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Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

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Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Miér Mayo 31, 2017 10:05 pm

El thane Ferid le había hablado del Sangre de Dragón antes. Sin embargo, Mikaela no se había decidido a buscar una presentación formal sino hasta pasadas tantas visitas a sus dominios como para perder la cuenta, intervalo en que, poco a poco, saciaba cada una de sus posibles inquietudes sobre el Jarl. No había límite a cuan cuidadoso podía y debía ser respecto a su condición. Que el duque de Mitgard fuese un branded no significaba que viviese a salvo como tal, ni que Mikaela pudiese permitirse tener un grado de vinculación a él. El mismo joven de Silesse, si bien había llegado a valorar su propia sangre y a creer en su longevidad como una concedida gracia, era demasiado consciente de lo que la verdad podía conseguirles a veces como para descuidar. Había perdido la verguenza de ser, pero no así el razonable temor. Por eso, prefería considerar sus riesgos mucho antes de dar el más ínfimo paso.

Hasta que llegó a comprender que la condición del Jarl no era precisamente conocimiento general, y que Sangre de Dragón era para muchos en el ducado un mero título, casi que legendario, en ignorancia de los detalles que verdaderamente conllevaba. No había peligro ni persecución que pudiese discernir. Fue entonces, sólo entonces, que Mikaela resolvió que deseaba conocer al hombre en persona, algo curioso respecto a él después de todo. El interés práctico era indiscutible, pero la curiosidad jugaba su parte, inocentemente generada ante la presencia de cualquier otro de los suyos, otro mestizo en el Norte del mundo. No podía evitarlo. Una parte de él consideraba fugazmente lo bueno que sería tener a alguien más como él y Ferid, poder tener una relación decente con el segundo branded que conocería en su vida, mas prontamente ahogaba la añoranza y anteponía la razón. Ante todo, la cautela. No había sosiego ni descuido para los marcados, no los que querían sobrevivir un largo tiempo.

Así, al pedir audiencia con el Jarl Brynjar, no lo hizo como un congénere ni siquiera como un subteniente del ejército de Silesse, sino como un mero hombre del Norte con asuntos momentáneos en sus tierras. Todo lo que necesitaba anunciar de frente era que pretendía prestar servicios temporales al Jarl. El resto, surgiría a su tiempo. No deseaba que su petición se interpretara como una de asuntos oficiales del reino, mas con eso fuera del camino, al momento de acudir al palacio, no hizo esfuerzo por ocultar su uniforme bajo su capa ni elegir otra vestimenta; llevar en secreto su identidad no sería buen inicio. Pacientemente siguió a los guardias de imponente contextura a medida que estos le cedían acceso a las áreas restringidas del castillo, guiándolo en cada paso por la enorme edificación, claramente bajo ordenes de mantener a los visitantes en el área específica donde se les hubiese permitido ingresar. Cómodo en protocolos definidos, Mikaela sólo mantuvo sus manos a sus costados y acató, alcanzando eventualmente las dobles puertas que guiaban a lo que asumía sería el salón del trono.

De buenos ánimos y con inquietas expectativas, el joven de blanco uniforme, reluciente broche de suboficial cerrándole el cuello de la ropa, facciones tan delicadas que podían rayar en lo femenino o lo infantil, cabello algo largo y estatura no más que mediana puso en sus labios ya una tenue sonrisa, inclusive antes de abrir las puertas. Lo más agradable de su formal carácter era reservado para encuentros como aquel, con personas de autoridad mayor con quienes era menester que alguien de su oficio se comportara servicial e intachablemente. Sin dudar o preocuparse de sentirse especialmente preparado o no, al fin abrió una de las puertas, ingresando con su andar recto y pasos decididos a donde tomaría lugar su breve audiencia con el duque. Buscando desde el primer instante contacto visual, golpeó suavemente juntos sus talones al detenerse ante el marcado de mayor edad, correcto y solemne en cada gesto, antes de bajar a apoyar una de sus rodillas en el suelo e inclinar la cabeza. Alzó la voz en tono parejo, sólo lo suficiente para hacerse oír. - Buenos días. Mi nombre es Mikaela y pertenezco a la casa Siegler, de Silesse. Me honra conocerle, Jarl Brynjar. - Se presentó, alzando la vista a la espera de gesto o palabra alguna del Jarl antes de levantarse. Conocer su lugar y asegurarse de mantenerse en él eran cualidades cercanamente relacionadas con su supervivencia hasta entonces, cualidades ya inseparables del subteniente.



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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Brynjar el Jue Jun 08, 2017 5:55 am

Las audiencias eran un trámite que el cargo que poseía le hacía responsable de ello. Y a su vez, no eran algo pesado de hacer... o al menos, no normalmente. Personas tan diferentes cruzaban esa sala destinada únicamente a eso... tan diferentes, con diferentes problemas, intereses, peticiones... Era increíble solo el pensar la cantidad de cosas de las que se enteraba solo con recibir esas audiencias. Algunas eran más problemáticas. Otras, incluso, eran pura resignación ante la perspectiva de no poder hacer nada. Otras eran interesantes, llamativas.

Y allí estaba, sentado en el incómodo trono situado al fondo de la sala que estaba adornada con diversas telas bordadas con el estandarte del ducado, revisando algunos papeles antes de que la siguiente persona que tenía audiencia hiciera acto de presencia. No tenía prisa, mas tampoco era plan de esperar. Y aun así, ni tuvo tiempo de leer el párrafo entero de la segunda página de esos papeles antes de que se abrieran las puertas y pudiera verse entrar la joven figura andrógina.

Y la vista del Jarl no dejó indiferente el hecho de que fuera con ese uniforme y el broche al cuello, lo cual delataba el rango del muchacho, pero a su vez le desconcertaba un poco el hecho de que estuviera allí de esa forma. ¿Y eso...? Mas no tardó en, tras ese breve análisis visual, fijar su mirada en los azulados orbes ajenos con serenidad. O al menos, así fue hasta que aquel joven se arrodilló en una clara reverencia. - Levántate, no hace falta tanta parafernalia - Claro, se refería al hecho de arrodillarse y todo. El tratar con respeto a alguien era lo adecuado, pero el hacer tantos gestos de protocolo no. Y eso, a pesar de parecer una orden, lo pronunció con suavidad, acompañado de un gesto de su mano para que se incorporase. Pero, mientras pronunciaba esa indicación, por su cabeza ya estaban pasando ideas sobre el porqué le sonaba aquel nombre. Siegler... ¿De qué le sonaba? Sabía que había oído algo referente a esa casa, pero... Y en cuanto su mirada volvió a fijarse en el atuendo del joven, su rostro se ladeó a un costado, haciendo que el denso flequillo albino que cubría el lado izquierdo de su rostro se moviera sutilmente. Tal vez...

Aun así, dejó a sobre uno de los reposabrazos el papeleo que tenía en sus manos y se incorporó, bajando el par de escalones que había hasta quedar frente al muchacho. - Entonces, Mikaela... ¿qué es lo que busca un soldado de Silesse de un rango como el tuyo aquí? Tengo verdadera curiosidad -Y eso lo decía por el hecho de que, no se había presentado como militar, pero sí iba con el uniforme que lo delataba. ¿Por qué? Y por ello, clavó su mirada en la ajena, esperando la respuesta a aquella cuestión y, con ello, también comenzar la audiencia que aquel chico había solicitado.
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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Vie Jun 16, 2017 6:27 pm

El jarl lucía exactamente como Mikaela había supuesto, a raíz de lo que Ferid comentaba. El trono le sentaba bien, pero poseía la contextura de un soldado de larga experiencia antes que la de un administrador político y, sin dudas, el porte de un nórdico. Nada en él delataba su condición de marcado, hasta donde el ojo pudiera discernir tan prontamente. Al verle, Mikaela estudió con cuidado la seriedad en su expresión y la forma en que le mirase, siempre consciente y atento. Su tono y su trato eran suficientemente gentiles, pese a su fuerte control como gobernador; parecía alguien accesible, después de todo. No creía que hablar con él fuese a ser especialmente complicado. Alzándose, el joven rubio le respondió con una expresión relajada y una sonrisa de disculpa ya en los labios. - Lo intentaré, pero es un poco difícil de evitar, comprenda. - Se excusó con una leve risa. En efecto, volvía a pararse con las piernas bastante juntas, recto de espalda y en una postura muy poco casual. Vivir su cargo militar y mostrar lo mínimo posible de sí fuera de esa identidad era el modo en que había vivido todos esos años, el modo en que se había mantenido discreto y a salvo; actuar con la más estricta y por ratos excesiva formalidad era un instinto muy fuertemente arraigado en él ya. Pero pretendía buscar la simpatía del hombre ante sí y haría lo que estuviese a su alcance.

La pregunta del jarl tenía el efecto opuesto, en esa ocasión. Enfrentado a los asuntos de peso y sin intención de demorar en presentarlos, Mikaela no pudo sino tornar más serio su semblante. Cuando el hombre mayor descendió y se aproximó, poniéndose a su nivel de suelo, él mantuvo su postura perfectamente erguida, sin dudar ni avergonzarse de su necesidad de alzar el mentón un poco para seguir viéndole al ojo descubierto. Inconscientemente se preguntó si de algún modo sabría reconocerle también como un marcado, si con algo tan simple como la juventud de sus rasgos o algo más instintivo y básico adivinaría su secreto entero. Las dudas eran difíciles de apartar. No obstante, se mantuvo allí y respondió con cuidado; Brynjar no había pasado por alto su uniforme y la forma en que se justificase sería de importancia. Debía referirse cuanto antes a aquel detalle. - Asuntos personales, meramente. Silesse no me ha enviado bajo ninguna clase de órden; como sabrá, su jurisdicción como territorio independiente ya es reconocida y respetada. Esto se trata sólo de mi. Y lo que busco no es más que prestar servicios, jarl. - Dijo, a voz un buen tanto más firme de lo que su aspecto podía sugerir, buscando ante todo marcar aquella diferencia. Establecido aquello, sin moverse de su sitio ante el jarl, procedió con más soltura.

- Tengo motivos para que me sea de importancia el bienestar de Mitgard. Personas que viven aquí que quisiera mantener a salvo. Por eso, me gustaría auxiliar en la defensa del ducado ante los emergidos, no como un representante del reino de Silesse sino sólo como Mikaela, un soldado más en la fila. Si me aceptase, claro está. - No ocultó demasiado, aunque tampoco presentase la total y completa verdad. No veía necesidad de mencionar de antemano los nombres de sus vínculos en Mitgard, mas no pensaba hacer de ello un secreto. No era lo relevante, de todos modos. Un hombre más con el entrenamiento adecuado para la guerra no sería mal bienvenido en casi ningún sitio a su criterio, cuando inclusive en el Norte del mundo los emergidos eran una amenaza que impedía las noches de descanso completo y salir dos pasos de la ciudad sin tener una mano sobre el mango de un arma, pero sus condiciones eran en cierta forma delicadas. Hizo una pequeña pausa antes de mencionarlas, tomando aire y bajando un poco su voz, inconscientemente. - Sin embargo, por este motivo y porque deseo no involucrar a mi reino en mis ocupaciones personales, si una espada más puede servirle y decide aceptarme, pediría que no se mencione mi servicio aquí. Me preocupan las implicaciones erradas que puedan darse. Espero que pueda entenderlo. -

Allí estaba. Lo había comunicado de la forma más comprensible y menos sospechosa en que pudiese pensar, pero seguía siendo un tanto delicado. Había muchos más detalles por los que debería de continuar, mas ante todo, necesitaba conocer la actitud de Brynjar a ese tanto. Había motivos mejores por los que un Siegler podría querer evadir Silesse por un tiempo, pero no quería tener que mencionarlos si podía guardárselo. Su expresión dócil, humilde, y la mirada de amplios ojos azules desapareció un tanto de vista al inclinar la cabeza por la petición realizada. - ¿Cree que es algo que podría aceptar? Comprenderé si no puede ser. De un modo u otro, estaré en Mitgard durante cierto tiempo. -



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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Brynjar el Lun Jul 10, 2017 4:38 pm

Una reacción simple a su petición. Parecía incluso aliviado. A veces, con ese tipo de situaciones, se preguntaba fugazmente qué era lo que esperaría la gente que acudía a él en aquellas audiencias. ¿Realmente se esperarían un porte como el que transmitía el Jarl? ¿O tal vez no? Pero los momentos en que esa peculiar duda recorría su mente acababa volando debido a que tenía otros asuntos más importantes que atender. Más importantes en los que pensar...

Porque acababan de pasar una guerra civil como se podía decir aunque hubieran pasado dos años de ello. Estaban en una situación de extraña contradicción debido a que, los aldeanos se encontraban aún aliviados ante las perspectivas de un nuevo futuro que se forjaba con una envidiable soltura como la propio forja característica de esos terrenos y sus artesanos. Pero a la vez no podían simplemente relajarse y abandonarse. Ya no solo por el cruel clima, si no por la amenaza de aquellos soldados grises que habían llegado incluso a aquella apartada isla helada.

Y por supuesto, ante las palabras ajenas su mirada se suavizó un tanto, sintiendo cierta empatia ante lo que quería decir. Claro que entendía aquello. Antes de siquiera replantearse ser el responsable de aquella ciudad, había sido entrenado como un soldado más de la fieras tropas de Mitgard. - Por supuesto, lo entiendo perfectamente -Asintió a aquello, cruzando poco después sus brazos en una postura más despreocupada. Como invitándole a ello. - Pero para todo tiene que haber una primera vez. Y un momento en que romper el hábito.

Claro, esa mirada más suave volvió a endurecerse casi a la par que comenzó a entrever lo que implicaban las palabras ajenas. ¿Servir? ¿Un soldado procedente de Silesse y no precisamente de un rango bajo? Eso era inusual... De alguna manera, no le daba mala espina, aun cuando no viera tampoco nada que le indicase que aquello pudiera ser una amenaza. Su mentón se alzó un tanto más mientras asimilaba y reflexionaba lo que aquel joven chico quería explicarle con todo aquello. Porque... Sí, era un tema delicado. Pero aun así no dijo palabra, mantuvo un silencio exclusivo a dejar que el de claros cabellos rubios quisiera exponer todo lo que le interesase explicar. Aun cuando justificación como tal no le estaba exigiendo, pero sí se la iba a pedir y, que el chico se adelantara le ayudó a entrever que parecía conocer lo delicado de aquello. Cosa favorable... pero también arriesgada. Cierto era que una arma más a sus tropas era de agradecer en aquellos tiempos... pero... - Así que... servir. La combinación de asuntos personales y prestar servicios viniendo de alguien fuera de nuestro pueblo resulta cuanto menos extraña. -Aunque no era la primera vez que podía haber ocurrido... pero no quitaba que fuera poco habitual y que una gran carga tenía que haber detrás de todo lo que se dejaba entrever.

- En cualquier caso... no es asunto mío lo que decida hacer un soldado en su vida personal y en lo que, supongo, que será tiempo libre - Sí... pensaba que podía ser de todo menos tiempo libre. Pero como bien había dicho, él no era quien para meterse en los asuntos personales de alguien, sólo podía quedarse en la fina linde que separaba lo que eran los asuntos referentes a su pueblo con lo que pudiera influir la estancia de aquel joven allí. - Por lo que no tengo motivo alguno para informar a Silesse de nada referente a esta audiencia ni al servicio que pretendes ofrecer. Pero... -Y dando un paso más adelante, encarando aún más la figura del joven rubio, procedió a realizar la siguiente cuestión:- ... Sí me gustaría saber a qué ciudadanos de este ducado pretendes ayudar y proteger con tu petición -Hombre precavido vale por dos. Y Brynjar no se encontraba en una situación en la cual confiar de primeras en cualquiera y carecer de información y un respaldo. Siquiera podía saber aún todo lo que pudiera haber rondando por su propia patria...- Si es que no es una intromisión a tu intimidad - Lo era, pero a la vez era una pequeña muestra de confraternidad. Si estaba dispuesto a ayudar, estaría dispuesto a ser uno más de aquel sitio. Y por ello, la confianza tendría que ser completa para con todos, ya no solo con el Jarl. En un lugar tan extremo como era Mitgard, la unidad como pueblo y la palabra de una persona podía valer mucho más que el propio dinero. Y eso era un apartado de la tradición que, hasta que los terrenos se libraran de la nieve y el lago Bifrost se deshelase, seguiría siendo así.
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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Miér Ago 09, 2017 12:56 pm

Hasta allí, todo marchaba bien. El Jarl resultaba sorprendentemente abierto a oír y comprender, y súbitamente, todo parecía hacerle cierto sentido a Mikaela. La cercanía, fraternalidad y sentido de sociedad que mostraban sus habitantes, la insistente amabilidad que lo dejaba un poco descolocado y receloso cuando pasaba demasiado tiempo en la ciudad, todo parecía contener entonces un deje del carácter del mismo gobernador del ducado. El hombre le trataba bastante bien, pese a ser un forastero. No podía estar más sorprendido de hallar carácter así en quien sabía era un Branded. Por supuesto, planteaba también sus reservas respecto a los asuntos de Mikaela allí, aquello había sido de anticiparse, mas no restaba que fuera suficientemente amable. Dejando que la situación lo llevase a él y si era lo que el hombre de poder prefería, Mikaela se enfocó conscientemente en bajar los hombros un poco, exhalar largamente y poner una calma sonrisa en sus labios. Era lo más cerca que podía llegar a relajarse o a aparentarlo. - Entiendo que suene extraño. Sin importar donde me encuentre, nada de lo que uno hace queda separado del título que uno ostenta. Por eso, puede hacer todas las preguntas que guste; deseo hacer lo posible para asegurarle. - Dijo, para nada impaciente ni poco dispuesto.

Debía ser solícito y servil en una situación como aquella, donde era él el de la petición inusual. No obstante, yendo más allá, intuía la intención del Jarl de hablarle como a un par y tratarle llanamente, una oportunidad que llamaba su atención y ameritaba una respuesta más abierta de su parte. Si así lo quería, estaría bien. No rehuyó la vigilia del otro, mirando al único ojo no cubierto por el espeso cabello blanco, inmutado por el paso adelante. En ese monento, el joven había decidido su modo de proceder. Si la puerta estaba siquiera medianamente abierta a aproximarse y ganar, quizás, la deferencia de aquel hombre de tamaña relevancia a sus intereses futuros, Mikaela iba a cruzarla. De buena gana, motivado por ese mismo optimista porvenir, le dirigió su recatada sonrisa y ladeó la cabeza a su pregunta, causando que su liviano y claro cabello ondulara sobre una de sus mejillas. El hombre quería algo concreto, quería nombres. Mikaela asintió sin resistencia. Su intención era despejarle toda duda, y aunque en fuero interno ni siquiera entretuviera la menor noción de revelar el secreto de su sangre mestiza en esa instancia, sí podía darle todo lo demás.

- El thane Ferid Eusford y su hermano Crowley Eusford, señor. - Respondió sin más, a tono casual. Elegir su intimidad por sobre la claridad de sus intenciones no era la actitud que quería tomar en ese caso. Enseguida prosiguió, explicándose un tanto más, con un gesto verdaderamente más relajado en las facciones. - Son como familia para mi. He conocido al thane desde que poseía tierras en Silesse, ha sido un amigo a la casa Siegler en el pasado. Personalmente, me es alguien cercano. Le visito tanto como mi puesto me permite. Por supuesto, el hermano del thane también es alguien preciado, me atañe la seguridad de ambos. - Más, claramente, que la de su propio grupo familiar caído en infortunios en los últimos años, reducido a menos miembros cada vez. Pero aquello le importaba poco ya. Inclusive Crowley Eusford, un hombre al que apenas había visto pero que también poseía una marca en su cuerpo, se sentía más como familia y se tornaba más importante a los sentimientos del myrmidon. Con un gesto pensativo y algo más de gracia en la sonrisa, dio una mirada general al alto hombre ante sí y agregó. - Ferid habla muy bien de usted. Por eso creí que no sería problema ponerme en sus manos. -

Y no iba mal. Tenía, cuanto menos, lo que más necesitaba de ese intercambio: mantener a Silesse fuera. Aquella confirmación de parte del Jarl le había dado la necesaria seguridad. Podía proceder tranquilo. - ¿Entonces, no será problema? - Confirmó, atento, pues la forma de hablar del otro así le había dado a entender. Hizo su capa a un lado un tanto, a modo de enseñar la funda de espada que portaba a su cadera; fina y de aspecto ligero, mas un arma de buena hechura con la que mostraba que era un espadachín de infantería. - Si hay excursiones regulares en las que pueda incluirme o algún puesto en particular donde necesite una espada más, sólo debe indicarlo. - Desconocía la estrategia de defensa de Mitgard y hablar así era mucho menos conflictivo que preguntar por información como esa.



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