual significaba que comenzaba a perder temperatura por dentro. No había manera de ganar calor por la gran cantidad de nieve y hielo que lo rodeaba. ¿Alguna vez lo había sentido? aquellos cúmulos de nieve bajo sus zapatos y el destrozo de las pequeñas estalagmitas sobre el suelo cristalizado. Era impresionante, una experiencia alucinante, pero Rhett no lo sentía, el suelo era blanco, el cielo grisáceo, y el futuro opaco. Su corazón palpitaba cada vez más lento, parecía que el tiempo se le estaba deteniendo, pero tal vez estaba alucinando, a pesar de que sus ojos perdían la vista del camino y su horizonte no dejaba de ser terriblemente repetitivo. Hasta que la tuvo de frente. Una gran muralla alzándose imperiosa, oscura y pigmentada de blanco por los golpes de celliscas anteriores. El dragón no se mostró impresionado, pero por lo menos podía asegurar que el tiempo volvía a serle racional como para continuar con su trayectoria. Alzó brevemente la mirada, contemplando la grandiosa e inalcanzable altura de la fortificación con la que contaba el reino al que había llegado. No tenía ni la más mínima idea de cuál era su nombre, ni qué tipo de personas habitaban ahí, pero aquello no lo atemorizaba. Rhett se sentía incapaz de incluso tener miedo.    

Con lentitud entró al castillo, observando que en la entrada yacían dos guardias montando blancos y excepcionales caballos, mentira, aquellos eran en realidad pegasos. Estaba seguro que nunca les había visto de cerca, e incluso si ya había escuchado hablar de ellos, no dejaban de convertirse en criaturas tan singulares como inimaginables. Pero, de nuevo, no mostró emoción alguna al verlos, ni fue víctima de la curiosidad que siempre con descuido le exigía investigar hasta el último detalle. Nada. Ni siquiera reparó en los guardias que lo observaban con desconfianza; estaba tan perdido y cansado que su vista comenzó a perder su habitual brillo, reflejando unos ojos opacos que no eran cándidos ni demostraban aquel color áureo que tanto los caracterizaba. Sucumbió un rato a la deambulación, apenas fijándose en las calles níveas que transitaba, y no solo él, sino una variedad de personas que bien abrigadas lo rodeaban y en su parte evitaban. ¿Qué tan mala pinta tenía? No le interesaba, lo único que quería era saber en dónde estaba, salir de aquella terrible realidad que lo acongojaba. A falta de respuestas la preocupación lo martirizaba, quería soluciones, quería saber en qué parte del mundo yacían aquellos seres a los que increíblemente apreciaba, y de qué forma era aquel cielo que los arropaba. ¿Era oscuro? ¿Era gris como el suyo? Detestaba haberse vuelto negativo, y detestaba aún más perder ese increíble estoicismo del cual siempre se había sujetando con recio ahínco. Había caído muy bajo y era ridículo. Tanto maldito entrenamiento para que al final, solo haya conseguido convertirse en un ser tan inútil. El dragón negó con la cabeza, debía distraer su mente y mantener su esperanza. No era tarde para buscar a su tan estimable duquesa, su fortaleza, aseguraba que estaba cerca, creía que la encontraría. Lo había prometido. El dragón la buscaría y acompañaría. Levantó la cabeza de nuevo, contemplando un monte cercano en el cual se encontraba un gran castillo, tal vez comenzaría por ahí.

Tomó un gran suspiro, doloroso por el frío que desde su llegaba había congelado su garganta. Estaba seguro que era incapaz de hablar, después de todo no había hecho nada por tomar algo caliente, lo que no le parecía un grave problema. Estaba en un reino, y aquello significaba que pronto encontraría un sitio en el cual podría tratarse. Además, era un dragón, no le tomaría demasiado tiempo entrar en calor y recuperarse. Esperaba. Sus pasos de cualquier forma continuaban siendo ligeros y rápidos, a pesar de no recordar la última vez que se había nutrido con algún fruto. Era incuestionable que estaba llegando a su límite y es por eso que usó su última energía para llegar a un sitio fiable. Deteniéndose frente a un hogar, en cuya puerta se grababa un mensaje de invitación para los forasteros. ¿Sería considerado uno de ellos? Volvió a tomar un suspiro y entró a ella, que un reino tenga un sitio dedicado a los que venían del exterior no hacía más que hablar de su buena cordialidad. Lo cual no dejaba de causarle ligero bienestar.    
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Re: [Social] Cold of decay [Priv. Kmone]

Mensaje por Kmone el Dom Jun 25, 2017 1:49 pm

Dentro de todo la estadía en Silesse había sido agradable, la gente que venía de fuera solo iba para disfrutar y conocer, muchos de ellos jamás habían visto nieve en su vida por lo que quedaban fascinados al llegar al país, Kmone debía reconocer que, si bien había visto nieve en su pasado los paisajes de Silesse eran muy bellos por lo que en su momento, el albino había quedado boquiabierto frente a la vista. Lo bueno que tenía es que de fuera venían pocos mercenarios y hasta ese día ni uno solo de ellos tenía idea de la recompensa que había sobre su cabeza. Por otro lado los lugareños no sabían lo que había pasado entre Kmone y Nohr, lo que le daba una gran sensación e tranquilidad al albino.

Hasta ese día había pasado muy buenos momentos con Ches. Tan buenos que hasta parecía un sueño lo que estaba viviendo, casi parecía que vivía sin preocupación alguna, hasta que un día apenas levantarse se asomó a la ventada del lugar donde se estaba hospedando. Lo habían encontrado, no eran suposiciones obtenidas a partir de paranoia. Un grupo de mercenarios que claramente no eran de Silesse estaba en un bar frente a la posada observando muy poco disimuladamente la habitación de Kmone. El albino no deseaba poner en riesgo a Ches, se despidió de ella diciendo que despistaría a los mercenarios y volvería más tarde, tenía la ventaja de que allí los soldados de la ciudad estarían a su favor antes que de unos mercenarios que solo vinieron a hacer alboroto.

El albino salió por detrás, sabía que si necesitaba a los guardias lo ayudarían sin embargo era mejor mantener un perfil bajo, dio una pequeña pista a los mercenarios para que se alertaran y empezaran a buscarlo. Kmone se dirigía al bosque porque allí sería más fácil perderlos, aunque no tuvo suerte porque de la nada en el lugar exclusivo para turistas empezó a haber problemas, los guardias que vigilaban con los pegasos fueron a poner orden en el lugar donde se había armado el alboroto, pero había un problema. Eso fue una señal de alerta para los mercenarios y los guardias que cuidaban la puerta estaban ocupados, los hombres vieron a Kmone y empezaron a correr tras él, estaba en serios problemas, por suerte había salido con su arco aunque era mejor no usarlo.

En pocos segundos corriendo llegó al bosque donde se encontró que había más mercenarios, unos realmente feos y grandes, eran de la clase de gente a la que se le prohíbe entrar en lugares pacíficos o simplemente se les pone un ojo encima. Era algo con lo que el albino definitivamente no contaba, ahora no podía seguir huyendo pero tampoco podía volver hacia atrás y los guardias estaban ocupados, sin mencionar que si los buscaran sería difícil debido al ambiente boscoso.
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Re: [Social] Cold of decay [Priv. Kmone]

Mensaje por Rhett Orión el Sáb Jul 08, 2017 6:18 pm


La suerte le sonrió un poco, como siempre desinteresada. En cuanto posó un pie dentro de la posada, fue rápidamente atendido por el personal del establecimiento, que le ofrecieron un asiento frente a una pequeña chimenea rústica, y una bebida caliente. Se consternó un breve instante ante la gentileza ajena, aunque para sus adentros agradeció el no haber tenido que pasar por más dificultades en cuanto entrara a la posada. Suspiró profundamente una vez se localizó en un asiento, cerrando los ojos para descansarlos, mientras envolvía el tarro de agua caliente entre sus manos y lo acercaba a sus labios para beber un poco de su contenido. Nunca sintió tanto bienestar en su garganta cuando el agua caliente se deslizó cálidamente en ella, hidratándola, de verdad que lo necesitaba. Aprovechó cada segundo, incluso aceptó cada mirada de los asistentes atestadas de curiosidad, tal vez pensaban que era un extranjero con bastante dinero, o semejante, y no hizo nada para desmentirlo, pese a la calma que le caracterizaba, no se sentía con el humor necesario para entablar una conversación. Por lo que en brevedad un servicial le extendió una canasta con pan y fructíferos secos antes de sonreírle ampliamente. — Sabemos que puede estar muy fatigado, querido viajero, por eso mismo le hemos preparado una habitación para que ahí pueda descansar tanto tiempo como lo necesite. — Referenció con un deje cordial, a lo que el dragón asintió sin pronunciar ni una sola palabra. Poco a poco ganaba fuerza, después de todo poseía una mayor resistencia debido a la procedencia laguz de su raza y el paso de los años; se era seguro que necesitaba más que una simple caminata por las cunas alba para atenuarse así mismo. De modo que no descansaría demasiado tiempo, en realidad su plan era recuperarse de la extenuación y después partir inmediatamente. Había puesto en la mira el establecimiento central del castillo, y se dirigía ahí para cerciorarse si algún habitante proveniente de su ducado ya había pisado aquellas tierras gélidas. Necesitaba hallar pistas.

Al menos, ese había sido su plan, hasta que la puerta del establecimiento se abrió con dureza, dándoles la forzante entrada a unos hombres encapuchados, de aspecto amenazante, que crearon desorden al levantar varias mesas con desesperación, acechando a los que se encontraban dentro con un escrúpulo intimidante. Algo buscaban. El dragón soltó un breve suspiro, dejando el tarro de agua sobre la mesa y una pequeña bolsa llena de dinero. Se levantó y dirigió a uno de ellos, lo miró con desdén así como a sus compañeros, eran tres en total aunque tenía el leve presentimiento de que no eran los únicos del sitio. — ¿Ahhh? ¿Tienes algún problema? Quítate de nuestro camino, ¡nos estorbas! —  El hombre se apresuró en alzar ambas de sus manos con las intenciones de empujar al dragón y tirarlo, sin embargo fue incapaz de hacerlo, terminó siendo sujetado de ambas extremidades y alzado en los aires en un limpio movimiento que acabó con un duro impacto sobre el suelo. El dragón no estaba de humor, ni para tratar con delincuentes, y no dudó en acabar con los otros sujetos de la misma manera que hizo con el primero. No le demoró bastante, había sacado a los delincuentes del establecimiento, pero tenía el interés de saber lo que estaban buscando. ¿Estarían acechando a alguien importante? Fue que se inclinó sobre uno y le tomó la capucha del cuello. — ¿Qué buscan? — Entonó conciso, mirando penetrantemente al hombre que apenas podía mantener el juicio después del impacto recibido. — Un hombre… su cabeza vale dinero, pero los otros ya han de estar sobre él. Maldito… — Fue lo último que dijo antes de desmayarse. El dragón miró a los alrededores, escuchando a lejanía como varias zancadas sobre el hielo tomaban su distancia. En efecto, alguien estaba siendo perseguido. Decidió dejar al hombre y quitarle su capucha para cubrirse del frío, miró como los centinelas de la entrada de acercaban sobre sus pegaso. Se levantó y salió de ahí a paso rápido, por más que había salvado al establecimiento de los destrozos, ahora no necesitaba distracciones. No dejaba de tener el ligero presentimiento de que si no hacía algo al respecto, después se arrepentiría.

Con la capucha encima cubriéndole la mitad del rostro, se dirigió hacia la entrada del castillo, notando los desniveles del hielo como si en su momento varios individuos hubiesen pasado por ahí corriendo. Fue que sintió una breve palmada en la espalda. — ¿Qué haces aquí? Ellos ya lo están persiguiendo cerca del bosque, seguramente ya lo tienen rodeado. ¡Vamos, el oro el nuestro! — Dijo un hombre también encapuchado, comenzando un transcurso que el dragón siguió por instinto. Se adentraron a la espesura blanca del bosque, siguiendo el rastro de las pisadas de sus compañeros con tanta celeridad, que no les costó nada alcanzarlos. Topándose con una escena bastante inconveniente para el individuo de cabellera blanca, quien simplemente estaba rodeado. El dragón contempló cada uno de sus rasgos e intentó comprender el por qué era tan buscado por varios mercenarios. ¿Sería un ladrón de alto renombre? O talvez un simple viajero que tuvo el infortunio de caer en las garras de los canallas criminales. — ¡Rápido! Vamos… — Le susurró el hombre antes de correr hacia el sujeto de cabellera blanca con una notable navaja en la mano, en cualquier momento le infringiría un daño severo, así como los demás mercenarios que saltaron en contra de su objetivo. El dragón no lo soportó, y se aventajó con premura a todos ellos, colocándose a un costado del individuo sin siquiera mirarlo. — No creo que seas malo… — Musitó y se volteó hacia los criminales, quienes en parte dejaron de correr ante la sorpresa.

Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Un pequeño traidor que se hace el valiente. — Dijo un hombre desafiante, acercándose lentamente, mirándolo y después al albino. — No les servirá de nada huir, ni combatirnos. Solo déjense ejecutar. — Aquello último fue la señal perfecta para que los demás continuaran su cometido, levantando sus pequeñas navajas y atacándolos. El dragón no portaba ningún arma, y tampoco podía transformarse en dragón hasta recuperar toda su energía, por lo tanto tras una pequeña mirada hacia el albino, se alejó de él para defenderse de los ataques aversivos. Usando sus manos para desviar los ataques y después infringirles daño tirándolos con una natural patada. Había aprendido tantas formas de acometer a un enemigo siendo parte del ejército que no le suscitaba mayor conflicto, aunque aún seguía débil por el viaje, y sus movimientos eran más lentos de lo normal. Continuaban estando rodeados, y si no era capaz de detenernos sufriría las consecuencias. Suspiró. No lo permitiría.  
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Re: [Social] Cold of decay [Priv. Kmone]

Mensaje por Kmone el Miér Ago 09, 2017 1:35 pm

Kmone respiró hondo mientras buscaba alguna abertura, al exhalar, se podía distinguir un vaho blanco saliendo de su bufanda debido al frio que hacía, no había ni una sola abertura, estaba completamente rodeado por una buena cantidad de hombres, vaya que el príncipe Leon había puesto un buen precio a su cabeza para que tantos mercenarios estén detrás suyo. Uno de los hombre dejó la cautela de lado y se acercó hacia Kmone, sin dudarlo sacó una flecha del carcaj y mojó la punta en un veneno que tenía debajo de la capa que le cubría de la cintura para abajo, sin embargo cuando el hombre estuvo cerca dijo algunas palabras extrañas y, además, tenía un olor diferente, si bien hacía frio y afectaba a la nariz, cuando uno de los mercenarios asquerosos se acercaba se podía distinguir el horroroso olor que despedían por culpa de no bañarse y estar viajando hace quién sabe cuanto.

-No se que decir...- Murmuró el albino. -No tuve un pasado sencillo... Pero por tu aspecto asumo que tu tampoco...- Suspiró mientras guardaba la flecha envenenada en el carcaj, de ser posible evitaría usarla pero si se encontraba en una instancia crítica no tendría más remedio que envenenar a alguien. Mientras los mercenarios se acercaban y el extraño se lanzaba a la pelea, el albino aprovechó para preparar su arco y empezar a disparar, su objetivo era desarmar a los mercenarios, al principio tuvo el tiempo suficiente para desarmar a unos cuatro o cinco que, dada la cantidad que había no eran demasiados, sin embargo el desarme era efectivo porque el arma al caer al suelo se perdía entre la nieve. Luego de desarmar a esos hombres ya no tuvo espacio para seguir disparando, por lo que buscó el árbol que tenía detrás y de un salto logró treparse de una de las ramas gordas que estaba sin hojas y llena de nieve, nieve que cayó sobre uno de los mercenarios entorpeciéndole la visión y dándole tiempo a Kmone para estar seguro en lo alto del árbol.

Dado que Kmone tenía un arco y, sería estúpido escalar el árbol un par de mercenarios optaron por intentar tirar el árbol, mientras que los demás se dispusieron a atacar al hombre extraño. -Intentaré cubrirte desde arriba, si necesitas ayuda solo avísame y baja aunque... Parece que lo tienes controlado.- Los dos primero tiros del albino fueron para desarmar a los dos hombres con hacha, aunque estos no se distrageron y se dispusieron a buscar sus respectivas armas. El albino aprovechó ese tiempo para continuar desarmando a los mercenarios, era una tarea bastante fácil, los movimientos de los enemigos si bien parecían ser fuertes, eran torpes y lentos por culpa de su contextura física, luego de unas doce flechas ya no había nadie con armas, pero eso provocó que solo quedaran luchando algunos mientras otros buscaban sus espadas, dagas o lo que sea. -Mierda...- Se quejó Kmone antes de disparar su primera flecha con verdadero daño, la flecha se incrustó detrás de la rodilla de uno de los más robustos mercenarios, este cayó al suelo intentando contenerse de gritar para no alertar a los guardias, el hombre sangraba mucho. -No disfruto matando gente... Les agradecería que se dieran por vencidos...- El albino había olvidado por unos momentos a los hombres que querían tirar el árbol, para cuando se dio cuenta uno de ellos estaba por atacar por la espalda al hombre extraño, Kmone entró en pánico un momento, tomó la flecha envenenada y la disparó directo al hombro del mercenario con hacha, quien se quejó dejando caer su hacha al suelo y rápidamente retiró la flecha de su herida apretando los dientes para aguantar el dolor, pero, al ver que su herida empezaba a ponerse de color morado dio unos pasos hacia atrás y cayó al suelo.
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Re: [Social] Cold of decay [Priv. Kmone]

Mensaje por Rhett Orión el Sáb Sep 09, 2017 6:31 pm


Su corazón latía con presteza, golpe tras golpe iba derribando a cada mercenario que osaba acercársele; aun si no tenía la verdadera intención de matarlos. A pesar de que las armas tomaban rumbos directos a su cuerpo, ninguna de ellas lograba ser lo suficiente ágil para alcanzarlo. El dragón con cada desliz sobre el suelo usaba la fuerza de sus manos para chocarlas contra las empuñaduras de los hombres, logrando que sus cuchillas y dagas salieran despedidas al cielo para en segundos hundirse en el gélido y albo terreno. Estuvo sumido en las amplitudes de su dinamismo, sin embargo eso no retuvo el hecho de que volviera la mirada para contemplar cómo estaba el albino, lo encontró en las altitudes de un árbol, apoyándose con sus flechas para también desarmar a los aversivos. Asintió brevemente a sus palabras, tenía la mayor parte del acometimiento resuelto, pero eso no significaba que llevaba toda la ventaja. El dragón volvía a agotarse con cada brusco movimiento que desatada, y más en aquella circunstancia en el que poseía una escaza resistencia para enfrentarse a una gran cantidad de hombres que lo atacaban. Esta vez, siendo más impetuoso su abatimiento se vio obligado a tomar bocanadas de aire frio para aplacar la vertiginosidad de su respiración. Fue en un parpadeo de debilidad que no capto al hombre del hacha, solo hasta que escuchó aquel alarido de dolor a sus espaldas. Por lo que volteó rápidamente solo para presenciar cómo el sujeto caía al suelo con una flecha envenenada despedida a lo lejos. Subió la mirada hacia el albino y asintió agradecido, aunque pronto se volvió a los demás individuos que intentaban tirar el árbol y se acercó a ellos sin detenimiento solo para propinarles uno que otro golpe certero que los dejara fuera de combate.

La situación tomó un rumbo más quieto, inclusive si aún los infames contaban con la viveza suficiente para llevar a cabo su cometido, se notaba a simple vista que la mayor parte de ellos seguían tirados e inconscientes sobre el suelo. El dragón suspiró con aspereza y levantó la mirada hacia el albino. — Deberí.... — No terminó su frase al captar un sutil estruendo, o mejor dicho fuertes zancadas originarias en dirección del castillo. ¿Quiénes eran? Reconoció los profundos y rápidos galopes que pertenecían a los caballos, y el dragón no pudo más que relacionarlos a los soldados que montaban sus pegaso en la entrada del fortificado alcázar helado. Pronto se percató en el movimiento de los demás mercenarios, los cuales rápidamente tomaron sus armas, o las de sus compañeros, y huyeron del sitio al adentrarse entre la espesura del bosque allegado. Rhett no pudo evitar pensar en lo mismo, debido a que probablemente los guardias y soldados eran capaces de confundirlos por los demás criminales y arrestarlos con total imparcialidad a los hechos; por lo que era más conveniente escapar de ahí.

Fue de tal modo que subió la capucha de su capa para cubrirse la mitad del rostro, y después volvió a dirigirse al albino. — Sé dónde podemos escondernos — Refirió en voz baja, aunque lo suficiente audible para que el otro lo escuchara. Asintió con lentitud y después de percatarse en la presencia cercana de los soldados comenzó a moverse en torno al bosque. Primero se cercioró de que el albino le estuviese siguiendo antes de continuar. No tenía muy buena certeza si daría con el sitio, debido a que era un forastero y no había pasado más que una vez por el lugar. Pero estaba seguro que en cualquier momento daría con el escondite, tal vez había estado cansado y abstraído la mayor parte de su recorrido pero no olvidaba sus pasos y los alrededores. — Es por aquí — Observaba minucioso y con ligero escrúpulo mientras tomaba un trayecto ágil, hasta captar a simple vista una corteza de madera derrumbada sobre la nieve, la evocó al instante y con un sutil movimiento de cabeza le indicó al contrario que en esa dirección debían proseguir.

Detrás de una gran cantidad de árboles se hallaba una estructura desgastada que no contaba con todas sus paredes ni una puerta. Incluso aun construida con pura piedra lastra irregular, aún era lo suficiente apta para que ahí pudiesen ocultarse de los soldados por un tiempo escaso. — Supongo que esto estará bien, aunque es probable que crucen por aquí, a pesar de que hay demasiado árbol a nuestro alrededor, aún pueden sobrevolar el terreno. — Denotó mientras alzaba el rostro y rectificaba cierta veracidad supuesta, tal vez no dudarían mucho ahí escondidos, o tal vez era un sitio lo demasiado bueno para despistar a los soldados, todo eso se basaba en un número incontable de inferencias. También ya se habían alejado lo suficiente del castillo, así que por lo menos ese tramo les daría un poco de tiempo para que el problema se relajase. — Creo que vagué alrededor de este sitio varias veces, tal vez estaba un poco perdido — Suspiró agotado y caminó hacia la estructura, se adentró por el hueco de la entrada y se llevó una mano a la capucha para descubrirse la cabeza. — No sé cómo es que acabé ayudándole, pero por alguna razón no siento que haya cometido una equivocación, supongo que como cualquier otro seguí mi instinto. — Cerró los ojos y se recargo con cuidado sobre el muro, su mente se atiborró de varios pensamientos, uno en especial estaba designado al ducado que buscaba ¿debería preguntarle al otro? Rechazó esa cuestión, primero debía saber quién era y el por qué varios hombres habían estado siguiéndole hasta el punto de querer cazarlo. — Es cierto, ¿puedes decirme por qué te querían ejecutar aquellos mercenarios? ¿eres un criminal? — Preguntó con sutileza, no tenía en ese momento la fuerza necesaria para alzar la voz con rectitud ni severidad, eran más bien palabras simples que no tenían intenciones ocultas o peligrosas. El dragón seguía con un calmo acentuar. — Para ser un número muy grande, puede que alguien los haya mandado. — Dedujo libremente, como si soltara lo primero que se le viniera a la cabeza, nunca se contaba con la suficiente suspicacia para entenderlo y presentirlo todo. Como en cualquier otro incidente, eran simples coyunturas reciprocas a su propia experiencia y sabiduría, sin ninguna otra cuestión con la que pudiera basarse más que los inconfundibles hechos presenciados en aquel momento de impacto contra los mercenarios.
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