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[Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

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[Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Sáb Mayo 20, 2017 2:28 pm

No sabía en qué momento había cruzado la frontera con Gallia, pero, de un momento a otro, se había encontrado perdido entre altos árboles y frondosa vegetación. Le dolía todo el cuerpo de los días anteriores, en los que había dejado atrás la caravana de sus antiguos amos para escapar a la libertad. Al principio había corrido, luego andado, y después no había podido más que arrastrar sus heridos pies sobre la hierba. Tenía cortes en las piernas y en las plantas de los pies de todos los golpes que se había dado contra las ramas bajas de los arbustos, y la cantidad de millas recorridas sin apenas detenerse a descansar. Se le sumaban continuos calambres por haber rebasado el tiempo que dedicaba a bailar y después a estirar, a lo que sus músculos se resistían después de tantos años con la misma rutina. Sin embargo, Yuri seguía hacia delante, sacando fuerzas de su propia determinación de alejarse de Begnion.

También tenía hambre, y en más de una ocasión le había llovido encima, el preludio de que estaba llegando a las tierras verdes y húmedas de Gallia. Sin embargo, Yuri no lo había visto con tan buena luz, pues se había calado hasta los huesos y la manta con la que había logrado escapar no le sirvió de protección alguna contra el agua del cielo. Hacía tiempo que se había comido todo el pan que llevaba, no habiéndolo racionado como una persona inteligente hubiera hecho. En cambio, se lo acabó de una única sentada pensando que ya lograría encontrar comida más adelante. Craso error, pues en su camino apenas había logrado hallar algunas bayas silvestres, no suficientes para aplacar su hambre voraz. No sabía cazar, de modo que no podía aplicar sus artes culinarias, pero tampoco es que tuviera una cazuela y supiera hacer fuego, de modo que, aunque se hubiera hecho con una alimaña del bosque, no habría sabido como cocinarla.

No obstante, y a pesar de que aquella situación podría parecer un infierno a cualquier otra persona, Yuri estaba más feliz que nunca antes. Desde que se hubiera internado en la salvaje vegetación de Gallia, la presión en su pecho había desaparecido. Por alguna razón se había sentido a salvo, como si allí nunca pudieran llegar los hombres que le tuvieron toda su vida como esclavo. Por supuesto, eso no quitaba que no se quejara del hambre y el dolor de sus piernas, algo terrible para un bailarín, pero era precisamente esa actitud la que indicaba que Yurio estaba bien. Lo que habría que temer era su silencio. Pero allí, protegido por los árboles tan altos como torreones, y la tenue luz que se filtraba por las frondosas copas, su miedo había desaparecido y casi vociferaba sus dolores a los cuatro vientos, sin temer en ningún momento a un enemigo. ¿Quién querría hacerle daño en Gallia, tierra de felinos? Los malos estaban fuera, en los países humanos donde esclavizaban a niños y les vendían como si fueran menos que piedras.

- Mierda. Tengo hambre y me duelen los putos pies. – exclamó por quinta vez en menos de un minuto. Mientras caminaba con lentitud, iba dando mandobles con la espada a las plantas a su alrededor para apartarlas de su camino. Si mirase hacia atrás, sería muy fácil distinguir su rastro incluso para ojos no especializados en el seguir las huellas de otro. Pero el bailarín no era consciente de que estaba haciendo algo obvio y que debía evitarse, solo quería caminar sin ser atacado por ortigas y ramas bajas que le pudieran hacer aún más daño a sus piernas. Iba tan enfocado en sus propios problemas, que no escuchó el ruido del agua correr hasta que estuvo bastante cerca de un riachuelo crecido por las tormentas de los últimos días.

Al cortar una rama especialmente espesa, al grito de “¡Muere!, ¡Muere!”, el afluente apareció ante sus ojos, que se iluminaron al ver el agua cristalina. Miró a ambos lados para comprobar que no había un depredador bebiendo de tal hermoso manantial, y al no ver nada sospechoso, se lanzó a la orilla. Dejó su macuto a un lado, abandonado, y metió la cara entera en el río, de repente aquejado por una sed infinita. Bebió casi ahogándose de la ansiedad, y sin utilizar las manos como cuencos, sino que absorbía el agua directamente como si fuera una criatura salvaje. En su vida había hecho algo así, pues siempre debía comportarse y ser un bonito adorno. Pero es que tampoco había estado en una situación como esa nunca: solo en un misterioso bosque. Ahora que podía, haría todo lo que le habían prohibido.

Cuando se hubo saciado, se frotó las manos en el riachuelo y después la carita mojada, limpiando toda la mugre que se le había quedado incrustada de su escapada. El collar de hierro en su cuello le molestaba un poco, pero ya hacía tiempo que no lo sentía, salvo por las ronchas del roce que le habían producido en los hombros. Se echó agua ahí también, lanzando un quejido por el escozor, al que siguió una notoria y grosera maldición. Por un momento pensó en no meter los pies y lavarlos, si es que iba a doler tanto, pero recordándose que él no era un cobarde, y que había pasado cosas peores, los introdujo de golpe en el agua. Sintió ardor y alivio a partes iguales, pero no era tan malo como hubiera pensado. Se echó hacia atrás, manchándose la espalda y el cabello rubio del barro del litoral, pero no le importaba lo más mínimo. Si quería podía jugar con la suciedad y el polvo, porque era libre y no había nadie allí para decir lo que debía hacer.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Lun Jun 05, 2017 10:50 pm

Le había prometido a su amable y valiente Shayera que algún día volvería a Gallia. Bueno, ese día había llegado increíblemente pronto.

Es que no iba a irse de Tellius sin revisar bien. Sin dejar preparativos hechos, para la idea que había estado formándose en su mente. Le había tenido que pedir un tiempito a su señor de Nohr para ese asuntito suyo, del que lamentablemente no le podía ser explícito. Por suerte el príncipe al que se había apegado le tenía alguna clase de respeto o algo así, lo dejaba libre y no le preguntaba mucho. Así, Seimei había podido permitirse un regreso rápido a Gallia, un día al menos para dejar organizado lo que necesitaba. Desde su cruce por el borde del país cuando se encaminaba a Crimea y su encuentro con una tigrsa habitante de allí, no había dejado de pensar en el reino. Sin poder olvidar lo rara y conveniente situación, había comenzado a formularse un pequeño proyecto para esa Gallia caída y en lucha. Iba a tener que redoblar esfuerzos por buscar y reencontrarse con la caravana esclavista de la que se había perdido, pero cuando lo hiciera... tendría jugosa información y muy buenos materiales para excusar su ausencia. Podría entregar medio reino de felinos desperdigados, cansados y desprotegidos. Les contaría todo, los traería él mismo a cazar en Gallia y demostraría otra vez lo buen sirviente que era.

"Así que olvídense de salvar este condenado país de salvajes. Este gato le exprimirá las últimas gotas de vida y procurará una muy buena ganancia de ello~ ♪" Pensaba, contento. Mientras se adentraba en el bosque por segunda vez, esta vez con mucho más cuidado que la primera. Llevaba lento al caballo negro nohriano que montaba para no hacer mucho ruido. Tenía los ojos bien puestos en el entorno, pasando de acá para allá con pupilas contraídas a una muy fina línea negra. Había mejorado en eso de detectar con la nariz antes de que las cosas lo tomaran por sorpresa y lo ponía en práctica. ¿Y qué olía cuando cerraba los ojos y alzaba la naricita en el aire del bosque? Sólo una presencia viva por ahí. No ese horrible olor a monstruo emergido. Pero tampoco algo muy agradable, hacía que le bajara un escalofrío.

"¡Branded! No, eso no sirve para cazar..." Buscaba felinos laguz, claro. "Pero... ¿yo conozco este olor?"

Olía como a un cachorro de la caravana, graciosamente. Aunque claro, Seimei había conocido muy pocos branded. Podían olerle muy parecido. De todos modos quería ver donde era, si valdría la pena evitarlo o hacer algo más. Fue a seguir su olfato, pero una de sus orejas se movió al escuchar... ¿palabrotas? Qué gracioso. Mejor seguir su audición entonces. Seimei se acercó a revisar de qué se trataba todo eso, dirigiendo el caballo hacia el río. Entonces lo vio. Y sin poder evitarlo, hizo ruido, soltando un respingo horrorizado. Conocía a esa persona rodeada de suciedad y con la ropa luciendo como un trapo viejo. Se tapó la boca con una mano y agachó las orejas bien contra la cabeza, como si eso lo escondiera.







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Miér Jun 07, 2017 6:24 pm

Yuri se quedó quieto unos momentos, disfrutando de un buen merecido descanso. Sentía frío en la espalda, y humedad en los cabellos del fango que se le estaba quedando pegado por doquier, pero le pareció una sensación más agradable que molesta. En todo caso, aquello que le traía por el camino de la amargura era el grueso collar de hierro que le rozaba la nuca y que, al estar tumbado, sobresalía como un halo metálico sobre su cuello. Cuando huyó no pudo quitarse la pesada argolla que le mantenía prisionero en la caravana esclavista, ni tuvo tiempo de buscar las llaves o algún que otro instrumento con el que quitársela. Ya lejos de sus antiguos amos, trató de abrir el candado con palos que encontraba, aplicando fuerza bruta con las manos desnudas, y hasta en una ocasión, haciendo el tonto con la espada. No había vuelto a intentar liberarse con el afilado arma desde que casi se rebana la cabeza entera, prefiriendo usarla para algo en lo que sabía que no iba a mermarse de forma fatídica como cortar ramas y arbustos.

La espada robada yacía a pocos centímetros de su mano estirada, embarrada al igual que el cuerpo de Yuri desde que hubiera sido tirada al suelo. Ni siquiera se le pasó por la mente que el metal pudiera oxidarse y ponerse feo al contacto con el agua. No era herrero, ni un guerrero, y aunque sí que entendía sobre joyas y cosas bonitas, cuyas reacciones a la corrosión de los elementos solía ser parecida, tampoco le importaba demasiado. Quería descansar, y relajarse, y no pensar en estupideces. Respiró profundamente, el olor a libertad, a bosque, y a humedad llenándole por dentro hasta casi ahogarle. Era tan diferente a su antiguo hogar. Puso una mueca de asco al recordar las casas de grandes señores por los que había pasado: grandes, pequeñas, lujosas, pobres, en Begnion, en Jehanna. Daba igual. Todas apestaban a lo mismo: a avaricia, a prisión, a decadencia, a humanos. Decían de los branded como él, pero Yurio estaba seguro de que nada podría oler peor que aquellos lugares atestados de esclavos.

Incluso rodeado de paz y tranquilidad en medio de los bosques de Gallia, el bailarín no parecía encontrar la paz que deseaba. Quizás, en el fondo, no quería eso. Si lo pensaba un poco más, lo que verdaderamente anhelaba su corazón era venganza, una retribución por los años de abuso físico y mental. Desde que era pequeño había tenido un sueño recurrente en el que se transformaba en un gran y poderoso tigre, y acababa con la vida de todos los asquerosos esclavistas que alguna vez se cruzaron en su camino. Además, hacia el final de la fantasía, salvaba a los laguz, se reunía con su madre que seguía viva, e iban todos a Gallia donde vivían de forma salvaje y libre. Su escape no había sido tan maravilloso como hubiera imaginado, pero había funcionado y ahora estaba en la nación felina. Se sentía orgulloso de sí mismo, aunque no del todo satisfecho. Le estaba resultando más duro de lo que creía en un principio. Sin duda, la vida al aire libre no era para cobardes o pusilánimes que no podían encajar un solo golpe. Yuri había soportado eso y mucho más.

Aunque no negaría que vivir en completa naturaleza, después de haber estado acostumbrado a tantas comodidades urbanas, se hacía algo cuesta arriba incluso para una persona tan indómita como él. Lo peor era el hambre. Estaba famélico, y había perdido más peso del recomendado desde su huida. Su estómago, como llamado por sus pensamientos, comenzó a rugir enfadado. Yurio se puso una mano sucia sobre la tripa y exclamó: ¡No hace falta que me lo recuerdes, joder!, ¡Ya sé que tengo hambre! – No podía vivir solo de frutos silvestres y agua. Tenía antojo de carne y comida contundente que le llenase y mitigase de mal humor, que se incrementaba aún más cuando no ingería alimento en mucho tiempo. Pero incluso a pesar de su propio ruido, y los sonidos del bosque a su alrededor, pudo percibir con claridad la presencia de alguien nuevo en el lugar. No era difícil, con la tranquilidad que se respiraba. Hasta el zumbido de una abeja habría sido escuchado por el branded. Rápido, y sin mirar si la nueva presencia era un enemigo o no, rodó hacia la derecha y agarró la espada manchada de barro.

Se incorporó de un ágil salto y con el arma en mano, mal empuñada, pero lista para blandirse de cualquier forma para salir vivo de allí. Sus ojos turquesa, enmarcados por un cejo rubio fruncido, miraron desafiantes a la figura que había hecho acto de aparición. Era un caballo, con alguien más que conocido montado encima. Yuri cambió por completo la expresión de su rostro, siendo una de sorpresa primero, y luego una de absoluta alegría. - ¡SEIMEI! – Exclamó. Era muy raro ver esa clase de emoción en él, un joven que se caracterizaba por su actitud de continuo fastidio y rebeldía con todo y todos. Pero Seimei era especial. Era su amigo, su confidente, su maestro: una de las únicas personas en el mundo que tenían la confianza ciega y total del branded. Dejó caer la espada al suelo y corrió al encuentro del laguz, en ningún momento notando su reacción horrorizada al encontrarle en Gallia. En su cabeza, no le cabía duda de que Seimei había huido allí al desaparecer tiempo atrás, y por fin le había encontrado.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Dom Jun 11, 2017 7:29 pm

Ser incrédulo era una pérdida de tiempo, el felino sabía lo que estaba mirando. Era sólo que no entendía cómo... cómo podía ser. Por qué ese cachorro de minino estaría en Gallia. ¿Lo habían entregado a alguien en Begnion? Quizá eso fuera. A alguien se le podía haber escapado o perdido, tenía entendido que muchas familias ricas habían tenido sus terrenos atacados por emergidos. ¿Pero cómo había llegado hasta ahí él solito? Las dudas se juntaron en su mente en un lapso veloz, sólo un segundo, al mirarlo. Porque no era Seimei si no se pensaba todo demasiado. Y no era Yuri si no soltaba palabrotas cando no se le estaba controlando.

Ese segundo de tiempo fue lo que le tomó al muchachito tomar la sucia espada que traía y pararse en pose combativa. Seimei guardó la calma en ese momento, no había forma en que Yuri tuviera algo en su contra, no sabía nada incriminador... dicho y hecho, pronto le mostró una brillante miradita de emoción, a la que el gato irguió la cola alegremente. Eso estaba mucho mejor. Un trato que no parecía haber cambiado en la ausencia. Lo recibió con una sonrisa y una mano puesta en el pecho, mostrándose conmovido.

-
Buenas tardes, pequeño precioso. ¡Casi no te reconocía! - Rió.

Era reír para no llorar por la ropa así de ensuciada y el cabello de Yuri. Una tragedia...

"Pero este jovencito es mercancía. Lo que sea que haya pasado, tengo que arreglarlo y regresarlo." Pensó de inmediato. Poniendo sus prioridades en orden.

Movió las riendas, haciendo a caballo avanzar hacia el río. Pasando junto a Yuri sin quitarle los ojos de encima, pero sin bajar del caballo para saludarlo tampoco. No era bueno siendo sentimental y seguía sin aceptar que nadie lo tocara, por lo cual las distancias eran normales con el gato. Compensaba con palabras dulces, con su voz suave. Tranquilo con la situación, llevó al caballo hasta el agua para que bebiera. Una vez que el animal agachó el cuello, el laguz de pelaje azabache pasó las dos piernas a un solo lado de la montura, vuelto hacia el cachorrito branded. Puso su mejor mirada de ternura en sus ojos y puso toda su atención sobre él, las condiciones en las que estaba y cómo lucía. Olía un poco a sudor, a agitación, también levemente a una pizca de sangre. No le lucía enfermo pero tampoco le lucía exactamente bien. Y estaba tan sucio por todos lados...

-
Oh pobrecito, cariño, mira como estás... - Dijo. Pero no preguntó, no todavía. Dejaría que él hablara primero, que él se explicara un poco. No sabía qué pensar o qué esperarse, no había otra forma mejor de proceder.







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Lun Jun 12, 2017 7:34 am

Yuri estaba más que feliz, rebosaba excitación y contento por todos los poros de su piel. Su ceño fruncido había dejado de existir nada más posar la mirada turquesa en el laguz, y había sido cambiada por una expresión de confianza. Una sonrisa adornaba sus labios, y sus ojos relucían con una luz especial que los hacía más complicados aún de calificar como azules o verdes. Se acercó corriendo al caballo y se puso a un lado, para no estar en el camino del animal. Tenía toda su atención en el laguz, su cuerpo se agitaba de la emoción, como un cachorro reencontrándose con su madre. Cuando Seimei por fin le saludó, Yuri se puso recto e hinchó el pecho orgulloso. - ¡Es que he crecido, Seimei! - exclamó. Al menos había ganado un centímetro en el tiempo transcurrido, que para alguien tan menudo como Yurio era toda una ganancia. - Y tengo el pelo mucho más largo. - añadió, y se pasó la mano por el cabello rubio lleno de barro. Cuando el gato desapareció lo tenía por debajo de las orejas, pero ahora llegaba a sus hombros.
 
Un poco de color subió a sus mejillas cuando el laguz comentó lo sucio que estaba. Ni siquiera haberse lavado la carita servía para distraer de su ropa mugrienta y el pésimo estado de su cabellera manchada y húmeda. Un mohín apareció en sus labios al haber contrariado a su amigo. La camisa que llevaba la había hecho Seimei hacía tiempo, y aunque ya solo la usaba cuando le llevaban en la caravana de un sitio a otro porque se había vuelto vieja, la tela era buena y había tenido bordados bonitos. Ahora podría ser perfectamente la ropa de un mendigo. - Estoy bien, Seimei, solo un poco manchado. ¡En Gallia no hay puto jabón! - La bolsa que había robado tampoco tenía artículos de higiene, así que los días pasados a la intemperie habían hecho de Yuri todo un salvaje incivilizado. También había estado demasiado ocupado huyendo como para preocuparse por algo más.
 
Tenía tantas cosas que contarle, que no tardó en hacer uso de su piquito de oro por el que habló animadamente: ¡Sabía que estarías en Gallia! Joder, esos cabrones se negaron a admitirlo, pero yo estaba seguro de que habías huido aquí. Cuando desapareciste se notó mucho, aunque yo me enteré más tarde porque estaba con uno de esos cerdos humanos que... -paró un momento la narración y lo pensó mejor. Ya le contaría a Seimei más adelante lo que su último amo le había hecho, o quizás no. Era un muchacho libre, y todo eso había quedado atrás. No valía la pena recordarlo. - Bueno, ya sabes, cuando el hijo puta se cansó de mí, me llevaron de vuelta a casa, y ahí fue cuando me di cuenta de que no estabas. Pensaba que estarías de viaje con alguno de esos cerdos, pero no. ¡Me lo habrían dicho! - más que nada porque el bailarín podía ser muy insistente cuando quería algo. Le habían mimado de mala manera y ahora creía que exigiendo podía conseguir lo que quería.
 
- Todo era muy raro y una mierda sin ti, Seimei. - se quejó, sus cejas rubias fruncidas con fuerza. Apretó un puño, clavándose las uñas en la palma. Hacía tiempo que no se las limaban, por lo he habían crecido irregulares y estaban llenas de mugre desde que vivía en los bosques de Gallia. Bufó, claramente contrariado. Para calmarse, pues Seimei no envía la culpa de nada de lo sucedido, acarició al caballo de forma distraída. - ¿Lograste escapar con este bicho? Eso sí que es inteligente. ¿Cómo coño lo hiciste? Ya me fue difícil huir yo solo como para robar un puto caballo. - apenas había logrado marcharse con un fardo con tres cosas. Algo más habría sido imposible. Sabía que el gato era muy listo, al fin y al cabo, le había enseñado casi todo lo que sabía, pero su admiración por él aumento en gran medida. Esperaba además que estuviera orgulloso de Yurio, a pesar de que no había logrado hacerse con una montura al escapar. Al menos no se había equivocado con sus suposiciones y el laguz sí que estaba en Gallia. Los cerdos podían comerse sus palabras. - ¡Aunque deberías haberme avisado!, podríamos haber escapado juntos, ¿qué clase de amigo eres? - terminó por reprocharle de mala manera. Se sentía algo herido por eso.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Sáb Jun 24, 2017 10:50 pm

No le parecía que Yuri estuviera 'bien' o que tuviera motivos para verse tan feliz ahí afuera, solito y todo sucio. ¿En qué tenía la mente? ¿Cómo podía actuar tan natural y distendido? No podía no mirarlo con desconcierto, era bueno que estuviera así de feliz pero...

-
No hay jabón,  ni almohadas, ni carros, ni papel y tinta, ni monedas, ni tantas otras cosas en Gallia... nos contaron historias sobre esto, ¿recuerdas? Y resulta que todas son de verdad. - O sea, horrores hechos realidad. El gato dejó las orejas gachas. Habían escuchado historias de parte de los amos y de algún felino de allí que recordara su infancia, sobre lo decadente y no-civilizado que era ese lugar. Cómo era temible, inadecuado y nada hospitalario para laguz refinados y civilizados como ellos. Claro, Seimei no había sabido bien hasta no verlo, él sólo aprendía de los países cuando los iban a visitar, pero ya sabía que ese no le gustaba ni un poco por su propia cuenta. Yuri podía querer probar estar ahí ahora, podía estar pasándolo bien ahora, pero Seimei estaba seguro de que no le duraría un largo tiempo. Lo escuchó con constante gana de ya ir tirándolo al agua y limpiarlo. Aunque era difícil enfocarse cuando hablaba así como en ese momento. Le venían encima los instintos de tutor y de mano que guiaba, el hábito de recalcar negativamente las palabrotas o recordarles portarse mejor. En ese caso, eran las palabras las que le taladraban los oídos, modales tan rudos para alguien tan pequeño no se veían bien.

-
Yuri... - Joder. Cabrones. Hijo de puta. -¡Yuri! Me da demasiada impresión que hables así, por favor. Con esa boca me saludas a mi... -

Era una razón de serio acongojamiento, pero no era exactamente un regaño. Aunque un poco más y pensaría en lavarle la boca con jabón y todo eso. No iba a regañar ahí afuera a nadie, especialmente a alguien que lo había estado extrañando, esas actitudes valían dejarle un poco de margen de tolerancia. Escuchó su historia sin bajarse de su asiento, muy paciente y calladito, y al final se preguntó si en total era su culpa que Yuri se hubiera escapado. Parecía. No era que eso le hiciera sentir muy mal, en todo caso. Al contrario, le traía inmensa satisfacción que sentir que el cachorrito branded fuera más allegado a su persona que a la caravana. Era extraño pero bueno, le daba un vínculo incluso cuando el muchachito ya no tenía ninguno más. No ponía esos mismos ojitos para todos y eso complacía al mayor. Apoyó su cola sobre su propio muslo relajadamente y le sonrió contento, corrigiéndolo muy gentilmente en lo que tenía mal.

-
Precioso, es que no me he escapado, me he perdido, que es distinto. Sucedió en Akaneia, tú no estabas y menos mal que no, porque nos atacaron esos monstruos de los caminos y me quedé separado... creo que fui el único, porque todos los demás ya estaban guardaditos, sanos y salvos dentro. - Explicó. Lamentablemente tenía que decir la verdad ahí. - Por supuesto que también he extrañado mucho a todos los cachorritos, a los amos y a ti, pequeñito... -

¿Lo decepcionaría la verdad? Tendría que ver. Pero al menos esperaba que con eso no le quedaran enfados, se le iba a arruinar el lindo rostro si siempre fruncía el seño. Lo miró curioso, sin dudar en seguir hablándole en un tono un poco más jovial.

-
Tú... ¿huiste porque no me veías? ¿Lo habrías hecho si y estaba y te lo proponía? Qué lindo eres, haha. - Lo decía con gracia. No se habría tomado en serio la idea, realmente.[/i]


Última edición por Seimei el Sáb Jul 15, 2017 2:04 am, editado 1 vez







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Dom Jun 25, 2017 5:11 pm

Era cierto que, hasta entonces, no había encontrado en Gallia más que virgen vegetación, y un paisaje salvaje y único.  Una parte de sí mismo echaba de menos la comodidad en la que había crecido, los lujos a los que mucha gente libre no estaba acostumbrada ni habían visto en su vida. Tener a Seimei de maestro, una belleza andrógina tan deseada por viejos nobles, y su talento para la danza, le habían abierto las puertas a un estado de bienestar increíble.  El precio a pagar era ser tratado como mercancía, ser despojado de su libertad y dignidad, ser la posesión de aquel que hubiera pagado el suficiente dinero como para adquirirlo. ¿Qué precio tenía una vida, de todas maneras? Si hubieran educado a Yuri con otros valores, en vez de recordarle lo valioso que era y la importancia de que se comportase y se viera lindo, otro gallo habría cantado. Sin embargo, se había acostumbrado a ser alabado que, unido a su propia personalidad orgullosa y competitiva, le habían hecho desarrollar una actitud impropia de un esclavo, lo que no evitaba que lo fuera.

Cualquier persona inteligente debería haber previsto que algo así pudiera pasar, pero Yurio nunca antes había tratado de escapar. Era lo que muchos consideraban un “gatito maullador, poco mordedor”: muchas amenazas, pero poco cumplía. Se comportaba cuando debía y hacía caso, hasta cierto punto, de lo que le decían. Seimei jugaba un importante papel, porque le convencía para ser un buen cachorrillo. No obstante, las cosas cambiaron desde que se fue, y el branded dejó de forma súbita de ser complaciente. Su humor se agrió, y su genio empeoró, lo que generó que aumentara el número de amos que había tenido, pero el tiempo que pasaba con ellos se reducía. Si hubiera continuado así podría haber acabado muerto o vendido a un cualquiera por un módico precio con tal de librarse de él, aunque el joven bailarín no había sido consciente de ello. Cabezón como él solo, se le había metido entre ceja y ceja que tenía que escaparse y buscar a su amigo.

¿Qué más daba que en Gallia no hubiera los lujos a los que estaba acostumbrado? Había hecho lo impensable y estaba jodidamente orgulloso de ello: se había escapado y había llegado a la nación felina vivo. Podía lograr lo que se propusiera, se había dicho al internarse en el espeso bosque, y eso incluía encontrar a Seimei. No necesitaba jabón, ni almohadas, ni carros, ni papel, ni tinta, ni monedas. Aunque tampoco es como si le hubieran dado dinero antes, salvo un amo que le había tirado monedas de oro a los pies mientras bailaba para que continuase con la danza, y después de la diversión las había hecho regresar a su monedero. Además, aún no había llegado a ningún reducto civilizado, ni había visto a nadie de Gallia. ¡No podía ser un país fantasma! En algún lugar debía de haber pueblos o algo, y ahí las cosas que el gato decían que no existían. No es que no creyera a Seimei, pero estaba seguro de que es que aún no habían logrado llegar al sitio indicado.

Iba a decirle justo eso, cuando su tutor le regañó por la cantidad de groserías que salían de su boca. Instintivamente bajó los ojos y sus mejillas se tiñeron de rojo. Si hubiera sido otro el que le hubiera llamado la atención, le habría mandado a la mierda al instante. Sin embargo, tenía demasiado respeto al laguz como para no sentirse avergonzado por haberle decepcionado. Aunque tampoco iba a disculparse, porque no creía haber hecho algo malo y además no estaba en su personalidad el pedir perdón. Frunció un poco las cejas y miró a otro lado, hacia el río, obviamente mortificado por las palabras de Seimei, aunque hubieran sido atentas y amables como siempre. No quería molestarle nada más reunirse con él. – No te las dirigía a ti, Seimei. Y tampoco estoy diciendo nada que no sea verdad… Se lo merecen. - dijo, pero a pesar de sus excusas baratas no añadió ninguna maldición o taco. Una auténtica novedad pues desde hacía una buena temporada incluía mínimo un insulto en cada frase.

Le dirigió una expresión de auténtica sorpresa cuando le contó la verdad tras su desaparición, su vergüenza ya desaparecida. Dejó de acariciar al caballo y sus ojos se abrieron con auténtica estupefacción. - ¿¡Te atacaron los monstruos!? – exclamó, como su fuera algo de otro mundo. Para alguien como él, que tan resguardado había estado siempre, era una aventura aún sin vivir. Los lugares donde había vivido siempre habían estado muy protegidos, y sus habilidades nulas en batalla le habían impedido ir al frente a pelear. Era demasiado delicado para ello, decían, no valía la pena que saliera herido, o que sufriera una lesión que le impidiera bailar o que le hiciera feo. Incluso desde su escape en Begnion, había tenido mucho cuidado para no encontrarse con los emergidos. Si escuchaba algo raro, se escondía bajo los matorrales o escalaba un árbol, lejos de la vista de un enemigo.

- ¿Cómo has logrado sobrevivir?, ¿Has aprendido a pelear? – le preguntó, asombrado y con clara admiración en su voz. Si bien no se había escapado, sino “perdido”, tampoco es que hubiera vuelto directamente a casa, lo que Yuri tomaba como una fuga igual. No estaba seguro de por dónde había estado el laguz, pero sin duda no se había perdido por esa zona, de todos los lugares del mundo. Incluso le pareció que aquella manera de huir era muy inteligente, y propia de Seimei. Decir estar “perdido” en vez de ser un prófugo era una buena estrategia. A su lado, su escapada había sido mucho menos memorable. Rodó un poco los ojos cuando dijo que había echado de menos a los demás, pero hinchó el pecho orgulloso cuando le añadió a él a esa lista. – Ya no soy pequeño, Seimei. Soy un hombre hecho y derecho que puede valerse por sí mismo.

Un rugido por parte de su estómago le recordó que eso no era verdad, pero fingió no haberlo escuchado, para no quedar mal delante del gato, y en su lugar arrugó el ceño y bufó totalmente ofendido. - ¡No te burles!, ¡Lo habría hecho! Y les habría ensartado a todos como putos pinchos morunos en el proceso. – se giró de forma radical y recogió la espada que había dejado abandonada en el barro. La limpió con la camisa que llevaba, sin prestar mucha atención a que ya parecía vestido solo con tierra mojada, y la alzó reluciente con una pose triunfal. – Mira, Seimei, ¿a que es genial? Me la llevé de la caravana al escapar. Yo diría que es de cierta calidad, porque corta muy bien. Yo también podré protegerme de los emergidos como tú. – y dicho esto, le sonrió feliz y satisfecho con sus grandes logros en el tiempo que había estado separado de su tutor.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Dom Jul 23, 2017 8:53 pm

Todavía no tenía muy claro cuanto tiempo llevaba Yuri afuera en comparación a él, pero era muy claro que habían estado recorriendo caminos muy distintos. Y Yuri había cambiado, se había desarrollado en cierto modo, cosa que Seimei no había hecho ni pensaba en empezar a hacer a su edad. Eso era de cuidado. Aunque el gato negro pensaba igual que siempre, dentro o afuera de una jaula, las ideas en esa cabecita rubia se habían alborotado con todo eso de la libertad. Se le notaba. Y era todo un tema. Seimei no creía que el pequeño fuera consciente de lo que era bueno para su propio bienestar, de lo horrendo que era estar a solas con la vida de uno mismo, pero rara vez se ponía en desacuerdo con las personas y no quería estar en contra del muchacho. Prefería así, por raro que fuera. El resto ya se desenredaría. Con paciencia y calma le respondió, aunque de su lado todo el cuento era menos emocionante. Algunas veces le habían llamado una persona sosa y aburrida y Seimei consideraba con gran diversión que era muy cierto.

-
Um... ¿no creo haber aprendido a luchar? Pero una vez golpeé a uno de ellos en la cabeza con una cacerola de hierro. - Hizo la pantomima de agarrar una cacerola de las grandes, de dos asas, y bajarla sobre algo. - Fue un poco emocionante, tengo que admitirlo. Pero, más que nada, he tenido la suerte de ser hallar buenas compañías para mantenerme a salvo. -

¿Pero para qué hablar de su lado? La historia de libertad del pequeño bailarín era más interesante. Se enfocó en él, no acostumbraba hablar de sí mismo y le entretenía más escucharlo con un poco de gracia. Sonreía, casi siempre sonreía con placidez, pero se aseguraba de no reír para no ofenderle. Todo lo que quería era oírlo. Era sólo que... todavía se veía igual a sus ojos, sólo muy muy sucio, pero ahí estaba exhibiendo su hombría. ¿Yuri andando por ahí con una espada? ¿Usándola? Era difícil imaginar que las cosas hubieran cambiado tanto. Y a su vez no, le preocupaba un poco verlo levantar ese peligroso objeto y moverlo por ahí. Sus orejas se irguieron atentas a cada movimiento, teniendo cuidado ante la sola presencia del arma. Le hacía bajar la cabeza un poco por instinto. Pero bueno, si Yuri decía que podía ensartar a sus enemigos... como un caballerito en potencia... Seimei le respondió amablemente mientras bajaba por fin del caballo, aunque la duda había estado escrita en su rostro por un rato. Sus pies tocaron el suelo con gracia felina y mientras hablaba le miraba poco, porque ya buscaba algo en las alforjas del caballo.

-
Muy bien, muy bien. Intentaré empezar a verte como un hombre entonces, Yuri, y a sentirme más seguro a tu lado. Pero tendrás que entender si es difícil el cambio, ¡la última vez que te vi todavía me parecías un cachorrito tan pequeño! - Dijo. Al encontrar lo que buscaba se giró a él e hizo un leve gesto con la mano. - Ven, te enseñaré algo que yo también he aprendido. -

Estiró la mano hacia la espada, para mostrarle que se disponía a tocarla antes de efectivamente hacerlo. Aunque se detuvo a sí mismo al ver que el mango también estaba sucio, sacó un pañuelo de su bolsillo de pecho y lo usó de intermedio para tomarlo, sacándolo gentilmente de la mano de Yuri. Pensaba ayudarlo, en verdad. Ya que se veía tan emocionado con su espada, y justamente Seimei había aprendido una cosa o dos de armas... de mantenimiento claro, ¡ni en sueños pelearía con una! Con el metodismo que le caracterizaba buscó donde ponerse, yendo a sentarse a una de las rocas alisadas por años de corriente de río. Con un trapo limpió un poco la hoja, y abrió la bolsita que había sacado con los implementos de afilar. De un frasquito muy fino fue golpeteando con el dedo para que cayera una especie de polvo sobre la hoja, que se puso a frotar con cuidado y lentitud con una pequeña piedra de afilar. No se explicó, sólo hizo. Iba a tomarle un rato, claro. Y entre tanto pensaba en qué iba a hacer con Yuri. Qué cosas, qué caso... sólo por platicar le habló.

-
¿Así que... hace cuanto que no has comido a gusto, cielo?-


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( Cuanta tardanza! T T lo siento mucho! Cuando vuelva de la ausencia respondere bien para compensar... )







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Dom Ago 06, 2017 8:44 am

Yuri admiraba a Seimei, confiaba en él y le respetaba como a nadie. Había sido de las únicas personas que le había tratado bien y había sido bueno con él, incluso cuando el bailarín no era el más agradable del mundo. Sabía que tenía muy mal carácter, y un temperamento irascible y voluble que a menudo estallaba al no ser capaz de lidiar con los sucesos a su alrededor de otra manera. Se alegraba de que el trato de Seimei hacia su persona no hubiera cambiado a pesar del tiempo transcurrido y las nuevas compañías que hubiera estado frecuentado. Su expresión de maravilla al escuchar como su ex-tutor había acabado con un enemigo emergido con una cacerola, que le provocó una risa encantadora, menguó al oír sobre esas gentes que le habían acompañado en sus viajes. No podía evitar estar celoso de ellos, pues hubiera preferido ser él quien fuera con el gato, y no unos hijos de puta desconocidos.

En cambio, Yurio se había quedado en la caravana, pasando de un amo a otro y sufriendo cada vez más. Su carácter había empeorado, si acaso era posible, y la falta de Seimei se había hecho muy presente en su vida. Si había alguien que pudiera hacerle actuar como un cachorrito obediente, lo más obediente que pudiera llegar a ser al menos, era el laguz que tenía enfrente. No dudaba de él, ni desconfiaba de su presencia o acciones, como con el resto del mundo. Le tendió la espada sin problemas y sin titubear, su mirada puesta en todo lo que hacía con curiosidad. Se sentó en el suelo embarrado, con las piernas cruzadas y dos grandes ojos aguamarina muy abiertos. Su antigua celosía había sido olvidada en favor de recibir las atenciones de su amigo y sus palabras amables. Que le reconociera como hombre era algo importante, pues significaba el valor de su valentía y su fuerza, algo que nunca nadie había alabado de él. Hinchó el pecho orgulloso y le sonrió, sus dientes blancos contrastando con su piel manchada.

Debería estar prestando más atención a lo que el gato hacía, pero Yuri le miraba más a él que a la espada. Quería saber cuánto había cambiado en el tiempo que habían estado separados, pero nada parecía fuera de lugar. Se veía igual de encantador, elegante, y limpio, y su carismática naturaleza no había cambiado. Se avergonzó un poco de sí mismo, y se hizo una nota mental de darse un baño para dejar de oler a mugre, sudor, y sangre seca en cuanto pudiera. Disfrutaba de la libertad y de la posibilidad de ser un "salvaje" pero no podía negar que era algo incómodo. Tantos años siendo cuidado y mimado no iban a desaparecer de sus costumbres con tanta facilidad, aunque Yuri lo intentaba con todas sus fuerzas. La simple presencia de Seimei le hacía revertir a sus viejos modos, sin él mismo saberlo.

Cuando la comida fue mencionada, Yuri se ruborizó y miró a otro lado. Su estómago volvió a protestar, generando que hasta las orejas del rubio se volvieran rojas de la vergüenza. - Cuando me escape no pude irme con mucho, solo esa bolsa. - comenzó a explicar mientras señalaba sus pocas pertenencias que estaban tiradas algo más lejos, - había un poco de comida, pero me moría de puta hambre así que me la comí en los primeros días. No sabía que fuera tan jodido conseguir algo de comer en Gallia; hay muchos soldados emergidos de esos que destruyen todo, y apenas he encontrado a nadie normal en mi camino, tú eres de los primeros. Tampoco es como si les necesitara, eh, hay frutas que puedo comer, aunque los conejos aún se me escapan. Los cabrones. - exclamó con el ceño fruncido. Un relincho suave le distrajo nuevo hacia el caballo. - ¿Eso te lo han regalado tus nuevos "amigos"? - le preguntó, con un tono algo agrio y los ojos fruncidos como si fuera algo sospechoso. Volvía a sentirse celoso de que Seimei hubiera estado con otros y no con él. - ¿También te enseñaron lo que le estás haciendo a la espada?, ¿ A limpiarla? - por supuesto que un bailarín como él no sabría lo que el mayor hacía, y tampoco ayudaba que estaba más atento al mismo Seimei que a sus actos en sí.

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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Lun Ago 21, 2017 12:11 am

Se preguntaba mucho qué podía estar pasando por la mentecita de Yuri mientras se sentaba a su lado y sólo lo miraba con ojitos ilusos. Esa mirada decía llévame, sálvame, ponme de regreso en mi jaula que me muero aquí fuera... o eso intentaba leer el gato. Seguramente Yuri todavía no estuviera listo para admitirlo y tuviera cualquier otra cosa en mente, pero no importaba al final. Lo importante era el hecho de que lo mirara con esa clase de expresión, eso lo complacía y le bastaba por el momento. ¿Actualmente le gustaba más su rol de persona fuerte que la vida en la caravana? ¿En serio le gustaba todo eso de ser un hombre independiente? Bueno, si eso lo hacía feliz... Seimei irguió un poco la frondosa cola, contento de tenerlo al lado. De paso, si algo se atacaba a atacarlos en ese maldito infestado lugar que era Gallia, seguramente podría ser protegido por el pequeño y eso sería conveniente. Así que siguió afilando con el muchachito a su lado, tranquilo.

Su oreja derecha se movió en dirección al sonido que hacía Yuri. O su estómago más bien, como si hubiera sido una voz. Sí, era lo natural, si no tenía quien le cocinara... lo escuchó tomando un poco de aire rápido y abriendo los ojos en sorpresa cada vez que soltaba una palabrota, exaltado por ellas, pero ya no lo detuvo. Hizo algo mejor: le respondió como el rubiecito parecía querer. Si decía que estaba bien en su independencia y que tenía todo lo que necesitaba... -
¡Ya veo! Entonces supongo que estás bien así, querido. Cuando estés más hambriento avísame, estoy seguro de que debo tener algo conmigo. -

No estaba en contra de dar, o de hacer cosas por los demás, pero si Yuri no se lo pedía no había razón. Además era su forma de castigar esas alocadas ideas de ser feliz en libertad, también. Sentía que necesitaban ser disciplinadas. Siguió con lo suyo, terminando de afilar la hoja. No era un trabajo muy profundo, pero era un mantenimiento decente. Paró sus manos, volteando la cabeza para mirar a Yuri haciéndole aquellas recelosas preguntas. Por algún motivo le gustaba bastante, lo emocionaba silenciosamente. Se sentía mejor que la charla de independencia. Le dedicó la sonrisa más empalagosamente dulce que podía aparecer en su rostro, con una mirada amorosa y la cabeza un poco ladeada, aunque no le dijo nada al respecto. No hacía falta. Sólo puso la espada entre ellos.

-
Dime si notas la diferencia~ - Cuando habló se notó el leve ronroneo que había empezado. - Son personas de armas, así que sí, me han enseñado estas cosas y me han prestado el caballo para transportar otras. Siempre es bueno tener un oficio más. Y es como alguien como yo, sin dinero ni cosas de valor, paga la ayuda. El señor que me ampara es tan amable que hasta está ayudándome a buscar la caravana. -

Estaba probando las aguas al mencionar la caravana. En algún momento iba a tener que preguntar...


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( He regresado! )







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Dom Sep 10, 2017 10:16 am

Era como si nunca se hubieran separado. Si cerraba los ojos, casi podía imaginarse que estaban dando clase en alguna habitación de la casa de los que fueron sus grandes amos, los primeros dueños que ambos hubieran tenido y que siempre tendrían una presencia en ellos, para bien o para mal. No obstante, el barro de su cuerpo, el hambre de su estómago, y el fresco olor a agua y a hierba le recordaba que ellos estaban lejos, y que esas personas que tanto dolor le habían causado no podrían hacerle daño nunca más. Quizás en pesadillas, pero ninguno estaba allí en carne y hueso, solo eran Seimei y él en ese remanso de tranquilidad. Se sentía bien, en su manera muy feliz de volver a ver al gato. Casi podría decirse que el laguz era uno de sus pocos amigos. En general los demás de la caravana no le solían hablar, y sus amos en ningún momento podrían tener oportunidad de tener una amistad con él, por muy amables que parecieran.

Aunque, por mucho que apreciara a Seimei, eso no quería decir que Yuri fuera menos cabezota con él que con otras personas. Se mantuvo en sus trece y no cedió ante la insinuación de que debía pedir comida “por favor”. Hizo un ademán como si no fuera importante y dijo: Nah, estoy bien. No tengo tanta hambre, esta tripa está siendo estúpida. – Le demostraría que era un jovencito fuerte e independiente. No era un cachorro sin más. Después de todo el tiempo transcurrido, quería demostrárselo a su ex-tutor, además de no dañar su enorme orgullo. Era irónico que esa actitud no hubieran podido romperla nunca, por mucho que le maltratasen física y psicológicamente. Alguna vez había escuchado a uno de los amos comentar que su personalidad salvaje e indomable era parte de su biología, que había nacido así por su sangre bestial. Y, a pesar de que la mayoría lo consideraría un gran defecto, se había convertido en una estrategia de venta “Compre este tigre sin garras, ni pelo. Este bello bailarín será un elemento exótico que añadir a su hogar sin apenas gastos de mantenimiento. ¡Solo por XXX gold!”.

Seimei le sacó de sus pensamientos cuando le tendió la espada. Parpadeó un poco y analizó con grandes ojos curiosos el arma. Estaba muy pulida y brillante. Se limpió las manos mugrientas y la, también mugrienta, camisa antaño blanca, y tomó el objeto con cierta reverencia. Le emocionó pensar que aquella espada, que parecía nueva y algo de extremo valor, fuera suya. Sí, había sido robada, pero Yuri era su dueño ahora. Algo tan simple como poseer cosas hacía feliz al bailarín, acostumbrado a ser él el poseído. Sin embargo, la suave sonrisa que tenía en los labios desapareció momentos después. Se incorporó de un salto, con el ceño muy fruncido y los labios en una expresión de descontento. - ¡No! – gritó.- ¡No puedes buscarles a ellos, Seimei! Son unos auténticos cabrones. ¿Por qué vuelves con ellos? ¡Eres libre ahora! Puedes ir a donde quieras y encima tienes un caballo para viajar por el mundo. – comenzó a decir con voz fuerte, y casi violenta.

– Quédate en Gallia conmigo. Aquí es donde debemos estar. Puedes intentar encontrar a tu familia, y yo puedo intentar encontrar a la mía. Quizás mi madre tenía hermanos o hermanas, y padres… - musitó. Por supuesto que no sabía nada sobre la familia de Seimei, pero en su inocencia pensaba que el gato había tenido sus mismas circunstancias. Tenía la espada en una mano, y la otra apretada en un puño muy fuerte. Entonces, como un rayo, un pensamiento cruzó su mente. Se puso de inmediato en guardia y miró a sus alrededores. La palidez de su rostro denotaba su miedo. - ¿Acaso están aquí, en Gallia?, ¿Han venido a por mí?, ¿¡Dónde están!? – Porque, si Seimei les andaba buscando, y Seimei estaba en Gallia, eso solo podía significar que la caravana se había internado en territorio felino. Su postura y su continua mirada a su alrededor denotaba que parecía buscar una vía de escape, en caso de peligro.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Lun Oct 02, 2017 1:06 am

"¿Ese es tu orgullo hablando? Vaya." Seimei pensó, sorprendido de que Yuri todavía se negara a algo tan básico como aceptar comida. Claramente la necesitaba. No le cabía duda que el orgullo era una carga para la supervivencia de un ser... porque si de Seimei se trataba, y ya le había pasado, haría y diría cualquier cosa para conseguir llenar sus necesidades. Pensaba que seguramente fuera por eso que él estaba limpio, sano y cuidado incluso perdido de sus amos, a diferencia del pequeño Yuri que ya lucía bastante salvaje. Así funcionaban las cosas. ¡Qué orgullo ni qué tres medios! No tenía utilidad práctica. ¿Y por qué motivo extraño del orgullo estaba bien para Yuri aceptar una espada afilada pero no comida? El gato no lo entendería en lo más mínimo, para él todo era más o menos lo mismo. Se límito a mirar al rubio y sus ojitos aguamarina, sonriendo al verlo complacido con su arma al menos. Hasta que se levantó de golpe, claro. Seimei agachó la cabeza y las orejas por si las dudas, viendo la espada moverse en su agarre.

-
¡Cuidado, mi amor! Muévete con cuidado cuando tengas objetos afilados en las manos, por favor, me asustaste. - Le reprochó suavemente, con una expresión preocupada, lento en volver a enderezarse. Sus orejas se quedaron algo gachas entre el cabello azabache. Sólo eso le decía, sin responder a las quejas y preguntas de momento. A esas, prefería escuchar primero, medir bien cómo continuaría... porque había esperado que fuera algo complicada esa parte. Pero no que Yuri la tomara así de mal. No sonaba nada, nada dispuesto a volver a la caravana, a unirse a la búsqueda de Seimei como el gato había esperado. Quedándose callado le continuó mirando del mismo modo en que siempre hacía, paciente, con un toque de ternura por el cachorrito. Luego, cuando estaba por responderle, Yuri se sobresaltó y comenzó a mirar con desconfianza alrededor. Allí el felino tuvo que interceder, levantando ambas manos al hacerle gesto de que parara antes que cualquier otra cosa.

-
No, no están aquí, Yuri... creo que deben seguir en Akaneia, en esta parte del año. Todo está bien. - Dijo por lo bajo. Continuó enseguida, para no hacerlo esperar.

-
Escúchame, precioso... mis progenitores nacieron con mis amos, igual que yo. No tengo nada para mi en este lugar. - Y le sentaba un poco mal la idea de que ser descendiente de salvajes, el que no quería tener nada en Gallia era él. Casi ofendía la sugerencia. Lo dejó de lado y puso la vista en la lejanía al seguir. - Pero en casa hay una cama mullida que me espera, un cepillado diario a mi pelaje, toda la comida que necesito para mantenerme satisfecho, trabajo para estarme ocupado... y también personas que me aman. ¿No debería gustarme tener todo eso? ¿Vivir feliz, cómodo y con algo interesante que hacer cada día? - Sonrió para sí mismo, pensado felizmente en todo eso que le esperaba. "¿Tú no extrañas tener todo eso? ¿Qué más necesita alguien para sentirse completo?"

Tener esa conversación era mucho más fácil así, como si fuera de Seimei de quien hablaban nada más, cuando en realidad probaba también al bailarín. Creía que si le recordaba de ese modo, de segunda mano, todas las comodidades de la vida cautiva llegaría a entender. A recordar que era el mejor lugar donde podía estar. Para Seimei, realmente lo era. Amaba sus cadenas como las cadenas lo amaban a él, no necesitaba nada más que esa vida en la que si se esforzaba por servir mantenía su lugar asegurado.







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Jue Oct 05, 2017 3:50 pm

Había algo que le provocaba un escalofrío en la nuca. Los vellos rubios que allí se encontraban se le erizaron, como si ellos también estuvieran en alerta. Yuri no podía saber de qué se trataba, pero lo cierto era que, de repente, se sentía en peligro. Seimei le había asegurado que no había nada de lo que preocuparse, que sus antiguos amos no estaban en Gallia para atraparle. Por primera vez en su vida, las dulces palabras de su ex-tutor no sirvieron para tranquilizarle. Por primera vez en su vida, no creyó lo que le decía. Abrió mucho los ojitos turquesa, mirando a su alrededor con sospecha, como si de repente diez hombres armados con collares y cadenas fueran a emerger de entre la densa vegetación. No debía confiar en nada de lo que ellos pudieran decir o afirmar. Si le habían asegurado a Seimei que no iban a estar allí, bien podría ser que fuera una gran mentira para engañarles a ambos. Utilizando al laguz como una especie de carnada para atraparle.

Seimei era demasiado bueno e inocente como para darse cuenta de ello. Los amos debían de saberlo, pues aprovechaban cada debilidad y bondad en sus pertenencias para utilizarlos a su antojo. ¿Qué necesidad tenían de estar en Akaneia? Hacía poco que se había escapado de la comitiva que le iba a llevar hasta su nuevo señor en Begnion. Akaneia sonaba a que estaba lejos. Gallia y Yuri estaban más cerca. Y el joven bailarín aún portaba el grueso collar de hierro que le marcaba como suyo. ¿Acaso abandonarían su búsqueda por irse de vacaciones a otro continente? Yurio no creía que eso fuera a pasar. Ni lo creía, ni lo creería nunca. Los fantasmas de su pasado siempre aparecerían para perseguirle, aunque mucho más a tan poco tiempo de su tan ansiada liberación. Apretó los dientes y el puño. Le molestó que los amos usaran a Seimei para tratar de engañarle. ¡Él no merecía eso! Pero quizás, lo que más le pudo hervir la sangre, fue el modo en el que el gato defendió la vida allí.

Yuri se admitía que echaba de menos los lujos con los que le habían tratado: las suaves almohadas, la deliciosa comida, y los hermosos trajes de ballet con los que solía entretener a comensales en galas, pero asociaba tantas de esas cosas a otras tantas traumáticas para él que el mero pensamiento de regresar hacía que le dieran ganas de vomitar. Unido a la ansiedad de suponer que los maestros esclavistas estaban en la nación leónica, el cachorro branded comenzó a ponerse muy pálido, y tuvo que agacharse en cuclillas para no echar la bilis, pues no había nada más en su estómago. La espada quedó olvidada a un lado mientras se agarraba la tripa. Respiró pesadamente y entrecerró los ojos, tratando de no marearse y entrar en un bucle de emociones con las que no sabría lidiar. Sin embargo, no podía evitar pensar en lo que Seimei le había dicho. Le retumbó en la cabeza y aumentó la llama del odio que sentía en su interior.

Alzó la cabeza y dirigió una mirada brillante y furibunda hacia el laguz. - ¡NO! ¡No si te lo dan ellos! – exclamó. - ¡Son malos y te han engañado, Seimei! Tú eres bueno y no te das cuenta, pero son la peor escoria que existe en este mundo. ¿Sabes lo que me hicieron cuando te fuiste?, ¿Sabes a cuantos putos viejos me vendieron? Si te contara, no les mirarías con los mismos ojos... – odió como se le quebró la voz al final. Maldita y asquerosa debilidad. Se daba asco a sí mismo por dejar que recuerdos como esos le hicieran reaccionar así, como un mero gatito asustadizo. - ¡Antes prefiero morir que aceptar nada suyo! Y tú deberías también, Seimei. – le dijo, y aunque brillaba en su rostro la ira, también había preocupación por su amigo. Le agarró con fuerza del brazo como para demostrar su punto. – Podemos vivir juntos, lejos de ellos. Y podrás tener todas esas cosas que te gustan. ¡Me han dicho que en Gallia hay asentamientos! No sería como vivir en el fango… - aunque por cómo estaba de sucio Yuri, cualquiera creería lo que decía. Aun así, le miró con grandes ojos esperanzados, tan brillantes y turquesas que costaba diferenciar ese rostro ilusionado con el niño volátil que había sido momentos antes.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Vie Oct 27, 2017 1:11 am

¿Qué le pasaba al pequeño branded? De repente, no lucía nada bien. Seimei sintió alrededor de él, aparte del aroma de las criaturas de sangre cruzada, el de los animales a punto de huir con desesperación o de atacar. El de la adrenalina. Acto seguido, pareció más bien enfermo, como si fuera a desmayarse... quién sabía cuanto tiempo llevaba sin comer, lo que el gato suponía era que su cuerpo ya no estaba para soportar tantas emociones y exaltaciones. Así que el cuerpo se desmoronaba bajo demasiado estrés. ¡Tan delgado que era! Le faltaba constitución para su salud. Puso sus manos tras su espalda y lo quedó mirado, sólo esperando. Viendo si caería inconsciente o no, para decidirse qué hacer. Pero no, nada de eso. Parpadeó cuando el muchachito volvió a mirarlo con tanta o más energía que antes. Naturalmente, ante una voz fuerte bajó las orejas contra el pelo azabache. No era la clase de persona que gritara y se mantenía pasivo cuando otros lo hacían, callado y sumiso, guardándose sus ideas para sí. "Ahh, si hubiera sido obediente desde el principio no le habría tenido que pasar nada, pero..." Volvió a levantar las orejas y a enderezar la cabeza cuando Yuri perdió fuerza y volumen en la voz.

-
¿Antes morir? De nada sirve rendir la vida, criatura... de lo poco que nos pertenece, ¿no es lo de más valor que nos queda? - Ladeó la cabeza al responderle suave, lento, para no exaltarlo más todavía. A él no le hacía mucho sentido eso. - Nada debería valer más que seguir viviendo. Primero eso. -

Seimei haría cualquier cosa para vivir y ponerse en la vida que quería, si la situación lo obligaba. Estuviera donde estuviera. Lloraría, rogaría, apuñalaría espaldas o le declararía amor a la primera con cara de demasiado piadosa. Su vida valía mucho, él valía mucho, ¿qué clase de frase era esa cosa irracional de preferir morir? Pero Yuri no había terminado, no estaba quedándose en eso. Le agarraba el brazo, sus manos que habían estado sobre la tierra estaban sobre la camisa de sus lindas ropas de mayordomo... al laguz le costó toda su fuerza de voluntad no soltar un grito de sorpresa, aunque se le había salido ahogado, como una inhalación repentina. El motivo por el que podía contenerse era que no había contacto piel a piel, pero... era casi lo mismo y era horrible. Tierra. Suciedad del mismo suelo, en una ropa que él tenía puesta. Ya tenía escalofríos, se quería cortar la manga. Horrorizado, miró la mancha oscura quedando en la tela. -
Me lastimas... y me ensucias. - Su voz salió bajita y plana, pero sí, por supuesto que iba a actuar como si el brazo le doliera. Se desembarazó del agarre, y sujetándose el brazo desde un poco más abajo se alejó repentinamente. No escapaba de Yuri, sólo... tenía el agua clara de un río virgen justo ahí y tenía que sacarse esa mugre del brazo, tenía que hacerlo rápido, no soportaba quedársela. Se acercó al agua, agachándose con buen equilibrio. Mojó uno de sus pañuelos y con este frotó las marcas de dedos con fuerza. Diligente pero apresurado. Sin mirar a Yuri todavía, demasiado absorbido en eso, habló otra vez.

-
Así que en verdad eso es lo que quieres. Quedarte a vivir en este lugar para siempre. -

Sólo al ver que empezaba a sacar la mancha, mientras todavía todo estaba fresco, suspiró y lo miró por sobre el hombro. Su expresión era la de un hombre que acababa de ser atravesado por una lanza o algo así, herido gravemente, lastímero. "No ha sido tan malo, Seimei, no ha sido tan malo. Ya se limpia, calma, estás bien..." Tuvo que decirse. Pero era por cosas como esas que Gallia le desagradaba. ¡Era vivir en el fango, no importaba cómo lo pusieran! Le alegraba mucho, mucho en ese momento, tener motivo para decirle que no al pequeñito sin ponerse en su contra. Miró de él, al caballo nohriano con la armadura negra y dorada acomodada atrás.

-
Cariño, preciosura, yo tengo el deber de entregar la armadura que ves allí atrás, como te dije... un hombre muy noble y muy honorable la espera... tengo un rumbo que tomar. Que no es aquí. - Desvió la mirada un poco. Profundamente pensativo. - Pero... ¿me dejarías hacer sólo una cosa más contigo? -







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Mar Nov 28, 2017 10:48 am

No se podía creer lo que Seimei decía con palabras, lo que hacía con gestos. En su cabeza era incapaz de procesar que ambos habían seguido senderos muy diferentes en su ideología y deseos. Para Yuri, el laguz siempre había sido una fuente de confianza y necesitado cariño, un aura de protección en un mundo cruel y despiadado con los jóvenes como él. Los humanos detestaban a los branded, eran abominaciones. Le solían decir que tenía suerte de no haber sido abandonado al nacer, como el monstruo que era. Pero Seimei siempre había estado allí para él, evitando que cayera en una vorágine de odio y desprecio hacia sí mismo. La sociedad podía ser muy ponzoñosa si decidía que no encajabas en ella. Y, a pesar de no ser alguien aceptado en los círculos humanos, su condición de esclavo de lujo le había permitido conocer ciertas amenidades que de otra manera no habría logrado tener. Había despertado el deseo de otros por él. Nunca amor, por supuesto, porque Yuri era un marcado con un collar que lo ataba a la esclavitud, y a un ser tan inferior no se le podía amar. Era impensable.

Sin embargo, el bailarín había creído que Seimei nunca lo trataría así. Según él, los laguz eran diferentes a los humanos, porque en su limitada experiencia había visto que no se dedicaban a decidir quién era o no válido en base a unas aptitudes complejas como lo era la diferencia de clases. No, los laguz se valían por principios más simples y reales como que el más fuerte estaba arriba, y el más débil abajo. El fuerte protegía, y el débil era defendido, o dejado atrás, dependiendo de la situación. Yuri lo había vivido de primera mano durante sus largos años en la caravana. Los esclavos que duraban menos tiempo eran los que preferían la soledad, o eran demasiado altivos como para juntarse con branded y laguz. Los únicos que lograban sobrevivir así eran o extremadamente inteligentes, o sabían aprovecharse de las debilidades ajenas para subir en la escala. Por el contrario, el éxito de la supervivencia de aquellos con menos dotes intelectuales, era el apoyo del grupo, sin el que muchos habrían perdido la esperanza o las ganas de vivir.

Yuri no había tenido amigos por su carácter explosivo y su entrenamiento como bailarín, que lo alejaron de forma irremediable de los esclavos destinados a otros trabajos, pero tampoco es que se llevara mal con los demás. Al fin y al cabo, estaban en su misma situación, y esa clase de experiencias unían a la gente. Pero Yurio no les necesitaba. Tenía a Seimei, y Seimei le bastaba. A veces también se juntaba con laguz y otros branded, siendo menos común encontrar humanos al ser la denominada especie superior. Esto había sido más común desde la desaparición de su tutor, en un intento por no volverse loco. A veces los laguz le decían que olía un poco mal, pero acostumbrados a estar rodeados de mezcla de sangres, pronto el aroma pasaba a ser algo secundario. ¿Cómo era que ahora Seimei le repugnaba tanto que Yuri le tocase? Sabía que al gato no le gustaba demasiado los actos de afecto, algo difícil de evitar para el bailarín, una persona muy táctil cuando se sentía cómodo con alguien, pero nunca hubiera pensado que se tendría que lavar la zona donde le había agarrado, como si estuviera infectada.

No pensó que le diera asco la suciedad en ningún momento. Lo que él veía, era que se quitaba todo rastro de él del cuerpo, con la más pulcra rapidez posible. Fue como una bofetada para Yurio, verse rechazado de esa manera tan brutal por la única persona amiga que tenía en el mundo. Lágrimas se le juntaron en los ojos turquesas sin poder evitarlo, de pura frustración y dolor. Se miró las manos que habían agarrado el brazo del gato. Nunca hubiera creído que pudiera hacer daño con un cuerpo tan débil y menudo, aún en crecimiento. Le sorprendió de dos maneras diferentes: por un lado, se reprendió por haber herido a su ex-tutor, pero por otro, un orgullo salvaje se instaló dentro de sí, como quién siente satisfacción por una fuerza adquirida de la que no tenía conocimiento. Él no era débil. Él no era quién necesitaría protección dentro del grupo. No permitiría que nadie le dejara atrás. Él era fuerte. Y siguiendo ese hilo de sentimientos alejados de la moralidad, y producto del dolor, se dijo que, si Seimei lo abandonaba, lo justo era abandonarlo de vuelta.

Se lo merecía.

- Ten claro que lo haré. No pienso volver, incluso si no te quedas conmigo y prefieres irte con tus amigos humanos. Gallia siempre ha sido mi hogar, yo debería haber nacido aquí. – Daba igual cómo le llamase Seimei en ese momento, las palabras cariñosas que le dirigiera para aplacar su ira. Por primera vez, Yuri se reveló en contra de su amigo, al que había seguido fielmente durante tantos años. – Te engañas si crees que hay humanos nobles y honorables. Pero, venga, vete a llevarles esas armaduras para que traten de abrillantar la escoria que son debajo. Yo sé lo que son, y no me engañarán. – le retó, y recogió todas sus cosas con violencia. - Si tanto asco te doy, mejor que no volvamos a vernos nunca más. – seguidamente, añadió: Si tienes algo más que decirme, dilo ahora o calla para siempre. – se quedó en el lugar quieto, sin acercarse al gato y con una postura que indicaba que iba a salir corriendo en cualquier momento.

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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Vie Dic 08, 2017 11:15 pm

Seguía sujetándose el brazo como si le hubiera dolido que se lo apretaran, como si fuera una herida de verdad, aunque la verdad era que no habría ni moretón. Todo estaba en la mente del gato. La mayoría de sus problemas y sus excesivas necesidades sólo estaban ahí, pero quién podía mostrarle que se equivocaba cuando todavía era alguien tan funcional de ese modo... sólo se centró en recuperarse de sus preocupaciones. Volviendo su atención al jovencito que había estado tan callado en ese tiempo. ¿Qué le sucedía? ¿Se sentía débil otra vez o enfermo? Casi no se había movido pero la expresión en sus ojos era extraña, nunca antes vista, aunque el gato intuyó que algo no iba bien. No estaba disculpándose por usar fuerza, sólo estaba mirándolo de ese extraño modo y hablando como si... como si no elegirlo a él y a Gallia hubiera sido el paso que lo cambiaba todo. La línea dibujada en la arena. El felino de pefecto pelaje negro lo escuchó en silencio a medida que el muchachito branded comunicaba su postura. Quizás, en verdad había perdido la fe en Seimei a raíz de esa separación de caminos. Al menos sonaba así. Como si ya no hubiera forma de recuperarlo y ponerlo de su lado, todo perdido. El esclavo inhaló y exhaló con paciencia. "¿Entonces de qué me sirve comportarme así con él?" Pensó. Si ya era tarde...

-
Cielo, cielo... decidiste por el lado equivocado. - Le dijo, bajito y con cuidado. Ya no había motivo para ocultar lo que pensaba. En cierta forma era una ocasión buena, hacía mucho tiempo que no tenía la libertad de hablar como él quisiera y allí había algo que moría por decir. Siempre había disfrutado su trabajo instruyendo y criando a las demás criaturas, también había disfrutado especialmente sentirse único en los ojos del pequeño Yurio, escuchar sus palabras de frustración como también las palabras dulces según el día, ser lo que estaba ahí para él, presenciarlo, ver la explosividad de alguien cuyo corazón no era hueco y gélido como el suyo. Pero si el niño estaba eligiendo el lado que le parecía incorrecto, quería poder decírselo. Lo miró recoger sus cosas y en cierta forma no quiso que lo hiciera, parecía la decisión menos conveniente y segura que alguien hubiera tomado en su vida, pero ya estaba hecha. Ya sin sonrisa en los labios, sólo apacible como siempre, el esclavo mayor sacó de su alforja un pequeño paquete de papel envuelto. Algo que pensaba preparar para compartirle al cachorrito, pero en esas circunstancias, era mejor sólo dejárselo, algo que creía que necesitaría. No consideró inteligente acercarse al que tenía una espada en la mano, supiera o no supiera usarla, por lo que sólo llegó hasta la piedra en que había estado sentado hace unos momentos y dejó el paquete ahí. Era cobarde, sí, pero así sobrevivía bien.

-
Se trataba de algo que dejarte, en realidad. Puedes tomarlo o no~ - Se alejó un paso, mirándolo atento a los ojos. - Hierbas de té de salvia y equinácea. ¿Te he enseñado para qué sirve? Ayudará si alguna enfermedad de este lugar se mete en ti. No deberías morir sin tiempo de ver lo que sucederá... -

Lo que sucedería... eso era lo que moría por decir. Dejarle saber lo que venía era su forma de ser vengativo, porque nadie podía simplemente dejarlo así como así, no había dedicado su vida a ser perfecto y complaciente para quedar atrás a los ojos de nadie. Si Yuri se iba, que se fuera con la completa y desagradable verdad y pudiera internalizarla todo el tiempo necesario. Seimei volvió a subir a su caballo y sostuvo las riendas en sus manos. Mirándolo, volvió a suspirar. Grabó en su mente la imagen con la que se iría de Yuri, en ese paisaje natural, poco limpio, poco pulcro, no adecuado para él ni para nadie civilizado. Aunque no sonriera y su voz fuera la misma de siempre, en el fondo gozaba bastante de lo que podía decir.

-
Pequeño rebelde Yuri... sabes que los amos se acercan a cazar por la zona en esta época del año. Ahora que este lugar está tan mal, es el momento ideal para ellos, no tardarán en entrar y verdaderamente llevárselo todo. ¿De qué lado vas a estar en ese entonces? Yo sé cual lugar me corresponde, donde pertenezco. - Dijo. De hecho, sería él quien los acompañaría a Gallia. Bajó la vista a las riendas al moverlas y terminó con suavidad. - Y sí espero poder verte, en verdad. Adiós, corazón. -







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Yuri el Mar Ene 09, 2018 12:36 pm

Yuri no perdió de vista todo lo que hacía Seimei. Le juzgaba con esos grandes ojos aguamarina, que tanta ilusión habían depositado en su ex-tutor hacía tiempo, antes de que se separasen y sus visiones del mundo se truncaran en direcciones diferentes para siempre. Seguía sin creer nada de lo que salía de su boca, tan herido y confundido estaba por el cambio de acontecimientos. No había lado equivocado en la lucha entre los humanos y los laguz. Los primeros eran malos, repulsivos, egoístas y esclavizadores, carecían de las leyes básicas de comprensión y compañerismo que el bailarín siempre había asociado con la comunidad laguz. Y, en otro tiempo, con Seimei. Pero eso ya no era así. El rechazo del gato por su identidad marcada, como muchos otros habían hecho antes que él, lo hirió de forma profunda, y permanente, cuya herida se hacía más fuerte con los actos y palabras del otro.

Lo miraba con rencor, pero en sus orbes también se notaba el dolor, y la confusión. Otra persona se habría decantado por tratar de resolver el problema, entender lo que sucedía, pero el bailarín no era así. Se defendía contra lo que le causaba daño, y atacaba en consecuencia, pues su modo de ser, y su razonamiento, era sencillo, directo, y natural, más propenso a las emociones volátiles que a pararse a meditar. No se movió de su sitio y mantuvo la misma posición rígida y en tensión mientras el laguz se movía con el paquete envuelto en papel. Si le hubiera mostrado un objeto más punzante o de apariencia desconocida, Yuri hubiera emprendido la huida de inmediato. Una vez depositado en la piedra, Seimei volvió a alejarse, y a medida que lo hacía el bailarín se acercó al objeto, aunque no llegó a alzarlo hasta que su ex-tutor estuvo subido en su caballo.

Sin siquiera comprobar lo que había dentro, lo agarró como una pelota de barro y lo devolvió con todas sus fuerzas hacia el jinete y montura. - ¡No quiero nada tuyo! – gruñó, su grito tan fuerte que sobresaltó a varias aves que antes bebían y se bañaban tranquilas en los remansos del río. – Voy a sobrevivir sin tu ayuda, y sin ti. Y si vuelven los amos a por mí, o a por cualquiera que viva en Gallia, les mataré. – sentenció, y agarró su espada con fuerza, tanta que incluso sus nudillos se volvieron blancos. La alzó y la dirigió hacia Seimei, sus cejas fruncidas y una expresión de furia en su rostro delicado. – Y si tú vuelves con ellos, correrás la misma suerte. – sentenció, totalmente seguro de sus palabras, sin atisbo de duda en que cumpliría su promesa. ¿Qué podía hacer un niño flacucho y débil como él, contra un grupo armado de gente? Nada, por ahora. Pero solo debían esperar.

Se haría más fuerte, conseguiría mejorar con su arma robada, y le demostraría al gato que él era tan capaz como un laguz completo de vivir allí, que se podía crear un hogar entre los árboles, las piedras, y los ríos. La única manera en la que dejaría que los amos le llevaran de vuelta era con los pies por delante, y el corazón parado. Muerto, pero libre. No había un lado que elegir para él. Si bien apreciaba a una persona fuerte, y se sentía atraído hacia ellas, su corazón no perdonaría ni olvidaría a aquellos responsables de la miseria de su vida. Lucharía con lo que tuviera, con todo lo que poseyera y que estuviera a su alcance. Bajó la espada, pesada en sus brazos flacuchos, pero aún no la guardó. Se puso completamente recto, en una pose grácil que tan bien había aprendido en sus clases y retó a Seimei con la barbilla alzada. – Te odio. - Y tras decretar algo que no sabía si era verdad, de los sentimientos tan confusos que tenía en su interior, salió corriendo en dirección opuesta.

Le seguía doliendo el cuerpo, las piernas amoratadas y el cuello provisto de la gruesa argolla de metal. Podría haber utilizado los ungüentos medicinales que Seimei le había ofrecido, pero su orgullo le impedía mostrarse necesitado o débil ante él. A pesar de las molestias, se mantuvo ágil y rápido a medida que se alejaba del laguz y se internaba en los espesos bosques de Gallia. No sabría decir cuánto tiempo estuvo esquivando matorrales y sorteando traicioneras raíces, pero tras lo que le pareció una eternidad, se detuvo jadeando y con perlado sudor bajando por su sien, y sus mejillas. Hasta que no se encogió sobre sí mismo y dejó escapar un lamento, no se dio cuenta que lo que empapaba su cara también eran lágrimas. Lloraba por su amigo perdido, por las circunstancias de su vida, por la soledad a la que se había condenado.

Pero, quizás, estar un poquito más solo, le hacía ser un poquito más libre.
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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Jue Ene 11, 2018 12:19 am

Podía ser que el gato fuera todo lo contrario a Yuri, en algunas cosas. Al menos en manejar ese enredo, esa encrucijada en la que estaban metidos. Porque las emociones nunca hablaban primero en él, si es que aparecían siquiera. Para todo, Seimei mantenía la cabeza extremadamente fría ¿o cómo más habría podido llegar hasta dpnde había llegado en su vida de esclavo desde nacimiento? Tener la capacidad de pensar sin importar la situación era su única fuerza de verdad. En ese momento, no era distinto. No era natural su forma de seguir con ese rostro tranquilo en frente de alguien que estaba pasando por todo un abanico de emociones fuertes, era como una escena sin sentido, pero no había otra forma para el laguz. Racionalizaba. No lo rechazaba por ser de una forma o de otra, sí por elegir el bando incorrecto y eso era todo. Pacientemente miró la pequeña dosis de hierbas envueltas ser tomadas, lanzadas y caer al suelo sucio de tierra. Bueno, ahora de ninguna forma iba a levantar eso. Pero qué desperdicio, lanzar cosas buenas y todavía útiles así como así. No pudo evitar mascullar con reproche.

-
Solías ser más educado. - Suspiró y miró hacia el camino ya. Qué decepcionante.

Si Yuri lo fuera a atacar en ese momento, ya lo habría hecho. Además era más que hora de irse, no quedaba nada que hacer allí ni en ese país en verdad. Pero las palabras de amenaza que el pequeño le dejaba, lograban sorprender al felino negro un poco. ¿Era en serio? Uno no se sentía normalmente bajo peligro contra alguien como Yuri, menos estando hambriento y mal, pero... tampoco contra alguien como Seimei que se comportaba tan inofensivo y modesto. Sin embargo había matado en su vida. Subestimar no siempre era bueno. Además, le daba cierta espina de que era posible.

-
¿A mi también? Asi qué hay alguien que me mataría... después de todo... - Bajó la vista pensativamente. - Lo tendré en cuenta~ -

Y puso su caballo nohriano a caminar. Seguramente Yuri no sería el único. Pero bueno, así eran las cosas, otros esclavos habían odiado a Seimei en el pasado por motivos similares, por descubrir que no estaba del lado de nadie más que los amos y el suyo propio. Esa tigresa que lo había cuidado en el camino llegando a Gallia, si supiera el motivo por el que Seimei pasaba en primer lugar y a lo que volvería, tendría razón para querer matarlo también. Lo mismo todos los felinos que en ese momento lo vieran traer cazadores esclavistas. Lo mismo Yuri, a quien escuchó soltar palabritas de odio apenas el caballo había dado un par de pasos, aunque Seimei no mostró reacción. ¿Las personas con corazones funcionales podían llegar a odiar a quienes habían querido en algún punto? Se lo preguntaba con gran curiosidad. Lo importante era que, sin importar cuantos lo odiaran y pensaran en matarlo, él estaría a salvo tras los amos y también tras los escudos de su querido Nohr. No era tan importante juntar enemigos que al final desaparecerían, si estaba a salvo, y seguía haciéndolo todo por las amadas personas a las que servía. Nada iba a convencerlo de no entregarles a la población de Gallia en bandeja de plata, esa idea suya no se había movido. Podía tomar un tiempo, pero volverían con fuerza y con jaulas.







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Re: [Social] Un ayer que ya no existe. [Priv. Seimei]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 18, 2018 5:38 pm

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