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[Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

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[Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Sissi el Mar Abr 18, 2017 6:19 am

Sissi nunca hubiera pensado que podía existir tanto verde en un solo lugar del planeta. Sus ojos dorados, perfilados con suave sombra negra, recorrieron la Bahía de los Elefantes: reconocieron sus aguas turquesas y transparentes, con barcos pesqueros y de transporte que iban y venían en sus quehaceres diarios, pasaron por las playas y los muelles repletos de personas que se dirigían a sus negocios o a casa, otearon los pálidos edificios de la Ciudad Blanca que se extendía hasta el inicio de la indómita selva, un espectáculo de color esmeralda como nunca antes había visto. Desde su posición en la Gran Casa real, Sindhu se extendía ante su mirada como la mayor obra de arte jamás creada. Tan hermoso, que la manakete sentía el pecho constreñido de la emoción, y las lágrimas acudían a las comisuras de sus ojos. Sin duda alguna, Naga obraba de maneras misteriosas y extrañas para los meros mortales como ellos. Ni en sus sueños más fantasiosos, habría cabido imaginar que ese lugar tan bello, salvaje, y especial sería el nuevo Sindhu, pero así lo era. Del mismo modo, no había juzgado posible el hecho de que un día sería Reina. Pero, de nuevo, así lo era: Reina de Sindhu.

Había sido coronada hacía semanas, pero pensar en ello aún le provocaba cierto vértigo. Todo había sucedido demasiado deprisa: la huida de Hatari, la toma del gobierno por parte de la gente del Ducado, la puesta en marcha de la reconstrucción de las ciudades, la unanimidad de los miembros del Consejo de declararse un reino independiente del antiguo Imperio de Valm, la ascensión de Sissi al trono como la legítima heredera de los valores y el legado del nuevo Sindhu. Era tanto un honor, como una tremenda responsabilidad, el ostentar la corona del nuevo país. Como sus padres antes que ella, había logrado liderar, de forma satisfactoria, un masivo éxodo de un continente a otro. Todo gracias a la voluntad de la Diosa Naga, que en su modo de obrar había guiado a su estratega Bâhir al sur de Valentia, donde había hallado un terreno desprovisto de un gobierno centralizado, con el pueblo, fieles creyentes en Naga, sufriendo la ira y la destrucción de los emergidos, y provisto de selvas salvajes y frondosas que eran arrasadas por el fuego y la ambición de las pérfidas criaturas del viento aciago. El destino había unido irremediablemente los hilos de la historia entre Sissi y el territorio más al sur del mundo, ahora llamado Reino de Sindhu, al que debía honrar y respetar como su nuevo hogar.

Sus ojos se perdieron en el horizonte más allá de la bahía, en busca de velas blancas que anunciarían la llegada del Rey Zephiel a su país, pero la lejanía y el brillo del sol sobre el mar, que reflejaba su luz como si sus aguas fueran zafiros, impedían a Sissi vislumbrar algo más que el gran océano. Sonidos de quehaceres en la misma estancia en la que se encontraba hicieron a la reina girar el rostro hacia el resto de personas que estaban en su despacho: una gran sala provista de enormes estanterías con libros y objetos de diversa índole, un escritorio descansaba frente a un balcón sobresaliente y amplio en el que ella ahora se encontraba, en una de las esquinas se hallaba una mesa ovalada junto a una pizarra que servía para reuniones cotidianas o más privadas. En general, podía describirse como un espacio amplio, aireado y luminoso, con macetones con plantas selváticas y flores aromáticas colocadas estratégicamente para no molestar y adornar al mismo tiempo el lugar. Aún debían reordenar algunos muebles, limpiar y colocar libros en las baldas, y disponer varias alfombras que Sissi había encargado para el suelo. Los sirvientes iban y venían con sus encargos y misiones del día, que pintaba ajetreado con la llegada un desconocido huésped.

Sissi había puesto especial cuidado en que solo sus más allegados supieran de la llegada del Rey Zephiel, a quién había prometido discreción. Según le daba la sensación en su carteo, y su propia descripción de sí mismo, el monarca de Bern parecía ser un hombre serio, directo y dado a la practicidad. Si deseaba que su recibimiento fuera moderado, sin demasiada parafernalia, la manakete así lo debía hacer. Era un hombre que había perdido su país, y cumplir con una petición que requería tan poco sacrificio era algo a lo que accedería Sissi con gusto de complacerle. El barco llegaría a puerto como cualquier otro buque de transporte, y allí le esperaría un emisario suyo con las instrucciones de llevarlo ante ella lo más diligente y rápido posible.  Una vez en palacio, les ofrecería descanso a sus hombres y tendrían, si al Rey Zephiel le pareciera correcto, una reunión privada para discutir los asuntos que le llevaban al Reino de Sindhu: formalidad, sencillez, y hospitalidad a partes iguales. Aun así, no podía evitar hallarse algo nerviosa por el encuentro, que sería una de sus primeras reuniones de Estado con el líder de un país extranjero.

Jugó distraída con los múltiples anillos de sus dedos, hechos con la refinada joyería del Valle Diamante, la ciudad del norte de dónde provenían las mejores joyas del país. No solo sus manos estaban adornadas con alhajas, sino que de su cuello colgaba, además, un collar compuesto de numerosos hilos de perlas, que se entrecruzaban y formaban una hermosa composición junto con los detalles en oro y los rubíes que decoraban el final de la pieza. Dividiendo su cabeza, y descansando sobre su frente, había una joya circular de oro; de sus orejas puntiagudas pendían, además, pendientes que, como el collar, tenían numerosos hilos de perlas que se unían con un medio-tocado que recogía parte del cabello de Sissi hacia atrás. Sus ropajes, de un estilo propio de Sindhu hacían juego con sus complementos, en especial con los motivos florales de su larga falda rosa, los adornos de la túnica de su saree, y su top liso y blanco. Había tardado horas en elegir la combinación perfecta para recibir al Rey de Bern porque, según le habían dicho sus modistas, autóctonos de Sindhu y nativos del Valle Diamante, ya no podía andar con los “andrajos” que antes llamaba ropa y que, para ellos, era algo que llevaba la gente común, no una Reina. A Sissi le seguían gustando, pero debía reconocer que su nueva vestimenta era muy bonita.

Tan absorta estaba en sus propios pensamientos, que no escuchó cuando un guardia le habló hasta que estuvo lo suficientemente cerca para verle. Volvió los ojos hacia él, con gesto de sorpresa y desconcierto, pues parecía algo alterado por algo que debía de haberle dicho ya a su reina, pero que ella no había oído. El soldado señaló hacia el horizonte, le tendió un y repitió: Su Majestad, hemos avistado velas blancas dirigiéndose a puerto y con la bandera de Sindhu ondeando en el mástil. No cabe duda de que es el barco que enviasteis a por su honorable invitado, pero le sigue otro barco con bandera extranjera del continente de Tellius. Tememos que pueda ser un buque tomado por los Emergidos que ande dando caza a nuestro navío.

Sissi palideció considerablemente y miró en la dirección señalada: dos figuras aparecieron en el gran azul, una detrás de la otra a punto de darle alcance. Sí parecía estar dándose una persecución. Temió al instante por la vida de las personas a bordo del barco de Sindhu, pues estaba hecho para el transporte y no la guerra. Un mínimo de daño podría mandarlo a las profundidades del océano. Se volvió hacia el guardia y ordenó: Preparen a todos los soldados disponibles de la Ciudad en la playa, en caso de que los emergidos desembarquen e intenten atacar la capital. Disponga además de un grupo de médicos y clérigos para atender a los heridos en caso de que los haya. Yo me encargaré de evitarlo en la medida de lo posible. – El hombre desapareció raudo tras una breve reverencia, y Sissi suspiró. Sentía la presión de su Dragonstone en su pecho y bajo su blusa blanca. Ansiaba que su poder fuese liberado. La Reina tomó aire y caminó hacia las afueras del balcón, bajo la atenta mirada de los sirvientes.

Debía proteger su nueva tierra y a su estimado invitado. Su aliento de dragón se encargaría de que ninguna de esas criaturas jamás llegara con vida a sus costas. Se subió a la barandilla frente a las advertencias de los asustados criados, que no entendían qué pretendía hacer Sissi ahí colocada. Sin embargo, pronto lo adivinaron cuando una luz brillante la envolvió. Su figura se alzó en el cielo, y en su lugar apareció una manakete dorada que, con un rugido, se puso en marcha hacia el horizonte.

Ropa de sissi:
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Jue Abr 27, 2017 12:43 am

No fue sino una odisea coincidir con el navío que enviaba Sindhu a las costas de Bern. Si habían puertos en el reino montañoso (usualmente ignorados por la corona dado a su nulo impacto en la economía) habían sido ya hace mucho tiempo destruidos, por lo que no había otra opción sino embarcar a borde de los riscos que colindaban con el mar. Se advirtió de ello a quienes se aproximaban, para que así tuvieran cuidado con las rocas próximas al borde limítrofe. Bastaba con que se detuvieran en alta mar; los tripulantes embarcarían a través del vuelo, así evitando descender a pie, lo que conllevaba demasiado tiempo y esfuerzo. Los wyverns retornarían para así no sobrecargar el barco, quedándose tan solo un par a bordo en caso de emergencia. Las criaturas no estaban acostumbradas a ello, pero era mejor que liberarlas y confiar en que siguieran el transporte. Teniendo todo esto en cuenta, aun así llevó su debido tiempo que se avistaran mutuamente y llevaran al cabo dicho plan. Sin embargo la estrategia funcionó antes de que cayera la tarde, por lo que pronto el rey y su comitiva se vieron transportados a la recién fundada nación de Sindhu, en Valentia. Un viaje crucial para establecer la situación entre ambos países, ambos sostenidos sobre cimientos inestables.

Estaba en boca de todos que la causa de la caída de Bern había sido su falta de aliados. Juzgaba con gran atención a los reinos vecinos, y nunca se dejaba influenciar por ellos. La única nación con la que no poseía lazos de antigüedad y, por lo tanto ninguna aversión, era el pequeño reino cruzando el suroeste del mapa, el cual Bern ignoraba completamente. ¿Cómo no podía causar inquietud un nuevo nombre como ese? Y teniendo en cuenta de que Zephiel, monarca de Bern, se encontraba entonces ciego ante los movimientos del mundo, no había manera de conocer a este nuevo territorio más que entrando en él con la paz por delante. Una excusa más tenía: los rumores sobre la reina y su raza manakete. Diferentes eran estos últimos a los dragones de Elibe, al menos en ciertas características, y no estaban tan bien documentados como los primeros. Sin embargo, que un dragón, fuera cual fuera su origen, tomara gobierno tan cerca de sus fronteras, era una novedad extravagante. Todavía no era posible creer estos rumores, ni siquiera con la afirmación de la misma reina a través de sus cartas. Zephiel tenía en alza su guardia ante cualquier mentira, poniendo como prioridad la razón política de su viaje. No iba a dejarse llevar por palabras ilusas, cuando de ellas siempre podía dudarse.

Largo tiempo navegó la embarcación, un día y una noche, siendo que los favorecía el viento y  la prisa los aceleraba. Zephiel monitoreo en todo momento la dirección del barco, para así asegurarse de que fueran al destino indicado. No hubo error en los mapas, hallándose ya muy cerca de su lugar de destino. Fue entonces que desde lo más alto del mástil, un hombre de Sindhu alertó sobre una nave ajena a la que ellos viajaban, que portaba banderas... de Tellius. Las mismas con las que habían atacado a Bern, estandartes falsos que estremecían el cuerpo tan solo con verlos. Era motivo de alerta y más, pues no era ese un barco de combate capacitado para defenderse, además de que no eran muchos hombres a bordo. Lo que no era más que un viaje se había vuelto una carrera a muerte, su final dependiendo de si es que los alcanzaban en el mar o en las costas de Valentia. Esto último llegó a cumplirse, sin embargo nunca dejaron de pisarle los talones, pues tenían la intención de embarcarlos a la fuerza. Lograron posicionarse a un lado de ellos y, en esa proximidad, alzaron grandes tablas para que por ellas cruzaran los emergidos a encuentro de los viajeros. No alcanzó el tiempo para empujarlas fuera cuando los monstruos se hicieron camino en la borda, encontrándose con los soldados de Bern y Sindhu por igual.

Entre ellos se encontraba Zephiel quien, junto con el capitán del barco, habían aguardado lo inevitable. Con espada en mano se preparó para recibirlos, mas algo distrajo su atención antes de internarse en el conflicto. No fue sino una gran sombra que cruzó los cielos por encima de sus cabezas, de la cual el sol no dejaba distinguir su forma. Algo, eso sí, quedaba claro, y eso era que se trataba de una criatura enorme, alada... cuya apariencia superaba cualquier expectativa.  Cuando el rey se detuvo a verla quedó estupefacto, siendo tan solo interrumpido por la voz del capitán a su lado.

- ¡Es la reina, nos ha visto! -dijo con suficiente alegría.

¿Era cierto entonces..? ¿Un dragón... que gobernaba por sobre los humanos? No podían estarlo engañando sus ojos cuando los demás hombres también veían lo mismo. Tan impactante era aquella figura que los sobrevolaba que, sin darse cuenta, sus dedos comenzaron a temblar ligeramente. Era todavía más grande del últmo ejemplar que había conocido, y podía transmutarse a voluntad, pues ahora hacía ejemplo de ello yendo en auxilio del barco. No podía luchar estando su vista clavada en la criatura, quien ya se hacía presente ante ellos.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Sissi el Lun Mayo 22, 2017 6:44 am

El viento impactó contra su cuerpo al caer por el balcón. Sus elaborados ropajes se movieron de forma violenta a medida que descendía en picado al suelo, pero nunca llegaría a impactar. Una luz, preámbulo de su transformación, la envolvió apenas estuvo en el aire, y en su lugar quedó la imponente figura dracónica. Sus poderosos aleteos la impulsaron hacia delante, por encima de la Ciudad Blanca y la vida que se libraba en sus calles. Se podían escuchar los gritos de fascinación, y la gente alzaba la vista a la par que sus dedos índices, para señalar a la manakete que surcaba los cielos. Sus escamas, de tonos tornasolados parecidos al oro, reflejaban toda la luz del sol. En Hatari había sobresalido como un espejo en pleno desierto, discernible incluso entre las dunas claras. Allí, en el nuevo Sindhu en el sur de Valentia, era como un rayo dorado que contrastaba con el azul turquesa de las aguas del Golfo del Elefante, como un tesoro pirata que había salido a flote.

Alejada de la capital, y ya adentrándose en mar abierto, la reina había descendido al ras del océano, su pecho escamoso apenas rozando el agua salada y creando una cresta de espuma blanca a su paso. Se desplazaba por las corrientes de aire de forma elegante y sinuosa, empleando cada nueva brisa y torbellino para llegar más lejos sin apenas cansarse. Casi pareciera que se movía con la suavidad de un pájaro, a pesar de ser una dragona del tamaño respetable de cinco metros. Iba directa a los barcos, pero al estar en las inmediaciones, Sissi cambió de trayectoria y se alzó por encima de ambos navíos. Se quedó unos instantes colocada frente al sol, su figura negra en contraste con el gran astro, y proyectando una sombra de su cuerpo sobre los emergidos, que ondeaban banderas de Tellius. Al divisar el emblema de Hatari, entre muchas otras, colocada en el mástil más alto, la dragona profirió un sonoro gruñido que comenzó en su estómago y terminó por salir de su garganta con un colosal gesto de sus enormes fauces, que se mostraron al enemigo en un acto de amenaza.

Sus breves segundos de observación del enemigo terminaron de forma abrupta, y la reina descendió de nuevo de su posición en las alturas. Giró el cuerpo hacia un lado, una de sus alas membranosas, con reflejos de un color rosa pálido, rozando el agua mientras la otra estaba colocada casi de forma perpendicular al mar. Rodeó ambos barcos una única vez, y sus grandes ojos, divididos por una pupila fina y negra, observaron a los integrantes de uno y otro bando. Sus propios hombres alzaron sus armas al aire, profiriendo exclamaciones de júbilo y con el ánimo levantado con la súbita presencia de la dragona. Los que no eran sus propios ciudadanos no parecían tan contentos, pero Sissi no les reparó la atención suficiente como para saber si era miedo o admiración lo que sentían. Por unos instantes, fijó los orbes almendrados en un hombre corpulento y rubio, diferente al resto en sus gestos y su porte.

Se miraron en silencio, hasta que una flecha enemiga rebotó en las escamas del lomo de la manakete, lo que le hizo dirigir la atención al palo mayor del navío enemigo, desde donde un emergido lanzaba sus proyectiles con la idea de acertar al gran cuerpo dorado y herirlo. Con un rugido, Sissi aleteo con fuerza. Su impulso movió ambas embarcaciones de un lado a otro, pues al haberlas rodeado con anterioridad había logrado cortar el viento que las impulsaba hacia la costa. Tardarían tiempo en volver a izar las velas, ahora apenas unas telas blancas que colgaban inertes de los palos, y mucho menos si no había marineros puestos a ellos, pues todas las personas en ambos barcos luchaban entre ellas sin prestar atención a si se desplazaban o no. Varias saetas siguieron el rumbo de la primera, alcanzando a la dragona en los puntos más fuertes de su piel, pues sus fluidos movimientos aéreos impedían al arquero apuntar con más precisión a las pocas zonas débiles de su coraza. Flechas de cobre y madera no podían hacer nada contra ella. Eran apenas unos cosquilleos en su gruesa piel dorada.

Se lanzó con violencia hacia el emergido ofensor. Su ímpetu tan fuerte que arrasó con el palo del trinquete y el palo mayor enemigo, cuyas partes superiores se partieron en dos y cayeron por todos lados al ceder bajo su propio peso. La bandera de Hatari, junto con otras más de Tellius, siguieron el mismo destino y salieron volando por doquier. El arquero estuvo a punto de estrellarse contra la cubierta de su propio navío, pero Sissi lo atrapó en el aire con una de sus garras delanteras. Le apretó con tantísimo vigor que sus huesos no tardaron en romperse en mil añicos con un sonido grotesco y desagradable. Aun así, no salieron de sus labios la más mínima protesta, el más mínimo quejido. Ante la inhumanidad de la asquerosa criatura, un gruñido escapó de su garganta.

Os mandaré a todos a la tumba. Pronunció como un ultimátum, su voz profunda y mística, como el eco en una caverna. La reina miró el cadáver unos breves instantes antes de dejarlo caer como un saco de sangre al mar, donde sería pasto de las bestias marinas que allí habitaban.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Sáb Jun 03, 2017 10:05 pm

Los aleteos del dragón rugían como fuertes ráfagas de viento, su tamaño y color destacaba de tal manera en el plano cielo azul que todos fueron testigos de sus gráciles movimientos, y el cómo arremetió contra la nave enemiga con la fuerza de una tormenta. Al verle, cualquiera podría haber imaginado que sería capaz de abalanzarse contra uno de los barcos y llevarlo sin dificultad hacia las profundidades del mar, ignorando que una criatura igual de magnífica podría salir dañada. ¿Era posible siquiera arañar sus escamas, hacerle sangrar?

Apoyados por aquella imponente figura que surcaba los aires, los tripulantes del barco y abanderados de Sindhu no tardaron en acometer contra el enemigo, alzando sus voces en un poderoso grito, que infló sus pulmones de orgullo y valor. Mientras, los hombres de Zephiel permanecían a la espera de órdenes del monarca, escandalizados de lo que estaban siendo testigos. El rey, por su parte, se distraía con la actuación de quien se decía era la monarca de Sindhu, pero la visión de sus enemigos aproximándose lo hizo pronto volver en sí, advirtiéndole que se protegiera. Preparó su espada contra ellos, marcando distancia con un espadachín del bando contrario.

- ¡Cargar contra el lado izquierdo! -ordenó Zephiel con un grito, pues por ese flanco era que más emergidos los abordaban. No podían dejar que los superaran en número en su propia borda, aunque desde ya la cantidad de monstruos era descomunal en comparación a la pequeña comitiva que acompañaba al monarca.

Sintiendo el vigor del campo de batalla, el rey arremetió contra las defensas contrarias y las rompió con brutalidad, haciendo gala de sus habilidades de esgrima, superiores a la mayoría de los peones que luchaban contra él. El emergido cayó bajo su filo, un corte vertical contra su cuello, dando paso a otro de ellos para enfrentarlo. Los soldados de Bern se unieron a su líder, alzando sus armas, confiando en que, guiados por su rey, les sería imposible caer en batalla.

El barco que portaba los emblemas de Sindhu seguía siendo abordado, incluso con los esfuerzos de repelerlos entre el lado izquierdo y el derecho. La clave para aquella victoria era mantener el terreno y no dejar que se apropiaran del barco, algo que requería de un empuje constante. Tras varios minutos la cantidad de bajas en cada bando era equitativa, lo que los ponía en desventaja, siendo el único comodín que poseían el dragón que los apoyaba, el cual por su tamaño parecía ser que no podía permitirse posarse sobre los barcos para apoyarlos a su nivel.

Zephiel viendo esto, pensó rápidamente en una idea. Si el dragón era quien les daba ventaja, debían aprovecharlo. Y dejando a sus hombres luchar por su cuenta, el monarca retrocedió hasta la bodega de carga. Allí el cuidador de los wyvern se había atrincherado, pero viendo al rey, no tardó en cederle su montura, de oscuras escamas cyan. La retiraron con rapidez hacia el exterior en medio de la conmoción, y sin perder más tiempo, Zephiel montó y emprendió el vuelo, buscando encontrarse en las alturas con el dragón dorado. Necesitaba comunicarse con este, e hizo lo posible por alcanzarle antes de que cambiara la dirección de su trayectoria, hasta que estuvo a su nivel y a una distancia prudente de su cabeza, siguiendo su misma velocidad. Dio confianza en que se fijaría en él, por lo que hizo rápidas señas y evitó alzar la voz, a sabiendas de que sería difícil que le escuchara. Agitó la mano hacia delante, petición de que avanzara con él, y señaló el mástil del navío enemigo. Aquello significaba que debían hacer lo posible por desestabilizar el barco, separarlo del otro para que no pudieran seguir invadiéndolos, y si era necesario, hundirlo, a pesar de que significara perder la oportunidad de añadir aquella flota a la propia. La borda enemiga estaba repleta de arqueros que impedían avanzar; si no querían hacer daño al barco debían deshacerse de ellos de alguna forma, por lo que también los señaló. Dependía de la reina de Sindhu escoger su objetivo, de qué era más capaz. Zephiel continuó acompañándole en vuelo unos segundos, y finalmente decidió volver al campo de batalla, ya que no podía abandonar sus defensas.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Sissi el Mar Jul 11, 2017 9:32 am

Después de lanzar el cadáver al océano, que engulló los restos con hambre voraz gracias a sus lenguas de agua salada, la manakete cambió de rumbo de vuelta a las enzarzadas embarcaciones. Esquivó una lanza, que sin duda le hubiera acertado en la enorme cara, y alzó más el vuelo para quedar lejos del alcance de las armas de los emergidos. Después sobrevoló el lugar un par de veces, dando vueltas en el aire como un buitre que ha descubierto carroña. Sus ojos tornasolados, penetrantes e inteligentes, miraron al barco enemigo con cierta molestia y desprecio. Gruñó al escuchar los gritos de los soldados de Sindhu heridos por las rufianes criaturas, que no se detenían en su empeño. Parecía que no conocían el miedo, como tampoco parecían saber lo que era el dolor u otras emociones básicas para cualquier persona, independientemente de su raza. Les odiaba. Daba igual que hubiera encontrado un nuevo hogar, el dolor por la pérdida de Hatari aún seguía reciente en su corazón. Lo sentía incluso más en esa forma, pues los dragones eran criaturas de costumbres fijas, y muy poca inclinación al cambio. Si se veían obligados a ello, lo harían, pero no les gustaría.

Por lo menos ya no veía izada la bandera de su antigua nación, de lo contrario su ira habría aumentado mucho más. Desde hacía un tiempo, trataba de controlarse cuando estaba transformada. Haber conocido a su hermano, y haber podido hablar con él de muchas cosas relativas a su raza, le había ayudado en gran manera. Del mismo modo, su estancia en Goldoa y el estudio de su biblioteca había servido para hacerle ver que no era el único caso en el que una transformación cambiaba la personalidad del usuario, aunque sin duda los datos mostrados eran mucho más suaves de lo que le sucedía a ella. No por ello dejó de reconfortarle no ser la única en el mundo con problemas al convertirse en dragona. Incluso su querido Kija, que tanto parecía saber de la vida a pesar de su corta edad para ser un manakete, había tenido contratiempos como el suyo.

Lo que le había preocupado era el estar volviéndose loca como los dragones de Akaneia tantísimos milenios atrás, pero cada vez más dejaba de lado esa hipótesis pues descubría que a pesar del fuego de la cólera hirviendo en su interior, podía seguir razonando. Solo que muchas veces decidía emplear la violencia, en vez de otras alternativas más pacifistas como las que usaría si tuviera su aspecto antropomorfo. La locura surgía cuando no era capaz de compatibilizar ambas personalidades, o eso había logrado averiguar tras incesantes pruebas a ensayo y error. O cuando la dragona se enfurecía hasta un punto en el que la crueldad era el único camino que podía seguir, lo que pasaba con más frecuencia de la que a Sissi le gustaría. Todos a su alrededor habían aprendido a mantenerse alejados de ella y darle su espacio para que obrase según creyera. Nadie sería tan estúpido de meterse en su camino, salvo los emergidos, que habían probado una y otra vez no temer la presencia de nada ni nadie.

Se había acostumbrado a luchar sola, a ser la fuerza de Sindhu. Si bien era cierto que la respaldaban sus soldados y sus amigos, la verdad es que no sabía jugar en equipo. Por mucho que estuviera rodeada de sus propios guerreros, la manakete luchaba de forma independiente y a su manera. Por ello, le sorprendió que un wyvern apareciera junto a ella, y que en su lomo cabalgase un beorc muy valiente o muy temerario. Sissi detuvo su rumbo para quedarse aleteando estática en el mismo lugar, con la penetrante mirada puesta en el general. Le analizó con ojos inteligentes y despiertos, que dejaban claro que detrás había una mente pensante que podía entender todo lo que sucedía o se le decía. No era común que hubiera otros invasores en su espacio aéreo, salvo algunas aves o los pocos laguz con la facultad de volar que había en su país, por lo que de inmediato la atención de Sissi estuvo puesta por entero en Zephiel. No obstante, quedarse en el mismo punto durante mucho tiempo la hacía más vulnerable a la ofensiva emergida, por lo que pronto se movió y voló junto al wyvern cyan, interesada por lo que el beorc tuviera que decirle. No escuchó palabra alguna, tarea imposible con los gritos de batalla que se libraba en mar abierto, pero pudo distinguir sus movimientos sin problema.

La reina entrecerró sus grandes ojos almendrados y levantó en un gesto agresivo los labios superiores, mostrando los dientes de su potente mandíbula. Desde hacía más de 100 años, pocas personas le había dado sugerencias, y mucho menos órdenes, en su forma dracónica.  Antes del accidente que la dejó postrada en letargo, obedecía a sus padres, y tras su muerte el único al que dejaba hacer algo parecido era a Rhett, que estaba desaparecido o muerto, Sissi no podía saberlo. Tenía que reconocer que era un hombre valiente, pues pocos tenían el coraje de acercarse tanto a un dragón, y mucho menos un beorc acostumbrado a vivir rodeado de personas de su raza, no laguz. Pero eso no quitaba que no tenía ningún derecho a ordenarle lo que hacer. Ya fuera un rey, un general, un militar experimentado, un líder para su pueblo, allí no tenía potestad para gobernar sobre Sissi. Y mucho menos cuando estaban en su propio territorio y ambos estatus eran equiparables. La gran dragona le gruñó, obviamente descontenta con el mero hecho de atreverse a hacerle una sugerencia. La Reina no jugaba bien en equipo en su forma dracónica, y si apenas hacía caso de sus amigos y seres queridos estando transformada, mucha menos atención prestaría a ese beorc que pretendía dominarla, o eso le pareció que era lo que Zephiel intentaba.

Con un gruñido de advertencia, viró el vuelo a un lado, evitando que una nueva horda de saetas impactará contra ella. Aún tenía zonas delicadas en su cuerpo, y algún emergido especialmente hábil podía herirla si sabía dónde clavar sus armas, como había sucedido en otras ocasiones. De modo que prefería evitar eso en la medida de lo posible. Cuando el wyvern y su jinete decidieron que ya habían dicho suficiente, y pusieron rumbo a la nave, Sissi pareció hacer lo mismo, pero rodeando las embarcaciones por otro lado. Las flechas no paraban de llegarle, y cada vez se enfadaba más. Su mal humor se había agudizado con la presencia de Zephiel en su espacio aéreo, de modo que, con un giro brusco de su cuerpo, abrió las enormes fauces y dejó caer su aliento sobre los arqueros emergidos situados en la proa del barco enemigo. Sus cuerpos fueron envueltos en llamas blancas, muy lejos de ser fuego, pero ardientes del mismo modo. Carbonizados, cayeron al suelo inertes, mientras nuevas tropas se movían para reemplazarlas, lo que liberaba algunas partes del barco.

Sissi paso por encima del buque, la fuerza de sus alas creando turbulencias en el mar debajo de ella. Seguidamente, descendió y colocándose en una posición en la que su cuerpo era paralelo al agua, pero sus alas estaban perpendiculares al océano, rodeó el navío emergido de cara a él. En cuanto visualizaba a un nuevo arquero, atacaba con su pálido hálito de energía pura, destrozando todo lo que se pusiera entre ella y la criatura que recibía el impacto. Sin embargo, algunos emergidos, que parecían ya preparados para esa clase de movimiento por parte de la Reina, lanzaron varios arpones unidos a cadenas como si se tratasen de hondas, que se clavaron sin problemas en los recovecos de sus alas, siendo imposible para ella el quitarse los punzantes objetos por sí misma. Su trayectoria agresiva y hacia delante, y la rápida actuación de las pérfidas criaturas, impidió a Sissi responder a tiempo. Los ganchos se clavaron en las zonas delicadas de sus escamas más débiles, las cadenas se tensaron, y la manakete quedó detenida por unos momentos en mitad del aire, mientras que el busque viraba anti-naturalmente en la dirección de su vuelo, apartándose de forma violenta del navío de Sindhu.

El movimiento le provocó un rugido de dolor, y que perdiera altitud hasta quedar apenas a ras de la superficie marítima. Giró la enorme cabeza para ver qué es lo que había sucedido, y poder castigar a los atrevidos que habían osado atacarla de esa manera, pero no pudo hacer mucho. Las cadenas de metal estaban unidas por su otro extremo al ancla del barco, una pesada estructura de hierro para la que muchos soldados enemigos debían hacer uso de su fuerza para poder transportarla. Cuando Sissi entendió lo que pretendían, trató de separarse de los punzantes arpones que se hundieron aún más en su piel escamosa, sin éxito. El ancla fue lanzada por la borda, y su enorme peso fue engullido por las aguas, llevándose con ella a la Reina, que intentó de volar lejos desesperadamente. No obstante, las cadenas eran gruesas y no se desprendían de los ganchos o del ancla, de modo que arrastraron a la dragona a las profundidades del océano.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Miér Jul 19, 2017 10:50 pm

No había manera de saber si aquella maniobra funcionaría como el rey la había planeado. Se había hecho ya la imagen de que los dragones eran impredecibles, su psicología demasiado complicada para él entender. No se hacía ilusiones con quien era la reina de Sindhu como lo hacían sus devotos, pues no había manera de comprobar su naturaleza benévola más allá de lo que podía deducirse de sus escritos. Nada sabía, poco podía suponer, por lo que al aterrizar su wyvern esperó expectante, volviéndose a unir a la batalla sobre la borda. Su semblante se asombró al ver a los arqueros diezmados por las llamas sobrenaturales de la criatura, un fuego abrasador y digno de temer, mas era muy pronto para cantar victoria, pues los soldados a pie todavía debían lidiar contra los emergidos que avanzaban hacia ellos. Zephiel recibió al enemigo con su espada en mano, dispuesto a frenar a cualquiera que intentara embarcar el navío cuya misión era proteger.

No alcanzaba su atención para permitirse observar a la dragona mientras luchaba. Bloqueaba espadas, retrocedía y obstruía el camino a quienes lo creían tan poco ágil como para traspasar sus defensas, sorprendiéndolos con su filo. No fue hasta que sintió movimiento que dio cuenta de que el campo de batalla estaba cambiando. El barco enemigo se alejaba, pero al parecer sin planear la huída. Su brusco movimiento causó que todos quienes estaban entre las tablas que unían los barcos perdiesen el equilibrio y cayeran a mar abierto, tanto emergidos como soldads de Sindhu. Zephiel apenas se encontraba unos pasos hacia atrás, y estuvo cerca de caer también, siendo testigo de todas las vidas que se habían puesto en riesgo con aquella maniobra descabellada. No había nada que hacer, rescatar a los caídos no era una opción, pues era la batalla cruenta y el mar profundo. Lo que más interesaba al monarca entonces era descubrir por qué había sucedido aquello, y solo bastaba con levantar la vista y notar que la gran dragona había sido arponeada y suspendida en los aires, tan solo para, poco después, ser hundida en las azuladas aguas. Pocas cosas eran capaces de desconcentrar a Zephiel cuando tomaba armas, pero en esta ocasión no pudo sino quedar boquiabierto ante lo que veían sus ojos, quedándose quieto como una estatua, sin poder siquiera respirar. Igual como quien ve a su comandante caer primero ante las fuerzas enemigas, el rey se encontró con gran confusión y duda. No podía creer que los emergidos hubieran utilizado una técnica para derribar wyvern contra un dragón, simplemente carecía de sentido. Y presenciando los hechos tal como eran, no solo habían perdido el apoyo de una magnífica criatura, sino también de la monarca de Sindhu.

- ¡La reina! -exclamaron con pavor los demás.- ¡Síganle, corten los arpones, lo que sea! -el pánico se apoderó de la tripulación, incluso de los soldados bajo el estandarte de Bern, quienes se vieronbarrastrados por la conmoción. Zephiel dióse la vuelta para constatar este hecho, y fijó en la proa del barco, encontrando allí a quien se arrimaba al timón y lo giraba en dirección al barco enemigo, buscando darle caza. No era el capitán del barco, es más, este último se encontraba cerca suyo, al parecer incapaz de actuar sobre lo que era testigo, una maniobra estúpida y suicida que ponía a todos en riesgo. El rey de Bern mostró una mueca de frustración, aproximándose con prisa hacia la cabeza del navío. Una vez estuvo lo suficientemente cerca, alzó la voz en un estruendoso grito.

 - ¡DETENTE! -ordenó enfurecido. El soldado le miró, pero no obedeció. Esto solo agravó la cólera del monarca quien, habiéndose acercado lo suficiente, azotó en la cabeza a aquel hombre con la guardia de su espada. Y tomando control de la nave, giró hacia la tripulación, y miró a sus rostros desesperados con fría dominancia.

 - ¡Quien ose atreverse a tomar órdenes sin juicio alguno, no saldrá impune! -alzó la voz, una mano sobre el timón, la otra sosteniendo su espada.- ... ¡No hay manera de rescatar a la reina de Sindhu! ¡Perseguir a los enemigos es caer en su treta! -miró a sus rostros confusos, sin amedrentarse.  

Sin embargo, abandonar tampoco era una opción. Quien estaba en peligro seguí siendo la reina, y por lo mismo estaban obligados a permanecer en alta mar, siendo testigos de lo que le acontecía. Era ese el momento de rescatar a los caídos, si es que aún permanecían en la superficie. Las cuerdas cayeron a alta mar, agitadas las aguas por la criatura caída, de la cual podía verse su sombra sumergida en las aguas. Zephiel miraba expectante, igual que todos quienes hallaron espacio en los bordes. Si la dragona no conseguía librarse de los arpones que la apresaban, entonces no tendrían otra opción que intentar abordar el barco enemigo por segunda vez.
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Mensaje por Sissi el Jue Jul 27, 2017 7:56 am

Mientras se hundía en los abismos, los ojos almendrados de la dragona podían vislumbrar lo que sucedía en la superficie: ambos barcos se habían separado el uno del otro, y al menos una decena de cuerpos habían terminado en el agua, emergidos y sus propios soldados por igual. Sissi trató de liberarse al ver aquello, enfurecida y llena de un violento sentimiento de protección, pero los arpones estaban bien incrustados en los recovecos membranosos de sus alas, y no podía quitárselos a ella misma. Apretó los dientes con fuerza, evitando dejar un rugido que le quitara todo el aire de los pulmones, facilitando que terminase ahogada. En el agua, la presión del ancla era menor, pero aun así iba cayendo cada vez más hacia el suelo marino. Aleteó y puso las alas en posición horizontal a la línea de mar, de modo que su hundimiento fuera más lento y que la gravedad no pesara tanto sobre ella. Cada instante en esa postura era un suplicio, pues los ganchos se clavaban en su carne y tiraban hacia abajo. No sabía hasta qué punto podría soportar el dolor punzante en sus extremidades tan delicadas, por lo que decidió actuar lo más rápido posible.

La ira hacia los emergidos se acumulaba en su interior como un fuego implacable. Clavó su mirada tornasolada en los dos buques que se habían separado un amplio trecho. No podrían volver a juntarse pronto, pues el viento era reducido y deberían hacer muchas maniobras para que ambos barcos volvieran a estar lo suficientemente cerca como para que se produjera un abordaje. De todas maneras, Sissi, no iba a darle el menor tiempo a los emergidos para reagruparse y atacar de nuevo. Sintió como las llamas blancas nacían de su estómago y se propagaban por su garganta; abrió las enormes fauces, y de ellas salió un hálito blanco que atravesó las aguas cristalinas como un rayo, y chocó con brutalidad contra el casco del buque enemigo, abriendo un boquete de enormes proporciones, por donde comenzó a filtrarse el mar a borbotones. El ataque, además, sirvió para desestabilizar aún más el barco, y lanzar a muchos más emergidos por la borda. Algunos, antes de hundirse por el peso de sus armaduras, trataban de luchar contra los soldados de Sindhu y Bern que se estuvieran manteniendo en la superficie a flote gracias a troncos sueltos de madera o a sus propias habilidades de nado. El agua se tiñó de rojo por la sangre derramada de uno y otro bando.

Los marineros que habían tenido la desgracia de precipitarse al mar con anterioridad, y que no estaban siendo embestidos por ningún emergido cercano, no perdieron el tiempo y bucearon hacia la Reina de Sindhu. No habían escuchado las órdenes de Zephiel, pues el sonido de la batalla era demasiado grande como para discernir las palabras de los que aún estaban sobre los barcos. Habiendo entendido qué había sido lo que les había lanzado por la borda, y viendo que la dragona no parecía poder liberarse por ella misma, pero que aun así estaba dándolo todo por seguir ayudándoles, los bucaneros no se lo pensaron dos veces y fueron en su ayuda. Podría ser que ellos no fueran los mejores luchadores, pero sabían navegar y el mar no les daba miedo. Sus ropas eran ligeras, y no les pesaban como una armadura, por lo que pudieron bucear hasta la dorada manakete cuya enorme figura podían discernir en las turquesas aguas. Teniendo cuidado de no ponerse justo debajo de la embarcación que se iba a pique, los hombres nadaron hasta Sissi. Al principio, estuvo a punto de atacarles porque no podía distinguirlos bien a distancia, con la cantidad de escombros que caían por algunos lados, la confusión de la batalla y la falta de aire que comenzaba a notar. Transformarse en su forma humana no era una opción, pues se arriesgaba a hacer más graves sus heridas y a perecer sofocada o por algún arma, ya que era mucho más débil que cuando era dragona.

Al percibir que las personas que iban hacia ella eran aliados, dejó de lado su actitud agresiva, que en un principio había sido mostrar sus afilados dientes, y trató de ladearse para enseñarles los lugares donde estaban incrustados los garfios. Las cadenas eran metálicas, por lo que no podrían cortarlas. Se dieron cuenta de inmediato que la única manera de liberarla era arrancándole los ganchos de las alas. Tenían miedo de hacerlo, herir a su reina, y provocar su ira, pero estaban desesperados. Se les acababa el aire y a ella también, y no podían dejar que se ahogara y que los emergidos ganasen. Haciendo acopio de valentía, los dos bucaneros que habían llegado hasta Sissi no perdieron el tiempo y trataron de liberarla. Uno de los arpones se quitó con facilidad pues, aunque había penetrado un poco en la carne, se mantenía unido a las alas porque se había quedado enganchado en las alas. El otro fue más complicado de retirarlo. Se había incrustado de forma sangrienta y dolorosa en las escamas más suaves y débiles de su lomo, y las puntas en flecha no parecían querer abandonar su lugar.  Tuvieron que tirar ambos con todas sus fuerzas, y haciendo palanca con sus piernas contra la espalda de Sissi, para extraer el punzante objeto.

Un rugido de dolor abandonó su garganta, audible incluso en la inmensidad de las aguas. Sangre roja salió de sus heridas, tiñendo su alrededor de un color bermellón que pronto atraería a los peces carnívoros que habitaban mar adentro. Sin embargo, un gran alivio se propagó por todo su ser cuando dejó de sentir el peso del ancla, que in nada que la sujetase cayó hacia el fondo arenoso. Probó a aletear pese al suplicio que esto suponía, y el impulso la llevó hacia arriba. Agarró en sus dos garras delanteras a los valientes hombres que habían ido en su auxilio y se los llevó con ella en su camino lejos de las profundidades. Ayudándose de su cola, y de su cuerpo escamoso, la manakete subió rápidamente a la superficie para alivio de sus pulmones. Emergió del agua como un volcán en erupción, salpicando con sus olas a las cercanas embarcaciones. Se notaba la ira en sus ojos, en su postura agresiva y rígida. Lo primero que hizo fue rodear a ambos barcos y dejar caer a una distancia prudente a los marineros en el castillo de popa, para después virar y regresar al lugar donde el buque enemigo se hundía.

Miró con desprecio cómo los emergidos trataban de atacarles aun cuando se estaban a punto de ahogar. Ni siquiera parecían ser conscientes de ello, pues se preocupaban solo por tratar de mover la nave y volver a abordarles. Descargó de nuevo sobre las criaturas repugnantes sus pálidas llamas al mismo tiempo que rugía con ferocidad. La sangre caía de sus heridas, diluida en el agua de modo que du espalda y tronco casi parecían cubiertas por la roja sustancia. Comenzaba a cansarse, y volar no era una tarea agradable, pero no abandonaría el lugar hasta dar por concluida la batalla. Por suerte, los emergidos no iban a tener escapatoria, pues el agua de los boquetes inducidos por Sissi ya comenzaba a tragarse el barco, y sus tripulantes con él.

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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Mar Ago 01, 2017 2:11 am

Impresionado observó cómo aún con aquellas ataduras, la dragona expelía fuego hacia el barco enemigo, terminándolo y derrotando así gran parte de sus sombríos tripulantes. Parecía ser que en verdad ese había sido el punto exacto en que debía atacar el barco para causarle esa clase de daño, desde abajo, donde cualquier ruptura suponía la pérdida total de la embarcación. Viendo esto, Zephiel permaneció atónito, no sabiendo si entonces decir que habían salido victoriosos, pero el barco enemigo se hundía, y eso era suficiente prueba. Aún así sus ojos escaparon a la figura de la criatura alada, preocupado aún de descubrir si iba a ser libre. No fue capaz de notar a los individuos que, sin cargar peso como los demás soldados, se sumergieron en las profundidades del mar para auxiliar a la reina. Los gritos lo distraían y cada tanto lo hacían mirar allí donde los hombres morían sin poder alcanzar a trepar la cuerda que habían lanzado. Presionó sus dientes ante el caos, notando que, de repente, la sangre se derramaba donde se encontraba la reina. Abrió los ojos y atento esperó alguna clase de reacción, pagada tras unos segundos de espera. Y es que entonces la criatura se manifestó ante ellos, inundando la borda del barco de agua salada. Pero no hubo quien se preocupara de ser empapado entonces, pues las vistas estaban puestas en la dragona y en cómo había logrado rescatar del mar a dos marineros quienes, puestos en el barco, cayeron casi desmayados del gran esfuerzo que ejercieron para salvar a la reina.

Zephiel sonrió con ligereza, su vista seria aún al darse cuenta de que el barco enemigo no cesaba de perseguirles. Estando él al control de la nave, utilizó su fuerza para alejarse y evitar que quizás pudieran volver a embarcarlos. Ahora no había manera en que los emergidos lo superaran en velocidad, y él lo sabía. Así pudo evitar que las llamas de la reina alcanzaran también al abanderado de Sindhu, pues volvió a descargarlas contra el otro barco, consumiéndolo enteramente. El mástil, quienes todavía se mantenían de pie, todos ellos se vieron acabados. Y entonces, como una bola de plomo, la embarcación enemiga desapareció de la superficie, llevándose con ella a los monstruos que la tripulaban hacia lo más profundo de altamar. El espectáculo sucedió tan rápido para quienes lo contemplaron, que pareció ser que el destino les había pagado de la misma forma en que habían atacado a la reina, solo que a ellos se los llevaban no una, sino mil anclas a la vez.

Viendo a la dragona empapada en sangre y no manteniéndose demasiado bien sobre las aguas, los soldados clamaron por acercarse y así salvarla del peligro. Zephiel, no negándose a ello, viró, haciendo girar el barco lentamente hasta donde ella se encontraba. Pero entonces no había forma de rescatarla si ella permanecía en aquella forma, pues no había fuerza que pudiera subirla hacia el barco.  Solo quedaba una solución, y esa era soltar los botes de emergencia que de los costados de la nave se sostenía. Un par de marineros se subieron y pidieron que los descendieran. Bajaron a nivel de las olas, y remando hacia la lastimada criatura, rogaron que volviera a su forma humana para así poder llevarla con ellos. Entonces no había quien no se preguntara de qué manera se transformaría el daño de sus alas a su otro cuerpo, y qué tan grave podría ser. Zephiel, suponiendo que el barco permanecería quieto hasta comprobar que la reina se encontrara en buena salud, ató el timón con una cuerda cercana para que no se moviera, y pronto descendió de la proa para acercarse hacia donde subiría el bote. Entonces en él coexistía una extraña impaciencia, pues se preguntaba hastiosamente quien y cómo era dicha reina en su forma vulga, y que tan diferente era de su real apariencia. Era esta la curiosidad de sus ojos, pero sabía que entonces no era el momento de alzarse en preguntas. Había mucho en qué reparar entonces, pérdidas, la evaluación de la estrategia que habían tomado, y el viaje a Sindhu que pronto deberían continuar.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Sissi el Miér Ago 02, 2017 8:42 am

Estaba hecho. El barco enemigo se hundía y no había nada que los emergidos pudieran hacer para evitarlo. Los cuerpos que aún flotaban pese a sus armaduras pronto fueron alcanzados por flechas de Sindhu y Bern, dando fin a sus vidas. Hubiera sido perfecto poseer el navío que había osado atacarles, pero lo primordial era salvarse a sí mismos y evitar que las criaturas llegaran a la costa, por lo que Sissi no sintió ningún tipo de remordimiento al ver como la estructura de madera se iba a pique, sin opción a ser rescatada como lo había sido ella. Dejó escapar un gruñido de satisfacción, que salió de su garganta como un sonido débil y algo rasposo. La dragona jadeaba, bastante agotada por el enfrentamiento, y sus piernas y alas temblaban por el simple esfuerzo de mantenerse en el aire cuando lo que le pedía el cuerpo era descanso. El sonido de voces bajo ella, en línea de mar, llamó su atención. Agachó la cabeza y divisó a un par de sus soldados en un bote, haciéndole señas y rogándole que volviera con ellos.  

Habría sido lo más sencillo, descender hasta estar a una distancia prudente, y volver a su forma humana. Pero al acercarse a ellos, la potencia de sus alas y su gran tamaño, movieron de forma muy brusca el bote, a riesgo de volcarlo. Nunca antes se había transformado de vuelta en mitad del aire, pues casi siempre era al revés, y aquella ocasión no iba a ser la primera. No sentía que fuera seguro hacerlo, pues sus heridas serían mucho más graves al recuperar su apariencia humana, y no creía que en el navío hubiera alguien capacitado para tratarla, además de que una dragona no cabría en el pequeño barco de transporte. Al mismo tiempo, no creía prudente mostrarse en un estado tan grande de debilidad frente a un monarca extranjero y a sus nuevos ciudadanos, pues aún había muchos a los que debía convencer de que era una Reina capaz de liderarles, y no una simple niña ignorante que pretendía jugar al juego de tronos, sin saber exactamente en qué consistía. No. Ella era mucho más fuerte de lo que cualquiera imaginara. Habría soportado verdaderas pesadillas para sacar adelante a su pueblo, para rescatarles del horror y la barbarie que había asolado Hatari, y no iba a perder el respeto ganado por unos simples arañazos.

Tomada su decisión, habló a los soldados que, algo histéricos, no paraban de gritar, para molestia de la manakete. – No hay necesidad de eso. Volved a tierra. Hay un destacamento de clérigos y médicos en la playa. Disponed a los heridos para que sea fácil transportarlos a tierra firme. Estaré allí. - ordenó la reina, su voz como de ultratumba, grave pero femenina. No aguardó su contestación, y giró con un aleteo poco grácil para poner ella misma rumbo a la capital. Fue durante todo el trayecto virando de un lado a otro, y perdiendo y ganando altura dependiendo del buen uso que hiciera de las corrientes de aire. Con frecuencia, sus alas tocaban el mar y creaban espuma a su débil paso. Se había herido en las coyunturas de su principal medio de transporte, por lo que algo tan simple era complicado para ella. Sin embargo, sabía que dejarse caer no era una opción válida.

Para empezar, el barco de Sindhu no tenía espacio para guarecer a una dragona de su tamaño, y si perdía el conocimiento no estaba segura de poder transformarse de forma inconsciente en humana. Lo cual era un problema en el caso de que se quedará en su piel dracónica, pues el transporte sería difícil de llevar a cabo y retrasaría el acceso de los soldados heridos a un sanador. Al mismo tiempo, su propia cabezonería, que era una de sus malas cualidades, le impedía retroceder en una idea que se le hubiera metido entre ceja rosada y ceja rosada: llegar ella misma a la playa de la Ciudad Blanca. Una corazonada, un poderoso instinto de supervivencia, le decía que debía hacerlo. En muchas partes del camino pensó que estaba demasiado lejos, que no lo lograría, pero se recordaba a sí misma que había pasado situaciones mucho peores, y que aquello no era nada que no pudiera lograr. Pese al dolor que le atravesaba la espalda continuamente, pudo desplazarse con lentitud hasta la Bahía de los Elefantes. Algunos barcos de pescadores y de transportes de personas y de mercancía, al ver cómo la manakete llegaba herida, pero victoriosa de una nueva batalla contra los emergidos, comenzaron a vitorear y a animarla a continuar. En la playa, un destacamento de soldados hizo lo mismo al divisarla llegar. El lugar estaba algo abarrotado, entre guardias, espectadores, y clérigos, pero los soldados hicieron rápido un sitio a un lateral para que la Reina pudiera posarse sin aplastar a nadie.

Sissi fue directamente hasta la apertura en el gentío localizada a la derecha, y que estaba dotada de privacidad al haberse prohibido a los transeúntes el ponerse alrededor. Varios guardias con lanzas mantenían que eso se cumpliera. La reina se deslizó por el agua calmada y turquesa, y de dejó caer con pesadez en la arena, en la zona donde las olas llegaban a la orilla sin fuerza. Parte de su cuerpo estaba cubierto por mar, como su cola y cuartos traseros, y el resto al aire. Nada más tocar suelo, la manakete se envolvió por instinto en sus alas, cuyas membranas aún dejaban ver la silueta que se escondía detrás. Cerró los ojos y dejó de moverse, como si estuviera dormida. Rodeada por sus alas, y protegida por la presencia de sus soldados, que habían aumentado el radio de intimidad y solo habían dejado traspasar la defensa a varios clérigos y una curandera, Sissi descansó.

Skill Usada:

EL MOMENTO QUE TODOS ESPERABAN: VULNERARY CHAN IS HERE!!!! Primerito uso de mi maravilloso primer skill, Descanso Profundo.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Miér Ago 02, 2017 8:32 pm

Silencio por parte del Rey de Bern, quien no esperaba que el dragón negara el auxilio y prefiriera alzarse por su cuenta en los aires. Le decía de la determinación de la monarca extranjera, de su terquedad. Si en verdad era diferente en su forma humana tendría que esperar mucho más para descubrirlo, pues debían seguir a la criatura en su vuelo para así alcanzar las playas de Sindhu. No fue él quien tomó el timón habiéndose recuperado del caos, sino el capitán del barco, a quien en verdad pertenecía. Por su parte, Zephiel se retiró a los camerinos para constatar sus heridas. Allí se retiró su armadura y se aseó en lo posible, pues en el fragor de la batalla había ensuciado su rostro de la sangre de sus enemigos. No poseía más que pequeñas contusiones en sus brazos debido a los golpes que debió aguantar, pero nada a lo que no pudiera sobreponerse sin medicinas. Suponía que al arribar a las playas, sanadores de la otra nación vendrían a ellos, por lo que no había prisa en recuperarse estando aún en el barco.

Les llevó al menos una hora llegar a destino, aunque no había manera de saberlo. Avisado de que la tierra era visible, Zephiel vistió nuevamente su armadura y se presentó al exterior, para así admirar en todo su esplendor el reino de Sindhu, del que tantas maravillas había oído con antelación. Incluso desde esa distancia, la vista era impresionante. Nunca había visto el monarca de Bern arboleadas tan extensas y verdes, pero sus ojos se dirigieron sobre todo a la gran capital, la que con sus altos edificios blancos contrastaba en gran manera con los verdes claros y opacos del paisaje. El cielo era celeste y vivaz, y sus rayos de sol chocaban despiadados contra la gente de las montañas, quienes no acostumbraban a esa clase de clima. Allí en la playa podían divisarse multitud de personas, botes y barcos, que dotaban de vida la vista. Entre ellos aterrizó la reina de Sindhu, y aunque no podía verse con claridad lo que hacía desde las alturas, se supo que buscaba recuperarse.

- Ya descenderemos. -se aproximó un marinero a informar al rey. Este último asintió, aún en gran silencio. Prefería guardar sus palabras, pues si se disponía a hablar entonces, sabía que el agotamiento se apoderaría de él. Nadie sabía exactamente cuánto había durado el combate en altamar, pero por alguna razón el movimiento sobre las aguas drenaba mucho más sus energías que la tierra.

Entonces el barco encalló, y los soldados heridos fueron ayudados por bastones y medicinas. Incluso Zephiel recibió la magia de uno de sus bastones, la que tuvo que exigir pues sus heridas eran todo menos aparentes. Entonces, a vista del pueblo y el ejército de Sindhu, el Rey de Bern eligió entrar a la capital para que así sus hombres no quedaran a la intemperie. Fue guiado por un par de generales hasta dentro de los muros, informándosele que cuando la reina estuviera en condiciones, seguramente iría a recibirlos como era debido. Mientras, la gente ojeó a los soldados del rey con curiosidad, siendo sus apariencias no tan cuidadas y muy distintas. Las armaduras de aquellos hombres estaban gastadas por el uso, y en sus rostros no podía esconderse la profunda fatiga que pesaba sobre sus espíritus. Pero no mucho más pudieron ver, pues sus figuras desaparecieron tras las puertas del exaltado palacio, instancia en la que harían su espera por la Reina Sissi.
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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Sissi el Jue Ago 03, 2017 10:31 am

Ninguno de los médicos y clérigos se atrevieron a acercarse a la aparente dragona durmiente. Primero por miedo, pues la enorme criatura era imponente y no cualquiera sería tan valiente de acercarse a un laguz de tal tamaño y conocida fuerza. Debatieron entre ellos si debían aproximarse y empezar a sanarla, cuando un sacerdote se dio cuenta de que la sangre había dejado de fluir de la espalda de la Reina, y que las heridas comenzaban a cicatrizar sin dejar marca alguna a su paso. Maravillados, no pudieron más que observar lo que acontecía a sus ojos como un milagro divino. Fieles creyentes en Naga, los presentes no solo confiaban en Sissi como en una figura política que pudiera guiarles en el mundo internacional, sino como una líder religiosa, casi como una enviada de la misma Diosa Naga para salvarles. Que fuera capaz de curarse a sí misma no era más que una muestra más de su poder sagrado. Tal espectáculo, trajo lágrimas a sus pupilas y exclamaciones de gozo que, desgraciadamente, no duraron mucho. Habiendo atracado el barco en la orilla, se hizo un llamado a todos los clérigos y sanadores posibles para ayudar a los heridos, que eran más de lo que uno habría supuesto. Puesto que la reina parecía estar reparándose por cuenta propia, solo se quedó a su lado una curandera a la espera de que despertase. Temía hacer algo que interrumpiera tal habilidad de su admirada Señora, por lo que aguardó en silencio y con el corazón constreñido.

Los heridos fueron tratados en la playa y después llevados a las instalaciones hospitalarias que la Reina había ordenado crear desde un principio. Los muertos se devolvieron a las familias para que pudieran realizar los preparativos funerarios correspondientes. En cuanto a los invitados de Bern, pronto fueron conducidos a palacio, abandonando así la zona de muelles. Sin embargo, la gente aún siguió allí a la espera de que la Reina Dragón despertara de su letargo. La espera se hizo larga y dolorosa, en especial porque no podían verla bien con la cantidad de guardias que impedían el paso. Mensajes de ánimo podían escucharse, aunque a Sissi le llegaban como algo lejano, opaco. No estaba dormida del todo, pero tampoco despierta. Le recordaba un poco al estado en el que se había sumido cuando le atacaron a ella y a su padre a traición y casi fue asesinada. Tenía pesadillas con ese suceso y los 100 años de letargo en los que se había sumido antes de despertar en un mundo guiado por las guerras y la presencia de los emergidos. Poco a poco, fue luchando para acercarse más a las voces que oía, pero no entendía a la perfección. El dolor de su cuerpo iba haciéndose menor a medida que cobraba completa consciencia de lo que se le decía.

Podía discernir los gritos de ánimo y las órdenes de los soldados para calmar a la multitud. Se sentía vigorizada, y ya no notaba su espalda herida. Algo tímida, movió sus alas traslúcidas un poco, probando la calidad de sus coyunturas y si en efecto estaba tan sana como se sentía. No solo estaban sus pliegues membranosos en buen estado, sino que abrió ambas extremidades con más fuerza de la necesaria y asustó a la curandera que había permanecido fiel a su lado, viendo cómo se cerraban todas sus heridas por las propias habilidades de Sissi. Una exclamación unánime de alborozo se extendió por la playa al poder ver todos cómo la manakete despertaba. Una luz brillante y blanca envolvió su cuerpo, y segundos después desapareció su forma dracónica para dar cabida a la Sissi a la que la mayoría de sus ciudadanos estaban más acostumbrados: la que tenía dos piernas. Apareció en el mismo lugar y en una posición parecida; yacía boca abajo en la arena, con las piernas bañadas por el mar y la ropa mojada, algo sucia, pero más o menos en un buen estado. La sanadora se acercó para ayudarla, así como varios soldados, que no tuvieron dificultades en levantar a la ligera manakete de vuelta a sus pies.

- ¡Su Majestad! Es un alivio que se halle en buen estado, estábamos preocupados por su salud después de tal cruel batalla. – exclamó la mujer. - Se ha procedido a llevar a los heridos a la zona hospitalaria y los invitados de Bern ya han sido conducidos a palacio. Hay una calesa preparada para usted. ¿Se encuentra bien? ¿Necesita que llame a un clérigo o que le dé un vulnerary? – preguntó nerviosa por no haberlo dicho antes. Se reprendió mentalmente por ello.

Sissi sonrió a la muchacha con suavidad. – No se preocupe, estoy perfecta, nada que una buena noche de descanso no pueda curar. Mejor vaya a ayudar a los hospitalizados. – miró a su alrededor y giró el cuerpo hacia uno de los guardias. - ¿Cuántas personas hemos perdido? – su gesto firme no daba lugar a que el hombre limara la situación. La Reina frunció un poco el ceño cuando fue informada de que cinco soldados habían muerto, y que había otros graves que estaban siendo tratados por médicos y clérigos por igual, pero que era probable que no sobrevivieran a la noche. Eran muy malas noticias, pues eran personas que ganaban el pan para sus familias en muchos casos. Debía hacerse cargo de que otros no sufrieran de sus errores como reina al fallar al proteger a todos sus ciudadanos. Suspiró internamente y dijo: Me encargaré de todo después, primero debería presentar mis respetos y disculpas al Rey De Bern. Vayamos a caballo, será más sencillo y rápido. Estoy segura de que los invitados de Bern deben estar agotados por el viaje y la batalla, y necesitarán descansar. – Tras un gesto de despedida a los que aún se conglomeraban en la playa para poder ver un mechón de cabello de la Reina, Sissi fue cedida una montura y, junto a su guardia, puso rumbo a palacio.

Estaba mojada, y sus pies descalzos dejaban la marca de sus pisadas al andar. Parte de su largo cabello rosa tenía aún arena, y sus ropajes estaban algo arrugados y polvorientos, pero Sissi se movía como si nada de eso le importara lo más mínimo. Con pasos seguros, y una sonrisa amable en el rostro, la soberana de Sindhu entró en el vestíbulo de la Gran Casa real. No tardó en visualizar a la comitiva de Bern, a la que se acercó de inmediato. Reconoció a Zephiel de inmediato como el hombre que se había subido a un wyvern para poder hacerle señas. Se ruborizó un poco al recordar que le había mostrado los dientes, por lo que para dar una mejor impresión le dedicó una sonrisa radiante. – Rey de Bern, le doy la bienvenida a Sindhu. Es un placer tenerle aquí. – le dijo mientras juntaba ambas palmas de la mano frente a ella y hacía una ligera reverencia. Cuando se incorporó, miró a Zephiel a los ojos. – Soy Sissi, Reina de Sindhu. Lamento la infortunada situación con los emergidos. Ha sido una batalla dura y estarán cansados. He predispuesto una habitación para usted en palacio mientras que sus hombres podrán descansar en las barracas próximas. Allí podrán asearse, comer, y dormir. Son libres de salir de palacio y recorrer la ciudad, salvo la zona residencial laguz. Varios de mis secretarios les explicarán las normas de la ciudad, de las cuales exigimos respeto para mantener la armonía entre las distintas razas que conviven aquí.

Aunque Sissi habló de forma educada y gentil, se notaba la firmeza en sus palabras al decir que el respeto era algo muy importante para ellos. Sin dilación, continuó: Si desean algún tipo de entretenimiento, puedo hacer llamar a un maravilloso grupo de bailarinas para que amenicen su cena, o recomendarles que bajen al centro donde siempre hay espectáculos y diversión de toda índole. – les dirigió una sonrisa encantadora a los soldados de Bern y después volvió a posar su atención al alto monarca. - Si desea cualquier cosa, no tema en pedirla a alguno de los sirvientes a los que he encargado su cuidado. Si bien no voy a poder reunirme con usted hoy, pues considero que después de lo sucedido es más que necesario el descanso, me gustaría que desayune mañana conmigo. ¿Me concedería ese honor? - una vez quedada su próxima reunión con el monarca extranjero, Sissi se dedicaría a resolver los últimos asuntos de la batalla en alta mar, en especial en lo concerniente a la compensación a las familias y la reparación del barco, y después se haría un chequeo físico para ver sí estaba en tan buena salud como se sentía. También le vendría bien dormir, pues, aunque no estuviera cansada físicamente, se sentía drenada en el sentido emocional y psicológico. No podía esperar a tomar un baño y quitarse la arena del pelo y poder meditar un poco rodeada de varillas incienso. Tenía mucho en lo que pensar.
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [2]
Dragonstone [5]
Vulnerary [3]
DragonStone Plus [5]
hacha L. de bronce [1]
.

Support :
Kija
Sera
Yrumir

Especialización :

Experiencia :

Gold :
292


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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Vie Ago 04, 2017 12:09 am

Era innegable la gran impresión que causaba dicho palacio a ojos de los berneses, quienes, al ser recibidos dentro del mismo, ocuparon todo su tiempo en admirar y maravillarse por lo pulcro de sus pasillos, la altitud del techo a la tierra, y la luz que se reflejaba por las ventanas. No era distinto de la buena casa de un noble, más razón tenían ellos de encontrarse sorprendidos, pues si algunas vez gozaron de las bondades de un buen hogar, había sido ya hace mucho tiempo. La mayoría de aquellos hombres eran en realidad de un estatus social bajo, quienes arrastrados por la catástrofe se vieron en la oportunidad de interactuar con superiores que nunca hubieran imaginado conocer en persona, por ejemplo. Así que dicho viaje era toda una aventura y un gozo, y desearían ellos que nunca terminara.

Zephiel, por otra parte, esperaba a paciente a su anfitriona. No respondía a las atenciones de los criados, y si desviaba su mirada, era para analizar la seguridad de aquellos pasillos, a los sirvientes y demás individuos que debía tener en cuenta a la hora de su llegaba. Prefería mantenerse seguro ante la inquietud, y para hacerlo no podía obviar ni el más ínfimo detalle. Solo la llegada de la reina lo distrajo de esta tarea, encontrando frente a él a una mujer de constitución menuda, ostentosa vestimenta, y cabellos rosas, de entre ellos pudiendo notar aquellas orejas, indicativo de su raza. Sin duda debía tratarse de una manakete, como había dicho y demostrado de sobra. Y ante su presencia se giró a presentarse, cauteloso aún de cómo debía tratarla. Los recibimientos de Sissi se le hicieron extraños, pues su reverencia se le hizo más parecida a una plegaria. Pero obvio el gesto y correspondió asintiendo con la cabeza, recibiendo las sonrisas dirigidas hacia él con una expresión neutra. No significaba que se viera incomodado o molesto, sino que tan solo no podía igualar sus ánimos.

- Sin duda, un combate que supuso gran riesgo. -respondió, rememorando este hecho con nitidez. A sus palabras les acompañaba una notoria desgana.- Mis soldados no se divertirán en las calles, si es motivo de preocupación. Bastará con los espacios que nos dispongan. -afirmó. Lo prefería así, a tener que resolver cualquier clase de inconveniente, y no estaba dispuesto a enfrentarlos en su visita.- Y antes de cualquier clase de distracción como la que ofrece, nos dedicaremos a constatar los resultados de nuestro combate. -a ello estaban acostumbrados los soldados de Bern, dejar las entretenciones aparte de la labor, y bien entrenados estaban para ello. La oferta era tentadora, pero no superaban la importancia del deber. Después, Sissi pidió de él que le acompañara al día siguiente. Contrario a sus planes, el diálogo que se supondría tendrían iba a esperar, ante lo cual no tenía una verdadera queja, pues lo hallaba necesario.- Que así sea. No haré esperar nuestro encuentro entonces. - y con un último gesto de cabeza, pidió retirarse a los aposentos que habían prestado para su descanso. Sus hombres se dirigieron a las barracas tal como había dicho la reina, y así se despidieron.

La reina Sissi, ¿Qué clase de monarca era? Y sobre todo, ¿Cómo había sido capaz de llegar al poder, y construir bajo su nombre una nación, sin que los ojos del mundo se fijaran y se lo impidieran? Su trato ameno era desconcertante, e incluso siendo que en el mundo, incluyendo a Elibe, existían reyes de recibimiento amistoso y diplomático, que aquel trato viniera de una criatura como ella era, por decirlo de otra forma, impresionante. Y aunque Zephiel se mostrara silencioso y recatado como siempre demostraba su imagen, dentro de él crecía una gran inquietud, pues se había encontrado con una manakete de Akaneia, criaturas distintas a los dragones de Elibe, que a diferencia de estos últimos, desconocía enormemente. Y en él causaba un gran interés y preocupación descubrir más al respecto, y junto con ello, también del reino de Sindhu.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Marshal

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Espada de bronce [1]
.
.
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Support :
Draugen

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1795


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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

Mensaje por Eliwood el Mar Ago 15, 2017 12:55 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Zephiel ha gastado un uso de su espada de bronce.
Sissi ha gastado un uso de su dragonstone.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Sissi obtiene un nuevo skill de la rama Laguz (Manakete):

Marea Nebulosa - El aura tranquilizadora del manakete causa que sus aliados, sólo con permanecer un turno a su lado, pierdan cualquier estado alterado bajo el que estuviesen (intimidación, silencio, parálisis, berserk, skills atemorizantes, etc). A su vez, al permanecer junto al manakete es imposible que caigan bajo estos.

Adicionalmente, Zephiel obtiene un nuevo skill de la rama General:

Provocar - Skill que permite al general llamar la atención hacia sí, actuando como distracción para atraer atención, ataques o persecuciones hacia su persona en lugar de cualquier otro. Muy útil si se tiene en cuenta la capacidad defensiva del general.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1064


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Re: [Campaña de liberación] You can be a King, but watch the Queen conquer. [Priv. Zephiel]

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