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[Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

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[Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Advari el Lun Mayo 15, 2017 2:14 pm

Advari comenzaba a sentir que alguien se reía de él, alguna diosa todopoderosa por ejemplo. Porque aquello no podía ser normal. Ahora sabía que era común toparse con un branded cada tanto, encuentros que eran violentos al parecer. El león no alcanzaba a comprender el porqué. Claro, apestaban raro, como a carne pasada o envenenada, y causaban cierta desconfianza, un cosquilleo en los instintos. Pero para alguien tan atrofiado en esos aspectos como lo estaba el pelirrojo, podía ignorar lo que sus instintos le gritaban a base de pura terquedad. Advari era muy tozudo cuando quería serlo, cosa que era la mayoría del tiempo. Y cierto branded de pelo azul le había enseñado que esos pequeños esponjosos carnitas pasadas eran adorables.

Como conejitos o lemmings.

- Una plaga, eso es lo que son, como los roedores- Al menos eran útiles y educados. Los que se había topado hasta el momento. Cosa curiosa, uno esperaría que fueran más como él, espinosos y agresivos. En cambio desnudaban de inmediato sus cuellos e intentaban congraciarse con él. Cosa que encontraba muy divertida y la mar de útil. Menos amenazas y esfuerzo para él.

Y eso significa que saben quien es el jefe . Y cuando ponían a un branded al lado de un león era muy claro quién llevaba las de ganar. Al menos con los dos que se había topado hasta el momento. Pequeñas cosas flacas tan indefensos. Resopló y olfateó con más insistencia en un grupo de matorrales a los pies de un gran árbol.  Había algo picante en ese aroma, además de lo usual. Felino.

- Y pasó por aquí hace no mucho tiempo- que con su habilidad autodidacta podría significar hasta tres días sin que hubiera lluvia de por medio. Si estuviera en su forma leonina podría decirlo con más certeza, pero prefería no agarrar más pulgas por el momento, y su forma felina era un imán para los bichos. En cambio decidió ser mas directo al respecto.

- Sal~ Sal ¡de donde quiera que estés!~ - Alzó la voz, llamando a los alrededores. A lo lejos se escuchaba el crujir del fuego sobre la madera húmeda del bosque y el viento comenzaba a traer algo de humo, arrastrándose como serpientes sobre el suelo y subiendo despacio hasta el nivel delas pantorrillas. Eso confundía sus sentidos aun mas. Y empezaba a agradecer no haber tomado su forma bestia.
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Yuri el Lun Mayo 15, 2017 5:54 pm

Yuri estaba agotado y hambriento. El bosque de Gallia podía llegar a ser salvaje y despiadado, y mucho más con los recién llegados que no conocían sus caminos y recovecos. Tras la primera sensación de bienvenida por los altos árboles, y la ilusión de dejar atrás Begnion, el joven bailarín había sentido que podía comerse el mundo, no solo por el hambre voraz que tenía, sino también por la alegría de sentirse por fin a salvo de los grilletes y las cadenas de los amos esclavos. Aun así, no se había permitido bajar la guardia demasiado, pues suponía que sus anteriores señores lo estarían buscando como los buitres carroñeros que eran. Habían pagado una fortuna para educar a Yuri a ser un bonito objeto decorativo, con el que viejos nobles sin escrúpulos pudieran divertirse; para ser un bailarín de ballet que pudiera competir con los mejores; y para ser frágil y bello, digno de admiración por sus rasgos delicados y su habilidad al bailar. No dejarían que una mercancía tan preciada escapara de entre sus dedos con tanta facilidad. Le buscarían hasta en el fin del mundo, de eso Yurio estaba seguro.

Ese miedo a volver a ser atrapado le había obligado a internarse aún más en la espesura del verde y frondoso bosque de Gallia, a la espera de poner el mayor número de millas entre él y su antigua caravana. Esperaba encontrase a laguz felinos de un momento a otro, pero su suerte había sido nula hasta el momento. Casi parecían tierras desérticas por la poca cantidad de seres vivos que había podido ver salvo plantas y algunos roedores pequeños y pájaros. Casi como si todos hubieran huido de allí, lo que Yuri no podía explicarse. Supuso que quizás estaba siendo muy ruidoso, que lo era, y que por eso les estaba ahuyentando. Por alguna razón eso le hizo sentirse bien y mal consigo mismo. Mal porque tenía hambre y la presencia de algún animal más grande o la de civilización podía menguar eso; y bien porque debía de ser algo imponente para que todos se apartasen de su camino. Como si fuera un tigre completo. El pensamiento le hizo sonreír orgulloso.

Ni siquiera se le pasó por la mente que pudiera ser la presencia de los emergidos la que provocase tal soledad en el exuberante paraje. Cuando oía pasos, o el ruido de metal contra metal, Yuri corría a esconderse como mejor pudiera. Había descubierto que la opción más segura eran las copas de los árboles, tan pobladas de millones de hojas, y protegidas por tal oscuridad que incluso un ojo atento tendría difícil el discernir algo con la poca luz que traspasaban el techo verdoso. Ayudaba el hecho de que Yurio vistiera con ropa sucia, y que la capa que se había agenciado al huir fuera negra, de modo que tenía una doble protección que era necesaria puesto que incluso en la sombre sobresalía con su pálida piel y su cabellera rubia. Su agilidad y flexibilidad le permitían ser rápido en escoger un escondite bien alto, o en algunos casos bajo algún matorral muy bajo en el que solo cabría una persona tan delgada como él.

Ashera debía de estar protegiéndole, o alguna deidad del bosque, para no haber sido descubierto aún a pesar de que dejaba rastros casi obvios en el suelo, nacidos de sus patadas al apartar vegetación, y de su uso continuo a su espada robada, con la que cortaba ramitas molestas. Por suerte, la lluvia borraba cada día sus pisadas, y las continuas batallas libradas en la totalidad del lugar hacían de sus acciones algo normal en el paraje. Bien podría haber sido un emergido el que pasaba por donde él pasaba, arrasando con todo. El bailarín nunca había aprendido a respetar la naturaleza, de modo que no lo hacía. Aún tenía mucho en lo que instruirse respecto al mundo “libre”, y él lo sabía, aunque no lo admitiera en voz alta. Para empezar, sería provechoso aprender a cazar, porque su estómago pedía carne y no podía estar alimentándose de frutos silvestres toda la vida. Al menos su apetito estaba más o menos calmado, habiéndose comido casi todas las jugosas moras negras de un matorral con el que había dado con éxito.

Con un regusto dulce en los labios, Yurio miró al cielo que se filtraba entre algunos árboles, y decidió resguardarse porque las nubes parecían de tormenta. Encontró un tronco viejo y hueco, con forma de tienda de campaña cónica. Tenía una entrada extremadamente pequeña y baja, casi a ras de suelo, pero, tras arrastrarse un poco, logró meterse en el interior, seco y seguro. Durmió acurrucado, pasando frío, pero al menos estaba resguardado de la lluvia del exterior. Horas después despertó. Confundido, miró a su alrededor para saber qué le había levantado de su sopor, pero solo pudo ver una masa grisácea que frotaba a su alrededor y que le ahogaba. Comenzó a toser, privado de aire y haciendo grandes aspavientos para lograr hacerse con algo de oxígeno, pero el humo era muy espeso. Con dificultad se arrastró por el suelo para salir del tronco, llevando a cuestas su diminuto macuto robado, y al salir fuera comprobó lo que ya suponía.

El bosque ardía.

Había largas lenguas de fuego por doquier, y gruesas nubes asfixiaban la vida de alrededor. Con los ojos llenos de lágrimas, tosiendo de forma permanente y con la cabeza embotada, Yuri comenzó a correr como un loco hacia el único claro que veía en el círculo de fuego, a punto de cerrarse. Sus piernas, su miedo, y su agilidad le hicieron ir como una flecha, sin apenas sentir como se chocaba contra ramas y piedras, sin sentir más dolor que el de su pecho, ni más escozor que el de sus ojos. En su huida, escuchó el familiar ruido metálico que indicaban que había emergidos en las inmediaciones. Entró en pánico y se lanzó en un frenesí hacia delante. No miró atrás, solo adelante, con la intención de escapar lejos. No había ido a Gallia a morir, había ido a vivir. No dejaría que le mataran los asquerosos emergidos cuando acababa de recuperar su libertad. Pero era tarde, Yuri ya era una presa de caza.

Fue cuando el aire se volvió algo menos cargado de humo, que escuchó una voz que parecía llamarle. Que le instaba a ir con ella. Se quedó un momento estático en su sitio, con los ojos llorosos abiertos de par en par y la sangre helada en las venas. No podía ser. No podían haber dado con él con tan relativa facilidad. Sus antiguos amos no habrían sido capaces de rastrearse tan rápido. Pero no encontraba otra explicación. Su cuerpo comenzó a vibrar con adrenalina del absoluto terror que sentía. - ¡NO ME ATRAPARÉIS CON VIDA, HIJOS DE LA GRAN PUTA!, ¡NO VOY A VOLVER A BEGNION! – Gritó a pleno pulmón a pesar del dolor, un bramido desafiante y fiero, que costaría pensar que provenía de un cuerpo tan delgado como el de Yuri. Debía demostrarles que no era débil, que no volvería a ir enjaulado a Begnion para ser el nuevo juguete de un pérfido amo que deseaba utilizarle de todas las maneras posibles. Emprendió la huida en una nueva dirección, en perpendicular a la localización de los emergidos y la de los que él suponía que eran los maestros esclavistas. Antes prefería morir que volver con ellos. Pero antes pelearía. Sujetó con fuerza la bolsa en la que llevaba su espada, que blandiría en caso de que se encontrara con un enemigo de frente y no pudiera escabullirse a algún lado. En su cuello, la pesada argolla de metal, como un enorme collar de hierro, le ahogaba y le provocaba rozaduras en los hombros, pero Yuri no se detenía, seguía adelante con tremenda determinación.
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Advari el Dom Jun 11, 2017 4:08 am

El felino comenzaba a mosquearse. Primeramente porque el viento había aumentado un poco y ahora había humo por todas partes, lo cual detestaba incluso cuando él lo provocaba al armar una fogata para comer. Segundo, había humedad con el humo, lo cual hacía que se pegara a su cabello y piel; y encima de eso le hacía apestar como un pellejo viejo y ahumado. Tercero, el humo picaba su nariz y sus ojos. Gruñó y resopló con fuerza, su nariz se arrugó varias veces mientras hacía lo posible para despejar su olfato. Las orejas peludas se pegaron contra su cabeza. Con todo y el inconveniente humo, no dejaba de sentir el aroma invasivo de un branded y si bien era paciente, comenzaba a sulfurarse por la falta de cooperación de parte del supuesto invasor.

¿Por qué siempre se lo ponían todo tan difícil? estornudó y frotó su nariz con su mano un par de veces para despejar un poco su olfato, el paso de sus dedos dejó algunas manchas en su rostro en color oscuro. Suciedad y algo de sangre vieja que se quedaba pegada de vez en cuando en sus dedos. En ocasiones no se molestaba mucho por ser muy higiénico. Cuando uno mataba emergidos o cazadores humanos, era más interesante comer rápidamente, llenar la panza y cambiar de ubicación antes de que más enemigos rondaran por ahí.

Era lo sensato. Por eso, cuando empezó (encima de todo el humo) a escuchar algo metálico a lo lejos, el muy reconocible sonido de armaduras; la situación se volvió más aprensiva. Ya no era simplemente encontrar al intruso, ahora tenía que esquivar soldados o emergidos. Con su suerte serían emergidos quemando más bosque. El aumento de humo evidenciaba eso.

No puedo quedarme a buscar a un mocoso o mocosa medio laguz .

- Si no sales voy a romperte el cuellito escualido y... - comenzó a amenazar pero se detuvo cuando sus orejas atraparon una voz que podría ser masculina o femenina gritando algo no tan lejos. Con todo y sus sentidos, entre los árboles y el creciente ruido de armaduras, el sonido de la voz rebotó irregularmente, llegando a Advari las palabras entrecortadas y con un mensaje muy diferente al que era inicialmente.

NO ...E ATRAPARÉIS, HIJO... DE … PUTA!

El laguz se erizó, aun en su forma humana sus partes animales delataban su indignación, las orejas contra el cráneo y la punta del rabo sacudiéndose de un lado a otro como si fuera a golpear a alguien con él. Abrió y cerró las manos en puños y las garras se clavaron en sus palmas. Que Naga se lleve a este mequetrefe .
- ¿En serio pequeño mierda? ¿En serio? bien, yo iba a ser amable, pero a la mierda - Porque la madre fortuna odiaba al pequeño rubio. Solo por eso las palabras rotas formaron la peor frase posible. Cambió a león en un respiro. Sus patas con garras hundiéndose en la hojarasca y las orejas irguiéndose en dirección a la presa que escapaba a toda carrera. Sus pasos pesados comenzaron despacio antes de arrancar en plena carrera tras el jovencito. Pronto fue capaz de ver la delgada silueta de rubio cabello. Tan delgado que si le embestía rompería su cuello. Y no quería eso. Gruñó bajo en advertencia antes de usar su impulso para correr por delante de él y bloquear su camino.

waaaa:
Sorry sorry sorry
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Yuri el Dom Jun 11, 2017 12:50 pm

Yuri corría como alma que llevaba la parca. Sus oídos pitaban, sus ojos lloraban, y toda su garganta le escocía por haber inhalado tal cantidad de humo con anterioridad. El claro surco de las lágrimas, provenientes de sus orbes turquesas, estaba marcado en su rostro mugriento, pues por allí por donde había corrido el agua salada la suciedad había sido limpiada. Sin embargo, y a pesar del terror en todo su lenguaje corporal, el bailarín no se rendía. Incluso si temblaba y las piernas amenazaban con fallarle, y apenas lograba ver por dónde iba, no se detenía en su huida. Ni siquiera sabía en qué dirección estaba yendo, solo se movía lejos de aquellos que deseaban atraparle a toda costa: los esclavistas que le habían seguido desde su escapada en Begnion. Podía escuchar sus voces con total claridad en su cabeza, a pesar de que no existieran en la realidad, pero su miedo era tan grande que le jugaba malas pasadas. Para un observador independiente de los acontecimientos, y que viera la situación desde la imparcialidad, Yurio era un cervatillo huyendo del gran león feroz.

Sin embargo, el branded no era consciente de que aquel que le perseguía era un laguz, sino que creía, y hasta le parecía oír, que se trataba de sus antiguos amos. Esta confusión de debía al ruido de los emergidos, cada vez más próximos por un lado, a la existencia del fuego que había nublado parte de sus sentidos, y a los propios fantasmas en su cabeza. Llevaba toda su vida enjaulado, controlado por cadenas, látigos y amenazas de lo que le sucedería si osaba huir de ellos. Había logrado la libertad física de su cuerpo, pero su mente aún tardaría un poco más en desligarse de tantos años de forzado cautiverio. El pesado collar de hierro en su cuello le recordaba continuamente lo que había sido hasta hacía poco. Al correr le ahogaba al darle contra la nuez de la garganta, y su peso le provocaba tales rozaduras y cardenales que cada nuevo paso era un suplicio. Las heridas sobre sus hombros y alrededor de su fino cuello eran visibles a través de la camisa sucia, cuyos botones superiores estaban desabrochados. Su tela blanca, antaño de buena calidad, ahora era de múltiples colores que se mezclaban con el rojo de la sangre de la fricción de la argolla.

Pero estaba loco si algo como eso le iba a detener. Si algo era Yuri, era terriblemente determinado. A pesar del hambre, del cansando, del pavor, se movía por el bosque de forma ágil y suave. Empleaba las ramas bajas para impulsarse hacia delante cuando había algún obstáculo en su camino, y sorteaba sin problemas las piedras y las raíces del suelo, traicioneras para aquellos de reflejos más cortos, o menos flexibles y rápidos que él. Si tan solo encontrase un lugar en el que esconderse, estaría a salvo, o eso creía él. No obstante, mientras corría con todas sus fuerzas, jadeante y con la frente perlada de sudor, cometió un error: miró hacia atrás. En los segundos que tardó en volver la vista al frente, chocó de forma frontal contra algo duro, cuyo impacto le mandó un buen metro hacia atrás. Cayó al suelo de espaldas, su macuto perdido a un lado, y su capa, hecha un trapo, al otro. En su escape del fuego, de los emergidos, y de los supuestos esclavistas no había tenido tiempo para colocársela de nuevo, así que la había llevado junto a su bolsa hecha una bola de tela negra.

El choque le sacó todo el aire de dentro. Ahogándose con el propio collar de hierro, Yurio se arqueó en el suelo y se llevó las manos al trozo de metal para tratar de apartarlo de su garganta todo lo posible, por mucho que le doliera así la nuca. Tomó bocanadas de oxígeno como si se estuviera ahogando y tosió un poco. Mierda…- Farfulló. Estaba algo desubicado y le dolía la frente, la parte que se había estampado contra lo que fuera que había estado en su trayectoria de escapatoria. Esperaba un árbol o algo así. Parpadeó un poco, liberando a sus ojos de un poco de la neblina de confusión, y frunció el cejo antes de fijar la turquesa mirada al frente con agresiva recriminación. Grande fue su sorpresa al ver que se trataba de un león. Pero no un animal cualquiera, sino un enorme laguz felino que bien podría triplicar su propio cuerpo. El bailarín se quedó por unos momentos mudo, su expresión siendo una de admiración, asombro, y desconcierto. Después de tantos días de búsqueda, ahora encontraba a un laguz. El destino debía de estar jodiéndole. Un gesto de mal humor volvió a su rostro. Si bien estaba feliz por haber hallado a un felino, ¡no era el momento adecuado!  

- ¡No seas idiota!, ¡Lárgate de aquí!, ¿Es que no has escuchado a esos cabrones? – exclamó desde el suelo, su voz algo ahogada aún, antes de hacerle un gesto como para ahuyentarle. - Vienen a por mí, pero si te encuentran conmigo seguro que te llevan con ellos también. – porque una cosa era tener un branded esclavo, a un laguz esclavo. El precio por los últimos se incrementaba en amplias cantidades. Si se podían hacer con el león, cosa que Yurio no dudaba porque había visto con sus propios ojos como eran capaces de apresar a decenas de personas de una tacada, no dudarían en hacerlo. Si había algo que no deseaba era que uno de los suyos saliera perjudicado por él. Era egoísta, pero sabía a quién guardar lealtad. En un mundo poblado por alimañas humanas, los únicos de confianza eran los laguz. El todavía necesitaba un par de segundos para recuperar el aire, y buscar un escondite. Por suerte, aún no habían llegado a ellos ni los esclavistas, ni los emergidos, así que al menos algo de tiempo había ganado.

Collar de metal:
¡Esto es lo que Yuri lleva al cuello! Pero sin la cadena, esa ya se la arrancó (?) Y no te preocupes, ¿a quién se le ocurre de primeras amenazar a una voz que no sabe de quién es? Ah~ Yurio no sabe el concepto de "selección natural" (?)
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Advari el Jue Jun 29, 2017 11:15 pm

Le vió caer de espaldas al chocar contra su cuerpo y vaya que verle agitar las extremidades fue muy satisfactorio.  Un gruñido se mezcló con un ronroneo de autosuficiente mientras hinchaba el pecho con orgullo al notar la mirada entre sorprendida y atemorizada. Si, justo así es como debes verte pequeño bicho de carnita apestosa.

Observó a la alimaña que le había insultado con desdén, sus pupilas estrechas y fijas en la figura menudita. ¿Qué mierda traía en el cuello? se inclinó un poco para observar y gruñó al reconocer un collar de esclavo, él mismo había tenido grilletes pero nunca una basura tan gruesa como esa (claro que sería contraproducente si le querían cambiando a su forma león para las peleas). Ahora, si tan solo supiera de dónde había salido esa alimañita. Le dejó retorcerse de dolor un poco sin mover una garra para ayudar, era más probable que le lastimara si lo intentara y aun estaba luchando con los instintos que le decían que debía alejarse del medio laguz o destriparlo. Nadie le decía que hacer, ni siquiera esos cosquilleos y alarmas en su interior.

- ¡No seas idiota!, ¡Lárgate de aquí!, ¿Es que no has escuchado a esos cabrones?
- Vienen a por mí, pero si te encuentran conmigo seguro que te llevan con ellos también.

Y claro, si sus propios instintos no mandaban sobre él, sin duda el chiquillo menos. Resopló burlón al escuchar tales palabras. Las orejas se irguieron para prestar atención a los sonidos que hacían los emergidos más allá, pero aparte de eso no se movió, al contrario, clavó las garras en el suelo. ¿Él huir? ¿Cuando estaba en su propio terreno? no había manera.

- ¿Tienes miedo a unos cuantos emergidos?- resopló de nuevo despectivamente en su dirección. La voz leonina era grave y gurutural, algo rasposa como si no estuvieran hechas las cuerdas vocales para tal cosa como el habla. - ¿Para qué has venido aquí entonces? Gallia está llena de estos bichos- señaló el humo y el fuego que rápidamente se esparcía. Era una pena, estaban en una zona semiseca, normalmente el fuego se expandía despacio gracias a la humedad de la selvática flora humera, pero habían sido unos días malos, poca lluvia y mucho fuego.

- No estorbes entonces- gruñó el reproche cuando alcanzó a ver las primeras figuras armadas recortadas contra el fuego. Recordaba bien el grupo que se había topado con Alim en el bosque de Serenes ¿sería un modus operandi? un grupo de magos blandiendo el fuego en todas direcciones.
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Yuri el Mar Jul 11, 2017 8:12 am

Yuri se enfadaba con facilidad. No tenía paciencia, y su orgullo y vanidad hacían que su temperamento pudiera explotar como una antorcha en medio de un campo de trigo seco. La felicidad por haber encontrado a un felino, y uno de aspecto fuerte además, no fue suficiente para que el joven bailarín evitará poner una mueca de desagrado cuando el laguz se burló de él. Para empezar, se había tomado las molestias de advertirle de un peligro del que el otro no parecía ser consciente, y a cambio había recibido una pullita sobre si acaso le daban miedo los emergidos. Yurio sabía que no debía cruzarse con ellos, por lo que trataba de evitarlos en la medida de lo posible. No era estúpido, en su estado actual y con sus mínimas habilidades con la espada no podría ganar él solo contra un pelotón de feas criaturas. Lo que le quitaba el sueño no era ese ejército aparecido de la nada que arrasa países enteros, sino personas de carne y hueso que portaban cadenas y grilletes. Humanos.

Solo pensar en sus antiguos amos le hacía temblar y tener ganas de vomitar, pero tenía mucho más orgullo que instinto de conservación, por lo que solo frunció el ceño y escupió: ¿Qué dices? A mi no me da miedo nada. - mintió. Tosió un poco y miró hacia atrás, tratando de vislumbrar en la senda a los maestros esclavistas que le habían seguido la pista. En su lugar solo pudo ver fuego y escuchar las fuertes pisadas de los emergidos que le habían seguido también como un cazador rastrea a un cervatillo. Le ardían los ojos. - Y mucho menos los emergidos. - añadió, y frunció las cejas rubias como si la mera idea fuera la mayor estupidez jamás escuchada. Su garganta le raspaba, y se notaba en su voz al hablar. - Para tu información, también me siguen unos cerdos esclavistas. Tú eres libre de quedarte y que te atrapen, pero yo me largo de aquí. No tardarán en llegar de todas maneras, no les habrá gustado que les haya llamado hijos de puta. - se incorporó del suelo y con el dorso de una mano sucia se frotó las dos mejillas, por debajo de los ojos, por dónde le habían caído algunas lágrimas al quedarse sin aire. El movimiento dejó su cara aún más  manchada de arena negra. Sus ojos turquesa brillaban con fiereza, fijos en los del contrario, casi retando al león a que le dijera de nuevo que era un cobarde. Así se había tomado Yuri sus palabras. No podía dejar que los laguz pensaran que era un gato asustadizo, sino que debía demostrar que era tan valiente como ellos.

Aún así, no podía evitar estar preocupado porque los amos no habían hecho acto de presencia hasta el momento. Era posible que el bailarín los hubiera perdido en el bosque o que se hubieran encontrado ellos con los emergidos antes que él, pero la incertidumbre lograba levantarle los pelos de la nuca y hacerle entrecerrar la mirada con cierta desconfianza. Se giró por completo para observar los árboles por los que había llegado, dando la espalda al león. Cualquier otro no habría osado en hacer algo así, pero a Yuri nunca le habían dado miedo los laguz, sino que había aprendido que eran las únicas personas de las que podía fiarse. Ni siquiera parecía inmutarse porque el laguz fuera enorme, mucho más que él, y de aspecto peligroso. Al contrario, inocentemente sentía su espalda mucho más resguardada así. Lo que no evitaba que no siguiera enfadado por las burlas del otro, que no paraban de llegar. Volvió un poco el rostro hacia él. - Estoy en Gallia porque quiero. - replicó, a la defensiva. Cualquiera podría ver y suponer que era un fugitivo por lo que había dicho y lo que llevaba al cuello. - Yo debería haber nacido aquí. - lo último casi lo musitó, como si fuera una confesión. Dándose cuenta de que lo había dicho en voz alta, sus mejillas se ruborizaron, arrugó las cejas, y decidió recoger sus cosas del suelo.

Había declarado que se iba a ir antes de poder salir herido o acabar atrapado de nuevo como esclavo, pero Yuri era débil contra las provocaciones. Las insinuaciones por parte del león de que era un cobarde o un estorbo le habían herido profundamente el orgullo. Le gustaba pensar de sí mismo que era muy valiente y talentoso, y aunque si un humano le hubiera dicho algo de eso le habría ignorado o replicado de la forma más grosera posible, con el laguz no iba a ser así. Tenía que demostrarle que se equivocaba. Además, si peleaba junto a un león tan grande y de aspecto poderoso, estaba seguro de que podrían vencer. Esperaba que los amos no les encontraran, de todas maneras. Mejor sería si nunca más tuviera que verles en su vida. Salvo, quizás, para cobrar su venganza. Fuera como fuera, dejó de pensar en ello y escondió sus pocas pertenencias robadas detrás de un matorral cercano. Sacó la espada que se había agenciado al escapar, y que llevaba envuelta como un fardo más, y la alzó a duras penas con dos manos. Era un objeto muy pesado en manos de un bailarín tan delgado como él, y su fuerza había ido menguando a lo largo de los días por la falta de comida, el estrés, y el cansancio. Hacía unas jornadas la había estado blandiendo contra las plantas, pero ahora le costaba hacerlo. No por ello desistió. Al ver las figuras de los magos acercarse, puso una pose combativa, o más bien lo que él supuso que lo era, ya que nunca nadie le había enseñado el arte de la guerra, y le dijo al león: Me quedo para que te comas tus palabras. No me estorbes tú a mí. - y dicho esto, se lanzó contra los emergidos con el arma en alto, un grito beligerante, y una actitud que parecía más bien la de un loco suicida.

Los magos no tardaron en reaccionar. Uno de ellos leyó el libro que llevaba en las manos y una bola de fuego fue disparada contra el  branded, que al ver tal ataque se tiró al suelo, apenas sorteando la llamarada por los pelos. - ¡¿Que coño ha sido eso?!, ¡¿Pueden lanzar puto fuego?! - estaba atónito. Uno de sus antiguos amos había sido un mago de aire, un hombre pusilánime y estúpido que apenas sabía hacer la O con un canuto, pero nunca había visto uno que hiciera aparecer llamas. Había supuesto que por llevar libros serían débiles, pero eso cambiaba las cosas. Tuvo que rodar por el suelo y escudarse tras un grueso árbol para que no le diera otra ofensiva, que comenzó a prender la maleza seca a su alrededor. Se apartó de un salto y tosió, el humo entrando en sus pulmones a borbotones y provocándole un picor desagradable en la naricilla.
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Advari el Dom Sep 03, 2017 2:00 am

Prestó poca atención a lo que hacía el rubio, más ocupado preocupándose por cómo deshacerse de los invasores humanos y emergidos. ¿Cazadores y emergidos al mismo tiempo? al menos los que estaban ahí frente a ellos en ese momento parecían solo emergidos, eran muy tenaces y tercos, y fuertes, y muy poco satisfactorios de matar… Si, hubiera preferido humanos, chillaban más bonito que los emergidos, pero no podía escoger. A menos que use al medio gato como carnada. La idea pasó por su cabeza y fue bastante tentado; tenía algo de mérito, pero le obligaba a lidiar con el apestosito más de lo deseado, mantenerlo vivo el tiempo suficiente, cuidar que no se escabullera de su deber, y luego convencerlo de que ser la carnada que atrajera a los cazadores en cierta dirección era también algo que le convenía. Humm, decisiones, y más jodidas decisiones, podría ser . El mundo estaba llena de ellas y Advari no era el laguz más ingenioso, era fuerza bruta, pero bastante ingenuo y en ocasiones hasta idiota con su tozudez.

Finalmente prestó algo de atención al rubio.

- Tsk, como si los esclavistas pudieran atraparme. Aceptalo enano, estás temblando en tus piernas flacas, apestas a miedo y me quieres contagiar con esa horrible enfermedad. Soy un león orgulloso, no le temo a los jodidos humanos de mierda y si realmente fueras un laguz tampoco les tendrías miedo- gruñó entre dientes, la idea le erizaba el pelaje y el rabo ondeaba con sacudidas cortas a sus espaldas. No era un león feliz con tal insinuación. Era Advari, salvaje ex-gladiador, no volvería a las cadenas y al contrario de ser un minino asustado huyendo de los esclavistas, el león los buscaba, los cazaba entre los árboles espesos. Era su venganza.

Si, algunas veces tenía tropiezos, como esa ocasión en la que el dragón tuvo que darle una pata y algo de aliento dragonino para deshacerse de los invasores. ¡Pero su valor no disminuye por eso!

- Puedes oler a medias como un gato, pero obviamente no eres un gato del todo, no tienes la actitud, no hay lugar para cobardes en Gallia.- olfateó en su dirección para remarcar el punto del aroma. Era uno de esos bocadillos apestosos, no un laguz completo. Y no podía respetarlo si le hablaba de huir en vez de lugar. Sabía de retiradas estratégicas, pero no se marcharía sin ver siquiera a sus enemigos a los ojos, retirarse sin intentar atacar era de cobardes.

Y Advari no era y nunca sería un cobarde. Y no tenía ningún reparo en llamar a Yuri uno.

Además, cinchar al otro para que tuviera esas expresiones tan divertidas era muy satisfactorio. ¡Ja! y creía que por llamarse laguz a si mismo o ciudadano de Gallia merecía algo ¿respeto acaso? no, eso se ganaba a pulso. O simplemente era otro invasor.

- Si vienes a buscar refugio y ser una carga más, ya sabes lo que pienso de eso- y ya podía ver a los emergidos de cerca. Su enorme cuerpo leonino era un blanco fácil para el fuego, retrocedió lejos de su alcance y parcialmente cubierto por un árbol para observar cómo quemaban con total libertad su selva. Gruñendo por lo bajo empezó a rondar, lo detectaron claro, pero eran más listos de lo normal y no separaban el grupo para atacar mientras otros seguían  con su misión, sólo continuaban quemando.

Y quemando. Odiaba esos malditos tomos de mago, solo a su pequeña princesa le había quedado bien hacer magia. ¡Y vaya magia!. Fue entonces que escuchó el grito del rubio y no pudo reprimir una carcajada cuando entró en el rango de ataque y fue recibido por un flamazo.

- Si traen un tomo son magos, niño. Y esas mierdas pueden lanzar fuego, y otras porquerías desagradables si te descuidas- Al menos demostraba tener pelotas al fin. Más satisfecho por ese descubrimiento, ronroneó en medio de su gruñido y se pasó a su lado. - No te separes mucho mocoso, puedo protegerte un poco de eso con mi velocidad, pero tendremos que separar al menos a uno para que puedas acabar con él mientras distraigo a los otros dos- y sería más sencillo si rompían la formación de los emergidos. Dos magos, un lancero. Desagradables lanceros. - Lidia con el que no tiene un librajo. Al menos solo tendrás que cuidarte de no lanzarte de cabeza o pecho contra la punta afilada- y sin más aviso se lanzó contra el grupo, gruñendo y dando de zarpazos para apartar a los magos, no parecían tener ataques de corto alcance.
- Cambio de planes, ataca de cerca a los magos si puedes- esquivó la lanza y la pisó para limitar su movilidad con su peso, el lancero era terco y sacudía el arma para liberarla.
Afiliación :
- GALLIA -

Clase :
Lion

Cargo :
Esclavo / Gladiador

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Inventario :
Vulnerary [3]
Vulnerary [3]
Tomo de Fuego [2]
Elixir [1]
Gota de veneno [1]
.

Support :
Pelleas

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Gold :
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Re: [Campaña de liberación] Now I see fire [Priv. Yuri]

Mensaje por Yuri el Mar Sep 12, 2017 12:11 pm

Enano, mocoso, flacucho, molesto, débil.

Si su orgullo no había sido herido lo suficiente con mostrarse con ese collar, símbolo de su vergüenza, ante alguien como él, lo poco que le quedaba fue brutalmente apaleado por los continuos insultos que salían de la boca leónica. Le dirigió una mirada fulminante, con las cejas rubias fruncidas con tanta fuerza que ensombrecían sus ojos turquesa. No se consideraba un cobarde la mayoría del tiempo. Al contrario, pensaba en sí mismo como una persona valiente. ¿Acaso no se necesitaba valor para huir de todos aquellos que le hubieran dominado y maltratado toda su vida? Muy pocos de los demás esclavos que conocía habían intentado escapar, y muchos menos lograron hacerlo. Se encogían de miedo si algo les sobresaltaba, musitaban palabras agradables con voz temblorosa, y comenzaban a gimotear como bebés si sentían que habían hecho algo mal. Yuri se había encogido muchas veces, pero de dolor, no de miedo. Sabía que nunca le matarían, era demasiado valioso, y el dolor siempre pasaría, por terrible que fuera. Tampoco había complacido a ningún maldito amo con frases amables y una actitud servicial, aunque nunca nadie lo había esperado de él. Y, al contrario que sus compañeros, encontraba cierta satisfacción en hacer cosas mal: pequeños actos de rebelión como romper jarrones, tomar comida que no era para él, o dormirse en las lecciones sobre temas aburridos.

Las únicas dos cosas que se había tomado con seriedad fueron: aprender a bailar y ser el mejor en ello, y lograr huir a Gallia. A lo que su respecta, había logrado ambos objetivos, y si eso no era puto valiente, nada lo era. Detestó la forma paternalista con la que se refería a él, porque Yuri se consideraba ya muy mayor. Sin embargo, el bailarín no dejaba de ser un adolescente, aún un cachorro a los ojos de las razas laguz. Su constitución menuda, y aspecto frágil y femenino no ayudaban tampoco a hacerle parecer mayor. Miró de reojo al león. Sus ojos habrían brillado con admiración si no estuvieran nublados por molestia e ira hacia los emergidos, la situación en general, y hacia su nuevo compañero de batallas. Si él tuviera la habilidad de transformarse las cosas serían muy diferentes. Pero había nacido como un branded, un marcado. Un ser en un limbo entre humano y laguz, sin pertenecer a ninguno de los dos grupos por entero. Su sangre era sucia, pues su padre había sido un hombre asqueroso que se había encargado de crearle con la suficiente humanidad como para que nunca lograse ser un tigre por completo. Jodido cabrón.

Yuri se incorporó rápido del suelo. Los magos volvían a cargar contra él. Uno de sus señores había sido un mago de aire, pero el bailarín nunca lo había visto hacer ningún tipo de ataque ofensivo, como mucho algún truco ingenioso. Ni siquiera había sido consciente de que podían llegar a ser contrincantes temibles. Al fin y al cabo, eran personas con un librito en las manos, no debían de ser muy poderosos, ¿no? Sin embargo, las llamaradas pronto prendieron la hierba y los matojos secos de los alrededores. Un chute de adrenalina corrió por sus venas al ver el peligro. Tosía, pero el humo no era suficiente como para nublarle la vista aún. Contestó a las palabras de Advari con un gruñido airoso. - ¡Cállate!, ¡No soy un cobarde!, ¡Ni soy un gato! – le espetó casi escupiéndole. Aunque con su cabellera rubia desordenada en todas direcciones sí que lo parecía: un gatito que se eriza y no teme en bufar a contrincantes más grandes que él. Detrás del árbol estaba protegido del fuego, pero no por mucho tiempo. Los emergidos se acercaban. Yuri les observó con odio y apretó la espada en su mano derecha. Por alguna razón no podía sentir su peso, ni la presencia del enorme collar de hierro alrededor de su cuello.

Nada de eso importaba cuando dentro de sí mismo ardía una rabia más abrasadora que los hechizos de los jodidos magos. El león, no contento con insultarle y darle órdenes sobre a quién debía atacar, encima osaba decir que necesitaba protección. Fue detrás suyo con expresión furibunda y exclamó: ¡Deja de ser condescendiente conmigo! - ¡Además, no se aclaraba! Primero decía uno y luego otros. Yuri haría lo que le diera la gana porque podía, y porque quería demostrarle al laguz que era tan capaz como cualquiera de los suyos. La adrenalina corría por sus venas dotándole de reflejos y agilidad que, en otra situación, no habrían sido tan buenos. Solo por llevarle la contraria, se dirigió hacia el emergido con la lanza, en vez de los magos. Advari se había encargado de que no pudiera usar su arma, de modo que se encontraba en situación de desventaja. Llevaba una armadura ligera, que le cubría el pecho, pero aún quedaban muchas partes vulnerables a la ira del branded.

- ¡Y no me digas lo que hacer!  - Si había más emergidos en el área, no tardarían en encontrarles por los berridos del joven bailarín que, sin tapujos, gritaba sus disconformidades al aire. Corrió hacia la criatura, pegó un saltó a un metro de distancia suya, y viró el aire en una pirueta improvisada. El movimiento le permitió una mayor maniobra con el pesado objeto, al que pudo dirigir gracias a la rotación hacia la clavícula del enemigo. Aunque resbaló un poco en la armadura del hombro, la afilada hoja se deslizó hacia el interior y se clavó en el hombro del emergido en profundidad. Un chorro de sangre roja salió disparado hacia arriba, manchando el rostro de un Yuri sorprendido. Nunca hubiera pensado que tendría suerte en combate de esa manera. Si lo hubiera sabido se habría enfrentado a esas repugnantes criaturas mucho antes. Iba a formarse una sonrisa de satisfacción en sus labios, cuando una maga emergida les lanzó una bola de fuego, que primero impactó contra el casi muerto soldado, y les lanzó a ambos hacia atrás.

Yuri cayó con el cuerpo del que ahora era un cadáver encima, y la espada incrustada entre los pliegues de su armadura. Aunque el fuego no le había dado a él, el golpe le hizo daño al darse contra las piedras del suelo y por el peso del emergido que le aplastaba. Los efectos de la adrenalina no durarían mucho, pero de anda le servirían si no podía salir de debajo de aquel bulto. Trasteó con la espada, pero estaba tan clavada entre los huesos que lo único que logró fue mancharse aún más con la sangre metálica por doquier. - ¡Suéltala, maldito! - ahora que había aprendido que esas cosas funcionaban no iba a dejar ir su arma tan fácilmente.
Afiliación :
- GALLIA -

Clase :
Dancer

Cargo :
Ex-esclavo

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Vulnerary [3]
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