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Una doble entrada (Privado. Henry)

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Mensaje por Invitado el Vie Oct 23, 2015 7:20 pm

Había sido un largo y desventurado viaje desde Ylisse hasta Plegia, pero gracias a su compañía, había logrado cruzar la conflictiva frontera y ahora podía relajarse dentro de los límites de la ciudad. Habían tenido un par de inconvenientes en el camino, pero por suerte Gaius siempre sabia rodearse de buenos y capaces compañeros. Ahora, a salvo tras las altas murallas de la ciudad, el joven bandido solo quería una buena cena, una buena cama y, para su propia sorpresa, un buen baño.
Caminaba sin rumbo fijo buscando la inequívoca señal de alguna taberna. Pero al ser nuevo en la ciudad, estaba completamente desorientado. Estuvo tentado de preguntar direcciones un par de veces, pero como buen habitante del submundo, sabía lo peligroso que podía llegar a ser que un forastero se declarara perdido en una ciudad. Más estando solo.
Así pues, puso su mejor cara de “yo sé a dónde voy” y siguió dando vueltas en círculos. Con fe de que la diosa de la fortuna todavía no lo había abandonado.
Un par de horas después, ya casi anocheciendo, Gaius pudo dar fin a su búsqueda. Tras un estrecho pasadizo, dio con una esquina triangular, en cuya proa se erguía un delgado pero imponente edificio de tres plantas. Todas sus chimeneas estaban encendidas, y el inequívoco olor de cerveza derramada, delataban su función de taberna. A Gaius se le llenaron los ojos de lágrimas, y corrió hacia el local. En el cartel colgante se podía leer “La garra de Grima”, nombre que hizo que le corriera n escalofrío por la espalda. “Una taberna es una taberna” se dijo, y con paso decidido cruzo el umbral.
Adentro el salón principal estaba casi vacío. Unas pocas personas se reunían en mesas muy separadas una de la otra. Los ojos de los presentes se clavaron en el recién llegado con miradas de desconfianza y recelo. Lo hostil en el ambiente era casi palpable.
Sudándole las manos, se dirigió hacia la barra, tratando de no hacer contacto ocular con nadie. Un viejo y cansado tabernero lo recibío en el grueso mostrador. Gaius pidió su habitual menú: Una jarra de hidromiel y un plato de lo que tuvieran en la olla. Antes de que el tabernero se alejara, disimuladamente le enseñó su moneda lisa. El tabernero solo puso los ojos en blanco, resopló y siguió su camino a la cocina. Desconcertado, el joven se acomodó en la butaca. Nunca se había sentido tanto como un sapo de otro poso.
EL tabernero volvió con un cuenco de una especie de guisado gris y grumoso que logó que el hambre de Gaius disminuyera con solo mirarlo. Lo coloco frente al viajero y, mientras llenaba lentamente una jarra de hidromiel, le murmuró por lo bajo:
-Hay un encargo del gremio. Un joven mago solicitó unirse. Es de cabello blanco, toga negra y muy risueño. Frecuenta la plaza mayor. Te corresponde hacer los preparativos. –
Diciendo esto, colocó sonoramente la barrica frente a Gaius y se alejó sin mediar palabra.
Al hambriento y cansado bandido le pesaban los hombros, y se agarraba la cabeza con ambas manos. “Otro iniciado? Porque todos le tocaban a él?”.  Suspiro sonoramente y trató de despejar la mente. El cuenco de “lodo gris” seguía ahí. Decidido, agarro la cuchara con firmeza, cerró fuerte los ojos y abrió grande la boca. Se tragaría esa inmundicia sin saborearla. Haría que el suplicio terminará rápido.

A la mañana siguiente, Gaius se dirigió a investigar la única pista que tenía de su objetivo.
La plaza mayor, como había presupuesto, era una gran aglomeración de personas. Todas moviéndose velozmente de un lugar a otro. Entrando y saliendo de diversos negocios y tiendas.
La presencia de soldados no era menos, lo que hacía que a Gaius no le pararan de sudar las manos. Parándose en puntas de pie, trataba de ver por encima de la muchedumbre, sin albergar muchas esperanzas. Lo ideal hubiera sido trepar hacia las azoteas y escudriñar a la multitud desde ahí. Pero en esta ciudad había notado que había guardias hasta en los techos, cosa que lo intimidaba más y más.
Desanimado, sintiendo que buscaba una aguja en un pajar, Gaius estaba por perder toda esperanza, cuando de repente lo vio.
Saliendo de una herboristería, allí estaba. No le cabían dudas. Era un muchacho alto y delgado. Sus blancos cabellos le acariciaban la cien, y sus ropajes no podían pertenecer a nadie que no perteneciese al arcano. Un gran y robusto cuervo le jugueteaba en el hombro, mientras el joven mago revisaba sus compras.
Gaius tuvo que frenar el impulso de correr y abrazarlo por la alegría de haberlo encontrado.
Con la mayor naturalidad que pudo, comenzó a seguir al distraído muchacho atreves de la multitud. Siempre posicionándose a su espalda.
Antes de hacer cualquier tipo de contacto, debía cerciorarse de que era digno de confianza. Pero tenía sus dudas de como acercarse a este individuo. Y ciertamente el curvo en su hombro solo le generaba más desconfianza.
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Mensaje por Invitado el Lun Oct 26, 2015 7:59 pm

Si bien ya había terminado sus estudios en el internado, estudios básicos cabía aclarar, estaba aún alojándose en el internado especializándose en diferentes áreas de su interés, y claro, así como estaba en el internado, también estaba bajo las reglas del internado, como la principal, no salir del edificio... o al menos hasta que sus profesores notaron la excelente disposición del mago oscuro para quedarse, ayudar y ser algo más que solo un estudiante. Comenzando por pequeñas encomiendas acompañado por alguno de sus profesores fue ganando confianza y en menos de un año era uno de los pocos magos oscuros que permanecían bajo su propia voluntad Y FELIZMENTE en aquel terrible lugar, pese a las torturas, castigos y comida espantosa. Era lo que conocía y a lo que se había acostumbrado, y con las libertades que tenía en el momento no se aburría para nada, estudiaba lo que deseaba estudiar, asistía a clases, entrenaba, clases particulares con algunos profesores ya avanzados y hacer los mandados de la academia, sobretodo los insumos para las maldiciones. Estudioso en la materia era bastante estricto con conseguir los mejores materiales a reducido precio, y ambas cosas eran buenas, para la fidelidad de las maldiciones así como para la economía del internado.

Y claro... también aprovechaba para socializa un poco y descubrir un poco de mundo. En esas aventuras escuchó sobre un gremio, un grupo de gente que hacía... ¿cosas? no estaba del todo seguro que hacían, pero tras hablar con un tabernero y que este amenazara con que si se salía le cortarían la lengua intentando asustarle con diferentes clases de mutilaciones, solo despertó más el interés del mago, diciendo que querría conocer a tales personas y juntarse con ellos... cosa que el tabernero interpretó como alguna clase de lenguaje en código que expresaba que quería formar parte de ello. Apenas entendió la parte de que alguien le buscaría pero igualmente asintió y se fue.

Ese día tocaba compras, salió con la gran lista, como siempre, y una bolsita con las monedas de oro que guardó en el interior de su cinturón cubierta por una pieza de tela que era parte de su túnica. Y como también era costumbre, sus cuervos le acompañaban, algo dispersos por la cantidad de gente a esas horas en el mercado solo uno se mantenía en su hombro mirando su alrededor y de tanto en tanto la lista del mago cuando este la sacaba, a su cadera colgaba un bolsito donde iba guardando lo que acababa de comprar - Dientes de león, listo... espera. ¿Crees que serían realmente dientes de león o la flor seca? Jm... creo que esta lista debería ser más específica... la próxima pediré que me digan para que la utilizarán así sabré mejor que comprar. - no hablaba a nadie en particular, pero el cuervo sobre su hombro le hacía sonar solo un poquito menos loco, al menos podría caber la posibilidad que estuviese hablándole al animal.

Avanzó entre la gente, sin notar que comenzaba a ser seguido, sin embargo el cuervo si comenzó a removerse en su hombro, caminar un poco en el reducido espacio y mirar fijamente al pelirrojo a su espalda. El mago de ojos cerrados y sonrisa ligera se acercó a un puesto inclinándose para leer los cartelitos de las diferentes botellas con cuestionables contenidos que disponía un puesto ambulante. El cuervo graznó al ladrón al verle acercarse, y recién allí el peliblanco ladeó su rostro para mirar al joven que venía siguiéndolo - Oh... perdón, ¿quieres ver también? - ofreció apartándose un poco, creyendo que quizás era esa la razón por la que estuviese tan cerca.
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Mensaje por Invitado el Lun Oct 26, 2015 9:21 pm

Gaius pegó un salto hacia atrás con el graznido del cuervo. En su experiencia sobreviviendo en los techos de Ylisse, había tenido malas experiencias con unos cuantos. Lo que había degenerado en un especial pavor hacia estos animales.
Había notado, mientras caminaban, que el que posaba en su hombro no era el único. Volando en parvada sobre los techos, otros ocho o nueve cuervos más lo seguían. Al principio el ladrón pensó que era una coincidencia. Pero después de doblar un par de esquinas se disipó toda posibilidad de azar. Los tendría bajo su poder? Era eso! Este mago tenía a sus cuervos como mascotas sirvientes!
Como toda persona ajena a la magia, todo lo referente a ella le generaba miedo y rechazo. El pálido mago no lograba lapidar ese estereotipo. Y menos con su “ejercito” de cuervos apostados en cada flanco, que solo generaban que Gaius se bañara en sudor nervioso.
Había estado tan nervioso cuidándose de las aladas mascotas, que se había acercado demasiado a su objetivo. Ahora, la mirada sonriente del mago se dirigía específicamente a él.  E incluso lo estaba increpando directamente. Claramente el mago había descubierto que lo seguía y ahora lo tenía rodeado y acorralado.
Gaius empezó a rezarle mentalmente a la diosa que siempre le sonríe.
-Eh.. N-no… digo! Si…. Eh….-
Los ojos entrecerrados del mago fijos en él. El cuervo sobre su hombro, y los otros nueve sobre los techos! Las gruesas gotas de sudor corrían libremente por su barbilla, y empezaba a sentir que le faltaba el aire.
Dio un paso hacia atrás. Las manos le temblaban. Se llevó las manos a la cadera tratando de disimular su temblor, al mismo tiempo que ya las dejaba cerca de la daga oculta en su espalda.
Con todas las fuerzas y el coraje que tenía, forzó a su boca a formar una sonrisa. Pero era evidente que cada una de sus fibras quería poner los pies en polvorosa.
-M-me han dicho que… has pedido hablar conmigo, verdad?- atinó a decir mientras mantenía aquella “ mueca sonriente”
-No! No conmigo conmigo. Con alguien de nosotros….-
Con miedo de sacar de encima los ojos del mago, recorrió rápidamente su entorno con la mirada. Estaban en una esquina, enfrente a un puesto de "valla a saber uno que". Lo único próximo que tenía para cubrirse o esconderse eran las ventanas de una casa, o el propio carromato de la tienda detrás del mago. Cualquiera de ellas de difícil acceso.
Porque a él? Porque cuervos?!
Uno de los cuervos bajo de la azotea y se situó en el techo del carruaje. A Gaius le fue imposible seguir fingiendo su sonrisa. Vio como esa ave hacia el recorrido, al tiempo que el poco de color abandonaba su rostro.
Rápidamente volvió a fijar su mirada en el mago. Lo estaba amenazando? Estaría jugando con él? El bandido estaba a punto de tirarse al suelo y pedir clemencia.
-Tu pediste esta reunión!? Que quieres de mi!?- recriminó al mago.
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Mensaje por Invitado el Mar Oct 27, 2015 2:01 am

La bandada de cuervos enseguida notó que el intruso, la posible amenaza, era una presa temerosa, comenzando a acercarse, pararse un par sobre el techo del carromato, uno sobre una de las lámparas, un par en la calle un poco vacía de aquella esquina menos transitada, aún el que estaba sobre el hombro del mago le miraba copiosamente con sus pequeños ojos negros brillante, con su pico azabache entreabierto tomándolo como una amenaza hacia el mago oscuro que cuidaban y casi que se podría decir que habían adoptado como uno más de la bandada. Sin embargo el peliblanco no parecía ser consciente, al menos superficialmente de lo que estaba ocurriendo, solo veía a un pelirrojo con ropas bastante diferentes a las de Plegia y bastante nervioso. Seguramente un viajero perdido.

Las palabras entrecortadas, torpes y atropelladas del ladrón no quitaron la sonrisa que parecía tallada a piedra en su rostro, sus ojos entrecerrados ni siquiera mostraban sus pupilas, tapadas por las espesas pestañas blancas, extrañamente no parecía mirarlo pero a su vez la mirada recaía pesada y copiosa sobre el pelirrojo. Intentando hacer memoria un poco se toca el mentón bajando un poco el rostro, alzando enseguida su dedo índice como si fuese a explicar algo - ¡Ah! Nope, creo que te equivocas. No te conozco, y no creo haber pedido reunión contigo... a no ser que seas del grupo pintoresco que estaban hablando en la taberna. Uno de mis cuervos me dijo. ¿Son ustedes quienes cortan lenguas? Si es así, entonces ¡tienes al mago indicado! The-he - su voz algo aguda pero sumamente alegre  segura alteró un poco a las aves que acercandose más, una tercera se paró sobre el carromato y otra en el otro hombro del hombre... ¿Acaso se estaban acercando más? Podría ser, la bandada que le seguía normalmente superaba los treinta o cuarenta cuervos, aunque solo una pequeña porción se acercaba tanto cuando estaba con alguien, normalmente solo estaban alrededor o entrando a su habitación. Al ver que se acercaban revolvió en la alforja que cargaba sacando un pequeño trozo de carne seca la cual ofreció al cuervo sobre su hombro, este la tomó en su pico y la tragó con gusto, repitió el acto con el otro en su otro hombro que también recibió gustoso el alimento.

Acto seguido le ofreció un trozo de carne al ladrón, salada y seca era la mejor manera de conservar la carne si se quería evitar que se echase a perder, más en climas secos como era la ciudad de Plegia tan cercana al desierto de las ruinas. El albino se encogió un poco de hombros ladeando su rostro ofreciendo una sonrisa amigable - Me gustaría unirme, claro. ¿Cuáles son los requisitos? ¿Tendré que cortarme un dedo? ¿Dibujarme con una daga el logo de grupo? ¡Oh, oh! ¡¿Podría ser que sea marcado a fuego sobre la piel?! Suena emocionante. -
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Mensaje por Invitado el Jue Oct 29, 2015 11:09 pm

No bien la gran ave negra toco el hombro del bandido, sus piernas le terminaron de fallar, y se fue de rodillas al piso. Estaba completamente aterrado. No había fibra de él que no temblara. Tenía miedo de mover el brazo donde se posaba el ave, mientras con el otro brazo se cubría el rostro. Se había olvidado de su daga, de su orgullo, todo. Solo mantenía la mirada fina en el piso, tratando de mantener sus ojos lejos de esas emplumadas bestias.
En su mente resonaban los gritos de aquel niño.

Aquella vez, siendo jóvenes bandidos, se habían colado al desván de una casa abandonada. En ella no había más que muebles mohosos y destartalados, así que los jóvenes se divertían escarbando entre la vasca buscando “tesoros”.  Pero su amigo, del cual ya no se acordaba del nombre, había tenido la mala racha de tropezarse sobre una viga y cayendo sobre un nido. El clamor fue inmediato, decenas de estas negras aves que estaban en las almenas de techo, bajaron en picada sobre el niño. Gaius petrificado, vio como estas criaturas le picoteaban y desgarraban. Lo primero que atacaron fue los ojos. Escuchó como esas bestias explotaban los globos oculares de su amigo, como quien aplasta una uva.
Un par de aves fijaron su atención en él, por lo que el niño bandido salió corriendo despavorido del lugar. Sintiendo como los gritos de desesperación de su amigo se sentían cada vez más lejanos.
Nunca más volvió a ese altillo. Y nunca más supo de su compañero.


Su mente volvió a la situación actual. Si no hacía algo, y pronto, tendría el mismo destino que su compañero. Podía escuchar que el mago le hablaba, pero casi no registraba lo que decía. Su mente era un torbellino de emociones que le impedían situarse en el aquí y ahora. Que estaba diciendo el arcanista? Se estaba burlando de él? Disfrutaba de su miseria, claramente, ya que no paraba de rodearlo con sus bestias. Lo miraría con esa misma sonrisa cuando los cuervos lo empezaran a picar, separándolo en miles y miles de trocitos?  
De las palabras que escucho pudo retener: Grupo, taberna, mago indicado, gustaría unirme, cortarte la lengua, robar tu daga, abrirte los dedos, torturarte con fierros calientes!
Gaius sentía que se iba a desmayar en cualquier momento. Su agitada respiración había comenzado a marearlo, ya apenas podía concentrar la mirada. El bloque de hielo en su estómago era cada vez más intenso, lentamente se fue curvando sobre sí mismo, haciéndose una bola humana. Estaba perdido! Si no hacía algo pronto, si iba a desmayar y ese psicópata iba a hacer “valla uno a saber que” con él.
Este Sádico mago.. Rodeándolo con sus aves rapaces…

En un último atisbo de lucidez, le vino un recuerdo a la mente: Los cuervos amaban las cosas brillantes!. La idea de una escapatoria logró que recobrara un poco la compostura. Pero debía hacerlo rápido. No contaba con mucho tiempo.
-Así que quieres unirte- atinó a balbucear a pesar que le temblaban los labios.
-Pues toma! Ya estas adentro!- Vocifero al tiempo que, con el pulgar, hacia bailar una dorada moneda lisa con toda lo más fuerte que pudo.
No esperó a que todas las aves corrieran tras la moneda, no bien sintió que el ave de su hombro iba tras la moneda, y fue toda la señal que necesitó. Rodó sobre su propia espalda hasta posicionarse debajo del carromato.
Ahora tenía un techo, estaba un poco más a salvo.
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Mensaje por Invitado el Jue Nov 12, 2015 3:56 am

El pelirojo parecía alterado, temeroso, y el mago oscuro, apático e incapaz de entender aquellos sentimientos, solo le miró con la misma sonrisa copiosa e infantil, sus ojos aún entrecerrados, oculto bajo espesas pestañas blancas. Incluso estaba alegre, parecía que tendría un nuevo amigo y los cuervos ya le estaban aceptando, incluso uno de ellos se había acercado, seguramente llamado por el palito en los labios ajenos o el brillo cristalino de los ojos del ladrón, mas no le atacó, solo chilló al estar en su hombro ladeando su pequeña cabecita negra y emplumada mirando como el pelirrojo se cubría.

Al verle caer de rodillas al piso se acercó un paso, quizás se había caído, quizás se le había caído algo o estaba buscando algo en el piso, se inclinó un poco para mirar que era lo que el ladrón observaba tan fijamente, pero solo viendo el piso de empedrado. Sin terminar de comprender la actuación del ladrón sonrió cuando finalmente este hablaba y le daba la entrada al gremio. La moneda voló y el cuervo más cercano, el del hombro ajeno, alzó vuelo para atrapar la pieza de oro en el aire y llevársela al mago, posándose sobre el hombro del albino y soltando la moneda cuando este extendió la mano. Observó el objeto alzándolo un poco, el cuervo que tenía en su otro hombro intentó picotearla pero con una sacudida de su mano este desistió - Oh, un regalo. ¿Para qué es? No creo que la acepten en el mercado si no tiene el dibujito. Oh, oh, ¿es para que le talle yo un dibujito? - la emoción en su voz agudizaba un poco esta dándole un tono que rozaba el infantil. Guardó la moneda en la pequeña bolsita que ocultaba bajo las telas de su cadera por la parte interna del cinturón.

Al volver a dirigirse al ladrón notó que este ya no estaba en el piso frente a él, tampoco en un lugar visible, si no fuese por la tira de la bufanda que sobresalía de debajo del carromato no lo habría podido encontrar. Se acercó arrodillándose y apoyando sus manos en el piso para mirar debajo, sumamente cerca del ladrón sin respetar ni un poco el espacio personal, ni tampoco el escondite. Al menos al agacharse así los cuervos se apartaron de sus hombros posicionándose sobre el carromato y uno en el piso cerca, picando entre las piedras del empedrado del piso buscando algo con que entretenerse. El peliblanco mantenía su sonrisa, parecía forjada en su rostro ya volviéndola irreal - ¿Perdiste algo? ¿Te ayudo a buscarlo? ¿Eres el líder del gremio? ¿Ya estoy dentro? ¡Qué emocionante! Aunque los rumores decían cosas como cortar lenguas y eso, ¿es lo que hacemos? Soy bueno cortando lenguas, las utilizamos mucho en el instituto, también dedos, sobretodo extraer uñas. -[/color] Gateó un poco bajo el carromato ya quedando con medio cuerpo debajo.
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Mensaje por Invitado el Mar Nov 17, 2015 11:49 pm

Debajo del carromato el bandido respiraba sonoramente, un pequeño charco de sudor se dibujaba debajo de él. Había logrado ponerse a cubierto, por lo que se sentía aliviado. Si bien era cierto que todavía podían atacarlo, por lo menos ahora corría con ventaja, por lo que respiro un tanto aliviado teniendo la certeza que podría sobrevivir a esto, e incluso era probable que conservase ambos ojos.
Miró hacia ambos lados, si bien algunos cuervos habían bajado hasta el suelo, ninguno daba señales de querer o intentar meterse en su escondite. Buena señal.

Que le pasaba a ese mago? Porque pedir unirse a un grupo si luego pensaba atacar al mensajero? Sería porque el ladrón era de Ylisse? Había sido todo esto una cruel emboscada para el visitante del país en conflicto? Gaius sacudió la cabeza desechando la idea, el encargo había llegado a través del gremio, y el gremio no tenía traidores.
No pudo terminar sus conclusiones cuando la sonriente cabeza del oscuro hechicero se asomó por debajo del carruaje. El bandido contuvo el aire cuando el blanco muchacho acercó su cara a la suya. Algo no estaba bien en ese joven, y ahora que lo miraba de cerca, podía confirmarlo. La expresión sonriente y vacía, el tono jocoso, todo indicaba demencia. Había estado tan nervioso por los cuervos, que no lo había notado hasta ahora. Este era un mago inestable y peligroso, y Gaius sabía bien que la mejor manera de lidiar con un demente, es dándoles la derecha.
-Por supuesto que estas adentro- dijo obligándose a sonreír.
-Como podríamos no apreciar que un poderoso hechicero como tu formara parte de nuestras filas- las gruesas gotas de sudor corrían libremente por la frente del bandido. Si bien había logrado contener sus nauseas, apenas y podía permanecer unido. Tomaba fuerza en que diría las palabras correctas y el mago eventualmente se desentendería de él.
-No es necesario que te tengamos que amputar nada, descuida. Eso solo es en caso especiales y muy raros. – El bandido trataba desesperadamente de conservar su sonrisa. En su mente, rogaba con todas sus fuerzas que el mago se alejara prontamente de ahí.
Como podía haber admitido a un demente en el gremio? Coyote gris lo iba a colgar de las orejas en una plaza publica. Pero ahora ya no podría echarse para atrás, debía llegar hasta el final, o eliminar al mago, y como este estaba protegido por su ejército de cuervos, veía únicamente viable la primera.
-Aunque siempre nos viene bien alguien con tus talentos!- dijo tratando con fuerza que su voz no le temblara.
-T-tenemos un par de personas a las que debemos.., castigar. Tu sabes hacer eso?-
Dijo el bandido apuntando al único uso que se le ocurría para el desquiciado mago.
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Mensaje por Invitado el Miér Nov 25, 2015 4:29 am

Bajo el carromato el espacio era medio reducido por lo que tenía que flexionarse bastante para llegar a donde estaba el ladrón, sin notar, totalmente apático, los nervios de muerte que le estaba causando su presencia tan cercana, su sonrisa vacía y sus ojos cerrados, que pese a sus espesas pestañas blancas y parpados claramente cerrados, parecía verle con total naturalidad, o peor aún, los ojos estampados en dorado en el cuello de su capa parecían mirar por él enmarcando su rostro pálido como los mismo emergidos que circulaban las calles de Plegia.

Uno de los cuervos bajó al piso y caminó bajo el carromato junto al mago, picando el piso en pequeños granitos de arena que brillaban cuando la luz de las farolas de aceite movían la luz. La decepción del mago fue casi que tangible con un sonoro "Awww!" cuando se le informó que aquello por lo que había entrado no iba a suceder, aparentemente las mutilaciones eran falsa publicidad, aunque tampoco podía confiar tanto en rumores de tabernas ¡se decía cada cosa allí! Igualmente pareció emocionado cuando le habló de su utilidad dentro del gremio regresando aquella sonrisa a su rostro, sus ojos cerrados eran bastante expresivos con sus cejas blancas moviéndose con cada palabra que decía, mostrando una expresión un tanto solemne y relajada levantando su mano y alzando su dedo índice mientras hablaba, apoyando su peso en la otra mano - ¡Si, señor! Soy experto en varias clases de torturas. En el internado nos entrenan para la milicia, entre las materias está el sacado de información y eliminación de los enemigos. He sido entrenado para torturas psicológicas como la privación del sueño, humillaciones y claro, fobias y amenazas, también para torturas físicas, flagelación, arrancar uñas, asfixia, quemaduras entre varios leves, también se puede hacer ir un poco más como quebrar rodillas o la dama de hierro. Tenemos una en el instituto. ¿Tienen alguna preferencia? - era bastante diestro en varias de estas especialidades dentro de la materia viviendo varias de estas en carne propia y posteriormente siendo entrenado para utilizarlas, no solo en enemigos si no en propios compañeros de instituto que intentaban escapar o incumplían alguna de las numerosas reglas del lugar.
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Mensaje por Invitado el Mar Dic 01, 2015 4:32 pm

El color del bandido volvió a desaparecer cuando el cuervo comenzó a pasearse debajo del carromato. Pero el bandido se calmó un poco cuando verificó que solo era uno, de momento. De igual forma, y pese a que el cuervo no estaba tomando ninguna acción agresiva, llevó su mano hacia la empuñadura de su daga. Si ese pajarito o el mago hacían algún movimiento chistoso, el atacaría primero y preguntaría después. Ya empezaba a estar harto de toda esta incómoda situación, quería irse y se quería ir ya! Rezo mentalmente para que el mago se apartará de su camino. Si salía de está, nunca más volvería a pisar Plegia en su vida, prometió.
El mago de repente comenzó a enumerar todos sus conocimientos en torturas y diferentes métodos. Si no fuera que se imaginaba al muchacho practicando tales atrocidades en él, el bandido se habría mostrado sorprendido y lo hubiera elogiado.
-V-valla que i-impresionante….- Dijo torpemente el ladrón, todavía no había conseguido que le dejara de temblar el labio inferior.
De las palabras del joven pudo deducir que tales habilidades eran también algo que el joven disfrutaba hacer. Sino porque habría de enumerarlas con una sonrisa en los labios. Por lo que una fugaz idea le cruzo por la mente.
-S-si, siempre estamos en busca de algún experto en… “enseñar modales”. C-cuánto costaría contratar tus servicios? Creo que Coyote Gris me mencionó que estaba buscando a un nuevo… A alguien que se encargue de las “ovejas descarriadas”.- Se mojó ligeramente los labios.
-Aparentemente el ultimó terminó ahorcado en una plaza pública. Los Ylissianos no toman muy bien ese tipo de prácticas. Ah! Pero no todos! Yo soy de Ylisse y respeto mucho tu trabajo! – Se apresuró a aclarar.
-Si me dejas ir ahora, enseguida te haré llegar una de estas…. Personas. Te parece?-
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Mensaje por Invitado el Vie Dic 04, 2015 2:53 am

El cuervo parecía percibir más los estados de temor del ladrón que el propio mago delante suyo, tan cercano a su rostro pero tan ajeno a las señales de miedo y nerviosismo que mostraba, desde la sudoración que perlaba la piel pálida del pelirrojo hasta el temblar de su labio. El albino seguía allí de rodillas sin permitirle salir al ladrón, el cuervo se acercó un poco más, caminando como si fuese una pequeña persona, paso a paso sin dar saltitos, inclinando su cabeza y mirando con más atención al ladrón, sobretodo a su labio tembloroso.

El albino asintió repetidas veces emocionado cuando fue alagado por sus habilidades, o más bien la enumeración de las mismas - Gracias, gracias. Soy graduado y con excelentes recomendaciones, estoy ya en clase avanzada de maleficios y ritos. - dijo con orgullo, era raro que alguien se interesase en él y cuando alguien lo hacía realmente le emocionaba bastante. Aunque era sencillo hablar, quizás el pelirrojo necesitaría alguna clase de prueba de que era bueno en lo que hacía... Mientras el otro hablaba el albino quedó con su mirada perdida entre sus pestañas blancas entrecerradas, una sonrisa vacía y su mente un poco lejos antes de mover un poco su cabeza volviendo en sí, dejando de escuchar lo que sea que tenía en su cabeza y volviendo a prestar atención al ladrón que parecía estar ofreciéndole alguna clase de trabajo. Estiró su mano y tomó la muñeca ajena, no tenía especial fuerza pero sus dedos presionaron enseguida en las venas de su brazo impidiendo el paso mayor de sangre, nada doloroso pero que al rato comenzaría a sentir el cosquilleo y entumecimiento de sus dedos - ¡Permíteme mostrarte! Puedo hacerte una demostración corta para que veas lo que puedo hacer. Piensa en un número y no me lo digas, guárdalo como si tu vida dependiese de ello y verás que terminarás gritando el número cuando termine. - definitivamente sonaba emocionado, su voz se agudizaba ligeramente al hablar y ya estaba jalando su brazo para sacarlo de debajo del carromato.

Si bien se había mencionado dinero, el peliblanco no soltaba número alguno, técnicamente no podía aceptar trabajos o misiones que no fuesen aprobados por la academia... pero si era una demostración gratuita no tendría problema alguno... y un poco de dinero extra no le vendría mal para poder comprar los ingredientes más costosos par a sus maldiciones. Ya vería como solucionar aquello, quizás encontrar un punto o agujero legal donde pudiese tomar el trabajo... ¿Si usaba a la gente que se le enviase como parte de sus ritos? Eso podría funcionar...
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Mensaje por Invitado el Lun Dic 07, 2015 5:32 pm

Gaius reculó lo más que pudo cuando el pequeño animal de alas negras comenzó a acercarse a él, en su gateo hacia atrás, se vio forzado a soltar la empuñadura de su daga, retrocedió hasta que sus pies dieron con la pared de la esquina.
-Demostración?- Preguntó tardíamente el bandido. Cuando terminó de formular su pregunta, el mago ya lo había tomado por su muñeca izquierda y comenzaba a hacer presión sobre su arteria.
-Pero que grim…?!- Giro rápidamente su muñeca abriendo el agarre del mago y con un rápido pero efectivo tirón logro fácilmente liberarse del debilucho hechicero.
Le dedico una mirada se sorpresa y recelo. Que había intentado hacer? Capturarlo? Torturarlo? El bandido quien estaba acostumbrado a llaves y agarradas de todo tipo por parte de guardias y soldados, seguía intrigado por lo extrañamente fácil que le había resultado al mago atrapar su muñeca. Claramente el ejército de cuervos lo estaba distrayendo al ladrón del propio origen, el mago mismo
-No… no es necesaria ninguna demostración!- Se apresuró a decir el ladrón a tiempo que se frotaba su adolorida muñeca.
-Nunca me atrevería a dudar de tu capacidad.- Dijo forzando lo mejor que pudo una sonrisa.
-Y-y es evidente que definitivamente pagaremos el precio que digas, no es necesario que nos des una cifra ahora.-
-Solo dinos que haría falta para poder trabajar contigo y será más que suficiente!-

-Y ahora…. Si me permites irme… podré darle la buena nueva al gremio de que contamos con tu ayuda, verdad?-  
Miro nervioso al cuero quien mantenía la vista clavada en él.
-Solo déjame ir, si?- Dijo con ojos implorantes.
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Una doble entrada (Privado. Henry) Empty Re: Una doble entrada (Privado. Henry)

Mensaje por Invitado el Jue Dic 10, 2015 9:36 pm

El movimiento brusco del bandido cuando se liberó del agarre del albino alteró al cuervo cercano que chillando aleteó bajo el carromato acercándose de a saltitos hacia el pelirrojo pero aún manteniendo una distancia segura de cualquier peligro, un metro aproximadamente. Su pico se cerró castañando un par de veces y a pasitos cortos se acercó al albino que, sin perder la sonrisa, inclinó un poco su cabeza al verle librado tan fácilmente, aparentemente los ladrones tenían, efectivamente, aquella fama de escurridizos por algo, ningún alumno, emergido o victima, había escapado tan sencillamente de su agarre sin tener un forcejeo y terminar librándose por superioridad de fuerza, esto había sido, sorprendentemente, una técnica que tendría que aprender. Mirando su mano movió un poco la muñeca intentando ver si recordaba el movimiento que había hecho el ladrón, pero se distrajo al escuchar la voz ajena - Oh, si es algo en específico deberían hablar con el instituto pero si me lo dejan libre lo haré gratis, hehe, siempre estamos necesitando voluntarios para demostraciones en clases. - dijo con la naturalidad como quien habla de un corte de pelo y no un quiebre de psiquis... y probablemente quiebre de huesos también.

Retrocedió sin problemas ante el pedido, no era su intención acorralarlo o atraparlo, simplemente le había seguido como solía hacer con quien le caía bien, sin tener realmente malas intenciones al respecto. Al salir, detrás suyo lo hizo también el cuervo, primero de a saltitos y finalmente volando hacia el hombro del mago, algunos cuervos se removieron de los alrededores, los que estaban en el piso volaron más lejos sobre farolas y techos de casas cercanas y otros se acercaron haciendo ya líneas de aves en los bordes de los tejados volviendo un tanto más sombría la escena. El mago parecía ajeno a todo esto con su rostro tan iluminado por la sonrisa infantil que parecía una calcomanía pegada en aquel lugar  - Oh, estás apurado. Claro~ Igual las tiendas de la plaza están abiertas toda la noche, cierran en el amanecer, así que no te preocupes. ¿Eras de Ylisse? Si, me dijeron que allí todos se van a dormir en las noches y que las calles quedan vacías. Que locura. Justo cuando es más fresco el ambiente y los cuervos están más activos. Pero entiendo, quizás hasta tienes sueño. Ve a dormir, me dijeron que la taberna donde fui a hablar tienen camas muy cómodas, aunque no hay arañas en las habitaciones. - agregó esto último como si fuese algo negativo, aún junto al carromato extendió su mano para que el ladrón pudiese auxiliarse al levantarse.
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Una doble entrada (Privado. Henry) Empty Re: Una doble entrada (Privado. Henry)

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 12, 2015 7:44 pm

El bandido no se permitió el lujo de dudar. No bien el mago comenzó a salir del carromato, el ladrón se cubrió con su gruesa capucha para lluvia y se agazapó preparándose para la embestida. El pálido muchacho extendió la mano para ayudarlo a salir, pero el bandido ni siquiera hizo atisbo de agarrarla. No bien encontró un hueco para pasar, corrió como desaforado lejos del carromato, lejos del mago, lejos de los cuervos, lejos de todo. Sintió como pecho ligeramente al mago y también sintió a los cuervos abalanzándose sobre él, algunos le arañaron y picotearon, pero su gruesa capa consiguió que no fuera un gran daño. Pecho y empujó a varios transeúntes en su alocada huida, más no se detuvo un instante. El solo siguió en su frenética huida y solo se detuvo cuando ya no escucho más el graznar de esas aves.
Casi a las afueras de la ciudad, Gaius estaba lo suficiente tranquilo que no lo seguían como para detener su marcha. Observo como sus brazos, los cuales había usado para protegerse los ojos, mostraban una serie de ligeros cortes y raspones. Para fortuna del ladrón, los guantes habían protegido bien sus preciados miembros. Ser recostó contra una pared completamente exhausto. No sabía donde se encontraba de la ciudad, y tampoco le importaba, en ese escuro callejón no había cuervos, y eso era todo lo que necesitaba saber. Ahora que la adrenalina se había consumido, sus piernas temblaban como gelatina, por lo que tubo que tenderse en el suelo a recobrar fuerzas. Se abrazo a si mismo, se frotó los brazos y se dijo que todo ya había pasado, ya estaba a salvo. En un par de horas se levantaría, buscaría una posada para descansar correctamente y después abandonaría la ciudad. “Nada bueno pasa en Plagia” le habían dicho sus congéneres en Ylisse, comenzaba a verificar la verdad de esas palabras.

***

Varias semanas después de este hecho, apareció una caja a pocos metros de la entrada del internado. Una gran caja de madera con el nombre Henry escrito en la tapa.
Adentro, había un hombre extremadamente golpeado, atado y amordazado. Junto con él, había una carta donde se leía:

Hagan con él lo que quieran. Solo asegúrense que no vuelva a aparecer.
Zorro Gris.
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Una doble entrada (Privado. Henry) Empty Re: Una doble entrada (Privado. Henry)

Mensaje por Eliwood el Dom Dic 13, 2015 6:56 pm

Tema cerrado.

50G a cada participante.
Henry ha obtenido una "Moneda de oro lisa".

+1 EXP a cada participante.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.
.

Support :
Marth Una doble entrada (Privado. Henry) Iwzg0SR
Lyndis Una doble entrada (Privado. Henry) JEIjc1v
Nils Una doble entrada (Privado. Henry) JEIjc1v

Especialización :
Una doble entrada (Privado. Henry) Espada%202

Experiencia :
Una doble entrada (Privado. Henry) Iu4Yxy1

Gold :
868


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