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[Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

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[Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

Mensaje por Kon el Lun Mayo 15, 2017 11:05 am

Despedirse de Ammy y de Artemis no fue tarea fácil. Pese a que apenas los conocía bien, Kon podía afirmar sin lugar a dudas que junto a ellos se había sentido realmente cómoda. No obstante comprendía que, si su más profundo anhelo seguía siendo el de viajar por todo el mundo, no podía permitirse sucumbir ante el deseo de quedarse para siempre al lado de su nuevo y sobreprotector mentor. Por otra parte, se sentía comprometida a atesorar con cariño esos bonitos recuerdos forjados con los dos extraños laguz de Ylisse, y esperaba volver a encontrarse con ellos en el futuro. Deseaba que Artemis se hubiese recuperado ya de sus heridas, y que Ammy siguiese cuidando de la familia de granjeros que la acogía.

Antes de proseguir con su viaje, los Collins le habían entregado un antiguo mapa de Akaneia como agradecimiento por la ayuda prestada durante el ataque de los emergidos. Semejante regalo había hecho muy feliz a Kon que, reprimiendo sus ganas de saltar de alegría, supo enseguida que con la ayuda de aquel objeto dejaría de tener tantos problemas para orientarse. Con el poder de dirigirse a cualquier sitio que desease, la pequeña kitsune decidió que su siguiente destino sería Altea, pues las historias que había escuchado acerca de Regna Ferox le daban miedo, y en Plegia hacía demasiado calor. Siendo la propia Altea un país costero, esperaba poder averiguar si existía la posibilidad de que la dejasen tomar un barco. ¡Pues ahí afuera había un montón de continentes nuevos que explorar! Aunque primero tendría que buscar algún mapa más elaborado que le permitiese averiguar dónde se encontraba exactamente Akaneia, ya que en su aldea natal eran muy herméticos con respecto a ese tipo de información. Por mucha aritmética y escritura que se les enseñase a los cachorros más jóvenes, ¡la geografía brillaba por su ausencia!

Para alcanzar Altea, Kon estuvo viajando durante muchos días y muchas noches. Según su mapa, existía una especie de gigantesco lago que separaba Ylisse del reino costero. Por esa razón, pensaba que podría llegar a su destino sin tener que pasar por Plegia si lograba cruzarlo. En su camino, viajó a través de extensas planicies cubiertas de un brillante manto verde, fue testigo de inclementes tormentas de las que tuvo que refugiarse, y evitó todo lo que pudo los numerosos asentamientos humanos ubicados por doquier. Aparte de la triste soledad que llegaba a sentir algunas veces, en su periplo no sufrió ningún tipo de contratiempo importante. Cuando tenía hambre, cazaba; cuando se sentía algo sucia, se tomaba un baño en el río más cercano; cuando tenía frío, encendía una hoguera; y cuando se sentía sola, tatareaba alegres canciones tradicionales de Hoshido. Ylisse era una tierra rica, segura y resplandeciente, por lo que en ningún momento le faltó de nada.

Cuando por fin alcanzó el famoso lago, descubrió que más que un lago, parecía un interminable mar con inescrutable horizonte. Tal y como sugería el mapa de los granjeros, de allí salía cada cierto tiempo una pequeña embarcación en dirección a Altea. Los marineros que trabajaban en el muelle eran gente humilde, y trasportaban primordialmente mercancías de una orilla a la otra, aunque de vez en cuando también permitían a determinados viajeros que se subiesen a bordo. Fue de esa manera que Kon, ataviada con una túnica que cubría sus rasgos laguz, consiguió llegar a Altea sin llamar demasiado la atención.

El barco atracó de noche en el puerto de un pequeño pueblo costero. Si bien la intención de la pequeña kitsune no era otra que la de alejarse todo lo posible de los seres humanos por si acaso, su estómago rugía con furia y no estaba segura de poder cazar nada decente en el bosque cercano con tanta hambre. Por otra parte, esa noche se estaba celebrando una importante festividad para las gentes de aquel poblado. Oír que habría puestos de comida gratis bastó para que la niña decidiese que sería buena idea quedarse un rato más para cenar en condiciones.
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Re: [Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 15, 2017 5:23 pm

Los humanos eran sin duda una raza subestimada, y cada vez Azur estaba más convencida de ello.

Tras las noticias de la liberación de Nohr, y aprovechando su por entonces estadía en Hoshido, la Manakete no dudó en tomar sus reducidas posiciones y ponerse en camino al país vecino para participar en las tareas de mantenimiento y reconstrucción que se llevarían a cabo en zonas afectadas por el conflicto.

Llegar a la frontera fue relativamente sencillo, ya que un viejo conocido se ofreció a trasladarla en su caravana.
Eran una pequeña familia de sastres, que estaban acostumbrados a la vida nómada vendiendo sus trajes y diseños, generalmente para celebraciones como bodas. Aunque generalmente humildes, de vez en cuando se les escapaba alguna exageración sobre a quién les habían llegado a vender sus ''obras de arte''. Exageraciones que Azur adoraba de corazón, ya que solían ponerse melancólicos por la noche, a la luz de la hoguera, mientras los niños jugaban y le hacían preguntas sobre su físico o sobre si se transformaría de nuevo para darles un paseo.

Sería irónico expresar en alto, teniendo en cuenta su longevidad, como la Manakete deseaba congeltar instantes así, atesorándolos como un codicioso dragón atesoraría su oro y joyas.

Una sonrisa de los niños al probar la deliciosa cena de su madre. Una broma. Una mirada.
En ocasiones, momentos así le hacían preguntarse por qué su madre, sabiendo que su padre no sería más que un suspiro para ella, se entregó en cuerpo y alma a él.

Tras abandonar a sus compañeros de viaje, de nuevo con como únicos compañeros, el sol, la luna y las estrellas, se dirigió a las zonas que se rumoreaba que necesitaban más ayuda.

Así pasó varios meses en distintos pueblos y ciudades de Nohr, ayudando sobre todo en tareas de reconstrucción con su forma dracónica, y en tratamiento de enfermos o heridos.

Era muy sencillo localizarla, porque generalmente llevaba una fila de pequeños detrás, a los que les enseñaba en sus ratos libres las frutas adecuadas para comer, cuales podían ser venenosas, cómo podían seguir el rastro de algún animal...
Fue justamente en su último pueblo, donde un joven sastre le habló de un primo suyo lejano, cuya región, Altea, también había sido liberada. Además, le comentó ya conociendo la simpática predisposición que tenía a participar en toda clase de eventos, se decía que en no mucho tiempo se celebraría un pequeño festival, probablemente con el fin, más de celebrar, de subir el ánimo al pueblo, que era el que más sufría en conflictos así.

De nuevo, una Manakete en camino.

Durante su viaje a través de Ylisse, Azur no tuvo ningún problema importante, pues la vegetación y la fauna no eran escasas, y tampoco su utilidad para alimentarse. Decidió, por lo tanto, continuar su viaje sin muchas paradas, exceptuando alguna puntual cuando necesitaba cobijo.

Era algo a lo que se había acostumbrado. Ofrecer sus servicios a cambio de un techo y una manta.

¿Que tus animales estaban agotados y aún quedaba mucho terreno que preparar y plantar? La fuerza de la Manakete no era para tomarse a broma, y no le suponía ningún problema tirar del arado, aunque para algunos la visión fuese algo extraña. Y así, con muchas más tareas, que ella en el fondo agradecía, como si fuese un pequeño entrenamiento físico.

Dicha mentalidad de trueque le sirvió cuando se vio obligada a cruzar el lago, más que nada para ir más directa y no tener que
rodearlo perdiendo un montón de días, y probablemente, también la oportunidad de disfrutar el festival. A cambio de su traslado, aunque los marinos aseguraron que no era necesario, se ofreció a cargar las mercancías, permitiéndoles embarcar antes y así acabar su jornada más rápidamente.

Azur era incapaz de ocultar su alegría y su admiración, cuando aquella mañana pudo presenciar las primeras guirnaldas, los primeros adornos, del festival de la cosecha.

La capacidad de recuperarse, de sujetarse a lo más mínimo para mantenerse en pie. Era algo que envidiaba de muchos humanos, aunque internamente sabía que aunque fuese solo un poquito, aquello también lo había heredado.

Pero la verdadera fiesta no empezó hasta entrada la noche, cuando las calles se inundaron de olores, voces, risas y curiosos artistas, que parecían casi celosos de la atención que atraía inconscientemente la Manakete.

El olor a pan recién hecho y a dulces, hizo girarse a la chica, que observó su pequeña bolsa de monedas y se planteó si la técnica del trueque podía resultarle válida para llevarse algo a la boca.
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Re: [Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

Mensaje por Kon el Mar Mayo 16, 2017 8:39 pm

Por mucho mundo que hubiese visto a esas alturas, Kon seguía sin acostumbrarse a las extrañas tradiciones del exterior. Pese a la proximidad existente entre los reinos de Akaneia, Hoshido no se parecía en absoluto a Ylisse y, por lo que estaba comprobando aquella noche, tampoco a Altea. La gastronomía presente en cada puesto de comida, la sólida arquitectura de las casas del poblado, la exótica música imperante en la atmósfera e incluso el festival de la cosecha en sí mismo parecían sacados de uno de esos cuentos que le solían contar cuando era cachorro. Todos los asistentes a la celebración cantaban y bailaban, pletóricos de alegría, alrededor de pequeñas hogueras y en el interior de las tabernas; mientras que en las calles adoquinadas del centro, rebosantes de igual forma de gran actividad, danzaban hábiles bailarines trotamundos ante la mirada ilusionada de los niños. El ambiente era sin duda encantador, aunque también algo abrumador para la joven kitsune que se abría paso a través de la muchedumbre. Pocos se fijaban en ella, pues su estatura era pequeña y su cola y orejas estaban cubiertas con la túnica de lino dispuesta sobre sus ropajes habituales. Después de tanta práctica, estaba aprendiendo a pasar desapercibida con asombrosa celeridad.

Kon tiene demasiada hambre… —se quejó en voz baja. Las tripas le llevaban rugiendo durante horas, así que lo único que deseaba era encontrar ese escurridizo puesto de comida gratuita del que había oído hablar a los lugareños. Luego podría retirarse al bosque a dormir, como estaba acostumbrada a hacer.

Por lo que tenía entendido, Altea era una de esas pocas naciones que se había librado de la amenaza de los emergidos, de modo que imaginaba que allí estaría más segura que en Ylisse. Aunque al pensar de nuevo en aquellas extrañas criaturas le entraron escalofríos. ¡Eran tan parecidos a los seres humanos y a la vez tan diferentes! Destacaban por su crueldad. Aparte de que ni siquiera respondían cuando se les hablaba. Pero lo peor era que a pesar de que ella les había plantado cara al final con la intención de proteger a su mentor, seguía teniéndoles muchísimo miedo. De hecho, desde aquel desafortunado encontronazo, la terrorífica imagen de los emergidos solía perturbar sus sueños de manera recurrente.

Mas en esos momentos no tenía por qué preocuparse por eso. Se encontraba en medio de un ajetreado festival muy diferente de aquellos que se celebraban en su tierra natal. Sus curiosos ojos azules se posaban en la multitud de coloridos detalles y decoraciones que colgaban de los balcones de los hogares, y observaban de igual forma a los animados habitantes del lugar. El jolgorio era contagioso, y en varias ocasiones Kon estuvo tentada a detenerse para observar la actuación de un determinado artista callejero, o de quedarse a escuchar la melodía de los instrumentos de los músicos que allí tocaban. Sonreía al pensar en la cara que pondrían en la aldea cuando volviese y les contase todo lo que había visto. ¡No se lo creerían! La imagen que daban esos humanos en realidad, justo como Artemis decía, no se ajustaba en absoluto con la que se les inculcaba a los más kitsune más pequeños. De todos modos, sabía que lo mejor para su seguridad sería evitar descubrir sus rasgos delante del resto. Por lo que sabía, seguía existiendo gran recelo hacia los laguz en las comunidades beorc, por muy agradables que pareciesen éstas en un festival.

Aunque no ponía especial atención hacia donde la llevaban sus pies, Kon se dejaba guiar por los fuertes aromas que percibía. Le atrajo sobre todo el de pan recién horneado. Por lo que siguió la estela de ese olor casi a ciegas, sin reparar en la pequeña figura que se hallaba en mitad del camino.

¡Ay! —exclamó la kitsune al tropezar con la chica. El choque habría podido ser leve, pero suficiente como para que Kon cayese al suelo por el impacto. Tampoco pudo evitar que se le bajase la capucha, dejando sus puntiagudas orejas al aire libre.
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Re: [Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 20, 2017 5:24 pm

La Manakete se planteó en numerosas ocasiones cubrir por lo menos su cola y pies, ya que dejaba por imposible encontrar una túnica con una capucha que le permitiese esconder de forma poco llamativa la cornamenta que le adornaba la cabeza. Era por ésto que ya hacía muchos años que se había rendido en lo de pasar desapercibida, y soportaba con indiferencia tanto las miradas de desconfianza como de pura curiosidad.

Conocía ambos extremos del espectro. Por una parte mucha gente, en su mayoría niños, simplemente la observaban desde la distancia y tal vez algún valiente se atrevía a preguntar de dónde venía, o qué hacía por allí... Generalmente conversaciones cortas, amables, que probablemente no satisfacían por completo la curiosidad de sus oyentes, pero al menos los tranquilizaba al ver que no era una amenaza.

Por otra parte, los comentarios negativos no se hacían esperar demasiado, y a veces la híbrido se preguntaba cómo muchos laguz podían soportarlos, ya que ella tenía ''suerte'' y en algunas culturas la raza de su madre era valorada positivamente. Tal vez ese... temor a lo desconocido, era lo que más le desagradaba de los humanos.

Pensar en ello le recordó a un hombre que había conocido hacía 50 años atrás por lo menos. Un hombre cuya marca de nacimiento en su mano lo había aislado casi por completo del contacto con otros seres. Y solo por haber nacido del amor de un humano y un laguz.

Tan sumida estaba en sus recuerdos que apenas se inmutó cuando una pequeña figura chocó contra ella. Fue el sonido de su acompañante al caer al suelo lo que la hizo girarse confundida.

- ¿...? -al bajar la mirada se encontró con una chiquilla, pero no una cualquiera. Sus orejas evidenciaban sangre laguz, lo que hizo sonreír a Azur. Menuda coincidencia- ¡Ah! Disculpa, ¿estás bien? -le ofreció una mano para ayudarle a levantarse- Perdona, no estaba muy atenta a mis alrededores -continuó con tono suave, tranquilizador.

Ahora que prestaba más atención, aquellas orejas puntiagudas parecían de Kitsune. Lo cual hacía casi más peculiar a aquella jovencita, ya que rara vez había visto a alguno fuera de los alrededores de su aldea.

¿O es que había una cerca y no estaba al tanto de ello?
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Re: [Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

Mensaje por Kon el Mar Jun 13, 2017 2:40 pm

Ay, ay, ay… —se siguió quejando adolorida y con los ojos llorosos. Pese a que era consciente de la relativa frecuencia con la que sufría ese tipo de accidentes tontos, seguía sin acostumbrarse a tanto tropiezo inesperado. Con esa última caída, se le había rasgado el morral de tela en el que guardaba sus escasas pertenencias, siendo esa la razón por la que unas cuantas monedas de oro rodaban por el suelo adoquinado en esos momentos. Todavía algo conmocionada por la situación, la kitsune tardó en percatarse de ese detalle. Estaba demasiado ocupada apretándose con fuerza la frente para evitar que le saliese un chichón, que ni siquiera llegó a fijarse en que la capucha se le había caído y que por lo tanto, sus orejas estaban al descubierto. No obstante, en cuanto se atrevió a alzar la vista, descubrió a una niña más o menos de su edad, aunque definitivamente mayor que ella, que le tendía una mano con voz preocupada. Casi sin pensárselo, Kon aceptó la ayuda y se incorporó de nuevo. Fue entonces cuando advirtió que había algo extraño en aquella joven. ¡Tenía cuernos! La pequeña jamás había visto antes a una manakete en su vida, por lo que no supo disimular su perplejidad al verse frente a alguien tan extraña. Su mirada se desviaba de manera descarada a la cabeza de la otra laguz, sin reparar si quiera en que ambas estaban siendo objeto de miradas curiosas por parte de los habitantes del poblado, o en que su poco dinero yacía desperdigado a sus pies.

S-sí, K-Kon está m-muy bien —tartamudeó estupefacta mientras seguía apretándose la frente—. ¿Q-quién eres?

La pequeña solía referirse a sí misma en tercera persona, peculiar hábito del que nunca había podido deshacerse a pesar de la insistencia de los adultos de la aldea, de modo que rara vez necesitaba presentarse a los desconocidos. Por otra parte, la curiosidad que sentía hacia la verdadera naturaleza de la extraña chica contra la que había chocado, superaba a su innata timidez. No tenía pinta de ser humana en absoluto, de eso estaba casi segura. Pero aun así quiso cerciorarse de su propia hipótesis con la ayuda de su agudizado sentido del olfato. Por desgracia, la confusa variedad de aromas diferentes que había en aquel festival dificultaba sus esfuerzos de captar el olor de la muchacha. Podía percibir, en cambio, el olor dulzón de pan recién horneado o el de la carne de ave siendo asada con esmero. Aquellos estímulos le abrieron todavía más el apetito, y su estómago volvió a rugir, protestando por comida. Kon suspiró al percatarse de la futilidad de su propósito. Tendría que acercarse más a la extraña para olfatearla si quería averiguar si era o no humana por su olor, pero eso generaría malentendidos. A los humanos, por alguna extraña razón que no alcanzaba comprender, no les gustaba ser olisqueados, y temía que preguntar directamente una cuestión tan poco habitual como la suya pudiese ser tildado de comportamiento inapropiado.

Fue en ese instante en el que de repente, se percató por fin en que la capucha ya no cubría su cabeza. Tardó en procesar la situación, hasta que poco a poco un intenso rubor se manifestó en todo su rostro. De repente, notó todo el peso a la vez de ese centenar de miradas curiosas que se habían posado sobre ella desde el choque con la desconocida. ¡La acababan de descubrir! Los ojos se le humedecieron más y, sin pensárselo dos veces, se puso de nuevo la capucha y salió corriendo rumbo al bosque. No se dio cuenta de que dejaba detrás las monedas de oro que se le cayeron del morral.
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Re: [Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

Mensaje por Marth el Miér Sep 06, 2017 1:29 am

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Re: [Social] Más allá de donde alcanza la vista [Priv. Azur]

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