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[Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

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[Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Sáb Mayo 13, 2017 2:56 pm

Pocas cosas eran más entretenidas que los primeros días que me detenía en un pueblo nuevo, sobre todo si este pueblo era uno a las afueras de Lycia. De nuevo había desobedecido a mi madre que no quería saliera del país ya que teníamos la suerte de estar en uno de los pocos lugares libres de la plaga que asolaba al mundo en estos momentos.
Pero para mí el riesgo valía la pena nada se igualaba a conocer lugares y gente nueva. Además no era como si hubiera ido a Bern, un lugar ya perdido, invadido por completo por los Emergidos. Mi desobediencia tampoco es que fuera tan grave, aunque ciertamente para haber llegado hasta Ilia sí me había desviado un poco demasiado.

Desperté apenas comenzaba a despuntar el sol y relevé al mercenario que había contratado para que me escoltara durante el viaje y de paso proporcionara algo de compañía, podía llegar a ser muy tedioso y aburrido. Para acotar el tiempo de viaje íbamos turnando quién conducía la carreta y cuando dormía cada uno. Era un hombre agradable que había conocido mientras cruzaba Sacae, iba en la misma dirección y conocía la zona por lo que para mí que era la primera vez que me alejaba tanto de Lycia era algo conveniente. Hablamos un rato mientras él aprovechaba a comer algo y luego se fue a recostar.

No había mucho que hacer mientras el caballo tiraba de la carreta avanzando y sin nadie con quién charlar pero admirar el paisaje probaba ser un buen pasatiempo la mayoría de las veces y ésta vez no era una excepción con la nieve que cubría el camino que atravesaba el valle entre montañas por el que pasábamos. Eso y el frío que acompañaba eran una prueba de que ya estábamos en Ilia y aunque aún no nos cruzábamos con ningún pueblo mi acompañante aseguraba que no había uno no muy lejos hacia el norte, y estaba en lo cierto.
Cuando salimos de valle horas más tarde logré divisar un punto a lo lejos, en medio de la planicie que se extendía, que a medida que nos acercábamos comenzaba a distinguirse como un pueblo.

Llegamos al atardecer, el mercenario había despertado algunas horas antes de llegar. Por suerte sus servicios en defensa no habían sido requeridos pero su compañía y ayuda durante el viaje valían las monedas que habíamos acordado.

Me despedí de él frente a una posada en la entrada del pueblo, siguió su camino después de que me ayudara a cuidar de mi carreta mientras yo entraba a arreglar el tema de mi estadía con el posadero, luego de que este me diera un lugar en el establo para dejarla junto con Flan, mi caballo.
Después de trasladar algunas cosas a la habitación que acababa de conseguir salí a aprovechar las últimas horas del día en el mercado reabasteciendo algunos alimentos que me hacían falta y dando vueltas por el lugar, investigando dónde podría poner mi negocio.

Al amanecer del día siguiente estaba con mi carreta en la plaza principal, en medio del mercado junto con varios otros comerciantes que alistaban sus puestos. No tuve que hacer más que estacionar y levantar de un lado la lona que cubría mi carro para montar mi pequeña tienda y una vez hecho eso solo era cuestión de ponerme el delantal, tirar leña al pequeño horno improvisado y comenzar a amasar para tener pan listo y recién hecho para cuando el pueblo comenzara a despertar y a llenar la calle del mercado.

Sabía por experiencia que ese era el momento más relajado del día, podía hablar tranquilo con los otros comerciantes mientras cada uno hacía su tarea de forma relajada. Pero a medida que pasaba el tiempo y aparecían los clientes estaríamos todos más ocupados. Yo en particular comenzaría a ocuparme poco antes del mediodía y sería un ajetreo frenético hasta media tarde, el horario donde la gente solía acordarse de comprar el pan para el almuerzo o la merienda.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Mar Mayo 16, 2017 3:35 pm

Ir a comprar no era una de sus tareas usuales.

Él era un bibliotecario, alguien que se suponía que no debía abandonar la Gran Biblioteca de Ilia para ayudar a aquellos que buscaban encontrar algún libro, pergamino o escrito, y la biblioteca no ofrecía un servicio a domicilio. Sin embargo, la aparición de los Emergidos había traído consigo una gran inseguridad en los caminos, lo que había reducido notoriamente la cantidad de visitantes que recibían. Además, mucho personal de la Gran Biblioteca de Ilia había pedido excedencias para visitar a su familia, llevarlos a lugares seguros o alistarse como magos en los ejércitos para repeler a la nueva amenaza. La suma de menos visitantes y menos efectivos había desembocado en una repartición de las tareas diferente a la normal… y muchas veces sorpresiva para los más jóvenes.

Se levantó a la hora de siempre y trató de seguir su rutina: archiva esos libros, mueve esos tomos de sitio, recoge lo que sacaron ayer los visitantes y ponlo en su lugar correspondiente, ahora asiste a la reunión y toma notas… no era un trabajo especialmente divertido, encontrar excusas para no atender a su trabajo valía una onza de oro, sobretodo cuando las reuniones tenían un orden del día más largo que un día sin pan. Y hablando de pan…

Mientras bajaba las escaleras se encontró a una de las cocineras de la Gran Biblioteca de Ilia, con cara de preocupada, frente a la puerta que daba al comedor central. Tras saludarse y una charla ligera sobre el tiempo, la mujer le contó al bibliotecario que el encargado de ir a comprar viandas para estos días, el bibliotecario senior Diomedes, no había llegado todavía. ¿Diomedes? El pobre hombre estaba cerca de los setenta años, casi no podía ni caminar más allá de su mecedora, pero era un pozo sin fin de cultura, sabiduría y conocimiento. ¿Qué mente había tenido la idea de darle tal tarea a él de entre todos los bibliotecarios?

Ni corto ni perezoso Sindri se ofreció para la tarea, para alegría de la cocinera y de la persona que no tendría que atender a ningún evento dentro de la biblioteca esa mañana. Con rapidez, le recitó la lista de las comandas que debía recoger (que fue anotada tan rápido como fue posible) le dio un par de canastos, el dinero correspondiente, y en cinco minutos ya estaba fuera de la Biblioteca rumbo al pueblo. Si algo les gustaba a los bibliotecarios y a los magos más que los libros y la magia, respectivamente, era el buen comer, por lo que nadie le echaría de menos si implicaba una buena cena aquella noche.

La carne, fresca y escasa o salada, siempre era fácil de encontrar en la carnicería del pueblo, con unos precios exorbitantemente altos. Por suerte el dinero no salía directamente del bolsillo de Sindri, por lo que no tuvo objeción alguna de gastar todo el dinero tras repasar tres veces que era el precio correcto. Que todos nos conocemos en este pueblo, sí, pero a veces “nos descontamos al calcular”. La siguiente parada fue la verdulería, en la que recogió muchísimos más ingredientes y a mucho mejor precio. Luego pasó por la frutería, que sólo tenía fresas y algunas manzanas algo rancias, y finalmente por la herboristería, ya que ciertos sectores de la Gran Biblioteca de Ilia necesitaban té tanto como respirar.

Finalmente sólo quedaba encontrar algo de pan, por lo que decidió no ir directamente a la panadería del pueblo, sino dar un pequeño paseíto por la plaza del pueblo. Parecía que había mercadillo, de lo animada que estaba… aunque aquí, cualquier pedacito de animación parecía una fiesta comparado con el resto del año. Por pura curiosidad se acercó y comenzó a deambular para observar los productos que ofrecían: cachivaches, curiosidades, frutas exóticas que seguramente costarían tanto como el capazo que llevaba en su mano y… ¿Pan? ¿Era eso una paradita de pan?

Qué cosa tan extraña… – dijo Sindri mientras se acercaba más, apartándose el flequillo púrpura de sus ojos con la mano libre, no le estuviera viendo mal. Pero no, eso era (y olía a) pan – Disculpe, buen señor. – se acercó a preguntar ya que si compraba el pan ahí era ya algo que no debía hacer – ¿Que tiene usted unas… veinte hogazas de pan resistente? Ya sabe, con corteza dura y miga consistente. – puso el capazo en el suelo e hizo un gesto con las manos, como especificando el tamaño que esperaba de las hogazas de pan. Pensó unos segundos y cambió el tamaño de las manos a la mitad de eso – ¿No tendrá, por casualidad, también los bollitos dulces típicos de Lycia? Más dulces y suaves, van muy bien con bebidas dulces. – cositas que compraría con su propio dinero, claro, pero es que no había manera de encontrarlos en Ilia…
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Vie Mayo 19, 2017 1:34 pm

Podría decir que estaba muriendo, entre las sonrisas de cortesía, atender a los clientes, vigilar la mercancía, sacar y poner pan nuevo en el horno para mantener no quedarse sin qué vender apenas y tenía tiempo para respirar. Pero el trabajo duro y frenético que me acosaba era, de alguna manera, refrescante alentador. Sobre todo después de tantos días que había estado viajando con poco o nada que hacer en el trayecto.

- ¡Por supuesto señora, es el mejor! - No señor, lo siento ése es el precio no haré rebajas. - ¡Claro que sí! En seguida. - ¡Gracias por su compra, que tenga un buen día! -
Era poco antes del mediodía y los clientes no paraban de amontonarse frente a mi puesto atraídos por el aroma del pan recién horneado, la mejor y más fiel publicidad que podía hacerse aunque en momentos como aquél daba la ilusión de que era demasiado efectiva para mi propio bien e iba a morir exhausto.

- ¡Por supuesto que tengo! Miga suave y esponjosa y una corteza crujiente en una exquisita combinación que enamorará su paladar. - Exclamé apresurado, sonriendo en tono casi monótono una de las frases que más repetía al promocionar mi pan mientras seleccionaba y le acercaba al chico que estaba atendiendo en el momento las hogazas acordes al tamaño que había especificado y luego hice una pausa, sorprendido.

¡No tenía panecillos! Debía haber preparado unos por las dudas que alguien pidiera pero no lo había hecho. Ni lo había considerado.
- No… Lo lamento, no tengo preparados de esos panecillos. - Me disculpé decepcionado por mi error luego de anotar mi fallo en un memo imaginario. - Pero si pasa a la tarde tendré listos unos deliciosos panecillos dulces de Lycia y unos bollos rellenos especiales de Bern. - Me apresuré a agregar prestando atención a la cara de mi cliente para recordarla más tarde en caso de que volviera. Lo menos que podía hacer era otorgarle un descuento u atención especial si lo hacía.


Última edición por Taelan el Mar Jun 13, 2017 7:35 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Mayo 21, 2017 3:19 pm

Se fijó que la persona que lo atendió era un muchacho joven, de su edad o un poco más joven tal vez, con un cabello claro, entre el rubio y el castaño, y una trenza. Debía ser un joven maestro panadero para poder estar tanto en el mostrador como en los hornos… Sindri no pudo sino recordar que a él no le dejaron acercarse al mostrador hasta que pasaron dos años. ¿Qué se creían? ¿Que iba a morder a los que visitaban la biblioteca? Él había sido cuidado y criado entre algodones y había aprendido todos los modales que se esperaban de alguien que iba a pasar todo su tiempo en la corte. Claro que eso no lo dijo, seguramente no le dejarían entrar a trabajar si mencionaba que era “noble en fuga”, “mago arcano” o “buscado en Lycia por las autoridades”. Pensándolo bien, era sorprendente que lo hubieran contratado después de rechazar responder a tantas preguntas… realmente necesitaban a alguien que tuviera conocimiento de leer y escribir.

¡Sí señor, así me gusta! Pan del bueno y no del que el Bibliotecario Laurentius se deja los pocos dientes que le quedan en él. – Sindri asintió con fuerza, mostrando su aprobación. Realmente, las comidas en la Gran Biblioteca de Ilia eran bastante frugales… para los bibliotecarios. Las panzas que lucían algunos Sabios no eran exactamente por comer una dieta sana o por hacer dieta de pan y agua, exactamente, pero como ellos tenían sus propios fondos podían permitirse excesos. ¡Excesos! ¿Desde cuándo un trozo de carne jugosa y fresca era considerado un “exceso”? Cuatro años fuera de casa y ya vas perdiendo las buenas costumbres – No sé yo lo de enamorar mi paladar, ya está prometido con la comida de Lycia y quedan poco para la boda. Pero si puede absorber el cocido de Ilia sin que se desintegre será bienvenido. – dijo “el” cocido de Ilia, pero Ilia era famosa por sus guisos y otras comidas calientes. Seguro que en tiempos de bonanza era una maravilla culinaria, pero últimamente todo se podía resumir en “llena una olla de agua y llénala con lo que haya en la despensa hasta que coja algo de consistencia”. Y la buena cocinera de la Gran Biblioteca de Ilia era una verdadera pionera en gastronomía, sobretodo en los ingredientes que podían añadirse a un guismo

Oh, no se preocupe, simplemente era un capricho para mí. Ya sabe, comida del hogar y tal. La panadería de aquí no suele hacer mucho más que el pan oscuro que dura durante una semana, ¿sabe? Receta de Ilia, supongo. – algo alicaído, decir que no sería mentir, el Mago Oscuro se hizo a la idea que no rememoraría tiempos felices hoy. Al menos, por el volumen de su cesta, comería bien hoy… y las penas con el estómago lleno son menos. Aunque unos bollitos de postre hubieran sido un gran colofón final – Con el pan normal y corriente bastará. ¿Cuánto le debo, buen hombre? – dejó el capazo en el suelo momentáneamente y sacó la bolsita donde quedaban algunas monedas. Era poco consuelo, pero al menos no gastaría hoy sus pocos ahorros.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Mar Jun 13, 2017 10:57 pm

Sonreí divertido por los chistes del joven mientras separaba los trozos de pan del pedido y los iba acomodando sobre el mostrador frente al respectivo cliente.
Si él hablaba de un Bibliotecario Laurentius, ¿habría una biblioteca? ¿El joven aquél trabajaría allí? Después de todo, aquella cantidad de pan que estaba llevando era excesiva para una persona.
Aunque no podía estar seguro, las posibilidades eran demasiadas y yo ni siquiera sabía cómo funcionaba una biblioteca. Que los empleados comieran en ella también me sonaba extraño, ¿no tenían sus propias casas? Por sus ropas sí que tenía pinta de erudito, pero también podía ser algún sirviente de alguna familia noble de la zona o algo, cualquier cosa en realidad.

Mis especulaciones sobre el joven fueron interrumpidas con dudas sobre el misterioso cocido de Ilia hasta que no pude evitar hacer mueca ante la respuesta del cliente a mi oferta previa. Un “Oh, no se preocupe” implicaba una venta menos, podía traducirse en un “No tienes mi pedido y me dices que vuelva más tarde. Ja! Yo acá no vuelvo más.”
Si mi tienda fuera normal y estuviera en un lugar fijo, la pérdida de un posible cliente frecuente sería desastrosa pero cómo no era el caso, no era tan preocupante. Al fin y al cabo en unos días retomaría mi viaje.
¡No era preocupante pero era una deshonra!  Si ahora no podía satisfacer un cliente entonces ¿Cómo podría montar mi propia panadería en un futuro? Si me pedían algo era mi deber tenerlo, sobre todo si era algo que estaba dentro de mi alcance correspondiente a mi negocio.

- Por veinte panes, el precio es una moneda de plata. - Informé el precio con mi mejor sonrisa de negocios mientras planeaba que hacer al respecto con mi dilema moral y orgullo de mercader. Aunque poco podía hacer en el momento, no podía retener al joven y ser negligente con el resto de mis clientes.


¿Cómo sigue esto? xD:
Pensaba darme una vuelta con bollitos a la biblioteca más tarde? ¿Alguna otra idea?
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Miér Jun 21, 2017 7:00 pm

Es una lástima, pero qué se va a hacer. – se lamentó Sindri de nuevo mientras comenzaba a contar las monedas de su bolsa para pagar el pedido. Realmente una moneda de plata era bastante más caro que las pocas monedas de cobre que pedían por los panes hechos en Ilia. Bien era cierto que había pedido una buena remesa de ellos… y él solía comprar sólo cosas para él, por lo que no era nadie para juzgar la rama de precios que los mercaderes ponían en grande. Rebuscó y rebuscó en el mar marrón de metal hasta encontrar un brillito gris, que sacó como pudo, para entonces dejarlo en el mostrador. No cogió el pan, sino que esperó unos segundos, no fuera que pensara que la moneda era falsa o algo así: sabía que muchos mercaderes gustaban de darle un mordisco a las monedas para asegurarse que eran verdaderas (o eso decían los libros). No debía ser un muy buen trabajo, y seguramente dejaría bastante mal sabor de boca.

Una vez esperó el período que estimó suficiente, Sindri abrió una de las bolsas que llevaba consigo y comenzó a introducir el pan en una de ellas. Todavía estaba caliente al tacto y olía que alimentaba, por lo que de repente ya no le parecía tan mal negocio haber pagado la moneda de plata. No era ni su dinero, sino el dinero de la biblioteca… ¡Y todavía le había sobrado algo de calderilla! No sabía bien si daban algo de margen o se había convertido de la noche a la mañana en un mercader maestro de las finanzas. No pensó en quedarse el dinero, puesto que la Gran Biblioteca de Ilia era el ente que acababa pagándole a final de mes su salario, por lo que robarle sería robarse a sí mismo. Además que conocía bien al contable y acabaría por saber que fue él.

Buf… sí que pesa esto… – dijo para sí cuando cargó ya todo, en vistas de volver a lo que llamaba hogar. Nunca sabes lo que verdaderamente pesan tus compras hasta que haces un descansito y puedes ponerlas en el suelo durante un ratín. De hecho, tardó unos momentos en recolocar todo para no dislocarse el hombro con tan solo levantar el capazo. Una vez lo calculó bien, se giró hacia la persona que lo atendió con una sonrisa – En fin, ha sido un placer hacer negocios con usted. Sin embargo alguno… – cambió de mano el capazo, lamentando no haber hecho el cálculo dos veces – … si por casualidad llegara a hacer esos bollitos, me gustaría que sepa que tiene un potencial cliente en mí. Simplemente acérquese a la Gran Biblioteca de Ilia, aquel edificio tan enorme que se ve en la lontananza y pregunte por el bibliotecario Sindri. – quizá era sus instintos de noble, pero es que el hecho que le trajeran las cosas a la comodidad de su hogar le era tan natural… – ¿Tal vez estoy pidiendo demasiado? No se sienta obligado. – y una vez llegó a este punto de la conversación en el que ya no podía alargarla más y debía volver suspiró, no sin antes decir – Que tenga un buen día.

Y así comenzó la larga caminata hacia la Gran Biblioteca de Ilia donde repararía en el poco respeto que se les da a los mensajeros y a la gente que transporta pesos pesados. Con un poco de suerte, llegaría antes de anochecer…

Off:
Me parece bien esa idea. He tratado de dar pie a esa situación con el rol, si prefieres que cambie algo, por favor, dímelo.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Lun Jun 26, 2017 3:28 pm

Inspeccioné la moneda al paso que la recogía sin demostrar desconfianza y la guardé en el respectivo monedero que colgaba bajo la mesa de trabajo. Demostrar dudas visibles al cliente en su propia cara sin motivos no ayudaba a crear una buena imagen del negocio.
Mientras el chico recogía los panes la mujer tras él parecía impaciente por hacer su pedido así que la atendí sin más demora.

- Por el contrario. El placer ha sido todo mío. - Me despedí de Sindri con una sonrisa triunfal en el rostro mientras preparaba el pedido de la mujer. ¡Los panecillos dulces aún tenían oportunidad! Hice un esfuerzo por grabar el nombre y la apariencia de aquél cliente en particular en mi memoria y continué con mi trabajo.

Pasado el mediodía comenzó a bajar la clientela y cuando vendí la última tanda de panes cerré el negocio y bajé la lona que cubría el costado descubierto de la carreta. Lo había estado meditando todo este tiempo, ¿Cuándo podría llevar los panecillos dulces a la biblioteca? O tenía tiempo para ello, debería hacer el pan de la tarde para la gente que salía a comprar para abastecerse para la merienda y la cena. Si estaba en la biblioteca no estaría en su puesto por lo que no habría nadie para atenderlo y no habría ninguna venta. Eso no era algo que un comerciante que se respete permitiera pero, entre pedido y pedido, logré idear un plan que me permitiera ambas cosas sin descuidar del todo el negocio. Al fin y al cabo era el primer día que abría y apenas estaba estableciendo el negocio.

Luego de saciar mi hambre con un emparedado hecho con el sobrante del día, carne seca y algunas verduras que tenía escondidas a un costado volví a mi acostumbrada rutina de amasar pero esta vez con la tranquilidad y el placer que correspondía, al son de una melodía tarareada algo asincrónica.
No tardé mucho en hacer una buena tanda de dulces, bollitos dulces y panecillos rellenos. Hubiera hecho alguna tarta si no fuera que carecía de ingredientes y que aún no lograba me salieran con un aspecto presentable. Mis tartas eran deliciosas como era de esperarse, pero a simple vista nadie las probaría por lo que no eran aptas para la venta.

Terminé de cocinar y me senté al frente de la carreta para sacarla de la plaza y llevarla al establo de la posada donde me hospedaba para dejarla allí y para que alimentaran a Flan, mi caballo, que debía estar hambriento. Abandoné el carro llevando una canasta que poco más y era más grande que yo repleta de los bocadillos que acababa de preparar.
Después de pasar por mi habitación para un rápido cambio de ropa y quitarme un poco de harina de encima salí con la canasta a la calle en dirección a la biblioteca. El edificio ese enorme que le había señalado Sindri.
Las preparaciones estaban listas, era hora de poner el plan en marcha.
El primer paso y más importante, el negocio. ¡Promoción! ¡Darse a conocer!... Y regalar bocadillos... Era una inversión arriesgada pero con lo deliciosos que le habían quedado los dulces, seguro valdría la pena y al siguiente día tendría muchos más clientes que reembolsarían el costo.

- ¡La mejor panadería ambulante! Proveniente de Lycia, sólo por esta semana. ¡No se lo pierda! El mejor pan, el mejor servicio. Nunca probará un majnar igual. En la plaza central por las mañanas hasta el mediodía y a media tarde hasta que baje el sol. - Caminé usando mi voz para llamar la atención y repartiendo panecillos a quienes cazaba interesados. Llegué a la plaza central y merodeé por ella repitiendo la misma estrategia una y otra vez hasta que en la canasta solo quedaba un pequeño paquete envuelto en la tela de uno de mis trapos de cocina, uno de los pocos que seguía limpio y sin usar desde la última vez que me digné a lavarlos todos juntos cuando pasé junto a un río.
Al fin había terminado, no estaba acostumbrado a ese tipo de acciones y había sido incómodo y vergonzoso por no decir más. Pero todo sea por el negocio.

Terminando el primer paso de mi plan, era hora del segundo y último. La caza del cliente. ¿Cómo podía ignorar las palabras del joven de mediodía? Un “cliente potencial”, la mina de oro de cualquier mercader que se precie. Si lograba cautivar su paladar los ingresos de el parar en este pueblo serían sustanciales. Aunque nunca se sabía en cuestión monetaria, el simple hecho de conseguir un “cliente potencial” en una estadía tan corta era valioso para el orgullo de cualquier comerciante y la experiencia sería útil.

Llegué a la biblioteca a media tarde. El lugar era enorme, casi y podría describírsele como intimidante. Apenas crucé la puerta no supe hacia dónde ir, busqué en las cercanías por la cara del joven que esperaba encontrar allí pero al no divisarla no me quedó otra opción que detener a la primera persona que cruzó mi campo de visión y seguir las instrucciones que mi presa me había dejado: Pregunté por un bibliotecario llamado Sindri.


Última edición por Taelan el Jue Jul 27, 2017 8:01 pm, editado 2 veces
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Mar Jul 04, 2017 8:08 pm

Llegar hasta medio camino fue lo fácil. Pero una vez que se acaban las tiendas, comienza la pendiente hasta la Gran Biblioteca de Ilia. Esa pendiente que en invierno (y en primavera, y en otoño, y durante la mayoría de los días de verano) estaba tan llena de nieve que los niños se lo pasaban en grande deslizándose cuesta abajo con trineos fabricados por el único carpintero del pueblo. Ello significaba que la única manera de subir era por un sinuoso, y normalmente congelado, camino de tierra sin mantener en absoluto, sólo desprovisto de nieve por haberse utilizado durante la mañana. Un largo camino cuesta arriba, lleno de nieve sucia, charcos, hielo y teniendo que subir un capazo que pesaba como si fueran a comer herramientas de herrero durante toda la semana.

¡Maravilloso!

Pero, de algún modo, de alguna forma, Sindri pudo llegar a su destino con un palmo de lengua y agujetas en sus brazos y piernas y, lo más sorprendente de todo, con el capazo intacto. Por suerte había un becario limpiando algo de nieve en la entrada al que pudo convencer para que abandonara sus aburridos quehaceres para ayudarle un poco con el peso. Y agarrando cada uno un asa consiguieron introducir en las cocinas el pesado contenido para alegría de una ansiosa cocinera, que primero de todo pidió el cambio y luego se dedicó a analizar con ojo crítico cada uno de los objetos, moviéndolo y mirándolo a la luz de las velas, murmurando secretos de la profesión y asintiendo de tanto en cuanto. Tras lo que pareció una eternidad, pareció que daba el visto bueno y aseguró que como premio hablaría bien de él a los bibliotecarios para que, en futuro, lo trataran un poco mejor con las tareas.

Podía parecer una cosa menor, simplemente unas buenas palabras. Pero pocas personas respetaban más unos hambrientos bibliotecarios que la persona que ponía la comida en su plato… y que del mismo modo podía no ponerte tanta comida si la contradecías en algo. El poder podía buscarse viendo quién tenía la corona más grande o el cetro más decorado, pero en este caso la cocinera tenía la cuchara más grande y eso a la hora de cenar otorgaba el mayor estatus posible.

Una vez todo estuvo en su lugar, el Dark Mage se dirigió poco a poco a su lugar de trabajo y recitó la excusa que había practicado tantas veces en su cabeza durante el trayecto. Como mencionaba tanto comida deliciosa como la perspectiva de una buena cena, el humor del encargado mejoró de manera notable, y le dio un pase “esta vez”. Y así volvió a su escenario cotidiano: una silla, una mesa, el silencio absoluto sólo roto por alguna tos y el pasar de las páginas. ¿Acaso había un trabajo más silencioso y relajante? Poca gente precisaba de ayuda porque tampoco había tanta gente a causa de los Emergidos, así que los días pasaban entre las nieblas del aburrimiento y el sueño fácil.

Tras pasar minutos, horas o quizá incluso medio día entero, un bibliotecario se acercó discretamente (empleando una técnica secreta que pocas otras profesiones podían aprender que evitaba que sus pasos resonaran por los arcos de la biblioteca) le cuchicheó que alguien había preguntado por él en la entrada de la Gran Biblioteca de Ilia. ¿Acaso sería su salvador y portador de deliciosos bollitos? Sólo había una manera de descubrirlo.

Ni corto ni perezoso se dirigió a la entrada de la biblioteca por caminos archiconocidos hasta dar con la sala que conectaba el interior y el exterior. Con los ojos ya habituados a la luz del interior, sonrió tras reconocer la persona que le había vendido hace nada el pan con el que cenarían. ¿Quizá había parado atención a los deseos de Sindri y había preparado un delicioso manjar? – Sea bienvenido usted, buen hombre, a la Gran Biblioteca de Ilia, la mayor sede de conocimiento de todo Elibe. – dijo el bibliotecario con los brazos extendidos, abarcando de forma simbólica todo lo que se podía ver en la habitación – ¿Desea conocer alguna receta exótica de horneo? ¿Acceder al saber de un método preciso de creación de pan? – realmente, el Mago Oscuro no sabía cocinar en absoluto y su vocabulario de esta materia era parco, por lo que decidió ir al grano antes de meter la pata de manera absoluta – ¿Que por casualidad no habrá traído… “la mercancía”? – preguntó sobreactuando, dotando a las dos últimas palabras de un misticismo y secretismo raramente destinado a caprichos dulces.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Jue Jul 27, 2017 8:46 pm

Cuando al fin vi asomarse a Sindri por el pasillo sentí alivio de ver un rostro conocido en aquel lugar y lo saludé con una sonrisa a la distancia, caminando hacia él. La tentación de darme vuelta e irme había sido fuerte mientras esperaba pero, por más fuera de lugar que me sintiera entre aquellas paredes, no iba a retirarme sin haber hecho lo que en un principio me había traído allí.

- "La... Mercancía" - Repetí con una mueca cómplice sobreactuando del mismo modo que mi cliente potencial e hice una señal visiblemente mal disimulada hacia la canasta en mis manos. - Aunque difícilmente se le puede llamar mercancía, sino más bien un obsequio para un joven apuesto. - Le dediqué un guiño aprovechando el teatro y saqué el paquete del interior de la canasta para ofrecérselo. Había aprovechado para hacer una campaña promocional para mi puesto así que no pensaba cobrarle por los panecillo, menos aún cuando habían llegado fríos. - Tres bollitos dulces y tres panecillos rellenos. Y lo siento, pero con el frío que hace afuera no hubo forma de hacer que el calor del horno permaneciera. - Le informé y me disculpé. Era una lástima, el pan siempre estaba en su punto óptimo recién hecho y aún caliente, pero aún así tenía confianza en que seguían siendo bocadillos deliciosos.

- Por cierto, esos conocimientos de los que habla, aunque ya amaestré la técnica del método preciso de creación de pan. Si no es mucha molestia, claro, tal vez tenga algo sobre... - Hice una pausa dramática y susurré por lo bajo en tono confidencial. - Tartas. - Si se me había presentado la oportunidad, no podía desperdiciarla. Aunque dudaba qué tanto podrían enseñarme un par de libros tal vez podría encontrar en ellos alguna pista que con suficiente practica me permitiría llegar a la creación de la tarta perfecta para al fin poder sumar una nueva variedad a mis ventas.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Vie Jul 28, 2017 7:16 pm

Me alegro mucho que “la mercancía” esté a salvo. No es buena idea decir en entre estas paredes que uno lleva dulces… – miró a derecha e izquierda de manera tentativa. Su tono bajó casi hasta rozar ser un simple susurro, que aún así parecía fuera de lugar ante el imponente silencio que reinaba en aquella biblioteca. Por suerte “modular la voz” era una de las primeras cosas que aprendía un bibliotecario, juntamente con dónde estaban los baños y a qué hora era cada comida – … puesto que las paredes tienen oídos. O, más bien, cualquier palabra hace suficiente eco para llegar a un oído de alguien en la otra punta de la biblioteca. – sorprendentemente eso no era ninguna exageración por su parte. Los debates debían hacerse estrictamente a puerta cerrada, a no ser que uno quisiera ser escuchado en otra sala... o peor, comenzar una discusión con alguien que no estaba presente ahí. Se tuvieron que crear todo tipo de normas para evitar que los pasillos fueran una selva de argumentos y charlas.

El Dark Mage sacó de su zurrón una bolsita de cuero, que al moverse dejó sonar una melodía de metal golpeándose entre sí. No era más que una parte de los ahorros de Sindri, quién había tenido que aprender rápidamente que si tú no llevas dinero encima y no eras noble, entonces había un gran problema para comprar cosas. No tenía ahora ningún sirviente que se ocupara de la parte aburrida de las compras: el quedarse a regatear con el tendero.

Ahuhuhu~ ¡Picarón! Seguro que eso se lo dice a cada persona que le viene con peticiones irrazonables. – dijo mientras se hacía el adulado, llevándose la mano que tenía libre al moflete y meciendo la cabeza levemente. Una vez hecha la gracia, abrió un poco la bolsa y comenzó a buscar monedas con el dedo índice y corazón mientras escuchaba las palabras del panadero – Ah, no se preocupe. Haría falta un aliento de dragón para poder encender cualquier horno aquí en Ilia. ¡Una pena que ya no quede ninguno en Elibe! Y no se imagina como cuesta entrar en calor los días que hace más frío… – por ejemplo, en plena ventisca, o aquellos días con el cielo tan cubierto que casi parecía que el sol nunca había salido – Y dígame, buen señor, ¿Cuánto exactamente le debe uno por estas delicatessen? – le preguntó, puesto que sabía que al fin y al cabo, estaba allí por negocios.

Tartas. – repitió con el mismo tono, haciendo algo de memoria sobre el tipo de libros que tenía la sección de cocina. Si él decía que ya había amaestrado la creación de una buena hogaza de pan no iba a ser él quién le llevara la contraria, aunque Sindri era de la opinión que el saber no ocupaba lugar ni sobraba nunca – A ver… a ver… repostería… tartas… pasteles… – se llevó la mano al mentón y miró al techo distraídamente, tratando de atar cabos de libros que pudieran ayudar a tan amable cocinero. Sindri no sabía cocinar, por lo que no era una sección que visitara mucho. Claro que podía hacer una comida, calentar algo de carne o cortar algo de verdura y echarla a una marmita para una sopa… ¿Pero cocinar? ¿Tal y cómo lo hacían en los profesionales o en las posadas? Ni punto de comparación – Hay varios recetarios de comidas de Elibe disponibles. Seguro que en alguno de ellos hay recetas de tartas como las que hacían las abuelitas de los pueblos. Ya sabe usted, las mejores tartas del mundo. – aseguró, como connoisseur que era de la cocina de aldea.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Jue Ago 10, 2017 12:40 pm

Miré a mi alrededor para examinar con más detenimiento la arquitectura del lugar al escuchar la explicación de Sindri aunque… poco sabía de arquitectura, menos sobre cómo exactamente funcionaba el eco. Lo que sí podía admirar era el silencio interrumpido por el suave murmullo de sonidos lejanos que predominaban en el ambiente y que, de no prestarles atención, pasaban desapercibidos y era imposible determinar su procedencia.

- Admito que el dar cumplidos es una buena estrategia de negocios, pero nunca miento cuando la uso. - Tener que aclararlo era algo vergonzoso. - Aunque… - Lo miré de arriba abajo. - Yo sigo siendo más apuesto. - Observé en un murmullo casi imperceptible y me apresuré a detenerlo de su rebusque de monedas. - Esta vez aproveché para promocionar mi puesto así que es de parte de la casa. A lo sumo, el mejor pago de estas ”delicatessen” - Imité su selección de palabra lo mejor que pude y con algo de duda ya que no tenía ni idea de qué querría decir aquello. - sería que me pase a visitar uno de estos días por la plaza… Y tal vez alguna buena mención de “la mercancía” y dónde encontrarla a oídos interesados. - Aproveché a apelar a la mejor y más fiel publicidad que se podría encontrar, la recomendación boca en boca.

- No hay recetas mejores que las perfeccionadas a través de los años por las abuelas. - Asentí coincidiendo con sus palabras. - Esos recetarios suenan interesantes, aunque no tengan muchos sobre tartas. Seguro tendrán algo interesante y, si logro seguir bien una de esas recetas, te guardo un poco para cuando te pases por mi puesto. - Le ofrecí a la vez que plantaba otro cebo para el “posible cliente potencial” y observaba los pasillos que se extendían más adelante sin saber si debería seguir al bibliotecario en busca de los recetarios, esperar a que los trajera, si debía pagar algo por verlos o qué.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Mar Ago 15, 2017 11:16 am

¿Así que el buen panadero se creía más bello que él? Sindri sabía bien cómo podía remediar aquellas ínfulas de grandeza. Oh, claro que sí. ¿No tenía en su arsenal un buen número de maldiciones que podían “remediar” aquella belleza de la que decía hacer gala? La Oscuridad podía moldear forma con la misma facilidad que un alfarero modela el barro… y con los mismos resultados. Muchas fuentes podían atestiguar que los Magos Oscuros eran vindicativos hasta la médula, y este bibliotecario con acceso a Tomos de Ruina no era una excepción, por lo que la más mínima afrenta podía tener consecuencias funestas. Además, Sindri necesitaba ese ejercicio puesto que comenzaba a ver oxidada su capacidad para los rituales y maldiciones… ¿De dónde se suponía que iba a sacar los objetos para poner a punto un ritual? No es que se requirieran materiales que se podían comprar en la verdulería del pueblo. ¡Y las maldiciones! ¿A quién iba a maldecir? ¿Al bibliotecario sénior que roncaba demasiado por la noche y no le dejaba dormir bien? Usar los poderes más oscuros no era algo que debía hacerse a la ligera… o tras una noche de insomnio.

Pero una pequeña vocecita en su cabeza le recordó que emplear una maldición contra su único proveedor de dulces de Lycia era una acción no muy inteligente. ¿De dónde los iba a sacar la próxima vez? Porque el Dark Mage no pensaba poner un pie en aquel país ni en broma. Ladeando levemente la cabeza, descargó de energía arcana la mano que iba a conjurar la maldición y simplemente respondió – La belleza está en los ojos del que la mira. – con un tono jovial de voz que no dejaba entrever ni por asomo que había estado a punto de invocar las fuerzas de la Oscuridad y someterlas a su voluntad. Pero las sorpresas no habían acabado ahí, por lo que parecía.

¿Delicias Lycianas gratuitas a cambio de hablar con gente? ¡Madre mía! ¡Es maravilloso! – al bibliotecario le encantaba hablar y todavía más tener una excusa para hablar. Súmale unos dulces de por medio que no eran un ataque a su escaso patrimonio y había ahí una jugada digna de bingo – ¡Por las barbas de Athos, toda la biblioteca conocerá de su pericia en el horno! ¿Qué digo la biblioteca? ¡Todo el mundo que pase hoy por la posada! – guardó con cuidado la bolsita de dinero en su zurrón, puesto que el dinero a la vista era un dinero que a todas luces peligraba estuviera donde estuviera. Con una sonrisa radiante, miró ahora la bolsa de dulces, ahora el hombre con el que estaba discutiendo sobre las artes culinarias. Claro que escuchaba, sí señor, lo que pasaba es que el bibliotecario podía fácilmente parar atención a varias cosas a la vez.

Entendido. Espere aquí, volveré con unos tomos. – dijo Sindri antes de girarse y dirigirse hacia el pasillo central, doblando una esquina hacia la izquierda tras encontrar la habitación correcta. Le dio la bienvenida una sala bastante austera con tres líneas de estanterías y una gastada alfombra que en algún momento fue azulada. Olía a polvo y antigüedad, con ese olor tan característico del papel y del cuero viejo. Todo aquello hacía que el bibliotecario se sintiera como en casa. Se acercó a la segunda estantería y comenzó su búsqueda: los libros de cocina no eran exactamente comunes, puesto la gente con conocimiento sobre aquella materia no tenía la capacidad de plasmarla en papel. O la oportunidad. O el dinero. Por ello, los libros de cocina solían ser producto de un esfuerzo de un interesado para recopilar recetas, normalmente mediante entrevistas largas y tendidas.

Unos veinte minutos después, el Mago Oscuro reapareció en la entrada llevando cuatro volúmenes apilados uno encima de otro en brazos, ocultándole la cara. Dos de ellos eran completamente vetustos, con la cubierta gastada de tanto uso, el tercero era finito y más nuevo y el cuarto parecía más unos pocos papeles de diferentes tamaños y colores cosidos pulcramente con un hilo grueso en un margen para que no se perdieran – ¡Mire que le traigo! El segundo y el tercer recetario de Ilia jamás recopilados. Una copia de la Guía Gourmet de Elibe (Versión de viaje) de Melvin Andorga. Y… – explicaba una voz proveniente más allá de la torre de libros – Un conjunto de recetas que algunos escribas consiguieron sonsacar a varias amas de casa y posaderas del pueblo de al lado a lo largo de los años. – tras comentar eso, Sindri levantó levemente la pierna derecha y apuntó como pudo hacia una puerta en esa dirección – Si quiere… puede usar esa sala para consultar estos volúmenes… – consiguió decir mientras enfrascaba toda su concentración en mantener los libros en sus brazos y no perder el balance.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Dom Ago 20, 2017 2:33 am

- Jajajajaja - Reí ante la exageración de mi acompañante. - ¡Es un trato entonces! Es un placer hacer negocios contigo, bibliotecario Sindri. - Hice un reverencia dramática y siguiendo el papel impuesto en un principio agregué. - Espero la mercancía cumpla sus expectativas, si es que no las excede. - Acompañando el último comentario con un guiño confiado. ¡Después de todo veía difícil que alguna vez haya probado panecillos mejores que los míos!

Y poco después de eso quedé solo en el hall de entrada de aquella monstruosa biblioteca esperando el retorno del buen bibliotecario. Esperando… En silencio…En la sala vacía… Con las paredes y el techo tan lejanos que me hacían creer me había encogido… Un minuto… Dos… cinco… Pasó un hombre apresurado portando varios papeles y murmurando para sí mismo cosas incomprensibles que no llegué a escuchar, diez… quince… ¿Sindri iba a volver? La duda comenzó a carcomerme aunque no tenía motivos para desconfiar, me había dicho que esperara y, aunque el tiempo me parecía eterno, no había pasado tanto… ¿O sí? Por suerte no pasó mucho para que mis preocupaciones fueran resueltas con la aparición del susodicho.

Wow. Si no supiera mejor, que en realidad poco sabía, juraría que para ser bibliotecario se requerían habilidades de malabarista. Estaba a punto por tomar parte de la pila para relevar de parte del trabajo al pobre joven cuando este levantó una de sus piernas para señalar hacia la puerta y temí romper aquél frágil balance con mi interferencia, así que esperé a que volviera a tener ambos pies en el suelo para, ahora sí, tomar un par de volúmenes. - Déjame ayudarte con esto. - Me ofrecí tarde y sin esperar respuesta dejé la fuente de la voz que había estado hablando al descubierto. Si lo pensaba, era una proeza que hubiera llegado hasta aquí con la cara cubierta de ese modo sin haber chocado con nada.

Wow. Volví a sorprenderme del peso considerable de aquéllos tomos, aunque yo no tenía problemas en cargarlos no podía decir que podría llevar la pila completa sin problemas. Lo sorpresivo era que, a simple vista, el bibliotecario parecía tener brazos escuálidos y fuerza nula, pero ahora tenía pruebas que demostraban lo contrario. - La sala de allí, ¿verdad? - Confirmé y sin más demoras me dirigí hacia las puertas señaladas. - Además de tartas, ¿Qué otras recetas debería investigar? - Pregunté en voz alta la receta que me hacía a mí mismo. ¡Si tenía la oportunidad era mejor sacarle provecho! - ¿A ti que clase de comidas te gustan? - Volví a inquirir recordando que le había ofrecido de mis futuros intentos, queriendo aprovechar para usarlo de guía en mi inminente caza de recetas.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Miér Ago 23, 2017 10:13 am

No… no… todo está bien… por favor pase a la salita… – trató de explicar con dificultad el bibliotecario. Llevar libros era su tarea, a fin de cuentas, igual que amasar y cocer el pan era la del buscador de recetas de cocina. Debía mantener su honor de profesional y no ceder a la tentación de descargar todo aquel peso en otra persona, puesto que podía hablar mal de los bibliotecarios en general. Pero… ¿Quizá un libro? ¿A cambio de un pequeñísimo rumorcito malo? Es que mira que comenzaban a escaparse por un lado y él no quería tampoco hacer un estropicio por la biblioteca. Pero no, se armó de voluntad y se animó a sí mismo convenciéndose que sería el único esfuerzo del día y podría pasarse el resto de la tarde sentadito sin hacer nada – Exacto. La sala de allí. Puerta abierta. – y con unos pequeños pasitos y los brazos algo temblorosos, se quedó en el quicio de la puerta, esperando que el hombre pasara.

Una vez ambos estuvieron dentro de la sala, Sindri dio unos pocos pasos muy rápidos y dejó el peso que llevaba con un sonoro “pum” en una de las mesas que había. Era una sala pequeña, con estanterías por doquier y cuatro mesas en el centro, la más cercana a la entrada de las cuales aguardaba con los tomos de cocina. Lo pequeña que era lo tenía de acogedora: si bien no había ninguna fuente de calor más allá de las pocas velas que adornaban las mesas y algunas paredes, las gruesas murallas de la Gran Biblioteca de Ilia ayudaban a que el calor se mantuviera dentro, creando así un ambiente muy agradable. Según para gustos, claro, pero al menos mucho más agradable que el gélido exterior. Unas pocas sillas de aspecto robusto y usado y unos tapices con motivos de pieles de animales continuaban la decoración, creando así un aspecto hogareño, pero a la vez formal hasta cierto punto. Nunca se sabía que tipo de persona iba a acabar en esta habitación, por lo que se había optado por una decoración y estilo moderados.

¿Otras recetas? Uh… no puedo decir que tenga mucha idea de cocina. – contestó sinceramente Sindri mientras movía los brazos en círculos, tratando de destensar los brazos como podía. Él había nacido en la nobleza, miembro del selecto grupo que no tenían que preocuparse por pasar hambre y que tenían una legión de cocineros todo el día detrás para cocinar cualquier cosa que le pidan. Incluso después de su auto impuesto exilio siempre viajó con otra gente y pudo encontrar otras tareas distintas de cocinar, como limpiar u ordenar cosas. Y una vez llegó a la Gran Biblioteca de Ilia, parte de la retribución por su trabajo eran dos comidas diarias – Sólo lo más básico de lo más básico. – estaba bastante seguro que podía poner un trozo de carne al fuego y esperar que estuviera cercano al punto de carbonización. Podría calificarse como “algo edible”, lo que ya bastaba para el Dark Mage – Supongo que podría mirar si hay alguna receta antigua para hacer pan, algunos bollos, algún recubrimiento especial de masa para hacer tartas de carne o similares… – sus pensamientos variaban entre los únicos estilos de cocina que conocía: Lycia e Ilia. Lycia con sus deliciosos platos ligeros y comida apetitosa y la comida abundante de Ilia, hecha a conciencia para olvidar el frío.

¿Qué clase de comida me gusta? ¿A mí? – tuvo que repetir un incrédulo SIndri, acostumbrado a que su opinión fuera un cero a la izquierda. Tamborileó un poco los dedos sobre el lomo de uno de los tomos más gruesos… ¿Qué podía contarle? Sindri no era alguien que tuviera muchos problemas en comer nada, siendo alguien que le gustaba probar cosas nuevas de tanto en tanto – El asado al estilo Lyciano, con carne de cordero, esa salsa típica tan espesa con romero y las verduritas bien cortadas. Oh, y un poco de puré de patata al lado. Oh, si no hay puede ser de zanahoria. Y salsa extra para ahogar lo que sea. – quizá no era su plato favorito exactamente, pero sí el que más asociaba con Lycia y, por lo tanto, del que más morriña tenía – También me gustan los postres dulces en general. Y los que contienen fruta. – la fruta fresca era un lujo que no podía permitirse muchas veces en un lugar de tierras áridas como Ilia – Supongo que un cocinero tendrá gustos más refinados para la comida. No creo poder ser de mucha ayuda.

Una vez dicho eso, y con los brazos más descansados, movió un poco el brazo por encima de los cuatro libros que había traído – Estoy seguro que podrá encontrar una miríada de recetas deliciosas en estos tomos. – concluyó con voz jovial. Si encontrara algunas de Lycia, quizá podría llevarlas a la cocinera de la Gran Biblioteca de Ilia por si necesitaba ideas para algún día.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Miér Ago 23, 2017 4:49 pm

Me apresuré a pasar y sostener la puerta para Sindri. No me esperaba que negara mi ofrecimiento pero así lo hizo, rechazando con ello mi intención de ayudar y dejándome con una suerte de sensación de estupidez por haberme ofrecido. Pero lo olvidé al instante viéndolo avanzar, peleando con la pila de libros que sin duda le eran pesados… Daba una imagen que no supe definir de otra forma que no fuera adorable y de alguna u otra forma me hizo pensar que dejarlo llevar los libros había valido la pena, pensamiento que confirmé al ver la forma en que el al fin libraba sus brazos de la pesada carga.

A diferencia de la sala anterior esta era mucho menos intimidante, probablemente a causa de los muebles, estanterías, mesas y tapices. Que fuera más pequeña y no fuera tan espaciosa como la anterior ayudaba en gran medida  a que dejara de considerar la posibilidad de irme de allí, pero  la seriedad de la decoración seguía evitando que pudiera sentirme cómodo entre aquellas paredes. Por suerte tenía tarea que hacer así me fue fácil distraerme de aquellos pensamientos.

Comencé a hojear los libros, interesado y sin molestarme en tomar asiento, mientras escuchaba la respuesta del bibliotecario a mi pregunta. ¿Qué no tenía idea de cocina? Ja, eso era una creencia muy común de la gente. Ya con cada plato diferente que uno haya comida contaba como experiencia en ella. Dar una opinión sobre gustos era sencillo, otra cosa muy diferente era saber preparar las comidas pero eso no era lo que había preguntado.

Por suerte no me fue necesario corregirle y sus siguientes palabras me dieron una buena guía sobre qué basar mi búsqueda. Las tartas de carne sonaban interesantes y era otra de mis creaciones que siempre quedaba impresentable ¿Tal vez el problema estaba en la masa? Pero más que eso lo que me resultó interesante fue la respuesta a mi última pregunta. ¡Decía que no era conocedor de la cocina pero podía describir un plato tan bien! Si, ahora hasta a mí se me antojaba uno de esos platos, sobre todo si pensaba en ese cordero asado que había comido tantas veces en mi infancia. Aunque poco me sonaba aquella salsa de la que hablaba.

- Pues si sabes decirme o encuentro la receta de esa salsa de la que hablas y otra buena receta de alguna tarta de manzanas, ésa será mi cena. Con postre y todo. - Comenté decidido pasando las páginas de el tercer recetario de Ilia jamás recopilado. Páginas entre las que me perdí por un momento dejando la idea de mi comentario a la mitad por varios minutos antes de darme cuenta y terminarlo. - Estas invitado si quieres venir, seguro termino cocinando de más de todos modos. - Mentí aliviando el cosquilleo de mi nariz con el dorso de mi mano, probablemente causado por el polvo que debían tener aquellos volúmenes. Viajando solo como hacía desde hace ya un tiempo lo primero y más esencial que aprendí fue a no utilizar ingredientes de más solo debía cocinar para mí. Normalmente ni siquiera me molestaba a hacerme comidas muy elaboradas o prepararme algo si no tenía hambre, al fin y al cabo si iba a comer solo, apenas valía la pena. - El pago esta vez podría ser información sobre dónde me convendría conseguir ingredientes y reabastecer provisiones. - Comenté dedicándole una sonrisa, levantando la vista por un instante antes de volver a bajarla al libro al justo haber identificado la palabra “manzana” ¿Qué era un ”strudel”?
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Ago 27, 2017 6:31 pm

Si es que yo no hacía la comida, simplemente la comía… – realmente no sabía como podía ayudar al buscador de recetas. ¡Él realmente simplemente disfrutaba de los platos de los cocineros de Ryerde! Ni siquiera recordaba haber bajado a las cocinas del castillo ni una vez. Era un chico curioso, pero sabía bien que ahí no había más que calor, gente trabajando y comida a medio hacer. Por lo tanto, no estaría cómodo, nadie jugaría con él y la comida hecha del todo estaba mucho mejor que la que le faltaba un hervor. ¿Por qué no ir a jugar un rato con sus hermanas o ir a molestar a su niñera hasta que sucediera algo divertido? Y cuando creció estaba demasiado ocupado buscando alguna arte bélica que se le diera bien, sin que hubiera tenido suerte – Veamos… habrá algo que pueda recordar… – miró al techo y se llevó la mano al mentón. ¿Exactamente qué estaba buscando? ¿Sabores, no? Seguramente hurgando lo suficiente en su memoria encontraría algo que pudiera servir al panadero.

Aunque no iba a ser fácil.

A ver… ¿Qué podían utilizar los cocineros de Lycia? Productos locales, la comida siempre tenía aquel gusto fresco que tanto le gustaba al joven, por lo que no eran productos importados. Claro que de vez en cuando comían aquella carne salada de Etruria que tanto le gustaba a su padre, pero no en aquel plato. No quería recordar, pero hizo un esfuerzo ya que se lo habían preguntado educadamente y, además, si acertaba podía ganar una cena gratuita con uno de los platos que más echaba de menos.

Estoy bastante seguro que la salsa llevaba tomate y pimiento. Pero algo más también. ¿Cebolla? Sí, puede ser cebolla. Zanahoria quizá también si se quiere hacer más dulce. Y alguna pimienta para darle sabor, pero ahí ya sí que no estoy muy seguro. – miró a la persona que había en la sala, esperando haber dado suficiente información como para hacerse una idea. No estaba entrenado en las ancestrales artes de la descripción de manjares, pero la segunda tarea que le fue encomendada fue mucho más de su gusto: buscar algo en un libro – Permítame que le ayude, seguramente siendo dos encontraremos alguna receta más rápido. – y con aquellas palabras, cogió con sumo cuidado el recopilatorio con el aspecto más desgarbado y comenzó a pasar las páginas dedicándole a cada una un pequeño vistazo. Una rápida lectura y poder identificar fácilmente información escrita (sobretodo una palabra tan destacable como “manzana”) eran herramientas que formaban parte del arsenal de cualquier bibliotecario. No porque fuera una habilidad espectacular, sino porque los visitantes de la Gran Biblioteca de Ilia querían resultados y los querían rápido… si uno no deseaba dolores de cabeza a media tarde por gente que creía estar mal atendida, más le valía trabajar bien

Nada, nada, nada, nada, ensalada con manzanas, nada… – podía parecer un trabajo monótono. Y lo era. Pero normalmente lo que llenaba los bolsillos con un poco de oro no solía ser extremadamente divertido. Por ello, si se hacía rápido y bien le libraba de hacerlo una vez más para corregirlo – ¡Ajá! ¡Pastel de manzana! – para el bibliotecario una tarta y un pastel eran postres equivalentes. Es decir, ¿Qué diferencia había entre un pastel y una tarta? Ambos eran postres, ambos se horneaban y ambos contenían manzana – ¡Mire! Aquí, aquí. – y con un gran cuidado tendió el conjunto de recetas al cocinero, golpeando con máxima suavidad la página correcta.

¡Menudo pago! Sólo hay dos personas que puedan interesarle: el carnicero, al que quizá le sobra alguna pieza de cordero que no compraron los clientes más pudientes, y la verdulera de la plaza. – no tuvo que pensar mucho sobre la respuesta, ya que él mismo había pasado por alguna de esas tiendas esa mañana – El carnicero está en la tercera calle tras llegar al pueblo siguiendo el sendero de la Biblioteca. ¡No tiene pérdida, su tienda está rodeada todo el día de perros y gatos! – a los que Sindri siempre trataba de dar alguna golosina cada vez que pasaba por ahí – La verdulería es la tienda más colorida de la plaza, cerca de la calle que lo lleva hacia el oeste. Si pregunta y lo pide todo educadamente, la buena mujer suele ofrecer precios muy adecuados.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Taelan el Jue Ago 31, 2017 10:22 pm

Había muchas formas de hacer salsa pero no había tantas formas de mezclar los ingredientes, así que, por más que Sindri lo negara, su descripción había sido de  gran ayuda. Aunque el desafío seguía siendo el de encontrar una receta que coincidiera con ello de entre las tantas que había. Si es que estaba incluida entre todas ellas, difícil era pensar que no.
Referido a la tarta de manzanas. Cuando el bibliotecario se me unió a la búsqueda esta se hizo mucho más rápida y, aunque señalaba tartas y pasteles por igual, la diferencia entre ellos variaba dependiendo del cocinero así que ese no era el problema, sino más bien el tener que revisarlas para ver si eran tartas rellenas, rodeadas por una fina capa de masa o pasteles macizos de harina y huevo. O por lo menos así es como yo los diferenciaba.

Luego de una ardua búsqueda que hubiera jurado duró horas, las recetas se acabaron. Todo ese esfuerzo para que luego de elegir un par de ellas las estudiara unos minutos y ya no las necesitara más.
Seis manzanas, azúcar, canela y jugo de limón para el relleno. Y, la masa… No había nada diferente a lo que siempre intentaba, y ninguna de las recetas daba ningún consejo sobre cómo hacer para que no quede destrozada y parcheada la cubierta, solo decían “Ser paciente y cuidadoso al sellarla” ¡Cómo si eso fuera suficiente! Malditas ancianas abuelas tacañas que conspiraban para negarse a soltar el secreto de una buena tarta. No, bien, sí. Ya comenzaba a exagerar pero si mañana me entero que esa conspiración en verdad existe no me sorprendería.
Pese a todo la tarde fue productiva y además de recoger pistas sobre cómo hacer una buena salsa y sobre la tarta de manzanas, también tuve la oportunidad de ver algunas rectas más que parecían prometedoras. Leí algo muy interesante acerca de “panes saborizados”, algo curioso llamado “churros” y algo sobre “bocaditos fritos de acelga”.

Con el cometido ya cumplido me despedí del agradable y amable Sindri no olvidando agradecerle por su ayuda y su asesoría sobre las tiendas, ni tampoco de informarle sobre la posada en la que me estaba quedando y que podía buscarme en el establo de la misma, donde me permitían aparcar mi carreta y donde estaría cocinando ya que dudaba en la posada me prestaran la cocina.
Aunque el tiempo que pasé dentro de la biblioteca se me hizo eterno, al salir pude ver que el sol aún no había bajado por completo.  Más estaba en ello y si quería conseguir los ingredientes que me faltaban para la cena que había prometido, y para poder investigar las comidas que acababa de aprender, debía apresurarme antes de que las tiendas recomendadas por el bibliotecario ilustrado en la zona dieran por finalizada su jornada.
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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 06, 2017 1:51 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
474


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Re: [Social] Un día en el mercado [Priv. Sindri]

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