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[Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

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[Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Sáb Abr 15, 2017 10:06 pm

Para sorpresa de nadie, Salkhi estaba de mal humor.

Aquella jornada había comenzado bien, demasiado bien para que fuera verdad. El arquero había detectado enseguida, después de días infructíferos de caza, unas huellas que le conducían a lo que parecía ser un jabalí de buen tamaño, muy seguramente un macho fortalecido por constantes peleas, paro aún en el pico de su condición física, sin deteriorarse por la edad o posibles lesiones. Un ejemplar perfecto no solo para llenar el estómago, sino también la bolsa con su carne, huesos y piel. Además, antes de partir a por el ejemplar, el nómada comprobó que sus trampas habían funcionado, y seis buenos ejemplares de conejos colgaban de las mismas, ya sin vida. Con todas las señales posibles apuntando a su favor, el joven de pelo pajizo había cargado a los mamíferos muertos de su cinto y había partido a por la presa mayor.

Por desgracia, cometió un grave error de novato que tardaría en perdonarse: Se había confiado demasiado.

Desde días atrás, la herida de su hombro le estaba dando problemas. La flecha que aquel emergido le había clavado en el hombro había dejado una buena herida, y el proceso de recuperación natural llevaba tiempo, cosa que uno no podía permitirse cuando la caza era su oficio, por lo que el rubio había decidido, simplemente, aguantar el dolor de la cicatriz que debía estar empezando a formarse y continuar con sus actividades como si nada. Pero, días en la naturaleza le habían cansado más de lo que planeaba, y de vez en cuando encontraba sangre en su ropa en la zona de la herida, la cual no terminaba de cerrar de forma correcta.

Todo esto se juntó cuando finalmente encontró al jabalí. Un ejemplar exquisito, cercano a los noventa kilos según calculó el nómada a ojo por su tamaño. Sabiendo que con esa clase de animales el primer tiro era importante, Salkhi había cargado su flecha desde la distancia, apuntando a la parte trasera del cráneo del animal… Sin embargo, un tirón de dolor en su hombro provocó dos cosas: Un ligero gemido de molestia, y el que la flecha saliera disparada hacia otro lado, aterrizando a cuatro pasos a la derecha del animal, quien se giró para ver a su agresor y hacerle frente. En ese instante el nómada debería haber salido corriendo, a sabiendas de que su situación era de inferioridad y sería difícil tomar aquella presa. Pero, el orgullo acumulado y el querer tomar una recompensa de calibre le habían llevado a la terrible decisión de querer esquivar la embestida del jabalí. Lo consiguió, si, lanzándose a un lado cuando este cargó, pero el movimiento llevó a que su hombro impactara con una roca que había por allí suelta, lo que provocó lo que más temía que pasara: Que se abriera su herida de nuevo.

Un par de horas habían pasado desde entonces, y al igual que el día había pasado de azul claro con varias a una sonora tormenta, el ánimo del cazador ahora era lo opuesto al del inicio de la jornada: Cansado, dolorido y amargado. El fuego que había conseguido encender a duras penas en el interior de la cueva que usaba como refugio no le calentaba, y los conejos que había cazado con las trampas no podían llenar su estómago aún, pues aquel momento era usado, a regañadientes, para buscar en su morral la aguja de hueso de oso y el hilo de tripa que necesitaba en aquel instante. Tenía que volver a coser la herida, por muy poco que le gustara la idea, y hasta que no lo hiciera no podría centrarse en despellejar y cocinar los conejos como buenamente pudiera.

Hambriento, empapado, dolorido y encerrado entre muros de piedra natural hasta que el clima mejorar… ¿Acaso podía empeorar su situación de alguna forma?
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Jue Mayo 04, 2017 3:29 pm

Comenzaba el otoño de buena manera. Es decir, de un día digno de otoño, lloviendo y con más viento de lo normal. Era una estación algo fría y seca, aunque no demasiado.
A la mañana todavía había hecho un buen clima, sin embargo. Khigu se encontraba yendo de caza como era lo normal. Y con normal uno se refería al hecho de que realmente no era una buena temporada para ella.

El tipo de su tribu, el que hacía unos días había aclamado una gran caza a pesar de volver en perfectas condiciones, había vuelto a hacer de las suyas, trayendo animales que no parecían provenir de él, y molestando a la albina. Pero claro, nadie tenía pruebas de lo primero, ya que toda la caza era bienvenida. Y sobre lo segundo... era lo común allí. Era cierto que desde que había conseguido su cuerno muchos años atrás, se había vuelto "una más", pero en la práctica... todavía la mitad de la tribu seguía discriminándola por su aspecto diferente. Cómo lo odiaba, estaba ansiosa por dejar a ese hombre en su lugar.

Mientras murmuraba quejas para sí misma en medio de aquél bosque, se había encontrado a la perfecta caza para desahogarse. Y para comer, que ya iba siendo tarde, de hecho... el cielo empezaba a oscurecerse.
En un claro lo encontró, quieto pero agitado, parecía enfadado. Pero ahí estaba un jabalí enorme. Por las huellas del piso recientes podía adivinar que un cazador había estado por ahí en las últimas horas. Pero el animal seguía intacto, parecía haberse pegado un rodeo buscando de nuevo su lugar. Probablemente el cazador se hubiera rendido con él, ya que era bastante grande y parecía fuerte. Era perfecto.

La chica apenas se acercó con un par de pasos silenciosos, para después sin más dilación ir a por el con el hacha en el frente, agarrada por ambas manos. Había aprendido la lección la última vez, y en esta ocasión no se dejaría embestir por sus colmillos sobresalientes. ¡¡Demostraría a aquella bestia quién tenía los mejores músculos de la región!!

Esquivando su morro lo justo y necesario, abriendo las piernas de par en par, arremetió el hacha contra la cabeza del animal, en un golpe fuerte y directo, poniendo toda su fuerza y casi peso en él. El jabalí aún dio la lata gritando y moviéndose de un lado al otro, arañando con sus cuernos y pezuñas las rodillas cubiertas por los protectores de ella. - Grrrrrrrrr.... -Empujó hacia abajo el bronce de su hacha, casi a presión, intentando que atravesara más allá del hueso del cráneo. Sin rendirse y aguantando todo lo posible, y tal como si fuera una especie de lucha libre entre dos hombres, por fin la mujer había salido victoriosa dejando al animal en el piso.

Hacía un rato que no lo notaba por la excitación del momento, pero estaba lloviendo. De hecho comenzaba a oir tormenta ese día. Ya irremediablemente calada hasta los huesos, decidió partir a un refugio con aquella caza a sus hombros. Alejándose del lugar, ignorando la pequeña existencia de aquella flecha que podría haberle dado pistas de quién había sido el cazador que había rondado por ahí hasta hace poco.

En su mente y estómago sólo estaba deseando probarle bocado. Pero tenía que resguardarse de la tormenta para hacer el fuego si quería cocinarlo. Casi se empezaba a sentir afortunada cuando vio una luz a lo lejos, dentro de lo que parecía ser una cueva algo grande. ¿Quién andaría allí? Sólo se le ocurría una persona con la que había hablado sobre las cuevas, así que se acercó corriendo al lugar.

- ¿Narug-...? -preguntó entusiasmada asomándose a la entrada con la respiración algo agitada, con una sonrisa en la cara. La cual se desvaneció al ver que no sólo estaba en lo incorrecto, si no que además allí estaba otra persona que conocía. Sólo que no era tan grata como la primera. - ... Oh.

- ¿¡Otra vez tú!? -exclamó. Reconocería ese pelo y esa cara en cualquier lugar, pues se había fijado fuertemente en él cuando lo conoció. Era el hombre callado y algo antipático de días antes, que quizás se alegraría de verle pero hoy no parecía ser ese caso. No estaba de humor para alguien que permanecería en silencio. Khigu soltó un leve gruñido de clara molestia e incomodidad.

A pesar de eso, se adentró en la cueva. Era lo suficientemente grande como para que los dos pudieran refugiarse bien allí. Cuando lo hizo, dejó caer el pesado jabalí al suelo, soltando un bufido, pues pesaba más de lo que había esperado, y más con la lluvia. Devolvió la mirada del nómada y ella ni se molestó en disimular cuando sus ojos bajaron su recorrido, analizando los músculos del torso descubierto del hombre. Y su brazo. Aún tenía aquella herida, al igual que ella la suya, que por suerte no había afectado a ningún músculo. Cuando terminó de hacerlo volvió a apartar la mirada, quitándose su chaleco mojado, quedándose su parte superior sólo en el top que apenas tapaba lo justo sus pechos, apreciándose mejor sus músculos tonificados.

Casi como competición para comparar, ella misma flexionó su brazo, en el cual tenía la cicatriz con una costra reciente, tan fresca que de hecho a veces seguía sangrando. Tenía a pesar de todo, la suerte de que su piel era más tosca, y si le dolía algunos días podía tomarse aquellas pócimas que se había comprado. Las clérigas se lo habían recomendado.

- Ya sabía yo que tú no eras un hombre cualquiera. -comentó, recordando que cuando se habían peleado a medias, ella había notado algo de fuerza en él a pesar de ser un simple arquero.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Jue Mayo 25, 2017 2:46 pm

La pequeña hoguera que alumbraba el interior de la cueva no era especialmente grande, y tampoco era especialmente cálida. Pero, aunque eso no terminara de gustar al arquero, era todo lo que se podía haber permitido construir con un brazo tocado, además de que servía para secar su camisa, la cual descansaba al lado del fuego, y mantenía a posibles depredadores que buscaran refugio del aguacero lejos del suyo. Él había llegado antes, por lo que suya era la preferencia y el lujo de poseer un techo natural bajo el que esconderse. Aun así, en cuanto cerrara la herida procuraría alimentarla para hacerla crecer de tamaño y fuerza con ramas que el viento y animales habían arrastrado al interior, así como musgo que había encontrado en uno de los laterales, el cual estaba lo suficientemente seco como para arder sin peligro de llenar todo de humo. Aunque no utilizaría todo, dado que existía la posibilidad de que la tormenta se extendiera en el tiempo y tuviera que dormir en la cueva, en cuyo caso prefería utilizar la parte blanda del suelo a la dura tierra de la caverna.

Pero, antes de llevar a cabo cualquier cosa relacionada con avivar el fuego, debía cerrar de nuevo la herida de su hombro, y para ello necesitaba encontrar la maldita aguja de hueso y el hilo de tripa, los cuales estaban perdidos en los recovecos de su morral. El mal humor del nómada crecía por segundos, al ser incapaz de encontrar lo que necesitaba en ese momento… Y el sonido de una mujer hablando en la entrada de la cueva solo empeoró la situación. “Conozco esa voz.” Salkhi ya había escuchado aquel timbre y tono, pero no de forma tan alegre y optimista, sino más bien con agresividad y rencor. Por ello, cuando giró la cabeza no fue sorpresa ver la piel oscura de la mujer junto a la que había peleado días atrás contra emergidos. “De todos los nómadas de Sacae tenía que ser ella...” Un suspiro de resignación y fastidio fue toda la respuesta que el cazador dio a las palabras ofendidas de la peliblanca, su curiosa e indiscreta mirada por su cuerpo y el desafiante gesto que fue enseñar su propia herida, ya cerrada, devolviendo su atención inmediatamente a la búsqueda de los instrumentos quirúrgicos que iba a necesitar para arreglar su dolorida y abierta carne.

Por suerte, no necesito demasiado tiempo para encontrarlos tras la llegada de la mujer, por lo que no iba a necesitar una excusa para no hablar con ella y generar un hostil silencio en tan reducido espacio, cosa que no le importaba pero que no le apetecía crear, sobretodo porque ya había un malestar en el ambiente creado por parte de ambos, dado que a ninguno de los cazadores le apetecía pasar quien sabe cuánto tiempo en compañía del otro. Sin embargo, fue al girar la mirada hacia la hoguera para desinfectar la aguja que el enfado de Salkhi se agravó aún más, cuando los ojos del nómada solitario detectaron la presa que la peliblanca había traído consigo. Aquel jabalí que había en el suelo no era uno cualquiera: Aquel tamaño, el color del pelaje, uno de los colmillos con la punta ruta… No había ninguna duda. Ese puerco salvaje cuya cabeza pendía de una cuarta parte de conexión cárnica con el cuerpo era el mismo que el rubio había intentado cazar sin éxito. Ante tal revelación, las pupilas del arquero se clavaron de forma instintiva en las de la guerrera con un claro mensaje que no necesitaba palabras para ser traducido: “Deja de robarme las presas y los refugios falsa cazadora”.

Bajando la cabeza, y suspirando con lentitud, el cazador se enfocó en lo que realmente merecía su atención: La cura de su herida. Con un gesto suave, colocó el hueso a cierta distancia del fuego, lo suficiente como para que se calentara y limpiara pero no tanto como para que se resquebrajara por el aumento de temperatura, dejándolo así durante unos segundos para luego acercarlo a su cuerpo de nuevo, enhebrando la aguja en un primer suave y experto primer movimiento, haciendo tras esto un nudo con el extremo del hilo que acababa de pasar por el diminuto agujero, asegurándose así que la sutura tuviera un comienzo y final claro. Con todo ya preparado, y toda su atención puesta en la dolorosa tarea que tenía por delante, Salkhi aproximó ambos lados de su abierta herida con una mano, torciendo en un labio en un acto reflejo, para luego clavar la punta de la aguja en la carne y atravesar la misma por ambos lados, comenzando así un proceso que no debería tomarle demasiado tiempo… Siempre y cuando a la peliblanca no le diera por molestarle, algo que parecía que le gustaba hacer con su mera existencia.


Última edición por Salkhi el Dom Jul 23, 2017 6:39 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Dom Jun 18, 2017 10:54 pm

El nómada obviamente no respondió con palabras, sólo suspirando pesadamente ante la simple estancia de la peliblanca allí. - Bah, aburrido. -murmuró ella, mientras éste siguió buscando entre sus cosas. Parecía que estaba ocupado de nuevo tratándose la herida... ¡Pero qué cuidadoso era!

Ella no le prestó más atención, si iba a quedarse callado como la última vez, ella no tenía el humor suficiente todavía como para molestarse en interactuar más con él. Se escurrió su pelo y después su chaleco, el cual dejó junto a sus cubrebrazos, al lado de las prendas del hombre para que se secaran un poco.
Ahora su tarea propia sería empezar a despellejar al animal para por fin comérselo... ¡Qué hambre traía! Pero antes de disponerse a nada, notó la mirada llena de odio por parte del rubio. Ella se la devolvió de una forma impasible. Había mirado a su caza, ¿no sería...?

- ... ¿Qué? ¡No me vengas a decir ahora que esta también es tu presa! Pues este jabalí estaba solito pululando por ahí. -o podría ser... ¿que él era el cazador que había dejado aquellas huellas? ¡Demasiadas coincidencias tenía con ese hombre! De todas formas, en esta ocasión estaba claro quién había logrado vencer y acabar con la bestia, o al menos para la mujer era obvio.

- En cualquier caso, tú no pudiste conseguirlo esta vez, admítelo ya. -aclaró, con un serio tono de voz.

Sabiendo que el contrario no contestaría de todas formas, volvió a lo que iba. De su pequeño morral que llevaba agarrado por detrás del cinto, sacó su cuchillo peletero, el cual más bien era un tocón afilado de madera, el cual ahora yacía completamente empapado. - Tsk...

El filo así serviría de poco en aquellas condiciones, así que probaría despellejarlo con sus propias y desnudas manos. Agarró el jabalí del pellejo y se lo acercó, posando medio cuerpo suyo sobre sus piernas cruzadas. Comenzó a tirar hacia los lados la piel desde donde le había pegado el hachazo, pensando que sería fácil empezar a quitársela desde ahí.

Pero el corte aunque profundo no era lo bastante bueno como para separar la piel de todo lo demás desde el principio. Así que, tras unos intentos fallidos, se puso a observar cómo el hombre se cosía su herida. Era una escena bastante curiosa, supuso que a él se le daban bien estas cosas, ya que la última vez que lo vió trataba de hacer lo mismo. ¿Dónde habría aprendido a hacer eso? ¿A qué tribu pertenecería? ¿Quién era él? Las preguntas no cesaban en su mente curiosa, mientras de fondo escuchaba la tormenta de afuera.

Por la cara del chico, parecía que le estaba costando un poco y que le dolía. Pero ese no era su problema. ¡Además, ella tenía que seguir despellejando a la bestia para comer! No debía perder el tiempo con un tipo antisocial. Entonces, ahí pensó que quizás sería buena idea ayudarse de su propia hacha, ya que al menos eso cortaría mejor que un cuchillo de madera mojada o que sus propios dedos. Era bastante trabajoso por el tamaño del arma, no era tan grande pero definitivamente no era algo manejable para una tarea así. Pudo conseguir pelar una pequeña parte, no muy bien, pero que aún así se le complicaba. A cada intento que hacía, Khigu no paraba de gruñir por lo bajo, como si fuera un canino de mal humor.

Que lo tenía, además que el silencio no aportaba nada bueno.

No pudo hacer más sino volver la mirada hacia el semidesnudo hombre. A pesar de la mala leche, era una vista agradable y distrayente, no lo podía evitar. Suspiró ruidosamente, con resignación.

- Ni eres capaz de terminar con un triste jabalí... ¡no vas a ser capaz de terminar de coserte y curarte esa herida solo! -comentó, con un tono sarcástico- Tal vez yo no sepa hacer eso que tú haces, ¡pero seguro que sí puedo ayudarte y enseñarte a no dejar las cosas a medias! ¡JA! -exclamó, siendo su manera de ofrecerle ayuda, ya que en el fondo quería echarle una mano agarrándole la herida o lo que sea.

Él la había ayudado la última vez, no podía dejarlo así como así, a pesar de que era cierto que pensaba que tenía que aprender a valerse por sí mismo.
De todas formas, no insistió más y volvió a ponerse con lo que estaba haciendo, ya que sabía la respuesta negativa que le iba a dar el extraño, si es que le daba una respuesta siquiera.
Trató de combinar el filo de su hacha con su mano, y con el puño tiró lo más bruto posible hacia afuera, logrando arrancar una parte de la piel. Pero definitivamente no era lo ideal, necesitaría un cuchillo nuevo...
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Dom Jul 23, 2017 7:49 pm

Si algo bueno tenía el dolor que su cuerpo sentía a causa de la constante penetración del hueso e hilo en su carne, es que la propia atención del arquero se desviaba involuntariamente hacia ello, lo que implicaba no tener que  gastar tiempo en mirar a la falsa cazadora de pelo blanco y escuchar sus palabras malsonantes y agresivas. Bastante tenía no solo con tener que compartir refugio, sino también con el que ella tuviera en sus brutas manos la presa que él mismo había intentado cazar sin éxito alguno. Y ella se había regodeado en ello, había buscado con una simple frase que reconociera su error en la caza, que ella había triunfado donde el arquero había encontrado la derrota. Eso implicaría tener que reconocerla como una cazadora de verdad, y Salkhi preferiría atravesar las puertas del infierno por propia voluntad a dar su brazo a torcer en la designación de aquella mujer.

Entre punzada y punzada, sin embargo, no pudo evitar dirigir alguna que otra mirada por el rabillo de su ojo a la joven peliblanca, recordando los sucesos del día anterior con total claridad. Mas no era la discusión por la pertenencia del oso ni la pelea que hubo entre ambos lo que llenaba su mente, sino un solo momento de la pelea contra el grupo de emergidos que les asaltó en aquel claro. Era el momento en el que su sangre, fría como el agua de las montañas de Bern, se convirtió en un abrasador torrente, llevándole a tomar la iniciativa y lanzarse en un peligroso movimiento sobre uno de los seres de ojos rojos, clavando una flecha de bronce en una de estas brillantes pupilas, y viendo de primera mano cómo la ardiente luz se escapaba de ella. “Lo normal habría sido retroceder más o echarse a un lado, no hacia delante… ¿Por qué siento que ella tiene algo que ver con eso?” ¿Acaso fue su presencia? ¿El que mostrara desatados niveles de violencia ante él hizo que se contagiara de su descuidada y peligrosa forma de pelear? Aquella pregunta le molestaba de sobremanera, porque para encontrar una respuesta debía conocer más a aquella mujer… Y ver como intentaba despellejar al jabalí con hacha y manos provocaba en el nómada un sentimiento de rechazo natural hacia ella.

Con un leve gesto de dolor, Salkhi volvió a poner su atención en la tarea que tenía entre manos, o más concretamente, en una de sus manos, pues la otra se aseguraba de mantener la carne lo suficientemente cerca como para que el hueso pasara de un lado a otro sin dificultad alguna. Y aunque la operación iba bien a pesar del dolor, sus oídos comenzaron a captar otra clase de molestia que era tanto física como mental: Nuevas palabras rudas de la peliblanca, quien ahora se las daba de experta en la materia y trataba de menos al rubio, acusándole de ser incapaz de terminar una tarea por sí mismo o pasar siquiera del medio punto, ofreciéndose para ayudarle con un tono burlón impregnado en la voz. El nómada no quería darla respuesta alguna, no merecía el placer de ver una respuesta a sus bravuconadas, pero no pudo evitar que un gesto desagrado y un bufido de rabia escaparan de forma fugaz de su control. ¿Por qué aquella mujer era capaz de provocar en él reacciones como aquella? ¿A causa de qué su cercanía llevaba a que sus propias acciones escaparan de su control, de una forma u otra?

Tras dejar de lado aquel pensamiento, y devolver su atención a la herida, solo necesitó un par de punzadas de dolor extra para terminar de dejar la herida cerrada, sin que hubiera huecos entre la carne apretada a base de hilo de tripa. Así, solamente necesitaba anudar el punto donde se encontraría el final de hilo y cortarlo, dejando todo resuelto y listo para su recuperación. ¿Qué debería haber cortado el hilo lo primer de todo? Sí, pero la presencia de la mujer le había molestado tanto que había roto el orden natural de las cosas, por lo que por su culpa debía pasar por un poco más de dolor antes de dar todo por finalizado.

Tras encargarse, antes de nada, de dar un cierre claro a la sutura a base de anudar el hilo en el punto correcto de tensión, lo que implicó un par de resoplidos de dolor al notar la herida rozar y los agujeros que el hueso había dejado moverse, Salkhi estiró la mano de su brazo bueno hacia su bota derecha, sacando de la misma el cuchillo de desollar que siempre llevaba escondido pero a mano, por si la situación requería de su uso por cualquier razón desconocida. El tirón que sintió al estirar el hilo de tripa una vez más fue seguido de una gran sensación de molestia en su carne cuando la tensión fue rota al ser cortado el mismo de una vez por todas, quedando así libre el rubio cazador de tan dolorosa pero importante tarea. Un par de movimientos leves de su extremidad dañada bastaron para hacerle confirmar que, aunque la herida estaba mejor que hace unas horas, necesitaría algunos días antes de alcanzar el punto en el que la toma de una pócima la curara del todo, aunque era muy probable que una cicatriz quedara de forma permanente allí donde la flecha se había clavado en su carne.

“Un momento…” Puede que fuera a causa de la sangre que había perdido desde que la herida se había abierto hasta aquel momento, contando la sutura y el tener que perforar su propia carne, pero el cazador necesitó unos segundos para percatarse de que aquello que tenía en su mano era, precisamente, lo que la peliblanca más necesitaba en ese preciso instante. En el momento de tal realización, el labio de Salkhi se mantuvo tenso y serio, pero sus ojos chispearon llenos de ironía y poder, a sabiendas de que ahora era su turno de devolver las puyas e insultos a aquella falsa cazadora a su propia manera. Por ello, en vez de decir nada o jugar con su cuchillo para hacer visible que tenía aquel instrumento en sus manos, el nómada lo clavó en el suelo, al lado de su pierna derecha, y pasó a centrarse en alimentar la hoguera para que aumentara su tamaño e intensidad, preparándola para cuando pusiera a cocinar los conejos que había atrapado anteriormente en el día. En ningún momento clavó sus ojos en la peliblanca ni se preocupó en lo que estaba haciendo, porque sabía de sobra que aquel animal de dos patas se percataría solo de lo que él poseía, y querría tomarlo para aquella ocasión.

Pero no sería tan fácil. Si ella quería usarlo debía pedirlo. Debería humillarse y tragarse sus palabras antes de que Salkhi se lo prestara para que dejara de darse vergüenza a sí misma. Debía tragarse su ego y rabia si quería sacar algo de provecho y no arruinar al animal aún más... Pero, mientras alimentaba el fuego con una rama más grande que las ya entregadas, Salkhi no pudo evitar pensarlo de nuevo. ¿Por qué actuaba así ante ella? ¿Por qué sentía un rechazo natural hacia aquella mujer, hasta el punto que le hacía parecer otra persona en algunas ocasiones?
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