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Mikaela Siegler, the Conspirator

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Mikaela Siegler, the Conspirator

Mensaje por Mikaela el Miér Mayo 24, 2017 6:39 pm

Mikaela Siegler
Myrmidon
It's not about brute force, but about using your head and being willing to do anything, no matter how low. And I'm ready to do whatever it takes to see them fall.

Datos
Nombre: Mikaela Siegler.

Edad: En apariencia unos 14 años, en realidad 24. No fue hace mucho que su crecimiento como branded se estancó.

Clase: Myrmidon.

Especialización: Espadas.

Afiliación: Silesse.

Ocupación: Subteniente del Ejército de Silesse.

Personalidad
No hay gran separación entre el subteniente Siegler en su cargo y como individuo, o al menos no una que quienes le concen hayan podido ver. Es un joven dignamente establecido como soldado de vocación, aplicado, recto, pragmático, muy entregado a sus responsabilidades y a su patria. Si bien es una persona casi siempre seria, no falla en mostrar el nivel adecuado de cortesía, ser educado y hasta carismático al dirigirse a los demás, respondiendo buen trato con buen trato aunque jamás parezca romper aquel semblante un poco distante. Ser un soldado adecuado está tan integrado a su forma de actuar que no puede hacerlo de otra forma, aunque el modo en que ha vivido los últimos años y el secreto que carga, el de su condición de Branded, le impiden generar relaciones más cercanas y abiertas que esas.

Es alguien emocional, enormemente empático aunque no le agrade demostrarlo, y francamente muy sensible a la opinión y el juicio de los demás sobre él así como receptivo al modo en que le traten. Un trato gentil y alguna que otra muestra de aprecio hacia su persona pueden calar muy, muy profundo en él. No obstante, se halla tan acostumbrado a mantenerse en una faceta estable y no mostrar sus verdaderas preocupaciones y pensamientos ante los demás, que se ha vuelto alguien realmente reprimido. Muchos en su entorno pueden notarlo; aunque sea una presencia agradable, Mikaela podría permitirse soltarse un poco más o reír de vez en cuando. No obstante, por su lado, es tan capaz de mentir y actuar en sus interacciones, como de forzarse a mantenerse respetuoso incluso cuando hierve de ira. Sólo tiende primero a la desconfianza con aquellos fuera de su círculo o con extranjeros.

Aún así, tiene buen sentido de lo justo y lo equitativo, y en su memoria siempre hay espacio para llevar cuenta de cada favor que otra persona le ha hecho de forma directa o indirecta y asegurarse de tenerlo pagado, pues quedarse una deuda le tortura. A su vez, es capaz también de guardar eternamente sus rencores respecto a lo que se haya hecho contra él, los suyos o siquiera su país. Así, porta como el motor de su existencia incluso por sobre su lealtad a Silesse una necesidad de venganza hacia quienes le han repudiado y herido en más de una forma, un deber que no cede ante nada y en cuya ejecución siempre está pensando, cuidadoso. Esta venganza se halla tras cada conspirativo devenir y cuestionable paso que toma. Posee gran fuerza de voluntad y dedicación, se exige a sí mismo todo lo que pueda dar en lo que asume como su papel, muchas veces de forma desmedida, descuidada hacia su propio bienestar. Pero, pese a los actos que deba cometer, es una persona conciencia, que sabe sus errores y efectivamente siente culpa al respecto, aún creyendo que el deber se sobrepone incluso a esas dificultades.

Es creyente en deidades y dioses, haciéndose también a la idea, desde hace poco, que quizás su condición de Branded no le haga el ser maldito como el que se le ha tratado, sino algo distinto e inherentemente digno de consideración. Estas ideas le han sido inculcadas por cierto otro Branded, contacto y aliado suyo en secreto, siendo a menudo un resguardo y confort para Mikaela. La condición es algo que ha llegado a aceptar y valorar, aunque en su mente permanezca la subyaciente sensación de que hay algo mal en su persona. Cuanto menos, si algo desea hacer con estas ideas, es darle él mismo a los demás branded la aceptación, compañía y resguardo que por tanto tiempo no tuvo.

Historia del personaje
Hijo de un estratega y una caballero pegaso, hermano de un caballero, nieto de otro caballero y descendiente de otros tantos al servicio de la patria, Mikaela pertenece a un largo linaje de nobles soldados de Silesse. Su crianza, por tanto, fue una que le prepararía para honrar aquella tradición; lecciones a la altura de cualquier casa noble para un futuro joven de sociedad, y entrenamiento de primera mano para un futuro miembro de la milicia, todo en el seno de un hogar orgulloso pero cálido y unido.

Siendo un niño de ánimos, buen comportamiento y notoria inteligencia, demostró desde temprano aptitud para mucho de lo que se le enseñara, y aunque algunas cosas ciertamente se le daban mejor que otras, no fue en absoluto una decepción para su grupo familiar, sabiendo ser diligente para con el ritmo de vida que se le imponía. Gustaba demasiado de ser llamado un buen muchacho, un ejemplo, un futuro caballero perfecto y otras tantas cosas, por lo que prefería practicar, estudiar y mostrar resultados que realzaran el pedestal en que era puesto antes que cualquier otra cosa. Avanzaban mucho mejor sus lecciones de violín y pintura que las de esgrima debido a su escasa fuerza física, para la magia demostró ser demasiado rígido y no tener precisamente la capacidad de dejarse llevar, pero nada de qué preocuparse, pues a un talento menos se esforzaba por compensar con otro, exigente consigo mismo. El mayor de todos sin dudas era su perseverancia, mas le respaldaba casi a la par, sin saberlo sus familiares, la creciente capacidad que ostentaba para buscar la simpatía y la atención de los demás. La atención positiva con que le gustaba rodearse era obtenida a base de carisma, alegría y obediencia para con sus mayores.

Hasta que la maldición apareció en la vida del joven Siegler. Un día, sin más, la nefasta marca se hizo visible en la pálida piel, revelándolo como poseedor de sangre contaminada, heredero de una desconocida verguenza para el apellido. ¿Quien, en el linaje, había yacido con un laguz? No cabía duda que su madre no era la culpable, pues en su vida en Silesse jamás había visto siquiera en persona a una criatura así, pero no era necesario que lo fuese. Un pecado cometido generaciones atrás podía condenar a un descendiente mucho después, y así era el caso con Mikaela, que cargaba la sangre de las bestias del cielo. El escándalo y la humillación que aquello podía representar para su clan era indecible. A sus doce años entonces, el niño no comprendía su error en simplemente hallar en su cuello la marca que aparecía, pero sentía en las reacciones de sus familiares que algo estaba severamente mal. Inmediatamente recluido a una existencia mucho menos social, debió resignarse a continuar más arduamente con sus estudios, mas ser en cierto modo escondido de la vista pública de allí en más, escudado de algo que desconocía. Sólo con el tiempo y sus propias indagaciones en la biblioteca familiar, hastiado de ser tratado de forma menos positiva que antes, descubriría el significado de "branded" y la maldición que representaba.

Fue así que, algunos años después, para cuando un sospechoso mal sabor comenzó a aparecer en sus comidas y su salud empezó a verse espontáneamente afectada, Mikaela pudo comprender que había quienes preferían verle muerto "por enfermedad" en su joven edad, a los problemas para él y para todos que el resto de sus años traería. Alguien en su familia le envenenaba. Y cuando comenzó a comer tan solo lo que tomaba directamente de la cocina o de la bandeja principal, sin permitir que nadie le sirviera, pudo observar los intentos tornarse más creativos; un paseo en el que su padre se alejaba de él a destiempo para dejarle perdido en el frío, una araña de fuerte veneno entre sus prendas de ropa y otras tantas tácticas a través del año siguiente, hasta que Mikaela comprendió que no era un miembro particular, sino la totalidad de su familia que podía no participar activamente, pero que aprobaba de su conveniente asesinato. El cambio apagó su personalidad, mas ante todo, Mikaela mantuvo la cordialidad y un semblante ignorante a lo que ocurría frente a los demás, para evitarse un acercamiento más agresivo. Ya bastante despierto de mente a sus 16 años de edad, consideró con seriedad sus opciones. El día en que la marca apareció fue el día en que su crecimiento se vio estancado y su aspecto cesó de reflejar adecuadamente su edad. Sin embargo, por miedo al escándalo público, su familia se había encargado ya de ocultarlo bastante así como mentir sobre él, haciendo confundir adrede el año de su nacimiento o de sus apariciones con las de sus hermanos mayores o menores según fuera conveniente. Su edad real, Silesse la desconocía, y eso le confería de cierta libertad para actuar fuera de las paredes de la mansión Siegler.

Esperó algunos años, sabiendo evadir cada vez mejor los intentos contra su vida a la vez que sostenía cordiales y agradables relaciones con sus parientes, acercándose más a sus instructores externos en el ejército que a ellos. A sus 19 años, cuando su cuerpo reflejaba apenas 12, se enlistó oficialmente en la milicia de Silesse, ingresando sin problemas gracias a su apellido, dando la edad más baja posible en su registro para darse a sí mismo tiempo de estar antes de que su lento envejecimiento pudiera ser notado. Fue también por su apellido que no demoró en ser considerado para puestos mayores en el ejército, a la vez que aceptado en misiones de importancia. Pese a que su padre, hermanos y otros parientes se hallaban también en el ejército, volcó su amargura por la traición de sus consanguíneos en dar su máximo esfuerzo a su desempeño militar, valiéndose también de su carisma para agradar a sus superiores, volverse alguien querido, útil y cercano cuya compañía pudiesen disfrutar o bien hallar valiosa. Así, podía pasar la mayoría de sus noches en las barracas, en compañía de camaradas de armas, o en el despacho u hogar de un oficial mayor, cualquier cosa menos la casa Siegler.

Pronto contó con sus propios contactos en quienes apoyarse, a quienes no llamaría sus amistades, pues su capacidad de entablar relaciones verdaderamente profundas y abiertas con los demás se había cerrado hacía ya años. Halló superiores que viesen potencial en él, que aceptasen su ayuda fuera de horario. Halló también una general de divisón entre las caballero pegaso con quien llevarse fantásticamente, llegando a frecuentar bastante las caballerizas y casi a poder interactuar con algún pegaso. Fuese por un malentendido de su comportamiento o meramente la forma en que se desenvolvieron las cosas, halló también a un joven coronel con un interés mayor en él, por su grácil aspecto y sus gentiles modales, y aunque tomar esa clase de enfoque le dejaba con una extraña culpa residual, permitió a una suerte de tensión romántica aflorar. Aunque no pudiese dejarse llevar a nada, le daba una salida fácil, constante y segura cuando la necesitara. A su vez, comenzaba a relacionarse más activamente con seleccionadas amistades y contactos de su familia, quienes por seguro no deberían de estar al tanto de su condición. Interesado en tener la posibilidad de salir de Silesse, contactó a un marqués y exitoso comerciate que alguna vez había tenido cercanas relaciones con su familia, entonces residente en el ducado de Mitgard, hablándole como si lo hiciese con miras al futuro de su casa. Mikaela no tenía la capacidad de enfrentarse a quienes se habían hecho sus enemigos, ni los medios o la fuerza para hacer mucho, pero era un muchacho inteligente y con la firme intención de sobrevivir un poco más, sin importar lo que debiese intentar.

Había conseguido escapar, sí, pero su intención no era sólo salir de la situación con vida. Con aquello asegurado, algo más comenzaba a hacerse su prioridad. Comprendía que estaba maldito, que su contaminada sangre valía menos y no tenía pretenciones de tener una vida muy larga. Aún respetaba y honraba a Silesse y pretendía dedicarse a ella como soldado mientras pudiera, pero lo que principalmente le movía, más bien, era la necesidad de tomar venganza de quienes le habían traicionado. No imaginaba nada más que pudiese hacer. Moriría el día en que se le acabasen las formas de ganar tiempo y cuidarse, pero antes de eso, deseaba ver a la casa Siegler hundida, de preferencia muerta en su totalidad. Silesse seguramente lo repudiaría en ese entonces, pero era un resultado al que valía la pena arriesgarse. Podía comenzar a actuar.

El momento propicio llegó con la aparición de los emergidos en el mundo, tres años después. Participando de los primeros grandes, desesperados y trágicos combates, el entonces capaz espadachín y soldado de buen rango se vio compartiendo el campo de batalla con sus hermanos en repetidas ocasiones durante la primera oleada, retornando a duras penas con vida. Sin saber nada de la amenaza, sólo que se trataba de algo en extremo peligroso, quizás el fin de Silesse, Mikaela vio la oportunidad perfecta. Convenciendo con palabras amables y emotivas a su coronel, consiguió lugar en el puesto de defensa que más peligroso y letal le parecía, repeliendo en la costa del Noroeste a los emergidos. Por supuesto, pidió también la presencia de sus hermanos mayores y su padre en tal puesto. Aquel combate pasaría a llamarse la Defensa de Thove, o Tragedia de Thove, por la zona de Silesse en que tomó lugar y los desesperanzados resultados que daría. Dos días y tres noches de soportar la llegada de barco tras barco de tropas emergidas, que las catapultas y ballestas apenas conseguían mermar antes de que llegaran e inclusive cruzaran las murallas defensoras. Dando todo de sí en la lucha, fue sólo en la noche final que Mikaela consiguió hallar a sus hermanos en el campo y allí, fuera de la vista de los pocos soldados de Silesse que habían sobrevivido hasta ese punto, atravesó con su propia espada al mayor de ellos, asegurándose de que viese el rostro de quien tomaba su vida. Al otro, se aseguró de dejarle fuera al replegarse al interior del castillo de Thove, seguro de que le había dejado a morir a manos de los emergidos. No hubo tiempo a encargarse de su padre, pero sabía que lo habría eventualmente.

Sus dobles intereses tuvieron su costo y su recompensa. Sus faltas estratégicas para matar a sus hermanos le hicieron regresar malherido, debiendo ser mantenido fuera del campo de batalla mientras los curativos y báculos hacían efecto en él. A su vez, como uno de los pocos supervivientes de la Tragedia de Thove y declarando un éxito en la preservación de Silesse, fue ascendido al puesto que la muerte de su hermano mayor liberó, declarado entonces Subteniente.

Necesitando de un lugar seguro donde sanar y evitar preguntas sobre sus hermanos, Mikaela contactó enseguida al noble comerciante con quien ya había pasado tiempo un par de veces, el thane Ferid Eusford. En el pasado le había hecho cordiales menciones sobre visitar la isla de Mitgard a la que se había mudado, y en ese entonces no había motivo para no hacerlo; lejos estaría mejor, por un par de semanas, si podía conseguirlas. Haciendo su mejor esfuerzo por congraciarse con el hombre y argumentar su interés en ver Mitgard, le pidió pasar en su residencia su descanso de labores militares. Afortunadamente, no hubo problema con ello y en breve fue llevado de regreso al ducado. Fue allí, en una mañana en que la servidumbre estaba siendo especialmente terca sobre no dejarle cambiar sus vendajes por sí mismo, que por vez primera fue vista la marca en su cuello. Apenas al verla, quien le atendía se detuvo, enviándole de inmediato al thane. Descubierto, Mikaela entró rápidamente en desesperación, hasta aprender de los labios del mismo Ferid que quien había parecido tan dado a su compañía era también un marcado, un maldito, de mucha más experiencia que él en vivir oculto. Todo aquel tiempo había estado esperando su revelación. Y no sólo eso, sino que decía el hombre tener a alguien más, un hermano suyo de igual sangre mestiza consigo. De alguna forma, en la mente de Mikaela, hasta ahora ocupada en ideas de venganza, surgió una esperanza de que algo cambiase; de que aquellos iguales a él pudiesen llenar el espacio dejado por la familia de la que se había apartado. En el comportamiento del thane Eusford hacia él, sin embargo, no tardó en percibir que había otra intención. Si bien le ofrecía una suerte de pacto interno entre ellos, como criaturas declaradas malditas pero que Ferid creía superiores, pedía un trato más: pese a su aspecto demasiado juvenil, le pedía en su lecho a cambio de disponer de su poder económico y contactos para hundir a la familia Siegler. Tras no más de un día de contemplación, siempre analizando en términos prácticos, Mikaela aceptó. Cualquier costo era escaso para conseguir su objetivo y la recompensa era conveniente. Además, fuese en la forma en que fuese, no deseaba alejarse de los únicos otros branded de los que sabía.

Su ascenso a subteniente ya había sido comprado a base de asesinato y traición. No sería distinto el trato con el noble de Mitgard, con quien el intercambio era claro, más honesto que su cercanía con cualquier otro. Estaba dispuesto a lo que fuese por ver su venganza completada. Así comenzó su constante relacionamiento con el ducado independiente, prestando ocasionalmente su espada en ayuda del sitio, pues se lo planteaba como escape para el día en que la casa Siegler cayese y él debiera retirarse de su patria, a la que no desearía abandonar por completo. Entre tanto, su brillante carrera militar en Silesse continuaba, haciéndose del favor de un superior más en toda ocasión posible, escalando los rangos y buscando oportunidades de ver muertos o en desgracia a sus familiares. La singular perspectiva de Ferid respecto a la condición branded conseguía darle sosiego sobre su propia existencia, mas no le desviaba de sus intenciones.

Su siguiente blanco era su tío y la esposa de este, ambos grandes sanadores del ejército. Ya sin titubear en sus métodos, el branded utilizó su cercanía a sus superiores para hacerse del hábito de hallarse en los cuarteles a deshora, y al despuntar de una madrugada, justo antes de un ataque emergido anticipado por exploradores y observado venir por jinetes pegaso, buscó a la pareja para asesinarles. Tan sólo halló a la mujer, a la que mató antes de que esta llegase a saludarle, sin más opción que limpiar sus espada en los mismos hábitos clericales. De inmediato salió para unirse al frente de batalla, apegándose a un teniente en particular para que este pudiese asegurar su compañía después, siendo su cohartada. Aunque la ejecución fue eficaz, el hecho de matar a una clériga todavía atormenta su mente, tal como el deprimido estado en que se ve a su esposo aún. Su creencia poco expresada pero latente en entidades mayores eriza su piel cada vez que piensa en lo cometido. Desde entonces, el sacerdote ha alzado repetidas veces peticiones de que indague en la muerte de su mujer, y aunque no se ha visto necesidad de concretarlas, tanto esto como la culpa han detenido por un tiempo los avances de Mikaela en completar su objetivo.

Extras
- Mikaela es el nombre que sus padres habían decidido anticipando la llegada de una hija bebé, sin embargo decidieron conservarlo con él pues creían que le sentaba bien.

- En resumen, hasta el momento ha sido responsable de la muerte de 3 oficiales del ejército de Silesse, todos de apellido Siegler. Los primeros 2 fueron hermanos suyos, hace un año y medio, en los primeros grandes combates contra los emergidos. La siguiente ha sido su tía de la rama paterna de la familia, hace menos de un año, muerta justo antes de un combate defensivo. No consiguió matar en ese mismo entonces a su tío, como pensaba hacer.

- Su Brand se encuentra al costado izquierdo de su cuello, yendo desde detrás de su oído hasta casi la base del cuello. Lo largo que deja su cabello, sumado a la ropa de cuello alto, es la forma en que la cubre.

- Aunque no lo parezca, es muy, muy empático.

- No se lleva bien con los extranjeros.

- Tiene poquísima fuerza física.

- Sin embargo, tiene una técnica muy trabajada con la espada, gracias a su temprano entrenamiento y su propia insistencia en mejorarse continuamente, siendo ya un combatiente veloz y de buen nivel para compensar. Aunque no sea el primero al que enviarían al frente, se ha vuelto bastante confiable para sus superiores en el campo de batalla.

- La idea de que la longevidad haga a los branded en cierto modo aventajados sobre los humanos le sosiega y conforta, es un modo de pensar que ha llegado a aceptar, aunque en el fondo permanezca aún la vieja voz que le llamaría una abominación a lo natural primero.

- Su mejor instrumento es el violín, aunque también tiene excelente manejo de la voz para el canto. De pequeño se le inculcó pintar también, pero ya ha perdido la práctica y la habilidad que solía tener, pues eso jamás volvió a intentarlo.

- Cree en Forseti y en los dioses que le son enseñados en general. A sabiendas de que ha hecho cosas terribles en su vida, teme bastante al juicio y castigo de estos.

- Es muy susceptible físicamente, débil al alcohol, a la comida fuertemente especiada y a combinaciones extrañas de sabores. Probablemente sea efecto de la ingesta gradual de veneno que desequilibró su salud.

Procedencia
Nombre original del personaje: Mikaela Hyakuya.
Procedencia: Owari no Seraph.

Mucho Mikaela!
Imagencita 1
Imagencita 2
Imagencita 3 con un sujeto



Ficha | #BrandedBitches

MI PRIMER PREMIO:
Afiliación :
- SILESSE -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Subteniente (Ejército de Silesse)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
esp. de bronce [2]
vulnerary [3]
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
154


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Re: Mikaela Siegler, the Conspirator

Mensaje por Marth el Miér Mayo 24, 2017 7:08 pm

• Ficha aprobada •


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:






Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Altea

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
esp. de bronce [1]
Vulnerary [2]
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Support :
Eliwood
Eugeo

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1734


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