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Azazel [Ficha]

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Azazel [Ficha]

Mensaje por Azazel el Miér Mayo 24, 2017 8:21 pm

Azazel
Manakete
¿Te sientes arrepentido de tu pasado? ... huh, deberías apreciar tus recuerdos...

   
Datos
Nombre: Azazel

   Edad: 1578 años (aparenta 30)

   Clase: Manakete

   Especialización: Dragonstone

   Afiliación: Valentia, Senay

   Ocupación: Prisionero de Senay, también llamado “Nefasto” de Senay

   
Personalidad
Criatura desvergonzada, a primera vista carente de moral. La mismísima definición de neutral, podría decirse. Juega entre una actitud salvaje y la experiencia que le prestan los años, aunque esta última se encuentre demacrada.  Es adaptable a toda clase de situaciones, encontrando la manera de conformarse en cada una de ellas.

No tiene problemas en demostrar sus emociones más básicas. Si se encuentra furioso, gritará; si necesita llorar, no esconderá sus lágrimas. Ríe de tal manera que llega a ser molesto. Pero estas son emociones, y son muy distintas de sus sentimientos. La verdad es que de estos últimos se siente desconectado, le cuesta entablar relaciones con otros, o que le importe lo que a otros les preocupa. Es poco empático, y es muy raro que logre cercanía con alguien. Sin embargo es posible, pues ha sucedido más de una vez.

Lo cierto es que no es muy elocuente, y tampoco demasiado listo. Cualquiera podría sacarlo de sus casillas en el calor del momento, sin embargo es muy difícil ofenderlo de verdad.  

Algo que caracteriza a Azazel es su notoria facilidad para olvidar. Ha aprendido a siempre dejar el pasado donde pertenece. No es porque lo desee, sino porque legítimamente le cuesta recordar hechos importantes. Vive tal cual es el presente, la razón de que todavía permanezca vivo siendo su carácter demasiado agresivo y violento. Y es que, tras tantos años de vida, Azazel es capaz de cualquier cosa. Los años lo han “deshumanizado”, y por lo mismo es difícil confiar en él y en su juicio, siendo un individuo violento. No vive como las personas, que temen dañar su futuro para siempre en base a sus acciones. No, tiene por seguro de que las manchas de sus actos siempre desaparecerán.


   
Historia del personaje
Los dragones de tierra son escasos, y esto se debe a una razón en particular. Azazel quizás no sea capaz de recordar su pasado, sin embargo es algo que sin duda existió.

Primeros 500 años

Nació como un dragón en su estado más puro. En ese entonces los dragones eran dragones, y los humanos, humanos, sin existir un punto intermedio. La familia de Azazel, un grupo de dragones obedientes a la monarquía establecida por los de su raza, vivía oculta entre las entrañas de la tierra. El manakete existió entre la oscuridad, la ocasional iluminación proveniente de algún tragaluz, entre sus parientes. Allí no habían costumbres humanas, ni inventos de esta raza. Se hablaba el lenguaje antiguo tal como se conservaba entre los más ancianos, una verdadera reliquia de la lingüística. La vida de Azazel como un dragón fue apacible y duradera, trescientos años. En aquella caverna el tiempo no existía, simplemente sucedía la vida.

Pero entonces, en su familia no volvió a nacer otro dragón aparte de él, siendo el último y, por lo tanto, el más joven de todos. A la matriarca había llegado una enfermedad de la mente que ningún poder era capaz de curar, una degeneración de sus recuerdos. Creían que eran sus años, pero tiempo después los más jóvenes también empezaron a tener sus recuerdos apartados de ellos. Fue un proceso lento que en un principio ignoraron, pero con los años fue engrandeciéndose su daño, incluso llegando a afectar a Azazel. Fue cuando la enfermedad de la memoria llegó a él el momento en que la matriarca enloqueció sin remedio. Intentaban controlar su fuerza, pero nadie podía comparársele. En su feracidad atacaba a su propia sangre, y fue en uno de sus arranques en que atacó al joven Azazel, destrozándole la espalda con sus garras y dejando profundas cicatrices.

Adivinaron de qué se trataba cuando ya era demasiado tarde. El poder de sus cuerpos, mantener sus formas de dragón, era causante de tanta agresividad. Sin embargo no había dragón de tierra en ningún clan que fuera lo suficientemente humilde como para desistir de su forma. Azazel, temiendo por sus recuerdos, intentó convencer a su familia de que siguieran el consejo de los demás dragones, pero ellos se negaron. Él fue el único que tomó forma humana, y viéndose débil y extraño en este nuevo cuerpo, huyó de su familia temiendo que un día fueran ellos quienes le mataran.

Fue encontrado por un grupo de humanos cuando dormía, solo y desnudo, junto a un estanque. Al principio no reconocieron su raza, pues simplemente parecía un joven en mal estado. Eran sus cabellos largos y lisos, su cuerpo débil, y su tamaño muy pequeño en comparación a la demás gentes de Valentia. No sabía hablar el lenguaje de los humanos y les temía. Sin embargo, al contrario de lo que esperaba, fue acogido por una familia de grandes recursos que, al adivinar que no era como ellos, tuvieron gran interés en conservarlo. Lo vistieron, lo alimentaron y lo arreglaron, aunque su apariencia de ropas elegantes fuera para muchos un chiste. En esa época, sus rasgos eran una rareza e incluso lo consideraban sucio y poco apta para su vestimenta, pero esas críticas fueron algo que nunca le importó pues no las entendía. Lo único que conservó de su paso por allí fue el aprendizaje de la lengua moderna, la cual hablaba con un acento extraño y poco versado, pero que al menos había sabido utilizar para comunicarse.

Sin embargo, algo obviaron de él. Y ese algo era que, peligrando su vida, tenía la capacidad de volverse una criatura monstruosa. Sucedió que los trabajadores de sus acogedores empezaron a temerle con los años, pues sabían que él no era como ellos, nunca envejecía, y por lo mismo planearon matarlo. Lo sorprendieron al aire libre sin saber la naturaleza de sus poderes y él, de puro temor, se transformó y los mató a todos. Viendo lo que había hecho, huyó, su transformación la mantuvo hasta agotarse, y aquello duró semanas, pues todavía conservaba el gran poder de su juventud. Después de este arranque, despertó con grandes lagunas en su mente. Vagó con ropas destrozadas por el país, sin recordar más que el miedo.

1000 años de vida

Mucho tiempo sucedió, rehuyendo de la gente, y a la vez aprendiendo más su idioma hasta hablarlo con claridad. Vivió mucho tiempo sin sufrir un ataque como el de los trabajadores, pero aún así sufrió abusos inenarrables, gente que intentaba robarle sus únicas ropas, gente que quería aprovecharse de él, secuestrarlo, todo en villas de mala muerte de las que aprendió a alejarse. Tuvo el valor suficiente para aprender a trabajar y a vivir, y aunque fuera un chico escuálido, formó su cuerpo para trabajos físicos, aún siéndole difícil por el atrofiamiento de sus músculos.

Sin embargo, nunca pudo librarse del mayor peligro de todos, que siempre lo perseguía: la muerte. A veces se negaba a realizar trabajos denigrantes, golpeaba y se defendía, y al ver que los humanos blandían sus armas en su contra, volvía a transformarse. Aterrorizado, no tenía la voluntad suficiente para volver a su forma humana, y acababa extenuándose, dañando cada vez más sus precarios recuerdos. Le sucedió quizás tres, cuatro veces, dejando atrás promesas, amigos, amantes…  Con el tiempo quien era antes un joven inocente, fue encontrándose cada vez más seguido con situaciones de las que no recordaba su pasado. Tirado en medio de un bosque, encima de un cadáver; desvestido y golpeado, o siendo auxiliado en la cama ajena de un buen samaritano. Se veía en los espejos y encontraba allí no la apariencia de un joven, sino a un hombre adulto, y eso ya solo acababa por asustarlo en las noches.

De sus años, 500 los vivió como un dragón, pero los otros mil  los vivió como un pasajero que ya ni siquiera recordaba sus orígenes. La última vez que perdió sus recuerdos, sintió como si hubiera despertado de un largo sueño, que, como quien no alcanza a escribirlos, se desvanece para siempre.

78 años

Fue entonces que llegaron sus más recientes 78 años de vida. Empezaron con él deambulando hasta darse cuenta de que moría de hambre. Encontró un almacén, entró allí a la fuerza y devoró todo lo que encontró. Cuando el dueño se acercó a ver qué sucedía, Azazel no espero a que se cruzaran sus ojos, se abalanzó hacia él y lo mató a puño limpio. Una persona lo encontró al día siguiente, un viajero. Esta persona era un hombre erudito que, al verlo, adivinó su raza, y antes de ser atacado, propuso al dragón alojamiento, pues quería velar por él. Este hombre intentó aprender de la criatura, encontrándose con nada. Lo único que logró descubrir de Azazel es que era un dragón de tierra, que a veces, cuando nadie lo veía, hablaba el lenguaje antiguo, y que al parecer había vivido muchos años. Cuidó de él, conservándolo dentro de una gran ciudad. Azazel alcanzó a sentir un gran afecto por este hombre, y lo consideró su guardián por cuarenta años. Por él y su protección hizo el mayor esfuerzo por contener sus impulsos, y no volver a caer en el caos. El hombre vivió y murió ocultándolo de ojos ajenos, aunque dejó un dato al dragón de tierra: “Cúbrete, como siempre, las orejas, y ve en busca de mi amigo, quien vive en la mansión grande, esa que siempre ves por la ventana. Dile a los guardias que eres hijo mío, y te dejarán pasar.” Y así hizo, y tras su muerte fue a ver a este hombre, amigo de su guardián. Él era un hombre de buenos modales, muy joven, que acababa de tener a una hija preciosa y que trabajaba como diplomático. Como favor cuidó del dragón, dejándolo vivir en una choza detrás de la mansión. Nunca se le permitía salir, pero lo dejaban hacer todo tipo de cosas, como talar árboles o pescar. Nunca lo dejaban entrar a la mansión, pero a él no le importaba, pues quería honrar la memoria de su guardián, disfrutando de lo que se le había dado. Vivió dieciséis años como un secreto.

Un día, sin embargo, se vio atraído por el jolgorio de una fiesta en la casa mayor. Cuando se acercó a ojear desde la cocina junto a los sirvientes, los cuales lo conocían como "el vagabundo de atrás", se dio cuenta de que se celebraba la mayoría de edad de la hija del diplomático, Diana, y junto con ello su compromiso de matrimonio con el hijo de un conde. Ella era simplemente hermosa. La había visto antes, pero nunca había adivinado que ya era una adulta. Creía que ella se asustaba de él, tenía razones para hacerlo, siempre que la divisaba en la distancia, ella le apartaba los ojos, y por lo mismo la evitaba. Sin embargo, esa misma noche oyó que alguien lo llamaba desde la ventana, buscando en la oscuridad.

-“¡Usted, lo vi espiándome en mi baile! Por favor, no se vaya. Quiero hablar con vos.”

-“No puedes. Te lo han prohibido.” -respondió, riéndose de su idea.

-“Pero siempre he querido… y ya soy yo una adulta, ¡y ...puedo tomar mis propias decisiones!” -contestó ella, riendo junto con él.

Y así, hablaron varios meses tras esa distancia, siempre en la noche cuando nadie podía verlos. Pero Diana, ya cansada de tener que susurrar hacia el patio trasero, finalmente se atrevió a invitarlo a subir, tendiéndole una larga cuerda que había encontrado. Azazel, cada vez más encantado por su espíritu libre, se vio seducido a escalar dicha cuerda. Cuando se las arregló para subir, pudo por fin conocer la habitación de aquella joven. Y entonces, hablaron.

-“No quiero casarme con él. No lo amo.” -comentó ella.

-“Si yo pudiera, quizás lo haría contigo." -propuso, llevándose una bofetada cariñosa.

No fue él quien se propasó primero, sino ella. Le abrió todas las posibilidades, y él se dejó llevar por ellas. Empezaron una relación a escondidas, llena de perversión, de risas ocultas, de los instintos más básicos. Y entonces llegó una noche en que ninguno se llamó el uno al otro, pero la ventana estaba abierta, y la cuerda tendida. Azazel escaló como siempre lo hacía, con mucha dificultad, y se encontró con Diana en el atuendo que, se supone, llevaría el día de su boda, cada vez más cerca. En esa ocasión la pasión los sobrepasó a ambos, sin pena ni culpa. Cuando tocó la boda con el hijo del conde, y consumó su unión, ya no era su primera vez. Entonces Diana iría a vivir a la casa de este hombre, Azazel quedándose atrás, en su choza. Pasaron meses, quizás un año, hasta que por fin decidió huir de la promesa que había hecho, e ir junto con la persona que amaba.

Buscó por varios días el hogar del esposo, y lo encontró, viendo a Diana entre sus jardines. Cuando se vieron, la joven y el dragón no pudieron sino llorar desconsoladamente, separados por un alto muro. La joven dejó que el dragón la viera, y que por su cuenta adivinara lo que era obvio, que estaba embarazada hace ya mucho tiempo. El dragón la visitaba todos los días desde entonces, durmiendo a la intemperie, y a veces siendo echado del lado del muro, hasta que un día Diana no apareció. Confundido, Azazel se infiltró como pudo en la mansión ajena y la buscó, encontrándose con que ese día daba a luz. Escuchó todo, oculto, hasta que el llanto delató el final de aquella labor. Entonces, el silencio de todos los presentes.

Pasaron horas hasta que estuvo seguro de que habían dejado a Diana sola, y entonces entró. La encontró con una bebé en brazos, de piel oscura, de ojos y orejas familiares. Se acercó a ella y la oloroso como si fuera una cría de su raza. Era el aroma de un dragón de tierra, “otro” dragón de tierra. Solo aquello despertó en él memorias que creía perdidas, y se sobrecogió de dolor. Debió marcharse como siempre, pues no quería darle problemas, pero no sin antes despedirse de Diana, quien al parecer se encontraba lastimada por dentro.

-“No la quiere como su hija…” -escuchó su voz desconsolada.

El tiempo pasó sin que supiera más de ella. Eso hasta que un día oyó rumores, la gente decía que el parto había fallado y que la hija había muerto, lo que no era cierto. Volvió a infiltrarse en la mansión, y descubrió de la misma boca de Diana que el hijo del conde había vendido su hija a una caravana por un precio denigrante. Ella se había resistido, y por lo mismo aquel hombre la había golpeado, dejándola con una apariencia deplorable, llena de moretones y machas de sangre sin limpiar. Tenía el alma destrozada ...ella, con un cuchillo en mano, acabó con su vida delante de los ojos de Azazel. Él no pudo evitarlo, no fue lo suficientemente rápido. Sosteniéndola entre sus brazos la observó, se llevó ambas manos a la cabeza, de sus ojos abiertos empezaron a brotar las lágrimas, de su boca salió un grito y perdió la razón de sí. Hizo lo que había evitado por todos aquellos años: transformarse.

Destruyó la mansión con sus arremetidas, asesinó a los sirvientes, al esposo, y siguió con la ciudad. Quemó con su aliento a los pasajeros, destruyó la mansión que lo había acogido, y llevó a las ruinas todo a su alrededor. Huyó a los bosques y los quemó desde adentro, luego destruyó las cosechas y mató a los animales. Nadie era capaz de detenerlo, y no sabían cómo matarlo. Por esa razón fue que pidieron ayuda externa. Quienes lo atraparon fueron halcones de Senay, quienes lo encontraron desmayado entre unas colinas, indefenso. Se lo llevaron, quitándole su piedra de las manos. Eran más fuertes que él y no pudo resistirse.

Cuando despertó, parecía no entender por qué estaba allí. Sentía sus ojos siempre enrojecidos, al borde de las lágrimas, sin saber por qué. Era agresivo con los guardias, e incluso fue capaz de matar a uno cuando lo dejaron solo con él, rebanándole el cuello con los dientes. Por ser tan peligroso fue que lo aislaron en la isla más protegida de todas, Brahd, obligándolo a trabajar en la minería para obtener alimento. Siempre se rebeló, resistió que no lo alimentaran, nunca fue capaz de formar lazos, y así existió por diez años, como un animal cautivo y salvaje. El único cambio que hubo en todo ese tiempo fue que lo transportaran, sin embargo no le importaba donde, desconocía que lo llevaban a su misma tierra de origen. No era más que un prisionero rebelde, un dragón inútil. Sin embargo, las cosas cambiarían para él, como siempre. Todo empezaría con la palabra de Duma, dragón que se regía por el poder y el orden, y que llegó a sus oídos mientras era recluido en el corazón de la montaña...


   
Extras

- Hay cosas que siempre ha recordado. Entre ellas, nunca olvida su nombre, que es un dragón de tierra del continente de Valentia, y que el mundo está habitado por toda clase de razas en la que la suya es la minoría. A parte de esto, quizás recuerde una que otra cosa de su pasado, pero lo más probable es que confunda los hechos con otros, haciendo sus historias todo un trabajo de ordenar si es que alguien se tomara la paciencia de escucharlo.

-Todos sus años como prisionero nunca vio un emergido

- Puede comer carne cruda. Su estómago nunca se enferma.

-Se deja crecer las uñas y las muerde para que estén afiladas

-Tiene un sentido del humor muy irónico, muy hiriente y que simplemente no es gracioso.

-No le molesta la desnudez, pero aprecia la protección y utilidad de la ropa.

-Sin embargo, siempre va descalzo.

- Le encanta morder a otras criaturas. Morder para defenderse, para mostrar odio o incluso afecto. Que muerda a alguien ligeramente y por bastante tiempo puede tomarse como una especie de abrazo. Esta filia proviene de haber vivido gran parte de su vida transformado, siendo la boca su más importante medio de comunicación. Cuando toma forma humana, siempre tiene la boca entreabierta para mostrar sus colmillos

- Si le mandan a escribir, puede que confunda las palabras y escriba entre una mezcla de lenguaje moderno y antiguo. O puede que simplemente recordar el abecedario le sea tan difícil que acabe desistiendo.

- Su espalda está repleta de surcos de cicatrices muy profundas que le deterioran un poco, o mejor dicho bastante, el uso de los músculos de su espalda y, por lo tanto, la fuerza en los brazos. Sin embargo, cuando tiene forma dragón las cicatrices tan solo traspasan sus escamas. No recuerda cómo se las hizo.

- En su forma dragón mide cuatro metros de alto y seis de largo, lo que podría considerarse pequeño comparado con otros dragones. En su forma humana mide 1.68

- Lo cierto es que gusta de cantar, inventa sus propias letras, no piensa mucho en lo que significan

- Detesta a la gente pobre y a los laguz cánidos y felinos. Tiene opiniones mixtas respecto a los halcones y a los cuervos, pero tampoco le gustan demasiado.

-No le importa el género de las personas, si se siente atraído se deja llevar por ambos. Sin embargo tiene gustos muy particulares y específicos (leer arriba).

- Su mayor temor, lo que más puede quebrarlo, es siempre perder su memoria. Siempre es consciente de que ha perdido recuerdos, siente el pesar. Por eso, transformarse es algo que hace por pura necesidad, peligro o descontrol.

- Tiene gran respeto por Duma, construyéndose sus propias ideas de él, y utiliza su palabra para intentar corregirse cada vez que causa algo que esté en contra de las leyes impuestas por Senay.

-En realidad mucha gente puedo superarlo en fuerza física en su forma humana, además de que no es muy alto. Su mayor ventaja es siempre atacar primero y por sorpresa.


   
Procedencia
Nombre original del personaje: Azazel
   Procedencia: Original

   
Spoiler:
Afiliación :
- SENAY -

Clase :
Manakete

Cargo :
Prisionero (Nefasto)

Autoridad :
-

Inventario :
Dragonstone [3]
Vulnerary [3]
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Support :
Thoth

Especialización :

Experiencia :

Gold :
676


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Re: Azazel [Ficha]

Mensaje por Eliwood el Miér Mayo 24, 2017 9:27 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gema de Ascuas
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2901


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