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[Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

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[Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Virion el Dom Abr 30, 2017 6:35 pm

-El ajedrez es un juego perfecto, debido a que cada pieza está orientada a ofrecer el mayor número de posibilidades. Cada partida es completamente diferente de la anterior. Ganar en el ajedrez no consiste sólo en conocer como se mueve cada pieza, cuáles son las más valiosas y cuales son posibles de sacrificar según las circunstancias. Eso es básico, faltaría más, pero no es suficiente. El ajedrez es ante todo ponerse en el lugar del otro, conocerle, anteponerse a sus movimientos y ser lo suficientemente listo como para poder obrar en consecuencia, dando una sólida alternativa que frustre todos sus planes y que le deje sin vías de escape. En ese sentido, el ajedrez no es muy distinto de una batalla real.

El viaje desde el puerto de la Isla mas grande Durbán hasta el castilo estaba resultando largo, por lo que Virion se entretenía enseñando a su reciente criada Ram Amelia Isabella de Montmorency nociones básicas de ajedrez. El ajedrez era un juego del que el arquero era todo un experto, pero casi nunca encontraba a nadie que estuviese a la altura y que hiciese con él partidas interesantes. Por ello mismo, ya que Ram y él parecía que iban a pasar mucho tiempo juntos, qué mejor manera que enseñar a su guapísima sirvienta a jugar, hasta convertirla en una auténtica profesional capaz de ponerle en aprietos incluso en un terreno tan dominado como el clásico juego de estrategia.

Mientras Virion hablaba, se entretenía viendo el paisaje de las islas, cuando no contemplando la belleza sublime de su joven compañera de viaje y lo bien que le quedaba su traje de profesión en ella. Las Islas de Durbán, llena de flora exótica y verde, trasmitían una fuerza natural apabullante y preciosa, algo que llegaba a conmover al arquero. Aunque dicho sea de paso, después de las gélidas tierras de Ilia, hasta el más arisco de los desiertos era todo un paraíso a ojos del exduque.

Aquella era su segunda oportunidad. Su viaje a Ilia había acabado en fracaso, sin nada que ofrecer al reino de Ylisse salvo el pacto contraído con su nueva sirvienta. Y dudaba mucho que el Sacro Reino estuviese satisfecho con el hecho de que el arquero hubiese gastado dinero de las arcas del Estado en un viaje sólo para acabar contratando a una preciosa criada para él. No es que Virion no estuviese satisfecho con haber conocido y cruzado sus destinos con la bella Ram, todo lo contrario, pero era consciente que necesitaba presentar resultados más tangibles a su regreso o estaría envuelto en serios problemas.

Por fortuna, Virion tenía buenas expectativas de su siguiente parada. A diferencia de Ilia, adonde había viajado casi a ciegas y sin que nadie le esperase, no sólo se había estudiado a fondo para conocer a las islas y lo que podía esperar de ellas, sino que también había concertado un encuentro con la mismísima reina. Dentro de uno de sus bolsillos guardaba la carta que la sabia y hermosa soberana de Durban le había escrito, aceptando gustosa el encuentro con el gallardo e infinitamente apuesto arquero de arqueros.

Para llegar a la isla más grande de Durbán tuvo, obviamente, que fletar un barco. Afortunadamente, los pasajes no eran caros y Virion podía seguir dedicando parte del dinero a cuestiones de máxima importancia, como continuos ramos de flores que compraba para agasajar a su bella criada todas las mañanas. Lo cierto es que Virion apenas la trataba como una criada. Nunca la daba órdenes, casi nunca le pedía nada y casi siempre que le dirigía la palabra era simplemente para lanzarle algún cumplido.

Eso se debía por un lado a que pese a haber vivido como duque y haber tenido gente a su servicio, el tener que valérselas por sí mismo tras la caída de Rosanne y su forzado exilio le habían hecho perder la costumbre de necesitar de servidumbre, por lo que volver a tener una criada a su lado se sentía ya como antinatural. Pero había otra razón, y es que todavía no lograba comprender o conocer lo suficiente a Ram como para saber cómo debía actuar con ella. La muchacha era tan seria y serena, era difícil interpretar qué se le pasaba por la cabeza. Quizás le gustaba que Virion no le agobiara con trabajo. Quizás lo odiase porque la hacía sentirse inútil. Quizás le molestaba que Virion la halagase tanto. Quizás lo adoraba y esperaba que lo siguiese haciendo todos los días. Quizás daba gracias por haber sido salvada el día en que se conocieron. Quizás pensaba que ojalá no la hubiese encontrado el arquero aquel día. Con Ram era imposible saberlo.

Por eso había iniciado las clases de ajedrez. No sólo para poder entrenar a una posible rival, sino también para ver si de esta manera podía entablar una relación con Ram que no se redujese a meramente lanzar halagos. Y dependiendo de su reacción, poder conocer un poco más a la mujer cuyo destino ahora estaba ligado al suyo propio.

-Un error de principiante es minusvalorar a los peones.-continuó explicando Virion mientras seguían caminando desde el puerto en dirección al castillo de la reina de Durban.-Los peones sólo se mueven una casilla hacia delante, comen en diagonal y al principio obstruyen el movimiento de todas tus demás piezas salvo los caballos. Pero los peones sirven para acorralar a las piezas enemigas y bloquear su avance, sirviendo no sólo como una buena defensa sino también como avanzadilla. Recuerda que la mayoría de las veces, la mejor defensa es un buen ataq… ¡Oh, parece que hemos llegado!

El ascenso desde el puerto hasta el castillo había sido largo y pesado, pero al final habían llegado a la meta. Ante sus ojos se habría un enorme castillo fortificado de piedra y madera, fuertemente vigilado con multitud de aguerridos guardias. Un par de esos soldados se acercaron rápidamente a Virion, armas en ristre.

-¡¡Lleva un arma!!-le dice uno de los soldados al otro, señalando el arco que portaba Virion a su espalda.¡Presenta tu permiso, extranjero!-le ordenó esta vez al propio Virion.
-Sin problemas, enseguida voy. Total, sólo lo he tenido que mostrar diecisiete veces desde el puerto hasta llegar aquí.-respondió el arquero escogiéndose de hombros para sacar una moneda de latón que tenía guardada junto con la carta de la reina. Obviamente, Virion exageraba. No había tenido que enseñar aquel permiso diecisiete veces, sólo tuvo que hacerlo unas catorce.

El guardia se adelantó y cogió la moneda. La estuvo mirando por un lado, luego por el otro, luego le volvió a dar la vuelta, la mordió, la lamió, se la acercó a la oreja y le dio un besito antes de devolvérsela al arquero, quien la recogió con un pañuelo y la limpió para guardarla en el bolsillo.

-Esta zona es restringida, extranjero. Explica tus intenciones al acudir aquí.-le ordenó el otro guardia, cuando comprobaron que el permiso era correcto. A Virion le sorprendió que primero le preguntasen si tenía permiso y luego por qué había venido al castillo, pero tampoco iba a juzgarles.
-Mi nombre es Virion, y vengo con mi amadísima y bellísima Ram como representante del Sacro Reino de Ylisse para solicitar audiencia a vuestra magnífica y excelsa soberana vuestra. Aquí tengo la invitación de la reina Yuuko aceptando reunirse conmigo dentro de tan robusto y bien guardado castillo.-y entregó esta vez la carta para que los guardias la leyesen.
-Es la firma y el sello de la reina, dice la verdad.-dijo uno de los guardias al otro tras leer la carta.
-Está bien. Pasad a la sala de audiencias y esperad ahí. Enseguida anunciaremos vuestra llegada a la reina, y en cuanto esté disponible y lo considere oportuno, vendrá a atenderos.-le respondió a Virion el otro guardia.

El guardia hizo sonar un cuerno. Una señal para que las puertas del castillo se abriesen de par en par. Virion no se movió enseguida, sino que le lanzó una mirada y una dulce sonrisa a su digna y elegante sirvienta.

-Me temo que nuestras preciadas clases de ajedrez se van a tener que demorar un poco, mi bella, guapa, atenta, delicada y majestuosa Ram ¿Alguna vez has conocido a alguien de la realeza? Porque si no, eso va a cambiar dentro de poco. Aunque no esperes demasiado, nada supera mi propia y absoluta excelencia.-obviamente, la última frase la dijo en forma de susurro para que ni los guardias ni nadie que no fuese Ram le escuchasen. Y acto seguido cruzó el umbral junto a Ram para reunirse con la reina.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Ram de Montmorency el Lun Mayo 01, 2017 7:45 pm

Ram había oído hablar últimamente mucho acerca de las Islas de Durban. Decían que el clima era agradable, y la vegetación exótica y frondosa. Mas lo que de verdad le suscitaba interés era saber que los habitantes magos eran considerados ciudadanos superiores con respecto a los demás. Si la magia gozaba de tan alta estima en aquellas tierras lejanas, intuía que quizá allí podría comprar los artilugios e instrumentos que necesitaba para sus experimentos. El dinero no era un problema, pues visto lo visto, su nuevo amo parecía muy dispuesto a gastar lo que fuese con tal de contentarla. Ram ignoraba las razones detrás de tanta adulación, pero tampoco quería quejarse. Tanto privilegio le estaba resultando inusitadamente útil, a pesar de que ya no sabía qué hacer para cuidar de tantas flores. Si seguían así, el carruaje que habían dejado en el puerto acabaría convirtiéndose en una espesa microjungla. ¿Pero qué podía hacer ella al respecto? Que Virion fuese un mujeriego adulador a veces resultaba un poco incómodo e intrusivo. Pero ahora que su vida estaba ligada a la del arquero, estaba más que dispuesta a asistirle en todo lo que hiciese falta, tal y como sirvió a Kato en el pasado. Y aunque no quisiese decirlo abiertamente, tenía que reconocer que la compañía de su nuevo amo era en parte agradable. Claro que Virion nunca sustituiría el lugar que ocupaba su querida hermana pequeña, pero al menos ahora las divertidas ocurrencias de éste le permitían olvidar de vez en cuando lo sucedido en Ilia. Pensar en Rem le dolía aún. A veces incluso se despertaba en mitad de la noche; empapada de sudor a causa de las pesadillas. Pero por mucho que tratase de centrarse y esconder su pesadumbre detrás de su característico semblante inexpresivo, seguía sintiéndose tan perdida como en Nieve Bonita. Dejaba que el tiempo fluyese, sin poner especial énfasis en vivir su vida, con la intención de que el transcurrir de los años bastase para enterrar el sentimiento de pena y culpa que se esforzaba tanto en ocultar.

Fuera como fuese, el viaje al palacio de la reina no le estaba resultando tan grato como a Virion. A Ram le mareaban los barcos, y en más de una ocasión había tenido que retirarse a la cubierta en secreto a vomitar. ¿Qué le importaba a ella que las aguas fuesen tan cristalinas o que el paisaje fuese paradisiaco? Contener las náuseas era prioritario. Y no albergaba otro deseo más inmediato que bajar cuanto antes de aquella bañera de madera flotante.

Por fortuna las clases de ajedrez de su amo servían para distraerla un poco. Pero solo un poco. En esos momentos Ram se encontraba sentada frente a Virion, con las palmas de las manos sujetando su rostro. Encima de la mesa de madera que tenían delante se encontraba el típico tablero con casillas sobre el que múltiples fichas estaban dispuestas. El arquero le había estado explicando con gran elocuencia el funcionamiento de la mayoría de sus piezas. Parecía gustarle mucho ese juego. Se le notaba por la pasión que ponía en las palabras. Ella por su parte no estaba segura de haber entendido todas las reglas que éste había dictado hasta ese instante, aunque tenía la esperanza de que las entendería una vez jugasen una partida. Al menos tenía algo completamente claro: sus piezas favoritas eran los alfiles.

Cuando Virion pasó a contarle más en profundidad el papel que ejercían los peones, la sirvienta tomó uno de ellos y lo observó con semblante distraído. Le daban un poco de pena. Dijese lo que dijese el arquero, ese tipo de piezas debían de ser siempre las primeras en morir si iban en vanguardia. Y aun así, si su bando alcanzaba la gloria al final, quien se llevaría el reconocimiento sería seguramente el rey o la reina. No era que se considerase una detractora de la monarquía ni nada de eso, pues comprendía mejor que muchos el importante papel que ejercían las familias reales y la nobleza en sus respectivas tierras. Sencillamente le entristecía que el pueblo llano nunca recibiese el reconocimiento que merecía. La sirvienta suspiró y se lo pensó de nuevo. Sus piezas favoritas ya no serían los alfiles, sino los peones.

A-amo Virion… —empezó a decir con dificultad a causa del mareo. No obstante, fue interrumpida por el anuncio de los marineros del barco. Al parecer, acababan de llegar por fin a puerto. Ram siguió al arquero y estuvo casi tentada a besar los adoquines del suelo. ¿Cómo hacían los ciudadanos de Durban para soportar tanto viaje marítimo? Empezaba a echar de menos Ilia. Al menos allí la única masa de agua abundante que existía era sólida y se podía caminar sobre ella.

Dos soldados salieron a su encuentro casi al momento de desembarcar. Con mirada severa y con palabras diligentes exigieron a Virion que presentase su permiso de armas. Por instinto, Ram escondió entre sus brazos su grimorio personal. Había empezado a escribirlo apenas un par de días atrás, así que le parecía ridículo que ella también tuviese que presentar un permiso para justificar la posesión de un simple cuaderno. Al final los guardias les dieron el visto bueno y les permitieron pasar al palacio. El amo le susurró entonces algo al oído.

¿Qué diferencia hay entre una reina y una sirvienta? —respondió simplemente, teniendo también cuidado de que ninguno de los soldados allí presentes la escuchasen. Pese a que tenía intenciones de mostrar la debida cortesía durante la visita, no había formulado su pregunta retórica al azar o como desafío. Pues por mucho que en esos momentos su condición fuese la de una simple sirvienta, ella había nacido como noble feroxí. La sangre real al final no significaba nada. El linaje tampoco. Pues tan solo se necesitaba un simple revés desafortunado para convertir a alguien poderoso en un mísero mendigo. Por esa razón, conocer a la reina no significaba tanto para ella. La grandeza de una persona yacía en sus acciones, en vez de en su posición política. Y la grandeza de la reina Yuuko de las Islas de Durban estaba aún por verse.

Ram se encaminó a la sala de audiencias como el soldado les había indicado. Aquel edificio era majestuoso a su manera. Rebosante del mismo tipo de encanto que la mansión del amo Kato, de eso estaba segura.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Mar Mayo 09, 2017 5:54 pm

Habia ciertas diferencias entre el vivir en tierra,siendo parte del continente,a vivir en una isla.Rodeado de alta mar. Una de ellas era precisamente eso, la mar que los rodeaba y que había que atravesar de forma continua.Siendo el método de transporte mas usado en el reino los barcos. Los carruajes y corceles era algo que apenas se veía comparando con los navíos que poblaban esas aguas. Eso influía también en otro aspecto. El tiempo. Era mas difícil el calcular cuando tardaría uno en viajaren trasladarse de un punto a otro. Siempre podía haber imprevistos en el camino que atrasasen,o adelantasen, la llegada de uno. Pero en el mar, tan traicionero y con el clima como principal aliado y enemigo, el tiempo era algo mas difícil de estimar que en tierra firme.

Aunque era algo a lo que estaban acostumbrados en Durban,años de practica y estudio que les habían llevado no solo a predecir el clima con cierto nivel de aciertos, si no a calcular los días que tardaría uno en arribar en su destino. Siempre había algún día arriba o abajo de error,pero generaciones de trabajo y estudio habían llevado a ser casi precisos. Por ello no le sorprendió cuando interrumpieron el andar de la reina en mitad del pasillo, cuando se disponía a recorrer la distancia desde la recién abandonada sala de reuniones hasta su alcoba. No le sorprendió la noticia de que sus invitados hubiesen llegado ya, pues los esperaba durante esos días. Ni que los hubiesen encaminado a la sala de audiencias,al salón del trono, para evitar dejarlos esperando en la puerta,en el pasillo.

-De acuerdo. Iré enseguida. Mientras tanto llevarles un par de banquetas para que tomen asiento y no se vean obligados a esperar de pie. Ofrecerles también un te a nuestros invitados. Sed amables con ellos...

Aunque eso no era algo que debia de decir...

La sala de audiencias,del trono,estaba en el corazón del palacio. No era una estancia que la mujer usase con la frecuencia que uno esperaría de ello, pues a pesar de ser el punto de reunión para audiencias y charlas importantes,diálogos con su persona,en muchas ocasiones optaba por llevar a sus invitados a la pequeña sala del te. Mas pequeña e intima, sin tantos oídos escuchando ya que los soldados esperaban fuera. Algo mas cálido y acorde reservado a temas mas delicados, gente mas intima a ella... Pero esa vez la sala de audiencias era mejor opción, pues era lo mas común. A lo que estarían acostumbrados sus invitados.

La sala en si era rectangular,mucho mas espaciosa de lo que debería para lo que en ella había. Las paredes eran de piedra en ese punto, siendo el corazón del palacio y teniendo que atravesar muchos pasillos para llegar a la misma,siendo de esa manera la estructura mas solida comparando a ciertas habitaciones de la parte exterior del palacio las cuales eran de madera. Aunque la piedra de las paredes apenas se veían,estaban casi por completo cubiertas de trozos de tela morados. Tapices con un colo como base y adornadas con figuras de humo,blancas y grises,que ascendían hasta el techo. Formas irregulares que formaban extraños patrones,nunca repitiéndose. De tanto en tanto entre las mismas se repetían los dibujos de mariposas negras , de tamaño mediano y pequeño. A los laterales de la sala , en el centro de las paredes y a medio metro de altura el escudo del país bordado sobre la tela. De gran tamaño.

La puerta que dejaba entrar en la sala era de madera,doble y robusta. Madera teñida de negro. Y frente a la misma nada mas abrir una alfombra roja en el centro del suelo,dejando ver esta vez si el suelo de piedra bajo la misma. Guiando esa tela hacia los escalones al fondo de la estancia. Los cuales llevaban a una zona mas elevada de la estancia donde descansaba el trono de la reina. El mismo era modesto,aunque continuaba con la decoración que cubrían los pasillos y la estancia en si. No era mas que una silla de madera negra. Cuyos apoya brazos eran mas anchos de lo necesario y tenían mariposas bordadas en su curvatura, allá donde descansaban las manos.Ocultos  por el color oscuro de la madera. El asiento y el respaldo estaban tapizados con cuero rojo haciendo el asiento mas confortable,con la madera negra como marco para el rojo. El respaldo era mas elevado de lo que debería, para que fuese mas alto que la reina cuando esta tomase asiento. Acaba en punta,solo que en la punta de la misma se había tallado una media luna sobre la madera. .

Una estancia negra,morada y roja. Llena de patrones de humo, de ondas u olas del mar depende de como se viera. De mariposas.  

Mientras su invitados eran llevados hasta la misma ,mientras les llevaban unas modestas banquetas de madera negra para que tomasen asiento. La mujer continuo sus pasos, encaminándose a su alcoba tal y como era su intención desde el principio. Allí se cambio de ropa. La mujer era muy cuidadosa en ciertos aspecto,algo maniática en pequeños detalles.En la decoración de su palacio , poniendo especial interés y cuidado para que fuese de su agrado. Y en su vestimenta. Siendo que nunca repetía el mismo vestido,la misma indumentaria... salvo dos vestidos que portaba. Uno de ellos era el que se ponía cada vez que acudía a la sala de audiencias, no cuando tenia una audiencia o reunión en si si no solo cuando acudía a esa estancia.

Sin ayuda alguna ,pues llevaba años vistiéndose y arreglándose ella misma,pues de dicha manera estaría todo como ella deseaba y no haría uso de una ayuda que no necesitaría. Se trataba de y vestido negro de manga larga. Tenia unas hombreras altas y un escote que mostraba gran parte de su pecho. Si bien el atuendo llegaba hasta sus pies,sin dejar ver sus zapatos de tacón negro, tenia una abertura en el centro del mismo,entre las piernas de la mujer. Una abertura que se elevaba hasta sus rodillas. Rodeando dicha apertura unos dibujos blancos haciendo de marco, intercalados con dibujos de color morado. Todo el traje en si estaba bordeado por tela blanca, los mismos patrones de dibujos blancos y morados se repetían en las amplias hombreras. Por debajo de su pecho otra linea blanco delineando los mismos. Se veía por la apertura del traje y por las anchas mangas que el interior del mismo era de tela morada. Junto con ello la mujer llevaba un collar negro pegado al cuello,del cual caía una media luna negra,como la del trono, y unas cuentas. Unos enromes pendientes morados y rojos formados por figuras redondas. Su cabello sujeto en una moño, y aun así dejando largos cabellos sueltos ,estando solo la mitad de su cabellera sujeta.Se los sujetaba con un pasador de los cuales caía un trozo de tela blanca que alcanzaba hasta la mitad de su espalda descubierta. Acabando en pico y con una media luna sobre la tela ,esta vez en color morado. Se colgó de la cintura,con un trozo de tela negro para ello, el tomo que portaría. Estando el mismo envuelto en una tela negra,con el símbolo del país bordado en blanco sobre el mismo.

Se miro al espejo de cuerpo entero antes de salir de su habitación y partió,con pasos elegantes y siendo acompañada por un par de soldados que le esperaban en la puerta de la alcoba. Rumbo a la sala de audiencias. Rumbo a reunirse con sus invitados.


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Pido perdón por las descripciones tan malas,pero no soy arquitecto y no me salen mejor


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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Virion el Jue Mayo 11, 2017 3:31 pm

Ante las palabras del arquero, Ram respondió haciéndole una pregunta que resultaba curiosa ¿En qué se diferenciaba una reina de una sirvienta? Al principio, uno podía pensar que se trataba de una simple queja, en plan que realmente no diferenciaba nada la una de la otra salvo el estatus social que ocupaban. Pero Virion se preguntó si quería decir algo más. Era tan difícil interpretar a Ram que esa pregunta podría significar en el fondo cualquier cosa. El arquero meditó unos segundos en respoder, y lo hizo en voz baja y asegurándose de que no hubiera otros oído escuchándoles.

-En teoría, la única diferencia es que mientras una sirvienta sólo sirve a una persona, familia o casa, la reina sirve a todo un reino. Claro que esa es la teoría. Porque luego, cada reino tiene su propia forma de interpretar qué significa “servir”. Desde luego, no verás jamás a un rey ejerciendo su cargo barriendo el polvo de las casas de los barrios bajos.-explicó con una suave sonrisa en su rostro. Lo cierto es que imaginarse a la Venerable de Ylisse vestida de sirvienta y limpiando el polvo de una casucha con un plumero se le hacía en cierto modo divertida.
-Por favor, síganme. Les llevaré a la Sala del Trono. Allí les recibirá la reina.-dijo entonces una sirvienta, vestida de manera parecida a la propia Ram, aunque algo más recatada, que apareció delante de ellos al poco de que terminase Virion de hablar. Por un segundo, se preguntó Virion si sería la reina disfrazada.

Tardaron en llegar a la Sala del Trono, la cual era el propio salón del trono, puesto que había que recorrer bastantes pasillos para ello. La mayoría de los reyes solían hacer que Sala de Audiencias y Sala del Trono fueran ambas una y la misma, por lo que eso no le sorprendió al arquero. Tras la caminata para llegar al palacio, sí que resultaba pesado tener que recorrer tantos pasillos, por lo que el arquero se preguntó por qué la manía de poner la Sala del Trono tan dentro de los castillos o palacios ¿no se suponen que son para recibir a la gente y para tratar al pueblo? ¿Por qué no están entonces justo en la entrada? Cosas así no las entendía ni aun siendo noble. Pero obviamente, tuvo la suficiente decencia y sentido común como para no quejarse ni soltar un solo comentario al respecto.

Al final, llegaron a la Sala del Trono. Virion la reconoció por el enorme portón de madera negra. Aunque había que reconocer que era bastante sobrio. Cuando la puerta se abrió y vio Virion su interior, le llamó la atención que era todo más sobrio todavía. Efectivamente, era una sala grande y espaciosa, pero la decoración que había no era mayor de la que se encontraba en los pasillos que habían atravesado para llegar hasta allí. El mismo trono tampoco era nada exagerado. El exduque sabía que muchos regentes solían poner algunos de sus mayores tesoros y obras artísticas en la Sala del Trono como muestra de su poderío ante todos aquellos que fueran a visitarlos. El hecho de que no fuese así y que lo único que destacase ahí fuera la típica alfombra roja y el susodicho trono, decía posibles varias cosas de la actual gobernanta de las islas. Virion tomó nota mental de todas ellas, pues era información que bien le podría servir en el futuro.

-La reina no tardará en acudir. Por favor, espérenla aquí. Les hemos traído banquetas para que no tengan que esperar de pie. También les traemos té y pastas, por si les apetece tomar algo. Cualquier otra cosa, nos tienen a su disposición.-dijo la sirvienta terminando sus palabras con una gentil reverencia, a la vez que un par de sirvientes aparecían para traer dichas banquetas y una bandeja con el té y los aperitivos.
-Ciertamente, vuestra amabilidad y la de vuestra señora se agradece profundamente desde el fondo de mi corazón. Acepto con humildad vuestro ofrecimiento, y puede decirle a la reina que esperaremos lo que sea de menester.-dijo el arquero con la mano en el pecho, en señal de respeto, antes de ocupar uno de los dos asientos ofrecidos.

También tomó una taza de té y un par de galletitas para acompañar y veía como los sirvientes le ofrecían lo mismo también a su preciada Ram, antes de abandonar la sala una vez terminada su tarea y abandonaban la sala.

Pero eso no significaba que se quedaban solos. Junto con la sirvienta que les había traído hasta allí, se encontraban un par de guardias en la entrada misma de la sala, que no paraban de observarlos vigilantes. Era lógico que así fuera, y el arquero tampoco se sorprendería si detrás de algunas cortinas o en algún compartimento secreto detrás de las paredes les estuvieran vigilando a escondidas. Eran desconocidos, al fin y al cabo.

Tampoco se sorprendió que tuvieran que esperar. Era común entre la nobleza y la monarquía el hacer esperar a los invitados, como muestra de superioridad y de que se tiene el control de la situación. Eso no significaba que en caso de la reina Yuuko fuera así, porque también era cierto que esa estratagema se había usado tanto que ya era toda una costumbre social y su mensaje de fondo se había perdido en bastantes casos. Pero por si acaso, también convenía tomarlo en cuenta.

Virion se llevó un trago de té verde a la boca. Caliente, quemaba un poco pero dejaba un regusto dulzón afrutado ¿Naranja, melocotón? No sabía decirlo con claridad. Quizás se trataba de una fruta propia de las Islas de Durbán y por eso no lo reconocía.

-Un té bastante bueno, no lo negaré. He de confesar que no logro adivinar qué se ha usado para darle ese toque dulce, pero ha quedado bastante delicioso.-dijo Virion a la sirvienta de la reina, para luego fijar su amable mirada en su propia bella sirvienta.-¿Tú qué opinas, Ram? ¿Eres capaz de adivinar de qué está hecho?

Había muchas cosas de las que quería hablar con Ram, muchas más que simplemente el té que les habían ofrecido. Cosas como continuar sus clases de ajedrez o discutir acerca del papel de la realeza y los sirvientes en la sociedad y en la vida. Conversaciones que pudieran desentrañar el misterio que todavía seguía siendo su propia criada. Pero delante de la guardia y el servicio de la reina de Yuuko, no se atrevía más que a comentarios formales para mantener la etiqueta. Al fin y al cabo, no quería decir nada que pudiera resultar ofensivo a estas gentes. Mucho estaba en juego en aquella audiencia, y más valía que empezase con buen pie, para el bien de todos.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Mayo 14, 2017 12:36 pm

Ram asintió satisfecha al escuchar la respuesta de su amo. No esperaba que el caballero se atreviese a contestar semejante y mordaz pregunta, pero a esas alturas tampoco le sorprendía demasiado que lo hubiese hecho. Aunque apenas llevaban unos días viajando juntos, ese tiempo le había bastado para averiguar que Virion era extraño. A diferencia de otros individuos que había conocido en Ilia, aquel hombre le inspiraba muchísimas dudas. Daba igual que se mostrase simple o excesivamente halagador ante la presencia de cualquiera. Eso parecía más bien una especie de fachada o máscara bajo la que debía de estar escondiendo algo importante. Los momentos de charlatanería del noble no terminaban de encajar del todo con esos otros breves instantes en los que se mostraba agudo, reflexivo y astuto. Virion no era fácil de leer, y eso le frustraba mucho. Pese a que su vida ahora estaba dedicada a servirle, todavía no estaba segura de poder confiar en alguien así.

Entiendo —respondió simplemente al arquero, bajando un poco la mirada. Guiados por una sirvienta de la reina, estaban siendo conducidos hacia lo que debía de ser la sala del trono. La muchacha de cabello rosado se fijó en las recatadas prendas de la criada, luego en las suyas propias, y a continuación de nuevo en las de la otra. Era un poco contradictorio que proviniendo ella de un país tan frío, vistiese ropas más apropiadas para un clima tan cálido como el de las islas. Kato debía de ser el más idiota de los desvergonzados por haberle entregado semejante revelador uniforme. A pesar de que la criada de la reina lo disimulaba muy bien, Ram notó que la observaba de vez en cuando por el rabillo del ojo con curiosidad.

La sirvienta los llevó a través de laberínticos pasillos y salas sencillas, pero pulcras. Parecía que su destino se encontraba justo en el corazón del mismísimo palacio, por lo que la caminata fue considerable, pero suficiente como para que la hechicera se recompusiese al fin del mareo provocado por el viaje en barco. Pese a que fuese un pensamiento muy infantil, Ram pensó por unos instantes en lo agradable que sería ser propietaria de un edificio tan grande. No tenía por qué ser un palacio, ni siquiera un castillo. Ella prefería poseer una mansión en la que poder vivir la vida que creía que se merecía. Mas era consciente de que se trataba de un anhelo imposible. Su estatus social actual era el que era, y si quería sobrevivir, tendría que seguir viviendo como lo había estado haciendo hasta ahora: en el más completo anonimato. Intentar recuperar algún día el título nobiliario que le correspondía de nacimiento podría conllevar su muerte inmediata. Tal y como le había ocurrido a Rem.

Pensar en su hermana se le antojó doloroso, por lo que apartó esos pensamientos enseguida de su cabeza. Tenía que centrarse en el presente. El amo Virion trataría de forjar una alianza con la reina de las islas de Durban, y ella tenía el supuesto honor de presenciar un acto de semejante importancia para el reino de Ylisse. Por otra parte, y aunque no se lo hubiese contado todavía al arquero, lo cierto era que ella ya conocía ese país. Había vivido allí durante un tiempo junto a su difunto padre y Rem. Doce años concretamente. Pero la Ylisse que recordaba era un sitio frío y cruel, y no precisamente el lugar agradable, justo y pacífico del que hablaba todo el mundo. Ram no estaba segura de cuáles eran las intenciones de Virion después de terminar las negociaciones con la reina de Durban, pero intuía que quizá volviesen para informar a la Venerable en persona de los resultados. Quisiese o no, su destino era volver a Akaneia. Y eso podría ser bastante problemático.

Cuando por fin llegaron a la sala del trono, Ram obedeció a la otra sirvienta y tomó asiento en una de las banquetas traídas por los demás criados. No se atrevió a dejar su grimorio sobre su regazo hasta estar a solas con su amo. Ser servida siendo sirvienta era algo embarazoso, y se encargó de comunicárselo al arquero en voz alta.

Esto es embarazoso.

A la hechicera de cabellos rosados también le extrañaba que la reina no estuviese presente. A su parecer, suponía una falta de respeto dejar esperando a un invitado tan ilustre como Virion. Aunque lo de la parte de “ilustre” la cuestionaba todavía en parte, seguía siendo el representante escogido por la Venerable y el príncipe Chrom. No tenía ninguna duda que, de ser ella misma reina, jamás haría esperar a ningún visitante. No obstante, sus rencorosos pensamientos fueron interrumpidos enseguida por el repentino comentario del arquero. Ram clavó su vista en él.

¿Queréis que pruebe este té? —preguntó señalando la taza que supuestamente le correspondía a ella. Ante la obviedad de la respuesta, tomó el recipiente con sendas manos y probó a darle un sorbo. La expresión de desagrado que se dibujó a continuación en su rostro no tenía precedentes, con los ojos abiertos como platos y la nariz arrugada para manifestar su gran disgusto. Tentada estuvo de escupir el mefistofélico líquido, pero prefirió no hacerlo para mantener los modales. Tragarlo por fin fue un alivio, a la vez que un suplicio.

¡¿Se puede saber qué le han metido a este té?! ¿Agua salada del mar? —se quejó mientras trataba de quitarse el mal sabor de la boca con las pastas— ¡Y además está demasiado frío!

A pesar de que en realidad, el té estaba bien preparado y a la temperatura correcta, el singular paladar de Ram parecía incapaz de disfrutarlo. Peor aún: pudo notar cómo las náuseas regresaban. No quería arriesgarse a vomitar encima de la alfombra de su alteza real, por lo que si quería evitar protagonizar un desastre diplomático, debía retirarse cuanto antes a cualquier otro lugar. La sirvienta, con una mano tapando su boca y con la otra sujetando el grimorio, se incorporó bruscamente de la banqueta y salió a toda prisa en dirección a la puerta de salida.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Jun 04, 2017 4:45 pm

La mujer caminaba desde su alcoba hasta el salón del trono, recorriendo los pasillos formados por madera y piedra a partes iguales,cubiertos de puertas correderas,puertas comunes y tapices. Tras ella caminaba un par de hombres pertenecientes a su guardia personal. Tal y como ocurría cada vez que abandonaba su alcoba o su estudio, únicos dos lugares donde la mujer podía gozar de cierta intimidad. Entendía el porque de la permanente vigilancia, y porque lo entendía y no lo intentaba evitar sus hombres también entendían y le permitían esos pequeños momentos donde ella pedía quedarse sola y lo cumplían. Esos casos que se daban cuando la mujer estaban en alguna habitación,en alguna estancia o sitio cerrado que no fuesen las usuales pero que tampoco entrañasen peligro para ella.

Pero ese no era el caso, por ello mientras marchaba por el pasillo el único sonido que se escuchaba en el lugar eran los pasos. Tanto de la mujer como los de sus dos acompañantes, caminando casi al unisono. Hasta que un nuevo par de pies se unió a ellos. Una de las sirvientas que venia de frente y que se acerco a la reina mientras hacia una reverencia. La mujer no detuvo sus pasos, si no que le dio permiso para hablar con un simple gesto de su cabeza, haciendo que la sirvienta caminase a un lado suyo mientras le informaba de que sus invitados ya habían sido acomodados en la sala del trono. Que tanto las banquetas como el te les habían sido entregados. La monarca le agradeció y le dio permiso para partir y continuar con sus tareas.

No estaban lejos del salón del trono, y al acercarse al lugar pudo ver como una silueta negra y con un toque rosado pasaba corriendo por uno de los pasillos perpendiculares al que la mujer transitaba. Aquel que concretamente llevaba hasta el salón al que quería acudir. Tanto la mujer como sus hombres detuvieron sus pasos unos instantes, con la confusión marcándose en sus rostros al no identificar a la persona que acababa de salir corriendo. Aunque no tardaron en reanudarlos y continuar su camino. Después de todo había guardias en la entrada del lugar y si algo grabe hubiese ocurrido hubiesen salido tras la figura e incluso dado la voz de alarma. Pero no había sido el caso, y confiando en ellos y a pesar de su confusión le restaron importancia al asunto y continuaron avanzando.Llegando al final del pasillo y girando a la izquierda encontrándose ante ella las puertas abiertas del salón del trono.

Vislumbro la figura desconocida sentada en el taburete antes incluso de adentrarse en el lugar. Sonrió al traspasar las puertas y se acerco a su invitado por detrás, con pasos lentos y elegantes. Su voz sonó cuando estuvo a punto de alcanzar a su invitado

-Vos debéis de ser Lord Virion ,Custodio de Ylisse. O me equivoco?

Comenzó a rodear a su invitado para quedar frente a el.

-Permitirme presentarme. Soy Yuuko Ichihara, decimotercera y actual monarca de las Islas de Durban.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Virion el Vie Jun 09, 2017 2:41 pm

¿Embarazoso? Aquello pilló por sorpresa a Virion ¿Qué podía tener de embarazoso el recibir una taza de té como gesto de buena voluntad mientras se les hacía esperar? ¿Sentía Ram que la forma de proceder del servicio de la reina no era el adecuado? ¿Acaso es que como sirvienta no le agradaba ser servida? ¿O es que veía como embarazoso el tener que esperar en vez de encontrarnos directamente con Su Majestad? Más dudas que sumar al cada vez mayor enigma que era su bella y joven criada.

Virion quería decirle que debía acostumbrarse, puesto que ese tipo de situaciones serían bastante comunes sí realmente seguía acompañando al arquero en sus travesías. El ex duque sabía que aquella no sería la última reunión diplomática que tendría con gente de tan elevado status social. Ya no sólo por ser miembro de los Custodios, sino por su objetivo real en la vida de recuperar Rosanne. Y eso era algo que Ram debía tener en cuenta y asumir cuanto antes.

Pero no dijo nada. Al menos no en ese instante. Hacer ese tipo de comentarios sólo podría traer sospechas y malentendidos a los oídos de los criados de la reina. Y ya no se encontraban lo suficientemente cerca como para poder hacerle comentarios en voz baja, eludiendo la posibilidad de ser escuchados. Por eso mismo, decidió que en aquel entonces lo mejor era hacer algo totalmente en contra de su propia naturaleza: cerrar la boca. Eso y hacer como si Ram no hubiese dicho nada. Ya habría tiempo después de la reunión de aclarar las cosas debidamente.

Aunque Ram no tardó en volver a sorprender al arquero, y esta vez por una reacción mucho más exagerada con respecto al té que les habían ofrecido. Por alguna razón, el té no sólo no era del agrado de la sirvienta de Virion, cosa que dejó bien clara y en alto volumen, sino que causó en ella cierto efecto que le obligó a tener que salir de la Sala de Audiencias a todo correr.

Virion también se levantó, preocupada por la muchacha. Pero la prudencia le hizo detenerse antes de que diera un solo paso. La reacción de Ram bien podía ser tomada como una ofensa en el palacio. Si Virion también abandonaba la Sala de Audiencias a todo correr, en los hechos estaría echando sal en la herida. Y eso era algo que no se podía permitir. Así que tomó aire y se dirigió a la sirvienta de la reina que les había servido el té.

-Lamento muchísimo las molestias. Por favor, vaya en busca de mi querida Ram y asegúrese que se encuentre bien. Denle todo lo que necesite. Y cuando vea que ya se encuentra en condiciones de salud aceptables, dígala que regrese a la Sala, pero no hasta que esté segura de que ya está bien.-pidió amable y humildemente el arquero, obligado a bajar la cabeza en señal de disculpa por aquel incidente acaecido. La mujer no tardó en obedecer y marchar en busca de la sirvienta perdida.

No había ni terminado de hablar, cuando la reina en persona hizo ya acto de presencia, entrando por la misma gran puerta por la que había salido Ram hacía unos instantes, de tal manera que casi seguro que habían coincidido. A eso se le llama empezar con buen pie. Pero Virion no dejó que el desánimo le derrotase. Mucho estaba en juego, y no iba a caer por un ligero traspié inicial.

El arquero no tuvo que ponerse en pie, pues ya lo estaba cuando la reina se personó. Virion tenía que reconocerlo: la reina era rematadamente hermosa. Había oído rumores acerca de la belleza de la soberana de las Islas de Durbán, pero todos esos relatos quedaban cortos ante la regia y exótica presencia que tenía justo en frente.

Cabello azabache, largo, como cuerdas de un arpa, pero al mismo tiempo fino como la seda. Era alta, más que el propio Virion, y su figura era estilizada y elegante, pero no exenta de suaves y sugerentes curvas. Su rostro triangular era liso y pulido, como recién esculpido en mármol. Sus ojos negros eran pozos donde uno podía perderse durante milenios enteros sin encontrar la salida. Su piel, blanca nívea, trasmitía pureza pero al mismo tiempo madurez y contrastaba de manera abierta no ya con su elaborado y trabajado peinado, sino con sus oscuros y sensuales ropajes, mostrando confianza y seguridad en sí misma. La reina se presentó, era Yuuko Ichihara, decimotercera regente de las Islas de Durbán. Y Virion se había enamorado por completo de ella.

-Efectivamente, mi nombre es Virion, Arquero de Arqueros, poeta, genio, amante y miembro de los Custodios de Ylisse. Siempre a sus pies, mi reina.-e inmediatamente, bajó la cabeza e hincó una rodilla al suelo mientras ponía la mano diestra en el pecho en señal de sumisión y respeto. Después de eso, extendió la mano izquierda y le hizo entrega, sin levantarse aún del suelo, de un hermoso ramo de flores que tenía preparado para la ocasión.-Eh aquí un pequeño presente de parte de Ylisse y de mi propio corazón. Soy plenamente consciente de que estas rosas no son rival para vuestra abrumadora y legendaria belleza, pero me complacería en grado sumo que aceptaseis este regalo como primer gesto de buena voluntad, no sólo de un emisario en misión diplomática, sino de un hombre rendido ante la esencia de la hermosura materializada delante de sus ojos.

¿Cómo? ¿Qué se me olvidó decir que Virion llevaba en todo momento desde que llegó a las Islas de Durbán un ramo de rosas blancas, bien talladas, de finos pétalos y con las espinas recortadas, esperado ser entregadas a la reina en su primer encuentro? Venga, que es Virion. Ese tipo de cosas no hacen falta avisarlas, se dan ya por supuestas.

Echas ya las presentaciones y con el obsequio entregado, Virion volvió a levantarse, sin dejar de recrearse mientras lo hacía en lo bella y maravillosa que era la reina Yuuko. Durante un segundo, hasta olvidó que no había venido solo, y que su compañera de viaje bien podría haber causado un revuelo que podría dañar muy seriamente las relaciones entre la reina y el noble arquero.

-Espero que podáis perdonar la impetuosa acción de mi criada, quien ha tenido que abandonar la Sala de Audiencias a todo correr debido a un severo malestar. La pobre mujer no está acostumbrada a viajes tan largos y temo que el mar la haya causado un efecto indeseado en su salud que se ha manifestado aquí de la peor forma posible. Estoy seguro que no era deseo de mi querida Ram el ofenderos gratuitamente de ninguna forma.-comentó el arquero, volviendo a bajar la cabeza de manera humilde, pero sin necesidad de más reverencias.

Virion esperaba que Ram volviese pronto. Y que lo hiciese con una disculpa por el evento que había protagonizado, por el bien de todos. Pero al mismo tiempo, no podía dejar de preocuparse por su propia criada ¿realmente se encontraba mal? ¿le había exigido demasiado con aquel viaje? ¿le había vencido la presión o algo así? El arquero no pudo evitar sentirse culpable de lo acaecido. Debería hablar con ella después, y asegurarse de veras que no había ningún problema.

Pero esa conversación debía esperar. La reunión con la reina iba a empezar. El destino de dos reinos, mas el ducado de Rosanne, podría dar un giro de 180 grados tras aquel encuentro. Virion iba a darlo todo. Su lengua estaba preparada.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Ram de Montmorency el Miér Sep 13, 2017 2:57 pm

Antes de llegar a la costa y tomar el barco que la llevaría al palacio real, Ram había creído estar preparada para no cometer errores. Sabía lo mucho que estaba en juego en la reunión privada con la reina de las islas de Durban, al igual que tampoco ignoraba lo importante que era para Virion que todo saliese bien y sin problemas. No era tan ingenua como para subestimar la importancia de las relaciones diplomáticas en tiempos difíciles, de modo que estaba más que dispuesta a acompañar y asistir a su nuevo amo en aquella singular audiencia. Por esa razón había puesto tanto esmero en arreglarse esa mañana. Pese a que su apariencia seguía siendo técnicamente la misma que de costumbre, en su vestido no existía el más mínimo atisbo de suciedad, mientras que sus zapatos negros brillaban con lustro escrupuloso. La sirvienta quería estar presentable para dejar en buen lugar al arquero. No obstante, a pesar de tanta preparación, todo había empezado a salir de mal en peor desde el momento en el que se atrevió a poner un pie en aquellas tierras extranjeras.

Los guardias que custodiaban la única salida visible de la sala de audiencias apenas se inmutaron, por fortuna, cuando ella se vio obligada a salir a toda prisa del lugar. Sus náuseas habían regresado de manera súbita al probar el tentempié ofrecido por las criadas reales, y aunque no sabía bien adonde ir, sí que sabía dónde no debía estar. En su huida llegó a escuchar a su amo levantándose de manera brusca de su banqueta, quizá preocupado a la par que sorprendido, por su estado de salud.

Ram atravesó uno de los pasillos de la antesala sin fijarse siquiera en que la mismísima reina de las islas de Durban estaba llegando por otro. De haberlo hecho, seguramente habría tratado de contener su malestar a toda costa para presentarse y disculparse de manera apropiada; pese a que de que abandonar de improviso la sala del trono a la que había sido invitada podía ser considerado ya de por sí una ofensa imperdonable por algunos monarcas y aristócratas. Más aún si la artífice de tal afrenta no era otra que una sencilla sirvienta extranjera sin poder político o económico alguno. Una plebeya, al fin y al cabo. Pero la doncella, ignorante de lo acaecía a su alrededor, lo único en lo que pensaba era en salir del palacio para tomar una bocanada de aire fresco. Pensaba que, como la soberana tardaba tanto en presentarse, tendría tiempo suficiente como para recuperar la compostura y volver orgullosa al lado de Virion como si nada hubiese ocurrido. Por desgracia, no había nada más lejos de la realidad que semejante anhelo.

La hechicera recordaba vagamente el camino recorrido instantes atrás, de manera que más o menos tenía una ligera idea de dónde dirigirse para volver a los muelles en los que seguramente, todavía aguardaba la nave en la que su compañero de viajes y ella habían desembarcado. Sin embargo, antes de que pudiese avanzar demasiado, un par de guardias salieron a su encuentro y le cortaron el paso con sus lanzas.

¡Alto! —exclamó uno de ellos, que parecía el más joven.

¡¿Quién va?! —preguntó con tono de voz autoritario el otro.

La doncella, que escondía su boca con una mano, los miró horrorizada. Tendría que haber imaginado que algo así ocurriría. Por sí sola carecía de cualquier posibilidad de corretear con libre albedrío por la fortaleza real sin que nadie la detuviese. Al tratarse de la residencia de la reina de las islas, el palacio debía de contar con centenares de soldados expertos vigilando cada pasillo y cada esquina. Ram comprendió entonces que daba igual su condición de invitada. Si quería pasar a través de ese corredor que custodiaban aquellos dos guardias, debía de responder primero a la pregunta e identificarse de manera apropiada. Así pues, dispuesta a cooperar, intentó despegar su mano del rostro para decir algo. Quería pedirles que le ayudasen a salir a algún lugar donde airearse, que tenía náuseas. Mas ni una sola palabra llegó a gesticular antes de sentir una desagradable arcada procedente de su estómago.

Pero… ¿qué está haciendo, jefe? Parece que la chica no se encuentra bien —dijo el guardia joven, aparentemente preocupado.

¡Pardiez! ¡Ya está bien de tanta tontería! ¡Identifícate ahora mismo o…!

Discúlpenla, por favor —intervino una voz femenina. Ram se volvió con algo de brusquedad para ver quién hablaba. Se trataba de la sirvienta que les había servido el té a Virion y a ella. Los soldados posaron enseguida su vista en la criada y parecieron relajarse un poco.

¿Conoces a esta mujer? No parece de por aquí.

Es una invitada. Vino a Durban desde muy lejos en compañía del señor Virion, miembro de los Custodios de Ylisse, y que hoy tiene una audiencia privada con la reina.

Hum… —gruñó el guardia veterano mientras se rascaba la barbilla, pensativo—. Está bien, pero llévatela fuera de aquí. Esto es zona restringida.

La criada dedicó a los soldados una elegante reverencia, y se dirigió directamente a Ram con una cálida sonrisa.

¿Sería tan amable de acompañarme? La llevaré afuera para que se recupere.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Oct 01, 2017 4:29 pm

Al arquero se presento ante ella , confirmando así lo que la reina ya sabia. Aunque en opinión de la monarca al hombre se le había olvidado añadir el adjetivo de "modesto" a su extensa presentación. La mujer conocía demasiado bien la arrogancia, el echo de sobrestimarse a uno mismo y las consecuencias que aquello conllevaba. Después de todo había sufrido en carne propia lo que su propio orgullo le había provocado años atrás, su caída antes de que su vida comenzase siquiera a tener rumbo. Habia estado tan cerca de su final... Por ello lo conocía, por ello usualmente se apenaba de aquellos que demostraban un exceso de confianza en su mismo,de aquellos que presumían de sus virtudes sin ser capaces de apreciar que también tenían defectos. Se apenaba porque sabia lo que tarde o temprano les esperaba. O se divertía en ocasiones al pensar que dicho comportamiento y actitud no era mas que una consecuencia de la juventud, de la inexperiencia de la misma... se divertía en pensar que la vida ya se encargaría de ponerles tarde o temprano en su lugar...

Pero no había sido el caso con el arquero de Ylisse. No... Sus palabras,las maneras de expresar las mismas... Tenia una entonación... algo identificable que a la mujer le agrado a pesar de tanto alarde por parte de su invitado. Haciendo que sus labios se curvasen en una sonrisa. Quizás fuese porque la reina apreciaba que detrás de todas aquellas palabras había algo mas, algo oculto,guardado en el interior del hombre... que no era una persona tan simple como pretendía verse ,si no que su interior estaba lleno de complejidad... O puede que no. Después de todo la mujer era buena analizando la situación,las personas a su alrededor, pero no por ello lo sabia todo o iba a adivinar la naturaleza de una persona tras solo escuchar su nombre. No.. aquello no eran mas que sus pensamientos,sus conclusiones,aquellas que necesitarían de mucho tiempo para poder confirmarse o desmentirse...

Por el momento se quedaría en que algo de la manera en la que el otro se había presentado le agradaba,que había algo distinto en ello. Y en que no había duda de que el hombre,aparte de educado y caballeroso,sabia venderse a si mismo.

La mujer acepto las flores que le eran ofrecidas,tomando el ramo con delicadeza entre sus manos y alzando el mismo,para que quedase mas cerca de su rostro y su visión. Para apreciar el mismo con mas cuidado y detalle.

-He de admitir que es un presente inesperado, lo llamaría sorpresa... pero confesare que me ha sorprendido mas el no ver donde lo guardabais, la ilusión de que lo sacaseis de la nada... Aparte de arquero de arqueros, poeta, genio, amante y custodio de Ylisse sois también todo un maestro de la sorpresa Lord Virion... Muchas gracias por vuestro presente...


Soltó una de sus manos del ramo ,para usar la misma para llamar con un gesto silencioso a uno de los guardias apostados en la puerta,no a aquellos que le habían acompañado todo el camino por los pasillos de palacio y que habían entrado con ella en la estancia . Los soldados se miraron entre ellos unos instantes antes de que uno comenzase a acercarse a paso ligero hacia su reina. Deteniéndose frente a la misma e indicándole con una leve reverencia que estaba a sus ordenes. La mujer deposito en los brazos del hombre el ramo de flores que le acababan de regalar.

- Pide un jarrón acorde a estas flores tan bellas, y que las depositen dentro. Que me las dejen en mi alcoba...

El hombre tomo el ramo y acepto la orden con un par de simples palabras expresadas a la reina. Antes de darse media vuelta y partir con el objeto,que seguramente seria entregado a la primera criada o sirviente que encontrase por los pasillos. Era un hermoso regalo, uno que la mujer no estaba acostumbrada a recibir en sus audiencias. Porque las audiencias no eran lugares para las flores,por eso era mejor tratarlo con cuidado, depositarlas en un lugar mas digno en el que fuesen mejor apreciadas.

-Supongo Lord Virion que si mi belleza no hubiese estado a la altura de sus expectativas o de sus flores se habría quedado el regalo en un simple gesto de buena voluntad?

Pregunto ampliando aun mas la sonrisa en sus labios,con un tono levemente divertido al pronunciar dichas palabras. Se giro entonces,dándole la espalda al hombre...

-No os preocupéis... lo hubiese aceptado con la misma sorpresa e ilusión de ser de esa manera... Un detalle tan agradable no puede ser mal recibido...

Dándole la espalda el tiempo suficiente como para alcanzar el trono frente al hombre, y sentarse en el mismo. Moviéndome con lentitud y elegancia, cruzándose de piernas al sentarse,haciendo que la tela de su vestido cayese con gracia ante tal postura y movimientos. Deposito , con sumo cuidado, el tomo de magia sobre su regazo, aquel que siempre colgaba de su cintura mediante una tira de tela. Señalo entonces con una de sus manos el par de taburetes en la estancia, indicándole al hombre que ahora permanecía de pie que podía tomar asiento. Y tras ello sus brazos descansaron sobre los reposabrazos del trono. Haciendo contraste sus manos ,tan blancas y pálidas,con la madera pintada de negro sobre la que se apoyaba.

La pregunta de porque el otro taburete se encontraba vació fue respondida antes de que la mujer se molestase siquiera en preguntar por ello,antes de que tuviese la oportunidad de hacerla.

-No he tenido la ocasión de conocer a vuestra criada aun, por lo cual la misma aun no a tenido ninguna posibilidad de ofenderme... No debéis preocuparos por ello... Entiendo su malestar, no todo el mundo esta echo para el mar. Tanto yo como mis gentes estamos tan acostumbrados al mismo,a vivir y desplazarnos sobre el, que en ocasiones podemos llegar a olvidar el efecto negativo que el mismo puedo tener sobre otras personas y criaturas... La pregunta ahora seria ,Lord Virion, si es necesario esperar a la señorita Ram para iniciar con los asuntos que aquí nos han reunido o si su presencia no es relevante para ello... Por el momento creo que por el momento podemos permitirnos el esperar un poco si así lo deseáis...

Normalmente el tiempo era algo que a la mujer no le sobraba,pero en dicha ocasión y sabiendo que tenia invitados y no sabría cuanto tiempo le llevaría el conversar con los mismos había echo un hueco en su apretada agenda para tener tiempo de sobra para recibirlos con propiedad. Y no sabiendo lo que la sirvienta de Virion implicaba para el o sus negociaciones era mejor preguntar y dejarle a el decidir si podían comenzar sin ella o debían esperarla.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

Mensaje por Virion el Jue Oct 05, 2017 2:43 pm

A cada minuto que pasaba, Virion se preocupaba más y más por Ram ¿Qué habría pasado a su queridísima sirvienta? De golpe y porrazo había tenido que abandonar la Sala de Audiencias y había marchado a todo correr ¿Qué malestar podría haberla forzado a actuar así? Pero el arquero no se preocupaba sólo por su estado de salud, sino que también le reconcomía por dentro el que su dulce Ram se pudiera acabar perdiendo entre los distintos pasillos. En el tiempo que habían recorrido el camino desde la entrada del palacio hasta la Sala de Audiencias, Virion había podido darse cuenta de lo grande que era aquel lugar, y lo fácil que uno podría perderse si iba corriendo a ciegas, especialmente siendo la primera vez en aquel lugar.

Pero por mucho que se preocupase de Ram, tenía que centrar su atención en la preciosa reina, delante de sus ojos. Ella era la razón por la que habían acudido al palacio, y mucho era lo que estaba en juego. Debía concentrarse plenamente si quería que la audiencia triunfase.

La reina se mostró agradablemente sorprendida por el gesto del arquero. Diestro él en el arte de halagar y regalar ramos de flores a mujeres, aquello le había resultado fácil. Obviamente, no diría nada así en voz alta.

-Nada hay que agradecer, mi reina. Sólo el honor de poder estar delante vuestra compensa con creces cualquier obsequio que pueda entregaros, por muy valioso que sea.-respondió el arquero haciendo otra leve reverencia.

Cuando el arquero levantó la mirada, pudo observar que un soldado se acercaba a recoger las flores, con las instrucciones de meterlas en un jarrón y llevarlas a su alcoba. Bien, el regalo había sido de gusto de la reina, y eso era algo importante. Las primeras impresiones son fundamentales, y aquel gesto parecía demostrar que había empezado con buen pie. Razón de más para no empezar a bajar la guardia. Y más cuando la reina le hizo una pregunta capciosa, que lejos de intimidar al arquero, hizo que éste ampliase su sonrisa.

-Supone bien, Alteza. Sin embargo, déjeme decirle que mis expectativas eran bastante altas. De las primeras cosas que escuché acerca de vuestro hermoso reino antes de pisar por mí mismo las islas, fue los rumores acerca de lo arrebatadoramente bella que es su regente. Con lo cual, ya me imaginaba en un principio que me encontraría delante de toda una mujer de preciosidad sin igual.-las palabras del arquero fluían con la parsimonia, como si de una sedosa y suave melodía destinada a cautivar los oídos más burdos se tratase.-Pero ahora que os tengo delante, puedo atestiguar, y jurar ante todos los dioses que los relatos que se cuentan sobre vuestra hermosura no os hacen justicia alguna. Superáis con creces todo halago que se pueda decir de vos, pues no existe lengua con un vocabulario tan profundo que pueda recoger todos los matices de por qué sois uno de los seres más maravillosamente fabuloso, exuberante, sofisticado y preciosísimo de la creación. Estoy enamorado de vos, y eso no tiene nada que ver con mi buena voluntad nada más entrar en esta sala.

El arte de halagar mujeres era junto al tiro con arco la especialidad de Virion y había decidido demostrarlo desde el primer momento, con el fin de obtener el favor de la reina Yuuko cuanto antes. Tampoco es que hubiese mentido… Virion realmente se había enamorado de la reina, aunque eso no es que fuera una novedad.

La conversación derivó entonces a la situación de Ram. La sirvienta del arquero no se había topado con la reina, y ella despejó de inmediato cualquier preocupación que pudiese tener Virion acerca de que su querida Ram la hubiese ofendido a ella o a su reino con su marcha repentina. El arquero suspiró para sus adentros aliviado, aunque aquello no eliminó la preocupación por el bienestar de su menuda sirvienta pelirrosa.

-Os agradezco encarecidamente tan buen gesto, mi estimada reina. Veo que además de sumamente bella sois también benevolente y amable, dos cualidades que os honran profundamente.-respondió el arquero a la propuesta de esperar a que Ram volviese para dar inicio a la reunión. Esperar a Ram era bueno para el arquero, pues podía centrarse en las negociaciones con la reina sin tener que andar preocupándose por el destino de su sirvienta. Pero tampoco quería que aquello perturbase en lo más mínimo a la reina.-Me doy debida cuenta de lo ajetreada que es vuestra agenda, como gran soberana que sois, aparte de excelente mujer. Por eso, y para no malgastar tiempo mientras regresa mi adorable criada ¿qué os parece si al menos vamos introduciendo el tema que nos ha traído hasta aquí para abrir boca?

Dicho esto, el arquero sacó de uno de sus bolsillos un mapa político del continente de Akaneia, con todos los países marcados y en distintos colores según el grado de ocupación que los Emergidos tenían en cada uno de ellos.

-Decidme, mi infinitamente bella reina… ¿Qué sabéis del Sacro Reino de Ylisse? Os lo pregunto para saber hasta qué punto necesito haceros una introducción previa de nuestra situación, o podemos ir directamente al grano en respecto a la cuestión que nos ha hecho acudir ante vos.

Virion se imaginaba que como reina, estaría instruida en la situación de los diversos reinos. Pero al encontrarse las Islas de Durbán en otro continente bastante alejadas de Akaneia, bien era posible que la información que tuviese de cómo se encontraba Ylisse no estuviese actualizada. Y si quería llegar a buen puerto con la reina, era primordial que en primer lugar conociese qué momento de tensa gravedad se encontraba Ylisse mientras estaban ellos reunidos plácidamente en aquellas islas tan paradisíacas.
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Re: [Social] Audiencia con la Reina de Durbán [Ram de Montmorency y Yuuko]

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