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[Social] Las mejores conversaciones son inesperadas [Priv. Camilla]

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[Social] Las mejores conversaciones son inesperadas [Priv. Camilla]

Mensaje por Laslow el Miér Mayo 17, 2017 7:45 pm

Hacia horas ya que la noche había caído sobre el reino de Nohr, cubriendo todo de largas sombras y rincones donde la luz de las antorchas no alcanzaba. Las calles eran solamente iluminadas por el fuego que en sus manos llevaban los guardias locales, y en los bosques fugaces hogueras resplandecían como las estrellas en una noche sin luna. Solamente los hogares de aquellos con poder económico se podían permitir el tener una iluminación constante a pesar de la alta hora que era y, por supuesto, el castillo de la familia real no iba a ser uno que quedara sumergido en total oscuridad. Cada pasillo era tan claro como si el sol hiciera acto de presencia, iluminado por antorchas a cada pocos pasos, y en aquellos recodos donde no alcanzaba su luz, algún guardia se encargaba de llevarla portando una antorcha durante su ronda nocturna.

Por supuesto, las habitaciones estaban igualmente iluminadas,  y la mayor parte de ellas se encontraban en silencio absoluto, con el casual corretear de un ratón o el crepitar de las llamas aquellas que contaban con esa posibilidad, resonando estos sonidos como cristales rotos en una cocina. Sin embargo, y como en muchos casos, siempre hay alguna excepción que convierte en regla el resto de situaciones que alguien se podría encontrar. En algunas noches, esa excepción sería el remover de sábanas acompañado de risas, mientras que en otros serían quejidos y llantos producto del dolor y la desesperación. Y en aquella noche, era una situación más cercana a la segunda la que acababa con el silencio de la habitación del castillo destinada a ser una pequeña biblioteca secundaria donde se podría pasar el rato y charlar con tranquilidad.

En esa habitación, una figura solitaria se encontraba acolchada entre los pliegues de cuero de un gran sillón. Esa figura, como si fuera el fantasma de una historia de terror, expresaba ligeros gemidos y llantos cada poco tiempo, entre sorbo y sorbo de un té que hacía tiempo ya que se había enfriado pero que a él no le importaba, pues solamente cataba el amargo sabor de sus lágrimas, las cuales caían a cada poco en la taza de fina porcelana que sus dedos sujetaban de forma agitada. La tetera de porcelana que había en una bandeja a su lado, la cual se apoyaba en una mesita de madera decorada con maestría, ya no contenía líquido alguno, por lo que el joven se encontraba ante su última taza, los últimos amargos tragos de una amarga velada.

¿Cuánto tiempo llevaba allí Laslow, lamentando su mala suerte y la crueldad que Naga y Grima ponían en él por diversión? No sabría decirlo con exactitud, pues el tiempo había dejado de avanzar desde que regresó a la habitación una vez  su compañía ya no era necesaria para la noble extranjera que se alojaba en el castillo de forma temporal a causa de su visita al príncipe Xander. Y en cierta forma, tal vez fuera mejor así. Envuelto por la soledad a la que parecía condenado durante toda su vida, acompañado solo por una bebida destinado a dos que había quedado convertida en aquella donde uno ahogaba su dolor, aunque parecía que solo le sumergía más en él, hundiéndolo en la idea de que, sin importar aquello que hiciera, jamás encontraría a alguien con quien pudiera sentirse afín, jamás encontraría a esa dama a la que haría sonreír hasta que los días del sol terminaran y todo fuera noche en el mundo. Su propia compañía hasta el fin, a eso parecía destinado…

Otro sorbo a un té sin sabor, un sonido de hipo fugaz escapando de su garganta, nadie que le respondiera ni que escuchara su dolor en la noche de Nohr.
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Re: [Social] Las mejores conversaciones son inesperadas [Priv. Camilla]

Mensaje por Camilla el Lun Jul 31, 2017 12:58 pm

La mayoría de los pasillos se encontraban desiertos en comparación al ajetreo que los invadía cuando en Nohr consideraba que era de día. Incluso los sirvientes se habían ido a acostar una vez realizaron sus últimas tareas del día. Sólo quedaban en sus puestos los guardias soldado encargados de la vigilancia del Castillo Karkenburg; aquellos mandados encargados de velar por la seguridad de los que allí habitaban. Algunos quietos, de pie vigilaban las entradas a las estancias más importantes. Otros hacían rondas paseando, algunos con más seriedad que otros tomándose su trabajo. Cuando la princesa pasaba por delante los más despreocupados volvían a una posición bien erguida como si les hubiesen tirado fuertemente de unos hilos colgados del techo. Al pasar al lado de ellos les saludaba con su sonrisa elegante y casi perenne en el rostro. Una vez veían la larga cabellera morada alejarse los hilos invisibles del decoro desaparecían y sus espaldas se relajaban.

Camilla caminaba por los pasillos del castillo real despacio, sin ninguna prisa. Hacía un rato que se había tomado un baño relajante y su cabello aún se encontraba un poco mojado. La humedad hacía que su color morado fuese más oscuro que de costumbre, que potenciado por a la contraluz de las antorchas se acercaba al violeta tan negro del jugo que se sacaban de los arándanos y otras frutas silvestres. La gustaba ese tono para su cabello. Cualquier tono de morado le era de su agrado en realidad. Como siempre lo llevaba suelto y bien peinado por sus doncellas sin ningún nudo, sujeto con una diadema de metal negro que la función que mejor cumplía era ser ornamento. Le caía por los hombros y al continuar un poco mojado se pegaba a su forma. Para variar no vestía su armadura sino un vestido de un lila perteneciente a su gama cromática predilecta, algo holgado que disimulaba sus curvas y con apenas escote.

La quietud crepitante de las antorchas sin otro ruido que el producido por sus propios pasos y los de los guardias era satisfactoria. Se podría decir que ella estaba haciendo su propia ronda de vigilancia. La diferencia es que lo hacía por gusto y no por trabajo y que se preocupaba de unas personas en específico. Las dignas de su atención que se contaban con los dedos de las manos. Se pasaba cerca de las habitaciones, para preguntar si sus hermanas ya estaban acostadas. Se asomaba por la biblioteca y comprobar que Leon o Xander no se hubieran quedado dormidos ahí. Visitaba a Marzia. No era algo que dedicase todas las noches, pero sí de vez en cuando. En especial las noches en las que no conseguía dormir con facilidad. Aquel tipo de paseos la despejaba un poco.

También era un momento de silencio para reflexionar. O recordar momentos del pasado que volvían y se quedaban un rato revoloteando, como las polillas en torno a las antorchas. En aquella ocasión le vino del pozo de la memoria un recuerdo sobre su madre. Recordaba cómo había tirado de ella, enfadada, por aquellos pasillos. La había soltado un instante y aburrida de tirar de la niña llorosa. Sus pequeñas piernas no habían podido seguirle el paso. Se paró en ese instante viendo en su mente a su madre alejándose y dejándola sola. Como si hubiese ocurrido ayer. Ya no recordaba cuál fue la causa de ese enfado pero esa imagen se la había quedado cincelada. Apretó los labios y las manos delante de su abdomen. Respiró varias veces, regulando la respiración a un ritmo tranquilo. Cerró los ojos y esbozó una pequeña sonrisa susurrando una pequeña maldición a una persona que ya no existía en la vida de nadie. Gracias, Anankos.

Un sonido, similar a un quejido la interrumpió de sus pensamientos y recuerdos. Giró la cabeza a una puerta que tenía a la derecha la más cercana y pegó con cuidado la oreja a la madera.  Al otro lado notó el hipo de alguien lacrimógeno. Sabía reconocerlo, había consolado muchas veces a sus hermanos y sabía cómo sonaba la tristeza. Se preguntó quién sería. No era posible que fuese ninguno de sus hermanos. Le entró la curiosidad por saber quién podría encontrarse ahí dentro. Reconocía la puerta, era una pequeña biblioteca apartada, más un sitio para el esparcimiento que para el estudio. Tocó dos veces a la puerta y sin esperar a una respuesta acercó la mano al pomo y abrió.

¿Laslow? ㅡ Era más bien una pregunta de extrañeza para evidenciar su extrañeza, pues la luz que iluminaba el interior de la estancia no dejaba lugar a dudas del único rostro que había dentro. El leal vasallo de su hermano mayor sostenía una taza entre las manos. A la princesa no se le escapaba su expresión compungida y un camino hecho de lágrimas que empezaba desde sus ojos. ㅡ ¿Qué haces aquí escondido a estas horas? ㅡ Se internó un poco en el lugar sin llegar a soltar la puerta para cerrarla tras de sí. ¿Qué le provocaría ese desconsuelo? Aunque conociéndole ya empezaba a imaginar un porqué con probabilidad de acertar.
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Re: [Social] Las mejores conversaciones son inesperadas [Priv. Camilla]

Mensaje por Laslow el Miér Ago 02, 2017 6:53 pm

La taza de fina porcelana que sujetaba con ambas manos había perdido el agradable calor del té horas tras, y se había convertido con el paso del tiempo en un recipiente frío, al igual que el líquido en su interior y el ambiente de la habitación… O al menos así lo percibía el mercenario, pues a pesar de que las llamas aún vivían y danzaban en una de las paredes, el calor que emitían no alcanzaba a tocar su piel o sentidos. A su alrededor se había extendido una invisible capa que helaba todo lo que la atravesaba y envolvía sus sentidos en una pesada gelidez, haciendo que se quedaran atrapados en recordar no solo la conversación que había tenido lugar en esa misma sala con la doncella extranjera, sino todas y cada una de las situaciones de carácter similar por las que había pasado. Tantos rechazos consecutivos, tantas veces viendo como bellas damas giraban el rostro y le daban la espalda para no volver nunca a verle… ¿Cómo podía encontrar esperanza o felicidad en el mundo si aquello que le hacía feliz le despreciaba?

Un fugaz suspiro atravesó los labios de Laslow entre su rutinaria consecución de hipos, llantos y tragos de té, haciendo que esta se rompiera y pasara a ser una larga mirada al frío té con lágrimas que había en su taza. “Tal vez este sea mi destino…” Si era cierto lo que muchos decía, y los dioses dejaban escrito el camino que un hombre iba a recorrer por el mundo antes de que diera el primer paso siquiera, no tenía ningún sentido remar en su contra y pelear constantemente por una felicidad a la que jamás llegaría. -A lo mejor es el momento de asumirlo…- El extranjero habló de forma suave, pero con la voz rota por llevar horas en silencio y rasgada por haber llorado en la misma cantidad. El cuello de su camisa, único receptor del mensaje, habría captado la desesperación y dolor de un corazón roto si hubiera tenido orejas para escucharlo. Pero no las había, al igual que ningún objeto a su alrededor las poseía. Y con todos aquellos que las portaban a ambos lados de la cabeza, o tal vez solo uno, descansando en sus habitaciones, el dolor del guardia real era para sí mismo y nadie más, pues suya era la condena con la que debía cargar el resto de sus días desde aquel instante en el que había visto la realidad en el fondo de una taza de frío té.

El gemido de una bisagra rompió la burbuja de doloroso sonido en los oídos del espadachín. Y una suave voz apartó su mirada de la fría bebida para fijarla en la puerta de la habitación.

-Lady… ¿Lady Camilla?- Su voz se cortó brevemente a medio título, pues su mutismo temporal hacía imposible que hablara de forma continua sin sentir sequedad y ardor en la garganta… Pero poco le importo esto cuando comprobó como aquella figura que veía en la puerta no era una simple imaginación de su dolorida mente, sino que se trataba realmente de la hermana de su protegido, la dama mayor de la familia real nohria. -¡¿LADY CAMILLA?!- Como si hubieran atravesado sus posaderas con un alfiler de costura calentado en la forja durante horas, Laslow saltó de su asiento y tomó una posición vertical exageradamente estirada, con ambos brazos pegados a sus costados en vez de tomar su típica posición relajada con sus extremidades a la espalda. -Que… ¿Qué hacéis despierta a estas horas?- La sorpresa que era ver allí a la princesa había hecho que el protector de su hermano no se diera cuenta de sus palabras, por lo que repitió sin percatarse las palabras que la dama de pelo purpureo había dicho segundos atrás. -To… Tomad… ¡Tomad asiento! Dadme un segundo mientras avi... avivo el fuego.- Dándose la vuelta de forma inmediata, el espadachín se dirigió a la hoguera contenida en la chimenea de la estancia, hincando una rodilla en el frío suelo que había ante ella mientras buscaba algunos troncos que lanzar al fuego y la pica de acero con la que remover los mismos con seguridad.

Laslow llevaba a cabo una acción totalmente normal para la hora en la que se encontraban, momento en el que una brisa fresca solía recorrer los desolados pasillos del castillo y la ayuda de un fuego era agradecida cuando se estaba en un lugar fijo… Pero, por muy normal que fuera, se trataba de una acción innecesaria, dado que las llamas danzaban con la fuerza justa y necesaria para la situación a mano. Pero el mercenario no se había dado cuenta de aquello, pues a su alrededor aún estaba el frío abrazo de la desgracia que aprisionaba su mente. Y junto a esta razón estaba una mucho más sencilla: No quería que la princesa viera el estado en el que se encontraba, pues no consideraba necesario el guardia real que alguien como ella se preocupara por el estado de alguien como él, ¿pues de que serviría querer ayudar a alguien que no podía ser ayudado a la hora de cambiar un aciago destino ya escrito?
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