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La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Marth el Mar Mayo 22, 2018 2:49 am

Los siguientes momentos eran definitorios, las primeras impresiones eran demasiado importantes y si el príncipe Alteano se quedaba con una buena impresión de la jovencita podía llegar a perdonar a posterior algún error protocolar, incluso ser más flexible y adjudicarlo a las diferencias de cultura.
Al levantarse miró a Eliwood que tomaba la palabra en presentar a la joven, todo lo que decía hacía crecer el interés del príncipe en la persona que tenía al frente. Si bien en cuanto a títulos no le superaba en importancia, si podría llega a hacerlo en posesión de tierras heredadas. No había pisado Sacae nunca en su vida, pero al aliarse con Lycia había estudiado todos los territorios aledaños, más aún cuando había planteado la posibilidad de conquistar Bern en nombre de Pherae, idea que terminó en nada gracias a Eliwood, que siendo más diplomático había evitado una posible guerra interna en Elibe conteniendo la influencia extranjera. Ahora tenía bajo su poder directo a Altea y el gran territorio de Regna Ferox, aunque tan extenso era difícil de controlar por un país tan pequeño como Altea, pero a reconocimiento de los otros reinos era la bandera Alteana la que ondeaba a lo largo de la gran muralla. Sin embargo un logro hecho por fuerza no era tanto como el que le correspondía por sangre a ojos del alteano, la herencia y la tradición eran mucho más fuerte y era eso lo que definía la calidad de una persona. Por mucho que alguien se esforzase y por lejos que llegase, incluso a ponerse una corona de oro sobre su cabeza, si su sangre era plebeya nunca sería reconocido como tal por el príncipe. Toda su cultura se basaba en el hereditaje de antiguas bendiciones y el pasar el poder por sangre, incluso teniendo una marca física con que comprobarlo. Que ella tuviese tanto a su nombre la lazaba a ojos del príncipe a una persona de calidad... y con ello podía llegar a perdonar algunos errores de comportamiento.

Pestañeó con confusión cuando ella levantó su mano y enseguida negó las palabras del marqués y su atención pasó a la dama que comenzaba a decir palabras que no comprendía... ¿“tribu”? ¿“nómadas”? Eran términos que no comprendía del todo, incuso con la explicación que daba no podía imaginarse como eran en realidad así que tomó literal la comparación con Lycia - Comprendo, no es una monarquía tradicional, tal como Lycia. No debería mirarse en menos, Lady Lyndis. Lord Eliwood me ha explicado como funciona su modalidad de gobierno y a modo práctico lo que usted heredará será dos títulos de marquesa que como lo ejercen es casi como una monarquía compartida. - dijo con una sonrisa mesurada y cuidadosamente practicada. Si bien no entendía el término nómada, imaginó que cuando se refería a que no había límites claros y que estaban en movimientos era simplemente a la rotación de plantíos como se solía hacer en las diferentes estaciones y para refrescar el suelo. No veía como podían mover casas, fortalezas y palacios, claramente se refería a que no había límites ya que los espacios entre un pueblo y otro eran de libre uso... un poco desordenado a su pensar ya que podía conllevar a conflictos pero también había pensado eso de Lycia y veía que funcionaba perfectamente bien.

Las aclaraciones de Eliwood sobre su papel en la liberación de Lycia las tomó con gran honor, no mostró falsa modestia si no que mantuvo la sonrisa y el mentón en alto aceptando sus agradecimientos, eran realidades simplemente y negarlas por modestia podía traer malos entendidos en esos ámbitos. Cuando se disponía a seguir avanzando junto al marqués vio que la joven lo miraba con seriedad, un poco de preocupación se vio en el rostro marmóleo del peliazul y se ladeó para quedar frente a ella, la inclinación fue reconocida de inmediato, aquel gesto era recibido muchas veces por el joven, tanto de caballeros como por otros nobles y en estos últimos tiempos había tenido a cada uno de los integrantes de la guardia real en aquella misma posición volviendo a jurar su lealtad hacia la marca de Naga y su propia persona tras la muerte de su padre. Sintió un encogimiento en su pecho pero se mantuvo recto y serio escuchando con gran respeto las palabras de la joven, incluso los tropiezos que parecía tener con algunos términos.

Al verla levantarse y mostrar su sonrisa la presión en su pecho se liberó. La fresca presencia de la dama resplandecía con tan sincero gesto, era como si todo en ella, su peinado, su vestido, sus gestos, fueran un simple marco que encuadraban la obra de arte de aquella pura y encantadora expresión. La encontró hermosa en el sentido más fiel a la palabra, tanto que no pudo decir palabras de forma inmediata, solo se quedó observando el rostro de la joven con un ligero rubor sobre sus mejillas. Obligándose a reaccionar tomó un poco de aire y volvió a plasmar la sonrisa practicada y afable sobre su rostro, extendió su brazo para ofrecérselo a la dama - Es un placer saber que he sido de ayuda no solo a su gente y a su tierra, si no también a alguien como usted, el conocerle hace que cualquier sacrificio haya valido la pena. - sus palabras no eran las convencionales para aceptar un agradecimiento si no que era una forma bastante sutil de mostrar un interés más allá del cordial en una situación social. Esperaba que ella tomase su brazo para poder seguir al marqués en su paseo por las caballerizas.


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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Jun 06, 2018 12:11 am

De poder verlo en ese momento, su madre se habría avergonzado de la gama de expresiones que traicionaba su rostro mientras Lyndis corregía su presentación, más transparente de lo que se suponía que un noble hecho y derecho fuera. Principalmente era un gesto casi adolorido el que llegaba a dibujarse en su ceño; como si acabara de golpear su codo contra el borde de un mueble y el dolor estuviera llegando de a poco en poco. El concepto de tribus y nómadas no era uno que imaginara en absoluto compatible con Marth, la persona más pragmática que pisara jamás Elibe. El problema era que no tenía forma de comunicarle a Lyndis qué decir, qué línea seguir, y entre más aclaraba el asunto más temía el marqués por el desenlace. Por fortuna, al escuchar a Marth responder, se convenció de que había entendido algo convenientemente monárquico y pudo respirar nuevamente con calma. Aún así, no se permitió descuidarse. Regresó la sonrisa a su rostro y habló con una confianza que no admitía ser movida, un tono que sería muy obviamente descortés rebatir.

- La humildad es una virtud, una que brilla aún más en una joven señorita, pero creo que subestimas tu posición, Lyndis. - Contraatacó, si podía así llamarse, con un humor ligero pero seguro. Apelar al trato cercano que tenía con la joven era lo mejor que podía hacer. Volviendo la vista hacia el príncipe entonces, prosiguió sin pausa, comentando lo que estaba seguro sería del interés del gobernador. - Por eso es que es importante que sea reconocido y validado cuanto antes su título en Caelin. Las noticias llegarán por sí solas a Sacae, me parece. Por supuesto, yo seré el respaldo de Lyndis en todo momento, puedo jurar por su ascendencia sin una pizca de duda. De esa forma, no habrá problemas para que asuma mando, ni por su juventud ni por su estado. - Dijo, respaldando así la buena posición que Marth interpretaba de la muchacha. En aquellas palabras sobre juventud y estado se comentaba, de paso, el complicado hecho de que la heredera no tenía ni propuestas ni vistas de matrimonio, aunque considerado todo lo que iba a su favor, en su caso no sería problema. Lycia no impedía que una mujer a solas gobernara, si es que acaso eso pudiera preocupar al extranjero. Era un tema que con benignas intenciones el marqués mantenía fuera del entendimiento de su amiga aún, dispuesto a mantener ahuyentadas todas las presiones desagradables.

De todos modos, las cosas marchaban bastante mejor de lo que anticipaba. Mínimos tropiezos, pero Lyndis obraba bien y Marth parecía complacido. Soltando con lentitud una exhalación plácida, el marqués simplemente puso sus manos tras su espalda y les observó, enorgullecido por cómo la muchacha se ponía a servicio. Marth no tenía por qué saber que los talentos de Lyndis yacían en un manejo impresionante de la espada, rival al de cualquier hombre que dedicara la vida entera a ello. Aunque fuera una lástima, a su parecer, no poder presentarle a la verdadera Lyndis, no había verdadera necesidad de que la conociera a fondo, ni ella a él. No hacía falta que advirtiera a la nómada de lo implacable que se volvía el pequeño príncipe cuando se cuestionaba su derecho o se jugaba cualquier parte en el poderío de Altea, lo peligrosamente listo en la política que había llegado a ser. Después de todo, lo más seguro era que no fueran a pasar más que minutos en la presencia el uno del otro en el futuro, en los pocos encuentros que podrían llegar a juntarlos. Concluía que las cosas estaban bien así.

No obstante, no falló en reparar en el rostro de Marth, súbitamente tomando algo de color como otrora hubiera visto suceder él mismo. Era suficiente para sorprender a Eliwood. Dudaba que la joven sacae lo pasara por alto tampoco, claro como había sido, y... lo cierto era que no estaba muy seguro de qué interpretar al respecto. Desde luego que había rogado que se llevaran bien; eso era un poco más inesperado. - Ahem... me... alegra mucho que puedan llevarse bien. - Fue todo lo que pudo comentar, con una risa breve, todavía intentando cuadrar todo en su mente. Sentía la necesidad de cuidarse hasta él de la vista de Marth, en un momento así. Fuera como fuera, la postura del alteano indicaba que sería él quien llevara a la mujer en el brazo para caminar, a lo cual no pudo sino mirarla con expectativa. Pedía tanto de ella ese día, era consciente.

- Es así que... por lo que hemos platicado, tal parece que ya el día de mañana Lyndis estará partiendo a ser reconocida en sus tierras. He dispuesto todo lo mejor que he podido, para que no falte de nada en el camino. - Prosiguió. Era su forma de compensar a la joven por todo lo que estaba poniendo sobre sus hombros y todo lo que estaba haciéndole pasar en ese momento. Con la mirada, de soslayo, estaba ya pidiéndole perdón por todo al asegurar su apoyo y ayuda. Echó a caminar al paso que sus acompañantes llevaran por el camino de piedra. - Supongo que el caballo también habrá de ser alguno de estos, los de Pherae. ¿Está elegido ya, Lyndis? -
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Jue Jun 07, 2018 1:45 am

¿Doble monarquía? ¿Ella? No podía terminar de imaginar lo que una "monarquía compartida" implicaba pero sabía muy bien que si el principe relacionaba dos reinados a su nombre implicaba que algo no había entendido del todo... ¡Ni ella lo entendía del todo! Llegó a comprender lo poco que comprendía todo. Una duda se sembró en ella por aquel mundo misterioso en el que se adentraba en aquella nueva etapa en su vida...

No tuvo tiempo su mente de germinar aquella semilla, por suerte, que tuvo en enfocarse en no perderse en aquella extraña y por demás irreal conversación en la que se encontraba ¡Estaba en una guerra la cual ya había entrado perdiendo! Posiblemente con una espada mellada y cojeando.

El escuchar a Eliwood decir que le respaldaba a ella y sus palabras le llenaron el pecho de calor y le dieron fuerzas. Sin él no estaría ella allí en más de un sentido, y el saber que brindaba su apoyo sin mencionar nunca un pago a cambio era un gesto que jamás olvidaría ¡Debía pelear aquel combate con todo de sí y no desfallecer y...!

Sintió un frio helado recorrer su espalda al ver la reacción del principe a sus palabras de buena voluntad. Oh no... había arruinado todo... Era la expresión de disgusto a sus palabras, conteniendo la ira ante lo que ella había dicho. Miró de soslayo a Eliwood buscando ayuda deseperada ¡¿Que debía hacer?! No tenía su espada, si buscaba un duelo para reponer "su honor" entonces...

Pero la expresión del joven se ablandó, sus palabras escuchándose a sus oidos con sinceridad y hasta.. ¿un halago?

Estaba confundida, extremadamente confundida, pero de alguna forma parecía haber sido bien recibidas sus intenciones. -E-el placer es mio por su generosidad- pudo al fin responder con voz suave, inclinando levemente la cabeza en respeto casi de forma automatica. En aquel campo de batalla, la presencia del principe era como la de un mago: un enemigo que si llegabas a ignorar terminarías sin ver el sol del nuevo día en una pila junto al resto de los cuerpos calcinados...

Tardó unos instantes en comprender lo del brazo extendido, siendo un gesto que había visto antaño ser ofrecido a una dama... Claro, a una mujer noble. Aquella mentalidad, aquella etiqueta sobre ella era algo que aun le pesaba y costaba.

Torpemente tomo el brazo del muchacho de la mejor forma que recordaba, más tensa que antes si acaso era posible. Solo le habían explicado la forma de saludar, aquello era... ¡Era un principe! Por Hanon que estaba pasando...

-Si, los preparativos ya estan listos. Partiremos mañana al alba- confirmó las palabras del marques, dejando que su mente se desviara de la presencia que tenía a distancia cero de ella y cuyo brazo tomaba y que podía asegurar estaba más aseado y perfumado que ella. El tema familiar era una brisa fresca en tan extraña batalla.

-Ya ha sido elegida, una yegua- respondió al instante con una sonrisa animada -Habia salido a montar con ella temprano en la semana y me alegró saber que sería con ella que viajaría ¡Es un caballo impresionante, Eliwood! ¿Acaso no habrá problema de que me lleve a alguien como ella? Siento que es abusar ya un poco de tu generosidad...- expresó, en verdad preocupada pero sin poder contener la emocion de volver a montarla.

¡Montar! Ya no podía esperar a estar al día siguiente en el camino con el viento en frente tras tanto tiempo...
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Marth el Mar Jun 19, 2018 11:44 pm

Las aclaraciones de Eliwood sobre la humildad de la joven de Sacae despejaron dudas que podían haber quedado, si él no le desmentía o corregía sus palabras eran por que debía haber entendido bien. Aliviado de no haber pecado de ignorante sobre aquel complicado sistema monárquico compartido que tenían en ese país le dedicó una sonrisa suave al pelirrojo prestando especial atención a las palabras que este decía. Eran de suma importancia ya que por más que fuese suyo por derecho el título, si no era reconocida o no había estado presente como miembro de la familia, corría el riesgo de no ser reconocida por la nobleza local y ni siquiera permitirsele acercarse al palacio. Tener el respaldo de otra nobleza de igual peso, en este caso un marqués para asumir el puesto de otro marqués, y con ese título comprobado y el respaldo de ya un título logrado y apoyo quizás hasta militar, podía fácilmente reclamar el título que le correspondía en otra tierra. Quizás para ella fuesen solo palabras de apoyo de parte de su amigo, pero en cambio para el príncipe era una garantía que no solo corría sangre azul en las venas de la muchacha si no que podía tomar el título que le correspondía. Y claro que no pasaba por alto el otro pequeño detalle: estaba soltera. Su sonrisa se mantenía en el rostro pero su mirada se notaba un tanto ajena mientras el príncipe pensaba en todas las posibilidades, en los riesgos también, una mujer con tanto poder era una presa fácil, incluso pensó en Eliwood, en su estado de viudo y dando tanto apoyo a esta dama. No veía razón por la cual la unión de ambos no fuese si no que beneficiosa para el marqués y como un agradable extra, parecían llevarse bien.

Cuando la mano ajena descansó sobre su antebrazo lo atrajo un poco contra su cuerpo atrapando con suavidad el antebrazo de la joven entre su codo y su cintura, delgada pero firme, ajustada dentro de la ropa cuidadosamente hecha a medida. La sintió algo tensa pero lo adjudicó a los nervios de eventos tan cercanos sobre la toma de sus títulos, el también había pasado muchos nervios con el asunto de su padre y la toma de palabras. Creía que ella tendría que pasar por situaciones similares y no tenía la experiencia que él tenía en ambientes tan venenosos como las cortes de Akaneia, por lo poco que había visto con Eliwood en Pherae ya podía adivinar la clase de nobles que había en aquel lugar, unos suficientemente amables y justos como para poder compartir el poder sin andarse apuñalando las espaldas o intentando cortarse los cuellos. Ella estaría bien, solo despertaba ternura en el príncipe confundiéndole con una dama sin experiencia que era guiada a un mundo nuevo y desconocido, una flor inocente y delicada temerosa del fuerte viento que tenía que enfrentar.

Le miró cuando habló, sonriendo con suavidad y prestando la correcta atención debida - Oh, Lord Eliwood me ha regalado un corcel entrenado. Puedo decirle de primera mano que sus caballos son de una excelente raza, un excelente manto blanco sin un solo pelo de otro color y muy bien entrenado el que me ha regalado. No soy un experto en caballos pero fue química inmediata. Me ha acompañado en batalla y nunca dudó en una orden ni temió ante el enemigo, muy buena resistencia para viajes largos y porte elegante. No podría pensar en nadie mejor para confiarle una montura. Si es una yegua mucho mejor, de carácter manso y afable como solo el encanto femenino puede garantizar, estoy seguro que no le dará problemas en el camino. - no había ninguna mala intención en sus palabras pese a que encasillaba el carácter del caballo por su sexo englobando a su vez a todo un género incluso por fuera de la especie, solo opinaba con sinceridad y deseaba un buen viaje.


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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Dom Jul 01, 2018 11:26 pm

En cierta forma, saber que no debía permitir a ese encuentro prolongarse demasiado era su valla de seguridad. El trato de Marth hacia la dama sembraba más de una duda, pensamientos que no podía entretener en ese momento ni mucho menos buscarse modo de comprobar; pero, a sabiendas de que no era más que una ocasión particular la que tenía a esos dos muchachos coincidiendo, ocasión que probablemente no se repetiría, podía dejarlo de lado. De cualquier modo, lo más probable era que el príncipe sólo se comportara de forma protocolar, que estuviera siguiendo las trazas de amabilidad debidas ante una joven de alcurnia. En cuanto a él, podía despreocuparse. En cuanto a Lyndis, sus pequeños titubeos, las pausas entre palabra y reacción que delataban al ojo sabedor que estaba formulando respuestas que no le eran naturales, las miradas expresivas y los gestos algo rígidos parecían ir suficientemente desapercibidos, cubiertos por el mero encanto juvenil y el éxito en seguir protocolo general. Iba bien. El trato con el joven alteano, en general, marchaba fluidamente. El acto no podría durar demasiado antes de arriesgarse a errores involuntarios, o a que llegara el momento en que la misma Lyndis se hartara, pero nuevamente, la brevedad reduciría esas posibilidades.

Sólo debía proseguir con la escena. Con Lyndis adecuadamente sujeta al brazo del príncipe, tan sólo cuidó llevar un paso calmo para no darle más dificultades de las que pudiera ya tener caminando con su atuendo. Por lo demás, el hecho de que la plática cruzara a un terreno de sumo conocimiento de la joven le daba tranquilidad. Seguramente causara una impresión buena. Atisbando ya en su horizonte un buen desenlace a todo, el marqués intentó dejar de lado todo pensamiento inquieto y exhaló largamente, sin dar voz al suspiro, mas librándose con ello de sus tensiones. La sonrisa que se dibujaba en sus labios consiguió hacerse más sincera. - Muy bien. Mañana al alba, pues... será mejor que descanses lo más posible, y que veas los preparativos completados cuanto antes. - Dijo. No iba a preguntar ante Marth por armas, peligros y preparaciones combativas respecto a la joven, pero suponía que Lyndis debía haberlo tenido todo en cuenta. Prosiguió adelante, apareciendo a la vista las caballerizas y su primorosa colección de corceles personales.

- ¿Cual era tu elegida? ¿Maribelle? ¿Rosie? ¿Caroline? - El mayor preguntó, rememorando en voz alta. Todos sus caballos tenían nombres aptos para caballeros y damiselas de sociedad; a su vez, eran todos del mismo calibre en entrenamiento, cada uno un orgullo que le alegraba saber apreciado. Su sonrisa se ensanchó con placidez, ladeando la cabeza hacia sus acompañantes. - No hay nada de qué preocuparse, es para una causa de importancia. Lo amerita. Por otro lado, ¿no hay nada más que vayas a necesitar? No es un viaje muy largo hasta Caelin, pero sí posiblemente complejo. Piénsalo, aún estás a tiempo de pedir ayuda. - Habló con cuidado, pues si bien a oídos de Marth no esperaba sonar en absoluto extraño ofreciendo ayuda a una joven en una misión propia, solitaria, esperaba no ofender a la clase de persona que era ella con sus excesivos ofrecimientos.

De cualquier modo, sonaba a que el príncipe entendía, cuanto menos un poco. Le hablaba sin empequeñecerla siquiera en implicación, ahora, un cambio sutil pero que el pelirrojo se hallaba apreciando. Miró al joven, al que en modos bastante más directos y concretos había asistido con sus propias batallas; a mayor escala, inclusive. Guerra tras guerra que cambiaba la suerte de reinos enteros en Akaneia, bajo la mano de un joven de no más que dieciséis. Supuso que jamás llegarían ambos de ellos a conocer el calibre de guerrero el uno del otro, si bien la fuerza de Marth brillaba más fuera de guerra y la de Lyndis de forma inversa. Inclinó la cabeza en agradecimiento hacia el pequeño gobernador. - Aún lo cuida cercanamente, hm. Pese a que no han sido pocos los combates a los que usted asistió en persona... eso alegra de saber. -
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Dom Sep 02, 2018 11:40 pm

-Maribelle- asintió ante las palabras de Eliwood, contenta de volver a escuchar el nombre de tan maravillosos animal. El nombre reflejaba sin duda al marqués cada vez que lo escuchaba, y más aun con la forma tan... noble que pronunciaba cada sílaba el pelirojo. Se apresuró a negar con la cabeza a su siguiente ofrecimiento y volvió a aclarar -Ya estan todos los preparativos hechos y no podría pedir más de lo que ya has dado, Eliwood. Solo resta asegurar todo a las alforjas y descansar correctamente antes de salir.- Su sonrisa se ensanchó, podía ya oler el camino...

Que el príncipe continuara el tema de montura y caballos le emocionó y tranquilizó ¡Y sorprendió! Habló de batalla y enemigos y, aunque interpretado por un juglar con cascabeles y colores podía verlo, le era dificil imaginar aquel pintorezco noble en el campo de batalla.

¿Acaso era verdad los cuentos que había escuchado sobre los reyes de tierras más allá del mar? Definitivamente su concepto de nobleza no iba con proezas en el campo de batalla en ropas brillantes.

Aunque... las palabras finales del joven se le hicieron extrañas ¿un corcel de combate manso y afable? ¿Que clase de guerrero que se respestase, como ella, querría un corcel asi? ¿Acaso también montar al combate era distinto más allá del mar?

La objeción que iba a levantar se vio ahogada con la declaración de Eliwood que confirmaron los comentarios del principe extranjero como algo más que palabrerios ¡¿En serio aquel muchacho de tan delicada apariencia marchaba al combate en un corcel de guerra como Maribelle?! ¡Y encima como algo habitual!

Se le quedó mirando un instante, aprovechando la corta distancia para poder inspeccionarlo mejor de arriba a abajo, apretando levemente el brazo ajeno como para comprobar la consistencia de los mismos. Sin duda parecía alguien más entrenado de lo que su impresión inicial llevaba...

-¿Tan experimentado en el campo de batalla es usted, príncipe Marth? Pues espero que nuestros caminos puedan volver a cruzarse en momentos mejores y asi tener chance de verle en persona en el campo de batalla- su mirada clavada en el principe, con la pasión y determinación de una guerrera en sus ojos.

¿Poner a prueba sus habilidades con un poderoso guerrero de tierras más alla del mar? Era demasiado tentador como para no dejar esa posibilidad en el aire. Era su benefactor, y le debía mucho, pero como hombre de guerra igual que ella debería de comprender su deseo.

Más que nunca tenía un motivo por el que blandir su espada y pulir sus habilidades...

Y por eso mismo, con cuidado de no ofender al principe, retiro su mano e imitó nuevamente el saludo que le fue instruido hacer con su vestido. -Espero me disculpen, pero Luz seguramente ya ha vuelto y no puedo dejarle a ella sola con los preparativos para un viaje que es mio y no suyo. Gracias por todo Eliwood y, principe Marth...- levantó su mirada y volvió a clavarla de manera decidida en él con una sonrisa jovial -...espero que el viento vuelve a cruzar nuestros caminos-

Con paso calmado, para evitar caerse en tan extrañas ropas, volvió al interior del castillo. En su corazón, la promesa de una futura batalla contra un aparentemente formidable rival.
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Marth el Vie Sep 14, 2018 11:06 pm

Como siempre los modales del pelirrojo eran exquisitos y hacían sentir cómodo y en casa al peliazul, la naturalidad con que el otro trataba a la joven y como ella respondía no levantaba para nada ninguna sospecha de la verdadera naturaleza de la jovencita peliverde. Miró con atención a la invitada cuando se le ofreció auxilio en el viaje, él asumía que no viajaría sola, una mujer sola en los caminos sería un llamado a la desgracia, sobretodo una heredera. Quizás Eliwood solo estaba ofreciendo ayuda de su marquesado, caballeros personales y Lyndis contaba ya con los propios. No le pareció del todo cortés el indagar o siquiera preguntar así que solo mantuvo silencio mientras los otros hablaban, solo disfrutando el corto paseo y el agradable ambiente, mostrándose interesado en la charla sin irrumpir.

Solo cuando la atención fue a él y se le refirió directamente por el marqués amplió su sonrisa con sincera alegría de que aún recordase al caballo regalado y que reconociera que era una hazaña mantener a un corcel con vida en el campo de batalla, sobretodo después de tanto que había pasado con el animal - Oh si, le cuido como merece. Es un excelente animal, me acompañó en la conquista de Regna Ferox, en el inicio y después en su refuerzo. También me ha llevado a su lomo por casi todo Altea y sus caminos hacia Ylisse limpiando los caminos de emergidos a nuestro paso. Es un excelente animal, tan buen compañero como tener a otro soldado a mi lado. Cuando encabecé la batalla para abrir la brecha en la muralla de Regna Ferox, puedo decir con seguridad que fue ese caballo quien salvó mi vida con su rápida respuesta que me permitió esquivar las javalinas lanzadas desde lo alto de la muralla. - se sentía realizado al ser reconocido como guerrero. No lo había sido cuando se vio obligado a subir al trono, tampoco en su primera visita a Pherae, apenas si sabía mantenerse sobre el caballo y blandir una espada al mismo tiempo, pero las cosas habían cambiado. La experiencia le había hecho mucho más fuerte y sabio, se forjaba un carácter mucho más severo aunque no abandonaba aún muchas facetas infantiles y sensibles que no eran bien vistas en un hombre y mucho menos en un gobernante. Intentaba, sin embargo, ocultarlas cuando las descubría. Por eso mismo se alegraba, sobretodo delante de la dama, que fuesen reconocidas sus acciones más masculinas y que encajaban mejor con la imagen que un regente conquistador tenía que dar. Se volvió hacia ella apoyando su mano sobre el brazo femenino que descansaba sobre el suyo - Me gustaría que no fuese de esa manera, ser experimentado en el campo de batalla significa que han habido muertes y desdicha a mi alrededor, pero en los tiempos que se corren con el peligro de los emergidos, líder que no es experimentado en batalla es un líder que ha fallado en proteger a su gente. ¿No lo cree así? - pese a lo armadas que podían sonar esas palabras, el tono indignado con que lo decía hacía que no sonasen falsas en lo absoluto. Demasiada práctica en discursos y en conmover a su público, pues con su imagen no podía apelar a la fuerza bruta para levantar morales, ni tampoco era la imagen que buscaba dar de su propio país.

La despedida de la joven era inminente, tampoco era que fuese una reunión demasiado larga, era justa y necesaria para conocerse, y el joven ya tenía ideas propias sobre su nuevo contacto y posible aliado. Se inclinó un poco tomando la mano ajena y depositó un suave beso, esta vez si rozando sus labios contra el reverso de su mano antes de soltarla - Le deseo un buen viaje. Que Naga bendiga sus caminos y provea buen clima hasta su llegada a destino. Ha sido un gran gusto el conocerle y espero poder volver a contar con el placer de su presencia en una nueva ocasión. - al apartarse se volvió hacia Eliwood cuidando de no darle la espalda a la joven - Y con la retirada de Lady Lyndis también he de retirarme yo también. Debo escribir a casa y atender unos asuntos con mis consejeros. Espero poder verlo en la cena y seguir nuestras pláticas sobre la situación de nuestros vecinos. - dicho esto le dedicó una reverencia al pelirrojo para retirarse.


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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

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