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[Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

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[Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Sáb Abr 15, 2017 10:06 pm

Para sorpresa de nadie, Salkhi estaba de mal humor.

Aquella jornada había comenzado bien, demasiado bien para que fuera verdad. El arquero había detectado enseguida, después de días infructíferos de caza, unas huellas que le conducían a lo que parecía ser un jabalí de buen tamaño, muy seguramente un macho fortalecido por constantes peleas, paro aún en el pico de su condición física, sin deteriorarse por la edad o posibles lesiones. Un ejemplar perfecto no solo para llenar el estómago, sino también la bolsa con su carne, huesos y piel. Además, antes de partir a por el ejemplar, el nómada comprobó que sus trampas habían funcionado, y seis buenos ejemplares de conejos colgaban de las mismas, ya sin vida. Con todas las señales posibles apuntando a su favor, el joven de pelo pajizo había cargado a los mamíferos muertos de su cinto y había partido a por la presa mayor.

Por desgracia, cometió un grave error de novato que tardaría en perdonarse: Se había confiado demasiado.

Desde días atrás, la herida de su hombro le estaba dando problemas. La flecha que aquel emergido le había clavado en el hombro había dejado una buena herida, y el proceso de recuperación natural llevaba tiempo, cosa que uno no podía permitirse cuando la caza era su oficio, por lo que el rubio había decidido, simplemente, aguantar el dolor de la cicatriz que debía estar empezando a formarse y continuar con sus actividades como si nada. Pero, días en la naturaleza le habían cansado más de lo que planeaba, y de vez en cuando encontraba sangre en su ropa en la zona de la herida, la cual no terminaba de cerrar de forma correcta.

Todo esto se juntó cuando finalmente encontró al jabalí. Un ejemplar exquisito, cercano a los noventa kilos según calculó el nómada a ojo por su tamaño. Sabiendo que con esa clase de animales el primer tiro era importante, Salkhi había cargado su flecha desde la distancia, apuntando a la parte trasera del cráneo del animal… Sin embargo, un tirón de dolor en su hombro provocó dos cosas: Un ligero gemido de molestia, y el que la flecha saliera disparada hacia otro lado, aterrizando a cuatro pasos a la derecha del animal, quien se giró para ver a su agresor y hacerle frente. En ese instante el nómada debería haber salido corriendo, a sabiendas de que su situación era de inferioridad y sería difícil tomar aquella presa. Pero, el orgullo acumulado y el querer tomar una recompensa de calibre le habían llevado a la terrible decisión de querer esquivar la embestida del jabalí. Lo consiguió, si, lanzándose a un lado cuando este cargó, pero el movimiento llevó a que su hombro impactara con una roca que había por allí suelta, lo que provocó lo que más temía que pasara: Que se abriera su herida de nuevo.

Un par de horas habían pasado desde entonces, y al igual que el día había pasado de azul claro con varias a una sonora tormenta, el ánimo del cazador ahora era lo opuesto al del inicio de la jornada: Cansado, dolorido y amargado. El fuego que había conseguido encender a duras penas en el interior de la cueva que usaba como refugio no le calentaba, y los conejos que había cazado con las trampas no podían llenar su estómago aún, pues aquel momento era usado, a regañadientes, para buscar en su morral la aguja de hueso de oso y el hilo de tripa que necesitaba en aquel instante. Tenía que volver a coser la herida, por muy poco que le gustara la idea, y hasta que no lo hiciera no podría centrarse en despellejar y cocinar los conejos como buenamente pudiera.

Hambriento, empapado, dolorido y encerrado entre muros de piedra natural hasta que el clima mejorar… ¿Acaso podía empeorar su situación de alguna forma?
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Jue Mayo 04, 2017 3:29 pm

Comenzaba el otoño de buena manera. Es decir, de un día digno de otoño, lloviendo y con más viento de lo normal. Era una estación algo fría y seca, aunque no demasiado.
A la mañana todavía había hecho un buen clima, sin embargo. Khigu se encontraba yendo de caza como era lo normal. Y con normal uno se refería al hecho de que realmente no era una buena temporada para ella.

El tipo de su tribu, el que hacía unos días había aclamado una gran caza a pesar de volver en perfectas condiciones, había vuelto a hacer de las suyas, trayendo animales que no parecían provenir de él, y molestando a la albina. Pero claro, nadie tenía pruebas de lo primero, ya que toda la caza era bienvenida. Y sobre lo segundo... era lo común allí. Era cierto que desde que había conseguido su cuerno muchos años atrás, se había vuelto "una más", pero en la práctica... todavía la mitad de la tribu seguía discriminándola por su aspecto diferente. Cómo lo odiaba, estaba ansiosa por dejar a ese hombre en su lugar.

Mientras murmuraba quejas para sí misma en medio de aquél bosque, se había encontrado a la perfecta caza para desahogarse. Y para comer, que ya iba siendo tarde, de hecho... el cielo empezaba a oscurecerse.
En un claro lo encontró, quieto pero agitado, parecía enfadado. Pero ahí estaba un jabalí enorme. Por las huellas del piso recientes podía adivinar que un cazador había estado por ahí en las últimas horas. Pero el animal seguía intacto, parecía haberse pegado un rodeo buscando de nuevo su lugar. Probablemente el cazador se hubiera rendido con él, ya que era bastante grande y parecía fuerte. Era perfecto.

La chica apenas se acercó con un par de pasos silenciosos, para después sin más dilación ir a por el con el hacha en el frente, agarrada por ambas manos. Había aprendido la lección la última vez, y en esta ocasión no se dejaría embestir por sus colmillos sobresalientes. ¡¡Demostraría a aquella bestia quién tenía los mejores músculos de la región!!

Esquivando su morro lo justo y necesario, abriendo las piernas de par en par, arremetió el hacha contra la cabeza del animal, en un golpe fuerte y directo, poniendo toda su fuerza y casi peso en él. El jabalí aún dio la lata gritando y moviéndose de un lado al otro, arañando con sus cuernos y pezuñas las rodillas cubiertas por los protectores de ella. - Grrrrrrrrr.... -Empujó hacia abajo el bronce de su hacha, casi a presión, intentando que atravesara más allá del hueso del cráneo. Sin rendirse y aguantando todo lo posible, y tal como si fuera una especie de lucha libre entre dos hombres, por fin la mujer había salido victoriosa dejando al animal en el piso.

Hacía un rato que no lo notaba por la excitación del momento, pero estaba lloviendo. De hecho comenzaba a oir tormenta ese día. Ya irremediablemente calada hasta los huesos, decidió partir a un refugio con aquella caza a sus hombros. Alejándose del lugar, ignorando la pequeña existencia de aquella flecha que podría haberle dado pistas de quién había sido el cazador que había rondado por ahí hasta hace poco.

En su mente y estómago sólo estaba deseando probarle bocado. Pero tenía que resguardarse de la tormenta para hacer el fuego si quería cocinarlo. Casi se empezaba a sentir afortunada cuando vio una luz a lo lejos, dentro de lo que parecía ser una cueva algo grande. ¿Quién andaría allí? Sólo se le ocurría una persona con la que había hablado sobre las cuevas, así que se acercó corriendo al lugar.

- ¿Narug-...? -preguntó entusiasmada asomándose a la entrada con la respiración algo agitada, con una sonrisa en la cara. La cual se desvaneció al ver que no sólo estaba en lo incorrecto, si no que además allí estaba otra persona que conocía. Sólo que no era tan grata como la primera. - ... Oh.

- ¿¡Otra vez tú!? -exclamó. Reconocería ese pelo y esa cara en cualquier lugar, pues se había fijado fuertemente en él cuando lo conoció. Era el hombre callado y algo antipático de días antes, que quizás se alegraría de verle pero hoy no parecía ser ese caso. No estaba de humor para alguien que permanecería en silencio. Khigu soltó un leve gruñido de clara molestia e incomodidad.

A pesar de eso, se adentró en la cueva. Era lo suficientemente grande como para que los dos pudieran refugiarse bien allí. Cuando lo hizo, dejó caer el pesado jabalí al suelo, soltando un bufido, pues pesaba más de lo que había esperado, y más con la lluvia. Devolvió la mirada del nómada y ella ni se molestó en disimular cuando sus ojos bajaron su recorrido, analizando los músculos del torso descubierto del hombre. Y su brazo. Aún tenía aquella herida, al igual que ella la suya, que por suerte no había afectado a ningún músculo. Cuando terminó de hacerlo volvió a apartar la mirada, quitándose su chaleco mojado, quedándose su parte superior sólo en el top que apenas tapaba lo justo sus pechos, apreciándose mejor sus músculos tonificados.

Casi como competición para comparar, ella misma flexionó su brazo, en el cual tenía la cicatriz con una costra reciente, tan fresca que de hecho a veces seguía sangrando. Tenía a pesar de todo, la suerte de que su piel era más tosca, y si le dolía algunos días podía tomarse aquellas pócimas que se había comprado. Las clérigas se lo habían recomendado.

- Ya sabía yo que tú no eras un hombre cualquiera. -comentó, recordando que cuando se habían peleado a medias, ella había notado algo de fuerza en él a pesar de ser un simple arquero.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Jue Mayo 25, 2017 2:46 pm

La pequeña hoguera que alumbraba el interior de la cueva no era especialmente grande, y tampoco era especialmente cálida. Pero, aunque eso no terminara de gustar al arquero, era todo lo que se podía haber permitido construir con un brazo tocado, además de que servía para secar su camisa, la cual descansaba al lado del fuego, y mantenía a posibles depredadores que buscaran refugio del aguacero lejos del suyo. Él había llegado antes, por lo que suya era la preferencia y el lujo de poseer un techo natural bajo el que esconderse. Aun así, en cuanto cerrara la herida procuraría alimentarla para hacerla crecer de tamaño y fuerza con ramas que el viento y animales habían arrastrado al interior, así como musgo que había encontrado en uno de los laterales, el cual estaba lo suficientemente seco como para arder sin peligro de llenar todo de humo. Aunque no utilizaría todo, dado que existía la posibilidad de que la tormenta se extendiera en el tiempo y tuviera que dormir en la cueva, en cuyo caso prefería utilizar la parte blanda del suelo a la dura tierra de la caverna.

Pero, antes de llevar a cabo cualquier cosa relacionada con avivar el fuego, debía cerrar de nuevo la herida de su hombro, y para ello necesitaba encontrar la maldita aguja de hueso y el hilo de tripa, los cuales estaban perdidos en los recovecos de su morral. El mal humor del nómada crecía por segundos, al ser incapaz de encontrar lo que necesitaba en ese momento… Y el sonido de una mujer hablando en la entrada de la cueva solo empeoró la situación. “Conozco esa voz.” Salkhi ya había escuchado aquel timbre y tono, pero no de forma tan alegre y optimista, sino más bien con agresividad y rencor. Por ello, cuando giró la cabeza no fue sorpresa ver la piel oscura de la mujer junto a la que había peleado días atrás contra emergidos. “De todos los nómadas de Sacae tenía que ser ella...” Un suspiro de resignación y fastidio fue toda la respuesta que el cazador dio a las palabras ofendidas de la peliblanca, su curiosa e indiscreta mirada por su cuerpo y el desafiante gesto que fue enseñar su propia herida, ya cerrada, devolviendo su atención inmediatamente a la búsqueda de los instrumentos quirúrgicos que iba a necesitar para arreglar su dolorida y abierta carne.

Por suerte, no necesito demasiado tiempo para encontrarlos tras la llegada de la mujer, por lo que no iba a necesitar una excusa para no hablar con ella y generar un hostil silencio en tan reducido espacio, cosa que no le importaba pero que no le apetecía crear, sobretodo porque ya había un malestar en el ambiente creado por parte de ambos, dado que a ninguno de los cazadores le apetecía pasar quien sabe cuánto tiempo en compañía del otro. Sin embargo, fue al girar la mirada hacia la hoguera para desinfectar la aguja que el enfado de Salkhi se agravó aún más, cuando los ojos del nómada solitario detectaron la presa que la peliblanca había traído consigo. Aquel jabalí que había en el suelo no era uno cualquiera: Aquel tamaño, el color del pelaje, uno de los colmillos con la punta ruta… No había ninguna duda. Ese puerco salvaje cuya cabeza pendía de una cuarta parte de conexión cárnica con el cuerpo era el mismo que el rubio había intentado cazar sin éxito. Ante tal revelación, las pupilas del arquero se clavaron de forma instintiva en las de la guerrera con un claro mensaje que no necesitaba palabras para ser traducido: “Deja de robarme las presas y los refugios falsa cazadora”.

Bajando la cabeza, y suspirando con lentitud, el cazador se enfocó en lo que realmente merecía su atención: La cura de su herida. Con un gesto suave, colocó el hueso a cierta distancia del fuego, lo suficiente como para que se calentara y limpiara pero no tanto como para que se resquebrajara por el aumento de temperatura, dejándolo así durante unos segundos para luego acercarlo a su cuerpo de nuevo, enhebrando la aguja en un primer suave y experto primer movimiento, haciendo tras esto un nudo con el extremo del hilo que acababa de pasar por el diminuto agujero, asegurándose así que la sutura tuviera un comienzo y final claro. Con todo ya preparado, y toda su atención puesta en la dolorosa tarea que tenía por delante, Salkhi aproximó ambos lados de su abierta herida con una mano, torciendo en un labio en un acto reflejo, para luego clavar la punta de la aguja en la carne y atravesar la misma por ambos lados, comenzando así un proceso que no debería tomarle demasiado tiempo… Siempre y cuando a la peliblanca no le diera por molestarle, algo que parecía que le gustaba hacer con su mera existencia.


Última edición por Salkhi el Dom Jul 23, 2017 6:39 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Dom Jun 18, 2017 10:54 pm

El nómada obviamente no respondió con palabras, sólo suspirando pesadamente ante la simple estancia de la peliblanca allí. - Bah, aburrido. -murmuró ella, mientras éste siguió buscando entre sus cosas. Parecía que estaba ocupado de nuevo tratándose la herida... ¡Pero qué cuidadoso era!

Ella no le prestó más atención, si iba a quedarse callado como la última vez, ella no tenía el humor suficiente todavía como para molestarse en interactuar más con él. Se escurrió su pelo y después su chaleco, el cual dejó junto a sus cubrebrazos, al lado de las prendas del hombre para que se secaran un poco.
Ahora su tarea propia sería empezar a despellejar al animal para por fin comérselo... ¡Qué hambre traía! Pero antes de disponerse a nada, notó la mirada llena de odio por parte del rubio. Ella se la devolvió de una forma impasible. Había mirado a su caza, ¿no sería...?

- ... ¿Qué? ¡No me vengas a decir ahora que esta también es tu presa! Pues este jabalí estaba solito pululando por ahí. -o podría ser... ¿que él era el cazador que había dejado aquellas huellas? ¡Demasiadas coincidencias tenía con ese hombre! De todas formas, en esta ocasión estaba claro quién había logrado vencer y acabar con la bestia, o al menos para la mujer era obvio.

- En cualquier caso, tú no pudiste conseguirlo esta vez, admítelo ya. -aclaró, con un serio tono de voz.

Sabiendo que el contrario no contestaría de todas formas, volvió a lo que iba. De su pequeño morral que llevaba agarrado por detrás del cinto, sacó su cuchillo peletero, el cual más bien era un tocón afilado de madera, el cual ahora yacía completamente empapado. - Tsk...

El filo así serviría de poco en aquellas condiciones, así que probaría despellejarlo con sus propias y desnudas manos. Agarró el jabalí del pellejo y se lo acercó, posando medio cuerpo suyo sobre sus piernas cruzadas. Comenzó a tirar hacia los lados la piel desde donde le había pegado el hachazo, pensando que sería fácil empezar a quitársela desde ahí.

Pero el corte aunque profundo no era lo bastante bueno como para separar la piel de todo lo demás desde el principio. Así que, tras unos intentos fallidos, se puso a observar cómo el hombre se cosía su herida. Era una escena bastante curiosa, supuso que a él se le daban bien estas cosas, ya que la última vez que lo vió trataba de hacer lo mismo. ¿Dónde habría aprendido a hacer eso? ¿A qué tribu pertenecería? ¿Quién era él? Las preguntas no cesaban en su mente curiosa, mientras de fondo escuchaba la tormenta de afuera.

Por la cara del chico, parecía que le estaba costando un poco y que le dolía. Pero ese no era su problema. ¡Además, ella tenía que seguir despellejando a la bestia para comer! No debía perder el tiempo con un tipo antisocial. Entonces, ahí pensó que quizás sería buena idea ayudarse de su propia hacha, ya que al menos eso cortaría mejor que un cuchillo de madera mojada o que sus propios dedos. Era bastante trabajoso por el tamaño del arma, no era tan grande pero definitivamente no era algo manejable para una tarea así. Pudo conseguir pelar una pequeña parte, no muy bien, pero que aún así se le complicaba. A cada intento que hacía, Khigu no paraba de gruñir por lo bajo, como si fuera un canino de mal humor.

Que lo tenía, además que el silencio no aportaba nada bueno.

No pudo hacer más sino volver la mirada hacia el semidesnudo hombre. A pesar de la mala leche, era una vista agradable y distrayente, no lo podía evitar. Suspiró ruidosamente, con resignación.

- Ni eres capaz de terminar con un triste jabalí... ¡no vas a ser capaz de terminar de coserte y curarte esa herida solo! -comentó, con un tono sarcástico- Tal vez yo no sepa hacer eso que tú haces, ¡pero seguro que sí puedo ayudarte y enseñarte a no dejar las cosas a medias! ¡JA! -exclamó, siendo su manera de ofrecerle ayuda, ya que en el fondo quería echarle una mano agarrándole la herida o lo que sea.

Él la había ayudado la última vez, no podía dejarlo así como así, a pesar de que era cierto que pensaba que tenía que aprender a valerse por sí mismo.
De todas formas, no insistió más y volvió a ponerse con lo que estaba haciendo, ya que sabía la respuesta negativa que le iba a dar el extraño, si es que le daba una respuesta siquiera.
Trató de combinar el filo de su hacha con su mano, y con el puño tiró lo más bruto posible hacia afuera, logrando arrancar una parte de la piel. Pero definitivamente no era lo ideal, necesitaría un cuchillo nuevo...
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Dom Jul 23, 2017 7:49 pm

Si algo bueno tenía el dolor que su cuerpo sentía a causa de la constante penetración del hueso e hilo en su carne, es que la propia atención del arquero se desviaba involuntariamente hacia ello, lo que implicaba no tener que  gastar tiempo en mirar a la falsa cazadora de pelo blanco y escuchar sus palabras malsonantes y agresivas. Bastante tenía no solo con tener que compartir refugio, sino también con el que ella tuviera en sus brutas manos la presa que él mismo había intentado cazar sin éxito alguno. Y ella se había regodeado en ello, había buscado con una simple frase que reconociera su error en la caza, que ella había triunfado donde el arquero había encontrado la derrota. Eso implicaría tener que reconocerla como una cazadora de verdad, y Salkhi preferiría atravesar las puertas del infierno por propia voluntad a dar su brazo a torcer en la designación de aquella mujer.

Entre punzada y punzada, sin embargo, no pudo evitar dirigir alguna que otra mirada por el rabillo de su ojo a la joven peliblanca, recordando los sucesos del día anterior con total claridad. Mas no era la discusión por la pertenencia del oso ni la pelea que hubo entre ambos lo que llenaba su mente, sino un solo momento de la pelea contra el grupo de emergidos que les asaltó en aquel claro. Era el momento en el que su sangre, fría como el agua de las montañas de Bern, se convirtió en un abrasador torrente, llevándole a tomar la iniciativa y lanzarse en un peligroso movimiento sobre uno de los seres de ojos rojos, clavando una flecha de bronce en una de estas brillantes pupilas, y viendo de primera mano cómo la ardiente luz se escapaba de ella. “Lo normal habría sido retroceder más o echarse a un lado, no hacia delante… ¿Por qué siento que ella tiene algo que ver con eso?” ¿Acaso fue su presencia? ¿El que mostrara desatados niveles de violencia ante él hizo que se contagiara de su descuidada y peligrosa forma de pelear? Aquella pregunta le molestaba de sobremanera, porque para encontrar una respuesta debía conocer más a aquella mujer… Y ver como intentaba despellejar al jabalí con hacha y manos provocaba en el nómada un sentimiento de rechazo natural hacia ella.

Con un leve gesto de dolor, Salkhi volvió a poner su atención en la tarea que tenía entre manos, o más concretamente, en una de sus manos, pues la otra se aseguraba de mantener la carne lo suficientemente cerca como para que el hueso pasara de un lado a otro sin dificultad alguna. Y aunque la operación iba bien a pesar del dolor, sus oídos comenzaron a captar otra clase de molestia que era tanto física como mental: Nuevas palabras rudas de la peliblanca, quien ahora se las daba de experta en la materia y trataba de menos al rubio, acusándole de ser incapaz de terminar una tarea por sí mismo o pasar siquiera del medio punto, ofreciéndose para ayudarle con un tono burlón impregnado en la voz. El nómada no quería darla respuesta alguna, no merecía el placer de ver una respuesta a sus bravuconadas, pero no pudo evitar que un gesto desagrado y un bufido de rabia escaparan de forma fugaz de su control. ¿Por qué aquella mujer era capaz de provocar en él reacciones como aquella? ¿A causa de qué su cercanía llevaba a que sus propias acciones escaparan de su control, de una forma u otra?

Tras dejar de lado aquel pensamiento, y devolver su atención a la herida, solo necesitó un par de punzadas de dolor extra para terminar de dejar la herida cerrada, sin que hubiera huecos entre la carne apretada a base de hilo de tripa. Así, solamente necesitaba anudar el punto donde se encontraría el final de hilo y cortarlo, dejando todo resuelto y listo para su recuperación. ¿Qué debería haber cortado el hilo lo primer de todo? Sí, pero la presencia de la mujer le había molestado tanto que había roto el orden natural de las cosas, por lo que por su culpa debía pasar por un poco más de dolor antes de dar todo por finalizado.

Tras encargarse, antes de nada, de dar un cierre claro a la sutura a base de anudar el hilo en el punto correcto de tensión, lo que implicó un par de resoplidos de dolor al notar la herida rozar y los agujeros que el hueso había dejado moverse, Salkhi estiró la mano de su brazo bueno hacia su bota derecha, sacando de la misma el cuchillo de desollar que siempre llevaba escondido pero a mano, por si la situación requería de su uso por cualquier razón desconocida. El tirón que sintió al estirar el hilo de tripa una vez más fue seguido de una gran sensación de molestia en su carne cuando la tensión fue rota al ser cortado el mismo de una vez por todas, quedando así libre el rubio cazador de tan dolorosa pero importante tarea. Un par de movimientos leves de su extremidad dañada bastaron para hacerle confirmar que, aunque la herida estaba mejor que hace unas horas, necesitaría algunos días antes de alcanzar el punto en el que la toma de una pócima la curara del todo, aunque era muy probable que una cicatriz quedara de forma permanente allí donde la flecha se había clavado en su carne.

“Un momento…” Puede que fuera a causa de la sangre que había perdido desde que la herida se había abierto hasta aquel momento, contando la sutura y el tener que perforar su propia carne, pero el cazador necesitó unos segundos para percatarse de que aquello que tenía en su mano era, precisamente, lo que la peliblanca más necesitaba en ese preciso instante. En el momento de tal realización, el labio de Salkhi se mantuvo tenso y serio, pero sus ojos chispearon llenos de ironía y poder, a sabiendas de que ahora era su turno de devolver las puyas e insultos a aquella falsa cazadora a su propia manera. Por ello, en vez de decir nada o jugar con su cuchillo para hacer visible que tenía aquel instrumento en sus manos, el nómada lo clavó en el suelo, al lado de su pierna derecha, y pasó a centrarse en alimentar la hoguera para que aumentara su tamaño e intensidad, preparándola para cuando pusiera a cocinar los conejos que había atrapado anteriormente en el día. En ningún momento clavó sus ojos en la peliblanca ni se preocupó en lo que estaba haciendo, porque sabía de sobra que aquel animal de dos patas se percataría solo de lo que él poseía, y querría tomarlo para aquella ocasión.

Pero no sería tan fácil. Si ella quería usarlo debía pedirlo. Debería humillarse y tragarse sus palabras antes de que Salkhi se lo prestara para que dejara de darse vergüenza a sí misma. Debía tragarse su ego y rabia si quería sacar algo de provecho y no arruinar al animal aún más... Pero, mientras alimentaba el fuego con una rama más grande que las ya entregadas, Salkhi no pudo evitar pensarlo de nuevo. ¿Por qué actuaba así ante ella? ¿Por qué sentía un rechazo natural hacia aquella mujer, hasta el punto que le hacía parecer otra persona en algunas ocasiones?
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Mar Ago 22, 2017 11:15 pm

Le había rechazado, con su silencio, con su mirada de desprecio y su bufido. Pero no era nada que no se esperase. Seguro era porque la discriminaba por su aspecto, al fin y al cabo. Más que relacionarlo con la actitud del hombre, ella creía que era porque a él le daría asco ser atendido por una persona maldita como ella. ¡Claro, eso tenía sentido! Por eso no se acercaba, por eso no le hablaba, por eso la hacía ver como que no era nadie, tal y como la ignoraban muchos de su propia tribu, al ver que tenían que compartir los mismos espacios que ella. Sabía reconocer esa reacción en la gente cada vez que se acercaba a alguien nuevo. Aún así, nunca dejaba que esos pensamientos la detuvieran en su propósito, no merecían la pena.

O eso quería creer, ya que en ese momento seguían habiendo cosas que no lograba relacionar, que no entendía.

En el silencio, por supuesto provocado por él, de aquella cueva sin oírse nada más que la agitada tormenta de afuera, pudo escuchar la respiración entrecortada del hombre. Podía sentir el dolor siendo aguantado, como si aquel nudo que estuviera realizando, era una imagen de la que tendría en la garganta. Khigu había parado de intentar seguir desollando lo que tenía entre sus manos para fijarse en la tensión de los músculos del joven en el momento clave, en el sudor que se formaba desde sus poros y que junto a las gotas que aún caían de su rubio y empapado cabello, recorrían su espalda. Estaba tan atenta como él concentrado en terminar de cerrar su herida, como si buscara aprender aquello que él hacía. Pero en cuanto volvió a moverse, Khigu rápidamente giró la cabeza, volviendo a mirar la gruesa piel de ese jabalí.

¿Pero por qué demonios le costaba tanto? ¿Sería por lo mojado que estaba el animal? Ella lo había cargado hasta ahí cuando ya había empezado a llover. No por nada aún seguía con su pelo mojado, usualmente encrespado pero que ahora lucía ligeramente aplastado.

Fue entonces que notó aquel cuchillo y lo miró de reojo, a él y a su dichoso cuchillo. Claro que uno de esos le serviría para su tarea, pero él no había dicho palabra aún, ¿qué diantres quería decir con ese gesto? Porque, no era como si se lo estuviese ofreciendo... ¿verdad?

Eso era. Le intrigaba saber qué era lo que había en aquella cabeza de paja, ¿qué era lo que pensaba? ¿Por qué era tan... así? Y a pesar de que normalmente hubiera perdido la paciencia, como solía con personas silenciosas, ¿por qué sucedía que con él le daba curiosidad? ¿Acaso era por cómo le había sorprendido aquel día? Más de una vez incluso. Había visto que tenía agallas, realmente admiraba eso en cualquier persona digna; y además de eso... había visto cómo no se había largado cuando ella se había desmayado momentáneamente. No... No sabía nada de él, pero se le hacía interesante, de alguna forma. Y ella quería descubrirlo a su manera, era una persona que amaba aprender cosas nuevas, sobretodo si eran culturas nuevas.

Aún así, empezó a jalar de la piel con sus propios dientes, como si de un animal se tratase, y no aceptó el cuchillo por dos razones. Una por cabezonería, y otra porque él mismo había rechazado anteriormente su ayuda. Así que ella haría lo mismo... Tal vez así podría entender cómo era que funcionaba su cabecita.
Quería entender también cómo era que siempre se lo encontraba cuando había tenido un mal día.

Un momento, ¿no sería que... ese tipo era de alguna tribu hostil y la estaba espiando? Eso... eso explicaría muchas cosas. De un momento a otro soltó el jabalí y llevó uno de sus brazos hacia su arma.

- ... ¿Quién eres? -preguntó sin miedo, acercándose y poniéndole el filo de su hacha al cuello, sin rozarle. De repente su mirada ya no era una burla como hacía unos momentos, si no una amenaza. ¿Qué era lo que pretendía?
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Vie Sep 15, 2017 7:46 pm

Salkhi nunca se había considerado una mala persona. No era por su idea de superioridad moral con respecto a aquellas personas que vivían atrapadas bajo el yugo de lo que otros dijeran sobre ellas, sino por el hecho de que no era alguien que cometiera mal a un hombre a no ser que tuviera una justificación, ni era alguien que sintiera lástima por alguien que mereciera la caída sufrida. El nómada podría mirar a los ojos a un noble caído en la ruina y no sentir la necesidad de darle algo de dinero para empezar de nuevo, y podría dar la espalda a un avaro mercader que hubiera puesto en juego su propia vida en una arriesgada travesía por un puñado de monedas y hubiera perdido la apuesta… Pero, al mismo tiempo, sí que actuaría en caso de que viera a un bandido asaltando a una doncella o ayudaría al hombre que levantaba un granero con sus propias manos para dar refugio a su familia y rebaño. Y en todos los casos nunca esperaba a recibir una respuesta para darse la vuelta tras haberse decidido a que hacer, pues no le importaba lo que otros fueran a decir o pensar sobre él. Aquello era lo que le daba una moral justa a su propia vista, y por ello mismo estaba lejos de considerarse un mal hombre.

Pero si había algo que no podía negar, era que encontraba placer en llevar hasta el extremo a aquellas personas que no soportaba.

En el pasado lo había hecho con guardianes de caravana, vendedores de especias y nobleza de bajo rango, y en cada situación había encontrado una reacción diferente a sus provocaciones. ¿Qué por qué lo hacía? Porque el nómada sabía bien que solo cuando la ira nublaba sus sentidos, las personas atadas por la sociedad y sus normas dejaban ver sus auténticos colores, y entonces podía comprobar hasta qué punto las opiniones ajenas les controlaban. ¿Mostrarían ser nada más que animales sedientos de sangre a pesar de sus lujosos ropajes? ¿Recurrirían al lenguaje usado en callejones oscuros a pesar de endulzar sus lenguas con las mejores bebidas? ¿O se mantendrían igual y le demostrarían que no era la mano del mundo, sino la suya propia la que marcaba que dirección tomaba? Con esos ejemplos y más se había encontrado el arquero, y en pocas ocasiones se había sorprendido para bien.

Y en aquella cueva, con la lluvia sonando más allá de las rocas y las llamas rompiendo la madera en su interior, la mirada de Salkhi se dirigía fugaz a la mujer de pelo blanco de cuando en cuando. El cazador buscaba en aquella extraña una tensión en su cuello, palidez en sus nudillos o ver sus dientes apretados, una señal de que el carácter agresivo que había mostrado era como era en realidad, y no una personalidad inventada para engañar a quienes la conocieran y para hacerse respetar entre su propia tribu. ¿A cuál pertenecía? Eso no importaba al joven de pelo pajizo, pues para él solo la persona era importante, no el grupo al que pertenecía… A no ser que fueran nobles, pues raramente alguno se salvaba de ser como los demás.

La mirada del nómada perdió su brillo cuando vio como la peliblanca llevó el jabalí a su boca y empezó a morder la piel, tratando de arrancar la misma a mordiscos. Un suspiro cansado lo siguió, y sus ojos dejaron de mirar tan bochornosa imagen para centrarse del todo en alimentar la hoguera, dejando el joven que sus pensamientos se perdieran el fuego durante un tiempo, marchándose su mente así a los verdes prados de Sacae que bajo la lluvia y la oscuridad se encontraban en aquel momento, al lugar donde se sentía libre en todo momento y sabía que nada ni nadie le ataba para hacer lo que quisiera y buscar la vida que el mismo deseara llevar…

Estos pensamientos se rompieron cuando escuchó el peso muerto del jabalí caer al suelo, y captó con la mirada el brillo del bronce al reflejar las llamas. Esta realización, sin embargo, no llegó con el tiempo suficiente como para poder hacer ningún gesto de defensa propia, por lo que Salkhi se encontró con el filo del hacha de la peliblanca a poca distancia de su cuello, sin ninguna prenda defensa de cintura para arriba, con su arco, flechas y cuchillo ritual demasiado lejos y con el de desollar a la distancia suficiente como para agarrarlo, y con ello sufrir un corte bajo la garganta que conllevaría una muerte lenta y dolorosa.

A pesar de esto, los ojos del cazador no temblaban ni mostraban temor, pues en cierta forma acababa de descubrir que aquella mujer era realmente como la había visto en el claro: una descerebrada que recurría a la violencia como solución favorita y única.

-¿Importa?- Con sus pupilas clavadas en las ajenas, el nómada no pestañeó al responder con una sola palabra a la falsa cazadora, y no se molestó en continuar con el contacto visual ni en gastar más saliva cuando el último sonido salió de entre sus labios. Ignorando así lo que ella deseara hacer, pero sin bajar la guardia por si las moscas, el rubio llevó sus manos no a sus armas sino a la leña cercana, alimentando el fuego con un par de ramas más antes de darse por satisfecho con la ferocidad de las llamas, pasando así a tomar uno de los conejos que había capturado durante el día, agarrando entonces el cuchillo clavado junto a él de una vez y usándolo para abrir en canal al pequeño animal, comenzando el proceso previo a la consumición basado principalmente en destripar y retirar piel. Tenía para rato con la de ejemplares que había atrapado, pero así podría mantenerse ocupado y no daría más atención a la peliblanca, pues ya la había dado toda la que necesitaba en aquella vida y las siguientes que ambos tuvieran.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Dom Oct 08, 2017 1:23 pm

Abrió los ojos al oírle responder. Ciertamente aunque le estuviera amenazando con el hacha al preguntarle, no se esperaba que el silencioso hombre hablara de todas formas. Aún así, no fue la respuesta que ella quería escuchar. Pero antes de reaccionar de cualquier otro modo, se lo pensó primero por una vez en su vida. Si el rubio contestaba así era porque tenía algo que ocultar, normalmente. Y esa clase de problemas ajenos no era ni de su incumbencia ni de su interés.

- Nop. -negó con la cabeza- No importa, olvídalo. -más importante que eso, no había temblado en absoluto. O el nómada era muy tonto o confiaba demasiado en sí mismo. Algo que hacía rabiar a la albina, mas le gustaba a la vez. Le encantaban los retos y la gente valiente como ella. Definitivamente, por su reacción no parecía ser ninguna clase de espía, simplemente alguien parecido. - Peeero... entonces te llamaré como me de la gana. -sacó la lengua momentáneamente, divertida, ocurriéndosele el nombre perfecto para él- Vao'lu.
( "Cabeza de paja" )

Antes de bajar su arma, la giró y usó el extremo de la madera para elevar la mandíbula del hombre y acercarse a él. - Mírame. -ordenó molesta, por cómo se había puesto a ignorarla de nuevo.

Ya se había fijado en su rostro la última vez. Sus ojos eran verdes, como el pasto de las planicies. Aquel color era uno que ella consideraba precioso, pues era como la naturaleza, eso le gustaba. Su mejor amiga también los tenía así, haciendo juego con su propio cabello. Incluso el pirata...

La mujer de piel morena se detuvo, había tensado el agarre de su arma por un segundo, hasta que la bajó. Así como su mirada también se desvió hacia abajo, encontrándose de nuevo con el desnudo pectoral del nómada. Pero esta vez había sido sólo para no mirarle directamente, y fue su subconsciente el que provocó que sus mejillas se coloraran levemente. Al darse cuenta de esto, se apartó bruscamente, deteniendo aquellos pensamientos, y volvió a su sitio con el ceño fruncido.

Bufó. Estúpido hombre que le hacía llenar su cabeza de tonterías o deseos que veía prácticamente imposibles de que ocurriesen. ¡Sólo había que ver cómo era! Ciertamente destacaba como pocos, y por eso se le hacía interesante. Pero el considerar la idea de tan sólo poder formar una amistad con alguien así se le presentaba como una incoherencia, algo que nunca pasaría. Esa clase de persona jamás tendría el interés por ser su amigo.

Enfurruñada, volvió a agarrar el jabalí. Esta vez, viendo que la tarea de despellejarlo quedaba lejos de salir bien, simplemente se dedicó a quitar lo que cuadraba. No podría aprovechar la piel, pero poco se podía hacer si ya estaba medio rota por una zona, de tantos intentos. En aquel momento el hambre le ganaba, así que comenzó por rebanar una de las patas con su hacha, para después quitar lo que no servía pegando tajadas cortas.

Malhumorada por ver al otro retirar la piel de sus conejos perfectamente, esperó a que él terminara de prepararlos antes de ella asar la pata por su lado.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Vie Oct 13, 2017 8:55 pm

El gesto de la peliblanca mostró sorpresa durante unos segundos, aproximadamente durante el mismo tiempo que Salkhi aguantó su mirada sin pestañear ni mostrar duda alguna, escuchando una negación en el preciso instante en el que sus ojos dejaron de prestar atención a las pupilas de aquel intento de cazadora y se centraban en lanzar leña a la hoguera, la cual se mantenía estable y segura, ofreciendo un reconfortante calor que llenaba el interior de la cueva y la daba un ambiente reconfortante, tranquilo e incluso hogareño… Curiosa esencia cuando uno veía en su interior como dos nómadas con poca ropa encima se encontraban separados solo por la distancia de un hacha de bronce. Si por cualquier razón alguien entrara en aquella cueva de Sacae en busca de un refugio contra la intensa lluvia, era probable que prefiriera enfrentarse al chaparrón a compartir espacio con los nacidos en la gran llanura.

Mientras llevaba sus manos hacia los conejos, el cazador pudo escuchar como la irritante voz de la peliblanca tomaba un tono de burla casi infantil, algo que le hizo suspirar entre dientes al escuchar el apodo que había decidido darle: Vao´lu. No tenía ni idea de que significaba, y tampoco era capaz de reconocer a que tribu de las muchas repartidas por Sacae pertenecía aquella lengua. Pero de lo que sí podía estar seguro, solo por escuchar la entonación con la que la peliblanca había pronunciado el nombre, era de que se trataba de otra burla más hacia él, una más que se sumaba al montón  que había comenzado a formarse desde que había osado robarle el oso en el descampado, desde que la había visto por primera vez, con su oscura piel empapada en la carmesí sangre del animal…

Los recuerdos de aquel encuentro se terminaron súbitamente cuando el arquero sintió bajo su barbilla madera empujando su cráneo hacia arriba, apartándole del conejo que tenía entre manos a punto de ser despellejado. Sin más remedio que obedecer a aquel gesto de la peliblanca, Salkhi alzó su rostro y volvió a fijarse en el de la extraña mujer que tanto le molestaba hasta cuando respiraba. Por primera vez se fijó con atención en sus facciones: En la curva de su mandíbula que terminaba en una puntiaguda barbilla, en su pequeña pero afilada nariz, en sus redondeadas orejas y en sus ojos carmesí, reflejos de un espíritu guerrero y luchador. Estos mismos ojos se movieron lentamente hacia abajo a la par que bajaba el mango de madera del hacha, mirando el desnudo torso del cazador durante el tiempo suficiente como para que las mejillas de la mujer se sonrosaran levemente, siendo seguido esto por un repentino giro por su parte. El rubio, por su parte, suspiró de nuevo ante la cabezonería de aquella mujer, negando levemente con la cabeza a la par que regresaba su atención a los conejos. ¿Cómo podía considerarse una cazadora si no podía mantener su mente tranquila y enfocada en todo momento? Él también se había fijado de reojo en su cuerpo en un par de fugaces movimientos, incluyendo cuando se giró de forma brusca y cuando se sentó junto a su intento de jabalí desollado, y aunque la peliblanca tuviera un cuerpo que provocaría suspiros  entre mujeres y hombres por igual, él no tenía problema en verlo y no sentir nada al fijarse en ello. Tal vez fuera porque los deseos de la carne nunca le habían llamado la atención en exceso, o tal vez fuera porque, simplemente, la ladrona de presas le caía terriblemente mal.

Dejando los pensamientos sobre el físico ajeno de lado, al igual que sus reproches mentales a la guerrera, Salkhi comenzó al fin a despellejar a sus propias presas, tomándose su tiempo para arrancar la piel de los pequeños músculos y retirar los órganos internos con delicadeza, enterrando los segundos en un agujero a un par de palmos de él y dejando las primeras a cierta distancia del fuego para que se secaran. En cuanto a la carne, el nómada clavó los pequeños cuerpos en algunas ramas limpias, colocando estas a la distancia suficiente del fuego como para que cocinara la carne, pero no para que quemara la madera ni lo que planeaba ser comido

Y al fin, tras varios minutos, el cazador se encontró con los dedos llenos de sangre seca, el hombro doliente y, por encima de todo, silencio humano a su alrededor. Solamente escuchaba el dulce crujido de las llamas haciendo arder la leña y el relajante caer del agua en el exterior. Su mandíbula permanecía cerrada mientras echaba el cuerpo hacia atrás, apoyando la espalda en la fría pared de la cueva… Y lo mejor de todo era que la peliblanca no había hablado por un buen rato, dedicándose solo a tratar de sacar algo de carne de la pata del destrozado jabalí.

Otras personas habrían roto el silencio con alguna conversación, pero Salkhi se encontraba a gusto en él… Aunque su mente, sin saber muy bien por qué, volvió a la guerrera que se encontraba frente a él con poco dejado a la imaginación. ¿Quién era exactamente? ¿Cómo era que se había encontrado con ella dos veces en tan poco tiempo? ¿A causa de qué le irritaba tanto su presencia? Y por encima de todo, ¿por qué había actuado como lo había hecho en el claro cuando ella estaba allí? No era propio de él acercarse tanto a un emergido como para atravesarle el ojo con una flecha, y tampoco el que hubiera salvado a alguien que le caía mal… Simplemente, no entendía la relación que había entre los acontecimientos recientes y la nómada con la que compartía cueva.

Por ello mismo, sin darse cuenta siquiera, había posado su mirada en ella y la observaba con detenimiento, de la misma forma que vigilaba al alce que pastaba con tranquilidad por Sacae, o con la atención que ponía cuando buscaba las huellas de un ciervo entre los bosques de Lycia. Tal vez, y solo tal vez, hubiera algo más en ella que su carácter bruto e infantil, y tal vez en ese detalle oculto estuviera la clave de sus acciones recientes… O, por otro lado, puede que hubiera actuado como lo había hecho para dejar salir la rabia de tener cerca a alguien a quien no soportaba, y la había dejado vivir porque se la daba bien matar emergidos.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Sáb Oct 14, 2017 3:54 pm

Su tocón a un lado de la fogata, secándose, junto a sus prendas y accesorios. Tenía mucha hambre, el cansancio y el mal humor le hacían rugir las tripas. Mientras esperaba a que el hombre terminase de cocinar lo suyo, acabó de preparar sus piezas de carne; pues se negaba a volver estar cerca de él aún si compartían el mismo fuego.

Definitivamente, no importaba cómo se veía. Él era el claro ejemplo de que la gente no tenía que juzgar por la apariencia; por muy bonita cara... y cuerpo, que tuviera, tenía una personalidad igual de rechazable. Era un tipo irritable, antipático, aburrido, silencioso, algo tiquismiquis... más bien detallista, aunque paciente, valiente... interesante... No, no, no. Un segundo, volvamos atrás, eso no venía a cuento. Pero... tampoco entendía por qué se había quedado con ella aquel día. Eran dos extraños, al fin y al cabo; y se caían mal, podría haberla dejado a su suerte. - Hmpf... -De todas formas, ¡ella hubiera sobrevivido sin su compañía!

En lo que jugueteaba y escurría las puntas de su cabello, el silencio que había mantenido hasta entonces, decidió romperlo.

- ¡Me estoy cansaaaando de toooodo lo que dices! Cállate un rato~ -comentó con un exagerado sarcasmo en su tono de voz, para luego bostezar y estirar sus brazos- ... Desde luego, no aguanto tu silencio. Chico, cada vez hablas menos, ¿qué te pasó, de verdad? ¿Te mordió la lengua un gato? ¿un jabalí? ¿o quizás fueron esos conejitos? -preguntó con mofa.

Pero no fue hasta que decidió devolverle la mirada de reojo para ver su reacción, que notó sus ojos clavados en ella, mientras estaba apoyado en la pared.
¿Huh? Eso sí que era raro, ese contacto visual lo había empezado él...

Oh, claro. Ahora sí que lo entendió todo, ¿por qué iba a mirarla si no?

- ¿Sabes? Olvida mi pregunta de antes, ya no me interesa tu nombre. Eres igual que los demás. -le dijo, claramente molesta, y volvió a apartar la mirada.

- Igual que esos que me miran con desprecio... -murmuró sin quererlo, pero estaba apunto de explotar por culpa del silencio de la cueva, sintiendo como el sonido de la lluvia sólo servía para meterle presión.

- ¡Sí, eso es! ¡Odio las personas que me ignoran sólo por mi aspecto! Como tú, que lo estás juzgando ahora mismo. -tiró el trozo de muslo del jabalí al suelo, casi con rabia-  Porque eso es lo que estás haciendo, ¿verdad? -sin permitirle siquiera responder, se adelantó- No hace falta que contestes, ya lo sé. Sé que te incomoda mi presencia. -pausó- ¡¡PERO NO ME PIENSO LARGAR DE AQUÍ!!

Su grito había retumbado en cada recoveco de aquella cueva. Haciendo que ella misma las escuchara, abrió levemente los ojos. ¿Por qué ese nómada le causaba esto? ¿Por qué había dicho más de la cuenta? Ella era impulsiva y abierta con sus sentimientos, lo sabía, pero no solía dejar a la luz cuando apenas conocía a una persona. Ni siquiera tenía ganas de pegarle un puñetazo.

Gruñó molesta. - ... ¡Bah! No importa, estúpido. - Quería retomar el dichoso silencio, ahora que había convertido la situación en una más incómoda, y que más que eso le haría quedar como patética.

- Tu mala suerte fue encontrarte conmigo... -susurró hacia otro lado y se giró, quedando de espaldas a él y volvió a agarrar la carne que había lanzado contra el piso. La tomó por el hueso y la llevó a asar con una mano.

Al haberla acercado tanto al fuego, el calor fue rápido en derretir la grasa del jabalí, provocando así que una gota que cayó en la brasa hiciera soltar una pequeña chispa, que salpicó encima de la mano de la albina, quemándose un dedo.

- ¡Tch! -apartó la mano inmediatamente y la miró, por suerte, no había sido una zona muy grande, por lo que era leve. ¡Ese escozor no era nada para ella!
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Lun Oct 16, 2017 6:23 pm

La irritante voz de la peliblanca había conseguido dividirse en dos formatos diferentes que eran igualmente odiosas, aunque cada una a su manera. Por un lado, estaba la estúpida rabia y sed de dominación que su voz mostraba cuando hablaba de ser una auténtica cazadora, de ser superior al propio arquero o de tener el control de la situación. Por otro estaba el tono de burla infantil que había usado para ponerle un apodo estúpido… O, como estaba haciendo en ese momento, para mostrar su aburrimiento ante la falta de una conversación o entretenimiento. La mente de Salkhi calificaba a ambas formas de hablar semejantemente odiosas, situadas ligeramente por encima del sonido de su respiración y su mera presencia, pero tomando el liderazgo en lo que la hacía rechazar a aquella mujer.

Pero entonces… Entonces fue cuando la tormenta se desató en el interior de la cueva.

Los burlones ojos de la peliblanca descubrieron que Salkhi la vigilaba, que el arquero la observaba con detenimiento en pos de encontrar una respuesta a sus preguntas, y aquello provocó una reacción diferente en ella. Su voz no adoptó un tono agresivo, ni un tono burlón, sino un tono de molestia, de no recibir bien aquella mirada… Pero lo que llamó la atención del rubio no fue la forma en la que habló, sino lo que dijo: “Eres igual que los demás”. ¿A qué se refería con tal cosa? ¿Acaso su tribu consistía en gente  tranquila y dada a las pocas palabras, prefiriendo el regimiento a la expresión? No tuvo que esperar mucho el nómada para obtener una respuesta.

El sonido de la pata de jabalí botando cayendo en el suelo fue como el primer trueno de una tempestad, siendo así seguido por palabras llenas de rabia e ira. Palabras en las que juzgaba al rubio por su actitud, por cómo era ante ella, por cómo era como “otros” y la juzgaba por su aspecto, por cómo era. Su poderosa voz retumbaba aun cuando dejó de hablar, haciendo que pareciera que las paredes de la cueva vibraran por la potencia de las palabras dichas, pero tal sensación fue seguida no por nuevas declaraciones, sino por un gruñido y el sentarse de nuevo en el mismo lugar en el que se encontraba antes, solo que dando ahora la espalda a Salkhi.

Si hubiera retomado su posición original, si la falsa cazadora y ladrona de presas hubiera mirado hacia atrás, habría visto como la expresión del arquero cambiaba por primera vez, y pasaba de ser una de desagrado a una recogimiento y reflexión.
De todo lo que había dicho aquella mujer, de todas sus palabras, el solitario joven se había quedado con las que más le habían llamado la atención, y estas eran las que daban a entender que ella había sido juzgada por ser como era… Por ser diferente a todos los demás que había a su alrededor. La causa de tal desprecio era algo que el cazador no sabía, y tampoco era algo que le importara mucho en ese momento, pues lo que le interesaba en si era el cómo se había tomado ese desprecio y juicio por parte de otros. ¿Acaso era su propia tribu que la había rechazado, y ahora caminaba por Sacae en solitario al igual que él, aunque tuvieran razones muy diferentes para hacerlo? ¿O tal vez era al trato que recibía de la gente que no perteneciera a los clanes de la gran pradera, quienes siempre les trataban como si fueran bandidos y criminales? Fuera lo que fuera, aquello era algo que él quería saber, porque tal vez le llevara a ver a aquel intento de cazadora como a alguien a quien pudiera respetar aunque no la tragara

-…Dime.- Su primera palabra coincidió con el momento en el que una gota de grasa calló desde la pata del jabalí hasta la mano de la peliblanca, provocando en ella un gruñido de rabia. Puede que no le hubiera escuchado, pero no iba a callarse ahora. Debía saber todo lo que necesitaba sobre ella. -Los otros…- Salkhi se mordió el labio ligeramente por dentro, pues no sabía bien como formular aquella sencilla pregunta. Ese era el precio que tenía que pagar cuando tenía que comunicarse con alguien de forma clara y precisa, su falta de vocabulario y experiencia en conversaciones con gente que no fuera el mismo hablando en la soledad de Sacae para no perder el hábito. -¿Importa su opinión?- Aquella era la filosofía principal del nómada, y aquello era lo que necesitaba saber de la mujer. ¿Intentaba impresionarles a pesar del rechazo? ¿Trataba de ser como ellos cuando la despreciaban? Si era así jamás podría respetarla, pues sería exactamente igual que la gente de las ciudades y los nobles, estaría atada a las opiniones de otras personas y no sería ella misma para poder tener un hueco en su sociedad. -¿Ser como ellos?-

Si la peliblanca decidía girarse, si decidía escuchar a aquellas palabras y mirar a quien las había pronunciado, podría ver como el rostro de Salkhi no era empático ni frío… Puede que la línea de sus labios fuera recta, y en su faz uno pudiera ver seriedad. Pero si se fijaba en sus ojos, si miraba en ellos, sabría con seguridad que, por primera vez, no iba a ignorar sus palabras, sino que iba a escucharlas y estudiarlas con atención.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Miér Oct 18, 2017 8:20 am

Sentía como su pecho se inflaba y desinflaba al respirar. Estaba ofuscada. ¿Por qué tenía que haber soltado aquellas cosas innecesarias? Encima delante delante de alguien como él.
Compartir lugar de campamento con su tribu ya era la costumbre de su vida; vivir al lado de gente que la despreciaba, ignoraba, o que simplemente no le prestaba mucha atención, ella no era relevante. Pero por una vez, el tener al nómada aquél tan cerca en una cueva tan cerrada de pocos metros cuadrados, no lo aguantaba. ¿Sería porque primero se había sorprendido con él aquél día? ¿Porque en algún momento hubiera pensado en que el arquero fuera su compañero de pelea? ¿...o por otra cosa?
Sea como fuera, estaba claro que se había equivocado con él.

O no.

Aún con su dedo escociendo por la quemadura, se giró hacia él, mirándolo anonadada, incluso manteniendo la boca abierta.
Había hablado, más de dos palabras, más de una sentencia. Por primera vez.

Por supuesto ya había escuchado su voz, algunas pocas palabras suyas, sueltas, que en total se contaban con los dedos de una mano. Y se vio tentada a tomarle el pelo de nuevo, a soltarle algo sobre su habla, con sarcasmo.
Pero esta vez fue ella la que permaneció en silencio, pues no era sólo el hecho de que hubiera hablado.

Lo miró atenta, no se veía tan antipático como antes, tal vez era un efecto visual porque hubiera movido sus labios al pronunciar palabra; sin duda algo en su rostro había cambiado, pero no logró descifrar el qué, así que se dispuso a pensar en lo que le había preguntado más bien. Que no era fácil.

"¿Importa su opinión?" Era una pregunta complicada, y en cualquier caso la primera reacción de ella hubiera sido decir "no" por su orgullo. Pero no lo había hecho al quedarse sorprendida por varios motivos.
Realmente, tenía tanto que responderle, que decidió seguir manteniendo su silencio durante bastante rato; escuchando el crujir de las ramas en la fogata, la lluvia de fondo... sonidos que hacían eco en la cueva, y que sin embargo ahora no eran tan pesados como le había hecho sentir hacía unos momentos.
Le hizo pensar. Una de esas pocas veces en su vida.

¿Le importaba?

Una vez, sí. Sin embargo, otra cosa era cómo uno actuaba ante aquellas opiniones. Si hubiera hecho caso de aquellas opiniones, si se las hubiera tomado a pecho, nunca habría vivido tanto como lo había hecho. Así que la verdad era que de cierta forma sí importaba, al fin y al cabo era gracias a su condición que se había tenido que volver más fuerte.

Aunque más que ser como ellos, más que ser igual o impresionarles... sólo le gustaba ganarse el respeto, sí. No lo negaría, le ENCANTABA que la gente admitiera lo fuerte que era, por eso le gustaba buscar rivales a su nivel. Pero todo, todo lo logró con su esfuerzo, el que ella hizo por sí misma, para salir de sus propios problemas., nadie en la aldea dependía de otro.

Si bien el rechazo y las palabras de desprecio determinaban su condición de cómo la miraban los demás, no era eso lo que le haría cambiar. Era ella misma. Y aún hubiese nacido como los demás, sin la maldición, sin la discriminación... ella tendría que crecer por su cuenta, sobrevivir independientemente de los demás.
Sola, sin ayuda salió de aquel infierno para ella, para cambiarlo y dominar ella misma al propio infierno que le daría a los demás. Doblando o triplicando el esfuerzo que ponía.

Era cierto que al principio lo había hecho para hacerles ver a los demás que no debían subestimarla, pero ese no era el problema. Simplemente no soportaba que la gente discriminara por el aspecto o procedencia de alguien, y eso era algo suyo, propiamente.

Tras el silencio, lo miró de nuevo, había pensado en muchas cosas. Cosas como que tal vez el nómada... no era tan malo como creía. Si parecía interesado, tal vez no era como los demás... ¿Tal vez sólo necesitaban despejar malentendidos? Aunque para eso había que conversar; y eso no parecía algo a lo que él estuviera dispuesto.
Pero definitivamente, de todo lo que pensó, sólo se limitó a contestarle con una pregunta.

- Pféh. ¿Te importa a ti la mía?

Entonces, se giró completamente hacia él, para continuar hablando.

- Tú... No tienes ni idea. No la tendrías nunca. De cómo es vivir toda tu vida rodeada de personas que piensan lo mismo sobre ti, sea fuera.... o dentro de tu propia tribu. -pausó para cambiar su tono de voz a una no tan molesta.

- ¿Y qué si importan? Al fin y al cabo, lo queramos o no, ciertas cosas terminan afectando. Son esas cosas que nos ocurren durante el camino, las que nos hacen ser como somos. -le miró directamente a los ojos- ¿Acaso tú no eres así, señor de hielo? Apuesto que tú mismo tienes también razones para ser como eres.

Soltó un largo suspiro, pesadamente. Decidió contárselo. ¿Por qué no? Total, tampoco era como si pudieran hacer mucho más que eso en aquel momento. Era hablar o seguir cada uno con lo suyo. En otra ocasión podrían haber peleado, pero ella no sintió un ambiente favorable para ello ya.

- Tener que vivir en base a lo que se espera de ti... No, -negó con la cabeza- ni siquiera esperan nada. No soy como los demás quieren que sea, porque desde el principio no les importo, les doy asco. ¡Mírame! -se golpeó el pecho con la palma de la mano sana- No soy como ellos, pero tampoco soy como nada. ¡Nací con una maldición encima! Por eso tengo este... pelo, ¡estos ojos! -se señaló. No bastaba con hacer lo mismo que ellos, nunca la reconocerían como de los suyos. - Sé que tú también piensas que no es normal.

Silencio, respiró para calmarse y recuperar su tono de voz, el cual había estado apunto de romperse.

- Pero no te confundas. -Sonrió confiada, ya que para ella eso ya no era más ninguna debilidad- Así soy, y nadie me va a cambiar. Convertí todo lo malo en mi fuerza, ¡y eso es ahora lo que más me gusta!

A ellos no les importaba, así que... - No me importa, ¿lo que opinen gente más débil que yo? -rió- El respeto no se mide así. La fuerza es mi único lenguaje, y mi meta en la vida es seguir haciéndome fuerte, porque sé que ahí no hay ningún límite. Las palabras no pueden detenerme. ¡Quiero serlo para mí misma, es lo único que tengo! Y también para prot... -calló de pronto, estaba diciendo demasiado.

- Así que... no. Tampoco quiero ser como ellos. Tan sólo me gustaría que... -se mordió los labios- ... Simplemente me gustaría lo contrario que a ti, seguro. -Quería amistades. Todos eran amigos, o al menos, todos se llevaban aparentemente bien entre los de la tribu.

- Pero no te culpo. -añadió.

No era querer ser igual, era querer que cambiaran la forma de tratarla, igualitariamente. Recordó que hasta que no había conocido a Lyn, ella jamás había tenido un amigo.

Entonces cerró los ojos por un momento, sonriendo calmada, como si estuviera riendo por dentro. Claro...

Recordó incluso que hasta la pequeña le había llamado ancianita cuando se conocieron, por el cabello de la albina. Pero incluso a pesar de eso, ella no la trató de diferente forma, ella se convirtió en su mejor amiga. En la primera persona importante de su vida hasta ese momento. La persona por la que Khigu era capaz de...

En realidad, sí que le podría importar la opinión, no de los demás, si no de esa gente que ella apreciaba. Precisamente, porque la habían tratado como persona desde el principio, y sentía curiosidad por ellas, en ese sentido.
Sin embargo, la mujer seguiría siendo ella misma, y aunque le doliera... no cambiaría por esos pensamientos ajenos.

Abrió los ojos, mirando cómo se había formado una diminuta bolsa en su dedo. Ahora que había dicho todo aquello, ¿cómo había reaccionado él? ¿Habría mantenido su silencio? ¿Por qué había decidido soltarle eso? A nadie le gustaba que un extraño le contase ese tipo de cosas. Así que agarró su carne y la masticó como si nada, sin pudor ni alguna muestra de modales.

Sin darse cuenta, de que había parado de llover afuera.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Dom Nov 05, 2017 4:43 pm

Si no fuera por los sonidos que la madre naturaleza creaba y traía al mundo por su mano, como el susurrar del viento en el exterior, la lluvia cayendo con pesadez sobre la hierba de la gran pradera, o las ramas que crujían al romperse en dos por la fiereza del fuego que alimentaban, un tenso y constante silencio se habría apoderado por completo del interior de la cueva, del mundo entero. Salkhi no escuchaba su propia respiración, y tampoco la de la mujer frente a él. Sus oídos solo se centraban en escuchar lo que aún no había aparecido de entre sus labios, y sus ojos no se apartaban del congelado rostro que ella mostraba, donde una barbilla caída revelaba la sorpresa que había sido para la peliblanca oírle hablar. ¿Entendible tal reacción? Por supuesto, sobre todo porque no era la primera vez que el cazador la veía. Las pocas personas a las que había hablado por propia elección solían mostrar un rostro como aquel, seguido de sarcasmo o inmediata curiosidad para sacarle más palabras, ignorando por completo lo que les había sido preguntado.

Pero ella… Ella estaba pensando en que decir. Ella había escuchado las palabras del nómada solitario, y estaba reflexionando sobre cómo responderle, sobre cómo responder a la pregunta que habría creado el silencio que amenazaba con engullir la cueva por completo.

Pero el silencio se rompió al fin, aunque aquello que brotó de la voz de la mujer fue una respuesta que estuvo cerca de hacer perder toda esperanza que Salkhi había creado. Una pregunta evasiva, un intento de ignorar el tema de conversación… Por un momento, el arquero estuvo tentado en volver a centrarse en su cena, cercana ya al punto perfecto de consumo, ignorando la presencia de la peliblanca por lo que restaba de tormenta, abandonado el lugar a la primera ocasión que tuviera para dejarla atrás y no tener que volver a verla nunca con suerte.

Pero antes de que pudiera hacer nada de esto, ella habló de nuevo. Y con sus primeras palabras, con el giro de su cuerpo hacia él, comenzó un monólogo sobre ella misma. Un monologo en el que por primera vez no sintió irritación por su voz, ni reconoció el típico tono burlón o agresivo que ella usaba cuando se dirigía a él. Las palabras que ella decía poseían un tono neutro, un tono real, y sus ojos daban a entender que no estaba mintiendo. Estaba contando su realidad, el mundo que su mirada captaba y comprendía, el que su mente procesaba y al cual se adaptaba en todo momento. La joven de piel oscura estaba contestando al solitario nómada, y este no apartó la mirada ni un solo segundo mientras ella continuaba hablando.

Habló del pensamiento de otros hacia uno y de cómo esto afecta a quien es la persona a la que tales ideas son dirigidas. Habló de como uno debe vivir de acuerdo a las expectativas puestas en él, incluso cuando nada es esperado cuando se está, según dijo ella, maldito por tener ojos rojos y pelo claro. De cómo mantenerse firme cual roca en la corriente de un río y no cambiar, de respeto e inválidas opiniones de quien esté por debajo de uno mismo. De cómo no quería ser como ellos, pero a la vez… Buscaba lo contrario que Salkhi.

Tras su última frase, el silencio volvió a la cueva, más pesado que en la última ocasión pues, si alguno de los dos hubiera prestado atención, se habría dado cuenta de que la lluvia había desaparecido del exterior, y que Sacae ahora estaba envuelta solamente en un oscuro manto producido por las negras nubes que cubrían la bóveda celeste. Pero ninguno de los dos escuchaba ni prestaba atención a lo que sucedía en la tierra de Hanon, pues sus mentes estaban centradas en otros asuntos, en las palabras que acaban de decirse y que podían ser escuchadas si uno prestaba cierta atención, pues parecían haber sido adheridas a la roca del refugio en el que se encontraban como consecuencia de su magnitud e importancia.

Salkhi, por primera vez desde que ella había comenzado a hablar, cerró los ojos y apartó su mirada de su figura de piel oscura para clavarla en las danzantes llamas frente a él. Sus manos se dirigieron por si solas a las varas que sostenían la carne de conejo, dándolas la vuelta una por una para que el lado contrario pudiera cocinarse correctamente. Pero su mente no estaba en el fuego ni en la carne, sino en las palabras que la mujer frente a él había dicho, aquella que sonreía con sus ojos cerrados, probablemente recordando algo que su monólogo había traído a su mente tras años desaparecido del presente… Pero el que ocurría en la mente ajena no importaba al cazador, pues estaba demasiado ocupado tratando de organizar la suya, tratando de dar un claro sentido a todo lo que había escuchado, de entender lo suficiente a la peliblanca frente a él, a esa persona que tanto le irritaba pero que parecía ser mucho más de lo que aparentaba tras su fachada de irritabilidad y desfachatez.

Sus pensamientos danzaban al ritmo de las llamas, saltando de una frase a otra en busca de la imagen completa. Por lo que había entendido, ella había sido puesta bajo presión por cómo era, pero de una manera diferente a la suya, casi con toda seguridad la contraria. Ella había peleado por reconocimiento y para mostrar que era como el resto y mejor, mientras que él había dejado todo atrás para forjar un camino diferente al que todo el mundo señalaba como único y predestinado… Al pensar de esa manera, al contraponer de forma inintencionada lo que ella había dicho con quién era él mismo, sintió por un segundo una extraña conexión entre ambos. Sus ojos abandonaron el fuego y se fijaron una vez más en la joven de ojos rojos, y por un breve momento sintió que estaba observando a su contrario, a un reflejo opuesto de quien era él mismo, alguien que había nacido en el extremo contrario de su situación y había avanzado a base de romper todo lo que se había dicho y establecido sobre ella.

Por un solo segundo, Salkhi sintió que ella era igual que él.

Tal pensamiento desapareció con rapidez, y el cazador sacudió levemente su cráneo para apartar tan ridícula idea de su mente. ¿Cómo iba a ser la peliblanca semejante a él? Ella misma lo había dicho, su objetivo muy probablemente fuera el contrario al suyo, y eso ya les separaba de forma radical. La mujer de piel oscura era diferente, muy diferente. Pero eso no quería decir que hubiera visto y comprendido cosas que habían producido un leve cambio en como la veía. Había visto un atisbo de cómo era en realidad, había juntado unas pocas piezas de la gran estructura que era su personalidad, pero solo con ello ya sentía que, de cierta manera podía comenzar a entenderla.

Pero solo había comenzado a hacerlo. Aún le quedaba mucho por entender de ella.

-Miro… ¿Asco? No.- La mirada del arquero se posó de nuevo en la figura de la joven peliblanca, quien masticaba la carne de jabalí como si no la importara que hubiera estado en el arenoso suelo segundos atrás.  -Veo piel, ojos, pelo… Rostro, piernas, pecho, manos…- Las palabras salían fragmentadas, pero acompañadas por movimientos de su mano para hacer referencia a lo que se refería, a lo que estaba tratando de explicar. -Oscuro, claro, rojo, verde… Normal. Solo color es… diferente.- Salkhi estaba comenzando a irritarse, pues no solo estaba hablando mucho más de lo que estaba acostumbrado, sino que estaba tratando de expresar a través de palabras que no manejaba correctamente un concepto de suma importancia para él. -¿Importante? Dentro.- La mano del nómada pasó a señalarse a sí mismo, a golpearse el centro del pecho con el puño levemente cerrado. Pero el golpe fue sonoro, y enseguida notó el autor del mismo como un leve dolor comenzaba a extenderse entre sus pectorales. La frustración seguía creciendo, y seguía sin saber cómo explicarse.

Hasta que una vela se encendió en su mente, iluminando una forma tan sencilla que podría golpearse de nuevo por no haberla pensado antes.

-Tú, yo, todos… Árbol.- Mientras volvía a hablar, sintiendo como su lengua se secaba a causa de la inexperiencia de gastar tanta saliva, el rubio buscó con una de sus manos el utensilio que necesitaba  para ganarse la vida: Su arco. -¿Exterior? Corteza. Se ve, se toca… Inservible.- Su mano agarró finalmente la curvada madera, levantándola entonces para que ella pudiera verla desde el otro lado de la hoguera. -¿Importante? Dentro.- Sus nudillos se cerraron con fuerza en torno al gastado centro del arco, allí donde lo agarraba siempre que se preparaba para disparar. -Diferente árbol, diferente madera, diferente… Uso… Importancia.- El silencio calló sobre la cueva una vez más al no salir otra palabra de la boca de Salkhi, sino porque este no sabía cómo continuar. Un leve resoplido de rabia fue lo siguiente que salió de entre sus labios, mientras la mano que sujetaba su arma volvía a dejarla donde estaba anteriormente, con la delicadeza de la madre que deja a su retoño en la cuna.

Su mente seguía siendo un remolino de ideas y cosas que quería expresar, pero la rabia empañaba todo al no saber cómo decirlo, como mostrarla su visión del mundo, como entendía lo que ella le había explicado… Pero nada de ello encontraba una forma de salir, salvo una sola palabra que se escondía en el ojo de la tormenta. Una tan sencilla que no se había percatado de que también había ignorado lo relacionado con ella.

Por ello mismo, el nómada sin tribu llevó una de sus manos al centro de su desnudo torso de nuevo. Pero esta vez no se golpeó en la enrojecida zona, sino que depositó con suavidad la palma abierta entre ambos pectorales, mientras que sus ojos buscaban las rojas pupilas de la peliblanca. En ese momento no quería transmitirla nada sobre como pensaba, sobre como la veía… Solo quería hacerla ver que la había entendido, que en cierta forma había comprendido como era y porqué era así. Y pensó, en el centro del caos que su mente era, que solo había una palabra para que ella lo supiera.

-Salkhi.-


Última edición por Salkhi el Mar Nov 14, 2017 8:39 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Khigu el Lun Nov 13, 2017 10:09 pm

Masticaba, como intentando tragarse todo lo que acababa de soltar. ¿Por qué siempre decía de más con aquellos extraños? Entendía las otras veces, pero en esa ocasión... ninguno de los dos había tenido un buen día, se llevaban mal de antes. El silencio no se vio roto de nuevo, sin embargo.
¿¡Para qué preguntaba por ella si no iba a volver a hablar!?

Pero antes de molestarse, se fijó en él clavándose en sus ojos, y ella hizo lo mismo, como si hubiera un duelo de miradas. ¿Qué? ¿Le iba a decir algo? Entonces, lo vio negar con la cabeza. Y con este sencillo gesto fue que le llenó de curiosidad, ¿qué era lo que estaba pensando? El ver que alguien usualmente silencioso mostraba señales de mantener todo un debate en su interior era, cuanto menos... interesante. Además de que notó que había roto su aparentemente rostro inexpresivo, aunque no estaba segura desde cuando. Pero eso sin duda, ya le ayudaría más a entender qué se le pasaba por la cabeza al rubio, de aquí en adelante.

Y, como si le estuviera leyendo la mente, abrió la boca por fin. Ella se le quedó viendo con los ojos bien abiertos mientras seguía masticando, escuchándole. - ... -La estaba viendo como un... ¿Entendía mal o estaba diciéndole que era igual a él? Mas no lo interrumpió en ningún momento, no quería perderse ninguna de sus inusuales palabras.

Lo importante era lo de dentro.
Sí, eso lo sabía muy bien. Y aún así, por unos segundos Khigu hasta sintió admiración por él, al verle golpearse en el pecho. Desde luego no era un gesto que se esperase del hombre. Sus movimientos a la par que sus palabras se le hacían agradables, al contrario que hacía un rato antes, sonrió de lado, aún con su boca entreabierta.
El interior... Qué curioso, deseaba que él mostrase más el suyo. Efectivamente, era una sensación extraña.

"¿Árbol?", pensó ella, elevando divertida una ceja. Pero había algo... De alguna forma, su manera de hablar... era parecida a la de Naruga. Ahora entendía, ¡ahora lo relacionaba! Si ya de por sí era obvio que el nómada no se veía como alguien social, ahora había quedado confirmado. Se notaba que simplemente era alguien que no se le daba bien conversar, que no sólo era un antipático que la ignoraba. Que todo había sido un malentendido.
Y por alguna razón, comenzó a sentirse agradecida, no solamente porque el otro estuviera esforzándose en hablarle, si no que... no la discriminaba. Al menos no por lo que ella había pensado hasta ahora. Él... era una de esas pocas personas, apenas lo conocía, pero aquello le había bastado para saberlo.
Siguió atenta a su extraña explicación, mientras sus iris carmesí se perdían en el material del arco ajeno; le encantaba aprender cosas nuevas, aprender el punto de vista de esas personas.

- Diferente... -repitió en voz baja, agarrando su tocón empapado, inservible tanto para como cortar como para tirar a la hoguera. - Y aunque las cosas no salgan bien tienes que saber seguir hacia delante. -Comentó, siendo la única respuesta que pudo decir al respecto, volviendo a posar el "cuchillo" de madera donde estaba. Cerca del fuego, para que terminara de secarse y guardárselo de nuevo más tarde.

De alguna forma, quería agradecerle sus palabras, pero aún era incómodo para ella. Solamente volvió a posar la mirada en él, con una sincera y amplia sonrisa.

Entonces, el pronunció algo más. Más que un conjunto de palabras, unas que ella entendía a la perfección. Su reacción no fue otra más que dejar que se le cayera la carne de sus manos, para luego recogerla torpemente, mientras lo miraba incrédula. ¿Había oído bien?
No sólo contenía "Khi", una palabra más que importante en su tribu, siendo "cuerno" su significado, si no algo más.

Oh, ya veía. Ya entendía, entonces cayó en la cuenta. Su nombre. Era un nombre con peso, con importancia, con un mito detrás.
Él tenía también algo por lo que la gente lo miraba de forma distinta, aunque no fuese el mismo caso que ella ni de lejos.

Salkhi, uno de los caballos más importantes en la cultura de su tribu. Se contaba que era un fuerte corcel que había acompañado a la diosa Khirin en sus viajes, quien compartió con él uno de sus cuernos, convirtiendo al mismo en un unicornio divino. De ahí su nombre.

- ... ¿en serio? -lo miró con un rostro divertido, mas en sus ojos estaba dibujada la sorpresa, y su voz tenía un tono serio. - ¿Sabes lo que significa, cierto? -Se preguntaba cómo era que el extraño tenía aquél nombre, sin saber nada de su tribu.

Pero rayos, hasta nombre bonito tenía el dichoso.
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Re: [Social] Y la lluvia fue testigo [Priv. Khigu]

Mensaje por Salkhi el Lun Nov 20, 2017 9:32 pm

Mientras sus palabras escapaban por entre sus labios, tratando de hacer entender a la peliblanca parte de su visión de ella y del mundo, el arquero mantuvo su mirada puesta sobre ella en todo momento: En los movimientos de su rostro, en alguna clase de reacción que se diera en sus manos o algo semejante. Salkhi buscaba una señal, algo que le hiciera ver que era comprendido por parte ajena y no estaba gastando saliva y tiempo de forma inútil al tratar de hacerse entender… Y estos gestos llegaron. Una ligera sonrisa con la boca entreabierta y trozos de jabalí a medio masticar a la vista y una ceja alzándose cuando utilizó su arco y la madera del mismo como un ejemplo para explicar sus pensamientos fueron todo lo que necesitó el nómada para saber que había sido comprendido, que había conseguido atravesar una mente que hasta hacía poco tomaba por cerrada en torno a la violencia y la ira, y ahora parecía que había encontrado a esa persona entre un millón que merecía la pena.

La afirmación de la guerrera fue corroborada con un silencioso asentimiento de cabeza, uno involuntario pues su mente estaba demasiado ocupada en mostrar que no solo había entendimiento por un lado, sino por ambos, lo que hizo que perdiera de vista una sincera sonrisa en el rostro ajeno… Solo cuando su propio nombre apareció en mente y boca como muestra de comprensión el arquero miró de nuevo a la mujer de piel oscura, captando en ella un gesto y rostro de sorpresa que no esperaba ver. ¿Acaso la había sorprendido tanto con una sola palabra como para hacer que su cena escapara de entre sus manos? El gesto de incredulidad en el rostro ajeno solo reforzaba esta idea, aunque Salkhi no alcanzaba a imaginar la causa de tal reacción.

A lo que si reaccionó, sin embargo, fue al recuerdo de que su propia cena aún estaba junto al fuego, devolviendo su atención a los conejos en el punto crítico de cocinado, uno en el que si los hubiera dejado rozando las llamas de la hoguera un poco más habrían terminado lo suficientemente quemados como para dejar de ser comestibles. El punto en el que estaban, como notó el arquero tras dar el primer mordisco a la primera de sus presas, los había dejado ligeramente quemados, pero podían ser comidos sin problemas.

Las preguntas lanzadas por la mujer le trajeron de nuevo a la conversación detenida tras la extraña reacción mostrada por cuenta ajena, notando en su rostro una extraña mezcla de diversión, curiosidad y seriedad. -Si.- Limpiando de grasa sus labios con su brazo sano, Salkhi recordó sin proponérselo el día en el que le explicaron por primera vez el origen de su nombre, el primer momento de su vida en el que alguien quiso marcar su destino sin consultarle ni preguntarle si aquello era lo que deseaba para su propia vida.

-El primer corcel, el primer viento.- El rubio nómada masticó la carne de conejo una vez más, aplastando y desmenuzando la misma con sus dientes de forma tranquila y sin prisa, dando tiempo a su mente para recordar la historia y apartar todo lo que no fuera la misma de sus pensamientos, pues no era algo que necesitara en ese instante. -El primer caballo en galopar Sacae…  Con él llegaron viento y ventisca.- La historia que él había escuchado era una mucho más larga, llena de detalles y diálogos. Pero el relato de su nombre era uno que hacía años que no escuchaba, y recordarlo implicaba recordar cosas innecesarias, por lo que prefirió dejarlo en una versión breve, dando así por finalizado su breve explicación con un nuevo mordisco al conejo ensartado que aún portaba en su mano.

Tal vez fue producto de la sangre perdida durante el cerrado de la herida de su hombro, tal vez fue porque su atención estaba en la carne en ese momento, o tal vez porque su mente aún daba vueltas a la explicación que había dado a la peliblanca, pero solo tras varias segundos tras tragar un trozo de carne se percató el cazador del curioso detalle que era el que ella conociera el significado de su nombre, ¿pues por qué iba a preguntar si conocía el mismo sin saberlo de antes? -¿Cómo conoces Salkhi?- El rostro del rubio permanecía tan inmutable y serio como de costumbre, pero sus cejas se habían movido levemente en un miniaturizado ceño fruncido, pues era extraño para él que una desconocida conociera una de las historias principales de su tribu, sobre todo una que jamás había escuchado ser relatada en momento alguno por otro habitante de Sacae.
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