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La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

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La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Dom Abr 16, 2017 12:38 am

Spoiler:
Título sacado de un diálogo de Skrimir en FE10:

"War is a simple thing. What comes after-- that is hard. Diplomacy is a battle I have never known how to fight."

Porque ta, me agrada para este tema <3

Pherae jamás había olvidado la vida antes de los tiempos oscuros, Eliwood se había asegurado de ello. Inclusive con los emergidos asediando sus murallas y la desolación acercándose milla a milla alrededor de ellos, borrando toda posibilidad de alcanzar los marquesados contiguos, el protector de aquel territorio había hecho siempre de la mayor prioridad dar una impresión de bienestar. Los caballeros izaban estandartes de colores brillantes al marchar, la gente era instada a continuar con sus vidas, los exitosos retornos de cada combate eran ampliamene celebrados y la esperanza se mantenía viva. Así, cuando la liberación finalmente llegó, cual luz que cortaba y disipaba las nubes de tormenta, la gente estuvo más que lista para tomarla y pasar una nueva página. Con más ánimos que nunca, Pherae reconstruyó lo caído y comenzó a expandir sus terrenos de cultivo, ganadería y construcción nuevamente. Se buscaba retomar el contacto con los demás marquesados, confirmar su estado y refugiar a los supervivientes de los sitios menos afortunados, a la vez que se estabilizaba la situación en las ciudades aún habitadas. Eliwood estaba tanto o más ocupado en aquel entonces de lo que había estado durante la peor parte de la guerra, pero aquel era un trabajo que realizaba con verdadero gusto.

Sin embargo, había dejado muy poco tiempo para atender a sus invitados. Si de algo Eliwood podía lamentarse, era eso. Desde que llevó al castillo a la heredera de Caelin y al clérigo que había terminado viajando con ellos desde Sacae, había podido hacer poco más que extenderles su hospitalidad, cederles habitaciones cómodas y dejar ordenes de que se les proveyese de todo cuanto necesitaran; su compañía era algo que rara vez podía darles, por más que deseara hacerlo. Primero por la guerra, luego por sus viajes a Altea y entonces por la reconstrucción. Lo último que había sabido era que Lyndis se disponía ya a salir rumbo a Caelin, seguramente con el clérigo en su compañía. En respuesta él, dirigiéndose a tratar otros asuntos con el representante de Altea en un fuerte cercano a la frontera con Bern, sólo había podido enviar un mensajero aprisa, que indicase a la mujer permanecer en Pherae hasta su retorno. Tenía algo de suma importancia que tratar con ella antes de que dejara la ciudad, como pedía al mensajero decirle en esos mismos términos.

No más que un día después del aviso, se hallaba ya encaminado. Cabalgaba con el príncipe Marth, su comitiva y su propia escolta hacia Pherae. Su intención era la de presentar a su aliado a la futura regente de Caelin, a sabiendas de que no eran más que tres las familias terratenientes contactables las que sostenían la Liga de Lycia, tres gobernantes con quienes convendría tener a Altea en favorables términos para cimentar cimentar su alianza en el resto del reino. No había estimado prudente dar aviso de todo ello a Lyndis, no más que informarle que era algo de importancia lo que tratarían, mas sí ocupaba sus propios pensamientos en aquel necesario encuentro y cómo hacerlo propicio. La nómada ciertamente no tenía experiencia en la corte y Eliwood, aunque hubiera pretendido instruirla justamente en esos asuntos, no había tenido ocasión de ayudarla aún. El hombre de avanzada edad contaba entonces más que nunca con tener el pleno favor del príncipe alteano, mas conocía también sus estándares diplomáticos, sus expectativas; planteaban una posible inconveniencia para el encuentro, que el marqués prefería evitar. Sopesando la mejor forma de proceder al respecto, formulaba en fuero interno una que otra solución, para las que lamentablemente habría necesitado de más tiempo en Pherae de antemano. No obstante, no resultaba imposible.

La procesión aminoró el paso hasta detenerse en un familiar arroyo y un pequeño pueblo en reconstrucción cerca de este, sitio en el que los caballos podrían descansar y la comitiva podría detenerse a comer. Decidido respecto a la forma en que procedería, Eliwood bajó también de su corcel, mas enseguida llamó hacia sí a dos de sus escoltas personales, hablándoles fuera de la vista o el oídos de los alteanos. - Den aviso al príncipe Marth que me he adelantado a Pherae. Si pregunta el motivo... se trata solamente de preparar hospitalidad especial, a nivel de su visita. Expresen mis disculpas y vean de arribar un par de horas más tarde, por favor. - Dijo, cuidando su elección de palabras. No debía probar demasiado la paciencia y entendimiento del príncipe. Entonces aguardó un poco más allí, lo suficiente como para ver a los extranjeros ser guiados puertas adentro, y volvió de inmediato a montar. Con una breve despedida a sus hombres, sin aceptar la compañía de siquiera uno de ellos para su apresurado viaje, retomó a toda velocidad el camino a sus tierras.

No se hallaban lejos, por lo que a él, a solas y al ritmo más rápido en que podía cabalgar, no demoró en su llegada. Pasando una ciudad vivaz y bulliciosa, ingresó al castillo igualmente ajetreado en esas épocas, deteniéndose con la primera criada que se inclinó ante él en el salón principal. Tomándose el tiempo de sonreír e inclinar la cabeza de regreso, jamás tan apresurado como para no ser amable en sus ademanes, Eliwood dictó con gentileza su única instrucción. - Buen día. ¿Podrías por favor dirigirme a donde se halle la señorita Lyndis? Debo verla de inmediato. - Pidió. Asintiendo, la criada apenas entrada en la adultez se paró totalmente recta, juntando las manos sobre la caída de su falda, y con cortos pero veloces pasos guió a su señor hacia donde se había visto por última vez a la invitada. Como siempre hacía, en el camino el marqués saludó a cada rostro familiar o nuevo en el castillo, intercambiando breves palabras con algunos de los criados de más confianza, las audaces cocineras o los más entusiasmados de los escuderos presentes, que habían aprendido a no dudar en saludarle o preguntar por su viaje; por el castillo rápidamente se propagó palabra de su arribo y presencia.


Última edición por Eliwood el Lun Oct 23, 2017 5:16 pm, editado 1 vez
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Miér Abr 19, 2017 7:41 pm

Sin rumbo, tratando de escapar de las paredes de piedra, sus paseos por los jardines del castillo se habían vuelto frecuentes. Pero aun en aquella isla de verde entre tanto gris, solo le eran un recuerdo constante de las llanuras que ya añoraba.

No recordaba haber estado jamás tan lejos de Sacae.

Sus incursiones más allá de la frontera habían sido siempre escuetas, por demás cortas y lo suficientemente cerca para que su visión pudiera observar sus preciadas llanuras en la lejanía. Pero allí, en en plena Lycia, su mirada se perdía en bosques, pastizales y montes que lejos estaban de sus queridas tierras.

Hasta el verde era distinto. Podía sonar desquiciado o detallista, pero hasta en esos detalles notaba la lejanía con sus tierras. El estar puertas adentro no le ayudaba.

El concepto de puertas adentro era de por si algo por demás ajeno a ella ¡Mucho más el estar tras más de una serie de puertas! Le recordaba a su noche en aquel poblado en las llanuras, que desentonaba con la vida nómada como ella en aquel lugar.

Aun en aquellos momentos, rodeada de verde las piedras de la muralla y paredes del castillo se colaban en su visión, siendo más una mentira aquello que follaje real. Una mentira muy bonita y cuidada, pero no era lo mismo y lo sentía.

No es que haya sido una estadía desagradable en Pherae. Estaba Luz y había conocido al joven bardo Nils, cuyas compañías atesoraba y rompían un poco lo monotonía... Simplemente estaba más acostumbrada al movimiento, el sedentarismo no era una cualidad entre las que destacaban los nómadas.

Pero eso le esperaba de allí en más ¿no? Un lugar, estático, fijo. Una persona. Familia.

¿No por eso había tomado la iniciativa de seguir al lord de Lycia más allá de la frontera?

Era una condición que, sin conocer las especificaciones, había aceptado y seguiría adelante. Los vientos de cambio eran tan difíciles de evitar como aquellos de tormenta... Pero una vida de vientos estables y conocidos en las llanuras no desaparecían así como así.

Le tiraban. Sentía el llamado de las llanuras en la lejanía, del viento de Hanon más allá de la frontera...

...Pero su sangre le llamaba en la dirección opuesta... Y un nómada jamás falta a su palabra ¡Había jurado avanzar! No se quedaría quieta. No ahora, no tras tanto camino avanzado. No tan cerca.

Llegó al final del camino imaginario (y ya no tanto) que su andar diario por los jardines recorría, y dio la vuelta para regresar. Sus manos rosando las hojas de una planta cuyo nombre desconocía pero su aroma se le hacía placentero.

Quizás no era un verde tan falso. Tenía otros colores, otros matices, que sumaban lo suyo. Era un distinto y ya, solo era difícil acostumbrarse a lo distinto.

Se detuvo en seco, sobresaltada, al ver una figura que no había notado llegar, su mano instintivamente en su cintura tomando el mango de una espada que no estaba allí. Pierna al frente, cuerpo agazapado lista para lanzarse... Y relajó su cuerpo cuando sus ojos y mente se pusieron de acuerdo en que no había amenaza frente a ella. Incluso sonrió.

-Bueno verte de vuelta Eliwood ¿Que tal te ha tratado el camino=- saludó, levantando un lenta y avergonzadamente la mano que había intentado tomar aquella espada invisible. La vida en el camino le habían formado, e incluso en ambientes de paz como ese le era difícil perder viejas costumbres.
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Vie Mayo 05, 2017 10:44 pm

Debía de haber anticipado que sería en el jardín donde hallaría a la mujer. Despidiendo cortésmente la presencia de la criada que le había guiado hasta allí, Eliwood aguardó un par de instantes antes de adentrarse, buscándola con la mirada desde la escalinata. El angosto camino de piedra entre césped, flores y follaje leve era demasiado perfecto, demasiado controlado para ser auténtico, a su vez el jardín era demasiado pequeño como para compararse a lo que la nómada debía acostumbrar; un espacio creado para entretener la vista y amenizar alguna que otra tarde de una familia noble y delicada, no para ofrecer verdadera libertad. Aún así, a los ojos del marqués era un sitio enorme y disfrutable, que asumía suficiente para alegrar el día de cualquiera. Al esperar ver a Lyndis, lo que anticipaba era precisamente hallarla feliz, tanto con eso como con las condiciones en el castillo en general. Una dama noble, aún sin ser criada como tal, seguramente hallaría rápido acomodo en esa clase de confortable ambiente, inclusive más después de haber debido subsistir a solas y con recursos menos que abundantes por un tiempo.

Y Lyndis ciertamente lucía descansada y en buena salud, a su parecer. Pese al saludo poco grácil, el hombre mayor se alegraba de verla sonriente, sin rastro de las graves heridas con que en primera instancia había llegado al castillo. Hasta su cabello lucía más lacio y liviano, algo que cabía preguntarse si ella misma había notado. Descendiendo el par de escalones necesarios para bajar al nivel del jardín, el marqués no perdió ocasión de inclinar la cabeza a la vez que en menor medida el torso ante ella, deliberadamente lento, para recordarle a la dama de Caelin la forma más correcta de saludar. Normalmente habría estado contento y interesado en cuales fueran los modos de Lyndis, pero aquel día, tales detalles serían especialmente importantes. - Ha sido un largo tiempo pero un buen camino, Lyndis. Me alegra poder verte ahora. Y gracias por quedarte en Pherae un poco más. - Al enderezarse dio una sonrisa algo culpable, pues de no haber sido por su expresa y petición de que se mantuviera a la joven un poco más en el castillo, al menos por ese par de días, quizás habría estado ya encaminada a su verdadera misión. La costumbre y los modales tan fuertemente arraigados atentaban con regresar el "usted" a sus labios ante Lyndis, pese a que en algún punto en su viaje juntos había llegado a soltarlo, a raíz de la cercanía que había logrado con ella. Aquello no había cambiado; seguía considerando a la joven una amiga, una mujer de gran inteligencia y una respetable miembro de la nobleza local, pero la forma de referirse a ella y de tratarla no cambiaba fácilmente. De allí, también, que guardase tan respetuosa distancia, pese a efectivamente estar emocionado por el reencuentro. Se limitó a proceder como era correcto, quedarse en el molde y preguntar con la mayor cortesía en lugar de reflejar a todas luces su entusiasmo. - ¿Cómo has estado? ¿Luzrov aún permanece contigo? ¿Se ha quedado también en el castillo? -

Habría querido preguntarle mucho más, pero debía mantener la paciencia y la mesura ante todo. Además, no disponía verdaderamente del tiempo que habría deseado ocupar para simplemente charlar y ponerse al tanto con la nómada; un par de horas antes de que el invitado que había demorado llegara, pero un par de horas que podían hacerse terriblemente cortas para todo en lo que debían ser empleadas. Aquello sin contar el hecho en sí de explicarle a la mujer en lo que la estaría involucrando, que preveía como algo complicado. Poniendo sus manos tras su espalda y soltando una larga exhalación, Eliwood resolvió cuanto menos comenzar a abordar el asunto. No hizo amago de retirar a Lyndis del jardín aún, si era el sitio del castillo que disfrutaba, quedándose ante ella al proseguir en lo que creía que ella estaría esperando.

- Como te he prometido, tendrás todo lo necesario para tu viaje a Caelin. Ahora puedo disponer libremente de lo que necesites; tropas, si el área necesita aún defensa, armamento, oro... buenos caballos para ti y quienes te acompañen, para el viaje. Mañana mismo se te otorgará todo, si estás lista. Y... - Era en cierta forma su disculpa por detener su partida, a la vez que convencerla de que todo sería mejor al día siguiente. Entonces, como si apenas la viese, Eliwood parpadeó y bajó la mirada un breve instante a la vestimenta de la mujer. Recién entonces reparaba en que no llevaba ninguno de los finos y ornamentados vestidos de dama que había mandado dejarle. Eso también podía ser un problema. Distraído de su punto original, aclaró la garganta antes de acotarlo con delicadeza. - Ah... veo que no vistes la ropa que dejé para ti. - DIjo. Habría sido en exceso frontal decirle que debería de estar vestida y maquillada ya como una mujer de sociedad, en particular para aquel día, por lo que apenas en ese modo lo sacaba a la luz.


Última edición por Eliwood el Miér Mayo 24, 2017 3:58 am, editado 1 vez
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Miér Mayo 10, 2017 7:34 pm

La extrema cortesía del marqués siempre le abrumaba y divertía. Aun en el camino, rodeados de polvo y pasto y sudor, aquel hombre encontraba siempre la forma de transformar todo en algo más gracil y elegante. A su parecer, desperdiciaba fuerzas y movimientos en aquello, pero era un acto tan entrenado y metido en él que cualquier que lo viera pensaría que era natural esos movimientos, gestos y expresiones en cualquier ser humano.

Aquel hombre vivía y respiraba la pompa, la hacía suya como un espadachín hace suya la espada.

-A mi también me alegra verte- respondió, con sinceridad y manteniendo el buen animo y trato jovial -Hubiera lamentado partir de Pherae sin poder despedirme ¡Y yo soy quien debe agradecer tu hospitalidad! Has hecho mucho por mi ya, y siento que no me será fácil repagarte todo esto- No iba a negar que estaba ansiosa e inquieta por retomar el viaje a Caelin pero... Consideraba ya al experimentado y pelisrojo marqués su amigo. Era incierto cuando le volvería a ver tras partir, por lo que sentía el esfuerzo de retrasar la partida era uno bien empleado.

-Han sido... días tranquilos... curiosos- respondió eligiendo con cuidado sus palabras. No por respeto, sino porque eran todas experiencias que su mente le costaba clasificar del todo. Culpaba también a las paredes de piedra por embotarle los pensamientos, sin viento las palabras no fluyen como deben al salir de la boca.

De un pequeño saltito, se sentó en la baranda de piedra junto a las escaleras y dejó que su mirada se perdiera en el, a sus ojos, austero jardín mientras continuaba pensando. -Luzrov aun permanece aquí, aunque parece siempre encontrar la forma de mantenerse ocupado y activo. Su magia es útil y parece siempre alguien estarle necesitando.- explicó, con un leve reproche en su voz. Claramente hubiera preferido una compañía un tanto más presencial de parte de la muchacha.. pero no podía culparla -Me ha solicitado acompañarme a Caelin y... he accedido.-

Dejó ese comentario allí, sintiendo como las palabras no terminaban de formarse en su boca culminando en una idea inconclusa. Una leve sonrisa recorría sus labios, le agradaba la idea de poder contar con aquel apoyo de la chica pero... Aun el concepto de un compañero de viaje de una forma tan... planeada se le hacia extraño, como un concepto fugaz y lejano a su persona.

-También he conocido a Nils.- comentó, mirando de reojo al marqués, preguntándose si este conocía aquella extraña condición que afectaba al cuerpo del niño y le preocupaba tanto como a ella. La delicadeza no era uno de sus fuertes y había prometido no andar divulgando mucho el asunto. Tras no encontrar por repetidos intentos fallidos mejores palabras, soltó sus pensamientos como pudo -Es especial, irradia sabiduría... Me agrada-

Antes de poder rechazar todo el ostentoso ofrecimiento de Eliwood, que era mucho y que con mucho menos le alcanzaría para llegar a Caelin, el tema viró... De una forma que le dejó perpleja unos instantes. Su cuerpo estaba preparado para cambios bruscos a ataques, sorpresas y emboscadas... No para asuntos tan... Cotidianos.

-Oh- bajó su mirada para inspeccionar que en verdad llevaba ropa, para luego reposar su mirada en el pelisrojo -Mi vestido no esta aun en tan mal estado, y las señoras del castillo hicieron tan buen trabajo que hubiera sido un desperdicio no aprovecharlo- mencionó, como si fuera lo más normal del mundo, señalando con orgullo el largo corte remendado donde los emergidos le habían lastimado en el viaje rumbo a Lycia.

Notando, o más bien, sintiendo la expectativa de una mayor explicación, ahondó -...Aunque he usado esos extraños vestidos de cama. Me han obligado todas las noches a quitarme la ropa y usar uno de esos, los van cambiando noche a noche por alguna razón. Y... - miró a ambos lados para asegurarse que nadie estuviera cerca y se inclinó al frente acercandose a Eliwood y bajando el tono de voz -Por alguna razón luego que me acuesto y apagan las velas, entran a mi cuarto y se llevan mi vestido, aun no entiendo porque. Como solo hacen eso y lo devuelven por la mañana no les he dicho nada pero... es muy extraño-

También había notado que el vestido parecía haber sufrido el equivalente a 3 meses de desgaste en el camino en tan solo unos días, pero eso no era posible, debía de ser su imaginación. Era por demás extraño ¡Y a veces lo encontraba húmedo por las mañanas! Era un misterio que le tenia preocupada desde hacía unas noches cuando había notado la intrusión por primera vez.

-Pero no han robado nada- se apresuró a decir, preocupada que malentendiera el asunto -Me han tratado muy bien en todo este tiempo, no me gustaría se metieran en problemas...-
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Mayo 24, 2017 4:41 pm

Negó con la cabeza lentamente, ante la mención de serle pagado lo que había hecho. Podía decir que era por Lycia y que la amistad de la futura gobernante de Caelin sería suficiente paga, mas inclusive eso se habría sentido extraño de mencionar, pues una deuda de un terrateniente hacia otro cargaba ataduras demasiado notorias. Ningún acto estaba desprovisto de implicación política, no en el mundo en que Lyndis poco a poco se introducía; Eliwood no deseaba ponerla a ella o a su amistad bajo esa presión, mientras pudiese aún evitarlo. Todavía podían darse el lujo de ignorar. Esperando una reacción mucho más alegre a los días resguardados y la vida de lujo que le había procurado en el último tiempo, la emoción en su rostro decayó un poco al oír de Lyndis una respuesta más bien tibia. Debía de haberlo esperado, mas en alguna forma había asumido que la nobleza en la sangre de la nómada la habría comenzado a acostumbrar a través de ese tiempo, hasta revelar un gusto innato por lo que le correspondía. Suponía que, después de todo y pese a lo que la sangre dictaba, las personas no funcionaban así. La forma en que Lyndis se sentaba en el barandal se lo confirmó con firmeza.

- Oh, entiendo... de todos modos, el momento de dejar este castillo tendría que llegar. - Dijo, ambas cejas arqueadas en cierta decepción, mas dejándolo de lado casi enseguida. Descubría que le ponía en un nostálgico pero muy buen humor ponerse al día con la mujer, oír de ella novedades agradables; quería disfrutar de ese ambiente al tenerlo. Oír del compañero que habían hecho en el camino le sentaba bien. Habían sido difíciles y dolorosas condiciones en las que habían conseguido arribar a Pherae, perdidas sufridas que aún no se atrevería a mencionar con soltura tanto para Lyndis como el mismo Luzrov, pero un final menos agrio si habían resuelto hacerse mutua compañía. - Es bueno que continúen juntos. Un amigo en el camino es mejor que un puñado de escoltas, hasta yo he de admitirlo. - Dijo, sonriendo sin culpa. Era un hombre formal hasta la médula, pero tenía cuanto menos un amigo verdadero, si no un par más actualmente, y sentía esa diferencia. Aún con las manos tras la espalda y la postura pulcramente recta, se movió para posicionarse junto a Lyndis, apenas un tanto apoyado en el barandal; una señal de inmenso relajamiento de su parte. - Y siento que yo también debería estar en ese viaje, cabalgando con ustedes... pero, otra vez, es imposible. Es una lástima, realmente habría querido ir. -

Bajó la vista, sus pensamientos ya un poco distantes. Aún recordaba con claridad las batallas y huidas que los habían llevado hasta allí. Y no sólo le preocupaba enviarles a solas, sino que quemaba en su pecho el deseo propio de acudir con ellos, la necesidad de combatir por algo en lo que creyera. En su lugar, le tocaba pronto volver a Akaneia, a algo tan contrario a él como una campaña de conquista. Se debatía entre mencionarlo a quien consideraba una amistad, o sobrellevar la preocupación por sí mismo, cuando la mención de Nils le tomó algo desprevenido. Una alegre sorpresa, al fin y al cabo. Su sonrisa tomó el tinte delator de quien comparte un secreto, aunque de sus labios no surgió nada delator. - ¿Hm? Así que ese muchacho se ha dejado ver sin huir, después de todo... - Dijo, con alivio. Habría creído que no tardaría en retirarse del castillo o, si permanecía, que no se permitiría ver por nadie. Luego tendría que intentar hallarlo. Era curioso que casi todas las más fascinantes personas que había conocido en el último tiempo hubieran logrado coincidir.

La explicación de Lyndis respecto a su vestimenta le tomó mucho más tiempo para entender de lo que debería. En primer lugar, porque el tener un vestido cómodo y sano no parecía suficiente motivo para no estar utilizando los muchos más que le había mandado dejar, y en segundo lugar porque simplemente no comprendía de qué hablaba. Desde el problema con las camisolas, hasta el de el lavado nocturno de su vestido, que era una postura lógica para que la servidumbre terminase tomando si observaban demasiadas veces a la nómada elegir la misma ropa. Seguramente a ellos también les enloqueciera un poco tener que lavarla aprisa y de noche. Eliwood no veía el misterio. Parpadeando en confusión, a duras penas acabó por ver que Lyndis no estaba llegando a las mismas conclusiones que él.

- Uh, este... - Buscó palabras con qué responderle, descolocado como muy pocas veces quedaba. Dar la explicación completa parecía más complicado que cualquier otra cosa, pues conllevaría toda una conversación respecto al cómo y el por qué las cosas debían ser así; una de las muchas conversaciones que eventualmente tendría que tener con Lyndis. No obstante, aquel día y para aquella ocasión, otras de esas delicadas pláticas tenían más prioridad. - Es un... hábito de los castillos, sí. Digamos que... somos algo quisquillosos de ese modo. Ignóralo, por favor. - Terminó por decir, riendo mientras negaba levemente con la cabeza. De momento, era mejor que quedasen todos ellos como los de hábitos excéntricos, más adelante la pondría a ella al tanto. Intentando presionar un poco más hacia lo que había querido decir, continuó. - Pero realmente me gustaría que intentaras usar alguno-- no los camisones para dormir, sino los vestidos. ¡Al menos por hoy! Estoy seguro de que te sentarían fantásticamente. -
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Miér Jun 28, 2017 10:42 pm

La mención sobre la amistad por parte de Eliwood le sumió en profundo pensamiento un instante. Si... tenía sentido. Asintió, recordando como la sola compañía silente de Madelyn había hecho siempre el andar por las inmensas llanuras un paseo tranquilo y sin igual. Seguro.

-No no, no te preocupes- se apresuró a negar, moviendo sus manos en acompañamiento con prisa -Ya mucho has hecho, y suficiente tiempo has dedicado en viajar a Sacae en mi busqueda. Además...- cambió su expresión a una más divertida, complice, y continuó -Encontrarme la próxima vez será más sencillo ¿No crees? No será un hasta nunca ni deberemos esperar a que el viento cruce nuestros caminos... Simplemente habrá que transitarlos para encontrarnos-

Sin duda compartía el sentimiento: hubiera querido que Eliwood les acompañara y completar el viaje que comenzaron en las llanuras días atrás... Pero comprendía mejor que nadie el deber y los sacrificios que venían con el mismo. El saber que cualquier despedida con el marques no sería una definitiva ni de carácter incierta le reconfortaba en sobremacía. Había encontrado un amigo en aquel hombre pelisrojo de curiosas y delicadas costumbres y gestos.

-No lo tomaré a mala fé si tu tampoco lo tomás con ellas- contestó, de buen animo y aliviada de que no representaba la discusión de aquel asunto problema para aquellas trabajadoras señoras. No eran guerreras, pero tenían cierto poder y fuerza de voluntad que eran loables a ojos de la nómada, y era triste siempre ver potentes fuegos como esos apagarse.

El cambio de tema a los vestidos del marques se le sentó abrupto, extraño, mirando Lyn de reojo al hombre intentando descifrar si era algún tipo de broma extraña que no estaba entendiendo ¿Porque querría usar alguno de aquellos aparatosos trapos?

Sin encontrar respuesta, observó más en detalle el rostro del marques, dando un paso más cerca y observándolo directo a los ojos, como si de una extraña presa se tratase. Como si cazando un gorrión de repente este hubiera comenzado a aullar como coyote... pero no podía detectar malicia ni rasgos de broma en el mismo. Solo quedaba responder sinceramente.

-No me sentaría bien, no son prácticos y no puedo entender como alguien podría moverse con facilidad en esas ropas... O en muchas otras ropas que he visto rondando por aquí... sin pretender ofensas- se encogió de hombros, manteniendo silencio y bajando la mirada unos instantes mientras buscaba las palabras correctas para terminar de expresar lo que intentaba decir...

Volvió a enfocar la mirada en Eliwood, clavando sus ojos verdes en los ajenos y prosiguió -Son ropajes hechos para otro tipo de personas de las que no soy parte. Son...- hizo un gesto con la mano en dirección al marqués -Y yo...- se señalo esta vez con un ademán así misma -No son compatibles-
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Jul 26, 2017 2:21 am

El marqués asintió con toda seguridad. Sin falta acudiría a Caelin apenas la oportunidad se diese y estaría allí las veces que fueran necesarias, por cuanto necesitara la futura marquesa que le asistiera; y asumía que habría bastante, con la recuperación del sitio, las reconstrucciones, la organización de la administración y encaminar a Lyndis en la misma. Podía ser eso y más, inclusive. Sonrió de regreso con calma, pues aunque fuera bastante trabajo el que yacía por delante, no sería nada desagradable y el resultado lo valdría todo. - Estaré allí, Lyndis. Ahora tienes a Luzrov y estoy seguro de que te harás de otros compañeros con facilidad, si no te has hecho ya con la admiración de algunos aquí en Pherae, pero yo también estaré allí. - Dijo, aunque deseara todavía ser parte de todo el proceso. Él había llevado a Lyndis allí, él había pedido a la nómada que se fuese de su Sacae natal para entrar en un mundo de indescriptibles responsabilidades nuevas; sentía que le correspondía tanto como deseaba estar allí para guiar en cada paso, pero era imposible después de todo. Al menos, no debía preocuparse de que estuviese sola de allí en más.

Una buena mejora, y en lo que debería de centrarse en ese preciso momento, era que Lyndis empezaba a prestarle mayor atención a sus indicaciones de cambiar de vestuario. O cuanto menos parecía hacerlo, deteniéndose aparentemente para considerar el asunto en un momentáneo silencio, con la vista fija en Eliwood. Siempre compuesto, el hombre mayor sólo ladeó la cabeza un poco con curiosidad. No suponía haberla ofendido de algún modo sugiriendo que el cambio luciría bien, era cuidadoso con sus palabras y no veía problema allí. Por lo demás, lo que intentaba era sólo uno de los muchos preparativos que querría tomar antes del arribo del príncipe de Altea, mas resultaba uno de gran importancia en el que estaba dispuesto a persistir paciente pero decididamente, pues el aspecto era la primera de todas las impresiones, y una que deseaba asegurar como buena. Como ya había temido, al respuesta que recibía de Lyndis seguía sin ser afirmativa, mas no permitió que así terminara.

- Es verdad que hay ropa más cómoda que otra, aunque en lo personal, jamás me ha costado moverme en la mía... - Respondió de modo algo distraído, bajando la vista a su traje, con el cuello ajustado, cada parte hecha a medida y cada costura definiendo precisamente el movimiento y el ajuste de las telas en torno a él. Era un conjunto formal color azul marino con una contrastante capa roja que había elegido para otro día de reuniones oficiales, destinado a lucir mucho más que a ser práctico. En aquel caso, como en demasiados otros, lo cierto era que el hombre no era consciente de lo opresiva de su propia vestimenta, de cuan necesario era mantenerse perfectamente recto para que esta se mantuviese acomodada y el esfuerzo innecesario que representaba pasar así días tras días. A su parecer, si algo parecía poco práctico, efectivamente debía ser que sólo parecía serlo. Convencido por sí mismo, pensaba asegurárselo también a Lyndis, más había algo un poco más preocupante en la forma en que ella se había expresado. De alguna forma, le entristecía que marcase una distancia insalvable entre tipos de personas, entre él y ella, pese a la amistad que Eliwood estaba seguro que compartían. Rápidamente se enfocó en refutarlo.

- Tonterías. Sin pretender ofensas. - Sonrió al parafrasear a la nómada, retornando a ella sus palabras de justo antes. Aprovechó la mano alzada por los gestos de la mujer justamente para tomarla, cuidadoso pero persistente; sujetando desde abajo como quien tan sólo invitaba cortésmente, la alejó un poco del patio y del barandal. - Este tipo de persona también eres tú. La nobleza de Lycia está en tu sangre tanto como tu tribu de Sacae, ¿no es así? Así que no veo por qué no intentarlo, cuanto menos. Más bien, creo que es algo que la heredera a un marquesado debería de intentar, mientras aún está aquí y puede hacerlo. - Se explicó con calma, al andar de regreso hacia el interior del castillo. Podía ser persuasivo, a su modo que ante otros nobles pasaba con discreción usualmente, y pensaba serlo en esa ocasión. Se le antojaba crucial a lo que sucedería ese día. Sonriente, volvió la vista hacia Lyndis al soltarla, sólo para animarla a continuar andando con un suave toque tras la espalda. - Después será tarde. Y creo, francamente, que podrías descubrir que es algo más tuyo de lo que sospechas. Ven, ven, abstente de rechazarlo sin intentarlo. -

Había numerosos vestidos previamente dispuestos para la joven durante su estadía y debían seguir así, pues al parecer no había usado ninguno. Quizás hasta supiese mejor él donde debían encontrarse que ella, si había continuado recibiendo mañana a mañana su vestimenta usual limpia; e indudablemente sabría mejor él cómo funcionaban tales prendas, desde lo que debía o no debía llevarse debajo hasta el modo en que se cerraban y ajustaban. Intentaría, pues, dirigirla hasta la habitación en que había estado hospedada, en uno de cuyos placares debían seguir todos los atuendos. Al menos, eso dejaba abierta la oportunidad a elegir directamente el más impresionante de todos. Eliwood realizó un cálculo rápido de cuanto tiempo debía restar para la llegaba del príncipe de Altea y consideró los tiempos favorables aún.
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Miér Jul 26, 2017 7:22 pm

-Lo sé- respondió simplemente, asintiendo y sintiendo un cierto calor en su pecho, conmovida, totalmente convencida de la verdad tras las palabras del marqués -Y si Pherae alguna vez me necesita yo también estaré allí- enunció, soltando al viento aquellas palabras de forma tal que fueran eternas y no pudiera volver atrás en ellas de ninguna forma. Los vientos de Sacae y de Lycia ahora portaban esas palabras en ellos, era un contrato aun más fuerte que cualquiera de tinta o sangre que los extranjeros pudieran forjar.

Acompañó con mirada critica la mirada del marques a través de su ropa, asintiendo con ímpetu y confirmando sin lugar a dudas sus condiciones. No podía negar que Eliwood sin duda emitía una imagen... pintoresca... noblesca... algún esca sin duda, pero... Comodidad no era lo que desprendía para nada...

Contuvo una risa ante el refute del marqués con sus propias palabras, llevando una mano a su labios para ayudarse. Divertida ante la inesperada pompa y seriedad del marqués se dejó llevar un poco lejos del patio, borrándose su sonrisa al escuchar sus palabras y comenzar a cavilar en ellas.

Había verdad en lo que decía, de alguna manera que no había visto antes. La sangre de Caelin corría en ella, lo sabía pero... Era la sangre de la familia noble de Caelin que corría, y sin duda los nobles... Eran nobles.

Los nobles no eran Lyn, al fin y al cabo.

Dudando y aun procesando lo que el marqués le decía fue guiada sin darse cuenta mucho más allá del patio, la opresión de las paredes de piedra le rodeaban y en algún punto había comenzado a andar por motus propio junto al marqués. Estaba siendo guiada cual simple caballo... por el conejo en ropas pomposas... Y de forma tan sutil que le era ajeno el lazo que parecía haber puesto sobre su cuello el pelisrojo.

Sus pies continuaron andando mecánicamente al tomar el camino que daba a sus aposentos y se encontraron dentro de ellos a puertas cerradas antes que pudiera encontrar las palabras exactas con que refutar al marqués. Comenzaba a dudar que siquiera existieran aquellas palabras mágicas que le alejaran de aquella linea de pensamiento.

Un movimiento en el rabillo de su ojo llamó su atención, llevándole a un mobiliario que, tras su primera noche allí, había pasado completamente desapercibido para ella.

Tras un marco de plata había una figura de una guerrera con ropas, facciones y cicatrices que contaban su historia llena de batallas y caminos donde solo el viento y ella transitaban. Aunque su mirada era dubitativa y critica, incierta, poco decidida para lo que su apariencia inspiraría a creer... Una nómada, una Lyn, y para nada una Lyndis de Caelin...

-...No creo que encuentres la sangre noble que buscas aquí, Eliwood- respondió frunciendo levemente el labio inferior, sintiendo y demostrando en su voz la decepción por si misma que pasaba por su corazón en aquellos momentos...

Era Lyn, no Lyndis, y no le cabían dudas de ello.
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 14, 2017 2:11 pm

Le complacía no hallar resistencia. Suponía, pues, que había convencido a Lyndis de intentar otro modo de mostrarse a sí misma, o que inclusive podría haber surgido en ella la curiosidad y el deseo de probarlo. Le entretenía mucho pensar que fuera lo último, aunque el mismo Eliwood lo reconociera como algo un poco menos que realista. Igualmente mantuvo sus ánimos al guiarla hasta la amplia y elegantemente decorada habitación, con sus alargadas ventanas dando completo acceso al sol en lento ascenso; su calidez se había colado dentro, dando un ambiente templado y agradable a la recámara. Caminando por ella hasta el mueble correcto, Eliwood abrió las dobles puertas para descubrir la hilera de largos vestidos de grandes faldas colgados y hasta entonces ignorados allí. Su objetivo le era claro y no dudaba ya en concretarlo, cuando más tiempo pudiera dedicarle mejor, mas no dudó en cederle su atención a la joven cuando sus palabras le llamaron. Volvió la vista a ella.

- Oh, pero allí está. - Replicó de forma casi que automática, sonriendo. Así como veía a Lyndis con el labio fruncido en una suerte de mohín, veía también a su reflejo en el espejo de cuerpo junto a ella y, a diferencia de la misma muchacha, lo que él hallaba en ambas no yacía demasiado lejos de la nobleza esperada. Quizás era su propia predisposición la que le inclinaba a llevar su atención a los rasgos correctos, mas en aquella mujer de falda un poco demasiado reveladora para su gusto, botas gruesas y guantes gastados por el amplio uso de la espada, siempre había sabido ver la belleza de su cabello lacio, la femineidad aflorando y la discreta delicadeza en un gesto u otro. Nunca le había parecido tosca. Mucho menos poco apta, sólo poco acostumbrada por las circunstancias de su vida. Seguro de lo que hacía, persistió. - Ten la bondad de entretener mis suposiciones por un rato, al menos. ¿No le harías ese ínfimo favor a un amigo? - Dijo, aunque la pregunta no dejara espacio a más que una sola respuesta. Aquello, por supuesto, no era ninguna coincidencia.

Su percepción de Lyndis aparte, jamás había tenido la osadía de mirar de sobra su figura, mucho menos tomar nota de la proporción entre sus hombros y caderas. No era lo caballeresco de hacer. Pero esa situación lo presionaba algo que no habría de ser cómodo para ninguno de los dos, y como tal, Eliwood decidió mejor hacerlo breve, sin comentario: perfectamente discreto, sólo necesitó mirar al reflejo en el espejo una vez más para tomar las necesarias conclusiones. Un vestido de ajuste alto para una muchacha joven, pero de ningún modo un escote apretado. Les daría problemas de talle. Uno sin hombros le sería lo más cómodo, con guantes por debajo del codo en lugar de rebasándolo. El color fue algo que decidió con facilidad, un verde agua bastante más claro que su cabello y ojos para complementarlos, y con eso la decisión se hacía simple. Sacó el vestido con sumo cuidado, tratando de la mejor forma posible la tela fina pero opaca, de pocos detalles abrillantados.

- Adjudicándome el honor de elegir por ti... - Dijo, al llevarlo hacia la joven y extenderlo para su vista. Mostraba ya leve emoción, bastante optimista sobre el resultado y la buena incidencia que tendría que tener en la reunión de ese día. - Diría que has de probar este. ¡Ni siquiera necesitarías la asistencia de una criada para ponértelo! Bastaría con que yo te ayude con los detalles finales. ¿No te parece hermoso? - Esperó, por supuesto, una reacción similar de parte de Lyndis. El hecho de que no incluyera un corset y pudiera ponerse sin la ayuda de otras personas le parecía señal de extrema simpleza, conveniencia y comodidad, seguramente a la altura de los estándares de ella. Dejándolo de momento en un pequeño colgador junto al espejo, tomó del closet y agregó también los guantes cortos y las abultadas enaguas blancas que se utilizaban bajo la falda, buenas inclusive para ocultar si acaso Lyndis fallara en mantener las rodillas perfectamente juntas al sentarse. Presentó aquello como si nada, tan normal como le parecía a él. - Y estos son sus guantes y enaguas. -

Dejó todo al alcance. Lo natural, entonces, era asegurarse de que Lyndis aceptaba antes de dejarla a solas para cambiarse, reasegurarla si tenía cualquier duda respecto a todo, pero aquella parte fue omitida por un toque en la puerta que distrajo la atención del marqués. Aproximándose a la misma para entreabrirla y consultar qué sucedía, fue informado de que se divisaba ya a la comitiva alteana acercándose a la ciudad. El tiempo se acortaba. - Oh... estaré afuera, Lyndis. - Le avisó sin siquiera mirar. Tenía que dar unas cuantas indicaciones al personal del castillo.

Spoiler:
Hagamos de cuenta que el vestido es el que tiene en esta imagen, sin el velo de novia (?) y verde agua (?) no soy bueno describiendo ropa así que así más mejor xDDD


Última edición por Eliwood el Lun Sep 11, 2017 10:11 pm, editado 1 vez
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Lun Ago 14, 2017 7:08 pm

Frunció el ceño ante el comentario del marqués, tratando de ver si era una sutil y un tanto extraña y cruel broma Lyciana. -¿Acaso se encuentra detrás de la nómada fuera de lugar lejos de las llanuras?- preguntó, soltando un suspiro cansado al terminar y dejando que sus hombros se bajaran en derrota. Era inútil, y que el marqués actuase tan convencido y usara un tono tan amable, decidido y cariñoso no ayudaba a que la situación fuera menos... compleja.

Quería creerle pero... Simplemente no lo veía, y aun así era arreada a un rumbo incierto que sentía que si se detenía a pensar un instante preferiría de batirse a duelo con un millar de silentes...

Y cuando apareció con el vestido... ¡Un vestido! De de de... ¡de esos de los extranjeros!

Arqueó una ceja y alternó su mirada entre marqués y la extraña prenda. No era una mirada amenazante, solo... dubitativa. Total y completamente dubitativa: de la prenda y del estado mental de marqués.

-Siento que es un honor que no puedo discutirte... Y definitivamente no lo llamaría hermoso. Es... un vestido... no... es que...- intentó buscar palabras con que rebatir, pero la confianza, impetuosidad y total y completa calma del lord generaban una presencia tan impenetrable y regia como la caballería al mando del mismo.

Suspiró, derrotada, mientras el hombre depositaba las prendas junto al espejo y salía tras ser llamado fuera. Solo pudo asentir antes de encontrarse completamente sola con aquella guerrera tras el marco de plata.

-Solas tu y yo- murmuró a la muchacha, sintiendose completamente abatida y abrumada. Las prendas colgaban a un lado, desafiándolas a ambas con aquel color brillante que le era imposible pasar desapercibido.

Con cautela se acercó a las mismas, no sin primero ojear la puerta y a la otra muchacha que parecía tan alerta como ella. Si tuviera una espada en aquel momento la tendría lista para desenfundar... Bueno, desenfundada del todo.

Tomó la primera prenda de la pila, arqueando una ceja y fulminando con la mirada al resto como amenazándoles que no se movieran. Les tenia vigiladas.

Una inspección detallada le develo sin lugar a dudas que era una prenda de cama, como la que envolvía la almohada de aquel cuarto... Desconocía el porque de la presencia de la misma allí, pero si Eliwood se la había dado debía de ser para que la usara... Por lo que sin más la colocó en su lugar envolviendo a su almohada, notando como ciertos flecos quedaban desprendiéndose de la misma tras ponerla.

Innecesaria, habiendo ya una funda, pomposa y molesta... Sin duda la funda de almohada de un noble.

En Sacae había un dicho respecto a eso, sobre como dormir con lobos te hacía parte de la jauría... Alguna costumbre Lyciana similar sin duda.

Los guantes... eran guantes, pero no aconsejaría a nadie montar con ellos o blandir una espada. Un día de montura los dejaría hechos jirones... Guantes innecesarios... de noble. No había mucha ciencia o truco cultural en ellos como con lo anterior, por lo que los dejó a un lado... Y tomo el vestido en sus manos.

Como si de un cuero ensangrentado y sin curar se tratase, lo mantuvo lejos de su cuerpo mientras lo inspeccionaba. Mirándolo en detalle... era simple, en su inutilidad claro. Imposible montar o pelear cómodamente en algo así, pero... Comparándolo con los otros extravangantemente innecesarios ropajes.. su simpleza era clara como dijo el marqués.

No parecía de tener broches, por lo que se colocaba por la cabeza como una camisa, supuso, haciendo intento de recordar como vestían prendas similares las mujeres extranjeras que había visto a lo largo de su vida. Lo hacían más complejo y suelto de usar que su tunica actual. Era...

-Innecesario- concluyó, suspirando, e intercambiando miradas con la muchacha tras el marco. Ella tampoco parecida convencida del todo con aquella ropa...
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Lun Sep 11, 2017 11:20 pm

Eliwood no se rendiría con una opinión tan tibia y disposición tan dubitativa ante el primer vestido de galas. No creía que cualquier valoración que Lyndis diera en ese punto, sobre vestimenta o sobre cualquier aspecto de la vida noble de Lycia, pudiera ser la final y definitiva de su parte, especialmente tratándose de cosas que jamás había probado. La sangre noble habría de dar su propio llamado en el interior de la joven en determinado momento, mas era temprano todavía y comprendía que podría tomar cierto tiempo adaptarse; la primera vez en ropas finas o en su propio castillo seguramente no fuese de fácil transición, aunque confiaba también en serían reveladoras para ella. Un descubrimiento la primera vez, quizás ya un agrado la segunda y una adaptación completa a la tercera. Era decepcionante que no pudiera compartir su emoción ya en esa instancia, pero tendría que ser paciente con ello. Tarde o temprano la verdadera introducción a ese mundo habría debido comenzar, y era mejor que fuese temprano. En esa ocasión, además, Eliwood necesitaba que la nómada se mostrara como parte de la élite social a la que pertenecía.

Así, pues, la dejó a solas con su delicado y novedoso desafío, poniendo a sus espaldas la puerta de la alcoba mientras hablaba con una de sus guardias. Pidió una estimación del tiempo que demoraría el príncipe extranjero en llegar, y al ser este afortunadamente suficiente para poder recibirlo sin requerir crear demoras adicionales, tan sólo ordenó que se le recibiese como siempre, de los mejores modos. Sus caballos deberían ser atendidos, alimentados y puestos a descanso en las caballerizas del castillo, su comitiva debería de ser invitada también a reposar y cualquier necesidad del príncipe o sus hombres debería ser cumplida, mientras se le invitara al salón de su preferencia para reunirse con el marqués. Para ese entonces, su intención era alcanzarlo ya con Lyndis a su lado, sino llevarle a conocerla enseguida. Dadas sus indicaciones, el hombre mayor se volvió a cuenta nueva hacia la puerta y la tocó suavemente con los nudillos.

- ¿Lyndis? - Habló, deteniendo su mano contra la madera, mas sin hacer amague alguno de mover el pomo para abrirse paso. En su usual tono tranquilizador, agregó enseguida. - No entraré hasta que no te halles lista, descuida. ¿Cómo va todo? - Se abstenía de preguntar directamente si lucía tan fantástico el vestido en ella como creía que le sentaría, pues claro estaba que la mujer de las planicies y él no iban a compartir opiniones tan pronto. Además, si carecía de experiencia, suponía todavía posible que no terminara de vestirse. No obstante, él seguía teniendo fe en los resultados y se mantenía optimista, contento desde ya.

Tras una ínfima pausa, inescrutable a causa de la puerta cerrada que le separaba de la joven, sintió la necesidad de volver a hablar. El momento para el que intentaba tener todo preparado no estaba lejos. Sentía, pues, que era hora de dejar de guiar a Lyndis a oscuras y explicarle lo que de todos modos iba a tener que. La voz masculina y pareja volvió a alzarse con lentitud, con cuidado. - Hay algo que debería hacerte saber... - Comenzó. Aunque la situación en realidad fuese de presión, pues era de incalculable importancia para el futuro de más de un reino la impresión que una noble diese a otro de mayor influencia en un simple y breve encuentro, Eliwood no quería presionarla a ella. Optó por proseguir simple, sólo comentando. - Un visitante llegará pronto al castillo. -
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Sáb Oct 07, 2017 7:11 pm

La voz del marqués irrumpió en la habitación, con una claridad tal que le hacía olvidar que estaba al otro lado de la puerta. El silencio y quietud de ella ayudaba a que nada apagase el sonido de la misma.

Ante la pregunta frunció los labios, sin saber como responderle ni como expresar sus dudas ante todo aquello, en especial ante la seguridad de la voz de Eliwood en todo el asunto. La chica tras el marco también se mantenía silente y, pese a buscar respuesta en ella, con la mirada le expresaba el mismo pesar y confusión en sus ojos que Lyn.

-Complicado- respondió al fin, bajando la mirada y apretando con fuerza los lados del vestido aun en sus manos. El hombre le esperaba a que se cambiara y no podía dejarle esperando por siempre... Con o sin dudas.

Tapo a la otra muchacha con el vestido, inundando la parte superior de la imagen ahora aquella tela delicada y tan poco apta para el combate. Sin ya poder verla se sintió un poco sola, menos acompañada... Por lo que decidió comenzar a moverse y evitar pensar.

Se le daban mejor las cosas cuando se dejaba llevar por acciones.

Comenzó a quitarse la faja que mantenía sus propias ropas sujetadas desde fuera. Tras pelear con los nudos unos instantes y liberarla, fue que el marqués continuó hablando y se congeló.

¿Un visitante? Había visitantes constantemente en el castillo: parte de los aldeanos que trabajaban allí y los soldados vivían fuera del castillo,  junto con mensajeros y demás visitantes esporádicos. Los había visto, múltiples veces incluso... Pero algo en el tono del hombre le sumaban importancia a aquello.

¿Un visitante? ¿Uno que alguien como Eliwood creyera sea adecuado mencionar? Entonces... ¿Un visitante importante?

Se dejó caer sentada sobre la cama, y su vista se encontró de nuevo con la chica del marco, su postura como la suya pero parte de su cabeza oculta con la parte inferior del vestido. Si era así entonces...

-Debería de quedarme aquí entonces- respondió, comprendiendo lo que se refería Eliwood: no querría alguien como ella circulando el castillo en plena visita. En su tiempo trabajando como mercenaria esporádicamente en las llanuras había comprendido que los nobles preferían cierta intimidad con sus visitas. -No te preocupes, no les estorbaré- sonrió, su voz un poco más animada y calmada al volver a un tema del que manejaba.

Eliwood quería que no se sintiera ella desplazada por recibir otra visita, intuía, pero en lo personal no le molestaba. Eran cosas que pasaban y las entendía, al menos algo tan simple como aquello estaba dentro de su rango de conocimientos de tan extraño mundo de la nobleza.

Y esa familiaridad le tranquilizaba.
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 23, 2017 5:15 pm

Ya se había preparado mentalmente para una respuesta de poca emoción, por lo que la de Lyndis en esa instancia hizo poca mella. Entendía que le tomaría cierto trabajo la nueva ropa, aunque se había preocupado de elegir el vestido más fácil de poner en todo el placard, uno de los pocos que no necesitaban ayuda de una doncella de servicio. Quizás, supuso, ella la necesitaría de todas formas. Sólo para estar todos seguros que las enaguas se pusieran debajo y no arriba de la falda, cosa que Eliwood ni siquiera imaginaba como posible, pero podría ser mejor prevenir que lamentar. Pensó al respecto mientras aguardaba sus próximas palabras, su reacción al visitante que tendrían. Al oírla, tardó un par de momentos de confundido parpadeo en imaginarse lo que Lyndis había entendido. Y tan a bien lo tomaba. Eliwood se pasó una mano por el cabello, gesto poco propio de él como lo sería cualquier otro que implicara desacomodarse, pero las expectativas que traía respecto a ese día y esa reunión estaban empezando a hacerle sentir la presión.

- Ah, no he querido decir eso... - Comenzó en una voz tan baja que apenas se hacía oír en la estancia al otro lado de la puerta, atribulado y un poco perdido respecto a cómo corregirse exactamente. Pasados los iniciales segundos de descolocación, el marqués volvió en sí, tomando postura recta con las manos tras la espalda; aún si no era visto, le ayudaba a sentirse más compuesto en general y juraría que a hablar con la claridad apropiada. - Es una visita para ti también, Lyndis. - Dijo, asegurándose de sonar más alegre al respecto que antes. Eran buenas nuevas y debían de sonar como tales. Quizás, eso ayudase a que la nómada se sintiera más bienvenida. Tras la aclaración, prosiguió con el mismo tono ligero, buscando hacer que todo sonase agradable y sin tensiones para la mujer, aunque para él mismo ya lo fuese. - Se trata de alguien que ha ayudado mucho a Lycia en el último tiempo, y que estoy seguro apoyará y respaldará tu posición como heredera de Caelin, también. Supuse que sería bueno que se saludasen, cuanto menos, antes de que partieras a tomar tu lugar. ¿Qué te parece? -

Aguardó respuesta entonces, sin oír siquiera mucho movimiento desde su lado de la puerta. Se acercó un poco más, ladeando la cabeza hacia allí para aproximar el oído con curiosidad. No tenía noción alguna de si la mujer tardaría o si estaría terminando ya, mas se mantuvo atento. El hecho era que, dependiendo del estado actual del marqués Caelin que Lyndis habría de descubrir por todos ellos en su viaje, bien podía ser que la mujer acabara tomando pronto mando del territorio y, por ende, teniendo el mismo cargo que Eliwood, casi el mismo peso a nivel nacional. Ante los ojos de Altea, que ya tenía su relación con Pherae y con Ostia definida, el tercer marquesado superviviente y su representante serían de igual relevancia. De allí la necesidad de ese encuentro, así como los intentos del hombre mayor de asegurarle el mejor desarrollo posible. De cualquier modo, a su silenciosa posición fuera de la habitación ajena pronto llegaba compañía, la de la misma guardia de antes, avisándole a voz moderada, cuidadosa de no interrumpir, que el príncipe Marth había arribado y se hallaba todavía en el recibidor principal. Mientras asentía en comprensión, Eliwood rogó mentalmente que Lyndis no hubiese oído todos los detalles.

- Debería de ir a recibirle, entonces. - Dijo, hablándole otra vez a la puerta y a la joven mujer del otro lado. - Te veré luego; cuando tú estés preparada. - Se traicionaba un poco a sí mismo, sintiendo que tendía una especie de trampa, aunque sólo tenía las mejores intenciones en mente. Si le informara a Lyndis el verdadero carácter de ese encuentro y todo el peso que recaía sobre el mismo, seguramente la afectaría y la dejaría incapaz de desenvolverse tranquila. Al final, su voz sólo mostró ánimos. - ¡Nos veremos en breve! - Y con eso, se apartó de la habitación, encaminado al recibidor y a reencontrarse con Marth. No obstante, seguía su propia corazonada anterior, interceptando en el camino a una criada para enviarla con Lyndis, a asistirla con el vestido y no dejar su lado hasta no llevarla donde él y Marth estuvieran. No podía sólo dejar a la pobre nueva noble a su suerte. Relentizando sus pasos algo acelerados, asegurándose de permanecer compuesto y tranquilo, el marqués se enfocó en acudir al otro miembro de tan importante encuentro.
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Lyndis el Sáb Nov 11, 2017 4:00 pm

Las palabras de la puerta, bueno, del hombre al otro lado, pronto congelaron su sonrisa, la calma dejando al completo su cuerpo.

Visita... ¿Para ella también? Pero... ¿Cómo? ¿Quién? ¿Por qué? Pero... Era ella, no era...

Si, ella ya no era solo ella. Osea, lo era pero... ¿Era una noble, no? De una forma u otra.

Su nombre ya no era solo suyo, había un lugar, un título y quien sabe que otras cosas vinculadas de una forma u otra a su persona que desconocía. Su conocimiento del mundo de la nobleza era desde fuera, desde las llanuras donde tan solo eran una existencia casual pero... Conocía de primera mano lo que eran los jefes tribales y de una forma u otra, aunque con valores y prioridades distintas, un noble tenía mucho en común con ellos.

Como Hassar era sinónimo y representante de los Lorca en su tiempo, Lyndis era de cara a fuera sinónimo de Caelin... Al menos ahora lo era.

-Entiendo...- su voz era un poco rasposa  y baja, pero había una determinación, una firmeza en ella que era clara... También el cansancio, el peso que repentinamente había recaído en ella al comprender lo que estaba en juego.

Lo que ahora su existencia acarreaba, quisiera o no: responsabilidad, deber... No solo familia había obtenido al venir a Lycia, hasta ese momento no había entendido con claridad lo que todo ello significaba.

Pero estaba decidida.

-Me parece bien y necesario. Si ha ayudado a Lycia merece mi favor entonces, sería altamente descortés no darle mi agradecimiento en persona estando ambos aquí.- expresó con fuerza y desición esta vez, asintiendo para reafirmar sus palabras. Era un tema de respeto, de deber... Cuando un jefe tribal aliado esta de visita el recibirlo ceremonialmente y como corresponde era lo normal...

Y ahora estaba en Lycia.

Su mente llegó a una revelación, y su vista se desvió con una sonrisa amarga al vestido que tapaba aun medio marco. Las ropas ceremoniales de Lycia, y por ende, un representante suyo, eran al fin y al cabo distintas a las de Sacae...

Su estomago se le contrajo.

Para ir a la guerra había que usar la ropa adecuada... ¿Y no era esa la ropa para ese tipo de combates en Lycia? Presentarse si su arma a un duelo era una falta total de respeto a la otra parte... Un poco distinto pero intuía que el mismo tipo de reglas se aplicaban.

Las palabras siguientes del marques hicieron que un sudor frío recorriese su espalda ¿Ir a recibirle? Como... ¿En aquel momento? ¿Ya ya?

No tuvo ni tiempo de despedirse, su cuerpo duro sin saber que hacer. Si fuera algún enemigo cargando o algo similar sabría instintivamente que hacer pero... Un nuevo tipo de enemigo se abalanzaba contra ella...

Tras la parálisis inicial, su cuerpo inmediatamente continuó quitandose la ropa con desesperación ¡No tenía tiempo que perder! ¡La batalla le esperaba!

Y cuando comenzaba su cerebro a intentar descubrir los misterios ocultos en aquel vestido con resultados poco favorables... Un rostro familiar irrumpió por la puerta con cautela: no el marqués, sino una de las mucamas más mayores que conocía.

Se quedó congelada nuevamente, su expresión complicada siendo recibida por una comprensiva de la mujer regordeta, que rápidamente puso manos a la obra ¡Estaba salvada!
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Marth el Jue Nov 30, 2017 2:32 am

Tras una larga cabalgata se habían detenido a almorzar y descansar en un pueblo cercano a Lycia, en ese momento los hombres se habían separado un poco. Se esperaba pasar una o dos horas en ese lugar, comer con calma, estirar las piernas y reposar antes de volver al camino, y el príncipe agradecía eso. No acostumbraba cabalgar por tanto tiempo seguido a un ritmo tan rápido y a ser sincero no había dormido demasiado aquella noche, aunque no lo lamentaba. Mostraba una sonrisa más a flor de labios que normalmente y un humor mucho más predispuesto, así que ni siquiera se ofendió cuando el marqués se fue sin avisarle personalmente si no que a palabra de uno de sus caballeros. Terminó de almorzar, caminó por el pueblo en compañía de sus dos guardaespaldas y un joven arquero Lycio que le explicaba pequeñas anécdotas y curiosidades de Pherae para mantenerle entretenido, Marth se mostraba fascinado con aquellos detalles e interesado preguntaba al respecto del marquesado, como festividades importantes o comidas preferidas de los lugareños. También entabló conversación con algunos pueblerinos, lejos de ser inocentes sus intenciones preguntó sobre la seguridad y la economía, utilizando palabras simples y términos planos para que pasaran solo por curiosidades de un noble aburrido que no sabe hablar de ovejas y apios. Encontándose con una pareja joven que tenía un pequeño puesto con varias curiosidades llamativas descubrió que eran de Ostia a lo que preguntó también sobre los marquesados vecinos y la relación que había entre sus ciudadanos. Lamentablemente no tuvo muchas respuestas útiles para él, la gente común no viajaba demasiado y solo veían mercaderes, en la posada es donde el dueño pudo hablarle mejor sobre viajeros y las noticias que llegaban, de todos los marquesados destruidos y de marqueses desaparecidos, algunos en fuga y otros pereciendo por el ataque de los emergidos. Sin embargo habían buenas noticias también, no solo Pherae estaba resurgiendo si no que otros pocos también y acogían a los ciudadanos de otros marquesados donde ya no había gobernantes que los protegieran de los malhechor. El príncipe igual tomó nota mental de aquellos pequeños detalles, áreas sin gobernantes indicaban que había menos fuerza militar y por ende eran nidos de bandidos y mercenarios, esas alimañas con las que Altea se esforzaba por mantener lejos de sus tierras, tanto como los emergidos. Cuando todos los hombres hubiesen comido y descansado el príncipe insistió en dejarle una generosa propina al posadero pese a que este había dicho que el marqués había dejado todo arreglado, igualmente dejó unas gruesas monedas de oro con el escudo de Altea acuñado encima.

Retomando camino no pasó por alto que los hombres de Eliwood mantenían un ritmo lento y tranquilo, más calmo del que habían tenido en la mañana. No le molestaba en particular ya que seguía un poco cansado de estar sobre un caballo, extrañamente sentía un resentimiento en la zona de la espalda baja que nunca había sentido antes al cabalgar y se preguntó si tendría que ver con el poco sueño o con las actividades nocturnas. Ido en esos pensamientos por un momento había dejado hablando solo al joven y vivaz arquero que se había tomado bastantes confianzas, fueron las palabas “allí está el palacio” que le hicieron enfocar su mirada en la estructura que se alzaba por entre los árboles a los lados del amplio camino. La última vez que había visitado Pherae había sido cuando aún estaban bajo ataque emergido, y en aquel entonces había visto aquella ciudad alegre y casi que musical, ahora parecía brillar aún más en vida. En las calles se veía la gente feliz, apartándose del camino al ver a la procesión a caballo, ningún caballero debió ir al frente despejando las calles, los ciudadanos solos se ponían a ambos lados y observaban sin interrumpir mientras pasaban, saludando con sus manos, las madres sosteniendo a los niños que intentaban ir entre los caballos o tocar las brillantes armaduras de los caballeros. El príncipe disfrutaba aquella hospitalidad y saludó con un ligero inclinar de su cabeza a medida que iban pasando hasta las puertas del palacio.

Se dejó atender con confianza en el personal del Lord local, avanzó hacia el recibidor donde esperaría a su amigo. Vestía con los colores de su país, azul cielo en su traje de dos piezas, con chaqueta larga hasta sus rodillas pero abierta tanto adelante como en los lados sin impedirle montar o moverse, las botas altas negras hacían juego con su guantes del mismo color así como con el cinturón donde llevaba su espada, la empuñadura tenía tanto detalle en el grabado así como en el engarzado de tres piedras rojas, todo a juego con los bordados dorados del borde de su chaqueta. El cuello amplio dejaba ver una prenda de cuello ajustado y cerrado en el interior que subía hasta su nuez de Adán. La amplia capa caía a su espalda recta pero los numerosos dobleces verticales indicaban que era mucho más amplia de lo que parecía a simple vista, de interior rojo a juego con las gemas en su espada y en su cintillo hacía contraste con el azul oscuro del exterior, debido a la amplitud de esta y los dobleces que se formaban no tenía bordado el escudo de su país como normalmente llevaba. Era una capa de gala aunque carente del borde de piel pasaba apenas un poco más casual y en mejor conjunto con su ropa de viaje. Sobre sus guantes llevaba solo un grueso anillo en su pulgar, de oro macizo mostrando con detalle el escudo de Altea, detalle que era el actual regente de aquel lugar y sobre su cabeza sujetando algunos mechones de su cabello hacia atrás, el cintillo de oro similar a una tiara con una única gema roja, el regalo que había recibido de su hermana.

Su mano sujetaba un costado de su capa alzándola del piso para no arrastrar aquella punta que caía un poco más sobre su hombro, un gesto que le aportaba elegancia a su postura mientras miraba los cuadros que decoraban aquella habitación. No muy lejos dos caballeros reales, armados, vigilaban al joven monarca sin perderle de vista, siempre atentos a cualquier movimiento y pese a haber pasado meses aún recordando de su desaparición cuando había visitado dichas tierras la última vez. El peliazul no tuvo que esperar mucho antes que de uno de los pasillos principales viese un rostro conocido uno que hacía apenas unas tres o cuatro  horas que no veía, igualmente su rostro se iluminó con una sonrisa y se acercó con paso elegante y cuidado, sin apresurarse, extendiendo su mano libre para dar un sutil toque en el antebrazo del mayor, señal de cercanía y amistad - Lord Eliwood, me alegra mucho verle bien. Me ha preocupado su prematura separación del grupo, pero comprendo sus obligaciones. - aunque no había reproche alguno en su voz el hecho de mencionarlo ya era suficiente para hacerle saber que había echado en falta su compañía, aunque no de manera negativa - Espero que haya encontrado todo en orden en su hogar, sobretodo a su familia. - dijo refiriéndose a su hijo, tomando solo un paso de distancia para permitirle guiarle.


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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Dic 06, 2017 8:48 pm

Dejó a Lyndis atrás con suficiente alivio, sabiéndola al menos no opuesta a la idea, sino en ánimos cooperativos. Aquello le daba considerable tranquilidad. No obstante, debía aún rogar en fuero interno a todo dios conocido que los esfuerzos de la nómada fuesen adecuados y suficientes, y que con la ayuda que pudiese él dar estuvieran a la altura del príncipe Marth. De todos los reinos que conocía y de todas sus casas nobles, Eliwood no habría podido nombrar una sola con más impecable apego a la cortesía, la cultura y las buenas costumbres que la de Altea, cualidad que en esa ocasión dificultaba un poco la situación. Sin embargo, la joven mujer había sabido renovar sus esperanzas y si podía continuar cimentando el camino a una reunión grata, trabajando ahora en el lado del príncipe extranjero, procedería a hacerlo. El éxito habría de ser un esfuerzo conjunto, uno por el que debería de compensarla ampliamente luego. Incansable y con suficiente confianza en su destreza social, el marqués descendió al recibidor, vislumbrando desde el camino al príncipe extranjero y su radiante apariencia. Se preparó a sí mismo para dar lo mejor de sí en los momentos siguientes.

Por algún motivo no conseguía imaginar a Lyndis admirando atavíos como tales, mas sí reconocía él mismo que el pequeño alteano se hallaba encantador. El estilo de capa, aunque poco práctico para cualquier hombre común, parecía perfecto a los ojos del noble para su portador. Y cuan alegre lucía de saludarlo, además; su sonrisa era distinta cuando era espontánea y sincera, que cuando era producto de practicada cordialidad. Aliviado y feliz, el marqués concluyó que no existía el más mínimo aire enrarecido a causa de los varios sucesos recientes entre ambos de ellos, sino un sentido de comodidad más afianzado. Perfecto, entonces. No habría querido que las cosas terminaran de ningún otro modo. Recibiéndolo con la usual inclinación de la cabeza, aunque deseara poder mostrarle mayor consideración, debió contentarse con doblar el brazo para que la mano ajena quedara posada sobre este, mirarle con detenimiento al sonreír. - Muchas gracias por su comprensión, príncipe. - Dijo. Aquella postura era idónea para guiarlo; no la forma normal para que un hombre caminara con otro, pero haciéndolo con una pequeña risa todo se volvía más perdonable, menos serio. Y no sería correcto tener a tan importante figura de pie en el recibidor, desde luego que invitarle a comodidad era menester. - Venga conmigo, por favor. - Completó al tiempo que se giraba con él para llevarle castillo adentro, por el mismo primer piso. Tenía ya idea de dónde sería bueno ir.

- ¡Todo en perfecto estado! Ya he tenido oportunidad de ver a mi madre y mi pequeño Roy. Y es más, sucede cierta coincidencia que estaba preguntándome si se daría: se encuentra en el castillo, en este mismo momento, alguien que estoy seguro que disfrutará tener la oportunidad de conocer. - Mencionó, con suspicacia robando ya una mirada al joven a su lado. No había más alta definición de majestad que la que encarnaba Marth, pero la muchacha que habría de conocer era también de sangre noble y su importancia no sería para nada tomada a la ligera, estaba seguro. Prosiguió con naturalidad. - Se trata de la única heredera a marquesa de una importante parte de Lycia. Como sabe, sólo Ostia y Pherae guían a la Liga de Lycia en estos momentos, con los demás territorios en situación algo más... complicada, aunque en vías de mejora gracias a la post-guerra y a usted. La dama a la que me refiero es heredera al territorio de Caelin, próxima a asumir mando según creo, y por ende pronto la tercera persona a la cabeza de este país. - Explicó, cierto orgullo en su voz. Siendo que Ostia había tenido ya exitoso relacionamiento con Altea, podía considerarse que el mando de Lycia estaba por completo afianzado a es alianza, pero era de suponerse que la última de tres líderes fuera también un provechoso contacto que establecer. Más allá de eso, la otra sangre en las venas de Lyndis, noble de una forma diferente en un país completamente diferente, la hacía una pieza aún más clave en el panorama político de Elibe que Eliwood preveía, uno que estaba seguro Marth comprendería igual o hasta mejor que él; había mostrado ser demasiado despierto para esos temas a su edad. - Y no sólo eso, no sólo en Lycia... -

Sus pasos conducían ya a la salida opuesta del castillo, por un pasaje que desembocaba con rapidez en un patio con un paseo de piedra pulida, llevando a las caballerizas. Después de una cabalgata considerable, llevar al príncipe a cualquier sitio que implicara sentarse habría sido bastante desatinado, estirar las piernas con comodidad vendría mejor. Pero no se trataba sólo de eso, sino también de seleccionar un escenario en que Lyndis pudiese desenvolverse con facilidad; ya le había dejado vestimenta que claramente no era su usual, encima de ello ponerla a compartir el té de la tarde con alguien tan perfeccionista como Marth habría sido pésimo para todos los involucrados. Estar afuera, en compañía de los animales propios de Pherae, con los que ella era tan diestra tratando, sería una buena ventaja. De esa idea, estaba bastante orgulloso. No obstante, se aproximaban a la salida y antes de que el pelirrojo pudiese siquiera comenzar a mencionar Sacae, una doncella de la residencia se aproximó a los hombres para avisar, con un gesto bastante desconcertado y hasta incrédulo en los ojos, que lady Lyndis estaba preparada. Eliwood fingió desentenderse de ese detalle al responder con calma. - ¿Sí? Ah, pues no hemos de hacerla esperar a ella tampoco, ¿no? Que venga. Estaremos justo afuera. -
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Re: La Guerra es Simple, lo que Viene Después es lo Arduo [Privado | Lyndis, Marth]

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