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Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

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Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Miér Mayo 31, 2017 10:05 pm

El thane Ferid le había hablado del Sangre de Dragón antes. Sin embargo, Mikaela no se había decidido a buscar una presentación formal sino hasta pasadas tantas visitas a sus dominios como para perder la cuenta, intervalo en que, poco a poco, saciaba cada una de sus posibles inquietudes sobre el Jarl. No había límite a cuan cuidadoso podía y debía ser respecto a su condición. Que el duque de Mitgard fuese un branded no significaba que viviese a salvo como tal, ni que Mikaela pudiese permitirse tener un grado de vinculación a él. El mismo joven de Silesse, si bien había llegado a valorar su propia sangre y a creer en su longevidad como una concedida gracia, era demasiado consciente de lo que la verdad podía conseguirles a veces como para descuidar. Había perdido la verguenza de ser, pero no así el razonable temor. Por eso, prefería considerar sus riesgos mucho antes de dar el más ínfimo paso.

Hasta que llegó a comprender que la condición del Jarl no era precisamente conocimiento general, y que Sangre de Dragón era para muchos en el ducado un mero título, casi que legendario, en ignorancia de los detalles que verdaderamente conllevaba. No había peligro ni persecución que pudiese discernir. Fue entonces, sólo entonces, que Mikaela resolvió que deseaba conocer al hombre en persona, algo curioso respecto a él después de todo. El interés práctico era indiscutible, pero la curiosidad jugaba su parte, inocentemente generada ante la presencia de cualquier otro de los suyos, otro mestizo en el Norte del mundo. No podía evitarlo. Una parte de él consideraba fugazmente lo bueno que sería tener a alguien más como él y Ferid, poder tener una relación decente con el segundo branded que conocería en su vida, mas prontamente ahogaba la añoranza y anteponía la razón. Ante todo, la cautela. No había sosiego ni descuido para los marcados, no los que querían sobrevivir un largo tiempo.

Así, al pedir audiencia con el Jarl Brynjar, no lo hizo como un congénere ni siquiera como un subteniente del ejército de Silesse, sino como un mero hombre del Norte con asuntos momentáneos en sus tierras. Todo lo que necesitaba anunciar de frente era que pretendía prestar servicios temporales al Jarl. El resto, surgiría a su tiempo. No deseaba que su petición se interpretara como una de asuntos oficiales del reino, mas con eso fuera del camino, al momento de acudir al palacio, no hizo esfuerzo por ocultar su uniforme bajo su capa ni elegir otra vestimenta; llevar en secreto su identidad no sería buen inicio. Pacientemente siguió a los guardias de imponente contextura a medida que estos le cedían acceso a las áreas restringidas del castillo, guiándolo en cada paso por la enorme edificación, claramente bajo ordenes de mantener a los visitantes en el área específica donde se les hubiese permitido ingresar. Cómodo en protocolos definidos, Mikaela sólo mantuvo sus manos a sus costados y acató, alcanzando eventualmente las dobles puertas que guiaban a lo que asumía sería el salón del trono.

De buenos ánimos y con inquietas expectativas, el joven de blanco uniforme, reluciente broche de suboficial cerrándole el cuello de la ropa, facciones tan delicadas que podían rayar en lo femenino o lo infantil, cabello algo largo y estatura no más que mediana puso en sus labios ya una tenue sonrisa, inclusive antes de abrir las puertas. Lo más agradable de su formal carácter era reservado para encuentros como aquel, con personas de autoridad mayor con quienes era menester que alguien de su oficio se comportara servicial e intachablemente. Sin dudar o preocuparse de sentirse especialmente preparado o no, al fin abrió una de las puertas, ingresando con su andar recto y pasos decididos a donde tomaría lugar su breve audiencia con el duque. Buscando desde el primer instante contacto visual, golpeó suavemente juntos sus talones al detenerse ante el marcado de mayor edad, correcto y solemne en cada gesto, antes de bajar a apoyar una de sus rodillas en el suelo e inclinar la cabeza. Alzó la voz en tono parejo, sólo lo suficiente para hacerse oír. - Buenos días. Mi nombre es Mikaela y pertenezco a la casa Siegler, de Silesse. Me honra conocerle, Jarl Brynjar. - Se presentó, alzando la vista a la espera de gesto o palabra alguna del Jarl antes de levantarse. Conocer su lugar y asegurarse de mantenerse en él eran cualidades cercanamente relacionadas con su supervivencia hasta entonces, cualidades ya inseparables del subteniente.



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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Brynjar el Jue Jun 08, 2017 5:55 am

Las audiencias eran un trámite que el cargo que poseía le hacía responsable de ello. Y a su vez, no eran algo pesado de hacer... o al menos, no normalmente. Personas tan diferentes cruzaban esa sala destinada únicamente a eso... tan diferentes, con diferentes problemas, intereses, peticiones... Era increíble solo el pensar la cantidad de cosas de las que se enteraba solo con recibir esas audiencias. Algunas eran más problemáticas. Otras, incluso, eran pura resignación ante la perspectiva de no poder hacer nada. Otras eran interesantes, llamativas.

Y allí estaba, sentado en el incómodo trono situado al fondo de la sala que estaba adornada con diversas telas bordadas con el estandarte del ducado, revisando algunos papeles antes de que la siguiente persona que tenía audiencia hiciera acto de presencia. No tenía prisa, mas tampoco era plan de esperar. Y aun así, ni tuvo tiempo de leer el párrafo entero de la segunda página de esos papeles antes de que se abrieran las puertas y pudiera verse entrar la joven figura andrógina.

Y la vista del Jarl no dejó indiferente el hecho de que fuera con ese uniforme y el broche al cuello, lo cual delataba el rango del muchacho, pero a su vez le desconcertaba un poco el hecho de que estuviera allí de esa forma. ¿Y eso...? Mas no tardó en, tras ese breve análisis visual, fijar su mirada en los azulados orbes ajenos con serenidad. O al menos, así fue hasta que aquel joven se arrodilló en una clara reverencia. - Levántate, no hace falta tanta parafernalia - Claro, se refería al hecho de arrodillarse y todo. El tratar con respeto a alguien era lo adecuado, pero el hacer tantos gestos de protocolo no. Y eso, a pesar de parecer una orden, lo pronunció con suavidad, acompañado de un gesto de su mano para que se incorporase. Pero, mientras pronunciaba esa indicación, por su cabeza ya estaban pasando ideas sobre el porqué le sonaba aquel nombre. Siegler... ¿De qué le sonaba? Sabía que había oído algo referente a esa casa, pero... Y en cuanto su mirada volvió a fijarse en el atuendo del joven, su rostro se ladeó a un costado, haciendo que el denso flequillo albino que cubría el lado izquierdo de su rostro se moviera sutilmente. Tal vez...

Aun así, dejó a sobre uno de los reposabrazos el papeleo que tenía en sus manos y se incorporó, bajando el par de escalones que había hasta quedar frente al muchacho. - Entonces, Mikaela... ¿qué es lo que busca un soldado de Silesse de un rango como el tuyo aquí? Tengo verdadera curiosidad -Y eso lo decía por el hecho de que, no se había presentado como militar, pero sí iba con el uniforme que lo delataba. ¿Por qué? Y por ello, clavó su mirada en la ajena, esperando la respuesta a aquella cuestión y, con ello, también comenzar la audiencia que aquel chico había solicitado.
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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Vie Jun 16, 2017 6:27 pm

El jarl lucía exactamente como Mikaela había supuesto, a raíz de lo que Ferid comentaba. El trono le sentaba bien, pero poseía la contextura de un soldado de larga experiencia antes que la de un administrador político y, sin dudas, el porte de un nórdico. Nada en él delataba su condición de marcado, hasta donde el ojo pudiera discernir tan prontamente. Al verle, Mikaela estudió con cuidado la seriedad en su expresión y la forma en que le mirase, siempre consciente y atento. Su tono y su trato eran suficientemente gentiles, pese a su fuerte control como gobernador; parecía alguien accesible, después de todo. No creía que hablar con él fuese a ser especialmente complicado. Alzándose, el joven rubio le respondió con una expresión relajada y una sonrisa de disculpa ya en los labios. - Lo intentaré, pero es un poco difícil de evitar, comprenda. - Se excusó con una leve risa. En efecto, volvía a pararse con las piernas bastante juntas, recto de espalda y en una postura muy poco casual. Vivir su cargo militar y mostrar lo mínimo posible de sí fuera de esa identidad era el modo en que había vivido todos esos años, el modo en que se había mantenido discreto y a salvo; actuar con la más estricta y por ratos excesiva formalidad era un instinto muy fuertemente arraigado en él ya. Pero pretendía buscar la simpatía del hombre ante sí y haría lo que estuviese a su alcance.

La pregunta del jarl tenía el efecto opuesto, en esa ocasión. Enfrentado a los asuntos de peso y sin intención de demorar en presentarlos, Mikaela no pudo sino tornar más serio su semblante. Cuando el hombre mayor descendió y se aproximó, poniéndose a su nivel de suelo, él mantuvo su postura perfectamente erguida, sin dudar ni avergonzarse de su necesidad de alzar el mentón un poco para seguir viéndole al ojo descubierto. Inconscientemente se preguntó si de algún modo sabría reconocerle también como un marcado, si con algo tan simple como la juventud de sus rasgos o algo más instintivo y básico adivinaría su secreto entero. Las dudas eran difíciles de apartar. No obstante, se mantuvo allí y respondió con cuidado; Brynjar no había pasado por alto su uniforme y la forma en que se justificase sería de importancia. Debía referirse cuanto antes a aquel detalle. - Asuntos personales, meramente. Silesse no me ha enviado bajo ninguna clase de órden; como sabrá, su jurisdicción como territorio independiente ya es reconocida y respetada. Esto se trata sólo de mi. Y lo que busco no es más que prestar servicios, jarl. - Dijo, a voz un buen tanto más firme de lo que su aspecto podía sugerir, buscando ante todo marcar aquella diferencia. Establecido aquello, sin moverse de su sitio ante el jarl, procedió con más soltura.

- Tengo motivos para que me sea de importancia el bienestar de Mitgard. Personas que viven aquí que quisiera mantener a salvo. Por eso, me gustaría auxiliar en la defensa del ducado ante los emergidos, no como un representante del reino de Silesse sino sólo como Mikaela, un soldado más en la fila. Si me aceptase, claro está. - No ocultó demasiado, aunque tampoco presentase la total y completa verdad. No veía necesidad de mencionar de antemano los nombres de sus vínculos en Mitgard, mas no pensaba hacer de ello un secreto. No era lo relevante, de todos modos. Un hombre más con el entrenamiento adecuado para la guerra no sería mal bienvenido en casi ningún sitio a su criterio, cuando inclusive en el Norte del mundo los emergidos eran una amenaza que impedía las noches de descanso completo y salir dos pasos de la ciudad sin tener una mano sobre el mango de un arma, pero sus condiciones eran en cierta forma delicadas. Hizo una pequeña pausa antes de mencionarlas, tomando aire y bajando un poco su voz, inconscientemente. - Sin embargo, por este motivo y porque deseo no involucrar a mi reino en mis ocupaciones personales, si una espada más puede servirle y decide aceptarme, pediría que no se mencione mi servicio aquí. Me preocupan las implicaciones erradas que puedan darse. Espero que pueda entenderlo. -

Allí estaba. Lo había comunicado de la forma más comprensible y menos sospechosa en que pudiese pensar, pero seguía siendo un tanto delicado. Había muchos más detalles por los que debería de continuar, mas ante todo, necesitaba conocer la actitud de Brynjar a ese tanto. Había motivos mejores por los que un Siegler podría querer evadir Silesse por un tiempo, pero no quería tener que mencionarlos si podía guardárselo. Su expresión dócil, humilde, y la mirada de amplios ojos azules desapareció un tanto de vista al inclinar la cabeza por la petición realizada. - ¿Cree que es algo que podría aceptar? Comprenderé si no puede ser. De un modo u otro, estaré en Mitgard durante cierto tiempo. -



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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Brynjar el Lun Jul 10, 2017 4:38 pm

Una reacción simple a su petición. Parecía incluso aliviado. A veces, con ese tipo de situaciones, se preguntaba fugazmente qué era lo que esperaría la gente que acudía a él en aquellas audiencias. ¿Realmente se esperarían un porte como el que transmitía el Jarl? ¿O tal vez no? Pero los momentos en que esa peculiar duda recorría su mente acababa volando debido a que tenía otros asuntos más importantes que atender. Más importantes en los que pensar...

Porque acababan de pasar una guerra civil como se podía decir aunque hubieran pasado dos años de ello. Estaban en una situación de extraña contradicción debido a que, los aldeanos se encontraban aún aliviados ante las perspectivas de un nuevo futuro que se forjaba con una envidiable soltura como la propio forja característica de esos terrenos y sus artesanos. Pero a la vez no podían simplemente relajarse y abandonarse. Ya no solo por el cruel clima, si no por la amenaza de aquellos soldados grises que habían llegado incluso a aquella apartada isla helada.

Y por supuesto, ante las palabras ajenas su mirada se suavizó un tanto, sintiendo cierta empatia ante lo que quería decir. Claro que entendía aquello. Antes de siquiera replantearse ser el responsable de aquella ciudad, había sido entrenado como un soldado más de la fieras tropas de Mitgard. - Por supuesto, lo entiendo perfectamente -Asintió a aquello, cruzando poco después sus brazos en una postura más despreocupada. Como invitándole a ello. - Pero para todo tiene que haber una primera vez. Y un momento en que romper el hábito.

Claro, esa mirada más suave volvió a endurecerse casi a la par que comenzó a entrever lo que implicaban las palabras ajenas. ¿Servir? ¿Un soldado procedente de Silesse y no precisamente de un rango bajo? Eso era inusual... De alguna manera, no le daba mala espina, aun cuando no viera tampoco nada que le indicase que aquello pudiera ser una amenaza. Su mentón se alzó un tanto más mientras asimilaba y reflexionaba lo que aquel joven chico quería explicarle con todo aquello. Porque... Sí, era un tema delicado. Pero aun así no dijo palabra, mantuvo un silencio exclusivo a dejar que el de claros cabellos rubios quisiera exponer todo lo que le interesase explicar. Aun cuando justificación como tal no le estaba exigiendo, pero sí se la iba a pedir y, que el chico se adelantara le ayudó a entrever que parecía conocer lo delicado de aquello. Cosa favorable... pero también arriesgada. Cierto era que una arma más a sus tropas era de agradecer en aquellos tiempos... pero... - Así que... servir. La combinación de asuntos personales y prestar servicios viniendo de alguien fuera de nuestro pueblo resulta cuanto menos extraña. -Aunque no era la primera vez que podía haber ocurrido... pero no quitaba que fuera poco habitual y que una gran carga tenía que haber detrás de todo lo que se dejaba entrever.

- En cualquier caso... no es asunto mío lo que decida hacer un soldado en su vida personal y en lo que, supongo, que será tiempo libre - Sí... pensaba que podía ser de todo menos tiempo libre. Pero como bien había dicho, él no era quien para meterse en los asuntos personales de alguien, sólo podía quedarse en la fina linde que separaba lo que eran los asuntos referentes a su pueblo con lo que pudiera influir la estancia de aquel joven allí. - Por lo que no tengo motivo alguno para informar a Silesse de nada referente a esta audiencia ni al servicio que pretendes ofrecer. Pero... -Y dando un paso más adelante, encarando aún más la figura del joven rubio, procedió a realizar la siguiente cuestión:- ... Sí me gustaría saber a qué ciudadanos de este ducado pretendes ayudar y proteger con tu petición -Hombre precavido vale por dos. Y Brynjar no se encontraba en una situación en la cual confiar de primeras en cualquiera y carecer de información y un respaldo. Siquiera podía saber aún todo lo que pudiera haber rondando por su propia patria...- Si es que no es una intromisión a tu intimidad - Lo era, pero a la vez era una pequeña muestra de confraternidad. Si estaba dispuesto a ayudar, estaría dispuesto a ser uno más de aquel sitio. Y por ello, la confianza tendría que ser completa para con todos, ya no solo con el Jarl. En un lugar tan extremo como era Mitgard, la unidad como pueblo y la palabra de una persona podía valer mucho más que el propio dinero. Y eso era un apartado de la tradición que, hasta que los terrenos se libraran de la nieve y el lago Bifrost se deshelase, seguiría siendo así.
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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Miér Ago 09, 2017 12:56 pm

Hasta allí, todo marchaba bien. El Jarl resultaba sorprendentemente abierto a oír y comprender, y súbitamente, todo parecía hacerle cierto sentido a Mikaela. La cercanía, fraternalidad y sentido de sociedad que mostraban sus habitantes, la insistente amabilidad que lo dejaba un poco descolocado y receloso cuando pasaba demasiado tiempo en la ciudad, todo parecía contener entonces un deje del carácter del mismo gobernador del ducado. El hombre le trataba bastante bien, pese a ser un forastero. No podía estar más sorprendido de hallar carácter así en quien sabía era un Branded. Por supuesto, planteaba también sus reservas respecto a los asuntos de Mikaela allí, aquello había sido de anticiparse, mas no restaba que fuera suficientemente amable. Dejando que la situación lo llevase a él y si era lo que el hombre de poder prefería, Mikaela se enfocó conscientemente en bajar los hombros un poco, exhalar largamente y poner una calma sonrisa en sus labios. Era lo más cerca que podía llegar a relajarse o a aparentarlo. - Entiendo que suene extraño. Sin importar donde me encuentre, nada de lo que uno hace queda separado del título que uno ostenta. Por eso, puede hacer todas las preguntas que guste; deseo hacer lo posible para asegurarle. - Dijo, para nada impaciente ni poco dispuesto.

Debía ser solícito y servil en una situación como aquella, donde era él el de la petición inusual. No obstante, yendo más allá, intuía la intención del Jarl de hablarle como a un par y tratarle llanamente, una oportunidad que llamaba su atención y ameritaba una respuesta más abierta de su parte. Si así lo quería, estaría bien. No rehuyó la vigilia del otro, mirando al único ojo no cubierto por el espeso cabello blanco, inmutado por el paso adelante. En ese monento, el joven había decidido su modo de proceder. Si la puerta estaba siquiera medianamente abierta a aproximarse y ganar, quizás, la deferencia de aquel hombre de tamaña relevancia a sus intereses futuros, Mikaela iba a cruzarla. De buena gana, motivado por ese mismo optimista porvenir, le dirigió su recatada sonrisa y ladeó la cabeza a su pregunta, causando que su liviano y claro cabello ondulara sobre una de sus mejillas. El hombre quería algo concreto, quería nombres. Mikaela asintió sin resistencia. Su intención era despejarle toda duda, y aunque en fuero interno ni siquiera entretuviera la menor noción de revelar el secreto de su sangre mestiza en esa instancia, sí podía darle todo lo demás.

- El thane Ferid Eusford y su hermano Crowley Eusford, señor. - Respondió sin más, a tono casual. Elegir su intimidad por sobre la claridad de sus intenciones no era la actitud que quería tomar en ese caso. Enseguida prosiguió, explicándose un tanto más, con un gesto verdaderamente más relajado en las facciones. - Son como familia para mi. He conocido al thane desde que poseía tierras en Silesse, ha sido un amigo a la casa Siegler en el pasado. Personalmente, me es alguien cercano. Le visito tanto como mi puesto me permite. Por supuesto, el hermano del thane también es alguien preciado, me atañe la seguridad de ambos. - Más, claramente, que la de su propio grupo familiar caído en infortunios en los últimos años, reducido a menos miembros cada vez. Pero aquello le importaba poco ya. Inclusive Crowley Eusford, un hombre al que apenas había visto pero que también poseía una marca en su cuerpo, se sentía más como familia y se tornaba más importante a los sentimientos del myrmidon. Con un gesto pensativo y algo más de gracia en la sonrisa, dio una mirada general al alto hombre ante sí y agregó. - Ferid habla muy bien de usted. Por eso creí que no sería problema ponerme en sus manos. -

Y no iba mal. Tenía, cuanto menos, lo que más necesitaba de ese intercambio: mantener a Silesse fuera. Aquella confirmación de parte del Jarl le había dado la necesaria seguridad. Podía proceder tranquilo. - ¿Entonces, no será problema? - Confirmó, atento, pues la forma de hablar del otro así le había dado a entender. Hizo su capa a un lado un tanto, a modo de enseñar la funda de espada que portaba a su cadera; fina y de aspecto ligero, mas un arma de buena hechura con la que mostraba que era un espadachín de infantería. - Si hay excursiones regulares en las que pueda incluirme o algún puesto en particular donde necesite una espada más, sólo debe indicarlo. - Desconocía la estrategia de defensa de Mitgard y hablar así era mucho menos conflictivo que preguntar por información como esa.



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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Brynjar el Dom Ago 27, 2017 2:02 pm

Realmente... Ese chico parecía dispuesto a todo mientras se quedara conforme, ¿eh? Curioso modo de proceder... Quizás, porque estaba acostumbrado a las voces más rudas y directas de los habitantes de aquel humilde ducado que en sí de alguien que era obvio que trataba perfectamente los temas más diplomáticos. Y él, a pesar de todo, no se consideraba alguien precisamente bueno en ese sutil arte de la oratoria y la diplomacia, aunque pretendía llevarlo todo lo bien que pudiera. Al fin y al cabo... era un apartado imprescindible si realmente pretendía tener sus tierras abiertas al extranjero.

- Curioso que pronuncies eso, cuando yo estoy en tu misma situación - Confesó con un suave asentir de su cabeza ante aquello. Claro, estaba en las mismas: No podía separar a su persona, su imagen, de lo que era su título y cargo. Y era una responsabilidad que debía de llevar en ese momento, y en un; esperaba; largo futuro para con el bien de su pueblo y de los leales habitantes que lo conformaban. Era verdad que Mitgard, como ducado, podía dejar cosas que desear, siendo lo primero la falta de delicadeza e incluso de modales en algunos casos. Pero lo compensaban con un corazón cálido y fuerte, con una unión confraternal entre todos ellos y el orgullo de saber de dónde procedían, de sus tradiciones... De su fuerza y capacidad. Aceptaban a quienes los aceptaran, con una cálida y abierta bienvenida acompañaba de una buena comida y algo que entibiara sus cuerpos y moral, aunque después no rebosaran de riquezas y lujos. Trabajadores por naturaleza, y entregados...

- Oh... ya veo - Pronunció en un suave murmullo al escuchar el nombre de aquel hombre que, por supuesto, era reconocido en el ducado. Así que... familia. Sin duda esas palabras por parte de aquel joven eran las adecuadas para convencer a alguien con unos valores como los que eran de Brynjar. Y eso se pudo reflejar en sus facciones, suavizadas por la calma que adueñó su semblante. Bueno... Él era alguien que, a pesar de haber sido tratado mal por su familia... Y de hecho, ser él mismo el culpable de aquella ruptura, no negaba que la confianza y el aprecio eran factores importantes. Y no se los negaría a nadie excepto por causas mayores. Y al fin y al cabo... Sí denotaba sinceridad en las palabras del chico Siegler.

- ... - Comenzó a pronunciar en aquel idioma que era un antiguo dialecto derivado por todos aquellos siglos de separación en los que no hubo contacto alguno con el exterior... Siendo invisibles al resto, como sumergidos en un pequeño y hostil mundo conformado por las tierras de la isla de Nitfheim...- ...- Acabó por decir aquel dicho propio de aquel ducado, que podía escucharse fácil por las gente nativas del mismo. Y clavando su mirada en los orbes ajenos, con fijeza, fue cuando pronunció la traducción a aquello: - “Si consigues encontrar a un amigo leal y quieres que te sea útil, ábrele tu corazón, mándale regalos y viaja a menudo a verle”... Es lo que reza ese dicho - Explicó para que pudiera comprender, ya que... era consciente que ese idioma le sería ajeno incluso a quienes eran más cercanos, de Silesse.

Al final, acabó suspirando, cerrando sus orbes unos instantes y alzando una de sus manos atentamente enguatadas por unos claros guantes de cuero tonalidad camel para poder deslizar sus dedos por el denso flequillo albino, retirándolo unos instantes en el proceso y dejando parcialmente al descubierto aquella marca brillante y plateada que poseía sobre su ceja izquierda que era lo que le delataba como un branded. - Bien, aceptaré tu atento ofrecimiento. Una espada de más no es poco con los tiempos que nos arropan ahora... - Acabó confirmando mientras volvía a dejar caer su mano, abriendo los orbes de tonalidad verdosa para volver a dirigirle la mirada al joven. - Confirmaré tu deseo a las tropas para ver dónde podrías ser más favorable... Tengo entendido que está habiendo varios problemas tanto en el puerto por la llegada de barcos enemigos como por el bosque. Quizás toque realizar una expedición por las costas más al norte de Nitfheim para comprobar que no están accediendo por allí al interior de la isla...

- Entonces, ¿podría contactar contigo dirigiendo un mensajero directamente a la residencia del Thane, o residirás en otro sitio? - Inquirió con calma mientras apoyaba una de sus manos sobre su cintura, ladeando un tanto su rostro antes de esbozar una fina y efímera sonrisa en la comisura de sus labios. - Agradezco que ofrezcas tu ayuda aun cuando no es de tu incumbencia.
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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Mikaela el Sáb Oct 14, 2017 7:46 pm

Allí estaba, todavía, su puerta abierta. El jarl no era para nada inaccesible y hablando de ese modo, mostrando en cortas palabras de empatía un poco sobre su persona, le daba a Mikaela otro asidero del que sujetarse. Decidido a aprovechar cada pequeña oportunidad para abrirse paso a la cercanía de ese importante señor, el rubio sonrió suavemente y asintió. - Mmhm, usted comprende. - Le dijo. Estimaba en ese instante, en ese asunto, que ese par de palabras serían suficientes para dejar establecido un entendimiento que en efecto compartía, como suboficial del ejército con extremo cuidado por su trayectoria. Además, debía medirse, controlar su alegría y cuidar sus actos para no arruinar lo que de a poco creía estar consiguiendo. Con toda seguridad deseaba agradarle a esa persona; encantar lo más posible. No podía sino regocijarse en fuero interno de verlo relajado ante sí, casi amigable, hasta tomándose el tiempo de pronunciar una suerte de dicho en una lengua que Mikaela apenas llegaba a reconcer, pero que escuchó con toda atención. Faltaba mucho tiempo para que comenzara siquiera a reconocer palabras de aquel dialecto, y más aún para que relacionara sus significados.

No obstante, la traducción le sonsacó una pequeña risa de agrado, bajando la cabeza un poco al emitirla. Se le hacía extraño que se mencionaran regalos, muy razonable a su parecer, aunque se abstuvo de hacer especial hincapié en ello. - Intentaré que todo eso aplique a-- - Comenzó a decir con la sonrisa todavía en el rostro, deseando decir que se adheriría a las costumbres aunque abrir su corazón no fuera precisamente su forma favorita de relacionarse. Y lo que le detuvo de sopetón no fue sino un detalle, simple y pasajero, pero de inmensa importancia para él. En el instante en que Brynjar pasó su mano por su cabello, poniendo a la vista con tal naturalidad una marca en su piel, Mikaela no pudo evitar la sensación de que su corazón se hundía en lo profundo en sus entrañas. Ni siquiera era su marca, su secreto, pero el ver una expuesta de forma tan casual por un instante conseguía un efecto equiparable; un miedo innato y repentino a peligros inexistente, una suerte de breve pero potente paranoia. Una expresión de sorpresa y leve preocupación se había puesto en sus facciones, ojos ampliamente abiertos, labios separados en incompleta habla y ceño apenas fruncido. Cuando pasó y el soldado se hubo recobrado, sabiendo la impresión extraña que debía estar dando, se apresuró a buscar componerse. De ninguna forma iba a disimular bien los segundos pasados. Sin más opción ni tiempo de excusarse mejor, gesticuló vagamente sobre su propia ceja, aunque no se atrevía ni a decir las palabras precisas en voz alta. - Este... lo siento. Sólo... vi su... y me ha distraído. - Carraspeó. Se había dejado afectar muy fácil, sabía que había sido una falla. Sabía también que no decía mucho en excusa, pero se le dificultaba.

- Entonces... mientras esté hospedándome aquí, por favor hágame considerar parte de la guardia de la costa. Esa división me queda conveniente a mi también, nunca estaría muy lejos de las propiedades del thane así que estaría tranquilo. - Terminó por decir, intentando mostrar calma nuevamente. Hablar de trabajo era la mejor forma que tenía. - Y no se preocupe; si bien allí estaré residiendo, me presentaré a servicio a menudo y consultaré con quien esté a cargo de la división por las expediciones a las que deba asistir. - Ofreció, inclinando la cabeza para enfatizar su disposición. Dicho eso, pudo soltar una exhalación más larga, sintiéndose ya algo compuesto. No debía caer tan atrás, después de todo. El jarl le había sonreído, Mikaela lo había visto, y sería un descuidado y un idiota si dejaba que su amabilidad se le escapara entre los dedos.

Así, pues, volvió a buscar en el rostro ajeno esa amabilidad. Sabiéndose expuesto en la iluminación clara de aquel sitio, sin nada que lo ocultase parado ante el líder de la nación isla, el joven marcado hacía su mejor esfuerzo por corresponder, mas en sus grandes ojos azules todavía había un asomo de inquietud. Su rostro seguía pálido. Pese a todo respondió con los ánimos que podía. - Lo hago de mi incumbencia. Me gusta mucho Mitgard, quiero seguir pasando tiempo aquí. Pero dígame, ¿El jarl no acude a las expediciones? Entiendo que es arriesgado poner a un gobernante en peligro de esa forma, pero Mitgard es un sitio particular, después de todo. Un hombre de aquí seguramente cuenta como dos de otro ejército, y he oído muchas cosas de usted en particular... habría querido verlo allí afuera yo mismo. - Como respecto a su sangre mestiza, por supuesto. Aunque en realidad, lo que más le interesaba al rubio joven era su persona y su presencia, en general; la posibilidad de conseguir más tiempo a su alrededor, si acaso alguna vez pudiesen coincidir en la defensa de Mitgard. Podría observar mejor el modo en que un marcado era tratado en esas tierras, y por seguro tener más tiempo con él sería clave en ganar mejor su aprecio. Lo miró expectativo.



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Re: Nosotros, los Malditos [Privado | Brynjar]

Mensaje por Brynjar el Lun Dic 11, 2017 12:20 pm

Sí... lo entendía bien. Quizás, incluso supiera ya demasiado de todo aquello a pesar del poco tiempo que llevaba como 'cabeza de familia' de aquel ducado. Dos años podía parecer tiempo suficiente para adaptarse, pero ni de lejos era suficiente práctica como para sentirse cómodo asumiendo las responsabilidades, las decisiones... Realmente... nadie podía comprender en verdad lo que implicaba un cargo de responsabilidad hasta que su piel estaba sobre el tablero, expuesta a todo, ya fuera bueno o malo. Y era un hecho que Brynjar intentaba llevarlo lo mejor en la medida de lo posible. Quizás arriesgando demasiado de su vida personal en ello. Sin tiempo... sin un momento de respiro... Todo por y para el pueblo... ¿Se estaba comportando como un déspota acaso? No, no estaba abusando de su cargo, de su poder... No quería caer en el pecado en el que cayó su padre. De hecho, todo aquello lo había hecho para deshacerse de ese hecho, de ese contratiempo. Para deshacerse de la tiranía del que le dio la vida, pero también había estado dispuesto a arrebatársela. Pero entonces... ¿quién había sido más monstruo de los dos? ¿Aquel dispuesto a arrebatarle todo a todos, o aquel que le había arrebatado todo, incluso la vida, a esa persona?

En ese momento, en el momento en el que esa pequeña reflexión: ese recuerdo pasó por su cabeza, fue cuando un tenue brillo se reflejó en los verdosos iris del Jarl. Sí... se sentía culpable de todo aquello, se sentía responsable de haberle arrebatado todo a su padre, de haber matado a la persona que más quería su madre... Y esa herida, seguiría abierta mucho tiempo, marcada a fuego al igual que la gigantesca cicatriz que cruzaba su costado en forma de cuatro lineas en diagonal que brutalmente habían sido causadas por la dragona. Pero no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Y si hiciera falta, lo volvería a hacer. Sabía que, había hecho lo correcto, aunque para sí mismo no fuera lo más sano. Y con esa fuerza de voluntad era que reprimía aquellos nefastos pensamientos.

Y aunque por un momento dejó que esos pensamientos le afectaran, volvió en sí al escuchar el repentino callar abrupto por parte de aquel joven al que estaba concediéndole la audiencia. Parpadeó un par de veces en medio de su desconcierto por ver la expresión de... ¿Eso era terror? Por parte de el joven rubio y, aunque meros instantes duró esa emoción en las facciones ajenas, fue suficiente para que el albino se quedara dudoso y preguntándose qué había sucedido. Mientras parecía recobrar la compostura el soldado Silessiano, el Jarl se preguntó para sí mismo qué podría haberlo conmocionado tanto como para romper su semblante de aquella forma. Mas cuando logró escuchar ese intento de justificación, necesitó unos instantes para captar a lo que realmente se refería. - ... Ah... esto - Afirmó con resignación mientras volvía a erguir su figura y alzó su mano para hundir las yemas de sus dedos en el espeso flequillo hasta que fue capaz de tocar con las puntas de los mismos la piel adyacente, ahí donde estaba la peculiar marca plateada. - ¿Te molesta saber que tengo esta marca? - Inquirió pocos instantes después, clavando en ese momento su mirada en una muda petición a que respondiera sobre los azulados orbes ajenos. Quizás, incluso, estaba exigiendo una respuesta a aquello. Era verdad que en Mitgard, debido a que los laguz no abundaron hasta prácticamente la abertura del ducado al resto de mundo, el tema de qué eran los brandeds eran más leyendas que en sí una realidad incuestionable. Probablemente, incluso, Brynjar sería el único branded originario de manera real de Mitgard. Y de hecho, hasta que la llegada de extranjeros no llegó al ducado, las palabras como laguz y branded habían sido inexistentes. Por supuesto, ahora él ya sabía lo que era, pero... también era cierto que uno de los renombres puestos hacia él era más como un nombre heroico que en sí una verdadera afirmación de lo que era: "Sangre de dragón".

Y en parte había dejado a un lado la charla respecto a las expediciones precisamente para dejar en claro ese detalle. Y eso también era lo que le hizo recuperar una actitud más seria. Casi, incluso, dura. Su semblante mostraba más frialdad que antes. Era verdad que en sí no se avergonzaba de ser branded, ni mucho menos se iba a sentir inferior por serlo. Aunque tampoco es que se creyera mejor. Simplemente... era algo que era parte de él, igual que quien tenía pecas en el rostro o quien nacía con el pelo rubio. Mientras uno demostrara de lo que era capaz o de lo que podría ser capaz, Brynjar no iba a juzgarlo, daba igual dónde, cómo o con qué hubiera nacido. Aun así... Tomó aire, dejando escapar un resignado suspiro y retirando sus dedos de los claros cabellos rivales a la nieve del exterior. Volvería al tema que les incumbía: - Sí, acudo a las expediciones. No puedo asistir a todas porque a veces realizamos varias en el mismo momento del día, pero... Procuro estar con mis hombres en esas expediciones. ¿Qué clase de Jarl sería si yo no me pusiera en la piel de ellos y compartiera sus batallas? - Espera... ¿había escuchado muchas cosas de él? Una de sus cejas se arqueó con suavidad ante el interrogante que pasó por su mente en ese momento, mirando al joven con una mezcla de curiosidad genuina y algo de recelo. Obviamente se esperaba que la gente hablara de él, ya que su imagen y cargo eran públicos, pero... Tal y como Mikaela había pronunciado aquello, no había sonado como si lo que hubiera escuchado fueran datos triviales de su persona. Y por eso, con esa mirada, le volvió a dirigir un mudo interrogante a que explicara aquello.
Afiliación :
- MITGARD -

Clase :
Lord

Cargo :
Jarl de Mitgard

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [1]
Vulnerary [3]
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Support :
Suryha

Especialización :

Experiencia :

Gold :
974


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