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[Campaña de liberación] Bienestar en cuerpo y mente [Izaya Orihara]

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[Campaña de liberación] Bienestar en cuerpo y mente [Izaya Orihara]

Mensaje por Subaki el Dom Abr 30, 2017 2:24 pm

Tenía un encargo que realizar para la princesa Sakura, debía llevar un paquete a una familia de nobles de Hoshido, cualquiera hubiera creído que con enviar un mensajero hubiera sido suficiente, pero la princesa sabía que con un mensajero no bastaría, necesitaría del buen ver de Subaki, del carisma de aquel hombre y de sus buenas relaciones con los nobles de la zona. Con eso podría conseguir el apoyo que la pequeña princesa necesitaba. Hoshido necesitaba el apoyo completo de aquella familia noble, de aquel feudo, para la amenaza que se cernía en todo Hoshido. El pelirrojo incluso desconocía del contenido de aquel paquete tan bien envuelto en una bonita tela blanca con pétalos de cerezo rosados adornando la blanca tela.

El camino era muy largo, era uno de los feudos mas alejados de la capital de Hoshido, por eso era necesario su apoyo, necesitaban que sus fuerzas vigilarán bien y que no dejarán pasar a ningún emergido nuevo a las tierras de Hoshido. Era imposible llegar en solo un día, aun cuando el jinete de pegaso se daba toda la prisa posible, casi sin parar de volar. Al menos en un día había conseguido atravesar casi todo el territorio que necesitaba para que al día siguiente pudiera llegar a primera hora de la mañana al castillo del feudo en el que le estaban esperando.

Por suerte para Subaki, aquella zona donde había parado a descansar era bastante conocida por sus bonitas tabernas con sus bonitos jardines con bambú, estanques y aguas termales que se encontraban en aquellas tabernas. Desde luego podría disfrutar al menos de un tiempo de buen descanso disfrutando del ocio de la zona. Lo primero que hizo al llegar a la taberna fue dejar a su pegaso en el establo y pago a los mozos para que le dieran buen alimento. Después de aquello entro dentro de la taberna, se descalzó y se arrodillo delante de una de las bajas mesas de madera que había en el lugar, era de hecho la única que quedaba libre, siendo el único que ocupaba una mesa en solitario. Por suerte desde allí podía ver el hermoso paisaje que se veía en el patio exterior de la taberna. Aunque ya oscurecía, se podía ver perfectamente el precioso jardín. En el tenían una bonita zona con bambús bien cuidado, también se podía ver un estanque, pero no podía verlo bien desde aquella posición.

Por lo que podía ver había una zona de aguas termales a las que se podía entrar pasando dos cortinas que se encontraban a un lateral de la taberna. Cuando llegó la camarera, la cual iba perfectamente vestida con un kimono rosado y un delantal el chico sonrió de forma amable y elegante.

-Tenéis un establecimiento precioso, debo decir que siento curiosidad por vuestras recomendaciones.-

La mujer le recomendó el sake y la pasta de arroz con algas. El jinete pidió aquello, aunque la mujer también le recomendó las aguas termales que ofrecían a los viajeros cansados. Desde luego se pensaría el meterse en aquellas aguas después de comer, después de todo estaba cansado y además quería comprobar que tan buenas eran para la salud las aguas de aquel lugar.

-Muy bien, entonces cuando coma probaré vuestras estupendas aguas termales, muchas gracias.-
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Re: [Campaña de liberación] Bienestar en cuerpo y mente [Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Jue Jun 01, 2017 8:30 am

Lo que más le gustaba de Hoshido era el modo en el que uno podía hacer negocios de la forma más cómoda posible. Estaban acostumbrados a un modo de vida muy tranquilo, apenas roto por la presencia de los emergidos. Esa era una de las razones principales por las que quería conseguir una villa en algún lugar del país, un lugar de refugio y calma, pero él mismo sabía que se aburriría de eso tarde o temprano. Su lugar estaba en medio del meollo, de las intrigas y las traiciones que se solían dar en las grandes ciudades. Aunque si lograba labrarse una buena reputación como informante allí, como en otras naciones, ¿quién sabía? Si el trabajo era bueno e interesante, podría considerar quedarse allí una temporada, aunque de momento se contentaría con ser un mero turista. Pretendía viajar por todo Hoshido porque le habían hecho varios encargos por toda la región, y así de paso aprovechaba para hacer el informe sobre el país que le había mandado Eliwood. Aunque eso de momento lo había dejado aparcado, pues tenía entre manos una tarea mucho más delicada y deliciosa.

Estaba sentado entre varios hombres corpulentos y rollizos, de edad avanzada y aspecto de personas pudientes. Tenían la mesa más grande del establecimiento, pero al estar situada en una de las esquinas tenían cierta privacidad. No obstante, muchos de ellos, ya algo alcoholizados por las grandes cantidades de sake ingerido, hablaban a gritos, a menudo llamando la atención de los demás grupos de viajeros. Izaya, no obstante, estaba en su salsa. No participaba activamente de la conversación, pero prestaba atención a todo lo que se decía, por muy tonto que fuera. Les reía las gracias y les rellenaba los vasitos de sake cuando se vaciaban, animando de esa manera a que continuasen bebiendo sin que se dieran cuenta de la sutil manipulación del estratega. Se había hecho amigo suyo por la mañana en las termas, donde Izaya les había entretenido con historias inventadas de sus viajes por otros países. Más tarde, al conocer su nombre y la fama que le precedía desde hacía un tiempo, no habían temido en invitar al informante a comer y beber con ellos.

Había sido tan sencillo que incluso había sido aburrido. Con solo decir que detestaba Nohr, y que creía en Naga a pesar de ser extranjero, les había valido para calificarle como alguien de fiar. La gente de Nohr era mucho más desconfiada, un reto más peligroso e intrigante. Por lo menos, lo que estaba sacando de la conversación era de lo más jugoso, mucho más que todos los platillos de deliciosa comida que les habían ido trayendo según surgía el hambre: sushi, gyozas, tempura, curry, sopa de miso, y diferentes combinaciones con tofu. Habían charlado sobre sus amantes, sobre sus respectivas familias, sobre sus riñas con otros nobles feudales de la zona. Ah, si supieran que le había contratado uno de esos señores a los que tanto criticaban. Ni siquiera había sido para nada en especial, solo para saber cosas de sus rivales para tener cierta superioridad a ellos. Como todo estratega debía saber: “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no deberás temer el resultado de cien batallas.  Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria lograda también sufrirás una derrota.  Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas”. Toda información era útil, e Izaya recordaba todo lo dicho a lo largo de la extensa conversación.

A pesar de estar la mayoría del tiempo callado, el informante sobresalía entre los hombres rollizos y entrados en sus años. Llevaba puesto un yukata blanco atado con un obi de color negro. Encima llevaba un haori, una chaqueta rosa y blanca, que recordaba a los cerezos en flor de Hoshido. Llamaba la atención por ser un color tan femenino, pero Izaya lo llevaba con total naturalidad. ¿Quién decía que un estratega acostumbrado al gris y al negro no pudiera vestir algo completamente contrario a lo que todos esperarían? Le gustaba ser sorpresivo con él mismo y con los demás. La evolución se debía al cambio, y la incapacidad de cambiar suponía la muerte. Pretendía seguir viviendo un tiempo más. Por supuesto, si intentaba explicarle a alguien la mentalidad detrás de su elección de vestuario pensaría que estaba loco, de modo que se limitaría a usar la baza del “extranjero”, o un simple “me gustaba”. La información sobre él era muy cara, no iba a ir compartiéndola así como así.

Caía la noche, y se notaba no solo en la tenue luz del exterior que instaba a las sirvientas de la taberna a colocar farolillos rojos por doquier para alumbrar los patios y las termas, sino porque sus compañeros de mesa comenzaban a decaer, cansados por la cantidad de alcohol ingerido y sus ganas de volver a sus respectivas habitaciones con sus amantes. Pronto, Izaya se quedó solo en la mesa, tomando tranquilamente un té verde matcha que había pedido al servicio. Había argumentado que prefería quedarse ahí, pues la noche pintaba agradable y no tenía a nadie que le esperase en su alcoba. Era un hombre fielmente casado, al fin y al cabo, o eso les había contado a ellos. Estar casado con su trabajo contaba. Miró a su alrededor, algo aburrido, sus ojos rojizos posándose en las personas que aún quedaban en la habitación y que estaban terminando sus cenas o sus tés antes de ir a los baños termales, dar un paseo por los jardines de piedra y bambú, o regresar a sus estancias a dormir. Apoyó su rostro sobre una mano y miró con cierta fijeza y curiosidad a un hombre que había llegado hacía poco y que estaba, como él, solo en una mesa.
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Re: [Campaña de liberación] Bienestar en cuerpo y mente [Izaya Orihara]

Mensaje por Subaki el Dom Ago 06, 2017 1:26 pm

Aquel establecimiento estaba lleno de personas, pero las mas pudientes estaban todas reunidas en una misma zona, una mesa llena de nobles de Hoshido, señores feudales que había visto ya varias veces por palacio. No es que fueran muy importantes, después de todo no pasaban mucho tiempo por Shirasagi, pero eran fácilmente reconocibles. No quería tampoco molestarlos en sus charlas, además de que tampoco parecían estar en condiciones para tener una conversación fluida, todos ellos habían bebido de mas y formaban bastante barullo, una vergüenza para personas que provenían de un linaje tan noble, era despreciable ver y escuchar todo aquello. Intento seguir con su comida intentando ignorar a aquel grupo, aunque desde luego no los vería de la misma forma cuando los viera en la capital pidiendo algo para sus feudos.

Poco a poco aquellos hombres iban desapareciendo de la mesa, se iban a sus habitaciones a dormir, estaban bastante borrachos. Subaki ya habia comido con tranquilidad aquel menú que le habían recomendado también las camareras, lo cierto es que ni en la capital había probado unas gyozas tan buenas y bien hechas. Una vez termino y las camareras se llevaron todos le trajeron un bol con unos mochis de colores, verde, rosa y amarillo, lo habían decorado con unas hojas de menta que además aromatizaba aquel postre. El joven de largos cabellos entonces empezó a comer sonriendo al notar el dulce sabor de aquellos mochis. Seguro que a la princesa Sakura le encantaría probar algo así.

-Están especialmente ricos, me parece que la menta le ha dado un toque muy interesante.-

Las camareras parecían disfrutar con las palabras del jinete y no paraban de acercarse hacia la mesa del joven intentando impresionarlo, sin embargo, este solo se impresionaba y halagaba la comida y el establecimiento en el que estaba. Poco a poco el dueño fue avisando a las camareras de que debían dejar de centrarse en el y ya no lo visitaban tanto, aun cuando no paraban de mirarlo.

Terminó de comer entonces aquel postre cuando se levanto para ir a cambiarse y dirigirse a las aguas termales se quedo parado un momento. En la mesa donde solo estaban los señores feudales, solo quedaba un chico, alguien que no había visto nunca junto a aquellos hombres pero que ahora que lo veía si que reconocía de haber estado allí hablando con ellos, ¿Era quizás un amigo de ellos? Desde luego tenía estilo, mucho mas que aquellos nobles incluso. El joven entonces se acerco hacia aquella mesa sonriendo de forma agradable.

-Teneis un yukata precioso, habéis conseguido preciosos ropajes, de donde provienen? Lo cierto es que me gustaría encontrar un haori de un color parecido, aunque me gustaría combinarlo con otros colores.-

El joven entonces saludo con la cabeza sonriendo esta vez abriendo sus labios para mostrar su linea de blancos dientes impolutos.

-Me llamo Subaki, es un placer conoceros en un lugar como este, ¿Venís por las aguas?-
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Re: [Campaña de liberación] Bienestar en cuerpo y mente [Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Oct 11, 2017 6:15 pm

Era increíble lo que uno podía aprender de los demás mediante el arte de la observación. A pesar de haberse quedado a solas, eso no era sinónimo de aburrimiento para Izaya. Al contrario, a menudo se descubría más entretenido consigo mismo, en su propia compañía, que cuando estaba interactuando con mucha gente. El informante era una persona solitaria por naturaleza, introspectivo y dado más al análisis que al diálogo. Para él, el acto del habla tenía un propósito, era el medio por el que podía alcanzar un determinado fin: conseguir información, que una persona confiase en él, destruir a un lerdo con su fluida verborrea, o provocarle con la intención de lograr algo de lo anterior. Había tremendas oportunidades para hacer bien su trabajo mediante el diálogo, pero los informantes que acababan muertos eran los que solo confiaban en esa habilidad para conseguir lo que querían. El truco estaba en observar más que en ser observado, en escuchar más que ser escuchado, y en mantener el control en todo momento al adelantarse a la situación.

Por eso mismo no le sorprendió que el joven, del que no había apartado la mirada durante un buen rato, se acercase a él. Le había visto levantarse, fijarse en él, y acercarse. El estratega le recibió con una sonrisa ladeada y carismática, que rozaba los bordes de los nudillos en los que apoyaba la mejilla derecha. Su postura relajada, casi lánguida, dejaba entrever lo cómodo que estaba con que un extraño se le hubiera acercado. Aunque Izaya prefiera mantenerse al margen de las historias de los demás, no significaba que no pudiera desenvolverse con total normalidad en sus relaciones sociales. Todo lo normal que él pudiera ser, al menos. Cuando Subaki le habló, dejó la tacita de porcelana, llena de té matcha humeante encima de la mesa y se alzó un poco de su postura para no estar apoyado contra la superficie de madera del mueble. No había muchos más alimentos junto a su bebida, solo unos pocos wasaguis de aspecto adorable y declicioso, que estaban colocados en un fino plato blanco, y se habían quedado sin tocar porque a Izaya no le gustaba el dulce.

- Oh, ¿se refiere a mí? - Se echó un poco hacia atrás y, con fingida sorpresa, se miró a sí mismo. – Es un regalo de parte de mi futuro Otou-sama. Estoy prometido con su hermosa hija, y cuando vine a conocerla, me lo obsequió. – mintió sin que se le moviera un pelo de la cabeza. En todo momento se dirigió a él con aspecto amable y tono encantador. Por supuesto que sabía que el yukata era precioso, él mismo lo había hecho hacer así, y confiaba en su gusto impecable. - Si lo desea podría preguntarle dónde lo ha comprado o qué modista se lo ha hecho. Seguro que le asesora perfectamente con los colores que desee. – El chico no parecía tener mal gusto, pero el informante esperaba que no se le ocurriera mezclar ese tono de cabello con el rosa cerezo que llevaba él. Sería simplemente una aberración y no tendría más remedio que quemarle en la hoguera por hereje a la moda.

Ante el saludo de Subaki, Izaya se incorporó de su posición de rodillas, e hizo una reverencia típica hoshidiana. – El placer es todo mío, Subaki-san. – incorporándose para quedar a su altura normal, continuó: He venido con Otou-sama, pero ahora que se ha ido a descansar es posible que pruebe las aguas. Me las ha recomendado todo el mundo con quién he hablado, dicen que sus propiedades minerales son buenas para la piel. ¿Cree que debería llevarle una muestra a mi joven futura esposa? – El estratega nunca se casaría con una persona porque ya estaba más que comprometido con su trabajo. Puesto que no sabía quién era el desconocido, no iba a revelar su identidad tan fácilmente, y menos teniendo en cuenta que acababa de terminar una reunión de asuntos delicados y de carácter íntimo. No dejaba de ser un profesional, al fin y al cabo. Iba a añadir algo más, cuando las puertas corredizas de madera y tela se abrieron con extremada fuerza. Un soldado magullado y ensangrentado dio dos pasos en el establecimiento antes de doblarse por la mitad y vomitar en el suelo. - ¡E-están aquí! ¡H-han llegado! – exclamó, antes de que dos flechas le atravesaran la espalda.

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